SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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¡ Qué «naiM pm los eoraioMs generassBl {qué loeomi pan loi l»nhiw poMíM?

V.

Hornos visto nmciios akamientos; pero ¿quien se atreverá á decir, «vo he visto otro como el presente?» ¿QÚéén habra visto mezclados, eonfMMss, diftMafcre délas ' ciudades con el honrttre de los eanpes<^ morador de las campiñas feraces con el ha- - hitante de las hórridas montañas? Solo se vió tamaík) entusiasa» en la IWMrlalhiélM contra el capitán del siglo; y es que entonces se gritó también: ¡nos arrebatan la indepeadondal inos han robado el rey! También entonces se da<iÉt »Hlm<swm tocsHios can)po«;. destruiremos vuestros hogares;» «/ji** importal contestaba el generoso espeiofr Boeslros hogares están en nuestro corazón; nuestra patria < estará atli dondé podamos vivir con independencia. » También ahora se ha dicho: «incendiaremos vuestras riquezas, anlAiliUMÉri luUilili eapital, y el entusiasmo ha respondido: «pegad ftiego á ve el pais, Dios salve a la Reina!

Todos saben ahora lo gue no quieren; ¡jocos saben bien lo que qmeren; en lo primero no hay discordancia, en lo seírnndo sí: pero en el fondo de todos los espíritus honrados y sinceros se agita va deseo que presentado bajo mil formas, y revestido de difireiites colores, viene á parar á una misma rosa: á la satisfacción de una necesidad que todo el mundo síoBle, aanqiie no se It esplique: fiohierno.

¿íialieis loque si;Líuilica la situación actual? Os aloelaaM mucho si pensáis que hay entusiasmo por estas é aquellas personas, que hay predilección por uno n otro sistema; la situación actual, esa a«iacion que con tanta Awrsa sediríge á denMr lo existente, es>4a' espresion del profundo malestar en que la — se eacueain, es la caademomi de Digitized'by Qgogle . todos los rnsavOT qne so han hecho hasta ai|ui. liuinbrcs apellidados de gobierno, a Yosolnis os loiaba ensenar a ia naeioii su rainino; pert) ella liu tenido (|ue ensi>ñaroslo ' a vosotros: ¿<iné? ¿<»s atreveri'is a ne^'arlo, ni a dudarlo siquiera? Ved alii la pruelta. Hasta ahora hahiais adoptado nombres eselusivos, OH hahiais envaneeido con ellos rual eoQ nobles blasones: y la nación araba <le deiir: «no (juiero mas dictados propios, no quiero otro (|ue el de españoles» el mas lato que se habia oido hasta a<{ui, era el de liberales. Cotejad y juzirad.

«Pero nosotros, diréis, hemos levantado , esta l>andera de reconciliación, y la nación acorriéndola con entusiasmo, ha sido diri^'ida por nosotros:*» no es verdad; antes que vosotros enarboláseis la enseña, el hermoso uonihre de reconciliación estaba escrito en tiKlos los corazones fícnerosos, se albergaba en lodos los entendimientos pensadores, y se agitaba en el seno de las masas haciendolas mas dóciles y suaves, como el aura benélica (¡uc aplaca y estiende sobre su lecho las olas alborotadas. Eii una revolución recicQle, que quizás no esté bien juzgada, se notó este fenómeno de uu modo admirahl(^ La sangre habia corrido en abundancia, los enemigos estaban a la vista, las intrigas contra el movimiento eran mas claras que la luz del dia; todo al parecer debia contribuir á e\as|>erar los ánimos, á irritar los enconos, ■ á crear una situación suspicaz y |)erseguidora; y sin embargo solo se habló de españolismo, de reconrilincion, de unión: comparad el noviembre de <842, con el noviend)rc de I84r VII.

No nos liacemos ilusiones con la palabra recouciliacion; creemos que espresa un sentimiento hernu>so, un [lensamiento de alta política; pero no un sistema de gobierno; V (|uien la adopte por bandera diciendo <pie f)asla |)redicar la fvalernitind para hacer una obra maestra de política, bien puede asegurarse que o procede de mala le, o «pie vive ftn las poéticas regiones de la fantasía.

