Y qvite debe bacei el gobierno con respecto i laRetigioB)4|«é esloqve sele pide?-'«na deberes soB claros; no es menester indicarlos; y lo í|ue se le pide es bien poca cosa: que m úenti uya. Uespele el sagrado de I lea oonciendas, aplicando ¿ este objeto el miismo principio de liIxTlad; respete los derecbios del clero como se respetan los de los otros ciudadanos; no consienta que.ea las uuivcnidades y demás esiableciiaieiitos de enseñanza se abran cátedras de impiedad 6 de oU as sectas auticatolicas; no tolere qoc meden ^reUarae ^ee i'it'^indienUo d« circunstancias eslraordinarias y de consiguiente pa^ajicras, ¿es acan ^,ftn4Í est;lav¿taf í aunen las naciones #ÍhMf«ri|«|ieiiaa baje la «Maanniía. absoluta. niandt» se les aplica la |»afa|)ra de teciavtlud, se usa de una palabra stu siguiiwdit te lee calumnia. En el estado actual de la sociedad europea es demasiado grande el número de las (ttbt'za< qno piensan, tu— sobrada fuerza la> pasioucs q^e buMcu. sobrado ■aaeendieulc loa/ ~ ~ " rau, imponen demasiih» resjieíd millones de boNobrea (}ue cunuceo y sienten mi dignidad, uaia que un gobie/raó abuse iiiucbo de su riÉ»^.y se arrojfKéíesclavizar. ¿V qué seaquellos {)aises, doiuP' bay form;is ifill, donde en mucbos sculidos ii^e el IJoáerMal séAaladoBJ 8ue4íi|ilin, iMidei ni|é cu vigor la libertad de imprenta, esa palanca colo>al l apa/. de levantar el nmuU(>? Uouscrvese, pues, el trono, cqn toda inafjialÉd mm efturqpe. 8U leMw*^*^ ^ ^ mczquiiiauK-uLc sus lacuitades, desen- 'Wfljtl9S^ la Constitución en un sentido monárquico; y no se olvide que sin tron«) no leñaríamos jxwler, y uue sin poder no hay ordcu, síb urdeu uo bay obedicucia a las leyes ^f-id»'Obediencia á las leven. •n«i.bay ltt«^ ri.id. {Htique la ventadtTU linertád ooib-Ski>tf <!i >vi- esclavo de la ley.
Utxa de las causas que conducen á los pieMee4ni4anoaá4aAiki«ftti#«s su estad» floral; es la anarquía de ideas, la duda: Tértigo que ba l^rido. ianlas cabq.4a^, Ür-^eenfonoB 4)ue reiaa^^ itedao >paiíee, ^e amenaza en\ol\er en las l¡nieltla.s las idi^as del bien y del niaL borrar lodo rastro de uioralídad, destrozar los cimientos de las Mcit'dailes y «piebrantar los ia/os de las familias Do todo se duda, hasta de la duda uus«pa: la iiiijúedad no duiuina, la indifeiWIÉMliMM^race, pero la fe lamisco jíkí- i la prensa pervierta ni eoirompa; y ledeñas valeoe: ol (uincipio delinteres privado no ya irá marcbando por sí mismo, que la obra lóonfa, pero los grandes pnncipios de la de Dios Beaeoeaiade la débil mano del iMcal iampoco recobran el debido asce.n- bombre. • ji^lé Mil >ea>.pequefla. la..^purc»9n %ue de \\ ¿No se ba dicbo qae dihia mfcnunn el ^ MMMMt Ifla^ l)«leia7.4W» aa ba dicte aldeio em «Mh- Digitizeei by Google jBÍgo (le reformas, porque medraba al nhriixo de los álmaosi pues hágase la prueba; uiia- «kiese un piau, un arreglo ctialquiera, sobre los gastos de culto, sobre la niaraleiieioii de mf»m(>nt<» qtte so pretesto de comerfar y esieader prerogativas, se hace eaclave die las inspiraciones de un míftado de disidentes; peio qíie nada pierdo de su elevación, nada los ministros, sobre los pimfos mas dplicmlns de su poder. nada ha de" sufrir de humillande discipima; pero hádase u>doen la debida i le. cuíuido resi>ola las augustas prerogalifornw, con la debida antomaeioii del Sano vaa de aquel, que en nombre de Dios ejerce Pontífice, sejpael clero qui' puede adlx^rirse al Buevoarregio, sin faltar a sus sagrados debeles; enloiioes se verá si el clero espaAol tiene esa ciega terquedad que se ha querido suponer, V si obra f»or convicción ó por miras inleresadaü. ¿Esposililt que todo se baya disculpado, que los m i M i es erineoes se háyan atribuido aciertas teorías de suyo esteanal^ doras, (jue se haya sieoipre alegado la iiiesjwiieiicia, la fogosidad, las ilusiones, es ■decir, que se baya siempre praeonHlo poner á ciil»icr(n la morni del hombre, y reswUdo «»u Uilenctóu; y solo en tratando del rff^m sn haya tenido d enpeAo d^ presentarle sin convicciones, suponiendo qne oMia per meros ÍHterescs?
