I lido, no comprendemos los sistemas inflexij bles en pro de esta o aquella forma; no al-' canzamos como se puede invot^ar sobre la humanidad el esclusivo predominio de ningún principio político; asi como no concibiii-I ramos que puuiera sostenerse la necesidad ' de construir en todos los climas las habitaciones por un mismo estilo, y vestirse de la misma manera. Dense el clima, la ocupación, la ricpjeza, las costumbres de los habitantes, y entonces se podrá decir algo sobre el albergue y el Irage que les conviene; ¡ de lo contrario corremos peligro de vestir con delgadas y ligeras telas aí habitante de los hielos del.Norte, y de sofocar con tupido paño á los moradores del Trópico. Mas de la propia suerte (|ue en matemán ticas no se pueden resolver los problemas i particulares sin los datos particulares, y esto sin embargo no ini|»ide (pie a veces so tenga una formula general aplicable á.los diferentes casos, con la simple traducción do las cantidades generales en cantidades jiartitulares, y. a>iLlaümudiü(;ai;joucü <üig 4iA.iUih Uirnleza del objeto exige, asi también en I polilica nu dejan de existir ciertos principios qac pueden guiar maobo-en la practica, con tal í|ue (juien de ellos se vale iM)sea los conocimientos y el tino necesarios para apliearios debidamente.
SI ^biemo no es un ser abstracto que pueda prescindir de la realidad de las cosas; ■ oi es tampoco de tai n4luralexa que le sea i dable existir sin el ooncoiw de la toeiedad gobemadaj De ella saca sus fuerzas, de ella vive; si ella no le presta su auxilio muere ' de debilidad; si ella le ataca perece. No bay: gobíereo ipie pueda sobsialir ñ está en contradicción con los principios é intereses que dominan en la SfKiedad: todo íjobierno (jiie dura (y en esl4i luateriu lu duración uu se; cuenta por breve temporada), indica que i los tiene en su apoyo; y este es el sentido racional y verdadero que debiera liaberse • dado á la palabra sokramfo nacional; es detír, el dominio en el órden politico de la que domina en la sociedad, f.uando veis un líobierno sólidamente.establecido, estad se-; gÉM áe qué^liene én an (bver el voto del | país, que está sostenido {)or los principies é intereses dominantes on la sociedad: aun cuando veáis una monur([uiu absoluta no di-, gais que hay opreaion, contad que el sobe- I rano no re ¡)resenta un poder abstracto; contad que tiene algo mas que sus títulos de, nacimiento; si la diadema está lirme sobre j su calieza, es qne la nación se la sostiene; ¡ si su cetro es Inerte, señal es que ba recibido el temple en las entrañas del pais. £1 ¡I Rey reina sobm Is nación, pero la nación •béidece contenta porque reina con so Rey.
Determinar, pues, la forma de gobierno mas cuu veniente para un ()ais, es encontrar.i eífwriiode hacer concnrrír en «n pnnto to-!| das las fuerzas sociales; es bailar el centro j de gravedad de una gran masa para ponerla en eouilibriu. V es de notar, que asi como socede oen freeoeneia en los cuer|)os físicos I que este centro de fíravedud no comcide con el centro geométrico \m estar formados de partes heterogéneas, y por consi^^uicnte en desigual proporción lasmms, asi tanbien, en los morales el gobierno á veres se ineli - na mas á un lado que á otro, y admite en su seno mas elementos éé nná elase que de I otra, á causa de que estos se bailan distribuidos también desigualmente en la misnia, sociedad. Al contemplar el ediiicio político i cial diría que está mal aplomado por iiiett> uarsc tan visibieoieote hacia la aristoo-acia: y sin enbergo, su larga dnraeion BMmiaaliiif su solidez; y la razón demuestra que es Itreciso que continué de la misma manera, lasla que una mu('.-inza veriíicada en la sociedad traiga consigo la mudanza política^!* Asi es, qne habiéndose modilicado el estado social por el progreso industrial y mercantil, la posición del edificio politice se ha cado también sobresMUiera. SI 8ÍBlemii||||és •^ería actualmente imposible on Francia. á (-ansa de la estreñía división de la propiedwi y de la preponderanoie de la elase nedliÉN4* Apliquemos á la España estos principios, considerándola no como fue, no como d^ñe-v ra ser, sino como es. ' ^ ^iniK h0Ht^ ¿Es posible el absolutismo en lodi láneipA tensión de la palabra? ¿Tendria en su apoyo los principios é intereses dominantes en el pais? ¿Seria esta forma la verdadera espre-^ sion de las faenes sociales?; s t - i Kl absolntisnv) en España pnede ser de dos maneras: para mayor claridad y evitar largas esplicacioiies, lo perBo«lfiottaMt<«t* dos reinados: el de Garios 111. y el de PatM^ nando Vil; ó si se quiere de otro modo, y hablando el lenguaje de nuestra época, el absolutismo de Don€árlos.
