SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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¿Dónde psfa la libertad del liombrt* cuando llega a la edad de la razón, liaciuudose oapax de dirigirse á 'sf mismo y4IÉfiMlllNí sus semejantes? Ademas de la precisa dependencia en (¡ne se halla ron respecto a las uecesidades inseparables de la vida, se en- i cuentra eneajonido, jwr decirlo ast; «n'ifif esf;ido y profesión, que le iniponon innumerables obligaciones reslringiendode mil modos su libertad. Dejemos aj)arte al infeliz jemaiero encadenado á su Urbajo desde que el sol nace hasta que pone; al (iueño de ^taUecimientos agrícolas, industriales ó coiMMt^lefe; <0Mlavif fldo tadní el dia por la yígilancia míe reclaman la conservación y proe-{wridad de sus intereses: al tnilil tr cñiivtreque lo teAalaa lUf ffipeHoret; déjainiHÉ^ ocupaciones mas grn(,i< o el descan^cf'ií^w noche, para trasladarse junto al lecho 'dlj^ dolor V recibir fel Altimo' suspiro di^ IMMp bniido. Considerando no mas q«* rla<e de Ivmihres que por su fortuna ó rular [troresion pueden pasar la vida cmjMjM ensanche y ílesahogo. ¡(^ftáiftafi^ftflMMHv no sufre su lilx'rtad! Kl estado de 1<ri' négrfcios domésticos, las relaciones de familb. la Índole v el carácter de los padres, de I» esposa, (íe los hijos. la influencia qmB' iiilii su situación ejercen las vici^ifiid 's politicas. las leyes y costumbres del pais eji «pie mora, y cien otras cansas que directa ó indirectamente le afccttm, todo contríbaVS á iieWi'i# gir su libertad. l'^i^r w VI.

VI.

Los pueblos (pie se dice que la disfnitan mas amplia, viven nu obstante rodeados de taalaa oírenMlamíai que I» oaiHM; <|«e apenas puede decirse en qué se diferencian de otros que se cuentan sumidos en la es»- clavitud. ¿Se libra nadie de contribuciooeitlí ¿S<> libra de las v^irioies de la poiiciat ¿Sa libra de hs leyes que arreglan las profesiones agrícolas, industriales, comerutaleft o eientí ticas? ¿Dónde está poes su itb>ilaét ¿Kn (|ué lleva ventaja á lo6 (fue eetáB jKf*' vados de ella? (lotnparad un francés con «i prusiano ó austríaco, cotejad li» reslriooit- M8 que á la libertad de'eidt ewil ktfmtm las leyes del respectivo pais, y hallarais ^fuf la diferencia o» es laala como algiiiMie'ti imaginan. * Cl francés se cree Kbre, pofii|ve m^mi sus representantes qne toman parte en la formación de las leves y en el señalaniíiMito de las contribuciones; se cree libre |)ürqu8 todas las omAmm al levantarse, encuenlm en su bufete un papel donde se leen dilatados discursos, en que se atacan con vimleuciaé se ridiculizan sin miramiento, loa 'Botos ó ka personas de loe ^obernaates.

Examinemos imparcialmente á qué se reñido por las severas leyes de la ordeuaajta, | ducc tan decantada libertad. £1 derecho de abdicando é^Mdii pase ^toIsntÉéfNMNltoH nombrar sos reitrt senlanles no compete prodeéer los mandatos "de sns gefes, renunciando ii MIS comodidades \ pía* ere<? en cumpliiiiieiito de sus obligaciones; al facul-MUfoNain ui > á iiedaí' horas al soootMMH hnmanidad doliente: ni rr),»si;,siin) ahando-UMdo sulHoMia para ir áecupar el-peesto compete propiamente á la nación francesa, sino á un número tan reducido. que puede con*ii(lerárseie en la misma categoría de las antiguas clasee privHegindas. Mas de'4i«ínl« y tes millones de habitantes cuenta aquel rehiÉf y ei derecbo electairi Dlflitized by Gopgle - MT teiilus mil; por manera que para cada ^ justa, por contrarüi á derechos sagrados, -eseaUi y cinco frauccse:», hay un iduu revestido de esle derecho, qpwdondo (>ri vados de éi los cieoto y sesenta re>i;Miii s. De ios doscieuiosmil eleo pn » iMí cercenar una parle niuv conllile que no usara de su derecfio por tiB|Mtsibilidad ó falta de voluntad; con lo cual r^Miltaran compuestos los colegios electorales de lina ^mrcion tan escasa, que sera casi • t ( Olí u >¡)ectoalá totalidad de los moradores. ¿A que se reduce pues con respecto • la mayoría de la nuciou, la libertad fundada f a el derecho electoral?

