SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

Page 80 of 116

Este articulo habrá sido sin duda uno de los que mas alarma han escitado: examinemoscón raima sus dos partes. La coBservaciuQ de los monasterios y conventos existentes, no alcanzamos en quu {mdiese contrariar al gobierno, ni a ninguno de los intereses nuevamente creados, ni tampoco á las ideas liberales. En cuanto a los de mugeres, es regular (pie el g(d)ieriio no se propone suprimir ninguno de los que existen: un gobierno que se apellida re|>arador, no ha de ser niiis destructor (pie la revolución. Lo que es;;i li.i i('>.pt't;uio, bien lo puede conservar el actual gobierno. Tocante á los de hombres, do existen otros <|ue los de las misiones de ültnuiiar, los de \*V. Escola-¡»ios. y \o» de San Juan de Dios: la conser-, vacion de ellos do puede ofrecer dilicultadi La segunda parte, en que se estipula el restablecimieoto en tteinpo oportuno de los que lian sido suprimidos, trae consigo una limitación que en nuestro concepto viene a reducirle a (jue se levante la prohibición de la existencia de comunid«idcs religiosas, y se conceda la libertad que reclaman de comua acuerdo la religión, la justicia, la tolerancia que distingue al espíritu del siglo, y que apoyan io.scp'uiplos de Francia, de Bélgica^ de Inglaterra, de los Estados-Unidos, y de casi todos los jMiises civilizados. En tiempo » oportuno...¿(jue siguica esta palabra? ¿Se cree por ventura (pie en Uoma se considera posible que llegue la oportunidad del resta-r blecimiento (le todos los c(invenios? ¿Esto (jue el tolo |tarcce indicar, habrá cabido en la mente de los que haD ürmado el conve* nio? Mucho lo dudamos: y asi, solo se habrá tratado de salvar el principio, condenando (le paso ia injusticia revoluci(maria de la supresión, y estipulando para lo sucesivo la libertad del establecimiento de institutos religio.sos, enqileando la palabra oportunidad^ de suyo tun elástica, (lue no ponía en ningún compromiso al go()ieruo, que lo dejaba todo al tiempo, a las circunstancias.

Para juzgar con acierto de la mente del articulo, convendría tener á la vista algo mas que no extracto; seria preciso ver el articulo mismo, ('.limo quiera, la interpretación 3 lie le hemos dado no nos parece (ieslitiiida e fundamento; y sea de ello lo tpie fuere, lo cierto es qiie la iiinitaciuu (?» tiempo o^-tuno, equiviilia á dejar al gobierno español en una latitud tan grande, que jamás se le podía exigir nada a que no le fuera dable acudir con una palabra; la oportunidad. Vn gobierno tan amigo de oportunidades, no debía espauUirse Unto \m la oportunidad de los conventos.

Google étS9&Há devueltos á ia Ig:iesia y á los es- .liblecímientns (.■üi'imví.s df^pofados. Hasta ferntoserán adoumslradM por fuacionaries Sabido M que las Cortos acordaron, y la Kt'ina sancionó, la devolución al clero secular de sus bienes nu vendidos: en esta parte fitea, se eaUpirtaba lo misai» q«e estaba consignado en una ley. Tampoco puede haber inconveniente, ni hay lesión alguna de k» intereses creados, con la devolución de los bienes no Tendidos de las monjaf, M» tando ademas como estaba destinado su producto para la manutención de las mismas, lii düteattad que presenMaeltNIevIo ixmh siste en que se habla del dero en general, y por tanto se entienden también según parece, loa bienes del clero regular. A este pfopóMior eonvíeM obanmr lo agoieBte: Se trata únicamente de lo no vendido; los compradores pues no podrán concebir | ningún tumor pur sus intereses, á." Como la dev^loek» é m eononidiéM no puede ht" cerse sin existir estas, y el restablecimiento depende de la oportunidad, y esta oportuni- ÚM es eíerto que no la hubiera admitido el 0lhienio, se previene qaa-AoiiilciilO;^ serán administrados los bienes por funcionarios eclesiásticos, ^^ué quiere decir esto? Hé Mpi( o4no lo mMéninti iüeqpMdD hallándonos en el Itgár del ^bienb. «Lo que se quiere en Roma es que la venta no continúe, y que se salve lo que se pueda; batíanle ha destmido la vmrntMm; y ya que podemos contentar á Roma sin dañar a los intereses creados, hagámoslo; suspenda mos la venta de lus bienes del clero regular.

