SigPhi · Baltasar Gracian

El Héroe; El Discreto (Farinelli, 1900)

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á nadie da justicia, ni aun arbitrio; todo lo condena. Sola quedaba la verdad, mas ella ha muchos siglos que dió en cuerda, retirándose á su interior, sintiéndose acatarrada y aun muda. Con todo eso, á ruego de sus amartelados sabios, y pidiendo primero salvoconducto á los reyes, que por esta sola vez se lo concedieron, dejóse ver más hermosa cuanto más de cerca, más galante cuanto más desnuda, que tomó de la primavera con el nombre la belleza*, traía poco séquito, pero lucido; y aunque aborrecida de muchos, fué acatada de todos.

Sentóse en su tribunal a la luz del mediodía. ComcnzarOii á informar las partes, haciéndose encomios, al modo que quedan referidos. Alabólas á todas, y con tal singularidad á cada una, que parecía decantarse á ella, mas al cabo se declaró diciendo: ((Eminentísimos realces del varón culto, plausibles prendas del varón discreto; confieso ingenuamente que á todos os admiro y á todas os celebro, pero no puedo dejar de decir la verdad, por no faltarme á mi misma. Digo, pues, que brilla un sol de ios realces, lucimiento de las prendas, esplendor de la heroicidad, y de la discreción complemento. Tiene en vez de esfera, religiosa ara en aquel cristiano Haro, don Luis Méndez, idea mayor de esta primera prenda. Llamóla Séneca el único bien del hombre, Aristóteles, su perfección; Salustio, blasóa inmortal; Cicerón, causa de la dicha; Apuleyo, semejanza de la divinidad; Sófocles, perpetua y constante riqueza; Eurípides,.moneda escondida; Sócrates, vaso de la fortuna; Virgilio, hermosura del alma; Catón, fundamento de la autoridad; llevándola á ella sola, llevaba todo el bien Biante; Isócrates la tuvo por su posesióí\, Menandro por su escudo, y por su mejor aljaba Horacio; Valerio Máximo no la halló preci, Planto la hizo premio de si misma, y el plausible César la llamó fin de las demás; y yo, en una palabra, la entereza.

CULTA REPARTICIÓN DE LA VIDA DE UN DISCRETO Mide su vida el sabio, como el que ha de vivir poco y mucho. La vida sin estancias, es camino largo sin mesones; pues ¡qué si han de pasar en compañía de Heráclito! La misma naturaleza, atenta, proporcionó el vivir del hombre con el caminar del sol, las estaciones del año con las de ia vida, y los cuatro tiempos de aquél con las cuatro edades de ésta.

Comienza la primavera en la niñez, tiernas flores, en esperanzas frágiles.

Sigúese el estío caluroso y destemplado de la mocedad, de todas maneras peligroso, por lo ardiente de la sangre y tempestuoso de las pasiones.

Entra después el deseado otoño de la varonil edad coronado de sazonados frutos, en dictámenes, en sentencias y en aciertos. Acaba con todo el invierno helado de la vejez, cáense la? hojas de los bríos, blanquea la nieve de las caneas, hiélanse los arroyos de las venas, todo se desnuda de dientes y de cabellos, y tiembla la vida de su cercana muerte. De esta suerte alternó la naturaleza las edades 7 los tiempos.

Emula e! arte, intenta repartir la moral vida, ingeniosam -nte varia. En una palabra la dijo Pitágoras, y aun menos, pues en una sola letra y en sus dos ramos cifró los dos caminos tan opuestos del mol y del bien. A este arriesgado vivió, dicen que llegó Alcides al amanecer; que la razón es aurora, y aquí fué su común perplejidad. Miraba el de la diestra con horror, y con afición el de la siniestra. Estrecho aquél y dificultoso, al fin cuesta arriba, y por el consiguiente desandado; espacioso éste, y fácil tan á cuesta abajo, cuan trillado. Paró aquí, repar^^ndo cuán superior mano le guió impulsiva por el camino de la virtud al paradero de heroicidad.

Donosamente discurrió uno, y dulcemente lo cantó otro; el falcón, que se convirtió en cisne. Diéronle al hombre treinta años suyos para gozarse y gozar, veinte después prestados del jumento para trabajar, otros tantos del perro para ladrar y veinte últimos de la mona para caducar^ excelentísima ficción de la verdad.

