33. Esta incertidumbre afectará mucho mas á los actos individuales que no se refieran inmediatamente al bien comun. El suicida dirá: «A la sociedad no le convtene un miembro que sufre tanto como yo; quiero ha--cerle un bien, apartando. de su vista este cuadro aflictivo;» y se matará. El ofendido por uná palabra dirá: « A la.sociedád no le convienen hombres sin honra, yo debo lavar la mia con la sangre de mi enemigo, Ó morir, » y.se batirá en duelo. El pródigo dirá: «A la sociedad le conviene el progreso de la industria y del comercio; yo la tumento con mi luje y disipacion; la suerte de mis hijos, cuyo porvenir destruyo, no vale tanto como el bien de la sociedad, » y seguirá dilapidando. Y como á estos ifsensatos no se los podria reconvenir con la ley moral, con ese conjunto de Máximas fijas, eternas, que arreglan la conducta del individuo y de la sociedad, * necesario seria calcularlo todo por el resultado; el cál-Culo fuera tan variable como las pasiones y céprichos, y e: vez de una moral social, no tendríamos ninguna.
- —mB— A KA AAA AA 302 ' FILOSOFÍA decia CAPÍTULO VE A Razones contra el pri ncipio ulilitari io en todos sentidos.
34. Los que confunden la. moralidad. con la utilidad, sea que hablen de la privada ó de la pública, caen en el inconveniente de reducir la moral á una cuestion de cálculo, no dando á las acciones ningun valer intrínseco, y apreciándolas solo por el resultado. Esto no es explicar el órden moral.es destruirle; es convertir las acciones en actos puramente físicos, haciendo del órden moral una palabra vacía. Hagámoslo sentir poniendo en escena las varias doctrinas, y empezando por la del interés privado.
Un hombre quiere matar á su enemigo; ¿qué le direis para hacerle desistir de su intento criminal? Veámoslo.
Este es un acto injusto. * ¿Porqué? ¿Qué es la injusticia? Yo r.o reconozco. mas justicia ni moralidad que lo que conviene á mis intereses: y ahora para mí no hay interés mas vivo, mas estimulante, que el de saciar mi v enganza.; Pero de esto le puede resultar á V. un grave perjuicio, cayendo en seguida bajo el rigor de las leyes, Procuraré evitarlo; además, estoy completamente seguro. o | ¿Está V. seguro de ello? rd Sí del todo: pero suponed que no lo estyviera, ¿esto qué importa?
Entonces se expone Y.
Ciertamente; pero el peligro es lejano, y la satisfaccion es segura: opto por la segunda ya arrostro el prijnMero, - Pero esto es reprensible...- No: porque segun V., mi regla es mi interés: este le debo conocer yo; lo mas que puede suceder es que vere yo en mis cálculos; cometeré un error, no un elito.
Mas la accion no dejará do ser fea; pudiérals calcular mejor. y, at A AAKÁ — A P = - ÉTICA. 393 . Que tal vez pudiera calcular mejor, lo. admito; pero niegó que un error de cálculo sea una cosa fea. ¿Hay alga mas que mi interés? ¿Sí Ó no? Si no hay mas, y yo, me-lo juego por- decirlo así, ¿dónde está la feal-En efecto, si se tratara:solo de V., pero hay de por medio la vida de un hombre y la- suerte de su familia. Cierto; pero ni esa vida, ni la suerte de toda una familia son mi interés;-y supuesto. que no hay otra regla que esta, lo demás es inconducente. Con la venganza disfruto;con Ja muerte del enemigo me quito de delante sa objeto que me molesta: lo restante no' significa nada. A "35. Fácil seria extender la aplicacion de la doctrina del interés privado á todos los actos de la vida, manifestando que en último análisis, es la muerte de toda moral, pues erige en única regla las pasiones y los caprichos. ES. 36. La doctrina del interés social ó del bien comun, adolece de inconvenientes semejantes. Ya hemos visto (33) cómo la podrian explotar todos los vici.; y delirios de los hombres: bajo la engañosa aparie..cia del desprendimiento encierra la mas deforme inmoralidad. En. nombre del bien comun se han cometido los mas horrendos crímenes, contra los que protesta la conciencia del género humano; pero