SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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hacer en el Senado mejoras de iniportaiicin. La kv fundamental asienta el principio 4e eleceÍDB, y asi no es posible hacer in digsMdad her^itaria ni vitalicia, como en otros reinos; pem;d menos seria conveniente aprovechar la lultlud que permiten las hwi&A establecidas por ella, y «laeenvdlverlas átá modo convenirnte con la refonna de la ley electoral. Las calidades (|ue la (Innstituciou exif^e para ser senador están contenidas en su articulo 47, que dice asi: «Para ser fle« uador se retjtiiere ser español mayor <Ic cuarenta años, y tener los medtos de subsistencia y las denias circunstancias que dt$ermine In tey electoral.»

Las últimas palabras del articulo dan pii; á que se baga mucho mas difícil la entrada en el Senado, y se logre una reunión úb hombres (pie á mas de su importancia legal, la tenpan real ) efectiva; haciéndose que e! Senado represente un conjunto de luces, moralidad y fuerza que le haga mas respetuMe de lo que ha sido hasta aqui. Y no se crea (|ue desconozcamos los mconvenientes qui» cu esto hc atraviesan, y la smitu dilicuUad de alean/arel resultado apetecido, sean ^ales fnei rn los medios (jue se -idnpien; pero cuando existen los males, preciso es trabajar en atenuarlos, ya que no sea posible destruirlos.

La ley electoral formada por las Cortes cottstituyeateti, 6<í resiente como es natural, de su origen desaocrétieo; y asi es que las calidades para ser senador se señalaron de tal suerte, que se rodeó esta elevada dlirnidad (le las menores restricciones posibtes. I £1 articulo 56 diceasi: «Para ser senador se ' requiere ademas po«^rer una renta propia ó un sueldo de 30,tlOU reales vellón al año. n gar 3,000 reales vellón anuales de coiilriucion por subsidio de comercio. Solo se r\ irán para este objeto los sueldos de ios empleos que no pueden perderse sino por causa legalmente prebeda, y los (|uc con arreglo a las leyes vigente» #e disfruten ó hay a rierechn de'^obtener por retiro, jubilación o cesaittta.

»La renta propia, el sueldo y la eentribu^ ciim podrán acumularse para completar la suma necesaria, en cuyo caso cada real de contribución, equivaldrá a 10 de renta ó sueldo. y> Treinta ínil reales de renta es cantidad sulíciente para vivir con decoro, mas no para dar al que posee mucha importancia a m hu< losojosdel país, u¡ aserrarle la coiivenienl'- iunurMicia para ((iic su \olo imponga el respeU) i|uc imponer deliierúu los que se eiuiten en el alto cuerpo colegisteulor. \o ubstanl'^, sieudo esta iTitln propia, fuera;il menos una garaiilia de iiidupeudeacia; pero ooiupuláiul(^ también el sueldo, y púdica» do8e acumular pera completar la suma necesaria, la rcnla propia, el sueldo y Im roe.-iribucion, resulta casaucbada de tal ninnera la eategoria de los elegibles, que según las circunstancias, y los amaños de los partidos, el Senado polrá ser lo que se quiera.

A.Aadaiiios ¿'esto, que no lia\ (|uicn vaya a examinar con deleiiimir'iií;) si los cle^'iifos reúnan o no los tr 'iiila tiiil reales. y sí' \eia uuc la ley electoral deja libre la eulrada al senado, sin que exista apenas garantia de qtie no r)r uparán lAü elevado pucsto sugetos indignos.

Ya que el tijai' los medios de subsistencia y deoias círGonüIancias que han de concur fir cu el senador pertenece á ley electoral, con esta se podrian lemediai; en parle los inconveoienlea indicados, no conleulándose ^ sueldo. ó con otros medios que se creyesen convenienles; pero dcb:eraesl<ü)lecerse que ¡ nunca pudieson tenerse por válidas las actas, ' si no estuviesen aoonipaftadas de los docu- ' montos juslilicalivos.