Mas ahorrando de erudita prolijidad. Célebre gusto fué el de aquel varón galante, que repartió la comedia en tres jornadas, y el viaje de su vida en ties estaciones. La primera empleó en hablar con los muertos. La segunda con ios vivos. La tercera consigo mismo. Descifremos el enigma. Digo, que el primer tercio de su vida destinó á los libros, leyó, que fué más fruición que ocupación; que si tanto es uno más hombre cuanto más sabe, el más noble empleo será el aprender; devoró libros, pasto del alma, delicias del espíritu; gran felicidad, topar con los selectos en cada materia; aprendió todas las artes dignas de un noble ingenio, á distinción de aquellas que son para esclavas del trabajo.

Prevínose para ellas con una tan precisa cuanto enfadosa cognición de lenguas, las dos universales, lacina y española, que hoy son las llaves del mundo, y las singulares griega, italiana, francesa, inglesa y alemana, para poder lograr lo mucho y bueno que se eterniza en ellas.

Entregóse luego á aquella gran madre de la vida, esposa del entendimiento é hija de la experiencia, la plausible historia, la que más deleita y ia que más enseña. Comenzó por las antiguas, acabó por las n\pdernas, aunque otros practiquen lo contrario. No perdonó á las propias ni á las extranjeras, sagradas y profanas, con elección y estimación de los autores, con distinción de los tiempos, eras, centurias y siglos; comprensión grande de las monarquías, repúblicas, imperios, con sus aumentos, declinaciones y mudanzas; el número, orden y calidades de sus principes; sus hechos en paz y en guerra, y esto con tan feliz memoria, que parecía un capacísimo teatro de la antigüedad presente.

Paseó los deliciosísimos jardines de la poesía, no tanto para usarla, cuanto para gozarla, que es ventaja y aun decencia: con todo eso, ni fue tan ignorante que no supiese hacer un verso, ni tan inconsiderado que hiciese dos. Leyó todcs los verdaderos poetas, adelantando mucho el ingenio con sus dichos y el juicio con sus sentencias; y entre todos dedicó el seno al profundo Horacio y la mano al agudo Marcial, que fué darle la palm^, entregándolos todos á la memo -ria y más al entendimiento. Con!a poesía juntó la gustosa humanidad, y por renombre las bueras letras atesorando una relevante erudición.

Pasó á la filosofía, y eomenzando por lo natural, alcanzó las causas de las cosas, la composición del universo, el artificioso ser del hombre, las propiedades de los animales, las virtudes de las hierbas y las calidades de las piedras preciosas. Gustó más de lo moral, pasto de muy hombres, para dar vida á la prudencia, y estudióla en los sabios y filósofos, que nos la vincularon en sentencias, apotegmas, emblemas y apólogos. Gran discípulo de Séneca, que pudiera ser Luciiio; apasionado de Platón, como divino, de los siete de la fama, de Epitecto y de Plutarco, no despreciando al útil y donoso Esopo.

Supo con misterio la cosmografía, la material y la formal, midiendo las tierras y los mares, distinguiendo los parajes y los climas; las cuatro partes hoy del universo, y en ellas las provincias y naciones, los reinos y repúblicas, ya para saberlo, ya para hablarlo, y no ser de aquellos tan vulgares, ó por ignorantes ó por dejados, jamás supieron dónde tenían los pies.

De la astrología supo lo que permite la cordura. Reconoció los celestes orbes, notó sus varios movimientos, numeró sus astros y planetas, observando sus influencias y efectos.

Coronó su práctica estudiosidad con una continua grave lección de la sagrada Escritura, la más provechosa, varia y agradable al buen gusto y al ejemplo de aquel fénix de reyes, don Alfonso el Magnánimo, que pasó de cabo á cabo la Biblia catorce veces con comento, en medio de tantos y tan heroicos empleos.

Consiguió con esto una noticiosa universalidad, de suerte que la filosofía moral le hizo prudente; la natural, sabio; la historia, avisado; la poesía, ingenioso; la retórica, elocuente; la humanidad, discreto; la cosmografía, noticioso; la sagrada lección, pío, y tocio él en todo género de buenas letras consumado, que pudiera competir con el excelentísimo señor don Sebastián de Mendoza, conde de Coruña. Este fué el grande y primer acto de su vida.

