SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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Diqitized cnruo de las ideas, ík modificación dp. las cuslumhres, y cuantas causas han afectado mas ú menos direclanícntc, y con mas ó meaos clicacia, la sociedad esi)añola. ', Dificil es el resolver con acierto las dos 'cuestiones que acabamos de proponer: exigen nada menos ({ue un análisis de la sociedad, y luego la invención de una rúrmula que espresc el resultíido, y (\\iv pueda fácilmente acomodarse á servir de guia en las necesidades de la práctica. l)c la prooia suerte que en matemáticas se examinan la naturaleza y relación de varias cantidades, se busca en seguida la esnrcsion mas breve y Sencilla de lo que ha Jado el análisis, y poV fin se trasforma esta esprcsion de la manera mas conveniente para usarla en las aplicaciones, sin (|ue á cada paso sea preciso recordar la teoría de donne dimana.

Por mas dificultades cpie ofrezca semejante trabajo, parccenos que no es imposible darle cima, con tal ((ue se le emprenda con entera independencia de espíritu ae partido, con abstracción de los errores que, por acreditados, no dejan de ser errores, y sobre todo con vivo anhelo del bien público, sin|)asíon, sin afecciones, sin odio, con cumplida buena fe. Ademas que no somos nosotros (Quienes nos lisonjeamos de llevar á cabo tan un|)6rtanle tarea; bástanos haber hecho la innicacion de su necesidad, para estar seguros de que los hombres pensadores y rectos se ocu-• parán de ella, y nos ayudaran al logro del objeto deseado.

A los (¡ue nos objeten que nos proponemos lomarlas cosas de muy lejos, les airemos que harto fácil nos sería tomarlas de mas cerca, y adoptar uno cuaUpiiera de esos temas ([ue ¡Csfriefn frffHH(tn(f: ffí, riíjurom oharrvnncia de la leí/, dicen otros: este es nuestro único remedio. ¿I)e (|üé leves bablai.s? ¿De las (jue hagáis vosotros? Vuestros adversarios afirman (jue esas leyes son viohMicias. ¿De las (pie hagan estos? Vosolms diréis otro tanto. ¿\kt las que forme un poder elevado sobre ambos? Pero ese |>odcr no existe; el poder sois vosotros, (pie empuñáis al— ^ ternativan»ente las riendas del mando. ¿De lasque confeccionéis «niV/os, reconciliados con abn\z(> fraternal, solo atentos á labrar la^ prosperidad pública? ¡Vanas ¡lusionpf!! Triste condición de los tieiopos agitjidos por ^ las tormentas revolucionarias, qw «e hnyaii de desacreditar en ellos las palabras mas hermosas y haiagllefias. Ya se hubiati desafereditado las de liherladi' igualHnd; quedar han todavía las de í/híom, retoñe iliacion.frafervidnd de lodos los partidos, v estas araban de serlo de una manera cniel; y bo'^ descrédito es indeleble, porque está escrito con sangre.

Cuaudo en junio próximo pasado examinábamos la situación de Esnaña, aventurando algunas conjeturas sobre las consecuencias del pronunciamiento contra el e\-Hegen!c, indicamos (pie andaban nuiy poco acerladt/s Ifts cfiie se lisonjeaban con la decanlacla unión y reconciliación, y añadimos (jue esta palabra, de suyo tan generosa, no signilicana nada en política. Apoyábase nuestra opinión, en que ni las ideas se mudan en un instante dado, á voluntad de (¡uien asi lo desea, ni los intereses se coucilian con el abra/o de un festín ó con las fnises de un manifiesto, y que asi aquellas como estos se hallaban en tan abierta oj>osicion. «|iie no tan fecundos son en pom¡)osos discursos, [ era posible abandonasen el cam¡K) sin f>robai que serían muy buenos Si bueno pudicsí? ser lo que estriba en suposiciones falsas, y qtre por tanto no sirve para nada. Asi, por ejemplo, pudi(íramos haber esclamado como tantos otros, ya que de imparcialidad y tcmplany.a nos gloriamos; No v\nx remlucionfs, no wjs fortuna corriendo los azares de una batalla. Como quiera, y á pesar de lo quo nos dictaba la ra/nn y enseñaba la esjierienrla de los ticm]x>s anteriores, confesaremos (pie mas de una ver se detenia nneslra |)luma para darluírar á la reflexión, tehierosos de que la reacciones; y desde esta inespuynable posi- I repetición de duros escarmientos y el descion anatematizar á los que se desviase^ á derecha ó izquierda. Pefn desde luego nos hubiéramos preguntado á nosotros mismos: ¿qué significa esa frase si no se desenvuelve el sistema en que se haya de realizar su significado? JVo mas rerohiriones, no mns reacciones, están clamando los prohombres de todos los partidos: ¿y qué es lo que vemos en nuestro alrededor? ♦♦"'»•• agradable as|>ecto íiúe los negocios prtjsentaban, nos hiciese (iesconfiados y Mispicaces en demasía. Desgcviadnmente los acontecimientos (le los últimos seis meses han bas-!ad(>á robustecer esta con vicrion, y quitarle todo lo que ])ndiera entrai^ar de vaVilacioa 6 incertiduníbre. ¡()iié edificio mas solido rl que arabanio'^ de cimentar sobre la iinií>ü! fesclamaban los incautos; y eredificio se nod «uelo con eslrepitosn ruina \Qw, \ los acontecimientos posteriores habian rolo tateraidad! y la san¿¿re ha corrido en alnm- i complelauicute. Este Danco que M. (luizol* ¡í)ué abrazo mas cordial! y los habia dejado en descnhierto, sea ñor no' ahwaadoesc luindian eii el |)Oi.lioel acero Ira- haber reparado en él, sea por no habertricida.

