SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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La revolución no señalaba á punto fijo donde se hallaba el bien, pero designaba todo lo existente como un mal; no tenia, ponpic le era im|K>sible, un pensamiento re|>arador, pero sí un terrible instinto destructor. Este instinto habia trastornado las cabezas de muchísimos sectarios; y si bien no estaba con ellos la totalidad del pueblo inglés, eran no obstiuite en tan crccitío número, que ayudados de su ardor y vehemencia, jwdian representar |>or un tiempo bastante largo el voto de la mayoría de los ingleses; sobre lodo estribando en principios generalmente adoptados en el pais desdt^ el cisma de Enri-(|ue VIH, V no haciendo mas (pie sacar las consecuencias de lo que un siglo antes se cslableciera como inconcuso, kai Cromwell oxallando tístc fanatismo y onderoz.inriolo há- || mente so desenvolvieron y manifesinroii «-n Üilincnte al blanco de sos miras, iiiareliaba a | ios años inmediatos; y tanipoeu puede pola dicladura por el camino de la popularidad. | nene' en duda, que aun aquellos misnws l ia revolución francesa alcanxó dimemio-Bivtau colosales y produjo tan inmensos eon-SMNiAncias, poraue se apoyó también en el pueblov porqae tas dotlrimg nuMut^ ta^ nMHkMH» grandes estragos durante un si- •rlo. ponjtje las institiieiones antiffuas estaban ya minadas |H)r su hnse. |>oi-(pic antes de Consumarse Iq revolueion en los heobod se li;d)i;i ronsumado en las ideas. Los ronibusLihlcs estaban amontonados, solo faltaba «M chisiia para rmc d fbcgo prendiesei'Séntemplad la asamblea popular en los primeros niomeiilds de su cxistciK ia. y desdo loeco veréis la asanibleii i|iie ha de constituirse indUpAlilini» de los ooMes, del clero y del tronó; que ha de al)sorl>er todos los poderes, concentrarlos en su ¿euo, erigirse en soliertna, dando por et múmentñ la ley á la Francia y abriendo la puerta á la Convención. Alü. sin rcllexionar, descubriréis ins(iiiti\amenle la linea divisoria de lo pasado y de lo ftitBn>v«l principio de una era enteramente { teÉW,> la fevotocimi'iriese'en pos dé farqwi' fnnna. de la una á la otra nn l);iy ma< que un paso: quien proclame con voz muy alt4 la reforma. estad sei:uros de que ó nooOBO*'^ ce el terreno (pie pisa, O habla dt mala §64 nn o>;nnilf> apt'ílidnr la revolución wm Sü ver- ' que odiaban sinceramente la revolución 1 lo fpi'' tenia de irri'liiiinso y ¡mtimonarquiro}^ l^cstabau g^^jy^rad^i^ coutrj los abusoh, de-" )acioi\ \ im linaban ron demasiada fjirilidad a mirar las cuerdas amonestaci<in«*s del buen sentido, cual |>erlida sugestiónele las intrigas cortesanas. No'coBociwi la retx Ilición, no habiaii vistosos esreso»;. no los imaginaban posibles siquiera; uo [leusabau que el 1od<» Titñiigra' ▼iniesco tan proaM á nianclrir las tablas donde se consignaran los dere( líos del |iiM'blo. y que el puñal de los jacobinos desagarrara a un tiempo mil y mil pechos inocentés^ é lliMa tritat b bt»4 dera de la lilicrlad. Los ánimos estaban embriagados de entusiasmo, y el entusiasmo ttetf vaba en sos brazos á su *hqt iBa»;beíiinÍMf ' la esperanea. No querían muchos la revola-' <'inn sanguinaria y cruel; pero si una reforma liriuc y radical; y cti e|>ocas tan tormén^ nueva, el IVniodf la lilosoria del siglodccimooctavo, el ^'ermen de los elementos que se combinarán en la sociedad del siglo décimonono. t.uando Luis XYI, después de la con-' vocación de los estados generales, se bailo frente a frente con ia revolución, lerribleiMiMe peraohifioada eh Mh«heau<, no era |)or cierto la totalidad del |)ii<'lilo francés la que inspiralM y SQstenia lu íulminante elocuencia d»l*%elMiDeBte orador; algunas clases estahHT lejos de simpbtiear con teslendenciás de la asamblea, y de a|)landir In esrena del trinquete; una mucbedumbre de bombreápertenecientesíá lodos lasran^ socta^ Ies. deseaban siBceraiKcot'' la consemcion de la monarquía con todo su aparato v espleAdor,con toda la fuer/a e independencia necésarías ]mva ejercer sus elevadas fon-* ciónos en provecho délos pueblo.s; pero ik» puede negarse ouc las doctrinas liluso- MHMív^^nemigas de- lodo lo q«¡a t'la sa- •win existia, habían ganado mucho lérréoo, que se habian asegurado la dominación con numerosas conquistas, que se babiau desando «nn en medio die aquellas clases que mas debian aborrecerla*, siquiera jior interés propio; no uucdc nej^arse que la ma.sa ^MhpiHmki estaña ¡MMDoirid» y enál^cida, tíermeiilabanie»^ilé^hui*«N)do visible OIeslas razones vemos inimer'imfRrfso'j la*] I cion francesa lo sii:iie; |r)s bnimidos de la tem|><>slad recuerdan a cada paso el nautra* gio miiiinente, pero la nave so ha hecho á ta vela; ia trípulacioo, palideciendo quizás i li vista del peliirio. se arroja sin embaríTo á él; se esfuer¿a en.mqslrar^'eua la frente, y* se íMiniB ' il<iNMÉ¡<IIWII»1os qo» mitm* dientes y osados dirígen la man¡(dira, desafiando intn'pidns el furor de la borrasca.