Esta restricción produciría un gran bien, cual fuera el de obligar indirectamente á los pueblos á elegir personas conocidas en el pais; pues (pie si'!i:\ri;i mn\ dil'icil cebar mano de otros, uleiuiido que la justiÜcaciua de la renta ante un colegio electoral donde el cle¿^idu careciese de relaciones, traeria mucbo retardo y embarozoo. De esta suerte» sin contravenir al articulo 1 i' de la CooslilU" ciou que dice: «todoe los esoaftoles ea quie-» iK s (oncurran estas calidades, pueden ser propiiestfis jmra sTnarfores por cualquier pru> ¡ueia do la monarquía, » se dariaa la uleccion un rumbo acertado, se evitaría el noi^ hraniientn de personas de quienes no tiene mas uuticia la generalidad de ios electores, que el babcrlos visto iigurar en una Usía confeccionada á veces por cuatro tntrigaotesi y el car^íO de Ie.i;ií.laílor ii'> ( nrriera los res de caer eu manos de quien recUazadu del pais donde esté conocida su ineptitud, ó sus con una lenta de treinta mil reales, no de- malas {)artes, anda á caza del puesto de se^r jandi) que se acunMtlase e-f;! eon e! sueldo, I nador baciéndose incluir en li>las y ademas exigiendo la eoinpi'tenle justilica-! viucias Icjaiuu», donde uo lia licj^ado ia Luna éion documentada, la que debiera acompa- ^ • ■ • • * «. -fiar las actas so pena de nulidad.

La renta propia no debería bajar de sesenta mil reales al año; y si se quii>iese per-BÚltr que en aljinuí modo se acumulase con r! sueldo, «cria bueno e\i,-:ir que el sueldo fuera de empleo (jue no pueda perderse sino por causa legalmente probada, y que en lodo cBola renta propia ascendie.se a cuarenta b mil n'ales. Asi de una parte se Ir.inquearian ^' \k& puertas del Senado a empleados de alta de su nulidad ó fecborias.

Kl arlíctilo 17 de la Constitución deja a la ley <'!;M k)ral el dcteriuiuar no wlo los lucáios de subsistencia que lia de disli ulai' el senador, sino tambienias demai ci¡cu¡is~ laitctn.',: \ o!a últiiua esjíresiou da luiiur á mucba.N couibinacHmcs que restrinjau mas y mas el circulo de los elegibles par«ü la dignidad senatorial.., ¿Cuáles serán las Jemas riratnfilauciasi^UQ cuuveu^u exigir? Claro es que estas si hau catearía, y de otta se turiera una garantía ' de ser adaptadas a^ objeto, deben oonsíde^ dequeet senador no es un aventurero, y <|iie no carece de motivos para interesarse en el bien ^el pais.

Para obviar engaños y guardarse de hombres de fortuna improvisada, seria también muy importante riue de dicha renta. ni meftos'los treinta mil reales estuviesen radicadas en predios rústicos ó urbanos.

El senador dchcria estar obli.L'ndo á probar su renta, con las escritura., de arriendo ó de contratos, coa b exhibición de los recilios de las contribuciones, con la presenlarion de los nriTul raiKicntos \ (ii'spücfif"- 'rne le djcsea el derecim a la percei»cn)U del ü üece ariüs para sentarse con provecho c» rarse como un signo de inteligencia, probidad, ascendiente sobre sus compatriotas, independencia del gobierno y de los partidos,, y ánimo ageno de miras interesadas.á torcidas. La diíieullad está en encontrar cala signo. y de manera que uo pucíla ser equí-\ucu..\icicud a los v ai venes de la revolución, ba subido tan de punto la diücultad iiulicadii, fpie ni aun |tn"f|p'i servirlas condtciones exigidas en el l^jilaluío Healr pan la dignidad do pnwer. Algunas de «las, abrirían la puerta d»! s.'uailo á personajes, que iMir cierto no abuiidau en las calidades Digitízed tfH|Íno8 del alto cner{)o colegislador. Sa- Swlesqiie á mas de los arzobis(>os, obispos, grandes de Kspana, y títulos de (laslilla, debia constar el Estamento de proceres <'de un ninnero indclermiiiado de españoles, elevados en dif^nidad é ilustres por sus servicios en las varias carreras, y (pie fuesen ó hubiesen sido secretarios del Despacho, procuradores del Heiiio, consejeros de Kstado, embajadores o nunistros plenipotenciarios, j^enerales de mar ó de tierra, ó ministros de ¡os tribunales supremos.» ('iertamente «pie en tiempos (trdmarios estas circunstancias ofrecen no insijíiiilicante f:;arantia; pero en la actualidad, cuando la revolución ha llevado arrastrando |M)r el suelo las mas altas diírnidadas, cuando las insii:nias mas distiiii^uidas se han visto profanadas, cuando la intriga, la inmoralidad y la impudencia han ocupado el puesto del mérito y de la virtud, ¿(pié fíarantizan al.^unas de las condiciones es|)resadas? El halM'r sido secretario del Despacho, ¿es sifíuo por \ entura de calidades eminentes, ni dislinmiidas, ni buenas, cuando han sido tantas las mudanzas ministeriales, y con tal ligercza.se luí procedido en los nombramientos, y con tan indignos medios se han escalado fas sillas? ¿Pudiera ser un titulo de orgullo el haber sido ministro en semejantes époras, cuando se ha deslustrado de tal manera aquel puesto, que apenas brindara a la ambición, si noescilase la codicia? Y ¿(|ue diremos de la mayor parte de las otras condiciones? Ah! ¿por qué recordar lo (pie han visto nuestros ojos? ¿por qué citar nombres propios y agraviar asi los manes de los españoles, (|ue en los tribunales, en el consejo, en el campo de batalla, dieron un dia lustre á su patria, legando á lai)osleridad la fama inmortal de sus talentos, de sos virtudes, y hazañas?

