La esperiencia ba demostrado que la alianza del orden con la libertad leual. tal como eaLiendeu esta liberl<id ios bomiircs d^e la situación, es una palabra vana quer si aL'o espresa no s¡í¡;niíii a mas (¡ur wn sistema muy á proposito para abru la puerta á motines y trastornos, sumiéndonos ue attevo en ia anárquia: no se quiere v pues, confiar en esa mentida alianza, ni tanípoco entender la libertad legal en el sentido que se le ita dado hasta ahora y algunos pretenden dnrie en lo sucesivo.
La esperiencia hn den»oslrado que es altamente impolítico el tundar esclusiv^uueale un sistema de gobierno sobre la Joallnd o diKÚsion de estos ó a(jiie!I(ts honíbres: no.se (¡uicre, pues, que continu(>mos asi, ni <(uc el trono para conservarse haya de estnr mirando*, ra si espresar esa opinión que éada iSase'va ¡ á estas ó aquellas personas, sino que elevado. L'stendiendo y robusteciendo: y por lo mis- sobre todas, prolector de todas, no neoe^ln:^ iud ¡e iuUíftis4,que 4ssíigu»nc(9 sus priw^ir- i en parliqular de nft^ip-.1.1 - ■ < Se Jia formado eu el seno del pais una opi- I «w ondn4¡ft vn estandíéiidose y rohtisteciéndose mas y mas, y que tarde é tenvprano acabará por dominar. Esta opinión no tsfli la revuluctoaaiia, ni la padamenlaria, oí tampoco encierra nada de eugerado en oiagun sentido. La situación actual, lo frrave y espinoso de las circunstancias, lo nitico y^gaz de los momentos, demandan uopeijtaniontsi que- se aelare, que se indique á ponto fijo en (jm- consiste la espresada opiaian, y que uo\se consientan los errores y küla las ^alanaias que sobre ella propalan bombres interesados en perpetuar los males de la patria. Hasta nos inducen á ello nnitivüi»p«rUuutares, [torqueJuibién^ose alterado ydeal^iwadode una mtnera ínoieíble las ideas del Pensamimlo de la iSacion, habiéniktóelc atribuido doctrinas que no profesa y teadencias que rechaza, es preciso rcstable-<sr la verdad en su puesto, no por el?ano prurito de sostener polémicas eslériles, sino por el deseo de pifeveuir el engaúo con que «a pretende alucinar y estraviar a hombres de recta intención y buen juicio, pero no baslante coiuiredores de In que abrigarse «icle kiajt) luuiüs muy re^etables. ¿7 PenmimU^.ée k UfapioñcnB, np dirigir, pe- Lb esperieMÍa'lu deuMMtrado <pie el gobierno no puede consolidarse mientras no cuente con el auoyo de la mayoría de la nación; mientras haVa vencedores y vencidos; ^ mientras un partidk) q«e representa grandes principios é interesr^s se vea desdeñndd, estratan de haeer «a negocio, de saftirifacem orgullo V de hnmillar á sus rirales estoé pesar de' sus protestas de éísinterés, ieje* SCO de la prosperidad de&|MüíflOMi|ii^ re, pues, la influeáda eatraiftra; no se (iniere «pie ol gobierno ef^pañol para dccidirbluido de toda jtarttcipactou en los negocios |i se, consulte lo que sera mas del agrado del l^úiilieoB, y eoBdeeado á lorniar ana especie gabinete áe Sen Janea si ée las TvUeria».
de raza diatíola; mientras no se horren las huellas, y si posible fuera hasta el recuerdo de la guerra civil: no se quiere, pues, que se plantee im orden de cosas en aue mi iiunenao número de eqwftoles dejen ae ser mirados como talos.
La esperiencia ha demostrado que a la sombra de la revolución, ó de gobíenios endehlesque la temen, la halaban, y que hasta la fomentan mientras no se presente con estrépito en calles y plazas, se crean colosales fortunas á coila «al Erario páblieo y de intereses legítimos y sagrados por muchos títulos: no se quiere, pues, que bajo el velo de libertad eontinde la dilapdacion y el ooiiÁguíente engrandedorieMo de la riqneui de unos pocos.
La esperiencia ha deinostrado que mientras el país esté agitado por la discordia' re--ligiosa, es imposible restaMecor la tranf^iilidad de los ánimos y asegurar sobre firme basa el órden público: no se quiere, pues, Después de haber dicho con lodn claridad y del modo mas franco y esplicito (pie es posible, lo que no se quiere. veamos ahora lo que se quiere.
