SigPhi · Baltasar Gracian

El Héroe; El Discreto (Farinelli, 1900)

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mostró gusto de enterarse de la contienda, encargando á entrambas partes, á la una la modestia y á la otra el silencio. A pocas razones conoció la sinrazón de la envidia y lo falso de su celo, y propuso por conveniencia se remitiese la causa á juicio de un tercero, y ese fuese la vulpeja por sabia, y también por desapasionada. Convocáronse las partes y sujetáronse al astuto arbitrio.

Aquí la vulpeja se valió de todo su artificio para cumplir con todos juntamente, lisonjear al león y no descontentar al águila, hacer justicia y no perder amistades; y asi, muy á lo sagaz dijo de esta suerte..

((Política contienda es que importe más la realidad ó la apariencia. Cosas hay muy grandes en si, y que no lo parecen; y al contrario, otras que son poco y parecen mucho; ¡ordinaria monstruosidad! Tanto puede la ostentación ó la falta de ella; mucho suple, mucho llena; y si en las cosas materiales califica, como es en el adorno, en el menaje y séquito, cqué será en las verdaderas prendas del ánimo, que son gala del entendimiento y belleza de la voluntada Especialmente cuando le llega su vez á una prenda y la sazón lo pide, allí cae bien el ostentar. Lógrese la ocasión, que aquél es el día de su triunfo.

))Hay sujetos bizarros en quienes lo poco luce mucho, y lo mucho hasta admirar hombres de ostentativa, que cuando se junta con la eminencia.

forman un prodigio; al contrario hombres vimos eminentes, que por faltarles este realce, no parecieron la mitad. Poco ha que aterraba todo el mundo un gran personaje en las campañas, y metido en una consulta de guerra, temblaba de todos, y el que era para hacer no lo era para decir. Hállanse también naciones ostenrosas por naturaleza, y la española con superioridad; de suerte que la ostentación da el verdadero lucimiento á las heroicas prendas y como un segundo ser á todo.

))Mas esto se entiende cuando la realidad la afianza, que sin méritos no es más que un engaño vulgar; no sirve sino de placear defectos, consiguiendo un aborrecible desprecio, en vez del aplauso. Danse gran prisa algunos por salir y mostrarse en el universal teatro, y lo que hacen es placear su ignorancia, que la desmentía el retiro; no es ésta ostentación de prendas, sino un necio pregón de sus defetos; pretenden, en vez del timbre de su esplendor, una nota q je infame sus desaciertos.

))Ningún realce pide ser menos afectado que la ostentación, y perece siempre de este achaque, porque está muy al canto de la variedad, y ésta del desprecio. Ha de ser muy templada y muy de la ocasión; que es aún más necesaria la templanza del ánimo que la del cuerpo; va en ésta la vida material, y la moral en aquélla; que aun á los yerros los dora la templanza.

EL DTSCRETO EL DTSCRETO ))A veces consiste más la ostentación en una elocuencia muda, en un mostrar las eminencias al descuido; y tal vez un prudente disimulo es plausible alarde del valor, que aquel esconder los méritos es un verdadero pregonarlos, porque aquella misma privación pica más en lo vivo á la curiosidad.

)) Válese, pues, de este arte con felicidad y se realza más con el artificio; gran treta suya no descubrirse toda de una vez, sino ir por brújula, pintando su perfección y siempre adelantándola, que un realce sea llamado de otro mayor, y el aplauso de una. prenda nueva espectación de la otra, y lo mismo en las hazañas, manteniendo siempre el aplauso y cebando la admiración.

»Mas viniendo ya á nuestro punto, digo, y lo siento asi, que seria una imposible violencia concederle al pavón la hermosura y negarle el alarde. Ni la naturaleza sabia vendrá en ello, que sería condenar su providencia, y contra su fuerza no hay preceptos donde no tercie la política razón, y aun entonces, lo que la horca destierra con su miedo, la naturaleza lo revoca de potencia.

))Más práctico será el remedio, tan fácil como eficaz, y sea éste: que se le mande seriamente al pavón, y criminalmente se le ordene, que todas las veces que desplegue al viento la variedad de su bizarría, haya de recoger la vista á la fealdad de sus pies, de modo que el levantar plumajes y el bajar los ojos todo sea uno; que yo aseguro que esto sólo baste á rerormar su ostentación.» Aplaudieron todas el arbitrio, obedeció él y deshizose la junta, despachando una de las aves á suplicar al donosamente sabio Esopo se dignase de añadir á los antiguos este moderno y ejemplar suceso.

NO RENDIRSE AL FK'MOR INVECTIVA Rey es de los montes el celebrado Olimpo, no porque se descuella sobre los más erguidos, obligación de la superioridad; no porque se ostenta á todas partes, objeto de imitación la grandeza; no porque es el primero que esplendoriza los solares rayos, centro de lucimiento la majestad; no porque se corona de estrellas, ápice de la felicidad la primacía; no porque llega á dar o á tomar nombre al mismo cielo, asunto de la íama el mando. Sí, empero, porque nunca se sujeta á vulgares peregrinas impresiones; que es ei mayor señorío el de si mismo. Cuando mucho, llegan á besarle el pie los vientos, á ser su alfombra las nubes, y no pasan de ahí; con esto nunca se inmuta, que es una inapasionable eminencia.

