SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

Page 15 of 116

Aun cuando uo mediaran otras causas que engendrasen oposición de intereses entre ingleses yesnafioles, las indicadas fueran por cierto poaerosas en demasía para prodel vendedor y los del comprador, los de dos || ducirla tuerte, viva, intransigible. La histo-— ~ss qne coneiBren á un mismo mer- |) ría y la esperieneia ensenan de consuno, que motivos de muchísimo menos valer ocasionan ¡uestiníruil)les rivalidades, acarn'ando a menudo guerras san¿¿rientas. La posesión de una pequeñísima isla en lugares ai parecer insigniliiantcs. la dcmarcarion mas ó memercantil, esta en oposición con la España'; jl nos escrupulosa de una Iroutcra, una fortaleza el aumento v desarrollo de los verdaderos in- 'I colocada en un [)unto de suyo poco influyeniHvses^ de la una, dañara por indeclinable | te en las operaciones militares, un peHazo necesid{íd los de la otra. l>ejemos aparte por ' do tierra junto a una romoti<ima ensenada, un momento los mercantiles, ()or no repetir ¡i el mayor o menor ascendiente en los uegob qne mil ▼ mil veces se ba dicbo ya, y mi- | dos del (^biemo de un pais situado á terpuntos generales en que efectivamente esta «Miad se enlasa y hermana, opinamos qoe hay mtiehisimos otros en que dichos intereses se hallan necesariamente encontrados; v par tanto siendo indispensable la rivalidacf, eaáacvml debe procurar aacar de so posición el mejor partioo posible. promoviendo su conveniencia sin apartarse de la justicia. Tan «nMi «b raion en qie se funda la ver- Mi 4e 1m observaciones qae preceden, como lo es que están en oposición los intereses cad\ los de dos aspirantes a un mismo cmpteo, los de dos ambiciones que tienen lija sa surada en un destino en que ambas no ptNiÉi tener cabida á nn ansmo tiempo.

La Inglaterra bajo el aspecto político y la cuestión bajo un panto de riBtade I golsinia distancia, y den y cien otras caomayor estension y altura, y en que no sea sas menos poderosas, motivan los mayores dable sospechar interesadas miras de proviu- i esi uerzos de la di^ilomacia, y provocaii csiMMao. ¿ConviéneleilaGnnBretafia que trepitosos romoiniientos; ¿(¡ué será pues la nadon españolase levante de la postra- • - ■ • - ^ cion en que yace, que lome aliento y brío jpoft ocupar de nuevo el rango que le cormpiMide entra lis nadónos europeas? ¿no US cierto, ( iertisirao, que no? Quien lo contrario pretenda, si quiere dar a su opinión tan solo un débil viso de probabilidad, neeaearío es qué borre del mapa de la Península el importantísimo punto de Gihrallar, en coyas fortalezas ondea el pabellón británico; necesario es c^ue haga desaparecer del mismo mapa el vecmo reino de Portugal, casi redadd» á «n simple eoloniade lDglaterr;a tratándose de la iniluencia sobre nn reino situado en posicicm ventajosísima, para todas las operaciones políticas, militares y mercantiles que se intenten scÁire el occidente de Europa, Mediterráneo, y costas de Africa? de un reino, que entre los restos de su pasada grande/a, conserva toílavia grupos de preciosas islas, muy bien situadas para servir de escala eu el tránsito de Europa á América, al Africa y al Asia? ¿«lué será tratándose de un punto como Gtbrmtar, llave del Mediterráneo, punto de apoyo [)ara opekar sobre la Península, el Africa y el Atií Ierra, no es lan Inrpt», Inn ciega, (fue no vea lo que us utas claro que lu luz d«l tiia; a s^her, que desde el instante que la España m I o si> a su antiguo esplendor y poderío, desdi' el ¡ii>l;iiite qiTt» el león de Castilla pudiese luedir sus fuerzas con el leopardo brítanOf comenzarla la rivalidad, sigvieiido después las hostilidades, hasta faíaber reconquistado lo (|ue la naturaleza niismn le está indicando como de su pertenencia. Cuando lord Clarendon y sir Roberto P^l, nos están halagando con sus sentidas pnilcslas del deseo que ahrifrnji de nuestra prosp<'ri(iad, de uueslra dicha, de nuestra libertad e independencia', reltexionemos que los que hablan uo son escritores entusiiií<las, no son poetas de (luieues pueda suponerse que se n»ecen en (toradas Uusiones, en sueños candidos y Euros, eo ¿galanas utopias por el bien de la umanidad: n-lli-xíonemos que son hombrea de estado úe. la Gran Bretaña, encargados de la defensa y fbmenlo de los intereses de supaíSf colocadesé manera de a ta la yas para acechar cuanto pued"* raviirererle o dañarle; rcilcxionenios que üod houilii-es que consagran su vida entera á combinar, á ne^^oríar, <i intrigar, á maniobrar en pro de la grandeza, de la prosperidad, de!a influencia y poderío de su patria; lijemos entonces nuestras miradas sobre Portugal y Gibraltar. y de seguro que sin necesiilad de otra consideradon, se disiparan en un momento las impresiones agradables, que causarnos pudieran las mas graves protestas, las mas anéenles espresiones de buen afecto y desnaeresada amistad.