¿yue puntos de síMuejan/.a tiene nuestra revolución con la francesa? ¿Cómo M'-sido posible companirias sitpiiera? Hubo es verdad. iuibo entre uosolrus un sacudimiento naüilÉIHHiriiiMi iMcfagirte'«^P^"^f>- ró cabalmente fue |lf5mio(i\os y Unes diamelralmenle (»piies|os al de Francia. Mli el )ueblo se levanto contra lo antiguo, aijui ul meblo se alxófin so fhvor^alh'e^la0llol^ e6 contra la Rclifrion y el trono, acpií ])o'r la Religión y por ci Key; allt la nobleza y ef clero cayeron al primer empuje, ysof» miaiiH bros disperses se viemn confundidos caá Ja » » . ó lorr-ados á contemplar los iniof; de su palria desde un pais cstran^ern; aquí el clero \ la iioliie/.a tiunraban en las juntas, en las kmdas de los insur-LM'nU's, rn los ejércitos, y formando con el |iu('hl(> un todo contpacin, no dejatKui de ( ooservar las prerof:ativas y eonsideracioiu ^ (lue dii^rnitahan en la aiiti;¿na ori;anÍ7.aeion (le la fnonan|uia. Kl levantamiento tonlra los fraiices<'s íue nacional, la n*volucion no: por esto la revolución fue tan niez<|uina, como el levanlarnienlo fue urande. El alxainiento de la nación francesa no tuv<» |)or HKílivo la invasión de un ejercito usurpador, ni por objeto la conservación de la independencia: mas o menos esplícitamente, mas o menos decididamente, se encaiinnalKi a reformar abusos verdaderos ó imaginarios, y á cercenar al trono sus facultades, desterrando de Ins repiones del ptwler la iníluencia cortesana y reemplazándola con la inlorveocion popular. Kl blanco fue uno, el camino que Sí' emprendió fue el mismo, pero estuvo la difen'neia en que unos (pierian ir mas allá, y otros rpiedarse mas acá: |M'ro la imidad de la dirección, la coalición do lodaR las fuerzas en el primer instante del mí)vimiento, le dio á este una velíM-idad (pie no fue |>osible contener: todo cuanto halló en el camino lo destrozó, lo anonadó, siiíuiendo su estrepitosa carrera. basta (pie fue a s<*pultarse en el abismo señalado ¡)or el dedo de la Providencia.

