SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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Ahora hay un gobierno reconocido y obedecido en todo el ámbilo de la nación; ahora no evistc milicia nacional; ahora los ayuntamientos están compuestos de hombres pac Micos; ahora hay un ejército fiel á su Reina y tlccidido;i defenderla contra toda clase de enemigos; ahora la reciente viclo^ ria sobre las facciones.revolucionarias mdeá al poder de fuerza y prestigio; ahoni los pueblos tienen todavía esperanza, y no calecen de aliento y brío para apo^ai a quien sosiego: si (íf»jais pasar tan iM^lia oportunidad, dia vendrá en que os arrepenüreis. ¿Costa» eoa la fuem de vMfltro braso, y por esto miráis impávidos i\m so arorquo el momento del pciligro? fculiorahiicna; juto no olvidéis que son inciertos los traiiceí» de las amias, y nray veleidosa la fortuna; no olvidéis sobre tO(ío que iinn nación no es una arena de combate, iúno una ^unilta de bcrmanos.

BUORU DI LA Cmiilim las leyes; y el gobierno ba suspendido per?; ricklicDs ruBüdu bien ie ha parecido; y un ca^ pilan general como Scoaue en Barcelona,, los ha proJúbido por los días que ha creído conveniente; en los últimos nconlcciuiienlos se ba verihcado lo uiisnig por parte de oUpií autoridades; y lioaJneote, bo se podía, |nH blicar nín^funo sin permiso del gefe |)ohUco..

El articulo 7." cslablccé que no puede ser detenido, ni preso, ni separado de su douúcilio ningún espaAÓI, ni allanada su casa sino en los casos y en!a forma que las Icyeüír prescriban. Siele anos llevamos de Constitu-, cion, y durante c>li' periodo se ba visto prender eon arbitrariedad a per^()nd.s de toir da^ clases, atreviéndose á el! i i!» >de los can pitaucs generales basta los comandantes de armas de graduación de teDÍeBte&, desde ka mas altos gobernantes civil^ basta el akalr de constitucional de Ib mas íntima aldea.

Kl artículo 8." prescribe « que si ia seguridad del Estado exigiere en ^iienustaneiaa cstraordinarias la suspensión temporal cu toda la monarquía ó en parte de ella, de lo dispuesto en el articulo anterior, se delcfr minara por una ley: y véase por f|ué ley H ha determinado la siispeBsioii eon iwpedo ni á la parte ui al todo. " » £1 articulo 9." ordena que ningún español puede ser procesado ni sentenciado >aiu par el juez ó tribunal compelente, en vii íml de AITIGl'LO tt.

¿Conviene relorniui' ia (jonslitucion de 1^7? Creemos que, á mas de la cuestión sol/rr la bondad inliinseca de ella, hay una verdad cu ta que han de estar de acuerdo todos los hombre!^ sinceros y leales, sean cuales fueren sus opiniones poltticas, á saber, que es sumamente dañoso proclamar vigente una iev' que de con^nuo se tiene sin oteervaocia. Esto es un escándalo perma-, nente; es acostiinibrar á los pueblos y á los gobiernos al ntenospri'cío de las leyes; es establecer ios hábitos de un mando pura- i: leyes anteriores al deüto y en ia luvma qui^ mente discrecional y de una obediencia for- P estas prescriban. JDejettuw aparte las alroc*7 zosa; lo que equivale á asegurar al país el; dades que se cometieron durante*. In ffoerra, vivir ib' roiunino eon desj)ntisnjo ó nnan|iiia. i y lijé monos en lo aconleeido desdr ISiO. Asentar iiui principio que la hoeícdad luí de ¿urbano en Bilbao y Culaluña uo creemos ser regida por la voluntad del hombre \ no ¡¡ que oliservase muy' exactamente el citado por la ley, es estableeernna máxima de don- articulo, y esto a la vista del ^'oliierno, sia de nace por urecisiun la arl)itrariedad; y es i (|ue los clamores de la ureusa pudiesen atapreciso no olvidar que el hacer una cosa re- jar el horrible escándalo; y ünalmcule, petidas veces, el tenerla habitualmente por i aquello de la idntuíad 4e las Denouas tamr regla de conducta, equival - á bv ir a los poco estaba ttuy arreglado a las foqiHyi Ui^ pueblos: esto es lo único bueno, o ai menos,, gales...j lo único posible.;¡ El articulo 10 dice que no se impoadn^ Ué aquí lo que está sucediendo con la; jamás bi pena de conlíscadon de bienes, y Constitución de 1^37. Se la proclama como i; que ningún espafiol será privado de su proley fundamental, y sin embargo, nadie se ji piedad sino por causa justi|icada de ulüiüaá aliene 4 ella.; todavía mas, se sostiene pala- comun^jart^rm la corresponditnie indeamutir dinamenle que no es posible obrar de otro modo, que el iníringirla es una necesidad, triste, dolorosa, si; pero verdadera, indeclinable.

El articulo i.» dice que torios los españoles pueden imprimir y publicar libremente 8)u ideas sio previa oens^ura, con sujeción il cion. Testigos de la fiel observancia de este articulo son los participes legos de diezmos; testigo el clero pereciendo de hambre niientras se están vendiendo sus bienes.

