Aclaradas estas ideas que son de la mayor imi)ortancia, si alijo se ha de entender en estas materias, pasare á observar la diferencia qu»! debe mediar entre paises y países, y entre tiem|K>s v tiempos; y dé esta iianera quedará maoilícsto cómo es que una constitución que er» un pais pudiera decirse que tiene un espíritu fijo y acterminado, en otro le teñirá sumamente vario, ó mejor diremos indetcnninado y vaiío. (aiando una constitución es antigua, se halla en armonía con las ideas y costumbres del pais, con las instituciones ({uc se llaman sociales, y con las oirás que se denominan civiles. Como es evidente que en todo este conjunto entra la ori^anizacion general de una sociedad en todos los ramos, v tanibien las opiniones dominantes sobre las materias de interés síK Íal; es claro que encierra mucho de determinado y fijo en las ideas, mucho de aplicado á la practica; y entonces es imjwsiblo que no se pueda señalar un principio dominante, un elemento que entre en mayor cantidad y fuer/.a, v por consiguiente un canicter propio v distuitivo de aipiella sociedad. He aquí el espíritu de su constitución, el cual no será otro que el mismo del pais; ponpic allí, como to(Jo habrá nacido de un mismo origen, todo habrá nuirchado en armonía; ó si es que allá en tiempos antigaos hubiera habido violencias, cho<iues y hasta catástríjfes, el transcurso d<í los años habrá borrado la huella de las antiguas di.scordias; y calmada la efervescencia, olvidados los rencores, \ aquietadas las oscilaciones de los antiguos sacudimientos, todo estura a nivel, - todo en ecpiilibrio, (K-upando cada cosa el I lugar que por su naturaleza le corresponde. ¡ Pero muy al revés suceile cuando una constitución es nueva, porque entonces hay <|ue ' dis'ptmer el suelo mismo.sobre qi«e debe ii^riii nse; > ademas es menester ponerla eii prií;)orcion y armonía con lo demás, (lue por su naturaleza debe estribar sobre ella. Puede suceder «pie las ideas y costunibres de un pais y sus inslilucion"s, se hallen en estado muy diferente del de otros países, on que haya constituciones más ó menos seuiejantes; y entonces crece la dilicultad de atinar en el verdadero punto para c(»nciliarc.s-> trcmos opuestos. P<»r(|ue si se (piiere acoutodar la constitución al esta<lo sin-ial del. l>ais, parecerá cpie se la falsea; y si se le (piiere dar un desarrollo coníorine al estado swial de otros países donde hav constituciones semejantes, entonces se chocará con la sociedad, y serán inevitables males de la mayor cuantía.
Aun cuando los gobernantes penetrándose! de los peligros qoe siempre llevan consigo aquella innovaci<«ies, que esleu en oposi-^ ciou con el estado de la sociedad, traten deceñirse esclusivamente á la parte civil y ad-; mínistnitiva, estendiendo digámoslo así. solo poratpiel lado los electos de la constitución, y dejando intacto todo lo relativo a materias' propiamente sociales, no se evita sin embargo el riesgo como á primera vista pudiera' piávcer. V esto no es solamente por el rocft que tienen con las materias sociales las civi-^ les y administrativas; sino, y principalmente, porque tal es el estado de las ojúnioues. qufr lo que para unos es puramente obji'lodc leves muy secundarias, es en concepto de otros», profundamente social, y de la mayor grave-» dad e importancia.
No.sera difícil encontrar ejemplos: el arre-» * glo del clero es en concepto de algunos, objeto (le una lev secundaria como otra cosa> cualquiera; según ellos no se necesita maít que calcular el número de ministros, la distribución de parroquias y obispados. la dotación del culto y clero, todo conforme a las< necesidades del país, y en armonía con las» ÍMtitucinnes políticas y civiles: sujetar estos datos al examen de una comisión, formar uní provecto, hacerle pasar por los iramiles de. las leyes comunes, y obhgar a somcii i se al nuevo arreglo, tanto al clero como a los pue-i blos. Cosa |>or cierto bien sencilla; ni mas, ni meniH (pie (piien arregla el sistema municipal o cualquier otro ramo: y sin embarga \m hmbtmsseuíia^oéi,^^^^^»li ik^m mas aito ij se hade resolver ett España: armnizarh glosas, están acordes en que no se pncde andar por ese camiao; y loám los hombres TeidadoEamente calóiicós están luUiitamcDle fmmüétm^ádq» ottfifoceder aeawjinie MriB«Wi atentado saeriie.^r> cfMilra <>l snnttmrit.;y si.iMoastetf fuere, t»<tl»riaar arrostrar h ptrwnoíi» CAPITÍÍLO X.
sbones qm wtémwKm- wyBdo lie M con cieiiiia.
