SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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ó el vituperio: lo que signilif;i (pie no eompreudemos la oposición ni la dcíeiii^a sistemáticas, que en tratándose de un órden de cOisas 6 de hb gobierno establecido, lo encuentran por neeeaidad 6 todo baeao ó todo malo.

Con estas ^trinas claro ea que no podía caber en nuestro intento el projwner la reforma de la Constitución de 1837 criíieando severamente sus defectos por espmiu da oposición al gobierno; miestrm pitíihfai eran hijas de la pioriiiida convicción de que aquella ley no satislacia ni podía satisfacer las necesidades del país, que estaba en desacuerdo con las ideas y coatumbras dominantes en España, que era vano r! empefio da sostener intacto un ser dubd, raquítica, 3ne iba muriendo de coumeioB entré fai iiiferencia 6 el desprecio de gebenuntea y gobernados.

Atiaiizadu.s un ios hechos, y seguros de que las protestas de palabra v p(ír eaerilo nada podían contra la irresistible fuerza de las cosas. íbamos sij:uicndo nuestro camino, dejando cjuo otros!»e solapasen con el nombre de la Constitución de 1837 cwiservadt intacta. Si procedian de tnala fe, nadn tentamos que decirles; y si eran tan dindtdoi» que creye^tt huenamenle lo que afinoaban, e»> vidíábamoftsu eoraxon, mas noaaeompie»' sion politíca, y com e])iuábamos fpie el meeste hiciese. En la instabilidad y variedad n jor remedio de su ceguera bahía de ser el j^í M, gjgmpj.^ g| 11 cnMamuet algunos meses. * is palabras, ni is palabras, ni m mwo9. asf romo nos hiihinmos rcklo algún tiempo antes de aquellas oirás, hq moa mt4Mi$mm, m mm naemmm: m cono ' iK en la época de las glorias y de la omnipotonrin flr Olozaira nos habíamos atrevido á doflnr de los futuros prodigios de su go-Memo, auDuuo arrostrásemos laMigmcion ó el (losdcn de muchos promi ^isln- y no pocos |),irlaiiKíntarii»s; asi couío luvnuos por una tin sa la coalición para todo lo que ■O fuese dc^struir, y mucho antes dei famoso docamt'nlo de la c«)inisif)ii electoral parla-BKDtana, ese documejito de los abrazos, M bMuo desenpfk), del aello'de aníslod elpma, do los pronósticos de perene vcolara y bienandanza, de pa?,, d« fraternidad jdeamor, v sobre todo de orden publico, <Íyreflpieriáid nwcioiiai, de temible pujan-7a y fiera indejwndencia, escribíamos á pruueros de julio de IS43 lo (|ue por des¿i;racia una triste esperiencia ha venido a con- Asi no es esfrañn que no nos hiciese mella ex terrible ui mas m menos; ese basíau las kn» úrgékkas; estf h ConsHtnekn es el li- ■Mrrfe tadot Im partídos: esos y otn» te> mas semejantes que con tan enfática seiruridad se proDunciaí>an. i^ira hablar coulra la GaiHlilticion bo8 fmdábtmoa en un heobo my sencillo, á saber, que la Constitución Mexistia sino en un libro; pedíamos que se BU la mostrase en la sociedad, y nadie io iaeia; la MTe se habia hundido, solo se descnhria la estreinidad del mástil, y no faltaban buenas fíenles empeñadas en sostener ^ la embarcación marchaba viento en popa; y asi se exigís que lo creyésemos los q«e f"!|;il(:imos presenciando la catástrofe.

Por iin hemos salido de ia iocertidumbre; 1^ flai se ha cejado en el empello de oMiffmas á C0BÍt>sar (|ue veíamos lo <|iie iio íbamos, que palpal)anios lo qne no palpa-^rnos, que era una vana ilusión, uucapride mieslra Cialasfa lo que eslábaoMM Tiendo con nueslros ojos y tocando con laeslras manos. El ministerio, ese ministeib eminentemente parlamenlano y escrupuilHMnente legal, que diz ha impedido una roaccion tremenda, la cual sefinn los periódicos progresistas, comenzando por un golpe «düioaiiS.

