Realza grandemente todas las humanas acciones, hasta el semblante, que es el trono de la decencia. El mismo andar, que en las huellas suele estamparse el corazón, y allí suelen rastrearlo los juiciosos en el obrar y en el hablar con eminencia; que la sublimidad de las acciones BALTASAR GRACIAK la adelanta al doble la majestad en el obrarlas.
Nácense algunos con un señorío universal en todo cuanto dicen y hacen, que parece que ya la naturaleza los hizo hermanos mayores de los otros; nacieron para superiores, si no por dignidad de oficio, de mérito. Infúndeseles en todo un espíritu señoril, aun en las acciones más comunes; todo lo vencen y sobrepujan. Hácense luego señores de los demás, cogiéndoles el corazón, que todo cabe en su gran capacidad; y aunque tal vez tendrán los otros más ventajosas prendas de ciencia, de nobleza y aun de entereza, con todo eso prevalece en éstos el señorín, que los constituye superiores, si no en el derecho, en la posesión.
Salen otros del torno de su barro ya destinados para la servidumbre de unos espíritus serviles, sin género de brío en el corazón, inclinados al ajeno gusto, y ceder el propio á cuantos hay. Estos no nacieron para si, sino para otros; tanto, que alguno fué llamado el de todos. Otros dan en lisonjeros, aduladores, burlescos, y peores empleos si los hay. iOh, cuántos hizo superiores la suerte en la dignidad, y la naturaleza esclavos en el caudal!
Este coronado realce, como es el rey de los demás, lleva consigo gran séquito de prendas; sigúele el despejo, la bizarría de acciones, la plausibilidad y ostentación, con otras muchas de «ste lucimiento. Quien las quisiere admirar todas 7^ EL DISCRErO ¡untas, hallarlas ha en el excelentísimo señor don Fernando de Borja, hijo del Benjamín de aquel gran duque santo; heredado en los bienes de su diestra, digo, en su prudencia, en su entereza y en su cristiandad, que todas ellas le hicieron amado, no virrey, sino padre en Aragón, venerado en Valencia, favorecido del grande de los Filipos en lo más, que es confiarle á su prudente, majestuosa y cristiana disciplina, un príncipe único, para que le enseñe á ser rey y á ser héroe, á ser fénix, émulo del celebrado Aquiles, en fe de su enseñanza.
Y aunque todos estos realces la veneran reina, atiende mucho esta gran prenda á que no la desluzcan algunos defectos, que como sabandijas siguen de ordinario la grandeza; puede tal vez degenerar por exceso, en afectación, en temeridad imprudente, en el aborrecible entretenimiento, vana satisfacción y otros tales, que todos son grandes padrastros de la discreción y de la cordura.
HOMBRE DE ESPERA ALEGORÍA En un carro y en un trono, fabricado éste de conchas de tortugas, arrastrado aquél de rémoras, iba caminando la Espera por los espaciosos campos del Tiempo al palacio de la Ocasión.
Procedía con majestuosa pausa, como tan hechura de la madurez, sin jamás apresurarse ni apasionarse; recostada en dos cojines que la presentó la Noche, Sibilas mudas del mejor consejo en el mayor sosiego. Aspecto venerable, que lo hermosean más los muchos días; serena y espaciosa frente, con ensanches de sufrimiento, modestos ojos entre cristales de disimulación; la nariz grande, prudente desah )g"o de los arrebatamientos de la irascible y de!as llamaradas de la concupiscible; pequeña boca con labios de vaso atesorador, que no permiten salir fuera el menor indicio del rec^nce itrado sentimiento porque no descubra corte dades del caudal; dilatado el pecho, donde se maduran y aun proceden los secretos, que se malo¿^ran comúnmente por aborto; capaz estómago, hecho á grandes bocados y tragos de la fortuna, de tan gran buche que todo lo digiere; sobre todo, un corazón de un mar, donde quepan las avenidas de pasiones y donde se contengan las más furiosas tempestades, sin dar bramidos, sm romper sus olas, sin arrojar espumas, sin traspasar un punto los límites de la razón. Ai fin, toda ella de todas maneras grande: gran ser, gran fondo y gran capacidad.