Balda bienes quedaito «n manos de fnncionarios eclesiásticos, y esto hará que el gobierno se quite de un* embarazo, y que los productos no se dilapiden. El presupuesto del den aeeular, el de los exclaustrados, el de las monjas, del culto, dií los seminarios, de los establecimientos 4e beneticencia, otre-«en oíros mielios'abisaMS'ábierU»' por la revolución, y que el estado actoal de lá hacienda no permite llenar, ¿k qué se destinaran estos productos recogidos por los fundoftariae edosiásiieatt Cmo es one é aa^ tisfacer estas necesidades; ejecutando, pues, un acto de justicia, se hace una buena operación económica. ¿Y cual será el destino Had da esos bíeMS? Recaérdese que el coiivaBio ao ei el coMocdalo, ambaaar no qnerrá que los bienes admiiústrados den en suspenso por largo tiemf>o. ofteeieado con la locertidumbre ua eebo á su ojyor fuñid fifí, no creerá llegado el caso del rev|;ih!<'( iniif'nlft de les conventos; v véase si no sera lacii tratar y resolver eó el c< Micoffdato^^BOlre' etilieAtino deiinitíTo de los bienes retenidos en administración por los lunoionarios eclesiásticos.»

Asi bubiéranos discorrido, dado €090 oe hallamos en la [losicíon del gobierno. y si hiilttrvfMitiK tcnid'i niisiu;is ideas que los ministros; el lector imporcial jugará si en OBPv ufluiH uculu poni W8 ravQTCOOO fxvBoao, ni degradación para la Espaitt nidesvealajas para la luicirii.l;) publica.

Art. 5." u Ll gobierno espaAol seAsfaia los' CsndoS' saficienfes parala eewoiMiaB culto y innnttMiiii I 1 t < leí clero. » Art. 6." « Estos fondos con ios bienes no vendidos, ícHtnarán la dotación de la iglesia ▼■poadfén d sao immIvos ea asMda^e ^fír Para demostrar la conveniencia y jareta de estos dos arUculc», sok» haremos' dífe preguniaa. 4/ Bl niaateaimieBle del caho y clero ¿es una obligación, es una justísima indemnización del despojo, es una necendad religiosa, social y politM#'Si^ t.* H dar»; si ba de percibir sos asignaciones del tesoro, ¿cobrará lo (¡nc Ir señale? No. Ambas cosas son evidentes: uo cabe cue^^ion sobre ellas, si se qufert^iaMaFdalanMife» Iffa^a hizo nrudentísimamente la Santa Sede, eiiirictulo para el culto y clero una subsistencia independiente; pues tales son las circaastaaeías do Espafta, tal el estado de ta hacienda, que si no hay esta independencia, no habrá ni decoro, ni nada. Este es un hecho palpable: la razón y la esperiencia estan de acuerdo en presentarle de bulto Art. 7." > La iglesia tendrá derecbo do adquirir y poseer propiedad*». » ¿ Y por qu^ nOfT ¿No hl^^l " propicaad el gobierno c^n la devohicioM^lla los bienes no vendidos? Ooien capar de Soseer, ¿por que no sera capaz de adquuirií Isle dereabo ¿noeslÉiMrOMNM»^^^ cido y asegurado en lodos nue^^lros códigos? ¿TiMue acaso el gobierno que la iglesia vuelva a su rupie/.a anticua? ¿Nada vale en so concepto la difi ¿iHaaa vate en so aWaat rflo'sallB de ser pocas, ^ muy insuflcieoles para llenar el vacío dejado por los despojos revolucionarios? ¿Puede sostenerse de buena fé, <]ue los efectos de lu aniurli¿aciou sean temibles en el estado actual de Eitpaúa, y atendido el espíritu de la época? Ademas, las adquisiciones que en adelante hiciese la i.;;!e- | sia. ¿no aliviarian al Cslado de una car^a, liaciendo que pudiestm destinarse á olro objeto los l'ondos ({ue el tesoro tuviese que aprontar para la manutención eclesiástica.

Arl. 8.' «No podra el gobierno español unir ni suprimir bencücios eclesiásticos sia el permiso del p)biernú de la Santa Sede.»

A quien no conozca las disposiciones de Itts sagrados cánones y la distinción de las dos potestades, le causará novedad el ver que para ciertos actos necesita el gobierno espafiol permiso de la Santa Sed¿; pero <|uien no ignore los rudimentos del derecho canónico, salte que la uni<»n y supresión de beneficios iM Íi'siasticos pertenece á la autorr-(i.ul i cli.M,i>iit a; que la potestad civil por si sola nada puede en esta clase de materias, y que por tanto mas bien se podria decir que en el art. 8." se recuerda un derecho indisl>utable, que no que se estipula la adquisision de él.

