SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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mentos de icjioaD^ifiMÉM el len§Éi|MÍ^ la oposición se llama roz amitfn que ani»- nesta; eu ambas em{K:ro es ia oposiaottasir severante? á veeea roda* Sb anIMMpi defender al ministerio cobm único capaz de superar los obstáculos-y salir en bien de ln> peligros; en ambas se le- -oye acusar de que con sn improdeneia awltiplietdoe^dtalÉü^ los, y con -ni ■ ' td capone á si^^irlÉ situación a peit i cr en ios n lii^ros. EiMní^ lias se ven eu la oposiciou a los peciúdicQS mas antiguos y mas aiieal^lénÉiáHeiilHiiit Karlído. En ambas iiguran en la ofKNñeiaa ombres muv nolahics del mismo partida Véase si son pocas las analogías, ' no diro« nios que sea el misaMy^f^esenlaee. ' ('.otiio quiern <•< fe i ierfo que «n la »i4«iciou actual, como en la de lusaarlero, hay ona alianza insostenible, hay ei unfluiin» amalgamar dos elementos que so reekssMk Los hábitos de di.^ciplina y ia»^ costumhfes diüii'M i.iiu a>, la fuerza y la discusión, las leyes y la espnds sOn^éuásért^— ae lapijla* La fuerza imliiar es «le suyo de tal naturaleza, <|ue SI lio olii'dt cc ric;ranicntc a «t poder superior, aspira a la uoiuinacion ahsetota. Iñor sos- ideas, per suli MfeKes, fisr atf posición en la socicilad. por sus instintoí, por su orf:am/;i( ion misma, esta destinada á unoíle (jíiN fsiienios, o solo a ob^ecer, ó á mandar sola. Esta es sn naliiraleaa: en vano se la inleiilana nioddicar: quien le pide auxilio sera su esclavo. IbS ei/ca|i bula: el caballo' veneeiA al auiilio del houdut: lai pues en pcrsuadifie qie so opét y le el freno.

Dlgitized by Google m- EL GOBIERNO Eiéríto rn f»rí» tVit Ar sfrwtode t9«l. y pufaUcaito rn MidrM «I S cM ímnMitIo •Ptimilin'.

El elemcuto revoluciouariu (|ue bajo las formas |Mi-iaiueiUaría.s se abri^M en el seno (ifr la situatioQ, va (Ifsenvulviéndose con rapiili'/., y amcnazaDcio la uKÍsteocia del partido (loiiiiiiaiile. Kl gobicrao S4} ve ac'usitdo de haber hecho Irnieioti á los priiK'ii'i 1^!<'\nl(i( iüuariü-conservadores, que al.dos fierióibcos habiaa ia aiicUui osa Itasu sobre la cual debía 1< \ «'I si«itt'iiia liberal, rodeado de Uxii. - iroit oN »jue. le olrecieron las i.oii-(|uistas de ia revoliicioit. Los periódicos de la (■[ii.^i< ¡ün inodiMada lio pueden sufrir que I ■ ' I! nuevas roneesiones a la.,.a, (jue en su conceplo solo debe ser atendida, en cuanto sirva para asegurar la estabilidad de la injuslicia. Así, BO se tenia inujuvenicnte en que m> devolvieran al clero los bienes no vendidos, cou tal que e>la devolución no se llevase á efecto hasta (|ue la corle de Roma hubiese raliiicado la enajenación de los vendidos; pero tan pronto como el liobierno se ha decidido a no conformarse con tan peregrina juri>prudencia, ilucivcn s<d)re él las.dcclamacumes y las burlas basta un pinito que le hacen pa^ar bien caro los ardientes enc^ míos con <|ue poco antes se le obsequiara. Pór mas que se aseuiire cpie el {íobierno no hace caso de semejante oposición, es probable que no dejará de mirarla con alcona iu-((uietud; y mas de una vez habrá recordado aquellos dias no muy remolos, en ({ue se solazaba de sus lati,:;as minisleriales cou el agradable incienso de los periódicos moderados. ¡Instabilidad de las cosas humanas!