si admitimos que la.moralidad no tiene reglas intrínsecas, propias, independientes de sus resultados, esos «crímenes s pueden: justificar, reduciéndolos,' cuando menos, á si...ples erro- -res de cálculo. - pa Un tirano para guardarse de un-enemigo terrible, sa-. crifica centenares de persóñas jnocentes: la humanidad le execra, pero vuéstra doctrina le justifica. « Así lo exige el bien comun » dirá él; no hay bien comun que justifique la maldad; el fin no justifica los medios; « esto último no es exacto, respondereis vosotros: la cuestion no está en si el acto es moral ó inmoral en sí mismo, sino en si conduce ó no.al bien comun; segun. conduzca ó no, será moral ó inmoral; pues su moralidad ó inmoralidad depende de sus relaciones con el bien comun. Tirano, calcula; y si el resultado del cálculo es que la 394 FILOSOFÍA ELEMENTAL. - matanza de muchos mocentés es útil al hiena común, sacrifícalos; y si mo lo haces serás inmoral. » 37. Hé aquí las horribles consecuencias á que conducen las doctrinas que aprecian la moralidad por los résultados. Todo se reduce á una cuestion de cálculo, que las pasiones cuidarán de resolver á su modo; y por desastres que resulten, por mas que lo que se creia favorable al interés privado ó al comun le sea muy dañoso, no hay inmoralidad intrínseca, hay un error de cálculo, no un delito. No hay pues nada digno de alabanza ni vituperio; no hay mérito ni demérito, 'no' hay premio ni castigo. Cuando se aplique una pena, esta no será mas que un medio represivo, semejante á los que se emplean contra los brutos: el hombre que arrostre la muita, la prision, el destierro, la muerte, por cometer un acto que las leyes reprimen, será si se quiere un jugador torpe ó temerario; un hombre que habrá hecho un negocio desigual; nada mas; y al verle morir en el patíbulo, no debéremos decir que satisface á la justicia, que paga su merecido, que expía sus crímenes, sino que liquida una cuenta de un negocio conducido erradamente, en cuyo término hay un cargo contra él, que es la pérdida de la vida. - i - 38. La razon y el sentido comun ven en lá moralidad algo muy superior á una cuestion de cálculo; y de aquí dimana el desprecio que se acarrea el egoismo, 'la necesidad que tiene de ocultarse, y de engalanarse con velos hipócritas; de aquí el aprecio que nos inspira el desinterés de quien cumple-sus deberes sin atender á los resultados; y el que consideremos que mo hay belleza moral en un acto, cuando su autor solo se ha movido por una razon de utilidad. - '? kE Dos hombres mueren por su patria: ambos ejecutan lo: mismo; igual es el bien público que de su muerte dimana; iguabel sacrificio con que lo obtieñeñ: el uno es ambicioso, y solo se proponia conseguir un alto puesto; el otro.es un síncero amante del bien público, y muere erque cree que morir es su deber: ¿de qué parte está a moralidad? La hallamos en el segundo, que prescinde de la utilidad propia; no en el primero, en quien solo ro ÉTICA...395 vemos un calculador, que juega su vida por la probabilidád de adquirir lo que ambiciona.
Dos gobernantes que tienen en rehenes á individuos inocénies de las familias del enemigo, se abstienen du matarlas y atropellarlas, y les dan libertad.
La condueta.del uno es motivada por miras de interés público, porque cree que de este modo contribuye al triunfo de la causa, desarmando la cótera del enemigo, y adquiriendo á su gobierno un buen nombre; la del otro es efecto de la idea del deber: les da libertad porque cree que así lo exigen la humanidad y la justrcia: ¿en cuál de los dos vemos al hombre moral? En el segundo, no en el primero.
La razon del bien comun no nos basta para que hallemos moral la accion; esta tiene. en ambos el mismo resultado, pero la diferente intencion. de sus autores le da caractéres diversos: en el uno reconocemos moralidad, en el otro habilidad.
) CAPITULO VII, Relaciones entre la moralidad y la utilidad.
