SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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"'^WBPtíomplifarMn parece preií nlnne ' 4m Oriente con las desavenencias que se suscitan entre l:i Pm^rta v la Grecia, por motivo de las pretensiones áe esta última á eslenáer simñmíw. Bmu w habla de arrampeali^ á M propio impulso quedasen abandonadas l»re ella con iu roano ambos ail\er!»arios, uo iuera eslraíiu quü ajielstáená armas, a caut»a de profesaníe «adío lan iovelerado f prorundo. P-ero. se p()rnlnn de por oiedto las altas potcncin^, c^i^uclta autoiidad que les da ía piulec- 9m oiKi dispeo^ id 8ul(aii«j v la tutela ejercida sobre el gobierno del rey Otiioii; y luuia hnr.i sin (>revío periuiso y aproUacioo del alio consejo europeo, liftl'-r no dc}aMl4t 4ar curioso, ver d<3 ■Pip babada la guerra en (re la l'uerla y la SSoAi porque sieu la eiNwa de la lasur-Éicaion- viaioa á la», Gi%cia iucbaodo coa aqaella briosa ene^ift^jqu» Bafia^ 4al anbelo la independencév y cf>i>!'<|iiella desesp'- laaiafi coa.que pelaampucbiu (jue oo küia W0lk-^t^'4a lAmák ¥ Ja»ÍMOftofftaU«i diwBsqm' por larj¿ossi;^')os le liano|)riinido, •arfemos aiioraála Grecia condKitiendo como BÉCMHH acaudillada por uii gobierno; y a¡>i piÉWBoa tener nuevas oeaMones para co» noípr rtiJíítfo bii adelantado de!»dc aqni ll i epuca, y cuiuo i>e uutrti en ella bajo eluuevu ii>iei«í>Mj8el noble espíiitti de DaeÍMMilidad é ífldependencia que es el abna de grandes bech.ts: podríamos tandiii'n observar hasta me puutu h'du saiido fallida:» lais esperauzas «MÍ^Uos t«itpie»«iipié iahidaíwinitaa f'tnffi rntiiviasiuo su emancipación, mirándo- ^ «x^iBO ei principio del renacimieiUo de sus Sensible Biámi^íi»i$étmmmítflmkm IK parece que no se apresuran nmrho á conianuMaiklial^ücñas e!>perauzaü; sonaba lemistocles; y luai podiaserasi cuando ese pteiiio babia pasado tar»tos sigilos bajo la mas } bruiul t'»cla\iliul. Es uiuy coumn jUpÜiKiw éáios (iws de la Grecia; y WS lí»n»ociipan esos bellos (fias,!i;i>l;i h;H (Winaft^aÍJíidiar que diüiau de nosotros mas de wlÉHeiiii(ii^tit; \ que en ese largo Irascurso ha pasatki ^solwe la infortunada Grecia la maoo df Al<*iandru \ di* >ms sucesores, la tlel^Aadu iiomanu \ del Imperto, y sobre imperio griego, f tinabneale la délos -iu{"-í>res de Mahonia«i{>l*obre Greda hierro ^ j yace sepultada en el polvo como sus mo'nuy^auB estatuas. Apenas se noto al¿¡uu en sus ruinas; los pueblos «df T'in-npa se emhriairaron de enhi^ia^^nin, y í-aluaaion con alborozo su brillante porvenir, i Vana Uuaian NBaa «a iftflejo á» tsm hot^ recuerdos, era el genio de lo bello (pie batia sus a|g)p|n>«tikluniba cubb» ta de coronas. ui i i...- » Volviendo los ojos á EufOM^ observamos que el Austria, la Kusia, la rrusia, sin ningún suceso ruidoso que baya alterado su so^ siego, ni Uamadois aleaeum pública, vaa siguiendo en su siiltM és ■eiosM « Mi consentir las discusiones sobre gobierno, ni abrir la a^nlada arena de la libertad poUtioa. Sigue el propio cmiímíJs AIsMSiia goiadi por el mismo espíritu: porque si bien abriga algunos eh-mentos mas de inquietud, y tiene cierla& loiutas mas o menos libres, es* ta como sojuzgada pr el ascendiente de las tres grandes potencias, donde se baila atrincberada la roonMigiua pura, bacicndo cara á los propagandÍMiwdel Medisdit. Los das pñnciÍMos, el de absolutismo y el de liberé tad, se han librado ya batalla repetidas ve-^ cea; pefo estaba reservado a la época que bato de nuer\o género. No parece sino que se ban dicho: « No hagamos derramar san> Í»gw en los eanipoa de batalla, transijamos apar algu^'tiMífO, en e«yo espacio podrá «resolverse la cuestión que con tanto empefk) »se ha ventilado, la fiun^ quetkurá dividid ada e» dos giandea porcioiies; es i« imm •prevalecerá el principio de libertad política. »en la otra el de la monarquía pura; y con la »es|>eneucia de un número considerable de •il8S, vspeinoacuái acarrea » los pueblos )>raayor suma de bienes positivos y solidos.» Y en electo: observanda el movnuienlo intalseUial y msisrial ds Aleinniia i y la vigorosa actividad gabcrnaiiva que se desarrolla en los países díe Europa donde prevalece el principia de-la soberanía real, no parece siao ipie han ealÑtd» «a fslo-'é los -olfw doads predominan bis formas represenfaliras y la caaiite^itiiada á IjriUar por breve tiempo, soberanía del f)ueblo. Este hecho es mtt MpaiBHifiudeeiyo copia de resplandor y de notable, y es digno de llaaaar la atención ds SHap^Mia^mitié á los sigbs venideras su ' ' ' *' ' csfkirecidf) noiii!»!»' •'•írnhtido en k»s inimitiJiie$ iutMÍeiuí> lodos los hosibres qae se ocnpsn en eslddiarel desoniS'dAlflsidatsy ds iM iMÜr Digitize<;l by Google el catoUi'ismo qm se ari-abíanDn en Aleinauia con el muui de Lulero, uarecia aoi^na-Mr «a Pnnitil 9omf»á^ Ím «oiwwtteias; y las vidlenUis medidas tomadas coutra el arzobispo de Colonia, intlicahan (jue el gabinete de Berliu »e olvidaita del sijilo «|ue vivía; queriendo sujetar á feii Hiflexibie arrian!',i!i/a(l<ir.i Ii i^la nitn icrii ias de któ calulicoh. beguii las ulUuiua aiilicias, el negocio ha toiaado un sesgo padlico, y la desaveiuMK ia se halla va complelanienle lerminada. No bobrú admirado tanto a los hombres {lensiMlores el nuevo rundto de la uolítica pruMana, «orna loe había MfprcBdioa ia inesperada pret ipitarinti \ viíticiicia de sus primeros m^os, iacdiiicutc debió de aicanxórsele ai gabinete de Berlia, que perst-0BÍeBdo e^lrepitosaoiaaAeéJaa «alMieos, represeiifitria en Kumpa un papd poro tÜL'^no; 2m la eulurcsa era arriesgada, espouteudok 4 salir oeaainido em meagW'^ avoutojWad y menoscabo de su prestigüii:f «uc aidémas, no era prudente promover esa riaie.de CAe»tioaeü, que afectando lo mas m-IHM d«l MiüBn del hoBfek*, iodiaponea á lossúbdtlo> cftn el gobierno; esparciendo para luai o menos tarde, senullas de insubordinación y desorden. Un gobiemo que sepa lo que es gobernar, y que tenga praMMi la necesidad de que lá autoridad púoliea sea obedecida, uuiM;a dek; poner á na hombres en el comproariaa-de áesabedtoacr nar aa»-cienria; jMiríim';R-n<tumhrándose los pueblos a p^e^eIK•ia^ actos de tal naturaleza, y mirándolos con admiración couio nacidos de un beróico temple de alana que arraalia la indignacit)!! (1(1 |M><|(»r. antes que hacer traición a los deberes de su conciencia, dejan de oonsidenr á los goberBMtoaeaaM revestidos de una misión su|>erior, empiezan á mirarlos como opresores, mas bien como dnefiús de la fuerza que como depusita-Mft4»>b antoridad, y se arrej«i mas (acuérnente por el camino de las revoluciones, ^or manera que mirada la cuestión, no di-«emos solamente coa respecto al interés de los pueblos, siiu) también de lea 'gobiernos mismos, es muy importante (jtic en materias tan delicadas se eviten en cuanto posible sea, todo lÍBage-éa'medidaa vieleataa. Estas verdades no so han f»eultado á la sagacidad del gabinete de Berlin; y por esto m procurado arreglar amistosamente sus,ooa4M SastaMa; yá'pasar bién que la cortu de Roma. como poteneía temporal, no puede hacerle ningún daño, á pesat de la Nudasu que ha lle^Mioéitor e»- te nepKK'io, y del sesgo reñido que haí>ia lomado; á pesar de todo, no cree la Priisia (}ue ^>ÍMírda uada de su dignidad c indepeadencia aiiiiiidi éiIíd pretensiones de taiaMi^ ta S<>de. y enviando para amidnr ilr luievo las relacjones a un encargado de ue^uoioa, el barón Biich. ♦-m*-».**!* ^i.