-Auu liay luat»: hciuo:» vislo ya repetidas VMM ditMiiiic la famosa oumIíoii tekin diezmos: en sentir df inins?olo se trata de tma^tribueKHi, el problema es puramente oüÉéMieo i y nuy lejo»^ de levantarse i tal aliiuii, -que pueda rozarse coa loe granintereses de hi sociedad; jiem a jolrio de utxo6 uo se trata nulamente de una conlrihimm\ fiim ^oe no^aura» el diemo eeaio tal, sino romo verdadera propieilíul; no es OKStioQ purauiüule económico. sino (|ue es altamente política, religiosa y lot(al; como lyue ademas de roxaráe oon él sistema de fonlnhtjriones, enlíkase ron el sagrado dereclu) de ¡>ropiedad, con las ideas religiosas.
Todo cuanto llevo espuesto sirve á demofr* sonelenM i'ibspo- trar lo critico de nneslra postetott; pues ma* nitíesta que nucstraí^ instituciones no pueden í^uiar á nuestros hombres, sino que estos han de guiar ¿ aquellas; resultando de aquí que pueden ser nvydiferaiiles los camiBoe t\út sipnmn^, so2un lo sean los sistema»* quCi, sirvan de norma á nuestros ^bernant*^} y* c|ae están esos sbtemas distribuidos 'en ona: inmensa escala, sin que pueda decirse que. ninjíiino de los srtdtisde ella se baila fuera I de los bmites marcados por la Constitución. I Ahona se ha deselHilarel punto de esa escala. Si' ha de fijar la graduación, y esta es la causa [)or({ue los partidos procuran coa tantos esíuer/os apoíícrarse de la dirección de los negocios, para desenvolver cadaottal In Omsllliicioii cottfnrnir' n respectivas ojxatoues, y á propósito de sus miras. La mmits leyes cMiéiMee»yeívíles, hasta eon-el I nave ha de'haoerse á la veta. Km rumbos derechodftgrates, á causa de ios concordatos, 1. que pueden seguirse son muy diferentes; qwe -i se ioa-quiere mirar flespojados de todo j ¿quéestraño, pues, que cada partido quiera ser el piloto? íniiérese también, que nos ha- • llamos en aquellas eircunstancías en que se.
necesitan mucho los hombres, |>í>r(|ir(' no bastan las cosas: y esto es cabalmeole lo. que presenta mas triste y nebuloso el poiH ¿(Jué les pedirerims á los hombres, cuando si ellos nos respudeu sinceraiueotu, habrán caraetofNwMgtaso^ aJ menos se les babra de 4MMiÉMPir cerno InlsieÉ eiMfe iralNeffiiO'y gobierno. Por minera que cuando iinn ron- j suUaró ónieaiucnte obras de economía |>olitiai4 otro revolverá ios códigos civiles y eclesiásticos, preguntará á ios jurisesoflullos, «tudiará el derecho de gentes, examinará b.foe vate la palabra propiedad, y hasta,. r, pimi ásn-toefuaon que^lediga lo que se ll de confesamos que son tan insuficientes, y «■tiendo ¡mr buena fe. ' tan débiles como la- cosas? ó si no, ¿dónde He aquí cómo unamisnra cuestión puede;| se hallan. en que Ukis seencueulran, á qué ler colocada en moy diversos terrenos, y il partido i>crlcnecen, los que {Mseen el pea< ' ' bajo aspeeloV'mny diferentes: hé |l semiente poderoso, capaz de dominar tan»-.
