SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Hemos querido presentar con toda claridad este importantísimo punto de \ ist;i. poroue creemos que las naciuiies contó los iu-^vidnos ban menester <|ue se les diga la verdad, que se les hütífi compieridor su siliiacion, que no se les permitan ilusiones, que no se les deje meciéndose en vanas es-Iperantas. Li España es oomoí|iqnellos enfermos que adolecen de graves y r(^l)eldes dolencias; es preciso señalarle' dónde está el mal, fijaran emicler, indicarle los remedios, mas no consentirle (pie se alucine, que se entregue con sobrada cnnfinnzn á esta ó aqueiia medicina; es necesario (juc no olvide la necesidad de atender al mismo tiempo á muchos otijofos; es indispensable inculcarle, f|uc si bien urjre muchísimo su reorganización política, esta uo es suficiente, pues que cualquiera relbroift que se íntetite, cualquiera institución qiie se plantee, cnnlquiera ley que se establezca, ha de resentirse inevitablemente de las circunstancias, y ha de llevar en au seno muchos gérmenes de destrucción, m^rrefl á!a disolvente atmósfera en que babra de nacer y vivir.

La claae qne en un sentido cualquiera obtenga el mencionado privilegio, es preciso que s'* f'onvenza de la imposibilidad ae conservarle SI no hace grandes esfuerzos ^ra pagar con 'benéHeios al país las fnerogatim que le otorguen las leyes. La historia y la «»periencia están enseñando, qne el ser elevada distinción son cosas casi siempre inseparables. Asi, cuando se ve qne una clase se lia levantado a mudia altura sobre las demás, desde luego se puede inferir que, " ó por sn inteligencia ó por sus virtn ícs ha ejercido inilueocia muy provechosa; y al contrario, cuando se nota que desciende de su rango, que va perdiendo d |H"estigto, y Ilos hottores y consideraciones que nntes disfrutaba, es de sospechar oue se ha dejado arrebatar el cetro de la inteligencia 6 lafnl^ nía de la virtud |)i>rlas demás qne á su fado se enniiiihran. En la sociedad como en la naturaleza nada sucede sin causa; no hay anomaKas propiamente dichas: si pudiése* t nios penetrar en el seno de todos los (d)jet08 _ y descubrir las intimas relaciones que los I enlazan, hallaríamos que acontecimientos á primera vista muy fortuitos, tienen cansas Imuy naturales y profundas; y qne nn orden de cosas raro y estra vagante en la apariencia, no es mas que el desarrollo espofrtáneo I de efectos intimamente enlazados con sus ' cansas, y sometido á unt legulaHdad ñé-I uiirablc.

