SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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dimrm La discusión promovida en el Congreso de diputados con ocasiun del párrafo dnl proyecto de contestación al discunio de la corona sobre la refomia de la Cpnsliturion, ha «do en eslreoio curiosa é interesante. La ¡irp'>rí;ínri;! de fos prinripins vpnli! nins, el graodordel objeto, lo critico de lascircuustaH€Ías bastában cíertaraente para que la esppesada discusión llamase vivamente la «tfnrion pública; pero el pertenecer á un mismo uartído casi todos los señores diputados ha necho que ios discursos delCon;;r(>so tincan iin interés particular de que quizás bubteran carecido, si hechas las elecciones en otros circunstancias y de otra mannra, halnesen figurado en las Córtes, auncpic cu niinoria, al menos en númfro rospetalm", los progresistas^ los monárquiats puros. Los Deeios consignados, los principios asentados, los recuerdos echados en cara, losproiio'-tifos sobre el nsifltado <ff* loque están íiacicndo las actuales (fortes son mucho mes de notar, y tienen tanta mas ftierza para fae« rir al partido moderado, cuanto «alen dL» boca de hombres que iiau militado bajo lamisma bandera.

AI examinar la conducta que el fiartido dominante está simiir iido ron respcrio a la " reforaia de la ley fundamental, se le han di- I rigido grafts incuIfiacieneB ftmdadas en los compromisos que le ligaban á no tocar ¿la Constitución de Í837. La pn^nsa progresista, que para hacer la guerra a la situación actual agota el Diccioiiarío de la lengua en bojea de las palabras mas terribles y mas negras, apelliila á los moderados périidos, perjuros, traidores, mientras otros que puedea adoptar Mmejaote lenguaje m colpan de inconsecuencia, y esfuerzan este cargo asi en ta prensa como en la (ri- £1 partido moderado daría ciertamente poca importancia á los carsios de la prensa progresista; la costumbre de oir ciertas deaomaacioKa en materias poUlteas va em-, botando la susceptibilidad de los (pie son üb- ¡ jeto de ellas; pero no podria menoa de il sentir en frran manera qna el Sr. Fattor Diaz le ^dirigiera estas terribles palabras: • Por U (lp todos los i^arUüoK, hay una <'os;i snlm» la ci?»l han traosigido todos y bao dictio: <U aquÁ no pa$9' remo$: «tío lo rtspetaretncs todog, ibofuí nadi«$at « ilrá. El Sr. Dravo MitrHlosin duda no ctinsid^ró legales esias ra7.rtn»'> |>f)rii;ii» lo8 |M)der«»s mnsllluyentes no licúen IribunMlr-s. iMirijoi' no trn fiicr/u qu»? maiirte w»hr«» Hlo^. Ks vi rtlart. soñore*; por eso \m I17PS son saiit.'is. por (SO, como no hay poder le miintiosotiio esos |iotlere!i,iMMolro»paiH>nio$ por testigo al ciclo; [KM* eiíO mÚ ahí M# OruriGjo; p<ir eso Sf jiirn. T l:i s iiiriiin (¡in-d i rn rl foníJo dt- l:i conrípntiri luUiii j; i>or f<;n los rí'yi"« (ioiumi la tiiann m>-hr« los Eviojíelio-.; (twrfso ios rc(iirs( i(L-)nt»'.s ilelo* pueblos se hincan de rodillas delante de ti»do»; por e>o deefiMMiinH! ctttndo traspalemos esos limites I)i(»» nos oon^mHn y por eso Uins nos c»»nftin<le;;ior-7f«e la Profridniria, qu« «* ta lógica 1/ el ordtn eter-III). para ctittújnrlas infractioufs i¡' la mnntlid'itt tmne verdugos encargado» d« la Justicia, y ««lo« verdugos ton Uu noockfim y <iif tmHonuít dt lot pmMot.»

