en su i'unesti? habilidad y lo abruma con la j perspectiva de cuadros desoladores, y quiere obligarle á quedarse, moslrándoíe escollos y precipicios \>ot todas partes.» Ciertamente estas mañas del Pensamiento de la Nación son demasiado peligrosas para que el público no deba agradecer ai kítpañol el haberlas descubierto; pero lo sensible es j que el mismo Español no haya advertido que con sus palabras poco meditadas, hacia una. confesión elocuente de ia impresión que causan en el ánimo de muchos liberales las \ razones del Pensamiento di: la Nación, j Los lectores á quienes se abruma, á quie- i nes se quiere obligar á awdarse, y contra ' uuiencs es necesario emplear la perspectiva de cuadros desoladores, y de escollos y [)recipicios por todas partes," deben ser amigos del trono de Isabel II; porque en cuanto a los carlistas, de seguro no es necesario espanUirlos para persuadirles que se queden con el conde deMontemoiin á quien quieren como la niña de sus ojos. Esto prueba que el: Pensamiento de la Nación va logrando su objeto, que esconvencerá los amigos del iro- DO de doña Isabel II de la conveniencia del enlace de esta augusta vSeñora con el conde de.Monlemolin; y coulirma ad^'iuas lo aue el Español confiesa de que el Pknsaiíibnto de LA Nación conoce bien a sus lectores. Si, los conoce, y sabiendo que entre ellos loa hay monárquicos, moderados y prugresislas, procura conciliar la defensa de los principios sah adores con el respeto debido a las opiniones ageuas: procura no herir las personas, y hacer notar que de nuestros males les cabe una gran parle á las cosas: procura no exasperar los ánimos que trata de unir, no levantar las pasiones que desea calmar, procura persuadirles a todos du ia necesidad de hacer algunos sacrilícios para que la patria no se hunda de nuevo en un abismo de calamidades. Esa es la perspectiva de cuadros desoladores que ofrece el Pensamiento; ¡ah! si el porvenir es halagUeñe o no, dígalo la realidad presente, dígalo la conciencia del lector.
A la visla de tamaña iniquidad del Pensamiento DE LA Nación, se exalta el patriotismo del articulista del Español; y mojando su pluma en hiél ataca cruelmente al director del Pensamiento pintándole poco menos que eomo una calamidad publica. Kn medio de su exall^K-ion pronustica el Pensamiento la esterihdad de tamaAos es> fuerzos, recordándole u la derrota y com- )leta ruina <pie esperimentaron tantas doctrinas basadas sobre el error o la vanidad del hombre en la larga serie de las edades, y singularmente durante el último siglo. » ¿.\ (pie vienen esos recuerdos del Españolé ¿qué punto de comparación tiene el autor de estos artículos con los solistas de los siglos pasados? Oigase al Esfmñol, que después de aquello de los cuadros desoladores y de los escollos y precipicios que caracterizan la conducta del Pensamiento dk la.Nación, dice con la mavor seriedad: >í rn.». jante conducta, peculiar en todos lie..., le los grandes ingenios y de los grandes solistas, de los hombres que aspiran u la singularidad, aunque sea á cosía de la desdicha del género humano, y de los que posea grandes fuerzas intelectuales á costa de lodos los sentimientos del corazón, es sin duda nmy lalwriosa, pero no deja de ser muy cómoda por los buenos y personales resultados de actualidad que generalmente produce; pero nunca son estos duraderos, porque hay una tosa superior a todas las mas brillantes argucias del entendimiento buinaoot, y la razón aun aliandonada a sus profMtB fuerzas, domina larde o lenipraoo sotire ÍM • teorías de los utopistas.» DevolvetUDsal AV vañol el arpurnonto; escpptnando que no le nacemos la injusticia de creer (jue sea capaz deaspinirá la sín.í^ularidad á roslu de la desdicha del género humana, y que al otorgarle fuerzas intelectuales, no es ¡i costa de lodos los sentimientos del corazón. A pesar de que nos supone un corazón tan malo, no tenemos inconveniente en suponérselo á él muy bueno, siquiera tenga pretensiones de no ceder la palma en este punto á los grandes bienhechores de la humanidad.