. El titulo de arzobispo u obispo electo, no del>eria bastar para ser senador; la conlirmacion debiera ser circunstancia indispensable. El conlirmado ofrece las garantias sulicientes, el simplemente electo, no; antes bien j)odrá suceder mas de una vez. (pie llevado de miras ambiciosas o afectado por resentimientos particulares, vaya á distraer la atención oel S<'nado, y á esí-andalizar al público con discusiones perniciosas.

El ser gnmde de España o titulo de Castilla. tampoco pueden ser calidades bastantes [»ara ser elegible. Hay blasones muy ilustres por cierto, |)ero estos ya reunirán la renta necesaria, y para fiada íiabran menester escepcion.

En cuanto a las demás circunstancias, quizás podrían escogitarsc combinaciones eo^ (pie fuera címveniente tenerlas presentes: sin embargo parece que seria mejor no hacer en favor (ie ellas ninguna escejMMon por lo tocante á la renta exigida. Entonces se nos objetara. no aprovechareis las luces de muchos hombn's que se han distinguido en sos carreras, y (pie sin embargo no han alcanzado la renta señalada; jHiro á esto respondereiiKís, (pie estos bombn's serán en escaso luiniero, (pie ademas les quedan abiertos mil caminos para servir al estado, en las secretarias del despacho, en los fribunaíos supremos, en las embajadas, en los mandos importantes, en los consejos; todo lo cuaf eípiivale sin duda al peso que su voto podría tener en el Senado. Por el temor de escluír á un hombre ilustre, no se debe francpiear la puerta á los aventureros; y ademas, si entre los escluidos hay alguno (jne puede ser de provecho á la patria. ya quedan indicados los medios de no dejarle sin destino.

Si'a cual fuere la opinión (pie se adopte sobre las circunstancias que la ley electoral deba exigir de un senador, creemos que lodos los hombres amantes del bien de su patria, estarán de acuerdo en (pie la institución del Senado demanda mas sena atencicm de la (¡ue se le ha dispensado hasta ahora, (pie si ha de llenar los altos fines á que se le desli na, es preciso que por medio de una buena ley cleclonilse impida la entrada en aípieirtíriiito á la ineptitud v jM'rversidad; que es necesario (pie los elementos del «alto cucr^ po, sean de suyo j)oderes sociales antes de serlo legales; que repn'senten la inteligencia, la moralidad y la fuerza del pais, que ligurcn con dignidad entre el Trono y el C(mgreso, para que de esta suerte la institución sea algo mas que una forma reglamentaria, V tenga de fundamental algo mas que el noml)rc.

l^» BttHiiUi* ifir Mf lum «■ imltliarfla m el PrniMiinIriilo tfr la ilación. A bn-stli- rurru lie 18(4 hIw a lut rl ^iv>|>it lo. <(u« no trrú ini'ilil rnfinr Mpit.