Empleó el segundo en peregrinar, que fué gustoso peregrino; segunda felicidad para un hombre de curiosidad y buena nota. Buscó y gozó de todo lo bueno y lo mejor del mundo; que quien no ve las cosas no goza enteramente de ellas: va mucho de lo visto á lo imaginado: más gusta de los objetos el que los ve una vez que el que muchas; porque aquélla se goza y las demás enfadan: consérvase en aquellas primicias el gusto sin que las roce la continuidad: el primer día es una cosa para el gusto de su dueño; todos los demás para el de los extraños.

Adquiérese aquella ciencia experimental, tan estimada de los sabios, especialmente cuando el que registra atiende y sabe reparar, examinándolo todo ó con admiración ó con desengaño.

Trasegó, pues, todo el universo, y paseó todas sus políticas provincias, la rica España, la numerosa Francia, la hermosa Inglaterra, la artificiosa Alemania, la valerosa Polonia, la amena Moscovia y todo junto en Italia; admiró sus más célebres emporios, solicitando en cada ciudad todo lo notable, asi antiguo como moderno; lo magnifico de sus templos, lo suntuoso de sus edificios, lo acertado de su gobierno, lo entendído de sus ciudadanos, lo lucido de su nobleza, lo docto de sus escuelas y lo culto de su trato.

Frecuentó las cortes de los mayores principes, logrando en ellas todo género de prodigios de la naturaleza y del arte en pinturas, estatuas, tapicerías, librerías, joyas, armas, jardines y museos.

Comunicó con los primeros y mayores hombres del mundo, eminentes, ya en letras, ya en valor, ya en las artes, estimando toda eminencia; y todo esto con una juiciosa comprensión, notando, censurando, cotejando y dándola cada cosa su merecido precio.

La tercera jornada de tan bello vivir, la mayor y la mejor, empleó en meditar lo mucho que había leído y lo más que había visto. Todo cuanto entra por las puertas de los sentidos en este emporio del alma va á parar á la aduana del entendimiento; allí se registra todo. Él pondera, juzga, discurre, infiere y va sacando quintas esencias de verdades. Traga primero leyendo, devora viendo, rumia después meditando, desmenuza los objetos, desentraña las cosaaveriguando las verdades, y aliméntase el espíritu de la verdadera sabiduría.

Es destinada la madura edad para la contemplación, que entonces cobra más fuerzas el alma cuando las pierde el cuerpo, reálzase la balanza de la parte superior lo que descaece la inferior. Hácese muy diferente concepto de las cosas.

y con la madurez de la edad se sazonan los discursos y los afectos.

Importa mucho la prudente reflexión sobre las cosas, porque lo que de primera instancia se pasó de vuelo, después se alcanza á la revista.

Hácese noticioso el ver, pero el contemplar hace sabios. Peregrinaron todos aquellos antiguos filósofos discurriendo primero con los pies y con la vista, para después con la inteligencia, con la cual fueron tan raros. Es corona de la discreción el saber filosofar, sacando de todo, como solicita abeja, ó la miel del gustoso provecho ó la cera para la luz del desengaño. La misma filosofía no es otro que meditación de la muerte, que es menester meditarla muchas veces antes para acertar á hacer bien una sola después.

