SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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2ue todos trabajan de consuno |)ara derriar fli gobierno existente, cambiando radicalmente la situación pohticade España. Si benios de ju/.gar de las intenciones de este partido por el lenguaje que eslan empleando snaórgmos mas autoríiadoa, preciso es confe-*iñT qne lofl revolucionarios someterinn á una espiiicion iremcnda á los que obligaron a emigrar ó sumieron en oscuros ealabozos á sostuvo por espiv'io d ' <ietc nflos unn piierra sangrieuta, imposible de terminar ora las armas, y á la que se puso fin por medios de nadie ignorados. Viendo perdioa so cama ¡)or í;i Rctucia de los unos y la defercitm de los otros, ó se resigité á la emigración, o mésticas, no queriendo continuar un derramamiento de san<rre que por el momento?eia estéril para el logro del objeto deseado. Los inmensos recursos con que contára este par« tido, sus ramiticaciones víi^tn^ v i^rofnndas. el apoyo decidido que eucoutrubu en todas [>artes, bien lo manifiesta el haber sostenido a lucha durante siete aAos, el haber llegada a equilibrar sus fuerzas con las del gobio'-nn. a pesar de haber tenido que veocer las ditieuitades qne siempre presenta un kmmiilos principales caudillos progresistas; preci- { miento contra un poder establecido; bien lo M> es confesar que rto se contentarían con i manifiesta el carácter de los acontecimiento!) una venganza de momento, sino que harían | de la guerra, el sistema de las operacioDes esAieraoe estraordínanes nara asegurar por alprun tiempo el resultado ne la victoria: preciso es temer que la revoliir ion, exasperada y recelosa de una nueva caída, llevaría su OBikda máoo á re^Mones mny eneombndas, y que la monárq nií i Ksfinna quizás presenciara lo ^m jamas presenció; quizás la revolueiofi dijera en alia voe lo que murmura entre dientes; quizás en so furor y corage se atreviern eníilrn j'^'rsfmas augusfns- y la nación, coQsli'ruada y aitalida, se debería cubrirla eaheia con un velo en sellal de espantoy luto, fiara no ver las gradas del trono reinadas ron a sanare de sus leales servidores y ia diadema de Castilla cubierta de lodo.* No, no hemos feeargado el cnadn»; Dios aleje de miestr;\ piúv'm este dia terrible; la revolución uo hn iiiiiorto aun; tenéis hincado el pie sobre >u ccrvit, pero resuella todavía con el estertor de In desesperación, y cuantos la miran de eercfi rontern[)lan con espan V maniobras á que estdwn respeethranMiia sometidos los ején-itos de D. Carlos y los Añ Isabel; la facilidad cim que una espediciou caríisla atravesaba toda la España, y con que los cuerpos e jerutaban sus moTimtentei en h'< pnn itirias de su residencia híihitml; el que ellos podían marchar ^ mamobrar en todas las unidades, el ejército entere, lis divisiones, los batallones, las eompaMm. ha-ifa!o< individuos, mientras- las tnifas de la Keuia no (>odian dar un [niso síuo en grandes cuerpos, con abundantes eonroyes, esa muchos puntos fortificados que les sirviesen de apoyo, y aun asi no podían evitar fr^-cuentes descalabros, debidos no pocas Teces á la ftilta de noticias en que estaban con respecto á la sitUííi'ínn v ninrrliíi< del rncm^o. á causa del aisla ntiento en que el país ddaba á las tropas, mientras fiivorecia por todas los medios posibles i los defimaores de Dn Carlos Kstn es um verdnd reconoeida f>or tocuál amenaza a sus eueaiijsos con sus ojos n cuantos tomaron parte en ia guerra o pudiedellanw Hav en España un partido numeroso que rn diferentes circunstancias ha dado [)ruebas de iu mucho que vale: sus principios sociales son los únicos que, aplicados con discreción y oportunidad, puedeii cerrar el cráterde las revoluciones y restablecer la tranquilidad y sosiego de que' tai^to necesita esta nación desventurada. Arrojado en ^ran parte por su« rnnvieciones. por la imprudencia de I roa Terla de cerca, ó siguieron con mediana I observación el corso de los acontecimientos; una verd?ídq«e lanventaron todos los genera- . les de la Reina, todos los gefcs de operado-! nes, un hecho contra el cual eataban tomando continuas mediílas, todas con niníruno rt escaso resultado. ¿Y qué revela este hecho? Revela el hondo arraigo que tienen en las entrañas del país loe r^ ^"- " ' este pnrtidn sus eoeuligos y la fuerza de las circunstau- II ^Creis por ventura que por babor cesado el pslrf*r iio d(» las nrmas pstns prinripios habrea perecido. uaséndoie sus duiénsoi^s á fwtmnm filMt No «biidoiini oñ kw. hooK km lo que aprendiproa en h infanda, lo qnp profesarnn durantí» sn vidn, In qnp liaron coa su sangre. ¿Y <¡4ie es lo que poáM luibereaiiBMio im mrannn Mnejante? Si dcjíucstas las armas, si araUulo oí trono de Isatiel ei» todos lu< aníruios d<'l rt'iiio, y en amplia libertad Uva vencedores pura ensayar sus teorías j aiitemas, hubiesen lof2:rado ' establecer un írohierno solido, que hubiese ntisfecho las ncci^sidades de la uaciou y re-BMliado sus males; si hubiesen procurado cemeiitar á los caídos haoMidak» olvidar ni triste sucrtt' á fiuT/a de protección, de paz y de tranquilidad, entoaces esos hombres MAonoLpodidD decir: «Tal vez nos en^afeébamos, tai vez exagerábamos los males qut' amenazaban á la Kspaña, tal vez achacébauiüs á nuestros aiiver.sarios cargos injus-IM, cuando siisteaiamos que eon sus principios no era posible establecer en España un gobit^mo.i» l'ero cuando los hechos han venido ¿ contirmajr sus pronósticos; cuando des- (mes de termiuda la guerra ha sido victima a España de una sérin de trastornos y rnlanidade« inauditas; cuando la anarquía ha CBnpéado tkm deoenfrenada si cabe quedunmte los años de la fíuerra, ¿cómo queréis que estos hombres hayan abandonado sus Ciacipios? ¿No veis que pur necesidad se brin afianlado nos en olios, áfrregándoseles muchos oíros que antes no les pertenecían? Ks preciso no olvidar que la {2:uerra civil de Cs()aña era mas bien de principios que de dinastía; ¿y qué mejor prueba de la falsedad de \ tiestros prineipios, que lostras-Uinio8y calamidades que cou eik&liabeis •carreado á la nación? - Entre efitOH dos partidos se halla el modenñu; pero se pqiiivoca quien creyere que á el p<;rtenecen todos los que do son pru^re.-lüaa é carlistas. Ya dijimos en uno do los artíeulos anteriores, que se aplica esta denominación a muchisimos hombres cuyas opiniones se parecen poco ó nada; y que el partido mod(>rado, tomando esta palabra ron la ali ostunihrada freneralidad. era una especio de terreno neutral sumamente vasto, doMO ao eoloeabañ k» hombrea ¿ quienes naseeaeonirabaaliliados-entre los progresistas ó carlista^!. Tan p-^íainos de creer qac muchos de ios ()uc dislioguen con el. nsaabn do Moderados aployen al pequeflo | partido qir intrMifn ¡"vnnfaríie con el mando, que autcs bien upinamos que seguirán de buenar gana otra bandera que pírczea mas garanlias de acierto en la marcAiB polttik», ▼ (ine sobre todo se presente con mas <lnrf rr- (lad y franqueza. Lei<», pues, de rechazar á esos modefaikia, amelamos sn unión con el partido carlista, y creemos firmemente que solo con esta unión puede salvarse la España.

