SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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•Halriaae eontiauamcntc de la eatraaidiaarif» rnp iridatl de }jú<. Ft^lii»e, de los inmensos resiütaüos de su habilidad y previsión. No negaremaa al gefe de la oueva dinaetfa las eminentes calidades aue le honran, ni pondremos en duda ({ue la Francia le debe quizás el no haberse de^ñado hasta el f<mdo del abismo háéia donde enpexára á radar c-on la rcvolueidn de fMííO; pero si no nos engañamos, los mismos elojíios tril)iitados a Luis FcUpe son un Iristisinio indicio del mal aaladií social y poMtíeo en que dehe da eacontrarse la nación que aquel monarca goluema. En efecto, por que se pomiera tanto su talento? Porque ha sostenido el órden. jDaagfaaiado pueblo que para sostener el órden nerrsita ir- un boml)re estranrdinario!

Beflexionando sobre ta linea de condacla aagnida por Lds Felipe, notaranaa qne-tado el secreto se reduce á lo qne vulgarmente htMando aa Mama Hr» 9 afit^. Hay ahedemano está nn medio muy f.iril de cnmproharlo: contad los muchos uiinistenus que se suceden, y notad las pocas persomu á qna'laa cambios se raduean y da quieio fMaadvift influencia.

£ste hecho revela otro nada lísooiei*. fiatoa houAres algo rcpreasHan, algún Mliu» existe para qws por espacio de tantos añsi les esté encomendada la suerte de la Francia; esta siluacioA algo signilica. ¿Sabe» I quiénes son esos iionibreaf Bianindlo< y I veréis lo que pueden representar, y lo que i representan en renüilad..Nos ocuparemos de i ellos alguuos momentos, uu por lo que son en sí, sino por lo que espresan, por lo ifM ' de ( str aronteeimiento podemos inferir para lormarnos idea de la situación de la Franela; (|uc si considerarlos debiéramoi» en su individualidad, y atendiendo á qne en la a»*-tuaiidad sean estos o nqneltos rpiíenes ejerzan el mando, ya hemos dkbo desde nn principio no f«r nuestro, ánimo el limitar bs miras a un ámbito tan reducido..Vdemas. enando h il lnmos de las notabilidades infli^ yenles en los destinos de aqoel país, no negamos que «xislaB ascepoioiiaa liantuasn? solo tratamos de los hombres en f^neral« mas Imob d la ataidsfera an i|na y foluatad de 1m \ cíaiites v iMinqueros? ^TiThiiilirí las ciones ik los li()ml)res, es un mal lo que antes era ua bien; es un bien, y ub bien necesario á la ooMervicioB de la sociedad, lo que antes Tuera un horrendo crimen. Antes la prensa era la voz del pueblo; el eco de la nación entera, el órgano de la razón púli^ca, la espresion de los intereses bms legftiBMi,el clamor de las necesidades mas urgentes; el poder que lo desoyera se hacia reo de alta traición, digno de (¡ue se le arrojara con violencia é ignominia; ahora es la prensa el alarido de las pasiones bastardas, ei grito de la ambición cba)>queada, el rcsuiradero de las sodedides seentas, que solo se proponen provocar horrofotM trastornos; el poder que la desoye hace un-acto de heroica firmeza, los hombres que se levantan ¿ la altura eonveníMle sabicnido despreeiarla, sob Vm únicos dignos del titulo de hombres de estado; el honor nacional, la inde|>endencia del pais, sus relaciones cou el eslrangefo son cosas que el público no entiende, son ' [)alahras cuya inteprctacioii cslá esclusivainente sujeta al juicio del gobierno v de sus dependientes. La opinión de este ^el>c ser preferida síenpre, aun cnaiulo lo contrario mas claro que la luz del sol del medio \ÍTen qaeal individuos.