' de estado, quizás qmsás —^trn pnff HiWU( á í) Carlos á Madrid con Balmaseda por luiüisUo de ia tiucrra y Cal»rera de capitán general, anea del restaMacimiento de iodo« los conventog, del dc.^üello de todos ios li-, l>erales, que con las terribles noticias an(l;ii)an asaz revueltos e uriladoi, al vei quo sus antiguos amigbsiralabaiide enlfe^wrlos á ios voliiiitarios realistas; ese miaislerio, repctiiuos, que con su anómala Ic-alidad var á traernos el siglo de oro de iu2> leonas coustitucioiiales, ha vendóla decJarar.íbrmai-, mente en la esj)os¡cion que pr cede al de-i cTclo de di:>oluuiou y convocación de Corles,, que *el timpo ha lltfjado ya de introducir el arreglo y el buen coik ierloen losdil'ereates ramos di' la adinini>lracion del Kstado, de diciar las lev es uecesarias para aÜaAZAf de ua nada sálido y eslaMe la tranquilidad, y el orden público, y de llevar la reforma if la mejora a la misma Coiuslilm ion <h-l Estado, resuello de aquellas parles que la espe-i ricncia ba demostrado da un. modo pAUAiuit. (Míe ni están en consonancia COn la verdallera mdole del régimen representativo, ni tienen la flexibilidad neccbaria para acoino* darse á las variadas exigencias de esta classt de fíobiernos, y (pie líwlas c^t - r r rmasaá pais las reclama co.\ ansu y avuisk.»

Aceptamos desde luego tamaAa eoofesion» y nos aprovecharemos de ella para decir cuatro |>alabras al (¡lobo, en contestación á su articulo del i8 de juuio y u un periodo da su número del 39 del propio mes. Ya pueda conocer nuestro colegía que no hablamos por despique ni espíritu de ven^'au/.a; que cuando tales mqtivos obran en el ániuio, suele ia contestacioa ser enérgica, viva y sabiv toda pronta, sin que trascurra unmes eslaroeilm Ire el cargo y la defensa.. j No podemos perswMlinMs que el (r/oio aí estampar su artículo abrigase la intencioo de que se pusiera en [«'Iíi-to cI deposito del Banco; porque si biei^ t ¡amaba ¡ioi que se ttm impmm súmeioy todavía creemos, que. ese clamor mas bien era un aviso severo pam quecejasumcKj en nuestra empresa de reformar la Constitución, que uu una escitadon formal dirigidaálos señores iiscaias. De otra» .suerte debiera mos decir que estos eran mas tolerantes uue los ilustrados redactores de> aquel periódico.. r.ui./ .\parte, pues. la cuestión de intcnciaMa»} que creemos ¡ndnigenles y caballerosas, e»s tiraremos eu la de priucipicis, eu ia cual Digilized by Goügle hnhlnrsp ron mas doísenihararx), yjse encier- I ra mucha mayor imporlaucia.