39, Al distinguir entre ta utilidad y la inóralidad. rs entiendo separar estas dos Cosas,. de suerte que la una excluya áda otra: por el contrario,. las-considero Íntimamente unidás, ya que no en cada easo particular, al menos en. su resultado final. Lo moral es tambien útil: un individuo” que cumple fielmente cón sus deberes no solo logrará la felicidad que está resérvada á los justos despues de la muerte, sino que con mucha frecuencia será dichoso en esta vida, en cuanto es posible á la condicion humana. Sus-goces no serán tan vivos y variados como los del hombre inmoral, pero serán mas dulces, mas constantes: exentos de amargura, no dejarán en el alina el roedor gusano del remordimiento. Su posicion en la sociedad no será quizá tan elevada y brillante, pero tampoco le atormentará Ja idea de que sus iguales le detestan, sus inferiores le maldicen,. y sus. superiores le 306 — FILOSOFÍA ELEMENTAL.
- desprecian; tampoco estará temiendo” de continto: una caida que le precipite en la nada, y que le haga expiar das villanías y los delitos con que se levantará sobre los - demás. La dicha del hombre inmoral es ruidosa, fastuosa; la del hombre de bien es modesta; tránquila, se Hesliza en el silencio y oscuridad de la vida privada, como aquellos mansos arroyós que murmullan suavemente en un valle retirado, sin mas testigos que la verde yerba que tapiza sus orillas, y:la tuz del cielo que refleja en su cristalina corriente. ( E [,0. Lo propio que en los individuos se verifica.en “la. sociedad. Una nacion corrompida deslumbra tal ez * con el esplendor de sus letras y bellas artes; pero bajo el manto de púrpura y de.oro, abriga. la.llaga-mortal que la conduce al sepulcro. La Roma. de los Brutos, Camilos, Fabios, Manlios y Escipiones, no brillaba tanto ciertamente como lx de los Tiberios, Nerones y Calígulas;.sin embargo, la Roma modesta marchaba á pasos agigantados á un grandor fabuloso, al imperio del mundo; y la Roma brillante iba á caer bajo el hierro de los bárbaros y 4'ser la irrision de las naciones. Un Esta-.d0, pór un acto de pertidia con que falta á los tratados, adquirirá tal vez una posicion importante, una ventaja del momento;"peró esto no compensa su descrédito á los ojos del mimdo, y los perjuicios que le ha de acarrear su' reputacion de perfidia. Un gobierno que para - la administracion del Estado promueve la corrupcion y.fMimenta la venalidad, conseguirá. resultados momentáneos, que le conducirán quizás con brevedad al fin que se propone; pero dejad pasar el tiempo; la venalidad se extenderá de tal modo, que bien pronto faltarán mcdios para comprar á los que quieran venderse; se presentarán, por decirlo así, mejores pastores en: esa subasta de hombres; y el mismo gobierno que habia tomado por base la corrupcion, se hundirá bien pronto en el inmundo Jodazal, obra de sus manos.
1. La utilidad bien entendida, no solo. está -hermanada con la moralidad, sino que puede tambien ser objeto intentado en la accion moral, sin que esta se afee ni pierda su carácter. El honrado padre de familias que con su trabajo sustenta á sús hijos, se propone la trtill- * ÉTICA. 397 dad que gana. con el sudor de su frente; el soldado que muere por su patria se propone el bien público que de su Sacrificio resulta; la persona caritativa que socofre al pobre, intenta la utilidad del socorrido; el individuo laborioso que se desvela por aprender un arte ó una ciencia, Ó por procurarse una posicion decente, intenta su utilidad privada; en Jos medios que empleamos para conservar ó restablecer la salud, intentamos nuestra utllidad propia; ¿y quién dirá que semejantes acciones dejan por esto de ser morales? ¿No seria bien extraña una moralidad que prescribiese al padre el trabajar por el sustento de su familia, sin intentar esa utilidad; al soldado el morir por su patria, sin intentar el fruto de su muerte; al misericordioso el sucorrer al pobre, sin intentar la utilidad del. infeliz; al individuo perfeccionar sus facultades ó labrar su fortuna, sin intentarlo; á todos conservar la salud, sin proponernos su conservacion? No se entiende de este modo el desinterés moral; se entiende sí, que la razon constitutiva de la morahidad, no es la utilidad; se afirma que la una no es la otra, pero no que estén reñidas; por el contrario, se hallan íntimamente enlazadas. La utilidad no constituye la mo--ralidad; pero muchas veces es una condicion necesaria para ella: ¿cómo se concibe un conjunto de relaciones morales en un hombre cuyas accfones no sean útiles á nadie? La beneficencia, uno de las mas bellos florones de la cerona de las virtudes, ¿en qué se convierte, sino se dirige á la utilidad de los demás? El heroismo con que el hombre se sacrifica por el bien de sus semejantes; ¿á qué se reduce si se le separa de este bien, de esa útilidad para los otros? El hombre puede y debe inten” tar los resultados que corresponden á cada accion moral; sin esta intencion sucederia muchas veces que sus obras carecerian de objeto, y que la moralidad seria una cosa vana, Ó una contradicción.
