Al propio tiempo que se proclama un sistema de mayorías, se ha formado el empeño de gol)ernar con minorías, y esto produce la debilidad del gobierno v el malestar de la nación. Si fuera posible que los diferentes bandos del partido liberal viviesen en perfecta armuuia, y aunados contribuyesen á fortalecer el gobierno y consolidar unas instituciones, todavía fuera verdad que los que mandaran se apoyarian en una minoría, uor({ue la mayoría de la nación es á no duuarlu monárquico-a>lig¡osa; de suerte que aun en tal caso seria estremamente difícil que un sistema cual(}uiera pudiese durar algunosaños. ¿Qué sera, pues, ahora, cuando lejos de evistir semejante unión, hay la discordia mas enconada que se puede imaginar? ¿Cuando asi progresistas como moderados no han escrupulizado en recurrir á vias de hecho para derribar á sus enemigos, cuando unos y otros han sellado su victoria con ejecuciones sangrientas, cuando en los intervalos en que uno de los contendientes se halla esclusivamcntc due?^ ño del campo se desahoga el otro en la tribuna y en la prensa con mas virulenta saña de la que jamás emplearon contra los mismos carlistas? Existen ahora, es verdad, el Espectador, el Clamor Público, el /ifo del Comercio, y sus artículos terribles y fulminantes dan frecuentaos ocasiones de queja á los partidarios de la situación actual; pero en cambio nadie se ha oKidado todavía del lenguaje de los periódicos de la oposición durante el mando de los progresistas; y ciertamente (pie si se hubiese de adjudicar • la palma al mas duro, mas acre, mas violento y mas alarmante, no sabemos cuál de los dos pudiera ofrecer títulos mas propios para merecer la distinción.
Ilesulla de esto, que lejos de contribuir los bandos liberales á con.solidar un gobierno,, trabajan alternativamente cuanto les es dable para hacerlo imposible; por maneraque mientras ccmlinuemos en este sistema, mientras no se haga entrar á los monárquicos como un elemento de gobierno, mientras se les tenga escluidosde la esfera {tolílica, ya sea por medios violentos, ya con una conducta que, desairando sus principios é intereses, los conserve friosé indiferentes ya que no indignados, el gobierno tendrá contra sí: I a un bando (ie1part¡cloli|M|A.'''l Ivíñmonsn ina^n del f á esa institución ho\ apoyo cte'l^fhteriiMST partido inoiiár/|li¡(*o. Sn apoyo será loque ' iirincipins que se ha!ti;in iin inihlnpt! fr 'r resta, que^r mu:» que qui«ra abultaFsc, ^ de olru caus«i; h qite no es dahk con&8|li(r B^ilicanto.
Todavía mas: cuando Iriiinla un partido cualquiera, a |)nco tiempo do. conseguida ia T^Umise paeden odnUir oomo Mpandoi de él y en oposición masó menos vivn. mns ó menos abierta, á mnchos de los que antes le perteuectan. Esto procede, ya oe 4« i»- posibilidad de satisfiioerlodas las ambiciones f|uc en semejante^ rasos se desarrollan ó brotan de nuevo, ya del desagrado que uataraU nueate engeiidra la injusticin d»(M ^retené^ res en todos aquellos que quisieran aliar la razón, la equidad y la loleraneia. roñe! preduoiinio de las doctrinas que han obtenido el fllMMIfí'lA masa de la nmv, át myo poco aficionada á tomnr parte en los nepjocios públicos de una manera eficaz y enérjíica, suele representar él papel de espectadora. solo favoreciendo ó dañando con muestras de adrado i] (h'<:i_'r uln. A<i, bien tnirada la rosa, todo viene á reducirse á una guerra de pocos, en la caal nada tiene que rer el bien público. y en la qae ^ mantiene casi siemütt indiferente la nación, verificándose ron sn^nnía exactitud aquel célebre dicho: «La nacloi^ éírntííh^íílli de carga que cada partido monta á su vez."