Sí Jo dicho hasta aqni basta y sobra |)ara convencer deque la Inglaterra tiene un interés pode if^ocn tpie la KspafKt tío sf lexante del abatiuneulo en que yace, existen lodavia otras razones que llevan la espreaada verdad i\ una evidencia que no consiente réplicas de ningún género, línsia ahora nos hemos ceñido á c(msidcrar ios miereses británic(M> y cspaiVotes, con relación á Europa; peroesleadiendo nuestras miradas á la América y al Asia, enrnntrnrenios no menos graves ffl'itivos de incesante rivalidad.

¿Quién [KKlrá perauadirse que sea con- ^f^-íionte á la In;;] aterra que la isla de Cuba este bajo el dominio del gobierno español? ¿quién no ve que debe de encontraren esto un obstáculo, un estorbo, que de todos modos le importa remover? Si no ic es posible fi adquirir aquella prectosfl lülonia, ]ior de neg(K'iacione:< (» de un jíolpe de maoo, ¿uo sería muy ventajosa para eUa ía einaa» ci]>acion, que produoMMido primesB lnrjs»flé> rie de (iesastren y tnrbuieucias, vinien0--á p;i' f;d fin á una independencia precaria, lu izada a demandar humildemente la soaibra de nn aho proteetorado? ¿no abrífia dte enla suerte la lnf<laterra un nuevo desahogo para sus sobreabundantes |>roductos? ¿no mejoraría la situación de sus colonias (ieslruymuie ia pros] Maridad de un rival teaMMeV Lan iettt4iti\as tpn' se están hariemlo para arrebatarnos aipiel inestimable tesoro, los teñe* brosos manejos que se emplean para |>rovocar una htsurreccion, cubriéndolos con el hermoso velo d»! tnior de ia humanidad, y aparentando un entusiasmo por el bieu de stia semejantes que raya en Ja demencia, como lientos visto recientemente en el ex-oonutt Turnbull, son la respuesta mas de( isiva que darse pueda á las indieadaü cuestiones; esto I revela bien á tas olmas, oaáies son «n- lan \ntilla> los iaierasesdeJiapnlIfty euáknln» de Inglaterra.

Volviendo al Oriente miestros ojos nos encontramos con el pabeJImi de la Gra»Bmtar' ña llotando victorioso en los puertos de la China, y descubrimos vivo movimiento de sus di|ilouiáticos y de sus eousaríos, para aprovechar lo que tan feliZBMnte ba cobm»- zado la suerte de las armns, y esplofar las riquezas de atjuellos inmensos (mísus, cerrados hasta el presente á la ambición \ codicia de los europeos. Un ancho porvenir estendiéndose en vasto horizonte, ctiyo!; limites no alcansa la vista, se, abre de par en par á la actividad, al leMI ardor de esa gran nación que no calle en el améo. Las pner tas de hierro que matifiiviiMau A los ifuitimerabies habitantes del imperto celeste aislados durante treinta siglos, eaveron bajo lan «eñonazos de la armada inglesa, v ios raand:vriix's que creyeran inespugnablos sus baluario, vierouse obligados a ¡ledirde ruddlas la paz, y á pasar á bofdo de las veneednri» naves, j>ara firmar los ti alados (pu> «on al^ tivo ademan les presi ribiera el almirante.

El interés de la drau Bretaña después da tjin señalado tríunfo, cfHiíásIe en asaitvnr por todos ios medios posibles esa nueva conquista, continuando las negoctacioaes, y empleando de nuevo si menester fuere Jas armas para ir recalando cada dia conceaienes maa ventajosas. Genviéoele no dejar e«MMMttda>' ófíik kmmt fé éektcMMS el etiuipltinieotf) ih' los frntnftns, v:tsí prnfml»!»' í|IH* (ittcurnra lodos íoa lue^itot» luiaKtuühles ua-M dUrpnNMt á toib KMÍe de eon|>be»' MMt pie mdaii ocurrir. Si hien. para gmni^enr^ el nombre de lilnnlnipica, y adr'i el Ululo que MuiÑciuna <ic prule clora h«Hmi 4e u einrilíneMiB y de la huiitanidad, aparenta prin urar (¡ue las venlajas quciT|K>rtL': st» esticmian t íTíilHcn a los demás pueblos ctvilixaiios, ej>t<»r/«tii4Íose cti acallar <lp )>sui mtñ» Im tfMiM y marmnllw que detoda» partes se Icvanían ronlra su nmliiám y codicia; no dejara de cuiidar que b fucde ia mayor parte del uio^Ue hotit, y de ví|rilar órnteíosamenle los pasos de friantns nriciont*- pp"i»'nlen en la Doeva arena. El uiüjmo muTiuiiento europeo que aKiai Oriente se promoviere, no se olvidará ^ c^tkluto en provecho de los intereses propios, y mnchn serji si su diplomacia apoyada en las colosales posesiones de la ludia, T «a los ventajosos tratados de la China* no tiende á sus advensaoos y nvBke Doevas é iaeslncahles redes.