En contra de las esperanzas de triunfo con que se nliu'ina el pK>s\Mri:\TO, recuerda el Español la conciencia publica, esa garantía que concedió la Providencia á la salvación de las naciones; presenta á <'la mentira condenada á perecer aun cuando brille por algunos instantes apoyada en la fuerza de la inteligencia y en la fuerza de las armas, vía verdad predestinada á triunfar, aun sepultada eo las nilacnmhas. rilipeiitliada en el foro y ensanqrenlada en los patíbulos i< Al leer eslas palabras, al notar esos recuerdos terribles, esc tono vehemente, ese conjnnto de sentimientos exaltados y de filosofía de la historia, á todo lo cual no puede negarse el mérito de la ttjfortunidad, pasaba en nuestro ánimo una escena, (|ue vamos á referir á nuestros lectores, siquiera corra el peligro de ser calilicada de teatral.
Cuando veíamos comparecer á los solistas de toílas las edades singularmente los del ultimo siglo é invocada la conciencia |Miblica, y la u^arantia concedida por la Providencia para la salvación de las naciones; y la mentira brillando con la fuerza de la inteligencia y la fuerza de las armas; y la pobre verdad sin mas consuelo que el * estar predestiuH'la a iriimlar, aun sepultada en líis catacumbas. vilipendiada en el foro y ensangrenladii en los patíbulos; nos creímos trasladados á tines del año 47 ó 48; suponíanlos verilicado ya el enlace de la Reina con el conde de Montemolin, y que los periódicos monárfpiicos obtenían todo el apoyo del gobierno, y que los principios liberales estaban sepultados en las catacumbas, y vilipi'ndiüdüs en el foro por fiscales y jueces injustos, y ensangrentados en los }>alibulos con el suplicio de millares de sus defensores; y que esUibamos leyendo un artículo de un periódico de la oposición que arrostrando toilos los peligro^; y ambicionando la aureola del luartiriu, atacaba al |>oder o|>rc- I sor, sin mas armas que su lógica y su comezón: sin mas defensa que la resolución dé morir heroicamente. El anacronismo nmmentáneo no era de estrañar. porque no de < I otro modo se concibe que hava quien se es-1 prese de csla manera, cuamío precisamente los adversarios á quienes ataca, están pros-I crilos en su mayor parle incluso el princifM» que los acaudilla; y han tenido que sufrir i con harta frecuencia la sepultura de las catacmnbas. los vilipendios en el foro y los sangrientos patíbulos. * tf En prueba de (jue en la elección de los medios de defensa no es muy delicado de conciencia el Pensamiemo m la NacioN, nota el KspaTwl la importantísima variante I que la memoria del (iscal nos hizo adoptar en la calilicacion del asunto dinástico; pretemion en \e7. áe cuestión. No alcanzamos j)or qué en esto no habni poca delicadeza de I conciencia: creíamos nosotros que el procuji rar no indisponerse con el señor liscal era I una cautela muy prudente; y (|ue por otra parte la palabra pretensión era tan inofonsi-' va, nue no podían llevarla á mal ni la corte I de Madrid, ni el proscrito de Bourges. Dice ¡ el Español que no sabe «si el pretendido I Rey de España admitirá lu iuqwrlanlisima variante; >i nosotros creemos que el conde de IMontemolin no se ocupará de semejantes cavilaciones; y que si se ocupase de ello, aun couííervando su posición dinjisticu v política, ymdria decir sin abjurar sus principios: <t yo pretendo la corona de España, ^ asi como* Doña Isabel II podría decir también: opues yo pretendo que no es tuya sino mia.» Pretender, según el diccionario de la lengua, es procurar o solicitar alguna cosa haciendo las diligencias neesarías para su consecución; ya ve el £.si)añoí (jue aquí se prescinde de iodo derecho. Pero aun hay mas; según el mismo diccionario, la ¡íalabra retension significa también ' el derecho ¡en o nuil fundado, que alguno juzga tener sobre una eosa. » El diccionario no puede estar mas esplícito: i'hivn <t mal [undado,i> dice: No parece sino que los Srcs. Acjulémicos previeron la discusión presente, y se quisieron poner de [«ríe del Pk\s.\mif.>to.
Aconsejamos al Español que cuandoquiera fundar argumentos sobre el sigoiíicado (fe una palabra, lenga la bondad de abrírel diccionario de la leníiua.