ñas circunstancias, bastante l)eni'l!Cfi ])íh?i curar nuestros males, bástanle fecundo para producir nuestra prusperidad y Entura? Revolucionarioé;, progresistas, moderados: tales son los nombres de que se j^dorian, ó que se dan unos a otros los partidos (jue en la aotnalidad se disputan la arena, dejandoaparte los npndov roo (fiir sr motejan. En esta serie de nombres <^ue si^^iücan los parlo que dará niucbo que enli>nder á todos los i| tidos principales, podrían infercalttM- more aquí como lo fjxif n^ra unos será únicamente ojueto de calculo, o cuando mas -de oporluainai y prudencia^ será para einw objete de política, de religión, de alto derecho, de buena fe: h»* a»jiií la demostración mas conduyeate de ios gravísimos riesgos que hay. da eancter errore»«rtiy funestos « atacando el corazón de la sociedad cuando soln parecía locarse á su sii{)erlieíe: } be aquí iinabiente filíéofbs^ ¿ todos lo», politíces, <á IcmIos los liomhrí*?! He estado ^110 tinten dfe resolver el pcohlenia €{«6^9 tanta urgencia y.apremño chas otras «^nominaciones, (^uo espresan varias c'fisfs en (^no se siibdivtdecada uno dfrcllosi subdivisión que no es de estmñar, p¿HUé té etdestado deiat eoms, y de tal | modo se han debido rraccionar los partidos, I 3ue no es de admirar (}ue se haya jiresenta- | o á la ves tenia vanedad de matices. Al principio de mustra revolución, es decir, dtirantc la f;uerra de ia independencia, por j mas que á primera vista no se descubrieran i mlt' que los do6 (urandes bandos de rea- j listas V liberales, no (Irinhan vn «le divisarse los gérineaes de uuevas divisiones; i gérmenes que para m -desamóle, ado e»- | peraban la acción del tiempo. Andando este, se han ido presentando las subdivisiones, hasta llegar al estremo, de que asi como hombres que ae glorían de pertenecer al j partido de la monarquía pura, representan sistemas tan direrentes y tan distantes, como, el del obispo de León y el ^ Cea Bermudei; | asi entre los liberales,'aiin timitándonos á los i que Hí^iiraron desde mucho tiempo, y a la sola ciasilicacion de progresistas y moderados, i ae ven opinionea tan'opnealaa como aon las I de ArgUellr'-- v Martínez de la Rosa.
Dando una mirada sobre la actual sitúa- i cion de esos jíartidos, lo primero que se echa de ver es su debilidad estrema, su pn^^trnrion rnnipletn: lodos clnnirin todos se agitan, todos pretenden ser tuertes, todos se i neen capace» de dirigir lo» destinoa de ta j nación; pero todos son flacos, todos se estremecen » la «ola vista de sus adversarios.: ¡Cosa notable! el principio ¡Kiiitico que defemUan acaba de triuntar, y parece que no saben qué hacerse de la victoria. ¿Qué indica esto? ¿no indica (pie todos entraf^an nmde falso, y que ninguno se ha levantado á baataole altura para comprender y dirigir á la nación española?