En vbta de esta posición de ia Urao Bre- Ma an las países y mares de Oriente, ¿bá> Uanscpnr viMitma sus intereses hermauados COI» ios nueslros? Aun luando se supon ira W no le couvieue la pose>iou 4lc la^ i>las FilipiDas» y qw pretiere dejarlas en nucslru \n4vT a cttfgarsr nm los compromisos dií (rtn culonia, sieniprc es cierlo <|ue no puede agradable aue la nación que las ()osi;ü levante detiuisiaao el vneb eonvirtiéndose en rival temible.

Jte k re«íeAa qoe acábanos de presentar, sadMlnee eo» teda evidencia, que ia In^lai«rra tiene en todas parles am intaaresea ea opos¡<in(» voTi!o< nuestros: resulta <pte es «a düsurdo el suponerle sinceros deseos' de MMln prosperidad, y que por lanto es preriso escuLbar con la mayor desconíianza sus Hfnieslas de amistad afectuosa, no hacer ■uagun caM> de sus ardientes volos ]>or el tMKato y desarrollo de nuestra riqueza, |Wel;ttii[r(Mitfi ííf nuestro liienesUír, por el rvíslablccituienlo de uueslra iudc|)endencia y Nerío. En todas las aUany.as que con ella >«gat)i(is. llevareaaee por necesidad la peor íwrlc; ella |K)den»sa se aprovechará de iniesdebilidad; ella rica se. aprovechará de VKalia pabiÍBia; eUá eodíeiosa eapkilará noestru twolo todavía vtrp^ii; ella {irevisota ) iitila se aproyaolMiÉ de — estra impreTH sion; elii oe^ te aprovediará de nneatn negii^eocia; ella iuteresada en nuestro abatiniento y postración, procurará envolveroos ■M y BiM en la red qne nos tiene tentida,* y en la que están ya nuestros pies; ella sagaz conorpdor? <]r Mtioslm orirnllo nacional, disfrazara uin liniluiiies y seductores velos los progreooe de su nsurpaelon, eomo el reotil (|uc con mirada fa^<-illado^a va alrayenao a su inllamada boca la » luidula avecilla* Cuando sostenemos los daños que nos traerlo lodo aliani^a con la Inglaterra, y loa peligros (pu' coiisiiío lleva su ¡iiiiistad demasiado intima, uo es nuestni ainiiio iiulucir a que se ponga España eu desucuerd(» cou aqnella nación, provocando so enemistad y su odin Muy al contrario, creemos que semejanu>> conducta.seria impiiideute en estremo; y hasta nos atrevemos á indicar, ({uc entre* las íaltas cometidas por el partido modcnifif) (MI España. haya sidoqni/as una y no desui üciable, el no observar cou respecto a. Ingláterm una omdocta mas atinada y pro* visora. Enefedo: si la amistad de áqaella gran nación no nos es provechosa, tampoco nos es favorable su enemistad; y asi fuera ufia impradeaeia en los hombres míe dirigiesen los negocios del |>ais, el trarle por causas lisianas, motivos de tpieja y desioutcutü, y ci herir su susceptihilidad, inclinándose a favor de otra nación, que ella ha mirado siempre y mira todavia, cuando no como enemiga, ai menos como rival.

