173. En mi concepto estos tres principios son de órdenes diferentes, y por consiguiente no se deben comparar sin limitaciones. El de contradiccion es de evidencia; el segundo es de sentido comun; el tercero es de conciencia. Hablando en rigor no hay preferencia los tres son indispensables, cada cual en su línea.
¿Porqué estamos seguros del principio de contradiccion? Porque Vemos con evidencia que el ser-excluye al no ser, y vice versa. ¿Porqué damos crédito á-e-ta, evidencia? Porque á ello nos hallamos precisados por la naturaleza. Hénos aquí pues, apoyando al primér principio con el segundo. Y el estar precisados á sujetarnos ' á la evidencia, ¿podemos demostrarlo con.otros principios evidentes? No, porque sobre la evidencia de estos tendríamos la misma cuestion, y deberíamos proceder - hasta lo infinito. ¿Qué hacemos; pues, en este caso? consignamos una ley de nuestro espíritu, un hecho, un instinto intelectual á que no podemos resistir. Hénos.
aquí, lt, pasando de la evidencia al sentido comun. (V. la Lógica, lib. 11, cap. 1.) * | 471. Guando Descartes pone por base de los conocimientos humanos el entimema: yo pienso, luego soy; no entiende hacer un raciocinio propiamente dicho, sino consignar un hecho de conciencia como punto de partida de los conocimientos filosóficos. Es como si dijera: « despues de haber querido dudar del mundo externo, y hasta de mi cuerpo, me hallo con mi pensamiento propio del cual no me es posible dudar: tengo aqui, pues, ua hecho íntimo, mi pensamiento, yo mismo; este pensamiento me manifiesta mi ser; yo pienso, yo existo; y en esto hallo un punto sólido en que hacer estribar mis ulteriores investigaciones. » 175. Claro es que el principio de Descartes no es ni de evidencia, ni de sentido comun, sino de conciencia ó sentido íntimo; y que negado él, ó puesto en duda, nada podríamos establecer. Quien dude de que piensa no puede saber si piensa bien; antes es pensar que pensar “bien; asf pues, en faltando el principio de Descartes no estaríamos segurós ni del de contradiccion ni de otro ninguno. o 176. El testimonio de la conciencia, tál como lo asienta Descartes, es un fundamento indispensable para los demás criterios; pero á su vez queda destruido si vacilán el de sentido comun ó el de contradiccion. ¿Y qué setá de estos dos últimos si negamos uno de ellos, Ó lo ponemos en duda? No hay un primer principio solo, en el sefitido que se ha dado á esta palabra en las escuelas: hay, sí, varios fundamentos de certeza, fntimamente ÍDEOLOGÍA PURA. 219 enlazados, y Cuyo conjunto forina la basa de lts eonocimientos humanos. Este cimiento no puede el hambre _alterarlo ni tocarlo siquiera; remover una piedra es * * arruinar el edificio, 177. Se decia en las escuelas que no se trataba de * + buscar un principio del que dimanasen todos los conocimientos, sino una verdad tal que una vez admiti--da, se pudiese reducir cuando menos indirectamente á quien negase las demás. Voy á manifestar que esto no es - posible, y que negado uno cualquiera de fos trés principios nada se puede probar.
178. Supóngase que uno tiega el principio de contradiccion; á este tal no se le puede reducir per hingun otro.
-— Para quien. tenga por posible que uná cosa sea y no sea á un mismo tiempo, es posible el sí y el ho á un mismo tiempo en todo. Pongámoslo en diálogo.
¿WV. existe?
SÍ y no.
¿Como es posible?
Para mí no es imposible el sí y el no á un mismo tiemdd Pero V. piensa? Sí y no, por la. misiha razon. ¿Admite V. que debemos estar seguros de las verdades evidentes? - * Sí y no, por la misma razón. Con un insensato semejante nadá se puedo adelantar por ningun camino. 479. Veamos lo que sucede con quien niéegae el principio de la evidencia, 6 bien la veracidad del instinto o que nos hace estar 8eguros de las Cosas evientes e Admite V. como ciérto el principito de contradicción? D. ¿Pero cómo es posible? . Pruébeine Y. este principio. - No $e debe ni puede probar, porque es gvidarite ens mismo. Pero eomo yo no admito que debamos creer á la evidencia, su argumento de Y. no mé prueba nada, Argúyasele como se quiera: está fuera dela razon, y la razon no le podrá convencer.