Con mucho tiento es menester que ande «i gobierno. siempre qne trate de toear semejantes materias: un verro en este punto seria incscusable. Ya no est^iinos en aque-Has épocas en que se alarmaba fácilmente á los monarcas y á kw pueblos, poniéndoles á la vista romo un espantajo el enfírandecimiealo del poder de la curia roo^na; ya no bay ni pretesto siqiiieni para hablar de exageradas pretensiones de la corte de Roma; solo se trata del catolicismo, de hs li r. rho^ ¡nherentcs á la cátedra de San Pedro, de sia catfdic;} sia catfdic;} En i-raacia ¿no triunfó ía revolución? ¿no Luía FeGpe el monarca de julio? y véase no obstante, si se trata allf de entrometerse enei sagrado de las conciencias: véa'^r' cómo no prevalece allí aquel espíritu pequeíio y ■ncOloso, inspirado por el maligno aKenlo de los discipafos de Porl-Roval, ó por el mal humor y desabrimiento de canonistas unios. Yesque allise ha palpado que es una desfíracia inmensa el subordinar las altas miras de un gobierno á las miserables miras de algunos sectarios; el ser un gobierno el uistnimento de la ambición de unos pocos hniiihr. s el eco del resentimiento de algu- ' ñas personas que se rnM»n agraviadas; es que allí se ha conocido (¡ue un gobierno pierde su dignidad, su inll iiencia, se ftdoa ne em su vigilancia páslorat por loa cuatro éngoloa de la tierra.
Esta es la política grande, generosa, díffna de m gobierno que aemlM atftenle da un nnnrian como la españoíi ¡Oué pequeños, que nulos parecen aquellos hombres que en el siglo actual, después de la conflagración espantosa qve lM pveato la Bnropa á pique de disolver»:?», hacen n-^onnr todavía aquel acento rencoroso que es ahora un palpable anaeronisnio! DísinnilAnlo yo i la emiaeídad 3ue se alimenta de viejos y gastados recueros, al orgullo herido que mira cómo se levanta lozana una nueva generación á cuya dittn no puedeencnnbtarse, al mérito tun V postizo que porestraña casualidad, y como por sorpresa se hubiese apoderado del titulo de verdadero; pero á la verdadera sabiduría, al verdadero talento, ai hombre que msá. capaz de ser grande entre ios grandes, que no haya de temer los sistemas francos y ge> nerosos, que no haya de mnenlar su rnm^ tacion sobre circunstaneías escepcionaies, que para figurar y medrar no necesíte las épocas de rencillas y disensiones, que no haya de conservar su' nombradla como débfl pantalla sostenida por (o^ pnrdflrw, solo por , — ciertas miras, y quizas con burlona sonrisa; en toda la Igle- I á este taino se'lo consintiera, no se lo perdonara: tú te olvidas de qui^ erSS, ledu^i te oscureces, te achicas.
Fijados ya los dos puntos capitales í]uq nunca debe perder de vista el gobienio, IB" dicado con toda rlnriHad e! e'^plritn qne en esta parte debe presidir a su conducta, oIk serraré que lo primero qne debe hacer d gobierno, es salir cuanto antes sea posible del terreno de la política. ¿Qué? ¿Os parece esto una paradoja? escuchad: Las naci(>-nes qne tienen gobierno representativo; mayonncnfe si es desde i>oco tiempo, adolecen por lo coman de una falta, y es el tratar demasiado de poUtiea: siempre eolau con los ojos sobre el gobierno, siempre sobre las formas j)oHticas, asemejándose al que se entretuviera siempre en contemfdar v retocar una máquina, y no cuidase cnaIddM btraxoB, de obatácoloe't de eofl^niMuim/al I U «laboraeion de lis namifitafwas; lile d un mal muy grav« qiie és pitfliw wcdiar, éá k» meno!; disminuir; no conviono (MMiyiariie tanto en esto, bien a^i como añilaría nial CMUMMdo foin iMdilHe cootíniiaincale de sa roniplnxion, de su construccinn nr:;ánira, del régimen de vida qae le conviene, y desciridira el cumplir sm oUigaci<mes, olvidandani tüMt, y m mímtftt'por wm ÍDte> £1 tratar demasiado de oolitKa, el hablar ñrmpre de GoMthveiM, m tema efacUrales. diputaciones, ayuntamientos elf. etr., tiene el inconvonientc deque hace fermentar ks partidos, da origen á otro» nuevos, esaüa wcaeiéDj desa^n^aMei, éMde bs ánimos, provoca disturbios y imstomos, y despertando la aaibicion franquea la puerta para (pie honÉffvs indignos piwMi MiMré lee altos paestos del Estado. Es de la mayor importancia penetrante de estas verdades; afortunadamente no puede decirse ({uc no se sepa en qué pasar el tiempo: el arreglo de h harirnfln, In formarion Oe los eódifíos. de buenoíi planes de educación y enseílanxa, los estaUeciinícntos de lieneíicencia, el fomenta de h eiqrietikiira, tnéualria y «HRcrcio, fíírcn'n par rh^ñn ospsriosa areOB donde podran cauqiear ei talento, el saber y la «speiieneia. Conviene pues, lo mee Mmui posible, corriendo, digámoslo así, salir del terreno político, y pasar n ornpnnsede otras materias, donde puedan reaii/.<ti^ mejoras pc^ttivas, prácticas, que detciendan íiMla aquella parte Hel pueblo que trabaja, pa^, mas que Míe y ealla: es menester mi» práctica. pMílí?isno; beeta ye de eeeseoeeliones tan á proDÓsilo son' para tenemos en contínoo sacuaimienlo, en sacudimiento que luce sobrenadar en la superficie lo mas valo man Kieni qne-ba? enlie noeeliee, mientras está oculto en el fondo tndo lo rpjp hay de mas grave y precioso. ¥ á la verdad, ^qúién no se pasma al ver tantos hombres improvisados, míeatriB yacen en la oscuridad lantoo otros por vmekm titnlee respetables?
