SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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¿Donde estamos? Después de trece años d« guerra y de revolncion, ¿todavia no se ha podido conse^ruir que las nos fracciones del partido liberal se pongan de acuerdo en lo tocante á la Constitución, y acepten sinoeraroente este terreno para luchar únicamente con armas legales? D-ire años han trascurrido desde que en el discurso de la apertura de las primeras cortes decia la Reina (lobernadora, que se habia echado cl einiento, y que á las cortes tocaba levantar el edificio; ¿y todavía se disputa sobre el cimiento? ¿Todáfta lüíplra unos sólido v esl)acioso, lo que otros apellidan flaco v diminulo? ¡Guamas reüexioncs inspira este solo hecho! Si no hubiese bastante con los escritos p 'riódicos que lo confirman » loa último» manifiestos electorales lo presentan tan de bullo y con tales caracteres,de gravedad, que bien merece llamar la atención de todbs los hombres pensadores.

El pariido pro^íresista necesita absolutamente de una nueva organización de los ayuntamiéntoí. Voí «¡sienta de suyo inquieto, ha menester de auxiliares cii fodos los punios del r,eÍD0, que trasmitan en breves mstanles hastA'ei últio^ ríocuu du la pcninsula el movimiento 'que aimáca del c«fntto aiíitador. Un ^'obiemo progresista sin nvunlamientos democráticos, no puede sostenerse. Asi pues, la subida de los progresistas al poder acar rearía por necesidad una disolución gcueral eii la> munici[)alida(les, volviendo con poca ditereucia al mismo estado (|ue tuvieron antes de f843. "Esto, no solo está conforme con tos j)rincipios democráticos del partido progresista, sino li-nhien con sus intereses; pues que si alguna Tuerza! ha de tener en el pais, preciso es que su gobierno de la corte deje participar de la a< cion gubernativa á sus auxiliares de las provincias. Claro es qiiiB áijtaefiifttb mudaáEa vewpría siliqbe'liidas las corporación nes populares, inclusas in'- (!l¡)UIaciones ' tomascií cl caiiu ler de cuernos |K)liticos, v \m consiguiente sin que se suticse en todas parles el malestar inseparable de las agitaciones políticas. Esto es un mal de inmensa trascendencia, ^ que previsto por los pueblos. suscitará grandtss oMeiiK» al Inuolo del partido progresista; pero hay todavía otro Igualmente necesario al sislema del progreso, y mucho mas intdleinible para todos los amantes de la tranquilidad publica.

Ya se habrá entendido que hablamos de la milicia nacional, cuya reorganización forma uno de los principales eafrftnlos de programas progresistas, y que seguramente sera una de las causas que mas antipatías les j)rodu/can en la inmensa mayoría de la nación, ('omprendemos perfectamente que, o el p MÜilo progresista lia de abdicar sus priiicipius, ó uecésila tener eu las grandes ciudades y üfr todos los pueblos de alguna iniporiancia, masas disponibles para hacer frente á una ¡osurrecdon militar ó á una in- Digltized by Google Digltized by Google triga de. la corU>; qius, auaque uo ue^^inios | la necesidad, no podemos desconorer que esta es una de hs fatalidades con que lucha I esc partido. Atendido el carácter iudaiuable de nuestro pueblo, y lo turbuIenU» de la época (|ao vamos atravesaedo, es de todo piinlo iiDposihle que la milicia nncinna! no j ilé IVecuenle ocasión á graves dtslurbios, y j que aun en las temporadas menos in<|oíelas i no sea una causa permanente de aíjitacion y! malestar cu los pu 'blos. Estos que llevan ya tantos años do siilrimientos y trastorno, no quieren ni pueden soportar la idea de que á todas horas liaya df oir^e el ruido de las armas, aun cu ias inansioucs mas tranqoflas; de que sus hijos, lal 'Vez educados Goá el mayor esmero, se tean mezclados á menudo días enteros, con nenies de costumbres libres y desenvueitas; que la llegada de un corifeo (toco satisraetork», é quizás de un agente fncmi^ío del í;ol)¡erno, baste á poner cu armas la ciudad, desbocando las pasiones, y pro votando graves con Íl i dos. Se ha dicíio que cu Portugal no ha sido posible armar la milicia por la aversión de los pueblos; estamos sejjuros de que tampoco se reorganizarfa en la genera* lidad de Eapafia sino con mucho dógaslo y basta con resisieoda de la inmensa mayoría.

