Para (pie los hombres se reúnan es menester un punto de reunión, una enseña que los guie, un nombre que les sirva de seña, ' una cabeza inteli¿.'ente que plantee y dirija ' la organización, y una mano robusta capaz de empuñar la bandera, de cnarbolarla v de marchar con resolución á su destino, fodo esto lo ban tenido los partidos, pero no la nacioD; é inclinándose ahora á unos y después á otros, se ha visto al fin burlada de lodos; sin que ninguno de ellos haya sido capaz ni de hacer su dicha. ni de ciirar sus ■•les, ni siquiera de asegurarle sosiego.
Qui'janse alfrunos de (pie no haya en España entusiasnH) jK)r la liÍM>rtad, de «me una parte del pueblo la combata, y otra la mire con indiferencia; y esta cantinela se repite sin cesar, mayormente en tiem|)o de elec-ÓQKb; pero dslM'ria reflexionarse que los poeblos no pueden amar aquello que no les pnpMMM jMMiieioé; y no beneficios imaginarios y de palabra. sino reales y positivos. Y pregunto yo: ¿cuáles son hasta ahora I los bcneticios que nos ha traido la libertad? ' Fuera de desear que se nos señalase uno I solo diciéndonos: «al pueblo se le ha alivia-' do de tal ó cual carga, tal ramo de industria ó de comercio ba progresado, tal ciencia ha dado algunos pasos, tal institución ó establecimiento publico ba recibido considera-I bles uíejoras:» yo creo oue nadie podra de-I cimoslo, y asi es que no ha de parecer eslra* 1^ ño (|ue el pueblo esjuiñol no se tome por las nuevas formas iioliticas el interés que algunos quisieran. Si las Cortes no ban de ser ij otra cosa que una arena donde luchen la am-|i bicion y demás pasiones; 6 cuando mas un ¡ íiceo donde ostenten sus talentos y sal)er algunos oradores ilustres, sin que de tanto ' aparato descienda hasta los pueblos una sola gota de provecho; bien claro es que todos los hondires (|ue no estuviesen interesados |j en figurar diñan para si: ¿de qué sirve lodo eso? Si yo pago como antes, si yo trabajo como antes, si ademas hallo menos protec-1 cion para mis intereses, atendidas las rej vueltas ipie han sobrevenido cada vez que se ha tratado de lil>ertad. ¿oué gano yo con ella? ¿por qué tengo que hacer costosos sacrilicios para alcanzarla, si veo que en vez de dárseme lik^rtad verdadera no se me dá mas que un nombre?
Si no se consigue á fuerza de cordura y sabiduría inspirar la confianza necesaria para (jue desaparezca ese indiferentismo, no hay esperanza de ventura para esta desgraciada nación. La razón es clara: las institución nes vigentes son instituciones de represen*^ tacion, instituciones cuyo objeto es dar a la inteligencia y á la voluntad de la nación una influencia en los negocios públicos: mien-* tras dure el indiferentismo no tomanin parle en las elecciones una gran i>arle de los españoles, ó al menos lo harán con flojedad, con indiferencia, solo por condescenderá los ruegos c instancias de algunos importunos.. En tal caso estará una gran ¡>arle cíe los españoles sin ser representados, ni en I04 avuntamientos, ni en las diputaciones provinciales, ni en las cortes; es decir, que teniendo por la ley un gobierno de mayorías» en la práctica lo tendremos de minorías. X I siendo gol)ernada la nación de un modo tan I in-egular, ¿(pié [wdremos prometernos de I bueno? En tiem|K) de elecciones, cuando se quiere conocer el desarrollo que va teniendo el esjrfritu electoral, se echa mano de un medio que, a ini juicio, puede inducirá equivocaciones muy ¿¡raves: el medio consiste en contar el numero de