El esclusivismo es aborrecido, los partidos son delesla<los j>or su perversidHd o despreciados por su impotencia; los nombres con (|ue procuraban engalanarse asi |)ropios o denigrar a sus adversario*», van cayendo eu dtii^usi), son mirados i'omo. enseña gasta- \ da |)or el tiempo, manchada ademn^ con polvo y sangre; |>ero no deja por esto de existir ía ibfereiicia de opiniones, la oposición de intereses; y estos y aquellas saldrán de nuevo a la arena tan pronto como hayan derribado al (|ue miran como enemijfo < omun. De aquí la necesidad de pensar en el jtorvenir, de no liar la reconciliación á sentimientos que por generosos, no dejan de amortiguarse tan pronto como desaparecen las circunstancias que los inflaman. Conviei'i ue escogitar un sistema que ofrezca garantías de protección a todo lo bueno, á todo lo legitimo; couviene aprovechar los primeros momentos, porque la m-asion pasa como un relámpago. Los hombres políticos no delMMi conliar en esas reconciliaciones de tcalro. que se ejecutan entre los aplausos de una entusiasmada asamblea, los brindis de un banquete y las orquestas de un festin. Hnllanse tal vez frente á frente ejércitos enemigos; algunos soldados salen de las opuestilas, se adelantan unos hacia otros, se saindan, se estrechan la mano, se abrazan, comen, belk'n, danzan en lamas perfecta armonía; ¿sabéis lo (jue vale tanta cordialidad? un momento después, cada cual vuelve á estar en su puesto; en toda la linea resuena un récio quién vire! y el fuego.«;e rompe, y la refriega se empeña, y la batalla se hace general, y los mismos hombres (pie se abrazaban.se disparan con encarnizamii'uto el plomo niorlílero, ó s<» pasan á cuchillo. Finos en apariencias {V.

VIII.

VIII.

Es preciso no |)erder de vista que en la actualidad ¡téngase presente que no hablamos de la nación sino de los partidos) hay coalición, lo que es muy diferente de fusión, los coligados pueden tener muy bien largas cuentas que liquidar; el reservarlas para después no es lo mismo que darlas por saldadas.

«¿Pero, no veis, se nos dirá, que actividad está desplegando la conlirion'} ¿os parert» qiir ha trabajado ¡hk-o? No por cierto; ¿mas no vois di> qué se tnUaha? ¿no veis <|iiií rlas«» dt' Indjajo rs rl (|ii(> os alncina? Muy lorpo fuera, o muy corto de vista, (juion orcvose i|iu> van a levantar alifun iti-ando •ütifio líis cucriJos do iniícnieros. ile /apaáíres y di* artdltTos. rnainio conslniven Si queréis » <nii|»render a loado una situarmn, r\pniina<l tandnen a fondo el estado I ' ln< opiniones. inda^Kíd todavia mas a lon-'l« ijiic inlei-uses jin'jran, y cual es su |)osi-'ii»n resjx'tliva; atended eii tin a los medios de que disponen los campos opuestos; juz-?aid por los dalos que sobre estos estreñios recojáis: lo demás son bellas palabras, <pie el tiempo cuida de desmentir con hechf>s bien feos. Esto es triste, desconsolador; |m«- rola realidad suele serlo tanto!...Vor lo demás, si alpiien jíuslarc de correr sin tino ftt nn camino hennosamente lapixado, es im deber advertirle el abisni'» que pueden « nriintrar sus pies. Las victimas iban al saailieio coronadas de llores.

X.

Hay en España un hombre que durante el (•urso de la revolución ha representado un j«pel sm^MjIar. Siempre en las Cortes, siempre en los circuios políticos, siempre en las Itosó á la cabe/.a de partidos ruidosos. Se lian sWBiiido innumerables ministerios, se han Khndo para escalarlos reíiiílas batallas, ora el parlamento, ora en last alli s y plazas; Se ha dicho míe este hombre esta dotado de un gran Uilento; es bien (M>sihle que asi sea. y nos inclinamos á otorgárselo; no r^orf;"!* discursos parlamentarios, en los qne aun juzgando favorablemente. no le conocemos superioridad con res(MH-lo a muchos otros; no (mr su táctica en las negociaciones. )ues no sib(ímos (pie hasta ahora hava llevado a calw} ninguna que merezca la pena de anotarse en los fastos diplomáticos; no por la voz y hima publica, |)ues sainamos que en materias de reputación, sobre lodo ¡ntr breve tiempo, DO faltan numerosos ejemplos de usurpaciones: lalent(> jiolitico se lo reconocemos en no haber querido.ser ministro. Siéndolo, es preciso nobernar; v cuando ei (fobermr es muy difícil, el desa edito es inminente. Este será sin duda el jiensamiento dominante del señor Olozaga: habni dicho para si: «tienes reputación de hombre de gobierno; el mejor medio de conservarla, es no ponerla á prueba.» El fx'netrarse déla verdadera situación de las cosas, el conocerla con claridad, con limpieza, es uno de los caracteres distintivos del talento: estas calidades las ha manifestado el s»M"ior Olózaga en su obstinado alejamiento de las sillas ministeriales: si semejante conducta es una señal de franrpicza y desprendimiento, esto es otra cuestión.