Dice el Español, que el PK^SAM(B^IT0 uk i.A Nación «ha tenido (a frescura de dar por luda respuesta á tres preguntes capitales, (|ue era dü mal tono el (|ue los periódicos se in- I lerrogasen nuiluamente, olvidando sin duda las infinitas veces que él lo ha hecho:» ¿recuerdan acaso nuestros lectores esas infinitas veces i|iip hemos inlerrosado a los periódicos? En la colección ár\ Pe>samiesto ¿han visto algo en que pueda apoyarse una alirmacion tan gratuita? ¿no les parece que, se necesita una Irescura mas que mediana i para decir semejantes cosas? el juicio y la calificación de esta conducta, lo ahandonamus á la sensatez y rectitud de la concien- I cia puhüca.
. Recordando el Español lo que dijimos, «hay cuestión mientras hay quien dispula,» lo concede: pero ohserva «que hay lamhien cuestiones de nombre, y (jue la actual tiene mucho de esto, porque si bien se disputa si ios carlistas son ó no vencidos. v si su rev es rey ó no, todos convienen en la suslan- ¡ (uia, V solo disputan sobre el modo; unos | quieren que sean vencidos en la propia; acepción de la palabra; otros solo por un ac- • t.idente lorluito, (pie les arrancó las armas | de la mano; todos convienen en que el con- j de de Monlemolin no es rey; unos creen i porque le fue adversa la fortuna; otros porque nunca debió serlo, » El Español, con haber dicho esto, se cree muy generoso en materia de concesiones; pero á mas de que no alcanzamos que las haya de ningima especie en no nei^dr lo que es mas claro que la luz del dia, debiera advertir que por cuestión dinástica jamás se ha entendido la disputa sobre las causas del resultado de la guerra. La cuestión dinástica no está en disputar í>obre si los carlistas son ó no vencidos, sino que la rama proscrita v sus partidarios disputan atacando la le^'itimidaddel trono de Oofia Isabel U, pretendiendo que esa legitimidad está en la familia de D. (darlos. En \erdad que esto no es cuestión de nombre; se disputa un trono, y un trono no es un ^nombre.
Niega el Español que mientras se disputa haya verdadera cuestión, y con una oportunidad que no tiene nada de humana, re> cuerda aquello de las escuelas de que «cuando uno de los contendientes hace gala de tan estupenda terquedad, fuslilnts esl ar-(juendum.n Esta máxima (|ue podríamos verter al castellano diciendo: A quien sustenta un dislate Con palos se le combate; ya sabe el Español que en su lugar y tiemf\o fue largamente aplicada contra los carislas; pero la aplicación tuvo el inconveniente de que como entre los carlistas se contaban muchos hombres de brar.o y de corazón, se atrevieron á oponer á la máxima de los dialccliros, otra máxima de los juristas, rim vi repeliere, rechazar la fuerza coo la fuerza, diciendo para si.
Argumento de porrazos, ifl Contestación á balazos. Desgraciadamente esa apelación á la fuerza para sostener una causa, que, ajuicio del Español. no m"rece mas consideracioo que los delirios de los que niegan la existencia de los cuerpos ó la realidad del movimiento, habia producido tales resultados, que por mucho tiempo no los olvidarán la España ni la Europa. Era tanto el apoyo que encontraron esos delirantes |)ohli(os, (|ue la guerra civil no pudo terminarse por una victoria, sino por una transacción; y con esa fuerza supieron unir los carlistas tal nobleza y lealtad en sus palabras y en sus hechos, que ni aun en los momentos <lc mayor anarquía en su campo, no se olvidaron de lo qfue eran. Esto no lo dice el Fknsamirmo db la Nación; acaba de decirlo, bajo su firma, an hombre conocido por su adhesión á ta Reina lsal)cl; un hombre que ha merecido la confianza la corona. siendo nombrado ministro de Gracia y Justicia, y que en la actualidad es nada menos que intendente de palacio, el Sr Egaña. lie aqui sus palabras: «Solo dirá una cosa el que, nacido en las faldas del Pirineo, no ha dejado un solo instante de ser buen español. decidido amante de S. M. la Reina, y