tcrio aun cuando sea firme y decidida. I I)c esa incertidumbrc, de esa vaeilaiÍM ' de ((lie lia adolecido el sistema del gobierno, ha participado la nación entera; baslando I para convencerse de ello el aspeóla que^te presentado h» elecciones, no obstante «i no ' naber rompareríHo en h arenn el partido ' pro^rcaiala. £a otras épocas, si no había «erdtdérft \m(ké éa (icnsamicrttos ei tábanse los pitvírríimns con rierlos nombres que, auDquu por lu cunma eaceirabau oías «pnrieMW que realidad'^ eNiviaipatéBUiiite do bandera. ranlitabnn la reunioá- de los hombres di<! linus mismas opinioaes y la tranmomoü ealro loüijiie las profesaban dlfereu-ÉÍir;'f«o ahora cada cual ha andado por su icamino: (¡iiipn ha rreido que la reforma de éü Constitución kibia de dejar intacta sa «me»; quite lift «pinado qie la vafitei<ili Mm^iserfrefiUMa; quién se ha persuadido que las pmXimas Corles eran llamadas á ioa^garar ana épouu euterutucnte nueva; ^^■ióii 88HMM¡iiii|HmNÍ#ifimaoki'efwera eadas part^ consolidar lo existente yasegw como suele decirse h >ituacion. <^ Amu entre ios uitsmos partidarios del go~ tierno, -y q«e hacen franca profesión de ser sus defensores. se tin notado In misma indecisión, la misma uicertidMUibrc: unos quieiMvir UR poco mas allá, oíros quodarse tim$ *acá9 fW manera, que ain cuando suponga* l^iiisqne el irohierno alcance un triunfo comprobable. qiK^eaet seuu de las imim'taD ptvfimda, ipisiiid<nn' daUe ponerse de acuerdo en io5 paiita8:4M9 cápilales, mb muchisíiiM tra* ¿ajo.* ' •11 ■ • I • • « ' (c.i líkCmm m\ §tkmm»iio -ha dieho lo qne se proponía hacer y no ha rornnilndo niníiun sistema, los esfuerzos que hayan hecho asi él como sus partidarios para akan^r el iríuofo electoral. habrte étM» Nailafae á indicaciones relativas á personas; y esto, al MM qvñ coarta en oio'to modo la libertad Mm el«ttoPta, >áifta üo pona vMea ¿-la «MHt ctiMfMteMa de dofcociir. Cada provincia tiene sus miras. sus afecciones, sus pasiones, sus intereses, y no es íacil «fK al ¿BBijjtripIpa oaaáidatos se fncéití mn el conocimiento y tino necesarios para no herir la susceptibilidad de muchos electores; cuando por el contrario si las escitaaÍBae»cfue se les dir«^ so reüefeb únicamente a la salvación de un sislen\a el cual saben en qué consiste, y se tiene la reserva cenTCuiento para no entrometerse demasiado «rla4lliestioap«|rBtiial, el país forma «wjor concepto del tiobiemo y del ])ariido que anhela el triunfo, porque se oculta ea cuanto eilw el' iluiúi i» M'MrBoiMU» y w natiifiesta únicamente el de las cosas.
Cada dia se va robusteciemh) nuestra convicvii^ ^ <]ue se > ha^ (iesaprovecliado «na ocasioo amf^jfHktáBñ deialvar ñU^éáfifát 3ne sin necpsi<lad de ni?icnna cla«e «se ftah ado rodeos pelifírosos, (juencndo cvitat qaicM el llegar á un punto al que por pF««Í^ sion se hahni <le llcirar. lían creído algunos que se lornuilaha iio sistema de eohiemo con dc^ir «ni los progresistas ui lu^ absolU' tialas;» pero gi mcn se Mira, ealr «« «i mas qiic nn pens^iniiento netralno. v pensamientos negativos no vive la sociedad. No basta saber lo que no se quiere, es necesario saber lo que 86 qaiere. ' ' •!
Se nos dini que lo (pie se quiere es órden: pero este orden, ¿cómo se alianza? Todoa loa gobiernes) v^lnmos íu teVelMi4MftilQt\ inculcan la necesidad del orden, porque SÍn él no hay oliediencia. y el que manda deseá ser obedecido: la diforenciu entre los gobiernos dijimos deetle nombre y los rfcvelMíq^ narios con-^islc en oiic (•slc)>^ iii inlieiien «na sonia a^íilacionen la sociedad; para^ levantar cuando les convenga una tempestad que abi ■■le áfOiseneai nos. al pM04|«e'mttBellei procuran en-' -in;;!- th lnv!os intereses v opiniones que cal)en en el circulo de la ley. cabnar llkr«]ca8|ierac¡on 4t fm ánimos, eMMt^ denar las pasiones violentas, no proponién¿ dosc «Mlicainenle la conservación del órderi nuenlras a ellos les iuterese, sino haciendo impQiible par» ñas adelaste SQperMrbacien!
