SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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i Desgraciadamente, el objeto tiene otra ca- I ra no tan risueña. ¿Que indican estos docu- I menlos? Vna cosa diametralmenle opuesta á cuanto se ha dicho antes. Este partido es incorregible, y ademas muy propenso á vivir de ilusiones absurdas, de esperanzas insensatas. El iiobierno de la situación ha tenido la imprudencia de alentarle con una serie de concesiones, que, si bien solo procediam de la innata bondíd de los otorgantes, han sido consideradas por el favorecido como! muestras de díbilidad, como indicios de te-' I mor, como halagos para bien(|uistarse con el agraciado, como una súplica que se le dirigía para que no emplease sus fuerzas en i contra del bienhechor y le auxiliase en sus I cuitas.;. Y qué ha resultado? Ha resultado ' lo que (iebia resultar. Miradle en la prensa: ; hace ya largo tiempo (pie sostiene sus doctrinas, y publica sus pretensiones con una audacia nunca vista: miradle en las eleccio-] nes: su osadía llega hasta el punto de pn^ sentarse en las urnas, y allí alborota, v per* turba, y comete «.oda cfase de ilegalidades; á bien que todo esto no es mas que el preludio de insurrecciones que si nunca han estallado, siempre han estado para estallar. Ahora se ha creído ya bastante fuerte prra dar un golpe decisivo, después de tomadas algunas precauciones se ha aventurado á darle. Ifa comenzado por reanudar sus relaciones con las potencias del Norte; ha intri-I gado en Roma para deslraratar las negocia-I (iones, dando lecciones de diplomacia al cardenal Lambruschini, y cegando al señor Castillo con la misma magia que los jesuitat á Viliemain. Asi prapmradM las cósase te líMizadocsosdociMnonIns inrondinrid^, que no teoci«»tu«tiiiiiAn no «it sa|M, '«tto «na unenazA. Al través de un ieojctiaje prorundamonte nonr k / hipócrita sr descubren el orgullo y la arrogancia mas irrilaoies. £1 partido cafttata es oonoreao, cuelila coi el apoyo de las potencias del Norte, cuenta con el apoyo de Roma, con la mayoría del clero, con las masas ignorantes y fanáticas, con las sinipalíia de imoB cvantos ambiciQaQa, con la división de los liberales, con la esperanza de apostasias nuevas, con ol cansancio Sroducido por lub Iraslurnos, con la perdida Bl-prealigio do amnlioB hombres que cada dio se van (fastando: es preciso que el ítobierno no se duerma, que vigile, (pie des- £ legue grande energía, que do se entregue inmisata confíanza, que ttAvt el trono amenazado, las instilnciones en nelifrro, los iatereses creados queUetublan, al partido liberal que se estreawce viendo ceraana, in^ ' Hiiiieole, la pérdida de todo lo conqidslaéo con tantos sacrificios de todas clases, con tanta sangre. i ' ««i'^Bsos juicios coitrtifidtorioyite'ieetruyen reciprocamente: son como las cantidades iguales V opuestas que reducen la ecuación á cero. I^i hay humillación, no hay arroganeii; ai hay arrogancia, no hay homillacton. •$ihay súplica rendida, no hay amcna/a; si hay amenaza, no hay suplica. Si hay roco- Bocimiento de la revolución no hay protesta contra ella; si hay prolesla, no hay reconocimiento. Si hay retractación de principios, no hay insistencia en ellos; si hay insistencia, no hay retractación. Si liay amaño scdnctor, no hay tea incendiaria: si hay tea incendiaria, no hay amaño seductor. Si hay miedo, no hay audacia; si hay audacia, no hay miedo. Sí hay pérdida dfi^ espeitint, m h:ty escesiva confianza; si Jury esceflifB coníian/a, no hay pérdida de esperanzas. Si hay postración, no hay brio; si nay brio, no ' har postración. • La verdad es qne ni hay humillación ni arrogancia, sino el Icngiiaje'de quien ni se envilece ni ofende; no hav súplica ni amenaza sino manifestaoion de disposicioiies conciliadoras: TIO hay ni rcconofimicnfo di* la revolución ni protesta contra ella, sino un reteerdo de dolor por los males que ha causado, y la indicación de querer repBrtwloften lift lÉBítoa 4Ío lo gambyb j ooKvenieBlevM» hay iiilioHMitfifc pfiirilpifl»y inaíMÉI en ellos, porque no hahia necesidad de hflül ninguna profesión cuando era claro qne lii principios, es decir, fai»ireidadeB en en* triha el orden social, se conseirfahan mttm tas. y solo se trataba de mostrar que se conucta bastante la luerza de las cosas y el es» pirittt de la énoea, pom no empeñom^i cosas imposibles; no hay ni amañe seductor ni tea inrendiaria, porque no se trataha de seducir, ni de prontover una conflagración, sino de eseitar a la reaoneíliaeio»de.n— am» I ' iii;i V decorosa; no hav miedo ni hav audacia, porque no se trataba de huir peligros ni de arrostrarlos, cuando no se habla-\vi de gnena, sino de paz; ai hay p^Ma de esperanzas ni hay conlianza* escesiva, porque no puede carecer de esperanzas tfuien sabe jque cuenta con muchos eleroeo^ tos favorables, ni pnede abrigar taoBiiii confianza quien no i^ínora que ha de superar grandes obstáculos; no hay postración^ ni hay hrio, sino la actitud noaegada y time de quien se propone contriboir al éfden, á la paz, á la Iclicidaíl de un país, con intención recta, por medios legítimos, con transacciones honraeaa, con el empleo dtf-liái medios morales, apelando, no a las amas, sino á las razón, conciliándose el respeto comenzando por respetar, procurando la reooncilíacieB ahateniéBdose de agriar, y levantando ima bandera á la cual puedenacogerse todos los hombres honrados, sin menoscabo de sus intereses, oi sacrificios del amor propio. - «nw iHliniÉia Esto es lo que cnniprendemos del espirita del Maniliestodel conde de Montcmolin; esto es lo que vemos espionado en la prensa qee aboga poE una reconciliación; ealo es l»fM contprende y v«í todo hombre imparcial, qne j(|Kga los escritos y los sucesos a la taz de ta vanm, no con hia pastaans é inteiMia^ partido. Eilo es lo qW habrá compreMKd»y visto la inmensa mayoría de la nación; eslf es lo que habrán comnrendido y visto hasta loa maft aHeefaa y leales defensofeo'del'^ie^ no de Isabel, que estén fatiirados de discordias, que no quieran prolongar ]K>r mas Ircmpo los males de su patria, y que deseea dar estabilidad al mismo trono 'ifDO hM étfendido, paz y seguridad á laoagvata níti La {M-ensa monárquica, pues ha eoMoido bien an -ppaiaían •cuando de tal madn fci<flas bédoMMMdHiaNi salado de iaj owi. itf Digltized by Google portaba, é importa sobremanepa, itB>Auir á calmar las pasiones, en vez do exasperarlas; dejar a los misiuoá adversanus Ucutpu pm- ntkúmw^ Y m írrilane pof \m é»-ahogos rpic la ituliLnarion se pcmiiUi. Estas son ráfaíias que pasan y desaparecen; k) que queda es la lazon, son ios hechos. ¥ esü razón se iMrá de eíjia m mas dan, y estos hechos M picaeMirte de ceda vea mas abultados.