180. Si fingimos que uno niega Ó pone en: duda su propio pensamiento y existencia, resultará lo que Sigue.: ¿Admite V. el principio de contradiccion?.
No sé que haya tal principio.
Pero ¿nolo conoce V.?
Es que, como no sé si pienso, ignoro si conozco.
¿Pero siquiera admitirá V. que debemos creer á nuestra conciencia propia?
Es que no sé que tenga conciencia.
¿Pero no la siente V.?
¿Qué sé yo?...ignoro si pienso ni siento.
Se puede: desafiar á todos los filósofos del mundo á á que -onvenzan á quien hable de esta suerte..
181. Greo pues que el fundamento de la certeza está en la conciencia, en el sentido comun y en la evidencia. | Estas cosas no se pueden separar cuando se busca la razon de la certeza; sin que por esto quiera yo decir que para cerciorarnos tengarños necesidad de pensar enlos tres criterios. Cada uno por sí solo nos deja tranquilos; pues ya llevo observado que una cosa es la razon filosófica de los fundamentos de la certeza y otra el hecho mismo.
182. No obstante que en la Lógica se dió una idea de estos criterios, en cuanto sirven para pensar bien, será bueno entrar aquí en ulteriores explicaciones.
183. La conciencia es la presencia4ntima de los fenómenos de nuestra alma. De ellos estamos ciertos por absoluta necesidad. No se puede señalar otra razon de esta certeza sino la presencia íntima. Estoy cierto que pienso, quiero, siento; porque estos hechos están íntimamente presentes á mi ser, y esta certeza es tal que no concibo cómo pudiera estar cierto de otras cosas, si no lo estoy antes de mi conciencia propia. Este es el principio de Descartes.
181. La evidencia es la vision intelectual de que una idea está contenida en otra ó excluida por ella. Esto se verifica en el principio de contradiccion, pero no en él solo. Que tres y cuatro son siete; que los círculos no son triángulos; que el todo es mayor que la parte; que una cosa no puede ser y no ser á un mismo tiempo; estas son verdades evidentes, porquela una idea está incluida en la otra, ó excluida por ella. ¿Porqué hemos de dar fe á la evidencia? Cualquiera razon que se señale deberá fundarse en algo; y entonces pregintaremos sobre el mismo fundamento. No siendo posible proceder hasta lo infinito, nada adelantamos con buscar otros fundamentos, y así debemos pararnos desde el primef paso, y decir que el asenso á lo evidente es una necesidad, como que es una ley primitiva de nuestro espíritu. Esta respuesta es muy racional, porque luego podemos manifestar que es indispensable para que poseamos lo que se Jlama razon, y para que no seamos un caos,-un absurdo viviente.
485. El sentido comun es el asenso á ciertas verdades que | no nos constan por evidencia ni por conciencia; el instinto intelectual que nos hace descansar tranquilos en ciertas verdades que son indemostrables ó en cuya demostracion no hemos pensado. Una de ellas es la legitimidad de nuestras facultades, la seguridad de que al ejercerlas no somos víctimas de un engaño perpétuo. Que debemos asentir á lo evidente no lo sabemos por evidencia; pues en tal caso deberíamos buscar la razon de la evidencia. — Esto es verdád. — ¿Porqué? — Porque es evidente. — ¿Pero porqué creemos á la evidencia? — Por tal razon evidente. — ¿Pero porqué creemos á esta razon evidente? — Hénos aquí en un proceso infinito: 186. El asenso á lo evidente puede ser considerado como un hecho de conciencia en cuanto se refiere al órden puramente interno; pero es de notar, que cuando creemos lo evidente no solo estamos seguros de que asentimos, sino de que es verdad aquello á que asentimos aunque esté fuera de nosotros. Luego la evidencia se extiende mas allá del testimonio de: la conciencia, y no puede apoyarse en este solo.
Infiérese de lo dicho que aun en las verdades de evi dencia intrínseca, es necesario llegar á esa ley primitiva y necesaria del espíritu humano, la cual le obliga á dar en ciertos casos su asenso con toda seguridad, sin que á ello pueda resistirse de ningun modo.