El absolutismo de Femando VIL se concibe si hubiese reinado su hermano; pero* ocupando el trono Isabel II, es un absttrdoír Las condiciones de existencia del trono de esta l'rincesa están en contradicción con semejante sistema; desde el momento en-qwi» ella lo estableciese, saldría de la boca de> todos los partidos esta pregunta: ¿Oué objeto lia tenido una guerra de siete aiVos? Bl diftmie Sr. Arguelles dijo en la neside de 9^ de a^7)sto (le I s:?7 unas palabras (pie levantaron gran jíulvarcda y escitaron \ ivas reclamaciones, i>ero que sin eml>argo entrañabais una verdad polllica de mucha trascendeaeii>l en ellas estaba espresada la causa de la guerra, en ellas venia formulada la cuestión poli--, tica que Se habia queiido hivelnerar )m cuestión de legüimdad. «Absoluto por dM*»< bitn, (lecin, para mi es meior 1). ('arlos qne doña isaliel, porque aquel tiene simpatías de otra natwrnieaa, pveeee nn déspota qm tiene la edad en que está libre de pasiones, tiene asegurada su descendencia, y profesa ■ ideas en que están imbuidos una gran parte de MiMes, éa teetiriio MiiaiieipetU I Digilized by Goügle -tuú la Princosa, nn r<!nn fíTcil sefuilar el (Jeseneran duras, mas no sabíanos lo qu»' á oI!í»s [Hiiliera contestar un hombre de Kstado. I ratar, pues, de establecer hajo el reinado de habel II el abtohitisnw) (fiie hubiera establecido T). ('ar!o<;. r«; cjunhinr radicaltiicnte las coiuücioDes do la eiistencta del trono: loe» fKnt wMfites hw finoiM iMOCisiini'ite cierto «leneato, toen del eml no poeden fivir.
La iiu>nan|(ita de Femando, tal romo la hriiiM fafldio Im iÍ0Mnim iísiini^^címb dr 1N1 á y 1S20. y los (lrsnciorl(ts de 1814 y iHi'.i, era muy diferente <lr la niUigiia. RI rey era naturalmente el gefe de un partido, el 'imto estaba sostenido por una democraria realista. E>Ií» licclio se presenta bien claro cu los actos de aquella época, y se | wmámetlttL de bolto en la imtitacMNi de los I V'o/vii/iirMff>fMiMita»;veidedera f^mut^iudaduna que á su modo emblema de la soberania popular, que rechazad el sistem eemlitaoioiiel y aelamabe a) rey abmlnlo. Una ve7 aceptado este papel no le era posible al mismo Monarca dejar de represenlace; f)ero en uuo y ulro caso es bien segu* ro (|ne el drama costaría angustias é infov^ tunios á las Reales Venonia 7 graadeacal»-midnrir'^ a la nación.
Lomo quiera, aan cuando una berie 4» «cemeoímieales estraoidhiaríoa oaleoaBe (a oorona en b»s sieaes dd mismo D.. Carlos, ereeinos que serian impotentes y funestos los esfuerzos para establecer el mismo sisto^ ma que ein dMoaKad is» habiera plaiiteaéD en IK33. Vnn revuhicioii ijue ha nemianeci- (lo once años sobre un país, deja nueüas demasiado [profundas para i\üí¿ puedan ser l»orradas de un golpe: el decretode 4 deootn^ bre l ' fH2:? puede muy bien ocurrir en un mouienlo de exaltación á un espíritu irreflexivo; pero la roena de las cesas wiidrie á niaaillpetar que no eatá en mano M hombre parar el tiempo en su carrera, manto menos hacerle volver atrás. Estas cunviceienes creenM» que las abrigan mochos <f(K en otras épocas las rechazaron: mas no sen'i dañoso reeordarlns, v prnrnrnrqne se afrailarle; so emancipación dehia ser obra del I guen en los huííuos, pues (pie podrá muy tiempo, el cual efectivamente iba moditiean do la -iliiiiHon, dejando al soberano ipic ebrase cu región mas elevada fuera del alran- «ede las pasiones populares. El Ironode Isabel ae ¡eraitó y se sostuvo contra los elementos qne apoyaban el de sn nn_vi<fn padre: véabien suceder otie «eanecesarío no oividailaa en aliruna de las iírandcs n i-ts qn!-;il parecer entraña todavía la oscuridad del porvenir.
