SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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Y si en 1808 nada se vio en Kspaña de : movimiento liberal, si las ideas IíIr' rales no asomaban si(piiera en nuestro horizonte, si los motivos del alzamiento lucnm el Heif y la Heliuion, ¿cómo puede sostenerse ipie fuese la libertad una condición necesaria del desarrollo del alzamiento, y ayuda indispensable sin la (|uc las ideas numánpiicas y religiosas no hubieran sostenido la guerra en 1812? ¿Se ha olvidado acaso la imprudente conducta de muchos de los (pie se j aiiellidaban sostenedores de la nueva causa? ¿So se halla generalmente reconocido que aun cuando esta no hubiese |)erecido por los elementos de muerte (pie abrigaba en su seno, debia morir por la inconcebible imprevisión y ceguedad de algunos (pie prelendiatt apoyarla? Kse espíritu de libertad (|ue solo se desarrollaba en un ángulo de la Península y en un circulo de |M>rsouas muy reducido, en un lugar (pie, jM)r la situación de los ejércitos enemigos, estaba (asi iucomunic-ado á la sazón con el resto de España, esa libertad (pie en su esencia y en su forma era im{)orta(Ja del eslrangem, (pie fue consignada en un código que es {h>co menos (|ue una copia literal de la primera constituciim francesa; esa lil>ertiid que si en su forma }>obtica revelaba tan paladinamente su origen francés, tenia ademas la desgracia de (juc muchos ({ue se apellidaban sus defensores, proclamaban sin embozo his principios difundidos en Francia |Mir la escuela lilosolica del siglo décimooctavo; esa lilH>rlad (pie se inaugural>a con los discursos de las Cortes ronslilii\ iMitcs, con los artículos de la pr«»nsa (le sil partido, y ii ruyn soinhrii ii|)an'<ia el DiiTÍoiiario C.rilico Burlesco; esa libertad repelimos, ¿«pie sim|>alias podia encontrar en los corazones es|>{ifioles? ¿cómo es [)osihle contarla como una du las ideas <pie pro-(hijvntn el niila^^ro de nuestra heroica defensa? ¿yuií tenia (|ue ver esa libertad con el n(d)le sentimiento de la independencia de la patria, con la {ícnerosa indignación «pie levantaba los |ieclios cs|»añoles al recordar el des|)otismo de un privado tpie en época recienlií rebajara la nuif^eslad del trono, emptiñára el lnstrt> de la corona de Castilla, y condujera la nación hasta los pies del usurpador para ser carjíada de cadenas, si no la salvan) uno de aquellos impetuosos arranipies (|ue dislin¿;uen á esc pueblo hidalgo y valiente?

No se reparaba entonces, dice el señor "Pacheco, en el antagonismo que entre ellas nhabia de declararse: aliados contra el enenuiigo común los sostenedores de la una y «de las otras, su unión utili/.o los sacrificios ny dilato la liu-ba hasta los grandes acontexciniienlos euro()eos de 1X13.» No parece sino (|ue el ilustre escritor se ha olvidado de los nudosos sucesos y de las acaloradas polémicas con míe se manifestó el antagonismo de esas ioeas, asi en la tribuna como en la prensa. Ahí están las colecciones de las sesiones de Cortes, y de los periódicos de locjKK'a: ahi están los escritos del P. Velez, del Filós4)to Kancio y del Filosofo de Antaño, <ionde se halla consignado de un modo claro y con testimonios irrecusables, el brusco choíjuc con (pie se an-cmetieron los dos principios opuestos, desde los primeros momenUts de encontrarse cara á cara en una misma arena. V no podia ser de otro modo, atendida la naturale/a de los hombres y de las cosas; pues no calíe ipiií vivan en buena |Ki7. y arnumia dos principios de los cualeg el uno se empeña <'on todas sus fuerzas en desalojar al otro. (] nandú la apariciim de la eticuela volteriana en España, el principio católico que hasta entonces habia estado en pacilica |)osesion de los h(»mbres y de las instituciones, debió naturalmente empeñarse en cíMisi'rvar lo (|ue poseia, nM'hazando á su enemigo nato que era la impiedad. E^la K)r su parte. como (|ue se sentía débil por su |MK-o arraigo, y por encontrarse limitada a un número de jH^rsonas muy escaso. ansiaba naturalmente eslciidersu influencia, ha- Iciéndolo con aquel ardor imprudenfe de (|up suelen dejarse arrastrar las ideas noveles en ¡ los primeros tiem|M»s de su introducción en I un pais. Kn una palabra, las ideas irreligión I sas eran a la sa/on propagandistas; v de esto debió resultar una lucha acalorada. tena^, á. muerte, que empeñando en seguida en la contieiula á los dilerentes |)artidos ípie se iban formando, echó el germen de las hondas discordias, intestinas que nos han devorado |K>r espacio de treinta años.