Apelamos á la conciencia de todos los hombres honrados, sea cual fuere la opinión que pMjfeiÉii f «I mstir. político é que pertenezcan. para que con la mano pnesta sobre el corazón nos diuMn si no es esta la realidad de las oosas, si el cuadro que hemos presentado no es exactamente (iel. si es alí^o mas rjne un simple traslado de lo que estamos uresenciando todos los dias; y después <MÍWiip(^lllíitf A sn eoncfencia, invocamos éPMMliie bnen juicio para qne nos di^n si es posible continuar de esta manera, si no es necesario hacer un vivo esfuerzo para sa sin ^Avemes algunas ganiHlfis qoe-loSilV^ jen satisfechos Mr lo que toca ámfmMMi y seguros para lo venidero ' Este es un laberinto que no tiene otrasa»- lída: en vano ae cavilará, en' vano eni^ yará, en vano se inulliplirarán las tentrtllvas 1»ara encontrar otros senderos; ta necesidad, a inilexIbie'neeeMaéestá- abi con su mai^ de hierro. Preciso es pleganMyiá-'eHA'; fíá porali-Min medio se quisiese escapar dc Mft manos é imposibilitar lo que ella pide, eit mas que dar algunos pairos, tomar una posi^ cion nueva, creándose de esta suerte un* situación tan diiicil, tan espinosa, que quizás á poco tiempo •eonfesafiAfi el yerro propios autore-í, é invocarinn \\\\ nuevo orden de cosas con el acento de la desespe^ ración. *'t«»^mi»iiiilíiiaiij Si la España no ocopase una sitméMi peninsular, si á semeiair/n de la Polonia se lialtasc rodeada de poderosas naciones ambi* cioaas de etlMiiersa'iiomitii», Mefa de'tei^ mer que sigttiendo el desastroso camino ei que estamos empeñados de muchos afios h esta parte, llegaríamos á perder ta inde{)endencia, vw^ndoae "ttostmnAft ta MAMii^cito de Fernando é Isabel romo lo ha sido la de Sobieski. Mas ahora esto es imfmsibfe: la España no puede [wpder su nacionalidad; ▼ continuando nación, preciso le es sef gtAlM^ nada; y debiendo ser ¡.'ohernada no puede serlo por una fracción que está en minoría: es necesario que se pongan en acción otros elementos, es necesario ^e el*pll4er1SttÉifíié otros puntos de apoyo, que procure ensan char ia basa de sustentación para que el menor impnlsdiio'saqae'ftienrde esta el centi^ de gravedad, y el cuerpo del Es^Of Irt amenace de continuo estrepitosa mina Creen algunos que en España se pueden car á lÉr'ftiie1(m de semejante estado.'No pro- i ya deaeüidarimportaiitisimns problemas: ^iie c!;nn:ir -!i irnerra de los partidos, antes; *n ) eS pedigroso dejar perindirados irrandes al <!i; ii! > insistimos en que es necesaria intereses; que nada inq)orta el cpie se man la r 'c iiit iiia del monárquico con el mo-,i tengan ofendíd(*s ó irritados muchos ánimos, — _^ j -, porque ninguno de estas ItoconveiríeMefi ^rado tal conMt 16 hemos descrito, es-decir, dbn aquella parte que no quiere convertirse etf pandilla^ que hubiera deseado realizar ert el ^ttMetfW''los mismos principios que sostuvo mientras se hallaba en la oposición.
ppro «;erneianf<' alianza no puede realizarse sin dai' mayor robustez al trono, sin rodear irq^up puede lie zar á tal punto que encienda nná nueva guerra. Estos hombres que asi se lisonjean se- Hméan en mía ramn nfuy espe^ ciosa, cdal esei que la nación cstáfaligaéa, rendida, después de tatitos esfuentos cotno ha hecho, después de tantas hicfaa&eonio ha Digilized by Goügle f M'r' i-, '(I i[iii'so;iiit'llida cansancio, crccnins ^) que el cauaancio m esgarauliu do sosiego sino por uii intervalo hrcvisimo, y <'-^t,imos convencidos de ((iic una nación so i-iM sitMiipre basU que puede recobrar su tí aplomo: asi ul péndulo oscila has- ) cü la vertical: asi el i. I. ti) I li i!' '!■ i! "I ' \n SU nivel; <i>í el Cii,, -.1 - 1 1, > mueve. >• suíre iiatila baber ruslubli'cido su salud o 'iihiT |i¡'n'cidü. Todos los r 's flebcn vivir Mijoio>.1 una ley: cuaudo otan fuera de «tía la buscan sui (\'si»r, y la buscarían elermantíft ha^la liaberla encontrado.
Bi iiacerse ilusiottcs nm el cansaneiu de U Meioa, el prum 'lcrM; por ello ()uc ya son iot^bie!» nuevas •.'ui-rras. a mas de ser un n<i|hiirii^ ios priu< ipios (Ir sana iilosolia que a6MMI&s de csponor, es desconocer rtun-•laiMMnle ia bisloria autiirua y moderna. Naciones se ban visto c<>ii>unii< u(li)>e en diinlestinns por espacio de niucbisisin cesar los «lislurbios, las proscnmitMes. el derramamiento de san;;re, h i>U quckcefo la causa «pie pmducia estos males, o que los |>ueblos turbados perdicriiUMi i^idependencia. ¿Cuando cesaron las «ÜMwéias civiles de la (irecia? Cuando In rin'cia dejo de existir. ¿Cuando las délos uUilDM tiempos de la república romana? CtMtdola diclailura de los emperadores curo 1*1 mal ei) su r.ii/ aiio::ando la libertad.
