Dígitized by Google áélMnos «Indio mafqtft wHimtk á la luz corre^pondientp pnra que pudiera ser visto UtI como es. i^n electo, vuestro articulo «BDililiieioiial wfá una verdadé no: ai lo es, al cuadro es íidelísiino; si no lo es, ¿cómo podéis dofendor ron lanzn en ristre lo que reconqpeis ineotira? Mentira sera porc^ue el (Mliienio M» fM» ha do resigoar á monr de inanición pni no (jiiebranlar ta ley; y si vosolros para aleccionarlo le derribáis, de nada habrá servido ei articulo tan decantado: en alfríaiereasD reinará la arbiirafiedad, en dvlio la aiian|BÍa, la ley an ninguiio.
SOfiBE LA ILTUA CRISIS.
Emito «BAaredAiia ea tOJ« julio d* jr pnbiicida Madrid •tlTilíli ■ La ■adoB acaba de atravesar una crisis prtivisi?nn rjoc ha producido muchos males, pero que no dejara de acarrear algunos bienes. Muchos males, como son la incertidumbre de la maicha politíea, la ausencia de todo «i-- temn,!;t rlt'soríranizacion de todos los ramos administrativos, la descoolianza de loa iainios, la exaltación de las pasiones, el tomento de las esperanzas de ios partidos, qne Icnlavía no h;in renunciado á perturbar ei pttis. Algunos bienes, como son ei dar á aaaieer é na hombres, poner en claro la verdadera situación en que nosencontramos, y aurntíular asi mas y mas el raudal de espe ríe iicia que lodos los días va atesorando la nación, late OS nn bien« un bien de muchísima importancia, porque los puehíos como los individuos no han adelantado poco para encontrar el remedio de sus dolencias. Manda bon conocido cuál es el mal que padecen, y saben á punto fijo ooál es el origen de que dimana.
Can la oaida del niniaterío González Brabo se organizó el preaeirte, del cual el pais tenia derecho,t e«ípi'rMr (foc imprimiriaá los aegociot» una marcha bruie y decisiva; desgraciadaniente solaba tenido oca«íon de eo> nooer d(; <jué modo se le gobierna, y con eeán inescusahle lijereza se conducen en Kspeña los grandes negocios del Estado. Ona éeloa miembros mas importantes del sieíoo particular y por la elevada misÚMMva acababa de recibir de S. M. la Reina, se liallalla auí>eute, eu cauiino para l^dnjs, cuya embajada se lo liabia cncarjuido. Era de suponer que al llamarle de uuuvo para ofi!p;ir \m-\ '-mI:' «m! cI coh-ejo de ministros,' se. iiut)riaii leuiao cu cueuta sus opiniones, no ignoradas de cuantos le conocían; y qna por lo mismo estarían los nuevos ministi-n» dispiicslos a seeuirias. Proceder de otra manera parecía impropio de hombres de Estado, pues que la uniformidad de opiniones ea una condición iiutispensabla para ibramij^sn ministerio compuclo.
Tal era el aspecto que los negocios presentaban miradk» de lejos; pero los que ha-»' bian tenido ocasión de ndruiirir ¡líennos datos sobre la verdadera situación de lastusa.s, V cuantos no olvidaban que aquí se - marcha a la aventura sin darse mucha pena boy por lo que pueda suceder mañana. sn^prr hanan' con harto fundamento que ia uuiíonuídad miniflerial sería una palabra vana, qne aa^ darla algiin tiempo en las columnas de lo» periódicos hasta que ios iwcitoa viniesen a» desmentirla.
La salida de Londres del marqués de Vi* ]nirin dirigiéndose á Es])nnn para eneargarsff de la secretaria de Estado, sigoüicaba muchapara los que ignoraban qne el marquéa obedecía á una insinuación de aquellas á que» no puede resistir uo caballero, pero que no quitan la libertad de iíeguir el dictámeii de la eoneíencia cuando llegue el momento de-> cisivo de obrar como ministro, convirtit-ndo eu actos públicos his opiniones partrcidares.
Tan pronto coiiiu iuilio iiegadu a Barcelona el marqnés de Viluma, comenzaron á circular rumores muy craves sobre divergencias de ios ministros en puntos de ja mayor trascendencia. Los períódicc» de laopo" sicion principiaron haciendo íodieacionea sobre peligros de la Constitución ^ planes reaccionarios en diversos sentidos; La prensa llamada de la situación procuraba atenuar el efecto producido por las palabras de sus adversarios, y se esforzaba en pí»rstiadir que los ministros estaban en el mejor acuerno. y qne si alimona disidencia podía exlaiár entre ellos, debía de versar sobre obietos de escasa importancia. Vano empeño, la opinión pública daba á los espresados ruínures toda la gravedad que se merecían; j á )>esar órganos nwvo gabinete /no solo por la cortera que de las protestas de ciertos órganos de ta sekeaeoniendaba, sino también por su po- " prensa, no había quien no creyese que Tio 4«Imibo8 en una crisis cuyo desenlace había de ser, ó la salida de un ministro, ó un «iuuiiiu en la dirección de ios negocios.