N - in)|Hir(a saber de i\\ún\ baya si- (itiU ' i.,1. ni de (¡III' pjirle baya estado la lf|Mlitüd, n1 la pcriidia, ni todo lo (|ue unos á oíros os a<íhac«is: bástanos consi^'narvucstr.i ilusión, vuestro error; baslanns bncer notar lo endeble de vuestra obra. Mas direuíos PllTia, y con U»que vamos á añadir nos ennduda mas indulf;enles de lo (¡ue i. V ' i's vuestra la culpa de que se ^yan li > las es|H,*ran/.as que luoieivusfMrar a la nación; vuestra cul|>a no Mtf en que el edilici'» se baya desplomado, •iio en (|ue lo (piisisleis levantar sobre la arena. ¿Y cuando?;V donde? Cuanpor no le dado inq)orlancia, ha llamatlo la aten-' cion del diplomático in^ilés, quien ha aprovechado la primera oportunidad que se le ha ofrecido para tran(piilizar á las poten-' cias del Norte. Xo sabemos si esto contraria en al.:;o la política de >I. ("luizot; sea co-• mo fuere preciso es consignar un hecho que no < arecc de significado.

M. (iuiz.ot habia [Mjnderado mucho las ventajas de la buena iutidi^encia entre las dos naciones, reliriéndose principalmente á la> negocios de España; v el saíjaz ministro de la (irán líretafia habrá previsto sin duda que las demás potencias podian inferir de semejantes declaraciones que la Francia y * do los huracanes están desencadenados, y I Ja Inglaterra abriííaban algún designio parpn un lugar combalido por la impetuosa • orrieiíle de las iiiuudaciones, azotado de udiliüuü por el soplo de la tempestad.

)i s,i,. Í3 reseña publicada en el número , poco resta que decir de la política fsiranfíera con respecto á España. Sin enihiT^ü, la a|R'rtura del parlamento inglés, ' ' li-i urso de la Reina Victoria v las decla-> de Peel, dan lugar á algunas con-Does..

Li tu.>curso de la corona ba sido cual debía es{>e ra rse, reseñado cu estremo; bien •jueno se ha olvidado en él la cortés coriwpondencia «jue exigían las declaraciones (le Luis Felipe v de sus ministros.

Sir Rol>erlo í*eel ha confesado <pic la In- -laterra estaba de acuerdo con la Francia itó era preciso desechar la política di» idad; se lia congratulado de la buena mteligoncia «luc reina ent^^ las dos naciotpies, y ha insistido mucho en la nece-*iíid de con.servarla. I'cro esta buena mlc%í;ncia proclamada en pleno parlai»enl<) debía llamar naturalmente la aten-«OBtlc las |K)lcnc¡as del Norte, (jue |)odian IjV.cu ella la rebaliiblaciou de la alianza <i4^,fi la destreza de Talleyraiyl, y (ju^ man man lícular sobre España, y que se proponían obrar sobre ella de una manera esclusiva. Lo acontecido en los años anteriores venia en confirmación de esta sospecha. Peel ha compn*ndido el inconveniente, y le ha salido al encuentro, lia declarado que la buena armonía entre las dos naciones no entrañaba ningún misterio; que la Francia y la Inglaterra no (uu'rian hacer nada oculto; que esta nueva |Krtttica no afectaba ningún interés europeo; que no tenía por objeto entrometerse en lo (|ue no les correspondiera; en una palabra, ha dicho de la manera mas esplicila y terminante iiue las relaciones y las miras diplomáticas ue la Inglaterra no so habian modificado en nada, sino es por k) tocante al abandono de la rivalidad con la Francia en los puntos donde se encontraban las dos influencias.