El triunfó de- las opiniones que sostene- ■aaeedifiicil, pero no imfKMible. TeaeiMf en nnestro frvor »in hecho necesario, en torno del cual se agitarán, se debatirán, forceiaarln iedlilai^le nuestros adversarios: este hecbo es te mpotMiiiad de eotmUdar »« gobierna.

Este hecho es terrible, porque una nación mpvede mir ain gobierne, y sin gobierno sólido: y cuando carece de él. le. busca incpsnntrMíiente con una inqnieliid incurable, como la brújula el polo. No es necesaria, no, la geerra. donada sirVen las eonfpiraeiaiie»: la verdndern ízuorrn, las verdaderas conspiraciones están en esa imposibilidad radical de dar á la nación io que ha menester, sin lo eial nofvoile vivir; lo qoe está contenido en lín dicho célebre poro que no ha vido liasl.'i ahora mas que vana ilusión: paz, órden y ffUtitia. Esta imposibilidad hará en adelante posibles mocbaa cotas que parecen imposibles al presente, asi como haheclio rcnli/ar ya algunas que antes parecían también iropoliMes. ta acdoB del tiempo va consumiendo he medios que anplian este vacio, que daban af poder una fuerza facticia, mientras le f,iltaha la verdadera^ la acción del tiem{>o ha leehe desaperecer en fiieiKded de vna solncinn aparente en las crisis mas graves, \ de reorganizar de un modo interino el poder público, cuando un trastorno lo había deseoaipoeslo. Kl ófden material exíslp; pero do cada vez se presenta mas dil'icil el restablec^'rle el día que se llejiue a alterar. La templieacion es mayor de lo que habia sido nnncafyliimeginacion se asombra al considenr lo ijne sucediera. ^¡ ahora se repitiese un trastorno generalcomocn 35,.16, 40 y W.