Su vestir no era de gala, sino de decencia; más cumplido cuanto mas ajustado, que lo aliñó el decoro. Tiene por coior propio suyo el de la iLL DISCRETO esperanza, y lo afecta en sus libreas sin que haya jamás usado otro, y entre todos aborrece positivamente el rojo, por lo encendido de su cólera primero y de su empacho después. Ceñía sus sienes por vencedora y por reina, que quien supo disimular supo reinar, con una rama del moral prudente, Conduela la prudencia ei grave séquito. Casi todos eran hombres, y muy mucho algunas raras mujeres. Llevaban todos báculos por ancianos y peregrinos; otros se afirmaban en los cetros^ cayados, bastones y aun tiaras, que los más eran gente de gobierno. Ocupaban el mejor puesto de los italianos, no tanto por habe'*sido señores del mundo, cuanto porque lo superior ser españoles, franceses, algunos alemanes y polacos, que á la admiración de no ir todos satisfizo la política juiciosa con decir que aquella su detenida común causa procede más de lo helado de su sangre que de lo detenido de su espíritu. Quedaba un grande espacio de vacio, que se decía haber sido de la prudentísima nación inglesa; pero que desde Enrico VIII acá faltaban al triunfo de la cordura y de la entereza. Sobresalían por su novedad y por su traje los políticos chinos.
Iban muy cerca del triunfante carro algunos grandes hombres, que los hizo famosos esta coronada prenda, y ahora en llevarlos á su lado mostraba su estimación. Allí iba el tardador Fabio Máximo, que con su mucha espera desva- BALTASAR GRACIAí<^ necio la gallardía del mejor cartaginés y restauró la gran república romana. A su lado campeaba el bastón de los franceses, consumiendo sus numerosas huestes con la detención y acabando con la vida y con la paciencia de Filipo. El Gran Capitán, muy conocido por su empresa, que sacó en Barleta aquella que con grande ingenio enseñaba á tener juicio y le valió un reino, conquistado más con la cordura que con la braveza. Antes de él, el magnánimo aragonés, forjando á fuego lento, de las cadenas de su prisión una corona. Iban muchos filósofos y sabios y catedráticos de ejemplo y maestros de experiencia.
Gobernaba el Tiempo la autorizada pompa, que el mismo ir tropezando con sus muletas era lo que mejor le salía. Cerraba la Sazón por retaguardia, ladeada de! Consejo, del Pensar, de la Madurez y del Seso.
Era esto una muy tarde, cuando vivamente Ics comenzó á tocar arma un furioso escuadrón de monstruos, que lo es todo extremo de pasión, el indiscreto empeño, la aceleración imprudente, la necia facilidad y el vulgar atropellamiento; la inconsideración, la prisa y el ahogo, toda gente del vulgacho de la imprudencia.
Conoció su grande riesgo la Espera, por no llevar armas ofensivas, faltar el polvorín, que es munición velada en su milicia, por estar reformado el ímpetu y desarmado el furor.
Mandó hacer alto á la Detención, y ordenó á la Disimulación que los entretuviese mientras sonsultaba lo hacedero. Discurrióse con prolijidad muy á la española, pero con igual provecho Decía el sabio Biante, gran benemérito de, esta gran señora de sí misma, que imitase á Júpiter, el cual no tuviera ya rayos si no tuviera espera. Luis XI de Francia votó que se disimulase con ellos, que él no había enseñado ni más gramática ni más política á su sucesor. El rey D. Juan II de los aragoneses (que hay naciones de espera, y ésta lo es por extremo, y de la pru~ dencia,) la dijo que advirtiese que hasta hoy más había obrado la tardanza española que la cólera francesa. El grande Augustino coronó su voto y sus aciertos con el Festina leíite. El duque de Alba volvió á repetir ^ razonamiento en la jornada sobre Lisboa.
Dijeron todos mucho en breve. Dilatóse más ci Católico rey don Fernando, como príncipe de la política, y eslo mucho la Espera. ((Sea uno, decía, señor de sí, y lo será de los demás. La detención sazona los aciertos y madura los secretos; que la aceleración siempre pare hijos abortivos sin vida de inmortalidad. Hasede pensar despacio y ejecutar de presto; ni es segura la diligencia que nace de la tardanza. Tan presto como alcanza las cosas se le caen de las manos; que á veces el estampido del caer fué aviso del haber tomado..Es la Espera fruta de grandes corazones y muy fecunda de aciertos. En los BALTASAR GRACIÁK hombres de pequeño corazón ni caben el tiempo ni el secreto.)) Concluyó con este oráculo catalán* Deu no pega de bastón sino de sao.