Una gran capacidad no se rinde á la vulgar alternación de los humores, ni aun de los afeetos; siempre se mantiene superior á tan material destemplanza. Es efecto grande de la prudencia de reflexión sobre si, un reconocer su actual disposición, que es un proceder como señor de su ánimo; indignamente tiraniza á muchos el humor que reina, ordinaria vulgaridad, y llevados de él dicen y hacen desaciertos. Apoyan hoy lo que ayer contradecían, arriman á veces la razón y aun la atrepellan, quedando perenales en juicio, que es la más calificada necedad.

A estos tales no hay que tomarles en razón la que no tienen, porque de hoy á mañana contradictoriamente se empeñan; y siendo contrarios primero de sí mismos, contradicen después á cuantos hay; mejor es, conociendo su desabrimiento, dejarlos en su confusión, que cuanto más empeñan, más se desempeñan.

Todo lo contradicen con Saturno, y todo lo otorgan con Júpiter, sin salir de su casa de la luna. No sólo gasta la voluntad esta civilidad, sino que se atreve al juicio; todo lo altera el querer y el entender, así como toda pasión, si no se previene.

Importará mucho conocer esta destemplanza de humor para vencerla, y aun entonces convendrá declinar al otro extremo, si ha de dejar alguna vez la acertada medianía para ajustar el fiel de la prudencia.

Gran superioridad de caudal arguye prevenir SU humor y corregirlo, que es indisposición de ánimo, y hase de portar el sabio en ella, como en las del cuerpo, que no condenan por amargo el almíbar, por más que el gusto enfermo lo acuse corrígelo el juicio; así pues, se ha de proceder en las alteraciones superiores.

Hay algunos tan extremados impertinentes que siempre están de aigún humor, siempre cojean de pasión, intolerables á los que los tratan, padrastros de la conversación y enemigos de la afabilidad, que malogran todo rato de buen gusto. Son de ordinario grandes contradecidores de todo lo bueno y padrinos de toda la necedad; á cada razón tienen su contra, oponiéndose luego a lo que el otro dice, no más de porque se adelantó; si ^no les hubiera ganado de mano, triunfaran ellos con lo mismo, y si el otro discreto cede, y aun se hace de su banda, por no atajar el decoro, al punto ellos se pasan á la contraria, con que se halla atajada la mayor discreción; sin duda que son más irremediables que los verdaderos locos, porque con estos vale e hacerse de su tema, pero que con aquéllos es peor; ni valen razones, porque como no la tienen no la admiten.

Quien no tiene usado el genio de esta gente, que hay naciones enteras tocadas de este achaque, admírase á los principios de tan exótica monstruosidad; pero en sondando el extravagante porte, hace graciosísimo deporte, que el cuerdo de todo sale airoso por el atajo de la galantería.

Mas cuando dos de una misma mal humorada impertinencia topan y se empeñan, estése á la mira el varón cuerdo, no tercie, que yo le afianzo el mejor rato con tal que asegure su partido y mire desde la talanquera de su cordura los toros de la necedad ajena.

Que alguna rara vez y con sobra de ocasión se destemple y aun se desazone uno, no será vulgaridad, que el nunca enojarse es querer ser bestia siempre. Pero la perenal destemplanza y con todo género de personas es una intolerable grosería. El sinsabor que ocasionó el esclavo no ha de ser desabrimiento de la ingenuidad; mas quien no tiene capacidad para conocerse, menos tendrá valor para enmendarse.

De aquí nace que estos tales, muy pagados de su paradoxia, solicitan la ocasión y andan á caza de empeños, van á la conversación como á contienda, levantan las porfías, y hechos arpías insufribles del buen gusto, todo lo arañan con sus acciones y todo lo desazonan con sus palabras. riPues qué, si Ies coge este picante humor algo leídos, aunque sepan las cosas á lo necio, que es mal sabidas? Se pasan luego de bachilleres de presunción á licenciados de malicia, monstruos de la impertinencia.

TExNER BUENOS REPENTES PROBLEMA Erase el rayo el arma más cierta del fabuloso Júpiter, en cuya instantánea potencia libraba sus mayores vencimientos. Con rayos triunfó de los rebelados gigantes; que la presteza es madre de la dicha. Ministrábalos el águila porque realces de prontitud salieron siempre de remontes de ingenio.

Hombres hay de excelentes pensados y otros de extremados repentes; éstos admiran, aquéllos satisfacen.

