pohlico si este' derecho le arruina? ¿Qué4é importa la mayor esltíosion de las prcro^ativas de uu monarca, si este abusa de ella* (wra opriaifle, ftm daftar «u^ inlereses'f. contrariar sus coslund)res? La libertad es ¡)ara él un mal presente, cuando vé porias cuota;» de las contribuciones que tetcuesii cara, ó si esperínMAta de coBtiMMufi»>oaB el ruido de los motines ))alriólicos es perluritado en su tranquilidad /ioniéttlifia.; y.{Mr «l cttn^rario ai lai wsoMitiirift to.tj^wéíeea. molesta ó le alropelle, el aiismopiMier ^ ea^ picudor de un trono noseránjnas paraél que el siniestro fulgor y temiUe |auaoza une deidad malálica. Guando, kMi.flfeMiie»«a^ encarcelados y apaleados el año 23, en vai^ les hablariais de la bondad paternal dai.aei^ ;«al ordinarias, vive con su posición social, vive I berano y de las dulzuras de stt;Getro4 á ki su religión: contrariadle en. cesas | realii>tas eacarcelad<ieiy epeleedoaeulafioi^ ora i luilil quo les ponderarais la dicha de un jegimen de Uberted; iJn^s modetadoa váesiic tutdos y desterrados el eft^ 40 'éHUk^Mlá les inspirará entusiasmo por el IcMnii del progreso; y los progresistas que también ban.Aeiudo su iurno, no creíamos que lampof co estén diapneslos é encariHeMeiyer ^ alianza del orden con la libertad y el sistema pariamenlario, tales como los lían enleiK nombre de cuakjuicr forma |)f)lilica, y (esta forma uara él sera mala; favorecedle, y la formi política para él seré buena; de¡iaa'> le en el mismo estado iiajo diversas forn«t> y para él esas formas serán indiferentes.
Asi es que en todos licmi>os y en todos loe países del mnode, bajo ledas* las. fwmas | iwlitiras. yon cualíiuior errado de la escala | social en (|ue se hayan encontrado lospueblos, ita habido una medida siempre leoun- dido González Brabo y Naj;vaea..
de en descontento, en odio ¿ la aulioridad, y con frecuencia en insurrecciones sangrientas: el aumento de contribuciones, i Y por qué? Porque el hombre puede cvider ten poco Gonioae quiera de las formiasque pfevalecen y de los hombres qne mandan; pero cuando se llega á pedirle una parte de lo qne le sirve para satísAieer aos necesidades y sus gusltis, no le es dable ser indiferente, no le es dable dejar de notar la dilorencia que va de lo nuevo a lo antiguo; de scnlir- Tla si le perjndíca, de quejarse de ella, y de " contraria ría en cnanto le sea ¡wsible. Hay f; Otra causa que jamás pasa sobre los pueblos sin rastro de sangra: d cambio de religión. ¿T f»er qué? Perqué entoneas le baee necerio menospreciar lo qne se veneraba, y En IrlandaJee.
En IrlandaJee.
aristocracia porqiíe esta es síi «lemento de vida, y los.católicos/á la de«iQ«raciÍApw um .nzonopuo6Vi;«o.Fr«nnia-|(M liítniminm\ baten» Um4fd*é6 AímümM»ít9§t^^ dÉ ella temen el menoscabo de sns sistemas y ,el pE6|greso dü la (ttitgHMi;.y el «kro.gr »uá lamigps.y los neriídaiiesiíie -Mi-mtmmklt proclaman esa libertad porque en elle amr lian para el triunfo de las ideas religiosas. En Espafia los hpjjjdi^es religiosos han sido generalmente roiy monárquicee porque han creído ver en la monarquía un apoyo de la religión; que si «si no hubiera sidó, ai en vez de una liberlad volieritÉi buUénMS tenido un flboMnrca de las ideas de Ciriqne VflI, de Federico ó del emperador Joicatur lo (|ue antes ó se detestaba ó no se co- il se, naturalmeate se hubiera €om^mado>>«l nede; se hace necesario miraroone saludable lo <|uo tenia por dañoso, y como daAOSO, •leuieMo i*Bli¿ioM>«flte«l Mbirill un fenómeno ótauii üiyiLized by Google ¿?or qué Napoleón ha sido y es todavia el ídolo (le los que en Kiiropa han blasonado nías de hherales? Porque en él estaba |iersonilirii(ia la revolución: jion|ue bajo la torma política mas dura, el (Íes[K>ttsiuo militar, vcian las <;oiiipiistas de la revolución ÉWgvrtdas y triunfantes.