Después d¿ haberse lamentado el oiiado periódico de qiip durante la regencia de Kspartero, v aun en los últimos aAos de ia de la Reina ¿ofia lluit CiiaUiia, ciertos órganos de la prean ibooifleii IMW los días por la ri'piihlica, poniontio asi on discusión la m'v íuudainentai del Estado, y auu licga|>u a dme «I Mduidalo de que la Gaeela, el ér- Uiulos que le hagan sagrado é inviolable i gano oficial del gobierno, entrase con ellos en poléniicn sfibrc,!a t'sccicucia del gobierno republicano, dice que hoy no existe por fMTtuna nfDgvno de estos periódicoa, pero que (11 rinnhio se publican otros que, ó prociainaii aliiorlamente ia monarquía, ó ponen en lela de juicio y discuten y crítiean h» articolos de la Constitución. Entra luego en el examen de si estas j)o!('miras son conlormcs a la Indole del gobierno represeutalno, y-si lle^'a basta este panto la libertad de los esrrítores; y afirma, que si bien ama la libri' discusión, sin endiar^'o cojioce que la necesidad y la libertad de ella licneu sus 11-Hiles, que'nadíe debe traspasar tfiip«Miii«nte; V i'splicando su pensamiento añade: « En los 'iíf>l>ip''"os representativos todo puede discutirse y censurarse, escepto aquellas dM^nasé'InslílDeioBesquc son la base del mismo gobierno y <lo la suciedad política. La religión, donde no ha v libertad de cultos, el trono y la GoislUiicíon, son las tres Instituciones por cava virtud existen la sociedad y el frobierno, y son el limite de la libcrlad política. Cuando la ley dice que no tolera ñas religión que la Católica, prohibe al mismo tiempo lodo af lo f|ni' icii-'a por oIjjl'Io establecido, y (pie (mi general debe estar lucra de la juriMÍicciun de U piensa la ie|t lundameotal del JBsumW. Paaa nsaoiMMieai|| estos principios creemos que no anda ace% lado el Olübo eu la aplicación que de ellai bace en la' cuestión presente. £1 ealar prohibida una discusión sobre imebjelo supone la existencia de este, y no como (juiera sino de uu üjüdo icai y tccli\o, y ademas cou juntos lus ojos de lus pueblos. De otra suerte seria inaciüual la prohibición de discutir sobre él, cuando este dere(;hu se otorga con re^peclo a todo lo damas. Asi por ejemplo, en un pueblo que en su inmensa mayoría se hubiese hecho impío, u que hubiera cambiado de re-Ugiou, se entenaeria que había caducado la ley civil que probiliieca ia discuaioB sobra las anticuas creencias. Preguntaremos ahora al (jíoúu, SI cuando uusolrus hemos cacnto ios arUculoa sobre reforma dQ'CoostttuctQR existía esta real y cfeelivameale, y si tanto pur los golieriiaiiii's como por ios gobernados era respclada lumo ha^iada c iu\iuiable. Creemos que la ilustración de dicho periódi» cü nos aburrara el trabajo de citar hechos y de oírecer todo huat^e de pruelMis. Precisamente una de las razones principales en que nos apoyáboBoapara sostenerla necesidaade iarelornia, era (pie la Cunstilucion di; Ih;)7 uo uxisliu sino en ci papel; y uno de nueitr tros artículos fue dedicado oadusivameiile 4 este objeto, comparando el leste de la le{ ruiuianienlal con los hechos presentes, y con muchos acoutecauieutos > criticados desde ia promulgación de aquel código. CuandOr se quiere probar que una ley existe no basta destruirla 6 desacreditarla para poner otra | mostrar uu impreso donde se hallen sus aren su lugar; cuando la Constitución declara | Uculos; no basta alegar que uo se la ha d^ inviolabilidad é irresponsabilidad del mo- | rogado espresamente en otra ley posterior; narca. 'juzga crimen todo acto hacia él de ] que si eslo valiera, sería me^c.'^ter dec ir ¡jue reconvención ó censura; y cuando existe «M ley fondaraenlal que establece una foran da gobiemo. no es licito ningún arlo (pie tenga por objeln sustituirla con otra. Asi, Sues, quien preiUca uua reli^^iou diierente e la establecida como única; quien censura los actos di'l monarca; quien proclama otta forma de gobierno (pie la existente, contraviene a las leyes y lalla a las coiuliciones del régimen i«pre«Mitalivo. » Adinitiinos < on el Glubn que la libertad de bo esteaderse ¿ la religión donde no hay i-t M allRHmdoaáe ae baile se hallan vigentes mucijas le) es de cuoigos antiguos en coya obserx anciá nadie piensa.

Para demostrar basta la e\ ídeocia la siAn razón con que nos ataca el Globo, ateniéndose a una legalidad que por darle la calí<-. fieacioo roas suave solo llamaremos nimia,. sup(>ngase que el ifismil, sintiendo avivado su celo jKir las escilaciones del mencionado periódico, se huliicse resuello,a la denuncia de nuestros ariiculos: «abalaiiale el articulo H." y último sobie reiornia de (-onslUucion saUa a luz en Madrid eu el múñela discusión tiene sus limites, }[ que no de- m mutu li- I ro 33, correspondiente al dia 1 U del corriente lie I julio, y en fSH» mismodia lu-aiMsIerio que I fm precia de aUitincnto lo^al, de parlamentario, y cuyo sistema merece sin duda mas las simpatías del fi(nbo que las nuestras, puhiicaha en la capital el decreto de disolución de Cortes y convocación de otras nueras, precedido de una esposicion en que se dccia que habia llegado el tiem(K) de llevar la reforma a la (lonstilucion del Estado, que esta contenia partes que la esperiencia nabia demostrado de un modo ^>alpnbh (¡uc no estaban en c»)nsonancia con la verdadera Indole del réfrimen representativo, ni tenian la flexibilidad necesaria i>ara acommlarse á las variadas exigencias ne esta clase de {robiemos. y que estas reformas el pais las reclamaba con ansia pavidez. El Pensamiento de la iS'ncion hubiera podido defenderse de una manera muy sencilla, diciendo: «yo be sostenido que la ref(»rma de la Constitución era necesaria, y el pobicrno lo alirma también; yo he sostenido que sus vicios eran evidentes, y el gobierno alirma que woñ palpables; yo he apelado a la esperiencia para probar este aserto, y el gobierno afirma <|oe la euprrietttia lo ha demostrado; yo he sostenido que In reforma era oportuna, y el gobierno alirma que el tiempo ha ile^udo va; yo be sostenido que el país asi lo deseaba, y el gobierno alirma (|ue el pais lo reclama con ansia y aridez: fiscal, no os dirijáis, pues, contra mi, dirijíos contra los firmantes del documento a (jue nos rcferimos; que si no recordáis sus nombres, son D. Hauion Mana Narvaeí. I). Luis Mayans, í). Francisco Armero, Ü. Pedro José í*idal, D. Alejandro Mon.»