42. La combinacion de la utilidad con la moralidad nes la indica nuestro deseo innato de ser felices. Respetamos, amamos la belleza moral; este es un impulso de la naturaleza; pero tambien esa misma naturaleza nos inspira un irresistible deseo de la felicidad: el hombre no. puede desear ser infeliz; los mismos males que :398 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
se acarrea, los dirige á procurarse bienes, ó á hbertatse de otros males mayores: es decir, á disminuir su infelicidad. Asi, la moral no está reñida con la dicha; aun cuando la razon no nos lo enseñara, nos lo indicaria la naturaleza que nos inspira á un mismo tiempo el amor de la felicidad y el de la moral.: 48. ¡Cosa singular es la moralidad! su belleza Ja vemos, la sentimos en unas acciones, y nos atrae y Cautiva; la fealdad de lo inmoral la vemos, la sentimos, nos - repugna, nos repele, nos inspira aversion; el órden moral se liga con el provecho y el daño; pero na es ni el daño ni el provecho; se dirige á los resultados, pero es independiente de ellos: se consuma en la conciencia con el acto libre de la voluntad, y allí merece su alabanza Ó vituperio, sean cuales fueren los efectos imprevistos que cause en lo exterior. Tan íntima es la relacion de la moral con el bicn del individuo, de la sociedad y del linage humano, que á primera vista parece confundirse con esos bienes: donde se halla una utilidad individual ó general, allí hay ciertas ideas morales que moderan, ' que dirigen; y al propio tiempo es tal su independencia con respecto á esas mismas cosas, con las cuales está ligaja; conserva de tal modo inalterable su carácter en medio de la variedad de los objetos, que parece no tener ninguna relacion con ellos, y ser una especie de divinidad, á la que no afectan las vicisitudes del mundo.
-4b. Hagámoslo sentir con ejemplos. Hay un hombre que viendo en peligro á su patria resuelve dar su vida para salvarla: no se propone ni hacer fortuna en caso de sobrevivir al riesgo, ni mejorar la suerte de su fami-Jia, ni siquiera adquirir celebridad: él solo tiene noticia del peligro de su patria, y no le es posible cumunicar la noticia á nadie: solo, sin mas testigo que Dios y su conciencia, sin mas desco que el bien de sus compatricios, marcha al peligro y muere: esto es lo sublime moral; no sabemos cómo expresar el interés, la admiracion, el entusiasmo que nos inspira tan heróico desprendiiniento, un amor tan puro de la patria, un corazon tan grande, una voluntad tan firme. Muere, pero ¡ay! ¡ha sido víctima de un engaño que no ha podido prever ni sospechar! Su. muerte, lejos de salvar la patria, la ha perdido para siempre..El resultado es desastroso, ¿Se disminuye la moralidad y el heroismo de la accion? no; ha producido una catástrofe, es verdad; pero « él no lo podia prever, diremos; el mérito es el mismo; » y ¿porqué? porque la raiz de este mérito estaba en la voluntad, en la conciencia; procedia del amor puro de su patria, en cuyas aras se inmolaba, sin mas testigos que Dios y su conciencia, y guiado por la idea del bien, por la prescripcion del deber, por el amor de la virtud. 