Este es el camino (pie dehia seírnírse, V para ello era necesario resolver de una vez la nicslion política, y preparar con medidas atinadas y reparawitslB solución de I» reH-¿ líiosn Aun cuando no se hubiese logtiid(^ otro electo que ahorrarle a la nación esa ineertidiiaibre.yi03aibni endite ha Tirido y está vívieido, y el proporcionar al goMemB el tiempo y sosíes-o (¡tie ha menester para reorganizar lu aduiimstracíon y laíiaciende, ya era de mucha importancia' ol resuUaéoí ¿((ué será. pues, si consídenMNBqueno sM lo no se ha obtenido esto, sino que se batí inuitiplieado los peligros basta un iHinto en que no es po>ihle pensar sin que el ccIracoÁ' se con!:^: * '^i;. I> i im; Tamos de que á hl vista de las látales consecuencias que h»' traido el actual sistema no se havan arrt^pentido mts de inia m les goburienteede ha-^ berle salido; y mocho tememos que In^ lecciones^qt^e en bre\ e tiempo van á recibir IsÉ ha|;áir#si>erlos ojos UnmetfNindiení (|iic tomaron la escabrosai>iieilAa, Citando iéi era Ion \':u-<\.'ntrar e^w^ttMÍB» Mintf f deseinuíirnzauoi »"• • »'•*.'» s*ff 't «c Batre los partidarios de la situación y los 4del sistema que se atribuía ai marques de Viluma, no había en sentir de algunos mas diferencia de o|)ÍHÍones que en lo relativo á la oporttiiiidad. Al d "l ir de estos, el objeto <ef a el mismo, solo ({üc müqí sc proponían alicsnarle por medios eonstitueioiuilet « inieatad. Bajo el aspecto pulilico, pues, la cuestíon estaba entre el trono y la revolución, j los que contrariaron aquel siaienia, por ma» enemiioe tum wem de ella, fMden estar le» finros de <}iie sin pensarlo sostuvieron la causa levolucmuaria. Suspendiendo ia venta de todos kM bicBes del emo seevlar y regvtitas los otros creían que era mas hacedero, lar, se manifestaba la voluntad deeídida di y sobre lodo mas pronio y ('!ic;i7. con el ejercicio de' la autoridad real. £slo no obstante nosotras creemos, y lo hemos creído siempre V asi lo hemos oonsi.í:n;uln on diferentes escritos, que el asunto enlrañaba al,;xo mas que una simple cuestión de oportunidad, y 4ue por tata qae quisiera disimularse liabia en el fondo una vcnlndcra ciioslioii de prin-C^)io)>. Difícil es decir basta que punto esta eiiMtíon<8e presentaba á los ojos de los mi- I los homores que proli atajar las injusticias de la revolución, de reparar en cuanto fuera posible los quebrantos de la Iglesia, y de apoyarse, no en km inte» reses creados por la revolución, sino en la razón, en la justicia, en las ideas y sentimientos nacionales; y con este paso ponía, es verdad < en. desacuerdo con ia revolneiaii y mostraba deseos de acabar con ella para siempre, pero en cumbto se atraía á todos DiStPOs; pero puede asegaiarse que índependicnlcmiMUc. ric la opinión y vobmtad de «líos, la cuestión existía, si no entablada en f l^contejo de núflÁstros, entraftada por la rnfrllTI1..nf de las cosas. Es evidente nrneba de lo que estamos diciendo, el que desde la retirada del marques de Viluma, y iaa pronto como circalaron sobre asie sueesó noticias mas ó im'nos exartas, pero cuyo fondo era indudablemente verdadero, se han nanifeslado en el pais las mas vivas símpatiai en favor del sistema del ax*ministro; v por un mstmto que en tales cnsos suele ser muy cortero, se han puesto de su parte to~ áoalof Imnbres que desean acabar os» la re> I do, cfne en la divisioá aumifealada e» 1m yahicion de uui vez para siempre. Sea enho- i candidaturas, el nombre del marqués de Vi»> rabuenn que los ministros y sHS partidarios se | lunia ha l¡¿íurado como el emblema de los ha^yan proclamado en alta voz enemigos de | prmcipíos monárquicos y religiosos. £tt vano la MfajÍBcion y protestado (]uc (ieaeatt tam- I los sostatedoraa del sótaal sistéaia se Iné las ereeiuias relif ioaM, y tm aquellos qat wé profesándolas no quieren medrar en los disturbios, y temen que si se repiten corran ))clij;ro SUS fortiuas y sos vidas. aala aspecto, pues, la cuestión estaba entre la revolución y la rcliirion; y por ma.s que loa que conUanaruu ei niciicionado sistema ba-^ van protestado que deseaban repaiw lea t íes de la Iglesia, atender á la manutención del culto y clero y entablar negociaciones con Roma, la opinión pública ha mirado la easa eon otros ojos, y será difícil quapoeda persuadirsela en sentido contrario. ^• Tanta verdad es lo que estamos indican bien matarla en las próximas Cortes; nosotros prescindimos de las intenciones, queremos dar por supuesto que se bable de buena fe.