Jamás ninguna es<'ui'la. ninsim partido, nin^-'un pujido ^nrritica a los >istnnas politiros lo> -uciiilcs: (li -^df el lUoiiK'lilo quc los ve en contrixlin mn se decide por la salvación de rstos últimos. Si en su enlendiluieuto o tMi l(ts hechos los habla unido con mucha fuerza, procura ante tcdo lal-car los primcro>. si eslo no basta infringe lo que ellos prese I liten; si ni aun estoes suficiente, los anandona, los abjura, ft Est;i |;i historia de los parlitlos (>ntodas «ÉB revolui itmcs. y esta es la razón |M)r que Apartido lihcral en Kspaña, comprendidos Ms varios tnaliccs. jamas hapodidopliiiU<;u la libertad. Sus i<l«'as sociales estaban vn oposición con la in¡i\oria nacional; y para realiza rla<9, nunca ha prniido dejarla libre, seha visto pici isinlc» á oprimirla. Y por esto laü nrnas electorales han dado siempre lo «ipie ha (luerido el partido dominante: mode-Hlées solos, progresistas solos, combinación en distintas pro|>orcioii( s, seuun que el Sctivn partido dominaba mas o menos sivamente; |>ero jamás monárquicos mIMi ni en mayoría, ni aun en minoría alan^eimsiderabie. ¿Qué indica este hecho? J^oe la lilHTlad ha sido un nombre sin.seny la elección popular todo lo ha repre* ido menos el pueblo. » Por manera que los partidos liberales, tales como han estado constituidos hasta ahora, y están aun en eidia.se ven condenados á emplear una forma de gobierno que por necesidad han de falsear; teniendo en esto mas rulfia las cosas (|ue los hombres. Y en verdad cpie seria mucho exijíir el que un partido se suicidase; y se suicidaria cualquiera de ellos el dia (pie dejase á los puehlos en comph'la lilM'itad. Ved al partido prosresista solo en las Cortes durante la d(m)inacion de Espartero; ved taaibieli solo al partido moderado dui'ante el mando de Narvaoz; ved á ese íiobierno qne reforma la (lonstitueion para escudarse contra los Iiropresistas, y que ha dudado en publicar a reformada, y hacer la ley elctoral. v disolver las Cortes, receloso del ascendiente de los partidos «|ue le t embalen. N Cf*l Estas causas han hecho (lue el gobierno' representativo, tal como se ha visto en l'i>- paña hasta ahora, teuga pocos entusiastas; aun los que mas convencidos se hallan de^ que hay necesidad de ronservarle desean <pie sea en adelante una cosa muy diferente de lo que ha sido hasta aqui. *tí VoT mas doloroso que les sea á los «iiie han trabajado por plantear v acbninlar en España las innovaciones poliliras, han de confejjar que las formas representativas han sido una decepción: con res|>ecto á los tiempos anteriores nadie lo duda; por lo «pie toca al presente recordamos a nuosiros' lectores el notable articulo del Tieiuf/o sobre las tres íunuencias. Prescindiremos de la* observaciones con qiMí este periódico acompaña el hecho que consigna, pero no cabe ninguna diidaen (pie resulta incontestable una verdad, y es <|ue de lodo ha habido e.srepl» gobierno propiamente parlamentario.;Comi> se (|uiere pue» que las instituciones se:vcrediten y arraiguen? ¿(^.omo se ipiiere evitar que los pueblos no vean claro al través déla niebla con (|ue se pretende oscurecer la atmosfera política? Todos los hombres ¡lensadores y sinceros se van convenciendo de que estíf no puede continuar asi; de que es menester tomar otro camino; de que es necesario ensanchar la basa del gobierno, dándole nuevos puntos de ajMiyo en las ideas y costumbres de la iniiK'nsa mayoría nacional..Si ha de haber gobierno repre.sentativo no sea ai menos un nwnítpolio de unos (»ocos. que alternativamente se sirvan de f l para dis|M)ner en provecho propio de ios destinos de la nación. >b Equivocados andan cuantos cn^en que si el hijo de I). Carlos llegase a entrar en Kspafia tendría un interés en el restablecimiento del gobierno absoluto, ni que liubieseu de incitarle á ello los consejos de.sus adictos. La necesidad de unas Cortes (iiie sean verdaderamente dignas de este nombre esta generalmente reconocida; y en contrariar esta necesidad ningún interés tendrían los partidarios del hijo de h. Carlos. Cuanido estuviesen fuera (Jel poder, ónoluviesen en ('1 toda la parte que deseúran. su interés exigiría que no les faltasen los medios de oposición que suministran las umnas formas, y de que se carece totalmente en las ab.soliilas; y ruando llegasen al mando y iiece^ilasen encontrar nwyoria en las (borles, es bien seguro (|ue contarían con mas (iror d by Google ya niiichode! partido mrtiiárqnf»*od«l aftn?3; ta Sedo. y fijadas las bases sobre que debeno pasa en vano sobre los partidos In caartii ¡ ría estar planteada la nueva organizack», porte de un siglo; no pasa en vano la espe- I los hechos poltttcoa no tendrían ya la ' ríencia de 10 años ée' lnMdD<; lio fMsan'e» I portancia que íbIw; ofrecerían aqi vatio 7 años de íriiorra: V sobre todo nn j»ri- | enearnitamiento con que los hemos visto 8BB en vano aftos de infortunio. Tiempo i hasta aimra; 7 ia acetan de loe poderes ten twrfdo tos monárquicos para -apreodei* I gntría la direeaiDirde -te opiÉisa» piblMíi qM'no todo se hace con las'anfttf, >4aé «I I apartándose del ter^nodela p(rfilica, y cspfriln del siíílo exiíe (jue se proenr<*: | caminándose en hosca de los medios pera Adetim.