IkndúvosQ achraiido cada dít la situación, Ins rnniores circulaban mas arredilados y «ircuQslanciados, era mas vivo en unos el grito de alarma, menos fuertes en otros las denegaciones; hasta que al fin, con la salida (1p Madrid de los nialro nttnísfros para llarceiooa, y con las indicaciones de los misiiios perÍMioos que uuis se habían empeftado en ainnuar á los q|os dd público la (gravedad do la crisis, no -pudo quedar ningún genero de duda de que esta era muy liescendenlal, y de que las disensiones en-' Irc los individuos del ^Mbinote versaban sobre objetos de la oías elevada iinjiortaUL-ia.
£n negocios de esla clase, do mi\o reservados, y que en la parte que se deja traslurir f>=stnn demasiado sujetos al indujo de encuntrados intereses y opuestas opiniones, para que puedan menos de envolverlos en una nube de oonfusion, qoe puede hacer incurrir en numerosas y graves inexaclitudes, es sobremanera dilicii emitir un juicio que tenga las debidas prendas de acterlo; y 4H:onseja la prudencia el no formarle, ni nur eho menos manifestarle, sino estribando en sup<»iciones de cuya verdad jio responda ci escríter, dejando á la disereciott del público el que les dé el valor que se mnr( -/i in, según las noticias que hayan circulado y el caracler de lus acualeciuiieutos que liayau ocurrido. Estas consideraciones procurárcino5 no olvidarlas en el presente arliculo.
En primer lugar, parece íuera de duda que la disensión entre los miemliros del gabinete ha versado sobre puntos de l.i mayor trascendencia: de olra soert»^ tío tiK r;i dable cspiicar la retirada de un hombre a quteu «e hace Tenií del estrangero, abandonando 4ina embajada importante para la runi se le acababa de nombrar, teniendo al {lais por «spacio de dos meses sáu uiuguu sisleuia de IKODicrno, solo por esperar el voto del espre- ■sado individuo. Vano seria el empeño de persuadir otra cosa á la nación, vano seria «1 empeño de hacerle creer que la disidencia Misteríal ha tenido por o^o cuestiones secundarias: los rumores sido demasia- ¿Cuáles lian sido estas cuestione*? AI responder a esta pregunta y;i es preciso andar con mas tiento; sin embaí go, por lo que poede inferirse de las noticias de la prensa periódica, de las que se han difuiMÜdo en tos altos circuios polilicos estendiéndose después por toda la nación, parece que el marqués de VUuma tenia concpbidoan plan sobre la resolución de las grandes cuestiones j)olitM:a8 y religiosas, que lo ha pro-, puesto á sus colegas como eondioion íiúlispeusable para continuar él ocupando su puesto, y que no habiéndose estos conformado con las opiniones del marqués, ha presentado resueltamente su dimbiou, negándose á toda transacción que pudiese desvirtuar su sistema; y que al im, eu vista de la imposibihdad de traerle á otro camino, la dimisión ha sido aceptada.
Sei:un parece el Sr. de Viluma se proponía organizar completamente el pais por medio de decretos, introduciendo nastaen la Constitución mtema aquellas mudanias que la espericncia ha maniiestado necesarias. Si esto es verdad, hien merece que nos ocupemos un momento en aaonto tan importante, examinando la cuestión bajo los puntos de vista de conveniencia pública, de legalidad, de posibilidad, de oportunidad.
