76. Lícito es lo que o contraría el ór den moral; ¡li cíto lo que le contraría. ' Fr 77. Deber es la sujecion de la criatura libre al órden moral.
78. La obligacion, tomada esta palabra en su mayor generalidad, se confunde cun el deber. Se llama obligacion porque la sujecion al órden moral forma una especie de vínculo, que respetando la libertad física, la liga en el órden moral, en cuanto la criatura no puede apartarse de este órden sin hacerse culpable y sin incurrir en una pena.
79. La idea de derecho incluye dos: la de lícito con relacion al sujeto que lo tiene; y la OBIgAcIón de los demás en respetársele.
Camilo puede pasearse; los otros no pueden impedírselo; Camilo tiene, pues, derecho al paseo. Si estuviese solo en el mundo, el paseo le seria lícito; pero no se diria que esta licitud (si puedo expresarme así) fuese un derecho.
Salustio puede reclamar el dinero que ha prestado á su amigo; y este tiene obligacion de devolvérsele; en Salustio hay un derecho.
Luego el derecho incluye siempre obligacion Ó deber en otro, ya sea para hacer, ya para no impedir.
80. Imputabilidad moral es el conjunto de las condiciones necesarias para que una accion pueda ser atribuida á una criatura en el órden moral. Estas son; conocimiento del acto imputado y libertad en su ejecucion 81. Responsabilidad moral es la sujecion á la imputabilidad y á sus consecuencias.
82. Culpa es la misma responsabilidad por una mala accion. «Es culpable, no es culpable, » esto es, ha obrado mal, ó no; es responsable de un mal ó no.
83. Pecado es una accion mala. Se suele aplicar este nombre á las acciones malas consideradas únicamente” con relacion á Dios. Cuando se las refiere á las leyes humanas se apellidan faltas, delitos ó crímenes, segun su gravedad y naturaleza. Hay pecados de omision.
34. Premio es un bien otorgado á un ser á consecuenan ES una accion buena que le pertenece como imputable.
85. Pena es un mal causado al ser libre, por motivo de una aceion mala de que es responsable. El castigo es la aplicacion de la pena.
86. Virtud es el hábito de obrar bien.
87. Vicio es el hábito de obrar mal.
Para ser virtuoso no basta ejecutar una accion buena; es preciso tener el hábito de obrar bien; así como por un acto malo se hace el hombre culpable, mas no vicloso.
88. Laudable es el ser la accion digna de que la reco- O Acan y aprecien los demás, como conforme al órden moral, a | 89. Vituperable es lo digno de que los demás lo reconozcan y censuren como contrario al órden moral.
90. Conciencia es el dictámen de la razon que nos dice: esto es bueno, aquello es malo.
91. Si hay verdad en el juicio de la moralidad de un acto, la conciencia se llama recta; si hay error, errónea; si hay certeza, cierta; si hay probabilidad, probable. La conciencia dudosa es la qué está fluctuante entre el sí y el no.: 92. El error es invencible, cuando no lo hemos podido evitar; de lo contrario es vencible. Lo mismo se aplica á la ignorancia de una obligacion. Si por jgnorancia invencible, cometemos un- acto malo, no somos culpables; pero la-ignorancia vencible no exime de culpa.
CAPITULO. XILL Cómo se extiende el órden moral á lo que no le pertenece por - intrínseca necesidad.
93. Hasta aquí hemos considerado el órden moral en sus relaciones necesarias; fáltanos ahora saber cómo se extiende á muchas cosas que no participan de esta necesidad. Lo que pertenece al órden moral necesario, está mandado porque es hueno, ó prohibido porque es malo; lo que eslá fuera de dicha necesidad, es bueno porque está mandado, ó malo porque está prohibido. El amor de Dios está mandado porque es bueno; el perjurio está prohibido porque es malo. La observancia de un rito, por ejemplo: la abstinencia de ciertos manjares, es buena porque está mandada; el comer de ellos es malo porque está prohibido. Los mandamientos relativos al órden necesario se llaman naturales, los demás positivos.