consecuente en los i principios |)olilicos que profesó toda su vida, j y es: I * «Que la guerra civil en que se disputaba ¡ la corona de España. acabo no por una ricloria, sino por una transacción. I «Que esta transacción se verifico hallándose lo mas granado de las tropas de la Reina en el corazón del pais enemigo, entrega--das absolutamente á la lealtad y nobleza de sus contrarios » Cuando se trata de hond)res á quienes 1 sus adv«>rsarios |M)líticos tributan semejante I homenaje, bueno seria (|ue el Etpañel no hablase de las soluciones a palos, i Como al establecer el sentido de la {ralabca tmMíHtm, balmniMi svfiueslo llevadas las Mnai lt último ej^tirmo, ¡xara que lue.i^o no se ortsflcusnse de qu** aUicahamos la Icfíitimiüad del Irono (Je DoAa isabei U, ureleude «I SapáM deducir <éi «ÉnM^ MetrÍBas <\\w nunca piiodo haber nada sc^riiro, ni ni ía Inmilin ni en la sociedad. Si mientras hay <]uici) disputa hay cuestión, las cuestiones no se acabaráfr^M»; loBopieitaraiéii iO' torniinal)Ips: y niin ruando se fallen mil vece«j un UQ sentido, no quedará garantida la propiedad en euvo Mrü» l^ijW'dado.'Bsia es l^ültot mlJhftMtih wtmi» 16 qne valf*, £n el articulo a que nos referimos, nos yropoMWMW dog cotas: prifnera: probar que jwdianios emplear la palabra rueslion dinástica sin t'uitar a las leyes. Para esto ar^Uia-■K» asi: hay cucstiou, fundada ó ínHindada; •^lego il decir cuestión dinástica nada <\íimficamos en contra de la le ííí ti ni i dad de Doña cido, Bo por d i«gcMde lis «ivcfsariiD u por la verdad y boidad de Jt emift que sostienen.»
VINDIGÜCION PERSONAL.: .it Por hov me bal de disimilar mis lectores que hable de mi persona; y que de<poián'4 dome del plural nosotros que en las discusiones polUteas se hr hecho coman en él leníiuaje periodístico, me val^ía solo del singular t/o. \o lo hai,'o sin ra/on; pues que no se trata de asuntos públicos, no de opiniones polfUcas. no de intereses d > partido, sino de cosas puramente por^nnali's: <'l sin- Isabel II, pues que la palabra cuestión, J guiar yo, será mas propio que el plural nosfttKmiit tbaolvlaneiiie oe irae te nm» ¡68- I otrar, esta distinción no es invmitada fier^ jé ó no de parte de «no de loe contendicn tes; sef^unda: probar que esta cuestión era una cosa que se traducid en hechos, y que 5»or consifiiíiieiile convenía tomarla cono un dato importante en la rcaolurion de los problemas potiiiens. Para esto recordábamos que la cuestión dinástica habia costado torlenlea desangre, y decíamos ifoe no era imposible que en adelante los costare de iWevo. £1 lector juzgará si este modo de ^iscarrir puede dar lugar á las dedncdones del Español; y si esa lógica adolece de una falla garrafal como asegura nuestro culto adversario.
i^iteDefanies caliNcaciooes, y muy partiiMannente las soluciones á palos. son las mejores respuestas (pie se pueden dar á los argumentos que no tienen replica. Esto esfKea la conducta del Español; afortonadamente hay un publico <|ue lee y juzíra. y que dará á cada cual su merecido. El fallo '«as benigno que obtendrá el Español con sus.niíi ulos, seráeiatgttíenle: «Tú te irrique esto escribe, sino por Chateaubriand Si hubiese podido dudar iilmnia vez de la justicia y santidad de la causa ouc sustento^ mis dudas se habrian disipado 'MioléV if ^ las armas con que se me combate: cuando se echa mano del ataque contra la persona, seiial es que nada se puede responder á las razones del escritor. El Etpt^oK de alfíunos dias á esta parte, sobresale en <'Í empleo de tan triste recurso. Ya recordarán los Iecto<* res, que en concepto de ni artíeulístaRlfel i:.vpailó{,erayo un sofista, «uno de aqneHts hombres que aspiran á lasinprularidad, aunque sea á costa de la desdicha del género humano, que poseen grandes fbeníás iirto*-lectuales, á costa de todos los sentimientos del corazón;» recordarán laud)reu (jue al hablar de la temeridad de los carlistas en la cuestión dinástica, recordaba