electores que han lomado |)arle en la elección, inliriendo (|ue la elección es tanto mas íícnuiiui cuanto mayor es el número de electores <|ue han usado d»' su dereclK). No diré que sea este uu barómetro inútil; pero si que su manejo recjuirre al^'unas consulcraciones »|ue no se pueden olvidar, sopeña de que los resultados saldan muv diferentes de la re^ilida»!. Pueden darse ciertas circunstancias en (|ue un partido de.spliejíue una grande actividad, y (|ue |)ara alcanzar victoria, inste vivamente a la masíi de r¡udadan(>s indiferentes; y lleiíue a ol>-tener (|ue estos, o ponpie necesiten protección a causa de las circunstancias del tiempo, ó por pura condescendencia, se dejen como arrastrar hasta la urna para echar alh una lista que se les ha iMitreiíado, pero (jue ellos no han leido ni consultado tamjKico con los hombres n'|»resiM)lantes de la opinión a que los votantes |)erlenecen. Cuando esto se veriííque, el número de votos será crecido; y sm embargo el pais no estará representado, porque los votos se habrán dado sin convicción, sin voluntad, sin c^)nocimiento siquiera. Dcberia atenderse al numen» de votos, sí, pero no aisladamente, sino que deberían llevarse en cuenta las circunstancias cu que se encuentra el pais; de otra manera no se podrá formar juicio calwl y exacto. Si quisiera insistir en la comjwracion del barómetro, recordaría (pie ¡Kira hacer buen uso de este instrumento cuando se le aplica a la medida de alturas, no basta mirar la elevación del Mercurio. sino que es necesario atender á la latitud del lugar y á la tcm|)eratura de la atmósfera. Quizás uno de los mejores indicios de «pie se va desarrollando el es|Mritu electoral, y de <pie las elecciom-s son gcntn'nas, seria el ver «pie se hallan re presentadas las varias op¡ni(mes del pais, y que no está sin representante ninguna de aipiellas de cuya existencia no se puede dudar.
Si se quiere que las instilticiimes representativas no sean un fecundo senullero de males, es menester no jierdcr nunca de vista la necesidad de hacer los mayores esfuerzos pai-a que el país sea representado legítimamente. Si esto pudiera alcanzarse tengo para mi que no serian lemiblefl píira Kspaña ni aun iii^lituciones mas bi^ ' tas; |)orqae el piichlo español es de los mal* ' sensatos del mundo. ¿Si? quiere una |)rueba de gravedad y cordura de este pueblo? he aquí lo que sííbrc él referirá la historia: circunstancias aciagas enlregan)n a esa iiarion desventurada a merced de las pasi(»- iK's; repetidas veces vio cambiada su ley fundamental: la monarquía absoluta, el KfH tatulo Real, la espectativa de su reforma, la Constitución de f MI á y la de IH37, todo eso recorrió en brevísimo tiempo; y «n medio (i<' una guerra de sucesión, en una miñona; ^ estando la nación entera como una pirámide I asentada sobre su vértice, resistí(»se siempre á las instigaciones de los perversos; y sí bien hubo (U' pn'senciar (|ue se cometían crímenes atroces, no se piído r«'ca bar jamas de ella (¡ue los ayudase, ni los aprobase, ni (pie hiciera ninguno de aquellos terribles movimientos en que los pueblos se levantan en I masa, y se precipitan como un inmensa mole I sobre las leyes é instituciones, aniquilando de un gol|»e el orden social, y ofreciendo aquellas* horrorosas catástrofes de (jue nos presentan tan lamentables ejemplos algunas naciones vecinas. » Esto dirá la historia, t la |)osteridad n»sponderá (pie un tal pueblo era bien digno de mejor suerte.
CAPITÜM XVI.