¿En qué consiste el otro sistema de absolutismo, que se ha llaniado despoiismo ÜH^ . pues, SI le sería posible cambiar de un i| tal vez no lalla quien haya pensado iTespues? golpe la naluraleia de las eoaas. Estas con- í{ Si no nos engañamos oonsiete en sideraciones manifiestan hasta la evidencia la sinrnzon ron qne algunos han clamado contra las soñadas reamones, contra la refetíeioii de aconteeimienlos semejantes á los d«' IHI4 y 1823: Ins (jue levanfan el grito de alarma, si es que proceden dt- Imena fe, habrán sin duda cerrado los ojns para no ver la loa del sol en medie dt>l día.
Aun suf^nniiMido que se verifirase el casamiento c<»n el hijo de D. Carlos, no fuera peaiWe é lea das jdfenes esposos adoptar el sistema de sos padres: el matrínonio sena quía ejerciendo su a( rion fuerte y dosembarn7.nda por todo el ámbito del nM"no. sin trabas de ninguna clase, obrando con independencia de las ideas del partido reaKsla y en un senfido esencialmente reformador. Mas de una ve/. Iii'tnos manifestado nuestra opinión sobre el lamoso maniliesto de Cea Berniudez, «riráodole como una sagaz medida de cireunstaneias, muy á pro])íi i(n para desbaratar al enemigo, ó dejarle siquiera en indecisión algunos moroentee; momentos qae en tan treme luin crísís equivalías á anos. El evidentemente «na transacción; ambos lie-! sistema de Cea lí/rintider inaniruradn en su va/iao su dote, ambos ganarían algo, y algo tásahiea debieran ceder. ^ La transaéeion en la Real familia traería por necesidad la transacción en el pais: no es concebible lo ano sin lo otro. Si un principio {lolitiro prevaleciese de «na manera eschwiva, uno de los reirios cs¡TOSos qifrrlnria suMíido en la Ini maniliesto, no ora bueno, por la senctUa razón de qne era irrcaliaable; pero fue una escelentc arma para defender el trono de Isabel eu los prinieí-os momentos de combate. Y apmvechairius esta t)tasiuií jíaia hacer notar, (pie si hay quien nos haya creído amiííos del s¡>(;'ina de Cea se ha eíjuivoeado niUKÍOQ: si esta suerte cupiese al Principe, I sobremantira: nuestra opinioa sobre el par^ itcniar est^ tíjada desde MMio tiempo y f!f >(!<• fSiO la teoemos ronsÍLmada per escrito. Va enioDces caltticaoMMi ti raoBÍtieAto, no como buen nttenia de ^riñenio, íim «h no sa^u estratagema (11.
F? si'ífffii?! (le Cea tenia el fjravisimo incouvemeatü de liaber de estar comprimiendo <coii la mano del rey fan filenas reídlas; y por olni lado se veía precisado á luchar con ios liberales, a causa de que no satisfacía sus deseos con la íorma de monarquía al>sohitt. Verdad es que Ids partidos no son ahora lo que en Í833; pen» tainhi'Mi os rirrtíi que la rcvolucioQ, si hien debiiitadu por una. parte, se ba foctalecido por otra, creando pingties intereses y arraigando en el pais ciertos hnbítri'-, rm n Tuerza se sentirla si tratase de esUrparios de una vez. La mo- ■arqvfa abaolala no existe ni ha existido en ningún pais sin un conjunto de instituciones que la rodean para iluslrarla y escudarla, y en España iiaa desaparecido (odas esas inslitiMÍDnes: no hay influencia de hi noUeca, no hay influencia política del clero, no hay consejos, no hay nada, bino una au^^'u^tá Huérfana de 13 aüos. Declarar, pues, el abaohitiBino seria decir á la nación, tu gobierno queda á merced de cual(|uiera intriga cortesana. ¿Sai)eis lu que esto produciría naturahnente? Kl predominio del poder militsur. De un lado los realistas protestariau contra las tendencias del fiobierno, de otro ' k>s liberales Irabajarian contra la forma; todo qnedaria rednoido á fer si se podia ganar altrtm p;enpral encargado de un puesto importante, o seducir al^runos batallones. Esta es la suerte de todo pais donde no hay un poder fuerte constituido: nuestras antiguas colonias de Aniéñea ofrecen deeJlo un ejemplar doloroso.