>j^Qttieiies son esos hombres que desde 4w rigen loe destinos de la Francia? ¿De dónde vienen? ¿A donde van? ¿Cuáles son sus |)nucip¡os? ¿Cual la norma de su couducia? ¿Cuales sus la/os con lo [tasado, sus mi-«•aalwal» pnaenle, sus trabqoa para las f^ner^iones futuras? ¿Representan un sisestable, marchan a un bleuco deleruii-), tienen sus ojos Ojos ó lo que en pos de alba ha ée venir? Desconsoladona mOexiotm se afíolpan a la mente al proponerse las cueatmnes iiMiicadas; tristes pesamienlos se 0ftémm éd ataM al CMaidenr k terrible #ridencia con que aenumiCestan los funestos resultados acarreados á una gran nación por un siglo de impiedad y medio siglo de ^aaaayoa nvaMonarios. las bases sobre que se asienta toda sociedad son los príocí-* piosreliíriosos y morales, las buenas ideas so-Lre el poder, y las relaciones legítimas de >aBlB oanlos súbdítos. Ahora bíeft, ¿qué piensan sobre la religión los hombres que presiéuiá los deslinos de la Francia? Fara ellos )la indiferencia es un progreso social; para iiiifl lai ■anioBfii han nadn ni patrn inmenso en la carrera de la civilización, cuando se ha desterrado á Dios de la sm iedad, cuando la O día. Si la Francia ha descendido del rango %ae haiieehóatea. ¿Qué piensan sobre el | de nación de primer onfen; si contem^ humillado su pabellón en Bspalla y en Siria; si los gabinetes europeos resuelven las grandes cuestiones sin el voto de la Francia, y á pesar del voto de la Francia; sí los como*-doros ingleses ejecut^m loB acuerdos de la Europa, asistiendo las dotas francesas a las operaciones tjue destruyen el poder del protegido de la Francia; si en España no se le-Nanta el dedo sin |)receder liis insinuaciones de lord Aberdcen, si no se hace caso de las reclamaoiottes de las Tullerias hasta que en Sin Janaes se ha dado la sefial de que conviene una ligera couleiu|M)rizacion, lodo esto en nada se opone al honor, a la dignidasnedida. Dónde eslin la ^feii>- 1 dad, al orgullo de la Firanciac un ebcuenla «bff ¿Viene de Dios. dimana de los hom iMTs. se origina de la simple naturaleza de las cosas? iCuales son las condiciones de su femáBÍdad? Preguntádselo, y de todo os ÍM|Mán escepti) de Dios: ¡a voluntad det fM$fo, la razón publica, la espresiou de los UUereus procomunales, la necesidad social ^alna nombres semejantes serán las res- IfMstas qae oiréis; y en el fondo de todo, «mié encontráis? Nada mas que el simple re- «Madmiento de un hecha; hecho aue tratan d« modiiicar como majar lasagraaa, sobre linlode esplotar cual mejor cnn)ple á sus milis e uitereses, a su sed de riquezas, a su .#1, y la kittoria, y la humanidad, y el ioBor de la Francia. y el onjulUi nacional, M el hermoso porvenir, y lautas bellas ¡>alaiIm ten waenninnte I o ¿ftos se halagaba á la rtzon y las pasiones, inspirándoles fuerte aversión a todo lo presente, y preparando la esplosion que habia de volcar el antiguo |M)-der,por el alUsinm mativo de que endino teoian cabida alpinos perio<listas, unos cuan- IM profesores, y cierto uumero de cumer-" discurso pronunciado por Guizot v unoscuantosarticulos del Diario de los Dt'hates baslan para curar el nial en su raiz;y si ({uedan todavía algunos incrédulos que se obstinen en decir (jue la Francia no «"cupa el alio puesto en que lacoloi-arau Luib \IV \.Napoleón, oiganel concluvcnte argumento de loselo|e;iosque Iri* • butan a cada instante, en firesencia de la Eu* ropa entera, los interesados ministros ingleses ala iio/t<icam(>(/<'jií/ii del gobierno tVaucés.

aqnfl»'^ md «aoi hmibres; hé aqui I en el poder «nos himkm, ú éxislM las manos ¡iqnn rstá enwMncndada la suerte j rpc posean iin sistema mejor \ (\n^ al mismo (le la Francia; be aquí 1? situación laAieuta- 1 tiempo sea realizable. La!< rancia sutre esa ble ñ que flc hrita «endiieíde ene gran f poUtica fwrque la memm. • > Ahoni biiMi: ¿qué venl.ijas puede acarrearcion, merced ti los que, derribando lodo lo existente sin edificar nada mievo qno ol'reciesc sutícientes garantías de estabilidad y JdiMNiioQ, han dejado ta sociedad como casa cimeTitada sol)re la arena, ospnesla á caer á la primera arremetida de ios vientos.

Estos hombres gobiernan la Francia porque en algún modo representan la Francia.