los ii!>^lornosde la Euro- > (if, la u rupt ion d«! los barbaros? bajo una u otra íorma se constiluye- >s püderiís que desembrollaron el Uíindo cesiiroii l.is::n:'i ras entre los leúdales y los vii.sallos? (Cuando.se íoudalisuiu. ¿Cuando ceso la ^'uersosi.'nido en el espacia de algunos años, naciones se causen de tal suerte que sin al--' No-iülmsen esta parte prolesamos una d(K'- ' canzar el debido equilibrio, sin que predot HM muy dilerenle; y si bi»Mi reconocemos minea en ellas los principios y los intereses naciones lo. en los indivi- «jiif pueden alegar justos titulospara el man-^ (luoa ua olaiio en qui- s* bailan abatidas las: do, ose lia;¿an transacci(mes entre los que pue<lan olrecerlos ifíuaies, sea jM)sible eslaidecer una |>a/. solida y duradera. Los becbos que.beiiios recordado en iu rápida reseña^ que acabamos de presentar, maniiiestan • basta la idtima evidencia (|ue para causar a ' l'js naciones no bastan die/, veinte, cincuent4i años de guerras y trastornos; na basta un sijílo. no bastan mucbos síííIos. Mientras buy intereses contrarios, lucban; mientras bay principios opuestos, combaten;' la |)o.slraciou <|ue si;;ue á los grandes esfuerzos dura |H)r Í»rove tiempo, mas solo sirvo * para tomar aliento y brio, |)ara recobrar las tuerzas perdidas y volver á la pelea con mas arranque y denuedo. ¿Veis n ese enfermo tan abátalo <|ue parece estar próximo á cxbalar el ultium suspiro, que no levanta un brazo, no mueve ia cal)eza, no abre los ojos y qu«; no da roas señal de vida (|ue su falisío-so estertor? Es que acaba de sufrir convulsiones espantosas, que* acaba desjilir de una a^itadon, de un frenesí en (pie apianas podian sujetarle las fuerzas de todos los circ^iiistanles. ¿Creéis (pie este re|)(»Sü (pie aliora disfruta, esa calma en «pie está sumido, ba de durar para siempre? Si la enfer- i niedad continua, si existe todavía la causa de sus anteriores padecimientos, estos se reproducirán sin duda alguna: si aguardáis algunos instantes Uil vez tendréis (pie asis> tír a una escuna l;in angusliusa como la que os acaban de referir» / ' mm,,. i irt, ¿Y qué? ¿i\o hemos visto osle f(^nómcno en España después de terminada la guerra civd? u Ya se acabaron los trastornos, decían los bombres candidos; la nación está fatigada, los partidos se liallan c(»n las fuenoi^ exbaustas; faltando el inceiilivo de una luciifl fratricida, ya no sera |K)silile.¡Iterar de nuera en España entre la media luna y el están- || vo la tranquilidad pública. » ¿Y qué es lo que <liftlmde ia cruz? Cuando el cristianismo hiürtnlfc arrojo al i^l:)mismo á las i-osias ^ Mbíca. ¿ Cuiiiiil(» t i-MUdU las guri rii-. re-'VMttS ea Jiuropa? Después «pn; si> fiu K'ion ttlHMCtoncs (|ue permilit^ron a los eonlen-(UlBlee vivir en paz y armonía. ¿Cuando cettm las revoluciones de Inglaterra v de irancia? Después ipif la dictadura militar ■natóá la demagogia. allanando el camino liemos preseiiriado? El motín de Barcelona de 18 de julio: el pronunciamiento descii iiUre con todas sus cons«H uencias; la ¡bsurreccíon de octubre en l'amplona, Vitoria, Zaragoza y.Madrid: la junUt dt> v igilancia de Karcelona; la revolih icm de uoviembre de la misma capital y su des isii iso bombardeo en 4842; el general alzamiento de junio de IK4.'{: la revolución cenlialista en Barce- <ie>k reklauraciou. Es, falso, puus, que las * lona, Zaragoza, Leos y Vigo; las nuc\as Google M 1; tentativas de t^orreoeion en Zaragoza á principbs de 4844; los pronunciamientos de Aiicaiite y Cartagena; y los nuevos sintomas que en la «olnaKdMl oMi|ini é otras declaraciones de estados de sitio. ¿Qué sijrnitíca, pues. esc cansancio de la nación? ¿i^ué vale para poner término á nuestras calamidades? Estos hechos prnebaii, haeeii ptlpaMo la verdad qw hemos asentado, á saber: que M hay paz posible hasla que se restituya á la España su equilibrio, y que se agita y agitará eDanMiefite hasta Mberio eacMtffado.