Cuando esto de< imos. no perdemos de I vista los diferentes aspi'clos bajo los cuales se ha prasentado en F.spaña (>1 principio opuesto a la religión dominante. Bien saltemos «pie no siempre se ha ostentado con desembozo mostrando á secas las formas de la escuela encíclo{)édica: no se nos oculta que ora ha invíM-ado el restablecimiento de la antigua disciplina afectando un profundo acatamiento álos antiguos cánones, ora se ha contentado con declamar contra los abusos y ponderar la necesidad de algunas reformas mas o menos considerables; |M'ro lo cierto es que todo esto se ha mira<locomo de un origen común, como dirigido:i un mismo objeto, aue se han tenido por ilegítimos los medios c que se quería echar mano para plantear las reformas, y (pie las protestas hechas |K>r ¡ sus autores de su adhesión á la Religión, no se han creído sinceras.

Este hecho se pn'sento ya muy de bulto en la primera época de la aparición de las I ideas nuevas en Füspaña; y <|ue est») hirió la religiosidad de los es|wñoles. pruébalo el haberse puesto de la |>arte adversa la mayoría de la nación. Sí asi no fuera, ¿como se podría esplícar que Fernando á su vuelta de Francia ilisipasc con una.sola palabra las innovaciones planteadas en su ausencia? se dirá «pii/.ás (pie el ejército ofreciendo ai Rey su apoyo, dominó la voluntad nacional forzándola á obedecer las- órdenes del monarca: )ero ¿(pié puede un ejército contra la mayona de una nación valiente y aguerrida, y ' (|ue ha sentido toda la plenitud de sus fuerzas en una dilatada lucha de seis años contra; los ejércitos del capitán del siglo? Pónganse la mano sobre el |K'cho los hombres (pie en aquella epcK'a iiguralian en las lilas de la libertad, y dígannos si no sintieron contra si algo de mas abrumador (pie la fuerza de las iKivonetas, si no sentían en rededor suvo el |)esf) de la opinión |>iiblíca c|iie |)roniinciada contra ellos de un modo terrible, los agobialiiouiu una almúsfoia sofocante; dígannos si no es verdad t|ui' al \erse |wm s(',i:iiÍ(I(>s por Fernando se emoulraroii solos, aislados rou sus leonas y sus libros, iiero abandonados de la generalidad del pueblo que ciubriagadft-CM los recientes triuiitos contra el inva-90r ÍMran^crü, corria a vitorear al Rey, cuya vuelta consideraba como el colmo de la dicha, como la inauguración solemne del porvenir mas venturoso.