triunfar en Ja lucha de las ideas. En exte teit«ncí'«e lerofhráo A IbsÜdfflMi Itfoitfr- (juicos y religiosos un campo mmcnso dendo despleírar su actividad y enerftia. Hay aan en Kspaña oiucha vida en el elemento wiaArqofco^relígíosot'MlD fiNta ñi^<«átf pa^ oMMmente, desenvolverle, y de esfa inn-■ita hacerie ca])az de entrar con ventaja en Kl partido ■ ttionárqnico en y en ísaí, veia en el gobierno del rey absoluto el ódíco medio de conservar la antigua orgaanackia aodih ea f i4«^istibe trae aqpftlli «ttgaaÜNWMiB. ka 'desaparecido, i qne no es^ lA>ea la mano del hombre restaurarla tal colliof-se hallaba á la muerte de Fernando; en 4845 sab«qiie né paeée>a«p(r«r'A Mfoel objeto. y sí únicamente á consolidar el podarreal. y á sostener y fomentar el elenienfla^raigMÍli de la manera conveniente para ^^eiatii^ga laá^nooufdades dt> la sociedad española, antiguas v modernas. El siplo XIX no es. el siglo XVI; la Isnalla después de atip^umlllllil d« '4 n*'»tm IH» es-ln- ««pana del tiempo del rey; la política que «e habría de sesruír ahora tío es la política de i 823. Esto lo saben los monárquicos. y lo saben, 'ao^solo* poi* tii •r^x4on Biho-^r efecto de esa infloencia qtie está ejVrcíeftdo sobre los hombres de todos los partidos el aiienlo del siglo. Véase en prueba de - esto oéaio lot'BMmlrqiiicos qhc han'ftgnrado en la tribuna en los últimos tiempos nn «(« esfféáun como lo hubieran bicho Iob de otras épocas; yéasd *¿mo la prensa mbdirquica io ahora dista mucho, mucMsimo; tle la •prensa de Í8U y 1828. ' £stos hechos son mas bien sociales que iialHiiiaiii^«no depeMlfiir''d(r can A offfiella ley, de esta ó aquella institución. c-^tin radicados en lits ideas v en las costumbres, y poy^Mliitr no se destruven con nn demejorar el estado inlelectuai, moral y nal 4o los pueblot.
las dos cuestiones reliíiiosa y dinástica, esos dos gérmenes de discordia é irritación, la politica se encontraría sin gran parte d^»- wwnt mi iwwfwwwww ▼ SUS furores; v si nn se evitasen tmlas las desavenencias porque esto es imposible entre Iwmbres, al nicami se lograría ^-aa disootieaen T eos y legales. La sobreabundancia de fuerza qair Mndídolae pwfcaaiones dinásticas, lejos de ser nn elemento de tiranta lo sería de suavidad, porque los gobiernos tiránicos no son iae'ftmrlMi giao loe débüea. Caaaáo el pa» der es (laco, cuando conloce que la basa en que se apoya es ealrecha y deleznablot coando se mnra rodeado de en^gos ifaa acedNn el momento oportuno pora dówihaoi le, cuando ve delante de sí otro poder caído pronto á reemplazarle, entonces -eo-aBastadi* zo, desooiAido, suspicaz; éalMiaaaaalaMé» liai krfigBáÉeato aalo^ios que le tienden la mano par! sostenerle, contempla con hosca y azorada taz á cuantos no protestan de coatiawaAliwiaB y i¿alMaá, camnipe oo^al oro, trafica con los empleos públicos. despliega en vasta escala un villano sistema de cspionage, y cuando esto ito le ' basla\ confina, eacareéia, mata. „iiit^ Ksla es la historia de lodos los tienipoaf paises: loo poderes ^ ban temido poroa etfMaMa'lml iMo'twilqitoiOf twAkicoi^ 4os que nóda han tenido que temer han economifado la fuerza de que fd)andal»an. ó mas bien la han empleado en proporcionar 'boaaNaios i Iba pvaMaB « Tinaiamatea' aaa justicia y blandura.