Conveniencia pública. Nadie duda ni da-t dar puede de la profunda dt'sorganizacioa )oht<ca en que nos euooulramos; nadie dudo ni dudar puede de que mientras no salgamos de semejante sUuai ion, es im|io8ible dar ma [lasü en la carrera del bien. Or^^fnicemos la tiacionda, dicen unos; ordenemos la ^ministraciott, dicen otros; y ambos nos pare-*' cen comparables á quien hablase de tal o cual re-íirocn de vida á un enfermo atacado de una dolencia nM>rtal, sm pensar ante todo en acudir al remedio de ella. Mienlraa lm nación conlinúc en el estado político actual, en esa anarquía que devora sus entrañas, y que por no manileslarse ahora eu las calles y en las plazas no deja de producir.grandea males, es imposible hacer nada bueno: ensáyese cuanto se qmeia, todo nacerá eulermizo, todo iieiecera en breve. En este punto están de acuerdo los hombres de todas las opiniones; y por lo que toca á la lev fundado acreditados, los hechos sobrado ruidosos, mental, que es lo que podría ofrecer mayo-MTi qne nadie pueda hacerse ilusiones so- I' res dificukades, reiteiiremos aqui lo que nfe la gravedad de los motivos que han j hemos dicho ya una y mil vec^'s, «{ue es prnducidí» la »'««cÍ8Íon ministerial y la relira-. injusto /«pie es dañoso, que es funesto, «ue da d 'i luaiiiue.s de Viluma...es dair al pai^ una lección de luiu^rahj^au «4 Mit ley 4|M 0»%ÍB mnlh I vartérs y budlerB los niobtmiM aottoí^ miento se ha infringido, él apelliilar sagrado res? El sable de Espartero, del fteoeral d« lo que se conniira con desprecio, el <'mpe- los ejércitos reunidos. ¿Üe dónde nació Ik fiarse en llaniar ley fundamental un código cuyos artículos no existen sino ene! popel. Por la (Innstitucion d<'hi(»n hnhcr iniliria. y DO hay milicia; por la Coustituciuo no dehicrm cobrarle contríbocionei} no votadas en Cortes, V tas contriÍNKÍBae» se cobran; por la Constitución la roroim por si sola nopiie- Conslitucion de i 837? Üe las Corles couslítuventes, eesvoeadas por la violeiicía hecha á fa Reina en sti niisnin cámara en el palacio de la Granja. ¡Lc.^'aiidad!...¿Con qué legalidad se dcslruyeroii ios conventos? Con el piBAal y la tea. ¿Con qué legalidad se han • arrebatado a las monjas sus l)i('nes, deSj)ode hacer leyes, y la corona ha hecho 4eyes; a jéndolas basta de la dote que recibieran do Maro A qiMl eanaanuMit «Bn «ilros arHciiloa | smrfimiUas, y dejándolas perecer de mise ManOir.nMiiifestado hasta la ultima evidencia, en ona reseña de los hiubos coto jad os con los artículos de la Constitución. que esta en lülklail ve wisle, t^n es ana pambre vana, un pedazo de papel, una mentira con que se vrocura engañar impudí'nlemeni»' á los pmMee, queriendo hacerles creer que disnMtonpina libertad que jamas han disfnitado, I que no disfrutan ahora ni disfrutarán en aÑielaate. £sto es un insulto a la nación, piRS es decirle que tiene delante (te sus «ios lo que eUi no ve en nhigona parle, qne palpa lo que na palpa « que gasa lo*qoe no los advérsanos bociones de las Córtes? ¿\o os espanta esa OtensioD de las facultades de lu corona? ¿No ría en la soledad d los claustros? ¿Con qué legalidad se deja el culto y clero oii el mayor abandono, mientras que cou sus bienes se están hnproTísando cotosales ÜMrtunes? ¿Co» qne legalidad se ha dejado á los parlicipeü legos de los diezmos sin uinguna indemnización por los grandes perjuicios luic ^^e les han irrogado? ¿Con qoó legalidad se está permitiendo hace ya tantos años. (juc insaciables agiotistas se enriquezcan mus y mas con los sudores de los pueblos? ¿Con qué legalidad se ha consentido Upie lus ministras hasta los últimos dependientes del gobiery iM> hayan obrado coa la mayor arbitrariedad, «¿No os eseandaK«a, dirán ski sn}eeion á la ley. sin ninguna clase de , esa usurpación de las atri- ' miramientos? ¿Con qué legalidad se está consintiendo todavía que la Constitin ion siga sin observancia en puntos de la niuyor graal 8í^ nombre de gi^pes de estado? II vedad? ¿Tenéis intención de sujetaros es- ¿Nada siirnilit a la palabra hf/alidad? r> Confiíj»aremos francamente que cada vez que «BIOS pronunciarla por ciertos hombres, lela indignación nuestro pecho si no la sonrisa á nuestros labios. ¡Legali-I...{[Dónde esta la le\^? Desde que Íú-HmM d Atimo «MNMrca, ¿hemos visto mas qas al inqierio de la fuerza? Fner/a contra hsteycs antiguas, fuerza contra los intereses Blas sagrados, fuerza contra las iusliluiines m» ▼enerandas, faena eonire el poehlo. fuerza contra la religión, fuerza eontra el irono. fuerza contra todo j)oder, ^rza contra las personas mas augustas, heita en tas-caMes, fnerva en las plasas, ftiprzapn los campos, fuer/i en los estrados k los tribunales para intimidar a los minis- Ins de hi justicia, fnerxa en los altos consejo». fuenr.a en la cámara misma del monarca, ¡legalidad!...¿Donde esta la ley? ¿De dontic Ih sabdo lu situación actual? De una re- Irielameñle á la legalidad para en adelante? Si las Cortes saliesen progresistas, ¿os resignaríais al fallo de las urnas? No. Si sak una mayorio á vuestro fiiTor, pero embanhzada por una minoría numerosa que no os deje andar ^lor el camino que deseáis, ó* ponga en peligro Taestra conservación en el poder, ¿os sometereis á vuestra suerte por amor a la l-'i: tlid;id, por respeto á las prácticas cousliluciuuales? No. Cuando, pues, babtois de legalidad, no os esplicais con fran- 3ueza; entendéis la legalidad á vuestro moo, el acatamiento a la autoridad de las Cortes es un bumenage bi|)ócrita: si se prestan á serviros de instrtnealo, las dejareíf ejerciendo sus funciones en pai; cuando ao, las haréis pedazos.