Kilos sun liijos (le la rev ítlni-mn v discípulos nías o menos encobierios de lu escuela tilosdlieadelpaMdosí.zlo; y la Francia lal-eome exÍBle es también hija* de la revolución, y formada también en buena paite eri la mi^nn escuela; ellos profesan odio a lodo io anl^^iuo, i. pudtera traemos m»les de mucha trasceor nos la intima alianza con ima nación que en tal esleído se encuentre? ¿Qué fruto delie-^ mos prometemoe de la dMMporieiea de (os Pirineos? Es evidente que el único resultado probable tuera el contraer compromisos tute podemos evitar muv bien, y el de introdii^ cirsenos mas y mas la mauíade pJb&rmmnm á la francesa. Amiios eslremns nos serian sututttnefile diMi«Mi«>it el^MStaodo ei uno nmstrae felaftioMt>4atoráaoionles, y aucande el otro la ovianineíiii mm\ y ^litica.^tti». í*or io que foca á lo primero, claro es qoe y gran parte <le Ift- Francia ha cambiado (am^ | <teiicia ell^tar náestro porvenir con el de «n iiien de ideas y eoslmnbres, aparUnidosc del nación que, por su posición UipográHca y camino que siguieran sus antepasados; ellos no se atreven á sacar todas las consecuencia» de los principioe qne profesan, y la Ft incia tampoco se atreve á hacerlo: también retrocede espantada á la vista del fantatma aterrador que amenaza arrebatarle su bienestar material, destruyendo el orden público; ellos desean enlazar en?>panenc¡a lo |[ eso $lntu qm que tan penosamente se prapor sus revoluciones tan recientes, [luede verle gravemente comprometido; ya siía por el curso ordinario de las coaaa, ya por alj^mi acontecimiento imprevisto qne obrando, ó bien direcl^imente sobre ia Francia, ó sobre el resto de £uro|>a, cambiase la presente sitancíon > é faíoiese impaeíble la «MMÍoB\in presente coo lo pasado « bin abjurar empero i longa. La guerra de los Estados-Unidos, la también á rehabilitar los siglos anteriores en la literatura, en las ciencias, en la< artes á manera de distracción y pasatiempo, noconeediéndoles empero «no un lugar mny se-Cimdarío en l i- rr^riones del entendimiento, mas no ascendiente sobre el corazón; ellos están inciertos, la Francia está incierta; ellos fluetoan, la Francia fluctúa también; ellos no piensan en el dia de mañana porque los ocu|>a el dia de boy; ellos descuidan la gloria nacimial y se oounan principalmente ^e los intereses materiales, y en esto imitan á la Francia, nue trabajada y maleada por una filosofía irreligiosa, ha visto entronizar -en su seno el egoísmo, qoe no oonorá otrasmedios (¡II ' p| oro ni otro lln que el goce. No, no tienen la culpa los gobernantes si 4U{uella nación desciende del alto puesto qne le oorrespende. Sn 13 años de paz, con un gobierno representativo de tanta latitud, la prensa libre, la guardia nacional, un nummwm ejército, coli til mofiarca de alta capacidad, no ^ posible «té ^evalezc^ una polítici) no esté adaniada ú las circunsiancias del pais;no es dable que se sostengan bataltn de trasigar, la espedicíoii del qiiés de ia Ronuina, son heelwa ipie tmm viene no echar en olvido.

A pesar de la mucha sagacidad y pacten* oía del monarca reinante, liemos víalo mas de una vez bastante cerrano el f)eíi^'ro de un rompimiento: estos peligros volverán a presentarse, ()onpie están pendientes gravísimos negocios cuya complicación los puede acarrear. Supóngase que la lucha se traba en las márgenes del Rin, ya sea que la Francia quisiera 4lesbordarse, ya sea qiie les ejérci--tos aliados intenten marchar de nuevo sobn París; ¿cuáles serian para nosotms hs coa^ secuencias de semejantes acoulecimientoa? Claro es que tod» dependería de la aetitnd que hubiésemos tomado con respecto á li nación vecina. Si tuviésemos con ella alianzas, pactos de iamilia o ruiaciones demasiado intimas ¡lor un motivo eual^piiem, se non haria en estreino difícil, si no imposible, conservar la neutralidad, y nos halláramos pre> cisados á pelear por intereses cpie no fueran los nuestros. Toaosios> recursos terrestres y ' marítimo^ 1,s rnnsumiriamos inútilmente con " el desprendimiento que caracteriza el leal y generotM» ((lié? Quizás para recoger msvegra ingralilud.

