(!uii^tiliu-ion del aAo (2, los ineorruptibles enemigos de las camariifte eorleniiM, los hombres del pueblo, de las etemafi ponderdcioaes de suu» derechos, vosotros os habéis pnwtkiÑdo á los caprichos de uu poder Mevo. obra de vuMlnHi MUIM, que ni brilla con ia llama del genio, ni resplandeee eon el Rfl^jv de uu ^ran nombre, o de recuerdos iHstóricos, y en cuyo ponréniriMtejrBtt que usforidad. '¿Preferís una mirada lisonjera o una sonrisa de ese poder, al clamor de los pueblos, al voto de los parlamentos, al «rito ■MBinie de la prensa? ¿Ibbeií eanibiadode principios, moditicado vuestras creencias polilicip, disipado vuestras ilusiones, secado vuestro corazón?; Qué mudanza tan inespendil Aates, las sociedades potriótieat, nion los salones diplomáticos; antes, desprecio de la aristocracia, ahora insaciable sed de,<TMMÍecoiP6ioaes y títulos; antes, al pasar poil éeiuite del regio alcézaric mirabais con altivo desden y con ojo ceiite!leni\le, ahora ''l^r. jjipirf^ antesalas de las f^Ma MtinViM, y vestís la fibrea de loa cortesanos, y os wjais arrastrar en sobertiias rarrozas*: antes haríais irala de vuestra pobreza, blasonabais de espartano desinterés, i fuer de pechos generosos no ansíábais otro fm, no os impulsaba otro móvil que la prosperidad, v sobre todo, sobre todo, la lioeriad, la idolatrada libertad de vuestra aprímida y gemebunda patría; ahora, ¡oh |K>nsaniiento desconsolador! habéis aceptado pto^ttes sueldos^ en retribución de vuestros serpatea^ y babeis desvanecido de un golpe tima bwo>daifa»0i|cantoa: habéis cometílio «na profanación sacrilega; habéis colocaiio el ofo junto el entiiaiasroo » Esto les adí'inas de los manejos y ventian/as de los {lartidos, lo que decian los mas aventajados adaliíit's (le a(|nella lucha podía formularse en estos términos: «Nación esi>aik>la, esas hombres que apellidan /í¿er/a<i y te prometen el siglo de oro, te engaftan. Sna dadnnaa son las ensacadas en Francia; mira loque estas bau producido allí, é intiere lo que prodnciién aqui, Se quiere derribar un Mola para oolooarse én su lugar; el incienso qne te forzarán á rendirle, te será repuiínante. V las ofrendas que te obligaran a presentarfe te «aldién muy caras. La aimeioa y la codicia se cubren con el manto de la libertad y de la economía; no les prestes oidos. que el tiempo vendría ¿ castigar tu imprudencia con dotorosos escarmienloe. «Y bien, ¿mé decian aquellos escritores que no se haya dicho ahora? ¿qué fue la prensa de entonces, en comparación de la prensa de ahora? Loa hombres son loe miamoB, hasta llevan el apellido de la é|>oca, se llaman doreaflistas; entonces hablaba la previsión, ahora habla la «qperieneia fCnán amaigoa desengaños traen consigo las revoluciones! Hombres que estudiáis su historia; no os liéis de los libros, escritos en buena parle por los autores ó loa eómplices del mal; atended á loa hechos, y á nada mas que á los hechos; mirad lo que habia, ved lo (pie hay; mirad lo que eran los revolucionarios antes de la revolución, mirad lo que son ahora: el espíen-, dor ha sucedido á la oscuridad, la opulenciaá la pobreza: bé aquí disfrazado elenigroa.'
V.
V.