Art. 9.° « Los bienes de la iglesia serán considerados como inviolables.»

Inviolable es, según la Constitución, la propiedad de todo ciudadano; ¿ por qué no lo será la propiedad de la iglesia? ¿Por qué uo se podra insertar en un convenio un articulo en que se consigna un derecho que el gobierno mismo ha reconocido al llamar a la espropiacion eclesiástica escandaloso despojo.

Art. 10. u Tan luego como el gobierno: eflflañol hava dotado sulicientemente á la iglesia y al clero, S. S. espedirá una bula declarando ({ue los propietarios de los bienes eclesiásticos que los hayan comprado antes del l.° de enero de 1845, no serán molestados en su (tosesion ni por S. S. ni (>or sus sucesores. » ¿Qué hay de eslraño, de indecoroso para el gobierno en este articulo? S. S., atendidas las circunstancias, y por amor de la p<iz, hacia el sacriücio, (|ue sacrilicio es sin duda, de ^aegurar á los nuevos poseedores, que uq serían jamás inquietados; pero en cambio era natural ({ue la iglesia recibiese alguna indenmizacion por lo perdido; era natural que el Sumo PoutiHc^í no olvídase la miseria en (juc yacen el culto j el clero, y procurase (|ue se ios sacara de semejante est<ido. Kn este supuesto toda la dilicultad estaba en si la Santa Sede habia de liarse de.simples promesas, anticipándose á esi>edir la bida antes que estas promesas se hubiesen cumplido. Nosotros crrenuis (pie no; creemos que S. S. lia piíhcdulo con mucho lino; y estamos convencidos de que una conducta direrente hubiera podido^ acarrear á la igle-■ sia española gravísimos males. El gobierno habría hecho las promesas mas lisonjeras; el gobierno habría tratado de inspirar la& mas gratas esperanzas; pero nada se hubiera realizado, y las cosas habrían seguido poco nuis ó menos en el mismo estado de ahora. £1 Pa|)a entonces lo hubiera cedido todo, y la iglesia no hubiera recibido nada. ¿Tiene el gobierno voluntad y |H)der para asegurar al clero una subsistencia decorosa é independíenle? ¿Si, ó no? En el primer caso, ¿(jue inconveniente hay en realizarlo desde luego? En el.segundo, ¿á qué declamar contra la exigencia?

Los artículos 1 1 v 1 2 no ofrecen dificultad particular, relíriénuose el 1 1 al envío de un nuncio á Madrid, y el 12 al cange de las ratillcacíones. Asi terminaremos este artículo con un recuerdo de la conducta seguida por el PüMSAUiüMo pb la Nación en la cuestión presente. Cuando las noticia^ comunicadas por el gobierno inducían á creer (|ue las negociaciones con la Síml^i Sede se acercaban a un desenlace, si ya uo habían llegado á él, dijimos terminantemente que si en efecto S. S. habia cedido, nosotros nos sometíamos sin reserva, dando la causa por Tallada. Añadíamos, empero, que en Roma se: sabe negociar; indicábamos que antes de juzgar el asunto, era conveniente salier qué coiicesioncs e.xigía la Santa Sede en comi)ensacion del sacrilicio á que se prestaba; y (lor lin dijimos, que descansábamos tranquilos en la sabiduría, prudencia y asistencia superior del vicario de Jesucristo. No tenemos motivos para arrepentimos de esta conducta, antes, si, nos felicilamos por ella; los sucesos han venido á demostrar que nuestras palabras no eran imprudentes. Con la completa sumisión, dábamos á nuestros adversarios una pruel>a de que la supremacía cs-|>irilual del Sumo Pontilice no era para nosotros una palabra vana; y al esperar qjic la Santa Sede habría conducido este negocio en un sentido de conciliación combinado con — Rftt - — Rftt - la debida flrincza, noeslra esperanza estaba confurnie con los hechos que lue(;o se han manifestado. Deciiunos, <jut' pudiéndose tratar de una manera razonable, era llegado el tiemjK) de tratar; y en efecto en Roma se trataba; el gobierno español exageraba sus ventajas, pero en el fondo babia una verdad, y era que las ncfíociaciones estaban entáblalas, y (|ue las condiciones preliminares para un concordato, las del convenio, estaban para lirmarse, como en efecto se tirmaron; liorna cedia, en esto decia verdad el ^^obierno; Koma se prestaba á lran({uilizar á los compradores; cediendo Roma debían ceder todos los católicos. Ksios tenian razonen desear que Roma e\if;iesc algo en cumpeusacion; nosotros deciamos que asi era de es|M.»rar; y en efecto Roma ha exiftido: el gobierno lo callaba; los hechos lo han demostrado.