Hubo un tiempo en que una apostura gallarda, un brazo de hierro y nri corazón valiente y emprendedor, bastaban para ase-I gurar a una clase [»oderoso ascendiente; y I esto, ¿por qué? Poniue sometida h sociedad á la dnrn ley de la fuerza, ó precisada por las circunstancias á emplearia de eontf-, nuo para reebanir la infasion salvando las haciendas y las vidas de los cindadnioa, 9b buscaba natnralmenle aquello que era de! una necesidad mas impréápiudibie y ur^a* I te. Por lo mismo el mas iralitrnte debia mr el mas noble; las insignias de los blasones debían < untarse por ios trofeos de las victorias; la luiluencia sobre los negocios públicos graduarse por la pnjania del nrezo que sos> tener piifliern en e! campo de bntnih ef diotaineu emitido en el consejo. A medida qon anduvieron variando las circunstancias, y que la sociedad, si bien de vez en cniiidn necesitaba combatir, habia menester mucho mas la protección y dirección de un p6det dotado de grande tnteK^oia yenergli moral, el trono que satisfacía cumplidamcn< te estas condiciones, adquirió decidida prep(mderaQcia sobre todas las instituciones potitieaá; Bn este caso las clases que auísie-^ ran conservar su antiguo a.scendiente aebrtn • colocarse alrededor del monarca » pero de Digltized by Google ta( manera que no trocasen suAprerogalivas ari>i< i( T ilicas por las distinciones corlesunas. Bslf <)l>|('to no se podia loírrar sin que la cíale privilegiada marchase al freule de la sociedad. adelantándose á las reformas y mejoras demandadcis jior el espíritu del sijrlo, y procurando defender su elevación. jiisliiirandola con la sufx'rioridad de la ialelii;eneia y con la enerííia de acción cu pro de los Mlw^«'< i 'imim;iles. Pre< iso es confesar q» en Ksji.ifia no se hizo asi: ora seíwlemos por causa la política de los reyes, ora las «endiciones de nuestro estado social, ora el descuido de los mismos nobles, la cierto es que el efecto ha sido el misino, aristocracia que mejor ha comprendido su verdadera sicion ha sido la inglesa; los lores no se n contí'ntado con disfrutar pinjílles rentas; COD adornar su pecho con cruces y bandas, con obtener el favor de sus reyes ^ con intrigar en los salones de palacio, sino que han cuidado siempre de acaudillar los ejércitos y las armadas, de ocupar los mas elevados puestos del Estado, de d¡ri;;ir la diplomacia, d'' impulsar el desarrollo de los intereses industriales y mercantiles, de s<'fial;»rsc por sus vastos coiKK'imicnlos en lo<i _i neros, «le no consentir que ninguna otrn clase los avenlajarn cuando se tratase, ya del mérito individual, ya de celo y desprendimiento en bencKcio de la prosperidad y frande?^ de su patria. Tmiavia jnas; conociendu que con el Iwscurso de los siglos la«í razas so debilitan y» estinffuí^n, y (pie alfjunos individuos de las clases medias y hasta de las míimas, a fuer/a de talento y laboriosidad se levan ■ tan sobro el nivel en (jue los constituyera ■B nacimiento, ha procurado la aristocracia ñgiesa nlraerse y asimilarse los elementos ■nevos que pudieran darle fuerza y prestido, y (jiie dejados en otra esfera, tarde o temprano hubieran {mdido formar cIushs po-'ésvosas que contrapesasen su influencia. ' • No iírnoramos que instituciones semejantes no se improvisan; sabemos (jue el espíritu del siglo, de suyo tan democrático y ■ivelador, se opone de- una manera irresistiMe á que en ninituii país del nuindo se fivne en la actualidad una arislucracia wmejmite a la de la (irán Brctaila; mas esto MMveda que en lo presente como en lo venidero, se ha\a de veriíicar un princioio tacialde eterna verdad, a salnir, que todas Im clases civilizadoras Uegañn á ser clases «ilti,, asi como todas lag clases altas tieiien I el deber y la necesidad de ser civilizadoras, I V (jue cuándo se olviden de su misión caerán irremisiblemente. Su caida será un efecto natural del curso de las cosas, y ademas un castigo de la Providencia. I Kl principio enun- iado se verilica de diversas maneras.según la diferencia de los 1 estados sociales; pero observando atenta-I mente las dislinlas fases (jue nos presenta la j historia del linage humano, le vemos sieu^-r-! pre reall/ado de un modo admirable. I Ka sociedad actual, tan desenvuelta en ; lodos sentidos, exige grandes esfuerzos de quien desee colocarse á su cabeza. Tres son las necesidades cuya satisfacción forma el oiqelo de su anhelo: el desarrollo de la inbdigeocia, el aUanzamiento y estensioo de [ la moralidad. y el progreso de los intereses I materiales, coiiciliadu con el bienestar ge-I Dcral: tres puntos en que debe tener lija su I vista toda cíase que se proponga conservar I ú obtener consideración y ascendiente. ' En otras épocas bastábale al militar saber las materias de su profesión, al eclesiástico conocer las correspondientes á su sagrada ¡ ministerio, al magistrado las que le eran ¡ necesarias para la recta admimstracion de justicia; y asi, encajonados los individuos y las clases en sus res)>octivas carreras, quien ¡ se aventajase eu la propia, por mas que sus conociBiientos no se eslcndiescn á otros objetos, |)odia estar seguro de pasar plaza de sabio y merecer las consideraciones que como tal le eran debidas. Mas ahora no basta }H)secr á fondo una ciencia, es necesaria ademas tener alguna noticia de todas, por-' (pie atendido el carácter do generalidad y I trascendencia que se ha comunicado á todos i los ramos del humano saber, atendida la , irrupción (pie por decirlo asi hacen de continuo las unas ciencias en el terreno de las demás, atendida la eslcnsioü y variedad de aplicaciones que á toda clase du objetos está haciendo la actividad del siglo, uo es dable tomar parle en las discusiones cientilicas, ni participar do la acción que se ejerce en la { práctica do los conocimientos, sin poscci instrucción vasta, y amenizada de tal suerl» que á lo útil y grave se una lo agradable y lo Itello.