¿Tiene la nación un |>ensa miento pro|>io? ¿Será posible formularle como norma de organización social y basa de sólido gobierno? Creemos que si. Estamos convencidos de qv la Kspafta alnlMlt de elemeiUos de vida: ni vil ( ilolicií^mo. en su monarquía y deiiia!» leyes iiuidaiitentaies» están lasureactaá de:>u tríiaquiltdad y ventara. La oonnisioiiqQe nos «■uvoelve no és el verdadero caos, es la nicl)la tendida sobre un hermoso país: disifx'-nioi> eí»a niebla, y la ciubelesanle camjpiíia flsleitani desde luego bu fecundidad y sos galas.

Fijar los principios sobre- los cuales debe eslabiecersc en España un gobierno, (|ue ni desprecie lo pasado, ni desatienda lo presente, nipierdn «Ir \ i^tn el |ií>rvenir; iin iíobier-Do que sia desconocer las aocesidades de la época, no se olvide de la rica herencia reli* gion, eecaal y poUtíea <|ue jmm le^^n naes-( w mayores; un gobierno firme sin obstirtacir»n. Justiciero siu crueldad, grave y ma-^stuoAi bíd el ifritanle desden del orgullo; aa m^mo que sea como la clave de un ediiício grandioso, donde encuentren vpiWián todas las opiniones razonables, rcs{>cU) iodos los derechM, pNieccion lodos los internes ]• fxiiimor^. hé nqvlel objelo de tt presente publicación.

Y cuenta, que al propoueruus hermanar la ratón y la josiioin con la oonvenieiKia|rih blica, cstíin muy Tejos de nuestra mente anadias transacciones \ cr^ouzosas, en que fao? se llama bien lo que ayer se apellidara RHl; aqaeVna alianaas ruines é hipáeiilas en qiv ct»;trrin)i!>nn }-\^ cínu ifriniM'^ |<nr;i dejar campo libre a seulmuenloit buslardos; en que se pretende que lá verdad y el error, la filiad y el crimen, se den mooMniosoabra-* m: en fpic se arroja al suelo la piir|)ura para alfouiDrar la ntansion del tribuno; en que ispiwtituye la Religión á la impiedad, con tal que \n bija del abismo se diüne favorecer con mirnda (le indol^eiieia a la hija del rielo.

A \üs hooibre^i de sanas cunvicciunes se las dejamos enteras, sin exigirles modifícaeioo de ninguna clase: antes al contraria les rogamos <jue las conserven |)uraN, sin mani'M, sin aligación que pueda desnaturalizarfas li ajarlas siquiera; ¿ loa que viven en •^rniihrfí'; del error |trortiraren)f)< traerlos (K>r camino suave a la hu de la verdad.

No coBoeeoMS nín^a partido exento de fetats. y en cuyo seno ne se Imyan cometido CTimcncs: no transi£rin»nn>í? con el error, tratarewos coa severidad al crimen, pero pos gstadaremoa de esoenva dmeta con la áe« bilidady la i ^'no rancia. Loque pedimos para nial (HidiéraaKia negarlo á los I I. No nos lisonjeioios de atraanoaiw» merofíos prosélitos, qne á tanto no llega nuestra vanidad; mas abrigannis alguna esperanza de oír de hoea de nuestros miamos adversarios: «no pensamos como vosotros, pero no podemos ne?*nros rectitud de intención, convicciones.siuceras y profundas, espresión leal y decorosa.»

EQUIVOCACIOIIES.

MUMIRW NACIOlVll R!« Y ESTnAMSmOS.

A |>esaf de los iíraves v nunca interrinnpidos miortunios que eslau alligiendo á ia nación de dies aftoa á esta parte; á fiesarde In desastrosa confusión en (¡iie nos hundimos á la muerte del Rey, y de la rnal no hemos podido sahr aun; a (tesar del cuadro de^cou* solador que eon tanta frecuencia kan presentado los incesantes levantnmientn- d ' diferentes provincias, declarándose en pugna entn^ si ó contra el gobierno; ¿ pesar de la esterilidad de todos loa sistemas del mal resultado de lodos los ensayos, del deseredito de todos \m bombrait que en distintas épocas empuñaron kia riendas del Estedo, no hemos llegado á desesperar jamás de que le estuviese reservado á nuestro pais un porvenir lisonjero en días no muy remotos; no líenles podido creer, ni que la revoHkeion hubiese echado en nuestro suelo hondas raices, ni que existiesen otras causas que hieíesea imposible para en adelante el establecimiento de un gobierno cnal cumple á una nacasn civii¡7.a<la; no se ha rendido nuestro corazón á aquel desaliento tpie á no pocos hace esclamar: « En este pais es imposible el gobierno; el iMxler murió para no resucitar; el desííobiemo v la íín;in|iiia se han aclimatado en Kspaiia; ya no servimos sino para objeto de lástima y escarnio á loa ojos de la eulta Europa.»