El derribar en España, suele ser muy fácil; pero no lo es tanto el acertar en el" momento oportuno. El señor Olozaga no carece de tacto en esta parte: en cit rtas ocasiones su aparición en la escena ha tenido algo de íalidico. Todos sab(»mos la historia de los.,,.,. ' «"OS pasados: cuando ahora dió el famoso una secretaria del Despacho ha sido elliello ¡ grito: ¡Dios salve elpais, Dios sahe a la f'>il.i>s las ambiciones; varias opor- ■ i 'i lies se han ofrecido a este hombre para sentarse en una de las codiciadas sillas, 'inemas de una vez hubiera iwdido ser la de Ufr ' h ia. \ (H'sarde lodo, este bond)re i'.iiido ser ministro. ¿Sera |)or no •lierer abandonar el puesto de tribuno? no: fws ba sabidf» resignarse a perder la popuwidad. á eclipsarse [>or algún tiemjK». no nciendo resonar su voz sino de vez en '^•do, como para inqMMlir «pie la posición •^sus rivales no |)rescribiese. ¿Sí'iá ponpie •fcsprecie los puestos elevados, y no «piicra P"cil)ir nada del erario? no: largo espacio ntfltado ocuiMindo uno, en el cual el orillo « la categoría compite con el emolumento Hcina! Espartero v sus amigos debieron de comprender iKírleclamente loque aquello signilicaha.

En los dias de crisis se dijo que Olózaga era el hombre de la situación; v su nombre andaba siempre al lado del de 'l^opez: seria curioso salier los jiormenores de la negociación entre los caudillos de las fracciones del-Congreso. Como quiera, síein|>re es muy notable que un ministerio Lopez-Caballero encontrase iiii aniienle defensor en el señor ÍMozaga. ¿Si'ria posible (pie en las entrevistas con Esparten» s<' hubiese convencido de que el ministerio debia ser de breve duración, y que el programa no tendría mas efecto (jue el de una gran f)alanca?

Se entenderá mejoría vei-dadera positioa I del seflor Olózaga, si se observa que v\ soííoi Sandio, (luion en las lilas del pro^^oso coinparle cuii el la noinluaiiia de lioiiibre de gobierno, ha seguido una linea ile runducla baslante parecida. La o|H»sí('ion FÍeni|)re. el minislerií» luint a. ü» pre>itlen< ia del consejo para don Antonio (lon/.ale/ uo(ro('unl(|uiera; las endiajadns de Londres > líe l'aris, |>ara Sancho y Olo/a^a. Ksla conduela es sagaz y sobre lodo niu> cómoda; pero los homHres de lodos los parlidos deberían saber latubiea á qué atenerse. Nuevas coniplicaciuntts sobrevendrán, para las <pie conviene eslar en guarda. «(Señores embajadores, seria menester decirles. o ^olM>rnad ó dejad gobernar; el criticar es univ fácil: el eiecular no tanto; aípiello de Talleyrand: Serndor fiel, pero reserrúuduse el derecho de mudar al amo. no queremos que se actituate en Kspaña."

Se habla mucho del despoh.smo, <le la hrania de Espartero, se |iinla con íuerles colores la opresión en tpie geniia el pueblo, se habla de infracciones de la ('.onsUluciun. de ataques a la libertad de imprenta, de planes ambiciosos, de designio!^ encubiertos, «le ventíi de las colonias, de sacrilicio de la industria: cuando ven^a la historia con su calmosa inqiarcialidad. buscando una calilicacíon con que caracterizar la epcn a de la Kegeucia imica, no hallara en la lisura de Esparten) aquellos rasaos terribles, pero arañiles, ijue suelen distinguir a los hombres de fortuna que se apellidan dés¡ntta.s y Uranos. ti carácter d<uiiinante de la Regencia única no ha sido la tirania, sino la iuinolmna (ptf^nnilira. Nada de osadía, ñaua de arrojo; el valor (lUe según es fama tenia K>parlen) ^omo soldado, no lo ha lenido como gol)er~ . A esta inqxjtencia guberuatna delnírá Kspartero su caida; y en el peligro inminente en que se halla de verse precisado a bus< ar un asilo eu pais eslrangero. pue<le agradecer su desgracia á los b(uubrcs que le han rodeado en su fortuna. (Consejeros hay escecclenlcs para ayudar á subir al poder, pues para esto basta iu trujar; logrado el objeto es necesario yubermr: cosas j>or cierto muy diferentes.