empeñado en pintar con los mas neiiros colores las doctrinas reparadoras; en vano bai| ponderado ios peligros de una reacción es^ ▼ qne se aWígae el designio de eiecutar la I paniosa, {H-ocuranik» aiaiinar ioa ánimos mm prometido; pero lo cierto es que las cosas, mAs poderosas que los hombres, están indicándolo contraHo, y que la nación, acostumbrada á desooÉBaf da palabras y a jiizi.'ar por los berilos, conoce muy á ias claras el punto já que se ia conduce. «: r Sn fispafta no hay otro medio de asegorar d óruen que robu.stecer de una manera real y efectiva el poder monán|uico; y el t^XN^o, organizando el pais de su propia autoiídaA^tni¿Müba de ^Ipe su antiguo prestigio, y se mostraba a los ojos de la nación con l¿da la fuerza que todavía posee, y para cuyo ejercicio no necesita mas que vokin- ■ triwit!»: sabeaKis k^queen4alaq imaginarios temores, con anuncios de proyectos insensatos: los hombres siacenuaenit te adiotM al Ironoy aasanterde « éidand» cosas estable y daiadero, m ban mmníiú do esos fantasmas con que se les quería amedrentar, y no ban querido persuadirse de que Tuera imposibje la wríoa da tadat las opiniones monárquicas y religiosas, seft cual fuere la división uue en los ailos anteriores se hubiese introuucidp. >,.. I>jw;t<^ Cuando esto escribtaNS' igMSMBBi<aMii»^ ¡nultndo de las elección^, y estamos distantes de lisonjeamos con ia especamia del la -tanta f el influjo de urta situación rrenda, por poco nu- Bkerosos que seaa su6 parUtianos, y tampo- <• dweaoMMMw los McaMMieon que ha de luchar an partido, que si bien cuenta con el apoyo de la inmcnsi mnvoHa dt» la nación, uo ha tenido el licnipo necesario ^•n Mf^aninrie £ual eonviene, mayormeniu niniulü esa organizncion no fjniíun ublfneria por medios rlnndestinos e ile^iliinns, sino á la luz del dtu y u Ja sombra de la ley. Par «sias causas creenas podré done por muy satisfecho si losrn que totnt»n asiento en los escaños de las Cortes algua<» homfaraa do bostaale aoergfn pora levantar la vía y decirle á la aaaion la verdad toda entera: esto es lo que imparta; las cuesliovanas prontesas, j to aleMfaa á nu^aa if los hechos.
Para prepararse debidamente é loa ¿randeoaconteerailentos de que scgnn todas W Krobabilidiulps ha de ser teatro el pais, hi»- rá influido no ¡)oco esc movimiento electoral, que por escaso resaltado que produzca tocante á los urnas, habrá hecho qoé aa iiprovinicn y se entiendan hombres cuyas opiniones distan muy poco entre si, y que tiempo ha debieran militar bajo una nMsma bandera, si los interesados ed (in^ngar los males de!a p^\m m hubiesen pri-'-nr;ulo ocultar la verdad, lorneutando uuu discordia que soto pudiera estar sostenida por mar mala inteligencia. - /.Qué quieren todos bis hombres que líO oes se resolverán líias ó iñenos bien, ó gas* se proponen medrar a costa dei pübuco, y wion I que no se han enriquecido en medio de loa to de ja legalidad doaueanle, poro la naaion sabrá la verdad, y de^NKa de uaB htyes .vienen otras leyes.