91. La obligacion positiva es una consecuencia de la natural; ó hablando con mas propiedad, es la misma obligacion natural aplicada á un caso. He aquí puesta en un silogismo la fórmula general de todas las obligaciones positivas que emanan de Dios. Es de ley.natural el obe- .decer á Dios en todo lo que mande; es así que ha mandado esto; luego es de ley natural el hacer esto. La mayor es un principio de moral necesaria; la -menor es la afirmacion de una cosa particular que cae bajo lo comprendido en aquel principio; luego la consecuencia in- . Cluye tambien una obligacion natural, ó sea la aplicacion de la ley natural á un caso dado. * _ 95. Esta aplicacion de los principios naturales á casos: especiales, se encuentra en todas las relaciones de la vida. Casio no está obligado á ceder una propiedad á Sempronio ¿esta cesion nada tiene que ver con la ley natural. Pero si suponemos que Casio se ligue por un contrato, la cesion resultará prescrita por la ley natural. -Segun esta se debe cumplir lo pactado; Casio ha pactado la cesion, luego debe hacerla; y no haciéndola peca contra la ley natural.
96. De la propia suerte se explican las obligaciones positivas que emanan de legítima autoridad humana. La ley natural prescribe que se guarde en la sociedad el órden debido; el cual no puede subsistir, rotos los vinculos de la obediencia á la autoridad legítima; esla tiene pues la sancion de la ley natural; y en el ejercicio de sus funciones produce obligacion á causa de esta misma ley.
CAPITULO XIV.
Deberes para con Dios.
97. Una criatura racional, aunque estuviese enlera= mente sota en el universo, no podria prescindir de sus -relaciones con el Criador: su simple existencia le produce deberes hácia el Ser que se la ha dado.
- 98. El primero de estos deberes es el amor: este es “la base de los demás. Por el amor se une nuestra voluntad con el objeto amado, y la criatura no está en el órden, sino está unida con su Criador. El objeto de la voluntad es el bien; y por tanto el objeto esencial de la voluntad es el bien por esencia, el bien infinito.
99. Lo mismo se hos indica por la inclinacion hácia el bien en general que todos experimentamos. No hay quien ho ame el bien; no hay quien no le desee bajouna ú otra forma. Los errores, las pasiones, los caprichos, la maldad, buscan 4 menudo el bien en objetos inmorales y _dañosos; pero lo que se quiere en ellos no es lo que tienen malo sino lo bueno que encierran. Supuesto que el bien, en general, es una idea absiracta, y que no hay bien verdadero, sino cuando hay un ser en que se realiza; este deseo del bien en sí mismo nos indica que hay algo que no solo es una cosa buena, sino el bien en sí misimo. Si á este bien, que es Dios, Je conociésemos intuitivamente, le amaríamos con una feliz necesidad; peru ahora, mientras estamos en esta vida, aunque amemos por necesidad el bien tomado en general, no lo amamos en cuanto está realizado en un ser; y por esto el hombre sustituye con harta frecuencia al amor del bien infinito y eterno el de los finitos y pasajeros.
100. El amor de Dios engendra la veneracion, la gratitud, el reconocimiento de que todo lo hemos recibido dé su mano bondadosa; y por tanto la adoracion interior con que nos humillamos en su presencia rindiéndole los debidos homenajes. Hé aquí el culto interno. | 101. El hombre ha recibido de Dios no solo el alma, sino tambien el cuerpo; y además tenemos natural inclinacion á manifestar los afectos del espíritu por medio de signos sensibles: así, pues, en reconocimiento de ha-"ber recibido de Dios el cuerpo, y cuanto nos sirve para la conservacion de la vida; y además para manifestar por signos sensibles la adoracion interior, empleamos ciertas expresiones, ya de palabra, como la oracion verbal; ya de gesto, como el hincar la rodilla, el inclinacse, el postrarse; ya de acciones sobre otros objetos, eomo el quemar incienso, el ofrecer los frutos de la tierra, el matar á un animal, en reconocimiento del suprento dominio de Dios sobre todas las cosas. Hé aquí el culto externo.
102. Esta obligacion se funda en la misma naturaleza del hombre. Levantamos monumentos á los héroes; guardamos con respeto la memoria de los bienhechores del linaje humano; conservamos con amor y ternura cuanto nos recuerda á un padre, un amigo, una persona querida, que la muerte nos ha arrebatado; ¿ y no manifestaríamos exteriormente el amor, el agradecimiento, la adoracion, que tributamos á Dios en nuestro interior?
103. Las costumbres del linaje humano en todos tiempos y paises están acordes en este punto con la sana filosofía: en medio de los errores y extravagancias que nos ofrece la historia de las falsas religiones, vemos una idea dominante, fija; conforme con la razon, y enseñada por Dios al primer hombre: la obligacion de manifestar el culto interno con el éxterno.