Para que se euttenda sin riesgo de equi-^ vocación cuáles son los moderados cuva alianza rechazamos por inútil y dnf:ri-n. (í¡- remos con toda claridad de qiiienes hablamos. HaMamos de aquellos que, habiendo ponderado hasta el fastidio la necesidad de rotnisliH (T el jiodcr real. nada liaren ni quieren hacer en este sentido, ace¡)tan toda la obra de la resolución, y dejan al trono abandonado á merced déla ananjuía; hablamos de aquellos que aplauden el desar-^ me de la milicia nacional y su continuación en este estado, y no quieren ()ermitir qne nadie toque el artículo constit iriun;!! cu ípie se garantiza la exjstcncia de la milicia: ha^ blamos de aquellos que en materia de leyes y de contribodnnes se deelaran tos adalides de los derechos constitucionales, y sin embargo aceptan y aulaudcn que se fOirinja ia Constitución en todos estos puntos: hablamos de aquellos que en la práctica hacen de ia (kinsiilucionel it«nque bien les parece, y añadeu, y quitan, > aiudítican según á ellos les conviene, y sin embargo tienen la peregrf* na protensiíni de llamarse los ronslilncionales puros, los parlamentarios; hablamos de aquellos que están pronunciando contintidmente las palabras de ley y legalidad, ▼ que no «¡aben ni pueden sostenerse ni mandar de otra manera sino con la c^da de los militares; de aquellos que han estado declamando largos años contra los atentados y dí\spojos de la revolución, que han estado })role>tando contra la veutji de los bieneii del clero, y (|ue sin embargo se bin apresui iulo a venderlos mas que los mismos progresistas; de aquellos que han estado ¡mnderando la necesidad de reconciliarse con la Santa Sede, y que nara allanar el caminó de la reconciliación nnn continuado despojando a la iglesia d:< una manera escanda* losa; de aquellos |<u. fieles á su sialeimi de cubrir la realidad con mentidas aparien^ fias han llamado algunos Obispos, pero dejándoles las manos atadas en el ejercicio de * la udsaMianerfaqte seon» Digltized by Google cdntrebdn ant(»f!: rfc aquellos que pagan al clero, al culto, ¿ los esclautUrodos, á Im monjas con palabras balagttéftas, coa promttttB sedueloras, con protestas ferviMitcs, sin perjuicio He permitir que eslcn á punto •de cerrarse las priuunas catedrales del reino y que perecean de ItoroiMC los eBclao»-trados, las monjas y elclerfi; de nquellns que en vez de í'oiiienlar ia reconeiliacioii de todos los españoles, tral<ui c<»u insuírihle desden ik toco lo que no es ellos, y creen haber resuelto todas las cuestionen con llamar á los unos anarquialas y nnolucionarios, y á losotn» leneciounes, ii^nonntes, ranáticos. De esoe moderados baUamos, no de los otros.