La desmoralización que rái>iilnmente ya cundiendo, merced á las disolventes doctrinas de incredulidad y escepticismo, produce j tandiien en la sociedad actual uu sentimien-' to vivo de la necesidad de atajar el daAo, réSÍáfl!>Tecipnd() <■! impí-rio de la sana innral é Impidiendo que los adt^lantos sociales «¡e V«aii amenazados en el iiorvenir ¿ causa de la desaparición ó amortif^nanifenlo de los principios moralts. sin los (|in» no piiodí» vivir el género humano: asi notamos que los IMi^bres mas arenlajados en la eleneia dirigen muy particularmente su atención á este ot)jeto, y tanto los gobiernos como los pnchlos se agitan por resolver el problema de la conciliación de la buena moral con el desarrollo de la intr'iiironcia y el CttltÍTO de loa intereses materiales.

El fomento de estos intereses es otra de las necesidades de la época pn stMiic. Vano fdera el cmpi^fm di" detener el nio\ imicnto; lo jue conviene es dirigirle, regularizarle y rtarie en cnanto sea jposAile lo que tenga dañoso. En ana nación donde se formase el insensato empeño de oponerse á ese irresistible impulso hucia las mejoras niateriales, qm es ano de los earactéres qne mas dis-U^linen á nuestro siglo, sobrevendrían por necesidad complicaciones gravísimas. v sin obtenerse mas resultado (pie acarrear aí |)ais tpnuchos retrasos é inmensos pcrjnicios, la íhario imprudente que hubiera intentado parar el tiiempo en su carrera, seria hecha pe-ÍMMÍb. H^M'BésUir hablar con desden de las vftés del siglo, lio basta lamentarse de los ip'íiles que acarrea el desarrollo de la industria y comercio, no hasta volver los ojos há-)|ÍÍb tiempos míe pasaron, y ponderar las vieutajas (jue llevaban al presente; es preciso tomar las cosas tales como son, no como [ se (luisiera (¡ue fuesen: en tadn ej>üca los hómbres que han de dirigir la sociedad es necesario íjue comprendan c'uáj es el espíritu que la anima, cuáles son sus tendencias; y ciii Tez de empeñarse temerariamente en lucliar con la naturaleza de las co«»s, deben tratar de remediarlas en lo que tenrrnn de malo, de aprovechar y fomeutíir lo que encierren de bueno, todo con acción lenta, suave, acomodada al siglo en que viven, dejando ^ÍPiiipre una larga parte á uno de los priu( i|)ales agentes en la íormacion de las granaes obras: el tiempo.

Ouien desee, pues, acaudillar la sociedad del siglo Xl\ es indispensable que procure aventajarse á los demás en la ciencia, que tralwje en restaurar, arraigar y estenderla moralidad, en mejorar la situación de las ve un nombre ilustre, de nada cuaiMiosas riquezas, de nada una larga serie de <ka(ÍAf> goidas condecoracioBes, de Mil ni ncofMr por las leyes un alto ftitm^éá liiida> « el i)ersonaje no figura por sus conociraientüs, si no se ha señalado ^x>r so celo eu pn^ de las mejoras de la «kaaomi inoml ir mHkt^. rial de los pneblos, si no ha impulsa(lo grandes empresas. I.a sociedad quiere palpar los l)enelicios que le produce; no se deja de^-r hmibrar ni por bñllnwle orapel* ^ esi^ riles rique/as: mide á la ptírsona y a la clase no por lo (pie aparentnnsino por lo que valen, no por lo que desiumbran sino por lo qM aprovechan.

BEFORIi DE LA COÜSTHVeiM.

ABTICL'LO V[I1.

A vtm de los Obispos y de los pueden entrar en la cámara alta otras personas que reúnan las circunstancias oecesariai» para darle prestigio é ¡■tinoitt. Veiilnd en (jue antiguamente no sucedía asi, pero no (leja de haber algunos motivos para semejanto mudanza. Cuando las clases privilegiadas eran ha únicas* pederasas, y Íes demás no se les acercaban (*on mucho en riqueza, ni en saber, ni en ascendiente sobre el ánimo de los pueblos, ui en abuudancia de medios para influir en loa negooionpilblteos, era natural que ai {orinarse un cuer|><> político privilegiado solo le cousliluyesvu ellas, negándose la entrada ¿ Codas las et«M; pero habiendo maegoado conaidanUemeBte, cuando no desaparecido, las riquezas de aquellas clases, habiendo perdido mucho de sn infloeneia antigua, ^iradaae ígwaladBS y á veces es( ( <lidas por las indnstríales v mercantiles, y hasta por las científicas y literarias, habiendo adquiri(io grandes propiedades terrilNiales CnMfaasplefaejras, ckiroes que la aristocracia se hamodiíicado prolundameole, y del cambio ipiese ha realizadoen la sociedad es preciso (]ue se resicutan las iusliUiofones politices.