La milicia nacional es un arma de guerra, no una institución de paz: el gobierno la necesitó durante la lucha civil; los progresistas la necesitan también ahora, porque su mando ha de ser una hicha continua.

Decimos que el gobierno de los progresistas seria una lacha continua; y Mbre este particular presentaremos algunas observaciones. Otras veces han tenido (¡iie luchar los gobiernos progresistas con las ideas y sentimientos de la mayoría de la nación, IK)rque cstraviados por ali^unos utopistas se lan propuesto realizar imposibles, añadiendo asi á las diiicultades de su situación, las (]ue resultaban de herir convicciones profundas y seiitiniicnfos nrraifíados. \o salamos hasta que puuto los nuevos gobiernos progresistas se aprovecharían de las lecciones de lo pasado; y sí mas loleraiMes y menos cavilosos, presciiidirian de los asuntos iiue atcctan á las creencias y costumbres del puehloespaflol, limitándose á vigilar á.««US adversarios en o! terreno de la política; pero uun cuuudu supongamos que asi lo hiciesen, y qÜB |Nir tel».>defia^recieaen jlgunas dé las causas qjm wUit. «MÉibiijieron :i hu caída en las épocas anteriores, todavía tropezarían con otra, indestructible por si misma, á no ser anrojándose á medidas esr tremas, que tampoco púcdcn producir nin» gun resultado con garantías de (!uracioa;i llablanios de la oposición de la corte.

Esceptuando la Inglatern, dendfrloéÉrwtá sujeto á condiciones especiales, y propias únicamente de aquel pueblo, en todos los países del mundo se puede noiar que el trono no simpatiza con los partidcs fétlíh' eos progresistas. Véase lo que esta sucediendo en l'orlugal y en Francia, ao.obsr, lante el que en ambos pai8ea.lo||wbMÍ|É| hayan adquirído sus tronos hajo la enmr de la libertad. No es diücil adivinar lo razón de este fenómeno político: el laslioU) de conservación, los sentimientos mas i ádeU^bles^ mas fuertes del corazón humano, hacen y harán siempre que los soberanos oigan con mas gusto y confianza á quien les habla coar tinuamente de la necesidad de fortalecer al trono, que á (piten les habla de dar ensanche á la libertad popular. Uh soberano prO: gr^isla en pohtica, es ona idea oontradío^ toria. í Hé aquí una de las grandes dificultades del sistema progresista en todos los paiseii donde 4os camiMOs politices aléctan directa é indirectamente á las prcrogativas de la corona. Y esto es tanta verdad, í|ue si en In-1 glatcrra uo hay en la corle semejantes prej venciones conlra los \\ighs, esporqoe la aS" toridad real no ¡hmi íI)!' ninguna mudan/a en los tránsitos de uno á otro sistema, y porque los partidos luchan á larga distancia (kl trer' no, sin pretender añadirle ni qnilarte nada, ocupándose lan solo de cuestiones sociales I y aiimiQÍstrativas, cuyas consecuencias solo I á la vuelta de mucho 'tiempo pueden reflnir j sobre la corona modificaade ugnm de su» atribuciones.. ^, Estas dificultades que eu ningiui |WÍ8 son Ide poca monta, tienen en Espafta ana lra»h cendencia incalculahhí; |>nrqne en un país tao emineolemeule monárquico, es una con? traríedad terrible, no diremos la enenúslad^j sino también el simple desagrado del mo«-, narca. La historia de los últíiuos aitos es se» bremauera iuslructiva...t, t^Mn-»^i Dejando aparte la época desdé ÍéÍ9 Imk ta 1825, en que el Kcy Fernando estuvo ' siempre en sorda ó en abierta oposidoi^.coa Digltized by Google áu gobierno, podemos observar que aun desde 183;i, en que sobre las lorrcs del regio aloa/ar se cuarboló el eslandarle de la libertad, se ha establecido una lucha incesanie entre el partido del progreso y el poder real; lucha que se ha niamíVílado mas de una vez con estrepitosos rompimientos. En tS3(), la Reina (lobernadorn después de hai)crse resistido hasta el último momento á las exigencias de las juntas, y aun de la milicia de Madrid, se vió precisada a ceder al niülin de la (iranja; y poco después abria las cortes constituyentes con un discurso licuó de blandura y hasta de humildad, declarando que como Reina nada aconsejaba, y como madre nada pedia. La revolución triunfante en todo el ^'imbito de la Península, fuí! sin embarco bastante generosa o bastante previsora, para olvidar la resistencia pasada, y conlirniar en la regencia del reino á la madre dt; la Reina.

