SigPhi · Jaime Balmes

Curso de Filosofía Elemental

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si se considera que el hombre es un ser intelectual y. moral, que los males que sufre pueden servirle de prevencion contra el vicio, y de pena cuando merezca ser castigado; que en el sufrimiento'se le ofrece un vasto campo para mostrar la fortaleza y desplegar las facultades superiores que le distinguen de los brutos animales; que siendo criatura racional no se le han debido fijar como á los irracionales, las inclinaciones para satisfacer las necesidades de la vida; que esta misma amplitud produce naturalmente la facilidad en el exceso, y por consiguiente los padecimientos;y que en fin, sobre to-_ das estas consideraciones hay la enseñanza de la Jetigion, acorde con las tradiciones de todos los: pueblos, que nos habla de una caida primitiva, de una degeneracion del humano linaje, y que nos da con esto una nueva clave para explicar el mal, ¡lustrando á la filosofía con la narracion de los acontecimientos que perturbaron la armonía universal en el orígen del mundo.

Esto nos conduce á tratar del mayor delos males, del moral, que consiste en la infraccion de las leyes od por el Criador á todas las criaturas intelectuaes.

93. Dios podria impedir el mal moral, ¿porqué lo permite? Este es otro de los argumentos que se objetan á la Providencia; para desvanecerle bastará fijar las ideas: | El mal moral, ó el pecado, erivuelve dos condiciones: ley moral y libertad en su infraccion: si no hubiese. ley moral no habria mal moral; si no hubiese Itbertad en la infraccion no habria pecado. Nadie culpa al niño que no ha llegado al uso de razon, ó al infeliz demente que la ha perdido. ': En el supuesto de que hubiese: seres intelectuales, debia estar vigente para ellos la ley moral: lo contrario es absurdo; era imposible que Diós, ser infinitamente santo, criase seres intelectuales, exentos de toda ley moral; tenemos pues en primer lugar que la ley moral no podia menos de regir en el mundo; pretender lo contrario seria querer que Dios no hubiese criado seres intelectuales.: Un ser inteligente debia estar dotado de libertad de "= albedrío: por lo mismo que es capaz de considerar los objetos bajo aspectos diferentes, de proponerse varios fines, y de aspirar á “ellos por distintos medios, era preciso que tuviese libertad, sin la cual no hay eleccion. Extendiéndose ha ley moral á todos los actos de la vida, podia la criatura no querer lo que ella manda, Ó desear lo que ella prohibe; no hacer lo primero, ó ejecutar lo'segundo, y por consiguiente cometer una infraccion de la ley. La razon de esto se halla en la misma limitacion de la criatura.

Resulta, pues, que supuesta su existencia, la criatura intelectuál podia pecar; y que para evitarlo era preciso que se la despojase de la libertad: de albedrío, esto es, que se mutilase su naturaleza. Hé aquí adónde viene á parar el argumento contrá la-Providencia: á la alternativa de exigir que Diosno criase ningun ser intelectual ó que los criase sin libertad. Así, pues, esta dificultad tan ponderada se reduce á las mismas dimensiones que las anteriores; nace, como ellas, de la contemplacion de un órden especial, aislándolo del general; no atiende á la necesidad de la existencia de la ley moral y de la libertad de albedrío, en el supuesto de haber criaturas intelectuales; es decir, que prescinde de dos grandes hechos: la ley moral y la libertad; se olvida de otros dos hechos que son como los polos del mundo intelectual: el mérito y el demérito FIN DE LA METAFÍSICA.

E "Y : * PROLOGO.

“Etica Mamo á la ciencia que tiene por objeto la na- ' taraleza y el orígen de la moralidad. Cuál sea el verdadero sentido de la palabra moralidad, no se puede explicar aquí; pues que á ello se dedica una parle considerable de este volúmen. Algunos han dado á la ética el título. de arte de vivir bien: lo cual no parece exacto, pues que si se. reuniesen todas las reglas de buena conducta, sin acompañarlas de exámen, forniarian un arte, mas no una ciencia.