La Suiza nos está ofreciendo en la aelialidad rm nuevo tesfiinonio de cuan peliiro'io es el agitar eu un país las pasiones en iiiateriaflfailtieBS. aobrofladki MMtéa'araae»* clan también las religiosas.

Eu uno de los números anteriores de nuestra Beimla se dio ya una idea del niidoao asunto de tos coufMlaa de Argovia, dat^laa causas que le habian producido. y de Io« resultados que podía acarrear. Lo» lieclios pu»-teriorei I— tMií<le'é<a<dWaÉ# I» grffpe^ aquel negocio, manifiMMido que la cuestión debatida no se limitaba á la supresión <• reslíuiracion de los conventos, sieo que abarcaba «m«iioÉl»«Miba maa espasiaae. Laa posiones política'; v re!iL'•io•^n•í van tonujndo vuelo en aquel país, la discunlia euipieza á saradir eoo vioieneia e» le», ty<oai*Baieaii de Ginebra 4|iie llegan á nuestra noticia mienH» Iras estamos escribiendo estas línea* |>f>drian ser preludios de otros ac^>utecinueutas, que ademas depailírt«la teaaywlidid^iyÉii% amenazasen tamhien á su pwvcnir.

Fácil es comprender que á las potencias del Norle, y sobre lodo a^ JUnttria, no piM»« de imlaBiÉwy guala el tener á^ansñnnedii^ ciones un pueblí) repuhliraiio K>tos contrastes no agradan; y sin que pueda decirse^i^ avestaraaMia conjelafas em fuadaoMlaHM puede asegurarse que seria anuy del irnstn de Metternich el hacer, sí posible fuere, con la Suiza, lo mismo que se ha hecho coa laawpapéMHiMa' itaiia. Mienln» 4a Sm conserve en '^n^ formas repuldirmia';!a combinación del elemcolo aristocrah* <« nnx las coatnaibres patriaroalee, staHleiar (pie pre^ domine demasiado el elemento dem(MTatieo>, inquieto y turbulento como en otros oaise?, la Suiza verá respetada su inde{>t'n(let)ctM; pero en el eaan contrario, ea'iMaester (pie recuerde la suerte de Polonia y de las repúblicas de Italia; y que asi como se ha forma'-do el reino Lombafdo^«eB«4», asi podría formara iMnbiev aáMU^Sillético. Quia Mn fftenif>rc seri h««w que lo» stiteos re- (wrden (pit^ su íioltu'rno c>< tVdtTa!. que esla ii)m«*(liaU> a,;;r.uuli'S nai ioiir^ u nidas jM>r la mas robusta unidad. La con tede ración helvética no cuonta t;im|)o<'n, romo la nmfed»*-niciou gcimanix a, ron esa csptH u' de unidad q«e da el pr(>tei'lorado de grandes mnnar-(juias; las partes confederadas, no tienen tampoco como en Alemania la unidad monarqiiica en ca<la uno de sus {íobieruop; y sobre t(xio conviene no olvidar que en cualquiera conflicto (|ue sobreviniese entre la Sui/a y Austria, loilas las prohabilidades de biit'ii r \ilo estarian en íavor de esta úllilun nación..Muy desvi<ntajns;iin*-iitc lucha uno contra muchos. |M'ro bu ha con grandes Nentajas la uiudnd contra la multiplicidad; y e> iiK iif^lt r no hacerse ilusiones, jninpie ni en lo que toca a la destre/a de los irabmetes de los reyes, ni al temple de los j»ueblos, no pueden comuararse los tienqms pres<»ntescon lo^ di' i; uilieimoTeil y de Carlos el Temerario.

La Italia en un'dio de la prolunda calma que disfruta, merced a la vigilancia de los mpectivos gobiernos, y á los ejércitos aiis lÉieos <{ue ace( han de cerca los pasos de la fpTolucion para volar á re|MÍmirla donde quiera (|ue levante lacalieza, ha tenido también algunos momentos de inquietud; ya que p<»r su f>oca importancia no pueden apellidarse de alarma. Hasta ahora nosabenios el fundamento con que se dice que existia una conspiración contra el actual orden de »; pero parece que Urs fiobiernos. ó han lo su í'xistenciíf, o la han sos|K»chado, fund.ii\(losc en alinmos disturbios que no han tenido eonsi'cuencia notable. Bien |KMlria «er míe los gobiernos se hubiesen alarmado en uemasia, que el instinto <le la propia ífvacion hubiese abultado el pelijíro; si hemos de decir intrenuainente lo que inios. nada estraño nos parece (¡ue e\isuna conspiracicm para renovar lenlatimas 6 menos semejantes á las (|ue se ▼ieron años pagados en el l'iamonle y en Náp«le5. Cuando observamos que en otras parles obra con tanta enerfria el elemento revohKíonarío, ¿j>or <pi<^ henu>s de tener diliciiltaéen que |M>r un movimiento de espansion Müeada también su influencia á otros |)aises? E» aquellas naciones donde se hallan esta- Mecidas las formas de libertad política. vemos qne á mas de lo <pic se trabaja a la luz del día, se mina de continuo el órden exis-•ínlc por medio de sociedades secretas; y l'recoeÉtes explosiones vienen á dispertar i los adormecidos indicando las minas subler-* raneas y los combustibles que en ellas se amoiidinan. ¿^)ue eslraiio, pues, debe pare- » IT (fue en paises d(mde se carece de esa libertad, se tralwje también |>or caminos subterráneos para ¡irovocar una revolución política? Si en Francia hay hombres como ijnenisspt que arrostran un patíbulo cierto por miiiplir el nu)nstruoso juramento que prestaron en reuniones tenebrosas, |>robablc es también <pie se encuentren en Italia hombres, si no para asesinar a las personas reales, al menos para sol)omar una guarnición y provocar un motín.