El espíritu de pandilla lleva consigc» la inipoteuf ia gubcrualiya.; } e.sta tm;>oleucia ¡ toníenla á su vez el espíritu de pandilla. I (Jiiien no gobierna no tiene ni tener puede I el apoyo de la nación: el instinto de conservación propia hace buscjir ese apoyo que se echa de menos: y de a(|iii el pandíllage que es una compañía de seguros mutuos: la fomiula I del contrato es; «apóyame, v te dejare ba-¡i cer. '■ Pacto sencillo, |H'ro peligro.^). , Dicen <pii' en Kspaña lodo ha de s<'r anómalo; \ ciertamente (pie lo ha sido bosta el estremo la Uegencia única. Creemos que. cs-I le periodo es realmente original, al menos no es conoí ido el lijK). In u'<'ii ral que por un mnjuiilo de circunstaiina> alotluuadas logni colocarse a la cabeza de una gran oa-I cion. contando con medios tan |M)derosos como supone el haber lanzado a tiitiras eslrangeras a la (iobernadora del reino, viuda del I Hey y madre de la Ueina; este general, repelimos, inaugurar la é|)oca de su mando ¡ con un ministerio «pie se present^i á las (lór-I les diciendo que quiere gobernar con ellas, I y solo con ellas, sufriendo en seguida repe-I iidas humillaciones, basta que al fin no dándose por eulendido, se le dijo: «anda que \ note queremos;» este general coulinuar con I ])aliativos, como prolongando las horas do la auMtnia; y por Im. en el momento críl ico., decisivo, al sonar la hora de la insurrección, dar gol|>es de estado tan estupendos eoni<i nondtrar un niinist(*rio Mendi/abal -Becerra, resignarse á m cobrar contribuciones, al)olir los derechos de puertas, y acabar con la prensi de la n|M)SÍcion, no admitiendo al franquea; IíhIo este conjunto es incompren- ' sible, parece un absurdo..Mgun periódico ministerial hablo de (¡nbtrnio á aihallo; mejor hubiera <licho (jobiemu en cama.

XII.

Hace diez años <pte lodos nuestros gobier- II nos adolecen del mismo mal: la im¡M)lenria. Todos han caido bajo el dictado de Itniutrog, i| Y en realidad mas bien |M>dian llamarse dé- I hile*. Y es cierto (pietiranizabun en peipieño.

' que opriminn a su modo, (pie a veces hasta liacian un esfuerzo algo alarmante: pero todo era facticio. S<'ntian que si* estaban mu- ¡ riendo de languidez. y era muy natural que se irritasen un |)oco contra los que les entonaban el c4into fúnebre, y con mola y sarcasmo les mostraban la tumba. Del misino modo perecerán en adelante todos los gobier- I nos que imiten semejante conducta. Si en 4Bk de colocarse á la cal>eza de la aanoii, se Hacen goles de iwrtido, sí en vez de a^Hilli- '4tr vftfcns noinbn>s, no ¡mocan la ley y la talUcta; si en ve/ de fomentar ainhiciones maguido servilmente al primero <fiie oírete ajíoyo, iv> Irazjm eon mano fuerte nn ctrmAo rfcl mal no permiinn;i iindi»* salir, v •i el <|iK» se em ierren ellos mismos: si en vci de contar ron ¡iropios actos nuM ei edores do la aprobación y del aplaiLso. cuentan con la tideiiidail y (íerision de este ó aqnel •ivnvral, con el rcMM'lo (jiie impone tai o cual fortaleza^ con el auxilio prlamenlario decsle o aqoel orador. |M*n»(enin como sus aiilece-!>ores, perecerán hajo la execración y el deslirecio iwblico.

XIIU fmagmanse al;<unns que c( medio de pre- H»ir los levantamientos v perpetuarse civ til noder.es lisonjear a los pueblos con palabras blandas, humildes, que mas bien (me ordenes parezcan sú[)licas. Grave error: los pueblos no sufren el ser oprimidos; ¡taro iaoipoco quieren un írobierno que les hable ác rodillas: las huu»illaciones rastreras, les haceo creer que hay traición y perfidia; y j|Vaodo no, piensnu con razón que es incapaz de mandar quien no al)riga el sentimiento de la divinidad pnipia.