£áia es la verdadera situacionde las cosas. JÜHVá'bien, el partido realisla y la mayoría de los moderados, á quicnes no se pueden achacar los cariros (jue hemos hecho á una jiequeña íraci luii que se apellida con ^8te nombre, tienen un f:;ran prohlema que resolver, cual es la aelitiid (pie dehen tomar en \9& próximas ciccciones. Kl problema pueden resoWerie de cuatro maneras.

nimero, retiramlose completamente de la arena electoral Esto tiene prravtsímos incoQVcoieutes, porque o precisará á valerse 4e medios muy violentos, ó espondrá al (Miís á qve ganen Ins progresistas las eléocienes en muchos ptnitos. í.n Tracción moderada que aciilwaios de des4*ribir es cortísima en todas partes; si se encuentra aban* donada á sus propias l'uerras en luelia con o! partido prO{j;resista, en lacapital perderá indudablemeute las elecciones, y ei triuaío de no será el único.

Segundo, aliarse cf»n los proirresislas; esto sería funestísimo, inmoral, escandaloso, bastante á desacreditar al partido t^uc de tal modo prosUtiiyese sus princi|K08. Cuando se trata de derribar á un adversario es preciso hacerlo coa nobleza, con dignidad, con decoro, sin saerifiear las conviociones propina-;«! esjiiritu de \enganza ó al mezquino alau de acelerar el m.jinenfo de la victoria. Todo partido que proiesa prin oqiios impefModenw, y qne representa i tisn» ministerial, ni el despotismo de grandes intereses, debe saber c^pcnir, cuidando de no suicidarle por una pueril impaciencia, ó por un ardor demasiado impe-Unsa. Con calma, con dignidad, con firmeza, con imperturbable constancia, tiene asegupeña, esta hora no se hmi cspernr mncbii iercero, entregarse a «Uscreciou del par* tidodomiBanle, volar doeílmenle bs ea»* dídaisras que éi prop(Higa. y creyendo á cie^'fis que realizará huonanienli' cinnto prometa en sus pomposos programas: e!»to podrá amptarb qnien «o tenga reparo ei servir de instrumento á miras aiíeiias: mas no podran resignarse a semejante }>apel los liumbics de peusauiieulu propio \ voluuiad independiiMile. qoé tengan intereses qne salvar y principios qne defender. El ensayo Sü ha hedió ya repetidas veces; sobrada docilidad ha tenido el pais; empeñante en otro con la esperansa de que aabese anjor que los anterinrc*^ seria gastar inúlilmenlc el tiempo, y reproducir escenas que harto hemos {iresenciado. Yasabomosde onlea»- no quienes serán los candidatos que se nos propongan; las mismas notabilidades, k misma {K)lítica de miedo, el mismo sistema de tira y afloja, la misan eslarílídad dn resultados.