104. La obediencia que debemos á Dios en todás las cosas, se la debemos tambien en lo tocante al culto; y así es que estamos obligados á tributárselo de la manera que su infinita “sabiduría nos haya prescrito. De aqui resulta que á los ojos de la sañá moral no sor indiferentes las religiones; quien, sostiene esto las niega todas. Porque ó es preciso decir que Dios no ha revelado nada con respecto al culto, ó confesar que quiere que se haga lo que ha mandado. Lo primero lo combaten sólidamente los apologistas de la revelacion; lo segundo lo demuestra la sana filosofía, De esto se infiere que el hombre está obligado á vivir en la religion que Dios ha revelado; y que quien falta á esta obligacion infringe la ley natural, y es culpable á los ojos de la Justicia divina.
105. Los que admiten la existencia de Dios y niegan la posibilidad de la revelacion, incurren en una contradiccion manifiesta. Si el hombre puede hablar al hombre, ¿porqué el Criador no podrá hablar á la criatura? Si los espíritus finitos son capaces de comunicar sus pensamientos á otros, ¿porqué el espíritu infinito estará privado de esta facultad? Quien nos dió el ser, ¿no podrá ponerse en especial comunicacion con su propia obra? Quien nos dotó de entendimiento, ¿no podrá ilustrarle?
Se dirá tal vez que Dios es demasiado grand. para descender hasta nosotros; pero reflexiónese que este argumento prueba demasiado, y por tanto no prueba nada. Dios, siendo infinito, crió seres finitos; y esto no repugna á su infinidad; luego, ó debemos inferir que Dios no pudo criaraos; Ó es preciso convenir en que puede hablarnos.
- CAPÍTULO XV.
Deberes para consigo misnzo.
- SECCION. 1. Nociones preliminares.
106. El ser que obra no solo con espontaneidad sino tambien con libertad, ha de tener una regla que le fije la conducta que debe observar consigo mismo. Los inanimados se perfeccionan con sujecion á leves necesarias, en cuya ejecucion no tienen ellos sino una parte pasiva; y los irracionales, aunque obran por un impulso propio, con la espontaneidad de un viviente sensitivo, no conocen lo que bacen, pues su percepcion se limita á lo puramente sensible. Pero el ser dotado de razon y de libre albedrío, es dueño de su misma espontaneidad, puede usar de ella de diferentes modos, y por tanto necesita que las condiciones de su desarrollo v perfeccion le estén prescritas en ciertas reglas que dirijan su conducta. Estas reglas son los deberes consigo mismo.
407. Para la existencia de estos deberes no es necesaria la sociedad. Un hombre enteramente solo en el mundo tendria deberes consigo propio; el que va á pacar á una isla desierta, sin esperanza de volver jamás á eunirse con sus semejantes, no está exento de las leyes le la moral.
108. Dios, al sacar de la nada á una criatura, la ha destinado á un fin: la sabiduría infinita no obra al acaso. Este fin lo buscan todas las criaturas, usando de los medios que para alcanzarle se les otorgan. Así vemos que en el mundo inanimado todo aspira á desenvolverse, Caminando de este modo á la perfeccion respectiva.
El gérmen sepultado en las entrañas de la tierra, desenvuelve sus fuerzas vitales, se abre paso, se presenta sobre la superficie buscando la saludable influencia del aire, de la luz y del calor, y al mismo tiempo dilata sus raicés,-para absorber el jugo que le alimenta. Prospera, crece, su tronco se levanta y se engruesa, sus ramas se extienden, hasta qe llega al punto de. desarrollo necesario para ejercer el mundo vegetal.
Ese mismo trabajo descubrimos en todos los productos de la tierra; desde el árbol secular, que desafía los huracanes, hasta la endeble yerba, que vive un solo dia; todos se dirigen incesantemente á su respectivo desarro-Mo, todos están empleando continuamente las fuerzas que se les han dado para ejercer del mejor modo posible las funciones que les corresponden.