Pero lo que nos ha parecido notable én el discurso del ministro, es (|ue ha esquivado algún tanto el rozarse con la cuestión española, procurando dará entender que la buena armonía no se limilaba a España, sino que era una mira de política general, mas grandiosa, mas humanitaria, cual cumple á tíos grandes naciones que se respetan mútuamentc. C^uizás el ministro ingles habrá querido levantar la cuestión á esas alturas para (pie afectase menos los intereses po-^ili\os; enmendando un tanto la plana á M. Guizot que habia presentado la buena inteligencia inglesa y francesa bajo un aspecto demasiado práctico, y.sobre todo dcinasiado aplicable á ios n^ocio;^ de Espaiía.

r r Las potencias del Norte do le alarmarán cíerlamenle por ver que la Franda y la Inglaterra se ilirigen esas tiernas rsnrosiones en que rebosan los sentimientos oe humanidad, el deseo de la paz universal, y el anhelo de la civilización del mundo; pero no luibii'ra sucedido fo mismo si la amistad se huhiese circunscrito en demasía, si se hubiese limitado á la cuestión espadóla. La dqilonuKáa es eminentemenle positiva, y repara muy poco en todo lo que ofrece un carácter teórico j vago.

Con respecto a los negocios de España, M. Guizot soltó ])rendas; Sir Roberto l*cel no ha imitado tal conducta. Por manera que sean cuales fueran las complicaciones venideras, la Inglaterra lia queaado enteramente libre, agena á todo compromiso; pudiondo inclinarse á la política de las Tulle rias ó á la dé las potencias del Norte, sin qne se le pueda echar en cara que ha incurrido en • contradicción ó (\m ha retrocedido en sus propósitos. No puede decir otro tanto la naucia, - LASPMOCliPmmPOLillGAS v in wmÉm ra viuamc».

¿Cuites son tos elementos que tienen en la sociedad española un poder efectivo? Esta es la primera cuestión que se ha de resolver, si se quiere obrar con acierto en lo perteneciente á nuestra reorganización socuil, politica y administrativa, y hnsta en el arreglo de los negocios eclesiásticos; porfpie aun cuando en el discurso anterior hayamos habtado únicamente de las relaciones del poder social con elpohlico, sin embargo, fácilmente se echa de ver que lo que hemos dicho con respecto i este tendrá también sus aplicaciones á la administración, debiendo ella regirse por diferentes principios, según sea diíercnte el estado de la sociedad admiiiistrada. Bueno será no perder de vista esla observación, que emitimos de paso, con la idea de prevenir que nuestro sistema no se limita á que tengamos una poHttca interior española, pues (leseamos que espaOola sea también la administración, y que español sea cuanto se plantee en Espaba. Asi, en la cuestión ei^tesilstica, que tan lejana paiviv de cuanto se circunscribe á esta ó aquella^ nación particular, creemos que se ha de tener presente también nuestro estado social, que ni es el de la éiM)ca de Felipe II, ni tanapoco el del vecirfo reino de Francia: de suerte, que asi como se cquivocaria quien se empeñase en poner al clero en el misiM pía en que se hallaba en los tiempos de San Piedro de Aicantnrn y Santa Teresa de Jes\is, asi también caeria en error quien se imaginase que es eonveniente, ni aun posible^ constituirle en el pismo estado en- que se encuentra en otros países gaogrenadi» por la incredulidad y el escepticismo. ¡4 Prévias estas indieaéiOMaí/qi» deaesvvP veremos en su lugar v tiempo, entremos en la cuestión principal, examinando cuáles son lus elementos que tienen en la aocfedni española un poder efectivo. < <• Ideas, sentimientos, costumbres, instituciones, intereses materiales; hé aquí palabras que esnresan lo que ae haDa en- la ciedad, inaependientemenla oe tea leyea políticas y hasta civiles.

Para determinar la cantidad y calidad de lo que abriga la nácion espafiola conieapeoto a los estrcmos indicados, parécenos quo se ha de atender á dos cosas: t.* influencuiS á que ha estado sometida; 2.' bedios que ha ofirecido. O en otros términos, la cuestkNi ' puede ser examinada dpriori 6 á posteriori: la naturaleza de las causas que ban obrado sobre una sociedHl iinfiea el estado en que esta se hallará; asi discurrimos á priori, pasando del conocimiento de la causa al del efecto: los hechos que se han veriíicado en ella revelan su estado; entonces discurrimos á pos I criar i, pasando del coilocimiento del efecto al de la causa. " ' ' Al hacer estis investigaciones se CóMf Id peligro de caer en error por no considerar mas que un género de cansas ó de efectos» como vemos que acontece á cada paso á los que se ocupan de semejantes arnterías.