el Español aquello de las escuelas, fu^tibus est arguenUum. De todo esto me, hice cargo en el arttenlo del número anteri^; peii6<entoncM me bailaba yo muy lejos de creer que en las las. tu desciendes » personalidades; tú ca- columnas del Español habia de tener el arliticas groseramente el raciocinio de tu ad- | gumcnto de los palos ui^ lutcrmetacioo tan Vofsano; tú eiageraa sin medida la sinrazón I literal é inmediata, y que süí üíber por qnéi de los carlistas, y comparas sus pretcnsione; á los mayores absurdos del espíritu humano; luego nu tienes la ra/on de tu parle; luego m paadea «miar con ventaja en el fondo de la rneslion arin il. cjue es la <lel malrimo-Mo; porque tienes la seguridad de ser veab.'ibia do salir un corresponsal de dicho periódico con la peregrina in\encion deque el que escribe estas lineas, probablemente por sus manejos electorales, habia sufrido una paliza en un pueblo de la montafia de Cataluña. Al leer aquellas imeaSf acom|^^as ét (anta graseria y calumnia, y que tanta indignación han causado á los hombres que estiman en algo la verdad v ni decoro, yo que era el ofendido, no podia indignarme: solo senlia una impresión desagradable, semejante á la que se esperimenla al presentarse á los ojos objetos que repugnan. Si mi posición, si el honor de la causa que defiendo, si el deseo de complacer á innumerables amigos, no me impulsase á contestar, no lo baria: volvería la cabe/.a con desden, y seguiría mi camino.
El público sabe muy bien que jamás he llamado la atención sobní mi persona. No se hallan en los prólogos de mis obras aquellos preámbulos en que algunos hacen saber directa ó indirerlamente la edad que tienen, su posición personal, los desvelos que les ba costado su trabajo, y oirds cosas semejantes: los cuatro tomos del Prolestatitisfno llevan dos escasas páginas de prefacio, sobre el objeto de la obra. El Criterio salió sin una linca. Los cuatro tomos de Filosofía fundamental no tienen mas que una página corta de prólogo, también sobre el objeto de la obra; y el tomo de las Carlas á un Escéptico, va precedido de una simple advertencia de editor, mas bien que de autor. Asi hubiera continuado, y jamás hubiera ocupado al público bal)Iándole de mi humilde persona, si no supiese que el hombre colocado en cierta posición está obligado á defender su honra, si(|uiera le sea necesario decir en su abono cosas que sin este motivo no hubiera dicho nunca.
Varaos á los hechos. El dia I.° de julio salí de Madrid en h silla-cornío; llegué el 4 á Barcelona; permanecí alli cinco dias, lo único necesario para corregir las últimas pruebas de las Curtas á un Iiscéptiro que se acababan de imprimir, y algunas otras que tenia atrasadas del tomo 3.° de la Filosofía fundamental. Vi en Barcelona á muy pocas )ersonas. porque de.seaba marcharme pronto para huir del calor; y e) iO, tomando un carruaje, me fui en derechura á Vich, mi patria, donde no había estado hace cerca de cinco años, y dondcv tengo numerosos amigos que deseaban verme, como yo deseaba tener el gusto de verlos á ellos. Llegué á Vich el mismo dia. En el mes que llevo de permanencia en esta, no me he alejado nunca un cuarto de legua de las tapias de la ciudad, y he pasado alguna ve/, siete ú ocho tlias sin sa^ir du las puertas de mi casa habitación. Es fulsu, pues, que haya siüu apaleado en un pueblo de la montaña, pees tío ' be visto niuguuu, ni me he movido de Vich. desde mi venida de Barcelona..Ni en Vich, ni en sus alrededores me ha sucedido no diré un atropello, pero ni si(|uiera un lance desagradable. Por el contrario he recibido continuamente, y de hombres de todas opiniones, singulares muestras de afecto y cousideracion; y debo particulares alendo^ nes y ofrecimientos a la autoridad, tanto civil como militar. Mal informado está el Español; no solo no me ha sucedido, sino (jue estoy seguro de que no me sucederá ningún atro|)ello, ni me puede suceder.