187. Resumamos esta doctrina de la certeza.
905 FILOSOFÍA ELBMENTAL..
La presencia íntima de los fenómenos internos, % sga la conciencia, es para nosotros una fyente de firmísima certeza.
El fundamento de este criterio se halla: en la naturaleza, que con fuerza irresistible nos obliga á considerarle como tal; en lá razon, que nos manifiesta la imposibilidad de apoyarnos en niugun punto si desechamos el de conciencia; en el testimonio de todos los hombres, que tienen por cierto que pasa deytra de ellos lo que experimentan. | La conciencia debe ceñirse á su objeto propio; si traspasa los límites de su jurisdiccion, puede inducirnos á error. (V. la Lógica, lb. 111, Cap. 1, seccion 1.)
188. La evidencia, ó sea la vision intelectual de que una idea “está contenida en otra, es tambien fuente de infalible certeza. | A tener por legítimo este criterio nos obligan: Ja naturaleza, que no nos permite dudar de lo evidente; la razon, que se ve destruida y hasta convertida en un absurdo, si no puede fiarse de la evidencia; y por fin, el testimonio de todos los hombres, quienes disputan sobre la evidencia de tal Ó cual cosa, pero nunca dudan de que se deba asentir á lo evidente.
189. El sentido comun, ósea la inclinacion á dar asenso á algunas verdades, aunque no las conozcamos por el testimonio de la conciencia ni de la evidencia, es otro fundamento de certeza.
Esta proposicion, puedo fiarme del testimonio de mi conciencia y de la evidencia, no pertenece á las verdades de conciencia ni evidencia (185 y 1826); y sin embargo ¿quién duda de ella?
Obrando siempre al acaso no me saldrá todo como yo quiero; esta no es verdad de conciencia ni de eyidencia, y no obstante nadie la pone en duda.
La legitimidad de este criterio nos la persuaden: la naturaleza que nos le impone; la razon que nos muestra su necesidad, siquiera para estar seguros de que nuestras facultades no son fulaces en cuanto á los objetos que les pertenecen; y por fin el testimonio del género humano, que descansa tranquilamente sobre el sentido comun.
190. El testimonio de los sentidas, es criterio de verdad, en cuanto nos cerciora de la existencia de un mundo externo, extenso, y de las relaciones que sus partes tienen entre sí y con nuestros órganos.
La conciencia nos asegura de la presencia de esos fenómenos que llamamos sensaciones; «y la naturaleza nos obliga á creer que á estos fenómenos corresponden objetos externos. Aquí, pues, se combinan la conciencia y el sentido comun. La razon viene en auxilio de estos criterios probando la objetividad de Jas sensaciones. (V. la Estética, desde el cap. vir hasta el xi.) Y por fin, confirma esta yerdad el testinionio del género humana, que la cree sin necesidad de demostracion ni de reflexiopes.
191. Como Dios por ser infinitamente sabio no puede engañarse; y por ser infinitamente santo no puede engañarnos, su palabra es infalible criterio de verdad.
192. La autoridad humana, cuando reune las debidas condiciones, es criterio de verdad.
Tenemos natural inclinacion á creer á los demás hombres; esto se echa de ver en los niños y en la gente sencilla, en quiengs la naturaleza obra con toda espontaneldad. La razon viene en apoyo de este juicie instintivo. Claro es que np se pretende establecer la infalibilidad del testimonio de los hombres; por desgracia los engaños, ya por ignorancia ya por malicia, son demasiado -frecuentes'; solo se afirma que.es un criterio seguro en ciertos casos, y mas ó menos probable en muchos otros.
Para los que no han visto París, la existencia de esta ciudad es tan cierta como si la hubiesen yisto; y sin embargo su certeza la apoyan únicamente en la autoridad humana, pues que no la tienen ni por los sentidos, ni por la conciencia, ni por la evidencia, ni por el sentido comun. Pero este asenso instintivo es sumamente racional; vamos á demostrarlo.