Kscusado es decir que nosotros aplaudimos la buena resolución del miuislerio, si bien la hubiéramos deseado mas cumplida devolviendo á cada liclesia los bienes (|ue le pertenecen; pero esto no impide (jue bajeamos observar comí» le perjudica en este ]mnta el sistema iiicierlu y poco franco (|ue jr^lidas veces hemos tenido oca>ion de ceasurar. Va ({ue el ^obiernu babia obtenido de las Corles un vul(» fa\oiable a la devolucioo, lo natural y lo justo era que la lie- Ivase á calió inmediatamente, siu esperar el éxilo de las uejjociaciooes, ni dar pie a quo se creyera que los motivos que le impulsaban al acto de justicia, eran solo razones de conveniencia. Y esto que era natural y justív era al propio tiempo muy político, pues debilitaba de antemano la fuerza de los argumentos cou ({ue le combaten sus antiguos sostenedores. Si, esto era lo mas político, y vamos a demostrarlo.., El gobierno, al presentar á las Cortes el proyecto de devolución, si bien dejo traslu« cir qi:e inlliiian en su animo razones de conveniencia, asentó no ohílanle con toda claridad, (jue entendía y (pieria hacer un acto de justicia. Kn los dictámenes de la comisioa se adoptó distinto lenguaje, aue manifes^ liiba jirincipios diferentes de los admitidos por el ííobierno; diferencia «pie se mostró igualmente en el curso de la díscusíoa; pero que no consiguió ni ajiartar al ministod rio '! liti! de conducta, ni aun que mon diii<. • trinas con que ia justilic-abaJ ■ A pesar de esto, el gobierno triunfo, y na-« díe podía abri¿!ar duda sobre que iuej{0 de I olileiiida la sanción Real, el gobierno podía. pa>ar á la ejecución de la ley, sin faltar al voto de las Corteas..Nadie pudo creer que el voto de estas dependiera de ninguna condición; pues que ni se la había espre>ado, ni I se la podía suponer iniplicita cuando el lio^ \ bicrno contaba en las Cortes con tan grande ' mavoria. Fu vano akunos indÍNÍduos de la mmoría preteiidian interpretar el voto: la ' íulerpretacion era la espresion de sus opiniones, uo de la mente de la ley votada. Loi ' mas (pie se podia sospechar era «pie en el animo de la ma\oria hubiesen iniluido la^ razones de conveniencia como habían inílui-^ do tainiiieu en el áiiiuio del gobierno, pero n(t <pie el voto l'uese condicional, y (|ue no obteniéndose de Roma lo (|ue se deseaba, la medida de la devolución carezca de seiv-j I tido, como iia dicho cierto periódico. En j este su()ueslt», ¿ipie debia hacer el gobier-I no? Devolver inmediamente. ¿ V por que? l Porque si sus esperanzas sobre las negociar) I cíone.s de Roma salían cumplidas, podía.; gloriarse de haber unido en su condui la la^ habilidad con la lealtad; y si salían iállidas»>i no se encontraba con ia ley sin ejecutar, yi obligado, (i a poner de uiatiificslo (pie soioi I >e guiaba |>or una prcvi»ion incierla que lodd L sucesos habían desuieulído, ó á ejecutar lao > devolución á pesar de las reclamaciones de los enemigos ile ella, exasperados |jor el ^ d^venlurado desenlace de las negociacio- . nes del señor (laslillo. El ministerio si^iió el camino peor; y esta es una de las causas del mal papel que esta representando. Con su dilación en ejecutar la ley ha dejado creer auc solo la queria hacer servir comt) un meio para ohlener concesiones, dando lufíar: * ¿ que ahora cuando trata de ejecutarla se le eche en cara que no cumple lo tácilnmcnte convenido con las Cortes, y (|uc se humilla ante las exigencias de Roma.