Ya sabemos que á lodos estos males se les saAataréa sos causas, qne se- recerdarán la ambirion de este, los yorro? de aquel, la pcrlidia de unos, la necedad de otros, y que se nos observará que se hubiera hecho esto «t no hubiera mediado aquello; que se hahria!n::rnflo tnl fin,;)<Tn qne h\ impidió tal obslaiuk); mas nosotros repltcarewos que jaspaes de un ii «o venári otro at no, que después de un pero vendrá otro pero, porque después de unas ambiciones vendrán otras ambiciones, y después de unos yerros oíros yerros, y de ftaas peitMiiB otras pedidias, \ (le unas necedades otras necedades. Porque mientras hay afruns estancadas y corrompidas, exhalan miasmas pestilefiles; ntientias hay iaaMuiáas lodasatea, se orian y | hormiírtip^n repiifrnnntf's tnsprfns v nsquelesos re|)tüe8. Él corazón del hombre es bastante iMÜaado al mal para que de|e de dar sas frotes de moerte cuando se la 4q« es- Cuesto á una seducción perpetua, cuando se i ponen delante fuertes incentivos que le arrastran por la carrera del crimen.
Mirad si os place las cosas superficialmente; contentaos con vanos palifítivos; tapaos los ojoü para no ver el mal; dejad que campea H codicia, que se hinche la ambidon^ que rontinúfn en juego las malas pasiones: tras de unos criminales vendrán otros crimi- ■ales, y no podréis cegar el tremendo ma- ■antial, ni multiplicando lea daatiama ni eortando;i rniltarcs: las rahern*: Si deseáis sioceraineate la íeltcidad de la patria, BNditad sobre eataa fordades; que verdades son y no pueden menos de serlo, coando no son mas que un cuadro fiel de hechos consignados en todas las páginas de la historia, y confirmados á cada momrato por h% dolaiaaaa toociaiaa laniUa asperíeocia.
Dijimos eo el numero anterior oue uua de las cauaasdel Malaalarie Bspaña, de la 4»* bilidad de su gobierno y de la imposibilidad de establecer un sisrenia regulíir y nitradero, era ei que por un funesto Lonjunto de cireaMtaBOias,ae haMa areado laa aíMH cion en que el poder se apoyaba únicamente en una pequeña minorta. Ciaro es, y si no lo convenciera la razón lo patentizaria la esperieneia, qaa wmgtm ^abiemo que no tenga en Hivor suyo h mayoría de la nación pu^c sostenerse por miKÜM lienipo, veii' el mas duro despotismo hasta ia mas ámpka liherlud. La soberanía nacional, tal como la espUcao ciertos lüosolos, ó es una palabra como en las aplicaciones que de ella hacen l<)s demagogos, es una impudente menljra uaruuiucioiir a Ufó incautos) medrar eolie k» oiatorhioa y tivalnmos: pero si se emaBÜaaa fwr so!>eran!a nacional el que ha de pcreoer lodo gobierno que leuga contra §i la uMyoríade la nuxan, y que tarreó temprano aa verá la ÍB»lili<ad de Um esCaerzos que se hagan para conlrariar esa fuerra irn'siftttble, la soberanía nacioBal seria una verdad easetaáa por la taaon y esorila en laáaa las páginas de la historia, frecuentcmeBle coa caracteres de sangre. En el propio sentido puede entenderse muy razooableaienle el sistoBM da las mayorías; siendo MiiaUa que aun en las fornios mas absolutas, gobiernan en cierto modo las iiiavorias, impopíos é intereses de ellas.