De esto bn dimanado que se introdu^n cla¿ef numerosas, y en inipulsar el desarro- il en el alto aier|)o aristócratas de nueva crea-'ionto^ftis progresos materines. De nada sir- U eion, ore ^ sean por sos masbas nqnexat».

Digilized by Goügle tfB/ftü tu saiter, ó por los puestos- i^e hafga. obU;ni(lü en el Eslado Pero este pria-«po se ie ím ilevadu iia^íla la eMj$enici(nk, mtifMtmai^i ináp ae tía aiadíift la mira iedaral poder >ra>(^rim(le induencia en el léto cuerpo por medio de la liieultad de jb|9C^MMul»rajuiteaUtó de ua üumero ilimitado «WvíImm, liara veneor oon el aosiliodo etlasrecien venidos la resislenciaque eulos antiguos pudiera eiictmlrar. o dar asiento en ks escalios de ios ie¿;isludores a los persM)- BMiiaeran de su agrado. No dK remos que este principio no sea altamente piÍMfiO,iperu as preciso ho olvidar que sino UfJÉe aplica coQ mucha parsimonia puede ItiWPii liilln cuerpo por su basa haeieiido iiey precaria su independencia. Asi creemos «Mwria iBuy coavenieute que la elección «iipiPtM^Mtiiriese sujeta á la límilacwii di ina gran propiedad, y que si pira dfltjar al trono cierta latitud y desembarazo se juz- £ra Util rebajar en ciertos casos la renta I elegible, esa parla ndvil de la eéoNra alta se encontrase con un número íijo de jiraodes pr()[)ielarios. y por lo mismo su {preponderancia no pudiese ser dcmasiadu, Hato airtíaaaipara restablecer el oquilibiie <pM las eircunstancias hubieran alterado, rhfa ai fo artículo hicimos al^'unas ohserva- Ipiizaobra la iatitud del Estatuto Real en Srte, haciendo notar que pudiendo ser dos proceres todos los (¡ue hubiesen ¡retarlos del despacho, procuradores 4ÉfpÍBp.4 Conseje8os de Estado, embajadoillié Miistros plenipotenciarios, generales de mar ó de tierra ó ministros de los tribufiaies supremos, y ademas los que en la enislanza pública, ó callivaBda tas ciencias 6 letras, hubiesen adquirido gran renomm y celebridad. se abría tan ancha puerta p*a entraren el Eslauieulo, que apenas se '~~'~ia< Magaña personada algana distin-Por e<!n t -iti^n seria muy conveniente iiuilase el círculo de los elegibles.

¡^af^éndolesnayor renta de la que en el Malata ae exigía, o bian otras oondiciones leoniesen en menor numero de indiwinos. £s peciso cousiderar t|ue una diviiiiad ▼ilaiicia, y ove tanto loílujo puede ejercer en los grandes negocios del Estado, 10 puede quedar abandonada á merced de ua ministro; y á merced de un nuuistro que-4l ai aaiia asaabisiBias bM^dücaltades de fpíc se rodee el cirrtilo de los elegibles. tfiiijH incQByenientes no puede traier á la caiisa publico una hornada ><ftei i. acertada? ¿Cuántos einliarazós no pueden su^itarse ai trono, cuantas coiwiliuamtones na poeden acarrearse al paiav^Bni^^^ialÉ de estas consideraoiaies eapondreoMS sei^ cdlaiueute de í(tif' manera se podría coaa» truir en nuestro couceplo la cámara aiLa<..

4.* Todos b» Arzobispos y Obispos dé^- ' hieran ser mieadma natos, dejándose al monarca la libertad de convocar on oiarla numero de eiius. >^ / t i." Podría adnútirse lo asentado en ei Estatuto de serlo taml)icii todos los grandes de España, pero dcbteran disfriUar a lo ma* nos 300,000 reales de reala, i u.