Pero el gran triunfador de reyes, Carlos V, aquel que en Alemania, con más espera que gente, quebrantó las mismas penas, las duras y las graves, la aconsejó que si quería vencer pelease á su modo, esto es, que esgrimiese la muleta del Tiempo, mucho más obradora que la acerada clava de Hércules. Ejecutólo tan lelizmente, que pudo al cabo frustrar el ímpetu y enfrenar el orgullo á aquellas mas furias que las infernales, y quedó victoriosa, repitiendo: ((F^l Tiempo y yo á otros dos.)) Este suceso contó el Juicio al Desengaño, como quien se halló presente.
DE LA GALANTERÍA MEMORIAL Á LA DISCRECION Tienen su bizarría las almas harto más relevante que la de los cuerpos: gallardía del espíritu, con cuyos galantes actos queda muy airoso un corazón: llévanse los ojos del alma bellezas interiores, así como los del cuerpo la exterior; \ son más aplaudidas aquélla del juicio que lisonjeada ésta del gusto.
Soy realce nada común, y aunque universal en los objetos, en los sujetos soy muy singular.
No quepo en iodos, porque supongo magnanimidad: y con tener tantos pechos un villano, para la galantería no la tiene.
Tuve por centro el corazón de Augusto, que excusándose conmigo venció la vulgar murmuración y triunfó galante de los públicos convicios, quedando más memorable grandeza de haberlos despreciado que la romana libertad de haberlos dicho.
Asi que mi esfera es la generosidad, blasón de grandes corazones y grande asunto mío, hablar bien del enemigo y aun obrar mejor, máxima de la divina fe, que apoya tan cristiana galantería.
Mi mayor lucimiento libro en los apretados lances de la venganza; no se los quito, sino que se los mejoro, convirtiéndola cuando más ufana en una impensada generosidad con aclamacio^ nes de crédito.
Por este camino consiguió la inmortal reputación Luis XII, que siempre fueron galantes los franceses, digo, los nobles. Temíanle rey los que le injuriaron duque; mas él, transformando la venganza en bizarría, pudo asegurarles con aquel más repetido que asaz apreciado dicho: ((He, que no venga el rey de Francia los agravios hechos al duque de Orliens»; pero, iqut mucho quepan estas bizarrías en un rey de hombres, cuando campean en el de las fieras? Puede el león enseñar á muchos galantería; que las fieras se humanan cuando los hombres se enfierecen; y si degeneraron tal vez, fué (á ponderación de Marcial) por haberse maleado entre los hombres.
No estimo tanto las victorias que consigo de la envidia, si bien mi amor emula; solicitólas, pero no las blasono; nunca afecto vencimiento, porque nada afecto; y cuando los alcanza el merecimiento los disimula la ingenuidad.
Pierdo tal vez de mi derecho, para adelantarme más, y cuando parece que me olvido del decoro en el ceder, me levanto con la reputación en el exceder. Transformo en gentileza lo que fuera en vulgar desaire; pero no cualquiera; que las quiebras de infamia con ningún artificio se sueldan.
Fué siempre grande sutileza hacer gala de los desaires y convertir en realces de la industria los que fueron disfavores de la naturaleza y de la suerte. El que se adelanta á confesar el defecto propio, cierra la boca á los demás; no es desprecio de si mismo, sino heroica bizarría; y al contrario de la alabanza, en boca propia se ennoblece.
Soy escudo bizarro en los agravios, socorriendo con notable destreza en las burlas y en las veras. Con un cortesano desliz, ya de un mote y ya de una sentencia, doy salida muchas veces á muchos graves empeños, y saco airosamente del más confuso laberinto.
7» Gran consorte del despejo y muy favorecida de él, adelantando siempre las acciones, porque las espaciosas en sí las realzo más, y las sospechosas las doro á titulo del despejo, y á excusa de bizarría. Desembarázame tal vez de un recato majestuoso á lo humano, de un encogimiento religioso á lo cortés, de un melindre femenil á lo discreto; y lo que se condenara por descuido del decoro se disimula por galantería de condición; pero siempre con templanza, no deslice á demasía, por estar muy á los confines de la liviandad.