109. Entre los “animales.vemos el mismo fenómeno. No son únicamente las especies mas elevadas las que muestran su laboriosidad en su lugar respectivo: no es solo el caballo, el leon, el elefante, el orangutan, son los gusanos que se arrastran por el polvo, son los insectos que anidan en la hoja del árbol, son las ostras pegadas á una peña; los imperceptibles animalillos que solo distinguimos con el microscopio. Cada cual en su línea cuida por decirlo así de cumplir su mision; y el mundo de la vida vegetal y animal se parece á un inmenso taler, donde está realizada hasta lo infinito la division del trabajo, y donde cada individuo cumple con la parte que le corresponde, para contribuir á la obra que se ha propuesto el supremo Artífice. y - 110. El hombre dotado de tan nobles facultades, está sujeto á la misma ley; tambien debe buscar su desarro— lo, ejerciendo sus facultades del modo que corresponde á su naluraleza. Pero esle desarrollo, aunque sujeto á una ley, está encomendado al libre «albedrío: y así es as funciones que le corresponden en p) que se nota una diferencia entre el hombre y los animales y vegetales; estos adquieren siempre toda la perfeccion posible á sus fuerzas y á su situacion; el hombre se queda muchas veces inferior á lo que puede. Tiene una inteligencia capaz de abarcar el mundo, y, sin embargo, abusando de su libre albedrío, la deja quizá sumida en la ignorancia, y con harta frecuencia la alimenta de errores; está dotado de una voluntad que aspira al bien infinito, y, no obstante, la rebaja si quiere, hasta hundirla en un lodazal de corrupcion y miseria.
- SECCION il, Amor de si mismo.
111. El deber fundamental del hombre consigo es el amor de sí mismo; y la fórmula general de la ejecucion de este deber es el desarrollo armónico de sus facultades, cúal conviene á un ser inteligente y libre. Apliquemos estos principios.
112. Lo que está encargado de llevar algo á la perfeccion, es necesario que lo ame; y el hombre tiene este encargo para consigo. No puede haber una incliriacion. continua al desarrollo y perfeccion de las facultades, sin amar este desarrollo y perfeccion del ser que las posee. Asf, el amor de una criatura á sí misma pertenece al órden general del universo; es una ley de todos los seres inteligentes y libres, que pertenece al órden conocido y amado por Dios. Al amarse el hombre á sí mismo, ama tambien lo que Dios ama, y por consiguiente ama en algun modo al mismo Dios.
El amor de sí mismo es tan conforme á la naturaleza de las cosas, y se halla de tal modo grabado en nuestro espíritu, que no ha sido necesario expresarlo como precepto; lo que es temible, es el abuso del amor, pero no es posible que falte. A este propósito es de notar que en el Evangelio se ha dicho que el principal y primer man-“damiento era amar á Dios, y el segundo semejante al ' primero, amarás al próximo ¿omo á ti mismo. Esto último se da por supuesto; y así es que se toma por modelo 6 regla del amor á lo demás; como á tí mismo.
A O 113. De esto inferiremos que cuando se habla del amor propio como de un vicio, se entiende el abuso de este amor, que por desgracia es harto comun; mas no del amor en sí, pues que este, por el contrario, es una de nuestras primeras obligaciones, Ó mejor diríamos de nuestras necesidades.
411. El deseo de la felicidad implica este amor; y como de este deseo no podemos despojarnos, se echa de ver que el amor de sí mismo es una necesidad. ¿ Cómo se concilia su carácter necesario con el de un precepto que debe suponer libertad? Muy sencillamente. La necesidad le conviene tomado cl amor en general, en cuanto nos lleva á buscar la felicidad tambien en general; pero la cualidad de precepto le pertenece, en cuanto se refiere á las aplicaciones de este amor. así con respecto al objeto determinado en que ponemos la felicidad, como á los medios que.empleamos para alcanzarla. El deseo de la felicidad es un hecho necesario; el modo de cumplir este deseo cae bajo. el órden de los preceptos.
. 115. Aquí encontramos un ejemplo de cómo está unida la moralidad con la utilidad. El amor de sí mismo es moral, y es'al propio tiempo útil; y no solo útil sino necesario para que el ser inteligente y libre llegue al objeto de su destino.
116. El amor de sí mismo no puede ser el término del hombre; este amor por sí. solo, sin aplicaciones, no le proporcionaria la felicidad que desea: el ser feliz por la cóntemplacion y amor de sí propio,.corresponde solo á Dios, que contempla y ama en sí toda verdad y todo bien. El amor de la criatura á sí misma ha de ser una especie de impulso que la lleve á la perfeccion y á la felicidad, no su fin último; y en las aplicaciones de este impulso debe cuidar de no ponerse en contradiccion con su fin, Para cuyo objeto es preciso que no tome por norma de su conducta la satisfaccion de todos sus deseos, sino que los considere en su conjunto y en sus relaciones, y que únicamente otorgue á cada uno la parte que le corresponda, para que no se perturbe, y antes e conserve y mejore, la armonía de sus facultaes. > a A SECCIÓN 1, Deberes relativos al entendimiento.