Durante el periodo (pie vamos recorriendo, ha sido la Francia teatro de estrenas escandalosas; y una que otra ha llegado á ser sangrienta. No referiremos a nuestros lectores los acontecimientos de Tolosa, Clermont y de otras partes; ni la agitación en que se ha encontrado el pais en todo el tiempo de la lormacion del censo; teniendo los delegados (le la autoridad (pie sufrir á cada paso resistt iit ias tenaces, iKM^hornos indecentes, alaridos alarmantes, v de vez en cuando recias pedradas. Los delegados de la autoridad no olvidaran ¡wr nuiclio liem|Ki el famoso grito que soba rescmar al entrar ellos en una calle: cerrad las puertas! Ciertamente (pie una buena |)arte de los alborotadores creia con la mejor buena fe del mundo, que solo se trataba de im|)cdir una medida a(lministrativa, que se denominaba arbitraria y tiránica; pero los directores de las turbulencias luiraiKtn mas allá; la medida adniinistrativa era un pretesto, su objeto real un trastorno |k>Iílico. Asi lo manifiesta la simple observación de la situación de los partidos en Francia; y muy |>articularniente la actitud que en las ocurrencias iba tomando la pn-nsa. Lo (jue ^ (vmvenia era amotinar al pueblo, hacer (|ue los ayuntamientos se declarasen en resistencia contra el gobierno: una vez dado el paso, una vez salvada la primera valla. nada nabia mas fácil cpie mezclar la política con la administraci(»n.;Ay del gobierno de jnlio si se. hubiera amilana(1o. si hubiese dado un solo> paso atrás, si se hubiese doblegado á exig«'ncias ilcirnit'sl La osadía de las faccionca se hubiera aumentado rápidamente, las pasiones se habrían enardecido, y quizás á estas horas un nuevo sacudimiento hubiera' derribado el trono de julio, espulsando del |* suelo francéa á otra generación de reyeu- Fijando la atención lobre el « anH lor ^ etMM acui(teciini<:QU)!» y.á&i Ucsuaiace que IttMKÍdOiiiMaltMialBMrtifcM qm coimeiie tener prci^cnlcs. (jorque en cierto modo caraclenzan la situación actual tie la Francia. Esei uno, b exis^teiitiiade mullipiica*l(js clemisM^ée rdesargiWMdoB monL, que solo esperan ocasión oporlunn })ara producir una venladera anarquía; siendo el otro la resucl* t» firntc/a del poder, y ios háliitM db,tubordinacion en todas sus depcudencaasv y piirtifiilarmente en elcjérrilo. \o nt^irnnMims ({uc di lela desenlace de las coiuplicauuucü en (]iie <aii4iMrta (Kmemmm^wk-^mmtllA» la Fnincia. contribuya solircnianera el tener a. su frente un gran rey; pero ¿(|M(' lioria •fe gran rafs ^ al ein()ezar los di.siurhiu:» eit algún ptitito^je alNindoBfl«e»4M wiloridades, ó le hiciese (lefiMTioM un;! yvtrte di'l ojemlu? K$ ])ocq menos t{ue uupoüdile que Entre tanto loit hombres por sus talealut> be hallan colonos ai írenle de los parli>« óm ttMMkátfrlepdwi, ^mnbaten coq am&r^ nizamiento indMÍble, ó pnm ■dqwiriffj ó para conservar el poder; dando asi im e^rnndSoso ejemplo a los iKurlidos l uu.Npu adurea, debilitando cada díft matei- prrntt|rio án i¡¿ autoridad. A«;i!)irnnsc las mtriftas de ít^.. cortesanos, y ier> han sucedido las nmhifiiiii ncsdelos tribunos. ¡Pobres pueblos! mvm'u Ea bgiaterra han conseguido los torspMMt coii)|ilelo triunfo en la batalla electoral, y a^r hau apodemdio ouevatucnle dei poder. Áj^ov las simpatías de la reina Victoria, fiero ttl voto del pais es«n la tiran Breiaña »na«í |mideroso que la voluntad del muiuiica; y cundenad»«a ks urnas elactaratoi ni liiiiatiiit Melboume ha sido mein'stcr (|ti<' ct-dic-e su puesto al uiinisleno i'cci. \ái uue dchuue& ■los em ideado» eivílM y MilkafOfl- B» I é» latilos *fto& como bava bond>res de todas opiniones^ wjn|K>^ \ vadores desterrados del ftodMfí^ silile que las facciones no traliojen por ííaparecer debían de haberse asegurado ios i^^loi, y no los ijiáten, joa tomar {>arle L wbi^s un preduminio dehuilivo, que solp <ÉIÉ»ttiwmiiiiii * ■I wliaái i twwiripwft eoB i pitáterntser dia^tado pov iaviicadica^^^^ ellas, no poniéndoles eniluira?n; peit» al |>a racer debe de estar alli muy arraigada la méfñnMi de que un dependiente del gobierno debe obedecef #<gobwiiMi, irñr doFnn;enle de la conflanza^e eo sus monos tiaA» depositado.