Siempre hemos creído lo (jue en el Prospecío indicamos, a saber: que la confusión (|ue rm envolvía no era el verdadero eaoa; que solo liahia nna densa nif lila cuya es|)esum no dejaba ver los objetos tales como koa «fTsi^nem que no ioa d«8tniia, ni siquiera los nllprann, cu lo (dcanlo á sii in(iin;t iinliira-Ic7.a. /iW</<i<( (lucimos, {Kira une se (mUícméñ que no desconocemos la huella <|ii(' ¡lor i)ec(*si(intl linliiii dejado en nuestro pnis la plaiila l;i icvoliinon, ni »•! ronjimiiMlc l'iiitcslas (;ircniisianc'ias que se han opticslo por cspa'eio de larp:os años, y se oponen aun- en la actualidad, á la iiuion v arinoiiia de los buenos elementos de que a))unda la Kspaña, tanto quizás como otra cualípiieia de las naciones que mas se di^ünu'uen por su bienestar, pnv^perid.iil y juxli'rio.

Nada eslrafio es (|uc la Europa ^e haya equivocado sobre nuu8tni situación, que nos h:\};! ( onsíderado en un estado social lanien-Ii!!)lc. que nos hnya jir'irndo indii/nos de jíerlimcccr á su couiuniou, y que ios gobiemofi nos hayan ofrecido á sus pneblos como ejemplar de tremendo csc;H-miento, á lin de que estos no prestasen oidíts a los apiislolcs de funestas teorías. Ks muy saludable ffue las naciones como los indívidnoc procuren escarmentaren cabeza asena, que los brindados á beber de la copa fatal asistan al doloroso espectiicub) de las convulsiones y anj^iosM ansias de quien antes probara déi peli¿;ilNl6i Kror; ¡)ero la Kuropa se equivoca si cree que lia penetrado basta el fondo de In sociedad lo que hasta ahora no pasa ' de' h SQtMrficie vsi piensa que el desqu iciawiento social, <-orre parejas con el jmlitieo; si se imagina que el edilicio ha venido al suelo porque se nayan desplomado su cipula y sus torres.