Emplearemos este articulo en demostrar la sinrazón y el espíritu de partido con que examinarse suele lodo lo que tiene relación Echan aliíiinos una ojeada sobre nuestra historia, encuentran por todas partes la religión y la monarquía, y díeen oesde lueg^: «esta nación es monárquica y religiosa, y nada mas; á esto únicamente se ha de atender, el resto es indiferente.* Observan óteos Dlgitized by Gopgle que por espacio de treinta aftos hemos estado sufrienao la inlluencia de principios contrarios á la rclifíion y á la monarquía, y dicen:«íesla nación no* es nada de lo (|ue fue; su rclif^ion y su monarcjuia están únicamente ¡ en sus libros viejos y en las cal>e7.as de la generación caduca; no men'cen que nos •copemos de ellas; en nada pueden obslar- BM semejantes elementos; para nada dehcn entrar en la nueva organización social; niucbo será si los toleramos hasta que se eslin- j gan por sí mismos, como fuetio sin pábulo.» Cuando los primeros (piieren confirmar sus * doctrinas, á mas de fundarlas en la historia, aducen la reciente esiwriencia de 181 4, IHi'i y de la guerra de los siete años, en cuyas ¿pocas se mostraron tan vigorosos y tenaces ks dos principios religioso y monár(|MÍco; tsícomo al emprender l<»s segundos una tarea análoga, recuerdan los años de 1812, 1820 y la última década, en (|ue las ideas mo<lernas se han mostrado pujantes, luchando con todo linage de resistencias hasta conseguir QD triunfo definitivo.

Considerados los hechos con semejante aislamiento, claro es que solo pueden condocir á equivocaciones; solo pueden servir á formar doctrinas falsas, inaplicables, que nlo están en la cabeza (|uc las concibe, ó R descienden alguna vez al terreno de la práctica, es para producir males sin cuento, pisar como una borrasca escoltada de truéaos y relámpagos, y concentrarse de nuevo en la mente de sus autores, que desesperados del mal éxito se quedan maldiciendo á la sociedad, cuando mas bien debieran maldecir la ceguera de su entendimiento y la imprudencia de su conducta.

Ese espíritu de pasión y parcialidad acarrea otro efecto no menos dañoso. cual es, la exageración en todo t uanlo concierne á la calificación de los hechos, asi pasados como presentes. Preguntad á ciertos hombres cuál es el origen de todos nuestros males. Su respuesta es muy sencilla: la superstición y üinpotismo. Esta es la fórmula en su mayor concisión; que si los instáis algo mas, ofreciéndoles oportunidad de desarrollarla, 05 recordarán la inquisición, los frailes, las Btnos muertas, la teocracia y otras cosas foreste tenor. Habladles de nuestra historia, y Cárlos V fue tm déspota, y Felipe II un BÓDStnio, y sus desrendientes unos imbécies, y Feliné V un maniquí de Luis XIV, y Femando Yl nada, y no oís do sus bocas una palabra de consuelo hasta que llegáis á Cárlos 111, que tamlnen lo pasara mal si no hubiese tenido la fortuna de seguir los consejos del conde de Aranda, si en su tiempo no se espulsaran los Jesuítas, no mediara el ruidoso negocio del obispo Je Cuenca, no se escribiera el Tratado de Amortización, y no saliera á luz el Juicio imparcial sobre el Monitorio de Parma. Claro es que del mismo principio de la superstición os han de hacer dimanar todos los escándalos del reinado de Cários IV, que casi casi disculparian en gracia de los provectos de Urquijo. En llegando á la guerra de la independencia, escusado es decir ({ue la nación estaba perdida si no la salvaran los discursos de los oradores de Cádiz, que en buena filosofía debieron de poner mas miedo a los tn^scientos mil soldados de Napoleón que todos los ejércitos españoles c ingleses y las innumerables bandas de guerrilleros (|ue hostigaban al enemigo, ora matando rezagados, ora tomando convoyes, ora disfteriando una columna con imprevistos ataques, ora deteniendo y estropeando divisiones enteras en los desfila* deros y gargantas.