1 heroismo no deja de serlo por haber sido desgraciado; sobre la tumba de la patria deberia levantarse la estatua del héroe. ) Hágase la contraprueba. Un hombre vil ocupa una posicion importante de cuya conservacion depende Ja suerte de su patria. El enemigo le ofrece una cantidad, y se presta á venderla, conociendo todo el daño que resulta de su accion infame. Entretanto, el gobierno á quien sirve, deseoso de asegurarse la fidelidad del traldor, le promete un premio mayor que la cantidad de la venta; el infame calcula, y conociendo que le es mas ventajoso el permanecer fiel, conserva la posicion, la defiende con obstinacion invencible, y salva á su patria. El resultado es feliz; pero ¿qué os parece del hombre? Su accion “es felicísima, pero no moral; por el contra» r.0, es negra como sus bajos cálculos; todo el brillo de los resultadus no es capaz de ennoblecerla: el triunfo que á ella es debido se liga con el recuerdo de una sór-- dida expeculacion; la patria fué salvada porque fué el mejor postor: en la conciencia venal; en los trofeos de la victoria desearíamos ver escrita con caractéres indelebles la infamia del vencedor.
CAPITULO VIII No se explica bastante la moralidad con decir que la moral es lo conforme á la razon, hi5. La razon nos prescribe la moral: ¿consistirá la e moralidad en la conformided con- la razon? Analicémoslo.
16. ¿Qué se entiende aquí por conformidad á la razon? Y ante todo, ¿qué significa la palabra razon? Suele tomarse en varias acepciones; á veces expresa la facultad de pensar, ó el entendimiento, en cuyo sentido se dice que el bruto carece de razon, y que el demente ha perdido el uso de la razon; á veces significa el conjunto de las verdades fundamentales, que son como las leyes de nuestro entendimiento: y así decimos que tal 6 cual cosa es contraria á la razon, y que lo absurdo es contra la razon, porque se halla en contradicción con estas verdades. Por fin, la razon se toma frecuentemente por la equidad y justicia moral. « Pretende eso y tiene razon, es lo justo; se resiste á desposeerse de tal propiedad y no tiene razon, porque no le pertenece; exige en el contrato condiciones razonables; » en estos y otros casos, razon se toma por equidad ó justicia. Ninguna de estas acepciones basta para que diciendo: conforme á razon, resulte explicado el carácter constitutivo de la moralidad. | ( 17. Ser conforme á razon, significando por esta palabra la facultad de entender, es no decir nada. Una facultad incluye actividad, pero esta puede ejercerse de mil maneras; ser conforme á una actividad, es ser proporcionado á ella, ó ser una condicion que la desenvuelva; pero en todo eso nada encontramos que nos dé ideas morales, E | 18. Decir que la moralidad es la conformidad á la razon, esto es, al conjuntt de verdades que ella conoce, es Óó no decir:nada, ó caer en un círculo vicioso. Porque en este conjunto de verdades entran las morales ó no: si entran, la proposicion significa que la moralidad consiste en la conformidad á las verdades morales, lo que es explicar la eosa por sí misma, y por tanto no aclarar nada; si no entran, entonces observaremos que la conformidad á la razon será conformidad con lo conocido; y como este conocimiento puede referirse á mil ohjetos, y aplicarse de infinitas maneras, nos quedamos sin ninguna regla moral, y el hombre podrá cometer las acciones que quiera en conformidad con sus conocimigntos.
Verdad hay en los cálculos del traidor; verdad en los insidiosos preparativos del asesino; verdad en las invenciones del sensual para prolongar, variar y avivar sus placeres; verdad en las especulaciones del codicioso; verdad en los planes del ambicioso turbulento; verdad en los designios del orgullo que todo lo sacrifica en sus aras; en tales casos hay verdades de hecho, conocidas, calculadas; verdad en las relaciones del medio con el fin; ¿diremos sin embargo que hay moralidad? Claro es que no: luego el conocimiento por sí solo no es regla de moral; -el conocimiento es una arma de que podemos hacer bueno y mal uso; necesitamos, pues, un principio que le dirija, y que le dé ese carácter que en sí propio no tiene.