Ved nn ejemplo bien reciente en noostm país. Cuando después de la íeaabkMrMii 1893 el ray flé rae «wwcauiaadaiiMqie MI poder estaba seírnro. se fue inclinando nalurnlu)i>nieannsis(<^in:i(le suavidad tjue en los uitiuius aims iha ( <<nli-iit,)hi|<i a los constiturionales; y solo s(> \oinn n'préápállas km nuuiidas rii^nrosaN cuando las cnnspírafliBiies y las in\aM(iiii > ilc Ids «Mniiírados hacian creer al fiobicrno que le anienazaltan nii 'li.:{ro&.
,1. Mii.i queréis que sea blando y suave un irobicrno (pie se ve continuanii'iili' en ries^ío ili» ¡HM- i t r á manos de sos enemigos? ¿Y oMiiu podra sor violento el «pie no encnentfa cun (juien eonibalir? Todo ^M»l)i(>rno lieiM#i inslinlo de su pntpia conservación, y cala exi^e que no se bni'a nuevos enenii-||ds: el iiobiorno pues «pie >e encuentra en «M situación fuerte y deseinliiuazada lien-4b de suyo a gransearse voluntades. Si esto •»verda<i en todos tiempos, ¿ qué sera tralá«dos<^ 'li'l xii^loXlX, en (|ue tanto desarroNo I) lo la suavidad de castund)ies.
desacreditandos*- cada dia mas los medios de pura fuer/a?
Kl bijo de 0. Carlos no ge inclinaria pues, romo temen ak'unos, a sistemas esclusivos T violentos; para nada los necesitaría, y por lomismo no querría emplearlos. ¿Temerii |K)r ventura que las < lories desairdsen su persona cuando en ellas se habría revocado 4«-prDsrrip<'ion? ¿Kecelaria bochornos sie»^ 4mp marido de Isabel? ¿Temería ver pos* Mrpldos a sus adictos, cuando tendría tantos nn'dios de darles entrada en las Cortes? ¿•Tentcria la ruina de la antii;ua or^zaniznrioii nido esta yn no existe? ¿Temerla ia\ > de las Cortes en las atnbucKwu s del poder real, cuando este seria mucho mas fuerte, ruando no existe milicia nacional, cuando el jurado no esta ya ni en la Constitución reformada |>or los mismos parlamentarios, cuando se lia trasladado al:.'nbíerno mucha parle del |Kider de las muiiicq)ali(ladt>s, cuando a mas del ejercito liay ta policía y la cnardia civil? Pues qué, ¿ao se ha visto en la ultima temporada, y no vemos todavía, lo (|ue puede uu jj^obierno ^iin cimentado en estrechísima basa, per-SMidcado en un militar, y combatido por iklv 'lili numerosos? ¿.No hemos visto lo re\olucion, lo que son las mismas en presencia de él? Ha pro|)uesto la neiorma de la Constitución, se ha refoniiatlo; ha pedido autorizaciones, se le han con-• edido: ha ijuerido prescindir de la Constitución en varios puntos, nadie se le ha opuesto; y si obtcaida la reforma y las lori/.acíoiies con tanUi urgencia solicitada» ha cri'ídü conveuieule i:o hacer uso de ella», Ksla eNp.'rii'iicío, unida á lo sucedido en liciiijji; ti. tiuii/. ili'/. Biabo, pruelui evídenler leuiente que el gobierno cu Esuaúa puede tullo lo <|ue quiere; (pie al nombre del trono nada se resiste, j jMjr lo mismo demuestra lauibiej), que ai re^ui-ilas Id^ cuestiones relié^iusas v ahogada la di^glim. fie cuntitítuycjje en España un gobierno, este gobierno no dclK'iia temer la presencia de las Corles para Ln formaciuu de algunas leyes y la votación de ios impuestos. Ese espírilii publico que se ha dí.sperladoa fuerza de desgiat las, lejos de cíintrariar la acción del gobierno la auxiliaría;.la institución de las Cortes no serviría para debilitar el poder real, siuo |)ara furtalecerle.