Los anlientes partidarios de la democracia hac litar con vivos colores esa decep- (|ue se encumbro un sistema ialseapor degradante de la humnua naturaleza, por soslencdoia de barreras que iuipediau la completa me/cía, la confusión. la idenlilicacion de todas las clases en una sola (|ue debia aiMiilidai-se pueblo, y sin embaríío tan pronto como realizaron sus sistemas, empezaron rene^nndo de la decantada igualuad, escarneciendo la adulada soberanía, estableciendo distinciones entre clases y clases, creando verdaderos privile^^ios. «Pero se nos dirá, ¿creéis que era |M)si])le proí edcr de otra manera? ¿creéis que era leali/able. el sufra^^io universal? ¿podíamos poner en planta nuestras doctrinas en toda su estension sin desencadenar sol)r(> la tierra las mas tremendas tem|)esta(les?».No; pero confesad al menos se queja de que se le en^afia. üiense ukrque nosomos ¡Kirtidarios del surnan^arwivarsal. y que nucreemos que en £uro|ia pueda ensancharse sin gravísimos peiiia arena donde por des;^racia luchan las i, los intereses y las pasiones con doirnizamiento; pero menester es conque ios hondtres que se han apoderado do por su base; v de esta manera esparcen <jue sois inconsecuentes, confesad que vuesei-gaaton tentó vía indignación en el pueblo,!| tras declamaciones eran arietes para derribar, no ensei^anza para construir; confesad que cuando los pueblos os echan en cara que les habéis ení;añado, que cuando os exigen el cumplimiento de vuestras prome-* sas, y colocados á su frente los tribunos os llaman apóstatas, y os amenazan con haceros correr la suerte que vosotros deparasteis a vuestros antecesores, nada podéis respon-Bode la sociedad después de haberla derles que no deje en descubierto o insigne laa l^'iáo ha^ta sus cimientos, no admiten ¡uenciasde los principios que ellos establecieron. Si creían irrealizable «I ejercicio de la.soberanía popular, ¿por qué la proclamaron? ¿j>or que eusalzarou en taerta lo que rechazau en la practica? Si •■ttamatizaron la dictadura gubernativa, ¿por f|ilé la entronizaron tan pronto como pudiemm ser ellos los gobernantes? Si era impo.si-Ue que la ley fuese el producto de la voluntad general, ¿{tor que asentaron esa volun^ 4ad como única fuente de todo poder? Si al- Sos de cutre ellos deeiaii que no siendo le ni justo que la ley fuese la espresion de di( ha voluntad, debía representar la razón "MiMira; ¿cómo es que ¡a consultan en un ' tan reducido? ¿cón que derecho esciuyen un sinnúmero de capacidades, de (*«as capacidades que ellos un liem|>o ensaltaroo hasta el estremo. y a cuyo orden perteaecian, ostentando ufanos ese titulo |>ara rondar la pretensión de tomar parte en los oeíTocios públicos. y combatirá las clases privih'giaiias? ¡Incou.secuencia chocante! daiuaron contra lodo iinage de privilegios, MMMm contra loda.«« las desigualdades, coidenaron la antigua orgaiiizncion |ior inmala fe, ó veleidosa inconsecuencia Hé aquí una de las causas mas radicales de la inquietud que atormenta á las socieda* des modernas: los principios se estienden mas alia de los hechos; cada vez que estos se comparan con aquellos la contradicción.se palpa: este es el fruto de la exageración y del error.

Vil.