Corrieron los dos años siguientes en diversas alternativas; pero reproduciéndose #on mas ó menos intensidad los síntomas de desacuerdo, hasta que en \H'.i\) comenzó á bullir en algunas caln'/.as un proyecto formidable, como único niedio de desí'mbarazarse de un obstácjilo permanente. I.a ambición y fortuna de un soldado favorecieron el proyecto que se llevó á cabo en el pronunciamiento de setiembre de 1840. Alegáronse á la sazón, auncpie no olicialmente, razones particulares, fundadas en hechos que las revelaciones posteriores han aclarado; pero lo cierto es (pie en el fondo del negocio habia una razón política, y que esta preponderó sobre todas las demás. Los que dirigen los grandes acontecimientos políticos rara vez se dejan llevar por los mismos motivos «pie hacen valer como |>oderosas palancas para conmover á los puel>los.

Los sucesos de 4840, dejaron en mala situación al partido progresista, para que en mucho tienqio pudiera habilitarse á los ojos de la corte: aquel fue un paso muy atrevido; en hábil política, o era preciso evitarle a toda costa, ó arrojarse á conducir la revobn'ion hasta sus consecuencias mas lejanas y subversivas.

Como si esto no fuera l)astante. sobrevinieron los acontecimientos de 1841, y ademas las desagradables contestaciones de París entre el Sr. Olózaga, á la sazón eml^ajador en a(|uella corte, y el secretario de la Reina madre. Todo eslu contri buia a que los adversarios políticos de los progresistas, que ya |)or sus protestas de amor al orden y á la monarquía se a.seguraban iu preponderancia en la corte, adipiiriesen nuevos títulos a la: gratitud du esta, y (;on(|uisla.«in asi una es-« I célente posiciou para destruir a sus advcrsaj; rius, eldia (|ue ptidicseu asentar el pie en li Kspafia.

j El suceso de Olozaga en noviembre de ¡I 1841], fue lanilneu muy fatal al partido [iroj giesista; y esto, no solamente por sus efeci tos.inmediatos, que por cierto fueron terribles, ni porque inhabilitaba para siempre á I uno de sus caudillos, siuo |H)r(pie el parti-I do progresista en la alternativa de optar cn-!^ trc un subdito y la Reina, optó ]>or el súb-^ I dito contra la Reina. Y al decir esto, entién-I dase bieu (|ue prescindimos absoluUuuente del fondo del negocio, y (|ue nos abstenemos de calificar la conducta, asi de Olózaga I como de los consejeros de S. M.; solo hacej mos notar que el partido proiiVesista se colo-: co en una actitud peligrosa; y quizás no j)roced¡o con bastante habilidad en el mismo interés de su porvenir como partido de go-I bierno. No.se trata de las cualidades de a González Brabo, ni de otros (pie mediasen en este asunto: sea lo que fuere de todo I e^o, estaba de por uiedio la palabra de la Reina. La Reina decía si, Olózaga decía »o, y el |)artido progresista aplaudió el uo. I Como si el partido progresista tuviese contra sí una triste fatalidad en lo conceruieute a la corle, todavía han sobrevenido nuevas complicaciones que han empeorado la situación de las cosas. Pronto va á (cumplir un año (jue el infante D. Enrique dió a I luz un manihesto, que, con razón ó sin ella, I fue interpretado por algunos como una de-I claracion bastante favoralile al partido pro-I gresista. Los periódicos de este partido aco> Ígierou el escrito con enlusiusmo; asi como los amigos de la situación le miraron con recelo; hubo di.scursos esteusos, hubo felicitaciones, y hubo por liu acontecimientos desagradables <[ue uo hay necesidad de recordar. Como S, A. mantenía relaciones con alguuos prohombres del partido progresista, y mediaron ademas las cuestiones del casamiento seguidas de la protesta que S. A. creyó conveniente dirigir a las Corles, la atención pública en España y en Eiirofia se lijo durante algún tiempo sobre las relaciones y bimpalias de este partido con el jóvcu pruiciiH!, hacicudosc dileieute.«5 versiones.