Al eenránereste heebo, tan contrarío á nueftros arenarios poHticos, no se crea que senlimos un placer; no: jamás puede sernos ¿,'rato el ver a nuestra jwlria cu una Mt«8cien tan- tríale: f lempre miraiiamos con pibilo qoe estas circunslancias dcsapareciey qee se fundase en Eapafia un gobiers no, fuera eual fuese la mano á quien se de*? hiera tan grande beneficio. No, no sentimos un jiiuver; |)oi-<^e liieu.se ros alcanza c^ue esa ÍBfO8Ínilidad':00iHbinad8 oón otios cunstancias á cual roas funestas, puedeó acarrearnos mau s de inmensa Irasrenden-f dencia, y ^umir la nación.en un abi&uiu de (|ue le sea difícil Jamás hemos nodid^ alcuTarnos del mal. con la espi-ranza de que , su escesü acarreara el reaiedio: esto ultimo es dudoso; y auncuandono lo fuera, taniuo-IhCo seria ba.stanle el deseo del bien para na-I remos de.<Híar el mal. . l'cro si biyn no esp<'r¡nientamos un placer al consignar el he<:ho de la imposilMlíríad á§ i Ulular un gobierno, tampoco nos es dable (li'jar (le consiixnarle, por mas aílidivo qe.e sea. lis uecesario que la nación.sejKi la verdad, toda la verdad; qoe la contemple por tedas las caras, sea cual fuenr la deformidad (jue se le h.iva de ofrecer, y la tristeza que el e.>pec lacillo le haya de producir; solo así adalwrá de formara «sta opinión, que yo sé va formando, deque no bastan paliativos* qtt$ son tií'ci'snriüs, uriíentes, remedios radicales.

Y lie atjui la tarca que le incumbe en esla ( ¡loca á la prensa de sanas doctrinas; manK* Testar la verdad. con!a simple esposicion de los hechos. No itermiltr que.se olviden ios pasados; no dejar (jue.se oscurezcan loispreM sentes; sefialarlos con el dedo, bafiaríos de luz para que el público nopuedaequivocarsc, Esla es su tarea; no neoesita declamar; no escitará rebeliones; no provocar discoidias de ninguna clase: ^alar los hechos, esplf* car su naturaleza, incnh-ar las rt'llexiones que ellos de suyo sugieren. Su posn lou es tan fuerté'^onMi^ééde desear: cada p it;ina. de la historia df lo> últimos doce años es un luiluaite; cada dia que transcurre es una arma nue\a. Kmplee en buena hora el sofisma qui^n carezca de ra/.on; derrame de su ira quien no pueda ofrecerla luz déla verdad: luula de esto necesita quien tiene de su parte la verdad y la razón. •^HT^V j K>ios di'l.i n sefílM É»eibi)^que< han de emplear los que deseen sinceramenle el bien de su patria. y que quieren conducirla á puerto de salvación, sin hacerla atravesar per ei:tie los escollos iea^bs' cuales pudierf 707o! riir. Tara n.ula es necesaria la violencia: a nuda conduciria sino a cuhuiiidadcs sin eaeatt¿i, y qoi/ás tanestérilet» cómo l^s ánte-^ rieres. Les'l^cbescon su realidad eírcuente: Aumentando la reiilidud de lus hecho», y GOQÜrmando las palabras de la prensa: hay aquí nuestros aux^ilinres. ¿Son lacciosos estos auxiliares? ¿Son ile^'alcs eanMpM Beiitido? ¿Hay traición, hay hipocresía en cmilearlüs? Hay nada mas legítimo y iua.s Hay otra circunsUncia qne manifiartt h premeditación, y qne indica mas tím wm pian que tm arremto, y ea el anata éá arresto de Cabrera. En Pant-aada «^e sabía sobre el particular: y hé aquí que el líobicrno espaúoi sia telégrafos, como tiene d rrancesk aia It paffeeta tBgmmtím-é»^ *4iMM^ I policía que posee-el faaneés, sahe de raaaa ' l le lo que ha pasado en Francia. mando no lo sabe el francés^ y lo publica de oiicio, y lo aeompaAa de «na alocacioB y aianii el pais entero. Pasan breves dias. y la noticia, ya |)oco creída en el momento de su publicación, es desmcnlidu solemnemente; pero eft el entretanto los periódicaa haa Maida nn preteala para ili;clamnr contra las conspiraciones carlistas, contra la mala fe de laa documentos de Bourges; y sobre Inda, al minisferío, apremiado por tan treaieadaert» sis. por la inminencia de la fruern» civil, aprovecha ia ocasión para hablar de real orden, y manifeatariOMBitiídes aeTarai augusta é inoceale nilia qae oeapa al Mai de S. Fernando.

La conciencia publica juzgará semejante proceder; af, la coaeleiieia púlíoa- proa» ciará el fallo merecido; sí, lo repetimos, <ii conciencia púbjica. Ka conciencia públiea dirá, si este proceder es digno de un gobierno; ella sabrá eacontrar la palabra qoé ( ¡ililiqne esta conducta del modo debido, fiar ta palabra no la escribiremos nosotros.