Interesa al pais, interesa á los mismos hombres que mas se aventajan on loa dife-< rentes partidos políticos, el que se rompa -para siempre esa funesta cadena de revueltas que nos trabajan hace ya tantos oflos: y para esto es indispensable que la nación esté constituida de otro modo; es preciso que el poder sea mas robusto, y que hablando un poco menos de libertad, la oisChiteoM» rancho mas verdadera.
¥ dado que en estas materias no basta combatir las obras agenas, sino que es nereemptaxar, (liremos-nnestrooptnieminsin oeridad y llaneza. ÍM Coostílufliin de -4897 ^cemo It muim mayor parte de las modernas, adolcc« del vicio de f|ner»'r;>rreglarlo todo fijando lo fjw. de suyo es vai laike, nesolTÍendo antaupadamente proMemas sin tener los datos correapondientes. Fundándonos en esta consideración, desearíamos que la ley fundamental, conluvie^ soto el menor niiiuero posible de «rttcnh»: V en iweotro concepto debería relegarse álas leyes secundíiri:!'; "^in hnhlarsc una palabra en la fundamental, todo lo relativo á imprenta, derecho de peticioo, uniformidad decddi^ofi, tribunales, aymalanuentos, diputaciones, ejército v milirin nacional. £s verdad que con esto vieo» al suelo la llamada InMa dedertekm; pero onln netnalidad nos parece que serán pocos los que no estén convencidos de qnt' la vt^rdadt^ra tnbla debe estaren leyessecuuiiunas bien íurmadas Y mejor observadas, y sobve toéoea las eoetumbrcs de golx'rnniites y irnbemados. Muchos años llevamos de declaraciones de dorcchos, y no obstante, hasta ahora solo se cenóos el siilen» do Tíolencia en el goiiieino y pronuncia üH'nfns en el pueblo.
Todo lo que puedan enlraAar de ulii los sistemas repMsentatÍTM se redoee: -4.*ñ que la nación intervenga en la votación' db los impuestos. A que lenirn órganos legítimos V respetables, por donde pueda inflwr en er gobierno. Estos dos |)rincipios no son nuevos, son tan antiguos como l« civilización europea; se los encjientra prnclaniados y observados antes del siglo \V1 en Inglaterra, Francia,. Alemania y nniy pwücularnit'ntc en Kspnña. No son, pues, invenciou nioilerao: la escuela rcvoluciooaría no puede gloriarse do haheitos engendrado, pero si de haberlos estropeado y niíaendo.
En la Kspafia actual. lo que sea menos que esto, perecerá; lo que sea mas, pertorborá. Los reyes se han fterdido por querer menos: los revolucionarios nos han trastornado exigiendo mas. Kl jwder real no Bicde desconocer estos principios; los pupas no pueden exagerarios; el meior comentario, asi para lo; itm-s como para Ins pueblos, es el testo de nuestras leyes.