Y cuenta, (¡ue al consignar aqui estos hechos, (jue para nosotros son claros como la liiz del día, no tratamos de justilicar en lodo la conducta de Fernando, ni en las medidas que tomó á [toco de su regreso de Francia, ni en la dirección (|ue dio a su gobierno en los seis añas siguientes. Sin participar de la ilusión de algunos (pie.se imaginan que Ivfuturoe» destinos de EsiKu'ia estuvieron de tal suerte en manos de Fernando, que una atuducla mas prudente de su parle hubiera [lüdido facihnunle labrar nuestra felicidad, creenuts nu olkstanle (pie se hiü)ieran podido evitar algunos males, si la l'rovidi'ucia nos hubiese deparado un Uey de carácter mas linnc V de miras mas elevadas. Ni supo jirevenir l^revolucion, ni dirigirla; no acertó a concK-er el siglo en (pie vivia, ni las cir-•BOslantias que rodeaban el trono; a.si es tfat su reinado fue una serie de reacciones, le^iándonos la cadena de males que nos eslan agobiando, y cuyo remeJio por ahora no se prevé.

Hcro volviendo al pi inci|>al objeto (pie nos ocupa, siempre se presentaa los ojos como un heclio sobresaliente, la religiosidad de la in- MDsa mayuna de la nación española. (|ue aflojada en la balanza \yor uno de los parti- 4k polilico.s. decidia la conlientla con su eaomie ()eso, abrumando a los adversarios «m su fuerr.a aterradora.

Durante la época de IS2() á IH2.'} se nre- N-Diode bulto el uiLsmo fenómeno: y salvas las diferencias (juc consigo llevaban las circon-ülnncias, todo fue lo mismo, las causas y l« efectos, viiiii iulost' a parar a un resultado idéntico.

Por lo (|iie t(K'a a la última guerra de los Siete afios, conioque esUui muy recientes los ncesos. y i|ue lodos liemos sido sus testigos oculares, no sí>ra menester tra/.ar ninguna meftadc U>s hechos, ni entrelencrse en invotigar y deslindar.su nalurale/.a y origen; liista recordar que la guerra se iba encen- Jieudo mas viva. a pro[>4írcion (|ue se coinelian los 4M|IÍ|0 contra los objetos religio-. sos. Ciñémhnos a Cataluña, fácil es rct^ordar (pie el incremonlo insl.inUineo de la sublevación tuvo lugar en el verano de IH3o. y todos sabemos las horrorosas escenas (pn; se h<d)ian pr.-senciado poco antes con el incendio de los conventos.

Ré.sulta de todo eslo,que la religiosidad del pueblo esjjañol es un hecho, no solo indicado por el análisis de las causas morales que han obrado cq £spaña, sino también conlirmado de un mudo irrecusable |M)r cU curso de los acontecimientos.

Se nos (lira tal vez (pie la Religión no ha sido un verdadero mnlivtt, sino un preteslo: (pie lo (pie se agitaba en el fondo no eranintereses espirituales sino maleriales; t\ui' en tiempos de turbulencias los partidos políticos echan mano de cuanto les puede favorecer para alcanzar ventaja sobre sus adversarios; y que la Religión no ha jugado en todas nuestras disi-(»r(lias mas (|ue coim» arma áv partido; que no se ha encontrado en la arena como una idea viva y fecunda, sino como una enseña mentida, para cubrir con un iKMubre augusto miras ambiciosas, intereses puramente terrenos. No entraremos en conti'slaciones para a'balir esa reolica. (pie. es la pretendida solución que se (la comunmente á los argumentos arriba indicados; yase deja enteutler (pie nosotros miramos Ionhechos muy de otra manera, y (|ue no nos.sentimos inclinados á condenar como culpables de mala fe á clases res|M'tables; peroprescindiremos en la actualidad de lodo esto, porque no lo necesilamos para el objeto que Bos ocupa. Bástanos presentar en pocas pa-I labras un cnntraréplica, (|ue pondrá de maniliesto cuan incongruente es l(ido lo conte-i nido en la réplica indicada, si se trata de desvanecer c(m ella los argumi'nt(ts aducidos en prueba de la i-eligiosidad del pueblo español, t, Demos por supuesto (|ue en nuestras dis-n cordias civiles no haya figurado la Religion>A sino como un preteslo, como arma de par--tido; ¿qué se infiere de aqui? Lo (pie se in»» (¡ere con toda evidení^ia es, que ese pnítestoc" debia de s(!r muy fuerte para la generali-»- dad de la nación, cuando Je él se a|>odenw^ han los partidos como de arma escogida; \&r «pie se iníieie con toda evidencia es, (pie lar»' mavoria de la nación era religiosa, pues(ple^ cuaudo se trataba de enemistarla con unalP! cau.sa y de interesarla |M»r otra, se procla-^ Digitized Ge maha f\ttc nerosario defender la Relifíion, y salvarla de los aUupies de sus eneniifíos.