Por el articulo 1 1 la nación se ol)}iga f manl^ner el culto y los ministros de Ja leJ^r gion católica que profesan los cspaftcte» l9B hedM? 'dipte flHtr^«lamor que Wt lovnnta de todas partes coolniiiliabando- #0 tan culpable.

^por^l miMrio 19 it pMmá ék bacer -'tlt|l>iiu reside on tas Cortes ron ol Rey. tl'limternn. sin t'l conrnrsn de las Cortes, se ha lomado la liberiud d(> hacer ieyes de % mtfor tuBocadencia. Efihoralmeña que BO se las llama sino loyos provisionaios ó decreios, ó que en el preamhnlo se di^ín tres mil real^ anmles de eaotríbocioi por subsidio de comercio. Deseariatiios sa!)cr (1p qué medios su echa mano para asegurarse ae kw requisitos legales del candidato coando se conrecoionan las candidaturas, oi del elpírido cuando le ha sido favorahic el resultado de las uriuis. ¿Se exigen docuaieutos justificativos? ¿Se acompaAea «ob las actas? f.a ley electoral no anduvo tao escrupulosa en esui |)arte, y no creyó conveqoe hagía que se reúnan las ('órtes, v otras j; nientc adoptar medidas de precaución para «osas i)or este tenor, 6 que se use ef nom- I evitar el que se la falsease.

bre de fhrrflo en lugar del de leí/; el efecto es el mismo, y si á tan poca costa se puede ÉMPeasrla Gmistitaeion, con nnicha verdad ae habrá dicho que no era mas (|ue un pedaro de papel Todavía mas; el «lohierno Kl articulo lí) presí-rihe, (pie cada vez que se haí^a elecuu»n general de diputados por haber flapirado el témine de sa enoavgo ó por haber sido disuelto el Gongreso^nde renovará por orden de antigüedad la tercera stn las Cortes hace leyes: y |>or el estremo li parte de los senadores. Un sim|)ic decreto «l^esi», el rey ni ami eoD M8 Górteeno lieflíe derecho a hacerlas. Eli 4840 la Corona •ÉBOcionó una ley volada por las Cortes; wo le pareció bien la sanción al i^enerai de 4BP«|ercitos reanidos y i «nes hombres que se apfliidfiron pue!)lo: pues!)ieii, la ley aanciouada no se dio por buena; vinieroii del ministerio López echó por tierra al Senado entero, cuidándose muy poco de que por la Constitución debieseii quedar las dos terceras parles. Según el articulo iO, cuando se disuelva el CoufíiTso de diputados hay la obligación de convocar otras Cortes y reunirías dentro Vi seguida sucesos traseendentales, ven. de tres meses: el ministerio-regencia no es ^fmnua» Cortes qoe teg^Hamroñ la situé- ¡ enmulíió en alaiifear el plafeo -hasta cinco, eon. I Felicisinio acontecimiento fue para el país ^El aiUculo 43 atnma que las Córtes se la declaración de la mayoría de S. M.; sin ihupuuLiu de dea cuerpos coiegisladores | embargo, v a (|ue estamos enumerando in^ iguales en fnntltadtti t\ Senado y el Con-! fracciones, preciso es hacer nolarquc en el gn*so de diputados. Todos saben á qué se prirncr caso (pie se lia ofrecido no ha sido reduce la igualdad consignada aqui; y ade- posible observar el articulo oti: «£1 Hey es mas esle arUecrlo está en fragante contra- l| menor de edad hasItenmplir eataKe aflos.k dicción con fl 'tT, donde se establero ((in> I*nr el artículo 60. será tutor del Rey nielas leyes sobre las contribuciones y crédito, ñor la persona que en su testamento hubiest 'púMico se prsenlarán primero al Congreso de ios diputados, v sí en el Sénado sufrieran alguna alteración cpie aquel no admita después. pasará a la sanción real lo (uie los diputados aprobasen definitivamente. Esdecir, ({ue lo tocante ócontríbuciones y crédito pnblR'o queda á discreción del Congreso de diüijndw; y asi la votación de ios impues-^■plitrada como arma y escodo de las asam-INoM legi>laliv;!s en los gobiernos represenlitivos, se entrega ai (Congreso, dejando al Senado inerme e 'indefenso.

articulo 17 exi|^ para ier senador el ser espaftol. mayor de cuarenta años, y das de decretos, y esto en todas épocas, en tener ios medios de subsistencia y las demais J que se trasladan, se ponen y se quitan los tÉnwiWlBiiiiiii qoe determine la fer efecto- | jnei^s y magistrados como pinai de qéK tel. Segn» este, el elegido ha i)<> p> ím dre/.. naa renta propia ó un sueldo qne no ttajc «le Kii el.u lu ulo (M) se dice que en enda protieiala nul reales vellón al año, o pagar i vmcia habrá una diputaeiea prevwciai, comnombrado el Rey difunto, ó el padreóla madre mientras permanezcan viudos; la Reina madre fue su embargo despojadaée la tutela.