Se ha padecido hasta ahora la- eqni vocación de qne era posible lijar definitiva é invariablemente l;i nrL'-ui'7;\cion de l.is ( j>rte<; ningún ensayo ba salido bien: sena mejor, que, salvo el principio fundamental, I ^nuiK (\u"ie de la jllri^d^^■(;i(tn de leyj's -'•i'Hn<laria.s. Es prerisíMio olvidar (pie ('st;i< - solo puode ens«M"iarlas la t >|)t'ni ii( lii. Aules de pasar a otro punto conviene dejar asentado <|ue ios motines no tienen devecho a nuidar la lt>y tundamental, y t|ue, lampoco lo tiiMion ios reyes. La soberanía de, Ml08' 09ta cinMMitada en las ntii^inas leyes |i inMÍaffteT)tales del país: el Kcy nada pn(ul<> éantra ellas. Ksta doctrina ha sido nnonotú-^en^ España hasta por los mas ardientes partidarios de la nionaniuia al>soiula: durante la iilliuia f^uerra, una de las ra/.ones (pie alégaban los defensores de 1). liarlos era que el Rey no |Kwlia alterar la ley de suceaion sin observar los requisitos debidos..\si (jiie nosotn» no adiiiilinios e| sistema de les < iii las oíorqadaa, entendiéndose que el BaaMTca pueda por si koIo variar la ley lundaniental. Si las l('y(>s o costumbres del pais le laciillau para ()i ir;uii/ar de diferentes luaacr.i.N liis cuer|)os repn'viil.mics de la nación, podra dar re;{lameiilos c-<in est4' objeto y^lamarlos si se i|iiiere cartas olort]ada.s\ mas dé ninpruna manera se debe entender que pueda a su voluntad convertir el goniorno absoluto en re.jKesentativo ó el representativo en absoluto. Semejante doctrina, ¡ al parecer tan inonanpiica, os en el fondo liare \ii mas «le ireinta aíWw que estamos ' coufeet ionando constituciones. y no se ha i querido ver (]ue para tener un buena con5- Ulucion bastaba una declaración, o mejor diremos un recuerdo.
A prop4^>siio de la votación de los impues- i tos se halla en la.Nueva Recopilación la ley ^hát^ftyex nuestros progenitores estahUciefmnfor leyes y ordemniza,s f'echm en Córtes, ^ue no Si ecluMen, itt repartiesen ninyunos pmkos, serririos, pedidos. tii monedas, ni 4Ítm tríbulos nuews, especial ni ijeneralinen ¡ la, en lodos nuestros reinos, sin que primera^ mente sran lUunados ti Cortes los procuradotnde todas las ciudades y vtlias de nuestros \ ninas, y sean otorgados por los dichos pmmradores que á tas Cortes vinieren.
Con respecto á la inOuencia de la nación oielfcobierno 8e halla esta ley. WtÜhrque en los hechos arduos de nuestros ltíá9$e» necesario cornejo de nuestros súMi~ tmpmaturaiea ^ especialmente de los procu- « roílores de las nuestras ciudades /villas y lugares de /(*v nitt'stros reinos, por ei 'ennruDs y muuilmnos que sohre hs /</m. ¡i inits (li iuides y arduos se hayan de ayuntar Cortes. y se faga con consejo de los tres estados de nuestros reinos, sei/un que lo (icieron los nyes nuestros ¡uDiieui lores. [ Ley i, ib.)
No nos I tiisaii inos de repetirlo: todas nuestras leves, v na^in nm.-. tnie mie-iias le— ye^; su observancia es //ert-.v// «/, pi;roella basta. \a)s aulor(!s de la Cunslitociun del año 1 2 tuvieron la peregrina pretensión de que su obra era el resljiblecimicnto de nuestras leyes, cuando hacian de la monarquía una e&-|>ecie de república. Kl Estatuto Iteal se nos iirret io tainmen como un simple rej^tublecH miento, cuando en el habia LuDovaciones de la mayor trascendencia. Si se le hubiese pulil¡( a(ío c«mo ley orgánica y ttujela a variaciones interinas. podia pasar; mas como ley fundamental, no. La aiitoridaddela regencia no llef^aba u tanto: los ministros la acon.sejaron mal. * La demasiada estcnsion que ha tomado aI articulo nos oblií¿a a reservar para el numero inincdialu el dusaiToUo de uucstro sistema, y muchas de las razones en que.se apoya; entretanto procuraremos formular niiejKro pensamiento con la mayor preciíirtn y laconismo posibles.
En Francia no han faltado artistas (pie han hecho un esluerzo pant escribir toda la Carta en la tapa de una caja de rape; a los españoles quisiéramos ahorrarles este trabajo, neiendo de manera que la C<mslitucion pudiiise estar contenida en la>s dos caras de nuestra moneda, con |MM.'as mas letras de las que esta lleva en la actualidad. En la una estii el nond)re y la eli^ie del Sobi'iano; hi aquí el poder real: en la otra |>üdrian estar las garantías populares en un solo articulo. La nación en Cortes otorga los tributos é i« terrieiie en los negocivi arduos.