Lo hemos dicho otras veces y lo repetiré- ■IOS aquí: en p«>litica conviene saber esperar; ij ra dominar la lirine/n de la< ron vicciíjnes, la generosidad de ios seulmuentos, la energía de la, p..^.., w«.w..^. j.^^...^v...^ TalMitad no ae oponen á una conducta pru- \ tenidos con el decoro que cumple á una nación eminentemente católica; todos están profundamente persuadidos de la esterilidad Y basta de lo duiieso de las teorías ensayadMaa ifiie ao pueden apodorarae del man- I das en los últimos aflos, todos ven ton sos do sino con la sorpresa y la violencia, pero | ojos y palpan con sbs manos que con loi daade. Uaná de' digaidad y de calma. La precipitación para aprovechar coyunturas iugaces puede ser necesaria a los partidos disturbios, sea cual fuere la bandera pob'líca y dinastii a liajo lu cual hayan militadolf Todos q^uieren el trono bastante robusto paa los partidos y mantenerlos en el terreno de la ley; todos (piiercn la religión acatada y el culto y los ministros maniofi que cuentan con el voto nacional, los fae entiaiiun una fuerza propia, hija de ínlareBea legitíaes, de principios imperecederos, esos deben saber esperar, porque el hacerlo no puede arrebatarles la victoria, que Lieneu segura eu un cercano portanir.
Fn e! ])reve tiempo que secstñ en^^nyando sistemas se;:uidos hasta ahora son víctimas de un estaso numei'o de hombres, verdaderos Iralicantesen revoluciones, que esplotan la candidez de los unos y la debilidad de los otros de una manera escandalosa, i^iaro es pues que la divergencia entre ellos no puedo ser mucha, y lo que les interesa es aadciarse para robustecer el trono y la religión.
el sksleuia lie la legabdad parlamentaria se | aiianzar el orden, é impedir qoc se repitan haviato ya bien ámachiraB qve la revolu-* los ' * ' ' ' " eioa no abandona sus designios, aue no se da por satisfecha con la seguridad uc que no se le arrebatara la presa, coa tal que se «haieafla de devdrar á laa que ae la ceden^ y á la vuelta de algunos meses se habrá visto todavía nuis claro que los hnnd)res de \ la situación no pueden sostenerse contra el I aoipnie revoliicieiiano, aína llamando en su | ;!!)fn 1 n esa inmensa mayorfn que con solo removerse un instante derrocó á Es|)artero, ' hundiendo con él á cuantos le sostenían. Batanees, CMndo -qanás se iuToquen nuevas co;tHci'>Tie«:, <:(«r;'> pre-^fso no contentarse trastornos tevolncionarios, y se prolott^ guen dearaaiade esa ansiedad é racertidoni* breen que nos estamos agitando, seguros de que no es imposible una traosaceion legítima y prudente entre opiniones é intereses que se han pretendido ¡rrec"(incilia])les.
Kl tema favorito de los qu« se empeñan en sostener la discordia, es que si el partido monárquico llega á liliertarse de ta ofpresion en rpie se le ha tenido. s-e arrojará sobre sus adversarios sin distmguir entre los nuc le hicieron resistencia y los que, reconciliadoa con él, le habrían auxiliado. Procurase pintar con los mas horribles colores ta reacción con esttpulacioaes de palabra, no tiarse de * que amenaza, y no parece sino que se le 1)ara Indos lo> <|ut' m lian militado bajo lai» )«^era:i du tí. Caiio.>. Si c^tus íiieclados. . tMOoras n0'efid(a66n la risa produciriaQ la indignación, |K)n|U(' ú loa «jos de todo hombre observador es claro (|uc la reacciou cou qatí i»e amenaza es de (odo |>unlo iniposible. r ¿Aoa.so iu> di'jaii Imella, y iiitcüa patilluda, «áí en las itlcns roiiM> en lot» hechos oace aítoi de revoíuciou? ¿Ks verdad acaso qnÁ.oon Uw larfo tíeoipo lo» hombres y los lürlídos lio hayan aprendidu nada? l'aru formar juicio de las cosas ¿ debe atenderse ¡lor veoiuca álatf palabras mas o menos exa^era-4bs dfteBle dae aquel iadividuo do pocos conoeiiniciilos, de nin.Lninn posición Mx ial. y (|U(' nunca [¡odr.i influir en los nea;ocios públicos? ¿No debe uliuderse mas bien al pus» geoenl ele las láetá « á la opÍDÍon de las personas resp^'laltles por su síiImt y calecía, ^ sobre UkIo a ia irresistible t'uur^^a d6 las costa,, (uas poderosa qa€ los hombrest Una rdacaíoo c^mo se nos pinta no hay par* tido (|nc pueda realizarla, no hay gobierno qye ^utída fomentarla; elsiuiple eu^yode vm «lea saaejaate supondría iioa abemhr ciou (|uc bien pronto levantaría eoutra sí a los mismos á (|uieiies se quisiera luila^ar; y lio cieemos que hayu cu Es|mííui mu^on Iwoibre madianamenle instruido y juicioso fute uo coaocioflo lo absurdo y funwto da ial toq>resa.