I llav entre nosotros un elemento de bien 1 que SI se aprovecha cual mcrct r pin de producirnos inmensas ventajas: hablo de la unidad reliffiosa. No falla entre nosotros (juien la ha\a combatido; pero ¿se ha |»ensado bastante en el hundo abismo en (pie nos sumiríamos si por desgracia llegásemos á jMirderla? ¿se ha i)ensa(io bastante en que tal es el estado de las SíX'iedades modernas y tantas las fuerzas disolventes, que tal vez nos envidien esta dicha, este elemento de conservación, los primeros j)oliticos de Europa? £1 mol (pie a(pieja á las sociedades I modernas, la tremenda enfermedad (pie corroe sus entrañas. y amenaza darles la muer- , te, es la falla de trabazón. de enlace. v el no sjiber si(piiera de que echar mano para I n?mediarlo. Jamas se había visto la sociedad con un desarrollo lan genend, tan i:mnde, Íy lan simultaneo de fuerzas moral» «. \ ti>icas, janiiis se había visto tanta acción, tanto movimiento; j)ero obscrv ando atcutanienfe 1.1 verdadera fiiliiacioii de los cosas sin «iejarse fa!>cjnur por vanas aixiriciu iaü. se #Dta la Taita de un principio regulador, de vnaacciou que eocainim; esa miichednnibre de fuer/.a»^ fiari;) el l)itMi «le l;i sncivílad. tmjMdMiBdo que luiuou uua dii'ecciuu divergen-'Whf-f' M«MB pan ' itrtiiiLWli y l¿■o^w^^>t> J». LÓ8 gobienios son muy déibüe» «eaado no estao asentados sobre un sistema homogéneo y compacto de sabias insliluciunes; y ripio rnlmsto, qm- scmiro del ascendiente sobre los uumios, louie coiiliadacarga el pmvenir las escisiones |ues, ó remediar el mal electo?iiil)ien'n sobrevenido.Mayornientc, cuando una uaciou ba pasado laji largo esftek» en iiM fmm wmgritaH y «IwajNw que ha\a Iletrado á sííseiíarse, queda -ieinpre cou aquel dejo de malestar, resultado ■atoral de enfermedades muy lar^'as y crueles: y ea necesario dilatado tiempo para que los lazos sociales vuelvan á recobrar aque-JjMÍMgui y^uavidad, que Ibruiandu por dewtKlÑmvmn punto y sazoB-áv%'««Hfd social y órdcn público,- afíajBza "la libertad bien enlesdida. Kl báhtto de desolxMliencia V resistedria que con la guei ra se iia bei bu ■niliar; el espíritu de despotismo de (|ue se resienten la^ autoridades, ¡toi- ai[n('lla \\\-dmectoa natural que nos lleva a emplear uu éiMto'dfrMMm eunMoboilliifMié'ooii *f(HMh de resi8t<»ncia; el transito re|»enlino de la estremada violencia a la esresiva debilidad: la ferocidad (|ue mas o menos ha umdidu por todaK partes, crméM por «1 Mnliinio espectáculo de combates, de patíbidos, de asesinatos y do incendios; fomentada por ieaba por ellas eü 4ta calles y en los canÑi pos: empiezan entonces á murmullar lo» resenlimieutoü y rencores, sobrevieucu la:* feBfOnMstpwlibularBs, exigiese pinÉiillai se prostiluN a In justicia pid)lica, v ¡ay de Ul nación que uo echando mano de uu prúicir p» Mili llferte y fodetosotio^ procüFt-iiOKr tif gMWimente la huella de loa aali^uMHiiv les. ronciliamb» los ánimos, y haciendo que transijan, cuando jiieuos, las opiutones y ios intaroses yi>»4in' WHlÉMddili'hMift»- * (iabalniente. en scinejanles circunstancias, por mas tuerte que sea.el. gobierno, por el prestigio de grandes y jeoioptos victorias, ó por dispooBr-de poderssM»>ffec«rso8 iiiili»r lares, tiene enqK'ro la desventaja tle no inspirar culera contianza. tua ^rsn.parte de dos, y aun cuando los proteja se hallan eÉ posición semejante a los prisioneros en campo dfe batalla, que conlcmpluu cou cierto despecho al ' general c ncaii^ y^—ai iiKe<| recorriendo las lilas de los vencedores, re^ coiucudaudo {$unenNudad y buen comporl»* M MntnmpItréiéBBfMcion tan desgraoi»^ da. airobiailt ^BitMMOS infortunios, desengañada de I tamos» sistemas, lusudiada de tantos, -tan varios y«iMdaaí||obienM»vtlfp tiirada de ser el instrumento, el ju.i^nellíiy la viciima de los ifitereses, pasiones y nieA> «fMNhMUia h» partidos; al oírla clamará voz en grito por Orden, por gobierno; ai verla cuid busca afanosa el efpiilibrio perdido V el sosiego de que taulo itecesiUui sus lÉiafeii^iMifiiiishiaa naa'>ilBÉnti>e4»ooBaKon y discurre la lantasra por un porvenir venturoso, al pensar eu la dicha que nos cupiera la exasperaejon de lof; ánimos, avivada por < si la Providencia nés deparase un buen go^^-el ehociue de toda clase de afÑniones é inte^ j biemo. Un gobierno <^ue aprewchandoixáa reses. y sostenida. diS( (ilpada, legitimada tantos elementos de bien como se hallan es- Í basta consai<rdda cou los nombres de vir- parcidos entre nosotros, ecbaiulo mano de ft;de fnntícia y deNMMfSma, por aquella I' tanUlínisJIto éi^«iÉeeia»-<ai>Hi»^ l» fodana, l'Vioa cic^n y cruel ^pie«n épocas tan de-! se levantase con diunidad y nablasta sdbra^l^ SBstrosas sallen emplear los partidos; todas iniectada alniosíera de los |)artidos. se co- «W sansas se rennen y se combinan de uu loca.sc al Irenle de la nación española, se ttn terrible para producir» MP^dSsórden I uniese estrechanianle con ella en ideas y siMh ral. que reclama cuidados niiiy ^olicifos;, titiiientos. y mostrandoliMd verdaderocatniuo miiy cuerdos, si se quiere evitar el que de-, de la dicha y de bi prosperidad lu dijese: yWilWWHlW wwlaBoi t» IÍ<l<iiftwl(LH fwic»: '■Hs i «marcheinos per aaie sendero, sigúeme coa nB|MBÍM» ricatrízarde |Lr()l|H>t()das las llagas, entera conianaa; támet prestarás el apoyo €É impasible satisfacer todos los intereses de tu fuerza, v vo le corresponderé lea^ )S, es imposible lograr que vivan,i mente cou uii dirección \ uui desvelos.» <; iíoufiifMiilílH«Miu J jsMnda m^ofm^^.alguna de ei mmá m É Dlgitized by Google mente b nación española, ofrécese una ocasión muy á proponito para conducir » un pueblo (>or el camino que mas le conviene. Kí» menester aprovechar la ocasión |)orque es fugaz; y va liemos visto man de una ve/, que por no í>a)>erla aprovechado nuestros fíobiernos en las épocas CTiticas, se ha dejado en el seno de la nación el frénnen de tantas catástrofes. I'reocupansc entonces los honiÍ)reN su|>erliciales con el restablecimiento de la par. y del orden; sin advertir que una nación conmovida hasta sus cimientos, no puede recobrar de un fíolpi^ el aplomo perdido. S«'ii enhorabuena que el pueblo sencdlo se algodone con el'usion al jubilo y all)orn7.o a la Miia llegada de una noticia que asegure el término de la guerra civil y pan /ca dar tin á la cadena de nuestras desgracias; [tero los hombres pensadores delxm mirar mas aMá. deben recordar que a los políticos del aAo los sorprendieron los sucesos del año 1 4, <|ue en [)osde estos vino la revoloi-ion de IHÍO, que en el año i3 entraron los ejércitos de la Santa Alianza para derrocar la Constitución y entregar el mando a los realistas; y cuando parecia que estos ntinnzahaii su poder arrebatando á los lib<Tales toda esperanza, vino á ponerlos en alanna la revolución francesa de ÍHAO; y apenas se recobraban del primer susto, cuando el nacimiento de la prini^sa de Asturias, la enfermedad del rey, y luego su muerte, cambiaron enteramente iá faz de las cosas. resonando por los cuatro ángulos de la pcnmsuin el grito de lilK>rtad.