Es uu error el creer que la mayoría del partido caríista »4' hubie^ie de arrojar por ese camino de violencias que tanto se manilicsta temer; si auu durante la guerra se formo en el mismo CBm(>o de D. Carlos uo partido numeroso que de.st>aba la Iraosacciou, aunque uo la entrega <pie se hizo en Vergara;s(en este partido liaiisaccioui.sia que deseaba el malrimooio v el restablecimiento de las Corles liguraíian, Si'gun se asegura, los Uombres mas distinguidos asi en la guerra como en el consejo, ¿.sería posible (|ue después de largos años en que la esperieucia ha venido á coniirmar su previsíon, en que los hechos han demostrado cuuii bíeu pensabao los que creían tpie no se podía exigir lodo, y que eugiéndoio tot do uose lograría n;i(ia; sería posible, repetimos, que se euqu i. I» II en las desatentadas pretensiones que algunos se obstinan en atribuirles?
Las profundas modilicacíones sufrídas iHir el partido liberal nos iudican las que habrá esperiuienlado el carlísla. Volvamos tos ojos á los años 33 y 34; recordemos lo ipu» pensaban, lo que decían, lo qu*; hacían muchos de los hoiobrcs que altora liguraa en el partido moderado, y algunos todavía mas atrás. Sus ilusiones se han disíp.'ido;. atpicllas teorías lau sublimes les parecc'iii ahora sueños de deliraule; a<|uellas e^^^peraur zas Um hala¿jileñas se han trocado en un amargo desengaño, cuando uo en tedio, ea alukliniieuto, en desesperación de alcanzan nuda bueai) ^lor el camino ipic antes uiíra» han romo e( üniou pant la prosperidad de h nación. Si esto ha sucedido á los que han obtenido el triunfo, ¿(tor qué no se habrá Terili« a<lo en los raidos? Y si esto no es asi, "¿cómo ps que aun entre los que han defendido á D. Carlos con las armas en la mano, ya solóse piensa en tina reconciliación, mas no en el triunfo del mismo principe por quien vertieron su sangre? ¿ Si» propone alpnno de ellos loque inlentiiha en 4836? Kn cuantos medios se ofrecen para conocer su opinión, ¿no se desí'ulire esa tendencia a una reconciliación íreneral, á la reparación en lo que sea posible, á borrar esa línea ([ue separa á españoles de españoles, á hermanos de heniianos?
Digase lo que se quiera, \a repetiremos una y otra vez, no pasan en vano los años: no pasan en vano tantos padecimientos; todo se ablanda y niodiiica con la acción de { cansas tan |M)derosas. En ninguna parte, por i nías que lo mireuíos. no alcanzamos á ver esos elementos de tremenda reacción contra, la que tanto se declama. Va solo punto ha- { . bia capaz de prestará ella motivos, y en el | arlicido anterior hi'mos indicado el remedio. Quítese este elemento de irritación, (|ue lo i es {K)r rozarse con los intereses creados v los > sentimientos religiosos de la mayoría de la nación, y lodo lo demás no ofrece las diliculladcs que tanto empcilo hay en abultar.
El principe no abrigaría los deseos de reacción política (pie algunos temen, considerando que para tener alrededor del trono ' Corles en que viese muchos partidarios su- i • yos le bastaría procurar que la representa- | ci<m nacional tiiese una verdad. Estarán | convencidos de la exactitud de esta ohser- • vacion cuantos conozcan el estado de la opi-; nion pública. Es una ilusión el creer que el ¡ , priocipc tuviese interés particular en que . Mo se convo<:asen las (^.órles, por temor de!
• verse combatido ó desairado por ellas; si en: las présenles, a pesar de ser formadas bajo ' las iiilluencias que t<»dos sabemos. ha sido i tratada coa taiila consideración la familia I de D. Cariofl, aM en el Senado como en el ' «j Congreso, eon muy raras- ones, ¿qué sucedería des|»ues de reali/.uio « I niatrimorío, y desvanecidas esas vulgaridiules con que se ha presentado a la fainiliade D. Carlos como raza de monstruos. Lo repetimos: tal vez lejos de convenir al princi|>e recien «. venido que no se reunieran las Córtes, podrit 'inten»sarle mucho qne se reunieran, ' pues de este mo<lo se manifestaría á U Mppaña y a la Europa cuan crecido era el numero de ios adictos a su causa.