3. " Debieran entrar algunos pcapieta«> rios que distVutasen una renta en bienes raices de 150,000 reales; y parece que seria bueno determinar un cierto númaio del cual no pudieran bajar.; 4. " Si se admitiesen otras clases. debería exi^^ise ai mismo Licmpo uoa reata de 100,000 reales, de las cuates la mitad al menos fuese cu bienes raices; y si se conociera útil dar cabida a algunos empleados du las mas altas categorías, convendría ponerles-nudias limitaciones de edad, de años de servicios, y cuando pudiese canUriboirá dar alguna garantía de acierto.

Mauifestada nuestra opinión sobre la c¿- aun alta, vamoi; á decir cu dos palabras lo que pensamos sobre la popular. Kn nuestro coni:epto uu debiera entrar nadie que uo disfrutase una renta en bipnas raices, ouaar do menos de 20,000 reates; y aun en este caso seria preciso tomar las debidas precauciones para que uo se falsease la ley. £n el Estatuto se cxii^ian 42,000, y ademas hubo el inconveniente de que con la latitud (jue se concedió en el examen de actas, entraron diputados que uo reuuiau la condición exigida; paro eslo.se podría avilar muy foeilmeata, ya sea con algunas precauciones que se coUt signasen en la misma ley fundamental, yit con oirás qua se ianavaian para ta ama- Vamos ahora á examinar rápidamente lo* demás puntos que debieran tenerse presentes en la formacioa de la nueva ley. El Estatuto previene en el articulo 33 que juira la formación de las leyes se requiere la aprobación de uno v otro Estamento y la suicion del rey. Á pnmea vista esta diieUina (jarece muy corriente; sin embargo, ora alendamoa á'U antigua 4i^slacion da itUpaúa, ora Digitized Digitized á la facilidad de ejf'cuUirse lo que en el articulo se prescribe, no dejan de ofrecerse muchas ditícultades. No qucremoü decir que las Córtés ne imervengan en la foroMeion de las leyes, pnrn sí cn't^inns (\m\ es aliío aventurado el eslablecer en general que ln- monarcas por si solos no puedan hacer niu^^una, ni aun con earáel^r de interina. Les aniores del Eslíitnto pretendieron nn hncer mas que restablecer las anticuas leyes fundamentales, y sin embargo, en estas se encuentra que los monarcas tenían el podfr leeislilivo. «La facultad de hacer nuevas I ^ f ^ diee Marina, de aancionar, modificar y aun renovarlas antiguas haUendo rezón y justicia para ello, fne «na praromíva tan earacteristica de nuestra monarqnfa, como propia de tea va* salios respetarlas v obedecerlas.»

Tno porque Marina intentase negar la intervención de las Córtes, ó no encontrase difcrenria entre las leyes que se hnrian en «Das y las que emanaban de la soia volun- •faé del monarca. He aqitf cómo se esplica pobre este pnnto. ^Porque las leyes de los príncipes. dice, aunque no nere'sitan para su valor el consentimiento de los vasallos, y deben ser obedecidas solamente por el iiecho de dimanar de la voluntad del soberano, con todo eso jamás se reputaron por leyes perpétnas é inalterables sino las que se publicaban en Córtes. Lis que cÉreeian de e«:rn 'íol(>innidad debían ser cumplidas y Hobedeculas en calidad de pragmáticas, ordenanzas, pnmsíones. cartas é cédulas reales, que no siendo por su naturaleza invarÍaW'^«= T>^flian ser reforninda*^. dispensadas 7 revocadas por el monarca reinante y sus tncesores.» * Kl poder leíistativo de nuestros soberanos es cosa siempre supuesta en nuestros eódiíTos. «Ordenamos y mandamos, dice Felipe n. íiue cuando se fmtartm mmtro eotisejo (h Jutrer nltjttva letf tvtrrn ó prnrjmátira, ó de derogar ó dispensar con alf/nna íev, havan de concnrrir y concurran en un ▼Óto todos los del consejo que se hallaren presentes en »>! ronsejo. ó por lo menos las dos prates, y nos lo consulten para que provealimen ittó lo qne convenga é nuestro sei^ vicio V al bien público de nuestros reÍDM.» (Nov.'Berop.. lih. 2, lit. I. lev 8.)