Una multitud de testigos de todas edades, sexos, condiciones y naciones, afirman constantemente que existe París. La constancia y universalidad de semejante afirmacion solo puede dimanar de la existencia real de París, la que se ha presentado á los sentidos de los testigos. Si así no fuese, seria preciso supquer, Ó que se han engañado, ó que nos han querido engañar; ambas cosas son 22% FILOSOFÍA ELEMENTAL.
j. No se han engañado, porque no se trata de un objeto que pueda dar lugar á equivocaciones, sino de una gran ciudad; y por otra parte no pudieran engañarse todos, á no suponer trastornados los sentidos á cuantos vab y vienen en la direccion donde se dice estar situada aquella capital. No han querido engañarnos, porque la unanimidad en el engaño dependeria ó de convenio 6 de casualidad: no puede dimanar de convenio, pues que este es imposible, en tanta muchedumbre y variedad de testigos, tiempos y circunstancias; tampoco p proceder de casualidad, pues el que tantos homres sin convenirse hubiesen tenido la misma ocurrencia, la misma voluntad, la misma manera de engañar, seria no menos extraño que el que todos ellos, sin convenirse, hubiesen abierto un libro en una misma página. Esta es una de aquellas casualidades absurdas rechazadas por el sentido comun. (V. la Lógica, lib. 11, cap. 1, sec. 11.)
Fácil seria aplicar esta demostracion á los demás casos donde la autoridad humana se tiene por absolutamente: segura: y así podemos afirmar que este es un criterio de verdad en que se combinan los"demás; el de los sentidos con que oimos ó leemos la narracion; el de sentido comun con que nos inclinamos á creer; y por fin, el de la evidencia, que en caso necesario acude á demostrar con raciocinio la imposibilidad del engaño.
193. Cada criterio se basta á sí mismo en los objetos respectivos, en cuanto se trata únicamente de cerciorarnos: y todos se enlazan entre sí fortaleciéndose recíprocamente; esta es la mejor prueba de su legitimidad. A pesar de que pertenecen á órdenes tan diversos, sufren el uno el exámen del otro. La razon no puede probarlo todo, es verdad; pero puede acercar su luz á:todos los criterios en que descansa el espíritu humano, y en todos encuentra, no solo la accion de la naturaleza que impulsa irresistiblemente, sino las leyes racionales aplicadas de la manera que corresponde. En todos reconoce la necesidad de admitirlos como legítimos, so pena de caer ella en el absurdo de negarse á sí propia, de suicidarse.
194. Quitad la conciencia, y el ser sensitivo é inteligente no se encuentra á sí mismo. Quitad la evidencia, * y la razon no puede dar un paso. Quitad el sentido comun, y nos faltan muchas verdades que no- podemos demostrar, ó que necesitamos antes de toda reflexion; y además no estaremos seguros de que debamos asentir á lo evidente, ni de que sea veraz en su testimonio ninguna de nuestras facultades. Quitad el testimonio de los sentidos, y el mundo corpóreo se convierte en una ilusion. Quitad la autoridad humana, y desde el momento en que el hombre no crea al hombre, la sociedad y la familia se disuelven, se hacen imposibles.
195. Hay pues en los fundamentos de la certeza una trabazon firmísima, una armonía admirable; no se cóntradicen., se fortalecen reciprocamente. La certeza es un hecho precioso que la bondad del Criador ha comunicado á los hombres; no ha querido que para poseer ese patrimonio necesitasen de la filosofía. Al.examinar los fundamentos de la certeza se ofrecen á primera vista algunas sombras; pero procediendo sin espiritu de sistema, con sincero amor de la verdád, lejos de hallar aquí un escollo se descubre una obra admirable que atesligua la bondad y sabiduría del Autor de todas las cosas. (V. Filosofía fundamental, lib, 1.)
> CAPITULO XV. La ciencia, su existencia, naturaleza y límites.
196. Tenemos, pues, que hay certeza de algunas verdades: el entendimiento humano puede examinarlas, analizarlas, compararlas, desenvolverlas, y así descubrir otras que éstán contenidas en ellas. Este desarrollo de las verdades primeras, producido por la actividad inte-Jectual, es la ciencia, á la que definiremos: un conocimiento cierto y evidente de un conjunto de verdades secundarias enlazadas con las primeras.