Estos sucesos sod una lección para el porvenir: conviene no alarmarse con noticias prematuras d iucom|>letas; conviene no |)erder la calma en los momentos críticos. Entonces es cuando sirven los principios verdaderamente tírandes; entonces es cuando sedebeu manifestar en todo su grandor. Somos católicos; la sumisión, pues, ante todo. ¿Se nos insulta? ¿Oiié importa ¿Se nos abruma con imprudente alfíazara? Sea asi en buen hora. Dejad que pasen algunos dias; y la algazara se convierte en grílos de despecho, y los insultos caen sobre los misnios que los prodigaran. Asi ha sucediilo en los uegocms de Roma. Por nuestra jrarle habliimos de ellos Korque las circunstancias nos j)recisan a halar; por lo demás bien se ha [wdido observar en este tiempo, que ni hemos insultado la derrota de nuestros adversarios, ni siquiera les hemos dirigidoningiina recriminación, liemos creido (pie á nosotros nos bastaba el silencio, á ellos el recuerdo de su conducta.

LA I^IEVA OPOSICION.

La oposición al ministerio levantada en el seno mismo del partido conservaílor. es un hecho suraanuMile grave, y que ¡>robahlemenle acabara imít producir* resultados graves también. Habiendo comenzado por un I solo pMiMiw, el Tiempo, se ha fortalecido con la unión de casi todos los demás, contándose entre ello^ los (|uc mas importancia tienen, por la estensioii de sus columna-; la antigüedad de su fundación y lo di i su lectura. En casos semejantes nm » uficil, ya veces imposible, el.mh.iíh causas de que ha dimauado esta <>.i<¡^ mudanza, entre e-t i- <.lusas puede balierlas graves y puramente puiiiicas, puede Uaharlas pe(pjer>as y de diferentes <>s|>ecieti; fKO el resultado viene a ser el mismo: liyáiíii de la situación está contra el aüaialefio^ la situación: los adversarios antiguot^^ son cada dia mas; los que ayer sosteaiiii con calor la política ministerial, boy lacoah baten. Este es el hecho; esto es lo que importa consignar y apreciar.

No conviene exagerar la gravedad de este suceso; pero tampoco se la debe disminuir, la o|>osicion de la prensa no es un inéieio seguro de la ofiosicion del partido a qiien pretende representar; pero siempre es aai señal de <|ue la oposición existe mayor de k) que antes era, y un anuncio de que irátomandii creces con el tiempo. Aun cuando no hubiese mas cutusa |iara ello que la VM" ma oposición de los jieriodicos, aun cnmk no contuvieran una espresion, sino unacscitacion, bastarían ellos solos para prodaeir el efecto. Los que en estos casos quiareo hacerse ilusiones, dicen que un periódico no representa mas que mi redacción, y a veces su dirección, y por tanto unas pocas personas, y quizás una sota; asi es fácil hacer salir el calculo, encontrando (pi ximumcon que se ha reforzado la op' ministerio equivale a duie o (juiufv,. - ñas. Repetimos que estas son ilusiones; 1^ iniluencia de los periódicos no es tanta coni ' algunos han (pierido suponer; pero no deja de ser mucha. Son en no escaso número los lectores que no tienen ó la instrucción, éel talento, o el juicio, o el tiempo, ó la pacieacia que son menester para examinar kM i asuntos como.son eu si, y que por conii* guientc juzgan de muchos de ellos por lo que leen en su periódico ordinario. De manera (|ue todo cambio en la prensa de nrv partido, á la vuelta de algunos me^ a inodilicar, si no á mudar totalmcute. la opinión de un gran número de lectores. Esto, que mas o menos se espenmenta en iodos los paises del mundo, se veritica Dia« cumplidamente en España, donde la p^MP.

no es b<istnnlc Bnliirua pnrn hnher embotado r público ó loda costa, y sus propios inlere ia susccplibilidail (Ip los lí'clores, y donde lo < rili« o de las circunstancias. la Incha de los inlorcses y el ardor de las p.ísiones poHtiras, ]>reparan do una manera [>articnlar el anirno del lector, para recibir las inipresiones qne el perindico se. proponua comunicarle.