Esas palabra^- ^ali'i'i^ lic boca de un orador que tanta consideración merece en el partido moderado, eran terribles y envol. vian una amenaza tanto mas formidable, cuanto no se invocaba la venganza de un miserable motin, sino del castigo de la Providencia manifestado en las rearciones y trastorno^. Si estas palabras las hubiese proferido UQ monárquico puro hubieran levantado estrepitosauientc la indignación- del Congreso; pero siendo elSr. Ptaior Dim quien las pronunciaba em preciso devorarlas en sdcncto, en toda su dureza, en toda su amargura, sofriendo aque» lia opresión doloroso y desesperante que causan los pesares qtir no consienten desahogo, y se concentran en el c#razon. Pucod dias antes el Sr. f^aíki había apesadumbit^ do también á su» antiirnos ami::os con im discurso lleno de verdad y de nobleza: faltábales esa estocada del Sr. Factor, para que pudiesen esclamar conK> Céaar: «¿'If ti ltun« üien, mi amado Bruto?. » Verdaderamente el Sr. Pastor estaba elocuente en algunos pasages, pero su elocuencia era sin misericordia: como sí no bastara 1:^ inMuenda invectiva qnc acabnmos de insertar, complacíase en uiM umar a 8U8 adí^ersarioa con recuerdos ingratos. Después de citar aipiel dicho del Sr. Oiano: (o que pomelo 4 loa onemigos. cuanda ««lau con lu anbtt en la ara», uo dejo de< plírlo cuando «stan desanuadn,» conti* nQftbt: «•Tmltvte, sf d<íspups de aquellos sucesos hii- Mana funáo nuctiM sjkw; todavta ai m Ii«l>i«ca» BHNllÓeado Im OMiilidoai^ il« h «nei«d*il; tmItvUi iJ 8t' hiiI)i'T:in |n*.ii)n nli:is revi, lijci. mes; tmliisia buhitTü otro i't iiiiitJo; liHÍ^ivia si íhúh' Ch ulraa tirrunstaiu ias lyuv liicíi>i:in in<lispoii$>alile y noccjuii ia la rtituruia; m se bubiirau V4ri»do las liase» üel estado soeial, lodavin podía iioderM en «Iímíuiímni d «ta élil la refoi-iiu ()eai|uclla lf> que tomamos |i(»rlt:uidera. ¡P^ro si h;ice diez meses nada mas; si ri-}<r.<'iian todavía las (lalahras ilcl nianilii'siii ilrl. ¡'nial, palabras <|U»! leyócl ulm iliu el í^r. i>osa(ta U.'rrera; si resuenaaqui t-ii t'sla^ lN >vi-das la la «-looiicnte vok del ár. MarliiM d« ia Aoifl, que dijo qiii> xodo lo que era ma« alM déla CoQiitiliicion de IS". que iiHlft lo qiii^ era luciios de la (■-oii>liluriiiii <li' 18." (rr.i nii (-riiii> n! IIuImi después un inovimit titu tctitralisla ( 011 ohji'ti) (te rfíornur ta (^üiisliludoii: ¿roo qué «econibaíiü? Guu la lejrfundaoHMUul.cuii |:t lt>y ki*!»-tada por twlos» con la ConHtUucioo de 1837. El pro» yeclo de la junta centralista era r«'fonn:tr la (>>n.stitudondol K>lado.y por eso ora faeeiosn. Si, sofKires, uo era eseel niciiio (je I oii-(Vi>ii 1(1, liicii lu v< i ino/-l o; poro sin cmUargo, Ion liunibi t;. <\ur liu i uii a hacer la (jue-rra a esos facciosos, pui ^ lu i ii>m)> «Tan, ^qaé invocaban? La GoDStilucion ile lKr>7. A los (pa* ilnni eoNibalirkiit que eran mis propios amigns, s(> Icsdijo espresam» iilf. se Ins pi omei id in» se baria allfracion en hi CuiisIhik ion di- 18"..Se liicicicrou solemnex fslijuilaciniirs. sDÍriums protuesat.Los quecomltalierou íuh &ul)if\ai iones cenlndistas, y algoaoN están ¿ mi lado j votan conini;{o, combalieron por ia Coartitacioa de 1837. Todavia hui>o sau^re para aanlüear Ja Constitución de l837.Tüdaviu bubo TlcliflDaa» y todavía aall6 ilesa dceacaUque.»