Si se tratase de un camhk) de sistema político obtenido por la tiier7.a de las armas, la reacción mas o menos fuerte seria posible y por dti proaU> inevitable; |»ero aua el mismo gobierno tríunTador se vería en la imperiota necesidad de atajarla en su carrera, reprimiendo con v¡<;or los elementos que |mr su i(ipleiM}ia y acritud comprometiesen la duradon del sistema que parecían a|K)yar. Mas ahora no se trata ni tratarse puede de un canthio a mano armada: lo que se puede iiacer cou lu piutua uu se (fóbu hacer con el i sable; y de todas las cuestieveS', aun las mas ¡:;raYes, no hay nio^na que no sea calían de una s«duaoú |>aoiiica« «ioa tal que los t^ncarj^adi» do obtenerla prooedan eo» lino y habilidad. y sobre todo con buena fe, con miras elevadas, snpeñoresá los intereses de iMiüerables paudiiias.
Ya qttft tanto se nos babla de reaoetoiics violentas, ya que tanto se uos achaca (pie tratamos de provocarlas con nuestras doctrinal^, tuireiDaos iudic-acion, bobfe U oual juicio;íos. ¿Se ha pensado bísla»le en fit?ea fuerzu lie dei;i»iAar c4»iHra larieaocfoo. \ de apellidar reaeoieoOTÍesá«oaMsBlraba}8Ó en defensa de ia cau«ía di' la ra/.on y de ia justicia, seria posildo qtte andando el lieiii|K» se provocasen acontecimientos cuyo desenlace nadie poede adivinar? «¿^ié queiiíi siiinifirnr ron r'^to • nn-^iWri. l'na cf>«a muy seocilía: ^ osoiros herís umi uaa mano la revoluoion f eo»1a otra la áiis el «liiue»> lo neeaaarío pasa qw no pensca; es decir, que la inanlenei? vívr poro irritada. bien ((ue sujola con una cadena. ¿Estáis seguros de que uo flaqtieafá al|(«Bods lasealanoMa^ A (le <{ue al^n dia ao os encontréis; ron (pitia líera se h i -^oHado. y qno nrroja sobre vosotrt»:» inaiiiaado (ie rabia Entonce*, ¿que se hace? ¿Estáis seuaros de que el leTanlamiento de una hand rn tu» ] nrl ia de rechazo provocar el le^anlauiicQto de otra? ¿Creéis «que partidos mas fuertes que « vosotros serasifqíarían tranquilos á perecer esa vosohw á manos d© la retokicion? ¿C.reeis imposible qnactf dij^ap: «yaque voaotioa bañéis sido bastante inaeisalas pawt' éafar con vida á la revolución y ahora soÍ8 demasiado débiles para resistirla, nosotros 008 eucar^'üinos de salvar el trono, y el orden público, y la aociedadi foni smí trabajando, de nuestra cuenta, y estableciendo en el pais el sistema político que mas bien nos parüzca?» Ku |oi vaivenes de una nueva fierra civil, levaniadas lasipasionest eMb^ nados los:u5Íiiif>s con la efusión de sancrre, ¿adonde inainos a.uarar? Lo <j[ue ahora no quartittMMederéttiiiegDoiaaaDes, (luizai lo habríais de conceder á la fuerza de las armas; quizás aceptarlo romo un hemíficio, a^radecietido la generosidad de quien lo dispensase. ¡Qué soeftaÉS dilfé: {pera be* mos visto raaliasdos taiCosy tanlaa..