liemos liccbo la suposición mas favorable al niini>U>no, á saber: el qne la oposición de los j)eriodiros de su partido no fuese la rsprosion de una op<isicion existente. y si onicanuMiU' la cscilacioii a ella; aun en este < a.'-d la of)usicioi) seria una calamidad para el mnusicrio, no \wr loíjue en si fuera, Fino }X)r los resultados f|ue babria de producir. I'ero esta suposición tan favorable, es inadinisililc. ota en contradicción con bechos públicos muy ant<'riores al último rompimiento de hostilidades. La oposición actual no es mas (jue el desarrollo de los périnenes de disolución y de muerte encerra-4m en el seno do, la situación: alirunos de ello- tnron ya desde un principio, otríK? lian. liado el concurso de las circunstMKÍas; aquellos se presentaban en la supeHicie 11 I -.¡ir de la inclemencia de una atmost» la liia y secante; estos han [x'rníanecido adormecidos en las entrañas de la tierra. hasta que un sol mas vigoroso V un Mbieote mas propicio lian venido á fecundarlos. Para comprender lo que e:>tá suc^- I diendo, señalar sus causas y conjeturar sus! «feetos, será bueno analizar la situación actoal en su ori^íen y en sus vicisitudes.

La situación ha tenido un solo principio elird y lijo, nmi h principios oscuros é inciertos: lodo lo bueno que ha hecho, ha resultado de la claridad y lije/n del prinu'ro: los males que ha acarrea<lo han procedido de la oscuridad é incertidumbre de los segundos; de aípiellos lafuerza.de rsi |;j debilidad; de a<|uell()s la duracitm, de estos los peligros innunentes. Nos esplicaremos. Kl pnoeipio claro y lijo ha sido el restablcciminlo V 1 1 ciiiivi; \ icinn del Orden material; Im oscuros e mu l ius han sido todos los revolución contra Ki^artero. en lo que tenia de nacional, no se parecía en nada á niniíuna de las anteriores; era un levantamiento para acabar con la anar((uía. Los que lieretlaron la revolución de junio de I84;í Meroii su inten»s identificado con el voto nacional: este voto les prescribía el restablecimiento v la conservación del órden ses les exigian lo mismo. Acometieron con resolución esta empresa, y la llevaron á cabo; no por sus talentos, no |)or su prestigio, no por sola sn energía, no por sus fuer/as, sino porque se hallaron íimiemenle apoyados por hombres de todos los partidos, por la inmensa mayoría de la nación. Asi fueron vencidos los centralistas, asi las insurrecciones de Alicante y Cartagena, asi la de Hecho y Ansó, asi la de '/urbano, asi se han desconcertado todas las tentativas contra el orden público. En esto el gobierno no ha contado mas enemigos qne los interesados en el trastorno; ningún otro partido le ha minado. ninguno le ha puesto olistaculos: tratábase del órden ó del triunfo de la rft»^' volncion, y en esta alternativa se optaba or el orden, fuera cual fuese la opinión sore la pobtica del ministerio. Kn este punto no había división; no había dos bandos en el partido dominante; no ha1)ía fracción dimisionaria: no había moderados ni monáríjuicos; no habia mas que hombres que con^ templaban con horror las catástrofes de una nueva revolución: el gobierno ha podido llamar á todas las puertas seguro de encontrar en todas partes numerosos sostcne-^ dores.

Este es un hecho sobre el cual no cabe dispula. Los que habían atribuido á los carlistas una alianza con la revolución, han podido desengafiírse; en tantas insurrecciones revolucionarias como han estallado, en tantas conspiraciones como se han descubierto, no se ha encontrado ni un solo crtrlísta; y en la actualidad, mientras el gobierno está desbaratando en varios puntos nuevas y dilatadas tramas, la Reina Doña Isabel II via^ ja de noche, sin un soldatio de escolla por entre arpiellas montañas y derrumbaderos, que durante siete años resonaron con el grito de viva Carlos V. No cabe prueba mas concluyente de que no ha habido ni hay tal alian/.a; no cabe protesta mas terminante contra calumnia tan repetida; no cabe ra/oii n>as decisiva en favor de lo que estábamos^ diciendo. que en punto á la conservación del órden el gobierno ha encontrado apoyo sincero, linne en los hombres de todos los partidos. I^** La conservación del órden público es oíi deber, una necesidad para todo gobierno; sin esta condición nada es |)osible; la snñ^ dad es un caos. Pero es un error muy grave ftl creer i\m en habiendo campiido este 40ÍMNÍir44^-0^'*'''"'* <-lllii|)li(lii lodos SOS (lf'1,1- Mif <•(( lialiuMido s,iii>rc(:Uo esta uec«tMiiad, ba saUtleclioi^as las ucccsidades. Á vil gobierno le íbcobm» alf<o mas que sujetar revoltosos; esta es una de sus atribuciones, mas no la única; y de tal clase, que por SI sola no puedo llenarse bieu. üí ^«t-(¿emo que solo pensase en sofocaNnsumn -clones y desbiinitar conspiraciones, no sena oías que un brazo que lucha y un ojo que acecha; el gobierno ha de $cr algo mas que un soldado, y un comisario de policía.