Si el pobierno hubiese sido mas consecuente, devolviendo lo no vendido tan luego conm obtuvo de las Cortes un voto Tavorablc á su proyecto, ahora se hallaría en una |)osicion muy desembarazada con respecto á sus nuevos adversarios. « Es verdad, podria decirles, es verdad (jue |)or ahora las nejíociaciones con Roma no han dado los resul-. tados que nos prometíamos, y que se han devuelto al clero los bienes no vendidos, sin haber obtenido la ratílicacion de las ventas j, hechas. pero nosotros al proponer á las ('orles la devolución, bien claro espusimos que la medida, á nías de conveniente, era también justa: hemos cumplido prontamente lo que era de justicia; dejamos al tiempo que acredite la conveniencia. » Este lenguaje era leal, era sobre todo concluyenle; jorque siempre es muy honroso haber satisfecho la justicia, aun cuando no se consiga lo que de ella se esperaba. Y no es esto decir que el gobierno se hubiese evitado la opo- | sicion, lo que era poco menos que imposi- \ ble; pero si que hubiera tenido mas plena-! mente razón contra ella; y lo peor para los gobiernos no está en sufrir la oposición, sino en merecerla.

Hemos dicho que el evitar la nueva oposición era poco menos que imposible; y asi es en realidad; si no hubiese habido un motivo, se hubiera echado mano de otro; el i germen estaba en el seno del |)artido, y para los liem|K)s ea (¡ue vivimos ya era deuíasiado largo el adormecimiento (|uc se notaba en la discordia. Si cae el ministerio actual y se entroniza otra fracción del partido moderado, en aquella fracción se presentaran de nuevo algunas subdivisiones, que poco notables al principio, se irán mostrando mas | claras con el decurso de pocos meses, acá- i bando por un rompimiento tan estrepitoso como el (|ue estamos presenciando.

Lo curioso que bay en la oposición actual es su condición puramente negativa. Es tal la im|M)tencia que siente de fundar un gobierno, que todavía no bu formulado el aistema (jue hava de suceder al actual, ni se atreve á decir hasta que punto quiere ana mudanza en el personaldel ministerio. Léanse ron reilexioii los artículos, v se notará en esta parte nun ha reserva. Oui/as cuando este articulo vea la luz publica, el lenguaje de la o(K)sicion habrá sido mnsi>splicito; pero á la fecha en que escribimos estas lineas todavía no hemos visto nada que nos bagp formar unn idea clara y cabal de lo que se intenta sustituir á lo (|ue se desea derribar.

Fieles a nuestro sistema de no poner á nadie en compromisos, exigiendo respoeatas sobre puntos determinados, nos guardaremos muy bien de dirigir a los periódicos de la oposición moderada preguntas sobre lo (lue piensan con respecto á ciertos aspectos (le la cuestión, por cierto bien delicados; ¡H'ro estamos en nuestro derecho al dirigirnos esas preguntas á nosotros mismos, y llamar sobre ellas la atención del público.

Hé a<(ui lo (|ue nos preguntamos.

1." ¿La oposición al ministerio tiende á un cambio de |K;rsonas?