Ni exnle en Eepate como en etres partes mi cuerpo de nohie/.a, que por su |)osíeion y circunstancias pueda ejercer mucho inílujo sobre los destinos de la nación; ni la lev i hnluwnlal le reconoce como cuerpo político, ni el espíritu del siglo está en tíil sentido, ni las costumbres de Esoai^a, quizá las-t ■IB populares y niveladas ae Europa, se | mMrian con una •rístocFMw que solo con- * tara con tilnios de naétniento; sin embargo entre nosotros como an (<kI»« partes, no deja de haber una considerable (lorciou de ciudadanos que por la jntinia ftaenta de las eoaas.se levantan con m^iv itistos títulos sobre el nivel de sos compatricios. La propiedad muy cuantiosa, con tal que no recuerde una fortuna improvieida eon malas utest lacaMH cidad estraordinarla, ó n!n mr'mt»; n>uv dístinguMb; los grandes servicios hechos al EstMoé el hnber ocupado por largo tiempo los puestos mas eminentes; y también un nacimiento de antigua é ilustre ciirtimtn, son circunstancias que por mas que se diga, ixhdean á la nenMÍna éí derto eeplendor y le granjean In confianza y el respeto de los pueblos. Unajey en cuya formación hayan elloe ntervennlo « nn déciele donde ee lea su firma, una alocución, un proyecto donde figure su nombre, adquiere á los ojos del Eúbliro cierto realce que no deja de contriuir en gran manera a <|ne he resoliedoB en benefício del pro-comun sean man pranloi, mas amplios y mas cumplidos.
Por desgracia en la actualidad, como sucede síempíe deeimeB de grandes revueltas, se hallan oscurecidas, ajadas las reputaciones, y apenas se nota que figuren tantee liombKs, ffue sin duda perece ^ue tienen á ello algún aerecho. En una nación como la espaftola. ¿sera posible que no se halle una porción numerosa de hombres, que habiendo enranecido en dislragnidoe puestos, hayan recníTÍdo un respetable rmulnl dr ^nher y de espenencia? ¿m> conocemos a muchos? ¿no liabn varios otros en quienca nadie piensa, á causa de haberse ellos mismos condenado de prop<^sito á la oscuridad, ó de haber sido envueltos en ella, después de arrumbados por tan eontinmidos vaivenes? Esta es unn psprrin ác nrístocracia que yo desearia que se respetase; este es un cadáver qoe se babria de reanimar despreciando á misera-. bjes habladores qne todo lo tachan de trasto viejo é inútil, fpie *in mirpmtentos de ninguna clase prodigan a los hombres mas respetables toM Kna(ee de epodos. Tengo es-» perauzas en la generación que entra, pero tam|»oco quisiera que dejáramos de aprovecharnos de la ([ue pasa; porque las canas infunden mneiio napelo, pori|ne éfinM hombres qn»» se Hamnn í'ir-lndos, preciadamente han de hal)or conocido el pueblo español, á quien han poMüstndwr portar^' i, y m eweUnlelMtwnw ana toij» eSj^cnencia. En una nacioa bien nrreglada | so de los suce9M- Aqui hay to<las las 0^)1nioaeti, todas kui escuelaii, hombres de U>- todo se a|iravechji, Umíu sirve; y eu circuat tandas oom las nuestiat todo se neoesita. . ¿Guáqdo saldronuM d* esleí circulo de ruuccioues, causáudase con cada una de ellas la ciiid^ de uiiiiares de houibret» (^«le se que^ daa sitt pan, y que da coasiguieaie estaa sii'in¡)ir prcpafados para eiiipcAarse cu promover uua uueva reaccioa, por el seuciilu i^ptÍYo de que coa ella encootraráA'dfi.co-r ipiac? 4icti¿iulo aa dciaiá üemiio i los homdaa Km siglos: Mpaioles que pertoMOon al tiempo de Cários il, IropienaueevNiteniente con partidarios de la Convención. V no obstante, si ha de Itaber gobierno, ai lia de haber nacioo, ea moesafi» aiaeglario tad», armonizarlo lodo. ver cómo se puede conseguir que vivan en paz, sin chocarse, y sio hacerse mil pedazos, enemigos tan viólenlos é irreconciliables.