Preguntadles: ¿quién impidió que la Constitución de 181 2 00 convirtiese la España en un ¡laraiso? Los enemigos de las reformas. ¿Quién hizo que la Es|)aña no se apn>vechase, ni en la política interior ni en la esterior,! de las ventajas que podia sacar del glorio.so ¡ triunfo sobre las huestes de Najíoleon? Los I enemigos de las reformas.;. Quién provocó I los escesos de los liberales desde 1820 á 1 823? Los sordos manejos de los enemigos. de las reformas, que no reparaban en dis- I Trazarse hasta con el trage de la libertad. I ¿Quién escitó á la Europa contra los demagogos, quién la reunió en congreso, y la decidió á enviarnos cien mil franceses? Los enemigos de las reformas, para quienes nada significan los nonibres de indejM'ndencia V patria. ¿Qué se produjo de bueno durante ía ominosa década? Nada. ¿Y el progreso de la industria y comercio? ¿Y el tal cual arreglo de la hacienda? Hay en esto exageración; V si algo hulK) uo fue |)or lo que hizo el gobierno, sinoá pesar de lo que hizo. ¿Quién suscitó la cuestión dinástica? Los enemigos de las reformas. ¿Quién encendió la guerra civil? Los enemigos de las refonnas. Los enemigos de las reformas fueron los que provocaron el asesinato de los frailes, cl incendio de los conventos, los pronunciamientos uu )ns proTÍneias, laff represalias y crueldadt's eu el campo lie lialalla; Uts (|ue prolongaron la ii:clin ínilricida, los |>fr(lK'ron a h ruina Cristina, los (jiic no di'jaron i|uu se prraiííü.se la nv*'"i'ia do Ksparlen», los que embaí. izaron su hautficu. HusIkhI'i y UIh-iuI gobierno, los(|ue contribuyeron uiut bo a su caida, los que crearon los riosftos ele las si* tuationes sucesivas. los (|ue lian pro iuciilo la crisis actual, loü que. sueñan en reacciones de sau^íre y despojo, los (jue...en una palabra, en los eneniií;os de las reformas esta pei"sonilií.-ado el ^jenio ile la disc(>r(lia y liel crunen, el lual princi|)io de Manes; ciiaii-4o de parte de los adversarlbíí no bay mas que ilustración, p'neiDsidud, patriotismo, ¿eneliceucia, iin|)ecab¡Iithid nuiaa tii'smentida, si uo es |>or alf'un esceso de celo por Ja e^ usa de la libertad. - En el reverso de la niedalla se presentlHi otras liguras. lioinbies bay a cu\os ojos ^>s del'unsores del aüti^uo sistema no c^ Aielierou nin^íuna falla; la monarijula de los tiemjMjs anteriores á 1808 no adolecia de ningún defecto; la resolwíion tiene la culpa de todos nuestros males: si ella nu bubiese venido á perturbainíis, la Espafia.seria comparable a los caui|)os Hliseos. Aíortunadauienle iniicbos otros, del mismo |>artído. de las mismas ideas y no menos profundas convicciones, miran las cosas de muy disliiití» jDianera; y en verdad que seria pn'cJso « orjar los ojos para no ver (|ue no todo lo anticuo es digno de alabanza, y que no deja de iiaber mucho cjue merece censura. Si esto jno es asi, ¿c<ímo esplicais lad<il()n)sa decadencia que se verilicó durante la dinastía auslriaca? La España de Felipe 11, ¿no se babiora avergonzado de la España de Carlos U? ¿Qué se babian hecho nuestra agricultura, nuestras fábricas, nuestra población, nuestros ejércitos, nuestras armadas, jauestra preponderancia en Europa, nuestra inllneocia en todos los negocios, el respeto •que se mereciera nuestro pabellón en lodos -K)S mares? ¿ Dónde estaban nuestros hombres de Estado, nueslros grandes capitanes, nuestros historiadores, nuestros poetas, jaucstros humanistas, nuestro poderío, uues-XvQ esplendor, nuestras glorias?.Nada sucííide sin causa: dispútese enhorabuena sobre ^la, pero confiésese al mono)»uue exi.stia; -reconózcase cpu; se habia cumplido la profecía del P. Mariana: Parece <i ¡os prudi'itfc.s Ponderando) desmedidamente las Nenl«i^a> del regiuien antiguo, sin pararse en."^u.s inconvenientes, empeñándose en que tudu enleramenle habia <Ii; continuar inliicto, <isi en el fondo como cala forma, noadviert n <'^'"< homhrus, que a la sombra de aquel i <i ' se comelienm tropelías contra la religión. | s<' pre¡>araron nu jiocos de los de^ >y sufrimos: no recuerdan (jue al n. ii,, u an tiguo ^)ertenecieroQ los reinados de Carlos 111 y de Carlos IV; qno en aquel régimen s< el ntas crudo despotismo ministerial, qii< I resiK'taba ni a las personas, ni a las clit>>^. ni al santuario mismo; que en a(|uel repinen [indo un ministro hater prender eii una noche a miliares de individuos, muchos de ellos venerables |»or sus canas, su saÍHír y I sus virludesv -y respet<d)lcs lodos, cuando no |M)r otro motivo, por su carácter de ciudadanos españoles, y conducirlos como reb iiios á la orilla del mar, y amontonarlos eo cmbareai'iunes preparadas al efecto, y arrojarlos a las cosías de Italia, y dejarlos «jue I alia estuviesen sia |H»der lomar tierra, pere-¡ ciendo los mas ancianos y débiles, entre el I funir de los elementos, y sufriendo iiuícIk» los demás, ofreciéndose el ejemplo de ni.i- I cruel arbilrarieilad «|ue se viera cu los fasli«> I de la historia. Y olvidan esos hombre» <|uc bajo el antiguo régimen se entronizo tlodoy, y estuvo envileciendo al g(d)ierno y a la uai cion, V pre|>arando los desastres de la gueri ra, V ios de la revolución, v cuanto heioos I padecido por espacio de tremía años, y perdiendo nuestra armada en Trafalgar, y eni| viando á (terecer á nuesln)» soldados entre ¡I los hielos del Norte, en defensa de quien ya desde entonces meditaba sus planes de nsur-! p<icion. Y olvidan (|ue bajo el antiguo régi-I mcn se prepararon las escenas de Uayona, y ' la prisión del rey cuando era mas necesaria,| su i^vresencia.