¿Qué signitica todo eso? signilica que si una nación no halla en sus instituciones la sólida garantía de su tranquilidad, si tiene librada la suerte en la vida (le alguna persona, si por no haberse acertado á ponerlo todo á pion)o se la mantiene en una posición violenta, nunca falta una cin^unstaix ia para causar un sacudimiento; y entoiK t s »; maniliesta de golpe la debilidad del edilicio. Hasta ahora, preciso es confesarlo, ninguno de nuestros gobiernos ha acertado a cerrar el cráter de las revoluciones, y por eso se han reproducido sin cesar, y mas terribles cada vez, y se reproducirán en adelante, si la maquina de gobierno no se asienta sobre una basa, que con su anchura y solidez pueda aseguramos de ({ue no bastara un empuje cualquiera para sumimos en nuevas catástrofes. Si esto se hiciere todos los sucesos que vayan verilicándose, ya en Es|>aña, ya en lo restante de Europa, no tendrán para nosotros mas importancia de la que esté comprendida en su esfera natural: de otra suerte un casamiento, una muerte, una guerra con una unción ('ual<|uiera, un cambio |K>litico en un pueblo vectno, una desavenencia entre las grandes potencias, en una palabra, el suceso mas insignilicante, tendrá en continua alarma al gobierno, pondrá en zozobra las instituciones y la dinastía: asi cootinuar.i la nación en a(fuelia sorda intpiietud que no deja consolidar nada, ni pn>s|H'rar nada, y sentiránse de vez en riianno a(piellas fi-irilaciones que indi».iii un terreno iiiuuitlo. y anuncian para in¡» tarde esplosiones es|KmÍosas. I.0 diré de un;i vez. no habrá paz, sino treguas; se divisiuan de aintinuo en el contin del horizonte la r«'\uUi( ion y la guerra civil; y no sé si puede imaginarse el término á donde podriamos ser conducidos, si algim dia volviese á re.snuar entre nosotros el grito de guerra. Si no acertásemos á tener cordura, por cierto que no seria |)or falla de buenos maestros; ya que hemos tenido los mas escelentes que se conocen, cuales son la e.sperieucia y la desgracia. ' CAPITULO xvn.
CAPITULO xvn.
Después de liaber hecho una liel pintura de nuestra situación, traido á examen todas la.H oi)iniones que se dispulan la preponderancia, hecho como una residencia general de todos ios partidos, y manifestado, según me parece basta la evidencia, con cuanta verdad decia en el prólogo que era estraño á iodoa ellos; después de haber indic^ido las causas de nuestra revolución, fijado su carácter, y esplicado varias anomalías; después de hal)cr señalado variosescoUose indicado también un rumlio; no quiero soltar la pluma de la mano sin espresar clarameute lo que pienso sobre las reglas generales á que debe ajustarse la conducta del gobierno. b> diré con brevedad, pero liso y llano, sin rodeos ni embozo, pov- (jiie estamos en el caso de hacerlo asi. Para poder decir algunas verdades sobre nuestra situación no es nec4ísario haber mediado en los negocios públicos, lo que se necesita es lialk^r observado y meditado..\<|ui no s<* trata de negocios, sino de revoluciones; no de hechos encabriados en el secreto de un gabinete, sino de sucesos que tienen sus ramilicaciones en toda la sociedad, que se pre- »Dt«D á la lut del día; no ma preotofiidades tti objetos raros, patrimonio eschuivo de m uaseo, siiko íenómenoa gr«idc8, ruMiofios, pudiendo estudiarlos cualquiera íjue guste de observar la nalufakua. ¿i quién noti asegnni-(}ue alguM» heehM m m vetn nejor á uoa cierta distancia? Ia)S mas ^Tnnrlcs son como las figuras colu:»ales, cjue para verlas en su verdadero uuiito de v ista, es necesario ntíam ktftacMrt» treoh». Vior le demás, y aunqii ' rn cierto modo me proponirfi formular ua sisteva, daré otro tosliuioaio so~ km» de que m iia 'aMiiift uiBgun espíritu di partido, en la wimA «lum eii4|ie voy i pofUT h cuestión. iMudo una ojeada sobre la sociedad c^paiofllHiinM pflMica que mas •lledee' cueJla, la que se presenta en la cima como oorooaado el edificio, es ia monarquía. Por Jo (pie a esta toca, me parece, ó mejor diré Mley próAindamenle coavencido, de que es allamentf nfcfsfírio afínní^rla, n)bii>t(H.'erla, y de todos modos desenvolver ia Constitudot del Bftedo es flentido Moninniico, fon-¡o como fuere posible. Ya llevo tfemoslrado <jue el principio mnnnnfuico es muy poderoso en la sociedad espauoia, y que es menester reipelárle, si nu se quiere anojer la nación en un circulo de vaivenes y trastornos; n*staoic abora observar, que lejos de que los hoerilfes de mando hayan de miiar este coiuo un ohslácuio, han de considerarlo mas bicQ como el medio mas podeniso Av. goiNeroo. En efecto, el peligro que aniena/.a a Im aeeiedadee noderaaB no es la esclavitud, ^¡110 la aiiurquia: siendo conducidas á ella {nr due» causaos, la una su misma organizaetoD material, y la otra su estado moral.