t/miparad la revolución francesa con la española, atended al origen de amitas, lijad la vista en sus respectivos objetos, v desde Isearo comprendereis por (Mk* los beclios que fueron colosales mas allá del |> irin(íO. horriblemente sublimes en medio de su espantoat criminalidad, se han convertido entre nosotros en miserables parodias, en acontecimientos que fueran ndiculos á no ser tan desastrosas susc<msecuencias. Tand>ien hubo en Ks|)aña un alzamiento, taMibien un entusiasmo nacional: también recorrió de un eslnMUo á otro de nuestra patria la chispa eléctrica (pie encendió en todos los corazones un fueiro sa<it(»: también hubo el desprendimiento. la fraternidad, el beroismu con su desprecio de la vida, con su infaficable p rancia, con su sufrimiento de Indas liis pi IV aciones y faliiíüs, con su cspe ranza (pie no pudieran disipar los niayores rereíM'S, ron su presencia de ánimo que no ])udiera an-edrar el aparato de las fuerzas mas imponentes; también hubo por tanto esc im|)etu arrollad(»r (pie su|>era t(Mlos los obstáculos, que <iiiebraiila todas las resis-It'iK las, que se burla de Uídos los azares^ (Uie |>or necesidad, |M>r indeclinable necesidad. vence y triunfa. \a\ llamarada del euiiisi isiii.» opañol hizo eclipsar la estrella de.\a()ole(m; la sangre de los uatriotas muertos en las calles de.Madrid. o inhumanamente arcabuceados en el l'rado, fue vendado desde luc^o en los canums de Bailen; asi como la aleve invasión del ejercito frau-' cés, fue venf<ada con lainvasi(mde losejér-, citos españoles acampando victoriosos cu el medi(xlia de la Francia. >ji Mientras esto se verilica con el auxilio de ^i^aute.»icas hazañas, aparece entre nosotros ese ra4|uitico.ser <|ue se ha querido llamar revolución. ¿Deseáis can(M:erla? atended lo (pie hace ella y lo que hace el pueblo español. Ki pueblo español comlKite |>or la monarquía, y ella establece la mas.lata democracia; el pueblo español coml)ale por la Religión. y ella introduce entre nosotros la escuela de Vollaire: el pueblo español esta cicfío de venganza contra t(Mh) lo francés. y ella proclama y establece una c(mslitucion. copia literal de otra francesa. ¿<Jue estraño, >ues, (|ue la generalidad de los españoles mirase con indiferc^ncia, y hasta con alegría, ipie el monarca restaurado reasumiese toda la autoridad de sus mayores, y que mientras las bayonetas dispersaban la asamblea |h)- pular, el pueblo desunciese los c«l)ailos y tira.sc del coche de su He\ Si la revolución hubiera sido verdaderamente nacional, si hubiese partici|>ado en algo de la briosa valentía d<M primer alzamiento, ¿creéis (fue la defección de un ejercito hubiera bastado 3 trastornar tan radicalmente las instituciones, pasando de la mas lata democracia a la monanpiia mas absoluta? A la sazón acababan de ser arrojados de nuestro suelo ejércitos no menos numerosos y aguerridos; y el pueblo español ipie á vencerlos contribuyó mucho mas (pie los ejiriritos nacionales, hubiera arrollado también á estos, si hubiesen tenido la osadía de dociaiarse contra su voluntad. •» Y cuenta que al emitir estas observaci«4 ncs no intentamos defender los desaciertos del gobierno de aípiella (^juM'a. ni ewu.<ar la mfriictuíisa [lersecucion a (pie se arrojo con tanta c "güera. Kslamos convencidos de quo se desaprovecho entonces uii;i <»i a<i<>n opor* Goo<^le tunísima ile fniuiar un irohicrno nAcionnl, cerrar ül crulcr du inm ruvoluciouc:», quUar prelefito» á iBWfnodone» y dUfttwbioe 4 7 prevenir lt8- «altmiiosos vaivenes (|ue nos nao afligido, y nos afligea todavia, y que solo Dios sabe Vuando acabuén. Pero reoo- Boeiendo la ec^^uedad dekt'aiKW, ■MMM ifCiilta la (!•' los otros; hicn (jnc <•< menester ebservur, que lu pru\ucaciun djuiuou lie las idM6 ravoltticioUiÍBfti» )<leKlt»>léBMifmde pÉMktear entre nosolroe loe prÍAcipios cuyes conscrneneias habian sido rechazadas v ven- \<». no dimanaron nuestros males de ífiif las iu:>iiluauQe& deiuocraticas y ia Ülosoíia sueÑfTnt'^p^ÓvSSlS^ ra ida de un sislema ([lie a lio porPrcrdo. mano aimda, dt'Éiia por ueccsiUad morir de conhuncion; no tu-VÍMIMtlÉMͧaM en que desapareciesMaé» que en todas parles lia (le<:ijian>eido. hicirr» de lundado, lo(|ue en ninj^uu^ü de huru- Gi ha podido prosperar; toawwiiw mm 8 ocasionea •pQataiias'<oai«ciiiio8 de bom-r bres (|ue conocieran la nación española y el cidab en el campo de Ualalla: y si ius hum- siglo ea que vi\iumus; que el monarca edudeealadopadieaen aleyar porescuaaél i cad»e»i»oaile de Céifaill'^j yí" ardor de las pasione< y le'.'ilimar sus yerros alribuyeudoluti u deseo de vengaui.a, bien pudiera decirse que toda la culpa estwtro de parte de la revolución, y que é ella deben imputarse lodos nuestros inlorlniiios.