En esta clase de materias, la libertad, si ha de ser digna de tal uouibre, ha de suponer dirigido |>or la razón el ejercicio de los derechos otorgados por la ley, ha de suimh ner que no existe coacción física ni moral, y que no median otras trabas que las que con-.sigo lleva la obUgacion de hacer buen uso de sus facultades, tomando por única regla la justicia, por único norte la conveniejicia publica. Con tan hermosos colores se presenta ciertamente el derecho electoral en los libros que tratan de las teorías constiluciona-«, les; pero ¿que hay de todo esto en la reali-r, dad? \o hablamos de aquellos países donde, la ley enmudece y solo cam{>ea la fuerza, donde se inrriiigen sin inirnmiento de nio- ^im a<:i Ins Itnos fundamentales c<mio seettlidaria!»: que en Un aciaga sttuaciim quizás muy h\on i\ h consa publica, i>in hí\- lier por aaút adquii idu la» ditteü que cuiUkMrénNífÉs electoral fM «!!(f8te; esta palaKni * layen «n buen' legialaéor; ¿aóflw es mi sarctsmo criif'l vtm i]uc insulia ñ l«ts pueblos la inipnulfnU- (h'sfiuhat»'/. «lo Ins fecciones; 4\s un inslrumenlu de «juc estas MMMRfctt para fealtKar sm daflados iMMMas, estabiooiiMidd la mas insoportable de las tiranias, (jue es la ejercida en nombre de la ley. Limitémonos á la <x»ccion moral, a l» que dimana de las ImeMsas é ama^ del podor, ó il(« a(]iH'll((s qiio \'\vnn\ pn)l)al»¡Ii<ladeH de alcanzarlo; a esa t las<> de roan ion (pie en medio'de ente laberinloid^iniatttim y discemiroienlo, el hombre que nn llega ni iXMi mucbo á la mediana altura ea.^iie eatao loa candidmotenife k» «nlei hméMma^^ Para esto, se nos dirá la opinión púUicn es ilustrada por la prensa periódica; {«ra eí»to pe&an los uteriUM y calidades» d« ios preiendmilMí; y ya * que no Taita evitable al en ningún país, y <[ue es tula condición humana. y ios prorodimicnlos (juc rslan en v<n [larn lo (pie m llama enpluiar la voluntad de ios pueblos: ¿qnién osará decir que el resultado de las wrms la espresa geaninamente? cuando se verifica la elorrion, (orlos los pnrli'! - achacan rcciurocamcnte intri^^as y tohei ht>s; f eif Mlindñ condiiiéa puede asegurarse Hie todos la darán ^po^ MlB, eseepto el que ra habrá iraomlí».

Al mayor numero de los electores les talla ttémmsmmm m^eaarto' pan HenM^ éOndsmente su objeto. Trátase de elegir nada menos quo un le-islador, y si de eslos hay |H)cos, tampoco son muchos los capaces de distíngoirle entre I» miMtiíd de candidatos. Quien se deja pn'Oí upar por el úon de la palabra, creyendo muy equiv<Madainente lue el (pie lo posee ha de ser \h)y necesidad ly (Miti iidido enlMIllDacion de las leyes; deslumhra con el brillo de los'couocimieiilus manifestados por un escrito, imaginándose no n/am equivocadamente '4|IMHit4vces en uBtéüo ai;g»yea imn dencu naiversal. ó «pie el t;il(Mito l<'<trico es lo üipálll que el tiao practico; quien moliere ^ qae esta puede mny bien iiH h con un na- Hiral candoroso que *;e;t t;i( iliiictite victima de la solapada pertidia, y que no siempre fWflMi^ I» debilidad de >ctri0ler que confnndela prudencia con la pusilánime timidez. V toma a veces por cuerda contemponza< ion ia reprtuisihie condescendencia que raya e« %a eomplieidaér'4fQleii te Hlseiiia eea'la hoja de sorvicifi^ r!;' un hombre encanecido en una carrera respetable, sin rellexionar el arte de la formación de las leves no (ar siempre en el verdadero punto^ Mrli menos existen probabilidades ae hacérM) com al^uua apioxiiuucion. Pero amy lacMpnlfeiiiM etU féptica. Sef|iNihÍHNiliiM»jno-(leriitis, y atendido el mismo curso natwal de las cosas, en la prensa comoi el pMÍi> mentó f existen siempre dos campos: el. del miaialeiie y tt de la oposición. Kn todoi íÜí asuntos, sen cual luere su gravedad y furárler, esta siempre conocida 4e M^tfuano ia opinión de loa cmiteadieiites. timikmmImKh teriales, el ministerio esáyeeiibli, iwpjiiW de la o|M>sicion el ministerio está desatentado, es imposible qve acterte ea nada^:} ceande ae trata de eoafetwar miare mu wíi tos futuros, el yerro es indudable; solo calléla dificultad en si seni mas ó menos dañoso, mas o menos disparatado. Llega el tiempo de la» aleeeioaea? tdaierto aaitei láies soé a los ojos de la prensa sostenedora del ministerio, los boiubres mas sabios, mas cuerdos, mas dosiutcresad/us y puros, los boai* bres que labraran. a nmMarM^ MiMaiM publica? buscad quienes son los que probablemente votaran un tavor del ministerio; aiiuellos son, no lo dudéis; y em este dala, bMB Mdeis ahórralos el trabajo de leepi 4ift periódicos ministeriales. ¿Otiereis saber cuáles son los Ansttdes, los Catones, loaCieefoses que os piesentari far eposicíonf ^ved quiénes son Icis que la componen, ó los tftt por sus antccedenle'í v compnuuisos es pn>-bahte que la retuercen; sabido esto, podéis iambien aborraraa %l>'(faÍM^MÍa éÜMiafaB investi^jacinnes.