El ministerio actual lia sofocado las insurrecciones, ha desbaratado las üODM)iracio^ nes; pero no lia «do tai félít ea oaoer lo qne lefallabii para gobernar. Aqui es donde sus principios han sido oscuros é inciertos, Stt.coüducta vaciiaate, sus obras d nulas o irtonmiT: aquí «tdoode ha ido pentíendo sus antiguos amigos, donde no ha sabido bienquisi u se nmgun adversario, donde ha visloesleuderse j robustecerse de dta eu dia, y en difereiMB aenUdoe, la oposición que Je abruma. Con un pie en el terreno de la revolución, y ulro en el de la re|>aracion; ora halagaudo n esta, ora a aquella, ha ido descoaleBtMidéáloB hombvwde anbai > aoir bando como los que quieren estar bien con todos, que al fin se indispone con todos.

¿Cuál ha sidosu sistema en política? ¿Condeno abiertamente la obra de la revolución de la Granja? ¿La aprobó? No lo sabemos: tal vez hizo lo uno y lo otro. La condenó en los preánbttlos de sus proyectos, en sve discursos, en la ponderación de la urgencia para quitarla de comedio, en las duras calilicacioDe.s ({ue se permitieron el y sus amigos. La aprobó porque no pernilió que se la destruyese, i)orque solo consintió que se la reformase, porque la tomo romn punto de partida, como base para la reiorma, como oondieioBde legjtiinidad de los poderes ooBs-Iptayentcs, como norma á que debian atenerse asi el niDuarca como las Curtes.

Para hacer las i-eíormas necesarias ¿ asentó el JirillOÍpM»> deque atendido lo crítico de las circunstancias, bastase por si solo el poder del monarca? Si y no. ¿>i, como lo |)rueba el haberse c4Miformado á este principio en el arreglo de un ramo tan importante como el de la imprenta; no, romo la maniliesta l;i oposición (|ue según se diio, üiciera meses atfls á proyectos bcmcjantlIU-i iiiHWWi Hi^i^il ijawiaio de la sol» as* medio mas espediis y wm oonvc la discusión? Sí y no. Si, pues él le ha empleado uur enteiv «n itea8iial0.^vi ea UHcaos oliM ht nos en acuerdo con la mmtmá$ dicha con> veniencia, -Mlaiuio la discasioacoo el sislema de laa uutui ilaciones; no,, pues que ha empleado oeliaiesse<iÉaelet,ae|Hdtadoi lasi'ortes, y disi nüendo sin ccxar.

¿^>ué piensa s(d)re la (lonsdlunuii de i MIS? ¿ La considera como uu medio de gobierne ó como ua okstásalo? Atabas cosas. Coím un medio, ya (jue tanto la ensal/.ó antes de aprobarse; ya uue tanto la nombra, y de tal modo la defienda despasa de haber él «m<» mo aconsejado y oblaiida-saflaneíoB. Cmü un obstáculo, pues que la quebranta ni dia siguiente de lapubltcacion^ prendiendo, a dos periodislas, y rafciiado n toRisIsciwi imprenta. Como un obstáculo repetimos, pues que no la plantea fino a medias, reformando el Senado sin atreverse a disolver el Ceagreso..¿^..4^^..»^ Mtmm ikmt'^j^ El sistema político que encontró establecido al lomar el mando, ¿lo creyó radicalmente vicioso? ¿ opiQo en efecto que era i IpealBreforaarle, ópeasóqae se podía I con él? Ambas cosas. Para convencerse de su opinión sobre los vicios y la urgencia de que desaparecieran, hasta recordar sos palabras; paia coaveneerse de lo contrario, ea suHciente su conducta. La lev electoral y la de impreata, es decir, los dos pualos mii imporiaales del sisleMi npitiieVmtfas^aií llamaron bastante su atención para que les hiciera ventilar en una legislatura tan larga, eu que contaba con la mayoría mas compae-» ta qoe se vi6 jtaiés, y eamlo loe Cortee asi no tener otro objeto, se ocupaban de la ley de vagos, ó se entregabaa a dilatados valos de descanso. • • ¿Es amigo del jurado é enemigo? depende de las circ4instancias. Hace algunos meses que su opinión sobre el particular no estaba compielamente formada, á pesar de ocho lAos de esperiencia: así aH que el jurado desaparecía de laConstilucisttk mas no de la ley de imprenta. Se han ce^• rado las Cortes, aaa asamnada Isa fiifes; f la convicción de qaa al jarado era araAi» m venido por lin; y no pomo quiera. sino robusta, irresistible, eticaz, de ejecución ur- KW, épestrésaasrlfcsdsdaJaa q«a veda al Isffíilir fl>t ^< I las Corles: y esla convicción ¿ha nacido de principios? Según se dijo hubo mas l>ien (iespif^ue que convicción. Los periódicos nnuncinron (]yw ol salir ó no el dt'crcto de- tendi9 de Li iibsoincioii «i condi'narinn de nn «trticulo denunciado. No sabemos si oslo es \»T(l;i<l; pero lo cierlo es que á la ahsolni ion siguió el decreto. Las apariencias son malas; y en tal caso ¿dónde está el sistema, dónde las doctrinas? ¿Un caso mas ó menos basta para matar una institución, ó hacerla tolerar?