Tengo grandes contrarios, para que sean más lucidas mis victorias; atropello muchos vicios para valer por muchas virtudes; de sola la vileza triunfo con algo de afectación, que jamás la supe hacer, y aborrezco de oposición toda poquedad, ya de envidia, ya de miseria. Préciome de muy noble y lo soy, hidalga de condición y de corazón. Tengo por empresa al gavilán, el galante de las aves, aquel que perdona por la mañana al pajarillo que le sirvió de calentador toda la noche, si pudo darle calor la sangre helada del miedo; y prosiguiendo con la comenzada gentileza, vuela á la contraria parte que él voló, por no encontrarle y poner otra vez su generosidad en contingencia.
Todo grande hombre fué siempre muy galante, y todo galante héroe, porque ó supongo ó comunico la bizarría de corazón y de condición.
Toda prenda campea mucho en eJ varón grande^ y más cuanto mayor, porque juntas entonces la grandeza del realce y la del sujeto, doblan la perfección.
Pareceré á algunos realce nuevo, pero no á aquellos que ha mucho me admiran en aquella mayor esfera de mi lucimiento, el excelentísimo conde de Aranda; aquel, digo, que ha hecho tantos y tan relevantes servicios á su Dios en culto, á su rey en donativo y á su patria en celo; aquel á quien debe más esplendor su real casa de Urrea, que á todos juntos sus antepuestos soles; aquel que ha eternizado juntamente su piedad cristiana y su nobilísima grandeza en conventos, en palacios y en hazañas, y todo esto con grande galantería, consiguiendo el inmortal renombre de bizarro, de galante, de magnánimo y héroe máximo de Aragón, á sombra de cuyo patrocinio llego yo á darte, ¡oh gran rey de lo discreto!, este memorial de mis méritos, con pretensiones de que me admitas al plausible cortejo de tus heroicas, inmortales y válidas prendas.
HOMBRE DE PLAUSIBLES NOTICIAS RAZONAMIENTO ACADÉMICO Más triunfos le consiguió á Hércules su discreción que su valor. Más plausible le hicieron las brillantes cadenillas de su boca que la formr- 8o dable clava de su mano: con ésta remedia moiistrüos, con aquéllas aprisionaba entendidos, condenándolos á la dulce suspensión de su elocuencia; y al fin, más se le rindieron al tebano discreto que valiente.
Luce, pues, en algunos una cierta sabiduría cortesana, una conversable sabrosa erudición, que los hace bien recibidos en todas partes y aun buscados de la eterna curiosidad.
Un modo de ciencia es este que no lo enseñan los libros ni se aprende en las escuelas; cúrsase en los teatros del buen gusto y en el general tan singular de la discreción.
Hállanse unos hombres apreciadores de todo sazonado dicho, y observadores de todo galante hecho; noticiosos de todo lo corriente en cortes y en campañas. Estos son los oráculos de la curiosidad y maestros de esta ciencia del buen gusto.
Vase comunicando de unos á otros en la erudita conversación, y la tradición puntual va entregando estas sabrosísimas noticias á los venideros entendimientos, como tesoros de la curiosidad y de la discreción.
En todos los siglos hay hombres de alentado espíritu, y en el presente los habrá no menos valientes que los pasados, sino que aquéllos se llevan la ventaja de primeros; y lo que á los modernos les ocasiona envidia, á ellos autoridad: la presencia es enigma de la fama. El mayor BALTASAR GRACTAN Sl prodigio por alcanzadio cayó de su esUmación: la alabanza y el desprecio van encontrando en el tiempo y en el lugar, aquélla siempre de lejos y éste siempre de cerca.
La primera y más gustosa parte de esta erudición plausible es una noticia universal de todo lo que en el mundo pasa, transcendiendo á las cortes más extrañas, á ios emporios de la fortuna. Un práctico saber de todo lo corriente, asi de efectos como de causas, que es cognición entendida, observando las acciones mayores de los príncipes, los -acontecimientos raros, los prodigios de la naturaleza y las monstruosidades de la fortuna.
Goza de los suavísimos frutos del estudio, registrando lo ingenioso en libros, lo curioso en avisos, lo juicioso en discursos y lo picante Qii sátiras. Atiende a los aciertos de una monarquía con felicidad, á los desaciertos de la otra con desdicha. Ni perdona á los estruendos marciales en armadas por la mar, en ejércitos por tierra, suspensión del mundo, empleo mayor de la fama, ya engañada, ya engañosa.