I hin duda que la revolución nos ha dañado horriblemente; pero ¿tiene ella la culpa de < (|ue en 1808 estuviésemos tan atrasados en lo concerniente á caminos, canales, navegación, artes y conKírcio, y que poseyendo nuestras riipiisimas colonias de América |: ñolas aprovechásemos cual podíamos, y esrl! tuviésemos conm quien {)erece de hambre e^a-. ' Ire montones de oro? Si se quiero que Iriuft-' fe la verdad, es nH'neslcr que sus defensa, res se muestren sinceros amantes de ella; ',que,do^e,haya ui» bjen alaben, j^ti^p i{a mal lo condenen: |M>rq«e daña mucho á las taosas ni.is justas y santas el eni[>lt'ar on su i)éf?nsa l;is anuas del ciror, qu«' son el disfraz, el disiuiulo y la mala fé. Rcfordemos que peleando por f^randes principios, por verdades eternas, uo conviene que nos constituyamos defenstires de objetos jiequeños y transilorios, y mucho menos que nos empeñemos en escusar las faltas y los ahusos, aun cuando se hayan cubierto con velos respelnhles. Fijos los ojos en las iusliluciones, debemos olvidamos de las personas.• si alíTiiua \n est;is no han lienad<i el alto objeto de aqui'llas, reconozcámoslo C(m noj)le lealtad, que cuando no alcanzásemos otro resollado, nos atraeríamos el aprecio y fa coillianra de v: mismos adversarios.