((Harto presto si harto bien», dijo el sabio; nunca examinamos en las obras la presteza ó la tardanza, sino la perfección; por aquí se rige la estimación, son aquéllos accidentes que se ignoran ó se olvidan, y el acierto permanece. Antes bien, lo que luego se hizo luego se deshará, y se acaba presto, porque presto se acabó. Cuanto más tiernos sus hijos, se los traga Saturno con más facilidad, y lo que ha de durar una eterni-^ dad ha de tardar otra en hacerse.

Pero si á todo acierto se le debe estimación, á los repentinos aplauso; doblan la eminencia por lo pronto y por lo feliz piensan mucho algunos para errarlo todo después, y otros lo aciertan todo, sin pensarlo antes. Suple la vivacidad del ingenio la profundidad del juicio, y previene el ofrecimiento á la consultación. No hay acasos para éstos, que la lealtad de su prontitud substituye á la providencia.

Son los prestos lisonjas del buen gusto y los repentes hechizo de la admiración, y por esto tan plausibles; salen más las medianas impensadas que los superlativos prevenidos. No decía mucho, aunque bien, el que deía: ((El tiempo y yo, á otros dos; el sin tiempo y yo, á cualquiera.)) Esto si que es decir, y más hacer. Quien dice tiempo todo lo dice: el consejo, la providencia, la sazón, la madurez, la espera, fianzas todas del acierto; pero el repente sólo se encomienda á su prontitud y á su ventura.

Después que la providencia previene, la prudencia dispone y la sazón asiste, suele abortar la ejecución; pues que una prontitud á solas saque á luz sus aciertos, apláudasele su dicha y su valor; campee el acertar de una presteza á vista del errar de un reconsejo.

Atribuyen algunos estos aciertos á sola la ventura, y debieran también á una perspicacia prodigiosa; á quien no reconoce deuda este realce de héroes es al arte; todo lo agradece á la naturaleza y á la dicha. No cabe artificio donde apenas la advertencia socorre la facilidad del concebir, donde no hay lugar para discurrir, y la facilidad del ofrecerse donde no hubo tiempo para pensarse, ayúdase del señorío contra el ahogo y del despejo contra la turbación y con esto, muy señora la prontitud de la dificultad y de sí misma, no llega, ve y vence, sino que vence, y después ve y llega.

Hace examen de su vivacidad en los más apretados lances y obra deposición su inteligencia. Suele un aprieto aumentar el valor, asi una dificultad la perspicacia. Cuanto más apretados hay algunos que discurren más, y con el acicate de la mayor urgencia vuelan; á mayor riesgo mayor desempeño, que hay también superior antip.iristasi, que aumenta la intensión a la inteligencia, y sutilizando el ingenio engorda substancialmente la prudencia.

Bien es verdad que se halian monstruos de cabeza, que de repente todo lo aciertan y todo lo yerran de pensado, iiay algunos que lo que no se les ofrece luego no se les ofrece más; no hay que esperar al consejo ni apelar á después. Pero ofrecérseles mucho, que recompensó la naturaleza próvida con la eminente prontitud la falta del pensar, y en fe de su acudir, no temen contingencias.

Son muy útiles sobre admirados estos repentes. Bastó uno á acreditar á Salomón del mayor sabio y le hizo más temido que toda su felicidad y potencia. Por otros dos merecieron ser primogénitos de la fama Alejandro y César. Cé. lebre fué el de aquél al cortar el nudo Gordiano, y plausible el de éste al caer; á entrambos les valieron dos panes del mundo dos repentes y fueron el examen de si eran capaces del mando del mundo.

Y si la prontitud en dichos fué siempre plausible, la misma en hechos merece aclamación; la presteza feliz en el efecto arguye eminente actividad en la causa; en los conceptos, sutileza; en los aciertos, cordura; tanto más estimable cuanto va de lo agudo á lo prudente, del ingenio al juicio.

Prenda es ésta de héroes que los supone y los acredita, arguye grandes fondos y no menores altos de capacidad. Muchas veces la reconocimos con admiración y la ponderamos con aplauso en aquel tan grande héroe, como patrón nuestro, el excelentísimo duque de Nochera, D. Francisco iMaría Carrafa, á cuya prodigiosa contextura de prendas y de hazañas, bien pudo cortarla el hilo la suerte, pero no mancharla con el fatal licor de aquellos tiempos. Era máximo el señorío que ostentaba en los casos más desesperados la imperturbabilidad con que discurría, el despejo con que ejecutaba, el desahogo con que procedía, la prontitud con que acertaba; donde otros encogían los hombros él desplegaba las manos. No había impensados para su atención, ni confusiones en su vivacidad, emulándose lo ingenioso y lo cuerdo, y aunque le faltó al fin la dicha no la fama.

En generales y campeones ésta es la ventaja mayor, tan urgente cuan sublime, porque casi todas sus acciones son repentes y sus ejecuciones prestezas; no se pueden llevar alli estudiadas á las contingencias ni prevenidos los acasos; hase de obrar á la ocasión, en que consiste el triunfo de una acertada prontitud, y sus victorias en ella.