Las reformas administrativas, ¿eran iirptnlM, 6 consentian dilación? l'no y olro. Eran nrsentes, y por motivo de la urfjencia se solirii.iha la aulori/acion, y evitaban las disciiMoiics en las Cort(»s. No "eran ursenl«8, y por esta causa se ha ixuardado la autorización en la cartera, y se ha procedido « nn innta lentitud en el planteo de las nueves.

La misma incertidumhre, la misma contradicción que en las cuestiones polllioas, lo ha maniíestado el gobierno en las eclesiásticas. Reconoce la injusticia revolucionaria tiel 'de la iglesia, v permite qoe la veni.» (.uiiiinue; suspende la venta, pero se sas muy buenas. j)ero no las sabréis por ahora; tladme el voto v dejadme hacer; » y luego volviéndose á los reaccionarios los amenarnba con la misma cartera. indicando po< o menos (¡ue tener encerrados en ella los rayos del Vaticano. Pnes bien, estas oscila^ ciónes escusadas por la oportunidad, se fun^' daban en dalos tan seguros como hemoff presenciado. Ni ha habido reconocimiento de la Reina, ni ratilicacion de las ventas, n¥ nada, sino sinsabores y complicaciones nuevas. La vacilación con respecto á los principios podía encubrirse algún tanto con la»^ exigencias de los hechos bien conocidos; cuando se ha visto que no se profesahair principios lijos, y se conocían tan mal lorf hechos, ¿ (pié es lo que resta? * De tales antecedentes solo podía rcsnltarl lo que estamos viendo: que el gobierno se indispusiera con todos los partidos, que se colo<:ase en el triste y |)el!groso aislamiento^ en que ha venido á {wn-ar.

(Queriendo el ministerio complacer el elemento revolucionario <jue bajo formas parlamentarias abriga la situación, se ha enagenado á lo que ella encerraba de hombreé verdaderamente conservadores; é ¡nclínánmega á la devolución; se decide al lin por | dose hacia estos últimos ya con sus palabras ' la devolución, mas no devuelve. Pondera la necesidad de maiilener el clero, proclavv.) <" voluntad decidida de emplear medios • >, no consiente que nadie le lleve la delantera en actividad y celo; y salé al lin con la famosa ley interina, y el contrato con ol Banco.

Lo mas y lo menos en esta materia, no lo hace depen<ler de principios, sino de o|)ortunida<l; esta onortiinidad era la guia def Íjobierno, la menida de la dosis en que se itbtese de administrar justicia. Asi, en concepto ilel ministerio, la devolución al clero de los bienes no vendidos, era un arto de rigorosa justicia, pues (pie (piitándoselos li.ihi.i cometido nn despojo inicuo; pero el proponer la devolución era un asunto de o|)ortunidad, sujeto tan solo al criterio de los ministros. imicos iniciados en el secreto de las negociaciones. En qué fase se hallaban estas, cuál era el curso que segnian, no se sabia de lijo, solo se dejaba conjeturar; pero lo que no se ignoraba era que tocslian n su término, que el resultado seria completamente satisfactorio. El ministerio mostraba á los amigos curiosos su cartera cerrada; y les decia: «aqui dentro hay co- I I ya con sus obras, ha provocado la oposición entre aquellos mismos que le habían sostenido con mas perseverancia. Asi tiene ahora contra si á lodo el partido progresista, a ' todo el partido carlista, á todos los monárquicos no carlistas, á lodos los que abrazaron la bandera de los diputados dimisionarios, á la fracción puritana representada por el Tiempo, y en lin á los hombres que siguen al /írraldo, al Globo, ó al Kftpaño!. Hechas estas deducciones, seria curioso sa-» ^ ber lo que qncda en España. No creemos, que haya ningún partido; no puede haliep mas que individuos. Hé aqui el estado de la'", oposición actual; hé aqui sus causas. ¿.Cuáles serán sus resultados? No lo sabemos; nf " tampoco somos amigos de pronosticar. Co- ' mo quiera, las conjeturas no pueden ser halagilcnas al ministerio.