"Pertrechémonos en el terreno de la ler, dicen otros; con la ley seremos fuertes, sni la ley caeremos. - Kslo es una verdad, |ven» wisceplible de sentido mezquino, miserable. Be U*jos de pntducir la salva« ion causara la ruina. Habláis sin duda de la ley fundan)en tal; y bien, lK'mo> vi>to c^er f¡;obicrnos que la respetaron; mas diremos, ninguno ha caido por haber faltado a su letra. «Pero fallaron íi su espíritu. - ¿duales este espíritu? «'l res|K'líír las mayorws; Cristina lúe echada |H>r lial)erse conformado a la voluntad de |ps mayorías parlamentarias; Espartero es derriliado por hal>erlas desoido: ¿a (|ue m reducen pues las mayorias? ¿Sabéis cuál sera el gobierno que las tendrá en su favor, no facticias, no aparentes, no prontas á caer al primer ^rolpe? Será el (lUc se a|M)ye en priniipios é intereses verdaderamente nacionales, que arregle la administración, que saoue del caos la hacienda. que aliaiice el nníen, (|ue alirme el poder, cerrando para »i('inpn» el cráter de las revoluciones. Mienlra> to(|os los destinos de la nanon estén a merced de un corlo numero de hond)res que distribuidos en las capitales puedan con facilidad iMHMM-se de acuerdo para pmmover nuevas iiiMurei cioBes, mientras la masa do la nación seji inirada con desden, tratada como ilota, vedanihisele de difcn'ntes maneras el lomar parte en los negocios (ju»' Itj inlere»;an. y esto, cuando se [)ronuiician incoiiiiti iiiciite las fialabias tibft ttul. ujualútui; mientras uo se príM ure que entren como elemento <le írobicriio, opiniones razonables e mtere>es leiiiluiHts que ha>ta atpii han ll«vado un sclh» de comlenacion inapelable, por la sencilla razón de «¡ue eshi |H)litica era m'cesaria para so>lener y Hmienlar el esdusixisiiio: mientras. re|)o timos, se siga esta deph 11,1 ble linea de conducta, los gnbienM)s caerán. o combalidos por la voluntad nacional, o ahandonndos por ella. Kn el primer caso el levantamiento será poíleroso [M)r su fuerza intrínseca: en el segundo lo sera por uo Itaber quien lo contrareste.

Kn ambas sup(»siciones, el resultado sera fital imra los gobernantes.

u XIV. ' Su lubla mucho de la Constitución i'erdaii, si esto signiíita algo. espresará sin duda cumplimiento ernrto de lo que la i'onxtUncúm prescribe. Mas como quiera que ahora se distingue entre la letra tj el espíritu de la ley fundamental, y entre el testo y los prácticas, como ademas be ha dicho, que dentro la Constitución se puede perder el pais, y como se ha establecido por principio <pie las mayorías piieilen ser facticias, si la cosa no se remedia, lleva camino de hacerse mas difícil el acierto que el descifrar los enigmas del Esfinge.

Si os apartáis de la letra de la ley se os dirá que la infringís; si os atenéis estrictamente á sus palabras, seos achacara que cumpliéndola la falseáis; ¿como será posible gol)ernar?.\clarenios las ideas, ateniéndonos á los últimos sucesos.

Supongamos que en las últimas elecciones el núnislerio hubiese llevado la mejor parle, logrando una mayoría tan indulgente que le hubiese absuelto'del lM)mbardeo, de la erogación de los doce millones y de las demás medidas arbitrarias; viniendo por lin á declarar soleiimemenle que el gabinete merecia la conlianza de lasílórles, y quu a(|Ucllos hoiubnís eran los verdaderos silva — Ifl — Ifl llores (le la patria. Fl fíefe M Kstado con- I rorniaiidose con el soto de los cuerpos le- i ¿aisladores v conservando a su lado á los Diinistros. hulnera sef;uido las practicas |>arlamentarias, observado la ley de las mavorias, V alenidose rifíorosanu-ute á la (loustitucion. Su|M>n^an)os ademas (jue mientras ministros y diputados se iiahrinn dado reci- j proí'amentc f^racias y enhoralnienas, aigu- ■ nos hombres de cabe/a ardiente y (*orazon ' audaz, se hubiesen presentado en (iataluña y dando el grito de alarma hubiesen levantado una nueva bandera: á pesar de las iiKii/orííts y de las ¡niirtiais, ¿ os parece si Ijabrian encontrado simpatías? creemos íirnieute que las mismas (|ue ahora; y estará con nosotros <juien cí)nozca la opinión del pais. ¿Qué significa esto? l'na cosa muy sencilla. Si^ínilica (pie sobi-e las mayorías,, sobre las nrácticas, sobre la Constitución, esta la evidencia de los hechos.