Bien echara de ver el Globo que el papel del señor fiscal no hubiera sido muy airoso, y que tampoco era muy grata la posición de quien con sus escitacicmes hubiese provocado la denuncia. Kl Pensamiento de la!f§€Íon hubiera podido contemplar con algo ñas que placer la escena en que se hubiera Tisto denunciada al jurado la esposicion de los ministros amigos de la legalidad, y como tales sostenidos ardientemente por los periódicos de la situación.

Aquí pondríamos fin á la polémica con el Globo, si no tuviésemos que contestar, ya que se presenta ocasión tan o|)ortuna, á un Eirrafo nel número 29, en que hablando de s preguntas hechas por el Eco a la prensa periódica moderada dice: «Para alarmar á íu» crédulos lectores, los peri(Wiicos progresistas tienen que recurrir al Pensamiento de la ^íacion y sobre todo á la Monar-* qnitty órganos del partido contra-revolucionario. es decir, revolucionario también, iiunque en sentido opuesto n los ¡)rogrcsistas y republicanos.» Perdónenos el Globo si le decimos <jue no creíamos haber merecido semejantes palabras: nosotros no escribimos |>ara alarmar ni a los lectores crédulos ni á los incrédulos; no andamos a ca/a de noticias que puedan producir semejante efecto; y por el sistema «pie seguimos en está parte, bien se deja entender que, lejos de querer producir impresiones de momento, solo tratamos de recoger y como archivar los actos del gobierno v los hechos mas notables que están sucediendo en el pais. Por lo tocante a discursos, en cuanto cabe en nuestros alcances cuidamos que abunden mas de lógica que de declamación; si el Globo se ha tomado la |K'na de leerlos tod<is, en todos habrá podido notar este ca* rácter; y si algunos hay en que nos hayamos esmerado en enijilear raciocinio sólido y severo, fundado en hechos evidentes y jtnlpables, son los que versan sobre la rel'orina de la ticmstitiicion, los que |)recisamente han escandalizado al Globo.