Lob uarlidanos de las doctrinas del año 12 witieiKa 4|iW!4É'-caaflh de fMtaliaiiiHiiii nables calamidades, lia sido el (pje las ideas por ellos importadas no siguiesen su curso, afianzándose el nuevo órden de cosas creado piP^s Cortes estractrdínarias, y propagándose entre el pueblo las ideas de la (ihtsoíia del sij^lo XVUL; de suerte, que aquella escuela d»8Byo taairopotenle paHMniftMdi,bas« ta en aquellos países nnndn iiaMnhij mii favorables elementos, debia ser Tecunda entre nosotros, que con lif^eras mmiilicaciones nos ateniaaws mut, á la orí;anizacion social y politit-a del liempoile Felipi- II. Muy apasionados üor uu sislcuia liau debido de est<ir los que llegaren al punía de n^' vjer lo que estaba pasando delante de sua ojos, lo «pie se mostraba tan claro v evidente. i<¡()|i: decis. este pueblo ba siiio tauatico, no lia coiuiirendido sus intereses; brindado con la linertad. ha preferido la esclavitud, v tan sciiuida ( aiilivo á tierra esfran^M*ra. no coin-» prendió jamas su posición, uo alcau2A> 4k eonveneem «te tada aa fuente m 49kakml frente di> los partidos en vet de fienU' (le la nación; v sin un pensaniii vigoroso de gobierno ^ uarlici|umdo de itqiitf»' lia ñojedad qwMMlllllhi^ eatr» nosotros hereditaria, cntreiíf^se á la corriente de los sucesos, conlentanduse con abatir la rcvo-* lucion, sin precaverse contra ella en lo ¿Que iM'usaremns de \m iíobierno (piei IOS átí un triuiilu laiiaiuipleto como el trascurridos seis años, basla una insurrección militar para derrocarle y para restableoer lo uuc antea, cayera con universal aplaui4élMblÉp«iUbe? Hubo una conspiración, pero ¿por qué no se la desroii( <'rlo? Iliibo una lUsurreccioawUitar, ¿pero como uo iue |>osible raofartáiilrtia ipiñ Hcgaia » ngtoüw deloentro4al0O^HarDO? Los jnieMos estaban indilV'ienlesy fríos; pero ¿quien liabia seiu-Uiudo esa Iriáldad e indifiomncia? Se violentó la «oUintaddelinniwBttMIíintfonMdftt^ rar. y su juramento impuso silencio á la napronto como ba podido recobrarla, ba bai- || ciou, y produjo aouelbi aquiesceucia que uo kdo al aoo^de sus cadenas y las lúeonteni- 1 cesó liasta croe b kiiáeK» iaq>osiJ»lttJa»4eft« piado eon alborozo, cual si acabase de obtft- 1 aóéitos de ios venéadona; {wra eLattnarca ner el mas rico presente. - Pero ¿no advertís que con estas palabras pronunciáis mestra condenacíooinaa terDMurnte? ¿No OQBOceis (pie aun cuando la lil>ertad v dirlia da que liublubais al pueblo cspailol litd>icran sido uoa realidad, no podían serlo para un pueblo que no las quena? ¿,(^w mayor des- >ro|K)sito que emiieñaros en dar la lilierlad a. U4i pueblo que según.vosotros mismos uo laheompuandia, y foraarie á aceitar una dirT cha (pie él rechazaba, mirándola como terri- (pje habia firmado el decreto de Valencia mismas bayonetas; ponjue los juramentos no son una palabra vana, ni para los partí'- culares, ni para loa reyes; todo fuMíonario debe, si necesario fuere, sacriiicar su propia vida en cumplimiento de sus obligaciones^ y L con mucM.vias ¡aum un. rey del^ aafaar 1! Asi como no adulamos á las revoluciones, t « ÉÉMpfi un perfane emfNHiioAado (\uo mata esmalta mns seLMirid.id cunnin l;i \H (iinn se imagina ret>üiraren un purisinio aiubieule smki lR pésima costumbre de pasar alternativamente de las man rastreras adulaciones, á ios insultos mas groseros; y el perderse eacaenlra a tnrnuda incierto, indeciso, en~ 'n* hí verdad \ la menliru. »;in (]\u' I»' sea (lado iiistiiiguir ta.venlailera opiuiuu publica diiiViii#iiiin por las ma» toÉBaUMM éiaye«>- r8C10tl68.

E» necesario decirlo en alia voz piira <|ue no s& olvide en las vicisitud^ que según todas laa a^anaacias eslanMIpIlMiiiáaí^é sufrir; el día en que los roses scpnn cumplir con su deber, aquel dta.texmiuarau las mttktmmm «l'tlúi <f«MMÍiiHP#Mpiras 4N«ÉÑilldM.é£ot>ornadas las guardias se enrucntre cara á cara con In persona del aiooarca, que sepa decir: «uoliniKi. no juro, ahf está mi cabeza, « tañadla si queréis,» nquol día los motines quedarán vencidos [tara siempre.

CnandiÉ^ karevi^aGioiies se sienten iwderosas, porque son verdadcnimenle fwpuíares, He¿;m a veces hasta el ei<lr<'nio de ntreverse cunlra la persona del utouan a; pero ui auu enfameM liKTerificiMa sma ^sptws icb^vM serie de cofici"^i()ii('s, m <•! Irnnn ha perdido su preslif!;io, en ({ue ha humillado, en que se ha convertido en instrumento di|ja>^misma revoliKÍon: la cabeza élMMihi^ lunado Luis XYI cayó en la;ruilloíina, pcríi fmsdesgne&ide lial>er subti^uido a la diademá4émíM^-t\ «wtaf^ ia«beftHÍ. Cuando la revolución es im|)otente, cuando salle que es iudif^na de este nondire y que noeá nia& que una roiscratde ascmada. o una ÍQiíitn«^Mkav|inÜitar'«.en t il « ih). no lo dudéis, no aceptará nunca la íal>e/a ilcl inonar-Q^^^ que a las puertas del palacio usía el ^ita la pcr|MMra(-ioii <íel horrendo crimen.