Su mayor realce es una juiciosa comprensión, de los sujetos, una penetrante cognición de los principales personajes de esta actual tragi comedia de todo el universo; da su definición á cada principe y su aplauso á cada héroe. Conoce ea cada reino y provincia los varones eminentes por sabios, valerosos, prudentes, galantes, entendidos, y sobre todo santos, astros todos de primera magnitud y majestuoso lucimiento de las repúblicas. Dale su lugar á cada uno quilatando las eminencias y apreciando su valor. Pone también en su juiciosa nota lo paradoxo de un principe, lo extravagante del otro señor, lo afectado de éste, lo vulgar de aquél, y con esta moral anatomía puede hacer concepto de las cosas y ajustar el crédito á la verdad. Esta cognición superiormente culta sirve para mejor apreciar los dichos y los hechos, procurando siempre sacar la enseñanza, si no la admiración, y por lo menos la noticia.
Sobre todo tiene una tan sazonada como curiosa copia de todos los buenos dichos y galantes hechos, así heroicos como donosos: las sentencias de los prudentes, las malicias de los críticos, los chis-es de los áulicos, las sales de Alenquer, los picantes del Toledo, las donosidades del Zapata y aun las galanterías del Gran Capitán, dulcísima munición toda para conquistar el gusto.
Mas subiendo de punto y tiempo, tiene con letras de aprecio las sentencias de Felipe II, los apotegmas de Carlos y las profundidades del rey Católico. Si bien l(>s más frescos, y corriendo donaire, son los que tiene más sal y los más apetitosos; los flamantes hechos y modernos dichos, añadiendo á lo excelente la novedad, recambian el aplauso; porque sentencias rancias, hazañas carcomidas, es tan cansada como propia erudición de pedantes y gramáticos.
Más sirvió á veces esta ciencia usual, más honró este arte de conversar, que todas juntas las liberales. Es arte de ventura, que si la da el cielo, poco de aquéllas basta, digo, para lo provechoso, que no para lo adecuado. No excluye las demás graves ciencias, antes las supone por basa de su realce; asi como la cortesía asienta muy bien sobre el tener, asi esta parte de discreción sobre aleruna otra grande eminencia, cae como esmalte. Lo que dice es que ella es la hermosura formal de todas, realce del mismo saber, ostentación del alma, y que tal vez aprovechó más saber el escribir una carta, acertar á decir una razón, que todos los Bártulos y Baldos.
Varones hay eminentes en esta galante facultad; pero tan raros son como selectos tesoros de la curiosidad, emporios de la erudición cortesana, que si no hubiera habido quien observara primero y conservara después los heroicos dichos del Macedón y su padre los Césares romanos y Alfonsos aragoneses, los sentenciosos de los siete de la fama, hubiéramos carecido del mayor tesoro del entendimiento, verdadera riqueza de la vida superior.
Cuando encontrares con algún valiente genio de éstos, que entre millares será alguno, aunque lo busques con la antorcha del mediodía, logra la ocasión, disfruta las sazonadas delicias de la erudición; que si con hambre solicitarnos los libros ingeniosos y discretos, con fruición se han de lograr ios mismos oráculos de lo discreto, de lo juicioso, sazonado y entendido.
Siempre nos lleva á buscar á otro la concupiscencia propia, ya interesal, ya desvanecida; mas aquí gustosa por lo agradable del saber, por lo apetitoso del notar. No seas tú de aquellos que bárbaramente se envidian á si mismos el gusto del saber, por deslucirle al otro. el. aplauso del Vuelven algunos de los emporij^'Bel. mundo, tan á lo bárbaro como se fueron: que quien no llevó la capacidad no la puede traer llena de noticias; llevaron poco caudal, y asi hicieron corto empleo de observaciones; mas el discreto, como la gustosa abeja, viene libando el noticioso néctar que entresacó de más florido, que es lo más grabado. No es la ambrosia para el gusto del necio, ni^se hallan estas estimables noticias en gente vulgar; que en éstos nunca salen de su rincón ni el gusto ni el conocimiento; no dan ni un paso más adelante de lo que tienen presente.