I Tanto en Vich como en toda su comarca, I estoy en buenas relaciones con hombres de todas opiniones políticas; y lejos de que I haya de recelar malos Iralos, contaría cm I vigoroso apoyo e» todo lo que se pudiese ; referir á ta defensa de mi persona. Este es : un pais donde ignoro (pie tenga ni un solo [ enemigo [Mirsonal: adversarios pohticos leni dré; enemigo personal no conosico á nin-I guno. En uu momento de peligro llamaría ■ indistintamente á cualquiera piierla. y es-I toy.seguro de que me se abririan todas. Dice el comunicante (jue «yo había emprendido hace algunos (lías una misión por los pueblos del distrito de Vich para hacerles admitir la candidatura de un tal Konoller, furioso carlista, que no ha querido jurar ni reconocer á la Reina Isabel, y que ' fue individuo de la junta de Berga.»"Creo que ese tal Fonoller, de quien habla con j tanto desden el corresponsal del EspoMoi,.será el señor conde de Fonollar, pues ya en otro periódico se había estampado la misma ' especie, añadiéndose entonces al señor marj qués de Monislrol. Por lo que toca al marqués de Monistrol, no recuei-do haber tenido con el ninguna relación, y no le conozco ni aun de vista; y en cuanto al conde de Konollar, ignoro absolutamente que ni él haya pensado en hacerse elegir por ningún distrito de este pais, ni que ios electores hayan pensado en nombrarle. Mis relaciones con este caballero han sido muy pocas: puedo asegurar que hü hablado con él dos veces solamente en mí vida, porque mo disj)enso la honra de visitarme en Barcelona: ta una fue en el pasado julio, la otra en marzo del mismo año; y |»or lo poco que le he conocido, puedo añadir que en ve/, de hallar I cii él uu hombre fninosu, he visto im oaballero muy lino fonoctHÍor del sif-Ho, y (jue manili(>sla franca menlc sus opiniones; pero con noble/a, con prudencia v mucha templanza. No le oí ni una sola palabra de exaficracion. El sefior conde de Fonollar liene d<>masiada educación para haberme encardado á h)( de propagar su supuesta candidatura; y yo conozo íiaslante mi posición para encarjíarmc de tales cosas,.\unque no fuese por razones de otra clase, el decoro, y basta el amor propio, serian mas que sulicientes para impedirme el que descendiese basta bacer correrías jHir los pueblos rocouiendando tal ó cual candidatvra. Si no se hubiese ofre<'ido la necesidad de vindicarme, no hubiera ni aun cuidado de desmentir estas invenciones, que veia cu alfíuii periódico, y (|ue leia con el mismo desprecio con que suponjío las leeria el público; pero ya que á elto se me obliga, sfoasc que no me mezclo en lales pormenoiét, que si me mezclase en asuntos electorales, seria en otra esfera superior, desde d(m despejado, tolerante, f política. Viven ios testigos: en medio dtf ellos escribo: que me desmientan si falto tf la verdad.
•Y ])or esto, prosigue el corresponsal del Efpuñol, ha sido siem(>re nmy mal mirado del clero, basta tal punto, que cuando hizo oposiciones a una caoongia de su patria, los jueces dijeron públicameolc, que aunque él era el que habia hecho mejor oposición, no qucrian dársela porque era negro.»
Los lectores juiciosos comprenderán cuán sensible me ha de ser el bajar á ese terreno de indignas personalidades, que me hieren á mi y á otros; pero se me fuerza ¿ ello; está interesado eo este negocio mi honor, f ' yo procurare no cansar al público con esas cosas mas (|ue una sola vez: lo demás lo remediare con el desprecio, o lo castigarán los tribunales.
En circunstancias semejantes, cuando un hombre ha llegado á adquirir un carácter publico, y mucho mas si esto no lo debe á ningún empleo, sino á sus actos puramente le pudiese influir en la opinión nacional; y personales, tiene un deber de salir á la deieii.sT de su j>ersona: en esto se ínleresaa sus mismas doctrinas. Los defensores de la verdad se han crcido siempre con derecho, y á veces con obii^íacion, de rechazar las calumnias, diciendo en su abono propio lo aue fuese necesario para el honor de la verad misnia. Las imputaciones del corresponsal del Español merecen ser rechazadas con un breve resumen de mi vida: ya que él dice que los que Icen mis escritos me conocen poco, es preciso que yo me dé á conocer, ó que al menos indique las fuentes á donde los que gusten podran adquirir todas las noticias que deseen sobre mi persona. Escritores res|)elabl*'s me habian nigado que les suministrase algunas noticias para escribir mi biografía: siempre me habia negado: si fuese preciso podría citar nombres propios. Ai^radeciendo la buena voluntad, les conque ni aun estando aqui en Vich hablo de elecciones con nadie que no me hable de ello, y esto sin salir de mi casa. Pocos me han tocado esta conversación; y cuando se ha ofrecido, he dicho francamente mi modo de pensar, como lo digo en mis escritos. Conozco bien lo que me debo á mi mismo, para andar intrigando á la manera que lo supone el desventurado anónimo.