Esta verdad adípiiere inia (iicr/a inmensa traiáfldiO&e del pueblo español, donde el sentwipnto moBÓrqnioo poevaiece tan ')i;:oro80,;i pesar de todas h\< re\ m-llíis. Kl dej«potism ministeriaLes odiado, detestado en K&-paña; pero ei jBOiiai«t<M querido é idolatrado: li¿i|iri>itlineélijr$> de^ loa mandarines CDcaenUan resistencia por do quiera; euan-¡seaQ rechazados por la íünp^ ^^n tikK&teflioi I o la conociese, la ^-iese consignada en alíTMn acto heroico. aquel día se levantaría como un solo hombre para escudarla contra INMMifiMrloa'ie^MMaas/^ MMr La firmeza de carácter es una de las primeras cahdades del soberano: la taita de ta<-Icntog pneden suplirla las luces de los con*» sejeros, para cuya^elaeokHL bastan la discre^ cion y el fiin»; peni un cnráctrr dclnl es im defecto üuc i.*n cir^us^Mictas criticas « es sas y nn vacio qne ron nada s;' |iiicdc llenar. Kn la deplorable íacilídad que se lia ad(|uirido en España de cambiar de gobiernos y sis-? lemas, cerno si se tratase de las deeoracio-' nes de un fe;i(to. es mocho mas necesaria esa inesUmablc prenda, que sena, a no di»- áilñ»\^^%mfié9 4o» prineifietea' fovKca'tp» pedria dispensar la Providencia á esta nación desventurada. Y tendíase presente que la Hrmeza de carácler no es sinónima de arbitrariedad ni despotismo; al contrario, un eftfv tiK fer (lejiii os iiu linado á e>los vicios, por la misma razou que la crueldad snele.aiw Ja inseparable contpafieradeiaieofaíViMwPM^ Hemos buscado la principal causa de la esterilidad de l.i revolución española, y la hemos encoiUiadu en la impopularidad que la •eoiMptfl*iMMfÍiirin9 (riieno>lfr Iw dejado en II r; I: ra; almra auoleee de otro omI que auuit-iila si cabe esa esterilidad: ei dt9t* crédito. ¿Quién conserva Husiones? ¿Acniéli^ eagMla» v«MaMltbrial¿«i la soeiedaiiJÉB lft<4fi|Nlll8, en la prensa. no vemos crecer cadt^die este deseoKaüo que llega ya a un punto,' qae iMWHWii M taHkira pareáis posible?

Nebuloso como esta el porvenir de la nación, incierta y azarosa la suerte que le está destinada, confiamos sil embargo en que la cond)ali(la nave saldrá á puerto después (te la recia tonuenta; y si tto^nofi engaüamg|| este desengaño (|ue WlMMÍIÍittÍi«W<)ÍÍM* diendo y que cundirá Oldt ÜiriMN es nna de las tnas evidentes señales que anuncia^ tiem|M)b mas felices. iNi los miramos tan prói^v:-ximos ebnd>alpntar«ap«aa, ni tan impo-r-« sibles cdino oinis pn^airian; el honihre sabe algo muuitras se habla del día de ayer, pero nada sabe del día deMAtM4riaeífQaMl0eirV> raientos del ponenifl eettKM kM^ifcanos de la Providencia. i > Como, quiera, no M iau perdidas para Ifí»- venídera las severa» teccigwéA.

tA menos on esto In revolución no hnhrá sido oslcril. lo conresairmos; |H'ro añiidicndo <|ue la niíLs trcincnda |)rii<'l)a de su cslerilidad, es el no haber ¡dcnn/ado a producir otra cosa í|uc cI resultado necesario de los frrandcH niales: el escarmiento.

I>iÍI4íkIhI« *n Bartrloaa ea la l{r«Ula tiliiUiU iJi SofhJtd, el i.' Je Sobre la ne.írrura de la atmósfera lein|M'sluosa donde retumba el trueno y ser|M*a el rayo, hay una rejrion serena y a|»acil)le, ilu-«niinada por los resplandores del astro del día: asi s(dire la |)olitica de las pasiones está la |>olilica de la razón; sobre los intereses particulares y de momento, los generales y duraderos, sobre la insidiosa njala fe, el candor de la sincera verdad. La voz de esta, apenas se oye en Kspaña hace ya larfíos artos; lo mismo (pie psLsa a nuestros ojos no nos es permitido verlo como es en si; se ponderan y exa^'eran sin mesura el bien como ««I mal; este desventurado pais se ha convertido en ^aníoiiMita liza donde se pelea sin piedad, ora echando mano de la fuerza, ora tendiendo malifíuas asechanzas. Los combatientes están interesados en desíiffurar la situación iiropia y la de sus atlversarios; á propósito lexantan i)()|vareda ¡xira ofuscarse re<'íj)n>-cainente la vista, y oscurecer la de los esjM'ctadores. ¿X)uien fue capaz de formarse • «leas justas y cabales sobre el partido v la.causa de I). (í)aHos. ateniéndose a los peri<)di(ros favorables a la lleina? ¿V qui<^n, al eonlrario. pudo conocer los elementos que se combinaron en pro de la Hija de Fernando, ííuiandose |>or la opinión de la (Jareta de Oñate? fin la encarnizada lucbji trabada posteriormente entre las fracciones del partido liberal, ¿como será dable encontrar la verdad en medio de tan acaloradas dispulas, de tanta íiritería, baldones y denuestos?