re|)elinios; es menester no dejarse alu(-i«ar por el espíritu de irreligión que pivvalere en alf^inos eircuhts muy reducidos: la mayoría de la nación no piensa asi; sino que a|>egada a las ideas, á los hábitos, a las costund)res que se le lian trasmitido conu) herencia de íarjíos sigilos, consérvase aiiicta a la Uelipon: y no han bastado á apartarla de ella todos los esfuerzos de la impiedad, y to(h)S los sacudimientos que la han trabajado [K»r es|>acio de.'Jil años. No parece sino que en la actualidad la nación entera se apresura á protestar contra las tendencias irrelifriosas. y que con su asistencia á las grandes solemnidades de la Iftlesia se cm|)eña en dar la mas elociieDlc cmlestacion á los que aseguran <|ue las ideas y pnicticas relifíiosas son va en Es|iaña un resorte im|)oteiite, un elemento de poco valer. En la ultima Semana Santa ha sido tan notable este hecho tpie ha llamado la atención de la prensa de todos los colores. Se ha dicho que en esto mediaba mucha hi- ¡íocresia; sea lo que fuere. siemj)re es cierto que un pueblo en masa nunca es hii)ócrita; v que si fuera verdad que alírunos imlividuos hiiniesen manifestado devoción solo por hijKM resia, esto seria una prueba evidente de (|ue esos hombres no pueden cerrar los ojos á la luz de los hechos, y «pie conocen que la generalidad del pueblo español es relifíioso. supuesto (pie en tratándose de í^ranítearse su buena voluntad, se hace gala de sentimientos religiosos.

(loncliiiremos con una observación que no debe nunca perderse de vista cuando se trata de religiosidad de la nación española, cual es, que esta religiosidad no es un sentimiento vago y contuso, sino que es la adhesión al (latolicismo. Kn España no hay medio entre la Religión (^'itólica y la incredulidad; quien no es católico no se toma la pena de nacerse protestante, ú otra cosa «pie se le parezca, sino (^ue vive en el escepticismo religioso, sin fatigarse en examinar cuál es de las sectas disidentes la <pie n>as le agrada..\un entre los escépticos se observa que no domina ya el sentimiento de aversiim á las ideas religi<»sas que se noto en otras épocas: afortunadamente van reduciéndose cada dia a menor número los fanáticos de la impiedad. los hombres que se sal>orean en declamar con impotente furor, contra lodo lo que hay de mas santo en la tierra y en el cielo. I.a opinión publica la juzgara: y no dudamos tpie este fallo.seri conforme á lo que reclama la verdad, y á lo que exige hasta el mismo espirita (leí siglo.

LA ESTERILIIIAD DE I.X PuMmaJo «n Bwcctonii é prinrjpíM •i» IkvI Una y mil veces hemos renexiona(io sobre las anomalías (lue en tanto numero nos ofrece la historia ae Esi>aña de 30 años á esta parte. con la mira de esplicamos á nosotros mismos. cuáles son las cansas que las han producido: |>oi-(pio asi en la naturaleza, como en la sociedad, nada se verifica sin razón suficiente. Decir que en España tres y dos no hacen cinco, puílo ser uHh ocurrencia feliz para espresar lo estraño de los acontecimientos que en ella se verifican, y lo raro é imprevisto de las maneras con que se desenlazan; pero en la realidad, con semejante fórmula nada se esplica, solo se confiesa una falla de comu-imiento; pues que en sobreviniendo algún suceso cstra\'agante que no parecían |»rometcr las cosas en su curso ordinario, decir anomalía, es io mismo (pie decir ignorancia de causa.