Es necesario no haber vi to rnuira de cerra esas c^Ksas para ignorar que se miente «IB pudor, que te-ewwMMi awi aaramieilai. que se adula con bajeza; es necesario no tener otras ideas que las miserables vu^- ridades de ciertos libros para ignorar que el apfendewa' 'tadocida ámbito de jj medio mas seguro para no acertaran la aiecona profesión, v que hay mochos individuos \ cnm es el dar imp i! inria ni aon riicilinno que han consumida largos aftoa sirviendo u creditq, a lo yia escnbenptnniiii mieiesadas fi«^*ei%H¥ientf^ hablando, lmm\ \mi& en kis elecciones uiucIkks empleados, o une deím» mtId: en tal caso la iniliieiicia del gnhierno no conoce limilcs. y esla influencia sirve, 1K> i>nr;\ \mrvv ijiie tbrnien parte de la represenlaciuu aaciuiiai los mas virluosus y Mendtdos, sino k» mas decididos derensores del sistema que á los ministros les piu^ío adoptar, y de cuya ejecución gravita tal ves «laa buena parle de responsabilidad sobro les unamos candidatos. Ka verdad que la influencia del gobierno olá íietitralízarln un tanto, y no pocas veces veuciUa por la ánlm ipnriidea qoe aspiran é serlo; pero en este caso lo que se nace no es destruir la corrupción, sino multiplicarla. £sta corrupción na llegado en Inglaterra á un estreno escandaloso; y alli ne ejene el «obiemo nna inDuencia tan grande romo suele aconla voluntad general por dos razonrs muy sencillas: primera, porque esta voluntad no existe con respecto al mayor número de casos: segunda, porque cuándo existe, es muydineil, sino imposible, el conocerla. Gran parle de las leyes versan sobre materias en que el piibli^ no entiende: no cabe f)ues volnniail. no habiendo conoeimiento de o que se ha de «juerer.

Es también muy difícil que las leyes sean la esnresion de la razón pública arreglada por los principios de justicia v diri-ida uor miras de utilidad general. No sabemos la suerte qne en los siglos venideros está pre|>arada a las formas políticas que rigen una gran parle de las naciones culí.is, pero si creemos que la csperiencía mas cuerda, que las teorías, introducirá reformas muy trascendentales en lo concerniente á es|)lotecer enlos paises no acostumbrados al sis- | rar la voluntad de los pueblos, y á recoger lema representativo. | el voto de te razón pública. Los sistemas cia y la malicia falsean pues electorales de nuestra época tienen el grapor su híi'íf' el dcretlio electoral; la libertad vísimo inconveniente de ap:uijonear las ampolittca por el espresada, pesa en la balanza ¡ biciones existentes y crear de continuo otras " ' ' ' nvevas; de llevar agitada la vida de los pueblos, y de esponerlos a cada paso á ser víctimas de intereses y pasiones particulares que nada tienen que ver con la conveniente Unta de leyes electorales se pro- 1 cta públíc^i; de estar cimentados sobre bases qiip ron f;ir!|idad pueden ser falseadas; de estar sujetos á una continua movilidad incompaUlNe con el sosiego y bienestar del pais; de ser demasiado elásticos para pres^ larse ora á servir de inslrnmentf) á lo- doée In mon mocho menos de lo que se cree.

Las cuestiones sobre esta gravísima materia, son uno dr los objetos que mas debieran llamar la ateucion de los pensadores cede for nlina, y esta ratina es fmiesta, VIU.

Nombrados los representantes, al poner en ejercicio las íacultades que se les han ij siguios perturbadores de ambiciosos tnliualorgido, ocurren todavía nuevos inconvenientes que desvirtúan mas \ irías e! valpr del derecho electoral. Si este iw de ser algo mas que un nombre sin seutido, es menester que los diputados representen ó la vo* lontad publica ó la razón; rsfo es, qne sus actos ó sean la liel espresion de lo que es realmente la volunlad de sus oafmitemes, 6 al menos lo que debiera ser, si se coosulta-San tos dictámenes de l i justicia y de la conveniencia. Ora tomemos por base el falso principio de Rousseau, de que la ley es el producto de la voluntad j;eneral; ora adoptemos el de otros qnr la miran como el resuiiado de b razón publica; siempre encontraremos que el derecho electoral tan atto-» pcllado V desvirtuado ya en su mismo origen.

nos, ora á revestir de un carácter legal y jwpular, medidas arbitrarios é injustas. Con los sistemas modernos la anarquía vive sometida a regla, la tirauía se ejerce por medio de leyes.