(raral hombre púbüeo, y al hoiDbre privado; después de h;\U'r rcconMo llSf i«ltlta94M afio ^JS.tlcI o'i.drl 40.(Jf»l A3:drspucstk ha- I bercilado las palabras del {jTnorai Aíimicfal sátira) ejército en 13 de setiembre ác f 83T, y las del.SV. Marlivez de la Itom en la sesión del! G de noviembre de lH:j8;de;^>ues de haber beiho observar cpie dos partidos {íiandes, numemsos. (jue tienen ideas y un |)orvciiir, r^iinn e-^íltiiil'is dr bnnriK dclLongreso, y que la reforma conslilucional se hará solo en'el sentido del partido qne esctusivamente se halla ropTesentado en ellos, se h.ice eafiio de Iüs conli-'ptneíones que sedul á estas objeciones, y añade: "Las conlcí l; ■ "oiic>; qoi' (I.in, «i^f ores, «.«n dÍK<i:)sdc ai¡{nii t.»iii^U), udc ai^uii escriluc úv. uiornl de baci* uno ó dos.siglos: no coulft>lai'iOnc3> q¡ae pu«>4lan liancrmi'lia alguna en v\ ánimo di* lo» vAore.s diputados, oi borrar ta impri'sion quf* han de iwodncir ncci'sariamciUi' en nn ror nzon nriolas palabras que on olro liennio pnifi-rí»n, comparaiUiü con la» obras, c ii Ins li..-, ili' iliura. Dicen |hii- (l.'si-;ir;;u que h li'i in jtii. <li> Ui^ luiidautenUM ) uotud;i bi lejf; ps dt cir. y M'i>:iio el {uis...y steuto <fnf se me lia|a escapado esta paiabr», |ioit|Me no fl« crea tineiago a|>el:iefaia i Dnafbcm esierfnr qne detesto ¡drmprg.

puest4M{ue no aliui: > ('t'¡iii> Icjitiiiui sioo l;i i^iieiUCt; ili' bi <líscu'>i(iii ) ( I ifuJco It'i^.il: <illfiai'> míIíi Iii, ilicen, sobnicnle fuiiil:iU)eiilus fli- |-i (^«lO-litiK'mn.» lu (|iiu á ellos leü parecía qut> era ñiiidamental j de MKMid qne podrá aer que venga un abaotalinia, na buinbi e que crea qu<> re!>)di> |>erpclnam<*ute en d trono y por su nalin ale/..-) niis:n:i la siil>er;im.i uado> nal, y aljtinr Ij (lniisliluciou dirá: v..jiiio lo.;nn ñor Pastor, después dt» liaber sufrido las reconvenciones de nno de sus individuos mas señalados, poca lueüa podían hacer al (>imgreso lo afaHfues del.SV. Posada, que por sus anteceden I»'-^ ^■ opiniones se lial!;i en tmiy distinto ca^o que el ür. Pasión se había padeeido lo mas, y asi no era ya tan dificil soportar lo menos. Sin embargo, no dejó el Sr. Posada de aírravar la siluaeion, y el cargo de ioconsecuencia resaltó eo su discurso de ana maneni notable.

R<fnr7ó el mismo nrííumentodel Sr. Pastor Díaz, y despue^ de haber echado en rnra tamaña inconsecuencia, después de haber dieho qne el acto de reformar ia Conslttocion es un ncin de alia inmoralidad política, y que los qvc lo hacen fallan a sus antecedentes, fritak Éaosdoclrioas, faltan á sus compromiaos, Mtaná sus joramenfos, fnllnnen (in a lo Tnfi« «r^tiTridn í|ii»' jiiifdp ÜL'nr a los [¡íiiiihres cnia sociedad, a lo mas sagrado que puede hcreo, que Mtti los t'(uid:<uient(is, y p.ir:t mi es I».Mo- De^uesdetaa brlltnites caríras deí se- \ ñaiqui ';» vendn un rei ubUcanov.in;.: yojurodela ronfurmi' con mis principinade lasohH'ania del pala ¿Es ftiTidado el carero de InenneeeneTwiat ¿Cual es su alcance? ¿Cuál la lección que de I él se pnede recoger? lié aqiti las tres cne»-liones a que da lu^ar la discusión presente.

