SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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Tiene por lu laulo qoe inudUicarse la propiedad, y se liM lil i lio, no en su perjuicio sino en í;u api yo¡ pi/rque la exisli iit ¡;i dr una i iiniufaítoa UO «» tM rasa^rra y fu^at < luiio la d.-l Ihii^iÍÍPP»!• lii^ y- do «lil iiroceden las modiUcaciiHMi M* bMh^ cbo en el derecho de la propiedad.

"Dijo el olnidiu i'l Sr Tej;nl.i cu su encélenle discurro, ipic li.diia iiii;i difeiciida eiiíre la prupieilaii de ios Utul:ire> y la de las corporaciones. K»Ib difcmieia es lOiiicUaiuia. Las corppracioiK» piisrinj dejar de esistir, puc<ie destruirías la ley: y eu» eueriKi nioial, cuya exíslencía ¡luede desaparecer por la ley, el Kstado entonces, de una m:inein Icjral y le-ilim.i,;i<l(pi¡i re SMS pii)]iie(b.lc>. lisie es ua priii( i|>io cierto, peiu eii>r. i cjad.i cu el íni|ielo da su \< iMiitcnie itiipruvisacioii, 'iimUó una rcQexíoy iut|i<irtauii.siina que S4- deriva de üu luisino pnac(g|BS no es menviiter sino dar un paso mas altt. ' ' ' nC.uaiid'i la> cu |«ir;iciimes sonde l.il nnliiralen «pie lio llenen luas exisit'iicia que la que les da ta ley, entonces e> claro cpie si la ley les priva du su existencia pereien, y en el uicro liedlo de |H;n.'«-er hw bereda el E»uido. Esto et evUeate. Asi, fn*^ una vex alH>|ida una corporación, por ejemplo, la sufiresion de los jesuilas, el 8i'. l). Carlos 111 en ua« (iel lii'icciiii de s(i |iiiics(;el pudo decir: «A la nación lio ciiii\ íeiie esta socicil.id y enlunce.s legili« mámente todos los bienes Iks a<l()alri4 tamcton: aol, iwr ^uinylo, eslingnidas las únleact wp^awa (sin que yo entre ft barer la apolo^'ía «I la <«■««• d«l modo y forma como se su|'i iinici on }, cl;iro es que la nucían:<ilqiiiiii> le^'ilimameule sus liienes. y ha podido traspasarlos á los acreedomdel Estado, c» yos títulos yo reqieUi.

aSebore»: ¿au si« ve ya pnsenlafse «oa wladia do gravlsinia cuenta f ¿Hs por ventuia el clero una corporación pendien ti' de ta ley civil? ¿Ks una riir|Miraci<)ii iiue puede des:ipareci'r, <|iu' pnedr es-Uii^uirse pur el vutu do los it^isladoiea?...No; y esla circuD-stancia es partiodar, ^bIbí tal veau 14 exisiciida del clero no está á aueittranMa'oed; á lau^ to no alcanzan iinestras fiienltaries! en el mero liecb& de <pie la Coii-^lilncion del Kslado.! < ley rMiid:iiiiciital e^lahlece el tiriiici|tio de lu necesidad dentaitleoor «I cuito T clelem; en el mero heelju di: que jusl nienteba acontado la religión ouiuo la piedra an^jular del edlORiosoiial; tuet mi^tiedio de qne la ConsO^ tncion lia consaj,(nKlortpHncipio de!rt relit;ir>n cnfóiica, la nncioii t>sffiaola no puede qiiednr.sin culto y sin iiiiiiisti iiN dci > iiilnariii. b]l clero, pne», no ea una coifKtraciou qiio puedo extinguirse como lus jesuíta» y l(»sregtri.irek;«slá fuma dd alcance de b» Iryctsi «xínteiicia.

•Aaies, Fcfiores, que respecto dd duntlie aü clero ^ollre sils Itiencsliay b propiedad coiunu revoiiticida |<or l:is leyes, á quien estas mismas dan ct derecho de poveer el producto di>.SUS fíncas; hay la ÍropitHlad loudMicadt por la indoh; y nainráleia dé loorpcraeioii, dMWialtiMis AaiaidenslB«avÍMi«» cion, que es una institución indeslruclilile, perpéln:i, rfriai^.i<ía en la iiacimi mism,"», pues que no e\i- li- nu f iiiiiciiie en los rodijiiis sino en los corazones de bs es|)aiioles. Estos pruresnn la religioo ca^ tólkra: la idigion neossiu cidui y el uidto tmÉNiÉit aia «M no bay trellgion ni nada, fierltaie dtt.aaA» ««flores, qvc si Me« I» soctédad pnede tener cíderecho por causa de utiliilad pi'iMu- 1 de privar al clero do SM propicdade.^, y solo pur fauan de atíMad pílhiir», niinri pufJc ImpiTlo sin complir snlis con una lihli^Mcioit ((>iiNÍ(;ii.-i(l;i ni l:i ('«instituciuti inisinai en un vóM^o mas ¡iiiii^uo luA-.w Lis Coasllliicioun d<*l invirilo. en los priticii'ioü uti*rnos de Jiistk-i:i. Mr InáMü^MíUTt^ifvim im m )iii«ilt /wjpar al MI (Usfifyo.