Empecemos por los revolucionarios. ¿Qué a^jfiifica la palabra vvoaliMtbN, apücada á ' nur?tm '^itunicion actual? ¿qué es lo que se quiere revolver? ¿(pié es lo que no se haya revuelto? ¿se quiere toda\ ia uestruir mas? y entoBoes pneoe preguntarse, ¿qué es loque ha quedado en pie? ¿Quién puede pedir ahora la rerolucíou? ¿sera la ciencia política? pero esta ciencia ha visto deshojar muchas de sus ilusiones, ha palpado lo funesto de muchas de sus teorías, y |>or esto se ha deelarado ' enemiga de la revolución; ¿será el pueblo, ii cuando tan repetidas veces ha mamfbslado || su voluntad de una manení fnn ineauivoca, I tan terminante? ¿serán los intereses del puehfo, cuani«!diñÍMite hi revolneám no ba sen> lido ei mendr alivio; antes ai «mlnrio -se han agravado esoesivamenla (Mi imfe^* ¿quiérense formas polKicas mes populares, cuando la Constitución de 1837 es ta maspopular de Bnn^t • Digámoslo de una vez: la revolución en Kspaña no tiene en su apoyo, ní^ ideas ni intereses, carece de motivo, de pretesto; y 81 se hiciera, ni objeto tMMftría canlM el cuoIj pudiese diriiíirse; á no ser que pensase en aplicar teorías, cuyo soto nonibrn baria esteeroeoer la Europa. Guando hay privilegios antiguos, instituciones antiguas', entonces si se hace la revolución sabemos ¿ donde se dirige, sera a la destrucción do aquellos privil^g^ios é inslítiioiones; sí elea« tad') (Ir la 'i|)inion, ó el poderío de nliritnos nuevos intereses exige el establecimiento de nuevas fiirma^ polftieas, enlottoes srimmo» á dónde va la revolución; va á oontfnislar el terreno que se disputa, w á promover ▼ asegurar el tnuntb de las nuevas ideas, a asegurar influenoia en el gebienioá aqucMoS' intereses, que eran ya de antemano {MkIcrososenla sociedad. Pero si previlegiois o instituciones, ^ todo lo antigno, se ha echado por el suelo, si las formas políticas son anf amplias y popnlnrov si no nay una idea que no ten^* su espresion libre,' si no hay tt» nuevo mterés que nO eslé repteaemado, ew*» tonces, ¿qué objeto tendrá la revolucionf- ¿qué se propondrá destraiif qué ctnuistaif' qué establecer? < * - - íNí*.>» Si se bratára de unaiuvolaeíoiFeiirFnnBi*,' 0 en otra nación que pueda cont.ir mn poderosa intluencia sobre el resto de Europa; y cuya organización sodal la tuviera dispuesto fMra uno de aqnrikn grandes saéudimiefllosv en que masas inmensas se levantan como las olas de la mar, acometen tunosas lodo loí|iie existo, sea g<^roo, sean ehnes, sea propiedad, sea la contestura de los mas saiínidos lar.os sociales y domésticos; ünton(^s todavía fuera comprensible la revolución: diríasMS que van á realizarse alH lea delinos de 9aiill^ Simón, ó del abate de í amennais: dirtamí» que allí se harán ios primeros ensayos, f que bi fnei^malterial de que disMne aque 1 a nación. se emjileará en seííniua para reíícnerar á los otros pueblos. Pero en Espatla. donde ni se ha presentado, ni se presenicu*» todavia en mucho liemp» el problema que wtt llain a drl '\oi<\ con todas las dilicnltades y peligros que entraña para otras QacioneS;i en España, doada las-iinaB propiamealélafi iMr asa fwofmdaittenki ¡itligwaaa^y enn^s MbpAAa, que ejerce tan poca influencia en el resto de Europa, que íi^ra en uo orden secundario en la linea de las potencias, y que dispone de tan escasos medios para kíttertfimMrlw Meas (iiie ella adoptase, ¿qué puede sijiniíicar, viiolvo á re[)etir, (}uó puede signitícar la revolución? No puede ser mas que una época de rooti- ■MpiHliMM, dte liMioniM', de violeneias y desíiracias; pero sin producir ningún resultado, m político, ni social; sin asegurar el lnMÍb4e waiiMiv^^ii siMea», ni la preponderancia de un nuevo interés: en una palabra, solo puede ser la repetición de aquel estado de incerlidunii)re, de zozobra, de tffíaámti^ tf» hemos ya presenciado otras veces, teniéndose al fin t^ae volver al sendero que poco antes se babia abandonado.