t ttn nttew» fa»m de ta r^>ofNWMI» g0m dei tramfK La revolución español i n alta de prebOular uaa nueva fase, ctivü miporianaa se ha decapar, no (anU^ {)orJu<qMe.e^.en«i,, ooluu |)«ír loqur tiucia. Es{>reia voluciou, tanto la que grita en las c^lje^ y, las plii/.as, coiui» la que ^stí pavonea un el parJííinijnlo; esito püUiau Uecii", nípcl'mKWy pon|u<i dcjitle el iiiuiuenlo que haya Jlefií'doa s^uou el purltdu cuya furviaciou.ci>ii)ícqz«\ akuny.auuo la or^^aur/. ^ u (jue lia incnesler y que t on al.itiuia ¡a no le i-oradíficil K'-i. v:>[.is. tlasla a(pu eu lab urnab uo se i| adquirir, la revoluciou babea muarto, sc(^ cual fueie o! nond>re que lüinoó el d¡bfra?i cim que í»e oculle. -, So ha iü^^radu aclarar lo que, significan cierlos ni'iuhres,.se ha lo.urado «juilar disn fiaces; la nación ve ya las co- ' ' s comut suu en SI, \\ú al IraM'ij de Ci., is apa-; rienciaii: este es el primer pas4> que se lia-, bia de<lar en el cáramo del bien, y este |)aüo está dadu ya. t Hay cierlos h<»n)bres á quienes la opinión publica acusa de inconsecuentes, y órta itkp, consccutincia se ha uuuiirL^lado eu las úllinub elecciones de una manera tan clara y, líuj palpable (jue juslilica plenamente el cargo (luc de mucho tiempo mUes se les dirigic^-» vq. Ilay cierlos hombres que en medio de siis ahudi's (ic I'I ( mlisujo > loleiaíicia sonacusa^ d(» i! • r (S é inloleranUís; y.cüa intolelaimuL } e^e i.>r>clusfvlsmo se han manifestado úlliuiaiiienle de (al:>uerte, 4|ue ha dañadU mutlusnn» a la cansa que se, proponiau sus-n teqerv Kl ¿íobicrno ha te-nido deH'nsorcs muy celosos por cierto, i)cro nuiy ¡joio atinados; hay;ir;ii M' ^ mas lemiblesque loti adversarkis.
(: i! Iralü de de rril)a r á los progren sislas o dü conteueííos,,. Ivá hoiijbí;cs á quie-n nf„< aludimos excitaron a los monárquicos (nie acudiesen á las urnas electorales, y; McTcndieroa contra los» projíresistas ^l dere-r; cho do aquellos á votar, y ponderaron la; conveniencia y la necesidad de qu*' este de-, recho se ejerciese, y cul|Miron Li intoíeran-. cia, y el esclusiv¡í;nm, y el falso liberalismoi de los ijue á el!o se oponían, y se honraron;' do su alianza coa los hombres adictos a. los, principios monánpiico-relij;¡osos, y los a ni t, marón á que despreci/iran l^^s diatribas fl(^ sus advei>,irios, y se mofaron de los apodos, de absolutistas, de reaccionarios, de carlis-f.
y. dijeron (¡ue el sistema representplivo; era sistema de mayorías, y que era prccisof, buscar estas mayorías donde e^sluviesen. y. (pie lodos, lodos los ciudadanos, cualesíiuie-, ra que fuftsen sus opiniones, podiaii acudir, á di^K>sitar su voto en las urn ial quO| renuiesen las condiciomís exi-i u.i^ uor la. icy;y les inculcamn á todos, a loiío^ww, la enlabiado uuis lucha que entre los jplÁgre.si>ta.s \ l<»s moderados; ahora aquellos se lian altstiMiido de volar, y sin cmbar^co ha continuado también la lucha; pero ha sido entre hom!)res que, ó habían estado acord<;>, o solo habían resuello sus contiendas en el terreno dehts heclu)s.
Lu oposición al partido dominante se ha furinudo de la combinación de dos elementos: la mavoría de los auliguos moderados que, uo deseando mas (|ue órdcn y buen |$oi)¡eroo Si' han peuetiado piorundameiile de la niH csidaii de emprender otro camino muy diferente Uel que se lia sefíuido, y el parlidu monar(|uico. Esto indica la descom- ' ' mi del autifíuo partido moderado que 1. niicncia ha ejercidu desde iH'<i¿ y auuii apiirkion de otro enteramente nuevo.:><imetidu á cohdici<(Mies deheA>u()cidas hasta ah aM. Kii lu- oltiuios diez años si loH mou.tiqviK o.^.ii inih mn una tpie otra ve/, á l36 urnas fue, o |)ara derribar á los progresiatati o para del«'ue.rlos: nuuca habían ))roct'iIiilM (¡.' otra maii'.'ra que como jíimples - de los moderados, y esto en un orden Miuy secuuUario: oías ahora en. so alian/acou U)-» modenidos no p;írlamentarios, han obrado conformo a su» pi incipios; y si iiaii Iraiisi^Mdo eu al^o. ha sido tratando de if(ual a ij.;ual. nodo inferior á superior: han 1. - I de e>i.. >o la han compreudído Jos defeusore>> de la situación actual, y si bien es verdad tpie al empeñarse en contrariar un hecho cuyas conw;i iieucias preveían, han procedido cou {>oc<) acierto, acr^íüuniaiido lo mismo que se proponían disminuir; su \erro ha dimanado de la impresión en ellos causada |>or la aparición de ui adviM'sario con quien conocencuán díHcil leji s**rá medir sus fuerzas con esperanza 4Qjbuen resultado. Han clamado que ame-■Btaba una reacción espantosa, y su misma ü.va^eraciou ha hecho une nadie ae asustara \m el peligro anuneiacío. Lo que podían decir, y con mucha verdad, era que el hecho do que se lamcnlaÍKiu \endi^ a iuaiar la re-* distinción, que asi lo hicieran, pues á ello | Al comparar épocas con épt€»9, j bMV éMaban obligados por uu imperioso deber, á i resaltar la-iuconsecueocia de ciertos hom^ ello liabia de impulsarlos un grande interés, U bres, indignación causa el verlos oifiáaém aal MI el de salvar el trono, la religión, la I de sos doctrinas, y lo fue iMn« á» 'fMfi sóóíedad entera. ¡Qih' mudanza tan profun- f prorediiuiíMilos, y loóo con km fir9imr a t¡tie da! ¡Qué inconsecuencia mas palpable! Ilom- || ¡tasma. Que esa Ifrescura, capas de pasmar.