Tocante á lo primero nosotros creemos que sí: en las palabras y cu los escritos que I se recuerdan ai partido 'modero do, vemos la aceplaciíin rcpjjcity, fraiicií <' ■ la (-oiistitucion de IM'H. Vemos que se la toma como bandera Ic^l, que se la reconoce como término de la revolución polillca, «oiw h'sc de ki orpanirnrion del país, romo i punto de partida para loatigurar la niM- ▼a époét ea it lAx cí óito con la libertad. Este es el sentido íronuíno, Haro, evidente de las palabras de los principales caudillos del j)arlido moderado: no acertamos á veries otro. Todas l;is ciirito^liuioiu's que?e han dado hasta de eflla- I dita quien opine, que en semejante casolM escritores pwlicos, inayorniente ea materíai políticas, deliioran prrú i ir In ceñidura.

La Constitución se rcíuriiia pues real y verdaderamente; v en esta parle la ouinion del.Vr. MmUi Ciáliano esta desechaaa por ahora para hacer IriMitii a esta objeción han ¡I el cnbicrno. que a^i lo diio en la convoratosidü iubulÍLlL'iihJs; \ v\Sr. Posada en el pár- ¡ na, que asi lo lia üicliu 4.a d di&cur&o de la rafa que acabamos de insertar reduce a pol- | corona, qne asi lo dice en el proyecto prc-TO las < -i\ i'r!cioues de sus adversarios. s<Mita(l() á la»» ('orlos; lo está por el mismo No basta decir i{uc uo se trata de destruir |j Congreso de diputados que así lo espresa en la Gonslitiicioaf sino de mcjonirta; lo mis- i la contestación al discurso del trono, bien mo podrían oponer k» profp'esistassi la con- | que atladtendo quesera pora mejorarla, por* v irtiesen en otra muy semejante á la ile 1812; y los monárquicos sí ia lrai;lonnas.eu en una ^ carta muy parecida á la monarquía ¡)iira. Se qui' os rlaro que no liai)ia Je ilecir para empeonuia; lo esta por la prensa entera, por cl lcn¿;uajc coman, que al tratar de este ha dicho (]ue se conservaban las bases de la i asunto emplea continuamente la palabra re Constitución, y que estas eran el trono y las asambleas; pero no <e lia reparado en «pie con este principio S(> dejaba tanta iatiltid a las reforma* con-tilm itiniilcs par.! lo venidero, que con la misma rehila se podrían esta Mecer todos los forma; lo está ptir el -mismo (l!> tirso del Sr. Akalá Galiana (pie no ha podulu menos de acomodarse a usarla.

tl.iy pues ven'adiM a inrnnsocuencia. Se conieslara una y mil veces á este cargo, pero siempre sin fruto. Cuando se quiere, á sistemas imauinables, comenzando por una Constitución mucho mas '\ todose contesta, todo se GSplica; uolKiydisdemocrática que la de Í8t2. y acabando por ¡ curso á que no puedn oponerse otro discurla mouaríjuia española de los tres últimos so; no hay ddicuilad a que no se puedaressiglos. Trono y asambleas son dos institti- ponder con una cavilación mas 4 menos es-1 ni s ([uc se encuentran en todo el espacio ' peciosa; pero sobre todos los discursos ysotompieudido entre la república y la monar-: ore todas las cavilaciones, están los hechos, quia de Carlos Ul. • i están los documenlosque hablan en \oz muy El.Sr. Akalá Oaliano ha dicho que en su; alta, muy daraé inteligible: el público oye entender la Constitiu ion no so reformaba, y I' y juzga.