Hay en la situación actual olro elemento (jue por precisión ha de contribuir á des- ^ címiponeria; hablamos de la alianza del po- " der militar con un partido político. Esta alianza es necc^iaria, v lo será hasta que el trono sea bastante robusto para dominar á ^ los poderes militares y á los partidos políli-' CCS; ó mejor diremos', hasta que los parü-" dM iMUtíooe no teogaa, iiii»iijí|^MMBit que la puramente legal, nilwsqmÉíitlgo punto de n|)o\(M|(iP el trono ini-^mn fíisfn no SO kábic ya del poder mililar, sjuo de ejér- 6Ílo eieganeiite ramiso al poder díil hmk | narca. Esta triste necesidad de la alianza de dos elementos que sintienildsc llaeos por si solos, piden á su ali ulu la fuerza que les fillta, produce males {le la mayor gravedad, haciendo inq>osible la duración y solidez de todo gobierno, por ser imposible la solidez y doracion de la alianza en que se le pretende fundar.

Si la alianza del poder militar con un partido político esta bteinprtí sujeta á mucbos ipóowrenieatot, suben estos de punto ettw* do el partido 'aliado es Ukenk Un partido politice por jnas que varié, por mas que se ponga en contradicción con sus principios, oer aias sacrilicios que haga en oMeqwo de la conservación propia, por mas que consienta en hunullars»;, siempre sufre algo de la influencia del nombre que lleva-, de la^ doctrioas que procJania, de los principios que le dieron orijíen; siempre permanecen estos allá en el fondo de su espíritu, protestando contra la inconsecuencia, acusando á los prevaricadores, tendiendo sin cesar al recohro de la posición perdida, y á lavar la maucba con que las condescendencias los ennegrederoa. Kú es que lodo partido liheraL aun el mas pcBtcadoi, aan el ñas humilde y rendido, conserva en sus ideas y en sns iostiutos algo de.su primitivo. cs|)ifitii de liliertad. Esas ideas rallen, eses inatintos se agitan, se encuentran con la inflexihilidad delp(Kler militar, cld<'sconlonto comienza, sigue el desvio, y al lin la iucba se Hccúerdese lo sucedido en tiempo de Espartero. También entonces se alió un partido político con el poder mililar; esta alianza prodiqo la con(|ui8(a.del mando por nedio dfuma revolución; pero no fue. bástanle á cower varíe. Apenas entronizado Espartero aa formaron dos bandos en el mismo partido progresista; unos 'qnerian ídeniiíicarse con Espartero, vivir en paz con el, |)elear conél, vencer ó sucumbir con el; otros miraban CTadcpcanBaaM el aaceodiente del poder uiUlsr, hubieran querido romper el tnalni- . mentó de guerra una vez conseguida la victoria; las ideas y los iuslintus de libertad se avenían oalicoo el predominio de unaoldado. Bi|Íqdifei»nlMfi^niil8,CD '* ** nes, «oar división diudÍJUilhasta 4843: el desenlace es conoetdo; en el ultimo acto del drama se liauiaban coalicioni^a&jf ayacucbos. La^niiMSBion ai»iwManiittlaitÍBlmiMiaaa de la de Espartero, tiene con ella maii I tos deseiiieianza de lt> (pie ak'UQOsquiaB aa liguran. Eu ainba» hav lu alianzftdel podaf militar con un parü^ poUtioot^ fiR aa^Ha liíiy una frací'ion que prestan todos ios sacrilicios, \ otra fracción que a aigunos^se niega terminantemente, otros no loscMHÍih^ tea sino a duraa^peMM9^«ieaipMi«sn protestas. En ambas se vé la unión contra el enemigo común en el umjiucoIo de peiign^ en ambas la»» mu hlMÉMiili ÉHMiWii