bres que ayer |)odian y debían votar procarondo influir en ¡os neV"'^'"'^ púhüros como mejor entendiesen, hoy son liu liados, motejados, porque quieiuu ejercer este dereeho; hoy se escita á personas respetables á que manifiesten púI)!icainiMile (|ue no pertenecen a la opinión que las propone, a que rechacen una alianza (|ne se pinta poco menos que vergonaosa. ¿Dónde estanms? ¿Y asi se habla en nombre de la libertad v de la á nn periódico de la situaeiMi, la wonifaayi los hombres á quienes ataca, nada tendriK de cstrano, pues (juien sosliene hoy lo q«e sostuvo ayer j)ueUe hacerlo u cara descubierta, es'presandoee sin rodeos, manifestando lisa y linnatnente su opinión y quedándose lue¿ío lan tranquilo y tan fresco...cumo decimos eu castellano; iu frescura que lío puede oonoebirsc es la de km hom^ l)res que rechazan lan desdeñosamente á toleraucia? ¿Asi, con un esclusivismo tan ji aquellos mismos cuyo auxilio invocaban poreat y tan chocante se quiere ponderar un I co antes, de aquewM que entieadeñ'Bu cselusirísmo imaginario? ¿ Asi. en nombre | beralismo éol modo eíguianle: «quina ne de la paz y de la tranquilidad de España en!' pi<'n<a y nn olira como el porvenir, se fomenta y ali¿a la discordia? J| anar(|uista o uu necio.» ¿Asi en nombre de un sistema de mayorías se quiere perpetuar el monopolio? ¿.\si en nombre de la ÍL;iialdad se quiere que un inmenso numero de españoles dejen de contarse como tales, y no puechin ejercer ningún derecho j)olíli( o, á no ser que sacriíiqoen sus convicciones mas íntimas, ú no ser qne se constituyan en instrumentos de quien si le sirven los halaga, sí no le sirven lea insulta?
Nu,no es culpable en esta parte la inmensa mayoría del partido moderadk); no, no quiere ni querer puede echar airfire sí la responsabilidad de lanía inconseruencia, de tanto esclusivismo. de tanta intolerancia: y al oír que se rechaza con tanto horror la alianza con los ahsolnlistas. que se declama contra las reacciones, que se aíío'.an los apodos, que se derraman con tant<i abundancia Kos dictados de fanáticos. faribi>ndns, apostólicos, teocráticns, absolutistas, carlislns, reacnoeaint es 6 «» Mal sistema, malísimo etstéma para defc»" dcr una sitnacion el de herirían desapiadadamente el amor propio de {rrandes partidos, et pintar a sus hombres como de eseaso valer, ya que se alirma que no pueden «Kiraep con ellos hombres de nnicho valer; malo, nialisimo sistema que desacredita á la situación en cuya defensa se emplea, dado que no suelen usarlo sino los partidos moribundos y las situaciones dese^^peradas; malo, malísimo sistema (^ue nos recuerda otras épocas y otros caanhioa; tristes monuflaentan de la vanidad de los peoaanientos del hombre de la cortedad de su previsión y di lt instabilidad de las cosas bimanas. - ' Para desacreditar al partido que se ha presentado á luchar en la arena electoral ¡ liasta se ha (pierido alarmará los sostenedores del trono de Isabel, manifestando que hw tendencias de ese movimiento á nada menos se dirijrian que á volearle. Ks cierto cionarios, iguoruolcs, contrarios al espíritu i que en ios programas publicados no se ha del siglo, incapaces de aprender ni deotvi- I visto una sera palabra qua indicase fiemen dar, amantes oel -detpotismo, de la inquisi- i jante designio; es cierto que en las candida clon, de las persecuciones de todas clases; |¡ tura^^ monárquicas han (igurado hombres de al uirquc estos dictados se acumulan, y que lan tinosos y fieros se echan contra lo cfueise apellida >T/r«mo; al oir todo esto, repetimos, les ha d ' ocurrir por necesidad (jue hace muy poco tiempo se les apellidul»a a ellos fvfhl{irado«jovellanislas,y lo que es todavía muchos compromisos por el trono de is»^ bel 11; eaeierto que la sHuecinn ne permitoni aun soiar en un aconiecimiento semejante; es rierto que no hay un hombre armado