> A.-ii <•.>«, M'fiüri's, quo si» riilnir rn l:i ciirsliuii de m er< ú mt llr;;;ido i'l cuMidi' |Kiui'r alcli'io (>s]i:ifiül * Éptluirirt la lev '4l« eüiiropbdnn tanm» \wr i aiisa 4«t ntilidad iH'iNira, que puoile m»i'r sulire él lo mtsinfi ({lie sobre los |urtu-ti!an-s, dfSie imfeilcr sii'tiii>r<' I:í iii<Ii'inii¡/.arion ('iirii'.N|Hiiiili>'itic. V sin (luda i'Hi- fui- el tihj 'lii tic l:is ('ót i - s ci)ii>('>lnj'<'nles al 4Kcrcl;«r l:i V''nl:i ili! los hiPAi-S di*i ('lt*i-u kecubir «n 1837 «dt'jaiititfia liara cJ aio de lÜW; |ior(|ii« era HfvtiSt» nnfiex-ir {xir la iiftmiiíxMiinn pn*via, y no la nu'tlios cu a(^U(^ iiiuiiiiMitM il ' i f.. ui:irl:i..Yí eUas Corlfs qur d'n elnmn In venia ilr rsiot por sextas /iiirírs, tit ettat, ui i\in<jtin<tt pueden üiapouer d- esta ¡irupifdfld %,uu. que prweda la tx>rr(%'tio:idieiile iiul(>ii>nizacÍ6a. ' jif^fMr el notable pesage que acabnmos de r:rtar se echa de ver que el Sr. Martínez b Unsíi, qnien r¡i»rlaniente nn puedo ser l^hado de uliraiiiontaaisaio, so>slcnia que 'lÉfai imlemniiacton previa el elero no podía «cr priviulo de sus propiodiidcs, que cslo sena un deapojo ^ y que Inl dcrocho no k> icuian ni ias Corles de 48^)7, ni las 4840, ai WfHjWtifff otra$; tales son sus ibras.

isaremos por alio el notable discurso kISr. Mon cuando en 18iO defendía el voto Sr. Tejada en favor del diezmo; y |Nira no cstrndcrnos demasiado oslrartnrcinns lo que decía en las niismis Cortes el Sr. Pídal eu la ^ iwion 4el 17 de Jnnfo. Afiliaba que era injusto el privar al clero de sus bienes, por(|uc nunca hay dercciio |>ara despojar, no i\ las corporaciones pero ni aun á los particulares, i^^atoB vm -bieiiM, annque se les ofVezca Kjwfaironizncion: (pío al,:riina vcx. se piiode privar á un {Mirlicnlar de una litu a u otra ooM, cuando W.exij^c la ueeosidad y se hace la inleínniiackxi previa, porqne míW .H íin^ein la ra/on y lo manda la ley del Esluda; puro que nunca hay razou para decir^. u vengan todos sus bienes, estén ooode ealeni y consistan en lo (jue consistan,» y mucho menos cuan Jo la espropiaciou se hace como un despojo ciulento-^ sin indemuizaciou previ», solo con una promesa dt indeoinízar «¡un, nunca se rnm])¡e., i,ox.>fili<i Bastará haber recordado las sesiones dt 1840 para ({iic cualquiera pueda informanaj j per' sí misioo de que en el Congreso, euya mayoría era nindcníila. doniinalia la opinión de que la nación uo t.'uia Uereclio de apv)du> rarse de loS lüéfliés del.dero, siéttteaoáta - ii(!a esta doctrina con sólidos v brillantes dis( ursos (¡ue iio deben s t olvidados. Tan arraigada estaba dicha couvicciun, que puesta á votación la psinara parte del artir* culo en que se iliS|K)nia que el clero (pied ive con la pobe^iou de sus bienes fue aprobada* por i 25 votos contra 4 4¿ Si este derecho no existia, j^ha pn ldo croarse con ol hecho? A primera ojeada la cuestión se presenta estniña y repudríanle á la sana moral: tanto es lo que cnoca con la razón y con el sentido común el que un simple hecho baste á crear un derecho. Los, priiu'ipales caudillos del partido luuderado aseguraban en 4840 que no babia-derécfio para privar al doro de sus ': 'íes <'\\\ ¡nJemnizacion i)rcvia, sosteniendo el Sr. I'idal (pie ni aunque precedióse la índeumizacioii; luego en la spinio» d» Ím etpmadot »^oti9 h ley ó docroto en qno so haya (ornado ó se • lome semejante disposición no es el cjorc^ío de un derecho sinoefaliuso de la fuerza,» una violencia inescnsalile, y (pie i m ¡ mtt^ no puodo producir nininin efecto le;;al por'. . ser nulo de toda nulidad; luego el hecho uo I Im creado el dereclto; luego según la oyMV Ilion de dichos atíÍoí cv las ventas son nulas á los ojos de la ley, Inouo srijun la viismn opiuion el clero no ha ^>crdidu el derecho que á sus propiedades tema, Inego ateméudonos á la misma autoridad los compradores no han adcpiiridu derecho nin^imu; luego no podran (inejarse de ciuc se les despoja, y solo pueden reclamar que se les devuelva loqu&bwik (lesombcdsado.