El aitlcido M diee qteungmi-'flMgisir^r do ó juex po<lrá ser depwMto de ladMdlin temporal ó {»er|)étuo sino por sentencia ejecutoriada, ni suspendido sino por auto ji»-dicial, ó 00 virtud de árdea del rey, cuattdo este, con in()li\os fundados, Te mande juzgar por el tribunal coni|)etente. El cun»-plimiento de este articulo se halla demoir? trado en las eolamoas.de la Cooito, puesta del número de individuos qae determine la ley. nomhniílos por ios mismos electores <{ne los uipuUido!^ a Curtes; y en 'el 76, que uara el gobiem» ¡atener de los pueblos habrá ayuntamientos nombrados por los vecinos á quienes la ley conceda este derecho. Pues bien, el gobierno y sus delegados inB nombrado diputaiMones y ayunlamieníns como y cuando lo bao civ!') v t-nnveniente, á pesar de la elección popular •xigida por la ley fundamcela}.

Por el artículo 71 la ley determinará la organización y funcioDov d(> I»s diputaciones proviocíal^ y de los uyuniamienlos; el kerao Bo ba reptrado'en hacer en una ley las iiiodilicaciones (pie In'rn le hnn parecido.

Lle^^ainos {)ur liu a la parte en que resalta de una ina¡iera e»;caiidaiusa el encaño de que ba aide victima el pais. Se había declanaado tanto coiilra los di's|)iijarros de los tiempos anteriores, ¿a bubia pintado con colores tan negras la dila|>idacton que se hieiera de los «ándales pábbeoe, ipie no pocos incautos «reyeron que cemojanfe^ fv>afes, ó se atajarían del todo u.se rumediariaa eo gran parte, viendo consignado en -la Constitución (fue todos los afíos el irohierno debía presentar á las Corles el presupuesto peneral de los gastos del ICül^tdo pura el afio bi^uicnte, y el plan de las contribuciones y medios para ?lí'ii:;rIos: romo nsiniisiiio tas cuentas ue la recaudación c inversión de los caudales públicos para su examen y aprobación ^articulo 72); que no podría imponerse ni e(riirarse ntiiíTMna contribución ni arbitrio '¡nf <-^ tuviere autodzado por la ley de pre^upue:»-foe á otra especial (731; (|ue i^nai autoriaacíon se necesitaba para disponer dejas propiedades del Kstado. y para lomar caudales á préstamo sobre el crédito de la nación (74). ¿Se ba obeervado nada de esto? ¿ No se ha visto repetidas veres cobrarse las contribuciones no votadas? ¿Cuando se han cxami- ' nado con detención y pulso los presupuestos? ¿N'o se han sucedido unas á otras las ^mtQfizaciones abdicando las Cortes el dofeobo de examen? ¿Ha habido época en que ne baynn verificado en masabnidaneia contratos'clandestinos y ruinosos, en que se hayan levantado mas d(^scaradamente forittúas colosales, iusuUaiutf» al exhausto Erario v á la miseria pública? ¿Todos esos ar~ tieiiíüs relat¡\osá coiilriluu irmes, todos esos dcfiM'hos de vigilancia oturg;ados al |)ais, toda:: esoí» precauciones contra la dilapidación do los caudales, ¿ no han Ádo. y ai^ m C4>nfes¡on de todos los partidos, tina \m\yi\- deute mentira, un ultraje hecho á la nación, UR medio para arrebatarle sus tesoros, oacureeiendole la vista con la polvareda de los motines, ó tapándole los ojos coa ei vei» ée la bbertad?

Kii el articulo 76 está preacril» «pNrtai Corles lijarán todos los años, á propue--í;í del I rey. la fuerza permanente de mai- y Uerra. ¿ Úuc gobieino bi atewvado «el» praaeñiK i cion? ¿No se pBooede en esta parle coatí mismo deseruharaxo ^pie en» ViaM« ÜQfflÑi 6 San Peler&burgo?

I Conforme al artículo 77 y últin*, htM I en cada provincia cuerpos de milicia nacío- I nal, cuya orjíaiiizacion v servicio se arre- ' glara por uaa ley especial, tliúnamenle «1 I gobierno ha deaámMáo toda la- nilicía nai cional de España: y por eit rto que no le ba becbo ni le nace mella k> mandado en la ley fundffmenlaL.

En la reseña anterior hemos prescindido de la nerrsidad ó utilidad (¡ue pudieran haber motivado las iuíracciones; no hemos boj cbo mas que lomar acta de ellas pura ^ I se palpase que la ConstiUicioQ de {s:i7 era I hasta ahora una solemne mentira, que no bubíu leiiidu ui teaiik aplicaciou eu el pais,, pues que se la ba qnebeuitado y se la esta i quebrantando en su-- p;trtf's esenciales, j Si dccis que para el bien del pais ha sido necesario proceder -de esta manera, os preguntaremos si puede ser owveBÍeule van Constitución cuya obs»»rvanr¡a s»';i ií>eoit>-palible con el bieu publico; si aúadi.s que la causa ba sido la guerra,' os. reoordaramas I q^ue esta concluyo en 1840; si achacáis ¿, Espartero la culpa, os haremos notar que '■ Espai U^ro desapareció de la escena en julio ' de 1 843; sí atribuía el mal á la maeite, en replicaremos que los escándalos mas eslric-: (ámenle constitucionales se han visto des-|! pues de la declaración de la mayoría, puea ¡I comenzaron nada menos que en el preaih' ¡ denlo del consejo <;\]U\o del parlaiueulo, y j en las C()rtes donde se hizo la apología dé < quien ultrajara á S. M. \ Basta tener sentido común para conocer I que el vicio está en la raíz, y que alb es preciso aplicar el remedio. Los que no quiej ran confesarlo será preciso que sostengan la conveniencia de vivir bajo una ley continuamente infringida, a lo oue ciertamente 1 fiuera preferible la ausencia oe toda ley.