417. La primera de las facultades y que está como en la cima de la humana naturaleza, es el entendimiento, el cual conoce la verdad, y sirve de guia á las otras. Este es el ojo del espíritu; si no está bien dispuesto todo se desordena. i i | Hablan algunos del entendimiento como si esta facullad no estuviese sujeta á ninguna regla; así excusan todas las opiniones, todos los errores, bastándoles el que sea una operácion intelectual, para que la tengan por inocente é incapaz de -mancha. Es verdad que un error es inocente, cuando el que lo sufre no ha' podido evitarle; y en este sentido se pueden disculpar algunos errores; pero si se intenta significar. que el hombre es libre de pensar lo que. quiera, sin sujecion á ninguna ley, haciendo de su inteligencia el uso que bien le parezca, se cae en una contradiccion manifiesta. La voluntad, los sentidos, los órganos, hasta los miembros, todo en el hombre está sujeto á leyes; ¿y no lo estará el entendimiento? No podremos usar de la última de - nuestras facultades sin sujeccion al órden moral; y la mas noble, la que debe dirigirlas á todas, ¿eslará exenta de ley? Una accion de la mano, del pié, podrán sernos imputadas, ¿y no lo serán las del entendimiento? ¿Se-— remos responsables de nuestros actos externos, y no lo seremos de los internos? ¿La moralidad se extenderá á todo, excepto á lo mas Íntimo de nuestra conciencia?
148. Es claro que no pueden ser indiferentes para el entendimiento, la verdad y el error; su perteccion consiste.en el conocimiento de la verdad; luego tenemos un' deber de buscarla; y cuando no empleamos el entendimiento en este sentido, abusamos de la mejor de nuestras facultades, El nbjeto del entendimiento es la verdad, porque la verdad es el ser; y la nada no puede ser objeto de ninguna facultad. Cuando conocemos el ser conecemos la verdad, y por consiguiente estamos obligados á procurarnos el conocimiento de la realidad de las cosas. Si por indolencia, pasion ó capricho, extraviamos nuestro entendimiento haciéndole asentir al error, -ya porque crea existentes objetos que no existen, Ó no existentes los existentes, ya porque les atribuya relaciones que no tienen, ó les niegue las que tienen, faltamos á la ley moral, purque nos apartamos del órden prescrito á nuestra naturaleza por la sabiduría infinita.
El amor de la verdad no es una simple cualidad filosófica, sino un verdadero deber moral: el procurar ver en las cosas lo que hay y nada mas de lo que hay, en lo que consiste el conocimiento de la verdad, no es solo un consejo del arte de pensar,.es tambien un deber prescrito por la ley de bien obrar. — - | - 119. La obligacion de buscar la verdad “y apartarse del error, se halla hasta en el órden puramente especulativo, de suerte' que. quien estudia una materia sin mas objeto que la contemplacion, y sin intencion alguna de aplicar sus conocimientos á la práctica, tiene tambien el deber de buscar la verdad, de procurar ver en el objeto contemplado todo lo que hay, y nada mas de lo que hay. Pero esta obligacion de buscar la verdad se hace imas grave cuando el conocimiento no se limita á la pura contemplación, sino que ha de regirnos en la práctica. Un mécánico puramente especulativo, que por indolencia se equivoca en sus cálculos, usa mal de su entendimiento; pero si es práctico, sus errores son de mas consecuencia; y por tanto añade á la culpa del error en la especulativa, la que consigo trae el exponerseá cometer verros en la construccion de las máquinas. SE i 120. Infiérese de esto que la obligacion de. dirigir el entendimiento al conocimiento de la verdad es grave, gravísima, cuando se trata de las verdades que deben arreglar toda nuestra conducta, y de que depende nuestro último destino. En estas cuestiones, ¿quién soy? ¿de dónde he salido? ¿adónde voy? ¿cuál es la conducta que debo seguir en la vida? ¿cuál será mi destino despues de la muerte? el hombre que se mantiene indiferente, Ó que se expone'á caer en error, incurre en gravísima responsabilidad moral, aun prescindiendo de toda idea religiosa, y atendiendo únicamente á la luz de la filosofía, Los que hablan pues de errores, de extravíos del entendimiento, cual si en estas materias no cupiese transgresion del órden moral, dicen un despropósito; pierden de vista la ley general y necesaria que nos obliga á desenvolver y perfeccionar nuestras facul- “tades, lo que no podemos hacer con el entendimiento si no le dirigimos hácia la verdad; olvidan que siendo el entendimiento la guia de las demás facultades, si él yerra errarán todas; no advierten que poniéndonos el entendimiento en relacion con las cosas, si no las ve como son en sí, se perturba por necesidad el órden en nuestra conducta; no consideran que hay, muchas materias en que el error puede ser de consecuencias irreparables, y que por tanto no hay menos culpabilidad en él, que si quisiéramos andar por entre horrendos precipicios con los ojos tapados ó distraidos.