Pensamiento desc(msolador, y que lo es todavía mucho mas cuando contemplamos el -Calor escesivo que en la actualidad van tomando las pasiones; sin embanro de no hallarse en la arena partidos que. como es bien sabido, cuentan en sus illas envido húmero de prosélitas: hablamos de los que RO — pretieren la monarquía pura. ó tal com» la ensayara Cea Hermudez, apellidada el <ie.s~ pnlistiin thislrndo, o tal como la desealiun los que si^ierou la bandera de Don Carlos, fistos dos últimos [lartidos, se nos dirá, son insij^niticantes, están ya fuera de combate, son tan impotentes y nulos, qiie ni en ellos deh<Mi fXMisar siquiera los (pie militan bajo las nucNas enseñas. No sostendremos altercado sobre la exactitud de la ubservacioii r(mlí'nida en esa replica: haremos notar sin embar;;o (|ue los primeros encueatran naturalmente simpatías en no poéos |íobiernos europeos. fundados en el luismu principio y que se arreglan |>or la misma |»auta; y en cuanto a los se^iuidos, esa impotencia, esa nulidad, teuiau liace tres años una espresion que aljro siíxnitica: ^lunierosas iKindas en casi todas las provincias del reíno, y ademas un (Ejercito de t;i,0UO hombres en Cataluña, otro de iO,()UU en el bajo Aragón, y otro de 3(),(K>0 en el Norte. ¿Asi hemos perdido la memoria (pie no o'cordemos al conde de Kspaña haciendo frente at barón de Meer, Cabrera a l> Donell, Maroto á Espartero?

Fáltale á la España el conocimiento de la verílad sobre sí misma; y en las actuales circunstancias este conocimiento le es vital. La verdad (>s la vida de las sociedades; si es (ejecutada, no importa tanto el que no sea conocida; un lu)mbre sano disfruta de su salud sin advertirlo siquiera; pero si esa ejecncinn no exisl*^-, el conocimiento es indispensable; para aplicar el remedio es necesario no iiínorar el mal. Cuando las s(K'iedadcs se gobiernan tradicionalniente, cuando lo (pie en ellas prevalece no es la rellexion y la razón, sino el tino y el sentido común que continúan « (nist i vando lo que hallan eslabletido, entonces pueden |)asar sin esplicilo conocimiento de la venladera siliiaciim y de las condicióneos de su existencia; cuando destniido lo anti^^uo es menester edi- Hcarde nuevo, cuando las leyes secundarias y hasta la fundamental se han cambiado ra- (liefllmente, cuando ni unas ni otras porperfi*ctas (jue se supongan, no tienen sin emliartro la ventaja de haber pasado ikm- el crisol del liem[>o. entonces se lian comienado ellas mismas.i una vida de continua rellexion snhrv si propias, como el hombre que abandona el mod«»sIo |)atriinonio de sus i)adres, >ara andar con atrevi(Jas especulaciones en usca de mejor fortuna. <•» — Rí — Rí Bonald ba dicho: udespucs de la revulufrancesa le falla a la Eurupa olro cs-•Mniiicnlo; des^raciadu el piiel)lu destina-•do á dárselo.» Este ha sido la EsiKiña; asi j el pueUlü mas inonárquicu de Europa espia luaü cruelmeüle los escesos de la democracia. ¿Qué interés han podido tener los monarcas del Norte en contemplar con tamaña frialdad nuestros infortunios? Quizas el de escarmentar á sus subditos con el ejemplo de nuestra desventura. l.,a revolución írancesa |>odia ser temible; la nuestra no: alli era ürestes abitado |»or las furias, blandiendo a diestra y á simeslni el |mnal parricida; aqui un hond)rc que pálido y convulso se a^ila entre ajíudos dolores después 1 que le baii propinado el tosigo funesto. E>te ejemplo no es contagioso: los espartanos haciau eDd>riagar á un esclavo, y lo es|M>- > nian a la vista de sus hijos para hacerles cobrar horror á la embriaguez.

En los bandos (|ue se disputan la arena hay hombres distinguidos: ¿(luién lo duda? lo.s'ha) de buena fe; ¿quién lo niega? pero que son impotentes, ¿quién no lo palpa? Se achacan unos á otros la culpa, se echan en j cara fla(|ue/as, imprevisión, nuila voluntad, y hasta traición y alevu.sia. Vencieron, y no dL'.frutan de la victoria; en el festin del triunfo hallaron el lecho de tormento. Alli yacen ellos: con ellos la nación.

¿Donde esta esa felicidad <pie tan |K)m- (>osauieute prometierais? u.Mediaron, diréis, ul)staoulos insui)eral)ios; " [kmo, bien podremos replicar á los unos, ¿por qué los creas-Icis? y á los otros ¿por íjue no los preveuisteis? «Nosotros no previmos» insistirán h>s primeros. («.Nosotros no pudimos» añadirán los segundos: sea asi, suvaos esto de escusa á los ojos de la i)osleridad, si por escusa ipiereis la ceguedad y la inqHitencia.