Kslos compradores estaban avisados,d^^ a^UÍttifiiio? y cuaftdó. 16 decimos no baUa-' m(Hi4e los cánones de tantos concilios incluso oí do Trento. que tnn torminanto \ espreso está Cü esta parle; uo haMainos de iM deorelM IHiiitlfieio9> ni de las4leéiinielo- 1 n€s del Papa actual Groiíorio XVI; no ha- ¡ blamos de \.\ Iry I.", titulo i." del Fuero 1 Juzgo, dóüdü se Ice quc5 «sean siempre lirm€8 los bienes de las Igicsiis en poder de estas;» no hablamos de la ley 4.*, título 5.** del Fuero Real, donde se establece el mismo principio; no de las leyes de In Nueva Recopilación* ni de la Novísima, donde se reconoce y se respeta tan profuiulamcntc el pn- ' trimonio do la Igk^a; no de la Constitución ¡ de 48^2, que declaró inviolable la propiedad delodoB los ciudadanos; no de la de 1837, que consignó el mismo principio; hablamos si de un artículo de un periódico publicado después del pronuncíamonto de setiembre, cuando se lrat('> tle (Miaiíonar las fincas del clero secular, eu oí cual se declaró de la i manera mas esplicila y solemne, en nombre del partido moderado', que si bien se reconocerían las ventas de los Iñenes del clero regular, no se baria lo mismo de los bienes del clero sbeular ( t ); hablamos sí de los elo* cuenles avisos que en sus discursos dejaron lo? or,i(!<m"í de qac hemos habl tíln cuando deciaa eu alta voz con tan proíuuda cunvicoien, que el privar al clero de sus bienes era-una iigubticia, an despojo: (I) El periódico di» que Iinl)I;iinr>s- es el Correo Pfacional vn sil núinero de. 'i.> de juiiu de »Paru li>s que crean que <-| tu>ni|)o nu amenaza el poder al la obra de los liombim dttl üla * nada úniwa tiignilicar nn^ir» palabras. Mas i loa que iio vivan t'M la couU;tii/.;i <!r <ni!' fl rciiiii'lo de la vinhMiIa, iiitoli-ranle y ilniuiiKKii ia ¡uiauiia que avasalla a b nació no ha (le M I eleruo, á esos debeuios a<lvei tir, que el |i:irtido coriirtirvador, si \ltína coniendü el InaiiO ai (tuiler, al |taso que procurará hacer recenooary leg:iljz«r por la córln d.^ Huma la euaKcna-©ton de lo55 bienes de los reculares, JAMAS UÉC.Oyty.TVA M SvNcIONAUÁ El hESlMiJd iü-.L l»AiHiMoMo itK i,\s (:\tI':ürales,c(»li:(.iatas y PAIllloyi lAS I'.IJNO;.NL'MIA MIUAIIACOMO UN ULCIIO CONSDLVIH)* «n acto de ira, der«ouor, de vpii|;aiiKa, couio rl quexe va á floin«>(er; «o secree-H-adO i>or MNÍiUN MIRAMIllNrO ú n^^iíetar lo que ahora IiECLARA en l;i toiiiia que|Hiede, ilegal, espoliodor, marcaüu rtm vi üollode It MUS dura y «videnU iuur|iaciun v ütisíKijo.

■TfiXGANSBLO Pl ES POlt DICBO los que do buena fe, y guiados (Kir el ejemplo de lo pasado, piensen que los intereses que cuni|iron>et»n en la compra de Moiics dt; o.ili'di y tK'm:is i;;lesias lendráu la niisiu;! ^ iraiiti i ijiio Ims iiini r(iil(i.s «'u adquisiciones de l.ifiio r.'Knh.ivs.í^ hKJAllÁ DE SEH POSIBLE QUE Víi GOUiERllO MO.NAKgUICO VUELVA k RE-Gllt BNBSPaHA, ó la IMül IDAD QUE SE INTEN-TA TENDRÁ SI' m:niüA HKPAUAr.io.v.