brcs que ocupan los puestos para enterarse ' Cuando las naciones se hallan en siltureieii siquiera de los negocios mas comunes / Cuu 11 uw üiücil y espinosa, cuando es tan estnir: Ci(a inconstancia, coiMsa^nmilidad, 4»tt esos |) ordinaria la cotaplieaníoii -4e las circnnalan f sacudimientos tau reoio.N, ¿cojou ijuerenios [' cias, son muy vanos los planes de los hom— que nada prosp(!re, (jiie nada se arrai^íue? ¡ hres: y es preciso escuchar con suma des-. Tribte tis u la verdad nuestra situación, conliair¿a ias promesas y lo» uonsejos de los triste pefspactiva. nos ofrece el porvenir; | itarlidoa. 81 ániso medMique qveda al poro una esperanza debe alentarnos. Hay en luerno es aprovechar jxir de [inmto tciflo lo el íopdo de nuestra sociedad algunos ele- u que puede servir, es cuidar de que no se mantos de vida, ellos se mueven, rebullen, | dastrayainaa; y para la maiehaaaMsivv no ¿y pur q«^ no Dodriao nuevamente lécundar nuestro sueloY Si es'e es el terreno clásico de las anunialius, ¿por que uo |>odremos esperar una anomalía felia, anonialia que tendría su or^en en esos elementos de \ida, que aunque ofuscados, y casi perdidos de vista, uo dejan de hallarse entra nosotros en )>astante abundancia?
\ü olvide nnnca el ¿iohiernoque nuestras discordias lulestiuas son prot'uadauieute sockdes; no olvide que b^o la contienda poUtica li;iy ludía de ideas c intereses que afoctau iu mas mlimo de la sociedad y que esta uo se pamhia ea«poco tiempo, siuo con el 1 delie escrihir el gobierno en su liandcra, este trascurso denuchos aaos y con el ínDivo de || es el polo que nanea dake perder de visiae podenisas causas. La violencia, la precipitación, el espíritu ^reaccionario cou que se ha obrado eu ¿spaAa de tantos afios á esta parte, confaBdíendose nioostruosameute las ideas y encarándose de golpe los sistemas nías opuestos, ^a producido uua situación tan amalar y eairaordinaría, una confubion tal, (|ne apenas se atina cómo sera posible introducir cu ese caos el orden v concierto. De una población á otra uoco distante, de un pais aotro su limítro», de una clase á otra clase, so notan erj las ideas y castuudires dilereucias tau enormes, quu no parece sino que se pasa de repente de una nación á otra la mas ostraña del mundo. Mas ó menos, sucede algo semejawlíi eu todas partes; pero Lauto comoeutre.aosatros aR-aÍMiiosbiiipocqiiii ai han mediado causas adoptar esclustiÍHMle eela ó aquel sistema, sino apelara los irrnndes principios amserv adui esdelaiiuciedad, a aquellos principios que no san eaclosiyamento de mninna >o8o«el», (|uc no son nuevos, sino ntU¡;xuos como el mundo, existentes desde la eternidad en ei tipo de toda perfección, cowunicadaa á laaso» ciedadescoo» un soplode vida. No han variado estos, no han desapnreciflt» de h sociedad espaiiola: circuhiu {lor ella como su sangre^ conservándole la eaeasa vida que le reala; después de tantos padecimionlí s Itnzon. jualuin. buena />; estas son las palabras que V en seguida evantar velas con entera conlianza, y arrostrar ios bramidos de los pasiones que se agitan en sV'lono. Defar á los paitidoaAue damea; bien pronto parecerán miseranles insensatos (jue se arrojan id mar eu |M)S de un navio jiara detenerle en su marrfia. tiritarán, prodigarán dietario»? amenazas: pero la nave proseguirá mages tuosamente su ^uüoo: ellos tendrau que volverse a la orioKpy murmullando de dno^ pecho diiaa|ianKWiBnidf la escena. Que no es el acaso, no, quien rifre los destino» del mundo: Dios vela sobre la suerte de los individuos y de laftimeiaMa, y su benéliea y omnípoteMe minda mab tijane sobre di»-fbrtnniak^i >• - t.\. k >♦ lu v-; 1.1 bien mu tM.mSfCUUM acostecuubmn» mütwos H arJUMPAt nsoK 1 nr j^gosto de ■ Ba d prospecto dtí mMHrtn ApoMia, ofre» finins para cada trimestre un niaílro de los urtQcipaies acontecimieDlus paltticos que halúesea ocurrid» dtraftte ei Despectivo ptito^ 4Ío; acompiHiMuMwde algiiiiti nÉKoámm qio indicasen sos cansas, y sorialasen sus Os no hablar ahsoluf ámente de polfíira. Estas circunstancias se verificahan ch la épocA á que correspoodia la rcsefta que temnos olMdo: era él mes de octabrew que tan encapotado y ampnazodor se pro-•eotó, ettiitte se realizaron acontecimientos ten «atfaoraiiiwtos ▼ estrepitb«ios. €reemns qup la generalidad de nuestros lectores no reprobarán una dfiflfcion qne on tan prudentes motivos se funda; nos liemos prometido estaíftdQlgeiMi*, y raiiffaiiios que ntá se^ otorgada. Vam, pues, é enipetar ñncstn AooBkM!ráiieiitii9lMRtahIc8 se han verificado en Europa en el periodo cuya reseña nos incumbe: hechos de íjran cuantin fim vt nílelacioaes, sus. resultados y leadeucias. Ilaa u do á iBodíficar su política general; v si hion ' - « -•. «a wrdad <|i» Bo te ha altetado 1a paz,?