__ «Todas las reputaciones se gastan, escla"^ a» adversarios;dftlosi«ntdesnapoca8 I maneierCoa hmfeai^siflaposiblegolKhiah fueron, sus amigos y auxiliares. Los co- la rapacidad mas aventajada, la pndndad mentarios y las consecuencias no son difici- n)as incorru|)t¡blc, son inútiles; por(|ue á les^de alcanzar * no sabemos si lo siguiente |)oco tiempo de ligurar, caen cu el mayor jervtr para nada. | deacrédito. Esas leffiotaoionas son monstruos En tiempo de las Constituyentes de <8I2, | aue se lo tragan todo: en no sabiendo qué aev< \ de la iuauíiuracion de la escuela revolucloüaria y volteriana en nuestro suelo, salieron áHafcndef la religión y la monarquía algunos escritores, haciéndolo cada cual como mejor entendía, distinguiéndose uno que otro por cualidades mas ó menos relevantes, pero alÑindando los mas de doctrina y raciorinio, A parte la exaltación d** los ánimos, muy natural en el prnuer momento de la lu> orar consumen reputaciones. » No tenemos costumbre de apadfmar la causa de la revo* lucion. ni laaipoeo jolemoa enearecer la fecilidnd de gobernar; pero en esta parle no podemos sufrir que a la revducioa se le acbaouen noevaa delitos; bastantes ha wmetioo que no consienten disputa; no ia calumniemos. Nuestra opinión en este punió podrá parecer peregrina: como quiera no la <(>ncinos |>or (Ie.sac<.>rtada. La revolución no ^asfa las n'piitacioues, loque liaLees(K)nerlas apruelMi; y eslu e» cusa uui\ iliferenU'. So» ándinaaim áj^iie la opinión publica lejos de ser injusta ni severa, lia sido y < s to(la\ ia demasiado iudulgeulc. Hay C4ii»acidudes (]uc no pupdcn rcHiscrvar «a illa nombradla sino manteniéndose en niisleriusas sombras. En dándoles de lleno la In?., el presligio des-«lüfireoe. ¿^uiyen tiene lacui|)a? Uay virtudes wfiáaitast hfty pnMdadM une ño «inven fMira la boca de la tentación;. el oebo btíiida, el {Hili^ro amena/ii: 1n probidad siinnnhe; ¿quién It^ne la 4:uipu? Las revoluciones suelKien y ««itan ir sociedad; el «al campea, el liti'n s(* ve precisado á defenderse; se for-Mian (iilerenles bandos, se ofrecen situacioues üii'icilüs, lu ludia be enciende, y en ella «•«preciso nióslrar d teonplede la espada, el corte (!e la ubnna, el tino gubernativo, In previsión |)olitica, ia Himuza de carácter, la energía de voluntad, la elevación de sentimientos, los quilates de la hennidex: los entendiniieulos y los corazones se bacen irajiparentes; ¿quién tiene la culpa sí son pocos loa tjtte saleii airosos de la dwapniebaf ' ¿Cuántos son los hombres emineales, ni aun d¡sling:uidos, á quien(»s la opinión pública no baga justicia? Pocos son los que rMoen teaéhas énalidadeB aoimsalientes, cada cual está dotado de las suyas; y en estas el público no es tan injusto como se quiure suponer. Lo que bace es distinguir, 4Ha8Ífiear>, otorgar lo nerecido, y negar lo que se pretende sin razón. Acabamos de almesar una^*rra civil, y estamos uasan- . do por disturbios políticos*; y sin cml)ürp:<», recórrase el caták^ de los hombres que v<-haa señalado por sus tálenlos, por sii liuaradfab, por su carácter o \m otras eualida-¿e» Mfcuasifó malas; >ee' ciiahpiieffa'"de Im irartidos, y se hallará que la \erdadera of)inion publica rsla fijada sobre su mérito. En cierlab cualidades bay dii»^-re|>aucia; peix) iMiderteaMr ^lue en tal «asoné siMn oNn muy aventajadas, ('liando el s<d brilla todos lo ven; auuj^uquellos a quienes ofende, ir'tüklas ¿no sabéis lo que suele decirse, C|tte la juslida no la baciMi los contemporáneos sino la posteridad?" Ks cierto: ñero en tiempos de levoliiciou la {losleridad se adelaala, los aftos son ' siglos, las generaciones viven mili lias vidas, y antes que las míabilidades desciendan al sepulcro, suele llegar {tara ellos el fallo de la bistoiia. ¿Qué se ha beclio la ditiniáad de un famoso diputado de las (Constituyentes de ('ácliz? y este diputado vive aun; ]>ero ha llegado para él el fallo de la histona. Varias cualhdades se disputan á Marti ne? de la Rosa; pero.¿quiéu {tone en cuestión su honradez y su elocuencia partamcntaria? Quién nie^ á (ialiano su ímpetu oratorio, á López so fuego y Cacilidad, a Toreno su liabil travesura? A Cúidova y Zumalacarregui » quien loa de8eoMíc«t"'i •;^ Todas las caricaturas del mundo no doa^ truyen un hecho; todos los artículos de fondo no lo crean. ¿Qué pudieran las caricataras contra Na(^noD, é la tista del ótétm i público restablecido, de la administración I organizada y de las banderas tomadas al; enemigo? ¿que valiau los artículos de un I periódico ministerial para realzar el prestái' gio de Espartero? Se le ha llamado ilustre, invido, honrado, patriota, modesto, destnteretado^ y de esto cada cual ha creído la fque le pareciera bien; pero no >e le ha Ha-f ¿ado grande hombre, nombre de c}C)ün\ él (propio nos ha dicho en un rocíe ule manifiesto, que no ambidaiiaba tal Hiato, que i no lo nicrccia. ¡ Tanta es 1k Itacrza de un ' hecho evidente!