Como quiera, apreciemos las cosas en su justo valor, y no les atribui[amos mas mérito del que encierran. Resignnios con los males é inconvenientes que siempre traen consigo las instituciones humanas, procuremos mejorarlas en cuanto cabe, sin olvidar que el tiempo es un fiMtor indispensable á todos los productos que salen ae la mano del hombre; y que sin su concurso no es dable edificar nada sólido } duradero. Pero la misma prudencia que nos aconseja miento y circunspección siempre que SI» gafre nuevos y considerables quebrantos. trata de mi^ar ó innovar, nos prescribe Las leyes formadas por le de la aacioii no pneden ser Las leyes formadas por los representantes I taarideneldelerdennpreocaparnocenfovor. _ _ _4 espreaÍMi de I de lo qne poáeemos, cío no dejarnos llevar i5 del f nfusinímo que inspitun bellas aparicn- 1 fias, V de penetrar en el fondo de las cosas á para e'xaminar su inlima natunilexa.

IX.

Los limites á que debemos ccñiraos nos precisan á ronlentíirnos con las indicariones que pri'cedcn, obligándonos a pasar ul decantado punto de la ▼otaeUm de los impoes» tos. T |MFB Quc no se crea <|ue estlmamoi en pocD un derecho tan prcciosn. nos apresuramos á declarar, que iejo^ de altrigar semejante opinión, estamos convencidos de que rcirulanzado y ejercido cual coiivioiie, es una de las mejores garantías de la prosperidad de los pueblos, y un freim uiny saludable para la codicia, la prodigalidad y dilapidaciones do los írohicriKíS malos. Cuancipií»: rs liasla iuipdsible qtie puedan alcan-/.arlo ifur iob caiiuuos seguidos liasla aquu Vna m k»«cupaciones mm privilegiad»?.«k» las asandileas deliberantes (íebicran ser los negocios de hacienda, v estos son los nías descuidados. ¿Si> hablu ile asuntos politic9S'^ las sostoues son mujií concurridas;,:l|HigBé \ a(;t!'uad()s dábales se empeñan, enj,qi|^ Luutatt parte muchos oradores, haciendo os^ teottelon.de su saber, y luci«Adífi las galas de sn elocuencia f ¿poro llega la época det examen de los presn|>ucsl()S? la ui«-n>ion es írifi, desculuridu, iaugmda; las l ouiisiones presentan siHB|Bl¿men por cuBiplir con la rolina: y si una ^uo otra vez los oradores se enardecen, es. |K>rque alguna de las cantidades se roza coa las pasiones o intereses de la esfera política* /Cuales son las cansa> de t'>la frialdad e do otras razones no nos impulsaran a uuinar 1 indifureof'ia en malcría tan impurtriulc? no en este sentido, inelmáranos á ello el observar que nuestros antepasados tan famosos por su reposada cordura. establecieron y conservaron este derecho, como el paladión dé las libertades públicas y la mas segura prenda d(d respeto debido á la propiedad. Kn las leyes de (lataluña, de Aríigon, de es diflcfl adivinarlas: la completa ignorancia eA<el asunto sujetado á discusión, y d es-r raso inferí'"^ (pie en el jiueden lomar In-; qnc deben dilucidarlo. De los hombres qu(> ti^urar suelen>en>i1aft eandidatoras ¿euále» son los (pie posi'en conocimientos profundos, praclítos, atinados, en negocios de bacieu- Yalencia, de Castilla ó mejor diremos en ] da? Esta ciencia tan exigente en iu>aeria4^ las de toda Europa, se encuentra consigna- I dittos, no es posible (pie se conqi|isleHQ|.

do este precioso derecho de una manera mas 1 airrado de esos lioinlircs públicos <pie co||^ ó menos esplicíta; podiendo asegurarse (jue.i lauta felicidad se improvisan en nueslru sinno de los mas bellos distintivos de la civi- i glo dé^oéo. ffut fortial' no gefe político, un IÍ7.aeion europea fue el que ya desde su cuna j ministro del tribunal supremo, mi •-mbajatendió a precaver rjue el poder público dis- j dor, o un secretario del despacho ¿de qué pusiese de la hacienda de los ciudadanos, ■ sirve esta ciencia? I*ara semejantes cargofi »n que estos interviniesen en el negocio de j basta el arte de estender un prograi» wna ú otra innnern. |; soltura y deseinliarazo sobre el lema <{< _ Esta consideración es de wMu hn |k\so, i ofrezcan las circunstancias, basta el talento porque manifiesta que cl principio <pie ase^ ] de pronunciar en las Cortes un discucso buegan Ú cuerpo de la nación una interven cíon mas ó nlenos directa en la \ol ación de los impuestos, no trae su origen de las doctrinas revohicionarfas, sino de kn mismos elementos constitutivos de las sociedades modernas. Por cuyo motivo, conviene andar con liento en destruir este principio; por mas q«e en la práetiea por rason del modo con que se le aplii a de lugar a gravísimos inconvenientes, que a ineniide son mayores ^pñ las ventajas.