<(c Puede llegar á más nuestra desdicha? O por mejor decir, «ipuede lle.i^ar á más nuestro oprobio que el que los mismos extranjeros nos den en rostro con la destimación de nuestros más escogidos autores?)) Asi quejábase Fr. Benito Jerónimo Feijóo cuando, por el año 1751, leyendo el Spectator inglés, tuvo por vez primera noticia de Huarte, de quien hasta entonces no habla leído, (i) Reimprímese aquí, con algunas modificaciones, un estudio publicado hace años en la Revista crítica de historia y literatura españolas^ porttiguesas é hispano am:ricanas. (Año I, núm. 2), con ocasión de un libro tan notable como poco leído de Karl Borinski, Baltasar Gradan _ und die Hofliteratur in Deutschland, Halle, a. S, 1894. Con muchísimo gusto hubiera satisfecho el deseo del Sr. Rodríguez Serra, de añadir d estas páginas un estudio circunstanciado sobre el Uéroe y el Discreto que, en linda reimpresión, no con el descuido y en el ruin papel de las ediciones anteriores, encomiéndanse ahora al público. La exhortación benévola me sorprendió en época bastante atareada; absorbido como estoy completamente por otros trabajos, en medio de mis tareas universitarias, y próximo á realizar nue* ni oído siquiera, el nombre (i). Por este tiempo, preparaba Lessing para los alemanes una traducción fiel y genial áeV Examen de ingenios p27^a las cie?icias, que llamó Prüfung der Kopfe durch die Wissenschaften, Ninguna nación trató, probablemente con más descuido que España á sus grandes poetas, á sus profundos pensadores. Como llama que alumbra de improviso y luego desaparece y muere apenas le va faltando alimento, asi brillaron en vida los ingenios españoles, llamados divinos é inmortales por los contemporáneos, hasta que, andando el tiempo, crecidas nuevas generaciones, se apagó su estrella, vsu memoria quedó ofuscada, sepultadas sus obras. Es verdaderamente lastimoso ver cómo los españoles del siglo pasado pensaban de sus grandes hombres del xvi y del xvii, y dejaban, sin vergüenza alguna, á los extranjeros, el aprovo viaje por España, tengo forzosamente que remitir á época de mayor sosiego el deseado estudio. Improvisar sin más ni más un discurso retórico, insertando palabras y rio hechos, no es costumbre mía, ni tampoco paréceme era la de Gracián, que, antes de escribir, dos y más veces pen saba, escogiendo con ponderación del caudal de sus ideas.

Vaya, pues, con pocas alteraciones y sin añadiduras, mi pobre crítica^ no inútil, sin embargo, si lograra procurar en mi querida España, patria de Gracián, algunos lectores más á las obras de este pensador original y agudo, siempre en continua efervescencia de ideas y que, en la soledad de mi vida, con sus chistes y su doctrina me ha consolado é ilustrado.

(i) Feijóo. Carias eruditas y curiosas, T. III. (Madrid 1 751.)— Carta XXVIII, pág. 350 y siguientes.

FARINFXLI vechamiento y el estudio de sus tesoros nacionales. Tiempos más modernos llevaron muy poca luz á este caos deplorable. A los ciiticos de la nueva época faltaba penetración, entendimiento poético, artístico y filosófico, ánimo y constancia, para dar vida á lo que desde mucho tiempo atrás yacía olvidado. La historia de las letras españolas adelantó siempre cojeando de un pie, y á veces de dos. Los errores siguieron á los errores. Los favorecidos de un dia se dejaban fácilmente por otros de más mérito; la verdad quedó con su velo impenetrable. Así es que una historia imparcial, \erdadera, de la civilización y de la literatura españolas, aún no se ha escrito por nadie y es tarea del porvenir.

Baltasar Gracián tuvo la desdicha de escribir un libro inferior á los otros genialísimos que su pluma le había dictado, un libro pésimo tal vez, obscuro más que agudo. Gracias á las circunstancias y al gusto corrompido del tiempo, únicameme este halló en España celebridad y propaganda, menoscabando así la fama de su autor. A los pocos años de su muerte, y por ci espacio de dos siglos, Gracián fué considerado como corruptor del idioma y extraviador de los espíritus, más bien que como reformador, creador del lenguaje y guía preciosa en el azaroso y triste camino de la vida. Cuando Francisco Aerssen de Sommelsdyck viajaba en 1656 por España, visitando Aragón y en especial Calatayud, patria de Gracián, el gran moralista filósofo gozaba aún de no escasa Hombradía en su patria. «Cest un ecrivain de cetemps fort renommé parmy les espagnols», decía nuestro viajero, á quien gustaban, sin embargo, muy poco los escritos de Gracián (r). Ya á fines del siglo xvii, la fama de Gracián había rápidamente disminuido. En todo el siglo XVIII se le nombra raras veces. Capmany, hombre de gusto acendrado y de erudición exquisita, hubiera podido muy bien, en su Teatro hhiór ico-crítico de la elocuencia española, quebrar lanzas en favor de Gracián; pero no quiso hacerlo, y en el capítulo dedicado (i) Voyage d' Espagnc.» avec une Relaiion de f Estai et Gouvernemcni de ceite Mofiarchie; et une Relaiion parlicu-Itere de Madrid. Cologne 1667, págs. 294 y sigs. ccü a mis au jours divers petits traitez de Politique et de Morale entre ses Ouvrages il y en a un qii'il intitule el Criticón, dont il n* y a que deux paríies imprimées (sic) ou suivant les ages des hommes il fait une espece de Satyre de tout le monde assez ingénieuse á l'imitation de Barclay en son Euphormion. En cette piéce son stib esí bien différent de celuy de ses petits traitez, ou il est si concis, si rompu e. si estrangemeiít coupé, qu'il semble qu'il ait pris l'obscurité a tasche; aussi le Lecteur a besoin d'en deviner le sens et souvent quand il i'a compris il trouve qu'il s est estudié á íaire une énigme d'une chose fort commune. Séneque et Tacite n'ont rien entendu de cette fagon d'écrire au prix de luy et si Ton dit du premier que son stile est du sable sans chaux et que celuy du second est si mystérieux, qu'il contient plus qu'il n' exprime, on peut assurer, que celuy de Gracián a si peu de liaison en ses périodes, si tant de rostriction en ses paroles que sa pensée y est comme un diamant mal enchassé dont le feu et le brillant ne paroist qu'a demy.»