La pragmática que precede a) citado código; en el 'eaal se conservan todavia nuestras antiguas leyes, fue hecha y pronnilpafin por el nusmo WHiarea, y a»' ella se notan lai» ^ siguientes poialMpqtteiMqMmita oinraanin I el poder legislativo: «Y mandamos -que se guarden, cuiupian y cjcculeu laiis leyes que J van en este liwm, y se joiguen j- dateimá nen por ellas lodos ios pleitos y nepocioa que en estos reinos ocurrieren, aunque al- I guuas du ellas ¿«eaii nuevamente hechas y I ordenadas, y aunque no k§i§m^mi» prntlpcadas ni pre^rojiauas, y aunque sean dif€-renles ó contrarían á las airas ieyes y c^'-Udtt» 4$ Cárteg y proj/métUas que antes ée I akora ha habidOiao estos refaioa: laacwalii queremos que de aqui «adelante r?o f^ff/tn autoridad. ¿Igunadn se juz^e por eiias 6uie solamente |ior laa de este lihio.a Í Prescindiendo del punto de vista legal é faistciríro. atiMidanios únioaniente á la con- , venicQciu poliia a. ¿No pueden venir mu- ¡ chos casos en que sea neeesaria la pnaoul»- [ gacion de una ley, y por otra parte no ¡"^té! ea el iiUerus del Estado la ecnvocacion de! las Córtes? ¿Por que se deberá negar al monarca la facultad dehacefla. siquiera con j el carácter de interina, y sometiéntlnln después a su debido tientfx) al eiLámen de las I G6rtea?- ¿No estamoa viendo avada pmo «pie el gobierno se toma- esta tilieflad, á pesar il de lo prevenido espresfiinente en la rfuistilucioa? ¿Por qué ao lialMa de ser mcjur el jj otorgarle firanoamente eMe defodio, m al I sujetarle á una prohibición de que a^^eaettf tiende infringiendo la ley? li £s preciM) uu perder de vit»4a que Bué>» tros hábitos, nuestras ideas monáiqwMa nos llevan ¿ considerar al ir( nt^ como auto- . rídad soberana, no solo en cuanto a la ejej cucion de las leyes, siuo también en cuanto I á su ftffmacion. El fioi)ienio que recibiendo i las inspiracinTi s ilcla sociedad. ¡)articipa de |! las ideas y iiuktob de los pueblos, siente ia II Aiarza del poder real.tan pronto -oonMe»- I nienza á emplearla; y asi es que no se de*-il tiene por el (lébii reparo de un artirnio escrilo cuando se trata de ejercer acto» para i! loa cuaias se eree autoiizado por las anii* j guas leyes, y por las ideas, sentimientos y ¡I costumbres de la ifiinensa mayona del puar biü e&paAol.

En el articulo:U del Estatuto se dice, que ron arreglo á la ley I lit. 7, libro 6 de la Nov. liecupilactOB. nu se expiran triiiu-I tos ni oontñbaciones de ninguna elaae sin! que á propaasta del rey los hayan volado las <]orle«: \ en ef '.V.'} se añade qne la^ rontriiiuctoses iw jM|üfaa imponena, uiatukMoaji, $m por término de dos años, nntps de cuyo plazo debi^rnn votarsi* de nuevo ¡wr las (lórtes. Preciso rs ronlcsar «jiie en este ponto se hizo unn innovjK'inn de la m;iyor lUBfendrnria en nnestras antiguas leyes. Vamos n demostrarlo. I.a ley ñ íjoe se relieit» el articulo rilado es la siguiente: «Los rfvfs nneslros progenitores establecieron por leyes y ordenanzas fechas en Cortes, ipie no se echasen ni repartiesen ningunos ppcho*. servicios, pedidí)s, ni monedas, ni olrns trihiilo* oHrmv, especial ni generalmente en todos nuestros reinos, sin que primeramente sean llamados á (lortes los pronirodores de tfxlas las ciudades y villas de nuestros reinos, y sean otorgados por los dichosprociiradoresque a las Cortes vinieren.»