La monarquía es una necesidad de los pueblos europeos, y muy particularmente de Esj)aria; está en las ideas, en lao eeeIninbreB, en los intereses de la nación: en los deroas países la i-etolncion ha volcado «biertameníc el trono, en España jamás se ha atrevió « tanto; v conociende m tauuia de cala gvanto insiitocion, ha preferido esclavizarla de distintas maneras y hacerla servir á sus intentos. Pero la moiiarquía que á España conviene no es la monartraia ingileaa m la franceia, porque la sociedad española es muy diferente de la de Francia c Inglaterra. La Espeta necesita una monarqnfa puf amenté españeli. SI monarca español no na side enieB*fleiH pos antiguos ni en los modernos un rey de puro nombre, sino nn rcT soberano. Se guierc, pues, mayormenlB áMta qne elgilMfeian el cisma baio ninguna forma, no se qaíére la I qtiiere reftmúnria GeittIiMcion del turbación de las conciencias en ningún sentido, no se quiere el aislamiento en que nos hallamos con respecto á la Sede ApesMIicff.
La esperiencia ha demostrado qae todos los medios esrofiitados hasta ahora pam asegurar la subsistencia al culto y clero son ilunoríos, que el pueblo paga y' la Iglesia no cobra; no sc quiere, pues, el sistema rpie en esta parte rige, ni otro que se leTparezca.
La esperiencia ha demostrado ípie la venta de loa hienes del elero, ni ha aliviado á los pueblos, ni ha enriquecido el erario, ni atianzado el crédito, ni desarrollado la riqueza pública; que lo mas selecto, lo mas granado del pata se ha abstenido de comprar, y que en muchos puntos hay sin empleo cuantiosos capitales. cuyos dueños prciiercn conserfarloa improdncu'voa á infeftírlos en «fichas compras: no se quiere, pnes, qne'Cmitinúe la venta.
que el trono recobre sn poder, que no?* haga violencia a la opinión, á la voluntad, a los iMeredes nneioiMles, yqtUÉ'deiirtíweicwdo lo que ebseñan la rn/on. la esperiencia y el buen «sentido, no se continué con las ilusiones y las farsas, bien costosas por cierto, con que se nos-ha entretenido hasM' idnit; se quiere que ron velos nionárquico-^ronstitiieionales no se verifique aquello de que se lamenta la eonimñ ttñinl ée' 09Mi9m*dd pmiido iñmiéf^éki^fmttihiñonal, á siMf, que í'no raras veres el principio verdaderamente constitutivo de una sociedad se retira al hogar lioméstreo, se attiergaen el sen»de las familias, y resiste desde alli las violentas IransformacioTiPs. acabando por modificarlas según el espíritu nacional.» Se quiere que no se olvíde la sáhidaMe lección «|ne en se^ gnida encontramos en el mi^mo manifiesto, fquc ese principio constitlitivo, en á saber: La es[)eriencia ha demostrado que las na- j el cual tienen tan grande parte i cienes que pretenden tener dereeno é mea- I trúdicitmal y el teinpermmto dé teda «tfclnrse mas ó menos abiertamente. mas o | ríon, sc halla en la nación española persoaaenos directamente en nuestros asuntos, solo ^ nit^o en traestra augusta Reina, y que el trono en Espafía es centro de unidad é indcpeadeocia, sin lo cual no hay estado con vida lulcñor y eslerior, símbolo de paz y alianza, sagrado vinculo entre lo pasado y lo Tuluro.» So quiere (jue no se olvide cual es el elemento tradicional y el teniperamenío de la nación española, y de que si se desea que el trono sea la garantía inviolable del liriim constitucional, cnnio añade la espreñu comisión, no se pierda de vista que la CoDsLitucion confonue al elemento tradiciooal y al lempcraincnto de España, no será uoa Constitución de soberanía popular, de cuerpos dominadores del trono, de imprenta desbocada, de turbas armadas. de cuerpos [topulares sin freno, sino una Constitución que, «acomodándose al es|)iritu del siglo, inga reflorecer el elemento tradicional españoi, le asegure influencia y preponderancia i'D la esfera política, y no contrarié el Umyerameuío de la nación española.»