121. Aquí tambien encontramos admirablemente enlazada la moral con la utilidad. «Emplea bien el entendimiento, sírvete de él para el conocimiento de la verdad, para ver Jas cosas y sus relaciones tales como son en sí; » esto nos dice la ley natural: y el resultado de la sujecion á este precepto es el obrar en todo de la manera conveniente, apreciando los objetos en su valor, y conociendo por consiguiente á cuáles. debemos dar la preferencia.
122. La moral en este punto se halla tambien acorde con las inclinaciones naturales. Todos deseamos cunocer la verdad: al error como error, no podemos asentir; ¿acaso, creeremos lo que juzgamos falso? ¿Quién se satisface con pensar de una cosa lo que no es, y no lo que es? Cuando necesitamos del error para nuestras pasiones, le cubrimos con cl velo de la verdad; sabemos en-ES á nosotros mismos con una sagacidad deplorable.
SECCION IV. Deberes relativos al órden sensible.
123. Si el hombre fuese un espíritu puro, sus deheresestarian cumplidos con procurar conocer á Dios y á sí 120 FILOSOFÍA ELEMENTAL. 5% mismo, con amar á Dios sobre todo, amarse á sí mismo y á cuanto Dios quisiese. No teniendo mas facultades que el entendimiento y la voluntad, su ser estaria en el órden moral dirigiendo el entendimiento á la verdad, y la voluntad al bien; pero como junto con esas facultades superiores poseemos otras inferiores, nace de la relacion de aquellas con estas, una serie de nuevos deberes. p 121. La sensibilidad se nos ha dado para satisfacer las necesidades animales y para excitar y fomentar el desarrollo de las tacultades superiores; así es que debemos mirarla bajo ambos aspectos, y sacar de sus relaciones los deberes que se refieren á ella. - 125. Lo que se ha dicho sobre la obligacion de buscar en todo la verdad, hace innecesario el que nos extendamos sobre el uso que debemos hacer de los sentidos, en cuanto nos sirven para adquirir el conocimiento de las cosas. Si hemos de buscar la verdad, es preciso que empleemos los medios de la manera conveniente;. y por tanto es necesario que procuremos usar de los sentidos del modo que corresponde para que no nos jnduzcan á conceptos -equivocádos. Las reglas sobre el buen uso de los.sentidos no son solamente lógicas sino tambien morales. Emplearlos de suerte que nos hagan errar, es valerse de correos precipitados é: imprudentes con peligro de que traigan noticias falsas; y si-llegamos hasta el punto de usar los sentidos con el secreto designin de que nos digan, -no la verdad, sino lo que halaga nuestras pasiones Ó amor propio, entonces cometemos una especie de delito de soborno; nos valemos de testigos falsos, para que engañen al entendimiento.
126. La relacion de los sentidos á la satisfaccion de las necesidades animales y vitales, presenta un nuevo -aspecto de que nacen outros deberes. Pero si bien se reflexiona, este aspecto se halla íntimamente ligado con el anterior; porque si el entendimiento conoce la verdad, conocerá tambien el verdadero destino de los sentidos, y por tanto el uso que de ellos se ha de hacer.
127. La naturaleza misma nos está enseñando que debemos conservar la vida y la salud; á mas del deseo ú % ÉTICA, 191 que á ello nos impele, los dolores sensibles nos avisan cuando la vida corre peligro ó la salud se perturba. Así pues, será.legítimo el uso de los sentidos, cuando se ordena á la conservacion de la salud y de la vida; y será ¡legítimo cuando contraría estos fines. Tambien aquí se hermana la moralidad con la utilidad: las reglas de higiene son tambien reglas de moral.