Cuarto, levantar una bandera propia y formar una candidatura de hombres capaces de sosteneria: esleír, trabajar de su cuea> ta, de una manera independiente de los progresistas y de los booiures de la sitWH ción. Este es el camino qoeen nuestra concepto debiera seguirse; y como |>ara lograr un objeto es necesario saber á punto lijo en qué consiste y cuáles son los medios que so non de emplear, serta muy conveniente qne se formaje un programa, no de vagas generalidades, sino iiieu circuaslanciado, diciendo con toda claridad: «Tul es el punto á que deseamos llegar, tal es el capnao q«e nos proponemos seguir.»

J¿u uueslra opinión, el programa debiera redudfse á lo siguiente: i AHrmar y robustecer el poder real; lo que se h\\ de foirrar cand)iarido profundamente las insiiluciuues poUúoas por los medios que se juzguen mas legíltmos y adaptados, restableciendo en cuanto sea posible las antiguas leyes de la monarquía española. (jue no consienten ni el desperado ei triunfo: tarde o temprano sonará su i posiciou de los tributos y eu los negocios bom¡ filendidnslti cireninlaroaa de E§- 1 fidiM». Ens m fomidttde «mlos privados, ni el militar, ni el revohicionano, ni el parlamentario: el rey con la scberania, como se la reconocen todos nnes* tros oódijioa; la nación con el derecho de intervenir por medio de las Cortes en la imlos negocios de fleadM, no de miÉneiw, liiit ét lit represeatanlps Jos grandes prím ipios é intereses de ia üoctedad, de loa iioaibrcs ■ni gimdoa y fotoelw del pak; pero síd el derecho revolucionario de \ oUir cada aím los impuestos, |>M(lH'n(lo negar al gobieruo uuu lu«> recursos inabuccesariospara la c«dwmcioii dd Eslido; nn oUigar al monarca á rnnvor;irl;is en plazos demasiado l)r('-ves, tsobre Umíu cuando se las haya disnelto; «B necesidad de que todas las sesiones bavan de ser públicas, antes dejaido al rey (a facultad de señalar todas las que juzgue ceaveateiite (|tie se celebren en secreto. El mámen de laa aclM sajelo á reglas tiji», no al juicio ó capricho de los primeros que se reúnen: la formación de los reglamentos y k elecciüu de presidentes y vice-presidentes todo en^mendado al monarca.