^ Bi masclarofflie laluz del día, que con los sistemas electorales vigentes v las costumbres no óilialo, en pro ó en contra de un mitmt Iro: perode nad;t -^irviMi lo^ conocimientos sobre las desagradables maleiias rentísticas, que ne ofrecen atractivo sino cuando toca el tumo de percibir el pingüe contingente. .\demas, (pie si el hombre público raya muy alto en la cate¿^oria {K>litica, de maneta qu^ el no tomar'parte en alguna de las dtsctugajüML. ha\ a de servirle de mengua y desdoro, bás-, tale ocuparse breves ralos en la lectura de alguna obra de economía política, buscando los capítulos en (|ue se trate de la prodnodon \ dislribuci(m de las riquezas, y los otros en que se apellidan constitucionales y paria- u que se ventila directamente cl asunto de las mentarías, no reportan los pneUnsmMafr» I «MiiftMfo para quedar desde luego iíiáoeqaedebíernnpriNnelemde«qa«lptni- I blUMUI^ ^.'"l^. matatfsr ái6^¿f^ ^ Digitize<d by Gopgle inriunilfi* o preámbulo de un dictániiMi. Que MCQ apurado caso llcíiasc la notabilidad po- Uüeai verse encardada de la fonuacian de n ■íbbMo «. eiiooBtndos km cuatro individuos (^np sor'ni romn los sótelilf^^ (h'} nfor-UiBado |)re:$iclei)te. no faltara tiempo para no», ««MlMy denu medios de aonaniM?

clon ó de cultivo, cuál el de la instrucción y educación, cuál el de los estabkcimientoíi de beoeliceocia, los nuiles ó incoo venientes de quo adolecen y los reraedios mas oportunos \t&n\ neutrafi/arlos ó curarlos, cuáles k>s sistemas que se practican y los fondos heoEvestve ios «lutiguos empleados del ra- i con que se mantienen; en una palabra, de-r mo, ó los aj^tistaa y jugadores de bolsa, i bcria someterse al diputado i un examen que niiruna medianía que se prestará dócil á («das las voluntades de si» colegas, y que «MrtenMmlose parlóle tect ám asuntos de 511 incumbencia con dar rutinario curso á tes espedienlt»s, no saldrá de su somnolencia habitual. sino cuando se trate dediscurlir'irtRtrios para aitiafacer seceaidades ur> gentes: arbitrios que á pr^nr sus distintas formas y ' fañados nombres, todos se I al «rte rolgar y funesto de los diiaís de It hacienda pública ó privada: sacrifi<\ir A? porvenir a!o prrs!>nt"; hi]inf(>rai por una caiUKlad mezquina, productos cien leceensyores.

Es cosa de ver la facilidad con que una (irovincia nombra para su representante a piKte <■ (te maniíieptn si jvosee ó no losoonocimieulos necesarios uara votar, si no con macha probabilidad de acierto, al menos con mediano conocimiento de causa. Eslendidos los espresados documentes, iirniados por sus respectivos autores, debieran sujetarse ¿ la censura del páblíoo fior medio de la imprenta. Pari n nr^ que el resultado seria grncioíio, y que el mayor numero manifestaría que nada entienden de lo que han de arreglar.

Ix>8 pueblo?; salieran siu m i-; ^anan- 4;iusoS) sien gobernarlos se empleara nienos ciencia y mas buen sentido, inew» teoría y mas observación práctica. jCuántos y cuantos asertos pasan jior indudables en un (kmicaa-^n \;i veces coniíoja y despecho, el eulrcj^adas á manois de un miserable aventwero, las riquezas de miliares de familias, oott Ubre facultad de dar su voto sobre las curírris que deben imponérM'les.

ifemos |>eusado alguna vez que seria un hmm lemedio para- evidenciar U» defedoe de t'is leyes electorales el practicar, si fuese jiosihie, la operación sijruiente. Reunidas US Cortes podríanse dividir Ids cuerpos cokgiiitdeffes en tantas seociones cuantas son las provincias representadas. Kntí iu rs aplicíuido la regia de que para cuidar de un patrimonio es necesario conocerle, sabiendo en qué coQsisten sus productos y sus cargos, scueberia obü^'ará cada diputado a estenéeren el término de veinte cuatro boras, qoiea tal vez no piso nwica el terreno cuyos Ij greso de legisladores que un liumbie seucilio «alé eneafgado de proteger; mú^ pero esperimenlado, minria como ^olemnea despro|)ósitos! ¡Cuántos proycclns, llenos al (mrecer de ciencia y discreciou, resultan sueiiüs irrealizables cuando se trata de poaeriosenplaatal ¿yqné.medios se practican [KWA ]ife(;i\í'r (\w los cuer|J0S legislativos se compouKau de esos bumbres que tienen la foneata üicilidad de habbr de repente sobre todas las materias, y cuya ignorancia es tanto mas peligrosa cuanto se oculta bajo el oropel de La ciencia l Observ ad los i e^ullados y facilmenle conjetucaréis cuál debe ser el sistema que á ellos nos conduce.