aquí que se presentan de ninno en la arena los lorys, y cuusi^uua sobre sus adversarios una juimerosa mayoaa^ La ¡ley de cereaki^ ha sido el tropiezo (le Jos iiJiijigB;*pero ininnél mas deicuidaiiKMitc las cosas se eeha de vi^ que no era una simple cuesAtoo^de. arau^UI MM la 4|iie se agitaba « siaoiUiaiBafMlíf iila fíensfn una e^fi^nsa relnridn sobre el pro- i mas alta importancia S(X'ial y política ceso de Queuissct, lio menlareiuos su aten- ¿Convenía a los intereses de Inglaterra lado « ni entraremos en (lormenores sobre i el dar ma,\ or latitud a la im|N>rtacÍDiií^dclos lo» cipanloios hechos (|ue va revelando di- | granas r iyiitudo á-dwmiiwtyndftL itsi iralMii okt ncííocio. Al li-ei if». ( I iilma si- liorrorr/.a, ¡pic en la actualidad reslrini:en e.^^e ramo de y>^teirucede; no parece sino que se abre la ¡ comercio? Ue aquí la cuestión. Ku uua lÍAffni imestMis fies, y que desei^mos { ci^ oomo hili^laterra, donde tan podeeasM las eiiliaña^ del abismo. Por manera que en | son á un tiempo los intereses agrícolas y los Frauí i;i. al lado de la anarquía moral liav el industriales, claro es (pie se habia de dividir órdcu uiaierial; y un pc»der cimentado >o- | desde luef^o laupiuiou puldica en dos granbre una relación, y corroído por dodiiMS | ¿w4raccioneDi|»|w»ÍéPaqse laJNI«^«il>»»i« disolventes, y minado |>or swiedades cons-!' parte del sistema restrictivo «pie eM-luxcudo piradftnis, se mantiene en una actitud lirme é im)M>nente, contra restando la anarquía social por medio del vigor gubernativo^,|>;Será duradero ese es|;ido de co«as? ¿V.i>n!;i monarquía de julio.se ha cerrado hi sima de las la conqM>teucia en el uicicadu aí/uiba el precio de los grasos, y inejoraba.pur coaüguíente las rentas agrícolas, y colocándose en In parle opuesta la iiidu^dia. no >olo (>or ol interés de la> cIí^í^cí» iudu> tríales uicuvsíiír revoluciones? ¿La miarto de 4a«fettpe, tí I rosas á quienes íMlüMdia, la ItaraliMw néai faltade tan liáliil piloto.no sobará sentir las- ' pan, sino también por el de los mismos catimosamenle en la combatida inave? He aquí pitalistas oue podían eucoiiiiar el^orual uias iHias cuestiones que. iotoiiaait al jj^or?enir de barato, si lograban que el operario nec^sir \^FlJViim93^fM9&fá&áttt^^ tase menos para su subsi.stencia.