Esta consideración escita y convida á desentrañar y analizar los elementos constitutivos de nuestra revolución, y á indagar si encierra algo (pie esencialmente la distinga de las otras, supuesto que, ni en su origen, ni en su progreso, ni en su decadencia, nada presenta de común con ellas, si no es el funesto cortejo de disturbios y calamidades. Y es notable (lue las demás se ilustraron siquiera con el brillo de sus grandes hombres; asi en el bien como en el mal mostraron dimensiones colo.'^ales; en su estenso horizonte se descubría sin cesar ó el iris ciñeiido con hermosísima zima de variados colores el firmamento, y estribando sobn* los polos del mundo, o la negra ten-. >estad liatiendo sus estrepitosas alas s(d)re la tierra estremecida. y arrojando en todas (iirüccionps panizo y fuego. Knlrc nosotros uda se ha >isto sniH'jantc, ni nii ^'ninilo hiombrp, ni un hecho ^^ranile, Unió reducido, cireunsí rito á breve espacio, me7.(|uino: el mnl sin rom|)ensaciun, el híen sin resultado.

Difidl seria indicar un (KMisaniionto de gobierno, un l>eneiício administrativo, una . «M'jora social, un adclaiilo en las ciencias y arles, acontecimientos íínuides, ln'chos ftlorioeos, brotando del seno de la revoiufion: ¡mié neí|ueñc/. en sus principios! ¡qué jpcertidumim', qué aberraciones en su mn-hn!.Menf:ua<ia revolución que nacida en lu^'ar retirado, á guisa de bastardo, | muere |)or el simple decreto de un monarca; que resucita por medio de una insurrección militar en la isla, y que huye pavorosa, y perece de nncvó, por solo asomar en la cumbre de los Pirineos el pabellón trances, rodeado de cien mil soldados bisónos; esc iMbeilon que ikk-o antes habia tenido que nfimillarse en la misma Ks|)aña, no end>ar- ^ante el andar escoltado de medio millón de veteranos, vencedores de £uropa. Las verdaderas revoluciones no se paran, no tienen Ínter <o|)ulcrales de seis y luego de dic/ -. iniirchan siempre, arrollan, \uelcau, pulverizan cuanto encuentran en su catrera; jwrque tienen un ímpetu irresistible; y á manera de rio desbordado, no cal>e tn fuerzas humanas hacerlas entrar en su Boce ha.sta (|ue lleua el momento en que la Providencia dice: basta.