Al débil uole es regulanuente muy provechosa la alíania con el fuerte, \H)n\m aí'ontece casi siem|>re loque sesii:nili< a en la faiuosa fábula que anda en boca de todo el mondo. Los escaños recarsos de que* el débil puede disponer., se aproveehan fiara el loijro del objeto; pero cuando se trata del repariimieato d(; los buuclii ius ubteuidot», eabele al fuerte la parle principal cuando no la totalidad, por la sencilla y convincente razón de qnc os fuerte, Por mas que esto S(^ de una veiilad incontestable, no se sigue que al déWil le sea provechoso el eaeitni' contra si la animadversión del fuerte; la prudencia aconsejo la linea de conduela tpie debe observarse, cifrada en dos palabras; ni aliangca ni enemistad Basta tener una i(U'a did inmenso poderlo de latirán Bretaba para convencerse de cuan imprudente fuera, ni provocar abiertanienle su ctkfíi con atrevidos deamanes « ni úrilar su orguUo oiOfando é otm poleiicía Dlgltlzed by Gopgle qiitera. no üirenioü decisiva prapoudemncia, |l ^ion un ntir tuT K h Triincesa. Tamhícii de pero ni auo prsdileccioB demasiado narcada. i! esta upinüuioi» que i^ieiies no poedc traemos-La luj^iater» tiene á la maao nuchoame-, los; malea si, ilii wnihi ijnniihil fii-raé*. dios (le dañaraos: y si bica estamos coaven- ' mm da la leapaalivi mncion de las ám oídos (le í}!H' (MI lodo cvmto los piunltnMá ' naciones, y Jos PSfamwntos de la hÍ5;toria porque ai^i cumple a sus ioleres^.s, upiiiainos y de la esperiencia vendrán en continiiaciMi no obstante que no eapoco lo que pueden | de lo qii6aMbaaioidtodacir(4). contribuir la sa^^acidnd y cordura del ^'obicr- ¡ La demasiada estension que va tomando no español, eu (\uc ui se empleen en tanta ' este artículo nos impide desenvolver estas ainiudaucia cisos ntcdios, ni se active con tanto ahinco su eíícacía. Desde el momeato qnc 1^1 trnbinot-' de San James se convenga aue el de ias iuilcria» predomina eu Maarid, Y ^ue la ^oUtica de Luis XIV se ba r j/itabíecido dntieado de nuevo los Pirineos, desde entonces será no soln nuestro rival, sino nuestro enemifjo, tenaz, irreconciliable: pues que sn interés y hasta su hcnmr [ no le j>ermiUrán contemplar 8ia indignacíoii J proliiiida nn e*;tado de cosas que tan mal parados lus dejara. £n tal caso echaría mano de todos los medios imaginables para perturbar nuestra tranquilidad en lo intenOTt para insurreccioiuTi nuestras colonias, para destruir nuestra iüdm>tría y comercio, apeindicaciones ea el présenle numen»; har«-bmmIo ea iroo de Isa ianeditlaa, €s«>ia a^ (ensioii \ detenimiento ipa portancia de la materia.

ARTICULO 11.

( nniptiendo lo que en el néawfo anterior tenemos prometido, vamos n tratir de lai lando ciulzás á recursos que en las carteras || ventajas A inconvenieBles que paeda ofteminisleríales deljen de tener;i|»unladns sus hombres de estado, para sacarlos á plaiaeu el último estremo.

¿Qué interés podemos teaer nosotros en ■ prestarnos á s( i virde.irenn en la lucha de dos poderosos rivales, eu entregarnos como uu cordero á quien dos fieras que se disputan la presa matan y descuartizan? St no nos conviene \;\ a!¡;iiV/;i de In Inglaterra, ¿podrá sernos útil la de ia Francia? ¿será verdad aue restableciendo la política de Luis XIV, tral»<- jemos por nuestra dicha, por nuestra prospe< ridad é indojiendcnria? ¿será verdnd qne ni en el estado normal ni eu situaciones estraoreeriios la alianza Tranoefla. T pora que' bo se dé i! nuestras palabras un sentido qoe no tienen, advertiremos que ai rechazar la ia-- dícada alianroi, ni siqoiera peaaauMM ea laa hombres que actualmente empufian las riendas del gobierno en aquel pais y en el nuputro, y hacemos completa abstracción del estado actoal de las relacíoaes del gabiaelB de Madríd ron el de las Tullerías Colrioamns!a cuestión en terreno mas aneluimso: COSAIS de suyo grandes debeu ser contem- Hadas en aa cuadro mas esteaao, ea iiariznnte mas vasto: }- Ii^ desnaturaliza y mutila cuando se tiene empeño en circim»- díaarías, pueda sernos útil el constitairnos | cribirlas ai estrecho ámbito de las bandeen satélites de la pnütira francesa? Mucho lo dud;uufis. ó mejor diremos, opinamos en scutido muy diverso. Ctee.aios que por muchas razones!i> imjtorta á la España el no vivir en amistiul demasiado intima y csclusiva con la Fraucia; creemos que lejos de sernos provechosa esta linea de conducta podría acarrearnos perjuicios de mucha cuenta; y que. l úe ra lo mas á propósito para empellarnos en una nueva serie de calamitosas consecuencias. Hemos manifestado nuestro peusaauento sobre la alianza inglesa, y por 'cierto que ii<> l;i liemos favorecido; pero debemos aáadii, (jue poco taita si con tal aver- ¡i lerior » la cuesiiuo del mairiraMMo.

i rías poltticas y de los ielareses personales.