FARINBLrJ FARINBLrJ á nuestro autor (T. V. Madrid, 1794, página 20^ y siguientes), habló con preferencia de las extravagancias, de lo enigmático, artificioso, altisonante y remontado del estilo de Gracián, sembrado de agudezas de dos filos, no comprendiendo al parecer la profundidad, la riqueza prodigiosa de las ideas expresadas con suma concisión y originalidad. {Cómo hubiera podido llamar, si no, al Oráculo Manual más obscuro que el mismo Oráculo de Delfos, enigmático en cada proposición para hacer sudar, no al lector, sino á la misma Esfinge; al Héroe, lleno de metáforas violentas, sutilezas tenebrosas, claveteadas de antitesis, capaces de volver, no héroes, sino mártires á los lectores; al PoliLico Don Fernando, pomposo y engalanado panegírico; al Discreto, lleno de sentencias triviales, de doctrinas comunes, realzadas con mucha erudición de clase y bastante pedantería, no exceptuando de la condenación general más que el Criticón^ obra que llama inmortal por el ingenio, el chiste y el juicio, tejida de alegorías agradables, de saladísimos diálogos, sazonada toda de finísimosgracejos, refranes y equívocos? ( i ). Las pocas palabras sobre Gracián que trae la obra muy co- (i) Capmany hubiera hablado sin duda de Gracián en su Epiiofue de las vidas de varones ilustres; pero esta obra, qne contiene un buen artículo sobre Saavedra Fajardo, empezada en Madrid, quedó suspensa con la caída del conde de Floridablanca. — Recuerdo aquí una frase de un colector, no muy entendido, de los tesoros de la literatura ESTUDIO CPÍTICO ESTUDIO CPÍTICO nocida de Ticknor (que es para muchos la única biblia literaria de España), demuestran, loque no extraña en modo alguno: que Ticknor no había leído más allá de las primeras hojas de los libros que juzga. En la muy pobre, mal escogida y mal ordenada colección de Obras escogidas de filósofos (Biblioteca de autores españoles^ volumen LXV), Gracián está representado tan modestamente, que es forzoso suponer en el colector comprensión harto escasa del alcance que tienen los pensamientos del gran moralista español. En un articulo de la Fortnightly Review (Londón 1877, Marzo. Vol. XXI, páginas 338 y siguientes.) Mountstuart GrantDuff, habló con mucha admiración de Gracián, pero no hizo más que repetir las alabanzas ya hechas por Schopenhauer, añadiendo al fin unos fragmentos de una traducción suya del Oráculo. En el Ensayo de Gallardo, nada hay más pobre que el articulo sobre Gracián. Menéndez y Pelayo, actualmente el mejor, más entendido y profundo historiador de la literatura de su país, dedicó en sus Ideas estéticas entusiastas páginas al grande escritor olvidado, y llamó á Gracián (tomo II, vol. II, página 535) un ((talento de estilista de española. En el prólogo á la Conquista de la Bélica ^ de La Cueva, su reimpresor Pedro de Estala (Ramón Fernández), decía en su Colección (XIV, 15): «Aún hay quien gusta de los Autos de Calderón y de la prosa de Gracián, y la Betica vale más que ellos.»