Por el tf'sto de la Ipv anterior se echa de vi^rqii" las antiguns Cortes dehian si internando se tntaba <le im|>oner nuevas cwtnlniciones, pero no era necesario su consentimiento para cohnirlas va establecidas; y sin duda (pie el j)rincipío de gobierno entendido de esta manera, entraña maiduria que los artículos de las consüluiiJiies modernas. Porípie ¿cual es el <Afíto do la intervención de los pueblos por mHio de las C6rtes en la imposición de los fribolos? Es el evitar que so hagan pedidos ifijtelos y arbitrarios, y precaverse contra 1.1 codicia de unos malos gobernantes (|uc oniíipran chupar la sangre de la nación; y praesto. / ' <ario acaso que las Cortes anden exani. II iii i » de continuo cada ano o •"ada dos años los presupuestos, y (jue otortuen al gobierno la facultad de cobrar ó se l« Bieguen? No ciertamente: lo que se ne-WSita es que cuando se im|)one una conlri-Iwcion se averigtle con mucho detenimiento rttMe» el objeto á que se la destina, exapwttndo al prirpio tiempo si encierra algo de. injusto ó falto de equidad, si es demasiado Pavosa á los pueblos, si, tanto con respecto > b cantidad como á las bases con arreglo • las cuales se la distribuye, adolece de alewn defecto. P(»r lo demás, tanto dista de spr prudente el examinar todas las contribocione-í c;ida ailo ó cada dos afms, que habrá muchas sobre las qu^* un tiem¡)0 semejante será insuficiente del todo para que se i'ueda formar juicio de ella.

K primen vista nada mas alrai tivo y se- •liictor qne el ariiculo en que se previene qne antes de votar las Córles las contribuciones que hayan de imponerse, se les pre- I senté por los rcsp ^ secretarios del i despacno una esposicion en que se manilieste el estado que tengan los varios ramos (le administración pública, debiendo des-; pues el ministro de Hacienda presentar á ' las Córles el presupuesto de gastos y de los inedins de satisfacerlos; pero en la realidad t(Mlo esto no ha sido para el pueblo español! mas que una ilusión cruel, si es que en sn iumensa mayoría ilusión hava tenido. Mas ' de diez, años llevamos ya de este sistema, ¿y qué ha sucedido? El gobierno ha cobrado las contribuciones sin el consentimiento ' de las Córtes, como y cuando le ha parecido ¡ bien. Si alguna vez no ha creido conveniente hacerlo de esta manera, ha pedido!ina autorización, y las Córles, que tan celosas debieran ser en este punto, la han otorgado sin diíicultad. Cuando se han llegado a examinar los presupuestos, la discusión ha presentado dos fases. ¿Se trataba de algún punto que se rozase con la política, con las pasiones del momenlo? ¡Oh! entonces el celo de los representantes de la nación no reconocía límites. Tanto era el ardor con que entraban en la disputa. que por lo común se ol\ ¡daban de la cuestión; traíanse á cuento las miserias de los partidos y de los individuos, encrudecíase la lucha, los ánimos se exaltaban con el choque, v lo qne era asunto de una pequeña asignación daba ¡I pie á una sesión estrepitosa. Menudeaban I entonces las interpelaciones, los teriibles ' cargos al ministerio, las palabras amenaza-' doras, los siniestros recuerdos de la omino- ¡ sa década, los aciagos anuncios del porve- ■ nir. Pero si los artículos del presupuesto no i eran de tal naturaleza que pudiesen servir: para levantar por medio de ellos pasiones poHticas, ó bien los directores de las tem-! pestades no creian que fuese aquel el momento oportuno para atronar el cielo y la tierra, entonces la discusión de los presupuestos, por grandes que fuesen las cantidades de que se tratase, por dificultades (lUc ofreciera la materia, por mas que putiiesen campear en la arena parlamentaria las altas capacidades económicas y rentísticas, entonces, repetimos, y a pesar de estímulos tan poderosos, el ceío de los representantes se enfriaba, las sesiones eran: fastidiosas ñ muchos de ellos, la discusión se arrastraba con languidez como enfermo moribundo, hasta que al fin se estinguia I cual fuego sin pábulo.

■ jMsublw españoles todas, díganlo con | itontees masnulos, maspervermoéi la maoo puesta sobre el corazón, si el cuadro que acabamos de trazar no es exaetameate tiel. Digao si, no obstante feos artícalos escritos, han víslOidíssniBuir svs eaiigts; dignn si jaflíás tuncfoii, un gobierno peor y mas caro.

Bl objeto de estos preTenckmes suopieam que se consignan en las leyes fundam(*ní!iles modernas. vs tonrr In rjue so Wáma. una arniii contra el (Mider (lura esgrimirla siempre que se orea necesario óeonveniente. Hé aquí cómo discurren las escuelas rt'volnciouarias: sin voto de Corles no hay contribuctopes, sin contribuciones oo hay dinero, nn diñen» ningún gobierno vive; cuando a ucranios, pues, imponerle respeto ó amere otarle, ó forzarle á algún pa^ <|tte le sea eo^oso, le diremos: «lú eres maj libre para hacer lo que quietas, pero si nos disgustas lirmarenifn; tu sentencia iiuiítI**; el suplicio sera cruel, perecerás Uc ttamitre. ^> Este disoureo ee renMdo como cosa muy corriente, muy juiciosa; y sin embarco, en otra época m í^uc no se liallcii atacadas de vértigo Uá cabezas de muchos que se pretenden publicistas, será «mirado eoroo eosa ostra va gante é insensata.