la ■en la actitud que dos corresponde, si procuramos conservar con In Francia las relaciones lie buena vecindad, sin ulorgai la empero uiu-IMíiANMíaeainNsIroa aegocioa, ni lí~ rar nuestros intereses cdn los suyos, entonce«ia neutralidad se nos haría, no solo |!0si-Ue áno fácil, natural, y en cierto modo MSesaria. Colocados á larga distancia del campo de Itatalla, y a las espídelas de la uiisflio nación que en tai caso iueni ó invadida é-ímiBara, podiéiUMNi eeialar hboms gravisimas que nos aconsejarían abstenernos de lomar parte en la contienda, y satisfacer de esta suerte a las incitaciones t^uu \míá einpilamai m la iMka loa «lirigienn las demas jHJteacias. La posición peninsular y en el ulliDio estrcnio de Europa, si bien bajo áuim aspeclus nuiídn no nos es favoraiile, pUdaM aliüaiiin aerviroaa mmA» para ob-Wffar esa conducta neutral que tanto nos ialeresa, para libramos de que a los daAos wftidoc por tan dilatados trastornos se agrepHB auevoe Gooflictoa, traídos por las complií';iriones í[ne pucd»!! sobrevenir, y que á oaUwd^rlu sobrevendrán en el continente.

fUtepafta, si Mea debe proewar abane ■uevo al rango que le corre^ode entre las ffrandes nacKHies, ha de fíuardarse con MíliliMeBan; ana eModo el noébvade an aníifruo poderío le brindase con oportunidades luikfMjeria>. Justo era y muy natural <pie la oadon que poseia dilatadas provincias en ittriíayén el norte de Europa, se hallase también mi'7( ladaen toda- las í^randes cueslio las ¡UKadü lUMMOnes: |)en) nosotros que nada tenemos que ver con la Alemania, ni lalV loma, ui con la Italia, ni con la Siiia, ni conel Egipto, ni eos la India, ¿no eoraeteriamos la mayor imprudencia si no procuráseinoe OOB* servarnos en estricta neutralidad, y precaj¡ vernos ya de aulcmauo de comuromisos ulteriofea, apariándenoa en la actualidad de. alianzas y amistades (|ue pudieran traérnoslos?

Por lo que toca a los efectos que nos produciria en lo interior una relación dema" siado intima con la Francia, que lendieae é asimilar las dos naciones, creemos (¡ue fueran también suuiameut«í dañosos. Por desgracia la MMoa ^recindad, la ñrecnente cemunicacion de los naturales de nmhnnpaiocn, el ascendiente de la literatura francesa sot)re la e^Qolu y otras causas análogas re* anidas á IradiciaDea y. bébitá» arraigadoa en nuestra aiielo dittde él adrenimiento de la casa de Borbon, predisponen demasiado las cosas para hacernos ciegos imitadores de la Francia, aplicanda a» Uno y descemimiento lo que allf vemos, sin ri'^taror en la profunda dilci cncta que media entre nuestra ci* vilizaciou y la del reino vecino.

A primeVa vista el español que visita la Francia y estudia su or^rani/arion administrativa, quédase agiadablemenlc sorprendido al oonleBiplar ta adnirabie legwaridad con que funciona aquella inmensa máquina, que lleva el sello del ííenio y conserva lodacuiilidtf íáíi tomar parte en ios negocios que i vía las señales de la férrea muño que la coos tmyó y ta dió movimiento. La oentraUaacioB IM)r la cual tcxlo sale de un [)uiif;i y converge al mismo, es una de la> ( naliilado que mas deslumhran al observador; y como las ideas de unidad y de ópden ejercea tanto asoeadiente sobre los e^pirilus cnj)aces de abnrues coulinentales, apocando con respetables | car grandes conjuntos, se pega laciimeule a ejénttos las negociacionea^ aoa diptamáti- I loa honbies de gobierno ta iMala de aAror ve inciinjui (¡iriliucnlc a soñar muy hacedero lo que c> uiipüMlilc, y a considerar como I muy útil lo que tal vea fuera daAoae.