siMe todo sistema que sea contra (os proel-* En todas las épocas de régimen constitucional ha tenido la Espafta la desgracia de que, al paso oue se proclamaha os aiatensa de anyarias, han dsminado esahmivaaMmta las miras é ¡nt«'r«»ses de minorías Tnsif^áfi" cantes; y de aquí ha dimanado que ese lógimen haya tnúdo siempre consigo gaent ci\il sostenida con encamitamiento, y ad»« mas insurrecciones revolucionarias rep<»lidat sin cesar. Y es que ios vencidos, conontnp m ' vvmühww ion poco i nimirro, y que con npovD ni se constituye fii SL" pncde constituir un gobierno verdade-: ramcnte nacional, no hnn vacilado en ataarlos con la esperanza de colocarse en el i ¡•nn-tn (!<• U« r;\\ái:s: Hsi como los pober-Danlcs por su parte, sintiendo de un lado m debilídild y de otro tos peli,i»ro> que les amenazalwn,* no hnn sabido escoírilar otro Esterna que el de una rhor*ant(^;illt<i nativa | 4c violencias y deÍHÍidades, dn lujo de ar-, lllniríedBd y 'ifle «oneesiooos wef^wtogm. ] 'En este sniaicsto. \¡i que loilos los honihrfs juiciosf>s h;il)rim <!'• «-(tuvi'iiii- por necestand en la verdad y cxaiUlud de cuanto griwmoti de decir i és firedso pensar sériarhcntí^ en sr'iruirotro camino, discurneudo ájMnposible establecer uu gobieruo y un, Mn«*tosas q««r iDfiesen reairaento eti SQ apovo la iiiBycria de It naciofi. V ante tfldn nfívf»rttTemos. qn- n mVi sisnilica el decir que en tal ó cuni un» hay grandes, ftKM^MCTllfi;. qiK' pil óle prodlMÍf BMldlOS | ím\('<, qne sir atravesarán gravísimas difi- i ca!taíl'^< siempre qtir» se trate de plantearle: i por lo mismo que hay diticultadcs sou nece- i nrios eeriienos;\ por lo que toca á los | itíronvenientes y á los males, no so trata de aabersi los bay, sino donde sou menores. \ fil el estado á que se ve reducida la nación, mbien puede deeirse <fiie se trata de es- \ í*f»írfr entre malo y peor que entre bueno y i mejor..Nada vale tampoco el manifestar in- i dINeocit por el sífttema político que en i| adelante se 5i,írn. • unido como aleiran al- j ^mos. que habiendo sido infructuoso lo que j M ha hecho hasta ahora, es probable (jue lo, Mñ ttndHeii lo ipie ne hapn en lo venidero; | <yr!'^ o> pr-'í-i<.i ()l\i(!;;r>- • ¡le!a polilirn d 'j;»,n-; tío que las cosas sigan su curso, limitándose al cuidado de los negocios domésticos y;• irtatidpnnndo los públicos á merced de \(ys H fpip (If* pilos (piicrnn ocuparse. H'^fo ]m\vh\ li ^juicioso SI se tratara de r(»>.is que no | ifensMn tnmhien k>s intereses particnares;; siliis ciM'stioiios ]>oii(¡ces(|ue enhi acluali- j dad ><• au'ihin. nf> tuvieren. como en otrns; epwas, mas trascendencia que el pre.aieci- i wento^lacnidi de este 6 aquel privado, | nombramiento ó la destitución de este ó aqael ministro: pero cuando so trata del ttono. de la religión, del orden público; 'eamido ae trata de evKar que se pon|;aii en CH?m como tnntnc rrcf^ --v Inn pn 'slo las j C)eB<fiis y las vidas de parlicttiare*, i» eMMMw; >t|y« Mt «MfMdMiiti^ sostener ó uu inlorrs que defender, ¿cómo podra mirar con indiferencia el curso de Ioü negocios públicos? ¿E» posible oU Miarse de lo qne noa toaa tan de.eei«a? ¿ Kr pasf*» tile que nf^ prorurenins todos reiiicdinr nn mal que u todos nos daiia.' ¿i£s pof«ible que a» noe esfortsemos todas (>or conseguir «n biert del cual todos nos hemos de aprove*^ char? Nn hay tina familia, no hay «n individuo que pueda decir cou verdad: «nada wc importa qne It» oofiaa péUícaa ivayan^M esta ó nqiiella mañero.» El mas rícopotenta^ do como el mas iofeli?, Irabajadnr. r! pro-» pietario, el cotouu, el magl^tradu, ci uuitUr, el eeleaíáttico, todas la» etama, lodaa laa catcgorias soriales tienen un interr.s- directo, inmediato, en la política, pcM^iuo ahora la política lo encierra lodo. ■ • i*-.- - Vamos, pnea, i veriíeapaaiblc fundar un probiemu apoyado en la mayoría de la nación, y de qué manera se há üe lograr este e^lo. Para ma^or claridad « anawafémos soeesivamente lo que pueden da^de fá In* diferente» partidos, ya ^obe mondo solos < ya cumbinándot^e con «tros, por fusion ó pw simple alianza. - ¿Oiié se puede esperar de los |)rogTesÍ8^ tas? Para contestar á semejante pre^intir seria preciso determinar qué |)rÍDCipios pro-» ümoib; y diremos ingenuamente que no iio!» afrevf^mns á drfenninarld. \'enuis en dicho partido una me/xia de las lioctrinas de los lílóaofos del siglo pasado, con alfninas en-» mieudas de los publicistas i\t \ {»resente; ve-' mos los instintos formidables de la revolución l'raoce&a, templados (»or la timidez, astocia y miramienloB que iiispim ma Mcion cuya inmensa mayoría se t ¡lonc á las ideas en cuyo nombre se realizanui aqitel'n? trns-Uíinos; vemos una profunda deiiilidad que no Ies deja cimentar ningún gidiierno, alW do de las protestas y aun de e i ríos conatos de llevar a calió tamaña empresa; vemos un impulso terrible para derribar el poder y