2." Atendida la corta edad <le nuestra Reina, la necesidad de luejorur y rubuste- MT su preciosa salud, y otras circunstaneiuqae fiiciliiienle conocerá lo<U> hombre p«'n';;í<!?»r fpie liaya reflexionado algunos molutíulus sobre lu situacioft actual de £«paña, eoavieM aplazar per alioni la cuestión del enlace de S. M., dejar que el horizonte se despeje algo mas; pero procurando impedir por lodos los medios legítimos que este imaertaalisimo problema, del cnal está pendiente el pon onir de la nac ion. se resuelva precipitadamente y por unras interesadas, Cayéndonos un pnnci|)c olruiif;ero que no npreseate Miigfiik principio ni interés ^ que DO tenga el apoyo de ningún partido, y fpie solo sea a proposito para servir de instru- ■eMo á imií^ ealTBBgcras y de Juguete á los partidos interioras, que desean un poder flarn, inra|Ki7 fie (Oprimirlos, v iin rev de puro nuuiin c, paru que puedan ellos medrar y BMttdaf á la sombra del trono. Las opiniones fíídire este particular podrian ser diferentes, j)ero IímIos los liondires juiciosos han de coiiveuu' eu que el asunto es grave, su-■anente trascendental, difne de ser meditado profundamente. de no ser abandonado al capricho de unos pocos; y de que es alllBMUte potttico^ equitativo y justo, el que se combine de una. mane ra razonable la libertad de la Reina con la voluntad \ los intereses de la nación. Bien se echa de ver que no ifutaflMB de imponer á nadie estas d aquellas opiniones; que no queremos precipitar nada ni violentar nada; solo decimos: «¿i negocio es grave, tomaos tiempo (^a ten » Creemos qoe no ge no« podrá tachar ni de |)oco razonables ni de soiirado exigentes. Una indicacionbaitMas porque iell»M» obliga una convicción pipíunda: el dia que viésemos resuelta In cuestión del matrimonio de la utauera que tivseaa ciertos hombres, es decir, sentado al lado del trono un priM»« pe déhil, que no rejiresentase nada, que n» iuese mas que un simple marido de la Reinn, aquel dia'perdiérámos la esperanza de akan^ zar mejores tiempos; aquel dia consideraríamos la desventurada Españaenndenada á vivir eu la incertiduubre, en la a|i;itacion, en el abatimiento, á sufrir altemativaneate la tiranía de las facciones; á pasar de la anarquía ni despotismo militar y del despotismo militar á la anarquía; uuuel día se uosol'reoiera la España como baiel desmanlelado, que corre sin rumljo lijo á merced de espantosa tormenta; aquel dia no viéramos puerto de salvación en ninguna parle, no se no6 ofrecerían mas (lue bajíos y eseoUoa, ni enseriamos (pie h»j|He<:e otra esperanza que un müagro de la Providencia.

3.** ihroourar la reeonciliacion sincera de todos los espafioles, comenzando por una amnistía tan amplia como rompatihie con la tramiuilidad publica, couquendieudo en ella á losrevoluekHiarios, pero noescluyendo tanipnro á los carlistas, romo se lia hecho hasta ahora, pues no parece sino que los liberales han tenido formada una sociedad de seguros mutuos para mono{)olizar entre elhts el derer!tfi de conspirar y de sublevarite siu demasiado peligro de lúg vidas, bacíeadas ni ana de sqs comodidades. ¿Gdmo es posible, se nos' dirá, que con vuestros pnncipios deseéis una íimnistia tan lata para los mismos rcvulucionarios? Es muy sencillo: nosotros queremos aplicar ei remedio á las cosas, y dejar en pa? y favorecer en cuanto posible sea á las personas; nosotros creemos que un poder fuerte, robusto, apoyado en la inmensa mayoria de la nación, podría consentir sin peli^'ro mirar -in ninguna clase de recelo, que unos cuantos individuos de ideas mas ó meaos exageradas, de antecedentes mas ó menos satisfKtorine, volviesen al seno de sus familias; y que al contrario un gobierno débil y vacilante no se fortalece ni se soli^ deportando 6 desterrando á 20 ó 30 personas, porque cntom í ellos conspiran desde fuera y sus amigos conspiran (lentro, y los unos se consideran como liiréMiBi, 7l«' «(ros se Uáwui oprimidos; y tomo todos conocen In f];f<;ticza delgobicrno, todos abrij^aa ei»)i€rau¿as derribarle eo Wtve, 7 folo píenMa en evitar ua golpe luioiUras eslun ac(^qhando la ocasión oportuna. Todos los partidos han encarcelado, han desterrado, lian deportado, lian fusilado, han hecho derramar sangre y lágrimas con enlnifias de liiíre: y ¿qué han conseguido? La opresión ha produ<*¡do la e\asperacioa, las poreecucioncs han hecho inas ardiente^ la sed de venganza, la sangre ha clamado por nüpva sanare, los vcnlnirns *;p han convertido en victjuuui y las victimas en verdugos. Pensad algo mas en las cosas, y «l^ro menos en los hombres; cstentled la vista a un circulo mas dilatado, levantaos sobre esa polvareda quu anubla vuestros ojos; entóneos lleiTíii-eis á ser hombres de estado y d»'j ir ''< cU' ser luunbres de pai liilo, \ no coufuudircis ios pensamiíMitos de alta poiítica con la zozobra de vuestros intereses amenazados y de vuestro mando en peli^ nt con las inspiraciones de vm^slro rnrnznn ulrerado por agravios ^ que por injustos q^e hayan sido nada tienen- que ver con los grandes intereses de la nación.

4." Fuera del todo h milicia nacional.