que únicamente se pensaba en alterar aigu- ¡ Kn cuanto al alcance de este cargo créenos de sus artículos. Respetando como es! nios que no llega sino á los hombres, y no debido el talento de su señoría, diremos il toca ¿ la naturaleza de las cosas. Asi, habló francamente que no bonins podido alcanzar ' uiiiy bien el Sr. ministro de laGobornacinn, loque signiiica semejante sutileza: porque ¡i cuando antes de defenderse de cidijo, que si el quitar unos artículos Y el modHicareon- f bien podían ser inconsecuentes los hqi»-siderahlemente otros no es reformar, no sa- " bemos lo que signiiica la palabra reforma. Añadió su señoría, que solo {Hxitanrelormarse las leyes secundarias, que no son verda- | deraConstitiicidn. y á estas le\es secundarías reliriü sin duda los articubís reformados en el proyecto del gobierno. Estraño es que m publicista tan entendido como el Sr. Alrain (¡aliinu) dé tan o-rnsa iiiinorlaocia á la supresión del jurado en materias de impreu- i iuiai m uuuamui^iuu uc %ooi^ &tuu pi:iii:cui ta, 7 de la Minría Nacioiial, cuando es bien ] del todo, al menos suficiente para gober- «^abido que la imprenta y la Milicia han sido I "ar; pero que el eurso de los aconteciconsideradas <i»'mpre romo rosas de mucha 1 mientos ha venido á deshacer el enirano, deioiportaocia en esta forma de gobierno. >erdad es que no se quita la libertad de imbres, y ser sin embargo provechosa y útil la medida que propusieran.

La iacunsecuencia no es un delito, y no sabemos por qué se insiste tanto en vindicar>>'e de ella, cuatuln es Itien sahiilo aquello dQ sapienlis est muíare consilium. Tal vez se adelaularia mucho mas confesando francamente que en realidad en tal ó cual época no se pensaba como ahora; que se consideraba ia Constitución de 4837, sino periecla moílrando la necesidad de alterar algunos de sus arttculos. En esto no habría ni delito, pronta, pero destruido el jiiradn.ce la some- ¡ ni necedad, ni torpeza; pndria haber una pniete a ooMíeiones lotalmunte nuevas; y no badeia flaqueza de la previsión buuiaoa; flaqaeza por desgracia demasiado cornuo, y que se escusa, y hasta cierto puoto se hermosea, ctinndo li.n In generosa lealtad de reconocerla y conlesaria.

Las lecciones que de esto se pueden sacar son de modestia, dc tolerancia, de cautela. De modestia. porqTje cuando los heehos vienen á desmentir de una niaaera laa de ser depresiva de la di¿¿nidad real en viríos artículos, de contener otros iocom(nli» hios con el orden público, proclamando que con ella es imposible el goniemo, y declarando que durante su breve existencia no ha estado, prqiiainente en posesión del pais, pues que no ha ostadn nunca en observancia. Cuando se ha dicho todo esto de una ley, j «marga nuestras previsiones, cuando nos | lo ha dicho un cuerpo legislativo, y lo ha di> Sos vemos precisados á retractar hoy lo que sostuvimos ayer. ¡\]<lo e< qtj»* no ronfif^mos dr*-uasiado eu nosotros miamos, que seamos al- i menos petulantes, ali^o menos confia- i los en nuestra c¡<^ncia. y que;il emitir nuestras opiniones, y luista convicciones profundas, lo hagamos con aquella prudente timidfv. fruto de crueles desengafios. De tolLM íUK ¡a, porque^ stdo^ víctimas una y otra vez de nuestras ihudones, justo es que seamos indulgentes ' eon lo Que creemos ílosiones de los demás; que mal puede negar á otros la indtilgenria quien ha dc comenzar por implorarla. De cautela, porque ya (pie es taif débil nite<}(ra previsión, debemos andar con mucho tiento en no pronimcinr Ins pnlihrasdi' s!riviirt\ de Jamás, que por desgracia se snollan con demasiada frecuencia, y que luego se han dc recoger ron rubor. I.O'í hombres ih INlado sobre lodo, debieran aprovechar osa lección para no prejuzgar imprudenlemcule cucsliode alta importaiieia; para no quemar, Cor decirlo así, las naves tan pronto comose a desembarcado en una playa desconocida: que los acentos de la presunción y del rencor y las puerilidades del amor propio, nada tienen que ver con!n«; arranques del genio, y en vez de llevar a cima la conquesta de un nuevo mundo, no acarrean mas qu% irrisión y vergflenza.