(19. Si por Ja palabra razon se entiende justicia, equidad ú otra idea moral, caemos en el mismo defecto arriba censurado": se explica la cosa por sí misma, y así no se adelanta nada.
CAPITULO IX.
Nada se explica con decir que la moral es un hecho absoluto de la haturaleza humana.
50. Las ideas morales están en nuestro espíritu; en la razon que las conoce, en la voluntad que las ama, en el corazon que las siente: ¿podríamos decir que la moralidad es un hecho primitivo del alma, y que su valor intrínseco depende de nuestra propia naturaleza racional?
51. La naturaleza humana, en general, es un ser abstracto, en el que no puede fundarse una cosa tan real é inalterable como es la moralidad; tomada individualmente no es otra cosa que el hombre mismo; y en este tampoco se puede hallar el orígen de la moral. El individuo humano es un ser contingente, el órden moral es necesario; antes que nosotros existiéramos, el órden moral existia; y este continuaria aunque nosotros fuéramos aniquilados; en ningun individuo humano se halla el orígen de una cosa necesaria, luego tampoco puede “hallarse en su conjunto. Nosotros concebimos las ideas.
morales independientes, no solo de este ó aquel individuo, sino de toda la humanidad: aunque no existiese hombre alguno habria órden moral, con tal que hubiese criaturas racionales. El hombre es uno de los seres que por su racionalidad son susceptibles del órden moral, pero no el orígen de este órden.
52. Los que miran la moralidad como un hecho abx+ solúto del espíritu humano, sin ligarla con la existencia de un ser superior, no explican nada; no hacen mas que consignar el hecho'de las ideas y sentimientos morales, para lo cual no necesitamos ciertamente de investiga-- cion filosófica: son cosas que todos “llevamos en el entendimiento y en el corazon; para cerciorarnos de ellas bástanos el testimonio de la conciencia.
Origen absoluto del órden moral, r 53. Precisados á salir del hombre para buscar el orl-: gen del órden moral, y siendo:claro que hemos de encontrar la misma insuficiencia en las demás criaturas, es necesario que le busquemos en la fuente de todo ser, de toda verdad y de todo bien: Dios. | Lo que se ha dicho (V. Ideología, cap. xt) sobre el fundamento de la posibilidad, y de las verdades ideales necesarias, tiene aplicacion aquí. Los principios morales son tambien necesarios, inmutables; y así no pueden fundarse en un ser contingente y mudable. Luego su orígen está en Dios.
54. Pero queda todavía la dificultad sobre el sentido de la doctrina que pone en Dios el orígen de.las verdades morales. ¿Se entiende que dependan de su libre voluntad? No. Porque de esto se seguiriá que lo bueno seria bueno y lo málo malo, solamente porque Dios lo habria - ÉTICA. 103 establecido; de suerte que sin mengua de su santidad hubiera podido hacer que el odio de la criatura al Criador fuese una virtud y el amor un vicio, que el aborrecer á todos los hombres fuese una accion laudable, y el amarlos vituperable; ¿quién puede concebir tamaños delirios? Por donde se ve que el órden moral tiene una parte necesaria, independiente de la libre voluntad divina; por la sencilla razon de que Dios, todo verdad, todo santidad, no puede alterar la esencia de las cosas, pues que esta se halla fundada en la misma verdad y santidad infinita.