CAPimO XL CAPimO XL Tanta es la verdad de estas aserciones, tai iaevidencia con que saltan ú los ojos, que salvas algunas escepciones muy raras, apenas se encuentra quien se atreva á defender lo contrario. T<mIos los hombres que \h)t una ú otra cau^a, ücscíia todavia luuovaciones, so iHtt agripado ei torande una nueva bandera; y aun es de notar, que bajo ella se apidan también algunos que desean de veras litofiiItckMi, peiaqueno se atreven á llawrla por aa mmImo, ai juzgan prudente presentarse solos en campaña. Esta nueva Modera ^e llarua del ptvgreso, y á veces, wm para prevenir oilieidtades y disipar sospecnas, se ha unido al nonihre de proyr<»o un epileto muy inocente, umy cuerdo, que saliera digámoslo asi, por iiador de su lose de esta BMiiiera la do, hofabiit4o exaltado, hombre público de un orden cualquiera, y exaltado, son palabras que encier-I ran estrañeza, repugnancia; ¡>orque suponen Taita de lino y cordura, prendas altamonlo necesariasen materias de gobierno. P(;ro pro* greso, y sobre todo progreso legal, ya ef otra cosa muy diferente: esto espresa no una pasión en efervescencia, sino un peosamienr to, y pensamiento brillante, deslumbrador, una idea generosa y activa, dirigida empero por la justicia, y templada por la fNndeadla, Bien.se deja entender que nablo yo del signilicado de esta espresion, por ló que elui 'lleva;i es- •presion: prog fv > ' lioandeFa, no poique ^uk ju^ue nueva, si- Mteioaawate porque ae ha praionlado bajo IMna forma; puesto que no es nueva sino muy vieja, gastada por el tiempo, y no tiene de nuevp sino que se ha escrito en ellaon BMaMiaééfo.' ■ Es menester confesar que no ha sido malo «Lardid; y que si el partido que se empeña ü denominarse progresista, pudiera aprofiuse este nomlire, y hacer olvidar oí de tBtUado, habría panado no poro en el cambio. Eso de exaltado es muy mal sonante; porque legislador eifltado, minittfD debiera sigiiiiícar s^un su verdadero seati^ do antes de ser como insignia arrastrada por el cieno de los partidos, antes de haber pasado por la.terrible pluma de escritores como Abeaamar. Ea las revolueíonoa todo ae aja, todo se mancilla, todo se disloca, y no es lo que menos suire el Dwciooario de la lengua. ' Sea como fuere, y pnaciadieado de las nuevas significaciones que se hayan dado á la palabra progreso, procuraré aaaliurla tal como es ea sí, porque juzgo de li ifH^for importancia el no dejarla en circulación con cuño ambiguo. pues solo de esta manera se puede apreciar la mayor ó menor justicia con que se la apropian los partidos. '. ' Profjresar es tnnrchnr hacia delante; y ú esto se ha de aplicar a la sociedad en sentido razonable, solo puede signiiícar, «wr-' ckar hácia la futfteoion, CasMO la sociedad se perfecciona, progresa; cuando pierde de su perfección, retrograda: para saber si hav progreso d no, toda b euestioa está ea si íia\ nueva perfección ó no; pues aunque la palabra profíreso suele tomarse por algunos como sinónima de tendencia democrática, para ser esto admisible seria necesario pía-» nar que las leyes é instituciones son tanto mas pcríéctas cuanto mas democráti^; y que la perfeccioa de la aoeiédad csÉsnle e» el absoluto predominio de la deaaocracia: pro[X)sicion msostenihie porque ron la historia ^ la filosofía se puede demuslrur que no existe tal depeadeocia ai enlace; y que según las circunstancias, podrá la perfección de la sociedatl exigir con respecto) al elemento demucrutico, ahora un sistema áé\ restriocioa, y después quiiás na sistema da ensanche.
EsLÍstia el feudalismo, poderoso, dominante, V con él los BNles qae ona. M< ría consecuencia: comen/ó el desarrollo de las municipalidades, es decir, del elemento popular, ¿era esto un |)róiíreso? sr, porque lendia a mejorar la condición del pnelilo, neutralizaba ydesvirlnaba la esresiva fuerea del feudalismo, prestaba apnvo al poder de los reyes, á la sa/.on tan <leí)il, y allanaba el camino para p:obiernos mas regulares, mas justos, mas a proposito para la seu'uridad y felicidad pública. Oesenvnello el sistema luunicipal, y combinado con los inquietos y turbulentos restos del feudalismo, {germinaba por todas partes la anarquia; entonces se manifestó una viva tendencia á centralizar el |K)der, a robustecerlos tronos: v como consecuencia necesaria se cercenó y Imutó el poder de las municipalidades. Hé aquí una tendencia antidtMnocnitica; y sin embarito ¿ipiien duda que fué un projíreso? ¿tpiien duda ipie na;:iones de la estension y organización de las europeas, necesitaban un poder central, jxrande y fuerte, para (pie pudieran ()n»lei{erse y fomentarse los ¡irandes intereses de la sociedad? he aqui dos tendencias opuestas: la una favoreciendo al poder ival, la otra al elemento popular; y and)as diurnas del nombro de {íroíífcso, porque ambas condu« ian á la peréccion de la sociedad.