ÍSt todo el mundo supiese que sois un defraudador de loa caudales póoiioos ¿de qué os sirviera tener asalariados a dos o tres escritores para (pie os llamaran sin cesar lion-,. radü, puro, desinteresado, basta el ías-^ I tidio? ' Mí^ifF' Todo se ridiculiza: á un hombre qiiiíás muy resjielable, se le hace objeto de despre-i cío, es verdad; j)cro esto no afecta la repu-^ I lacion tanto como se pudiera creer. A un' político eminente cpie haya prohado con liedlos su elevado talento, ¿qu*^ le impoiia i que un papel «ín Créia-le diga cuatro desi^ ' vergüenzas sacando á plaza su enorme mt^ riz, su joroba, la curvatura de sus piemnfi.
I su calva, i>antutlas y levitón? lül niuudo está lleno de piernas derechas y de fiaras aironas y elegantes, en las ipie nadie piensa; ralle \ rand era cojo y dooitoabi la diplomacia eurojica. ^ r'M.i'".\\^t i^^u.n En épocas turbulentas, # 8a-'lte||rá^» modo u otro á inutilizar ()or una temporada los talentos de hombres cajwces de.salvar ' el país, el interés público es lo que sufre; I ia repntacÍMi si es sólida, queda iolarlai tillando se examina la conducta de un gc- 1 ucral desgraciado, se atiende' ai número y ríase de tropas de que disponía, y ¿ la sitaaciim en <]U(' se onroiilralia: cuando una, uave D<) ha }K>dklu salvarse^ no sicniprc se adiacael naufragio á la ini|)erii-ia del piloto.
Abora se abre una nueva era; van á ponerse a pnifíba ciertos hombres; seria hien posible que tuviésemos gran consumo de reputaciones {i).
VI.
Los ejércitos pronunciados acaban de cn- Irar triunfantes en Madrid, ¿('nal es la situación de la ca|)ital de h\ monarquía? Están aK mezclados los generales de octubre con ks tribunos de 4840. Muy en breve estanin en movimiento todos los elementos (mIiIícos que se agitan en la I'enmsula; si no se crea pnmto y muy pronto, an gobierno fuerte, comenzará la discordia y seguirá la anarqnáa. ¿Cómo puede crearse csle gobierno? És ttecesarío un centro; y centro no hay otro que la au,:aista Huérfana, esa Huérfana qM se arrebata suce>ivamente la fuerza amada!...esa Huérfana que en la Granja se ha viMo a.'^allada por sargentos y entre- ^, _ pda á manos de la revolución; que se ha justicia, sediento de paz y estabilidad, ene TÍsto separada «le los brazos de su Madre migo de teorías, despreciador de los charpor el general de los ejércitos reunidos; <pie lalancs, amaestrado con larga y costosa esen octubre ha oido las descargas en las es- ' pericncia; hay un país abundante de recurraleras y salones de palacio; y que al re- sos, hay innumerables veneros de riqueza jooar los vítores délos que acaban de H- por esplotar, hay muchas rentas que beneiMrtaria, a las ordenes de Azpiroz v Nar-! liciar; hay una situación lopogralica que raez, ignora lo que hay, tiembla, flora y | brinda á la'indei)endencia, y hay un caracU-r pregunta, si electivamente gritan r»ra la liero y brioso para hacerla rcs|)ctar; ¿qué /fnna/...Hombres de la situación, rede- falla pues? Falla una cosa muv sencilla, y Reina se pondrán en movimiento; lo» partidos lemenKsos de perder demasiado en la transacción, suscitaran cuestiones sobre las cláusulas del contrato; quien posee no querrá desasirse. y quien no tiene deseara adquirir; hay la cuestión de la mayoría, la del reconocimiento de las potencias del Norte; los negocios de Roma; hay un desgobierno espantoso, un descpiiciamienlo administrativo que da vahídos; y descuella iinalinente como un fantasma aterrador esa haeieníla. que para mayor infortunio acaba de salir de nuevo de las manos de Mendizabal.
Bien se echa de ser que no disminuimos los obstáculos que hay para bien gobernar, V qae los pintamos con sus verdaderos colores; los hombres de la situación no ¡Mnlrán quejarse de que no les suminislrvUnos escui sas |>ara los errores que puedan cometer; pero en cambio les diremos también los elementos favorables con que cuent<in, (jue serán sus cargos,.si con ellos no salvan al país Y á la Reina.