ÜiQiUzeú by Google Los que iial)lan ili> Ins Itn t^s or^áiiiiras como (io (iiiii |Miia<-ua, iu> a(l\ ierl«>n ia coiitlMÜcciuii en (|ue iiuuiTcn. I>i)s son las u\H' nÍMes sobre el liarlicular: uuos creen que es preciso orfíanizar el pais gulwrualiva- UMMile, siu couUir para nada con las Corles, proponiendo a lo luas el pedirles con el tiempo un hill de indemnidad, como si dijéramoH usurpar cou esperanza de condonación: mientras otros, reconociendo la imposibilidad de organizar con ia intervención de las Corte», quieren uue si; las tribute un bomenaize, obteniendo (le ellas la autorización competente..\nd)as opiniones están de acuerdo en que es imposible organizar el pais observando la Constitución: ambas CMvicnen, pues, en que para plantearla es ■ecesario comen/.ar infringiéndola. Los partidarios de las autorizaciones opondrán el que ellos no la infringen; pero nosotros les haremos observar que su elusion e(|uivale auna infracción. En efecto: el articulo \i prescribe que la |)otestad de hacer las leves reside en las Cortes con el rey; y el hacer no es lo mismo (pie autorizar para hacer. Diréis que salváis la letra, pues que el gobierno es un delegado de (|uien tiene la potestad; pero ¿como se hace esta delegación? Helo aquí traducido en ciiste-Itano. «Cortes formadas con la Constitución, con vosotras es imposible hacer nada; el INHft Decesita leyes; vosotras debierais haeerias. pero no tenéis bastante juicio para ejecutarlo, y sobre twlo no sois capaces de sobreponeros a las pasiones <|ue os trabajan, para verilicarlo en el breve espacio que se necesita. Si vuestra mayoría es anarquista, las leyes saldrian anárquicas; y si no lo es, la mayoría carecerá di; medios fiara vencer los entorpecimientos (fue le opondrá la minoría. Conoced vuestra flaípieza é impotencia, y revestidme a mi de un poder que vosotras ejerceríais tan mal. Declarad que necesitáis un tutor, y encargadme á nii de la tutela.» Digas*' si esto no es un insulto que mereccria que el ministerio fuese arusaflo en el acto como reo de ultraje á los cuerpos colegisladores. Pues bien, a esto se reduce el sistema de las autorizaciones: por manera (|ue el hipócrita homenajre es un verdadero vilipendio. Mucha nías franqueza hay ciertamente en la opinión contraria: ella también alirma cpie con las Cortes no se pueden confeccionar las leyes que ha menester el pais: pero al menos no viene á pedir á las Córles una auld-. ri/acion (jiie equivale auna di^claratrion d? im|M)tencia.

Ademas, las Cortes ¿ concederán esta autorización? ¿Sí ó no? Si no la ooncedenv ¿qué resta por hacer? ¿Sera preciso condenarse a una série de calamidades sin término, por motivo de la negativa? Si se ha de pasar por encima de la voluntad de las (iórtes, ¿con qué objeto se la esplora? Pero estamos seguros que la coiiceuerán, v en este supuesto obramos. Entonces (íecid francamente: si no nos la concedieran, también nos la tomaríamos; no gastemos \mcn el tiempo en vano, ya que de todos modos estamos resueltos á seguir una misma conducta.

¿Y qué leyes son esas de que se trata? Nada menos que la de ayuntamientos, dí- Kulaciones provinciales, milicia nacional, bertad de imprenta. ley electoral: es decir, la aplicación de la Constitución en sus puntos principales. Sin esto no fiuede vivir, y en esto no puede ella tomar parle; ¿qué institución será esa que ant4' lodo debe guardarse de si misma? ¿Cuál sera su naturaleza. cuando su existencia es incompatible <^n el desarrollo de los principios (jue entraña? ¿Sabéis lo (¡ue decís? ¿No veis I que comparáis vuestro ídolo á aquellos rep-I tiles (fue se matan con el veneno de su pro-¡ pia picadura?