.»Y ^Ho OQ «c cogriau lv« hombrea do setiembre Sr. Meiidizabal rcconnría la verdad tf[ principio, pues que en la sesión del m junio de 1840 aliiiiialia que las íilórtes constituyenlcs que decretaron la incorporación' (1^; lus bienes del clero al Erario, aplazaron' bu ( iui:enavicm para el aAo IK40, dcjaade aquel espacio de tres aftoe, para qnrdeotrede él se ileeretase lo conveniente á indcmni7.ar al clero de la parte de propiedad de que se iba ú disponer en iavor de la nación. £1 uii!r> mo Sr. Hendisabal confesaba que va que el año io no se hahia podido realizar In indenmizacion, era justo que la enajenación no comenzase basta el ano 4i o i3 uiieotras que se establecía la contribución para áo^ corresponrlienlenii'nte al ftilto y olern'; y prüjKJíiieudose la dilicullad de lo que se de-, beria hacer en caso que en el año 43 no sn hubiese podido lof^rar este objeto, afimfelM que las Cortes respet;in,\ri h< derechos de! clero con estas notables palabras. «Se rae. dirá, seAores, ¿pero y sí en estos dos. ó' tres' años no se llega á dotar al culto y dero ron todo lo que nece«í!f E^tns mismas CórtCÍ en otra legislatura u uuus que pueden venir lo tendrán presente, de la misma manera que nosotros lo tenemos ahora, y respetarán los derechos adquiridos antes de la Icf ¿Podian daree avisos mas claros, mas esplícitos de que la venta de los bienes era injusta? ¿Quien será capaz de alegar ignorancia? ¿Podrá nadie decir que el clero ha recibido SU indemnización ni antes ni des* pues? La nueva rnnfrihneion llain;i(l;i íleT culto y clero ¿^proporciona decente y decororosa subsistencia al onlto y á sus ministrost IVo, mil veces no: eidero Ib salie con sus sufrimientos. Ins Idesins lo es*tan dirie ndo con su pohrc/.a y abandono, la nación lo vé y lo contempla aili^ida y escandalizada « y el ftor nnnistro de Ifafienda lo reconocer confiesa con una lealtad que Ic^bonra/En.ltt con lo eonipteio de f,ii aetiHil trimfo. No han id»IMi' alia cuuio Ci-uniwelul la ConvwiKrioOf y á la rw^ktn clon iuKiesa sit;ui6 la iesl:iiir;ici«iu de 4:AIU.(IS |f,^ á la de Pninria uua época de iirudenlv rciKiraeiun jmid I t 1 I <,qw»(iiNi«ri>Kl!»leAp¡eaardelaffefO-* vEI delirio^ |tuita, de los qoe lioy mandan no do*, Ihc arrastrar i la ma«a do iiuesu-o» ronciuii»d»iM«t ni hacerlos fi^MPUCES OK 1^ DRSPOjn de oía' inav i ir 'r mas 'ompraiio Ti:M>r;P ^ 'iTE HES- I origen se píenle en la oscuridad de los siglus? Hay aqiii un trastorno do ideas qiio no se coiicib», pues mejor se Iniliiern diclio «segurando (jue no se. quería ñor este medio Iiaeer estable la sociedad sino iiiirerla móvil, llueluante, ofreciendo ccIm) á lo<ifls las pasiones en contra de los intereses mas leuilif mos V sairradüs. Asi como se lian vendido los bienes del cicrn serulnr, pudiera suce-^ der, como lia sucedido en otros países, que citada csposicion á S. M. dice: «AI estalilecer los medios actuales con que se ha querido atender á tan preferente objeto, fueron ya muy fáciles de prever las dilicultades insiq)erables (|ue se o|K)ndríun a la ejecución dir seuíejauleley; i>ero la es|»(;rieucia ba vci'idu a demiislrar que aquellas dili-•plkides eran aun mucho mayores de lo que sehahia previsto. Asi es, que por mas celo qw han desple;;:ado los ministros de V. M.

huta el pn'^eute, la imiwsicion conocida ¡I se vendieran los de muchos particulares; eon el nombre de culto y clero ba sido in- ' entonces sí los amiixos del Sr. Mon que aofnclunsa en aÍLiunas partes, en otras se ha duviemn pcrseiíuidos y emijírados después remíidu su ejecución, y cu muchas los cía ñores del clero han venido á aumentar los apuros del Tesoro publico y á a/Iig.ir el (¡ni- ¿Qué se contesta á hechos semejantes? ¿Como se rechti/.a uua doctrina apoyada en tas mismas palabras de los (¡ue la iuq)U;;- nan? ¿Puede llevai-se á ma> alto |)uuto la dcntostraciou de la iojiisticia cometida y de la justicia de la reparación (|ue se reclama? Kslamos seíiuros que los hombres de quienes liemos lialiludu no serán capaces de abjurar sus principios, y que son demasiado leales para (iefcnder lioy lo ipie condenaron ayer; estamos se^iuros de (pie en su interior eonvendran con nosotros en que en el tribunal de la justicia la causa está fallada, qu^ no es ni ha podido ser dudosa. Mas diremos.

del pronunciamiento de setieiiibie hubiesen sufrido este desjíojo, ¿también les hubiera contestado <|ue no se les podian devolver los bienes ponpie la estabilidad es la [irimera nccesidail <le los pueblos?