llagamos la conlrapru(d)a. Demos i|ue uu congreso corrompido y un ministerio a|K)yado |)or él, ambos dominados por pasiones innobles, y v«'ndidos al oro eslrangero, se hubiesen propuesto sacriíicar nuestras colonias á la and)icion inglesa; demos que ÉLspartero resistiéndose á tamaña vileza hubiese i disuelto las Cortes, pero que por un fatal, concurso de circunstancias hubiese prevalecido la intriga, presentándose de nuevo en!' los escaños del congreso los mismos hom- | bres apoyando con el mismo calor á los mi- j nistros traidores. Si entonces Espartero dejándose de rodeos y contem|)laciones hubiese disuelto de nuevo las (fortes, y disjKTsado con una compañía de granaderos á los diputados renitentes; si levantando su voz uubiese dicho al pais: «se me quiere forzar á ser traidor, se (piiere que venda á los estrangeros la independencia de la nación; los traidores abusando de la Constitución se han parapetado en ella, yo no he tenido otro medio de salvar la patria (jiie pasar |M)r encima de la ley;» ¿pensáis que el pais se hubiera sublevado para castigar semejante acto de dictadura? Es evidente que no: y porqué? [>or la misma razón arriba indicada; pon|ue sobre las leyes escritas y las prácticas mas arraigadas, eslan la conveniencia pública y los |)rincip¡os de eterna justicia. { "Entonces, ¿qué se habrá hecho de la I le(jali(iatVh< no lo.sid)enios; tiempo hace que I ¡a estamos buscando; aftenas «iescubrimos su huella en ninguna parle: al parecer ha- t brá sí'guido el camino de.\strea.; En los tiem|K)S que corren es gracioso oir (|ue se habla de legalidad. Van yaiargos años qae la situaci(»n es eslntorditiaria; s bajo mil formas diferentes, a la s<»nbra (ie distintos velos, sieinpn' las cuestiones vienen a decidirse en el terreno de las medidas escepcioiinlcs. \a\ escejx-ion se ha elevado á repta. Ni es |)robable (pie de semejante estado salgamos tan pronto como fuera de desear. Bermude/. cavo legalmente, merced á indicaciones (|ue iMulian hacerse respetar; Martínez de la llosa sucumbió bajo la legalidad de los amagos de levantamiento, y de las iiisinuaci(uies del puñal; Torcno fue derribado con la legalidad de la insurrección; Isturiz en fiienta de la legalidad. tuvo qae salvarse disfra/.ado de correo, y con él vino a tierra el Estatuto revisado y por revisar; Mendi/abal dejf» legalmente síi silla, poroue los sables le hicieron \ina seña desagraaable; Castro se embarco legalmente |mr una significativa renuncia ajKivada i>or cien mil bayonetas; v dejando mil otros incidentes (pie. se han visto en el gran drama. a la Imra en (pie escribimos (»stas lineas estarán sobre.Madrid los ejércitos pronunciados; si Espar- " tero no ha tomado el camino de la emigración", estará también alli C(m el resto de sns luery.as, y se probará la legalidad con lo certero de las descargas y lo n'cio de los sablazos.

.\sombro nos causaba la candidez de ciertos hombres rpie cf)nsideraban posible un desenlace legal y tran(iuilo. \o fuera i>ora fortuna (pie á tanto alcanzase la situación venidera. Van ya nueve años (pie la España está en revolución; las revoUiciones para cambiarla organización del pais, comienzan saliendo del terreno de la ley. y ninguna * tennina en el terreno de la ley..\bi está la historia. ¿Queréis columbrar el |)orvenir? Dad una ojeada sobre ese suelo volcanizado, y n'cordad (pie la escelsa Duérfana (pie ík'upa el trono no llega todavía á_los I M aflos.

I.

«¿Cómo hiMiios pfKÜdo llegar á laniaiioei»- tado de dcscoiiciprlí) v desorden? ¿¡Mít (pie ■o tenemos gofeier»o?o preguiitn algimos; «¿cómo no hemos llegado todavía á un tslaéo }XM)r? ¿cómo hcinos Icuido in "íoiiibra de gobieroo?» debiera prcguauirse. Minoría, ffmrra demetHony mohKhn: oüdft vm ét ' -f s malos basta por si?o!op;ira trastornar i UQ.I sociedad, ¿gué m habia 4Íe rosuUar de j los tres reunidos?

U sola miiH>ria-4e Carlos U llevó «gitaám los pacatos tierapos dot último período (le la dinastía austríaca; la sola guerra de sucesión inandó de san^ la Península ul enlioaiiarBe la rama Iwrbónica; la sola revoUirhn nos trajo la lucha civil ^!n invasión estrangcra en 1 Hi'.i; nada pue^ urna natural (|ue lorraaies sia cacnto «pie hemos salrido, ya que la Providencia qaiso que te ooaibÍBa» I sen y obrasen á un tiempo sobre nuestra pa- | tria tres cieniontos, loáos lan pfxicrobospafa | En la minoría, el trono está desocupado', | bajo sus dosfh's t'siá la résia cuna. Las fun- " ciones del monarca Us ejeicea otros; pero,1 cibatmeutc la fuer/.adel poder monáNfaifio i'<t.! uucnlada principalmente á la niisiitó I persona del monarca. Kl monarca es inamovible, la regencia no lo es; la monarquía es peipétoa, la regencia e# temporal; el ow nm;i obrn en nombre propio. In rr^'fnciaca nombre a^eao. La autoridad es (kUil porque es mmMéaf a» sale inmediatamente del origen; y ambicioii no tiene cerradas las puerfrfí í>nrque hay er¡€ntmlidad do cambio en el ^er supremo, y por consiguiente eiistea mpertmnM do asorparto. Daranlc el fanesto período, espcrimenta la nación los males de una monarfpifrí electiva. La ley que ea Francia acaba de declarar hereditaria la rejEem^, encierra- «a peaeaaiieaia de biea *lta política.