Fácil me hubiera sido escribir un grueso volumen de ética. ó filosofía moral: es materia en que las riquezas abundan, y se las puede tomar de otros, sin que se conozca el plagio; pero he preferido reducir el tratado á pocas páginas, ya porque lo requiere el género de la obra, ya tambien porque las ideas, para germinar, conviene que no estén desleidas. Lo que importa es asentar los principios, é indicar con claridad y precision el modo de aplicarlos: ciertos pormenores corresponden á una obra -de moral, pero no á una filosofía moral. La palabra filosofía, expresa. aquí, exámen y análisis de los fundamentos de la moral y de sus conclusiones capitales: si se quisiese descender á: las últimas consecuencias, seria preciso contar con mas tiempo del que suele. emplearse en esta enseñanza. | Se notará que no tráto separadamente. ni del sentido ni del sentimiento moral: solo hablo de ellos, cuando lá materia respectiva va ofreciendo la oca-. sion. Si por sentido moral se enijende la percepcion instintiva decierlasrelaciones morales, queda incluido en el sentido comun, del cual forma un ramo; si se le quiere tomar en otra acepción, no la comprendo. El sentimiento moral es lo que indica su nombre; el sentimiento en sus relaciones morales. Como'mero sentimiento, es una inclinación que' nada significa -en el: órden moral, hasta que sé subordina á la libertad, y sé encamina á un objeto, con sujéción á las condiciones morales: en cuyo supuesto el criterio de su moralidad. se ralla en afgunos delos capítulos qué tratan de los deberes y derechos. Todo sentimiento se refiere al sujeto'ó al objeto: así están señaladas sus reglas, cuando se han fijado las de la moral en todas sus relartones.

En el órden de materias no he. seguido el método comun: no es netesario exponer aquí los motivos, vi lo consiente tampoco la brevedad que me he propuesto. No obstante, para juzgar de si he acertado ó no, hay un medio sencillo: leer el tomo con la mira de buscar allí un cuerpo de ciencia, resultado de un exámen riguroso. Si el libro llena este objeto, el método es bueno; sino, errado. | He procurado presentar las. cueítiones bajo cl aspecto reclamado por las necesidades de la época: si en.algo conviene atendc» á esta circunstancia, es indudablemente en la moral. Fuera de las academias, pocos hablan de ideología y psicología; pero las cuestiones sobre la sociedad, el poder público, la propiedad, el suicidio, se agitan en todas partes. Es preciso tener sobre ellas ideas. fijas, para preservarse de extravío, y es indispensable saber tratarlas con el _ método y estilo de la épo"2, so poa de dañar á la verdad deslucióndola, . Existencia de las ideas morales y su carácter práctico.

4. Hay en.todos los hombres ideas morales, Bueno, malo, virtud, vicio, lícito, Hícito, derecho, deber, obligacion, culpa, responsabilidad, mérito, demérito, sun palabras que emplea el ignorante como el sabio en todos tiempos y páises: este es un lenguaje perfectamente entendido por todo el lináje humano, sean cuales fueren las diferencias en cuanto á la aplicacion del significado á casos especiales.

2. Las Cuestiones de los filósofos sobre la naturaleza de las ideas morales, confirman la existencia de las mismas; no se buscaria lo que son, si no se supiese que son. No cabe señalar un hecho mas general que este; no cabe designar un órden de ideas de que nos sea mas imposible despojarnos: el hombre encuentra en sí propio tanta resistencia á prescindir de la existencia del órden moral, como de la del mundo que percibe con los sentidos.