Si se tratase de venias cuya fecha fuese ya de I-i ó ¿O años atrás, entonces Itabria mas dificultades para la devolución, entonces seria menos cstrailo que se ef»4» picase la palabra eslahilidad; pero ahora, cuando muchas de estas ventas acaban de hacerse, cuando muchos de los compradores no han desembolsado mas (pie neque4» ñas cantiilades, cuando la misma uescoalian/.a <|ue acoiupañaba la compra debe haber hecho que el comprador no haya comprometido en ella n(jlables intereses, ¿qué inconveniiMitos puede hak'r en la devolución? Es por lo tocante a este punto la cs|kjsÍ( ion del ] ne^jocio de arreglar unas cuentas y iUida señor ministro de Hacienda nos ha |iarecidu redactada con mucho líenlo: el Sr. Mon y el Sr. l'idal no {Hidian olvidar sus doctrinas coa respecto á este particular; y asi es que sí bien se observa, la esposicion, al {>aso 306 manifiesta la voluntad lirnie y resuella el fíobierno de respe lar y hacer que todos mas. "rpj Añade el señor ministro que «esta medida (piizas contribuya a disipar infundadas prevenciones, (pie nada puede ya justilicur, á di.scernir v deslindar cuesliones que ni tio^. nen ni defien tener entre si ninguna dependencia ni enlace, y enlin, a ai>ro\imar el respeten las propicd.uKs iidijuiridas |)or di- tiempo en (pi<! la Iglesia española vuelva al chas ventas, es(|uíva siempre la cuestión de justicia y se atiene únicanienle á razones de conveniencia; no se usa la palabra derecho, se trata únicamente de hechos (jue en concepto del ministerio conviene respetar.

¿Y es verdad (pie sea conveniente no devolver los bienes vendidos al clero? «La estabilidad, dice el Sr. Mon, es la primera necesidad de los pueblos.» Nosotros creíamos que la primera necesidad de los pueblos nu eru la estabilidad sino la justicia: y creíamos ademas que sin justicia era im|)osible la pstabílid.nd. ¿Como es posible que se nos hable de estabilidad en defensa d(! intereses uttiAiuu ayer cootra iiUuru;>cá cuyo (ístado ordinario de sus relaciones naturales, sin menoscalxí de los incuestionables derechos de S..M. y de las regalías de la corona.» Mucho (ru(lamo> (pie se cumplan las lisonjeras esperan/.as del ministro: el ávm crelo por sí solo hubiera podido dejar en ia-^ certidumbre sobre las intenciones ulteriores, hubierase podido creer (pie el gobierno hacia todo lo (|ue podía por ahora, encomen-»i dando lo demás á la prudencia v al tiempot pero la esposicion ipie le preceííe ha venido á (juitar toda esperanza; en ella se sanciona del modo mas soleiime la obra de la n,>volu-n. ci(m; en ella se declaran de todo |)unto inviulubi^i» las propiedades adquiridos de uuc- — Hi ▼O, procedentes de los bienes del clero secular y regular; en cllu se consigna que hi'lripotécii ni se distrae ni se ena;^» con »>sta iii(m1Í(1;i: y preciso es cdiifcsnr que semejante coniunlo, lejos de contribuir u disipar infundadas prereopiones que nada puede y.\ ¡MtifUar, quizás, ^fuisás contribuya i jiisiifir 'r fundadai prevenciones quenada mi^e ya disipar.

< ~ Tu mmos visto en al|i;an periódico emití- 'é^ la idea de quií tal vez pndria ser conveniente devolver al clero los bienes nn vendidos, si csla devolución hubiere de contribuir isnoeionar y asegurar las ventas hechas hasta ahora; ¿pndria ser estala intención del señor ministro de Hacienda? Nos asbtendrcnios de alirinarlo; pero si asi fuere, si se quisiese tener suspenso al clero y al Papa como dicióndolcs: «Si aprobáis lo heclio basta ahora, devuelvo lo que queda por vender; si os empeñáis en sostener vuestro derecho acabo de venderlo todo: ó en otros términos, ó me das lo (pie me he tomado, ó me tomo lo restante;» si asi fuere, repetimos, no aoertarémos á caliñear semejante proceder: á la ilustración y honradez del señor ministro de llacieiidn < orrosponde apreciar como merece tal conducta.