Paréceuos que la cuestión quedara planteada ea loa térarinos coaveaientaa tniaa I lándola de la manera ({!h> sigue: ¿Qvé bie-' nes puede traernos lo alianza frmcem? \ males puede acarreamos f l*ara mayor cla- : ridad proeniaremos exaniaarpor separada : loa dos puntos; bica que ae roía da tal iia*> (i) Por donde se vé qne la opOsUO» del ñera el uno coa el otro, quft m tmmifm ñ% I rá fácil conservar el desünfle. I ¿^ué bienes puede Uat^rnos la alianza ú fwMMft? Volvemos ios ojos á loáa» ftaím; I con^'tderamofi los objetos bajo el aspecto reii^aoso, bajo el social, bajo el poliUco, bajo el industrial y mercantil; divagamos por todas las regiones, iiilerro^aaios Ui bis- '. torin ron<ti!fntiíns la esperieiicia, coujelu-! ramos sobre el porvattir; en njogiuia parle, m niugau senltw MttlMMa ■ verqiie pue- ^ Mnos provechota la aliaasa eoa la Fran< t'vA: no (lesciibriniüs n¡n«jrniia ntiliHad en reiacioaes demasiado inUutüi»: solo eucontaMMt qw ww M OMveaíeatft d vivir «ii paz eon ella, con la buena amoim que ttc | aovo demanda la vecindad., Kueatra indepeudeocia para iiada necesi- | ta 4i k FraMÍa, dado que el espirítu del siglo, la actual diplomacia, una posición peninsular y en el ultimo e.stiemo de Ku- I ropa, nos poiicu u cubieilo Uu lodo ataque da la. ambición estrangera« La Inglaterra BÚsma, ni pieusa ni })ensar puede en alacar nuestra independencia sino por medios < indtrecios, disfrazados, dirígiciMlo cou sus; oonsejaa y Brandando con sus esigeacíai. i VtulrfH parecer á primera vist;» (fue ])ara ea- i te objeto es necesaria la alianza íraucesa, j pues qoo el ooairapeso de esta d<tetruiria j ii pfapmdenncia del gabinete de San Jame<: (mto hh^n miradas l;i- cf^sas no es esta '] la coQ&«^ueucia que de ain inliere; por- j qw ae sería dable lograr que desaperecie- 1] se la preponderancia inglesa, (|ucr¡éndDla ¡j matar con el ascendiente de la IVancesa, i sitto otorgando á esta ultiuta uu desmedido valor, lo que por necesidad nos acaitearia l| unn indef)endeucia indíí^na de una nación ji grande y pundonorosa: por sacudir un yugo nos someteríamos á oli o uo menos innoble j y pesado. j la política española tiene en esta parte ' keu tcasatk la línea de conducta que le: otiiv¡M0 servir: mmener en equilibrio lia dea influencias rivales. Y cuando de este: equilibrio hablamos, no entendemos acónsajar una política vacdaole eatre los dos i iiyilaaa apuMlsr, que «a ae iadiaa ¿ una parte, ora se abalanoe á la ccmte^aria, cottvirtiendo la nación en im ramfK) de intrigas V el gobierno en miserable juguete de aui-, hinioSta aatraayraa: eaipttÍMuoa la palabra! rquilibrio, |>ara si;;niKcar aquella actitud iado|iajHlieiite é bidal§|a qiw cHiU|de- á <la 'I tatnarquía da Isabel I y da Felipe II; ds aquella actitud que escuclia con ^ udencia y cortesía lo^ consejos ageuus; pctu que ios roehaou) coa desden tan luego como toman el tono de lu superioridad; aquella actitud une bacc juslicia á las reclamaciones fun^ UiMÍas en decebo, pero que responde í:oa poeroia iadifoiacion á e vigencias injusbif^ \' (;nt> venido el caso saba ticar la pluma j deseuvamar la espada.. v,, Y ooenta que 'seoHtjanta poUlica ao^.aa UAMieiU) dorado; es muy realizable, stenirr pre que al frente de los nejjoeios tendamos verdaderos bombres de estado, que uuni' prendan la vardadeia aimiiaioa de lea ooms*. y se emauc¡[)en completamente de las ínllnencias de las panuillas y hasta de los partidos; que ante todo sean esuañoles, y oalotoa úaicaaieate del honor y ae la iode-^ j)endenc¡a de su piitiia. Esta niisnia rivali-' dad que existe entre la Francia y la Ingla-^ térra, es un esceieuic eleuieutu |>ara soste^ nernos en una posición libre, de.sembaraza^ da, pni¡»ianien1r c<¡);ífii>li Si solo Invicramos a nuestras mmeüiacioues una de kii^ (bs |)oteiicias, fueranos muy difieil, atcu,-dida nuestra deipaciada siluacioii, que m nos viéramos preeisadtvs á rendirle cierta espede de bomeuaxe. Pero abora cada una de las fuerzas se callarla neulratiuda ihnt la contraria; y cuando en un sistema existen dos de esta naturaleza, nada ({jieda que hacer para mauteneilas en equilibrio 8HI0 cuidar que la una se halle sieaipre ai encuentro de la otra. ¿Pensáis que la In-. glaterra se empeñaria lucdmente en desavenencias cuu España que pudiesen acarrear un rompindento? ¿Peusuis que en casa de enemistad con la Francia, viera el go-. bierno de la (irán llrclafia que el gabinete^ de las Tullerias toma con nosotros una ac-* liUid amenaiadora, sin ponerse mas 6 menos altwrtameote de parte del th.' Madrid? ¿Peoüais qae lo prMiio no sucedida á Ja f nneia en caso de haOana ea aituaoMin aemejante? Claro es ()ue re|iugaaado á los intereses de ambas potencias el qiu» "^n rival alcanzase sobra la Kspaím un Inunto de* eiaivo que pudiése aoarrear un esceso da influencia, procurarían evitarlo periodos los medios posibles, apelando si aeoesario fuese á la guerra.