FARINELLÍ primer orden, maleado por la decadencia literaria, pero así y todo, el segundo de aquel siglo en originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en estro satírico, en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas y pintorescas, en humorismo profundo y de ley, en vida y movimiento y efervescencia continua; de imaginación tan varia, tan amena, tan prolifica, sobre todo en su Criticón, que verdaderamente maravilla y deslumbra, atando de pies y manos el juicio, sorprendido por las raras ocurrencias y excentridades del autor, que pudo no tener gusto, pero que derrochó un caudal de ingenio como para ciento.)) A pesar del juicio del sabio maestro de la crítica española contemporánea, parece que en España todavía no se quiera reconocer á Gracián en toda su grandeza é importancia. La Diputación provincial de Zaragoza, que da á luz hace algún tiempo, muy bien impresas, las obras raras y preciosas de escritores aragoneses ( i ), no ha creído oportuno hasta ahora publicar de nuevo, en uno ó dos volúmenes, los mejores escritos del profundo jesuíta, que yacen, como Cap- (i) Publicó entre otras, una nueva edición de la Biblioteca de Latassa: Bibliotecas antigua y nueva de escritores aragoneses de Latassa^ aumentadas y refundidas en forma de Diccionario bibliográfico biográfico^ per D. Miguel Gómez Uriel. Zaragoza 1884-87. En el tomo I, página 649 y siguientes, hállase un breve artículo sobre Gracián, más pobre en noticias que el de la edición antigua. Las más copiosas indicaciones bibliográficas sobre Gracián, hállanse en el tercer many decía, en diferentes ediciones á cual nnás ruin en el papel, en el carácter y en la corrección tipográfica, y de lectura sumamente pesada. Si alguna vez, en obras ó colecciones de la literatura de refranes y del bien hablar español, se recuerda también á Gracián, al moralista agudo y profundo, tan rico en lacónicas sentencias, al humorista original y sagaz, siempre se hace teniéndolo en poca consideración. En el Refranero, de Sbarbi, obra caótica, que, si hubiera sido compuesta con otro orden y con otro intento seria de gran provecho para la ciencia, hállase (IX volumen) un fragmento del Criticón (i).

Una verdadera rehabilitación de los escritos de Gracián es la traducción del Oráculo Manual hecha por Schopenhauer, quien, en lo substancial de su filosofía, se parecía muchísimo al español.

volumen de la obra monumental de Backer y Carayon: Biblioiheque de la Cojnpagnie de jfesus, Nouv. edit. por C. Sommervogel (Bruxelles, París I892; pág-, J.646 y siguientes.) Atinado y concienzudo es el juicio sobre Gracián contenido en la History of spanish Litterature de J. Fitzmaurice-Kelly (London, 1888. pág. 558 y siguientes), sólo exagerado en el valor de la Agudeza y Arte de Ingenio^ obra retórica y poco original.

(i) El Refranero general español^ parte recopilado y parte compuesto por jfosé ¿María Sbarbi. Volumen IX (Madrid 1888), pág. 95 y siguientes. Ciítica re/orfua de los co?fiunes refrafies en bando mandado publicar por el coroíiado saber. Sobre los primeros volúmenes de esta obra, véase una crítica de A. Morel Fatio en la Zeitschiift für roma* nische Philologie. Tomo I, pág. 447 y siguientes.

^(Mi escritor favorito es este filosófico Gracián», — escribía Schopenhauer en 18^2 á Keil, que entonces estaba á la cabeza de los conocedores de las cosas de España en Alemania —, «he leído todas sus obras; su Criticón es para mi uno de los mejores libros del mundo; de buena gana lo traduciría si hallara un editor para imprimirlo» (i). Ni aun para el Oráculo halló Schopenhauer un editor. Fué una admirable idea del señor K. Borinski, conocido ya del modo más favorable por su Poetik de Renaissance, la de renovar la memoria del original escritor español con una docta disertación sobre los principios y los pensanientos filosóficos, morales y políticos de Gracián. Sólo un erudito de esmerada educación filosófica, de ingenio presto y perspicaz, conocedor muy al pormenor de la literatura española y alemana, nada menos que árido, seco y pesado en la exposición de sus ideas (calidad muy rara en los historiadores y literatos alemanes de hoy áiaf, un erudito capaz de animar hasta la materia más árida y más desagradable, v. gr., la literatura política de Alemania en el siglo xvii, podía darnos un cuadro veraz y al mismo tiempo atrac- (i) L. Seelmann, Schopenhauer ^;7*í?/£?. (Leipzig 1803) pág. 172. Sería curioso averiguar si Schopenhauer fué animado por GcEthe en el estudio de Gracián. En los Tagebücher Goethe, hallo indicado una vez (1810, Junio 18), también, el Borntne d¿ cour^ de Gracián. Goethe Werke^ ed. de Weiraar. Tomo III, volumen, IV, pág. 13.