¿Hallarse muirá la razón de semejante fWMÉnilln en alf^Min vicio de canicter del pue- ÍMo español? ¿Carecemos por ventura de ^♦nertíia? ¿Se |)erdieron quizas las írrandes . c.ilidatles con <jue se inmortalizaron nnestrtvs Mnavores? ¿Sí»rá cpie la patria de los (ionza-■ I Cónloba, de los ('isneros. de los Lwiii -. s, no conserve su antigua fecundidad, que haya sido tocada de esterilidad ^nominiosn? ¿será que el sol no brille sobre "«•otiotros con la misma luz (jue resplandecie-Ttalla en felices tiempos cuando no se |)onia sobre el imperio español? ¿Será que indigna «role de aquellos ínclitos varones que asómraron el mundo c()n la fama de sus hcroi-. ías hazañas, no corra por nuestras venas c la hidalga sangre que derramada en Europa, | a jMfhl Africa y en América, engastaba en la diadema dé los monarcas espafjoles, perlas de inestimable valor, y franqueaba á la c¡- dondc habían de flotar un dia con tanta gloria los p;d>ellones de la tiran Bretaña, de la Francia, de los conq)atricios de Washington? no podemos creerlo. No está lejano íle nosotros el año de <f<08. Vive todavía la generación que presenció el inmortal alzamiento, en que un pin-blo sin Rey, sin gobierno, sin caudillos, sin preceder combinación alguna, se levantó conm un solo hombre. y se arrojó denodado a la arriesgada palestra, en cuyos formidables trances |>8lideci(>ran los potentados de Euro|>a. Aquello fue grande, inmenso, único en la historia de este siglo, ponpie fue nacional, |)onjue no fue obra de estos ó aquellos hombres, no fue la realización de premeditados proyectos, sino el resultado natural, espontáneo de las ideas y costumbres de la generalidad de los españoles; por esto al resonar el primer grito, al oirse los primeros vítores á la independencia de la atria, respondieron con eco instantáneo los cuatro ángulos de la Península, y brillaron en lodos sus puntos las armas. como á la voz de un gefe relampaguean en un grande ejército, bayonetas, espadas y lanzas. • Tenemos poca fé en la degeneración de las razas; opinamos que cuando existe, dimana en buena parte del sistema religiose, ^ soi-ial y político á que se hallan sometidas, y asi no podemos creer que la raza española no sea la misma (pie en los dias de su pujanza y gloria. Ademas, que no bastan treinta años para (pie un pueblo decaiga; v no data de mas antiguo la época en (pie el español se mostró el mas tenaz, el mas osado y brioso del inimdo. No es pues el carácter español la causa de la mezquindad de nuestra revolución; no dimana de ahí, el ((ue inmediatamente después de un movimiento coló- * sal. todo se disminuyera y achicara; la verdadeni causa está eii la impopularidad de todo lo intentado por la revolución, en (|ue la inmensa mayoría no ha íigurado en esas miserables escenas, donde se ha querido parodiar lo acontecido en otros pnises.

La revohicion para ser tal, debe arrancar del mismo [)ueblo; de él y solo de él puede sacar su fuerza; jionpie la revolución se hae para deslniir lo existente, para desposeer I (¡ue está en posesión, para arrebatar las riendas de la sociedad de mano de algunas clases, para apoderarse de ciertas ventajas ^ _ que ellas disfrutan, ó principalmente, con vilizarioD europea los anchos derroteros I entera esclusion de las demás; y por lo misuto se halla precisada a luchar con instiluciones arraifitídas. con iiilereses ruhuslus, f|ue sintiendo el peligro se coligan |)ara de- I énderst»; y asi no puede proníelcrse el triunfo, ni comenzar siquiera con im|K>nenle enil)eslida, ú no tener de su parle el pueblo, é no disponer de ese irresistible ariete, cuyo tremendo jiolpe derriba en un instante ios mas iirmes i>aluartes. Kn no siendo asi, luiy una serie de conspiraciones, iK'ro no una! verdadera revolución; hay motines, iusur-, recciones, guerra civil; iK'ro no la revolución verdadera, no aquella revolución que arroja In oleada popular sobre cuanto existe y lo hace desaparecer.

Aplicad estas rcllexiones á nuestra historia, y ved si no comprendéis las indicadas anomalías. Recordad la ^{loriosa é|H)ca de que | hemos hablado, y conoceréis que desde ea- ' loDces no ha existido un movimiento verda- ' dcramente nacional: mil veces se ha emplea-, do este nombre, pero otras tantas al través de un velo mas ó menos opeo, se han tras- |! lucido las intrigas de los partidos, de las |)andillas ó de las personas. Asi no se han visto entre nosotros grandes hombres acaudillando lo que se ha llamado revoIuci(»n; porque no surgen grandes caudillos donde no hay | grandes ejércitos «lue capitanear; a los motines les bastan algunos geles turbulentos; al bullicio remedador del clamoreo popular, le liaslan adocenados tribunos á pro|>ósíto I para vulgares |)eroratas; hombres couío Miral)eau necesitan una asamblea constituyente; hombres como Washington han menester á sus espaldas una nación entera sobre las armas.