55. A medida que se va analizando la cuestion, el terreno se despeja, y nos encontramos con menos elementos que puedan pretender á ser principios de la moralidad: no la hallamos fundada en ninguna criatura, nt tampoco en la libre voluntad divina;. luego será algo necesario en Dios mismo; «el orígen de la moralidad será la misma bondad moral de Dios, la santidad infinita? pero ¿qué es bondad moral, qué es santidad? ¿qué queremos significar por estas palabras? He aquí una nueva dificultad. E 56. Si antes de lo contingente es lo' necesario, antes de lo condicional lo incondicional, antes de lo relativo lo absoluto, cláro es.que esa bondad moral, contingente no en sí, sino en el ser criado; condicional por la dependencia de las condiciones á que en su aplicacion está sujeta; relativa, por los extremos á que se refiere; ha de estar precedida de una bondad moral absoluta, que no se funde en otra cosa que en sí misina, que sea la bondad moral por esencia y excelencia; de suerte que en llegando á ella ya no sea posible pasar mas allá en busca de otras explicaciones. El mismo lenguaje con que expresamos la razon de la moralidad indica el carácter absoluto de su orígen. Gonforme á razon, á la ley eterna, á los principios eternos: estas expresiones indican relacion de conformidad á una bondad necesaria, es decir, la dependencia en que lo relativo está de lo absaluto.
57. ¿Cuál es pues el atributo de Dios, ó el acto que concebimos como bondad moral, como santidad? No es su inteligencia, ni su poder, sino el amor de su perfeccion infinita. El acto moral por esencia, el acto constituyente, por decirlo así, de la bondad moral de Dios, ó sea de su santidad, es el amor de su ser, de su perfeccion infinita; mas allá de esto nada se puede concebir que sea orígen de la moral; mas puro que esto no se puede concebir nada en el órden moral. Ll amor con que Dios se ama á sí mismo es la santidad, es, por decirlo así, la moral viviente. Todo lo que hay de moralidad real y posible, dimana de aquel piélago infinito.
58. La santidad de Dios no es el cumplimiento de un deber, es una necesidad intrínseca, como la de existir. No se puede buscar la razon del amor que Dios se tiene á sí mismo: esto es una realidad absolutamente aecesaria. Del hombre se dice muy bien que ha de amar á Dios; pero de Dios no se debe decir esto, sino que se ama; enunciando de una manera absoluta una verdad absoluta. A quien insistiese en preguntar porqué Dios se ama á sí mismo, le replicaríamos que la pregunta es tan extraña, cumo esta otra: porqué Dins existe. Lo necesario no tiene la razon de sí mismo, * fuera de sí mismo; es: y ya está dicho todo; nada se puede añadir. Lo propio diremos de la santidad: Dios es infinitamente santo por el amor de sí mismo: de este amor no puede señalarse otra razon sino que es. Pero en cuanto podemos ensayar con nuestra débil razon la explicacion de lo infinito: ¿concebimos acaso algo mas recto, mas conforme á razon, que el amor de la perfeccion infinita? El amor ha de tener algun objeto: este es el ser; no se amaá la nada: cuando pues hay el ser por esencia, el ser infinito, hav el objeto mas digno de amor. Pero no insistamos en manifestar una verdad tan clara que no necesita explicacion.
59. Veamos ahora cómo de la santidad infinita, del acto moral por esencia, del amor de Dios, de la moralidad sustancial y viviente, dimana la moralidad ideal que hallan en sí propias todas las criaturas intelectuales, y que se realiza bajo distintas formas en las relaciones del mundo intelectual, i mo.
ÉTICA. 140) - CAPÍTULO XI.
Cómo de la moralidad absoluta dimana la relativa.
60. Dios, viendo desde la eternidad el mundo actual y todos los posibles, veia tambien el órden á que debian estar sujetas las criaturas que los compusieran. Una obra de la sabiduría infinita no podia estar en desórden; y mucho menos la mas noble “entre ellas, que era la intelectual. Amándose Dios á sí mismo, amaba tambien este órden, y le queria realizado en el tiempo por las criaturas racionales, cuando se dignase sacarlas de la nada. Pero como esta realizacion debia ser ejecutada libremente, pues que los seres dotados de inteligencia no pueden estar sujetos en sus actos á la necesidad, como los.irracionales, debia comunicárseles esta regla por medio del conocimiento con el cual dirigieran su voluntad. Así sucedió; y la impresion de esta regla en nuestro espiritu, nO por la mano del Criador, es lo que se llama ley natural.