497. El raciocinio con que se llega á esta manifestacion,.con que se desenvuelve lo primario para que aparezca lo secundario, se apellida demostracion, que defi- 06 FILOSORÍA "ELEMENTAL.
niremos: un discurso que saca de las verdades primeras otras evidentemente enlazadas con ellas, Esta es el solo raciocinio que merece en rigor el nombre de demostracion; el único que engendra ciencia; los demás se llaman probables, y sus resultados sor las opiniones.
198. La demostracion se” divide en varias elases. Simple es la que emplea un selo pana compuesta, la que necesita mas de uno; directa, la que se funda en la misma naturaleza de las cosas; indirecta la que manifiesta el absurdo que se seguiria si lo que se afirma - no fuese verdad, por eso se la llama ed absurdum; a priori, la que llega al objeto, partiendo de su causa ú origen; a posteriori, la que prueba la causa por el efecto, ú el origen por lo que de él dimana-; apodíctica, la que se apoya en la intrínseca relacion de fas ideas; na apodíctica la que necesita salir de este círeuto.
199. Toda demostracion necesita de principios en que se funde; segun sean estos será la ciencia que engendre.
Estos principios que no estriban en otros se llaman en general axiomas. En tratándose de cusas relativas á las acciones toman á veces el nombre de máximas. Si el principio es un supuesto evidentemente posible, se denomina pustulado, como si se pide que se tire una recta de un punto é otro.
200. Los principios puramente A (cap. Xu), prescinden de toda experiencia; y así las demostraciones que en ellos estriben solo deben subordinarse á las con-. diciones ideales. Tales son los matemáticos y los ontológicos.
201. Ya hemos visto (ebid.) que estos principios por sí solos conducen únicamente á la ciencia ideal; y por tanto, si se quiere llegar á la que tiene por objeto la realidad, - es necesaria la experiencia. externa ó interna, Así pues, las demostraciones cuyo objeto sea la manifestacion de una verdad real; deben contener en sus premisas la afirmacion de un hecho.
202. De aqui resulta una diferencia notabilísima entre las ciencias ideales y las reales. Aquellas poseen una certeza absoluta, estas una certeza condicional: aquellas nos ofrecen una serie de verdades evidentes, sia ningun pe- —- IDEOLOGÍA PURA. 2) ligro de error; estas nos presentan á cada paso oscuridad y dificultades. | 203. Se «suele preguntar: ¿porqué las matemáticas se distinguen “por su certeza y evidencia? la razon se halla en lo que acabo de decir. Las matemáticas son ciencias puramente ideales; se ocupan de las relaciones de la cantidad prescindiendo de toda experiencia; tienen por base nuestras ideas mismas; y solo exigen que sigamos con atencion el hilo que las enlaza. Al dar una definicion ponemos en ella lo que hay en nuestra idea; y al desenvolver Jo definido sacamos de la definicion lo que nosotros mismos hemos puesto. Lo propio que en las matemáticas, sucede en la ontología; y si en aquellas halamos mayor claridad, es porgue versan sobre objetos mas próximos á la esfera sensible, y na nos obligan á concentrarnos tanto en la region del entendimiento puro.
204. Las ciencias que tienen por objeto la realidad, ya sea interna, como la psicología, ya la externa, como la cosmología y todas las naturales, luchan con dos obstáculos de que las ideales están exentas: 1* La dificultad de eerciorarse bien de los hechos experimentales en que hán de estribar; 22 la de aplicar con acierto los principios ideales á los hechos observados. Y hé aquí la razon de la oscuridad que las rodea y de la variedad de opiniones que en ellas se encuentran. á diferencia de las matemáticas.
205. Esta doctrina hace comprender mas á fondo los preceptos de la lógica y la razon de los mismos (V. la Lógica, nociones preliminares,cap. 11). No todas las ciencias deben tratarse con un mismo método: los que exigen para todo demostraciones parecidas á las mate-.