todas las instituciones esiatenles, «n ceMi^ miento ¡irofundo, vivo, <pje produce una' unión admirable cuando se trjOade destrnir» cuando en vez de invocar las Ideaa salo m' apela á las pasiones revolucionarias, y una disolución espantosa luego (|uc se consigue el Iriunto, luego que se proponen realizar ó aparentar que realizan las promesas qne tat-^ eírrnn atites de sul)ir al mando; vemos, eif Un, un inform;* conjunto de tmlas las id«as« 1« loáat las (lasíones, de todos los iostiatos da la revolución; y en ese conjuuto, qnieraa ú no quiecan los firogrcsislas, liaa de amar en «reeído número muciios hombrea tlft miras torcidas, di> incliníuionos avitísas, de designios criminales, bombres de cabeza volcánica, de entendimiento eslraviado, de «araion pervertido; porque la rcvoUicioa bo anda esrngipndo ara y acullá, admiU' en su seno todu lo que puede comuuicarte tuerza y energía; no cuida de examinar ni antecedentes, ni las inlencionaa sobre lo venidero» necesita calor, fucffo, im|M>luosidad: j)oro le importa que estas calidades le vengan por eaftdocto de un jóvea ¡nesperlo* alueiaado por teorías brillantes y arrastrado por el enliisiasiiio, u de un crimiiuil cuya^ in;uius cburreau sangre, y cuyos ojos ¿^iraii hus-«ando nuevas victiiuits.
Inúlilps serán toilos los esfuerzos de csle é aquel caudillo prugrcásta para oponerse a laac(HiscciJLenciaB de un eonjunto de circunstancias samejaniaa: j6 Meignana á «aa aittrte lan triste, ó reminrinr al papel de represenlaates de la ievoiuciun. Mientras dicbu partido no quien abdioar su carácter revolacionario, se verilicará de él lo que en otro artículo (leciainos, que no puede vivir sino en la agitación y de la agitación; que la 'Cah^ataerá para él un estado do resistencia á sus mas fuertes inclinacioiuís. la alinejíaeion de si mismo, la muerte; que necesitara desbordamiento en la prensa, tormentas cu el parlamento, asonadas ea las calles; que habrá meneslar devorar \m gobierno cada seis meses, cambiar cuu mucha frecuencia la aituacíoa política, destruir poderes, ensayar nuevas termas; y que legitimo heredero de ios primeros autores He la revolución, se le habrá de mantener íiel, conservando cono un precioso depósito los principios, los hábitos, los instintos revolucionarios.
Y si renunciase ei partido progresista á ser el representante de la revolución, ¿qué aBoedaríaf No lo repetireaios estensameale aquí. porque lo dijimos en uno de los artículos au^erteres (4 ¡. ttaslará recordar lo que en al citado fugar deoKiatraaias Jiasla la uttima evidencia, a saber, que entonces dejan;» (le <er!o ijue es, y se rnnfundiria culcramcüle cou otro cuyo origen, caraclar f leudeMías heaK» descrüo repetidas Ya que el partido progresista no pueda gobernar solo, ¿será posible que lo realice unido con oüo? ¿1 cuál será este? Si es ei llamado parlamentario é moderado, sopo» niendo que no haya confusión sino alianza, entonces volvemos á los tiempos de la famosa coalición, cuya duración hemos senciado, y cuyos resultados estanioa| I do. ülvidiu- quisiéramos atinella época, si-(|uiera por reapeto á algunos bombres, cuya, le en la poeilMlidad y booBoa efeetoa de \ coalición auu no hemos accrtedo á esplicar» no<: tunta es la estrañeza que nos c^iu';?»- iuüavia recordamos aquella época cu qm; para saber hasta que piulo se obaeivaba ai pacto coalicionisla, se anotaban con mucho cuidado los lioini)res y el nniti/ político de los empleados que se noutiuaban: este era el barómetro que daleaúnaha el ealado da. la coalición, lo que por si ^ ili» b istn para hacerla ridicula en cuanto tema preteusioue& de fundar un gobierno, l^ara destroir pueda» muy bien coligarse opiniones enooat radas é. intereses opuestos, no siendo loenestor para ello otra cosa sino que seai estos como aque-Ibis estén en luehaeon lo que seinlaiila derribar; |tero lisonjearse de establecer un gobteruo con principios contrarios, con iute- Jreses inconciliables; enipeñarse en sostenei una situación en un fatigo^ equilibrio, jetándose a la necesidad ti.' nombrar un empleado moderado para cada otro que se mmibnise cxaliado, habiéndose de dar el grito de alarma y dé elamar que está en peligro la nación si por eiempld;i ciitrueQta uombramieotús de eiLaltado:» correspondiese^ sesenta moderados é vJeeverBa, esto es ( oncebible, esto no pudiera creerse si no lo hubiéramos \isto r »i nuestros ojos, si no hubiéramos leido cu lus periódicos disputas sobre el particular sostenidas COD una gvam vedad asomlnosa, y si, lo que es UMS af|p> trailo, no hubiéramos oido de Ituca de un ministro defender la sinceridad de sus intenciones coalicionistas, apelando al sistema de estricta aitiMnativa que seguía en los iiombramieutus. J^uú dabian de pensar ios hombres de estado de Buropat El tíeoqio kL ú hecho justicia á semejantes miserias, y par. cierto ([ue no nos ha hecho esperar su fallo.