El ministro que habla ea la real ^dea^ refiere: haberle mandado S. M.-dae» (|aa no obstanto hallarse penetrado su real áoimo de que la comunicación de hachos reciear tes, y la fecton da k» doeaawdaa qae taa visto 1,1 luz pública, DO poeden causar ea sus leales subditos la sensación qtie sus autores quisieran, y aun cuando el acto de la pretendida abdieidende D. Garles, fua na* oela h nm insigne imla fé,?/ valenliza um ciega ohstitiacian de envolver el pais en niu^ vas diücofdtwit turbando el sosiego y lapai que afortanadamenlte diafirata, debe solo iia' pirar menosprecio y ninguna alarma ni temor B á los pueblos; conio quiera que sin embargo CONDUCTA 0£L ftOBIERNa ' La folminaate real drden salida del mln^ lerío de la Guerra en 18 del corriente junio, relativa á los doctinuMitos de Bourges, no nos ha dicho nada que no supiéramos de antemano. En ella se consigna (|ue elminislerio no quiere la reconciliación de la familia real; esto nadie lo i;;noraba, y si al^Minos han sostenido lo contrario, es probable que fiaban mas temores de los que en efecto esperimcnlaban. En ella se espresa que el ministerio sal)e fusilar; esto es narto notorio. En ella se falta á las consideraciones debidas al infortunio y á individuos de la familia real, inmediatos parientes de la misma Keiiia á cuyo nombre se habla; esto mauiliesla que el mraisterío no se para mucho en las formas de aue no prescinde nunca un ^abíemo digno de este nombre, lo que tampoco necesitábamos que se nos revelase. Todo esto lo sabía bien la Kspaíla; pero le ha sido repelido, por si acaso quisiera olvidarla: locEo esto lo sabia también la Europa; Inas por si acaso no se hubiese parado Uistanle en este bullo conjunto de cosas^se la ofrecen de nuevo, en una ocasión solemne, en un asunto altamente grave, en un asunto que la tiene ocupada hace muchos dias. Quien tuviese la opinión verdadera, la verá confirmada; quien^ hubiese equivocado «a su juicio, le yodrá reotiücar.

Eneidocnmento del ministerio rebosa la puede abrir campo a nuevas esperaniss y ira: penj conviene no perder de- vista, que ' " -j— esa ira es ralnihida, que no es ira que estalla en un mouiento de irrellc.xioo. A primeros del mes eran conocidos en Barcelona ios documentos de Bourges; y la real órdea es del 1 8. En quince dias hay tiempo para snltar y reflcxioaar..

arrastrar á los ilusos que todavía renovar dias de luto y desolación por que el pais ha pasado, es su rea^ vuluntad regüeldo que el rebelde D. G¿rios y toda sa faaiilia están fuera de la ley, estrañados del reino, escluidos por la Constitución del Estado y por las leyes ceciales do la sucoííoil á la «orona, y privados dií los derechos (|ue gozaroB eu su calidad de. iníanles. Triste f^obiemoel que UíIcs palabras \wn(t en Iwca de una reina! ¡ Trisle;íol»i(M no el í|ue asi hace hablar a uua niña de catorce años, contra un lio de sesenta! ¡Triste gobierno el que a una miiú inocente, y niña reina, le hace echar encara a su tio lamas insujnemalafey le hao& pronunciar la [Kdahra menosprecio sobre lo que han dicho su tio y su primo, y le hace . recordar que toda la laniilia esta fuera de la ley y eslniñada del reino! No. no ct) este el l>'n<;uaje de la auj^usla Isabel: la augusta Isaíicl no sabe insultar a niidie. No, no es cslcsu lenguaje, la augusta Isabel tiene educacioo, y la educación proí»ibe el decir á nadie que procede con insigne mala fé; laaufíusla Isabel tiene sentimientos de liumani-(lad, y iíi humaaulad probibe abochornar al infortunio; la augusta Isabel liene corazón, y el cora/on no se olvida jamás de los lazos de tamilia; la augusta Isabel tiene religión, y la religión consagra el respeto debido a los vínculos de la naturaleza, a la desgcaaia y i las canas.