m m infante, no dejaban de prodacir alguna ¡nauielud en los hombres enemi,a;os de disrni -ía entre los miembros de la real familia, y (io sérias coM|H¡eMi«i« en los negocios di; España. Con eslc motivo un pcrifklicode la situación, aun(|ue con reservas y salvedades, no dejó de echar en cara á los progresistas ana de aquellas intenciones que, con solo suponerlas posibles, dañan muchísimo á un partido para que pueda ser admitido algún dia con plena eonnanza en los consejos de la corona. Esta complicación se ha desenlazado de la manera más triste para el partido progresista; pues que después de diez meses de mterés y entttsiasoM por el infante D. Enrique, S. A. ha creido mas conveniente dar un paso de sumisión á la votnfliad de S. M., retirando la protesta, y aiuriindiDltf'ésp#esaniénte para lo presente y lo venidero. ítriioramns cuál sea á punto lijo la silunciou del partido progresista con rcspeeto'á S. A. *, pero en cuanto se puede juagar por la séríe de actos cuya resefta acabamos (le hacer, bien cabe conjetnrar que no será muy satisfactoria.

Por manera qne esle partido, sin haber sacado d menor provecho de sus defcrcn- ■ cías V sim|)alias hácia el infante, se encuentra ahora con el disguste de haber arrostrado un compromiso inAtil; y con la pena que naturalmente causa el verse separado de personas tan elevadas, cuando se las ha ai»MHdo con entushismo y se ha procurado escitarle en el ánimo de los pueblos.

Por si esto no fuera bastante, hay mas todavia. Sabido es que el partido progresista apUiudid el casamiento de la Reina een el entonces infante í). Francisco de A.sis. y que se complacía en llamarle principe liberal, esperaiiilü do él un cambio político. No sabemos hasta qué punto estas espernuBas eran fundadas; pero lo cierto es <pie sesun parece, se han frustrado del todo. El Key no ha dado ningún paso que acredite simpatías por el triunfo de los progresistas.

Asi pues el partido del progreso, después de haberse indispuesto para siempre con Dofla Marta Cristina, después de haber tomado una actitud poco grata á la Reina en el asunto de Olózaga, acaba de perder las esperanias que con nion ó sin ella, fundaba en la familia del inbnte D. Francisco; y esto liltinu), precisamente en el momento mismo en que esta augusta familia acaba du elevar- ^ se i tanta altura 4i «piMÉvéi por el enitoedesafriiMiteito con la leí*^ na isal)el. ■ • Parece que estas cirennstancias son dignas de recordarse, cuando se quieran aventurar conjeturas sobre el jwrvenir del partido progresista. Por nuestra parte creemos que por lea nedion erdíMrios, le ha de ser* algo dilicil subir al podar, y también el conservarse en él si llegase á conquistarlo. Como este partido, aunque no tan fuerte como él se cree, na deja de contar en sn sene poderosos elementos de acción, se puede asegurar que no se resignara a la suerle que los hombres de la situación le han deparado; y que mucho manan se l> podrá peraunáir que abandonando sus principios é mtereves, se someta a un régimen que no cesa de apellidar ilegal y tiránica. La esperieneia km. eoseQado que el |initido progresista no re». para en obstáculos, sean los que fueren, ni se arredra por diiicultades de ninguna espe-. cíe, siquiera ppocedM de allo«H(ren; y a#* debemos prepararnos á ver cosas muy sin-# guiares en las evoluciones que haga este partido eu la esfera política. El ardor con que últimamente je na arrojado á las elee^^ ( iones, indica que está dispuesto á trabajar ahora tanto como nunca; y es probable quo^;"^ no kut fldoel cimpo deelonl donde plee sus nadion de aaciiB*pani derriiinr á^ sus adversarios. ' ' ^ En estas uuiterias es diücil calcular á punto fijo lo que mieederi; pero cnaM» partido progresista por un conjunto de circunstancias especiales se halla en una sitúa* cion anómala, se puede prever que ba dr^ ser conducido con el tiempn hechas matffr anómalos todavia. Este es un cometa que camioa coa demasiada velocidad para que pueda ser atraído por d actnnl siMcma, y sometido i un movimienio regninr en la ór-« bita moñárquieo-constilnrional, convirtiéndose en satélite de la situación. Sin que lo intenten ahora los prohwnhwi del pnXidniw la fuerza de las cosas le irá llevando á larga distancia del punto donde esta, asi como la misma íueua le ba llevado muy lejos del sitio en qoe estaba durante la guerra civiK^^ Cual sea estepnnto, y cuáles los caminos por donde baya de llegar á él, lo han de de-^. terminar las nemiadiiiaBtos, que por eioM| to no falltiin, y de ^fadnd, parn qie laii^ partidos encuentren vaste espneie en qnnvu realuur sus maniobras. ' ^cu^ ' ^ (f yaque no venturosos, es preciso que se obtenga lo siguiente: 1. " Sttuusion sincera del gobierno y de Im iMrtidet alónleii legil.