Hablar de una alianza de los progresistas, con ios monárqoicos y cierta clase m nuidort rados, fuera todavía mucho mas estraño: los unos quieren un trono robusto, los airm flaco; los unos quieren instituciones muy dcr . llll'tMl9»My friBBÉrauiéw; los ■nos quieren asentar por basa nel edificio político la soberanía del pueblo, los otros la wberanía del rey; los unos aborrecen todo hi nligiM, los otros quieren conspr\'arlo en cnanto sea posible atendidas las necesidades de la época; los uow quieren la iglesia de^ pendiente éá EsiaiB-, lo» otroi la qoiere» ■dependiente; tos irnos la quieren pobre T «ostonida únicamente por el Erario, los otro;» quieren que no íalte, asi a los nii- Mw«ofm «l G«llo. l»Moeterío nara que I» relifrion de nuestros padres pueda eontiéqUt con lustre y esplendor. ¿Cómo será {losible aliar semejantes estreñios? ¿Cómo leridtbte amali^auiar tan opuestos principios, y formar do ellos un cimiento para establecer un uobiemo sólido? Tuda alianza «tatre semejantes estreñios no podría ser sino COA el objeto de destruir; coosiiBMMta laobra de destrucción, lejos de empezarse iina reconstrucción se trabaría cocaruizada lucba mkKt kn niisiiias toíms «fue se acalMnii de amontonar.
Inútil fuera detenernos en manifestar la ■uposibilidad de que gobiernen solos ios Inilires 4el jpcrtido moderado « ompefliidM en aisirirsc fíe muchos de sus amiiíos v en recinzar desdeñosamente a los monárquicos, a no ser que estos se resignen humildemente á la aMícacion de sos principioo y á militar bajo nuevas banderas, en las que no se iMcribo ni una sola palabra, nise vea ningún riwMo 011 pro de ms doctrims ó intereses Cban defendido. Los hombres del partido linanlo lo han dicho con bastante claridad: sus doctrinas y no otras, sus sistemas, y no otms; t qvien no se oonforme con seineiRnlc ]troi:r:ima. se l;> oblifrara á entrar en mon por medios cctnstilucionales ó anticonstiloeifinales, que esta diferencia debe de importar muy poco, si ju/^^mos por lo sneedí-(lo f!f<dt' i;t caidn di' Olózaíra. A mas de estos moderados hay otros que -ron el mismo nomttre por la sencilla razón de que todavía no se ha encontrado el verdadero que se les debiera aplicar; y como no {lertenecen, |)ropiamentsMmde, niá los progresistas ni ¿los t'arlislns, están en una especie de depósito, lasla que entrando en servicio activo, sus setos indiquen cuál es el titulo con que se dshtn dtaongnir. Que este partido existe, aiinqiip no esté or^'anizado como otros, no ube duda; ó si no preguntarenios si ei marqués de VUmna es progieslnui ni oaitiiin, f si *e proponía realizar un sistema que no contase con el apoyo de nadie: semejante provecto no |)ueae suponerse, no diremos en ■n imnbre de estado, pero ni aun en un» persona dolada de sentido común. Ks claro, pnes, que los Itechos y los diferentes condoetosporkw oulet se manMeata laopi* nion publica, han pateñ^aado qite una graar parte del nnti.;,Mio partido moderado nuierer seguir un sistema diterenle del de los nombréis de la sitoaeion; y que estas aefkaloa wmá iKistante decisivas para (jne los hombre» públicos puedan tomarlas como indit io seguro de que sus planes encontraran un apoyo respetible.