No, uo es este el lenguaje de Isabel, no lo es, no pnede serlo; y el imjMjluoso ministro debiera bal)er recordado (|ue no hablaba coaio UD gefe militar, sino en nombre de una l>ersoQa augusta, a la vista de la España, de la Europa, del mundo; debiera haber medido sus palabras, reflexionando (|ue las lisonjas de la fortuna no escusau jamas a un ministro de las consideraciones (|ue debe ai tiionarca. V estas consideraciones faltan cuando se le hace hablar un lenguaje im-[>ropio- Kl contenido de la orden es digno del preámbulo; lo del juicio breve y sunwrio es iuriDula de los liem[»os tpie corren; y son de esperar nuevos adelantos en este género, cuando vemos que se ensaya ya el sistema de deportai ion de los escritores, sin juicio largo ni breve, pleuario ni suniario. \oes regular que haya nadie tan insensato que se esponga a ser victima: todas Iíls conspiraciones que tan graves se nos pintan, deben de > I orla diferencia como la tentativa y el * - iieiite arresto de Cabrera.

l*ero dejemos el testo del documento, y explanemos con esta ocasión algunas consideraciones que su leclura nos ba sugerido.

llabiase dicho que el miuislcrio trataba de publicar un nianiliesto, que al propio tiempo que esplica.sc su |>olttica, cousignase una protesta solemne contra toda complicidad en el asunto del matrimonio de la Reina con I el conde de Monteu)olin. De estíi suerte se procuraba desvanecer las esperanzas de los (jue en tal sentido las abrigasen, y se sin-. ceraba el gobierno de lr»s cargos (|ue con este motivo le babia hecho la oposición pi"ogrcsista. Aun(|ue este paso era de mucha trascendencia, y en nuestra o{ñnion nada politicé), no obstante, no hubiera sido tan es- I traño en las presentes circunstancias, que cuando el gobierno se ver entre dos adversarios tan poderosos como son por una parte los carlistas, y |>or otra los progresistas, hubiese tratado de abatir las esperanzas de ; aquellos, y templar la ira de estos, haciendo I si era dable breves treguas ron la oposición ' revolucionaria. Para espresar su opinión con-' traria al matrimonio, habia palabras resuel—.

, tas, pero comedidas, cuyo uso no ignoran algunos de los iixlividuos del gabinete. En cuyo caso, si bien se da!)a importancia al maniliesto, pues que mcrecia nada menos que, una contestación del gobienio mismo, tam- \ bien se obtenía la ventaja de que la Es[>aña i y la Europa conocieran a punto lijo las intenciones del ministerio actual, y se escusasen-|-asi todo linage de proposiciones é indicación'.

I nes mientras él continuase al frente de los • negocios. Atendida la opinión de los ministros, y U critica situación en que se encuentran, repetimos que un paso semejante.no hubiera sido de estrañar; mavormente si so* considera (pie si alguna vez lian de hablar ' I tos gobiernos, no cabe hacerlo en cuestiones mas graves y trasceudentales (|ue la prcsen- ' te, en la cual se envuelve el interés de la ' familia real, la suerte del trono y el porvenir de la España.

Si no se hulMcra <jaerido adoptar la forma de maiiiliestü, |)odia echarse mano de una declaración en la (lácela, (pie hablando espresamente autorizada, hubiera producido el mismo efecto que un documento lirmado por los ministros. Esto ultiiiio era sin duda lo masnatural, lo mas templado, lo mas dei licado, lo mas conforme al decoro del gobier--no, y sobre todo, de la corona. Xa'i el minis-. terio se escusaba de hablar, siu dejar de emitir su opinión y consignar sus intenciones; i^-asi uo se mezclaba en nada el nombre del monarca, (|uedilicilmenle podia andar en este: negocio, sinmenoscaljode su dignidad. Pero < : nada de esto se ha hecho: la contestación al '.

il Mauiiiesto de Hourges.^e ba dado en nombre \, de In. Reina y por el iÉ||Mino de la Gnerra. Este hechjDí, á [ícsar dt «n apnrmlc cstrava^aacia, us siu ciabargu iuuy nalural; es Itfdspresioo de otró heiiwí éfilwtt: la absorción de títdos los pndorcs por ol poder militar; la ab^K)r('iou de tudus los aiiaislerios per el mioistcrio de la Guerra.

Este hecho, ya tan evidente de lar^o tíem- ]>o atn'tó, se ha hecho mas o\ idenle si cabe ua este oegocio. No ba&laba que los uiídís» tmesdurioMiKie acuerdo en el [>cnsaiBÍeato yelWifle; Icalándose de coaa tan grafe era necesario que lo estuviesen también en el modo, de ^MiBifcstarle. £q casos semejaules laiAnMiif^laááAidtts; en ningún puiscivil¡z,ado se las desatiende. ¿ Y en la forma habrán tenido parte los demás ministros? Si la lian tenido, no les envidiamos la gloria; si fill^Biieaigiado ¿ no. tenerla, nos adanra áft aunúsion y dcsnrendiiniento. En ambos oaábs, nada iiay lifioojero ^a su aasor la-ea las seaiooes de cortes se había lado <|uo antes de una votación importante solía resonar la voz del general Narvaez, con una entonación semejante á las voces de mando en laeTolueionesmititaroa; ya se habla visto también que alguno para implorar uracia se diriuia al general Narvaez, en vez de echan» á m pies de la Beína; ya se ha-< bia visto también que na articulo ofensivo: rontra el general \arvaez se vengaba con una inrracciúu de iu Constitución publicada el día anterior; fiiltaba que se ofreciese «m (•ue>llon tan capital como la presente, para aue también liicse quien la decidiera sin róeos y cou su lenguaje el general Narvaez. ¿Y hablareis todavfa de' libertad, de pailamentó, de sislcin;! politiio \ in-stro? Na, aquí no hay mas sislema el del general Narvaez, que escribe.su> mándalos con la punta de la espada.