máticas, manifiestan no tener conocimiento de la dife- - yencia fundamental que acabo de señalar; pierden de vista las verdades reales, y solo se acuerdan de las ideales. En semejante defecto incurren los que pretenden . explicar la naturaleza física, el corazon humano, las leyes de la sociedad por meras teorías: se atienen á un órden ideal, y olvidan que se trata del real; quese busca, no lo que hay en nuestro entendimiento, sino en las cosas mismas. Las verdades puramente ideales bastan para las ciencias puramente ideales; pero en tratándose d nn a AAA ate 228 FILOSOFÍA ELEMENTAL. ¿ de la realidad es preciso combinar las ideas con la observacion de los hechos: solo de esta combiracion puede brotar la luz, para guiarnos al conocimiento de las verdades reales, para enlazarlas, para sujetarlas á leyes generales, y formar de ellas un verdadero cuerpo de ( ciencia. 0% | 206. La enunciacion de lo que se busca se llama cuestion; la que se apellida problema, si se trata de hacer 1 alguna cosa. Al ofrecerse pues un problema ó una cuestion, lo primero que se debe hacer es examinar á qué órden pertenece, si al ideal ó al real ó al mixto. Con este método se evitan muchos errores, y no se pierde tiempo en consideraciones inconducentes. La cuestion esideal; atenerse puesá la relacion de las ideas puras; es real, buscar hechos; es mixta, combinar lo ideal con lo real en la debida proporcion. - Se busca cuál es el mejor gobierno para una sociedad; y se discute largamente en la region de los principios olvidando los hechos; errado método: al tratar de la práctica, es preciso atenerse á lá experiencia. Se quieren | conocer las leyes del mundo físico, y se discurre por teo= | rías sin cuidar de la observacion, errado método: tratando de una realidad no se ha de buscar lo que se piensa, sino lo que es. Se desea fijar las leyes del movimiento de los astros y se atiende solo al cálculo; errado método: es preciso saber hasta qué punto las leyes matemáticas Ó del órden ideal, son modificadas por las condiciones de la materia á que se aplican. ¿Hay habitantes en los astros? ¿de qué especie son? Esta es cuestion real. ¿Hay medios de observar los hechos? no; pues se pierde el tiempo que se invierta en el exámen, - á no ser que nos propongamos divertirnos con inge- - niosas conjeturas. ¿Cuánto tiempo durará el mundo? Esta es cuestion real: ¿tenemos algun medio para conocer esta realidad? no; pues no.nos acalorermos disputando ni nos cansemos en el exámen. Este es el secreto para adquirir sagacidad en la investigacion, para fijar de un golpe las cuestiones, para discernir entre lo asequible, y lo asequible, para dar solidez al discurso y aplomo al juicio. A 207. En nuestro espíritu hay dos ideas fundamentales: ¡a de extension y la de ser; la primera con sus modificaciones es la base de la geometría, y el elemento. necesario de las ciencias naturales; la segunda da orígen al principio de contrádiccion; por consiguiente es indispensable para que la idea de extension pueda ser objeto de ciencia y además engendra todos los conocimientos ontológicos, y se difunde por todos los ramos científicos.
208. Las ideas intuitivas que poseemos son las siguientes: 1* La de la extension de los cuerpos, ó sea la sensibilidad pasiva. 22 La de las afecciones sensitivas; pues que las experimentamos en nuestra conciencia. 3“ La de los actos intélectuales puros, presentes en nuestro interior. 4* Los actos de la voluntad racional, por la Se razon. (V. Filosofía fundamental, lib. 1v, cap. XXII.
Hé aquí enumerados los elementos de nuestra ciencia; este es el campo que podemos recorrer. No perdamos de vista sus límites.
CAPÍTULO XVI.
Relacion de las ideas con el lenguaje.