í>.° Arreglo dü la iiuprcnla de tul suerte que, sin embarazar el desarrollo inteleelual, cviln rl que se (•(!n>iirii;i en lurhíis estériles la intelif^encid del país, se insulte sin cesar al^'obierno. se alarmen continuamente ios cinimos poniendo eo |)eliíxro la tranquilidad pública, se oíenilulii n ii-i n; \ ¡a moral, ] i»e ataquen las reputaciones mas bien sentadas, V se eslienda. ht difamación hasta el sagrado del hogar doméstico.

6." Quitar la exnrhitnníp rnnlrihiirion | del culto y clero, que t<iuU)s sacniicios cxi^re de \m pueblos, y tan estéril es para el sagrado objeto cuyo nombre lleva. \<i':,urarla subsistencia de la Iglesia de lüia manera independiente del Erario, mediando en lodo ¡ lo que sea menester la autoridad del Sumo Pontífice; dcx olver á lOs compradores de los bienes del clero secular y de las monjas lo <^ue hayan satisfecho., y restituir ¿ sus legítimos dueños las propiedades de que se los ha despojarlo. Los comprnílores, si prnccden de^ buena le, no pueden exigir mas que el keinlegn) de lo que hayan desembolsado; los que se opongan á ello. los que clamen, que griten, sfnal es que haii fM>rjio un negocio demasiado bueno; y es un pnncqiio de equidad y de iuslid«,-MBamM;ido en todos k» códiüíMi del mundo. ^\\^ n^dic dehp enrique- WKC a costa ageoa. ¿Que pueden alegar ea su ftivor? ¿Laacahtidadea que han aoliafeohD?- \ lies serán devueltas. ¿Lascomplicacionesque i. esto trnci in (•<>n>>iiín? Todo es objeto de una. Itquidaciun, niti,^uu negocio se queda sin ' arreglar por scmejantt^ obstáenlo; enBapajIa: abundan todavía los liondircs lyv -«abtin I aritmética. ¿Los derechos adquuridosV ¿sto:» ij supuestos dei-ecbos son de ayer, y los dftl j clero ilevan largos sigh)s de duración, v Mrtífn 'jaríinlizados |K)r todas l'^vcs.;.É1 vo-* I tü de las Cortes? Sobre ese voto esta un arr-I ticulo espreso dek ConsUlncieB que prohiba; el despojar de su propiedad á ningún ciuda--I daño; sobre ese voto están el derecho eacri-. to, el derecho natural, los costumbres de todos los pueblos «ávilíudas. El ser un iiaeha ' consumado ' \.a < i n'-iiniaci'indtMm lu'cho.si es injusto, nu quila la injusticia, antes hieuia aumenta; sí es daiioso no disminuye el dai'iOf ¡ antes bien le agrava: quien intcntá un inceo^ 1 dio no hace tanto mal rnino elque lo intenta y lo consuma; el conato del robo no es tan malo como el robo mismo: la eansuoneiaii, piiea# ' de un hecho ni le hace justo ni conveniente* sino (¡lu' lo dein en su nnluralera propia.

.\iienias, si se tratase únicamente de suspender la venta de los bienes, y devolver ios no \ elididos. ¿con (|ué equidad, ton qué justicia se quedan poseyendo los unos y despojados los otros? ¿Se lia reflexionado sobre el desorden y conTusion <pie semejante des* igualdad ha de traer en cualquier arregioqnn se intente?