Parécenos qne nocalM» duda en este punto; y nótese bien (|iie no usamos de la palabra íxíV/p, sino lieude. S;ibemos que a veces se insinúa <nie todavía es tiempo, todavía puede el gobierno re|Mirar sus yerros y lavar sus faltas; pero hablando ingénuaiuente, estas nos parecen formulas de pura cortesía. Mudar de sistema sena confesar <|ue era malo el seguido hasta aquí; seria manifestar <|ue esto no obstante, se le abandona a duras penas, v.solo para acallar los clamores de la opiníon; seria rendir las armas á la oposición, y decirle: «si me lo permites continuaré usando de ellas bajatu dirección v mando.» Tanta humillación no la quisieran sufrir los hombres del gobierno; preleririan sin duda retirarse del poder. Asi, aunque no se dude de la sinceridad de los que afirman no desear una mudanza ministerial, es preciso convenir en que la tendencia no es otra; siendo ademas tan visible, que no es dado suponer que se oculte á los ojos de los escritores. La pala- i bra pues á (|ue viene á parar la oposición es esta: tí/;rt;V) el minisferio: esta |)alabra seré pronunciada con dolor si se quiere; pero se pronunciara, v aun ahora mismo, lo que se dice equivale á pronunciarla. En Google «oaeepto ilu la oposicioa moderada, el goiiiwúu deja péser las regati» de la ooroM, f I-I I ii 'ni I ' partido deque salió, abusa de la coolianza que vn el deposilamn laa Cortes, se olvida de la Noluntad de estas y te ealnrta abiertaoMBle, conduce con t' '^'M ';i Ins np^ociarioiifs, envilece al pais; cüuo es que un minÍMlerio seiiiejaute es ¿ loBrajai de la oposición una inmensa calaniéadf;<8rpues laepaneiott^ oonaecuente, I si quiere presonlarse romo sosIimv ' )ra de -la.aicoidad nacional, del lustre de ^u )>arti> I trf ooren da sos doetrioas, i dü^grandór y rccuottdadde saaiatema, no tiene otro medio que aspirar á un cambio miiiistenal, acelerarle cuaulo sea ¡lostbie.