Repetimos que no es eslniño semrianh* error; mas diremos, miradas las cusas desde lejos apenas era posible verlas de otra manera. Quien se haya apartado alguna vez del teatro de los acouiecimientos, durante la época de turbulencias que andamos alraveaando, habrá [HMlido formarse idea de lo (\w debe de balierles sucedido á los estrangeros cuando se hayan propuesto estudiar la ^ situación de España. Vi viendo en uno de esos países de Europa donde el gobierno es pronta V exactamente obedecid<» en cnanto prescribe; donde ia administración, sonieUda a la mas estricta re^laridad, hace sentir su acción vifTorosa desde las juradas del ¡mder supremo hasta el mas bumilde empleado, desde el centro de la capital hasta el mas insígnifieante y retirado confina donde m desacato á una autoridad piibnlterna. ó el mas ligero asomo de perturbación del urden piii)lico, llama vivamente la aténdon db Kbs f^h bcrnanles y escita su actividad y enerjiia. ' apenas se concibe como es dable un estado ' de incesante a^tacion y asoiMte 8fk<|iieae I baile en espantosa conibiKttQii ia sociedad entera; ajienas es posible comprend«'r cnu\r\ i no estaran ardiendo las entrañas de una ticr-! ra, en cuya snperíicie se levantan tan vivase J llamaradas, como no abriirará forniiilables ' volcanes, cuando á cada jias(» se tropie/a coa^; uu cráter que arroja laicanadas de bunio. 'fM Los mismos espÚAoles <|tte conocen á fuéi^ do el estado de su patria, (pie han \ dé cerca una y mil veces lo que es en Kspaiía la revolución, y e^ímo se hacen los moví--mteiitos de mas* trascendeafilAtf «ooae^ve»' ' fias, al hiiiiarM' en el cslraniiero, y al |»asar sus ojus por usas columnas atestadas de noticias de levantamientos, de prMdiBias, ée declaraciones, de maniliesU»', dwjimiiBe»^ tos y ((tras cosas por este tenor, b:d)rñn necesiuido soltar de las mauos el papel, v ien.. frescar sus ideas, y avivMnws mkKÁmk; i pensar en lo que en otras ocasiones; semejantes vieron y |>alparon, para rto deja alucinar por vanas apariencias, para no jarse fasoíBar con ostentosaa-esoenas y atol dir con vanos clamores, tomando un ruido' facticio y mezquino, i>or el bramido atcmh- ) dor de formidable tormenta. ' • ':;ial^¿r,^i|í4 ' (Maro es que lo propio, y con dtadMÉ^M^. ees. ha debido sucederá los estranscros: y de ai^ui u« error grave sobre nuestra veriladera situación, sobre laseonjétnras velatívaB ii nuestro porvenir. Mas el error por ser oscus4d)le no deja de ser error. y cumple al bouor de la España, cumj>le a sus intereses^ el desvanecerle con rasoMH, y uu» tadavfa con hechos. * ' Kn prueba de cuan poco se conoce en Eu- X nuestra verdadera situación, j)uedeu •irse dos razones á cual mas convincentes. Es lajírimera, los dis|)aratados juirios y pronósticos que con frecuencia se pcrniiteñ ios periodistas, y hasta los mas aventajados oradores iiaríameutarios; siendo la a^uoda^ el proceder Incierto e indeciso qne se observa en los gabinetes, siempre que se trata de los negocios de la Penterala. nsleéltiiiio indica que la diplomacia europea está prx-o sefnira de sus luces en lo concerniente á Kspañkiy y que temerosa de un yerro, no se atreve á resolverse, prefirioudo*uMr poMliea m»« tral. de mera espcctativa. En este punto la conducta de la Francia y de la In«;1atorra no lin sido la misma que la de las |>o(cncias di;l Norle, pues a({uellas han arrostrado com|)romisos de que estas so han precavido cun inu( lu» cuidado: pero asi unas OMUO otras han niiinifestado lo mismo (pie acabamos de indicar, el poco conocimiento de nuestras cosas. En efecto, ¿cuál ha sido la política de la Francia? ¿ pueden fíloriarsc.£0S diplomáticos de haber seguido siempre una mareha constante, sometida á principios lijos? R«'cuerdense las variadas fases de la )M>laica francesa desde la muerte de Fernando. ül>ero las circunslnncias cambiaban,» es cierlo; mas oa instabilidad de las situaciodehia entrar en vuestra previsión, para no cs|>oneros ü las sensibles alternativas «ue halléis tenido (pie sufrir. En cuanto á Injílaterra, menester es confesar que tamjioco ha aiTeditadu en esta parte su proverbial sagacidad. I*ara convencerse de esto basta considerar que se habia ligado intimamente con Espartero, lo (pie demuestra (|ue se equivocaba lasliiiuisamente, pues que ála iniliicncia de una nación como la (Irán Bretaña no puede serle ulil la alianza con poderes muy transitorios y altamente imjiopulares. Se nos dirá que esa im(M)|>ularidad no era bastante.conocida en Infilatorra: asi lo creemos, y hasta tenemos dalos positivos de que en efecto era asi; fiero eso mismo conlirina mas > mas nuestra opinión.sobre la ifinorancia de los estran;ieros en lo tocante al estado de SsMAa. Las potencias del Norte han procedió con mas timidez; han reconocido <pic la ooiDplicacion era mucha. tpie los sucesos de OMlñann podían desvanecer las ( onjeturas de ayer, y lian dicho: «aguardemos.» El curso de los acontecimientos ha manifestado (|ue esa cautela no carecía de previsión: no lo Degamos; |M'ro también añadiremos (pie esa previsión no ha estado exenta de equivocarioaes, y (jue á menudo, mas bien (|ue previsión, debiera llamarse íncerlidmnbre.

Se ha creído en Europa (pie la España no era capaz de un gobierno semejante al que I mejauxa ron los pueblos asiáticos, preciso le seria optar entre el despotismo oriental ó la anarijuia peqiétua, prque en tan triste alternativa está colocada la sociedad, cuando la falla de nn |>eiLsainiento grandioso y común a todas las clases, no le iiermite alcanzar la verdadera nacionalidad, basa indispensable para establecer un gobierno digno de tal nombre.