Desde 1810 llévala España 17aitosde gubieino representativo. ¿Cuál es el froto?' Éo los aOes irascurídos desde 4834, en cu- \ o tiempo no se ba interrumpido nunca, las Cui les ban presealado una arena donde ban • nim de opositor á cátedra úcaaongia, un |i luchado sin tregua ni descanso las pasiones informe que ooBtuvieso la deseitpcion del Piis por él representado en que se detallase ^uál es su riqueza asneóla, industrial o MniaatiK oíales soii los nambros de- ha contriljucione.s directas ó indirectas que sopwia, cuáles las bases que por la ley o cos-(ttinbre te adoptan en lus re|uirtiin¡eatos, <mhi los matei que ios pueblos lamentan, coáleslas mformas locales ']tn»prodriau hacer )oliticas; peto la instrucción pública, la educación, los sistemas de bcnelicencia, la administración, ia iiaeieuda, lu^ coditos, lodo estáiiitaeto, todo yace cu el mas profunda desorden. ¿Qué sucederá en adelante? continuaran las recriminaciones, la de^conlianza, la iiasi ibilidadde losjpartitlos, la perlidía y las Iwbulenrias de las facciones. ¿Nos atreveremos á desliojar la l"'lia iliisínn que ^. coal el estado de los. lariflütpalea caui- || abiÍKaa las aknas candidas e lue^perias, las que ni prcvon el mal futuro ni recuerdan el pasado, por ser tan fuerte y vivo el impulso que las indina al bien? (4 ) Creemos que á las naciones como á Ion individuos no se les dan» haciéndoles conocer su verdadera situación; no se remedian los males sí se ignora que existen; no se los precave <\ m se teme que vengan. Quien escribe para el público debe decir siempre la verdad ñor dura que sea; y cuando uo le •ea posible, condénese al silencio antes que permirtirse el engafiar á k» pueblos.

f ODAVU HA¥ TIEMPOS PEORES Estraña paradoja les parecerá á no pocoi proposición tan pnrt -'tifia; recio se les hará de creer, que ia revolución, bija de la coi^ mpcion y del error, terrible personificación de la fuerza levantada contra la ley, no traiga consigo el peor de los tiempos, y que no sea su época la mas calamitosa que pasar pueda sobre una sociedad. Ella destraye todo lo existente, amontona escombros y ruinas, relaja los vmculos sociales y domésticos, rompe los lazos políticos, acoslumiíra a la insurrección, mina la disciplina de los ejércitos, esparce abundante semilla de inmoralidad, sume á los pueblos cu el caos mas espantoso; ¿pneden acaso dañe mayores males? ¿es |)os¡ble concebir otro tiempo en qiie los pueblo;» sufran niiivnn's f;i!amidades, y en que se reúnan mas causas para preparar nuevas desventuras en lo venidero?

lis cierto que las épocas de revolución son las mas estrepitosas: es verdad qne los d;ifios producidos por ellas, se hacen sentii con gran fuerza, se ofrecen de bulto á los ojos de todos, se hacen palpables ñ fndns las manos: no hay familia que no llore sensibles pérdidas, ora de fortuna, ora de personas queridas í|ue perecieron en los vaivén^ de los disturbios civiles 6 en las sangrientas refriegas de fratricidas luchas; no hay clase, no hay iateiés, no hay opinión qoe no baya sufrido contr^nliccíones^peraecuoiraes, desastres; no hay pneblo qaé no baya preseaciado esetwblosas escenas, ytaHetM»* rosas catástrofes: cual furibunda Medea la revohieion anda esparciendo en todas direcciones los miembros de sus pro|)ios bijo!»; y esperimentmi sus furores tanto sos éí 'olUmo trimestre de actas j «I diienno de b Corona.

como sus cnemifios: los despojos, la proscripción y el cadalso, no reap^tti ckig» ai persona.