.\l notar <jue la nave zozobra, ttnlos demandan el ancora (|ue despreciaron como inutU cu el momento de darse á la vela. «La ley, esclaman, la ley ha de.ser nuestra divisa salvadora: la' ley ha dejado de imperar: de a(|ui dimanan nuestros males, solo ella {)odrá remediarlos.» ¿Donde está la ley? ¿Que habéis hecho de ella? ¿ahora, solo ahora,- advertís que la ley falta, la fuerza decide, que gobierna, «jue anienaza señorear el porvenir, cuando b.ice diez aQ06 que canipea |>or nuestro desventurado plis? ¿Pensáis que la fuerza existe tan solo en los can»|>os de batalla, y que os mas real y verdadera, y ejerce acción mas eficaz y dañosa, cuando se esnresa por el clariudel combate y el estampido del canon, que cuando se desahoga en gritos amenazadores o murmura con exigente descontento? ¿Os quejáis de que falta la nacionalidad? ¿Cuando la ha habido desde 1«:J.3? ¿Qué persona, ué partido desde aquella é|>oca pudieron ecir con verdad: la nación sov yo? Os lamentáis de que las cuestiones de interés general se resuelven con miras de conservación en el poder, y (|íie |)or lo mismo se degrada nuestra diguidad; pero creéis (¡nc esta política.sea del todo nueva? ¿pensáis que se veriiica otra cosa que la exageración de un principio, y que lo que estamos presenciando es mas (pie el término de una degeneración comenzada mucho antes? (johiernos anteriores entraron en senderos per ligrosos, en iludientes ráj>idas; princqiio el descenso, y la velocidad de los cuer|)05 (lue bajan aumenta sin cesar. Perdiéronse de vista los verdaderos principios de gobierno, se adulteraron; y los gobiernos (|ue se han sucedido han continuado degenerando: (jue en tiem|>o de revolución se verifica de ellos muy rápidamente el imtx dntitros pru- (jeuiem viíiosioi em: de tmvlros saldnin hijos peores. ».

A nadie designamos; no culpamos á nadie: solo hacemos notar el encadenamiento de los hechos, tales como nos los ofrece la misma experiencia. Compadecémonos de la suerte de los hombres (pie con leales intenciones hayan tenido (|ue hacer frente a circunstancias terribles, no seremos nosotros quienes los juzguemos sin los debidos miramientos; pero la verdad, la inexorable verdad, ¿nos |K'rmile acaso hacer traición a nuestras convicciones? •,\ Cuando la Keina Cristina, encargada del gobierno durante la enfermedad de su es()oso, espidió el decreto de anmistía, se inaugur() la nueva éjwca, que no ha terminado aun; en la apariencia no era mas (uie una amnistía, en la realidad era un cambio de política. Nadie necesitó esplic^ciones para entenderlo asi; sintióse un sacudimiento instantáneo, vivo, ctmio se esperimenta en I el momento de recibir la acción del fluido eléctrico. Cuáles debían ser las conseeuen- I cias de esta medida, no todos lo preveían, i y menos (piizás (juc nadie la augusta Señora que la había firmado; ()oro en confuso, I in.stintivamenle, se jwrcibia un nueve» |>orli^ir, sppun nnos, de halapüeftas ^«pcraii-MDt, sf^iui olios, de luniipnlas y caianiit'.on acjiiel dpforcto, y no se escandalicen ciertos lot lores de lo ([iie vanms á decir, y n(» ju/.ííUiMi del sentido de nuestras palabras antes do hal»erlas leido por entero, con níquel decreto. rejM»linios, conien/rt la |mvlilica fpie resuelve las cuestiones de interés nacional en vista del interés del momento^ y eon miras de consftr^'ari(^n de xm poder; en la amnistía pudo tener tanta parte como se quiera, la nia¿^tuinima pMierosidad de la «ugusla e.sjMísa de Fernando; pero en el fondo, en los designios de los que aeonsejnron semejante paso, fue un contrato Licito con el partido lilícral: te apoyo para (pie me soslen{í;as: rfo ul des. Asi lo entendieron los amnistiados. asi lo indicaban las circiin.stancias, asi lo han mostrado los sucesos. El maniíieslo de C.ea Hermiidez después de la nuierte del rey. fue una tentativa para rescindir el pacto; las es|>osiciones de dos fieneiales celebres fueron la voz que reclamaba imperiosamente el cumplimiento de lo pactado: el Kstatuto apareció.

En la prensa y en la tribuna resonaron los ^itos de uo basta: en mayo del año '.VS el autor del Estatuto se veia asaltado |M>r los pnfiales de los asesinos á las puertas del Estamento; en aííosto babia levantamientos y juntas en nuiebos puntos del reino: en setiembre cae. el conde de Toreno. la Reina cede, el Estatuto es declarado insiilicienlc; su modilicacion es prometida. A poeos Ineses, cuando se acerca la hora del cumplimiento, las consecuencias de la promesa espantan; se intenta neutralizarlas; se nombra el ministerio Isturiz; y en agosto de lH3fi se fuerzan las puertas del Palacio, el rnotin penetra hasta la estancia de la Majestad, se publica la C(mstitucion de <HÍ 2, y un general celebr.uio ¡loco antes por la parte «pie le cupiera en el establecimiento de las lil)ertades públicas, muere desastrosamente á manos de aleve injíralitud.

(lonvóransí* las Cortes consliliiventes: cnncinidos sus trabajos pasa el ejército por Madrid, las sillas del ministerio tiemblan al ruido de los t^iinbores y de las armas: desde Aravaca se le dirige una mirada de desagrado: el ministerio cae.