Vamos á demostrarlo de una manera muy sencilla. O el gobierno en cuestión habrá llevado su arbitrariedad y tiranía hasta tal punto que haya traído sobre su caly^/í^ la indignacioa de ios pueblos, ó no. ¿>i lo prmiero, ni él se detendrá por los ohstáeulot que le oponga la ley fundamental. ní [)or masque la> Cortes le hayan condenado a nwr'u- de hambre, dejara de tomarse el aiiiucaia por (jTif> Meran jaina-^. tndo [inr In scnríHa é iuoccuttsmia razón de que so quiere derribai al miaisterio y ios candidalos del nuevo son los opositores', ¿qué neoesidad ba> de defar 8 la ambición tan anchuro!*? |>iieri^, di' suerte que pueda acecítar el mooieoto o^rtuna en que se acaba el plaw de las eontabneio ues votadas por las Cortes, y suscitar adrede una complicación, que ó derribe al mé nisterio, o le ¡tou^a en la neeesidad de infringir la ley oobnn votadas?

¿ Sabéis lo que signitica ol decir ¿ un g bieruu «no cobrarás ningún tributo, » y al pueblo, K no debes pagarlo á Um que te lo exijnn?" Si::nitn;> nada mcnns que r?ecir: «sociedad, uuedus sin goinerno, el |>oder que te regia na caducado por cierto tiempo, no vale nada hasta ({iie'nosotroe le rehabilltemov; ffur itii ' c! interregno deliendc tus intereses como mejor entiendas, n Signilica lo mismo que decir: «ejéreito, deja las araMs y vete adonde quieras. Arifiada, roooge las velas, interrumpe todas hs psiíediciones, abandoiyi los apostaderos, y deja que Utó ca»<os se pudran en el primer puerto adonde puedan arribar. Magistrados que administráis justicia, cerraíl vuestros tribunales y dejad que el ratero, el ladrón, el asesino, el falsario, el incendiario campeen á aus^nkchuras. Empleados todos que en un '^critidn cualquiera formáis parte de la admmistracioa pública, que protejeis ó fomentáis grandes mtereses, vuestra misión se conclavó, nada tenci-; hacer. Alcaide^ <yoí^ '_'Mírníus a los presos, directores de los establecimiensi mismo con la punta de *la espada, ni es | tos de piados, abandonad vtiesiro p«e»to» probable que el negocio so detenga en votos de Corles, pues que en casos tan estremos la historia y la esperiencia uos enseñan que las pasiones y kw intereses de los pneotoa suelen tener órganos aigo nia^ cfit aces que los oradores parlamentarios. Cuando ha llegad» el sufrimiento á altarse, cuacdp nada han podido los ruegos, las esposieiones decorosas, las reclamaciones vivas, las protestas enérgicas, entonces tle^a para las nacbnes una de aquellas crisis formidables en que comienzan a dar rugidos los entrañas de la tierra, sobreviniendo al instante una esplosion espantosa. Si el gobierno no ha llegado á tal estremo, si solo ha tenido la desgracia de nuil(|uistar<;e con algunos díabríd las puertas de los calabozos, rpiitad las cadenas a los presidiarios; estos infelices deberían morii^ de hambre, p(MX|ue el gobierno nn tiene nn cuarto con que sasteneríos, y pena de muerte no se la han señalado las leyes, y si tal fuera, no sería de hambre.. Establecimientos de beneficencia, todos los que dependéis del gobierno, van á pavoenr WB niños espósitos. los enfermos, los ancianos desvalidos. Embajadores de la nación que sostenéis su hoMr y represeartoia m dignidad en tas cuatro partes del globo, recoged el pabellón que ondet» orgulloso sobre vuestras casas, y a quien os pregunU? la eautia, deeid, que no es otra que la misefia. » «Este coadro, roplicarci-. vn\\\ reputados que tienen á los niinigiras por los v cargado. • Pues nosotros pretendemos que Dígitized by Google