Pocos meses faltan para que se vea confirmado lo(|ue estamos dicieudo ¡ cuando os presentareis á las Cítrtes. á pesar de toda vuestra legalidad, no dejareis de volver In popular. ¿De dénde habla salido el | víala hacia el presidente del Consejo, no poder de Espartero? De una insurrección i para aseguraros de que lleva en la mano la ■üüar conabinada con un aaelin. iQuíén leí * Coaatitncioa de 1637, sino por vef si tien» Digilized by Gü(¿gle '1 c€lidii todüvfa ki espada de Torrejon de hrdn/, y cen"iornrf!s de s¡ en el último eslremo Eodeiscuatarcon h legalidad de uo acero de ufen templo. es Ja verdadera sitnteion' délas oosat), clara, limpia, espresada sin rodeos: no qiifrpis dnr mas rnbustcz al trono, queréis continuar mimando de una parte á la revolueion niieiitras de otra ta habéis irrítidn terriblemente: (jueieis continuar en una leirnlidad que bien sabéis lo siirnilica, queréis proseguir en esa biluaciun provisional: aislados de tos partidos que eneierran la fuerza del pais, os p.oclnnnis los solos inteligentes, lot» hombres de mano robusta para empafiar las riendas del Estado y asegurar el triunfo de la ley; y entretanto solo podéis subsistir porque 'os *apr)vn e! pnder militar, no por aticioa á vuestros prmciuios, t sino porque el ejército ofi ve ál laoo del tro- I no, y el ejército es leal á su Reina. El éia qiip e! ejército. sin lK)St¡lÍ7.ams. sin ponerse del lado de vuestros adversarios, os dejase solos en lacha con los progresistas é eon los realistas, aquel dia desaparecierais de la escena eonio leve paja arrebatada por el viento.
Citando las naciones han llegado á una sitúa* íoo cnlica como la actual de España, la verdadera lt'i,'alid;)d cslá en aquellas medidas que salvan el país matando la anarquía, aiianzando el órden y asegurando para en adelante el imperio de la ley. Y cuando los poderes han desaparecido. cnando todas las leyes se han conculcado, cuando todas las instítaciones yacen por el áaelo, cuando no hay principios fijos de gobierno, cuando hay un desorden profirndo en la admini^fracion, V solo medran los intereses ilegilimos, y solo campean las malas pasiones, y solo prevn!('cf;\ los iatriírnntcs. y el horizonte se anubla, y ei (íorvenir se carga de tormentas V corre riesgo la nave del Estado de zozorobusto ftnettMHtíis entro 4t"«nNpita y el despotismo, tendréis que entrecrnro^, o en brazos de la revolución, o colocaros eaun euacfao cercado de boyonetas. Dadle á la cuestioQ todas las vueltas que os pareciere, no 1h encontrareis otra salida: á esío «¡neda* ra reducida vuestra decantada ie^^aiukd.