«Por lo visto, continúa el corresponsal, el Sr. Balmes ha soltado la máscara, y dccididose por los carlistas eslremos. Luego vayan vds. á creer en sos palabras, mansas en apariencia, de conciliación y olvido de todo lo pasado, con que quiero embaucar á sus lectores. Es de advertir que el Sr. Ualmes, el campeón del carlismo, habia defendido, ó al menos encomiado, en algunas ocasiones muy públicas el sistema representativo.» Falta á la verdad el corres|X)nsal del Español \ testaba que esto no merecía la pena; pero cuando esto asegura. Todo lo que he e.scrito sobre política y sobre cualquiera otra materia, lleva mi lirma: el publico lo conoce lodo; y sabe si soy consecuente. En cuanto á otras ocasiones, he hablado en público en dos puntos, en Cervera y en Vich, en sermones ó en discursos académicos; y apelo al testimonio de cuantos me han oido ))ara qne digan si jamás, jamas, me oyeron ni elogio ni vituperio del gobierno representativo, ni una palaUr**. que se rozase coa la las circunstancias han cambiado; yo la escribiré, yo mismo. Quiero que el público tenga noticia del hombre de quien habla con tan maligno misterio ese anónimo que hiere con un velo en la cara, como k) hacen los aleves.
Citaré fechas, lugares y nombres propios de personas respetables v que viven aun: quien escribe de este mo(ío y bajo su lirma, merece algún crédito; y cuando menos su testimonio es preferible al de un anoaiiuo» Digitizc its pormenores son precisos para que se veu (lau no temo las iiolitias que de mi puedan (Kir las pcr!>onas (]ue mas me conocen.
Nad en Vich el 2H de agosto de \»\0. Hice mis esludios de gramático latina, retórica y lilusolia en el seminario conciliar; estudiando alli mismo un aüo de teología. En todo este tiempo no sufrí ninguna reprensión |)or mi condiwla: hable la secretaria del colegio; hablen los profesores, de los cuales flan viven algunos: el doctor I). José Aguilor, actual canónigo penitenciario de (ierona; el doctor Coma, actual canónigo magistral de Solsona: alguna breve temporada el doctor I). Jainw Soler, actual canónigo magistral de Vich; y el doctor Tuscll, actual cura párroco de San Boy de Llusa-■és. Nadie me vio en otro lugar que en mi casa, en la iglesia, en el colegio, en algunas casas de los regulares con quienes tenia frecuentes relaciones, y en la biblioteca e|)iscopal, donde me bailaba mientras estaba abierta.