órdenes del «jércMo, las negociael<v- «es apreiniadf»fas. las mudanzas de persoñas y sisíeriias, los 'famosas 'c/Miuíñionfcs, ¡I las renuncias. los nianiliestos. I(»s pronmt— j' cianiienlos se fueron eslabonando con lerii rible consecuencia; el drama i<ioal>a al Hii I de una de sus jirincipales escenas: eraso a nH'diaddS de (u tiibre »le IK40; alejabasr tristenu'nte de las costas de Valencia iin:« vela (pie s«* enden»zaba a |ilayas estranLieras: la augusta Señora «pie años antes abriera las puertas de la patria a millares de proscritos, estaba proscrita.

¿Donde está la ley? repiWiremos aqui; ¿donde la encontráis en todos los grande» cambios ocurridos desd« \KV.\'] Dirigid (wr todas partes vuestras miradas, no la descubriréis; se os mostrara su palacio, la fuerza guarda sus puertas; penetrad en el, la ley está adentro, pero es un cuerpo exánime; en su nombre m' practica lo que ella no di—* ce: asi en nombre de un rey que espina - ejecutan sus caprichos los atrevidos manda» riñes que afectan ser instrumentos de la vííluntad soberana cuando solo poseen y o( tillan el cadáver del monarca.

Esta es la condición de las rcvolucionesj 5 su objeto es derribar lo existente f)or injusto, sustituir unas leyes a otras leyes, unas instituciones á otras instituciones; la -reforma lo hace por medios legales, lo revolución |>or la fuer/a; la influencia directa o indirecta de la fner/.a en la resolución de las cuestiones jmblicas, es la infalible señal de (pie ha pnncipiado la revolución. Comenzado el dnima, necesario es que con-*-tinue: solo puede caber la duda sobre la^ duración de los actos, lo terrible de las es«^ cenas y h» trágico del desenlace.

En ¡as n*v(»luciones se asienta por principio que el aaliijun orden leíjales Heíjilimo^ -por estar en oposición con el interés del • |)iie!»lo (pie es la xnprema leí/. Mas ó meno»* esplicitamente se proclama este princi|>io, -cuando se entni en un nuevo órden de co-» í sas sallando \wr encima de las formas es- • lablecidas; no imijorta (pie (piien de el imiso * sea el pueblo o el monarca, (pie (piien nac» -la apl¡< ación sea el consejo de un rey ó nnnf'' asamblea p<n>iilar. Preguntad si los consejeros d«' Cristina al puWicar el Estatuto, pregunUid á los tribunos de las Cdr- •» fes eonstiluyeirtes; por qué pr¡ii( i| i<»s s« • dirigen? os hablaran de las neccMiiades d« -la época, de la precisión de satisfacerlas: los prinieros os iS^rdaráfí quizás las antiíTuas leves fundamentales: I --gundos rerántainhionquela Conslituciuiide \ (íñ cuya fuerza están reunidas, lúe dada a los espai'íoles, como una restauraeíon de las mi>inas leyes. Kl fondo de las rosas es el mismo: oi siquiera se dilenMioiaii en el velo que las cul»re; solo ijue en aquel caso es una Heína quien lo tiende, m el ultimo es el puel>lo.

Dtísde el momento que s»; ha dejado el camino de la leiralidad para se^íuir el de la conveniencia, quedíin sustituidas á la ley la voluntad y la discreción del hoinhre, y flaquea |M)r su liase todo el sistema srM'ial, que tiene por hlauíH) de sus esfuerzos aparlar del fíohierno de la sociedad en cuanto sea posible, to<Io lo que sea puramente discrecional y arbitrario. Los acontecimientos van entonces sijíuiendo su curso inevitable: el torrente se despeña de abismo en abismo. hasta que encontrando ima llanura entra de nuevo en el hondo cauce y continúa en su sose^rada carrera.

Se iroa^nan alanos (|ue la nuivoría de la Reina allanará todas las dificultades y hará desaparecer como p<»r encanto todas las complicaciones que están enmarañando nuestra situación. «Colwada, dicen ellos, en las manos de la Reina la dirección del gobierno; libres ya de interinidades, y exentos del mal siempre jírave de emptu'iar las riendas del mando jwrsonas que solo le ejercen temporalmente, saldremos de una vez de tanto desasosiego y zozobra. cesará la ¡nccrtidumbre, se verá mas claro el ponenir. y añadiéndose el casamiento de S. M. con algún principe que traiga consigo garantías de 6rden. de |»az y de coiK'iliacíon, veremos cómo se reúnen en rededor del trono los españoles de todas las o|>iniones, se echani un velo a las pasadas discordias, le afianzarán las instituciones ahora vacilantes, se anudará la amistad con las potencias del.\orte. y ocupando de nuevo la Kspaf.a el lugar que en Ruro|Ki le com'sp<inde, asistiremos á la íipertura de una nueva era de prospi-ridíid y bienandanza.

Estauíosdeacucrdoen (|ue el advenimiento de la mayor edad de la Rema es un acontecimiento feliz que no píwlrá menos de mejorar la situación: convenimos en que la prolongación de la niinoria de S. M. s<'ria ■n calamidad nacional cu\ as fatales conflecoencias no se pueden cah idnr; opinamos qoc entonces se presentara una escelente oportunidad para comenzar una nueva era.