i mi. ' e^los eslremos que acabamos de describir, se encuentran hombres qne blasonan de imoarcialidad, <)ue se maniliestan n I tono linaje i\v piísiones, que asej.. 1.,11 teniT otro deseo que colocar en su puesto la verdad y huirde^ toda exageración, asi en la teoria como en la práctica. Entre -gados desde su juventud al estudio de los Hhros reformistas en nílijfimi y de los lil)Cralcs en política, intimados erí amistad con tos hond)res qne iiilrodujeron en España las innovaciones de lNt'2, pe rsepuidns algunos dcellos por el^íobiemo absoluto, y creVendo que su reputación, su gloria y pón-enír son ií.<;p|»arables -de un sistema libre mas ó mer. jalo, uo pueden desprenderse de antiuii.i> ideas, de arraipiados sentimientos y de ¡ rohios intereses bien ó mal entendidos; r ílii!;idt)s por otra parte de tálenlo el;rro, d'- fiirazou reclí) v de índole templada y apaililc, no les ha sido dable cerrar los ojrts'li iMÉnde espcriencia lan dolorosa y renetida, vHog^ar el grito de la conciencia ni las inspineiones de su hidaljro |>echo, y aífí e* {\w¡ MB moditicndo en aran manera sus o))inio-BM, lian retrocedido, como suele decirse. S fslbrzánd(tst» por salvar su decoro y no parecer inconsecuewes, han tratado- de íiitHíit-» en un ierreno neutral, y desde allí arrt»-wslar a los contendientes, inclinándose de v^f en ciiniido á unos »» á otros, pero sin fmpeftarsc' demasiado en la refriepa.'^ •,..111,,i -iiuiosaírtenie sobre su inn>arparrlalidad. qtie no advierten cuanto los oftis-^an los restos ile «tis «nticuas opiniones, <te «is amistades. y tí«l vez sus intereses, I*» hacerlos suinamenle parciales. Descúhn'se sin^darinente esta parcialidad cuando se tnita de e\amin«r la historia de la revohicicm de EsjwOa ó la de otros países. Condenan también el falso patri(>tismo, la ambición desmesurada, la cejíuera de los viejos revolucionarios y otras defonnidades por este tenor, que aparecen como ncírras manchas en el cuadro de los ^lartidos reformadores; jM'ro siempre (pie asi lo hacen, á no ser qne se hable de alinin motin. se traslucé" ser amigos ijue se diri{;en a antifíuos anup:o<, míe son hombn»« ' qire ' ¡>articipan en huenii dosis de las mismas d<K't riñas, que aplauden en lo ínlinvo de su coraz^m las mismas medidas^ ▼ que si eh alao discre])an. si abo tie"-nen que echar en « ara a sos adversarios, éj5 porque e^tos se htm olvidado de esperar Ih oportunidad. ponpH' no han tenido presente aquella reírla: fnrfitrr in re, suavUer in modo. I.a dureza, la hiél del leníjuaje, lo í*eservan todo para los enemiííos de las refonnasr, siendo notable que, cuando en los reformistas respetan casi siempre la intención v atribuyen sus escesos á la exaltación de los ánimos por la resistencia que encontraban en la ejecución de sus desiiínios, en lois enemiíros de las reformas no hallan sino intolerancia, apecro á intereses mezquinos, insigne mala le, o crasa- é inesensahle ignorancia, ••.t'lifli»»! <Hí uúy íf»iií mtjitut Suponed que sé ocupan de la revolución francesa: sejrun ellos, tfMÍos los desastres (pie ocurrienm desde la apertura de los R*'- tados f?i'neraless(m debidos á las intrigas de la forte, y á la ohstina<'ion de la nohiezti y del clero en no ([uerer hacerse cai'po del siglo en que vivían y de la situación de la Francia. Los denm-rátas procedían de buena fe. llevados de liennosas ilusiones, de.seos<>s de labrar la prosperidad <lel país. dominados por lá iilt^ de la fil>ertiid deííli ])Mm: cuando líHi ari«<lrcratflS''«olo atendían á fwls interi'ses piínif'iilarcs. sin Cfm-vicelones profundas, sin amoral suelo (pie lo*< mantenía, sin* Otro olijeto' (píe |»erpe<uar loí! ántigtios áhhsoí* qne hacian de una gran nación elpatrin>oniít dedos clases. ¿Hay justicia en este modo de apreciar las cosas? ¿Hay la imparcialidad de que W glorian los que asr so portan? ("ieHamente que no: lo que hay es adhesión los principios de la revolución, bien que templados en lo locante á la práotica; interés en favor- de las jK'rsonas qiio los aplicno. bien que acompañado de alguna i displicencia cuando tras|>asan ^-iertos iinntes r menos disfrazada á las doctrinas de lo« ad- Tcrsarios, un desdeiioi^o desvío \)or las perionas de estos, cuando no un rencor, dinia-Aado de antecedentes que es preciso olvidar al tratarse de formar sobre las cosas juicios verdaderos, y de disciurir sobre ellas coa .;, Mientras las opuioies es tremadas anden á tan larga distancia unas de otras, y los que toman á su cargo el servir de mediadores imtlfif'^ m lenguaje tan poco iupafqiil y i^poÍRiliador, difícil será que alcancemos la verdad en el examen de nuestra situación, 4c las causas que la han producido, y de los m^im ét alir de eHa; éifleil aeié que acertemos á comprender cuáles son los elementos que tienen en la sociedad española uu poder efectivo, primer dato de que debemos «Nijiirarnos, si no quefenosperpetnir nuestro malestar, nacido en gl«^ paite dinMesin iucerUdumbra. -^ P«es «BUmees, se nes objetaré: ¿cómo dijfeteis que la nación tenia un pensamiento propio? Si tanta es la discordancia de opiniones, ¿cómo será posible encontrar la anidad? Lo dijimos, y no toaoBoa reparo en repetirlo: la nación tiene un pensamiento propio, bien (jiio no Inmiulado, y por lo Busmo preguQlubauios al comeuzur el prusfaela: ora poaUilo ftinnular ese pensamiento como norma de organización social y basa de sólido gobierno.» ¥ es queennues-Iro coDoepto, á la espalda de oaaa honbres que bullen, qne hablan sin cesar, qw llevan la palabra en nombre de quien no les ha facultado para ello, hay una nación de quince Búlloiies qne tieiie bus enonciaa, sus sentimientos, sus costumbres, sus necesidades nuevas con sus necesidades antiguas; una nación que piensa, que quiere, ^ro COB cierta oscuriaad, oob cierta confusión, como el individuo que, encontrándose en una ai^wmn complicada donde le agobian -oíiiMiflilriw adversas y le aniaan olías 4fK0iialdeav «eate que se agitan en su aspíritu ideas mal formadas c inexactas, proyecio$ mal coordmados é incompletos, pero todo >oenvoiiolrte é im nismo punto, é la aacoqupromeUendQ lo mismo que se trata de { que Y. enmlea^ stm tal y tai.» xesp(ndB: ^ I 1.-,, H asi es, cabal, í8 lo «¡8110 que yo penadli y queria; soló qoo 90 a6eini|»|i^,á. jlanae exacta cuenta.»