Una de las razones de conveniencia pública que se suelen alepjar en contra de la devolución de los bienes del clero es que deshaciendo las ventas se crearia el gobierno gran número de enemigos; mas nosotros sostenemos que estos son nada en comparación de los amigos que se atraeria. Por de pronto se conciliaria la aoMSlad de todo el clero, y esta amistad no es de escasa importancia, sobre totlo en Kspafia; se conciliana la buena voluutad de todos los adictos al clero. 7 estos en KspaAa son nniy numerosos; se conciliaria la buena voluntad de los pueblos, nuc miran de mal ojo esas fortunas ^ juiurovisuuas u tan ]H)ca costa, cuando ellos pm lanar el pan de sus hijos tienen que regar los surcos di' la tierra con el sudor de su rostro; de los pueblos ^uc miran cscandaKzadosel triunfo de la injusticia y de la dHapídacion, y qne viendo ínaugarar el reínado del ( rdi f) y de la justicia, abri.2:arian alguna esperanza de que se los aliviase algún tanlo la pesada carga de la noeva contribución, tan;;ravosa para ellos oomo inútil para el culto y clero. j' Resulta, pues, que colocada la cuestión [ e«ifll4eilreBode.iji jusUplliiq ponte mt dur* ' dosa iipiiora, aun ateniéndonos unicainente a la autoridad de los mismos á quienes estamos ¡m|)u^nando, y examinada en<el laiiiiii> no de I I (■<•;■', ¡encía jxiMira. también es mas claro (|ue lu iii/ del día no ser mas que vanos fantasmas los obsláculos y peligro» con que se (iniere intimidar al gobierno., < Se nos habla de intereses creados, de derechos adquiridos, y esto nos recuerda qua bs mismos mísmisinios argomenlos objeCah» elseAorMeodizabalá los moderados en 1840, y recordamos también ipie el sefior Pidal le conlestaliu briosameule: uSi el señor Mean dísabol cree que se debe alemler i los iMm reses de las familias interesadas en el crc-^ dito, también delie tener presente (]ue no Íiodcmos desenlciuicruus de los d^íiecbos j a justicia que asiste á otras riases beaeaé* ritas, como son el clero, las relifíiosas, los, esclaustrados, y esos participes legos á>, quienes se quiere privar de lo uue juslaOMMM; te les corrcs()onde porque kr nnrédnanB dii sus antepasados.»

Pero dejad a un lado, se uos dira, Jas calzones de justicia; dejad á un lado la mayof» ó menor exasperación que una medida semejante podría producir en el ánimo «le los unos, y la gratitud y bcnc\()loiuia mic po-' dría inspirar á los otros; dejadlo tono á WHi, lado, a(}iii hay una consideración gravo^i trascendental, que debe anteponerse á laíl demás. «Li cuestión de los bienes del cleros como ha dicho el Tiempo, es la euestion del troliierno representativo 'número del H de julio). l¿n las continuas sacudidas a que uii sistema rttcíenle de gobierno está eapoesln^ solo la creación de grandes intereses materiales V políticos pueden sosienerle lo» bienes del clero son los mayuies intereses ea que descansa el sistema oonstilocioiial(núm«MI ro del 17 de aiíosto.» ¡Qué confesión! ¿Lo habéis oido, pueblos? ¿Ilabeis oído a que se reduce el sistema constitucional y el sistema representativo, tales como lo culicnden esos hombres que acusan el Pensamiento de la A acion de atraer sobre Espña una reacción espantosa? ¿Lo habéis oído?. Para cUosto ctic>i¡ni) (le los Inenesdel clero es la G«ea*4 tion del fíobierno representativo; para ellos ' los intereses del sistema cunsliluciuiiai se> confunden con los intereses de los c«npr*«f dores de los bienes del clero; ved, pues, si esos intereses son los vuestros, vea si sois vosotros los que habéis ganado con la venia do «SM 1HMM&, y ved ci mestros inkresps. ó aquellos' [lili.^^llli^il^ fíl interés de Rspnun os 4?l inlon's ílot sistema tauikiMáoital, y para quienes e( interés del «irteiTHi cmMtHuf mnal el intorós de los fompi'adores de los bienes del clero: contad rnUf vo5nlrn5 ninntos son los compradores de bient's del clero. y jii7|!:ad si ellos son ia mnynrín. ó si no son masque ün número ia*if!:niífc;in(f\ y deriflid enlonre^ qniT'n tiene consigo In mayoría de los espaíioles, si d Pensamieulo de la Aacion ó sus ad\erhuirinmos del ruinofio cdiíieio rreyeado que re^oem» ea siis concavidadea atpíelM fati-» dicas palabras: Lot iftoM «a - tai» 4» «girf.