En los reyes dicen mejor los pensados, porque todas sus acciones son eternas; piensan por muchos, vélense de prudencias auxiliares y todo es menester para el universal acierto. Tienen tiempo y lecho donde se maduren las resoluciones, pensando las noches enteras para acertar los dias, y al fin ejercitan más la cabeza que las manos.

CONTRA LA FIGURERÍA SATIRICÓN Reparo fué en los advertidos, si risa en los necios, el discurrir. Diógenes con la antorcha encendida al mediodía, rompiendo por el innumerable concurso de una calle, pasó á admiración cuando, preguntándole la causa, respondió. «Voy buscando hombres con deseo de encontrar alguno, y no le hallo.» ((^Pues y éstos — le replicaron ellos —, no son hombres?» «No — respondió el filósofo —; figuras de hombres, sí; verdaderos hombres, no.))

Así como hay prendas plausibles, asi también hay defectos muy salidos, y si aquéllas consiguen la gracia de los exquisitos, éstos el desprecio universal. Es éste de los más notables, y famoso con propiedad, ya por sí, ya por los sujetos en quien se halla*, él es tan vario, que es análogo, y ellos tantos, que no se pueden especificar.

Son muchos los terreros de la risa y aquéllos, afectadamente, lo quieren ser, que por diferenciarse de los demás hombres siguen una extravagante singularidad y lo observan en todo. Señor hay que pagaría el poder hablar por el colodrillo por no hablar con la boca como los demás; y ya que no es posible eso, transforman la voz, afectan el tonillo, invenían idiomas y usan graciosísimos bordones para ser de todas maneras peregrinos. Sobre todo martirizan su gusto, sacándolo de sus quicios; él es común con los demás hombres, y aun con los brutos, y quiérenlo ellos desmentir con violencias de singularidad, que son más castigo de su afectación que elevaciones de su grandeza. Beberán á veces lejía y la celebrarán por néctar; dejan al generoso rey de los licores por antojadizas aguas que repiten á jarabes, y ellos las bautizan por ambrosía, y tienen de frialdad lo que les falta de generosidad. De esta suerte inventan cosas cada día para llevar adelante su singularidad, y realmente lo consiguen, porque el común de los hombres no halla en estas cosas el verdadero gusto y la real bondad que ellos exageran; no las apetece, y quédanse ellos con su extravagancia; llámanla otros impertinencia.

De este modo, ó tan sin él, se portan en todo lo demás. Si bien la necesidad y aun el gusto tal vez desmiente su capricho, por más que procuren engañarlo. Sábeles bien uno y alaban otro, como le sucedió á un gran valedor de esta secta de excepciones que, bebiendo un caduco vino, no pudiendo contenerse, exclamó y dijo: «¡Oh, preciosísimo néctar, que vences á los bálsamos y alquermes! Lástima es que seas tan vulgar; ídolo fueras de príncipes, si ellos solos te bebieran.»

Lo celebre es que en los vulgares vicios no se corren de asemejar, no digo ya á los más viles de los hombres, pero á los mismos brutos, y á las cosas humanas quieren dictar divinidades.

En las acciones heroicas dicen bien la singularidad, ni hay cosa que concilien más que veneración en las hazañas. En la alteza del espíritu y en los altos pensamientos consiste la grandeza. No hay hidalguía como la del corazón, que nunca se abate á la sutileza. Es la virtud carácter de heroicidad, en que dice muy bien la diferencia. Han de vivir con tai lucimiento de prendas los príncipes, con tal esplendor de virtudes, que si las estrellas del cielo, dejando sus celestes esferas, bajaran á morar entre nosotros, no vivieran de otra suerte que ellos.

I40 EL DISCRETO I40 EL DISCRETO cQué aprovecha la fragancia de los ámbares, si la desmiente la hediondez de las costumbres?-' Bien pueden embalsamar el cuerpo, pero no mmortalizar el alma. No hay olor como el del buen nombre, ni fragancia como la de la fama, que se percibe de muy lejos, que conforta los atentos y va dejando rastro de aplauso por el teatro del mundo, que durará siglos enteros.

Pero asi como á los unos los hace aborrecibles, y aun intratables, esta enfadosa afectación, que todos los cuerdos la silban, asi á otros los hace singulares el no querer serlo y menos padecerlo. Este vivir á lo práctico, un acomodarse á lo corriente, un casar lo grave con lo humano, hizo tan plausible al excelentísimo conde de Aguilar y marqués de la Minojosa, segundo Mecenas nuestro; hacíase á todos, y así era á modo de todos; que hasia los enemigos le aplaudieron vivo y le lloraron muerto. Oí decir de él á muchos y muy cuerdos: uEste sí que sabe ser señor sin ilgurerias»; elogio digno de un tan gran héroe.