Dejando aparte la cuestión de lof>homhres y entrando en la de las cosas, es preciso confesar que con la discusión actual, lejos de darse fuerza á la Constitución del Kslado, se mata la que hay, se iuocula el germen dc graves dolencias al embrión de la nueva, se liare que nazca enfermiza v moribunda, y sobre todo si* ensMla el modo con qne se ha dc proceder cuando convenga cometer un legicidío fundamental, sin incurrir en las t)enn< f níadaá en el código criminal parlamcutario.

Se mata la que hay, recordando á cada paso su vergonzoso origen, anatematizando el principio teórico en que estriba, acusándola jj cho el mismo gobierno, esa ley es ya imposible: aun cuando antes no hubiera sido necesario reformarla, desde entonces lo es; por manera (jup la causa de los antfrefbrmÍ9tas ha |>erdido ituicIio con el simple hecho dc la discusión, sean cuales hieren los argumentos empleados pai a {irubar (jue la Cons-^.T», ^M^=>^u^a-. titucion no debía ser alterada. I.os hombres cuando hemos ] qoe han manifestado que consideraban vergonzoso el origen de la ley fundamental vigente, que reputaban por peligroso el principio en que se apoyaba, y que ademaste miralian como insniirienle para gnhernnr. v á prü[>osito para enibarír/ar la acción del poder y trastornar la sociedad, estos hombres, repetimos, no pndrian sin la reforma continuar a la cabeza de la nación, so pena de ser con justicia tachados dc mal intencionanados ó mcapaces. ¿Quién puede resignarse á gobernar ron un sisf^ma qtic ha reconocido por inútil y dañoso? La reforma pues de la Constitución es ya algo mas que una cuestión de gabinete, es ( iK'stion en que va envuelta la continuación del parlidíi mof!craél en el mando: retroceder sena suicidarse/'^"" En la discusión promovida en el Cong^ so se han dicho cosas á (pie nadie se hubiera atrevido basta ahora impunemente. Y esto ] sia embargo era verdad antes que se dijese. ¡Triste condición de los tiempos de agitación nes políticas en que hoy es inocente lo qne ayer era culpable; eu que basta un intervalo de pocos dias para caminar la;nonilidad de las cosas! En la diseoston actual se han dt¿ cho cosas que vuelve uno á leer para asegurarse de que han salido de boca de ministros y diputados que se apellidan defensores de^ sistema constitucional, (pie hahian aceptado francamente la Constitución de ts:}7, y que todavía se proclaman sus partidarios. ¡Calvas algunas modificaciones. que según ellos no llegan á la esencia de la Irv. ¿Qué castigo no se hubiera im¡uiesto á quien hubiese consignado los henfeKis siguientes: la CoostiUi^' cion de 1837 no imle porque es hija de li: violencia, y no de una tiofeiRii con» quie-' ra, nao de m ÍMoho h&éki^ i h liigeftad I nueva cuaado todaTfa no está mas que «n Real en su propio alf'ázar; do vale por el nio- 1 embrión. Con efecto, ¿de dónde procede do con que se íonnó, porque no concurrió á la& Cortes constituyentes sino un partido pohtítú^ y [WT consi<:;uiente se ialseó el mismo principio (le la volicranin nacional que se lomaba como ciutieiiiu; uo valü por eslrih-ir en u& error, porque supone, y a» lo establece en sa preámoiilo, que ii soberanía reside en h nnrion, aun prcscindi Muin del trono; no vale por no baiier concurrido el poder Real, que en Espafia se ba considerado siempre coiiio la principal parte del poder constiUiyt'iiit'. qnp se.£?u» nuestra historia, como ha didiu un Sr. ministro, está ^brc la misma Conslilncion; no vale porque tic l(vs dos grandes elpmpnt(i> de que se ha compuesto en Kspaña el jKtder público, trono y asarobleos, el principal, eJ mas estable, el trono, no represento en 1837iimgun papel, V qntMlfi r!'(li;f i.io ¡i arcptar: no vale, porque auu cuando liuíiiese concurrido el truna, la menor edad de la Reina quitaba la valido/, do la aceptación; es dañosa porque contiene articiHos que, en el estado actual de las ideas y costumbres de España, son piTMcesidad perturbadores del óraenpúfoli<-co,como el jurad;) on los delitos do imprenta Jf ia milicia nacional; es insostenible en un (MiSBonárquico, porqut; algunos de sus artícitlcM son depresivos de la dignidad del moaaiea; es inútil y aun funest^i para el buen gobierno, porque ata las manos del poder y k deja espuesto á ser víctima de los tn^ior-Bos; comprometed porvenirde la nación, ])ürque conlia solamfTito ñ fas ('ortos riortjsntrikuciones eu las que debe intervenir el Rey.