Almlida enteraaíenle la eaclavitod, derribados hasta los restos del feudalismo niveladas las autiguaé gcrarqutas, y contundidas casi MliiÉMtále fas clases, se peesraia m cúmulo íb menso de fuerzas individuales que obran ludas á la vez, de frente, en una Busma linea; y que si no baii de producir grandes trastornos, neeeiftan «na aocÍM dirrrtm, rápida, vigorosa, acertad;!, y al ausmo tiempo muy suave. A «se estado se ihanencamíDando ya desdemncha tiempo las MMiiidadggjeinopeas; y como haj^una Providencia qne cuida de que se salisf;íi;m las Srandes uücesidades, vemos en Kurujia la MMrqnía «on varían fennaa, con mas ó xm'vur-, iMidi*r. con mayoró menor est 'nsionde ttcultadea, pero praaéalándose siempre como una iostilucion tutelar y vivificante, reuní' da las oonÉMones de gobierno, del mejor modo posible. S<: la monaninia. tnl coma se ha encontrado entre lo^ pneliíos ( ri^ünnf)^, pero no en ninguna otra parte, ha resuello el difícil proMeina d» gofierftar grandes na^ ciones donde t( nu ní iím nm vivo calor la inteligencia; donde bullía todo linaje de pasiones, donde no habia el recurso de sacar de juego una parte de las fuerzas por medio déla esclavilufl, sítid fdnnnd^i^ de millones de hombres, todos en su dignidad, todos Ubres.
Esta es la causa pintpie se ha visto á los pueblos eumpeos propender instinfiv-imcntft hacia la monarquía, esforzándose por adquiliria cmmIo no la tenían, por consolidafln cuando variloh;i. por rohiT'íír'rrrIi cuando era dcbil, por eslendcrla cuando era demasiado circunscrita, y agitándose en terrible esftTnlsion por restaurarla, si por alguna momentos la hnn llcírndo á perder. En Inglaterra hubo las revoluciones mas duraderas y profMas (jne imagniarse pueden: todas las ideas tuvieron su curso, todos los sistemas su aplicación, todos los planes su ensayo; pero todo naufragó: v en medio de la universal catástrofe volvió la monarquia á sohn'nnHar. volvió á establecerse y ñ ronsolidarse, y a pesar de la popularidad de las tenas y de un espirita de la mas ámplia libertad, el trono se conserva en Inglaterra jMKleroso, brillante, rodeado de la venera-„ cion y acatíiniiento de los pueblos. En Fran-I cia hemos presenciado él mismo fenómeno; y es bien sin^rular que en ninírnno de los pueblos mas notables de Europa ninguna revainúoa ha sido bastante para anonadar la monarquia.