Ambas oaeiimea lo medilariaa muy detenidamente antes de empeñarse en una lucha con nosotros, púas que aun piestiiiiT Digiti del temor que iniítiiamentc se iiis|)¡- tnñm. la giiorra de la liulependem ia ha (lejailo jjroíuuílos rei íierdüs í^ue iio liateii Biny agradable una Icotatif» -de tnvaMon. El semíirar disconlia, t i proniuver inlr¡;í;»s que no mu dejen nunea en su^ie^o, >on eom& muy hacederas, v que no cuestan mas qttt^MkHBfM' qo« eo k ürea emplean Im aírenles, Ó cuando mns nitritn snnilicift |>ecuiiiario; perú intentar un^ guerra es a:>uuto mas sérío, en que no darávirolo ftiTw^le m^Wellinglon ni Soult. Kinpresa de Hera mal parado el capitán del sigki, no es para acometida Uvianauieule. Aquella guM'H|t<liÍMlli<ilMit*i*iiÍÉiHl pañolefi una energi;» y tenacidad que no se na visto en niníinn ()uel»l(» de Europa. Se dira tal vez que la uaciun de aliuia no es élí'nuestra rr^u^te/. se han di hiüfndo mucho, que las disrordias iiitcsliiias lian Irabajado la nación incapacitándola para ^ran~ 4llí«8ñier7.os: pero «in que práteoÉMMt poner en duda la |)arte de Ncrdad <pie en estas (d)servaciones se encierra, no n(»s parece siu embargo que i»ean de tanto |)eso «MM ilgaBMfiidiiÉvtWNii^ii priwtrnto r' no es exaefo qne nuestros elt-meiilos robustez liayan jxjreciUo en su mayor (Kirtc; exisleii lddavit, per» dispersos, despaminaée», 8ÍB punto oe apoyo ni re4Mri»ii<, esjverando para inoslrarsp y nhiar el (\\u' se a<lopte UQ sfólema de |K>littca uaciunal, grande, genmmfkéá WMiplü ÉÍ«éic<ii»ypiw»-peridiad de tan ilustre monan|uia. Y enan-(\() de politica nacional hahhunos. entendemos ({uc quien ha de adopt^trla ha de ser naoMfttl^ que i^ropende tnatfé<IÜlMIÍ é las^dú^inas de eíitc ó aquel partido no consienta en ser inxtrumeulo de niuguno de ellos, ni olvide qm los hombres que gobienien no deiNW tener otra síuia (jue las rciilas de justicia y las miras de conveniencia pubhca. Kn semejante estado 'de -eosas, es evidente que se trabajaría sin descanso en debilitar y eslirpnr si posible fuese los fjérmrnes de discordia» en restablecer la nacionalidad, ea - espiríHt patriótico, en preeérar ^pH'lll|*i¡^irtidos. si continuasen en su existencia tuvieran al menos el desprendimiento necesario para acallar la voz del reseulien las ara< del bien común. siempre qii0' «aikkK raolaaiaim dose el espíritu de la inmensa mayoría ilel pueble» español. por mas uuc la liebre iitica qtiew i^tta y perturmi pairéac» inái^ car lo c<mlrario. Si nien se observa, tísta liebre esta limitada a un círculo uuiy pe'- (jiieño; la generalidad de los espíioles ii# ha adolecMe «unca dd rliFMMM«i(ilKM# narin. ni aun en las epoca'^ en ipte rstt» se presentaba como mas ehlemiidu. Iiast4i aque^. lies misnH)» (|ue participaron de Uusímmmi van volvÍMÉhN^M»si: td escarmienlMapMfr dra en los ánimos el desenírarVo. y con ^l desengaño viene la seosaii», (|ue>«prMMi ios lnMléiiB iy <w iimwn-<inwi <w9km Tampoco es verdad «pie desde ISOH.fal energía de los i'>« pañoles li;i\a nicn- M;idn IükIíi el puiit4) que sc<|uiere suponer. lkíic\ioiiau-^W^8iiiifd'4t AltiMiMf(vt^^R dv^kpKjribtv aAiM^ des[Hijándose de lodo espiritu áv parciali-' <iad. (oniemplando con los ojos de un es-^ trangeru la arena del combate, echaste de «ar que dineümeata aa aaaantiaiia-' («uél^ en el mundo t\m- ulVeciera por espaci»:;d» laníos aAos \ en numero t^m crecido, tala mit cenas de heroico valor, de inalterable» iéaw taleM;f4f'te*ieta«aMtancia que ae«pteaanM ciainn eiilre nosotros. OhidtMiios los acl(»s de barbarie y de atrocidad tuspiradus por la sed tlo'vai^nKa y por Ia<lipeliéti6ft«iiak4 tacioR de tos |>iM-t idos t<|mi (litaba».éf^hai cond>ntientes; ol. idi-mos aquellas catastral les, cuya memoria pasaut ala posleridaé cwwo 'negra' maacbii 'aalia|ii|i<Éi4eüuaat> Ira hist(»na: que á |)esar de semajlrtw erad-* dades.. de <pie no está exenta ninirunn iruer^ ra civil, descubriremos en los priucipalaa valorífda*Ílid;i!miia y heroismo que reciier-^ da ios deprendientes de los veocedorea4la l*nvía y San Oninlin.. •; -ht •^Kstos hechos no hiB pasado sin fruto a los ojos de la Kurn])a: ella ha tenido el bárbaro placer de contemplar la sangrienta arena sin tomar ninfuna medida \mm'tm*» taflarhi naape qua leowia en abundwfecia.^ antes bien atizando á los combatientes: pera no lo dudemos, eo medio de su apa* pbM» iadHlwcwcip «BBMhi 'laromecidou ihi Navarra, en Aragón, en Catalufta, luiioa'' nocido tndaxia a l<ts hijos de la nación imparte rri la que sola, sui mas recursos que aiy^atilar^miiiuliii. ÍM|itii*Mwii<iiaa^y* jan/a del capilan del sigl<», que no dejft las i||aias4a<ia mano haata» 'vatte.áciaiiii¿piidH Dlgitlzed by Gopgle $i A8i, por mas motejado, ha conocido ia fiiiropa lo ames fgwto'ído iifui lefitaitvii de invasión; y ni la ViMMi'-iii otra potencia cuakfuiera, wi atre-WtmÉt ■WBjaMti p«o m viendo, no diiimWR iiníi TTTv'on rnnipli'tn ftntre todos los i9. «Hto tan i^oio una aujoria algo ^•sideraciones de|tft bien en ebhiMFPStra independeno'tn no rorrt' rif»slecibir ataqiiaa de tmm armada; y (fw feMhr de ki Franeis ni^ia Inglaterra. ni para sostenernos nos (»STiecesario tnendiiííir «»l annvo de ninLMina dfr ertae <lo« potencias, lodu ío cual udquiiMNMPfnr- AnrEt' flt w aérierle qoe el osih Impelo* de las fírandes potencias d(»l Norte, coBlrihuvü sobrcniant'ra a ponemos á cuketto dé lodo ata(|uu {M>r {>arte de las na-MMMrvneíMB, porque es claro (pie no piidipmn rfinscntir ni el desmembramiento del lerrrtoru» de la Península, ni la sujeción vio-NMa del pabellón español al de FraiR-ia é laglaierra, aia dM* por el pie ¿ la olmi del e'fonihrio tM?rof»»»o, para ciiyn sostonimionto se han hecbo y ^ hacen aun esluerzos tan rit no». haya ¡ resguardo em la aNMza da «ropa SiipiHe q«e la al««za fhncen de inda pne<lo xiTvimos por lo que toca á la conservación de nuestra indepeiideucia, une es lo qáe padfmlhilagBr4il9ttn tairto yliasta aoturhnr ciertos sacrilicios, veamos ahora si considerando la coestfori!)ajo otro pnnlo de vista Hcra (feible encontrar uiioa motivos que nos 'mp^m á eoaÜMMr la obf» de Lnis XIV.