Dos naciones se distinguen en Kunipa perla I' iili ili/acion y unidad administrali- , vas, la iMancia y la l*ru^ia; ambas suelen firavea conjMroaiieaa I ser citadas como' modelos, sin advertir, que opinión \ vo- ' las dos lia:i t -' 'o i;.!h';- a condiciones escepcionales que no se han vcnhcado cu ninguna otra, y en Espafta Bienes que «a las deoiáa. La J^rusia e> una fundacíoo militar en un pais civilizado, ( oino la Rusia lo fue. eu un país bárbaro; siendo tul ve^ esta diiewaanm ceftidos como en la actualidad baflaoios á nuestros limites naturales, y <^imEis con grandes ventajas |>ara nuestro sone§» y prosperidad, ¿porqué no»BMZClaríamos en las cuestiones europeas que en nada aíeclan nuestros inlerex s.' Enhorabuena í|uc U la^lerra, la i* rancia, el Austria, la l'ru yin h.íi rr (juc prcMiii'/.can su op iuBtad en la resolución de los negocios que fonaaa el objeto de la diplomacia europea; Boeséa eatffaAar quecadacual procure eutr iíiK'», r^«> t'fi asuntos (pie le importan iiMty de cerca, eu cuyo caso se encuentran reacia la (jiic da (listiiilus caractert's á Federico y á Pedro I. Es verdad (juc la Francia no Sí' ha creado de esla suerte, v que su monarquía cuenla 14 siglos de (íuracion, jH'ro esta larga cadena se ha roto; la unión i de lo presente con lo pasado es solo aparen- I te; la Francia actual es una nación nueva. Con la inaufruracion de la asand)lea constituvente se confundieron en indecible caos to- | üos los elementos constitutivos de la sociedad antiinia, combinjuulose |)ara autnentar la confusión, los que se presentaban para formar la moderna. Contrarios como eran y enemijíos irreconciliables, incapaces por de pronto de Iransifíir, trabóse una lucha des- I* apiadada y sangrienta. Fue necesario \)or decirlo asi tomar en manos todos los elementos y arrojarlos en un crisol, para nuedisucl-_tos en el fuego se amalgan^wn y (legasen á formaron todo. Esta es la obra de la Convención. Bonaparte la recibió de sus nianos en bruto; pero fundida ya, todo su trabajo con sistió en pulirla y cincelarla. Napoleón pudo establecer lo que (juiso, ponpie nada existia de lo antiguo, ni era posible restaurarlo en su forma primitiva. El nuevo edificio nunca se levanta con mas unidad y regularidad de plan, que cuando el viejo.se ha derribado hasta los cimientos.

En situación semejante la centralización es no solo iwsibk» sino necesaria, so pena de perecer la sociedad. Cuando los vínculos sociales han desaparecido, natural es que se busf|uc un medio de suplir su falta. La administración rigorosa y una es entonces un poderoso recurso, asi como en los ejércitos se hace tanto mas indispensable la severidad de la disciplina cuanto son mas numerosos, mas heterogéneas sus parles, cuanto mas es()uestos esían á la influencia de elementos disolventes, cuanto mas criticas son las circunstancias que los rodean, haciendo mas peligrosa la msubordinacion. , Una de las diferencias capitales entre la España y la Francia consiste en que allí la fuerza se halla en el estado, aquí en la sociedad; allí la administración es lo principal, aípii lo accesorio; allí casi po<lria decirse (pie la sociedad se conserva interinamente por la fuerza de la administr<icion, aqui se conserva y se salva á ¡K'sar de la ausencia de tíxlo sistema administrativo. Si fuera posible que la Francia se hallase algunos dias con una miñona, con una regencia de breve plazo, con gnlH'rnantes desacreditados y con el des- I ónien total (pie a n»)sotros nos aqueja, su-* miriase de repente en una nueva revoluciott cuyas últimas consecuencias no se divisan. Con las observaciones que prece(U«n no I intentamos elogiar ni vilui)erar a ninguna «le I las dos naciones, sino hacer sentir la inmensa distancia fjue las separa. y ofrecer pábulo a la rellexinn de los hombn'S |)ensa • I dores, que con la mejor buena fe podrían creer factible lo (pie en la practica encontrarían irrealizable. Quisiéramos «pie aprovechándose lo bueno (pie haya en el pais vecH no y que sea aplicable al nuestro, se des-»-terrase la |H*ligi(>sa mauia de pretender que ' cosas tan diferentes se asimilen del twlo; y íjue no se dieran pasos que luego se haga preciso deshacer, consumiendo intitilmenl6 recursos y malgastando un tiempo precioso.

Y a la Verdad ¿ seria posible plantear en nuestro suelo una centralización semejante á la de Francia? ¿ Hállanse en España las I mismas condiciones que facilitaron y prepaj raron en el pais vecino el establecimiento de a(piel sistema? Es evidente que no. La re-I volucion (pie paso sobre a(piel pais con terrible fuerza arrolladora, ha sido entre nos-, otros «n fenómeno débil, que solo ha podi-I do destruir á fuerza de largo tiempo, mas bien con el auxilio de estremecimientos repetidos que á impulso de rudos é irresistibles golp<>s. En Francia la revolución pudo obrar con fuerza |)ropia sin necesidad del trono, j antes bien comenzó por derribarlo; en Kspa-I ña la revolución ha sido débil. siempre que I no se ha guarecido á la sombra del mismo ' trono: cuando no se ha combinado c(m ella un interés dinástico ha perecido en breve; solo ha podido alcanzar el triunfo cuando lia I sabido t(miar el título de defensora del trono de la escelsa hija de cien reyes. ¿Oué es una ' revolución, (pie necesita obrar por medio de reales ordenes?