Se nos hablará de peligros, de revdnoimi de. grandes intereses nmenaxados, de eocmi;rns (pie?e crenrin el gobierno; mas nosotros opondremos ios amigos queso atxaeria» la satisraccion con que verían los pueMoa la. reparación de tamaña injusticia; recordaremos (|iie no son Comprrtdores las persoi\ü6 Hia.s lüliuyuules del país; que se han abstenido de semejantes compras loa prÍBOÍ« Kales propietarios, los (íq)ita!istns que no an querido atraerse el odio de los pueblos^ y cscitaremos a que se consulte i estos cém se han vcrilicado eaas compras y ventas^ t nales las ventajas que han reportado los colonos, cual el desarrollo de ta riqueza pú» blica que del cambio ha reaultado, qué m lo que piensan sobre esas foiliinas improvisadas qne se han ¡evautado en los uliimos años; } entonces nadie dudara que un miut»- » toá&íBÉÉnflMNito raieUfs y de wrcwielK ifOB, i^ria tomar es' i modida sin ningún mI^, biea seguro üe que lo6 auinnuDos « hís <ÍM(DMilMlM ^¡^ariai sliopniáos en- Ire los ¡«plausos de. la nncion cnUMa. Ks preciso «mvenciTs»', y liarlo lo csla ditieDla esperwncia, de que la avidez de cieriBfiiolet no caaocfí iimiu^s: qoe euaato mas se las rnnrodc nins codician; ) (¡no ps de la mayor importancia el dar ai \nm una laecMo de moralidad, para que si en nuevos tmlDmog se trata de coMtunar nuevas inse tocbs tos hombres que* 'mpnlp pI hien dn su patria, qu^ no se hnbiesun enriquecido c(m los bienes de ia igie-BÍB,(pie no f|iii6ieraii mednr en lesdkrtnrlwit políticos bajo ningún IíIjjIo. (Irconins que Tindit» podrá negar la necesidad tJi' robustecer il trono d« una manera ronl y efectiva, y en el programa se propone este robnslerimtenli>. y í^i' iiidira el modo (ic «•nn'^c'.crnirlo sin violencias ni exageraciones; nadie podrá dudar de que urge la reconciliación sincera de tíKÍos los españoles, el levantar á la Tgle^' jiiíticias y dp atacar nuevas propirdados, se i dr ia postración en ípip se encuentra, el resiga: *So hay que liarse de circunstancias | tabkcer las relaciones con la Sede Apof4ól«->* pasageras, pues que las épocaa antowma | ea, el atajar esa tnmocalidad, eaa eoditife Mo enseñado que larde é tempfdno liega el I insaciable que está devorando propiedades luego la venta de éadc la justicia. » 7. * Suspender desdt ^ loa faieBea oel clero regular, atajando la escandalosa flilniiir'acion (juc Iiasta nlittra so ha iKcbo, y cnliaudo en ue^roí iarioncs con la SaalaScde para tomar las iticdidas mas c({iiilativas y convenientes.

8. ' Dejar á!;i í-'!t «ia en la debida libertad, aai coa respecto á la ■ ordenación ca«een toda b eoneemienle al e^reieío de so sagrado ministx^rio, alzándoee prohibieio-Dt^s qiif;i mn-^ il ' -cr anticanóniras é ilegales, acurrcua a la Iglesia y al Estado uia-1» de la naayor traacendeneia.

9. " Procurar j)í)r los medios convenientes y canónicos, que en las diócesis donde la jnrisdiccioQ eclesiástica sea ilcgiliina o dudosa, se ealaUeaea la legitimidad ó se quite la duda.

40. Con estos antecedentes queilanin aüaaadas en buena parte las dificultades que úapiden el restabiecimienlode laarelAeioses win h Snnta Sede: entonces se convencerá <ti duino Pontiüc» de que el gobierno espa- M procede' de bnena fe. y es de esperar ^0'^ las negociaciones que se establecen llelíaran á un rcsuUndn safisfaetnrio. Pero babkr de una manera y obrar de olra. bacar nmcbasprameana yno earoplir ninguna, Ptiííir que el Papa ceaa en todo sin ceder el ^bicmo en nada, y hacer consistir todo el Mpiritiide conciUacibn por parte de la autoii-4h civil en |>edir á Roma la sanción de todo ío fr'T'hn. es querer iininillar al Vicario de Jesucrtslp, es querer tratar a ia cabeza ét la Iglesia eaidlica de la manera con que aa se trata al último de los soberanos.

Tal es en nrieslrn rnncppio p! Dro-^rama i que debiera adoptarse: a podrían adbenr" i sagradas y el Krarin público; nadie podrá dudar de la urgencia de pcmer freno a loa eaeeaóe de la prensa, de qnitar para eiem** pro el peligro del paisann 'O armado, inst rumen lo ol mas a propósito para ernijaraxar ia acciondel gobierno V promover disturbios, de salir de una vez di- estado tan precaria en que lodo depende de la lealtad de los Dtilitares, y en que estos se ven precisados á estar oonttoue sobra las armas s(b[( 1 I ¡ I trono y conservarla tranquilidad publica.» I)e estos estremos nonos hemos olvidado en el programa; en todo hemos sido tan eapifcitee como era posible: y st en puntos delicados licníos preferido un apla-r y.amienlo, lia sido porque no tratamos dn pri'cipilar nada, de sorprender a nadie: el curso de los acontecimientos, la Tuerza áé* I;k ( ircunslancias, señalarán el verdadero camino. Creemos baber pintado la aitoacion del pais tal como se halla en la realidad: hemos consignado hechos, y de ellos deducido conseenencias y re:;liis fie címducta: los hombres sensatos juzgaran si nos hemos equivocado.

umm pui.\upio&, el miim v el gloso.