Ciñámonos á un ejemplo mas reciente: la Francia después de haberse precipitado sin freno por el camino de la revolución, pa;j:aba su lifíereza y foLT'xidad hallándose sumida en la anarquía ui.i> i'>¡»antosa. I'n'senlase.Napoleón, da en torno de si una sagaz y )>ene-: trante mirada, conoce la oportunidad, la aprovecha, lexanta su mano de hu«rro, sojuzga la revolución, la concentra en su persona, y se sienta sobre el trono de Carlomagno. Se restringió la lilH>rtad. todas las furnias politicas |>erdienm su demmracia, establecióse la m(man]uia mas absoluta, el despotismo en toda su estension; y sin embargo ¿no fue aípiello un progreso, y progreso grande para la Francia? ¿podia dejar de ser un progeso el salir del caos? Se robusteció el poder. se establecieron los hábitos de obediencia,.se organizó v vigorizóla administración, se formaron los códigos, se fomentó la industria y comercio. IVr(».Na|K)ieon lo hacia todo á caballo. pon|ue era de aquellos monarcas (jue no se pueden apear; y veinte años de guerras tenían latigada la Francia, é indignada la Kunipa; la Francia se había acostumbrado a seguir el carril de un gobierno regular,.NaiKiieou no era ya necesario, su nombre no era ya tan mágico. y se empezaba á conocer v á sentir, que una nación tíin grande valía demasiado para ser el instrumeuto y la Mcliuia de la and)iciou de un hombre. Fermentaron niuclias cabezas, se llevaba con im|>acieni ia el \ ugo de tanto despotismo, la Francia se acordaba de sus derechos, ijueria ser mas resjX'tada. mas consultada, pro|>endia de nuevo á otras formas, y ó miraba con indirerencia la caida de Napoleou o la precipitaba: he aqui otra tendencia opuesta, y no obslanU; tendencia de progreso; |x)rque progreso era restituir a ia Francia su dignidad, y restañar la.sangre que corría a tórrenles.
Presentada ia cosa bajo este |)unto de vista, salta á ios ojos «lue para salier si uu sistema que se apellida de progreso conviene ó no á la sociedad, es menester examinar si se toma esta palabra en su acejicion genuina; es decir, si con aquel sistema se camina hacia la perfección. ¿V que se, enlieude en España [wr |)rogreso, tomando esta palabra en un sentido que no signiti(pie revolución? ¿qué es lo (pie espresa?.\ntes de determinarlo, evannnemos cuales son sus doctrinas, cuáles sus híchos. Se ofrece esplicar alguna prerogativa de la corona, concederle algún derecho, estender alguna de sus IjimMn l-s, ¿a que parte se inclinarán los pi >-? no es dudoso: á la que limite y restrinja. Se trata de alguna clase aniigua, tal como el clero ó los restos de la nobli'za; ¿qué harán ios progresistas? combatirla, listos dos hechos que ajiarecen siempre como dominantes en la conducta de este ftartido, indican bien á las claras que es hijo de atpiella escuela cuyos principios fuiidamonlal '> ( i in, inirarcon suspicacia y desconiianra el |)mlcr, y profesar una protiinda aversión a atpiellas clases, que en la antigua organi/.acion social forinal>an las dos princi|>ales geranpñas. A coii.secueucia de tales principios, natural es íjue pro|>enda en sus doctrinas y en sus hechos, á lávoix'cer el elemento democrático; y de aquí i'se apelar sieiimre al pueblo, invocar siempre la autoridi id del pueblo, señalándole como origen de lodos los poderos, y llamándole á tomar \y»rW en todos los negocios. Sin embargo, aunque a |)rimera vista pmv/.c.i ese parti<lo esencialmente demoriatíco, mirada la cosa en el fondo descubre una singularidad digna de esplicarse. Cuando ios progresistas invocan el pueblo, inv(H-an solameute aí{uei pueblo que participa de |SU8{ Digitized. by Google ¡deas y qi!(? favorece sns miras; pero si el | genuino desarrollu di'l olemenlo popular los ji eonlratia, entonces se oponen a eslc desarrollo con todas sus fuerzas, no quieren se- 1 guir hasta las últimas consecuencias el cspi- ' rilu diMUíi Malico de sus |)rincipios.! ' Tachados son «le inconsecuencia los pro- || ^resistas p'»r semejante eondueta; rechazan elkis la acusación señalando como es natural vanas razones, sc^n lo exijic la cuestión, que se Tentila: pero rae parece que bario mejor se defenderían aceptando francamente ' el carp), y haciendo notar que tal inconsedaencin es resultado de una ley general, que eslicnde su dominación sobre todos los par- ' tidos. Aqui llamo muy particularmente la atención del lector, porque voy á esponer una doctrina muy á propósito para señalar las causas de fenómenos eslraños. | CAPITULO XII.