Se quiere, pues, un trono robusto, con famanlc fuerza para no dejarse dominar por ÍM partidos, y rodeado de instituciones en armonía con nuestras antiguas le>es fundamentales: leyes que bien entendidas y aplicadas bastan para precavernos contra el despotismo revolucionario, contra el militar, el parlamentario, el ministerial y el de los privados. * Se quiero que las Cortes sean una reunión de lo mas sabio, mas juicioso, mas ¡nfluyente del pais. y no un conjunto de hombres f|ue se propongan medrar sin otro mérito ni titulo que el de algunas peroratas. So quiero (|oe la votación de los impuestos no sea un ■edio para hostilizar al gobierno y provocar revoluciones, sin ningún resultado para la nación, ni producir mas <pio el aumento de Im cargas publicas. Consúltese: enhonibuena dem en cuando á las personas de mas arnigo, probidad y conocimientos prácticos de sos respectivas provincias; véase cuál es el sistt'ma tributario que mejor conviene; <Ité resvllailos ha dado este ó amicl ensayo, oémo spria recibido jmr los i)ueblos; qué hie- Bes, que niales pouria acarrear tal ó cual innovación; indagu(!sc cuáles son los abusos ttligoos oque se han introducido de nuevo, males los medios mas á proposito jiara alo- Duarlos ó eslirparlos; averiguóse cómo se portan los dependientes del gobierno; oíganse twl;' ' -posiciones, las reclamaciones, lasqui ^ protestas de los que se crean ^«jaoob, in.ib lodo esto hágase en Cortes for- I madas de hombres desintér^sados, de hom^ bres para quienes sea un verdadero sacrili-'. cío el acudir al llamamiento de la corona; r hágase todo sin rebajar el prestigio y la digniand do esta, sin embarazar ni enflaquorer la acción de su gobierno, sin los alborotos de esa tribuna publica, que solo sirven parff alentar á los ambiciosos y turbulentos é timidar á los hombn's de bien; hágase dé» manera (jUC las cuestiones mas graves de hacienda no hayan de servir de instrumento á las pasiones políticas, álos designi(»s de los que ansian derribar al ministerio, no con ninguna mira de interés público, sino con Ift única de colocarse ellos en su lugar. En nna palabra, procúrese que la intervención del pais en la votación de las contribuciones sea una verdad; que intervengan los que pagan,' no los que cobran. Esto se quiere, esto (piie-* re la opinión pública, esto quiere la nación; y por cierto que ai nuojarse de que hasta ahora se la ha engañano, de qoe se le han atribuido derechos que no disfruta. y (|ue lejos de acarrearle ningún beneficio han ido agravando cada dia mas su situación y ta del Erario, no se queja sin causo, no sin evidente justiria. Apelamos al juicio de todos los hombres honrados para que nos digan si hay esperanza de remediar este nial mientras continuemos con el sistema presente ni otros que se lo parezcan.
¿De (|ué servirá, jHir ejemplo, que se forJ me una cámara alta vitalicia, si se deja el cuerpo popular con los mismos defectos que ahora, y si se conserva un conjunto do instituciones en (jue se encierren abundantes v poderosos gérmenes do des<irdon y anarquía^ ¿Por ventura ha tenido el Senado la nilp» de nuestras calamidades y trastornos? Ditieil ha de ser encontrar altos cuerpos mas pacatos, mas dóciles, mas nexibles, mas condescendientes con todo cuanto ha exigido ó el poder, ó la revolución, ó cualquier otra cosa (pie bajo uno ú otro titulo haya ejercido el mando; y esto no obstante, no ha sido posible prevenir los choques, la discordia, los roflipimien los entro el trono ó ef ministerio y la cámara popular. Si el Senado se convierte en vitalicio, quedando la eleecion encomendada á la corona, mayormente si esta elección la puede aconsejar un ministerio parlu-l mentario, desde luego es fácil conietiirar quiénes serán los agraciados; y cualquiera que tenga algún concx imiento de las personas, pudiera formar sin temor de equivocarse mucho, la lista de iot seaadores, pares o pró- , cares vitalicios. Habrá ciertameale entre ellos sugetos de'iiiuincioiif^e sanas intenciones, d»' íl'-t;TiL(ii(i;i r;írrf'rn. v sobre todo de resreorganizar la hacienda, en pim^Ter la qucza pública, fomentando el desarrollo de la agriooMnra, de la industria y del eome^ cin. rn conciliar los intereses encontrados, en templar el espíritu de reasor, y de veBrganza que devora á Iot bandod polmoM, éi vendrá un cuerpo popalir bríoso, lleno de ¡I areidnizar la sociedad nueva con la aociedad Ciabtescanil^; pero si la máquina política «át-DoatíBoar -maatada como hasla ahora, fuego, donde prevalecerá una mayoría moderada ó' exaltada, pero donde en cualquier •■puesto campearM la ambíCton y la dÜK ooniia: el ministerio será atacado por los unos y defendido por los oíros; la trihiina pública aplaudirá ó silbará, ia prensa ira atizando