Peix) esos moderados de quienes estamos hablando, a quienes con mas gusto y auitáa con mas propiedad nplicarianioa el atólo dfl^ monárqnioos, ¿ podrían gobenar solea? Ihr tamos convencidos de que no; pues no eí dable fundar un gobienio sobre una minoría, y minoría hiera la qne no contase ni con loa progresistas, ni con el partido dominante, ni con el carlista. Mas diremos; ni es de suponer que tales fueran los intentos de esos hombres nm»vos, y loa mismos nrinoipios que proclaman son *una parnnlia ne rpie se j)ro[)onen reunir en derredor del trono todos ios elementos buenos que encierra la nación. Si quieren acabar pan siemnre con las far* sas revolucionarias, sea cual fuere el nombre con que se disfracen, en esto pueden ^ contar con el apoyo decidido, no solo docuantos sostuvieron á Isabel sin ser amigos de las innovaciones que á su sombra se han introducido, sino también con el de los carlistas; «i qoieren matar ese bastardo príneipio de In snlicrania del puc!)lo, instrumenta de los (icniíi-'íuids y perpeino pMinen de disturbios y desastres, sustituyéndole el do la soberanía del Rey, pueden contar con el a|)oyo de todos los amantes de la nionnrqnia sea cual fuere el individuo en quien la vean personificada; si quieren levantar la religim» católica del abatmiiento en que se baila, restituyéndole su nsrendiente. v reparando en cuanto cabe las injusticias de que ha sido victima, si quieren asegurar Ta sotKtisienein indejM'ndiente al culto y clero, dejar á lar Itclesia en la debida libertad y tratar sériauiente de restablecer las relaciones con la Sede Apostólica, calmando asi la aosíedaddo las conciencias y abriendo el camino para satisfacer las necesidades de los fieles, puet(>< (h> la religión, »cñ ewi fiMfe el partido a uuc (Mirlcnezcao.
ResvUa, ^es, que «a Mslema que estríbase en estos principios oslaría soslenido por toda la nación, esccpto elpurlidoprogreüista y una poquefia frucuiim del moderado; y «s evidente <|iie á pesar do semejante deduecioii (juedaria s.^teiiicndo a! unliieind uua iumcuáa mayoría. V si ademas se ad- | vierte ^«e ni piÑerno quo se siente con; fiierza pera onMadar á sus cAemigos puede ser a;eneroso ron ellos, te mi remos que en tal | caso no habria incoQveuiente en conceder vea enmisUa muy lata, quo eompreediete | también á los revolucionarios; asi muchos ' de estos se reconciliarían en ciinnto eal>e! con el nuevo sistema, y desespera ii/aüus de \ dMiiOarle y temerosos de comprometerse en otras revueltas, aliamlonarian su otioiacenvirtiéndose en ciudadanos paciticos.
Todavia roas: un gobierno semejante no ae vería precisado a nn mez(]u¡no esclusivis- ' mo, porque habiendo apürailo el remedio á | las cosas pudiera presciudir mas de los hombres: M 66 viera obligado á aatiffacer las j e violencias de esta 6 a(juella pandilla, moliO|M)lizando en pro de unos poros todos los bouores y emolumentos que resultan del servicio púniioo; tampoco teodria que alarmarse de que tal ó cual empleado profesase como particular opiniones mas ó menos cnufonnes con el sistema vigente, porquo estaña seguro de tener sobradas feems pi^ra hacerle entrar en rnzon tan pronto como se olvidase de los doberes do funciouario del gobierao. Asi es que se podrían aprovechar en los destinos públicos las dotes de bom- I hres de lodos los partidos; solo que el que únicamente las poseyera {lara ser buen iulendeote no pndiera a su j^priebo meterse á I candidato de ministro de líaeienda; d (¡ue solo sirviese para fj;ct'o político no podría i ))ensar tan iacilmente en encaramarse á la Hila de la Gobernación; y un modesto abollarlo f) íjn m»i:¡>lrado de tribunales inferióles, sabría que pora tomar la cartera de Gracia y lustida son- necesarias otras oabdndes.
Esto será duro para ciertos lutmbres, pero ' la verdad siu:I« serio con mucha frecuencia, i No hay óiden ni golnemo posiMes, no hay l esperanza de cerrar el cráter de h\> revolu- j ciones, ni de disipar esa nube de intritías, ' de iuQiofaiidad y de miseria eti que vivuuos • sin cegar uno de saa mas caudalosos mip