ipi" ¡iliíunos de estos hechns no presentan a primera vista!U|iiellas dimensiones colosales que asomlM'aii ut espectador, no dejan sin embarco de tener la' inas alta importanciA.
Pasó el tiempo en qn»- tío se reali/iib.in eanipawdo eoatao meaes y todavía m Imium cumplido la oPcrla; y (jueriendo dejnr satisfe(h;i la reconvención que nos podrian dirigir uuestrot» lectores, vauioü atiora no solo á trazar ei caadlo^ aino, y ante todo, á señalar la ra7.on porrpie!o íteinos (üffTido hasta elpreseatc. Ya se ha podido cuiH>cerquc si il tiios de alguna entidad, sin que el mido del bieb no eaqaivanma el ventilar las coealioiwa sociales de mas alta importancia, procurábalos sin cmbariro liare rio de manera (|uc iiuestrus ciíeritos iiu coiicilcii las pasiones «a aingoB sentido, y q«e se conozca palp i lilemente cuán ágenos sonmsdc todo liando; lübiauios ul lenguaje de la convkeioQ, na el alcanzar que nos lean, si no con simpatías, al menos nin desagrado, hombres de todas «^uoneü, Alesdo los aotantes de la uionar- ^ia aimelnta bastadlos iKiriidaiies de Ja.mi publica. A uiSí» de. que., el mi.stnr> objeto ijue nos pnq)Uiiiinos en nuestra publicación, quctiiuij t'aiiido,en buena parte, si deseen^ ibebcinos á la. anean rfetoonenla en que -se íwitin ciertas cuestiones, en épocas a/aro«;as mm% la «lue. vauiui- atravcaando. (¡uando estas cauDauonea ne son aeciales,.sino puiiticiis, >ul>c ile punto la dilicullad de niintenor-Btí en la |it>stciun elevada en que nos babiamos colifcado, consultando el carácter de Meatra Hei^ista, y ei mismo interés de Hueslms dui-'.riiias; pero sobre todo, cuando Nieua ya ui ^rito de alarma euaado loa aanidos saliendo. del campo de la disensión han venido á lae. naAsr y «e btünbadbla ludia, eiitr'ii'-'^s juz^amo<: ffoe es mas acertado, para puidicaciones como ia nuestra, ecmr de todo punto la puerta á toda diaeuflonímlilica; y el útiee medie de baeerie eaflon qne fesonahe en el campo de batalla desjMirtase la atención púbffea, concentrándola sobn* los acontecimientos: ahor;i la di- Siomacia ha quedado casi dueña en el cam[x> e tes negocios europeos. Desde Cários V hasta Napoleón habia la diplomaría obrado de consuno cim la guerra; pero no parece délos partidos; y de esta snerte podemos I sino <yue este bravfo elemento prastó toda.s sus luefROs en la temporada del Imperirt, ^ (pie el ífenio de l'nillerand ba ohtetíído un deíimtivo trrunfo'sobre el ^níodel vencedor de AmileHtts.- Btt'^ft«to: rio tachan ya des ejércitos en el camjiodebat ilfa*; en pri^- sencia de sus emperadores; luchan si los H íjdom.itico» en ftl iíarhírtete; y en VP7 de catástrofes sangrientas. y de "cortveúio.<i 'e^^ fritos ron la prfnta de la ¿spada en e1 polvo de SñSf campamento»,- se ven aparecer de nqiente, y se jirdrtaawb eomo seft&tarlas victorias de la diplomacia, astutos y misteriosos tratados como el de IHde jtilio (!(• JSiO. Tratado en que so estipulaba también la guerra < yiñm |q«é guerra! un rato dje salva; basta 'I n rjni era la Bttro|ia coNgada coQ^ tra Mehemel-Aii. • ■' t!omo jtertenecienteil época anterior, rio «os tocíi bacer la historia ■« éste tratado, ni de Ins rcsidtados que tuvo para el \ de Eitipto, ni del aislamiento en que se encontró ia Fnnoia en este ne^^octo, tenténdo (jtte preaeMeiiir eem lee bnoMM ' ervsidotf j jcdnid I I bs navios ¡nf^lusi^s ejecutaban en (trienio la .volmilad de lord l'ulmerülun; y si unicaiueule debemos llaiuur la alencioii sobre él, como una de las causas ({ue mas han contribuido ii modilicar la política;;eucral de Kuro|>a; o (luiza mas bien, como una ocasión crilica ((uc fia revelado lo que babia de falso V eii¿;anoso en la decantadn alianza an^'lofrancesa, sirviendo de punto de [Kirlida para principiar una nueva ei>ocaen la combinación de las relaciones de las irrandes potencias. Conviene también recordarle, no solo por ser el único acontecimiento reciente que pueda llamarse propiamente euro[M''o, y cuva iulluencia, se,miii todos los indicios se Fiace sentir en la actualidad, y se bara sentir por mucho tienioo en todas las cuestiones de política íjeneral, sino también |>or<|ue es imjMjsible dejar de mentarle, teniendo que hablar del hecho que se ha realizado |>osterioniienle, merced á la política conciliadora de (luizot, de ser de nuevo admitida la Francia en el congreso de las grandes naciones. Fundada esta reconciliación en el tratado de de julio, y publicada poco después, ha ocupado en los últimos meses la atención de la prensa de Enrona, y particularmente de la ÍVancesa; estanuo como suele decirse á la orden del dia, hasta (jue los acontecimientos de la Península han atraído sobre si la atención general.