Imaginaos el ateo mas corrompido, el que con mayor impudencia se mofe de lo mas santo; que profese el rincipio de que la moral es una quimera, y de que solo har que mirar á la utilidad en todo, buscando el placer y huyendo el dolor; ese monstruo, tal como es, no Jlega todavía á ser tan perverso como él quisiera, pues no consigue el despojarse de las ideas morales. Hágase la prueba: dígasele que un amigo á quien hx dispensado muchos favores, acaba de hacerte-traicion « ¡Qué ingratitud! exclamará, ¡qué iniquidad f» Y río advierte que la ingratitud y la iniquidad son cosas de órden purameñte moral que él se empeñara én negar. Figurémonos que el amigo traidor se presenta y dice al ofendido: «Es cierto, yo he hecho lo que V. llama una traicion; V. me dispensaba favores; pero cómo de la traicion me resultaba una utilidad mayor que de los beneficios de V., he creido' que era una puerilidad el reparar en la justicia y en el agradecimiento. » ¿Podrá el 4ilósofo, dejar de irritarse á la vista de tamaña impudencia? ¿No es probable que le llamará infame, malvado, monstruo, y otros epítetos ue le sugiera la cólera? Y no ebstante este es el mismo lóso.y que sostenia no haber órden moral, y que ahora le proclama'con una contradiceion tan elocuente. Quitad el interés propio, hacedle simple espectador de acciones morales ó inmorales: y la contradiccion será la misma. Se le refiere que un amigo expuso su vida para-salvar la de otro amigo; ¡qué accion mas - bella $ dirá el filósoto. Por algunas talegas de pesos fuertes, un militar entregó una fortaleza, lo que causó la ruina de su patria; ¡qué villanía, qué bajeza, qué infamia! dirá tambien el filósofo. ¿Esto qué prueba? Prueba” que las ideas morales están profundamente arraigadas en el espíritu, que son inseparables de él, que son hechos primitivos, condiciones impuestas á nuestra naturaleza, contra las que nada pueden las cavilaciones de la filosofía. | 3. Las ideas morales no se nos han dado como objetos de pura contemplacion, sino como reglas de conducta; no son especulativas, son eminentemente prácticas; por esto no necesitan del análisis científico para que puedan regir al individuo y á la sociedad. Antes de las.éscuelas filosóficas habia moralidad en los individuos y en " los pueblos; como antes de los adelantos de las ciencias naturales la luz inundaba el mundo; y los animales se aprovechaban de los fenómenos notados y explicados por la catóptrica y dióptrica. a po | hh. Así pues, al entrar en el exámen de la moral, es preciso considerar quese trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filosofía debe explicarle, no alterarle: pues no se Ocupa de un objeto que ella haya inventado y que pueda modiligar; sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por este motivo, los elementos constitutivos de las "ideas morales es necesario buscarlos en la razon, en la conciencia, en el sentido comun. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradiccion con los medios perceptivos del humano linaje; y debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma...5. La razon, el sentido comun, la conciencia, no son e.

extlasivo patrimonio de los filósofos; pertenecen á todos tos hombres; por lo que la filosofía moral dehe comenzar inter rogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es.lo que se entiende por moral 6 inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de estas propiedades.

o CAPITULO Il. Condiciones Ar para el órden moral.

6. No hay moralidad ni inmoralidad cuando ng hay conocimiento: nadie ha culpado jamás á una piedra, aunque con su caida haya producido un desastre; ni ha juzgado meritoria la influencia del agua que da á las plantas verdor y lozanía. Este conocimiento, necesario para la moral, debe ser superior á la percepcion puramente sensitiva: pór cuya razon están exentos de responsabilidad los brutos. La moral exige un conocimiento de relaciones, capaz de comparar los medios con los fines, una percepcion inteligente; cuando esto falta, hay acciones físicas, provechosas ó nocivas, pero no mora-Jes ó inmorales.

7. De esto inferiremos, que la primera condicion para que una-accion pueda pertenecér al órden moral, es la inteligencia en el ser que la ejecuta. El órden moral corresponde pues únicamente al mundo intelectual, y de tal modo, que las criaturas racionales solo están en él, mientras usan de razon. En el sueño, ú otra situacion cualquiera en que el uso de la razon esté interrumpido, no hay órden moral; y si se imputan algunas acciones como al borracho el asesinato, es porque con su conocimiento anterior habia podido prever la perturbación mental y - SUS consecuencias.