Dejad al gobierno débil, buscad a la Reina uu marido que no atraiga alrededor del trono á todos los españoles, constituid an un poder que por indeclinable naoocidld baya de luchar con partidos numerosos, desairad a los que desean una reconciliación y quitadles toda esperanza, y entonces veréis loque resulta en favor de e->;i mi-^ ii! libertad pur la cual mostráis taiuaiiu eulusiasmo.
¿Sabéis lo que resultara? Helo aquí. Combalido el gobierno |M)r adversarios poderusos. de una |>arle |)or la revolución, de olra por los monárquicos, varase couliuuaowate rodeado de peligros, sos()ecliará de cuantos le miren con desvío, v viviendo sin cesar en agitación y zozobra pro^tendera por necesidad a la tiranía. Mal sistema para nscu'urar la libertad el no atianzar el po~ il»T sobre solida base: por esla razón la libertad no ha sido hasta ahora ina.s i|ue una mentira, cuando no un sarcasmo que los o|)rcsores han dirigido á ios o|>riiuidott. Si no curáis el mal en su raiz, sucederá ea adelante lo que ha sucedido en los años teriores: kis mismas causas producen \m mismos efectos. De los motines al des(K>tismo niilitur, del dospolismo militar a lus motines: esta es la suerte de las naciones en que el poder esla mal aiianzado. Si no tembláis de preparar á la nación un [jorveair tan triste, sobre ella caerán los iniorlunios. pero sobre vosotros una tremenda responsabilidad.
Si el principe (]ue trajereis al lado del trono es débil; si, con un carácter Uuiido e índole pacilica, no es á proposito ¡MiraA»-mar jmrte en los negocios públicos y enfrenar a los b<mdos con la espada en lu mano, entonces pensad continuamente en el militar que haya de llenar el vacío, pero enloaees no culpéis á este ó aquel hombre, qii^ cuando el uno caiga,.seguirá una conduolai.semejante el que lo reemplace. (Jue se llamo.Narvaez o no, tan prouLo como le habreisr colocado en el mando so vera precisado a defenderse; y la Uelunsa no se haco en ta-« les casos con el pa|)el y los discursos sin<* con la espada. Cuando habléis recio en eli parlamento el hablara mas recio que vos-» otros; vosotros |)odreLS desahogaros con algún arheiilo de porirHlico. ftero él semine 9u camino, comprendiendo bien que la síiuacion ps situación de fucr/.a, y (jue la fuerza no la leñéis vosotn»», sino él.
Pero si el principe es hombre de entendimienlfi claro y corazón brioso; sisucanicler es demasiado altivo fiara someterse á las voluni4ides de un suiulilo de su regia cs|)r»-sa; si es de áninto bastante esforzado para arn»strar la cólera de un militar y las amenazas de los partidos; si sabe tomar ascendiente sobre los soldados, haciéndose de derecho ó de hecho el gefe de las armas, entonces su inclinación natural, naturalisima. viéndose al trente de un gobierno tan cond^alido en sentidos tan varios, será de {HM hubicstt entrado I). Carlos ru Madrid, hubiera hnbido reacción contra las per soi\as: esto era inevitable, porque estaba en serian la misma fuerza de las cosas. Pero estas las circunstancias del matrimonio? No cierlíunenle. Kntonccs I)..Carlos triunfaba y el trono de Isabel sucumbia; ahora Isabel se enlazaría con el hijo de D. Carlos; por una parle permaneciera sentada en el trono la hija de Fernando, v por otra se ahugaran con la alianza de la lleal familia todas las cuestiones y pretensiones dinásticas. Entonces el triunfo se debía á la fuerza; ahora, no el triunfo sino las ventajas, las debía el hijo (le I). Carlos á negociaciones paciücas, á absolutismo: |K)r«|ue solo en el absolutismo medios legales, al inllujo de la opinión pú vera la esperanza de iniponer silencio á los clp^contenlos y de quitar el pábulo a los revolt(»sos; ponpie solo en el absolutismo verá la esperanza de impedir que por una parle se desenvuelva el ehunenU» revolucionarío, y por otra adipiíera ím|K>rtancia un parti«lo numeroso, «pie no podrá menos de mirarle, ya (\\w no con odio al menos con desagrado, al ver en el un perene recuer-4Ío de la esciusion y proscripción del princi-|>e por quien se interesara.