dado la primera respaesta, y según nos parece, de uua manera saliafM^ tona, pasemos a la olra prejíunla. M." Eü la ruina ministerial, ^quiere la icion que vaya «nvnello también el geiw se hubiese de responderá esta pief^unla-ateméadose únicamente á los principios del gobierno representativo y de ifaponsabilidad ministerial, no habria ninguna diticuilad eu atínuar que la oposición nuxlerada qoiere dawiMaral gmtni Narvaez como á los demás ministros. Mm lodos los países donde riííc el sistema representativo la respouabilMlad se estiende á todos, y auu pesa dt «a naaera paHiealar sobre el presidenle <li l ( in-( jii. A él se atribuyen príncipalmenle asi e( iíien como el mal; á él le pertenece la. mayor parte de la gloria; sobre dlüMM la mayor parle de los cargos. Sn él se personitica el sistema; cuando él coutiaúa en el poder, se supone que el sistema c^tiMittuara el mismo; las mudanzas persoualiÉlliimftikasa» bajo el ndsmo presidente, son causado^ I" r motivos secundarios, yconsideradas como de poca importancia. La oposici^ de la prensa moderada no se Funda en aMllVQSseeundaflas; sedirige según asegura, contra el sistema, errado en lo interior, depresivo eu lo exterior, absolalamenteinsostemUs, ai M se qaiere almar aakie li Espafla calamidades sin cuento. Asi pws psreee no c.úwr duda en que los tiros van asestados Uuiiuea cioitra el presidente del consejo. Pero eaü^M giÉisfis represeiiatiYo m Sspilla es ni gentí'is, anómalo como nuestras co- .sas^ quizás -M¡ra escepcion aqui la regla general, y ci actual presidente sea considefidlMM|iiiiM|«^s|Mei6de^, m temo del I cual se gasten los ministerios, ^.-ifasttrse él misaM. Sí mí fcese, si asi pensase el partido moderado. si la oposición moderada admitiese esa inamovilidad del presidente, i pesar del cambio de ministerio, seria preciso decir que la irresponsabilidad en España se esliende á otras personas distintas del monarca. Ademas resultaría también otra consecuencia que no sabemos si podran admitirla los parlaaMario». Como en los sislemas representativos se asienta la máxima de que el rev reina y no irobicma y se concibe sin dHÜBaltad. que permadtweiida'^'rt rey el mismo, se cambie «SÉitAecjierieia el sistema político; pero ¿romo tp podrá cambiar el sistema permaneciendo el mismo el presidente? Cntanaes seria 'aMnestafmf^Kti^ l;ii ()!ra máxima; «el presidente preside y no f^übicrna; » lo que, ó baria poco honor á su inteligencia, ó le colocaría á la altura del trono. * -r rr» ti»«m« Kstas verdades las tendría presentes el general Narvaez cuando declaraba en las Cortes que los ministros estaban unidos, y qae é continuarían juntas, ó caerían jnnlor en un mismo día, y por un mismo motivo. Asi, pues, no es probable que el presidente se haga ilosiones sobre sv Terdadera posición, y que no alcance el objeto, ó cuando menos la tendencia de la oposición moderada: en apoyo de esta opinión viene lo que se ba dicho estos dias de haber desoído instnnacio^ nes amistosas sobre modilicacion mínblerial? >^ Sea como fuere, no creemos que en nin- * gun evento pudiesen resultar al pais notables ventajas, si la mndanza se líroilaba k entrar en el poder otra fracción del partido moderado, para gol)ernar con el csclusivismo que. lo ba hecbo la dominante. Queremos suponer qne el cambio respetase al general Narvaez, y que á los cinco ministros desgraciados les sucedieseo otros de mas ó meaos purítanismo parlamentario. ¿Qué habriamat adelantado con la mudanza? Abrígamos In profunda convicción de que á poca difei cia continuaríamos como antes.' mj ' -..tr* vj Se dedama mucho sobre los Roma; pero ^qoé harían los hombres nm» vos? ¿Hablarían, como ellos dicen, con fírmela, con energía, con dignidad? ¿Y qaé difian con este lenguaje? ¿Diñan qié sieb Sumo Pontílice no (|iiiere comenzar por un reconocimiento liso y llano de I)ofla Isabel lí como Reina legitima de Espaila, y ratiíicar eo segnidi ta T«Mnde loo bienes del clere;< Digitízed by G Digitízed by G el gobieni#lte'9. M. se vV^^tMigado á romper toda Ticirorinülni 'f VÉ^MlUNr su plenipotcnaai n * i ii rtoina se rontostnria (\\\o el jíobienio de Madrid es doeñu de tnmnr las itemMonesqve bien le parezcan; poro que IttPiilÉí á'av vn m también dueño de neg^árse á lo que se lo cxiírc. s!ii ninirunn i;nraoUa de buen resultado. ¿Aineuazarian con! MütMMMMobHl de la venta? Pero esta eon- ' tinnacion no le daría á Roma tanto cuidado como paroco; mando no ignnm que <•! producto en renta de loque existe, dilicilnicjile Iteraré é It-sétima parte de lo qne se necesita pnra nibiir I presnpueslo. ¿Indicarían quizas que si Su Santidad no so presta á )reaDudar las relaciones, el ¿íobierno tratará dMlew provea á las i^lesiislvacantes f)or medios estrnordiiiarifis? Pero enfonros se suscitan kis cuestiones del tiempo de Alonso, m tfltni:etuil ferreno en que no quisieron entrar unas Corles progresistas, se provoca nn fuerte murm olio en todo el;iinl);Io de la nación, se arroja sobre el pais la tea del cis déla aliniizn, menester »eríaiii^iieart-pie# diferencia el mismo sistema que lAora. Pr»- enrar el triunfo ni l.i- i-'n-finno- ¡ht í'ifl' • los medios; conservar todo el tiea^Miqie fuese posible las Cortes eo qoe ser- mm mayoría; refrenar la prensa conio mqor se enlendii'se: ' " iv - -lü iitrs insurrecciones, y por cunsecuuncia tusilar á menudo, verificando aqoeHa espraaieiideiiiiferiidiaK «con nuestro conslitucionalisino tambiettie • eot liMitar dol mejor modo que inora dahie a los sostenedores del iniuisterid, decoraciones y sueldos. y prevenir qoe en el seno de la misma fracción dominante no se levantase ()l ra oposiciou como la que es* perimenta el actual mMfeMrio. Mivo la ha< cienda enntiniiaria en un estado fon deplnrable como ahora; el ejercito se conservaria en el mismo pie, absorbiendit ia mayor parte do ios feenrsos; los partid >^f\miirian^ conados como hasta aipii; los ' tnlin^<! cnido^ y sus partidarios comenzarían la oposirion na, y «s gobierno pigmeo quiere acometer I contra tos vencedores; y la andón m saluna empresa de que saldría mal paradonii | dría ni por un uMMiito de«sa inquietud, d9 gobierno íriirante No, no inan las cosas tan allá; los gobcr- ]riMes»9»t§éordafian moy bien, siquiera por iiíterés propio, de conducirlas á tamaña estrcmidad. l,o que so hnria puos en último resoltado luera hablar un poco mas, y dejar ' esp malestar que la atormentan. y M"pos^ blos no sentirian ningún alivio cn'sus males, T la modllloaoíon é modanfea ininlfMrifl i»^ lo produciría un cambio de nombre» yJa satisfacción de algunos ambiciosos. Estamos seguros que pensanin con nesrlas cosas como se están, salvas algunas nne* I otros todos kn hombres de boenjailfortl''^ vn*- complicaciones ípio un lormunjo doinasiado altanero pudiera muy hien acarrear. Todas las cneslioncs eclesiásticas quedarían en pie, algunas tal Vez se embrollarían; de todos modos es cierto que los hombres nuevos no alcanzarían á resolver el problema de h'dotacfoB del-clero, ni obtendrían tan fácilmente como se figuran, el reconocimiento de^Isabel, ni la ratificación de las ventas, ni la ooolirmacion de los obispos. ¿Qué habríaimm adelantado pues en las negoiMones con Roma? Nada. ¿Kn qnc se bahrian mejorad'» n^mitov eclesiásticos? Bn nada.