8. El conocimiento de lo que se ejecuta no es suficiente, si el sujeto no obra cón espontaneidad libre. Espontaneidad, porque si procediese por violencia, como uno á quien se iorzase la mano para escribir, no habria accion del sujeto: este no seria mas que un ¡pstrumento ?

necesario del agente principal. Libertad, po eb 2UN SUponiendo que el acto se ejerce con espontaneidad y hasta con vivo placer, no hay órden moral, si el sujeto obra por un impulso irresistible, si no puede evitar la accion que ejecuta. El niño que no ha llegado al uso de la razon, el demente. el delirante, hacen michos de sus actos con espontaneidad, sin violencia de ninguna especie, tal vez con mucho gusto; y sin embar go sus acciones no son laudables ni vituperables, no pertenecen al mundo moral, porque el sujeto que obra no procede con libertad de albedrío.

9. La inteligencia; Ó sea un conocimiento de relacio" nes, y la libertad, son necesarias para el órden moril; perogs preciso notar que por relaciones se entiende algo mas que las de los medios con los fines; y por libertad, algo mas tambien, que la simple facultad de hacer ó no hacer, ó de hacer esto Ó aquello; se entiende cierto grado de conocimiento y-de libertad, que no siempre se puede fijar con absoluta precision, pero que determinan aproximadamente la razon y el sentido comun, Un ejemplo hará comprender lo que quiero decir.

Un demente intenta escapar de su encierro, y dispone los medios de la manera mas adecuada; suple la llave con algun hierro que tiene á la mano, sale callandito, evita el encuentro de los vigilantes, arrima una escalera á una pared, se descuclga á la calle por una cuerda para evitar el daño de la caida, se dirige á la casa de su antiguo enemigo, y le asesina. No hay duda que muchos deméntes son capaces de proceder así; y por consiguiente hay en ellos un eonocimiento de la relacion de los medios con el fin. Si al salir de la puerta de su encierro hubiese visto á un vigilante, habria retrocedido; 6 indudablemente lo hubiera hecho, si á la vista se siguiera Ja amenaza: por donde se conoce que. al ejecutar su ac» cion, no Obraba con un impulso del todo irresistible, y que “podia dejar de obrar, en entendiendo que le tenia - mas cuenta para evitar el castigo: conservaba pues al» guna libertad; no obraba por un inapulso irresistible. Sin embargo, nadie dirá que el demente fuera responsable del asesinato: si algun dia volviese á da razon, el recuerdo del homicidio ño le. rebajaria á los ojos de los de- * a ÉTICA, 383 más hombres; seria digno de lástima, mas no de yitupería, 10. Para el órden moral, se necesita uná capacidad de conocer la moralidad de las acciones, y de proceder libremente, conforme á este conocimiento; la criatura intelectual no está en el órden moral, sino cuando se halla completa, por decirlo así, cuando, aunque no refle-, xione actualmente, es al menos capaz de reflexionar sobre el órden moral. Esto es tan cierto,:que no se culpa! á quien comete con pleno conocimiento y libertad un ac- -to, cuya malicia moral ignoraba invenciblemente. En el Órden físico, los actos son lo que son, prescindiendo del conocimiento de quien los ejecula; pero en el moral todo depende del conocimiento y de la-libertad del que obra; y este conocimiento y libertad deben ser capaces de referirse al mismo órden moral, de lo contrario no producen acciones que pertenezcan á él.

CAPITULO IL Necesidad de una regla fija.

- 11. Capacidad de conocer lo que se ejecuta en el órden físico y en el moral, y libertad para obrar ó no obrar: hé aquí las condiciones que se necesitan para que un acto pueda ser digno de alabanza ó vituperio; así lo enseña la razon, lo juzga el sentido. comun y Jo confirma la Jegislacion de todos los pueblos. Pero hasta aquí hemos encontrado las condiciones necesarias, mas no las constituyentes; sabemos que aquellas son indispensables para el órden moral,-sin conocer por esto cuál es la esencia de la moralidad. Con conocimiento y libertad se hacen cosas buenas ó malas, morales Ó.inmorales; ¿en qué consiste esa bondad y malicia:, esa moralidad é inmoralidad? ¿Cuál es la razon de que el mismo conocimiento y libertad produzcan acciones buenas Ó malas segun Jos objetos á que se aplican? Y ante todo, ¿hay alguna regla. fija que distinga lo bueno de lo malo?