209. La actividad intelectual de nuestro espíritu no se desarrolla sino bajo ciertas condiciones; 4 mas de la conveniente disposicion de los órganos; necesita de otras que podrian llamarse sociales. Nadie niega cuánto debe el hombre á la educacion é instruccion; ni la ignorancia y envilecimiento que acompañan á la falta de ellas. Compárese á los Europeos de educacion esmerada, y versados en las artes y ciencias, con las hordas de los salvajes; la diferencia es inmensa; ¿y de dónde resulta? de que las facultades intelectuales y morales de los pri-. meros se han desarrollado con la educacion y la instruccion, mientras las de los segundos han permanecido: adormecidas en una vida de embrutecimiento. No es posible explicar semejante diferencia por razones de 230 FILOGOFÍA ELEMENTAL. 2 clima ni variedad de razas; les Bretones, los Galos y Germanos del tiempo de César, no se parecen par cierto á los modernos Ingleses, Frangeses y Alemanes; y sin embargo el clima es el mismo y la raza tambien. Sin ir tan lejos encontramos lo mismo en la experiencia de cada dia; ¿qué diferencia no vemos entre un hombre falto a JrSIcURcIón y educacion y otro que las tepga escogias 210. Estos hechos han dado orígen á una cuestion filosófica-: ¿hasta qué punto necesita de la comunicacion con otros el espíritu humano para el desarrollo de sus facultades intelectuales y morales? ¿Qué puede la razon de. un hombre abandonado á sí solo, privado enteramente del trato con sus semejantes? Esta es una cuestion curiosa y profunda en sí misma, y además sobremanera importante por sus relaciones con la historia del desarrollo del género humano.
214. Fácil es amontonar conjeturas apóyandolas con razones especiosas; pero en tratándose de hechos es preciso consultar la experiencia. Verdad es que aquí ventilamos-una cuestion, no histórica, sino filosófica, y que buscamos, no lo que ha sucedido sino lo que puede suce -der; mas tampoco cibe duda en que estas cuestiones se -hallan íntimamente ligadas; pues si la experiencia nos enseñase que el desarrollo del espíritu humano se ha verificado siempre bajo cierta condicion, y no se ha verificado nunca cuando esta ha faltado, tendríamos un vehemente indicio de que esta condicion es necesaria * para el desarrollo. Vamos pues á los hechos. - 212. Cuenta Herodoto (lib. 1) que el rey de Egipto Psamético, deseoso de averiguar Cuál era la nacion mas antigua, se propuse descubrirlo buscando cuál era la lengua primitiva; con cuyo objeto tomó dos niños recien nacidos y los entregó áun pastor para que los criara en absoluta soledad, sin permitir que nadie pronunciara delante de ellos palabra alguna. Trascurridos dos años, al abrir un dia el pastor la puerta de la choza donde los tenia encerrados, se precipitaron sobre él Jos niños alargándole los hrazos y pronuneiando la palabra becos. Esta es la única que les oyó el pastor durante algun tiempo, hasta que resolvió dar cuenta al rey del resultado de su comision. Sea Jo que fuere de la verdad de esta curiosa historia, es de notar que la palabra becos no debia de ser otra cosa que la alterada repeticion del balido de las cabras, con las cuales estaban en incesante comunica -cion; pues que se alimentaban de su leche. Como quiera, €l hecho verdadero ó fingido no es favorable al desarrollo de la humana inteligencia entregada á sí sola.
213. Otro hecho semejante encontramos en la Historiá de la sociedad de Jesus (part. v, lib. xvi). Ackebar, emperador del Mogol, queriendo descubrir cuál era Ja religion natural, hizo criar treinta niños en completa incomunicacion con Jos demás hombres, cuidando de que no oyesen jamás pronunciar ninguna palabra. A la vuelta de algunos años mandó el emperador traer á su presencia á los treinta alumnos, y se encontró con treinta mudos, que pur su embrutecimiento se parecian á las bestias.
211. En Europa-y América se ha visto un fenómeno semejante en los niños que, ó por abandono de sus padres ó por otra causa, se hahian criado solos en los bosques: en todos los casos“de esta especie se ha notado que los niños no hablaban, y estaban sumidos en la mas deplorable estupidez. | 215. Resulta de estos hechos que el hombre, para el desarrollo de sus facultades, necesita estar en comunicación con sus semejantes; y que sin esto su inteligencia permanece adormecida.
216. Es de notar que no basta una comunicacion cualquiera, para qué se desenvuelvan cumplidamente las facultades intelectuales; sino que es necesaria la comunicacion por la palabra, sin cuyo auxilio, Ó no se adquieren cierta clase de ideas, Ó se adquiéren con imperfeccion y no sin mucha dificultad. Los sordo-mudos hos ofrecen en este punto hechos sumamente curiosos.