Todo eato se ba dicho en el Congreso, y por ficrln (jiio uo dijo mas Victor Saez en sii famoso maniíiesto, cuando a! ralifioar la Conslilocion de IH 12 la llamó nula en su origen^ ilegal en su formación, (>t/tMtee» meonU-* I nirfo. Ahoi a si^ ha dii!;o allomas, y todo os- ' lo era verdad desde que la Constitución «tiste, y no podía decirse sin un crimen: a;>reoda[ii >sesta lección de tolerancia para eo odrlant", y refletionemos sobre lanríjente necesidad de curar radicalmente ese estado de yieisitiides, de revoluciones prorondas en las ideas venias instituciones; que no dejan de ser profundas esas rovofurionos, ya Con efecto, ¿de dónde esta? De las Corles de acuerdo con eí Trono. ¿ Y qué Córtes son estas? Son las Córtes de la Constitución de 1837; ella les da el noUKbre, ella delerniina sus facultades, ella señala las relaciones de los diferentes poderes del Estado, y con arreglo á ella ejercen es~ tüs sus funciones. ¿ Dondü está el cimiento? ¿(jomo no habéis visto <|ue atacando la legalidad de la Constitución actual, al decir como el.Sr. Gaiiano que «I smíimiento d» horrar II (/(" reptifjnanrif fiiif se apodera de iodo y/eiÁu noble y bien naqido al pensar enel horroroso suceso de qiu fue hija^ responde acerca de su origen; que al decir im ministro que estando la Reina Ntra Sra. en su menor edad, uua ley que dcbia ser hecha de coifeuno entre él trono y el pueblo para que fuese duradera y respetable, pecaba por no haber tenido jxtrfe en su formación uno de los lados contraíanles; (^uu al caliUcar de perjudicial el principio teórico en que estriba, do horroroso y ropuirnauto su oriiífMi y al Ihimaria contrato en <|iie no ba tenido parte uno de los contratantes, cómo no tuibeis pensado qne echaliaisporci suelo la base en qno os apoyñltais, que se hundia el t<írrena en <{ue sentabais vuestras plantas? ¿Creéis que los pueblos no tienen oídos, ó que teniéndolos no aprecian < ii su valor semejantes doi li illas, y no deducen de ellas las consccuiMu las que tan obvias se ofrecen? ¿Creéis que puede Ser sólida y duradera la oora que intentáis presentarles dii ii iidoics: «aquello que era nulo, que era veifíonzoso, que era injusto, ahí lo tenéis enmendado, enmendado nada ntas, y para hacer estas enmiendas nos hemos fundado en eso misino qiio ora injusto, vergonzoso y nulo?» Lo decimos con profuiida convicción: era preciso, ó hacer BMS ó decir menu<; ya que no se quena curar oi mal ou ^11 i-aiz, no parecía prudontrt descubrir el vu io radical y presentarlo con colores tan repugnantes. Aqui si (pie hay inconsecuencia, aqui hay imprevisión, aquí hay una ro!xo<'(lad inrnnrchinle.