el nMtgb y echándole de continuo combustibles; entretanto las provincias co-IMDsartm á tomar parle en las contiendas de te corte, irán y vendrán eminrios, el gobierno amenazará eoD disotMionOs, y lasdhsnclfns ó por disolver amenazarán con prouuucianucotos, y sobrevendrán estos, ó álo ■iaKfl.elecaioBeg tempestoosas, taato mas cuanto retirándose de ollas la parle sensata de la naciítn, solo quedaran liiítiraiulo los alborotadores de las distintas iKindenas: y duraBta eia agíCacion ¿ouién se acordara de Iftflta cámara vitalicia? Todo el mundo se haÍHá olvidado de ella, como nos íbamos olvidando nosotros mismos al escribir esto con Ift-iala idea de lo que habia de suceder. Los respetables próceres habrán ido discutiendo vieja; si será posible pensar sicjuiera en mejorar el estado lualenal v moral de las ciases mas:Biiineit»as, en «lifSnMfir la iliialraciw; si será posible roncebir la esperanza de que dejemos de ser el juguete de las nactooes estraugeras, de que coustiluyéndonos \ organiniMloDos foerteawaie es lo interior, wm bagamos res|)ctables en lo eslerior; si se po* drá concebir la esperanza de (jjue se inlevt rumpa lá cadena ae trastoraos eoloaales, de destituciones en mase do empleados, de par* sccuciones, de destierros, de íusiianuentns, de bombardeos, y uos hadamos diguub do figurar entre las naoioBés'Cifilisadaek DeQ»r mo6 esto con la convicción mas profunda: no hay esperanza de remedio si no se nuida de camino, si no se verilica un cambio pmy radical, si dejándonoa de tanea paliatiaMMM buscamos el nn;;en de nuestros males, y no aplicamos á ellos el remedio con mano audaz.
quién no ha tenido tiempo y reioii para formarse una convicción igualmeala profunda? Prescindiendo de lo> desaslresquc sosegadamente algún proyecto de lev, y sus |i presenciamos durante la^erracivii,^qiiién trafcajeo aoibalibáB á ie mejor tnieinnipidbs no habrá feHexionado sériaaMile aoMe la por una taspenskm ó disolución de Córtes, o una crisis, interregno, ó mudanza ministerial, cuando no por un pronunciamiento; resultando que el alio eoerpo, á pesar de tO' que hemos visto desde 4 840? ¿\ quién ñola habrá sugerido pensamientos tristes y desconsoladores el observar que ahora por una causa^ después por otra osa €!& bmuos de das las niodiíicacinnesy mejoras de la refor- unos hombres, ora de otros, con razón é sia ma constitucional, producirá los mismos ella, por necesidad ó por capricho, que en mimfsiuios efectos que el antiguo Estamen- ii umos cursuuncs uu ciurauiuB, la «uwt to de los proceres del Estatuto, ó el Settido I eqiañola ha ido sembrando el espanto de la Constiluriori (!>• fSTT " incendio, l;i ruina v la nuiertc por las p estas cuestiones no entramos, la artiUerie ^ el por las prio— fisto pare nosotros no es una conjetura i cipales ciudades españolas? ¿V^uu nos ion aveatorada, no es vn proaástico mas orne- pmta el que se m» diga que la jaistícia ola nos fundado; es un hecho, bien (|ue fifluio, { mjusticia, la consideración ó la crueldad, la ( ierlo, evidente, del cual estamos tan se- provocación ola paciencia estuvieron de of> gurús como si lo estuviéramos viendo con J te ó auuel lado,:>i por cslo nu deja cle aer anáotnao oioh. T seimráe hm de estar de él i «erdaa que han sufrido. grandes catástrefw cuantos havan refli-xíonado un instante sobre Pamplona, y Han elona, y Sevilla. v Teruel, la situarioii (!i; país y de los partidos y banderías que ie destrozan, sobre el carácter de la^mdoo espétala, sobré iasideas y coataan bres dominantes X dígasenos de buena fe si continuando '■aaera será posiUe ni aun pensar Se quiere una sincera reconciliación de todos los españoles, entrando los realistas también como un elemento do gobierno; es* to lo hemos dicho vanas.TM^, y to aopajfe aqutit aaa ^lioiio ida*4aat.iiA é 4iMlela situación altere nuestro pcnsaniien- | lo alrihuyéndonos lo que no hemos dicho. | No es lo uíisnio aürmnr que es necesaria la i reronciliacion de los hombres de bien de to- ¡ dos los partidos, sosteniendo que el ¿gobierno 1 luLM le en España hasta que se alrai- - I.jioyo de los cíirlislas. (jue el decir lo! que tan gratuitamente nos achaca nuestro \ colega, a saber, que el modo de asennrar laiiiMacio» y con ella la felicidad de ta pt¡- í imita mlregar el poder al partido car lis- \ ta. Con esto se intenta persuadir que predi- I canos una reacción, no solo contra las cosas sino lamhien contra todos los hombres que sp han abrigado bajo el trono de Isabel: insigne falsedad que no atribuimos á mala fe, i lo liíreroza con que debió de leer ' u i escrito el articiilisiri á quien nos re- ¡ f''riraos.Coruo enleiidctnos esa reconciliación (le todos los españoles y los motivos en que fundamos su necesidad, repetidas veces lo hpmos esplicado.