A m;ts de cnnvicf ioTio«! proftindas que, a favor de la monarquía han debido crear en Europa hechos tan grandes y palpables; y á mas de las costumbres que en el propio sentido han debido formarse en 1<»« jMjeblos, hay todavía algo mas: es el scntiniieiiio monárquico, ese sentimiento que se herma» na admirablernente con el de la [nni 'i dignidad, que ^rtenece esclusivamente á los pueblos orislianofi, que nada tiene de común con la abyecta humillación de los esclavos de Oriente, qué es un obtindr»ntc semilíero de pensamientos pundononisos, un resorte para noblos aecionea, ane se enlaza íntimamente con el amor de la patria, v que haré l[ llevaderos, miaves, dulces, los lazos de la ébedieiicia. £8t0 seiitmieiUo no tieoe solo imr objeto ta insliliicioB áa It nmarquia, sino también la conservación de las familias que ocupau el trono; circunstancia notable que da Jugar á observaciones delicadas. La Éwopa flMdema ha heredada de la vieja Knrnpa una jiarrion de razas reales, de faittüias ilustres, cuya cuna «s44 cubierta con la oacuHdad délos Uempos: yeito <^c á prí-B^iravíata podría parecer una cosa insigníticanto, y qui» á los ojos de una filosotia mezquina y suca, pudiera presentarse mmo un mal, lia [troducido y produce beneficios iaiit 1-,. ]..\- iitsliluciones muy irrandes no ><iii paraiiiipravisadas; las |N5rsonHS ({ue han de iigurac eu la cima menester (jue estén eoiae cnhierlas con un velo mistonaaoi ''ÍN)r esta razón, y escopluaiido el caso en que la iM'ovidcncia lanza sobre la tierra al^im |i;enio liara que se realicen estraordinanoB deetinns, un hombre común no puede de re|)eulo coüvertirsp en Rey. i\o fué pcquefla sncrte para las provincias unidas ei tener en su seno la casa de Orange qoe bajo distintas fornias pudiera en cierto nuído reemplazar ei ti-ono; ia l^ranuia en la revolución oe 4830, al avñdttr el trono Yacanto por la espnlston do lil prioiera rama, puede dar gracias á la IVovidcncia por haberse encontrado con la ^-asa de Orleans; y alj<uaos pueblos de Amórica, ni hubieran sotrido tanto, ni tendrían á \ hln tin nnrvenirtan nebuloso, si al eman cipursc de la dominación europea hubieran ienido algunas, bmiüas que por su antigüedad é Hnstre sangre, ae Juniesen hallado como preparada^ oiiríi orn|>Hr un trono. Sobre cil^ se ii^Ljbu'.ra lijado ualui-almenie la ^i.^ta; y en medio de los vitores á <lainde^ jiiTidiMiria y á la libertad, se las hubiera colocado en la cima del poder, y se hubie run ahorrado torrentes de sangre, listas son verdades, y, verdades grandes que abisman ;ií fiinsofo ('a.meditarioii ])rot'iuma soi)re los secretos del coraiou del iiombre, y sus uilijnas relaciones con les deslinos de la so> ^edad.
Este sentimiento monárquico, que eKÍste en todas las deiuas naciones de Europa, se halla Uunbien en España, y no eeeao^fniera, sino muy vivo, muy enen^iro cnrnn rjue está radicado en las icieas reii|$io6as por lauto tiempo ínvariaUes, robostecidooonla antigüedad, identificado con los hábitos, y enlazado con los mas ír;r;Hiili'>í recuerdos nacioi^iles. £stc mismo &euutuicaio, que tan Ivivo se manifiesta en todas parles donde puede esprMaise'Ol poeMo ea^lel, y que no han jMidido desarraigar los mayores tras- 1 tornos. ha puesto a cubierto el fr«mo en las azarosas» ejMjcas que ha recorrido esui nación, haciendo que la revolución española no fie I manchara con los horrendos crímenes tie las de otros países. No: en EsimAa no ka rodado sobre an cadalso U augusta «abena de un I Uey; en Espala «é se ha derramadonMlSola ; i t:i i ' M ^re real; en Es|)ana, en esc Ipueulo a (juion se insulta Uamandole tiaritaro, 00 se encuentran ooano en inglatHTa y en l'mii in. as«*sinos ih reyes.