Hay un gran pueblo entusiasta de la monanpjía, tirmemente adherido á la Religión de sus padres, amante del ord(>n v de la lionad sobre b que os dicen estos hechos; y si sois hombres de estado, acreditadlo de iioa ver.
Se necesita un gobierno fuerte, no nos eMbaremos de repetirlo; sin él tendremos arbitrariedad con pretesto de orden, licencia coa nombre <le libertad. No bastan reconciliaciones enlusinstas, no bastan abrazos; los individuos y los pueblos no viven de esce-DM de teatro; (os síntomas nue estamos viendo nos indican la gravedad de un mal que en vano se trataría de encubrir.
La susceptibilidad y los intereses de Ingbterra han quedado heridos, la vanidad y la ambición de la Francia se habrán dispertado. los pretendientes á la mano de la (t) ¿S« ha cumplido?
sin einbargodilicil; falta que loslioiubres que se coio<pien á la cabeza de la nación se convenzan de su fuerza si se apoyan en los elementos de bien, y que no se crean forzados á tener contemplaciones á los elementos de mal; falta que acierten á mostrarse como prolectores de las grandes ideas nacionales, que de esta manera esciten el interés de la inmensa mayoría del pueblo español; de ese pueblo que hace años está esperando que un venladero gobierno le llame en su auxilio para hundir en el polvo á esas pandillas que le atí)rmentan, le despojan, y por añadidura le insultan.
Ved lo que ha sucedido. y conjeturad lo que sucederá. Habéis clamado ¡kl jmit y la Reina están en peligro! y el pueblo español se ha levantado como un solo hom-I bre, y os ha dicho: ¿ d<>nde están los ene- ■agpstiel país y de lu Ueiua?» lus b^ña- la lazuu, la c»(»enttiicia, la iiisiuna; que oo laslcis; un instánle después ya uu exisliau. lu pierduu dt- msIu ludus luü hüiubre!> uiiiaü-£1 pueblo español, ese pueblo que no ' los de su patria: Suelua necesidad urí:eale.
•abe siQo pelear y vencer, se retirara con la generosa) contiunzu que abrigan los |>eciius hobies y valientes; después de baber disipado ron un soplo á vuestros advei-sarios os de|arn hacer: muy desleales é ingratos l'ue- . mis si le ení^añaseis también. • No ipinora la nación que la situación es * «irtranrdinaria, que en medio de la iusurrec-MOndcsaparece la legalidad; y que no puede reclamarla estricta en los momeólos a premiado ra. es un |xjder íuerte; aiu el 04 liuy espcrajiMi de:>uivacion, sin el sufriremos la mas bastarda y la mas esleril de las láauÍM, que us la impuesta por las pandillas y facciones; sin él no saldremos jauias de estados de sitio, de medidas dictaiias por la salud del pueblo; y t^lt mal será irremediable, porque su rai/. no estará en los hombres sino en las cosas. Colocad eo el gobierno a hombres de opuiiones templadas y de uxt&a* críticos de la victoria, cuando ha quedado cioues rectas y pacilícas; hi su poder eüdé^ uua Ueina menor de edad, sin rciíencia, sin bil. o serán echados de sus puestos, o aMiministerio nombrado por los tramites legales; cando sus opimones y olvidando sus hábitos, por lo mismo no os pedirá cuenta de si ha- se convertirán en opresores.
beis puesto ó no el pie sobre el linde de la ley, sino de si habéis salvado el |)a¡s ó no. Salvadle y no temáis: el pais que sulre tantos estndon de sitio, lanías medidm de salvarion pública, laníos velos echados sobre la esladut de la ley, tolerara sin duda que le salvéis, sea 6 no en el terreno de la estricta legalidad, de esa legahdad (|ue años hace ha desaparecido, que todos invocan y que nadie observa. Jms revoluciones comienzan saliendo del len eno de la ley, y VIH.
VIH.