2. " Arreglo de los astinf *^ i i 1 <iást:' n>; iHiwiiwite la Miloridad del Sumo Footitice.

i. IXMMr li ¡■iigMBiiii áe la In- ¿fkailMMiüclaiiea,Md «rdMeatará aügoradb, ni las conciencias dejarán de Imitarte, ni el trono di> Isabel gozará la t-onsidoMieion aue necesita en Europa, ni estará exenta oe peKgro h Mqnilidad de 'os dominios de la monflN|ainw elcoatiuent4*, y en las colonias.

Mientras loa partidos solo se sometan al /énlen legal, oca» i ma.naeeaidad de fnerza. las insurrecciones serán frecuentes como io son en la actualidad; el orden sera luturmilanle, y ni «n los m'—ii ialenralos de trata de la nación que dispone de mns medios públicos y secretos para dañar á sus enanigos, súm» también porqu*' {in cisamente la Inglaterra ha sido uno de los IfMy^ll mas poderosos del trono de Isabel IT.

Ffnminnmon abora cuáles son las probabilidades 4e thHwr tsliS ftrni^as i«sgk tados.

Mneera M ntlUmm j útHm parteo» Un jíohiernonocs legal por solo quererlo: la legalidad eüi^n algo mas que voluntad sincera de sujtjWfH^'A la ley; ha nicues^' ter de ciertas condiciones independientes de los deseos y propósitos de los hombres que gobiernan. La conservación propia y la del órden púbNHP'ftif |(ÉMt loe gobiemés necesidades superiÚ^ t Ta ley: si esta no basta, se suple con la fuerza* Asi lo han hecho siempre los gobiernos, asi lo hacen ahora, asi lo harén en lMMite, no solo en EspaRa, sino en todos los países de! minulo y linjo cualesquiera formas políticas que se plan-, teen ó imaginen. Es pues tiempo perdido el que se emplea en predicar á los gobiernos respeto á la ley, cuando i»or si sola no se puede bacer respetar de guheruaules V gobernados: los gomernos cuando no poepaz material estarán libres de inquietud y j ácn gobernar pelean: el despotismo que cn- '.ozobra. La sumisión del gobierno al órden legal, es otra necesidad: es preciso poner término á ese funealo<si8lsaM que proclama derechos en la ley escrita, y los infringe sin reparo en la práctica, y que es por si solo una semilla wcunda de anarquía: los pueblos aprendM^oaln lo ^ las.snsnia» los' gobiernos.

JKl arreglo de los asuntos eclesiásticos AiaBtola Mrtoridai M Smo PMtilice, es ana de las necesidaies mas trsscendentales, no solo para el bien de la Keligion, sino también para el del Estado: aun cuando todos los demás mgoeios se terminasen con felicidad, si este (]oedara ¡icndiente, él solo i lonres se ejerce no es olra cosa que el uso eslralegal de las armas que tiene en su mano lodo poder constituido.