61. Entre las prescripciones de esta ley, figura en primera línea el ámor de Dios; el órden moral en la criatura no podia fundarse en otra cosa; ya que el amor de Dios á sí mismo es la moralidad por esencia, la participacion de esta moralidad debia ser tambien la participacion de este amor. Y he aquí una prueba filosófica de la profunda sabiduría de la religion cristiana, que establece el amor de Dios como el máyor y primero de los mandamientos.: 62. Claro es que el hombre, atendida su debilidad, no puede estar siempre pensando en el amor de Dios; por lo cual no es necesario que todus sus actos lleven de una manera explícita este augusto carácter; pero puede, sí, obrar de modo que nada haga contrario á este amor, y conformar sus actos al órden prescrito. Cuando así proceda, aunque sus acciones no esten expresamente motivadas por este amor, participan de él en alguna manera; y en esta participacion consiste la moralidad, en lo contrario la. inmoralidad, 63. Esta doctrina no es una mera hipótesis para explicar un hecho: si su exposicion no bastase para manifestar su verdad, hé aquí de qué modo podríamos confirmarla: - SÓ La moral como necesaria y eterna no se funda en ninguna criatura, luego su orígen está cn Dios. La bondad moral participada, ha de estribar en la moral por esencia; esta es la santidad divina. Cuando un hombre es muy bueno moralmente se le apellida santo; la bondad por esencia será la santidad por esencia. La santidad divina es el amor que Dios se tiene á sí mismo: este amor participado hace la santidad de la criatura; el amor «por esencia ha de ser la santidad por esencia. Además, los otros atributos de Dios no se refieren directa- _mente:al órden moral; este es el único en que descubrimos este carácter; nada podemos concebir mas bueno y mas santo que el acto puro, infinito, con que Dios ama su perfeccion infinita.: La moralidad en la Criatura no puede ser otra cosa que una participacion de la moral divina. La primera y principal de estas participaciones es el amor de la criatura á Dios. | 64. Dios ama el órden que corresponde á las criaturas conforme á lo que está en la sabiduría infinita. La criatura amando este Órden ama lo que Dios ama, lo que está en Dios,. y por consiguiente ama en algun modo á Dios. Infringiendo este órden no ama á Dios, pues que obra contra lo que él amá. Luego la criatura participa de la moralidad cuando procede con arreglo á este órden, y peca cuando le traspasa. - 65. Así hemos encontrado lo absoluto en moral, fundamento de lo relativo; lo infinito, orígen de lo finito; lo esencial, fuente de lo participado. Con esta piedra de toque podemos recorrer toda la moral, y reconocer la bondad ó la malicia de las acciones.
CAPÍTULO XIL “ Explicacion de las nociones fundamentales del órden moral.
66. Ahora podemos definir el órden moral y todas sus ideas fundamentales.
67. La moralidad absoluta y esencial es la santidad infinita, ó sea el acto con que Dios ama su perfeccion ¡ infinita.
68. La moralidad en los seres criados es el amor de Dios explícito ó implicito.
69. El amor explícito es el acto mismo de amar á Dios; este es el acto moral por excelencia. —: 70. El amor implícito es el amor del Órden que Dios ama en sus Criaturas.
- 71. El órden moral es el órden en las criaturas, en cuanto amado por Dios.
"72. Bien moral, relativo y finito, es lo que pertenece al órden amado por Dios en la criaturas, en cuanto es realizable por seres inteligentes y libres. Mal moral es lo que es contrario al órden amado por Dios, en cuanto la contrariedad es realizable por criaturas libres, 73. Vínculo moral, tomado en su mayor generalidad, es un límite que deja intacta la libertad física; pero que influye en la inteligencia y voluntad del ser libre para que ejerza ó no su accion en cierto sentido. La voluntad -es físicamente libre para querer una cosa mala; pero no la quiere porque és mala, ó Se acarrea costigo: he aquí un límite; un vínculo moral produciendo su efecto sin destruir la libertad.
74. Ley natural es la comunicacion del órden moral hecha por Dios al hombre desde su creacion, en cuanto produce en este un vínculo moral.
75. Mandamiento ó precepto es el acto que produce este vínculo moral con respecto á la ejecucion de una cosa. Prohibicion es el acto que liga moralmente para no ejecutar una accion.