■atable, y que mas hiere de golpe la atencioa del oliscrvador, es decir, imi sii> frrandes }K)l)lari(>nes dumie su industria se bn elevado a una altura {>r()di^M«)sa, parecía que el iriunlo no pinlia ser dudoso; y que propuola como estaba la cuestionen un sentido ai cesible a ttHia.s la cajMicidades, y muy á proposito |>ara interesar al niavor número, nabian de alcanzar las clases industriales una considerable niayoria. Pero el resultado de ias votaciones ha venido a coiisi^'nar dos hecíms Díttables: la |>re|>underaMciu de los intereses aerícolas en la inaquuia }K)litica, y la inutilidad del famoso bilí de relomia, para obtener lo- i< -ultados (|ue de el se habiao prometido ^us autores. 1.a aristocracia inglesa supo liniirir (pie se doblegaba a las exigencias, iin¡)i-riii^;i>,1 1,1 >;i/i)ti|M>r la el'cfveseMMÍa de los alillliu^; pero sa^az como Mtafire, acertó a niodilicar de tal manera el bilí, que le asegurase la victoria, cuando Mepse ta ocasión oportuna.

Hero a mas de la causa ({uc acallamos de indicar, debe bii>-i <(i >l' todavía otra en las roodilicacioui introducidas en la opinión pública, y en los partidos (|ue la reprt'sciilan. i'orque, poderosa era también la ari>t(H i acia tagiMa eu 1830, prepotentes eran también les grandes propietarios que cuenta en su MO, y siu embar^'o desale a((uella época ten esúido lus torys escluidos t:asi siempre del poder, y han debido contentarse con hacer la o(><)siciou. Fero lo (pie hay ahora que oobabia etitonces, es la nueva actitud (pie km lomado el partido 4ory, y las modilicadsies en que ba consentido; y ademas, se tefúlo (¡ue la revolución de Francia no to-■tfafl el rumbo (|ue al principio se temiera, y asi es que las ideas conservadoras ({ue voJvjao á rvM'obrar a.scendiente, pero que se sobresaltaron con el estallido de la nucn revolucuku lianccsa, se han recobrado del susto, y sin perder nada en tuerza y v^^, bao ^naib) mucho cu {irevisioQ y prudencia.

I*eel ha sido el hombre que en lu^lalerra » ha ejicargado de llevar a cabo la grande obra de los cimservadores. que consiste en conservar lo «pie se pin'da, sm pi(tv(K-ar re-SBleocÍAS ob>tiu<iil.i> |iu('ii.iii acarrear peligros ¿ la cauMi del orden; y no ceder nmr» con lifíereza a exinenoias desmedidas, ron la doble mira de no debilitar la Tuerza iei poder, v no alentar demasiado la osadía ét los partidos reformadores. Este sistema, fruto áe^krWBÉÍtgB Cí^peHencia de hn revoluciones, fs en sustancia el mismo que se sigue en Alemania v en otros países donde domina el principio absoluto; solo (pie las mismas rejílas se moditican seirun las diferentes formas de los gobiernos: resistir con lirmeza, pero no con obstinación, y prevenir las revoluciones [)or medio de las reformas. Colocado l*eel al frente de ese nuevo partido. puede decirse que ha refundido en él al antiguo tory, y á los whigs mas moderados; no consintiendo que aquellos se entregasen a su acostumnrada violencia, ni que estos, Ihictuando en la incertidumbre, §e aproximasen demasiado a los whigs mas adelantados.

l*ero esta prudencia (pie sirve á un tiempos i)ara salvar los intereses existentes, y satisfacer al espíritu reformador de la (»po^ ca. y que ¡K>r medio de la condescendencia desarma en cierto modo la revolución; esta prudencia, re|)etimos. no será bastante para evitar a la Inglaterra las crisis que la amenazan. Kl actual ministerio, á |)esar de la numerosa mayoría con que cuenta en el parlamento, no se ha atrevido aun á abordar de frente la cuestión de cereales, y estrechado por sus adversarios para que entrase en ella, ha procurado aplazarla, pretestando que ante todo era menester reunir mayor caudal de datos para resolverla c(m mas ácierlo. Verdad es que en cuestiones econ(^niicas de tan alta importancia nunca esta de mas la abundancia de datos que puedan ilustrarla; [tero cuando habían pre(edido ya tantos debates, cuando el ministerio entrante parece (pie debía de tomar sus carteras con un ()ensíimiento lijo, es probable <|ue el sagaz Peel haya tratado ae ganar tiempo. de no irritar á las clases menesterosas al principio de su ministerio, mayormente a la eulrdda de un invierno, que según noticias será horroroso |)ara los pobres de Inglaterra, y quizás se propone también realizar el |)ensamiento de sus adversarios con algunas modilicaciones (pie satisfagan un tanto á sus amigos políticos, v que por otra parte le preserven de la tacha de plagiario.