Otro género hay de éstos, que no son hombres, y son aún más figuras; pues si los primeros son enfadosos, éstos son ya ridiculos; aquellos, digo, que ponen el diferenciarse en el traje y singularizarse en el porte: aborrecen todo io práctico, y muestran una como antipatía con el uso; afectan ir á lo antiguo, renovando vejcdades. Otros hay que en España visten á lo francés BALTASAR GRACIA N BALTASAR GRACIA N y en Francia á lo español, y no falla quien en la campaña sale con golilla y en la corte con valona, haciendo de esta suerte celebrados matachines, como si necesitase de sainetes la fisga.

Nunca se ha de dar materia de risa ni á un niño, cuanto menos á los varones cuerdos y juiciosos; y hay muchos que parece que ponen todo su cuidado en dar qué reir, y que estudian cómo dar entretenimiento á sus hablillas. El día que no salen con alguna ridicula singularidad, lo tienen por vacio; pero cde qué pasaría la fisga de los unos, sin la figurería de los otros) Son unos vicios materia de otros; de esta suerte la necedad es pasto de la murmuración.

Pero si la singularidad frivola en la corteza del traje es una irrisión, {qué será la del interior, digo, del ánimo? Hay algunos que parece que les calzó la naturaleza el gusto y el ingenio al revés, y lo afectan por no seguir el corriente. Exóticos en el discurrir, paradoxos en el gustar y anómalos en todo; que la mayor figurería es sin duda la del entendimiento.

Ponen otros su capricho en una vanísima hinchazón, nacida de una loca fantasía y forrada de necedad; con esto afectan una enfadosa gravedad en todo y con todos, que parece que honran con mirar y que hablan de merced. Hay naciones enteras tocadas de este humor: que si para uno de éstos no tiene espera la risa, -:qué será en tan ridicula pluralidad?

Sea el decir con juicio, el obrar con decoro, las costumbres graves, las acciones heroicas; que esto hace á un varón venerable, que no fantásti cas presunciones. Ni da de censura este critico discurso la verdadera gravedad, que atiende siempre á su decoro; aquel nunca rozarse en conservar la flor del respeto, y como en la funda de su fondo de la estimación. Condena, si, el exceso de una vana singularidad, que toda viene á parar en inútiles afectaciones.

Pero (qué remedio habría tan eficaz, que curase á todos éstos de figuras, y los volviese al ser de hombres)^ Pues de verdad que lo hay, y es infalible. Dejo la cordura, que es el remedio común de todos males, y voy al singular de la singularidad. El remedio de todos éstos es poner la mira en otro semejante afectado, paradoxo, extravagante, figurero; mirarse y remirarse en este espejo de yerros, advirtiendo la risa que causa y el enfado que solicita, ponderando lo feo, lo ridículo, lo afectado de él, ó por mejor decir, propio en él; que esto sólo bastará para hacer aborrecer eficazmente todo género de figurería, y aun temblar del más leve asomo, del más mínimo arnago de ella.

EL HOMBRE EN SU PUNTO Diálogo entre el doctor don Manuel Salinas y Li' zana, canónigo de la santa iglesia de Huesca, y el autor,- Notable singularidad la de los persas, no querer ver sus hijos hasta que tenían siete años. El mismo paternal amor, que es el mayor, sin duda no era bastante á desmentir, ó por lo menos disimular, las imperfecciones de la común niñez. No los tenían por hijos hasta que los veían discurrir.

Pero si un padre no puede sufrir L un ignorante hijuelo, y espera siete años la hermosísima razón para admitirle á su comunicación ya capaz, (qué mucho que un varón entendido no pueda tolerar un necio extraño, y que lo extrañe á su culta familiaridad?

No conduce la natraleza, aunque tan próvida, sus obras á la perfección el primer día, ni tampoco la industriosa arte; vanlas cada día adelantando, hasta darles su complemento.

Así es que, lodos los principios de las cosas son pequeños, aun de las muy grandes, y vase poco á poco llegando al mucho mucho del perfec-o ser. Las cosas que presto llegan á su perfección, valen poco y duran menos; una flor, presto es hecha y presto desecha; mas un diamante, que tardó en foimarse, apela para eterno.

Sin duda que esto mismo sucede en los hombres, que no de repente se hallan hechos. Vanse cida día perfeccionando, al paso que en lo natural en lo moral, hasta llegar al deseado complemento de la sindéresis, á la sazón del gusto y á la perfección de una consumada utilidad/ Es tan cierto eso, que á cada paso vemos, y lo censuramos en algunos, que realmente saben y discurren; pero se conoce que aun no están del todo hechos, que aún les falta un algo, y á veces lo mejor; y hay más y menos en esto, que va también por grados la discreta intensión. Unos están muy á los principios de lo entendido, pero se harán. Otros hay más.adelantados en todo, y algunos que han ya llegado al com- BALTASAR GRACÍAN piemento de prendas; que es menester mucho para llegar á ser un varón totalmente consumado.