en contra de Isabel 11, pero todo esto, ¿.qu^ importa? Basta qne se nayan defendido oo» peor, horrorícense nuestros lectores, aliados ¡ calor los principios monárquicos y relifriosoiíl con los carlistas, llamándolos cario-moík'- U basta que se hayau manifestado algunos d#-* nioi, carhy-crktittos. ' seaa de wi inéglo quefneilitaae Hi'nei i'ilíacion (lo lodos los empanóles, para que se di¿:a «jue el trono do Isabel esla en pt-lipro, y que se provoca una reacción eu (]ue hahria de hundirse. Feii/nienlc el trono sabe lo que puede es|M«rar d(! la revíducion y de sus parlidarios; sahe los electos <|ue le produce el apoNodelos hombres que no quieren estribar en los dos ||?randes principios, única esperanza de salvación para la España: la religión y la monan|ula; sabe lo que valen er» boca de ciertos hombres las palabras de ¡ÜM-rlad y de patriotisnio, y lo ísabe por esperiencia, bien costosa por cierto. Han trascurrido cerca de doce níios desde se habian distinguido á fa cabeza de tos ejércitos, y que se despojase á la Iglesia de sus propiedades, que amenazase el cisma, que se trastornase toda nuestra legislación, y no se respetasen las instiluci )iies, obra de largos siglos; y tuvo que sulrir la ingratitud de un soldado, que oo contento con imponer al gobierno la ley por espacio de largo tiempo, se mancomunó con los hombres de la revolución para despojar de la regencia y arrojar á pai^es estraños ¿ la misma IN mcesa que en 1 839 lei^ abriera las puertas de la patria, levantándolos después del polvo en que yacían y lleque la Reina Cristina, entonces reixentepor nandolos de honores, de condecoraciones y la enrermedad de Fernando, concedióla mas de emplos; y para colmar la mvd.da, desaai|)!ia amuisUa (|ue jamas concedieran los pues de baher sido despojada de In tutela reyes, halagándose en el decretoaun áa(pie- ' de.sus escelsas llijas, después de haber vislius mismos que no podían ser comprendidos \ lo ultrajada su memoria y |>oco menos que eaél, pues >e maiiilcslaba el pesar de ha- i prohibido el mentar su nombre, y cnrndo ber de cscepliiar a los «lue h;ibian tenido la, se podía ya lisonjear con la esperanza á» desgracia de lirmar la destitución del rey en que los desmanes habían llegado ya á su Sevilla. No cabe espresarse en lenguaje mas I tt'rmmo arrojado del suelo es[)añol el c\-reclemente, o mejor diremos mas humilde; no gente, tt)davia le llegó la noticia infausta de cabía lisonjear mas cumjilidamente a los de- que su escelsa Hija. Reina, y Reina niña;os del último periodo de la época de trece años, había sufrido en su misma cámara un gravísimo desacato del presidente de su cíiiisejo de ministros, y que al referir ella, la Reina, la Reina misma. lo que le babia sucedido, al dar cuenta de clloá las Cortes y á la nación, se ponían en duda sus palabras, mejor diremos,.se aseguraba que eran una impostura, una calumnia. Estíos son los frutos (pie ha producido al trono el halagar á la revolución: estas lecciones son duras, y siéndolo no pueden ser perdidiLs; y perdidas fueran si se diesen oídos á los que declaman sin cesar contra los monárquicos y religiosos, á los que se proponen espan!ar con el fanlasina de reacciones imposiides, á los que se empeñan en maar tener al trono separado de los únicos (irincípios que pueden apoyarle y defenderle.
Decís que el trono de Isabel esta coi riendo peligros, y por desgracia decís una verdad harto evidente, solo que esos peligros vienen de la parle directamente opuesta a la (pie vosotras señaláis; vienen, no de los hombres monárquicos y religiosos, sínodo esa revolución ipie vosotros anatemalizíiis también, al paso que con incomprensible inconsecuencia defendéis los principios que le dan vida y los intereses que la fortalecen, halagáis las pasiones que le comunican aliento y brio. Vuestras palabras, que parecen dc- 7C