Echase de ver ahí que nuestro estado social y político es muy diferente del en que ' se enc(»nlraba la Francia al salir de su colosal revolución de 17H9, y que perianto fuera grave desacuerdo tomar por pauta lo que allí se hizo cuando se trate de plantear el nuevo sistema que la lenta desconii>osicioa del antiguo ha hecho en cierta manera in-* dispensable. I.No abrigamos contra la Francia preven* I ciones injustas, y nos parece miiv age no de 11a razón y de la imparcialidad el rencor que le profesm ciertos hombres; de la procafw. gmfcdü penfiiiiiMiii ée esladu cou*^ sf<(!!M comMnar una mayoria a fuerza do britttiur cuu iui» atractivos de que nuocu eS' tan fiüIcMi los que dispooen de lodos ks recursos de una gran nación; que hafó^ue |>or una fííuh' á la relij;ion úp la mayoría d(! lo* goberuadus, i^ sostenga de otra a ios enearnizadoi eii«ii|i^ de n nism; qiió 9e.ap6llide conservador |K)rqiu> conserva lo í\uq hay, lorinaiifln ¿iiaii ))orcion de <*s!as exisleuuiaü, ios em|>leus, los houureb, las condecoraciones, y sobre todo los píugttes stieldos (le unos cuaiilos lutml»n.'s que se jueiian la nación á dados, para valcnio.s de la cntM^^ica rspicsicai da MtTiilK^an.. A.iaji}mQ«iruuia de Isabel « de Garlos V, de Feli|ie U le deseamix t ira suort»-: ^ por nmchas qtie sean la:i diücultad^ que en la actualidad la roiiaeion cnaíf jttiera, pues que no creemos que [)uci>io en masa sea digno de aver es preciso teaer e» ciieiila uaa de circiiiLslanciaSv atendiendo!r,í n oiit, 1 MIO pueden producir, para iidtnarsív tnas o meaos á iktacniinadas aiian> MS. Y «salo i|wera4|w el estada jpolttie» de la Francia nos parezca poco salisiaclorio, y macho menos todavía el social th^ aquí que eoosiderauioiii muviiaños i para iu Espal^aar^t«l■■altaa^^ una poiitieaqae en la actualidad no podría jiistiticai i i r nu\-i£un titulo, so establezcan f«lacio[t( ^ demasiado intimas con aquella naetofv. Ora proce díisai estas del enlace de S. M. la Reina ron un principe de la dinastía de Orleans, ora diman;iÉi>Ht>s*i»tAomt'ütc de uu sistema fdttíea « laS'isoDsiderarfainos siempre eoiDo | deán, no miramos como imposible uu ^ran dioso porvenir, nuestro único consuelo eii medio de tanto ini i tnnio. No, no creenun» que nuestra prosperidad dep<íja)da-dc aUauzas oe Ma^na clase, ni de ímftaciaoes-.rastmras; hay todavía en la nación un fondo de vida, de fuer/a, de energía, (jiie esplotado y dirif!;ido cual conviene puede de iuie\ o leyantarla al-alto caof^ (}ue la correspondí*.

Otras veces lo hemos dicho y lo r>'¡^f'ti[iin^ aqiii: á esta sociedad no ialalUm eicmeuluá de buen ^ubiemo; tiónelos qaia^ás en lanía ahuaduKtá'Coino cualquier qtio puelilode Kiiropa; pero echa de menos ittiu IVli; cotrirece que ios partidarios de seoiejante enlace I tJiuaciou de circunstancias en que pueda iia til I ti o iRias cuanto se tmidasoii en íin horho i-Mic-h i;, iilii ■ i i! sería un casauienio de Lsabei li cou uuu de los liijos de| \1 parecer no fallan alf.Mino> «pie á esto se iiuhnan. crt»yendo sin duda que con;ip<>\o tiii poderoso, y cou las buenas cuaíiüades fM is supoM i los candidatos, oblendrtanwv tina jirmda de estabilidad v de buen goiieroo. Sin disputar ninguna (íe dichas cua* Uades, de las que por decirlo de paso no.'líttios mucho hasta que se hayan probado con la piedra de tof|n(> fie la espcriencia, jia Bsinn bastante sobre snsicáBiil- Ante to<ln es ntuy probable y casi cierto ifue BO lo permitirían ni la Inglaterra ni las -fMnHias M Narte; y si por SMdios mytrevistos pudiera allanarse tamaño obstáculo, lejos de alcnn/nr asi un principio de estabi wad lo tenili iüiooH de incertidumbre y vai-Tfnes. pues que se combinarían para f>rodueiriosla rivalidad de la Iniilaterra. y los ries JK i que esta sujeta y lo estará por mucho 4m>P0 la dinastía de Orleans.