Si es verdad, como lo han a.segiirado los «riglis, que la miseria de las cla.ses numerOM8 se aliviaría con un nuevo sistema en el ramo de cereales, probable es (pie l'(»el no vacilará en adoptar reformas importantes, por mas (pie haya de luchar con los torrs má9 iMtsmdos (4). Tiempo ha qiic fsta acosUiinhrado á scíruir rosiiellamenlc m pensamienlo pmpi». sin ser esclavo de las exafieradas ideas de alpinos de sus inipnidentos ami^'os. l'na de las n»t:las de su pí)lilira es que mas vale hacer a lieiu{H), y contó de Iniena gana, lo que despu«s se habría de hacer a la fuerza: y no se olvidara ahora de lau prudente retíla, ni le fallará la (irme/a necesaria para |K>iierla en practica. Por cierto que en la época de la emancipación de los católicos, no tenia l'eel la im|M>rtancia política <ie ahora, ni se le podia conceptuar tan necesario al partido tory como en la actualidad; y sin end)argo ya entonces supo prescindir de la obstinada tenacidad de muchos de sus amisros. supo despreciar los viólenlos ataques que le diri,:-'ian. no se paró en las calumnias con que le deniiírniwn. y sin avergonzarse de confesar la mudanza de su opinión, llevó á cabo la emancipación de los católicos, arrostrando tranquiiatnente el feo y peregrino apodo con (pie le designaban apellidándole Judas Iscariote.

Los acontecimientos que so liíui veriíicado en Kspaña, han sido tan estraonlinarios, tan niidosos, y por decirlo asi tan fulminantes, que por espacio de iin mes y medio han sumido a la naciim en un profundo asombro, de (pie dilicilinente se encontranin ejemplos, aun en nuestras crisis mas señaladas. Con tan recios sacudimientos se ha despertado también la atención de Kurofm, y asi vemos que la prensa alemana, la rancesa, la inglesa, todas llenan sus columnas de noticias sobre Espaíia; todas emplean eslensos artículos en dilucidar las trascendentales cuestiones que están conm amontonadas y apiñadas en el horizonte «Ir nuestro porvenir. Estas cuestiones existían va desde mucho tienqu). se las veia. se haltlaba de ver en cuando de su estreñí i complicación y dificultad; pero los sucesos de íK'tubre han venido a des|M'rtarla8, a arrojar sobre ellas nueva luz. para que se concentrase sobre las mismas la atención de todos los hombres pensadores de Europa.

No es necesario hacer aquí una rcseita délos flconteri míen tos de oc*ubre;,son tan recientes, fue tan viva la impresión que cansaron y tan estraordinarias las circunstAn- 'I cias de qne anduvieron «compaflados. qne están, y lo estarán |V)r mucho tienqM), clavados en la meiniM ia de todos los es|)arK>-les. ¿yuicn olvida la mañ.nna del i de octubre en l*anq>loua? Solo |M)dra hacerlo «fuien fuc.se hablante insensible |>ara no haber p«r- I licipado do aquella profunda impresión que cnu.so en to<los los ánimos, la difusión de I la noticia de la sublevación de O'Donneii, circulando de boca en lK)ca con la rapidei (leí rayo la nueva de que O Üonnell se había apixlerado de la cindadela de Pamplona jdüclaniiuido la rei;eiicia de.Mana Cristina. Los pronuncianiieiitus de Bilbao y de Vitoria, y los suí^sos de Zara^ioza se miraron como consecuencias naturales de la insurrección do O Donnell, como el desar- { rollo de un plan que debia de estar combinado de antemano, pero aunque no causaron impresión tan profunda como la printera esplo>iun, sirvieron para mantener en terrible espectativa ios ánimos, avivando en diferentes sentidos temores y esperanzas. .Nunca se aiiuardartui los correos con malí yor ansiedad; nunca se vivió en mayor iucertidumbre en un dia, de lo que podia haber aronlecido en el dia de mañana. «A es-A,\> bni.is. (leda todo el mundo, ¿que hajj «bra sucedido en otras parles? a estas horri< «pie habrá sucedido en Madrid?» Los pci iiiiiK os llegados de l» curte iban aumentando mas y mas la ansiedad. pintando ta l{ situación de la capital en aquella incertidumbre aniíustiosa que hace presagiar alguna catastrolc. El ruiii()r'<le la cons|)iracinn era ' publico; se designaban sn- -(n >, se anunciaba su plan; y entrétaiilo e ni;mteni;i en actitud silencii:>.i,.1,-1.,...1li j^. la delensa, a,miarilando el momento critica que había de decidir de su Mierle. La situación era terrible: los conjiir.idos eran muchos; sus caudillos inteligentes y osados, rodeados de prestigio |K»r recientes hechos de amias; si se perdía nn iiisliiiile, si se (les|)ertlicíaba un medio de reM>(ciu'ia, si se jiaiiecia un descuido, lo» resultados podían ser de iiiiiiei)>.i cuantía: se trataba nada menos de si dentro de pocos días, tal ve/, horas. debía de ser pnn lamada <:i.