Este general ha conocido su posición de! raoiuenlo, y obra eu' consecuencia. Seria difícil, persuadirle que coit!una reeonciUainoii de la familia realaeria compatible la plenitud de po<ler que en la actualidad ejerce; y asi.la rechaza por reflexión y por instinto. No cree, no conoibe, que un euoeflo senwjante se pudiera realizar, dejando intacto su mando sin limites: y en esto piensa bien, tiene ra/.un. Nosotros lejos de ocultar la verátAf la diremos franeaBnente ahora, como ya la hemos dicho otra^ veces. Kl dia (pie i'l tc»Bo<adqiucfa ^ Aspada la xobuslei que necesita para su propio bien y el de la nación, aquel dia serán ioiposibies las p(MÍci%> nes como la que ahora disfruta el feSMlil Narvaez. AqvM dia no babráaíigpB bombie necesario, sean cuales fueren sus cualidades Personales; aquel dm saldremos de la louencia eiolisiva de las persoMS, y ooBsazaráa i Vilttr las cosas; aquel dia tendremos algo mas qué hombres, tendremos instituciones; aquel dia habrá servidores del trono, no proteetores» ■ >. í-iit<.¡ 'J-».*»- ^^a;» ■ Pues bien, cnaado llegue el din tan deseado. caducarán por necesidad todos los poderes transitorios que a la sa/on existan, y se harán ímpovUes pareen adelante ¡«Mido llegue este día, 'si el general Narvaez se encuentra ejerciendo el poder, sentirá que la fuerza de mando que se halla en su espida, la absorbe el cetro; y qaai aiae^pidi» como á todas las demás, no les queda ñus brillo <|ue el de la gloria adquirida en los combates, mas honoj aue el de.la kakadt mas atríbócioii que la obediencia al monarca, mas acción que la de ejecutar lo que esta les prescriba en sostenimiento del orden púr* blico ó en defensa de la patria^» ««t^« ^:H/ Ese dia habría llegado con la recoaciliacion de la faniilia real: si el general Narvaez lo luL conocido asi, no se engaña, ve claro; si tal drden de cosas no le agrada^ si cree que le conviene alejarle, si no contrapesa lo presente con lo venidero, si solo atiende al momento de ahora, comprende su posidoB del momento, y procede en consecoeada. Obrar de otra manera, podria, si se quiere, ser muy previsor, pero en cambio exigiría un gran sacrilicio de amor propio. Si, muy grande: porque lo es el des|>rendcrse de ua IM)der, cual no lo ha ejercido nadie desde b muerte de Fernando MI. Esparlcraambioo* nó el título de alteza « Narvaesha'nracMÜ colocarse alto. Espartero se lisaiyedca»fi|| su inviolabilidad seria efectiva, porque se la otorgaron nommal; Narvaez ha priendo la respottaabíUdMÍ Moiinal, y ha^acai^ á su sable el aseguraria la inviolabilidad efectiva.

1^ único que puede aguar tanta dicha es la poca seguridad de la dnraciaA. f aaaat referimos con esto á insurrecciones armadas, ni á conspiraciones, ni a coaliciones, ni a intrigas de corte, ni mucho menos á oaMan*» ci4 -del-partido que le sostieaoi No pensamos en nada de eso, al considerar la inst»:^ bilidad de Ja posician del geaoiai ^^|ss( RA iKM ('Miamos pensar oii nnd.i dé I i?n tilín vnsla llannrn a/otada por los htirarants virranios un hombro osado. de pie fii el vérliro de una altísima pirámide, no prc-;:iint!i riamos (jnién le derribará. ni sabríamos qué responder á (pilen nos lo pn-^'nnta-! se: nn e(piifibrio semejante nos parece Ha l'or ne( ' ' <, dnradero, presagiarla- _ mas nii.i..iic.