Ahora que la o|)ortunidad se brinda, haremos observar que se nos llama amifios de reacciones y de un sistema de persecución y de venjianza: y con una inconsecncncia y contradicción incom|)rensibles se nos critica H que pidamos una amnislia tan lala como MU |K)sil>le. y se nos dice (¡ue queremos traer iumedkit amenté á Espartero y á Cabrera dados del brazo, \osolros hemos dicho «juese dcbia comenzar la reconciliación por ' osa amnistía, añadiendo (pie debia ser amplia, pero con el correclivo de que fuese mipatible ton la fram¡tiilidnd pública. El ' pMódiro a «fue nos referimos no debió de! creer conveniente comunicar á sus lectores ¡ m» que la mitad de nuestro pensamiento, sin duda ponpie se li^iro (pie nn le favorecían mucho las palabras que conq)letaban el seMido. En apum nos deja con su táctica el ■eieionado^H'riódico, porqne«si clamásemos (íortra la amnistía o aconsejásemos ipie fuera i «•feslreibii, mis llamaria venírativus; cuan- i <lo n pedimos ámplia nos presenta corao pertoriiMores. ¿Oue haremos en tal conflicto? ¡«goir nuestro camino; apelar al fallo del I inblieo; encomendar la pnieba al curso de iosteMiteciiiiientos.
Se quiere que la reliííion sea respetada, 'l'je el culto Y el clero lenfían ase^furada una subsistencia inde|)endientc, (¡ue los minisiff'S de la Iglesia sean considerados como verd^rofl ciudadanos, y no como hombres ttspeebosos a quienes sea preciso condenar 1> a una vigilancia y sujeción opresivas; se quiere que al tratarse de la organización política no se olvide la inlluencia que el clero tiene en el pais, la veneración con que los pueblos miran a los Obispos; pero no hemos dicho lo que nos atribuye el mismo |>eriodico, /;7 Tiempo, de que se eleve al clero á una especie de dicttulura social: idea peregrina,, que no sabemos en qué logar de nuestro peri(j(lico hava podido descubrirla el defensor de la situación.
Se quiere (lue se sus{>endan las ventas de los bienes del clero, v que ademas se restituyan al secular y á las monjas las propiedades de que se les ha despojado; pero con la añadidura de devolver á los compradores lo (jue hayan satisfecho. Asi lo consignamos (íspresamenle cu el párrafo 6." del programa publicado en el numeroso de nuestro fieriodico, correspondiente al dia 24 del pasado julio. Creemos que quedándose cada cual con lo que le pertenece, deshaciéndose simplemente lo que se ha hecho, no predicamos una injusticia tan horrenda como le pareció al (Jlobo, cuando en su número del 1 de agosto decia: vEl Pensamiento de la A ación, en lin, pide ya á vpz en grito que se desposea de sus bienes á los compradores de los del clero secular v de las monjas, que se les prive de su propiedad, y que se devuelvan estoft bienes á sus antiguos poseedores.» El Globo se olvidó de añadir que nosotros pedianios que se devolviese tamhien a los compradores, lo que hubiesen satisfecho.