Al modo, diría yo, que el generoso licor que es bueno, y más si es bueno el vino; tiene cuando comienza una ingratísima dulzura, una insuave rigidez, como no esiá aún hecho; pero en comenzando á hervir, comienza á desecarse, pierde con el tiempo aquella crudeza primitiva, corrige aquella enfadosa dulzura y cobra una suavísima generosidad, que ha^ta con el color lisonjea y con su fragancia solicita, y ya en su punto es pasto de hombres y aun celebrado néctar. Conque entiendo por qué de Júpiter fingieron que introdujo el abortivo hijuelo Baco, no en la boca desapacible al gusto por lo imperfecto, sino en la rodilla, reservando para la discreta Palas el cerebro.

A ese modo, en el vaso frágil del cuerpo se va perfeccionando de cada día el ánimo. No luego está en su punto. Tienen todos los hombres á los principios una enfado-a dulzura de la niñez, ana suave rudeza de la mocedad; aquel resabio a los deleites, aquella inclinación á cosas poco graves, empleos juveniles, ocupaciones frivolas, y aunque tal vez en algunos, y bien raros, se anticipe la maduren, conócese que es antes de tiempo en lo desazonado: quiere de-mentir en otros la seriedad, ó natural ó afectada, estas imperfecciones de la edad, mas luego se descuidey desliza en juveniles desaires, dando á entender que aún n. estaba en el punto de la entereza.

Gran médico es el tiempo por lo viejo y por k; experimentado.

El sólo puede curar á uno de moz'^^, que verdaderamente es achaque. En la mayor edad son ya mayores y más levantados los pensamientos, reálzase el gusto, purificase el inerenio, sazónase el juicio, deséase la voluntad; y al fin hombre hecho, varón en su punto, es agradable y aun apetecible al comercio de los en endidos. Conforta con sus consejos, calienta con su eficacia, deleita cr >n su discurso, y todo él huele á una muy viril generosidad.

Pero antes de sazonarse, qué aspereza nos brindan en todo, qué insuavidad en el entendimiento, qué acedia en el trato, qué desazón en e! porte!

BALTASAR GRACIAM ¡Pero qué tormento es para un hombre y£ maduro y cuerdo, haberse de a justar, ó por necesidad ó por conveniencia, á uno de estos desazonados y no hechos! Bien puede competir y ai)n exceder á aquel de Falaris, cuando ataba un vivo con un muerto mano á mano y boca á boca, por ser éste de las almas, donde se apura el entendimiento.

Revuelve después ya cuerdo sobre sus pasadas imperfecciones, reconoce ya con seso los borrones de su ignorancia ó imprudencia, acusa su mal gusto y ríese de sí mismo liviano, ahora grave, condenando con juiciosa refleja los apasionados desaciertos, en los elementos de su imperfección.

El mal es que algunos nunca llegan á estar del todo hechos, ni llegarán jamás á ser cabales.

Es que les falta alguna pieza, ya en el gusto, que es harto mal, ya en el juicio, que es peor.

l^S EL DISCRETO Y muchas veces advertimos que les falta algo, y lio acertamos á definir lo que es.

También tengo observado que anda muy desleal el tiempo en hacer los sujetos.

Es que para unos vuela y para otros cojea; ya se vale de sus alas, ya saca sus muletas. Hay algunos que muy pres'iO consiguen la perfección en cualquier materia, hay otros que tardan en ¡nacerse, y á veces con daño universal, por serlo •a obligación. Que no sólo en la perfección co< mún de la prudencia se van haciendo los hombres, sino en las singulares de cada estado y empleo.

{De modo que se hace un rey> Sí, que no se nace hecho; gran asunto de la prudencia y de la expíriencia, que son menester mil perfecciones para que llegue á tan grande complemento. Hácese un general á costa de su sangre y de la ajena, un orador después de mu- BALIASAR GRACIÁN cho estudio y ejercicio; hasta un médico, que para levantar á uno de una cama echó ciento er_ la sepultura. Todos se van haciendo, hasta llegar al punto de su perfección, Y pregunto: ese punto á que llegaron, ^serr fijo?

Esa es la infelicidad de nuestra inconstancia. No hay dicha, porque no hay estrella fija de k luna acá; no hay estado, sino continua mutabilidad en todo. O se crece ó se declina, desvariando siempre con tanto variar.

De modo que sigue lo moral á lo natural, descaece con la edad la memoria y aun el entendimiento.

Y aun por eso conviene lograrlo en su sazón y saber gozar de las cosas en su punto, y mucho más de los varones entendidos.

Mucho es menester para llegar al colmo dt perfecciones y de prendas.

¿L DISCRETO xMacea primero Vulcano, y después contribuye el numen; sobre los favores de la naturaleza asienta bien la cultura, digo la estudiosidad, y el continuo trato con los sabios, ya muertos, en sus libros, ya vivos, en su conversación; la experiencia fiel, la observación juiciosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos; todas estas cosas vienen á sacar un hombre consumado, varón hecho y perfecto; y conócese en lo acertado de su juicio, en lo sazonado de su gusto; habla con atención, obra con detención; sabio en dichos, cuerdo en hechos, centro de toda perfección.

Ahora digo que no hay bastante aprecio pa-.a un hombre en su punto.