12. En el universo está todo en un órden, y no debian formar excepcion de esta regla las criaturas racionales, Pero ese órden no podia ser en ellas el efecto de una ley. necesaria, á no mutilar su naturaleza despojándola del libre albedrío. Era preciso, pues; que en el ejercicio de sus facultades estuviesen sujetas á un órden que no las ' violentase, y que les dejase lugar á la transgresión. Por donde se ve que la ley moral no es para las criaturas racionales una influencia de fuerza, sino de atraccion, de -limitaciones en varios sentidos, pero. que siempre res- * peta su libertad de obrar. El que sabe la pena en que incurre si falta á sus deberes, tiene limitada su accion por la influencia del temor; el que espera una recompensa de su obra está atraido por el deseo del premio; pero ambos motivos-, así el repulsivo como el atractivo, aunque puedan ejercer mas Ó menos influencia sobre lá voluntad, la dejan siempre libre: el uno puede cometer el delito arrostrando la pena; y el otro puede omitir la buena accion renunciando al premio. a 13. Por lo mismo que la criatura libre no- tiene un principio determinante necesario de sus acciones, es preciso buscar alguna regla á que pueda atenerse, ó kien dejarla abandonada á todos los impulsos de su naturaleza. Esto último equivaldria á degradar la criatura racional, haciéndola de condicion inferior á la de los brutos y aun de los seres inanimados; pues que estos tienen una regla á la cual se conforman por necesidad. Todo ser criado ejerce sus funciones en el órden del universo; y el ejercicio de eltas no puede estar abandonado al acaso, si se quiere que el ser pueda llenar el objeto de su destino. Así pues, será necesario convenir en que las acciones libres han de tener alguna regla; y en la conformidad á la misma debe consistir la moralidad. o 41. Esta regla no depende del arbitrio de los hombres: las acciones no son morales ó inmorales porque se haya establecido así por un convenio, sino por su íntima naturaleza; ¿podrian los hombres haber hecho que.

la piedad filial fuese un vicio y el parricidio una accicn virtuosa; que el agradecimiento fuese malo y la ingrati-“tud buena; que fuera vituperable la lealtad y laudable la erfidia; que la templanza mereciese castigo y la em briaguez fuera digna de premio? Es evidente que no; << las ideas de bien y- de mal convienen naturalmente á ciertas acciones; nada puede contra eso la voluntad del hembre. Quien afirme que la diferencia entre el bien y el mal es arbitraria, contradice á la razon, al grito de la -Conciencia, al sentido comun, á los sentimientos mas profundos del corazon, á la voz de la humanidad, manitestada en la experiencia de cada dia, y en la historia de todos los Hempos y di: - CAPITULO IV. La regla de la moral no es el interés privado.

45. Supuesta la necesidad y existencia de una regla, y probado que no es arbitraria sino natural, busquemos cuál es.

- 16. Entre los errores que se han vertido sobre la materia merece un lugar preferente el que confunde la moralidad con la utilidad privada. Segun esto, lo útil á un individuo es nioral para él, lo nocivo inmoral; lo que no daña ni aprovecha es indiferente; el órden moral es el conjunto de. Jas relaciones de utilidad: quien obra con arreglo á ellas obra bien, quien las perturba obra mal. Las facultades de un ser deben dirigirse á proporcionarle el mayor bienestar posible; la relacion con el grado de este bienestar es la medida de la moralidad de las acciones.

17. Desde luego salta á los ojos que este sistema erige. en base de la moralidad el egoismo: así comienza por fundarla en Jo que le: repugna, en lo que la destruye, á no ser que se engañe la humanidad entera. « Este hombre es un egoista; para él nada hay bueno sino lo que le ofrece utilidad;» hé-aquí una terrible acusación segun la conciencia de todo el género humano; y no obstante esta acusación se convierte en elogio en el sistema que combatimos. « Este hombre es egoista, solo atiende á su: _—ililidad; solo á ella respeta; » significará ese absurdo: «el egoista es altamente moral, pues que solo espe la utilidad, esencia de la moralidad. ».