Nos atreveremos á rogar a los |)eríódicos. (jue de tal suerte nos atacan, qne lean con atención nuestros artículos, y que cuando se pro{)ongan dar cuenta de nuestras ideas lo llagan con mayor cuidado. Llaman al Pensamiento de la Nación ()eriodico carlista, asi el Tiempo como el Globo, bien ({ue este último añade que el Pensamiento »m ha soltado todavía su máscara como su hermano mayor. el Católico,» y que es carlista venjunzante., con su poco de barniz de liberalismo. Afortu-. nadamente c\ Globo, que debe de tener la vista muy penetrante, ha descubierto que bajo de la máscara hay una tisonomia horrible, dialk)lica, que liace erizar los calndlos. «Pronto, esclama, si Dios no pone remedio, y si el gobierno no muestra una gran enerüia, el Pensamiento de la JS'acion y sus colegas pedirán á voz en grito que se renueve en <Kíi la obra de despojo y de iniquidad. consumada |)or D. Yictor Sacien <8¡23.» Ueá la ooasideraoion de naestros ledo- 1 bres de la situación * sea el sistema de los hpmbres de res si e& muy /jenero*:o el eseítar al írobierno que muestre yrun energía, inu\unueute emiado otro periódico contra el cual el idíbmOtíiM» kawa escitadn también la energía del gobierno, no olvidando ya entonces al Pmsamieulo de ¡a JVaciott, acaba de sufrir MÉ bmIIb de 1 40,000 reiiles, con otros percances que habrán tlri nlN mal paradu á la empresa. £s de suuonei que el ¿¡lobo se habrá compadecido de la desgracia, pero tt08> «lras>qo qiieraiiiM daiie eite oiolivo de cumpasion.
- No lie vamos atascara, decimos francamente lo que peaaaaios; y por cierto que los ar< tículos que venimos publicando de nl^runos dia& a esta parte no adolecen de achaque de aergonzanies: quizás hayan sido mas espli->eit08 de lu que muchos habrían querido, i á proposito de máscara, ta! vex consista nuesiraicuipa «n que la hemos quitado a otros; Mío Bos proponiamoB, y creeiMM haber lo< ^do el objeto.
Volviendo á lo de reaccionarios, y absohittstas, y carlistas^ le dejaoK» el Globo que «es llame tales con náscara é m ellÉ, porque á los órganos de los |)artidos que se sieulen débiles, y que se van cnllaquiH-iondo «ada dia nías, es preciso tolerarles ei desaho-«00 de su indignación. Pera viva seguro q«e ¿ cuantos hayan leido nuestro periódico no ile^acá ¿ persuadirles que proclautamos una reiiiBioa oe éispojo y de iniquidad; que aconséjame» un laseDaet^aisiema de pensecucion y de venpranza; que desconocemos del todo el espíritu del siglo; que no querenes atandec eo oadaÁ la modincacion que U acdon del tiempo ha introducido en las ideas y en las costumbres. Ahí esLaii todos los núineros del Pensamiento de la j\ ación, en loéii ellos hay estcnsoa artículos en que se examina bajo iJ i ff-reates aspectos la situación de fiapa&a: por eUos juzgara ei publico, no por lo que taft gratuitamente nos atribuyen ti Ghbo y el Timnpo, La nacifvn española comienza ya á comprende r lo que valen ciertos ^itqs de alarma: algunas palafaris de un periódico no bastan para infundir espanto: y por mas que el Globo se empeñe en persu'anirqiif^ frts del Pmmmienlo de iu Aacion esta alomando la caheift una reacción formidable, no U» hará creer á nadie. ¿Qué no han dicho, que no están diciendo cada dia ios periódicos pro> contra todo to qne ao ' progreso?
¿V que caso ha hecho la nación, qué impor* taicia da á la felsedad, qné mérito hace de exaííeraciones desmedidas, cómo correspon- <le a los clamores irritantes? Atendiendo a los hechos, y juzgando á los hombres y á las cosas tales como son en sí, y no por la pratura de los periódicos. Rrdjfrdpn el fitobo y el Tiempo que las armas que no valen nada en manos de sus adversarios, tampoco fildrán en las soyas.