Salgamos del terreno de la política. que está volcanizado; mientras permitáis que s% revuelva, temblara el suelo bajo vuestras plantas. Siempre se habla de Constitución, siempre de leyes orgánicas, siempre de gobierno y oposición, siempre de sistemas políticos; nunca de buena admim.ttraciuu, de arreglo de hacienda, de instrucción piininguna termina en el terreno de la ley; se j blica; siempre del instrumento, nunca del empieza clamando por las garantías legales, artefacto. Olvidase que las formas políticas y se acaba por hacer necesario un poder sonun»H«/ií>, y se las considera como /Ím, ¿iscreciooal. ¿Que importa que lo ejerzan mejor diremos, se aparenta considerarlai las juntas ó los militares, las convenciones como tal; porque en el fondo de las cosas, ó los dictadores? Si en tanto abuso como se i en la realidad, patente ya a los ojos de lodo ha hecho en KsivaHn del poder discrecional, i el mundo, lo que obra, lo que remueve, lo se hallase quien lo empleara en salvar la ' que agita y {x>rturba, son la ambición y la patria, á buen seguro que en lugar de la ¡ codicia; y tal tez, y sin tai vez, mas la achoca Tarpe ya. le espetaría el Capitoho.
Vil.
. WUti lh «««lu MU Si no se quiere un gobierno fuerte, si se oponen obstáculos a sn establecimiento so protesto de combatirla tiranía, tendremos á centenares los tiranos; porque lo hemos dicho y lo repelimos: los gobiernos opresores no son ios fuertes sino los débiles. El fuerte puede marchar á la luz del dia, no ha menester las maquinaciones tenebrosas; no necesita medidas violentas, pornue cuenta con la debida fuerza para hacer observar las || en la compra, esiarian muy bien empleados, leyes; no es suspicaz ni perseguidor i>orque I y no se arrepentía de haber dejado vacias puede despreciar á sus enemigos, eslaudo ¡ sus arcas. Hodeado de amigos que le felicitaseguro como lo está de anonadarlos si se han por su adquisición, embriagado de gozo alravpa a lavantar la cabeza. Esto enseñan | v desvanecido de orgullo,.«^e fclicitalw ¿ sí i I dícia que la ambición.
Un hombre que tenia inmensos caudales, no sabiendo en qué emplearlos, dio en la idea de hacerse fabricaute..\ costa de muchos sacrilicios adquirió una ma(]uina, que en su concepto vva lo nuis admirable qua iiiuiginarse pudiera. Fuerza motriz muy poderosa, combinaciones ingenioas y elegantes, mucho tino del coitelruclor en acomodarla al objeto [tara hacerla elaborar en abundancia los pnHluclos mas es(]uisilos; todo este c/)njunto tenia embelesado al dueño, y le hacia esperar que los capitales invertidos el^MÍMiWiáirtfiiplan. T va tolo pfíí"^?i>>;í vn liuíi arnn hambre de babilidatl y c(maG^ para uocargarie üe la dirección de H^Mtfriiú». ÁávÁ fw dmide tro|)«Bé el liao* ei|NnAiil»ii4Ímln«8 encúnt«ilMÍM^ p<»ro hn^no niiv-Mino allaniilia y nivelííbfl ei Ierre Q0, se mudaban los operarios, se inMudMi. Lo» áiiMtoreif ivnunrtaban 6 ei itnrím los dpsppfün;! t mnqnin^ no funcionaba. Quién iue liaba cou ua incuuveniaate, olvidahn de dei ir qut' la t'iivi lia no podiá fKT-lonar la introduccioii do la imi()uina. y í|ue |M»r mil medios lenebrasds v períido&, isar SR moriwitili^:nM productos. Seis años liauian y todavia el pobre fabricante, sin haber visto mi producto, estaba an ciclando la máquina; los gastoÉ enui- nrochos. los f.vV<('o< >in oiirnto. la do^p^^ixTícion t'<taha en:iu cobno. Consúltala un dtu a uno de sus 'la trama infernal de que erá vietimñ r»! fV^sgraciadí) cHiitfüsta.!<' dijo: '«i la maquma funciona, los electos fabri«^doís farán sujetos á cálnilo. si no rii-'iiroso, al menos aproximado; y los salarios asi del dinol^eonw) de los operarios, iteran lijos.
arbitrario: ¿ftién prcdc saberte quo (MH'stn t!n;i reforma en la m^(niina. viwtnici todo el desbaratar los manejos de los in seducir n los operarios, y <jui- »ii-destrutrla? ¿t^níén examina fqUO se nn'ttMi.i directores ó á rcforinnéafB0ÍmlíJ^ adomadüü du tot» oonociuiicnios TodasM apíénidüQ maquinistas, todos tienen ^ voto, y lo que p« peor, tmio^ rfthran su sabrio. Estableced una regla muy seucdla: jÉtto pere^rÉ vn iiiaiiy¿ÍiÍlMiti''<|Éa"lií máquina funcione; y al día sisuiente, ó la máquina funcionara u os habréis (piedado libre de directores y maquinistax.)* Dicen que sfl^puso en planta el conaijoiy fel pabNHWHi pittiista se vio libre de trampa'^. "'En tan delicada materia conviene no liarse <teeet^s, ni pretestos, ni apariencias las OM iiMicentes: que como deciiHitaMMlks: fñv fí i'í fiiy el mundfi: v esto divh , bambre, i al vez liace arrojar 1qí> logeiMi^ á eHasqne no están «m el mapaij»»t¿ leUaaioi itiGimMto las reToluci^s éstan enci peno-' COIISIO£BAU0N£$. \ •i tt II <>lMt.