Esta observacion basta y sobra para destruir tan erró-.

rea doctrina; sin embargo, buéno será examinarla y refutarla con mas extension y bajo todos sus aspeetos. ' 18. ¿Qué esla utilidad? Es el valor de un medio para lograr un fin. Un caballo.es útil, porque nos sirve pará: montar ó cenducir efectos;.el dinero es útil, porque nos sirve para proveernos de lo que necesitamos; ta pluma es útil, pórque nous sirve para escribir: Cuando una co-: sa no conduce á otra se Jlama inútil para ella. Así, -pues, las ideas de utilidad é inutilidad son esencialmente relativas; lo que es útil para una cosa es*inútil para - otra. Lo que no solo nv conduce al fin, sino que llevá ¿4 lo contrario, no se llama inútil; sino dañoso ó nocivo. Para andar con desembarazo sirve:la ligereza del traje, será útil con relacion al objeto de andar - segen la esta» cion puede ser cómoda, entonces será útil para la comodidad; en invierno pudiera “acarrear un catarró, será pues dañosa á la salud.

49. Siendo la utilidad una cosa relativa, cuando $e quiera cimentar la moral sobre la utilidad privada es necesario comenzar por la definicion de esta; determinando el fin á que nos hemos de referir: segun sea el fin será la utilidad. Sardanápalo creia hacer una cosa que le era muy útil embriagándose de placeres; lo que consideraba como el sumo bien; supuesto que hacia poner en su busto la famosa inscripcion, de la cual dijo con verdad y gracia Aristóteles, que ho era deun rey sino de un buey: « Tengo lo que comí, bebí y gocé; lo demás ahí queda.: Pero si hubiésemos preguntado á Sócrates si miraba la frugalidad como daños”. 0 in*'.] hubiera dicho que á más de juzgarla moral la creia muy útil á la salud y aun para ciertos goces. Así lo manifestó cuando, preguntado un dia porqué daba un fuerte paseo,-respondió: « Estoy sazonando la cena con el mejor condimento, que es el hambre. » 20. Si se hace consistir el fin en el placer, es preciso expresar en cuál, si en los sensibles.ó en-los inteleetuales, que tambien tiene los suyos lá inteligencia. - 241. Poner el fin del hombre en los placeres sensibles es trastornar el órden de ta 'naturaleza, tomando los medios por fines y los fines por medios, El placer de la co- -—2 lla a rl — i mida:se- nos ha concedido: para impelernos á satisfacer -esta necesidad, y hacernos el: alimento mas saludable; no nos alimentamos para sentir plácer, sentimos placer para que nos-alimentemos. Lo propio se puede decir de _los demás, y en sentido opuesto de los dolores.

22.. La prueba de que el fin no es el placer sensible, se. ve en la limitacion de las facultades para gozar; el gastrónomo mas voraz está condenado á privarse de muchas cosas, si no quiere morir; y para la inmensa mayoría de los hombres; los placeres de la mesa se reducen á un circulo mucho mas estrecho. Todos los demás goces algo vivos están sujetos á la misma ley: quien la infringe sufre; si continúa pierde la salud, y si'se obstina muere.

. 23, Los placeres á.que se ha dado mayor latitud, y cuyo 8 goce está únicamente limitado por las precisas ne- Me cesidades del reposo de los órga:ios, son aquellos que acómpañan al ejercicio de la vista, del oido, y del tacto en sus relaciones ordinarias (V. Estética, 113 y 1414). Vemos, oimos, tocamos continuamente sin experimentar ningun daño; al ejercicio de estos sentidos está unido cierto placer suave (V. Estética, 113), que el Autor de la naturaleza nos ha otorgado para amenizar las funciones de la vida. Pero es de notar que las sensaciones que no nos destruyen ni fatigan, son las que nos ponen en comunicacion con el mundo externo, las que sirven á la inteligencia: indicio seguro de que el hombre no entiende para gozar sensiblemente, sino que goza sensiblemente para entender.