Ponen otros su felicidad en su vientre, sólo toman de la vida el comer, que^s lo más vil; de las potencias superiores no se valen ni las emplean; ocioso vive el discurso, desaprovechado muere el entendimiento. De aqui es que muchos de los seiiores no llevan ventaja á los demás, sino en «5 ios objetos de los sentidos, que es lo ínfimo del vivir, quedando tan pobres de entendimiento, como ricos de pobres bienes. No vive vida de hombre sino el que sabe. La mitad de la vida se pasa conversando. La noiiciosa erudición es un delicioso banquete de los entendimientos, y destinase este realce de la mayor discreción al mejor gusto del excelentísimo marqués de Colares, don Jerónimo de Ataide, pues se ideó de su noticiosa erudición. Será algún día desempeño de mi veneración el docto lucimiento de su asunto, la inmortalidad de sus obras.
NO SEA DESIGUAL CRISIS No se acreditan los vicios por hallarse en grandes sujetos, antes bien ofende más la mancha en el brocado que en sayal. Es la desiguaf achaque de grandes y aun de príncipes, en algunos por naturaleza, en los más por afectación.
Es de mar su condición y aun para marear, que hoy lisonjea lo que mañana abomina, y en dos inmediatos instantes no levanta en el uno hasta las estrellas, sino para abatir en el otro hasta los abismos.
En tan anómalo proceder suelen perderse los bisoños, cuando ganarse los expertos; que hay grandes maestros deí arte de marear ea palacio; á éstos les e8 materia de risa, como á escarmentados, lo que á aquéllos de confusión; animanse unos con lo mismo que otros desmayan, porque saben que la misma mudanza que hoy atormenta con el desvio, mañana rogará con el favor. Está el remedio en el mismo origen del mal, que es la ordinaria desigualdad.
¡Oh, el prudente! ¡Qu6 tranquilo costea las puntas y los esteros! iQu6 señor mide los golfos! Ni se paga de sus finezas, ni se rinde á sus sequedades; porque no se le hace nueva cualquiera mudanza en sus extremos.
Ni se funda tan monstruosa desigualdad en la razón, que toda es acasos y los menas acordados. No depende de causas ni de méritos, que el mudarse con las cosas aún sería excusable, y tal vez cordura. Lo que hoy es el blanco de su sí mañana es el negro de su no, y ahora gusto lo que después desabrimiento, uno y otro sin por qué, para proseguir ó perseguir de balde.
Es trivial achaque de soberanos lo antojadizo que como tienen tan exento el gusto, da en vaguear. En los mayores suele niñear más, y le parece que es ejercitar el señorío en ya querer, ya no querer.
El varón cuerdo siempre es igual, que es crédito de entendido, ya que no en el poder en el querer, de suerte que la necesidad violente las fuerzas, pero no los afectos, y aun entoaces preceden á su mudanza en todas las circunstancias en su abono, atestiguando que no es variedad, sino urgencia.
No sólo son éstos altibajos con las personas, pero con las virtudes, para llevarlo todo parejo. Notable desigualdad la de Demetrio, bien censurada de muchos. Era cada día otro de sí mismo, y en la guerra muy diferente que en la paz, porque en aquélla era centro de todas las virtudes y en ésta de todos los vicios; de suerte, que en la guerra hacía paces con las virtudes y volvía á hacerles guerra en la paz; tanto pueden mudar á un hombre el ocio ó el trabajo.
Pero, iqué desigualdad más monstruosa que la de Nerón? No se venció á si mismo, sino que se rindió; algunos asimismo buenos, se compiten mejores, que es gran victoria de la perfección; pero otros no son vencedores de sí, sino vencidos, rindiéndose á la deterioridad.
Si la desigualdad fuera de lo malo á lo bueno, fuera buena, y si de lo bueno á lo mejor, mejor; pero comúnmente consiste en deteriorarse, que el mal siempre lo vemos de rostro y el bien de espaldas. Los males vienen y los bienes van.
Diránme que todo es desigualdades este mundo y que sigue á lo natural lo moral. La misma tierra que se empina en los montes se humilla después en los valles, solicitando su mayor hermosura en su mayor variedad. iQu6 cosa más desigual que el mismo tiempo, ya coronándose de flore?, ya de escarchas? Y todo el universo es una universal variedad, que al cabo viene á ser armonía. Pues si el hombre es un otro munda abreviado, iqut mucho que cifre en si la variedad? No será fealdad, sino una perfecta proporción compuesta á desigualdades.