Cuando una sociedad carece de razón pública, es decir, cuando no hay un conjunto de hombresrespelablesporsu número, inleligenciay posií'ion social, (pie tengan ideas claras y lijas sobre los intereses nacionales, y la manera con que eslos del>en ser cousenados, jirotegidos y fomentados, entonces la sociedad no posee ningún pen.saniiento de gobierno, y asi se halla preci.sada á resignarse, ó bien á la disolución, ó bien al despotismo mas com|>l(>lo. En no doniiiiando la razón, prevalece la voluntad; y la voluntad sin razón, constituye el despotismo. En tal caso, si por una ú otra causa es dable reunir las fuerzas individuales formando una fuerza pública, y colocar esta en manos de un solo hombre ó de una clase, resulta el despotismo asiático y el dominio de las castas; cuando no, la sociedad se fracciona en tribus, ó se desconijione en hordas y bandas, lo que al (in viene ñ parar á otro despotismo mas terrible y estéril, cual es el ejercido por los gefcs de familia, ó los individuos mas astutos y fuertes.

Bien claro es que en semejante estado no puede encontrarse la España, cuya civilización y cultura llevan largos siglos de duración; ni la F^iropa nos hace la injusticia de mirarnos como pueblos africanos, por mas que el prurito de zaherir se esiire.se á veces con intolerable exageración y ^al^edad, aíirmando que do termina la Europa en Gibrallar sino en los Pirineos. Sin embargo, como la escala en que pueden distribuirse los pueblos según los grados de su inteligencia y actividad, es muy estensa, y el principio sobajo diferentes formas disfnitan las demás ' cial (pie hemos establecido se verilicará en Daciones civilizadas, y esto.se ha atribuí do á varias caus:is. Suponen algunos (lue en nuestro país no hay vida intelectual ni moral; que este pueblo vegeta en la inacción V en la estupidez; que adolece de una eapecie de iiiar;ismo social y político; v que por lo mismo no es ¡xisible (pie biolc de su seoo un gtdiicrno que reúna la inteligencia y la fuerza. Si asi fuese, teniendo cierta scproporcion á la mayor ó menor alliira en (pie se hallen colocados en la misma, veamos hasta qué ])unto merece la España las inculpaciones (pie se le dirigen, esplícando al propio tiempo la requlariiiml de las anomalías, que han [Mulido indccir á que se formasea sobre nuestra situación opiniones desmentid das por la razón y la esperiencia. Desde luego salla á los ojos la eslrañeRa (|p rjiif» pnodn faltar on Kspafia un |>onsamicnlo firandioso virtMU'ral a lodaslas clases, cliMiicnto do vorda(lora nacionalidad y l)n>a dft \in ífohiornn justo, ilustrado v cst^ihU" tiorra sus ojos do llama. El Rry carece do sucosion, y oí iuiuodiato hiMvdoro de In voroíia os roiíooido por su proluuila aversiou a todo lina;;(> do inuovui iouos poli^'rosas. L05 l'n puoblíMjuo nM'onr[uislii su indopondonria liijos del principe son on crooido numero. ia peleando por es|)acio de cwho siglos bajo 1 minoi ia ex impusihle. Kl heredero es un vauna misma enseña; un pueblo «pie reconstituye su unidad, inaujrurándola con el dcs-< ubrimionlo do un Nuevo Mundo. con importantes adquisii iones en Europa y en todos los paises del globo, y con un si^lo tan brillante en ciencias, lilefatura y bellas arlos; un pueblo (pie pudo hacer fíenlo á la Kuropa entera, y aspirar á la inonanniia universal; un pueblo que, después de farpa lennK)rada de abatimiento y postración, se levanta al atrito de la ¡íatria como el soldado que sorj>rendido por el enemi¿io, despierta á la voz de alarma y emnuña el fusil ron brio v valentía, esto pueblo no puede carecer de ideas «raudos, eenerales, ((UO sirvan de lazo á todas las clases, que formen la verdadera nacionalidad, y sean á prop()s¡to para servir de basa al establecimiento de un pobienio.