24. No puede ser verdadera una «doctrina cuyas aplicaciones no se atreve á sostener quien conserve un rastro de. pudor. El epicúreo 'consecuénte debiera hablar de este modo: «mi fin es el placer; esta es la única regla de mi moral; gozo cuanto puedo, y «solo ceso cuando temo morir; sin este peligro no pondría ningun límite á la sensualidad; los festines, las orgías, los desórdenes de todas clases formarian el tejido de mi vida; y entonces seria yo el hombre moral por excelencia, porque me atendria con rigor al principio de la moralidad: el goce. » ¿Quién puede sufrir tamaña impudencia? ¿Quién se atreveria á semejante lenguaje?

25. No- siendo el placer sewsible la regla.de la moral, ¿lo será tal vez la salud, aquel estado en que se ejercen con órden y armonía todas las funciones de nuestra organizacion? ¿Podremos decir que es.moral lo que conduce á la conservacion de la salud, y por consiguiente de la vida?

26. Desde luego salta á los ojos la extrañeza de confundir lo moral con lo saludable; y de poner lo principal de la moralidad en un Jugar tan. prosáico como es la cocina. El sentido comun distingue entre la sanidad y la moralidad; reconoce acciones morales é inmorales con relacion á los alimentos, á: las habitaciones, y á cuanto contribuye á la conservacion de la salud y de la vida; pero cree que la moralidad es algo super ¡or á Cstas Cosas, que solo se aplica á ellas como á un caso par ticular, por la union del ser inteligente y libre á un cuerpo sujeto á esta especie de necesidades!

27. La salud y la vida no son para sí mismas, sino para el ejercicio delas facultades vitales: la armonía de.

la organizacion no es un fin, es un medio para que los Órganos funcionen bien; luego el tomar la salud y la vida como fines, es trastornar el órden. Suponed un individuo perfectamente sano: si la moralidad consiste en la salud, este será el hombre moral por excelencia; récostadle pues en un blando sofá, conservadle bien, con sus ojos claros, su tez brillante, sus mejillas encarnadas; y mostradle á los demás diciendo: « Hé aquí la virtud en persona; hé aquí el tin de todo moral: estar bien rollizo y fresco. » La salud y la vida son para ejercer las facultades; y como ya hemos visto que el término de estas no es el placer sensible, lo hemos de buscar en otras superiores, en el entendimiento y la voluntad.

28. ¿La moralidad se fundará en la inteligencia, de suerte que sea moral todo lo que conduzca al desarrollo de las facultades intelectuales, é inmoral lo que á estu se oponga? - No cube duda en que esta opinion no ofrece la repugnante fealdad de las anteriores; el desenvolver las facultades intelectuales es una accion noble, digna del ser que las posee; el. sentido moral no se subleva contra quien nos presenta el lérmino del Hombre en la SA A i ÉTICA. 38% esfera intelectual; la contemplacion de la verdad es un acto noble, digno de una criatura racional. Sin embargo, esta idea por sí sola, no nos explica el cimiento de la moralidad: nos agrada la accion de entender; pero todavía preguntamos en qué consiste ese carácter moral de que la inteligencia se reviste, en qué la inmoralidad. que con frecuencia la afea y la degrada. Fingid Una criatura racional, que conoce á su Autor; que por el estudio de su naturaleza halla cada dia nuevas razones para admirar la sabiduría del Hacedor supremo, y que sin embargo se levanta contra Dios, le blasfema, y - desea que no exista; esa criatura aunque continúe desenvolviendo y perfeccionando su inteligencia con el estudio y la contemplacion de. altas verdades, ¿será moral? Claro es que no. Imaginad un filósofo que dominado por la pasion del saber no perdona medio ni fatiga para acrecentar sus conocimientos; y que con el fin de proporcionarse lo que desea, olvida los deberes de su familia y de la sociedad; y es además injusto, reteniendo .libros que no le pertenecen, usurpando propiedades de otros para acudir á los gastos de sus experimentos, viajes y demás que necesita y á que no alcanzan sus caudales; suponed que es orgulloso, insolente, inhumano; ¿será moral? ¿le bastará para la moralidad su ardiente pasion por la ciencia? Es evidente que no.