Sobre ei deereto de im »uapeHBÍ«m dm M W9&Umdmi9m ^etnmm dei etere Duranle nncfaos días la prensa de todos colores se ha ocupado detenidamente del real decreto en que se suspende la venta de los bienes del clero secular y de las coniunidddes religiosas de monjas, hasta que- el gobierno, de acuerdo con las Cortes, det^ruúne lo queoottveoga, j se aphcan ios pror duelos en renta de dichos menee, deada luego íntegros, al mantcnimiente del clero secular y de las relLno'Sfis. Cuando otras razones no lo mdicarau, ei interés y calor con que la prensa la disertidi» este asoma ItiisUii ian para manifestar su alta importancia. L n periódico defensor de la situación, el Ttempo^ cond)atiendü las doctrinas del DueetfO, decía: «Pero entiéndase que para nosotros la cuestión de los bien es del clero es la cuestión del gobierno representativo.» Esto no es verdad, pevo ^ que podría cirse^ine la cuestión de los BMiesM dbve es la cuestión dt'l sistema revolnoionnrío. Tal es su trascendencia religiosa,- social, política y econémea, de tai msétfivekmtn ella la religión con la impiedad, fa justicia con la injusticia, el vi?or irnbnrnrítivn y el órdeu rentístico con ia anarquía y la dilapidación, nue por conociwiele y 'hasta por in-tinto todos echamos de ver que la cuestión de los bienes del dero es una espeae grcsistas contra el gobierno, contra losfaiboi- 1 de barómetro para deieiVHMr coa em^itnd «I estallo de la atmósfera poüticn. En ella se | dcscubrea las doctrinas ^ las iiitencíones de ' lioml¿Mj d§ los partidos, los sistemas y ^Nff smios nosotros dp los que no cfuieren fpibirde sus adversarius políticos ui aun el en quemas desean, y que ansiandoel desédilu de cstüs, sienten un verdadero pesar icuando los ven cejar iin paso en el rrtmino ^del nial; muy al contrario, nos hemos ale -i¡pa4PJÁoceranMéfe de la publicación del cs-^iesado decreto, y a ¡)c.-:ir de lo mticlin que ^breél, y mny partuulaniicnte solm; la csposicion que le precede, tenemos que decir, creemos qoe Ja. medida es un bien, que se ha (lado un paso di* no cscasíi trosn'n-.4eacia contra la revolución, v uuc esla al t^BMir, atenfurecersc,no haoMaceido itntcamcnte al prurito de baeer la oposi* al gftl»i(M n« acliial, sino »pie on realidad se ha seulido hunda. Que la intcncioo del miníste-^tfÍ6 haya sido ó no el darle esa herida poco importa; hay hechos (|iie entrañan una fuerm propia, iudepenUicüle de ia voluntad de los hombres.
Ni el decreto ni la esposicion nos han soir^ Jrcndido: esláhamos si'frtims dr que no se ^ria mas, pero huhieramos deseado (|uc el ipelor ministro de Hacienda hu hiera andado.
«■has cauto en la esposicion, que hubiera te- úrlas por ser de un eclesiástico, (li crv nído mas cuenta de las duclriiias en oíros! romos que en las mismas ('ortcs de 18! ii jüipüs tan sostenidas por él y uno de sus i el Sr. Olózaga intentó lo mismo contra el •empaftaruf de ministerio el Sr. D. Pedro I Sr. Pidal, actual ministro de la Gobernar ^sé Pídal en las Cortos d(í i s:)8 y 4840. I cien, echándole en cara que sostenía los llUcnos el señor miiuslro de liacii nda que á P principios de un célchrc nlnilc. Después de ia realización del provecto de buspeasion de | huher contestado el Sr. I'idal cumplidamente a. il^ Menea del clero secular y de | al Sr. OlAzaga, y de babcrie probado de una manera irrcrraju^ildo que no eran soUs los ahatos los defensores del diezmo, le decía ironicamenle: «Con que. ya verá el se-* ñ; ir Olózaga Cómo va creciendo el numero de abales que Bustcntan lo mismo qutt JO sustento.».., ' '.'.,1»., Al hacer estos recuerdos debemM protefr^ tar que' no es nuestro ánimo herir á personas que apreciamos y n spctatnos comn merecen, perora que con lau negros colores se quieren pintar nuestras doctrinas, creemóa que es una defensa muy Icíiilima y muy suave ol cxi.^ir de lus híiui!)res y de los parlidüs que lenf::au memoria. Cuando escribimos no nos tomamos jamás hi libertad de dcsfÍ2:íirar las dorlrinas aíronns, pero land>icn urocuramos no olvidarlas; y quereniMs uuc la nagon, tH>mparaildO jos hechos actuftl cslfi decidido á impedir la devollitiott de los bienes vendidos del clero secular y de las monjas bajó enalquiera condición y en cualquier supuesto; y es pteeíso cidemas no perder de vista, que alliacer el sefiof miuistro de Hacienda la declaración espresada no habla ya en nombre proftio sino en nombre del gobierno, lo que deja fuera de diula que están de acuerdo con el Sr. Mon todos sus conq>ailerus de ministerio.