e<Ui dio iondo á cadii [¡aso que hriHó en «Ha el ^'enio de un gran l oy; y si mocho no nos engañamos, esto equivale á signHicar que li-lkancia salió muy gananciosa cao la dea- i.'fínririon dt' los Pirineos. Mas romo quiera <}Me noüotroü no deiiemos mirar las cosas laíf el pnnto de vista de la conveniencia IfiMMi ima MpoAola, es neoeanria, ai á la afenra se nos quiere inclinar, qno «o nos maeato^tt las ventajas que de la misma nos ím Madlad», iMOiiéBláiidoBoa por ahí ha qae podrá» femllMren adefamla. Concíbese l>ipn ffiif á la Franela separada de la iterra solo por un brazo de mar, tronteña «I Nbrta t al Ori0tl»««i podarosas nacioaes, espoes'ta á menudo á gravisimoBcompitMaisos r á ronflictos arriesgados por su posición topogndÍ€a y por el estado de las paieiciaB europeas, ■eitonerisisei ,>etahltí. de cnnictí'r leal y generoso; alianíía ({ue en nmgun (*as4i podra acarrearle daño, ni empeñarla en lances desagradables, aules si servirla de mncbaen las eveiiUialidadea lie un mmpiníienlo con el resto de Knropa. Pero no es asi por lo tocante á España; y re« earríendo ta Msteria desde el entroniKaníie»-to de la atsi de Borbon, áadamos que puada señalarse un solo luM-hn en prueba de ioeoO" Irario. La España se ha visto repetidas re-> ees einpeírada en oon^iroatisoa par molifo de la Francia: el pnelo ite Gimilia nos ha traido gravísintos males. que no han sida cumpeosados por ningún luen. n * •.