217. Léese en la historia de la Academia de las ciencias de París del año 1703, que un sordo-mudo de Chartres adquirió el oido á la edad de veinte y cuatro años, con lo cual pudo hablar al cabo de pocos meses. Guriosos algunos teólogos de saber qué ideas se habia formado de Dios, del alma, de los preceptos de la ley natural y de otras cosas incorpóreas, le preguntaron cuidadosamente sobre estos puntos; resultando del exámen que jamás habia él pensado en dichos objetos. Tocante á las prácticas religiosas en que estaba enseñado por sus padres católicos, se observó que si tenia alguna idea intelectual y moral de lo que ejecutaba, debia de ser muy imperfecta; al parecer todo lo hacia. sin conocimiento, y únicamente “por el hábito de imitar á los demás. Están acordes con este hecho las declaraciones de varios maestros de sordo-mudos, quienes atestiguan que antes de la enseñanza, el sordo-mudo no conoce las verdades metafísicas. o 218. Sin atribuir á'estos hechos el. carácter de una verdadera demostracion, preciso es convenir en que dejan fuera de duda la importancia de la comunicacion de un hombre con otro por medio la palabra; y hacen muy probable que un individuo criado en completa soledad permaneceria constantemente en la estupidez.
219. Despues de los experimentos pasemos al análisis ideológico, y veamos qué facultades pueden desarrollarse sin el auxilio de la palabra.; 220. Es evidente que los sentidos externos no necesitan de ella: el niño al nacer ya siente, y lo manifiesta con el llanto. En este. punto el hombre no ha menester de la educacion: los órganos de los cinco sentidos em- - piezan á ejercer sus funciones desde que se encuentran en la debida relacion con sus «objetos propios. Si alguna educacion es necesaria para rectificar las impresiones de los sentidos, nos la da la naturaleza.
221. Claro es que las sensaciones despertarian la imaginacion en un hombre reducido á la mas completa soledad. Recordaria el árbol con cuyo fruto se alimentó, elarroyo donde templó su sed, -la cueva que le dió abrigo en la intemperie. Tendria pues memoria imaginativa. En cuanto en la inventiva, tampoco se le puede negar.
Habiendo observado que una cueva de piedra le dió ' abrigo, podria imaginar el construir un techo de ramos de árboles; en lo que uniria dos representaciones: la de los ramos y la de la forma á propósito para guarecerse.
222. La dificultad está pues en las ideas que se elevan sobre el órden sensible, es decir, las metafísicas, como sustancia, Causa, necesidad. contingencia, y las mora- > AS les, como bueno, malo, derecho, deber, lícito, ilícito, 223. Es de notar que la cuestion no versa sobre la perfeccion de estas ideas, sino sobre su existencia; nadie niega que en un salvaje solitario estas ideas, si las hubrese, serian oscuras, confusas, torpes, digámoslo así; pero ¿se puede afirmar que no existirian de ningun modo, ni aun con esa imperfeccion?
"224. Como esta es una cuestion que no se puede resolver a priori, es necesario atender otra vez á la experiencia. Esta nos dice que los hombres criados en la soledad no hablan, y que se manifiestan en un estado de - la mayor estupidez. El hecho es importante para consignar la imperfeccion de las ideas; pero no suficiente para negarlas del todo. Los salvajes eran interrogados y no podian responder, es cierto; ni aun: con signos manifestaban que poseyesen las ideas metafísicas y morales, es verdad; pero adviértase que así como ignorabay el lenguaje oral, tampoco conocian el de los signos comunes; adviértase que sus ideas, á mas de estar muy poco desenvueltas, no se hallaban ligadas con ninguno de dichos signos; pues si algúnos tuviesen serian especiales, hijos de la necesidad y de las circunstancias en que se hubiesen encontrado; adviértase por fin, que el salvaje traido de repente á la presencia de hombres civilizados debia de confundirse con la novedad, experimentando una fuerte perturbacion en el ejercicio de sus facultades. El no dar noticia de su estado anterior cuando llegara al uso de la razon, tampoco probaria nada; porque es claro que esta razon, hallándose en un estado nuevo tan superior al primero y con tantos auxilios de que antes carecia, no podia sin dificultad ligar dos órdenes de ideas tan diferentes entre si. Además, el dar cuenta de un estado intelectual en circunstancias especiales requiere atencion refleja; y precisamente la reflexion debió ser ó nula ó muy escasa en un salvaje solitario. i