ESTUDJO CRÍTICO ESTUDJO CRÍTICO tivo del pensamiento filosófico-moral del gran aragonés, y establecer, de la manera más completa y definitiva, la influencia que directa é indirectamente ejerció en la literatura alemana. Es lástima que B. en el fervor de su estudio, haya exagerado algunas veces, considerando á Gracián como creador, inventor original, originalisimo, hasta cuando el español sigue las huellas de sus predecesores y repite sus ideas, si bien expresándolas con mayor fuerza y profundidad y muchas veces también con mayor artificio. Falta en el óptimo libro de B. el estudio, sumamente difícil y complicado, de las fuentes de la sabiduría de Gracián; el estudio de las escuelas, de los modelos en que el solitario pensador y escudriñador de los misterios de la vida humana hubo de formarse. A pesar de estas y de otras pequeñas faltas, el trabajo de B. ha enriquecido, como pocos libros modernos, la literatura española y alemana á la vez, y merece, 10 que nunca pudiera hacerse con los libros de indigesta y enfadosa erudición que diariamente se publican, un examen concienzudo de todos sus pormenores."

Las escasas noticias sobre la vida de Gracián, sacadas de unas indicaciones contenidas en los prólogos de las obras mismas del agudo pensador, y también de unos compendios de otras fuentes algo turbias, hubieran podido aumentar-$e en algo consultando los artículos sobre Gracián y Lastanosa en la Biblioteca de Latassa ( i ). La Biblioteca Nacional de Madrid conserva el manuscrito original del Héroe (con notas marginales del autor) y unas curiosas cartas de Gracián á Uztarroz y á Manuel de Salinas (volumen CLXXI, pág. 462 y siguientes), que muy apresuradamente leí en mi último viaje á España, y que se imprimieron en la Rev. crit. de hist, y liter. (tomo I, pág. 81 y siguientes). Nuevas indagaciones pudieran hacerse, sin duda con provecho, en las bibliotecas y en los archivos de Huesca, Zaragoza, Tarragona y Tarazona. Pero, por importantes que sean los nuevos hallazgos de los futuros investigadores de la literatura nacional, nunca bastarán á explicar lo obscuro y (i) En la indicación cronológica de las obras de Gracián, hállase un descuido insignificante en el libro de B. (pág. 16). Aun no encontrándose en ninguna parte la edición del Oráculo (Huesca, 1647) notada por Latassa, es indudable que hay una edición anterior á la de Madrid de 1653, á la que se refiere la aprobación. El Oráculo publicó antes de las tres partes del Criticón. Los dos volúmenes de la edición madrileña de las obras de Gracián no se publicaron, como cree B. (pág. 17), con el intervalo de diez años, sino ambos en 1664. El Forastero^ en una edición de Bruselas, 1633, hállase registrado por Nicolás Antonio: Bibl. Nova^ II, 4, y Capmany, Teatro^ V. 208; pero ni Latassa, ni Gallardo, ni De Backer Carayon ni otros la nombran. Es muy probable que no existiera nunca.