De donde resulta que el primitivo origen de la posibilidad de un sistema legal, no so ha de buscar en los gobernantes, sino en los gobehiados, porque no hav poder público posible cuando la soi'iedad ^e lirilin en tales circunstancias que hacen imjpostbtc el S|oe este poder ejerza sus funciones. La aenca del poder nunca nace del gobierno, sino de la sociedad, siempre se trata de muchos contra ^cos; y asi es que la historia y la esperieneia enseftan constantemente que los gobiernos muy odi,)íl(»< «le los pucbastaria para provocar graves conflictos en h blos, caen irremisiblemente, siquiera se lo presente, y acarrear inmensas males en I encastillen en una altura inaccesible erizada el oon^mm.

El reconocimiento de las ¡wtencias del ■Surte es también indispensable, si el trono español M fa» de raprssenlar w papel tan desairado cual no lorapreseata «ngan treno de Europa. Por lia,.el desarmar la indignación de la de bayonetas.

Prescindiendo del origen del poder civil, y sea cual fuere ia doctrina que sobre este ponto se adopte, siempre será necesario convenir en que no es posible pohornará un pueblo que no quiera ser goluM n iilo: cuando los conquistadofes huu oprintiduuor •Igoa Ümp» á u país, loMttiwlMlMM^.

DigitizQd-fay Coegle ID arroiar sobre esUí, al pueblo contjuislador. I'ara ^ol>crnar e» necesario un vinculo moral, (|ne |>or una parle de consistencia a la íuer/.u nialerial, y quu sopla lo que á esta falla; y esle vniculo debe arrancar de (ui punto lijo: el convenciniienlo de quu ul poder (pie gobierna, es leiritimo: convenciniienlo «pie se del)ilila ciiand*» bay una parte que opina en contra de ta legitimidad. l*or esta razón se ve á los ííobicrnos, aun los nacidos de las revoluciones, correr desidados tras el titulo de legiliuius, procurando subsanar el vicio de su origen; y es i|Uii saben que encoiitrarian en eso un elemento de incalculable Tuerza, y que lo contrario es una causa de profunda debilidad; es que saben que los (meblos sulrt-n por largo tiempo el mal proceder de un gobierno que creen legiliuio, pero no sulVen sino a la tuerza, a un gobierno que creen ilegitimo, aun cuando gobierne bien. Lstaoí ion es de mucba ti ascendencia para cuii^i. ^iJer la hi.sloria y ¡a polínica. Uqo de los resuluidos mas desastrosos de principios rcvolucionarii -u mpre luuy sos|K»clioso: la nionar(|uia es jior esencia un eItMiienlode orden y estabilidad; los principios revolucionarios son por esencia afiladores y disolventes; no pueden unirse; su unión es la muerte de uno de ellos, y a veces de r;K «'1 irono de Luis XVI y iaíí lilHírl.i..1111 « -as, se hundieron juntos en los horrores de la convención y en la dictadura militar. AforUinadamcnte el a>-ccndieiili' del espíritu nionin ('iiu >, ha c\itado en España tamaños de, no |>erinilicndo otra cosa que iiii'/i|iiiMns remedos de aquellas escenas coii»>iiirs y terribles; pero es inenesler nolar <|ae el diaoia sigue aun, y (pie la revolución española no ha llegado lodavia á su desenlace. 1. eras pasan, y el desenlace no se i » in tima se inaugura como otamos presenciando: en los partidos división, exasperación; en el gobierno crisis peq>etua; en el |)ais, amagos de revolución y de guerra cisil; en la Europa, aislamiento v enemistades. Teniamos prorundauicnie grabada la idea las revoluciones, es el (jue a fuerza de der- de (pie era necesario substraer el irono ib ribar y levaular gobiernos, debililan en los Isaln'l II a la necesidad de los ajioyos revopueblos las ideas y.senlimienlos de la tegi- { lucionarios, que desde su elevación le lian timidad del poder; y las cuestiones dinásli- [ conmovido al paso que le soslenian, y tle cas figuran enlre las mayores calamidades I que era preciso hacer entrar en combinación de un pais, por<iue el |)rincipiü de la legiti- ¡ con la Kspaaa nueva la Kspaña antigua. pamídad se divide, y el poder publico pierde ' radar á la monarquía el cimiento anchuroso en fuerza lodo lo que le falta de reconocí- I y sólido de las ideas y sentimientos naciooaniienlo que no le prestan los di.sidcntes. | ctonales, de las tradiciones español,)-^ « re- Kn Kspaña, a mas de tu guerra diuastica,: vendo (pie solo de esta manera (X) hemos tenido la revolución que se ha llama- i guirse que subiese a las regioaes cki do aliada del Irono; y be aqui tpie ahora, la savia viviticanle que circula |M>r las cuaudo debía halier unión, siquiera entre i ñas de la socied<Kl. Mas como (piici los delénsor>>s de Isabel, se présenla un uu- en nuestra opinión esto no po<lia lograrse uiero considerable de estos reclamando el II con reales ordenes, ni con arliciil<»s ¿c ('um¡)limienlo del pacto concertado enlre el i periódicos increpando a los disidentes, ni trono y la libertad..Nucen de oslo compli- I con el proposito de hoinlm"^ (pie lo de>cacaciones nuevas, que en couceplí) de los j! ran, sino con hechos p. grandes, de amigos (le la revolución, afectan a la misma legitimidjad de las instituciones; v se acusa ctic-.tcia segura y duradcta, se dijo tentábamos una reacción, (jue la ejct lucesantemenle a los consejeros de la coro- f de nuestros proyeclos pondría en jieligro el na, de haber eslraviado a la autoridad real, haciéndola sancionar actos contrarios a ios principios de la libertad: tales son el desarme de la milicia nacional; la restricción de los fueros municipales: la reforma de la Constitución de tí<37, y por bn el olvido o el destierro de los que tiguraron en primera linea en defensa de la revoiuciou y del trono de Isal)cl II.