Discordes andan en esta parte los amigos de Tbiers y los de (iuizot; alirmando los del primero, que la Francia ha sufrido una humillación, que (juizot la ha consentido; y <iue entrando de nuevo la Francia en el congreso de las grandes naciones. después (jue a pesar de ella han hecho cuanto cumplía á sus respectivos intereses, llevando a cabo sus voluntades con desdeñoso aire de su()crioridad, es mas bien que un desagravio, un nuevo insulto; y que Guizot negmiando esa avenencia, y haciendo <pie se sonriesen maliciosamente el gabinete de San James y el autócrata de las Kusias, ha dejado muy mal parada la dignidad de la gran nación (¡ue reuetidas vec(!s ha dado la ley a la Europa. I'ero responderán los partidarios de M. Guizot, que M. Thierscon su imprudente política iba a provocar una conllagracion que podía ser fatal a toda la Kuropa, y particularmente <á la Francia; que las miras de esta con respecto á Oriente (¡ucdaban salvadas en su parte esencial, y (pie el mantenerse la Francia en actitud imponente y amenazadora, y el empenars« en exigencias escesivas comprometiendo la paz general, era no conocer los intereses de la misma Francia, era olvidar que la época de Luis Felipe no es la época de Luis \IV, ni de Napoleón.
Tal vez no anduviera descaminado quien dijese que ambos contendientes tienen su parte de razón: á la verdad no parecía prudente que la Francia se aventurase á los azares de una guerra contra la Europa coligada, ni era |M)SÍblc suponer que tal pensamiento cupiese en la política paciiica y contemporizadora del hombre <pie desde iH'.iO rige ios destinos de la Francia. Y si esto era muy fácil de prever, ¿á qué tan ruidosos armall mentos, a (pié tantas bravatas, si al iin no i| habían de producir otro resultado que cargar inútilmente el presupuesto, y híicer sonreír la Kuropa en el dia del desarme? Si la eje-' cucion (iel tratado era humillante, y adeuias DO era ¡msible imiiedirla, no parece muy político el acre(entar su importancia con el ruido de grandes preparativos, haciendo resaltar mas y mas la numillacion para el dia en (pie fuera preciso bajar la cabeza. Estas reflexiones que favorecen poco a la política de M. Tbiers, no dejan ciertamente muy i airosa la de M. Guizot; porque siempre resulta (Míe durante su ministerio la Francia ha ceuido.
La resistencia de la Francia al tratado de i 5 de julio envolvía algo mas (|ue lo relativo á la cuestión de Oriente; tratábase de si I esa nación babia de recobrar o no lasuprcma-! cía en los negocios eun)peos, supremacía que ' ha perdido desde la caída del imperio; y no creemos que fuese buena oportunidad el eui-I peñarse en recobrarla habiendo de luchar. |K)rde pronto con toda la Europa. Había, es ' verdad, un poderoso motivo de indignación, ' al ver(|ue la Inglaterra, cuya amistad.se había buscado con tanto ahincó) desde 4830, se burlaba hasta tal punto de su aliada, des-(piilibrando de tal manera el famoso contra-|>eso en tpie se creía que la Inglaterra había entrado de buena fé pani contran>star á la Santa Alianza; pero no quedaba otro remedio (jue devorar en silencio esa pesada burla, (|ue este es el nombre que mejor le cuadra; y lo <iue convenia era escarmentaren la cuestión de Oriente, para aprender el caso que debe hacerse de la alianza con Inglaterra, conocer el nuevo sesgo que debía darse á la política francesa, y la difertíuto actitud que convenia tomar en las nuevas ís que fuesen ocurriendo. No ha dias (fiie un órirano del ministerio I hatlepiurado ainnriramente e>lu error, en tono tan acre, y con frates IM TtoieotM contra la Intrlatcrra, (^ue bien ■ostrahan el comprimido despecho que abrip el ííahinete de las Tnllerias. Se conoce que no le hau causado ilusión los elofíios, al-^0 alVct.idos en verdad, que el actual írahinpto xüiíWs ha prodigado al gelV' de la nafion fratKosa, y al ministro de nejiocioií cstranpi N hombres de estado in.í!;lescs, y pariu iii. lí menlo hombres como INm*I, no se «jan enlusiusmar por alagunas prendas personales de reyes ni de mini>tros cslrauííeras, hasta el punto de proruminr en pompeaasalabfiDzas: cuando alaban de esU) suerte, ellos saben por que; dan un voto de Eias por lo pa^rido, é tienden un lazo el prírvenir. Si liiéramos Iriin' i m'-í, no huhieran sentado muy l»ien l.uiios elopbs proriigadoH ni ministro de m -ociks esir: hultieramos preferido una virulei\i I III. ortiva.