Inexacto es lo que B. (pág. 13) escribe: que Gracián «según las comunes indicaciones», murió á la edad de cincuenta y cuatro años. Capmany (V. 203), notando el año en que falleció (1658), añade: «sin constar el año de su na cimiento»; pero Latassa (I, 649; y De Backer (III, 1646) inenigmático que encubre y encubrirá siempre la vida de Gracián. Al igual de los mejores ingenios españoles contemporáneos, Gracián no cuidó de dejarnos indicaciones ó memorias cualesquiera? sobre su vida. Como jesuíta, rector de un convento, tuvo que retirarse de los torbellinos del mundo y, á pesar de sus viajes á la corte y á Aragón, vivir sosegadamente, dedicado al desempeño de su cargo, sin grandes alternativas de dichas y desdichas, de goces y de dolores. Pero, ccómo adquirió este solitario pensador su profundo conocimiento, su profunda experiencia de los hombres, su grande sabiduría de la vida) ¿Dónde aprendió á cortar y afilar sus armas para defenderse tan cuerda y seguramente condican ambos la fecha de i6oi. La diferencia de diez años no existe más que en los compendios superficiales consultados por el crítico alemán. Que Gracián había muerto á los cincuenta y ocho años de edad, lo dice, con razón, J. Jacobs en la introducción de su hermosa traducción del Oráculo: The art of Worlaly Wisdo7?i by Balthasar G7'acián traiislated fro7ji ihe Spanish by Joseph Jacobs (Londón 1892, pág. 19). A pesar de unas suposiciones, erróneas á mi parecer: que El Galante y El Va? ón Atenlo se incorporaron al Oráculo fuanual (pág. 13) y que Lastanossa había dado probablemente «the extreme teerseness and point of the majority of the maxims of the Oráculo ma?íual (pág. 43)», es digna de atención la nota (pág. 2T,)\ <It is not impossible that the English translation of C!ritick? by Rycaut 1681, may have suggested the Friday incidents of Robinson Crusoe.)"* Véase J. Deghuée, Josepli Jacob' s translation of Balthasar Gracmn s Oráculo mamtaly en Moder, Language Notes tra la impiedad y liviandad del mundo, contra sus vicios y sus pasiones? ^Cómo pudo este solitario penetrar tan profundamente en los rincones más apartados del corazón del hombre? cCómo explicar su idea triste y pesimista de la vida? cCómo las invectivas violentas contra la miserable raza humana, más fiera que las mismas fieras, las invectivas contra las mujeres, verdadera peste de nuestra existencia? cCómo la amarga y mordaz ironía, el sarcasmo cruel que derrama sobre todo y todos en el gran teatro, en el gran serrallo del mundo? ((Más vale estudiar los hombres que los libros» — decía el sabio (i).

Gracián practicó, como muy pocos, esta regla. Entre hombres, mucho más que encerrado en las cuatro paredes de su cuarto de estudio, alcanzó su prodigiosa cordura y sabiduría. Los amigos que frecuentaba con preferencia y los que más apreciaba, ensan:harían con sus propios desengaños, con sus experiencias, la experiencia del profundo moralista. Quevedo, sobre todos. Quevedo, lanzado al torbellino mucho más que Gracián, en el laberinto del mundo, en el vórtice de los negocios, amparado hoy, despreciado mañana, levantado ahora por la rueda de la fortuna, desterrado, pobre, despreciado ápoco, expe- (i) «La vraye science et le vray estude de l'homme C'est l*homme)>, Charron, Traite de ¡a Sagesse, Bordeaux 160 1 n, página i). «The proper síudy of mankind is man>. Pope, Essay on Man. 1733.

rimentado sobre manera en la ingratitud del mundo; el pesimista, irónico, mordaz y satírico Quevedo que, en sus principios filosóficos, asi como en la riqueza, originalidad y excentricidad de las ideas, tiene gran semejanza con Gracián, hubo de fecundar con sus escritos el genio natural de nuestro moralista. Lastanossa y Uztarroz, ambos aragoneses como Gracián, literatos los dos y eruditos de finísimo y acendrado gusto; el primero, como Antonio Agustín, colector apasionado de libros raros y de antigüedades ((un des plus curieux de toute l'Espagne)), como le llama Aerssen, en su viaje; el segundo, D. Francisco Andrés de Uztarroz, el Solitario, escritor fértil, versado en muchas cosas, miembro electo de la Academia de los Anhelaíites, valiente traductor y compilador, autor, entre otras cosas, de un Parnaso aragonés que queda todavía desconocido é inédito: los dos eran sin duda, con el canónigo y traductor de los clásicos antiguos, Manuel de Salinas, los mejores amigos de Gracián, tenían las mismas aficiones en literatura (i) y escribíanse con frecuencia. Lasta-