La templanza y la sobriedad son virtudes, porque nos prescriben la debida mesura en la comida y debida; la gula y la embriaguez son vicios, porque nos llevan á un exceso contrario á la razon. Los resultados de la templanza y de la sobriedad son la conservacion de la vida y de la salud, el bienestar suave y general que éxperimentamos cuando nuestra organizacion se halla en el correspondiente equilibrio; Ja gula y la embriaguez producen indigestiones, vértigos, dolores atroces, gastan las fuerzas y acaban por conducir al sepulcro, 128. ¡Cosa admirable! El hombre al excederse en lo sensible es castigado tambien en lo intelectual: una co- * mida excesiva produce el embotamiento de las facultades intelectuales, por la pesadez y la somnolencia; la embriaguez perturba la razon; el ébrio no ha procedido como hombre; pues bien, por la embriaguez deja de ser hombre, y se convierte en un objeto de lástima ó de risa.
129. Hé aquí las reglas morales en este punto, reducidas á un principio bien sencillo; la medida del uso de los sentidos en sus relaciónes con las necesidades del cuerpo, es la conservacion de la vida y de la salud; la higiene, extendiéndose no soto á los alimentos, sino á cuanto tiene relacion con la salud y la vida. Esta es una excelente piedra de toque para conocer la moralidad de las acciones relativas á las necesidades ó deseos sensibles. 2 Y Aclarémoslo con ejemplos. La pereza es un vicio á los ojos de la sana moral: la ociosidad 'está sembrada de peligros: en ella se debilitan las facultades intelec— tuales y se corrompe el corazon; pues bien, la higiene está acorde con [AS prescripciones morales: la ociosidad es dañosa á la salud; el ejercicio, así el intelectual como cl “orporal, es muy saludable; para aliviar Jas enferme- 2% 2% dades sirven en gran manera la ocupacion moderada del cuerpo y del espíritu. Mirad al perezoso que tendido sobre un sofá no tiene valor para levantar la cabeza ni la.mano; el tedio se apodera de su corazon, para hacer bien pronto lugar á la tristeza, á a manía, y otros extravíos. Su entendimiento, divagando á merced de todas las impresiones, sin sentir la accion de una voluntad fuerte que. le sujete á un punto, se acostumbra á no fijarse en nada, se debilita, y vive en uná especie de somnolencia. El cuerpo en continua inaccion languidece; las digestiones se hacen mal, la circulacion se retarda.y desordena; el sueño, como no cae sobre un cuerpo fatigado y menesteroso de descanso, huye de los ojos Ó es interrumpido con frecuencia; el perezoso buscaba el bienestar en la inaccion completa, y solo halla los males consiguientes al enflaquecimiento del espíritu, y á las enfermedades del cuerpo.
Comparad con estos resultados los de la virtud contraria. La costumbre del trabajo inspira aficion hácia él: el laborioso goza cuando trabaja; padece cuando se le condena á la inaccion. El fruto de su laboriosidad, intelectual, moral ó física, le recompensa con una satisfaccion placentera: cuando despues de largas horas contempla el resultado de su actividad, “se consuela fácilmente de las pequeñas molestias que ha sufrido, y las tiene por muy bien empleadas, Al llegar la hora de la distraccion, disfruta porque la necesita; su sensibilidad no está embotada por el placer, y este, por ligero que Isea, se multiplica, se aviva, porque es una lluvia que cae sobre tierra sedienta. El tedio, la tristeza, las manías, los aciagos presentimientos, no se albergan en su alma porque no saben por donde entrar: como hay ocupacion permanente, no queda tiempo para complacer á esas visitas importunas y dañosas. El ejercicio de las facultades tiene en continuo movimiento la organizacion; y las alternativas de trabajo y descanso, le dan aquel punto que necesita para desempeñar sus funciones Ordenadamente, lo que constituye la salud y prolonga la vida. Por fin, el sueño, cayendo sobre una organizacion fatigada, es tomado con placer; y reparando las fuerzas comunica _la_aclividad que se despliega de ÉTICA. 193, nuevo, cuándo el astro del dia alumbrando el mundo, viene á avisarnos de que sonó la hora del trabajo.