La guerra de surettion snnone cuestionable el derecho, y encomienda la decisión á 1 ks' trances de las armas. Mientras dará la sangríenta lid, se levanta trono contra trono; 00 existe pues la. unidad, esta privada la i annarquia de su carácter esencial; quedandaea eieiio modo aplazada su existencia I para cuando «c ha decidido la locha.

La rerolmiütt ataca el priac^ño uhmuo del gQbienio, ponpie se dsHge á oambiar tas fornspoHlicas y la orgaaisaeion social. Por Batnralc/n es enemiga del poder so c«;r?!('rxa sia cesar en enl1aqQec«rle ^ porque suiin es denibatte. Aeltja M«i loa- viacalaa osa, ^esti farwtdi te^sooíedad-. psoiBO mvn I obstáculo á sus d(;si^nios; y el imnIci' sui>re«' moes el objeto de sus iras, ifior el doblo motivo de ser poder, y de servir de centro y nudo á la orgauizaeion social que se intenta destniír.

En la úKiiiKi época. la roveiudoa hubiera sido iiMpotcnlc. como lo fue en las aníerinn-s. a no l)at)crla secundado la minoría y la í^uerra de sucesión. Siempre qoo se hahíeaa empeñado en una lucha contra el trono, cuerpo á cuerpo. habría sucumbido: porque el trono es nacional, la revolucioaao.

Gnando la revolneion ho conocida sos ver'- daderns irrtt're«es \ la debilidad de sus fuerxas, se ha í'olocado siempre a ia sombra del troiH». Necesitaba un escu<lo, y ca este eiH eudoioseul^ les blasoftes do la «eoarqofSi II..

Alguna vez lieans peasado, á tm bttbíf)r ra (iañado mas que una Tevolucion mooí'n- (linca, un inuiiarca revolucionario. (Aplaiiios por la primera, porque al nial.Boledesea<> nio^ nunca un cicmcnlo de pujanza. I'ii mor uarca revolucionario que con las moditicacioncs del espíritu de la época, se bi^biese arrojado por el sendero de Enri(|ue Vff I é del emperador José, quizas nos liiihicra perdido para siempre. Recuérdense ciertos períodos críticos del tiempo de Carlos Ul y dü Garios IV. EIdesérden de la revolucioa destruye, fMTo nada edilica, ni bueno ni malo, y trae tu |>os de si el peor enemigo: un iii'-curable descrédito; pero la acoioaoideBada, regular, iírine, con que funeíoliala momuTrqnía. derrilni de un fíolpe, y edilica en un instante: ¡ a^ de los puehios, si el dcrrilK)^ la coastracoton esten dirigidos por el genio del mal!

En adelante. ¿([ué ludria suceder? l^is^ circunstancias han cambiado: si en una de las infinites •eonbinacioncs^pie es dado iauK íítnar,seap<Klci'.T<en del trono iníliieiicias maléficas, su acciou sería nociva, pero no omnipotente. Hace ya muchos afios que los bueno» principios están acostumbrados -é no deÍHsr su salvacion_^a nadir Sn fiirrTn prnpi t, intrínseca, esencial, esta en cjeircicioi,nu hay poder aabse la tierra que pueda oscteyízarlos. y mucho menos destruirins. Sin embargo, conviene que sus d'-fensores uo esten donperdbidos: la KsiKiria«s un camt>auteiite eQ.iMnfeR, dsnde cada coalxflwidailo fldyo samo^BMflor paedoi 'y m caw»H"te de nadie; pero lo ageoo: m (omenios wkda feleinos en torne del «rm III.

La guerra de sucesión ce)»ó, la minoría s<; acerca á su lin, la revolución ha IK^gado al término de su (jarrera, porque desgraciadanmite ha logrado su oi»jete, en onanto le ora ¡Kisiblc; ¿qué es lo que puede im|)e(lír f I esliil)leeimiento de mi i^bierno? Lo ire- WM» diciendo cu el pn^senle artículo y en lo» venidef*OB« ¿Cónrf) '^ límis (¡iic! i ivv(»l»('if)n ha Ih'^rado á su lerminu? pf)r({ue no venios en pie nada de lo que ella qaeria (kstruir, cscento las cosas indestructimes. Ifotamos sentados en medio de ruinas, esto dos fiaiantiza de que no nos engañamos.