N'o, nn [niciii';!i!initir estns fie 'rtíins la mayoría del partido moderado; jiort^ue esa ialBema mayoria no fta comprado bienes del dero* ni ha medrado en las revueltas, ni sflcrtiín mas provecho que pí»rd<'r irrnmlcs iotcreses, costáudole ciertamcnle bien caras iai ilvaioBes cpie nn día hubiera abripdo: no. e-ín iniiicns;) ninynria no querrá arrostrar In responsabilidad de que sus doctrinas y sistemas se confunden con los intereses de mm poeos; intereses adquiridos en fuerza de artos rpic!<> v.v.\< -cIim tu del r-:presiul» partido caiibcu en e|>ucu muy reciente de «justicia y despojo.

ftñtH» causa la que no pudiera sostenerse ■to por semejantes medios! Aqui estaría la dimo8tracion mas convincente de que no liene á su üaTor el derecho, pues que m» piede sostenerse sino con el hecho; de que está contra ella la inmensa maynrfa de la nación, pues que para resistirla ha menester aKudi^ el apoyo de «nos pocos, aseffannd ilí's ¡liri-iiés forliinrisí ¡Triste sistema el que no puede sacar su vida de f^randes príoeipios, de intereses le{?ilimos, de instituciones respetables, de la opinión y buena ▼oluntnd de los pueblos! ¡TrisU* sistema que ■ecwíilara buscar puntales como eso:» ha-«íMolos estribar en laínjosticialSí nos cupiese la des^^racta de que la fuerza de la verdad nos;imncnse itna eonfcsTon semejante, no nos detendríamos a impu^mar a lauijua adversarios, no nos alitverfanuis á fonsiirnar en nuestros escritos quo - o! partido absoliilistn se lia presentado lainhii'n coa una (rencura que pasma á defcnd»T sus dsetriiM;)» niQv al eonirario, huiríamos del rainosn c lilinn pareceríanns que iba á Aplomarse Mibre nuestras cabezas desde el Mnento que bubiésemos reconocido que m apojivs' principeleason, no la verdad y « jaftMMv fu» ali^iBOf-iiilaiKaes awtBriaiw^ mohre ta sUttacim^ Mailhd fl II dvt inÍMit* me*.

lía sífin desgraciada Kspnna en nn aprovechar las numerosas coyunturas que se hau ofrecido para establecer un ónlen de coaaa recular y duradero, con el cualestuviésemos ti ctduerto de las revoluciones y reacciones que de muchos años acá desbarran las en-Irafias de esto país desventurado. Ea 481 4 no comprendió cl u'\ los intereses del tnmo y de la nación, dándose luirar con una acm de desaciertos al trastorno de 18¿0: los consiitucionales por su parte hicieron todos los esliier7(»< pn^^ililcs para encender la discordia y aumentar el desórdea; |r cuando la restaunteion de I893debia manifestar ove no bebía olvidado las Acciones de um uhnesta espcríencia, se mostni taodiicn muy di&iantc de aquella cordura y previsiou que las circunstancias reclamaban. El curan d« alüiinos años vino á corregir los errores, creando una situación (|ue se^un todas las apariencias hubiera sido muy estable a no solirevenir primero la enlerniedad y despues la muerte del rey: aoonteeiniienlos aciagos que desencadenaron sobre la Ks|)aña la bor« ríble tempestad cuyo término aun no se di-* visa. Desde aquella época se babria podido dudar muchas veces si Ins hondires iiífluyenles en los grandes negocios del K^tadu se hallaban en su sano juicio, sí desgraciadamente la historia y la esperiencia no nos enseñaran qnc en tiempos agitados y revueltos las pasiones y los intereses levantan una espesa polvareda, bastante á cegar loa en-* lendiniienlos mas claros.