Üien se echa de \c¡ qiKí no tratamos de foligar la memoria de io^ (pío gu.stan de aprender el testo de las constituciones; y para que no se diga que nii.'Slro pr<»yecU) carece de artículos, cosa incbspeusable en la materia según la corriente usanza, i^o tendremos inconveniente en d f ' presentando fonnulado de la mai -«lieutoel i*ro¡/erla li^ CoMMtilueinn de la mona rq—tn e»intit»l*u AftT. I." El Hey eA Soberana..
So % •fribuittft é interoiene tn toa negocias árdnos. ' ¿Qué focha se le pondrá? Ñinguaa; iam- M)CA Ifl liMe la monarquía.
So ftiíTa miiclio ol trabajo de ia Impronta Nacional aun cuando se quisiesen tirar millones de ejemplares: osat Bosotros do e&ta> P5l(> la (Ipíemnos: en dinero; lo que bien se alcanza (jtto no carece de «igaitícado. ¿Qué mas qoisieran k» paablos que ma Couiil»- leion en plata y oro? Todo lo demás es papel, y de dínxla sui interés. ] Ali, la nación está desengañada! ¿ Como queréis que se aücione á esoa legajos de títnloa ffoe mda ie pi»- (liicen, <\n:' h fiiibroHan, y que faii cnielmenteia perjudican con los j)inf:üi's lionoraha de pí contiñao los andan negeciando, y tíos que ha de pagar a los ageolcs quo de fíin provecho para el dueftrrí* eainns una 'Operación definitiva, y aanque sea con una pérdida de nóvenla- por dent» cobre el vator nominal, no queremoa mas papel,^feM lancuLo IT.
junio i\it!B44^ Dijimos en r! artiralo anterior que coi»^ Tenia relegar a la parte regiamenlafia mueho^de lo qae ahora se «ncaentra en. ht ley fnndamontal; y en cslo tiivisnos la mira de que, salWmdose los principios que deben servir de basa al sistema político, se le déjate la elaslieidad qoe na menester {)ara acomodarse á lo qitf v:iva armisej anclo la ra£on, y mas que la razón la esperiencia. Oe esta manera ae oonsiguc que so sea preciso quebrantar á cada paso la ley fun- <iaraRntal, co<a siempre muy funesta a los gobiernos y a los pueblos; y ademas se lo- ' Kra enlatar lo nnevo con lo antiguo, pues i que no se establecen oirás leyes (|iie las í mismas (|Ufi se hallan desde lar^íos sigilos en Queslrus códigos, y.solo se las recuerda de nna manera particular para que la inobaerVrUiria na acarree el oh ido, Atciiieadoae á estos pniic»[Mos, sara posilila andar haeíendo agoaliai.ÉiódilioacipaeB qoe el Jmntpo muestre convemeotes «n la misma ongia* lu/aciou de las Cortes; lo (jue deberá ejecutar el monarca con el auxilio de'«eitaa^ por aeríndiidaiiiiamenleiiimtjtlBi negnaiiia de aquellos que en nuestra» leyes están rnlifícadoa de ^rtemies j/ árdms. Verdad ea que el trano.^áipiíere de esta suerte un poder raimhD m^fer del ipte tiene en la na* tualidad; pero estamos en la profunda eonviccion de que sin este aumeuio ao bay la España esperanzai alguna de trmqiiiliiind y bienestar. Ademas es preciso no olvidw que si este poder no se le eoMÍiereaal tmno las leyes, él se lo luiuura uiwüiaaweMe por si mismo, pues á eHB le coadueirén ten hábitos du largos si^'los, el sentimiento de su fuerza |>or ser las ideas y cosiuaibres de los cspa&oles altauuiute monárquicas, el instinto de su conservación contra ■ lea co»* tiuuadús enibales tic laceioues. y sobre lodo el imperioso deber de salvarse á sk propio y áln MMÍedad,eBlaagnandeafiiisíÉ que acarreará la auflatm naUmlata dn km foriua>¿ pobdcas.