Entonces podría muy bien suceder que .se viera el cumplimiento de unas palabras Ae\ Sr. Peña y Aguayo en el Congreso de 4Íi|>iitados, que pasaron poco menos que desapercibidas, y que sin embargo encerraban una gran verdad. «¿Pero es solo el hijo de I). Carlos por quien pueden peligrar las «nslítuciones? ¿No hay otros príncipes que po<lrian (wner en mayor peligro aun nuestras instituciones? Al cal)o el hijo de d<in Carlos podría tener algunas ventajas, pero Jos otros uinfiunn.» til Sr. Peña y Af¡uayo en la uahndel 28 de mmcmbre de ArTICLLO 8.° I ÍLTIUO. Matirii) l»c>i> mano il* ItM.
Vamos á examinar el peligro de reacción con respecto á las personas. Temen algunos que el hijo de D. Carlos, si adquiriese influencia en el gobierno, se ensañarla contra ios que han dcfi udido el trono de; Isabel; pero los (|ue asi piensan son victimas de una ilusión que concü)iuron durante 4.1a guerra, y que aplican á circuustan-V cías totalmente UífenMUcs. Si eij^ setiembre blica, al deseo de una reconciliación general, á la desaparición de muchas preocupaciones, á la estincion de los rencores antiguos. Entonces se encontraba D. Carlos solo (>n medio de sus sostenedores, (pie podían decirle: «nosotros hemos conquistado para li el trono con el precio de nuestra sangre, no puedes olvidarte de atendernos, y de prestarte á lo (jue te pedimos;» ahora el hijo do D. Carlos se encontraría al lado de su augusta Prima, que está ocupando el trono nace ya largos años, y en medio de una nación compuesta de bond)res de varios l>artídos, cuya conducta conciliadora al apoyar el enlace, le estaría indicando el üislema también conciliador que en adelante convenía seguir.
¿Qui(>u no ve la inmensa diferencia que va de una situación á otra?.No es el uadre, sino el hijo; no se dcslruvc el trono ue Isabel, se le alírma y consolida con una alianza; no es triunfo de guerra sino de paz; no es una victoria, es un abrazo; no es un partido «¡ue derroca á,uu partido, es la fusión de los partidos en un sistema nacional; no bay com|>elencía de las naciones eslrañas, hay á lo mas amistosa mediación, hay convenios de buena inteligencia; y lodo esto, habiendo trascurrido ya largo tiempo desde la terminación de la guerra civil, cuando se han apagado los odios, cuando han Cüido en desuso denominaciones irritantes, cuandosc ba generalizado el e^ptritu de tolerancia y fraternidad, cuando so ha arraigado profundamente la cunviccíoQ de que es dañoso, insostenible, mortal á los ({ue lo emprendan, un sistema de persecuciones y venganzas; cuando todos los hombrosji " -i - están ansiando una recoücijia^ion tj*., y rccouycen la absoluta nocesidaJ de cimentar el 1,'ohiemo sobre una basa ancburosa, de tener un poder ñor lodos ace[)la(lo, á cuya sombra puedan nacerse honrosas transacciones, sin humillar ñ ninguna de las partes, sin conmover el edilicio del Estado. ¿Ouién no ve la diferencia, la inmensa diferencia que vá de estas circunstancias á las de un triunfo de D. Carlos por medio de las armas? jQuién no ve, quién no siéntela diferencia, la inmensa diferencia que va de I HV] a 1 f^V)?
¡Perseguir! Esto fuera inconcebible.
El esposo de Isabel, ¿podría per.'íeguir á los defensores de Isabel? Entonces ¿ fjué sería de esta? ¿También se (juerrá suponer míe sn marido se apoderaria esclusivamente de las riendas del mando ¡)or violencia, y erharia á su esposa del Real palacio, ó la obligaría á consumirse en un encierro? Estas cosas no son de este siglo; pasaron los tiempos de apelar.i tamañas violencias; estamos en el siglo XIX; vivimos en Euro- Ka; y si no se quisieran conceder al hijo de >. Carlos grandes talentos, al menos no se le ¡wdrá negar sentido común, v el sentido común basta y sobra para evAar tamañas alMirraciones; el sentido común basta y sobra para guardarse de tamaños escesos. A fuerza de suposiciones exageradas y absurdas no hay verdad que no pueda combatirse. Si suponéis que el hijo de D. Carlos es un imbécil, y que ademas tiene el corazón pérfido y cruel, entonces resultarán todos los inconvenientes que queráis; pero con solo concederle un entendimiento regular y un corazón honrado, estos inconvenientes son vanos sueños.