1.4 ESPAÑA Y LA FRANCIA.

La Recisla de ambos mundos, dando cuenta del ultimo cambio ministi'rial ocurrido en España, y hablando de los señores Mon y l»idal. se espresa del modo siguiente: «Intimamente unidos por parentesco rt simpatías c(m el difunto conde de Toreno y con el señor Martínez de ta Rosa los principales agentes del nuevo gabinete, han.seguido constantemente la fortuna de esc gran jiartido que es, ahora mas (pie nunca, el verdadero partido nacional, hi monarquía de Isabel Ii y la lilmrtad conslUucional, ia aplicación de las iiuirimas francesas y la alianza con f rancia; tal es el punto lijo hacia el cual ha gravitado la K^pafia dui-ao^ •eflte eríaii Aoee allM. ftempre que el país, abandonado á sí itr(i[)íó> lin yxiilirio siirnifirnr 8U vcnladera voluntad, luí conliado el |>oder á kws hombres cuyas crcoccias jjoliticas se reasnmen en esta doMc fórmula: siempre ha apoyado n los señores Martirü'T '.h' la Rosa, Tóréno. Ofalia. Isluriz, ctc» Sucesos funestos, ayudados ñor intrigas esMogcras, son ios ún ICOS que nan podido dsstintr en eíeriss períorlos r^tn< i»' Juf^nrins, quc r(i»Mif;Mi en 8U favor con laudítesiun de la grau mavoría nacional.»

Asi comprende la Berista de ambos mnndos las necesidades de Kspnnn: asi fnmuila el sistema que ha de labrar nne^lra dicha; asi euenta eonrn parte ef^nr ial del ^wemo do los niodorados la íiplicurioii (fr!iis ju/i.rimas ftgncesas y la aitanm ron la t rancia.

Nos abstendremos por el momento de decidir hasta qué punto sea verdad lo q^ie la Hevisla atribuye, á los moflfiados, Hmitán-•«bnos á espresar nuestra opinión sobre lo ftmcsto de semejante sistema. « ¿Qtié son las másimas francesas? Es el predominio de lina t ía*»' que no puede pre- <lomiaar en £:>j>aíia, por la gacilla razón de qüe es tan redocida ifnc bien pnede contarse por nula. En eforto, no lonomos aqui esa ' democracia culta y rica, pero caprichosa y mudable, por prescindir de otras caliíicacionw t <{ne se ha estado fermando en Francia durante el último sif^lo, (pie ha continuado deseavolviéndose en el seno de la rovoiucion. y que ha acabado por trínnliir definitivamente en 1830, avasallando completamente al pueblo bajo y á los restns de!a antigua nonlcza; la propiedad no ba sufrido entre nosotros esa mudanza profunda que ha espcrimentado en i l vecino reino desdi' ITí^O; las costumbres esj»;iriolas, si bien notablemente alteradas, no han pasado por una serie de trastornos tan colosales, ni han estado amasadas y amoldadas ñor l;i m tno férrea de un gran capitán; la Reli|;ion uo ha estado cspiiesta i vn siglo de Yoltiiire, y A otro medio siglo de incesantes ataques; no han cundido pnr ta genemlidnd del j)n('hlo lolibms donde se vierten las doctrinas innovadoras; no han descendido hasta las Infimas clasíís con indecible pmriisioii, lo < periódicos, los folletos, los escritos de todos {géneros, en que bajo las formas mas variadas y cscitantes, se siembra la incrediilidad y el eiiccpticismo, se corrompen la« cn«tunihre55, se exaUa la fantasía hasta el frenesí, y se coumnev6 ' eottfnMvaaMüM i4 cflttMini ' 'I^éiiib con descargas eléctrifas y emisiones ^tíIváfiiens". Nuestro estado social s**m, pues, muy diícriHite del de Francia; nuestras necesidades Hmy distintas; las máximas quft'enliie nosotms bnn de reirir. nada pueden tener de semejante con las que dominan en l»am.

Tan distantes efítames dn ci«cr que pucsda sernos conveitiente el oonseío de la pista, que antes hi( n l imos pmfnndaniente convencidos de que l<>s hombres del partido moderado que pretendan aiemnar |;foHa haciendo el bien de sn ]>olr¡a, han de trabajar |)or despojnr<r mas y mas cada dio de las simpatías tpie pudieran tener por el sistema francés. Los verdaderos hombres de Estado no se dejan destninlmr por la brillante/, de las orillas del StMia, ni \mT la com- £ asada regularidad de una administración ien ordenada. sin» qne estíenden mas allá sn vista; calan con ojo e^írndriñador en tás entrañas de las sociedades, examinan detenidamente sn intima estmetura, pronirte conocer las leyes v las condiciones necesarias de su existencia y felicidad, y apreei;indo en su justo valor lo que han visto en ei estmngero, se gnaidan de introducirlo ciegamente en su país á ííuisa de modistas.

Oeemos que estaran convencidos de estas verdades algunos de los hombres de quienes haManos; y hisqne conservasen todavía preocupaciones francesas, los que se imaginasen qne es posible plantear en España la potftiea interior del reino Teeino, y (pie con esto cabe asegurar H órden'y iMhcer la felicidad d(^ la nación. deseamos ardientemente que se abstengan de la pretensión de froltemamos; que en «lio se inteven la traiupiilidad pública y el porvenir de nuestra palna. Bien pronto heirnts de ver si será este el camino que se emprenda; en tal caso preparénwnoa para nuevos disturbias: ma y mil veces se mndará la decoración para repr^ntar la nusma pieza; nuestra poUtica interior será la tela de fttialape (4 ).