Sin unidad no hay concierto, sin conciarti} no bay orden, y &iu orden no pueden subatatir el araado ftiíoo,» ttmdnliBaiwaatfvi»» dadcs inconcusas, eternas, aplicables á la >ociedad como al individuo, ¿(jue es la virtud? un órden, un 'Concierto, «ubordioados a bi grande unidad, áte.l€3r olirtta,.á-DÍBi; iQil es la ciencia? un órden, un concierto dependieBlea de la unidad, del principio gen«radotde loa cóuMinmlos; Cada ciencia en parU^-cular se asienta sobre una verdad que le sim de base; yeslas verdades fundajnentales examinadas eo su origen, se baila croe convergen todo UMi 4Mn m 6t oino ti punto % «á que esta afianzado el primer eslabón do Ift cadena.;.Oue es la salud? un órden, un concierto, deueodieates de la unidad, que armónica ím naoioM f Im hace wMHbmt á un mismo objeto, cada cual á su modo. ¿Qué es este universo que nos admira y asombra? es el urden, el coucieito, sometí* doa á It «aídad. Soponedque la unidad dat-» aparece; el concierto y el orden dejan de existir, y el universo sé convierte en caos: Todof los seres, asi que se apartan de la unidad á que están sometidos, pierden «í cierto mouo su naturaleza; porrpie csfn no Gonsisle precisamente en la esencia que ios eMítaye, sino cpie ibiMC todu las 1ti&^ tades, cuyo ejercicio forma eh oomplementti del mismo ser, y le bace alcanzar el objeto a que esta destinado. £1 liombre dementol esoievIaiMaleunMihra; pero le Mta «I uso de la razón, y avi de poco le sirve elt#i ner esa noble lacullad radicada en su alma. £1 díscolo, el perverso, es bombre; tiene el Kbn ejeideio de su entendimiento y voImh tad: pero abusando de las j>otenna's que la ba otorgado el Criador, y desviándose de su fin, es un hombre incompleto, que tninC»¿ por decirlo «k, M propia nalonltiaf fé% viadoia d> wiyarto awa Mk, l Por esta cau>ia UhIos los seres que exislM I liz e^tadu. que la a^fuanbu tilas ven(ung|Í|i fuera del urden que les toiTesponde, que " en 00 lejano porvenir, ¿^ué valen ios perahan dejado de estar sometidos a la unidad, livos si la raiz del nial queda inlacla? ¿esse hallan en situación violentíi. y forcejan I perais crear un p«Kler fuerte? ¿ w o no? Ahí or volver a su estado normal. Kn el mundo 1 está la diticultad; en no su{M>rándola, será ím útil cuanto se ha^a.
A ios |K)liticos entendidos debe de cansarles espanto esa falta de unidad que se nota en Ks|)afia: hablase mucho contra los sigkM pasados; y esos sifílws sin emi)ar^o nos salvan todavía en la actualidad: que si ellos no hubiesen formado ese espíritu de rectitmi^ de justicia V cordura, ese ape^o ¿ la numar-(luin que distini^ue á la inmensa niayoria del pueblo español, después de ntraveMr una revolución cien veces mas terrible que la presente, correríamos á hundirnos en un abismo sin fondo.
sico, el cuer|)0 separado de su irntn». liende sin cesar hacia el: abandonado á si mismo, marcha rápidamente á buscarlo: detenido por un obstáculo cualquiera, lucha iM)r vencerle; con el choque, si antes est<iba en movimiento; con la presión, si se lia conseguido detenerle. ¿Qué busca ese aire, que se aíiita con tanta vicílencia, (pie se convierte en huracán y arrasa los lK)sques, destruye los eiiilicios. y siembra el espanto por dilatadas comarcas? su lev, su rc^la su rc^la su unidad, el equilibrio. ¿Que buscan esas olas alborotadas, que braman furiosas contra la roca inmóvil, aue traban cual leve paja la loandiosa nave? su ley, su regla, su unidad, el cauilibrio. ¿ Que tiene ese hom-Jire que pálido y convulsivo se agita entro tormentos atroces? on pequeño órgano se ha dfsar reí/ lado; le ha faltado la armonía de las funciones, la unidad; y el desgraciado invoca la muerte como un alivio á sus crueles dol(»res, prelierc la no existencia a una existeucin desordenada. ¿Que mal esperiinenta ese otro de la frente torva y del mirar iiupiielo, que lleva pintadoen su semblante el sello (le la maldición, que anda errante por la íii/. de la tierra sin encontrar consuelo ni descanso? Se ha apartado del orden, ha perdido de vista la unidad de su regla, ha cometido un crimcD. £1 remordimiento comienza ya el castigo que la justicia divina consumará.