Cuando escribíamos los artículos sobre la refonna de la Constiincmn, no andaba gnia» da nuestra pluma por el vano pnirito de criticar lo existente, ni de hacera! gobierno una oposición sistemática. Noaotnu» creemos qiw I«po(ftTca debe eslarsubordinafín i fa mora), I mal meidado con el hkn, h vcrriatl ron r\ y ^ue tle scmejaote ley do pueüe lampoco fl enror, el acierto coa el yerro; bs komitret» ' tüi^st pagan — ^ esraiírse lft prensa qw» se OMfia de los gf^cm públicos. Serrine de las ideas y de las (loctrinns. no por lo qup pntrañnn do verdad ó de error sino por lo que conducen á este A affnel Rn. den otros términos, aplicar ni (inli'ii inlííleclual el principio utilitario, nos pan'(\> nn solo inmoral sino lambion altamente diiñoso a los progresos de la ciencia. Bata se olvida de m propia dignidad. se envilece cunndn se prostituye á intereses determinados, cuando se hace flexible en manos deaoien la quiere emplear para el loírro de un onjeto. Y no es que opinemos que una convicción ilustrada y profunda, nrnia 1 «!i severa lógica, embellecida y realzada con la Mllanlez del talento, no pueda venir en apoyo de un sistema pnlitico determÍBado; esto equivaldría á ihv W la cfoncin no trÜMlo á It fnfr* tlidad inhefaiie ¿nuestra naturales», y se olvidan por un momento de s»s deberes * Uta mas cruninales no üiempre obedecen ai unptriso de snftmahia Wdiitaa; Bweaiwevefloa ejercer acciones muv loables fiiiiados por una de aquellas inspíracioues virtuo>as que con frecuencia se sienten en el fondo del alma a»n en medio de los mayores ealmvfea; el sabio, por mas juicioso y discreto que sea no siempre tiene la fortuna de descuWir la. verdad, y el iiinorantc y Mck» tal Tec dili con ella por una casuandad feliz; el taelq nías delicado y lino no está siempre seguro de guiar atinadamente al que io nosee « y <)uÍEás nn hombre petnianle y amondrado encontmi la debida solución á un negocio íírave y espinoso. Tal es el mundo, tal es ia puede combinar un orden 'ie cusas aplicable j| humanidad; asi no concebimos como puede al gnbiemo. Cuando nn sistema contiene, los mismos principios de la ciencia. y reduce á la práctica en oportunas aplicaciones las consecuencias qne ella ha sacado, no hay inconveniente en (pie los hombres de las ideas apoyen á l ^ Immlires de los hechos. Creer que el bufete del escritor sea por neeesidad ef despacho del jiombre de listado, es no conocer las diferentes atriburiones de ambos, es no llevar en cuenta las muchas causas que pueden impedir semejante confusión ó alianza. Pero empeñarse en qne ha fnher un per|)é(no divorcio entre los escritores y los ííoberniíntes. es asentar por principio que los hechos no pueden andar acordes con las ideas, es dar por supuesto ó qne la cienr-n no lince masque desbarrar, ó que los hombres de Kstado obran sin pensar: ambos estreñios ofrecerían una idea bien triste de la sociedad y de la humanidad misma.

Estas consideraciones manilicstan cómo entendemos nosotros la oposición: no comrendemos cómo puede hacerse esta ni en os límites de la buena mora!. ni en los de la honradez y del decoro, a iio ser ctmcieosnda; es decir, á na emanar de las convicciones de ipiien la hace. Lo propio rpie de la oposición, decimos de la defensa del goliier-Be. Asi confesaremos ingenuamente que no sabríamos cómo escribir si siempní hubiésemos de encontrar malo ñ bueno todo lo niic haber lugar perpétoanenle para la aliMMa