Kn cnanto á la aliansa con la Francia, canee hlmos mny bien qne pueda convenir a esta iiaciou el estar aliada con nosotros, poro no vemos tan bien «1 qne nueda interesarnos á nosotros el estar alia(l(>s con ellii. ¿Para qué nos hemos de aliar? Toda alianza tiene un objeto, y oo alcanzamos cuál será P (i) Vate lia vKto.

»4a dotstion en el sentido del | coa iiitert'S españd. A nadie htim< d ■ li n cr la ffuerra; de nadie nos hemos de licícuder; m dflMiveniMeia^ y haaU has guerras eoropMiMMUiliMNii4|iie ferooiv nosotros que m fW'^tMMtH^s yn provincias en Flaiulcs ni on ÍUitíi; Ukíus los eventos ki ijue nos vtíuw la aMMcalriela BaalraMad. Ya que b Fiiropaba tenido serenidad bastante para roiiiciDuIar como nos degollábamos por espacio de siete años, cual los pueblos anlipos asisliui al espectáettlo de oombateB sanírrirntos, cuancío n In Europa le tnquo (*\ torno de las ralanikiades de la guerru, no penuitamos que corra la noble sangre cspa-Aola, 1^ jtan tevonnrer á los potentados del Norit', rn prtrn sostcncr á los descendientes délo? tHtldados de Napoleón. Recordemos que (l'-n cu lo inlerior, que conserve y roinenlc« nuestra uacioaalidád, enlauiodosti lo nuevo* con lo antiguo; na abdiciHido los gloríosoa recuerdos de nvaüfa Uitoria, ante»^ bien alinienlándolas sin cesar con el esplender fie laReligion y de la inonarquia; cuu una [loliUca prudente y Heaa da difiaiM, nm no efNsfta rivalidades en lo esU' l i li \ p: nos inaniticste resueltu!^ a «¡ohteuer a todo Iraticc nuestra inde|H;iidencia; con un acertado sislena raatrictivo «pie proteja deMimeat»-nuestra industria, sin negarse tampoco á hs reformas cuya necesidad vaya demoslraudo' d tiempo; ¿on una sabia adtninistracioa e» las<eolont«i, que prereaga las rcM>hicidaea V anmenff l i f»r(>sjyerldrtd y dicha de aqnó-^ lios ricos ilofoues de la diadeoki espaftola: deqweB de haber salvado á la Europa can un I asi débenos luchar eon la laglatorra; eos heroísmo sin ejemplo, no se oaotó para nada cnn nmsijlros m los congresos enrofM»os, y qae ium rivalizado ea tratarnos con desden, loa esa lacha filien, incruenta, honrosa, que al propio tiempo que nos conciliani el aprecio de nuestros «idversarios, uüs poiiüru a como loa diplomilicas de I cubierto de peligrosos asares, ea que pudiése las altas pc^ncías. ¡Las franceses (pie (tejaron imponer la ley por los ejércitos aliados, los diplomáticos del Norte que temblaban al oír el nombra de Napoleón y le pedían de rodillas la pa?.. á la Españ i ihp juro feslvar su independencia sobre los cad<i-«^pwiusiirti iMtados dé Daois y da Velsi^ de, que vengo con el heroiSBio de Bailen las cnieldades del Prndo, y que fue á pedir cuenta de la villana iuvasioa de 4ti08pasaaido su «stmáBrle vmoedar porel meaia- i dia (le la Francia!

En lo tocantií a la polilu^a eslran^'era, la aUanzacon la trancia sena uu medio seguro para escitar la rivalidad, los celos f luisla lii;:lalerra; y pw ramos peixler lo que nos res(n t!r las antiguas |)osesiones, y envolvcnias de nuevo ei» espantosos itaslornos. ' ■ ■.

Las naeiones aono loa íadividin^ debeir vir inpre contar con sns propias fnerraf; mas que con el auxilio ageno; de otra manera sedesaprovechan las mas abandanlas recnnos.