• El apoyo ofpN ido á los tronos por los • Imiio de la bija de Fernando; se pretin» escuchar los consejos de la corle de las Tutl<'-rias, se lomaroii determinaciones in>lanlaneas, y se ejccularon con inaudita pronlilutl. Ks de suponer que los encai -M(!'» i'-' j)or la seguridad del trono de iKni.' I- w v la tranquilidad del iwis, lo liali nsado bien anies de tomar lan graves resoluciones: sobre ellos, pues, caerá la responsabilidad, a ellíK locara In censura o ei elo- Digitiz'eíJ by Google gioMÉilMo It pMüéiáMl, f tales I nesde hw wfpqiittoaes populares, y Wr todavía, ea el juicio de la geDeracion pro- j ríaa la oiilícit aacíonal; mas con esto ¿qué senté. Si nueslra opinioa fue errada, y de i se adelanla para cooslítuir un gobierno sótodos JDodos la Espaúa puede ser prospera lido? nosotros creemos que por el coulraho y firiix, ■Oft alegrarenos:6a el caso contra- | resulta imposible. ¿Qué se adelanta para lio na*, censóla remos, recordando lo que tuantes. coino se echa de ver en la permanente crisis de su representante que es el ministerio. ¿Qué remedio hay para semejantes males? otros lo sabrán qoitá; aosotros lo ignoramos.

¿Se puede coinen/.ar por entregar el mando á los progresistas? Ni la corte lo quiere, ni el partido moderado lo consiente; y sin embargo, e:>la es la única eondijiion para aplacarlos.

¿Se puede llamar á los conservadores? Las simpatías de la corte por esta fraí ( ion, son cuando menos muv dudosas; y ademas, la mayoría del parti<H> moderado se opondría á que subiesen al poder los que han estado en minoría en las cortes pagadas, y lo están en las presentes.

llSe conserva al minislerio actoal, en todo ó en parte. ó bien se nombra otro que profese los mismos principios v observe igual pUtíca? Nada habremos adelaolado; dorará ía.situaoion actual ( on lactiTáNoa, con la irritación, con todos los inconvenientes de ahora.

¿Se hace una tentativa en sentido mas monárquico? Entonces se reúnen contra el ministerio todas las fracciones hberales; mientras los monárquicos en su mayoría, se eonservarán en su retiro, esperando k» acontecimientos.