La mudanza ministerial, dentro de la estera del partido moderado; 'Ho iefi# menos estéril en politira.;.Se procuraría nna alianzft eon el partid»» jiiogresista? Sí oslo se hiciera,'bieh se podía pronosticar que en bre-^ino tiempo los firogresistás ocuparían de ■nevo el poder. La fracción moderada que biciese semejante alianza, se saldría por el i^^aíJ jiecho de tos ' flhs de su partido, se iH^^#fblif)rQ|nMjlA'" KMiiifzando latdes dos los que no se dejen alncinnr con vanis palabras. l,o quo acabamos de decir no son meras conjeturas, son pronósticos tanseff»- roscomo el deqie naoaoa saldré el sol^ Si los que desean el cambio ministerial alcanzasen la caida del general Narvaez, los resultados serian de aias tvmaño, y qniós podrían <<d)revcntrsifeesos de ifo«leata ffi* vedad 1 un ohsorvncion lo< haromo<; á Ift» que combaten al ministerio, v es, que si su objeto («ese opoder líM'aiiiMetoné otra bicion, una espada á otra espada; si espera-*' son fundar nn írobíerno basado en una riva-" lidad militar, su obra sería tan poco duradei r» eaiBí4 ttifíis ttUMK tBl^fWMMMos. M suponiendo en t'ulo-; los per-^nnages del'dfíi'i'i -!i!tio dcs|M'i'n(!iiiiiciito, hondea lealtad,-moderación en la loriuna, o resiimaeion^ la de^gl^eli V HJWiitlums un poder míllNr. apovüdo on una ji^oinM" ívimn IVnccion pal*^ tica, V por coiisi<^uK'iiio lus misoMM^ules;' los mismos peligros que abori'.t»*v'íBMP'>- AwRnauinMRV'^wMiiivp'piiinipiOT^v iiaccn iims qiuí f^auar Icrreuo cuu esas divi- | iiones ({uc inaailieslaa a todas luces la iiupolencia ^uberuativa que mil veces hemos iieclio nolar. No, no su fundara un gobierno por ninguno de los medios empleados hasta aquí. Cada dia se irán convenciendo mas y; nn"- <! • '^la verdad los hombres pen:»adores, ú >, luya algunos que no lo cslen ya. Puede hal>er discordancia sobre el camino que se haya de seguir; |)ero es preciso confesar (|ue este camino no es el «lue se sigue. i\o pretendemos imponer á nadie nuestras opiniones; si oíros creen que se pueden tantear otros sistemas, tantéenlos en buen hora; pero abrigamos la profunda convicción de que al üq les será preciso venir al punto i|ue hemos señalado. ¿Se quieren tüÑdavia nuevos espcrimentos? ¿Puede haberlos mas decisivos que los (|ue se han hecho, que los que se están haciendo? ¿Se quiere esponer al |)ais ó la indelinida prolongación de sus males, ya que no á grandes catástrofes? Asi parece; todavía se intenta aparentar que no se ha recorride por entero el circulo fatal, cuando hace largo tiempo que lo hemos recorrido muchas veces; todavía hay nuevas ambiciones por salislacer, y en pos de ellas ae preparan otras que demandarán á su vez ser satisfechas. La nación contempla con desden semejantes miserias, y se indigna al ver que asi se juega con ella; esperamos que algún dia la voz de la verdadera opipion pública subirá basta las regiones del trono, y que sin necesidad de nuevas revoluciones, se romperá para siempre esa cadena de infortunios.