CAPITULO XII.
Examinando á fondo la historia y consultando la esperiencia, se puede notar (pie las revoluciones, las restauraciones, y en gene- | ral tojos los grandes hechos políticos, aunque presenten decidida tendencia á ciertas formas políticas, aumpie |)arezcan animados de un principio esclusi\ amenté político, no es sin embargo asi: la cuestión en la super- | ticie es pohtica, pero en el fondo es social;! el ruido se mete en las formas, pero la vista | •«lá lija en objetos que afectan el corazón [ de la sociedad Se suele decir que las formas políticas deben st;r consideradas como un raediü. y <jue es una equivocación el mirar-, las como tin lin; pues bien, esta doctrina que ¡ se enseña como un adelanto, es ya conocida de muy antiguo, si no con toda* la claridad le<>rica, al menos en confuso, y sobre lodo sentida vivamente, y lo qué es mas, es siempre realizada.
Este es un hecho que esplica muchas inconsecuencias de las revoluciones, restauraciones, partidos, en una palabra, de lodo lo tocante a polilica. I,a cosa es muy sencilla: tes encargados de la propagación de ciertas ¡deas, de la conservación, protección y foiiM iiio de ciertos intereses, juzgan que les 11 veniente esta ó aquella forma política, I auuel sistema ixílitico, y en consecuencia los entialzan, los |>r(K laman, y procuran de lodos modos establecerlos y ásegu-!
rarhís predonunio. Tanto es el ruido, tantas las protestas, que la cuestión política llega á )arecer la dominante; y entonces las ¡deas y os intereses que híui'de medrar al abrigo de aquellas formas o sistemas, rpiedan como involucrados, ocultos, ajieiias se divisan. Pero ¿queréis descubrir el secreto? es muy fácil: obcrvad atentamente la marclia de lo» sucesos, y bien pronto la incesante movilidad de las cosas huniauas, y la estreñía variedad de los objetos que se' tocaq, se roza» y complican en la sociedad, os ofrecerán ocasión oportuna.
Por mas grande que sea la previsión de los (|ue comunican el primer movimiento, y señalan su dirección, las formas ó sistemas piilílicos, escogidos como el instrumento mas adaptado, no siempre llenan el objeto á (|ue están destinados. ¿C!ué hacer entonces? la elección no es dudosa; lo menos principal debe ceder á lo mas principal, la institución política se adultera; si esto no basta, se la quebranta; y hasta se abjuran los principios poli lieos en cpie se bahia cimentado. La historia y la esperiencia continúan esla doctrina.
.\o consiente el género del escrito es|)layarse en las numerosas aplicaciones que de tamaña verdad podrían hacerse; pero como quiera no he de dejarla sin algún ejemplo; poripie tul me parece su importancia, es tan luminosa para comprender fenómenos muy singulares, ilustra de tal modo la verdadera situación de Es|>aña, que no será tiempo perdido el íjue gastemos en aclararla.