Notadlo bien, en ciertos puntos de la I*e- • ninsula, en las varias é{)ocas de nuestros i disturbios, se han hecho insurrecciones \cr- ' daderamente |>oi>ulares; pues bien, alli no haii faltado caudillos: el n)ovimiento de Navarra y provincias vascongadas, se personiticó eo Zumalacárrogui. ¿Creis que si |a revolución hubiese sido popular en Estriña, [ habria atravesado tantos años, sin darse un gefe digno de ella? ¿Oeeis que ciertos hombres (|ue han descollado mas o menos, no se habrían |)resenlado con mayores dimensiones, no se habrían agrandado, inspirados por el aliento nacional? Pero ¿que ha de ser de quien invoca al pueblo.sabiendo de antemano que el pueblo le al>orrccc, de quien apellida libertad, brindando con este nombre á pueblo que la mira con desconiiau- /a si no con ojeriza, fmr temor de ípie ixíí^ bandera en cu\o alrededor se agrupen lot enemigos de las ¡deas e instituciones que le son mascaras? Esta era la situación de los hombres que se empeñaron en inocularnos la.s ideas revolucionarias; se sentían llacos; minado el terreno que pisaban, veían por do quiera muchos y poderoMís adversarios; sabían iiuiN bien ({ue la popularidad era cu sus labios una palabra vana; ellos mismos c^)nfesaban (|ue eran necesarias nuevas generaciones j)ara (jue pudiesen popularizarse en España las ideas por ellos propalailas; \ asi, ora caían en el desaliento, ora en la exaltación de un ánimo e\as|K'rado; ora limílabim á |>asos disimulados encubriendo sus designios con paliativos, ora se abandonaban a la exageración, nacida de ladíiícultad en vencerla resistencia; echando en cara al nnsnio pueblo la ignorancia de sus propios intereses, |>or<|ue no ({uería aquella imaginaria felicidad (|ue ellos se obstinaban en proporcionarle.

La revolución propiamente dicha, nunca ha tenido en España al pueblo de su parte: a no ser que por pueblo se entiendan algunas docenas de gritadores (|ue aplaudían ó desaprobalKin en las tribunas de C^adiz eu tiempo de las Cortes estraordiuarías, ó los que acouípañaban el retrato de Riego por las calles de.Madrid, ó los <|ue insultaban á las reinas en su palacio, cuando los sucesos de la Granja. Esta impooularídad de la revolución española, ha sido la causa de su esterilidad inconcebible; de ahí dimano que se desaprovechase el alzamiento de I8U8 y la victoria (|ue fue su resultado; de ahí pro»:, vino que desde fM4 entrásemos en la carrera de las reacciones; y que eu lo sucesivo no se haya podido plantear un gobierno ver>. daderamente nacional, que >íntien(losu prot)ia fuerza.se dedicase con jibiiico á labrar a prosperidad publi(^i ^ De ahí ha dimanado también el que las reacciones hayan sido muy violentas, mas eficaces que en otros países, alcalizando á destruir de un golpe larga serie do hechos consumados, y á restablecer las cosas en el estado que tenían antes de los vaivenes de la revolución. Cul{)ase á veces este sisteméobservado en Es|)aña; y no se advierte qu^f mas bien (|ue si^tema era un resultado natural de la disposición de los ánimos, y de la fuerza con que se sentían los vencedores. En Es|>aña, como en todas las naciones. del mundo, el partido que ha derrocado T sojuzgado á su ail versarlo con la fuer- 7a (\c l«s armas, tiende á horrar el rastro de la duuiinacion al>orreckla. a estirpar toéo cuanto pudiera favorecerla en adelante, y á rodearse de los intereses antii;nos y nuevos que asej^uren la duración del triunfo. I>o que otras veces ha siicedido en las varias reacciones, no seria dable repetirlo ahora; ¿y (wr qué? ponpie la n'volucion se ha este nü ido mas, porque ha tenido mas lienqm para asegurar su obra. Los hechos consumados no se respetan si ellos no son bastante fwrtes para hacerse respetar, (pie si lo son, la nrresulad se a|M'llida frenerosidad, y el miedo, indulgencia prudente.