El ai^o 2fi, el difunto obispo de Vich el «cflor don Pablo de Jesús de Corcucra y Caserta, me agració con una beca en el Real colegio de San Carlos de la universidad de Cervera. Es de advertir que este señor obi.spoera sumamente celoso, muy delicado en materias políticas, y sobremanera vigilante en todo lo concerniente al modo de pensar y á la conducta de los estudiantes. Lo sabe toda la diócesis de Vich: lo saben todos cuantos le conocieron en SigUenza, cuando estaba de rector en el seminario; y precisamente hay en Madrid una ])ersoua que le habia tratado mucho y se habia formado bajo su dirección, mi amigo el respetable Padre Carasa, de la Compañía de Jesús. Pongo esos pormenores para que se vea que un tal nombramiento para colegial,, y eso entre muchos otros pretendientes, supone buena reputación en el agraciado. ♦ Pasé al colegio de San Carlos, y emprendí mi carrera de teología en la universidad de Cervera. Viven aun los dos redores que hubo en el colegio. el doctor don Felipe Minguell, y el doctor don Vicente Pou. El primero está en Cervera; el segundo se llalla emigrado en Francia, según creo. Estos señores podrían atestiguar si tuvieron que reprenderme ni una sola vez, ni (>or mi conduela, ni por mis opiniones; y si por el contrario no me dieron repetidas pruebas de afecto y apn^cio. A la sazón la disciplina es- I colar era «evera; habia el (ribuflal que te llamaba de censura; jumas sufrí ui lamas i peipieña reprensión, ni auionestaciou. Mucbos de sus miembros viven aun; unos se: hallan en España, otros están emigrados. .Mis catedráticos fueron el dominico P. }1. Uarri, ya difunto, y que durante toda la , carrera me dio pruebas publicas de un afecto muy especial; el ductor Cui.\al, canouigD de Tarragona, que seguu creo se halla emigrado eu Francia: lo fue por breve tiempu el padre dominico Xarrié, que se halla ca; Italia; el doctor Ricard, que se halla en Le-I rida; el doctor Cali, que seguu he oído se! halla en el obispado de Saluuiauca. Todos ' podrían testUicar si jamas les di, ni por mi " I conducta, ni por mis opiiiioiu's. motivo de: queja.
I Ilice mi carrera, recibí los grados de hall chiller y licenciado eu teología coa las notas! que constan en lasecrelaria de la univcrsi-'I dad. I^s tem|>uradas de vacaciones las pasaba en Vich, donde estaba en la biblioteca desde que se abria hasta que se cerraba, coiiK) es publico eu esta ciudad.
(ioucluida la carrera en 1 833, hice oposición á una cátedra de teología en la universid^id a mediados de octubre; y a principios de noviembre del mismo nüo hice la ' oposición á lacanougia magistral de la catedral de Vich, de que habla el aa<»uimo del Español. Este asegura (jue alos jueces dijt!-ron públicamenle, que aun(|uc yo era el que había hecho mejor oposición, no querían I dármela porque era veqro.a De semejante cargo podría yo desenteoderme, porque mas ' bien hiere al cabildo que a mi; pero no quiero dejarlo sin respuesta. Los lectores juicio sos saben lo que en tales casos sucede cu poblaciones de poco vecindario: estos asuntos llaman vivamente la atención, y como unos se interesan por uno, otros por otro, naluralmenle se habla en pro y cu contra, y corren pequeños chismes; óue desprecia I quien tenga miras elevadas. 1ío era hijo de la misma ciudad; era mas joven que mis contrincantes, y por esto llamaba la atención; y algunos se interesaban por mi basta con calor. En este cho(]ue, no sé si alguien diría que \o era negro o blanco, o de otro í color, porque hace largo tiempo que tea^o por regla de conducta, cum|)lír mis deberes ' y despreciar vulgaridades; pero lo que puedo asegurar es lo siguiente: 1.** Que ni entonces ni después ui nunca que ningún i.auóDÍ^u liuliii ^e Ju liu que yo era ni>M-o uí blanco, ni tampoco ninj^uoa [wlalira que ])udicse ofenderme en lo mas luuiiuio.
, 2." Üuc lodoü los cauónigos me fclicilaroQ con espresiones, de cuya üiuucridad no lue es posible dudar.
3.° Que iKtóleriorracnte he seguido en bueoai relaciones con lodos, y estas ban sido siempre y son abora de intima amislad con el individuo (jue fue agraciado coa la canongia, el señor doctor don Jaime Soler. Igual intimidad be tenido siempre y tengo todavía con el olro contrincante el doctor don Jaime Pasarell, actual secretaria del gobierno eclesiástico y catedrático del colegio.
Ed cuanto á ser lo (|ue se añade, mal visto del i lero, lo que puedo asegiirar es lo giguieutf.- .. 4 Q»ic no conozco ni un solo eclesiástico en tuda la diócesis, que se halle indispuesto (oumigo.
- 2." Que asi antes de la época de la oposición, como después, be estado en las mejores relaciones con todas las clases del clero, y eu |Kirlii ular con los principales individuos del mismo, incluso ci señor gobernador de la diócesis, i.
3." Que lejos de sospecharse de mis doctrinas, se me concedieron por la autoridad compelenle, hace ya muchos años, licencias para leer libres i)robibidos, como y cuando yo (luLsc.
Estos son los bcciios; los testigos viven aun.