Lu Iv^pana esta habituada al poder monárquico, y veié,>nn oon.desagradn nm» con mucho placer, que el rey ejerza la so* herania: todas las deelanun iones uo serñn capaces de hacer popular uuu rcvolucuia caatra el u^o de semejante poder: aaln el abuso, solo el earacii r de losarlos (|ne p@r el se ejecuUiseu, pudría dar lugar u la indignocioD que produjese nuevas revueltas.; Este alnso nn-M tvitará atándole al roonar* ca las manos, amenazando á los nu'iiistcrins con votos de censura» negándose, a la vota* cion de lea: impaeotea; todos eotoa flwdion se han ensayado ya, ningua efecto han pro» dueido; los ¡íobiernosno han reinn edído ea vista de las Curtes, se lian mantenido <^ en sos temas hasta que los ha derribiMla Wk [)ronuneiamiento. Ya se ha visto al Coní?reso de diputados exhortar a los pueblos a no pagar las contribuciones no volatbs; ¿y que caso han Imcho? Si toe raotioea hl^iBBB ma hubiesen venido á;<n\iliaral Congreso,' sa voz se hubiera pcrduiu uutre la muebedun» bre eowo la de on simple periadiela...\ Los sistemas de desconlianza, dn eaks, de amenazas, mantienen en el seno del pats una fermeiüaGion irrílimle, que solo sirve á enconar lee áaimoe, levantar hn malas pasiones y cngemlrar rnraruÍ7.ado6 bandos; solo sirve a remover la hez de la nación, á hacerbi tomar parta m loa uegocios públicos, alznndo sobre los hnmhrus de ' una Uirba du miserables, mas di|;nos de lástima (|iie de odio, a ios (|iie por su cartebr osíidf», su ingenio IraMeso y escasez de moralidad, se arrojan a la arena política, MÜMitos mas bien de oro v vanidosos distMlivos, (}U(> de gloria solida y durable. | Lo que interesa a la Ks{)aiia es que, sin i debilitar el poder del trono ni rebajar sa iglú, se establezca una comunicación a, tran(|uila. sua\e. entre el fíobierno V los ptieblos; de suerte que a estos no se iw hnga pesado el yugo de la obediencia, se- Cros (le que no se malversaran los candapúblicus. de (pie en nombre del monarca no se les arrancará por manos villanas el ff9to de sus sudores, (ie (pie no se inqxtndrón ni'.i'vos tributos sin que sus verdaderos ri'¡iiL>entanles los otorguen, de (^ue no se resolvenui los negocios arduos sin oir sobre el particular el dictamen de la nación.
Conv(H'ando el monarca las primeras (]or- < les en la forma (pie le pareciese convenien- I le (lo que pinlria muy bien bacer sin abro- ( gvse nins de lo que le lian olorizado no |»o- 1 ' flH que se precian de constitucionales puros,! <|iieesuna Felbniia de la ley electoral^ y iDanifestando de antemano su lirine voluntad de no plefiarse á e\¡L^eiu ¡as de ninguna '¡ dase que pudiesen aiarn.ir nuevas perlur- j badones; diciirndole entn'tanto u la nación la verdad entera. Iiarii^ido una franca y tiel narraci(m de los bccbos sucedidos desde i la muerte del rey, y presimlaudole un cuadM«xneto, claro, vivo, de lasiliiacton es- I traordínaria á que nos ba conducido la fuer/a de ios acoiitecituienlos. no seria diiicil salir del paso de una manera bonr(vsa; y sino faera estrictamente lej^al, conA^rme á las mezquinas y mentidas legalidades que corren en estos tiempos, al menos se ecbaria de ver que no se ba procedido despreciando el voto (Jel pais. y con a«piel aire insultante en que se señala por única razón la volun- j tad, mostrando en uua mano la orden y, blandiendo con la otra el ialiju^o de un des^ I poLismtt brutal. | Tal vez nos enpañemos, mas en el estado a que ban llegado las cosas, un ])roceder atrevido pero franco. sin uin^uu genero de bipui-reMa ni de reticencias, la inau^'uracien de un sistema |)iuainenle español, no de vanos artículos de ley sino de altos |>ensamieiito.> de gobierno. escilaria sioifMlia» generales; y la mauu que levantase semejante bandera veria reunirse eu «u alrede^ dor á todos los bombres bonrados, inclus(Ml niucbos de los que (ifcuran en partidos políticos mas o menos (listantes entre si. Esloa bombres lo (luc desean vivamente es no verse bumillados liajo la mano de sus enemigo», personales, es uo tener (pie someterse ¿ la»^ ordenes del prin>er maiularin que se pre-^i asBla á oprimir en nombre de la lil>ertad, yi á satisfacer sus cafiricbos con el manto de las leyes: desde «pie se levante un gobierno (|ue se sobreuonjiia á esas miserias, á esas {icqueñeccs tle iHindena, á ese espíritu dn* favoritismo (pie encierra todos los honores y emolumentos en un circulo de pandilla, dejando a lodo el resto de los españoles, aiiui los mas señalados {M)r su mérito, sin recorso^ ni esperanza, se ablandarian poco á poco' esos (;i a/.ttn(ís endurecidos con largos añot»' de encono, se disiparía esa sed de venganza (|ue está continunmenle amena/ando con es^ pantosos desastres, y se prcpararia lentn ▼« suaveuK'nle una fusión en un mismo ¡Kirtido de todos los hombres leales y Iranrados; ó* mejor diremos, se ani(piilarian los partidos, v se colm-aria de nue\o la nación a la som-« bra del trono v bajo el imperio de las leyes.'