Tocante al titulo de contra-revolucionarios, ó como él llama revolucionarios también, aunque en sentido opuesto a los progresistas y republicanos, si asi le place apellidarnos por(|uu deseamos que se robustezca de una manera positiva y eficaz el trono, porque ansiamos que salga de la tutela y de la opresión de los partidos y panddlas. por- 3ue queremos que el monarca sea verdaeramenle monarca y no ejecutor de designios contrarios al bien de la nación, por(|ue suspiramos por el dia en que el cetro y la diadema de San Fernando se vean libres del polvo con (|uc los cmiKu'ia la revolución con distintos nombres; si le place a|)ellidarnos asi porque rechazamos esa mentida liliertad con que de largos años atrás se viene engañando al pueblo español, esa libertad que ha producido tan dilatada série de calamidades y desastres, mic repetidas veces ha manchado con lodo la diadema de (>astilla, y nos ha conducido consecutivamente del (iespotismo de unos pocos á la anarquia, y de la anarquía al despotismo, esa libertad que aun ahora mismo derribaría el trouo si no estuviese escudado por el valiente ejército y ro<ieado de sus l>ayonetas; si le place apellidamos asi porque deseamos que Google Google ^e^ÜU^ su lastre \ C!>pIrndorá la religión | poUos» católica proft'Siula \mv la ii9ciou oiiler», cnlaMuia con lodaá uucslras glorías y uui-«t esperanza de e^la «wiedad desveutulada; si le place aprllidarniH ¡)><i par(|ii<- < lamamos para (pir su (jooga coló u ut>a codicia i^si-audulusa que va ioiprovisaado cobsaleg foptuiUM •■ nedío del estupor de. los poehlos, ([tic no coiiriUcii cómo hay (|uien lo cotuiicuU; SI por estos iuuttvui>,> repeliiium, le place «peltidwiMs aii, nos bsoiainos por kioerle* dado ocasión, y le daremos nuictias otras (Mí nilclanlc. INmo si se nos llama coatranrevolucioaaríos cuaio rcprej»ei)tajilcs de iui-8isl«M4e imurraoooA. de violeiioía^ y de vcii^'aii/.as. entoiiMS nshuntoñ con líQt'r^na l;< calumnia. Lejos <ie ser partidarios de la insurrecdeseamos que se establexee un gorbierno sólido y fuerte i\m las acíibe para siempre y las haf^ del todo imposibles; lejos de ser amigos de. TÍoleti6ÍM, clemiiiiios eMnuamentu ppr el domitio de la Ley, y si o(K (Icdaramns en oposición con la actual, es pocque conocemos no acr mas que uu Qenbw vaito, eseetesto ftm servir de íostrumento á las pasiones y partidos, é inc a paz de asegurar el orden publico, ctuinto meaos kacer la prosperidad de lu uacioa; lejos de aeonejar pwwmiciones y airo^-^ llamieiifos, re|H! limos una y mil veces que est )>> in<>il¡M>!t ola producen, sino que avívau mus y mus el espíritu de reacor y vea* piiiiiNi|ÍM « predio aidicar ti remedio á MI ellas mas hi MI ellas mas hi de pandillas, f'iicra esc esclusivismo con ({uc se condena a la Ji^iid94.pf^'jifa^ al al>alímiei4o y a la bum¡Haci<m « partidot numerosoe, fsoAquc.m; priva d l<* nación 4* los servicios »pie pudieran prestaile humhres dt; disliu^iuda'^ calidades, {lor solo el motivo de no pertenecer al partido, doqifia^t aprovecliar tudas las inteligencias, Ijuiee concurran al bieu públiro todas las..virMíHi des, esplolar y s^f\i^>c de.)^s,,/4||||m|» tod6»tos hombres Bea», fluales (wvSS99 (i¡iit;iini('< [jolitira.s. sujrl tr á lodos los españoles a ia ley y a nada utas que a la ley y 00 al capricho de nadie; estas;>ott las veagamas, las viulciicias, las reacciones^ la contra-revolución que predii nins;.ilu estau u^ü^ti-os escrilob desde qutí eouiemu^ om á dar á )hz alguitos en ISAO; «¡diieii e»t. cuenlre en ellos un fém^ ^ ao oilé rorme con la profeaioii qs» aeabaiiM)s de LA SITUACIOn Y lAS Los hombres de la siluacioii Jiaa^creída resolver de uaa manera satisfiMttrit la ÉHÜV ma crisis «lisolviendo las Corles v convocan- ( i'- t'í. V MI ellas mas hien que en las persumis esta el origen del mal. ludul- ji do otras nuevas, con la esplicita|>romesa di geacia para el «stravfe, benignidad coa el | llevar la nSoHM y- la mejora á la ater oulpable cuyakJtd|ia dínaiBc de (^ircunstan- | Constitución del Estado. De esta suerte haa oiafteslr ini flio ui.K. de exallacion del mo- ' procura«lo aparentar (pie estaban rcsiH>ltOi!> s iMato, de errores mas o menos escusables; i salislacer una necesidad urgente, reco^octpera jastioía eon oLerfineBi severidad iofie- || da por todas las persanaa aaiaalas. Qm^k xible con ios hombres de intención |)erversa sistema político de España no puede couti^ y de corazón dañino; tran.saccion entre los intereses o|)uesios respecto á todo cuanto entrañen de justicia y eK|uidad, pero no permitir el escaiidnlo deque el robo y la dilapidación se cubran cou la égida de la ley, dando al país una ieccion de inmoralidad con el liinestaeieasplo de declarar legiüoMO todos los ' ' ' '1 ron ta! que liayan llegado áoansumarse. l^my^ki respeto a la propie-M^mMmiwmém á Im pmBaa, olvido de twias las debilidades, hasta {)erdon de iodos los (l<-!i( iv,. i ii. nv sincera reconciliación dt> lodos tuts ea|idiKiies; luera mouunuar tal como ahora se cm uentra, es una verdad que salla a la vista con tanta evideor cia, que el ministerio no lia repacadocalr alirmar (jue vth palpable, y que laesp<'rieiH cía habla venido á deumtraria. Mas coi quiera (|ue loa hambres de la ailaaeÍMVi QBlan cinmaladea «n priacipiaa tUiáo^^y tes man-han á merced de las circimstaacias, son aüciooados a imitar, y. como partidaríaa del^wlo «wdfo se eaíaeeain iK)r plafliaif V sistema que ooeslñ sobrante ae osadia y franqueza. Por esto ha vsalidoa luz una esposicion eu que nada se dice que pueda dar una idea clara y pxacta de lo (|uc s<« inlonin hacer, \n\(^ ' i es tal ( on él la (lonstiliicion -jiirílrtr t;in viciosa como ahont, ó luen iiirada de muchos de sus niales: siendo recular qne sal^'rt una de eslas dos cosas, sei'iin el vieiilo que corra allñ en el mes de novjemhre. I.as palnhnis de ítnlole ihl vfffimcn rrprfsenfniirn y iW fleTihiUthul nrrnarid ommini sr á Ifís rtiriablea f.Tiffrnn'as '■ ''• gnhifrnofi, son tan pasibles,. i 'ii (7r');M^ír//7rvr á toiln clase (le Hor manera, que si fne-^e posible que se ronsintiera en Ins Corles una may( ria projíiTsista, el ministerio, lo qiie es ñor lo locante al programa, pudiera muy bien <*nt'^nderse con ella, presentando cualquier jiroverio al (lue por uno ú olro motivo se le \ piirfiese atrimiir que contiene medidas á proposito para dar fleTibilidnd. Y si por el rw ilieso una mayoría compuest?» de tnini.. ¿,i D-í V de moderados de los no per-Icnecientcs á )a fracción dominante, también pMdiera el ministerio presentarse á Ins Córl"S con im proyecto en «pie la reforma de la Constitución fuese como la reforma de los frailfs, nue comenzó por proyectos muy I' nipócrilas y acabó por deslriiirlos Así los hombres de la situación se han co- Itirado en una posición de jtisto medio, bello i<l''al de stis teorías y blanco de todas sus ••iirnhinaciones. Encarados con los proirresispueden decirles: « Si sois constiluciona-W, no-sotros lo somos mas que vosotros: las rt'fomuis que (pieremos hacer en la ('onstitncion servirán á rf)bustecerla y alianzarla; tío creai*; qiie sof\amos nt en alísolutismo ni '•n formas demasiado ri;:urosas; yenpnu'ba <li*i»5to ved como queremos una ('onslitiicion Ñfrihlf, y como no nos hemos olvidadlo de 1^ ffspresion eminentemente liberal: frutóle ' I rrpnsprttdfim. » Y al contrarío.