Son tantas las cosas que anunciadas con anticipación horrorizan y que realizadas no son nada!...(^)uien en iHM hubiera dicho que se podían introducir en el cicrcito de la Reina muchísimos gefcs de las lilas carlistas, que se les {)odian confiar á algunos de sus generales puestos importantísimos en el mando mílit^ir y civil, hubiera sido tenido por un insensato. ¡Qué horror! se hubiera esclamado. ¡Cómo es esto posible! ¡Entra semejante delirio en cabeza bien organizada! Y sin embargo lo estamos viendo ejecutado; y los pusilánimes han podido convencerse de quca({uellode bandidos, cabeciHas, facciosos, hordas, caribes, tigres, mónsirvos sedientos de sangre humana, eran cosas muy buenas para horripilar á los niños v á los carlistas eran hombres coitio los demás y nada indignos de figurar honrosamente en la sociedad. Esto, que se ha vcridcado con tantos y tantos como se han adherido al convenio, se verificaría con el matrimonio y todas sus consecuencias. Pasados los primeros momentos de esquivez, unos y otros sereirian de los vanos espantajos.
El crecido número (le los adheridos al convenio de Vergara simplifica sobremanera la cuestión del matrimonio con respecto al punto de vista de los sueldos. Las reclama-( iones para ser rehabilitado serian en menor número, pues muchos ya lo están; y por cierto que el aumento de gastos que estos trajeran consigo se conq)ensar¡a abundantemente con las ventajas, ('on el solo coste de las marchas de las tropas para ahogar una insurrección Aprevenirla se consume mucho mas que el importe de esos sueldos: ¿y qué será si atendemos al despilfarro de caudales que acarrea uno solo de esos pronunciamientos que anualmenic sufrimos? Unanedida grande y previsora con que se afirmase sólidamente el gobierno, ¿no seria á mas de política altamente econ(imica? ¿Qué son unos cuantos cesantes mas en eseat)ismo de cesantías que las vicisitudes de los partidos ahondan de continuo? ¿Qué son unos cuantos grados, en esa profusión con que se derraman los grados en cada pronunciamiento, en cada crisis, en cada peligro, en cada predominio de una pandilla?
Tna de las causas mas poderosas del déficit cada día creciente (pie trabaja nuestra hacienda, y que amenaza llevarnos taixlc d temprano *á una abierta bancarrota, es el tener un ejército mayor del que permiten nuestros recur.'íos, sin (jue lo exijan tampoco nuestras necesidades con resj)ecto á lo esterior. La posiciím de España (lespues de reducidas sus fronteras al Pirineo, y no poseyendo estados en ningún otro pais del continente, es la neutralidad en todas las complicaciones que pueden sobrevenir en Europa. Y si algún día ha de aspirar la Es- [)aña á reconquistar el lugar perdido entre as potencias de primer orden, su jMJsicion {>enmsular, y la muralla del Pirineo están diciendo (¡ue su fuerza principal no ha de ser terrestre sino maritima; los recuerdos que se han de evocar no son los de Pavia y San Quintín, sino los de Lepanto. Necesitamos ejército sin duda, mas no oienlccalüs, pero que á pesar de to<io, los | ni con mucho, el que ahora tenemos; y por Google » k) mismo convicAe prueurar red(ic¡rl(>. ú justa proporcioncon nuestros recursos? ¿Y por (jue conserva un ejercito tan njimeroso, a pesar do Italier transcurrido cinco años desde que terminó la guerra? ¿Es acaso para hacer frente ji al^'una violencia (|uc nos amenaza? ¿Cuál es esta? Y si nos amenazara, y hubiese esperanzas de hacerla frente, nuestro ejército auQ(|ue demasia<Io numeroso para Espafia, ¿estaria en alguna pro|)orciou con ios ejércitos enemigos? El niotivo por que desde (|ue se concluyó la guerra no se ha puesto el ejército espafiol hajo el pie que exige el estado de paz, es porque el gobierno le necesita; es porque esta |>az es solo material no moral: es decir, que los ánimos están inquietos y desasosegados, porque están pendientes grandes problemas, porque es incierto y azaroso el porvenir; es j>orque el gobierno sabe por es|)eriencias deniasiadf) repetidas, que |>ara mantener el urden publico ha uieuestcr el apoyo de las bayonetas. tii,vn«j«/r. r •. ** •• -.
Y de esto ¿qué resulta? Gravámen á la i