130. ¿Y qué diremos de la armonía de la higiene y de la moral, en lo tocante á los placeres sensuales, contrarios á la naturaleza? La severidad de la moral en este -punto se halla justificada por la mas sabia prevision. He aquí cómo se expresa Huffeland en su Macrobiótica, Ó Arte de prolongar la vida: « Es horrendo el sello que la naturaleza graba en el que la ultraja de este modo: es una rosa marchita, un árbol secado en el tiempo de. su mayor lozanía, un cadáver ambulante. Este vicio afrentoso ahoga todo principio vital, agota todas las fuentes del vigor,-y no deja tras sí mas que debilidad, inercia, palidez, decadencia de cuerpo y abatimiento de espíritu. El ojo pierde su brillo y se hunde en su órbita, las facciones se alargan, desaparece el aire juvenil, y el semblante se cubre de manchas amoratadas. La mas leve impresion afecta desagradablemente toda la econo-: mía animal. Falta el vigor muscular; el sueño es poco reparador; el menor movimiento causa fatiga; las piernas no pueden soportar el peso del cuerpo; pónense trémulas las manos, se sufren dolores en todos los miembros, se embotan los sentido3, y el genio se vuelve tétrico y melancólico. Los desgraciados que se entregan á este vicio hablan poco, parece que lo hacen con disgusto, y nada les queda de la viveza que los caracterizara en otros tiempos. Los jóvenes de talento se hacen hombres comunes y aun mentecatos. El alma pierde el gusto de los pensamientos elevados, y la imaginacion está completamente depravada...PR A Toda su vida no es mas que una serie de cargos que se hacen á sí mismos, y de penosos sentimientos causados por la debilidad de que no saben triunfar. Siempre irresolutos, experimentan un tedio continuo de la vida que los conduce con frecuencia al suicidio, crimen á que nadie está mas sujeto que los que se entregan á los goces solitari0S.. ¿.. o...o...- Por otra parte las facultades digestivas se desordenan; se está continuamente atormentado de incomodi- .
dades y males de estómago; se vicia la sangre; el pecho se llena de mucosidades, la piel se cubre de granos y úlceras; y sobrevienen finalmente la epilepsia, la consuncion, la calentura ética, frecuentes desmayos y una muerte temprana. » Al oir ese impunente testimonio de ' la ciencia sobre los funestos resultados de la inmoralidad, causan lástima é indignacion los que no alcanzan á comprender porqué la Religion cristiana se muestra tan severa en todo cuanto puede corromper el corazon de la juventud. Aquí como en todas las cosas, manifiesta el cristianismo su profundo conocimiento de las leyes de la naturaleza, y de los secretos del corazon y de la vida. « La naturaleza, dice el mismo Huffeland, no castiga ninguna accion con tanto rigor como las que directamente la ofenden. Si hay pecados mortales, son sin duda los que se cometen contra la naturaleza. » (Macrobiótica, 22 p., Sec. 1, Cap. 11.)
El suicidio, El suicidio, 131. Al tratar de las obligaciones del hombre para consigo, ocurre la cuestion del suicidio. Es de notar que la inmoralidad de este acto no puede fundarse únicamente en las relaciones del individuo con la familia ó la sociedad: de otro modo se seguiria que el que estuviese falto-de ellas podria atentar contra su vida.
132. La razon fundamental de la inmoralidad del suicidio está en que el hombre perturba el órden natural, destruyendo una cosa sobre la cual no tiene dominio. Somos usufructuarios de la vida, no propietarios; se nos ha concedido el comer de los frutos del árbol, y con el suicidio nos tomamos la libertad de cortarle..
¿En qué puede apoyarse el hombre para llamarse propietario de la vida? ¿Se la ha dado €l á sí propio? ¿Se le consultó acaso para. traerle á ella? ¿Dónde estaba antes de vivir? No era; y se halló existiendo, no por su voluntad, sino por la del Criador, con arreglo á las leyes de la naturaleza. Si él no se la ha dado, ¿cómo pretenderá ser su dueño exclusivo, de suerte que la pueda destruir cuando bien le parezca? Tudo le está indicando que el vivir no depende de su' libre albedrío; á mas de haber pasado de la nada al ser, experimenta que la mayor parte de las funciones de la vida se hacen independientemente de su voluntad:.la respiracion, la circulacion de la sangre, ta digestion, la nutricion, y en general todas las: funciones vitales, se ejercen sin que piense en ellas; solo cuando es necesario tomar alimento para reparar las fuerzas, la voluntad interviene, pues la naturaleza ha querido dejar al ser viviente dotado de espontaneidad, alguna accion sobre los medios de conservar la vida; pero tan 'pronto como esto se cumple, la organizacion continúa sus funciones, en los procedimien tos de la nutricion y en todas sus consecuencias, sin que pueda impedirlo el imperio de la voluntad.