Ademas, ¿con qué medios de gobierno contariañ los varios ministerios que acabamos deladicsr?; 'i, Los progresistas restablecerían la Constilucioa del 37, eosancharian las atríbucíolos progresistas. ¿Dónde están esas difemncias de sistema? nosotros no las alcanzamos. Fácil es hablar en general de legalidad, de moralidad, de economías, de dignidad nacional, de mejoras públicas; pero la diticultad está en la ejerucion. ¿Renajarian el sistema tributario? En lal caso ¿como se cubre el presopueslot El gobierno do' los conservadores no tendría bastante fuerza para hacer reformas radicales en el ejército y cu todos los ramos de la admioisliaciuu; para esto se necesita una audacia ó restauradora ó revolucionaría; y esta no la tienen ni la pueden tener los hombres que prol^san esoj» doctrinas libias, en que no entra el cal||r de. BÍngiui prittápio poderoso; esas doctrinas, en que la monarquía y la revolución se equilibran en iinísimas balanzas; disputándose largamente sobre un adarme teas ó meuoé de prerogatívareal, ó fuerodelparlami nlo.

¿Modilicarian notablemente el gobierno de las proviucias? Si no anduviesen con gran tiento, muy pronto palparían el resultado. Hay ciertos males inherentes á la situación, que no los curarían los conservadores, y uno de estos males es la necesidad de hacer mucho uso de la fuerza.

¿Armarían la milicia nacional? no: pues entonces los progresistas se quejarían lo mismo que ahora. ¿Admitirían ampliamente á los proiiresislas en la administración pública? Si no los udiniliesen sufrirían las mismas acusaciones de esclusivismo; sí los admltie* sen, el partido progresista con su número, su energía y su audacia, absorbería en poco tiempo a la pequeña fracción conservadora que se disolvena bien pronto como un pequeño grano de azúcar en un vaso de a^íua.

En cuanto á los medios de gobierno de que dispone un ministerio que conserve la sítaMÍoii actnl, prohados están; y lo peor I es que no hí^ alran/a la posibilidad do rm- f plear otros mas elicnces, atendida ia falsa posición en que las cosas se encuentran |)or un conjunto de dremislaiietis flanamente complicadas y pelií;rosas.

Pues qué, se nos dirá, ¿no le será posible al partido moderado llamar al partido monárauico de todas jiiniones dinásticas, asociarle sinccramenle al.i:ol)i<'rno, y contar con él, como el mas iirmc apoyo del trono de Isabel II? Pero nosotros pregunta-KMiios también, si los partidos vienen por solo llamarlos; si las ideas y los sentimientos se cambian con un escrito; si los temores V las esperanzas se deshacen con vu pitabra: si los compromisos se rompen porque otro lo aconseje; si los insultos se olvidan con una espresion halagttefta; si se niegan los actos de toda la vida, para acometer empresas inciertas en favor de losenemi'ros; si se ha olvidado la historia de 1843; si se ignora que la generalidad de los hombres prefieren vivir infortirnados en la oscuridad doméstica, á servir de pedestal á sus adversarios, y que tantas veces los despreciaron.

Si las dificultados enumerrifínv no son verdaderas dilicultades, convenimos en que latenlativa pudiera salir Men; pero si son dificultades grandes, entonces sigase como hasta ahon, v sufra cada cual la situación que se ha preparado, y súfrala con sus últimas consecuencias, que, antes de seguir su conducta pasada, bien debió pensar en su suerte futura. Los negocios de estado, los sistemas políticos, no son asuntos de intrigas particulares; los grandes negocios tienen grandes resultados, buenos ó malos, según la resolución; los principios poUticos muertos en su atlwns J á con los fatídicos acento^ que dOTin en COMIdo se exhalan de las tumbas.

La revolueion ha muerto, el carlisaoo ba muerto; lodo ba muerto menos la ntuadoA; sea en buen hora: feliz ella que en tal catástrofe de muertes ba podido conservar la vida, j no como quiera, sino con robusles, cnn Inzanía. con perfcclo bienestar, coa esa: unión en su propio soiiü,(|ue le augura largos siglos de duractoQ y bienandanza. En vano claman los progresistas, en VMO se' (|uejan los monárquicos: la situación no espera ni teiue uada deioi» que están fuera de ella; y derramando; gracias sobre cuantos la sirven, y aincQa?.undo á cuantos no la admi<*> ran, sigue su marcha triunfal entre los aplausos de los pueblos y la envidia de la' Europa...-.tür >u,(i II. j