Sea como fm're, examinando la influencia del docnmento del ministerio de la finerra, ion respecto a la cuestión |)r¡n< ipal. creemos 'ff «-i'rá nula. Ni la opinión de España se II ira en un ápice, antes se afirmará mas y mas; ni la de la Kuropa cambiará, ante veni una nueva prueba de (pie nos hallamos en una situación violenta; ni los hcrho» dejaran de existir por el mal humor de un ministro. Al publicarse los documentos de lloiirfies, dijimos qiic este era negocio de tiem|K), que era necesario ponerse en espectaliva de los acontecimientos, influyendo en- j trc tanto en la opinión pública por medios legales. La real orden de que estamos ha- ■ blando es una nueva razón para que insistamos ^ lo misHiu; no porípi • (n-aiiuis que no pí?N!lS^h con nosotros tijdos los hombres jui- ■ ciosos y que no se hacen ilusión sobr^í el estado de las cosas, sino porque esa actitud ' piiclüca la consideramos necesaria para el i triunfo. Esto es lo que temen los adversarios ' de la reconciliación; no son las conspiracio- ' nos lo que turba su sueño, sino el peso de ion pública que.»je va desarrollando ] * ui.i (lia mas en buen sentido, (pie vaajiro- | vinwndo los buenos elementos que la discordia civil habla disfiersado. que elabora lenta pero eficazmente. la organización de un ¡ Krau partido naclímal. en el que puedan te- ' uer cabida con scfrurldad y (^on honor los i que habían luchado en campos opuestos. T j^lic aquí por (pK-.*;e declama coillmuamentc HjMntra las conspiraciones; hé aipií por (pié HHjnt'an fantasmas de guerra para ejercitar ^contra ellos nna energía facticia; fié aipil M)r qué se acoge con tanta avidez la famosa noticia del arresto (W. Cabrera, y se espe- ' rimenta tanto niaccr en hablar (h^' sangre y ¡ de ligrrs. Todo el secreto de este negocio! esta aquí: en la ca'ma. en fa longanimidad [ para saber esperar el curso de los acontecí- ¡ niienlhs V; lempo es largo para bi impacienna, pero muy corto en la realidad. Vi:élvase la vista atrás J leflexióne.se lo ipie ha suc<'- dido en el espacio de veinte meses; considérense los hombres que hnn |H^r<H(loi prestigio, las instituciones n (pif« han desaparecido, las nii radorns á que la tuerza de las circvin.-i.nn ííi> ha obligado, la nueva actitud que el partido mnnárqtiico ha nodido tomar; v en pref^encia de estos hecnos dedó/case lo (pie habrá sucedido en el decurso de otros veinte meses La Constitnciotl de 1837 era un código sa^do, y este códigoya no exislc; todavía no hapa-", sadoiin año desde que ciertos periódicos apellidaban subversivo á otro peri()dif o que reclamaba la reforma; y en este áflo el códigii! ha muerto después de'halier recibido las mas duras calificaciones asf del gobierno éomo de las Cortes. Sé ha pnblif^ado el nuevo, y al dia siguiente se le quebrariti^ en uno de síisprin-' cipales artículos, como apresurándose áabnf| el registro de las numerosas infracciones que está amenazado de sufrir. Ilabia milicia nacional, V no como quiera, sino como in-iii:: cion exfgida por la Constitución; y la mi1iri;i no existe, ni en la realidad. ni en el código fundamental. Habla jurado en la Constitución,'' y tampoco existe en ella, y está am'efiazrfdü ele desaparecer completamente. No se podia indicar la justicia y la necesidad ni áim dc^ suspender la venta de los bienes del clero,'' y la fuerza de las cosas ha precisado á suspender, y luego á reconocer el principio dc' justicia de la devolución de lo no vencíido, Y' á decretarla, ya qiic no á ejecutarla. En e/-*" tas circunstancias, la sKuaciori crc¡a poder consolidarse sin ir mas allá; se lisónjeana dé^ haber reunido todos los elementos ncresa-|^ rios para consolidarse definitivamcnté; ya n'rtdlc se acuerda de Bourjfes; la cuestión religiosa toca á su lénnino; las potencias 'del.Norte van á reconocer; la situación es el bello ideal de los sistemás; fuerza les íerñ á todos los partidos someterse á ella; y hé atpii (juc en un momento se desvanece la ilusioji; el concordato no se hace; ía cuestión dinástica se presenta de nuevo; las potencias déíl' Norte se muestran mas frías que nunca; los^ partidos contrarios á la situación se rnbuste-í' cen cada dia mas; los escándalos de la bolsa siembran la desolacioti en las familias, y desacreditan a los (pie los miran con indlfe"-rencia debiendo pn^caverlos y corregirlos.

Tal es la fuerza del tiempo', tal eí rcjsulladq del nattiral desarrollo de los ¡sucésos. ¿Qué hombre se hubiera atrevido á decir (lue era bastante iwdcrosn para provocar^ ti4 tante, ellas se han bedM) fHir si misnas-, quicu las hav a «onfído no las ha podido «vitar; qaiea las hubiese descadu, no tía teni« do que hacer nada de m parle, sino esperar.