k intimidod de diefass relaciones estríen la semejanza de conducta de amlK)s ^Binemos, la consideraríamos tan dañosa co-(pa el principio en qoe se ñmtoia; qne pani iraestiia paUianodeseanMon gobierno de miedo, (pie ni se atreva á scrTevolucionarío, 'Si á defenderlas grandes tradiciones naciona-I»: que se láMl»é m redueiio vémmo df íunbiciosos, cuyas ha/añas consistan en ífor liarse mi panto doode se rennan «y armonicen los muchos elementos de bien que posee. Cuando esto sr verilique no se haru esperar mucho un f;ulíu'rno verdaderaiucitte nncioo'al: flamas oido re|x»tidas veces qoo en Espaila es imposible mi buen gobierno. y que ese desorden en que kioe taatosiaíit^ nos bailamos sumidos es ana dolcoda (rae no es daMe renmdiarr-nadésoanbiHMnoa Mi fundamentos en que se a|)oya esta opinión, )eru ucN» pai'eoe que entra, en ^la uo {Hico de aqnel abatiniisQtd que- presenta los objetos mas tristes de lo s^piS' ten en la nvtliflnr! Fntrctnnffi t*s de h m^vor impoi taiiciíi el nutrir y ioinenlar en los.auuiios este presentlánoMo de tiempos ñas fefiecs: conviene no atajar el vuelo qne á ello n<is impulsa baciendri ' ■ 1i;,r proteclorado de IB- I nin¿$una clase. La lugialerra y la Fran< ia sede {j rán para nosotros una misma cosa: interesa < flris csfiTrn-NTo-*. rtivn n'iii:-l;ul no nos traer;» ókx & sus fÍTaies permedio de intrigas, y nin^ bien y nos pue4c acarrea^ muclios males. No consÍDlamos en servir de campo, doude por inedio de intrigas se dií^puten la t>referencia. La arena de sus rivalidades que a eslahlezcan en otro lugar: y en lo que directamente nos pertenece sostengamos nuestro derecho, con decoro, pero con di¿;nidad y liruieza. No olvidemos en todos los conflictos que ofrecerse puedan que las amenazas de una ni de otra, de amenazas no han de pasar; que si pasasen, nunca se muestra mas grande el pueblo español que cuando pelea.

¿Y DESPUES?

I.

Los sucesos se precipitan, el desenlace se acerca: el dedo misterioso ^, habrá escrito en la pared las palabras fatídicas? Mientras los vencedores entonan ya el himno del triunfo, y los pueblos se entregan al entusiasmo y alborozo, necesario es dar una mirada al porvenir, preguntando: ¿u después? Porque después de hal>er derribado, es necesario construir: después de removidos los obstáculos y limpiado el terreno, es indispensable levantar un edificio sólido, regular, acomodado á su objeto, para (jue dentro de poco tiempo no se vea la nación en la triste necesidad de derribarle también. Que semejantes derribos salen muy caros; y una nación no puede subsistir en' medio de tan crueles alternativas. La administración se disloca y trastorna lastimosamente, la hacienda se dilapida, la disciplina militar se relaja, el pueblo se acostumbra á la insurrección, la autoridad se envilece, las ambiciones se desplegan, y con el tiempo...¡Ahí las fronteras y las playas españolas han oido un doloroso adiós de tantos y tan diferentes proscritos!...En el curso de las revoluciones el observador filósofo descubre un fatal encadenamiento de sucesos formidables; el hombre religioso una serie de espiaciones tremendas: ¿habremos llegado al último eslabón? Dios no nos ha revelado sus arcanos.

II.

II.

Un viajero que abandonó hace muchos afios el pacitíco techo de la casa paterna, sufre una larga cadena do vicisitudes é infortunius; con malos encuentros en la tierra ylenipeslades en la mar, salva con trabajar sa existencia, merced á su complexión mlm^ta, á su constancia invencible, á su intrepidez: [lor lin. habiendo sii)M'rado los pelí:;n>s de a mas deshecha tornienla, halla arrojado sobre una playa solitaria; alli de.spues de hal)er recogido á duras penas algunos restos de su antigua fortuna, se concentra, medita, echa una ojeada sobre los caprichos de su suerte, recorre con plácida nielancolia los azan'S de.su vida, acabando por preguntarse: ¿y ahura?