Federieo el Grande dfcia que si #ae1UH> ll.i^c riiv de Francia, no se dispararía en Kuropa un solo ciiúonazo sin so permiso. Este pensamiento espresa la necesidad en qas se hsHa aquella naeion de estar comíniiaiiicntt' Dic'/.ciad;i en tDdns Ins í^Tnndcs cuestiones europeas, dp resentirse y ann participar vivamente de cuakiuicra agitación 6 scaatocimiapla aue tuviere lugar en Issdein-\^ Ti:K'iones. y ae producirá sn vez estre-I luectuuentos u trastornos en las otras cuan-I do ella safra alguna rcvolurion ó consíde* rabie mudanza. Si otras circunstancias n» iniMÜnran bast,'iri;ín!;h indinadas para demostrar cuan mi|)rudeuie tuera el mantener reiaeionesdeniosiadofntímas can esta nauianr en tal caso nuestra conducta se asemejéra á' la de aquellos hombres indiscretos, que pudieudo vivir tranquilos en el sqno de so fanúlia se entrometen en ems a^na, arrastrando <liSicustos \ cs|HHiicndose a perjuicios.

f,as razones arriba espresadas militan también con respecto al tieinno anterior á la revolución de I78§; peroaesde aquel colosal a< onleciininnff). y particularmente t!r^fie la última de Ihao. son tantas y tan graves las consideraciones que aconsejan prudente can*» lela, tfoe en p«es«Mia ds eNai pnreeen éb* X)ca importancia las qne acabamos de esponer. Una dinastía nueva, y con ella un ordea de Mw ieMmHNidte néevo, itmar siempre cc^go omnplícaciones tan díHeBesy pueden acarrear eventualidades tan varias e imprevistas, une es menester [n^caverse oon nwsha oóíasdo eoolni sos eonseeoencias.

La Europa entera ha reconocido los hechos que tueron el resultado de la revolución de jobo, pero semejante feeonooinMenio nO' le baimpedido d mnnAeaaiea en eierttrasli* Dlgitized by Google twáxit f Hf — iü y aMRHMHni ti^intfm unv 'li* «n tnoinento a «tm viníeiseii üneeaos incüiMiraüosu tiara laüi cosas un sosgo pligroio. 1 m •» orea que 91^ la Knropa ejita Unea de conducta por motivo de las ma- \ nr<'s ó menores simpatías que conserve con ía rama eaida, ui porque diido <ie las miras ptelflcM y toideneias emmernéom 4e ta reinante: en cuanto á lo primero, pesa muy jvoro en h ímlauxa de la actual paütira de ios gahiuetes el interés de uu uidividuu ui de ti«a familia, para que alcaBcea á raethar ínn)n ronsideracion, ni influyan en el cnnío general de los atMinlecimieiitos; y por lo que loca á lo segundo, trece años de trabajos y daifatt^as en contener la revolución, y de fnnc;"*<;tnn»'s y deferencias á los deseos y suaceptibdulades de los gobiernos estrangetot; son prueba niMle «qvfvoea ét> que se tiMirta iPoínntad de no permitir, en cnanto pw^H^le sea. el desbordamiento d Ijís ¡deas re^'ohicionarias, y que lejos dt3 jwasar en proi)figaada'ai -«n reMKittu' cvestiane» resueltas en 4815, solo se trata de no perder lo qíie!»c posee, anudando lo presente con lo pasado, v esforzandose en nacer mas y éer iM %rmm é» éoeeaM de hankma ét principióos o menos parecidos, )»ero que UÜiiHiín uu imíu < » la auiicaciou, cimim* ^iehra diinrir per MMeMáw«o<oaÉaead« taéM juntos en el ministerio. Quién se arrimn un X)co mas á la dereelia: quién se inclina un tanto á Ui r¿quie4-da; quien procura iaaa4»» ncrae eqnümrMl»' y aplomado m al aasM; (luién, un '■(tiiifutn df SU i'ífí'^icion, pasa de una a otra lilikcoiuo vilianu deaortor; se coliga con opiniones las ma» paia^el í^anto objeto de derribar M rio, con la j i ul osa intención de ocuf^ar Isüi siUas vacanleü: estoti hombrea pof citem^ denmosde ta Francia; el rey, que les < ce y conoce taiid)¡eu la situacioo ¡Nropia y la, dd país que ¿gobierna, cree que es naaesacio I coBteimpori^arv sufrir, talsrar, iMMia ^fm-é él, o á sus hijos ó nietos. se les ofrezca la ocasión de obrar de otra manera; v asi se umtieae paciente en eaia desa^aciabie taaeiM, taeríHcaiiria á loa «Maá laa •»» ijencias ambiciosas di^ ln«^ otros, pnrn sncrificar lucf^o a estos últimos a la ambición de los primeros. ¿Dudáis lal \cz du la verdad y P^Ub el beelio, haoieiido en euanto | exactitud de lo que se acaba de daaíft A m cabe, olvidar el origen, infif i i^'^p dp aqni qne la dasconlianza que abriría la Km opa, v tan visible se presenta a c ada o()ortuiiidadf ({ue aa alreca, tfaea de la misnta naturaleza de laa caeas. v de que la Francia e^^^t 1 muy lejas ^ aéüAi» garantías de orden y estabt-