PimHUM, ¿Era posible que el trsaa organizase por sí mismo el Estado? ¿Tenia fuerza sufíciente para llevara cabo semejante proyecto? Ciertamente que si se ju¿^a de situación de España por tos fieros que tea estado erfiando periódicos de diferentes colores, debiéramos creer que al publicarse los decretos de la nueva organización hubiera estallado vaa revohieion espantosa, se hubieran repetido los jornadas de julio de París, hundiéndose el trono y pereciendo los inseosatoseoMeferas que ImlNesenvIaBtado contra la libertad. ¿Qué hubiera podido el ejército con acreditados generales á la cabeza, cuando se habría visto aoouetidu por una nube de patnotas de fenaidaMe iMT' na, luengos bigotes, ojos fulminantes y voi estentórea, gritando: vn-a la libertad! ¿Que hubiera podido, ni el mando de la Ueina. ni el apoyo y el contento de la inniensa mayoría de los* pueblo^ ni 1 1 Ir iltad y resolución de un ejército numeroso, cuftMio tal vez la falange de la patrüi se habiera visto reforzada por algunos ^pos de hombres habitualmente pacaio-í, fijne si bien formaran en las lilas donde no se oyeran otras palabras que las érátn yley, nó bubimB podido sufrir que se les arrebatasen los derechos, conqttifita preciosa de largos añas de uncnficios y de sangre? Por nuestra parte esiamus tan convencidos de la impotencia de la revin lucion en España, aun cuando quieran afiliarse abiertamente en elia algunos q4K pretenden sus enemigos, que si eí trono brerenbrevé, entonces, si la Providencia I hubiese dado un paso atrevido para salvar ha conservado un poder, bien que desmant^íudo, todavía fuerte, todavía acatado por los pueblos, este poder tiene el derecno, tiene el deber imprescindible de hacer un esfuecTo por salvarse á si propio por salvar á la nación que le está encumeudada. Esta es la verdadera legaKdad en Espato; este poder era el trono; andad buscando la legalidad en otra purte, no la encontrnreis. Lo que haréis sera prolongar el malestar del [tais. esponerlo é nnevos disturbios, ¿ complir irinns's sin cncnto. (ni vez á catástrofes el pais. creemos ([lu* jínra mantener la tranquilidad pública bastaliuu la vigitancia y prevencionei del servicio ordinario, ais qne hubiera sido preciso ni aun reforzar los cuerpos de guardia. En prueba de esta verdad recordaiimos un hecho que basta y sobra para el objeto que nos proponeaMa. Había en España un;i uulicia nacional muy numerosa, (pie era el espanto de todos los gobiernos, el a¡H>yo de todas las revoluciones, y que al parecer podia anoaadar al «jéicíta el dia que creyese conveniente ejecularlo.
espantosas; y huyendo de crear un poder " Estalla la revolución de Alicante; haUabaae a] frente del ministerio un hombre práctico •B la materia, que segim noticias allá en iempos no muy remotoi anduviera en moti- Msy (Mt>nunciumientOi; tionocedor el seüor González Biabo do lo que vale la revolución . fltt£spaüa, y de ia íuer^a de esa^i bayonetas 4a la nitieia aaeioiial, capaoes de canciuistar el. mundo, dijo con la mayor serenidad: t Vengan todas esas arin;fs. >. Y esas armas faeroii entregadas, y la Lspaüa se vio sin aáieia, podiendo apenas creer cierloa homlires lo que estaban viendo con sus ojos. El Sr. González Brabo liubia aprendido en medio de la revolución lo que la revolución valia; y con este acto de su gobierno ha ma-..rtwtado hasta la ultima evidencia lo que el foder real es capaz de hacer en España cuando quiere.