Convénzanse de estas verdades ios impacieateü, y Ke calmarau: lodo medio violento, sobre bo ser necesario, feria daftoao;. lejos de producir el bien que s clrsen, solo acarrearía desgracias á quien ie emplease y ralamidades á la uacioa. Se ha dichu uue lo» <|«e abogan por la reeonciliacion, ocuiian su ira y su sed de venganza bajo mentidas patabeas; dése pues una prueba solemne de qie no bay perfidia, de que no hay ira, sabiendo esperar tranquilamente el desarrollo de los aconlerimientos. Y estri nelifud tranquila ao se opone. á un M'abaio constante para apAkTechane de elln, todo eii< ios U*, mites oe ia legalidad; por el contrario, eaadnce mueho á que el campo legal no <:e» nn cafi{po vedado, y á que se pueda ioantobrar libertad y mas eventualidades en él eon de triunfo Al escribir cslas lineas recibimos la noticia de que en Madi iii es recliazado CQ una TOttiHOO el matrimonio con el conde de Trápani, como el del hijo de D. Carlos; he aoui un suceso que estrecha el número de los pretendientes: ni los ou'listas ni los pro^^esislas qaerían al principe napolitano; pero ahora se sabe de una manera positíra que taniDoco. le quieren los, moderados: el hijo da D. Ci&rlos no há per^do uno solo de sus amigos; el conde de Trápaní tiene declaiap dos en contra suya á todos los ¡nrtldos, es decir, ¿ la aacioñ entera. Ksla ha sido obra de la acción de tíeaino: el suceso dé Bonrgcs ha provocado la (feclaracíon de eaclusiva del prínci|>e que mas probabilidíide;; ha tenido en su iavor, por contar con apoyos muy poderosos.

En la misma reunión se ha convenido en que se debía apía/.ir la resolución de! negocio: este apiazamieiHo es lus orabie; todo lo qne sea ganar tiempo, es ganar lerreno.

Parece que no todos han visto con aprado este paso de algunos diputados; á nosotros nos parece un precedente muy útil, de que conviene lomar acta, por si acaso pudiera servir algún dia. Hé aquí en rjué nos fundaatrevway* negociación, sin eacochár el wÍo despreciando los rotrrtnulfos del patMOO j\ los clamores de la prensa. J¿n las Coirtu^» proleslé, es verdad, eonira tan indignnÍÉÍI duela; |>cro como no sabemos ni á qué manos pueden l!e/rnr las riendas del gobierno, ni las combinaciones que las drcunstauciiia. pudieran traer, es muy útil que los fmUÍ^ dos se rntrestrcn activos, solícitos del decoro nacioiial, atentos á los sucesos que afeeleu una resolución de taoiaña IrasceiMifiikciaiL y que lo oukníliesten de nna manar» pmm ca y solemne, para evitar una sorpn*sa. T hé aquí otra prueba de que no procedoaisir con perfidia; demandamos publicidad, no oh euros manejos; pedimos qne se oiga el v^iii del p;iis, no (|oe se!<í desprecie; tai|pbjsn, respetamos piolundarneule M)ÍpÍ|É|g£J% libertad qne corresponden á ■ llttSt; y hm lo recia niamos qúe con esa iniciativa y Ml« lihrriad seconMNnon los in^rpaps de lá airt Emcíi» «nnwb IB « il l« del mknM.

Con fecha de 2ri del pasado junio ha dtngfdo el Sr, marques de Jítr afores una mooicacion al períédioo Jíí Tiempo, en procura esplicar el verdadero sentido ^ unas palabras pronunciadas porS. S. en el; Senado, y declara «á la faz de la Ki»pai^,|^- de la Europa, que la inlerprelaeíon qne H; les ha dado es violenta é inexacta,» Ascgu-^ ra el señor marques que babria continuado i adundo, sino fuese urovocado por el penor^ dico de París, Ütnlaoo ¿n Ávair, p«nádpq|f^ muy leido en Europa, y no ageno á respe-r^ tabies mtíuencias, el cual se permite sii^)||^ ner de una manera esplicila que ia QpÍM||, del Sr. marqués es decididamente ravosab^í^ á la boda que haré el objeto de sus nrtfca-' los. Nadie debe saber mejor el seotido eft que han sido dicbas nnas palabras qne^ mismo <|ue las ha pronundnno; y tratáodiih*; se de hombres comoel Sr. tnarques de Mira mos. £1 yriaeipal, si no. el único peligro que /7om, nunca es hcito ni aun sospechar que «manasaal^f^i^ dala resoliieioii en tan I no procedan en todo con kraefM de hoÍM gnaNi;Mn^, xaMjit« en unc^ un mnnqo I brea honrados, y la Malgnladn foOi^Míf Digrtized by Google I