Luego la inteligencia no es la moralidad:. luego la perfeccion del entendimiento no es la única regla de la moral. Una alta inteligencia puede concebirse con profunda inmoralidad; en tuyo caso, lejos de que la elevacion de la primera excuse á la segunda, la hace mas culpable; la falta es tanto mayor cuanto mas claro es el conocimiento que de ella se tiene.

29. No hallamos pues en la utilidad privada el fundamento de la moralidad; ni aun refiriéndola á las facultades intelectuales, 'nos da la regla buscada; el ejercicio de estas debe someterse á la regla, pero no son la regla misma. De lo cual se infiere que el egoismo, ni aun en la acepcion mas elevada de esta palabra, no puede ser el fundamento de la moralidad. -Sucede en esto como en las verdades del órden intelectual puro; st se quiere encontrar la razon de su verdad, necesidad y A --AH universalidad, es preciso salir. del individuo, y extendgr la vista por ICOneSn mas dilatadas.

CAPÍTULO v.. ME La moralidad no es la relación á la utilidad pública.

30. Al desaparecer el interés Privado, se ofrece desde luego el e »mun; ¿será posible.cimgntar la moralidad en la utilidad de todos; por mariera lo que conduzca al bien comun seá moral, y lo que Fl se oponga sea inmoral?

31. Desde Juego ocurre una grave dificultad contra esta doctrina: ella rechaza al egoismo como base de la - moral; pero en cambio exime de la moralidad al individuo, en aquellas acciones que no tengan relacion con la sociedad; de suerte que para un individuo solo, aisla- * do, no habría órden moral. La razon es evidente: si la moralidad es la relacion al bien comun, cuando esta relacion falta no hay ni puede haber moralidad; la coñsecuencia es profundamente inmoral, pero legítima, necesaria; no hay medio de cludirla. s Segun esta doctrina, un ser inteligente considerado en sus relaciones con Dios, no estaria “sujeto á la moral.: por manera que si no hubiese sociedad, si hubiese un hombre solo enel mundo, este hombre podria hacer lo que quisiese con respecto á siy 4 Dios, sin infringir leyes morales. á Además, muchas de nuestras acciones exteriores é interiores, no tienen ninguna relacion con la sociedad, son actos puramente individuales que no favorecen Di dañan al bien comun. Admitido que la moralidad nace únicamente de sus relaciorres con este bien, gran parte de nuestras acciones queda: fuera del órden moral; lo: que á mas de ser contrario á la razon y al sentido comun, es un manantial de inmoralidad. Ño, no es necesaria la sociedad para que tengan existencia y aplicacion.

las ideas morales: una criatera inteligente que estuviese sola en aa universo, tendria sus deberes para consigo y con el Criador: desde el momento: que hay inteligen-=-cia y libertad, bay el órden moral que es su regla.

- 32. A mas de estas dificultades ocurre otra que no es de menos grávedad. Si la norma de la moral fuese el bierí comun, seria preciso explicar en qué consiste este bien. ¿Será el desarrollo de la inteligencia, será el bienestar material; 6 ambas cosas á un tiempo: En todos los supuestos la moralidad quedará fluctuante. Porque si la inteligencia es el find, sé podrá descuidar el bienestar material, y no será inmoral el dañarle ni el destruirle. "Si se sobrepone el bienestar material, entonces la perfeccion de los -puebles consistirá en la mayor cantidad posible de goces: el epicureismo tondenado en el individuo, lo trasladaremos:á la sociedad. Si son ambas.cosas á un tiempo, falta saber'en qué proporcion se han de combinar; si se ha de sácrificar el uno al otro en ciertos casos; y en favor de cuál se ha de resolver el conflicto. Nada habrá constante; la moralidad flotará á merced de las pasiones y caprichos de los hombres; lo que unos llamarán moral, otros lo tendrán por inmoral; lo que estos alabarán como virtud, aquellos lo condenarán como vicio.