fljiarftiwMflrf No falta quien opiiie que la ocasión no era oportuna; que lo que se podía hacer en marzo no era ya posible en juj«lb; qoe nieatras la iaturraecion de Alieante f Cartagena estaba dando motivos i>ara obrar con energía, entonces se debia aprovechar k coyuntura, tomar por preteslo lo eslraor-^4itario las ctromiataiicías, y dar de un gol|)e al pais la organización conveniente. iMiserable discurrir! ¿Existe la necesidad? k ó no: si no eiiste, ¿por qué dar un golfe de estado? Si exiale, ¿por qué no salisfarerla ahora? ¿ Pues (|ué, acaso las grandes.auestioaes de Estado deben resolverse ))or j^praleatos, por aorpreaa, á manera de despiíjipie pueril, ó por espíritu de venganza? Si fe hubiesen resuello estas cuestiones en medio del estrepito del cañón, ¿no se habría ^Ñ^adid^ deair que el gobierno obraba por li- Íereza, con prccipilariim, cegado por lo peigroso de las curun>taucias? ¿No se hubien podido decir que echaba al inceudio «iÉaa9W canbuatibles, eacílando las pasiones y conlirniando con sus actos el grito de alar-Btt de los rebeldes que procuraban legitimar •«la iasurreccioB con el protesto de que estaba tÉiaaianaTndB la libertad? ¿Na era mas juicioso, mas sabio, mas político, mas aceptable á los ^¡jús de la nación y de la Europa, el iuauguiPirua aiateBMi nuevo después de asegurada ^ h tranquilidad en todo el ámbito del reino, pasados todos los peligros, trascurrido el -^JieBipo necesario para que hubiese podido.dlHiaaiilarse el negocio en los consejos de S. M. con todo el |)ulso, detenimiento y madurez <|ue demanda un asunto de esta clase? Y si '^m es oportuno ahora, ¿cuando lo será? El orden railULeB tadiS pKtes, el trono es arar tado por los pueblos,61 ejército esta decidi-r do á combatir á la revolución, el curso mia? mo de losacootecimicutoa babia creado una situación cstraonlinaria, que reclamaba una solución estiuordinaria también; la nación está sedienta de paz; de (]ue se afiance so* bre basa sólida el órden que mira mal segu« ro; los ensayos que el poder real ha hecho asi en el desarme de la milicia nacional como en la publicación de leyes y en el cohifi de contribuciones no votadas por las Cortes* han manifestado que no eiiconlraria resistencia eu cuanto intentare para salvar el {>aist ¿qué mas se podia desear? ¿Podia oMapü ocasión mas oportuna? Quiera Dios que po-» eos meses no basten para alterar una combinación de circunstancias favorables, ijlia cuando se quiera emprender el buen emusA no sea ya tarde, y ([ue la nación nf> [)^\ü:\\9 como siempre los desaciertos de lut» hoiiit>res.
CuestUm rtUaim, Laa ii|(§míones que aa han atribuido ai marqués de tllwna con respecto a eÜa eran, lasue suspender desde luego la vi'uta de lodos los bienes del clero secular y regular, de devolver los no ^lendidqa a los legítimos dueños que existieren, y tomar las debidas pro> idencias para que en todo lo demás se pusiese de acuerdo el gobierno con la Sonta Sede, para aue se pun diese asegurar una subsistencia independiente uara el culto y clero, y se reso^ieseu todas las cuestiones de una maftera justa y decor(jsa. Tenemos motivos ^ara creer qua estas noticias no estaban destituidas de fuudamenlo, y que tales eran en efecto la^ inn tenciones oel Sr, maroués de Viluma. Aun cuando no hubiese mediado la cuestión política, bastaba que el ministro abrigase semejante proyecto con voluntad firme do llevarlo á cabo, para que séj le snsdtajlen numerosos obstáculos. Se qtiíere suf:nertdcr la venta de los bienes del clero. pero la suspensión serácuando esien ya vendidaatodo»; se quieren cottsen'ar los hecbos consntnmlos, V j)or lo mismo se activa la consumación di? las ventas; se quiere asegurar al clero una subajalencia laa^idiente, pero se trabaja infatigahlemeule para hacer la independencia imposible; se cpiiere obtener un arreglo con Uoma, pero con la condición de que el Papa no intervenga para otro cosa sino poní sancionar todos losuespojos, y tranquilizar las conciencias de los mibuios que hau couir prado y están comprando cone^ esperaota; Digitized Digitized se apresura la conáamaeiÓB (de todo k» qat es menester para que mny ón breve se pueda decir ai Papa: « Beatísimo Padre, ao&-ttras somos profundunente católieo», ttthelamos reconciliarnos ron fl Virarlo de Jesucristo, deseamos qiw la Kspaña no continúe por mas tiempo como rebaño sin pastor; nürad, casi todas las íf^lesias están sin Obispos, las funciones del Sa^rrado ministerio apMias pueden ejekcerse por falta de sacerdotes a causa de la inlemipcion de las ordenaciones y de la susfH nsion de provisiones do prebendas y curatos. el clero no tiene de