II.
ihl' II.
ihl' Tan pronto como la sociedad se aparta de RU regia, ya sea dejando estraviar las ideas relativas ai orden moral, ya sea permitiendo que se derribe el poder sm sustituirle otro que le reenqilace completamente, se siente fuera de su quicio, le falta la unidad que armonizaba todas sus partes, v se agita también entre mortales agonías a la manera del individuo atacado de crueles padecimientos. Tal vez se levanta con fuerzas eslraordinarias y arrolla cuanto encuentra á su paso; pero un instante después yace de nuevo en el le( lio de dolor. lánguida, abatida, moribunda, escuchando con ávida coniianza las j>alai)ras halagUcfias que se le dirigen para nacerla creer que «aldrá presto de tan infe- l I ñtn*j III* La Kuropa se agitó durante muchos siglos buscando esa armonía que se alianza en la unidad. Entregados los elementos sociales á su propio impulso se revolvían en tenebroso caos; {HTO t<in luego camo se establecieron centros cx>n grou fuerza, en torno de los cuales se arregló el movimiento, nacieron los diferentes sistemas que foniian el hermoso y variado conjunto de las naciones europeas.
Un inmenso continente que en los tiempos modernos ha >enido acrecenUuulo el número de los pueblos civilizados, se halla actualmi'nte dividido en dos partes sujetas á condiciones muy diferentes. En la una reina el orden, es acatado el gobierno, v las ideas ó intereses sociales han constituido un centro que los enlaza y armoniza. Allí hay prosperidad y poderío. En la otra la anarquía campea, los gobiernos caen como las hojas do los árlKiles, las formas políticas son monstruosos embriones, á los que no se concede el tiem(K) necesario para desarrollarse, y manifestar con la esperiencia si es posible ó no que se conviertan en un viviente de organización regular y miembros proporcionados. No hay orden, no hay unidad; allí hav infortunio, descaecimiento, [Mtstracion.
tVesentamos este cotejo pon{ue también contribuye a demostrar lo (pie nos hemos propuesto; pero no intentamos comunicar á nuestros lectores, entusiasmo |)or las formas (K)lí ticas de los Estados-Unidos. Semejante entusiasmo mal puede trasmitirlo quien no lo siente. Ni aprobanios ni reprobainos; nos absleneaios de juz^íar; solo nos permitiremos una observación que conviene no ilejitr en olvido. La vida de una nación se compone de muchos siglos; quien juzgue de un sistema (Kilitico \M)r los efectos que produce durante setenta años, se parece a quien psadernra las ventajas de un régimen con respecto a un individuo. |K>r haberle sido saludable una corta temporailn. Ademas: ^quieu sabe si se atribuye equivocadamente al wrtecDa político lo que ba dimanado de muy diferentes? Es probable que se en este error; quizás |>odrian si'ñarazones que a|)oyarian esta &os[M'cha; de todos modos el tiem|)o será el juez mas com|)elcnle. Lo que ahora sucede ya, es un indicio de lo que |>odra acontecer en el Irascurso de un siglo.
IV.
IV.
Las naciones que han estado sometidas á k unidad de la monarquía hereditaria por eapaeio de mucho tiem|)o. |)resentan un fe- MIMeno digno de notarse: al través de Ins revoluciones mas profundas, conservan la fuerza de reorganizarse sin j^icrder ni nienoscabarsn independencia. Casi todos los reinos de Europa muestran de bulto esta verdad: la Frtocw y la Inglaterra ofrecen ejemplos recientes: y según todas las apariencias la Ksp ifia esta destinada a ofrecerlo también. La tdiisiiiucion «le Polonia era una escepcion Pw tener ado{)tado el sistema electivo; la olonia sufrió revoluciones no tan grandes como las de otros paises, y no obstante pereció en ellas.