II. 1» a.ivan de dirijrirse a los monárquicos ) a lo5 modenidos que fueron un dia sus ímipos.y que han dejado de serlo por la *'*nnn.i rn/on de q\ie se han candado de ser- '! ' i"-»"iinenlo, podrán decirles: « ¿Que- 'T la monarquía? Pues nosotros lo queremos mas qtie vosotros: veréis crtmo "•■lie mal parada de nuestras manos ',: Conslilucion- vrreis cómo á fuer de monárquicos líih,! trizas con el pretesto de refor-"wrLi. supliera por venerar el ultraje hecho a 'a Reina por una demagogia fen)r en el palacio de la (iraiijii. La dilerem ia i'vIü cit-(jue vosotros «piisiérais hacerlo de una uu>-nera brusca v violenta, v nosotros lo liaremos por medios legales, sin sacudmuenlus, sin golpes'de Estado, ciud cumple a hombre* conocedores del espíritu del siglo, imbuido* en las doctrinas de los publicistas mas adelantados, y que han estudiado de ccn*» uA modelo en cuya imitación cifran su gloria y la prosperidad de Espai^a. INtr Ií» demás, si en las Corles se ofrecieren dilií'ultades, st esos incorregibles progresistas;ios vicnel allá alarmando al publico con fogosas perof ratas, embarazándonos y no dejandonrw obrar, entonces ipuMlará de nuestra cuenta el deshacemos de ellos y de las Cdries y planteai* vneslro sistema * que se presentará mucho mas plausible habiéndose demostrado con el nuevo ensayo que no es ]M)SÍhle desatar el nodo y que es preciso corlarlo. » Espresamos la n^alidad y nada mas que la realidad de los hechos. Que en ultimo estremo exista el designio de prcíscindir de costumbres parlamentarias y de formas estrictamente legales, opinamos que no es aventurado el dei'irlo, si se ha de juzgar por lo (|ue hemos visto no ha muchos meses: en cuanto a ser mas ó menos valientes los políticos lodo dependerá de las nwyores ó menores simpatías de los militares. Asi es que en todo ese decantado constitucionalismo, el voto del presidente del (lonsejo ha de pc^ar mucho, ponpie es hombre rpie puede y sabe sostener con la espada lo cpic ofrece ó promete. Cnando este llegue a convencerse de que se le lleva por un camino tpie podría uuiy bien inutilizar lo conseguido en Torrejon de.Vr loz, será posible que muchos otros varíen de rumbo.