I'or desgracia es demasiado evidente que de mucho tiempo á esta parte no han prevalecido en la esfera política los elementos <pie donunan en la social, y que ha resultado do aqui nn4i falta do armonía, de donde han dimanado nuestros males. Mas esto no prueba íjue la verdadera sociedad espafiola carezca íío lo nooesaiío para cimentar y solidar un buen sistema político; y andón muy equivocados los que achacan á ignorancia y estupidez, lo (pu' solo debo a'ribuirse á circunstancias escej)cionales, en las que se ha rombinado lodo lo mas funesto ipie imaginarse pueda para trastornar á las naciones.

Minoría, guerra desitresion 1/ rernhtt iou, .son causas de las rúales basta una sola para conmover y dislocar un pais: ¿(pié habia de aconleoer en Kspaña, donde hem(»s tenido reunidas las tres, y complicadas do un modo inestricable?; hWinidables son los caminos del Todopoderoso cuando se propone derramar sobre los reyes y los pueblos la copa de su indignaciím! La revolución estaba uíordiendo el freno (pie le impusiera en KspaAa la irresistible pujanza de los dos princljíios religioso y monárquico; nada puede contra la mano que pesa sobro ella, y forzada á comprimir su voz y hasta su aliento, se mantiene silenciosa y (piiota. sin atreverse á mirar á (|uien la sojuzga, lijos sobre la ron. sus hijos son vanmos también; nocaln* pues protesto para di.spularlos sus títulos de íogilimidad; Ai (jiicrra de sucesión es iinftosible. lil orden esta asegurado sobre tirmes cimientos, el poderse hace cada dia mas fuerte, regularizando su acción y acostumbrándose mas y mas los pueblos al yugo <lo la obediencia; la revolución es \n\ posible. ¡Vanos pensamientos! Amalia niuen?, el monarca se enlaza c(»u Cristina, nace una Princesa, y la minoría, la guerra d<' suce- I siou, la revoluci(m, ya no son imposibles ' sino muy probables: él Rey enferma, y la inuMisibilidad se ha trocado en inminente IM'ligro; el UeV muere, y lo (pn; em im|K)- siblo se ha hecho inevitable. ¡(Cuantas ini|K>- I sibilidades á los ojos de la flaca humanidad, serán realidades a los ojos de aipiel (jue ticno patentes a su vista los arcanos del porvenir! ¿.No recordáis lo (pie sucediera en un reino vecino? Dejad á los ]K)hti<x>s de Francia y do Kuropa ()uo so abismen en combinaciones profundas; un momento después el Principe real, el heredero de la corona, el gallardo mozo (¡ue promete á k» Francia un largo reinado, yace on el polvo, sin sentido, exanime: pasan bix'ves huras, el diupie de Orleans ha muerto...el cscesivo brio de un caballo ha cambiado la situación, deslniyendo ^conjoiuras, frustrando esperanzas, ofreciendíí un i>orvoiiir oscuro y tempestuoso...

Kn octubre de INX3,no babia mas que un medio \v\x'a ahorrar a la nación torrentes de sangre y calamidades sin ciionlo: ahogar en su origen la cuestión dinástica creando una regencia sobre el supuesto de un futuro enlace. Entonces desaparecía la guerra de sucesión, no existia de hecho la miñona, y con esto se quitaban a la revolución el [rábulo y Síísten. Ni aun en ese caso nos li.sonjeamos con la idea de (jue se hubieran evitado los disturbios; |H>ro siempn' habrian sido de menor gravedad y trascendcíncia. No alcanzamos como no se vieron á ia sazón los j)odoro.sos motivos, las altas consideraciones de ioterós de la nación y de la Real familia, que aconsejaban un arreglo aiuisto.<o; mal decimos, lo alcanzamos muy bien cuando di -de el rustico mas necio hasta la elevada eategoria de los cnníífljcros de revés.

i'.on el comieiuu de la guerra civil coiücidró el desarrollo de la revolnelon, rrita á tmiy reducido amhitn, que jamás aféelo á la masn del [nieblo espafird. que si d«^plegó mas fuerza que en épocas antcria- Cárlos III, y se buscaba apoyu en lus con-^ cilios de Toledo, ha revolución era dueña del fí(d)ierno, y ccliaha mano de la astucíar esto iudica que no se seiUi^ cuu Tuerza.

Deseamos que mediten sobro estas reflexiones los homlues^uc tanto se admiran de que no nos linya sido po;>il)le liasla aliora consolidar uu ¿ubieruo i lus que se adelunm fie poftfoe se cobijaba á la sombra del I tan á discurrir sobre nuestro estado social y