¿Qué seria actualmente la España sin trono hereditario, sin esa institución que neutraliza tan iMMierosamente los elementos del mal, á pesar de que las circunstancias apenas le han dejado otra arción cpie la fuerza moral de sus recuerdos v esperanzas? Viéramos n*priKlucidas las tristes escenas de nuestras colonias de.\mériea, donde pasa continuamente el poder de unas manos á otras, sin C|iie alcance á robustecerse ni fijarse en Mguna.
V.
¥a que hemos hablado de la unidad hablemos un ()OCO de la libertad. VA uso contim que se esta haciendo de esta |»alabra inclina uulurulmentu á meditar wbn ku sentido., Alguna vez hemos ptínsado sobre la realización que la libertad tiene en tttdos los se> res; y á decir verdad, no la hemos encontrado en ninguna parte sino con muchas é indeclinables limitaciones.
Echemos una ojeada sobre el mundo material: lodo está sujeto á reglas lijas. Los astros de inmensa mole como los átomos mas im|)erceptibles, se bailan sometidos a leyes constantes de las <pie no pueden desviarse. En el reino vegetal uo es menos evidente cl encadenamiento de los seres, no es menos sensible la falla de libertad. I^s plantas han menester del calor del sol, los rayos de la luz. la humedad del roció, el agua de las lluvias, el oreo de los vientos, y no po<'as el asiduo cultivo de la mano del hiuiibre. En su nacimiento, en su auge y desarrollo, en su conservación, están de|M«ndientes de la tierra, de la atmósfera y del cielo. Se )onen lozanas, ostentan visto.sos colores, producen sabrosos frutos, exhalan suavísimos aromas; |mto todo á condición de estar sometidas a una regla, de carecer de Hlterlud.
\ms animales nacen, crecen, se repnMlucen y mueren, siempre con sujeción á las leyes de su respectiva naturaleza. Su existencia esta ligada con las reglas que le prescriben la organización, los alimentáis, el clima y todo cuanto la afecta. (Conservan la salud bajo ta c(mdicion de vivir sometidos a las luyes naturales; cuando de ellas se des-I vian, primero sufren, y si se obstinan^ mueren.
Elevándonos á la región de las criaturas racionales encontramos la libertad de all>edrio, hallamos que no están sometidos los actos de la voluntad ni á la violencia ni ú ninguna necesidad interior; pero fuera de este círculo ¿(pié significa para el hombre la libertad? Examinémoslo con alguna de-% tención. La libertad tomada en su sentido mas general, es la auseucia de obstáculos ó trabas que impidan ó restrinjan el ejercicio de alguna facultad. Veamos si son |mx*os esos obstáculos y esas trabas, que o embargan coui pie ta mente el uso de nuestras facultades, ó le limitan de mil maneras difc-' rentes.
Luego de nacido cl hombre, ¿cuál es su libertad? La frágil conlestura de su cuerpo recien formado mantiene en inacción tmla» sus facultades intelectuales v morales, y permiM escaid ' ^erdcio tfMlMÉtvas; en cuanto á la satisfacción de sus primo rns ne- - cesidades, no tiene en sf propio utro recurso tínpor é\ le ha otorgado la prdfvida nata* rn!pzn parn espitar la ternura y la coiÉ|íÉ4ni de cuantos I»' nuloan: el llanto.
Adelantando en edad. continúa sometido á'IMMIIIi HéOclMadeit: la libertad es fMtrá él una palahr.T vnn:i 1!;iI)Í<mi(Io ndípiirido \n fuerza necesaria |)ara lomarse los alimentos, carece de inteligencia y robustez para proloreionárselos. Vive pues dependient*^ de BUS piidres duranfi* ninrlio^í;m\<. \ ^'m el auxilio ageno perecería. Sin luces en su éspfailli, sin h 'enseflanfa de la e^ríencia, lia menester (pie so las comuniquen otras personas; de ellas dfpiMide en su mstrticcion y educación: el libertarse de semejante depCVlÍM^'^cft§''^Ml éí iAMtifittiO'A!^"htn^ rancia, ininrtralidad |f éstdflltfez. Dejadle libre, no contrariéis en nada sus inclinaciones, permitid que se entregue a sus amábalos, no le preciséis á tímccrl» pereza forzándole á dedicarse al estudioó á otras tareas. V esperimentareis los dolorosos frutos que íejproducirá la libertad. Veréisk» crecer cual Iw brutos animales, con hiftlitrtbfi violentos, fon inclinarifinfv (orridns: no emploniido el escaso desarrollo de su razón, sino para escbgHar medros de satisfacer sus pasiones Étoarregladas.