Era de esperar (|ue después de tan iar^oa sufrimienU^, di'spues de los peligros que lia corrido el trono, sobre lodo desde el pnanuncianiiciitít (!r s(^ii('iribrr\ rl desengaño habia de ser completo, couq)rcndicndosc cuáles son las verdaderas necesidades del país y!«§ medios mas á propósito ¡Mira satisfacerlas| Digitizeci by Google lügos'ée la Tevolfidon, emo lo dejaliti^ jwnor tí! que on otro ttpmpo la haWn coqileuaUo cou lodos sos fuerzas y prcseoládola i los ojos del público con k» mas negros colores asi en la tribuna como en la prensa, tomarían decididamente e! iiiuiido tío ahogarla daiana vez, ya que la ()|)niuuuiiad los brindaba tan cumplidamente. Por desgracia no ha suctMÜilo asi; y ds spucs de un año de incertidunilire y de revueltas la nación no ba podido conseguir lodavia el resultado que esperaba de su íevanláiDÍenlo contra Espartero. Cm vanas esneranzas de í;ol>cruar por medio de una coalición innmsible, coa ua aíslenla esccpeiónal provocaoo por los sucesos de Alicante y Cartagena, con una larga crfsis ministerial' efecto del desacuerdo entre el marqués de Viluma y sus coleífas, y por íín con ta Mttma temporada tniseiirridá di'stií' hi ("onvocnoion de cnrtrs rnnstitnyentes ó relbririadoras, se hn dejado pnsar nada menos que un año sin resolver nininnia de las {(randes cuestiones que la revolución ha drj;i:io |)(Mi(liiMit('^'. líu vano laiinMiiabli'strnstornos lian venido ainone.slando sobre el |)e-^ Kgnide eonttnnar en semejante «sHhío; en taño la zozobra del público y urtlicías de nuevas cnnsptmrinnes hnn índiciulo que nos halláliamos sobre el cráter de un volcan; en taño todos tos hombres juiciosos y prevíso^ res han claniado para que saliéramos de una situación lan anmi-^liii^a v arriesgada: los que podían salvar el pais no luut akanzado á conocer el verdadero camino. Y á ceguera debe atríboii-se mas bien que á e^prosn designio, dado que si la nación hubiese de pasar por nuevos trastornos, ellos fueran sin duda las prímcras victimas de la veni^niza revoluí ionaria. Como quiera, In rierto os que las circunstancias oslan muy lejos de preflentaitse satisfectorias: la dHlerencia y taríe^ dad do opiniones es cada dia mayor; la división de los ánimos se va haciendo mas Sroronda; el encono de los partidos se mues- « cada día mas alármame; la inqnietud y la zozobra se nninenlan: y fluctuaiidd [oses*- piritus en medio de esa ince. tidiiinliiv que no se ha querido quitar ni aun disminuir, IM» hay temores por exagerados que sean qne no puedan toner sn fundamento, no hay esneraaza.s, aan tas mas insensatas y crímínales, que no puedan Dffm|>ear, enardeciendo las malaa pasiones v poniendo en inmiñenle pclípro ía f rnTirjnÜHlad pública.

fio se ha qu«rwio comprender q«e «b una IaitMeíoii tan crlt¡<s ^ 6i^tÉMÉCfa necesaria . un ]M»nfamtent(> fijo que sirviese de bandera ' á todos los hombres honrad(Mi. ¿Dónde está ese pensamiento? ¿Qué ha dicho el nhmto- ' rio á la nación? hn un nais tralwjado por tanta discordia. por tan nllatada cadena de : trastornos y desastres, convocar unas corles I para reformar la Constitución del Bstade, ei i' di-rir, unav onrlos rnnstitnvrntc?, v esto sin <i (lt> terminar cual era la reforma que se debía ij hai ci. con vagas indic^iciones que dejascaá |) los pariidos ancho campo para esperar el i! triunfo de sus respectivos principtns, es pr»- Íner á la nación ai borde de un abií»tuo, es amontonar cembustibles' fMft nw de eaai . conflagracionea de qne ha sido ttetínaa lautas } veces. Es imposible que haya concierto, que ha- ¡ va unidad, cnaiMo no se sabe á punto ija loque se ha haicr: los ptieMos ronm los ¡ individuos tienen nuiclin adelantado ctiando jj ven el punto a que lian de diri¿;ir sus pasos, i cuando se les nwrca el sendero que hoo de! seguir, Y los que han de servir de guia se colocan "delante. Nada de esto se ba becbot se ha hablado de reformar la CmuMiieimt; y el pais, que tenia dei ct ho á cspemr eler I vados |)ensnmíentos de gobierno, ha nido las palabras de flexibilidad, de imhie del sislema représGutativo y otras semejaulci^, quo mas bien le habrán parecido man/ana do i nuevas discordias que el término de ellas, i Tocante a las demás cuestiones, ui una sois se ha resuello satísfactoríamente; siendo no* I table que el decreto sobre la si»sp<*nsif,n He: los bienes del clero secular, medida <jue ca I concepto del ministerio debía produrár los re* ' sultadns mas halagtlefios, ba dissnstado í ' todos los hombres sinccramenlc religiosos r eneungos de la injo&licia revolucionaria, taá lisonjeada en la esposicion del minfstm; ba irritado á la tetolneien, que ha temido noee i le arrebatase su presa, siendo insuli<"iente á i calmar la inquietud y ansiedad de los comr! pradores qu(^ no ignoran cuánta eaen Rsptí» fíala instabilidad n>iii¡?liM¡af. y rnan poco , valen la^protestas y lavoluntndde uo minie*