.Nadie ignora el profundo arraigo que tienen en Inglaterra las formas, los sistemas, y hasta los hábitos de libertad pohtica; y sin embargo esta libertjid se ha visto por mucho ticiniH) limitada, comprimida, en tratando de un principio «pie estaba en oposiciim con otro principio, (jue se había señoreado de la sociedad inglesa: la posteridad Ereguntará con admiración: ¿cómo era posile (pie en Inglaterra, en esa Inglaterra (|ue ha llegado á obtener el titulo de |iais clasico de la libertad, hubiese va transcurrido el primer tercio del siglo y todavía fueran uicnester grandes esfuerzos para obtener la emandjmion de los católicos? ¿Quien creyera (pie el principio político, que Uin arraigado, tan dominante estaba en el pais, estuviese constreñido por tanto tiempo, impedido de eslenderse, pri\ado de un desarrollo que le era tan natural y tan propio? Y sin em- Itargo la estrañeza no es difícil de csplicar, [) s¡ se recuerda la verdad que acabo de establecer, y se la aniica a la (irán Brelafia. | Observando el curso de las revoluciones de ese pais, se ñola (|ue ha tomado en ellas mucha parle, y ejercido poderoso influjo, el principio proteslanle. Triunfó este principio, a|K>deróse de la sociedad inglesa; no lan solo estableciendo el predominio de las ideas que eran su consecuencia, sino ligándose con, muchos y grandes intereses materiales. En I el (latolicismu veía su adversario mas temible: este era un rival lleno de vida y robustez por su misma naturaleza, [xideroso en muchas regiones del glolio, y que una vez introducido en la arena, jXMlia disputar el terreno con probabilidades de victoria. Y esta \ es la razón por(|ue en Iralándose de los católicos. no se ha (luerido que el principio. político dominante diera sus consecuencias, se le ha desnaturalizado; y si el espíritu del | siglo y el imperio de las circunstancias han recabado alguna medida favorable á los católicos, no se los pierde por eso de vista; no se levanta la mano (¡ue comprime á esa Irlanda, cuyo grito de indignación resuena lan ' enérgicamente por boca de su famoso representante. I Ya que me viene como á la niano, desvaneceré de paso el error en (¡ue ptKirian estar algunos, creyendo que el principio de liliertad política ha sido contrario de los católicos, porque ellos eran el apoyo como si dijéramos nato, del despotismo. La voz mas robusta y i atronadora que se oye en Europa invocando la libertad, sale de Irlanda; ¿y por í|ué? porque en Inglaterra el trono y la aristocracia están Intimamente ligados con el protestantismo; nueva confirmación, prueba evidente de que las formas y sistemas jKiliticos figuran como secundarios, conm inslrumentos con respecto á las grandes ideas é intereses que afectan el mismo corazón de la sociedad. I Aduciré todavia otro ejemplo: sabido es que la escuela (juc se proj)uso en el siglo pasado hacer uji cambio radical en la organización social de Europa, dirigia con preferencia sus tiros C(mtra el objeto (pie miraba i como uno de sus principales obstáculos. Era el clero: y asi es íjuc todas las miras de aipiella escuela se dirigían siempre á quebrantar su poder, á disminuir su influencia, i ¿ despojarle de todo brillo, á dejarle sin representación, y á que los pueblos cesasen | de prestarle veneración y ol)ediencia. Sabido es también que esta escuela, |>or principios, • porintereses, y por todo linage de afinidades, se hermanaba íntimamente con todo cuanto tendía á disminuir el pmler de los n'ves. No había est^illado la revolución francesa, la monarquía en Europa era todavia muy rom Imsta; y esta institución (pie disimniade tanla fuerza, y que estaba rodeada de tanto prestigio, era un instrumento e.scelenle para derribar ó desnioronar clases ó corporaciones, ipie con el tiempo luii)inn adquirido gnin consistencia y poderío. Olvidáronse entonces los derechos de ciudadano, los limites del poder real, bs consid«»raciones debidas al hombro: en una palabra. todo lo qüe formaba la divisa de a(|uella escuela tík).>iolica. Se trata del clero: entonces los reyes lo son todo; las clases, los individuos no son nada; el derecho de propiedad, la libertad individual, lodo desaparece bajo la mano de ios reyes, tíxlo se hunde en presencia del trono, para «pie los hechos se subordinen al pensamiento principal y dominante. Es decir, que á trueque de nacer triunfar su idea ()r¡ncipal, el espíritu innovador se olvida de las secundarias, á saber, de las {loliticas; ya no es amiga de la lil>ertad, apela al poder de los reyes, les concede toda clase de facultades/ no señala limites á la estension de su poder, proclama el despotismo.