que comer, pero nosotros le aseguraremos tma dotación del trarío; no nos pidáis onda sobro los nnliíiios bienes de ta iglesia. la revolución los ha devorado. se han creado ya intereses que es imnosible destruir. Sacerdote Snpremo entre los sacerdotes de m Dios de paz. no nos preciséis á una ímerra. decid que todo lo hecho por bien hecho se Ipiédti* íf^ttneAibs amigos, y quizás quizás algunos de nosotros « os bendeeirán al contemplar las ma?rnítícas posesiones que tan fácilmente lian adquirido, y ai?er la adquifielonsaneionadacon la autoridad apostólica. » Entretanto, buonu será continuar mandando personajes a Roma con protestas v ofertas: cuando ios hechos hablan roas alto qne todas las palabras, instiles son las tentativas. Pero. ¿([lié les importa á ciertos hombres la suerte del país? ¡ Desíiraciada nadon! ¡Muy irritada estará contra ti la Providencia, cuando no hn sonado todavía la hora de Iiher(;irt(> (Ir nianos de (¡uienes sobre el daño añaden la mentira y la burla!...hen aeffwir loa de «M pairimf muy necios ó muy olvidadizos, si pudieSea dar crédito a las entrañosas palabras de ciertos hombres, que (Kir sus miras particulares procuran difundir el engaflo de que esta nscírtirado el orden, de que nada [)uede ta revolución para turbar de nuevo la tra»-(|uilidad pública, de que los pueblos calan contentos y satisfechos con k SÍtMniOttao^. tual, de que llcjifado el momento del peligro ie:i bastara a los gobernante» dar cou el pie en el snelo, para oue nncan por toda4 parv tes numerosos defensoras de. tos utopias é intereses. Preciso fuera cerrar los ojos o la luz de la verdad para dejarse alucinar coa vanas palabraa, qnn están' en «videntoconf^ tradiccion con hechos que vemos con nuestros ojos y palpamos con nuestras manos; pa'ci^u lucra, para mecerse cu tan meoUdas esperanzas, haber olvidado 'leo nconiecÍB míenlos de los diez años que acuban de transcurrir; preciso fuera ao recordar gan en époeas recientes tnmbien se eotaMMi himnos de triunfo, quo luego se convirtienm en gemidos de dolor y en gritos de desesperación: también se decia eu louu de completa seguridad, tratando dendtrtiesanienle a ki ({ue se atrevían á dudarlo, que la alianza del orden con la libertad estada asejíurada i para siempre; que el trono cuusliluciuual estaba aaenlado sobre basa anchurosa y firme; que en adelante serian una verdad las prerogativas de la corona v las garaalias populares; que imperaría la ley, y solo la ley, en todo el ámbito de la mooarquia; que la España iba á entrar en una época d« reorganizacioa social, de mearas de ha«,u cienda, de retonnas administmiivnB, dn> progreso industrial y mercantil; que ibinae a ser de nuevo admitidos en la comunión europea; que las potencias del.Norte;i que hasta ahora se habían abstenido de reeennifi cer a Doña Isabel 11. iban á verificarlo enr, breve, persuadidas de que se había establecido un gobierno sólido, estable, juicios<s. con quien ae pedia tratar oon esperanzas éivi que seria bastante fuerte para cumplir lo que £s necesario no alucinarse; hemos He- | llegara á prometer; también oirás vece». Mito á wna sítuaeiott sunameote grave, * *' ■ - — • dificil, peligrosa. Apenas salidos de una crisis, vamos á entrar en otra de no menos trascendencia; seguu el modo con que la reaolTanios, dentro de pocos meses iK)drá éneontrarse la nación ó considerablemente nwjorada, ó sumida de nuevo en los horromt'de la anarquía. Los españoles serian o j paiiUeadii en Madnii hemos oído que la Espafin alcanenrta pnmtaK ese cóuiuntfrtan deseado, y i|ue entraría é no tardar en un verdadero sii.'lo de oro. merced a la inteligencia, a ta rectitud, ala lealtad, al celo, arpatriotisaM», aldeainteréi de los hombres (|ue estaban á la cabeza déla nación, o <|ue deseaban derribará los goliernantes con el santo lio de colocarse ellos en (le tao halafíllefias esperanzas? Recordemos, rada patria, uno de esos dias en que truena e^üoles. k» acontecido eii 183.'i, cu 3y, horrorosa tempestad destruyendo todo lo en iO: rcsonabaa todavía esas palabras de >«Didad y de mentíitivy ^1 huraoande la revolución bramaba t>n ('>(i'>s los puntos de la Península; y lo6 btíiubfes ((uc se lisonjeáran de (^lateiieiia con^u débil mano, que rechazáiM.«m insulteiU* desdén el apoyo (le otros mas nifmoro?os y mas íuerles que ellos, se veiau dis^rsados como granos de aiflM en la inmeiMidad del desierto.
Pero ¿á qué recordar lo [Misado? ¿No Iwsta dar una mirada á lo presente? ¿\o basta volver los ojos eu rededor para ver ta revolución está a la poerla, que no cxisleülc, y dcjaudo eu pos de si largo ras-i tro de trastornos y calamidades?