¡Cuántos cambios, cuantos trastornos dewle la muerte de Fernando! 1^ Monarquía pura, el Estatuto, la Constitución de 1812, la de <S37, dos regencias, diversos sistemas, innumerables mini.steríos So ha destruido todo lo antiguo: ¿donde eslnn las creaciones nuevas? ¿Se ha mejorado la administración del reino ni de las colonia.s? ¿ha dado un paso nuestra hacienda? ¿se gloría de un adelanto la instrucción publica? ¿Y continuaríamos en tanta mezquindad de pensamiento, en tanta nulidad de ejecución? Hay un gran pueblo que solo espera una voz para levantarse y hacer prodigios reconquistando su primitivo grandor; pero esta voz le ha faltado, anda errante, sin guia. ¿Quién se lo dará?

III.

Todavía existe el trono: ¿Cómo se ha salvado?

Tal vez los huracanes se desencadenan y barren los bos(|ues de pinos y de encinas; la lluvia cae á torrentes; los riachuelos se convierten en ríos, y los ríos en mares, las comarcas se inundan, los viejos castillos bainitolean, y la vivienda del labrador es arrebatada jior la corriente como pe<|ueña góndola que el pescador se olvidara de amarrar á la orilla; una cuna va ilolando sobre las aguas, y en aquella cuna hay un niño oue duerme tan tranquilo como en el regazo (le su madre. Asi al lijar la vista sobre las tormentas de la revolución española, nos hemos figurado á la inocente Isabel, respetada |>or las borrascas, mecida |)or la tempestad.

Poesía! Oh! i)oesia, sealo; pero en esa poesía se abriga un hecho hÍ!>tórico y social de la mas alta importancia; en esa i>oesia de los nías poderosos s«ntimi«iil08 que se iiUb»ipin eu el corazón de ha eipailoies; eo «tpwsia está la ekirede It l, Ira estrella [wlitic i; ({uion la pierda de vista siuuira el país eu iiuevoii ahinMot; ^aiea se guie por ella » lo salvará. Ufebhalteoe diol», y.M>lo esenciia. ron;a«lo osperálsimos, porque bien sabaAMW que «c4iaiMÍo la» pasiones rugen con fattltftvwi, oaaaio los partidos se dis-DoliB la arena coa taato «ümiHniento, aifiift «aa ^e puedan hacerse escuchar ni aiqaien pir los tcippladoa acentos de la ra-■•fda biai|MMMlidtd.» Mas ¿qué tatüSg^^ilWÉ^ con venia era decir It vckw «^^•pBmas desoídas tenían un seguro garaulequc debía jusuíicarlas: el íimpo. hn aeerlar no siempre «t iMeflam Mr proft ia; fundad vuestras convicciones sobre poáepios eternos, y sea vuestra lenírua el íflÉÍ^^2üf£u!? ^pif>^u- este es un A los tribunos de los pasados tiempos, á los paladines de la libertad, los apareció m visión aterradora. Uau sahdo corriendo «la mansión sombría. Aiaradas, kHoí de si, ¡iritando: lo vinws, lo vimos I Hé aqui 1(1 luie refieren. Al hond)re á quien levanla- ■lilaBla la cumbre del poder, al hombre l^CD desposaran con la diosa libertad, le soiprcndieron:...hnhin dostrnzado á su wnsorle. Rodeado de los miembros palpi- ^■■tei de la vfetima, desgarrando hojas del ptcto que se creyera siigndo, rcvololeaban swre su < ihcza frenios maléíicos, que es ««¡ale fucfütt enviados de la región de las ■MSI. faMjpHelo, agitado, atonnentado por ■ pensamiento terrible, cuentan que esta- Wicechando con áv ida y devorante mirada, regio dosel a cuya sombra dorniia la inoff^ Receeidaü qne sob españoles; se JJ'ranan al ver que el sangriento espectro wMce algunas señas como invitándoles á «r cómplices en la obra nefanda; entonces «eslremccen, dan un grito, y qué grito? ¿'%v xnlre In libertad, Diox salve In Cons- >'^>^cm/...So...Dios síUve el pais. Dios Xntcs hablabais como bombres de psrli~ «. eotonces hablasteis como espaftoles: la Udob oyoel grito, no se curó de quién lo geros. lii Reina esta en peligro, corramos; Uioü salve el pais, Üios salve a la ReinaS Bl lestt de BailoB ha sacudido su melena y el vienle éb Isa bonanzas v del cielo wreM no disipa «npiMio la UelUdelatom- >eslad.