La prueba, la evidente prueba de que d estado que acabaoM» do describir existe ea la realidad, es lu que aconteco al hablar con personas desinteresadas, que no esperas medrar en uno ni en otro bando, y que soto desean un orden de cosas seguro y estable, para labrar su furluua por medios le¿;itimus, u conservar la que hayan adquirido, liabladles de la ei^ageracion, del m que se faafli ea lodos los partidos; lo reconocen: del hiea que se podria aprovecbar de varios de ellos, iu coaiiesau: de las principales necesidadcá que se han de satisfacer, ds los. obstáculos que se han de remover, eslan de acuerdo: pero preguntadles sobre los medios que conviene emplear, entonces vacilan, dudan, un eterno pero...es la respuesta á todas las indicaciones; la irresolución, la timidez domina en to^os los actos;. el escarmiento de lo pasado DO les deja caminar hacíalo venidero; tan vario y malo fue lo que pasó, que no alcanzan á persuadirse de que pueda dejar de ser vario y malo lo que vendrá.

I Qué calamidad para este pais el que Espartero no baya sido un hombre de genio! £1 se encontró en circunstancias á propósito para formular el pensamiento de la nación; para presootánoio sin disfraz, de-" cirle: «helo aquí, este es;» y obligar á su aceptación a los díscolo^, y refractarios^ Y asi será preciso kacevio tarde é temprano: no hay otro remedio; y téngase presente esta indicación, para que no se c rea que las discusiones que hemos comenzado sobre el estado de nuestra 80oiadadi,;las pongamos por tipos di' otras discusiones que se hayan de agitar cii grandes asambleas. En la situación eu uue se eucueulra el puis, es menester dárselo todo hecJio: aun cuando hiibiésomos de tener instituciones republicanas, seria preciso que estas nos viniesen de una Atadura gubernativa; peio dictadiira sabia,, dictadura dooonait, úuooadf olvide, nada des» atienda, que acuda á todas las necesidades, que sea digna 4^ su destine, que iuspire á la nacioii Manto respeto y ceofianaa para tisfaccion de sus necesidades, á la desapari- |l hacerle aceptar de corazón lo que le ofrezca cioü de su malestar, al logro del objeto de; corno medio de salvarse. Ya que la Provi sus deseos; de suerte que si se le presenta i dencia dos ha dado una Aeina niña, quiera ■quien le diga: «lo qM. V. quiaio os eso; lo - t^— i- * WV. iatonlahMcroaoaolm: h» nodioB Immbres qtn*. no ncrrtnndo á dirigir bien «'1 país, se cnLUcnlrim nuütarazados en MI aii iun (K»r mil obslacuios, que las luas vca's dios propios se suscilan, apelan al fúril medio (!t.> calumniar a la nación, dicitMuio que aqui no se conoce la ol)e(lieacia, que todos están acosUinüirados al desorden, que todos i^nuinui ki que es la (diservHwHi de la lev. Nosotros opinamos de una manera muy diiiereiite: creemos que ou España un buen fobíeiao podrá hacer tod» lo (pie (}uiera; y si se nos pone por delante la c^^rteiicia dé los pronuní'iíimicnl"*, observareinoí* qiH* aquel goLieruu (juc obre de tai suerte que xgUA la jurisprudeneia revoliieíoiiBria merezca un pronunciamiento mas cumplido, aquel gobierno acabara (>ara siempre con todos los proDunciauucnt(».

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