\*0T esta causa al saKr los pueblos deeai época turbulcntíi \ fí/flro«a, el entrar en an re{i;imen legal, al verestablccido un gobierno templado y suave, abominan del tiempo pasado, detestan hasta el nombre de lo que tantos males les acarreara, no alcanzan a comprender cómo bajo un sistema regular, sometido á las leyes, bonancible, aosegnd» vtran(piilo, sea posible su fririnnyores quépanlos (pie durante la revolución; y sin embargo uada hay mas cierto: lasrevolucioMS de los pueblos V>n enfennedadt s agudas q«0 consigo traen exaltarinn. fiebre, delirio; pero toda enfermedad uroviene de causas que afeetaron'y desarregiuroD la oigantiaoioB, y acontece muy á menudo que un errado plan de convalecencia al paso que a{>arenta restablecer la salud ^ ias tuerzas, mina sonibmenle la existencia del enfermó condiwíéfrdolé á la muerte por halagtleñns; raminos.

Sí, este es e! peligro que amenaza a los pueblos después de la revolución, este es el mal que ha caído y pesa todavía sobre la Francia, este es el mal que se columbra pn el porvenir de la agitada España, este es el mal que dificflmenle evitareflu», si no cuidamos de poollnot luengo en vigilante guarda.

\o (^s para una nación el mayor de los inforiuuios el que por algún tieu^M) se vierta en los ean^M» de batula la sangre de sos hijos: después de guerras formidables que diezmaron la jinrutud, levánlanse á veces los pueblos ( (m mayores fuerzas, con mas vigor y lozania. Asi ei adalid que ba lomado parte en cien batallas, que tm (ierramado á menudo su sangre en peligrosas refriegas, blando el aceto con tanto mas brio y energía cuanto mayores son las cicalrices ae la nuh no que lo «"mpuñn y df^! brazo que loesgrime.

No es tam{K)co ei mayor infoituiMO de tma nación, el que haya venido al Suela un abtema político, y que desmontada éinutilisft¿ da la antigua mamiina del estado, sea preciso echar mano de otra mas adaptada a las — «as propia para «l objetoá (-imda la sociedad que no sea capaz de gobernarse sino por un medio y bajo un sistema; la razón, la btstoría y la esperíenciaes-Im MneAndo, que salvw los principios tutelares de qne en ninguna situación se desentiende inipnncmenle la humanidad, son ▼arias \bs combinaciones que pueden idearse pftra eilriilecer nn ftoMen» que afiance el orden, proteja los intereses públicos, v labre la prosperidad y ttenlarade los pueblos. "••Wu t9 pata mm mán el nmr ka nfortimios, el que en medio de las reroeltas V axares de una época tormentosa hayan vdeit „ r&cticio aumento de las fuer /.as del estado, se destruyen las crcencius religiosas, se catravian las ideas nMMraies, se enervan los iní* WM eoR volaptaoMa unces. se nutre un desmedido orfrullo, se fomenta la vanidad, aflojando de esta suerte lodos los laio* sociales y domésticos, entronizando el eidlo dt los intereses materiales. divinizando el vicio con la prostilncion de lns bellas arles, sustituyendo á la virtud el eguisuu), a inf sentímieíitos nobles y elevados la metqmáad j villanía de pasiones astutas y rastreras. Es muy temible (juc lennmada la dcsassalitio gayemente vulnerados respetables | trosa revolución (luu uos agiUi y alormenla, regeneración, en la cual se mostrará de una parle recelosa esquive/, con respecto ¿ las doclrioas demasiado ¡>opulares, y de otra mocho prevención contra las reacciones qw tiendan á resucitar los principios y sistemas antiguos. La alianza del orden coñ la libertad, será la bella fómola ea que se ooBpwir diari el pensamiento dominaate: Mda do anarquía, se dirá, nada de exaseracioncs democráticas » nada tampoco de de^timo^ nada dt sumntkim, imnIo de fnlensUitm fanáticas. Fuerza en el frobierno, vigor en la administración, centralización de lodos los rauios; pero libertad en las ideas, iodulgeneia en laseostamkni. Vigilaite inspeccion sobre la enseñanza, pero comnlela tolerancia y disimulo en todio lo que dimane de escesivb celo por Is ilustración y el adelanto. Protección á la Iglesia, peiomleeciop doiconliada, suspicaz, que se alarme fácílmeilte por la firmeza de un párroco ó la pastoral de un prelado; proleocioB que haga respetar los templos. pao que procure encerrar en ellos la relitrion, de suei le (jue no salga de allí, y uo alcance a ejercer inllueucia sobre la sociedad; permisión de defoMler ol dogma y la moral contra sus enenii'xos, pero dignidad y severidad contra los que se atrevan á revelar malas tendencias del gobierno, pésimo influjo de altos magistrados, aviesas miras de un plan de instrucción, abusos de profesores que propinen funestas doctrinas á la juventud. Asi, con poeosaios-de paz y de órden se cambiarán radicalmente las ideas,