Ya que de militares estamos hablando, no sera fuera del caso advertir que se alucinan mucho los parlamenlarios si creen qnc el ejercito los sostiene por identidad de principios y de miras. El ejercito obedece á la Reina, sostiene á los parlamentarios porque los ve al lado de la Reina, esto es lo que hay y nada mas, pues dado ipie el ejércif mcde tener alicion á las farsas revoliM enanas, es muy probable que sus simpatías y su entusiasmo sean en favor del trono, de esa institución de catorce siglos, y no en favor de esas obras de un dia cpie nacen boy para morir mañana, que en los breves momentos que llevan de existencia están mudando continuamente de forma, y acarrean entrclantoft li cuento.

cuento.

▲ propósito de la ¡UsUñiidad <|ue m quiere m á Ií CoiMliliieieB, ehiemifnei que no es la inflexíbilidad el defecto de que adolece; y 8i de sus dotes hemos de jiiígar por los efectos que ba producido desde estemos por decir que se achaca á la CeMlilacioQ precisarnonle lo contrario de lo que se debiera culparla. Ks como los gobiernos que ae baa sucedido desde la muerte del último MMica, á qaicDes se ha llamado tiránicos y usurpadores de los den»chos del pueblo, cuando en general su principal detecto ba ceufiatiá» «B ser débüei, m elfidane de su propia dignidad, humillándose verigoBiósamente «nle todu I» eiigeiiciai wnlmmnarias. Desde 4837, lae Garles arrearlo á la nueva Constitución han manifestado opinioues tan diferentes y correspondido á tan contrarios designios, que al me ñus por gratilod no las debiera llamar inflexibles ninguno de los partidos liberales. Las 4e 4838 distaban inmensamente délas de 4837, y las de 4839 no se parecían en nada á iOBpfiedfleeaoras, asi como no tenian semejanza ron aquellas las de ISiO. ¿IlíVnde esta la inflexíbilidad? Vino Espartero y quiso «M Górtes que le hicieaen regente* y regente salió; y si no hubiera andado tan tort>e en comprender su verdadera posición y loa muchos medios que podia emplear para ■oalenerse y aun encumnirse mas, y bobíese deseado unas Cortes que le apoyaran en iíus planes, habia fiejcibilidad en lá Constitución, no solo para proclamarle á él sino también al mismo bajá de Egipto. La dificultad no hiibiem consistido en obtener una To^wcion favorab^, si^ en que el pueblo ae No está el mal de la Constitución en su inflexíbilidad, pues se halla muy distante de tenería, sino en su flexibilidad escesiva; lo que hace que pueda prestarse a lodo, y que '^oa un escelente instrumento para el partido que llega a apoderarse de ella. ma- Íormente si no escrupuliza en prescindir a algunos de los artículos cuando se oponen á la voluntad del que manda. Mas diremos, el mal DO está todo en la misma Constitaeíon, ni so poidrá el fenMdio iaiiestros males con un mero cambio de ley fundamental, sea este el que fuere: una de las caucas principales de nuestro malestar, de los peligros del trono, de la flaqueza delw iii-titni iones, de la dificultad <!*• fundar uo gubicrno ^ está en que por electo de la guerra diléBlIca, poKtíea y religioaa, 5 dcTéMenlaoe que ella ha tenido, se halla fuera de juego 4ina masa inmensa en que no Sf>ln hay número sino también gi^^ei» pnucjjigfej^ intereaeavy por lraMllWm4aftl4iMr naciones que se hacen para establecer un sistema |>olitico sólido ^ duradcruse limitáis á un circulomuv reducido: ta^.^ítMOPmtflr cribe á un hMii pulilii a qvt-i éil^0imiü (ios fracciones míe se aborrecen de muerte y que han Si$ll|ap su odio con san§p,y-,iO ueden serw Im basa pera fundar wü»*- ierno.