no se despliega energía, y esperándolo todo de los demás se ("if en!i(|ii<'lla jwistraciorv que, comenzando por emperezai ia acciuu, Bcabapor esliBgnirla vida. ^ • i Ademas, que en case de im conniclo con la Inglaterra, ¿créese por ventura que la Francia nos sacaría sanos y salvos del peligro? La Franoia, ya i^r su estado^ social ^ iiolitico, ya por s\i situación con res|>crlo a las ésDias potencias, uo quiere ni puede aventurarse a las trances de una guerra: loa belgas le orreeíeron una corona y no se atrevió á tomarla: no qniere el matrimonio de uno de sus principa coa la reina de España por no mrosirm" tompromkim. Y <i«n cuando se decidiese en nue>tr<> fas or. ¿qué conseguiríamos? Si la fnfrlalerra iiilenlase dañamos con la fuerza, nu lo baria con ejercilus sino OSA amadas; y en esta arena la Francia esr Iras colonias, para qne hayamos de espo- I] ta niay lejos de pofli r < nnipctir con el colonemos á sufrir iasa7.arosas consecuencias de U so británico. Este es un heclto ya muy sabían roTolucíaa en l^rís, ó de una guerra en do, pero qiM se ha ccnfirmada reeieirteaien- HRhíatl No hemo'; de fiiiardarnos de la In^ílalerra tílro lado nos produciría también el desvio és laa demás petaneias de Eurofm. En el ««- tado actual de lo Fraada, cuando ha ahan- (fnnado n 1;i Polonia y á Mehemet-Mi, cuando las grandes toesliones se resuelven con elastafleede ála reeolneion, sin ella si se niega, contra ella si se resisto, ¿qué ventajas pudiera acarreamos la alianza francesa? ¿No tettein<^ bastante cuii>pücaei(tn interior, es con respecto á Buespw medio de abanzas con la Francia, «luu e eii un escrito del principe de Joinville i.hic hf mnnnn Tmnersa. Kl joven marino, 1 después de iiabcr comparado las tuerzas uaso pais ooD las de Inglaterra, se ssa do esía «mpHc • f Pcnn^n me lia sido, i'lodo el curso de estu peuuefto mrito, el hacer sttfrírá mi pais m «ftielm pmrmtgon con otro (juc tanto le adelanui | //uí le ántrnce de ai loin) en la ciencia de suí< intfrcses; ■ penoso me ha gido el descubrir el secreto de nuestra flaqueza en preteneía del «nia^n del |K)der de la (iran Bretaña; poro tendría á dicha si con la sincera confesión de estas tristes verdades, pudiese disipar la ilusión en que se hallan tantos hombre» juieioflos sobie el estado renl y y)osiiivo de nuestras fircr7.as navales, y decidirlos a umr »u voz a la niia para demandar las salada Mes reformas que puede dar á nuestra marina una nueva era de pujanza y gloria. t» Asi haMa un hijo del rey de los íranccses; id ahora, espolióles flasoB, y dMinés de haber portairbado vuestra patria con la aplicaeioiif de máximas disolveules, por el prurito de imitar, unid ^niestra suerte con la d» una nadon que esta amesazada sobre el Rhin por los ejératos de lina roalirion europea, v que de la otra parte del canal de la Mancíin contempla inquieta las inmensas 0otas de la Gran Bretaña, y que {)or boca del hijoda au rey conliesa el gecnlo (ff.st! flamesa en presenóia del auh dro tUt ¡ioúerio m inr'nal^ "BBAoDee9<; fái»4alcoBresÍM deV mnto de íu flaqueza, esplicado está el.scrreln de la condescendencia de M. Guizot, y de sus deseos de intima cordialidad con el gabin(}te «it San James. Bien sabe al uMnielro que las bravatas de la prensa parisiense m» oerrarian un solo paso del Rhin, ni apreslarian una vela ni un vapor. Entiéndanlo nuestros b(mibres de Estado; y ya que algimoB de nuestros literato») se íian proptieslo re|!:enerar nuestra reUgitw, costumbres y Utaratura e(m las'fiMiMcíáiies de las márfpeneadel Sena, sobre todo con las del famoso Eugenio 8np, y las de la célebre Jorge Sand, esa muger cuyo delirante entendimiento ri-^ vaNta con las afwtinras de m vida y la enfermedad de su corazón. s«>pan ai menos ronocer iiueslroü goiiernaules que, asi en la paz como en la guerra, necesitan las naciones algo mas qne el auiilio de vaporosos discursos, de ^ueñn^ hrilinntes y de alardes impotentes. Recuerden que mientras laKranda está presenciando la estéril hwha de sos oradores, como si tuviese líeinpo de sohra pra ^'íi'^fir -i rnrii!>ates académicos, el.\nsina Aom^ tres días las revoluciones de Italia, la Rusia' lleva á cabo sos' en Oriente y Orcidt nte, y ta fnglaterrá r\v.pbranta el poder de Mebeiiiet-Ali a la vista de. los ahnirantes fraacetea. y derr^M á ertén»» zos las barreras que tiene eenradafi el imperio (!e l:i rhin:i;il rotm^rrio europeo, fcsto sin duda es algo mas elocuente que un aníe caAo del IKorj^ «I» JotMtfllit, rdevAat/liii» lo Algo mas grande que las nerviosas convn)*^ siones de unlance de novela.

MtifridSdejunki deUU.