«*'Cojno quiera, se hallan ya de acuerdo las (Enndes |K>(encias de Kiiropa sobre la emetliae de Orionte; el sultán ha recobrmlo par-(!' dominio»;, la osadía del turimleulo ■ u\n i'iiiivnada, y las cosas van si' • • [».irilir,un"nt.> su curso, hasta que ■>«'»itMi nuevas eoníplicaeiones. Y no 1 '. (I nieuoi^ de presentarse, ponjue uu imperio, lo mismo que un edilicío. n4) se pulsos del fianatismo. ha sentido debilitar sus fuerzas, lueiro que el error ha producido sua frutos, V que el calor del fanatismo se ha ido debilitando coa el trascurso del tiempo. Colocado cara á cara con las naciones vivili-* cadas for el cristianismo, sti brillo ha cesada eomo el de los asiros de la noche al ra-* yar el sol; y después de sus imjM>tentes ten-' tativas para soju/.fíarel Occidente, ha caido sin fuer/as, sin aliento, a los pies de la civilización cristiana. Cuando contemplamos á la diplomacia europea afanándose ñor prolonsar alpimos años mas la vida del imperio Oton)ano, paréccnos ver á los suceson?s de un moribundo, que rodean su cama dispen* sándole toda clase de auxilios, para prevenir ima muerte sobrado pronta, que no dejaria > tiempo para el conveniente arreglo del reparto de la herencia.
El genio deMehemet-Ah, ha hecho quizás nacer al^^nnas esf^ranzas del rejuvenecimiento del imperio de Oriente; y la imponente organización de sus fuerzas terrestres y miritimas, y la TÍp:orosa administración establecida en los paises que le están sujetos, se han tomado á la vez como un co-* mienzo y un preludio. Confesaremos francamente qtie participamos poco de semejantes esperanzas. Indúceno*? á esto la reflexión de que jamás se fundó nimrun grande imperio, ni \wr una or;;anizacinn militar, ni por una vi:;orosa administración; todo esto indica á lo mas una acción fuerte ida \>or medio de puntales, sino por la j, por parte del f;ob¡erno; pero noes bastante a de los cimientos, l iemoo ha que el ¡j producir un cambio social, famhio indispcnío <Momano se vn cayendo á peiinzus; sable para un verdadero rejuvenecimiento, e ha desplomado coin|»lr!;iiii. ote con- No negamos a Mehemet-Ali su penio oríra-' — en un MMulon de rmuiis. es |>or- nizador, y que su reinado 'haya de fonnar ituli'» iniie< (le Koropa. U!»!»»!- |¡ época en la historia de Oriente; no i^norann i t ir-t smIki' «lili '11 lia de(|ue<lar mos la ¡rrande influencia que ejerce en la d«!l terreno donde se halla el careo- || suerte de los pueblos la aiwricion de los trrandes hombres: |)ero las sociedades para lormarse de nuevo, o para rejuvenecerse cuando están caducas, necesitan algo mas que hombres. ¡Necesitan print ipios que se hitren hasta su corazón; principios qae obrando sobre las ideas y costumnres, reformen al individuo, y organicen la familia y la sociedad, dando asi tma basa anchurosa V sólida al establecimiento de buenos gobiernos. Y ¿se haflan en Egipto, en el imperio Otomano, esos nuevos principios? Se na dicho que la civilización europea invade aquellos paises; pero es menester advertir qiie lacivdizacion europa encierra algo mas •dilirio. le van ap^mlalando ílel mejor ni" saben. sm otra mira que la de upo, aplazando para mejor ocasión ti completo derribo.