Pero no hay perfección en variedades del alma que no dicen con el cielo. De la luna arriba no hay mudanzas. En materia de cordura todo altibajo es fealdad. Crecer en lo bueno es lucimiento; pero crecer y descrecer es sutileza y toda vulgaridad desio^ualdad.
Hay hombres tan desiguales en las materias, tan diferentes de si mismos en las ocasiones^ que desmienten su propio crédito y deslumbran nuestro concepto; en unos puntos discurren que vuelan, en otros, ni pcrc ben ni se mueven. Hoy todo les sale bien, mañana todo mal, que aun el entendimiento y la ventura tienen desiguales. Donde no hay disculpa es en la voluntad, que es crimen del albedrío, y su variar no está lejos del desvariar. Lo que hoy ponen sobre su cabeza, mañana lo llevan entre pies, por no tener pies ni cabeza. Hacen con esto tan enfadosa su familiaridad, que huyen todos de ellos, remitiéndolos al vulgar averiguador que los entienda. Sóbrale al mar de amaígura lo que le falta de firmeza, pareciéndolos que se le fian sin estrella.
Mudó sin duda la fama á Gandía su non plus ultra de toda heroicidad, de toda cristiandad, discreción, cultura, agrado, plausibilidad y grandeza en aquellos dos héroes consortes, el excelentísimo señor duque don Francisco de Borja y la excelentísima duquesa doria Artemisa de Oria y Colona, gran señora mia. Participando ínclitamente entrambos de sus esclarecidos timbres el eterno blasón de su firmeza, en todo lo excelente, en todo lo lucido, en todo lo realzado, en todo lo plausible, en todo lo dichoso y en todo lo perfecto; siempre Ior mismos y siempre heroicos.
EL HOMBRE DE TODAS HORAS CARTA Á DON VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA No siempre se ha de reir con Demócrito. ni siempre se ha de llorar con Heráclito (discretísimo Vincencio); dividiendo los tiempos el divino sabio, repartió los empleos. Haya vez para lo serio y también para lo humano, hora propia y hora ajena. Toda acción pide su sazón; ni se han de barajar, ni se han de singularizar; débese el tiempo á todas las tareas, que tal vez se logra y tal vez se pasa.
El varón de todos ratos es señor de todos los gustos y es buscado de todos los discretos. Hizo la naturaleza al hombre un compendio de todo lo natural; haga lo mismo el arte de todo lo mo- EJL í>».sck.b:to ral. Infeliz genio el que se declara por de una sola materia, aunque sea única, aun la más sublime; cpues qué si fuera vulgar, vicio común de los empleos? No sabe platicar el soldado sino de sus campañas, y el mercader de sus logros; hurtándole todos el oído al unisono, la atención al impertinente; y si tal vez se vencen, es en conjuración de fisga.
Siempre fué hermosamente agradable la variedad, y aquí lisonjera. Hay algunos, y los más, que para una cosa sola los habéis de buscar, porque no valen para dos; hay otros que siempre se les ha de tocar un punto y hablar de una materia, no saben salir de allí; hombres de un verbo, Sisifos de la conversación, que apedrean con un tema; tiembla de ellos con razón todo discreto, que si se echa un necio de éstos sobre su paciencia, llegará á verter el juicio por los poros; y por temor de contingencia tan penosa, codicia antes la estéril soledad y vive al siglo de oro interiormente.
Aborrecible item el de algunos, enfadoso macear, que todo buen gusto lo execra, deprecando, que Dios nos libre de hombre de un negocio en el hablarlo y en el solicitarlo, desquitándonos de ellos unos amigos universales, de genio y de ingenio, hombre para todas horas, siempre de sazón y de ocasión. Vale uno por muchos, que de ios otros, mil no valen por uno; y es menester multiplicarlos, hora por amigo, con enfadosa dependencia. Nace esta universalidad de volun.- lad y de entendimiento, de un espíritu capaz, con ambiciones de infinito; un gran gusto para todo, que no es vulgar arte saber gozar de ias cosas y un buen lograr todo lo bueno; práctico gustar es el de jardines, mejor el de edificios, calificando el de pinturas, singular el de piedras preciosas; la observación de la antigüedad, la erudición y la plausible historia, mayor que toda la filosofía de los cuerdos; pero todas ellas son eminencias parciales, que una perfecta universalidad ha de adecuarlas todas No se ha de atar el discreto á un empleo solo, ni determinar el gusto á un objeto, que limitarlo con infelicidad; hizolo el cielo indefinito, criólo sin términos; no se reduzca él ni se limite.