Hay logro, ya que no aprecio, buscándole para amigo, griinjeándole para consejero, obligándole para patrón y suplicándole para maestro.

BALTASAR GRACíÁN DE LA CULTURA Y ALIÑO FICCIÓN HEROICA Fué tü pad e el artificio. Quiron de ia naturaleza, naciste de su cuidado, para ser perfección de todo; sin li, las mayores acciones se malogran y los mejo es trabajos se deslucen. Ingenios vimos prodigiosos, ya por lo inventado, ya por lo discurridj; pero tan desaliñados, que antes merecieron desprecio que aplauso.

El sermón más grave y docto, fué desazonado sin tu gracia; la alegación m ^s autorizada, fué infeliz sin tu aseo; el libro más erudito, faé asqueado sin tu ornato; y al fin, la inventiva más rara,!a elección más aceriaJa, la erudición más profunda, la más dulce elocuencia, sin el realce de tu cultura, fueron acusadas de una indigna vulgar barbaridad y condenadas al olvido.

Al conuario, otras vemos que, si con rigor se examinan, no se les conoce eminencia, ni por lo ingenioso ni por lo profundo; y con todo eso son plausibles, en íe de lo aliaado. Lo mismo acontece á todas las demás prendas, por ser transcendental su perfección; venció la fealdad á la belleza muchas veces socorrida del al ño, y malogróse otras tantas por descuidada la hermosura; fiase de sí la perfección, y siempre los confiados fueron los vencidos. Cuanto mayor la gala, si desaliñada, es más deslucida; porque la misma bizarría está pregonando el perdido aseo: contigo, al fin, lo poco parece mucho, y sin ti lo mucho pareció nada.

Tuviste por madre á la buena disposición, aquella que da su lugar á cada cosa, aquella que todo lo concierta. Consiste mucho el aseo en estar cada parle en su puesto. Que fuera de su centro, todo lo natural padece violencia y todo lo artificial desconcierto. Una misma casa para una estrella es de exaltación, y para otra de detrimento; que según es el lugar, es el brillar. La turbación causa confusión, y ésta enfado. Lo que no está compuesto, no es más que una rudísima indigesta balumba, asqueada de todo buen gusto; las cosas bien compuestas, á más de lo que alegran con el desembarazo, deleitan con su concierto.

Frustrada quedaría lastimosamente la buena elección de las cosas, si después las malograse un bárbaro desaseo; y es lástima que lo que merecieron por excelentes y selectas, lo pierdan por una barbarie inculta. Cansóse en balde la invención subüme de los conceptos, la sutileza en los discursos, la estudiosidad en la varia y selecta erudición, si después lo desazona todo un tosco desaliño.

Hasta una santidad ha de ser aliñada, que edifica al doble cuando se hermana con una religiosa urbanidad. Supo juntar superiormente entrambas cosas aquel gran patriar:a arzobispo de Valencia, don Juan de Rivera; ¡qué aliñadamente que fué santo!, y aun eternizó su piedad y su cultura en un suntuosamente sacro colegio, vinculando en sus doctos y ejemplares sacerdotes y ministros la puntualidad en ritos, la riqueza en ornamentos, la armonía en voces, la devoción en culto y el aliño en todo.

No gana la santidad por grosera, ni pierde tampoco por entendida; pues vemos hoy cortesana la santidad y santa la cortesía en otro patriarca, aunque no otro de aquel sino muy intimador, el ilustrísimo señor don Alonso Pérez de Guzmán, que no se oponen la virtud y la discreción; y con el mismo aplauso se celebran en aquel gran espejo de prelados, tan cultamente santo y erudito, el ilastrisimo señor don Juan de Palafox, obispo de la Puebla de los Ángeles, y pudiera en singular por su ilustrisima, pues se llamó primero en profecía. De esta suerte se ve y se admira hoy tan culta la santidad y tan aliñada la perfección.

No solamente ha de ser aseado el entendimiento, sino la voluntad también. Sean cultas las operaciones de estas dos superiores potencias, y si el saber ha de ser aliñado, ipov qué el querer ha de ser á lo bárbaro y grosero?

Tus hermanos fueron el despejo, el buen gusto y el decoro, que todo lo hermosean y todo lo sazonan, no sola la corteza exterior del traje, sino mucho más el atavio interior, que son las prendas, los verdaderos arreos de la persona.

Pero cqué inculto, qué desaliñado lenia la común barbaridad el mundo todo? Comenzó la culta Grecia á introducir el aliño, al paso que su imperio. Hicieron cultas sus ciudades, tanto en lo material de los edificios, como en lo formal de sus ciudadanos. Tenian por bárbaras á las demás naciones, y no se engañaban. Ellos inventaron los tres órdenes de la arquitectura para el adorno de sus templos y palacios, y las ciencias para sus célebres universidades. Supieron ser hombres, porque fueron cultos y aliñados.