La conservación é integridad del imperio Otomano, fifrnra eñ los protocolos europeos; flWS él no deja por eso «le estar moribundo. Y perecerá: porque el porvenir de las na- <Win no pende de lo que esl;i es rito en lasearleras de los di]>lomátic^s, sino de lo «\ se halla prescrito en las leyi.'s de la Proencia. El iniperio Otomano canne de principio vital. y sin este nada vive. Funda-«lo sobre un dogma falso, y agrandado á im- 'AiCiÉKlo que rrino''ÍTiiicn!f>v de aígnitrnt' higenieros y niannos, algunas nocioaes admioistrativas, que el arte de los manejw á^loniáticos, que el estotro lie \tís idiomas, quo ol talento áe. redactar una caceta. Estas y otras yos»s^gcffcÍantcs las son ellas la civilización europea; esta es alfro mas ^nde, mas rica, mñs fecunda, es madre de la cultura, pero no se confunde eon ia cultura. 8d raíz es H (rórtiaiiísiHO, por el ha vivido y vive, ora la niinMnn< naciente y tosca cómo en la época de Carlo-■tagQoV de hs prurada», ora la conlempliímos pufanlc y culla, como en el tienino áe Carlos V, d<' D..liian de Austria, y ríe los franceses conquistadores de Argel. Los eo-Mpeos en el dMviiMüMIcinto'de su grandor y poderío, se imaginan capaces de enseñar a los (lemas pueblos so propin rivili/acion; jiluhus que no advierten qne semejante conducta es un miserable empirismo; mic no recuerdan quién llevó á los lin<:qtip«: ih las Gi^s; delaGermania y de la Gran Bretaña HIS yí IUMJ1V5 ^BfmBBCSrWnm^ fStmnKOnñ moderna; que, no recuerdan que eratt aquellos hombres que con el crncitíjo en la n>a-Ho, la dulzura en los labios, y la inocencia T la caridad en el co^zoo, le» anuilHiNA la Iniru.i 7ni':rn. nrrancándolos de las superstici(tnes de Tuiston, y de los sangrientos sacrifictos 4e Tteutatér. La elvfficacion eunv-.|iea no se tnocolará á los países de Oriente, BÍ álns repones dominadas por los franceses en Africa, si no le preparan antes el Mmím, 6 por mejor MHlf'ii Mi Mlian priittto m semilla. los misioneros católicos. T Bo basta que sean misioneros de sectas <iue se apellidan cristianas; esas sectas son Vtanientos separados de la vid, y su infecandidad está acreditada por la esperiencia.
La cnestkm de Oriente trae muv ocupa- •tfÉri tedoa les gahiaetei^^gurópa, y forma uno de los temas principales de las discusiones de la prensa; y con raron, porque «sla es en venlad la gran cuestión europea. La Europa coajada de pueblos industriomi, rechnr.a de su seno la cui'rra; y sídc vez en cuando la ambición de ios goMeme» se inelina é pravoinria^ se ^iéiiteii -deséif luego detenidos ante el iomeuso cámulo de inte* reses que van a herir, v r<^!nx'eden temerosos de cscitar la «idifiuacíoa do los puejMob.' Pera la de la díplómapia '!
novar sanirrienfas qjicrellas entra nacíone* vecinas. por cuestiones de territorio, como aconlecia en olm tiempo, complácese en encontrar ak'iina victima débil que desmeaitNiar. Kl in)|)erin df í)ri»MilP se |;i olreee, v al columbrarjos rogipinnent<» ji que pueda éir la frrata perspectiva oe que por estos rompimientos no será necesario que los pneblos europeos pierdan su tranquilidad; sino qne sin oestmir loa grandes «$4«Mecimíenttii*ii¿ briles. ni estropear caminos de hierro, S(! ¡lodrá decidir la contieoda en aquellos msm^ mares donde se decidieron yñ iñtUMé^ ees los destinos de grandes puefelos.
Pero lo repetimos. sea cual fuera el giro que vayan tomando las negociaciones diplomátfcas. y el flüMtiMMi^e rompí tnleiiU^ mM ó menos hostiles entre las erandes potencias, el porvenir de Oriente es triste y deplorable. Su sociedad está herida de muerte; y sobre sociedades moribundas no se fundan imperios poderosos y brillantf's \si (jun. ora caiga la ciudjid de Conslanitno bajo el imagicgauutm ci ■m^um!omano al desmedido coloso del.\orte, que va absorbiendo cuanto le rodea; ora se hayan de ver destrozadas las provincias del m'tí-Kadado imperief eaMelidn la pkrte^Hnr^ propósito para las oporacioBes mercantiles a tos ingleses, para que desplieguen su sorpnmdente actividad en las mismas regimn» y en los mismos mares, donde se esplayó nn (lia la de los fenicios. de los rodios y de los venecianos; el pais de Oriente yacerá poaiflll»,''«tiiifme, basta que mu fine*M» principio vaya á reanimarle,.\hora mismo, ¿de qué sir^e ai saltan el bal>er recobrado algunos territorios, si tan pronto como se faa levantado de ellos la mano de hierro de Me» hemet-Ali. Iiw raido en la anarquía? Si no se puede introducir en el imperio Otomano la acvMi ¡dlf^ttn principio ' it iiMMte, 'cvmMmi mejoras en 6\ se hagan, tiídas serán postizas, y por consiguiente endebles e inlocundas. La misma cultura europea importada en aquellos paises. no será mas trae un rM pabell ón qm^ un viajero deniega en ift «Twatesdol desierto.' ■. ' '-W