¿Cuáles la mejor forma dr irnhinrnn? Muchos son los que contei>t<m rotundamente á semejante pregunta; ma« no cruemos que esto sea lo mas aaeitado. PaféeOBaa* qae la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿de que pueblo se trata? £nctiecto, nadie podra soalcaier qae una naaDA iMna ata la qnn conviene a todos los paiflaa, poes que la razón, la historia y la eapariaMía domuesuan lo contrario. ttié^^m^ LoB que defienden la repúUiea aama il )eIIo ideal en esle ¿rénero, debieran decirnos SI es |x>>il)le eslaíjiecerla ni en Turquía ni en Rusia; habrán de confesar que seria un delirio, y que si por «n momeólo se realizara, producirla es[innfM'.;i'. cntnsfrofps. de las na^ia el desuousiuo. Im wu»uio se veríbcaria d^ ks puntos de Asm y de Atí^ ca. Con respecto á loa eivaiaadaa da Baiapa» no l)Hv hombre de juicio que pueda negarla imposibilidad de plantear deb&itivaneiita el giatema i«pablicato,.y lae lerrihiea ealam»* dades que de solo ensayarlo hahian de resultar. ¿Dónde está, pues, el helio ideal? Se dira ({ue el estado social lo hace imposible, cierto; mas ¿ por veatnrá padeoios formar á los hombres como nosotros los deseamos? Preciso es tomar las amas coioo sou en si; de otra suerte, dígase que se trata de dar rienda suelta á la fantasía, no de eaoogí* tar fornui'^ de irohiemo aplicables y útiles, Aun suponiendo pueltloa en que sea paa»^ Me la repúhttBa, nada habaenaa adahalada para establecer una tesis general. Esta ht^ ma de gobierno es susceptible de infinifas gradaciones, desdad mando de ujia an&to» ÜiQiUzeú by Google cnMÍa esconda y po<-o uiimerosa., hasta ti ire(ioii)iiiio di; iu utas iiiliina plebe. AtiMiar>. Liiiiajio, Koina, \ ruccia. Suiza, Eslatlosl ui<ius, suü numiires de repúblicas lauiotias; N uu ()b>tantc, ¿nos recuerdan acaso una mísuiu rt>riiia do gobierno? No: algunas de illaá qui/as disleu loas eiiUe si (jue de ciertas nionarauias. ¿{}w lenia de semejanle la república de Veuecia con la de ios Eslado»-L'BÍdüS?

Los que opinan en tuvor de la monarquía tampoco pueden asentar sus doctrinas sin las aMTespondienles limitaciones; pues á mas de que la palabra munaiíftiia es sumamente vaga por encerrar muchos y mu\ dileaMiles siiuiiticadüs, no es verdad, aun limilándo- Bosauni» determinado, que sea |>osible señalarle tal que sea el mas conveniente a lodos los paises. Monarca es Luis Feli|)«, y monarca era Luis \1V; monarca es la Reina Victoria, y inunana es el autmrala de las Rusias: monarca es Isabel 11, y monarca era Cérlo6 ül; y sin embarco esas monarquías no soo nada semejantes. Aun concietaudouos á la;i!wi*iiit;i, aparte el (les|K)tismo y los {í(vbi' presenlalivos, se puede asegurar que hay entre ellos diíereocias |)r(>fundas. Jlbsoluto era Fernando Vil y lo fueron Uxin- Meo sus antecesores; pero la monarquía de Fernando Vil no era la de Carlos Ui. Presciodiciulo de varias circunstancias ^ue la luodilicaban y ia sujetaban a condicioues muy diicrenlf^s, basta considerar (|ue babia la nueva institución de los voluntarios realistas: Iu (|ue en nuestro conc^epto es de t<mta tiaiiceadencia, <pie afecta profundamente la misma forma de gobierno, asi como es cosa muy distinta la Constitución con milicia na* cionnl o sin ella.

Pero demos que a la monarquía absoluta K^ledé una ace|K' ion lija, abstracción hecha de las modiiicaciones indicadas; ui aun asi es verdad (pie sea para todos los paises la mejor forma de fi(jbierno. ¿t)s atreveríais a ensayarla en lof^ Estados-Cuidos? Es impobibie. Pues si es inq)osible, no es allí lo nejor. ni lo bui'nu siquiera. En Ini^laterra aohay fuer/as humanas ca()acesde establecer el ab^ulutísmo; luego |>8ia allí no es lo ■aior, ni aun lo bueno. De la Francia, Beigiea y Holanda se verilica otro tanto; y no ea fácil decir lo que sucedería si se intentase lo aiisnm en Succia, Noruega. Ba\iera, Sijonia. Hannover y oíros paises de Alemania donde existe el ¿gobierno repreüeutativo I «on mas ó menos latitud. Tenemos, pues,' I (pie en una gran parte del mundo civib/.ado el absolutismo es imposible. ¿Que nos quer da. pues, de las teorías en que se le etitiH blezca como lo mejor? Lo será para cierto* paises, mas no para otros; pues en cosas I que deben reducirseá la practica, lo imprac-I ticabb^ no es lo mejor ni lo bueno. 4 I La cuestión de las formas |K>líticas es un escclenle tema para discursos acadt^micos: en pro o en contra de estas ó de a(piellas pueden campear a sus anchuras la eriidiciou y el talento, |K.'ro las generalidades sirven I de puco cuando se trata de la aplicación. Encontrar la mejor forma de gobierno para un paiá es uu problema complicadisiiuo, y ningún problema puede re.^iolverse sin tener a la \ista los dalos necesarios. Salid de la academia con ideas republicanas, o monar- (|uicas, puras ó representativas, y echad una ojeada s(d)re el mundo: ¿hallareis por ventura los hombres y las cosas tales como las luibeis supuesto? lulinita variedad, profundas diferencias en religicm, en costumbres, en carácter, en instrucción; mil y mil condiciones de que en la discusión no os hacíais cargo y de que do podéis prescindir en ia práclica. Como pn>fesor teníais una libertad que no tendréis como hombre de estado. Por estas consideraciones, á las que en I nuestro juicio no se puede objetar nada s6-