Vamos á entrar francamente en la cnea-^ lion, advirtiendo de antemano que daremos escasa importancia á los títulos de reaccionario, de retrogrado y hasta de revolucionario con que se nos quiera favorecer. Todavía recordamos lo (jue se decia del Sr. Mon Ídcl Sr. Pidal en las Corles de •tN4ü, cuan- 0 defendían his propiedades del clero seen» lar y condenaban la abolición del diezmo; todávia recordamos, ya que un |KTÍÓdico de la situación nos ha llamado hasta revolucionarios, que en las Córies de 4838 el Sr. Pidal se vio (»l)l¡i;ado á defiMidcrse de un alncpu; del Sr. iMadoz, en que eslc le achacaba que sus doctrinas eran anárquicas y revolucionarias; mas todavía, cuando se hagan aln-* siones á la clase á que nos honramos de pertenecer, cuando se quiera echar sobre nuestras doctrinas el descrédito y rídíenli^ amonjas se oponían dos diüculiades, cuya ivedad uo se le ocultaba, el temor de infumlir d mas mínimo recelo á los poseedores de l(ts bienes que la nación ha íMi;i;zenadn,, y el de jierjiidicar á bis acreedores del Ksta-^0, disminuyendo el fondo destinado á la Ipmsitiaaeioii de«as<»édito6. Por lo que toca > A la primero, asegura el Sr. Mon que el íloWerno de S. M. rsid tleridiiln >/ rnn vn-^"^mUadfi/me y reamlla a rospelar y Itacer que >4aiiia-iMfelen, ¡Bomo de lado punto ínviola^ bles, las propiedades adquiridas procedentes de los bienes del clero recular y secular que han sido enageoados eu estos últimos '«üoacaa -arMgloá las leyes que en ellos ^0miáh se dieron.
En este pasage se declara de la manera mas espUutay soieume, que el ¿^icruo ron Ins palnhras, forme f nbal juicio de los lioinhrcs y de las cosiis, y dorida con conorimicnlo de causa ciitii; iiosolms y nueslros •adversarios.
T()»"nti!c á la d'v (liifinn de lus hipues vendidos del clero secular y de lus monjas hay dos caestiones, la de ju^ieia y la de •conveniencia. Examinaremos brevemente la «na y la otra.
Cuestión de Jnsliriit. En osla ¡larlc no nos dirigimos á los pro/^rcslstas: leyes, cánones, lisos y cosluaihres, y cuanto sobre t'l paifu iilar podríamos ajenar, de nada servirian coiUra ¿;enles ijue, aiiauzadas en el l»rinc¡pio de que la salad del poeUo es la suprema ley, y aferradas en nue esta salud es lo iiuc ellos quieren y natía mas que lo ■que dios quieren, eslan enqwñados en destruir todo lo anlí^'uo sin cindarsc mucho del modo (le reeni])lazarlo; hablamos si con el gobierno, con elpurlido que lo susliene, \a -qne en ellos kay hombres distingaidos por sus luces, que sostuvieron un día la causa de la verdad v de la justicia, arrostrando también los dictados de [rcíuciuminos, de refrájfrados y hasta de uUramontanos. La «jcslion de justicia envuelve otras dos.
^ i ¿Ilabia derecho para despojar de sus ilíenes al clero y á las monjas?
9." Si este (Icrecho no existia, el hed» ¿ha venido á crearle?
Por lo que toca aja primera de cslus dos etiestiones otros se encargarán de resolverlas, oíros que por cierto no pcKlrán ser notados de profesar doctrinas <le reacción y ullramonlanismo. £1 Sr. Marlinex de la Row en la sesión del día IS de julio de I8i0 ^ia: «No piK 'Io.!tin einl>argn, ilojnr de h.icer unn reflexión i\ue iih? iiarfce de suma (;rav«'il:id, y es qn<' UnIos los <|u«! han hablado lian reconocido que el deiticbodfl clero á sus lincas, a los predioa rá»-Hcos j urlianos«|iic pose«>, os nna |trn|»ie<lad co lodo el rigor de la |>al;ilira..S^ hj diulailo >i nnn-ce esc Utulu, y aun se lia iies^ido ese deroilio:i la (Tf.slacioii en frutos ai diezmo; |M>ro respecto á los |>redios rá»ücos y urhaaos de tas Aucas que ím idqoirklo el dmcon lítalos tos mas l«gliiino«, iwr Im mcdlw recotiorldos iwr las leyes, por!«« cíkIí^os, por la Tül Ilutad de ios inoii:i>(-as, por la aipiie!<criu i.i de los pueblos, por todos ( inul is medios hay p ira asentar Ja propiedad, esta rue^tiim se puede tlerir <|M eslft deilllilia ya. rniramente, seüur«s, que COHMlOesta propiedad seeoutrae al CMO CSfiCCial del etsro sufre alRonasoorlapisas, que la ralsma legislación (■i^iI |i;i piir>(n, no eii perjuicio del rlero sino |M>r la diverja kidolc ó Daliu-«ilcu dyl |>o- * fecdor qoi|p4rtltTaii|c«|« al case M «O ptrlIraUft.