IiOue hermoso contraste nos otrece en este punto, la-historía de nuestra pau-ta! Ved esa Francia doade ^ tiMHg «Mdiíp série^ re) es asesinados alevosanieulo, '5épic terminada pu^j eibotiüro2>í)su|)lici(i del infortunado Luis tYl: ved^Hial después de la restonra^ cion no l'a!i 11 -ii,m i|iie manchan sus manos con la sangre de l;i n al familia, y después de la rev(»lucioüde lí>iO asestan de continuo sus tiros centra ei pecho de Lina Felipe. En Inglaterra, «ie^iMifs de loscrime^ m» que nos recuerda su historia, ¿no hemos visto recientemento un alentodo -eoiiCpa la vida de su joven reina? era iinh>co. ¡Ah! en España no loma la locura esos temas Entre muchas glorías del pueblo español (]ue no olvidará k historia, entre los hechos que consignara como pruettas e\identes de su f^eueixtfidaá é4ttdal|$uia, podra referír que e^«ra<oIp«ebÍ» linas valiento del mundo, ' el pueblo que en ia guerrá-do intodependsn I cia, y en la ullniia de suension, ha mostrado,un Jbcrui&uia que 4i no ser tan rédenle nqrána eá^Éubeo^i*! pUeWa qti« «mis anida despreciar sus haciendas y su vida; \ < n niedio de una nn<ilucioii ierrible, de una I Hi^^ira de sucesitMi tan ettcarnixada, no se I eooontró jamas un hombre qae 'teTaniamlsn mano niirricida coulra las auiruslas Reiirtsat tampoco un asesino que vd)rase su puiMi I txintra el ynrhiiitl pimcípe. que-ssatenín sus pre(i;nsioiies desde Ksiella.
Mediu^n sobre tal'!s hechos los hombres uo en.^delante pueden iulluir en los destinos e la nación, apreciciiluK en su justo valor: y veon sit- '■-■'i 'liiliíiit. di' uo desvirtuar de ninguna niauuia, este seuuuiieuU» mooaranico, que se conserva en el fondo de In mednd española. como un poderoso preservativo de gran les nmles, como un precioso germen de grandes bienes. AiMNra uo hay ya el prel|M»-dtM|ue4|MÍiÍMiÍb)('^ las |>rivanzas; ya ^ espa&oips, pero es menester confesar que ]#My que áém que el Irouu ^u^Mla ^¡n- |j Ift» doctruai> religiosas conservan todavía vóiur; soQ.iinii^ttarios los (eiuQr^.4& de»- i bmkIk) poder, que el priocipio católico e» MtliWPOy^^tiafe'pnligro qw n«f>4iMÉfMM9 | vuy robusto, que Ift iipiwiid bo 10 Jm la anarquía: sí, ht ananjiiia. pon{ut> este estt'iulido á las masas, y que en su ^e* ca el eacollo, et priucipul. patullo, e^.que r ueraiiUad el puebio español lodavia cree: veataja ímpomlmkMe que puede ppodMÍr i I la nación los maNores hcncíicios.
Eu eiecU): lia y oíros pueblos que despuea de baber sufrido el disolvente influjo de todag' las sectas, fatigados de agitarse por el top* htMliiio de las rf\(>luii(nu>s, bufcanotra vez el apoyo de la reli^ioa: pero como en ello» el principio im¿IÍBo « é utU pmrido, ó*» bailaba muy debilitado, tienen el seutimiento reli;<ioso indcliiiido, ^nfío, sin fe, ni i espeiauzu; houibi a \aiiu que abraca el lioui-I l»MMi medio de sus desengaños y escarniieutos, labia tlcbil y resbaladiza, á que pn'lrndc asirse* jadeando en medio de los horrores de un naufragio. En la nacin esptttait wi m asi: la revobKÍoa ha pmáp per <Da, fen el catolicismo vive aun, con sus priocipíoK Ujos u iuvai'iables, coa sus conviccioucs robustas, con NB aitoa pwiamientea, con aquel leu^ruajc de seguridad que revela ai bombre cou toda certeza su origen y su destino, con aquel ademan magestuoeo que ie marca la línea de sus dehcres. Ahi eatá « eA medio de esa soi-icdad disuelta, conservándose como columna en pie, en medio de un campo de ruiiiaB. |Ay A noaotros ai llegase" mos a perder esa albaja preciosa, si llegásemos á desasimos de esa áncora, sola que puede sal\ araos eu tan de>>luH ba tormenta, M perdierantos de vista esc faro qiieeaelar»-ce un horizonte de liniehla^!