¿Cuárdn será esto? ¿Quién será el primero que se atreverá á proyecto tan culpable ¿.ínseBsato? ¿Cuál será la ocasión que aprbvcchcn los perturbadores? ¿Cuál prcteslo tomarán? ¿Cuál será la bandera enarbolada? ¿Cuale^s los medios de (^ue dispongan para sostenerlat ¿Cuál la táclica que empicaran para destruir la combinación de circniislancias que favorecen la situación presente, y bacen íácil el transito a un^esiaq do de cosas mas segnio y satía&clonof B»» hnv otro medio de salvar el íroBO y prevenir ' to no nos lo preírunteis á nosotros; interro-r borrore^i de la anarquía qite poner en movimiento y. acción aquellos elementos que entraftaá unaMdal de ñicrza propia, que enrif rran una vid;i no f-uiicia, no dependiente de circun^taucias pasageras, sino iNja de principios que no perecen, de seaClaneatos que no k estinguen? ¿Es |K>sible 3ue una persona juiciosa pueda hacerse la osionde que el sistema a medias de vanos paliativoa, de.bipaci«sía y engaño, que alíennos intentan ¡-emiir, tía de ser bastante para remediar los males qne padecemos, prevenir ios grandes peligros que nos ame-Bam, y ciear 00 órdeo de cosas beoefieioso ydnradcro?¿E8posiblequehdya (\n<.r]) <r;\U\-cine hasta el punto, que crea sostentbie por ■oebo tiempo loque cuenta tantos adversarÍM, y que los va contando cada día ettmajior námero? ¿Es posible que haya quien se perfimá& que dejando sin resolver todas las caeüíoaee políticas y religiosas, descoolOi^ tando por una parte á los revolucionarios y poratra a los hombres amantes de la Rí'IÍpony de la monarquía, haciendo todo io iiitMHu pan irritar y ex^perar á la revolución, y no tomando nin^rnnn rijrrl d i que pueda matarla, dando de continuo csfieran-■ta de que se repararán las grandes injusticias, y pruBovieodo sía eesor.ta oomoaMK cion de lo nisis injusto y escandaloso que (^Dieazara la anar(|uia; és posilde, repetios, qoe baya quieo do Tea que un sístenia gad a la historia, consultad la esperiencia, atended á. lo que estáis presenciando, á loa síntoaias qoe se os ofrecen en todas direc^ clones; que si tal hiciereis concebiréis justos temores, se desvanecerán vuestras^speruhf zas, y recibiréis severas leocioDes de prtH dencia y cordura. A Dosotros nos basta saber que ningún frobierno puede sostenerse por mucho tiempo, aí se empeña en aisiarse de los grandes principios é totareses que tienen en ta socieaad una fuerza real y efeclivai nos basta saber que los ^'obiernos del)en esti'ibar en basa solida y anchurosa, asentada en terreno lirme, y que son iodígOOS do llauuirse bonibres de Estado los qne prole nduUí iHi^uii; un sistema de equilibrios imposibles á manoM de volaliiies, ora incliuándiise á la dereeba, ora á ta ta?rf quierdü, or;i Iihcír adelante, luego báciaí atrás, gastando luutiUueule las (uer^ait en ooBfervar aolitaMieB viotantasrbaoieoél conlor.^iones estravafianles, y presentando á los ojos de los pueblos una miserable farsa, capaz únicamente de escitar la risa y ei desprecio, en \qi de la gravedad, del apta* mo, de la dignidad severa y niníestuosa 3ue deben caracterizar á los hombres llamaos á regir los destinos de una nacioft gran-» de y generosa.
I'ara formarnos id^a^; claras y exactas sobre la verdadera situación de las cosas, y conjeturar con algunas probabilidades de semejante no es mas que un anchuroso cami- á acierto sobre eJ porvenir, echemos una mino de pi^dicion, que conduce á un ahi«ímo rada a los partidos y al poder. Los projíresisá la nación entera y a los que se etnpeitau tas, que duraule el tiempo de su mando se habían dividido en vari«i frMciaoas, «a ba» „ ^ unido de nuevo y forman un ruor|)o compac- UQQ de «sus (ijnii tarmidabtai qm con tapta • to. Ya no se «íumiveA esparienuta^t oya^^" ¿Oaebaya quien no vea pmgro^ístás porofí MpdUieano.^ ni ( das, élifilis contrarias Él trono de fiM, Atrás denoininaciones semejantes: y nr niiora no hny sino enetnigos del gobierno aelual, y la diferencia de opiniones é mtoreses la ocultan por el momento. reservándose manifestarla paracnamio hayan obtenido el Iriunfo. Poco importa saber si Espartero y Olozaga «0 han recondKado efectiTamenie ó no; lo I se entregó de nuevo á loe ocopadones eierto es que los partidarios de uno y otro están rn!¡p:atln>í, \a qne no reconciliados, y