Grandes hombres los indefinibles, por su grande pluralidad de perfecciones, que repite á infinidad. Otros hay tan limitados, que luego se les sabe el gusto, ó para prevenirlo ó para lisonjearlo, que ni se extiende ni se difunde.
Una vez que quiso el cielo dar un plato sazonó el maná, cifra de todos los sabores, bocado para todos paladares, en cuya universalidad proporcionó la del buen gusto.
Siempre hablar atento causa enfado; siempre chancear desprecio, siempre filosofar entristece y siempre satirizar desazona.
Fué el Gran Capitán idea grande de discretos; portábase en el palacio como si nunca hubiera cursado las campañas y en campaña como si nunca hubiera cortejado.
No asi aquel otro, no gran soldado, sino gran necio que, convidándole una gentil dama á danzar en su ocasión, digo en la de un sarao, excusó su ignorancia y descubrió su tontería, diciendo: ((Que él no se entendía de mover los pies en el palacio, sino de menear las manos en la campaña.» Acudió ella, que lo era: «Pues señor, paréceme que seria bueno en tiempo de paz, metido en una funda, colgaros como arnés para su tiempo»; y aun le hizo cortesía de otro más vil y más merecido. puesto.
No se estorban unas á otras las noticias ni se contradicen los gustos; todas caben en un centro y para todo hay sazón. Algunos no tienen otra hora que la suya y siempre apuntan á su conveniencia. El cuerdo ha de tener hora para sí y muchas para los selectos amigos.
Para todo ha de haber tiempo, sino para lo indecente, ni será bastante excusa la que dió uno en una a:ción muy liviana, que el que era tenido por cuerdo de día no sería tenido por necio de noche.
De suerte (mi cultísimo Vincencio) que la vida de cada uno no es otra que una representación trágica y cómica, que si comienza el año por el Aries también acaba en el Piscis, viniéndose á igualar las dichas con las desdichas, lo cómico con lo trágico: ha de hacer uno solo todos los BALTASAR GRACÍAN personajes á sus tiempos y ocasiones, ya el de risa, ya el de llanto, ya el del cuerdo y tal vez el del necio,, con que se viene á acabar con alivio y con aplauso la apariencia.
iOh, discretísimo Proteo! Aquel nuestro gran apasionado, el excelentísimo deLemos, en cuyo bien repartido gusto tienen vez todos los liberales empleos y en cuya heroica universalidad logran ocasióÉ todos los eruditos, cultos y discretos; el docto y el galante, el religioso y el caballero, el humanista, el historiador, el filósofo, hasta el sutilísimo teólogo, héroe verdaderamente universal para todo tiempo, para todo gusto y para todo empleo.
EL BUEN ENTENDEDOR Diálogo entre el Doctor Juan Francisco Andrés Y el autor Dicen que el buen entendedor, pocas palabras.
Yo diría que á pocas palabras buen entendedor, y no sólo á palabras^ al semblante, que es la puerta del alma, sobrescrito del corazón; aún le ve apuntar al mismo callar que tal vez exprime más para un entendido, que una prolijidad para un necio.
Las verdades que más nos importan, vienen siempre á medio decir.
Así es; pero recíbanse del adv¿^tido á todo entender.
Eso le valió á aquelUuestro Anfión aragonés, cuando perseguido de los propios, halló amparo y aun aplauso en los coronados Delfines extraños.
Tan poderosa es una armonía, y más de lan suaves consonancias, como fueron las de aquel prodigioso ingenio.
Calificase ya el decir verdades con nombre de necedades.
Y aun por no parecer ó niño ó necio, ninguna ja quiere decir, con que no se usa; solas quedan en el mundo algunas reliquias de ellas, y aun BALTASA» GRACIÁN esas se descubren como misterio, con ceremonia y recato.
Con los principes siempre se Ies brujulea.
Pero discurran ellos, que va en ello el perder* se ó el ganarse.
Es la verdad una doncella tan vergonzosa cuanto hermosa, y por esto anda siempre tapada.