Lo hemos dicho varias veces y lo repetiremos aquí: en no haciendo entrar como elemento de gobíMio á es» partido á qoico se desdeña, es imposible, absolutamente imposible, establecer en España nada sólido y miradero. Los Ivonibres su|)«rticiales ó de mala fé andaiin discutiendo sobre si es partido legal ó no, sobre sí ha abandonado sus antiguos principios ó no; y le ofrecerán una especie de peraoa de loa pasados eatrufiof si ae anodillt á' tm plantas, abjora ana errores v promete en adelante portarse como verdadero lil)eral. Y con este modo tan angular de pcMT Ík é Im dlacardioa cítOcí pretenderán quizás haber hecho una obra maestra de política. ¿Asi comprendéis el corazón del hombre? ¿Asi habéis estudiado ia historia? ¿Asi habolt c— iHado la capariencia? ¿ V^i esperáis convertir y hacer creer a vuestros adversarios que puedea darse por contentos con un indulto y coa «n aMnida de protectora benevolencia? Loa verdaderos hombres de Estado mirarán ciertamente la cosa con ojos muy diferoules: eUfts tabea qoe cuando ohn» e« el Mo de oa gran partido principios que no pera* ccn, cuando se combinan con poderosos intereses, no hay otro medio (|ue transigir, que itrter á eae pertide. haciéaMe ecMcsiones que le pongan en igual rango que á los demás, que daríc puntos de apoyo en que vea garantido el cumplimiento áe las prcoieüt; en sna palabra biMfle entrar de una manera leet y efcetiv efo elewaale de gobierno.

S eile ne te baee «a Eepefta eoa el pdrtido carlina, vanos son todos los esfuenoa para asegurar la tranquilidad pública y laorar la prosperuiad de la nación: aun auponiendo que él no intente nada, que se man- | ten^ del todo inorcnsivo, totalmente pcilico, le basta dejar a sus adversarios solos tu la arena para que estos se combatan in- i ceüantemente y se arreltalea alternativa- ' mente el poder, turbando de continuo el país y ruudueiendole á un cstremo de desifiidamiento y anarquía.

Ya sabemos que en la política que anda hoy valida en ciertos circuios y á los ojos ét los publicistas de la situación, estas refleiiones han de ser miradas como peligro- i sas, como de tendencias reaccionarias, como sueños de delirante; pero lirmes en Mestras convicciones, lirmes en la ensctaua de lo |)asado y de lo presente, arrostramos serenos ese desden. que con desden rechazamos, apelando al Tallo del porvenir. Kns imposibilidades de que continuamente { w nos csia liiiblando. se harán posibles; e.sas mooslruosidadcs absurdas se. trocarán en combinaciones muy razonables; esos fanlasnu de reacción que se nos pintan con los •jos lonzaiulo fue^ío y las manos frotcando, SMure,.se convi'rtirán en una ilusión a|;radable; y la nación se tendrá |H)r feliz si puede realizarla. Os dejaremos que rechacéis CSC imposible. con la seguridad de que vosotros cuidareis de hacerlo necesario.

Sentado, pues, que el origen de nuestros males no está todo en los vicios de la ley fundamental, es preciso que los hombreas jaiciosos y honrados no se lisonjeen con la esperanza de que una reforma mas ó menos radical de la Constitución ha de poner tér- I mino a dichos males; es preciso eslender | mas allá las miradas; es preciso pensar en 00 cambio mas profundo; es preciso un conjunto de medidas trascendentales que dcstruvan para siempre cstí monopolio gubernativo, que con diferenti>s nombres se está haciendo desde <833. Quien haya tenido ocasión de conocer á los hombres y de ver de cerca las cosas, quien haya observado el desorden, la inmoralidad, la dilapidación ¡ que se han inlrmlucido a la sombra de h s | vaivenes revolucionarios, comprende, o | mejor diremos, siente con viveza la nccesi- i dad de esa mudanza: parécele que está | viendo un enfermo atacado de dolencia mortal, que cuidado por médicos tímidos o in-, hábiles, se halla sometido aun régimen que solo sirve para agravar sus males y avivar sus padecimientos; parécele <iue está viendo la iropresc^dible necesidad de sacarle de ' aquel estado por medio de un cambio completo que llegue á la raiz del mal, aun á trueque de hacerle pasar por una crisis.