blra consideración hay de inuclia gravedad, y es el haber sentado que lo que aho^ ra so ostá hnriendo os una tran*>"aorif)ii orifro o! trono y el pueblo, v entre los dilercntcs sea qac dimanen de una insurrección o pro- li partidos que dividen a ese mismo pueblo. Si cedan de un poder constituido/ I ^ ha de transigir, ¿ donde están las partes Pero lo sensible os que á mas do niatar'-o " que transigen? ¿Quién las reprcsenlíi? V si |« CiMistitttGioa existente, se dada ya ala no tieneu representación ¿cómo poUiáhacerparles )arlido I que les concedía la lev como se podrá alirmar que se transige con ellos? ¿Por qué no ipndrnn dcn'cho fie proleslar en su coneiencia contra lo qae se hace co nombre de ellos, péi:o sin ellos? A las palabras del Sr. Galifino nn que les aconseja que atiendan al espíritu del sijílo, y quecednn nlírun laQto de sus principios, ¿no le podnni contestar que bien hubieran podido hacerlo ai innovaciones, despojándose á la ley fuadtmental de la »>íítabilidad que tanto necesita se el contrato faltando alguna de las contratnnto*:? ¿Oiiipn ha investido al partido moderado de poderes tan ampbos oara repre- | para que puedan asegurarse sobre ella el orsentarlos i todos? ¿Qnién ha hc«no que los || den y la tranquilidad del Estado. Si hoy — otros parliílns iir> acudiesen? Si es la perscf lición V la calumnia, cnmo afirmó el sefior Lfjaña en su discurso hablando de los monárquicos, si estos liombres tuvieron (]uc relirap^í' ntomorizado';, como dijo este Sr. dipuladc,y no pudieron cjcjcer el derecho otros reformamos, lian diilio, tnafiaoa veadrán otros que lo inteularaa a su voz, y coa i^ual derecho que nosotros, ya aue asentamos el principio de que esta 'facultad resida en las Cortes oidiaaiias rnn el Rey. De esta, suerte no saldremos jamas de las discusiones ' sobre la Constitución, y no estaíi jaaMS bien ase^Mirada la orf^anisacíoil de ios pode^ res públicos..No lo hacemos con un jíolpede Estado; uo lo liace la corona, revistiéndose de un poder dictatorial legitimado ó escusado por la ruina de todos los demás poderes, por el trastorno de la sociedad, por la necesidad de salvarla, sallando por encima de todas las leyes y de todas las reformas. Refueran llamados, ó si siéndolo hubieran po- ¡ formanv» la (lon^iiUu iím ron el simóle ejcrdido obrar con toda libertad? cicio de las lacultades legislativas; la refor-Se nos replicará que esta libertad existió, '- mamos por los trámites ordinarios, y no en por mas que hayan dicho ciertos periódicos, j! una ocasión estraordinaria en que el órden pnrnias que se haya defendido lo ronfrario ¡' público se halle subvertido, áno en circunsen la misma tribuna del Congreso; pero el I laucias tales que el gobierno proclama que hecho es que este partido carece de repre- I tiene fuerza suficiente para anonadar eoii la sentantes: si estoes contra su voluntad se le I ley en la mano á cuantos intenten perturbar escluye de la tran«a( rion; si e«; por su vo- '-* --: >- « " - - i* luntau, él se retrae de la transacción; en ambos casos felta uno de los contratantes. Si la causa de cstn es la violencia, lo invalida todo; si es la libre voluntad df quien se abstiene, entonces es señal que la sociedad a snnedad. t'on semcjautc antecedente la mudauza de la liouslilucion, que a mudanza eqniviüe la reforma, estará sujeta á conténuas vicisitudes; bastará la vo/. de un simple diputado. diMiii senador, o el capriciio de un mllli^le^o para que se ponga en cue*- espaBola se halla en una posición falsa, pues || tion la ley fundamental.

ue partidos muy numeroso^ se abstienen ,e tomar parte en los negocios públicos, y de tan alta importancia como son los que se reheren á la Constitución del Estado. Estas considernrinne<, ftindadas en hec!i;is consij;- nados en la misma discusión, hacen temblar erá el poirenir. Si son verdad muchas de I rosas qnn se han dicho en el Coniíreso { y demasiado lo son por des¿?racia i,.si son verdad, ¿ dónde estamos? Si lo que hay no sirve y prece, y lo que va á sustituírsele p^tá suji^to á tan terribles objeciones <|ne brotan de la misma discusión, ¿dónde estamos? ¿De qué se asirá esta sociedad des-Aenturada? ¿Que vértigo es este que nos aííita, y nos precipita de abismo en abismo? jAhí terriblemente espiau sus eslravtos los individuos y las naciones!

Uno df" los arfj;umentos que mas han esforzado los anliri'íiirmistas na sido el que con la reforma se abría ancha puerta a continuas