Mas los romanos, con la grandeza de su ánimo y poder, al paso que dilataron su monarquía, extendieron su cultura, no sólo la emularon á los griegos, sino que la adelantaron, desterrando la barbaridad de casi todo el mundo, haciéndole culto y aseado de todas maneras. Quedan aún vestigios de aquella grandeza y cultura en algunos edificios, y por blasón el ordinario encarecimiento de lo bueno, ser obra de romanos. Rastréase el mismo artificioso aliño en algunas estatuas, que en fe de la rara destreza de sus artífices, eternizan la fama de aquellos héroes que representan. Hasta en las monedas y en los sellos se admira esta curiosidad, que en nada perdonaban al aliño y en nada dejaban parar la barbarie.

¿ÍALTASAR GRACIÁN ¿ÍALTASAR GRACIÁN jOh, célebre museo y plausible teatro de toda esta antigua, griega y romana cultura! Así en estatuas como en piedras; ya en sellos anulares, ya en monedas, vasos, urnas, láminas y camafeos, el de naestro mayor amigo, el culto y erudito don Vincencio Juan de Lasiano^a, honor de los romanos por sa memoria; gloria de los aragoneses por su ingenio; quien quisiere lograr toda la curiosidad junta, frecuente su original museo; y quien quisiere admirar la docta erudición y rara de la antigüedad, solicite el que ha estampado de las monedis españolas ^lesconocidas, asunto verdaderamente grande, p.>r lo raro y por lo primero.

Donde se extrema la romana cultura y el decoro, es en las inmortales obras de sus prodigiosos escritores. Alli lucen lo ingenioso de los que escriben y lo hazañoso de quienes escriben, compitiéndose la valentía de los ánimos de unos y la de los ingenios de los otros.

Conservan aún algunas provincias este heredado aliño, y la que más, la culta Italia, como centro de aquel imperio. Todas sus ciudades son aliñadas, así en lo político, como en el económico gobierno. En España reina la curiosidad más en las personas que en lo material de las ciudades, no porque sea mayor alabanza, que la barbaridad aun en lo poco lo es y desacredita. En Francia está tan válido el aliño, que llega á ser bizarría, digo en la nobleza. Estímanse las artes, venéranse las letras; la galantería, la cortesía, la discreción, todo está en su punto. Précianse los más nobles de más noticiosos y de leídos, que no hay cosa que más cultiven los hombres que el saber. Entre muchos varones eminentes luce hoy el prodigioso Francisco Filhol, presbítero y hebdomadario en la santa y metropolitana iglesia de San Esteban de Tolosa. varón de igual ingenio que gusto, como lo prueban sus dos bibliotecas, la primera de sus obras y la segunda de las ajenas.

Hijos son tuyos el agrado y el provecho, que si en un jardín lo que más lisonjea, después del buen delecto de las plantas y las flores, es la acertada disposición de ellas, ccuánto más en el jardín del ánimo merecerán el gusto, la fragancia de los dichos y la galantería de los hechos, realzados de la cultura?

Hállanse hombres naturalmente aliñados, en quienes parece que el aseo no es cuidado, sino fuerza; no perdonan al menor desorden en sus cosas; es en ellos connatural la gala, así interior como exterior; tienen un corazón impaciente al desaliño. Hasta en los ejércitos afectaba Alejandro la cultura, que parecían más, dijo el Curcio, órdenes de compuestos senadores, que hileras de desbaratados soldados. Hay otros de un corazón tan dejado de sí mismo, que no cupo jamás en él cuidado ni artificio, cuanto menos impaciencia; v así, todo cuanto obran lleva este desmedro de tosco y este deslucimiento de bárbaro.

Es circunstancia el aliño que arguye tal vez mucha substancia, porque nace de capacidad, y porque lo tuvo en componer un fuego, acción tan servil y tan vulgar; el Taicosama fué primero argumento y ocasión, después de llegar á ser emperador del Japón, de siervo particular á ser amo universal; prodigiosa fortuna, que los leños aliñados por su mano le pusieron ó le trocaron en un cetro en ella misma.

Esta es (¡oh, cultísimo realce del varón discreto!) lu esplendorizada prosapia; iqut mucho que seas tan válido entre personas, que si no las supones, tú las haces? De esta suerte las tres Gracias informaban al aliño, asegurando que todo lo dicho lo habían copiado del culto, bizarro, galante, cortesano, lucido, práctico, erudito, y sobre todo discreto, el excelentísimo señor don Duarte Fernández Alvarez de Toledo, conde de Oropesa.

HOMBRE JUICIOSO Y NOTANTE APOLOGÍA Muy á lo vulgar discurrió Momo, cuando deseó la ventanilla en el pecho humano; no fué censura, sino desalumbramiento, pues debiera advertir que los zahoríes de corazones, que real- 158 EL D1SCRET( mente los hay, no necesitan ni aun de resquicios para penetrar al más reservado interior. Ociosa fuera la transparente vidiiera para quien mira con cristales de larga vista, y un buen discurso propio es la llave maestra del cora-'ón ajeno.