Pero no deíie lograrse, no, tan plausibl(i resultado con esttí riles luchas de paríaniento. en que se satisfaga la vanidad oratoria do unos, en (lue se desahogue la colera do los otros, se dé lugar á la curíosidad de los ociosos, y se fastidie a la nación (^on iai*sas V escándalos: sino con la acción de un go-' ítierno central, robusto, eniTgico, y q»i» al presentai*se a las Cortes con los proyectos (pie crea conviMiienles. no se encuentre con pretcndienlesy avenlurems, sino con bombres notables por su saber, por su sensatez. por su (vmpletn indcjM'mlencia, afianzada en grandes propiedades: un go-*l bienio cuyos in<ii\iduos no se hayan de yer* como nnis (]ue sufren el interrogat()rio delos jueces y es|ieran temblando su fallo, sirKr> como dignos consejeros de la corona, qiiiy respeten y se bagan res|ietar. 'üii'fi«m ¿A quilín creéis satisfaaer con Miestrn legalidad constitucional? ¿<M pnmietoiü acallar el clamor de vuestros advérsanos f)o-t liticos? ¿No veis que ya cmnienzan dand<» de nulidad cuanto so ha lieclio y cuanto subaga? iNulos declaran los ayuntamientos, nulas las diputaciones prí>viticial«s, «olas las operaciones para nue^ ( iones, nulas las CorU59 que de elLi.-..-.iir,an: quitado hiciéteh ilusión***^, no podn'ís <[nf>jams de que m m hayan habiaclo con traiuiuez^ y oofi iiliiehtaiitioi|iiieí4fi.
Nulo por milo. wn vendría obrnr con dosiMnharazo; y ya t]W no sea podihit* conquislar la voluiila<i de uoos pocos, al uieaos Hiraerse las «mpatiiis de la na^-bn enim. \a ley con (juc -ío rnnvorn?cu las Cortes no (leliicra de uiagun modo publicarse a la iMuera 4el Estatuto, y como iuodameatai, sÍMCome ororánica. como w regjfaunento qUft arompañasc la n;al ronvoratoria, dicieado siu rodeos que la Heina se rcscnra consultar oon I» Córtiis y pon«rte ét wa»^ do con ellas, sobre el sistema que convenga seguir en adelante, introduciendo las modilicaciones que la razón y la csperieacia auduvieseo aooOBojando. '.
Ya hcTTios indicado, v In rrfvr-liremos aquí, aue aun suponiendo establecida como clave ael editicio político la soberanía del Monarca. no es posible acertar deada hiep> en la organización dií lis ('órl^'s mas cnnvenieote: la historia de nuestros ensayos e» bastante Á 4Íeametnu1o, ohoorvénmaar que han sentido la misma dificultad todos losdpinas paise^. ¿I*or cuantTi'^ nri:;inÍ7!UMí>-nes legislativas no ha |>asudo ia 1* rancia desdfl 4789? ¿De qué sirve el «ealwr tal d^l nincipio en la ley fundamental, si Inego se e ha de violar? La niisnia latitud que dejan á la ley electoral las constituciones niodermw. ¿ no es evidente prueba de <yue m ba MMUdo In nri r <i dad de liaccr nuevos ensayos y tautcoü para acertar eo el vecdadero^ jtUütot