Para que una revolución pueda llamarse oai'ioiial. no pretendemos <pie tenga en su fiTor el voto de la totalidad de los individuos, ni aun de las clases; sabemos que esto es poco menos que imposible, á no ser que se trate de iiuKqH'nd«Micia; y aun entonces debe suponerse que no ha precedido nada c<hi «{ue pueda!>astardear el acontecimiento. I*e-! <M!ii menos es indispensable <|ue una 1' i^^itlerable de la nación este preparada en el sentido revolucionario, y que en pos de las cabe/.as ardientes e innovadoras, viya una respetable imisa |)<>pular (|ue les pueda servir como de brazo. Si las ideas estan limitadas a espacio reducido, si no han tenido medios ó tiempo para propagarse entre el pueblo, no formaran masque una es-Otela hlosotica, la cual entn>gada a sus solos rrrursosjKMlrá urdir intrigas, promover conspiraciones, e.scitar disturbios, pero no levantará esas grandes tempestades que apellida-»os revoluciones.

Tampoco preteuíh'mosípie tamaños a<'ontecimientos hayan de andar sienq)rc guiados poruña idea tija, mari-haiido a un término oaiao y determinado, al contrario, de esta SMHte se les quitaría tal vez una gran parte és SQ fuerza, se abatiera su vuelo, se (|uchrantara su energía. Se necesitan sí, en una wiedad vieja )K>derosos elementos de dis-, de agitación; principios disolventes que rompan los lazos y debiliten todas las instituciones existentes; se necesitan ideas nii ■ seductoras, que hagan fermentar 1.1,is, (pie inllamen los corazones. (|ue deslumhren con 1» perspcliva de un brillante pecvenir: |M)r venir, sise(piiere, incierlo, tifQB, lluctuante, como un hermoso ^rupo ealt eslreinidad dt'l horizofile; |>ero (|ue puf io BMunoe;} mas hechicero, ejerce un intUijo I!

mas decidido, atrayendo con tanta mas fuerza, cuanto no puede sujetarse al examen de la stnera razón.

En la revolución inglesa no habia ciertamente unidad de {)ensam¡ento, y en la variedad de fases que presentó en su curso, y en la resistencia que le salió al |)aso, bien se deja conocer la muchedumbre de c^iisast que se combinaban |)ara producir aquella serie de catástrofes (|ue alligieron á la (íran Bretaña; pero menester es confesar, que en aquella inlinidad de tendencias que dilicilmenle pueden clasificarse, y mucho menos reducirse á un solo punto, ni en su origen ni en su lin, descuella el fanatismo rc^ligioso, arrollándolo todo, dominándolo todo, inflamándolo todo. La interpretación de la sagrada Kscritura. eni*omendada al espíritu privado, la difusión de la Biblia entre las clases ignorantes v de pasiones enérgicas, produjo una mucíiedurtibre de fanáticos que descarriados por doctrinas estravagantes y embriagados de un orgullo feroz, cayeron en el mas inaudito frenesí. La revoluci(m tendia á derrocar la dignidad real, y st^ apoyaba en iipiella inmensa turba de insensatos que lla> maban á los reyes, delegados de la prostituta de Babilonia. La revoluci(m tendia á derribar los restos de la gerarquia eclesiástica, respetados por el cisma antiguo; y sosteníase con exaltación (pie era conveniente alMilir el sacerdocio, ^M)rque los sacerdotes eran los servidores de Satanás. l.,a revolución tendía á nivelar, v no consentía ni siquiera la desigualdad de la ciencia; y con un sacrilego abuso de la sagrada Escritura, se condenaba la ciencia como invención pagana, y las universidades como planteles de im|>iedad.