>í;itiiiil la r<'.gencia de ( i'H n i, cayendo el Kegente en mano cte los cunju- , rados, ó buscando un asilo en tierra estran- Ai imreeor el gobierno seguía de cerca los J |íast)s (!'■ la lonsiiiracu»!!; y va que no le fiicrí» posible coíTcr bien su hilo, n\ meuos leiiiu iiolicias hu^lu IcinJicahiiii el diii <mi que liahia de esUiUar. Asi se le vio (lc^|ilruitr M el (lia 7 mayor actividad y vi^iiaucin, iMWBdo algunas medidas que pfxlian dcs^ bmtarln. y que quiza la desbarataron. No n Labia eui^afiado el gobierno; sus sospechas eran fundadas; |>er() los ( mijurados no desmayan, y se arrojan o>iid<»s a la arriesgada empresa. Llega la noche; oyense ai-^tMOS tiros; suena i)or las calles el grito de á hrnrmas, y Madrid en niedit» de las tioiebias vuelvo ti encontrarse en una de tqaeHas situaciones terribles en que se enoonlrara el i de mavo v el 7 de julio. £1 paeral Concha, al frente de algunas compÉAias sublevadas que ha sacado del cuartel, llega a Palacio, acuden al mismo punto ilMMIBfe^. y entre ellos el general León MHM^'gallarda presencia y su cora/.on de Irñiita aftos. Va vestido de hu.sar, de grande UBiloruR*, lujosamente ataviado, como afuera a una magnitica parada. Kn el mo-■eoto decisivo, al salir de su vasd diciendo MRFWM fíliá, ¿quien sal)e lo que le diría corazón? Aquellas marciales galas con que se adornaba ¿liabian de servir para realzar su triunfo, o {lara hacer mas trágico so suplicio? ¡Desgraciado! ¡se ataviaba para aarrhar al cadalso! ¡ Oh! no augura cadalsos un corazón joven y valiente. «Mañawn, se diría a si mismo, mañana a e>-t;i> «horas todo.Madrid admirara tu intrepi<ler. »y tu arrojo; te contemplará radiante de ■gloria al frente de tfHlas las tropas de la •capilAl, eiii arcado interinamente de la rei, y numerosos correos espedi«los en direci'iones llevaran a todos los ande K^-p iíia y de Kuropa la fama de •tal victoria. Vas a apoderarte de palacio; »al eco de tu nombre se siil)levaran todas tropas (le la capital; Kspartero se vera »ilwdonado, y cuando esUi reducido al Mili Ircuío, entonces le enviaras esa •eaiui, 1. concederás la vida, y ufano nii- *rang Gónio el que fue tu general, y que «Mthora Regente del reino, te agradece tu 4ntf0sidad y tu poderosa protección.» ¡qbíHes destinos del hombre! Era en la ■ateaa del 8 y la sublevaci(m habia abortado complelaiueiite; y el general l^on y SM(X>m pane ros inciertos y perdidos, acotíéos en lixlas direcciones, vagaban |M)r los alaM«cs tle Madrid. Poco tiempo habla patada^ t se esparcía por la capital la iw>- ticia de que acababan de irtior preso al prneral Lcon I Aqui debemos Iiucit alto para resiHinder a una pregunta im|M»rtante: ¿es verdad que , los conjurados al diríairsc á palacio tuvioseii j intención de arrebatar á las dos augustaí Míias, para llevarlas a las provincias del Norte? Difícilmente jKídemos creer que este fuera el plan primitivo; y asi pan*ce mani-I festarlo Uistante claro la carta encontrada j al general heon. Que al verse los sublevados pr()\inn)S a sucumbir, que al c<inlemplar desbaratado su plan, concibiesen \in proyecto temerario, no lo estrañaríamos; ponpie ¿quien es capaz de decir lo que puede bullir en la cabeza de hombres que se ven colocados entre el ultimo suplicio y una resolución deses|MTada? Pero repelimos que no es posible creer que tal proyecto cupiese en esas mismas cabezas, cuando comnina-, nabaii sus planes en medio de la frialdad y ' de la calma, con la |)i'evision y prudencia que de suyo aconsejaba lo grave y difícil de la empresa. Sí los caudillos de la insurrección no pudieron salvarse á si mismos, I ¿como era posible que llevasen consigo á, las dos augustas Niñas? Salidos de Madrid I los sublevados, ¿que camino podían seguir? I ¿(jue prevenciones se tenían tomadas para. ' que las regias Niñas pudieran hacer su via- ' jo, nodiicinosyacon alguna comoílidad. pero ni aun sin inminente riesgo de sus preciosas