Después de lo que se ha hecho, todo lo <pie en adelante se apellide revolución no merecerá tal nombre. Será el designio de impedir que se quiten los escombros, que se despeje el terreno, y se tevanle un ecnficlo. Pnrn rierlos actos, es muv convenienfe tener a la mano montones (íe polvo |)ara oscurecer la aluK>st'era y privar ia luz.

En una vasta llanara, entreeorlada por suaves colinnv^ existia en otros tiempos tm magnifico ediiicio que levantaba hasta las nubes su gallarda cúpula y sus torres gigantescas. La amenidad del pais, la feracidad de los campos, el despejo del bori7onri>, la hermosura del cielo, parecían decir «[ue alli do dia Ailtar la vivienda de) hombre. Sin em* go, el tiempo que todo lo destruye, habia desmoronado el edificio, consumido sn«; trechos, desmantelado sus paredes, minado y destrocado sus einientos. K«¡u{ un enorme paredón (luc amenaza desplomarse de un momento a otro, allí una bóveda, cuyos estribos se van cayendo á pedazos; arcos aislados, columnas que no sostienen nada; grandes aberturas en los parages antes cerrados; montones de escombros sobre el lugar de las Antiguas entradas; descomunales boquerones en el suelo, todo confusión y draorden, todo minas. Kl hombre no vire en aquellas estancias, pero la habitación no ostá desierta. Loa «orrds, los jáchales, las Menas, loa tigres, todas las alimañas y ñeras del defiicrlA han hallado alli su cueva; tas sabandijas, los drag(mes, y lodo linaje de reptiles etaeuentfuíí cómoda gwuida en Ha wnlietosaB y I^Mfmdaa liendidaraai} y ta ifauítms', tas leetaüs, M Miroiélagos Iféneor so nido en los restos de las torres y almenas.

Un viajero recorria silencioso los afrededores de las ruinas, y contemplaba con dolor aquel eaadro de destrucción. Resonafit el rugido del tigre en el mismo lugar donde antes se oyera el ladrido del perro Het: donde antrs eol^^iiba ana linda iatila con un pajaro d(> pintados 'colores y de melodioso' ranlo, asomaba la faelra del buho con su pico coi-vo y sus phnnas en forma (l»' orej;!*»; ¡Híf Ia*i ventanas donde se recostaba en otro tiempo nna gallffi'da m:iii un o hermosa doBrolla, sacaban de in)provÍM hi i alx vn rntro, el oso, el tigre; y en íos lu^íares ea (ine jiiizetem'^ con bulliciosa' ulegria la candoro.sa niñez, silbaba la horrible sierpe; nmstrando su lengua de sangre, y sns ojo:fde Uauia.:.

Por respeto á los manes de los antiguos señores, aijo el viajero, es preciso que desaportízca tanto h*irn>r • fM-enso qnttar esas ruinas, y construir uu ediiicio. Y es fama qfue defundiéndose esa ver por tedo el ámhito de los ruinas, las Ilcri- I ts aliiiiafias, los reptiles, y las aves i>uclünias, temiendo perder su irábitacion se helaron de esfjanlo; cada cual á su manera dió un grito horrible; y el s¡lbi<!o, y el ntL!-ido, y el aluillidn. y el chirrido resonando lodo a un tiempo, resultó UQ ruido fatídico v aterrador. ■ IV» Um seAal bastante nnfm de que la» revoluciones se aproximan á sii lin. es i uand<» loíí tribunos se convierten en cortesan(»<!. y ios agitadores muestran pretensiones de parecer hombres de gobíenio.

Cuando la revotneion irr 'k i \.\ l 'iíalidád, es un indicio de que el enenii¿|;u esta fuera de combale, y de que es tiempo ya de tratar del reparto y seguridad del botin. BiH tonces vienen ríe molde los lirrhoy nmsnmndos\ y como suele dodrse, se cnnmUda h situaeíon. Bu tiempos revueltos es veoeaane no contentarse con saber y entender el Dio* cionario de la Ae^iltMnín Se ba clamado nuicíio contra un centenar de ancianos y hombire» de mediana ednd, porcpie se han mostrado tercos sostenedores do hs leye,^ hechas por ellos, v de la situación, también oreada iwr elloH, como kc snpone: 4rVo8olm> tesMan 'imamMfíKh posns antagonistas de la monarquíi, Im au- cha, y atendidas las insólenlos provorariones lort's de la revolución, los padres de la [I de los ainanles de novedades, presí indiendo