LA IIEVOLCCIOX Y EL GOBIERNO.

Ctrrlh» en Nrit m Jl ir tgmto ét Mi( jr publiratio tn Mailrkl Todavía mas trastornos! todavía mas sangre! Triste condición la de España, amanecer siempre con la duda de si el día que empieza se manchara con nuevos horrores; triste posición la de todo español, esperar las noticias de su pais siempre con la zozobra de que el correo esperado sea portador de nuevas desgracias!...^Cuándo se pondrá fin á esta situación? ¿Cuándo acabarán nuestros males? ¿Cuándo acabarán los desaciertos que han hecho! Le el reinado de la angusta ¿ inocente Isabel? Su cuna ea ntecida entre el estruendo del cañón, que diezma a los hijos de una mi>ma patria; y. apenas sentada en el trono de sus mayores, ve que la di.>cordia sigue, y con ella la lucha de hermanos con hermanos, y el suplicio de muchos españoles. Citando los años hayan aumentado su rellexiou y madurado su juicio, preciso es que al recordar la historia de su reinado, al considerar la sangre las lágrimas que en sosten de su trono se an vertido, diga para sí: «grandes son mis deberes para con ese pueblo; grandes son mis delieres; los que me lo bubian enseñado en mi infancia no me lo hablan hecln» conqirender aun hasta el punto que lo comprendo ahora; sobre los deberes de Reina me ligan los deberes de gratitud.»

Deberes, si, deberes; que los hay y muy grandes para los reyes; dichosos si llegan á conocerlos al través del esplendor y de la lisonja que por todas partes los rodean. La voz austera de la verdad resuena muy rara vez en los artesones de los regios alcázares; y |>or esto los males de los pue* blos se prolongan y se agravan. Cuando los males han llegado á la ultima eslreniidad. cuando lo que antes era un sordo rumor qui* no se dejaba penetrar hasta la regia morada, es el bramar del huracán que viene asolando la tierra, entonces los monarcas se asoman y preguntan: «(pié hay,» asombrados de novedad tan espantosa, en un pais que poco antes se les pintara dormido en los brazos de la calma y de la dicha. ¿\ (luiéii nos dirigimos con estas |>alabras? Al gobierno y á cuant^is )>ersonas tienen ascemliente sobre el ánimo de S. M.; al gobierno y a cuantos pueden iníluir en los destinos del pais, á todos nos dirigimos, para que vean si la España puede proseguir asi, para (]ue consideren si hemos de cooliouar en ese esr lado de febril convulsión, y si cumplen ó iw con su deber, no discurriendo sobre los medios positivos, eíicaces, que pudieran sacarnos de un estado tan deplorable.

El gobierno ha vencido hoy, es verdad, como venció ayer, como quizás vencerá mañana; pero el (d)jeto de un gobierno uo es la victoria, porque gobernar no es pelear. Cuando en un pais se veritica un fenómeno como el que presenciamos en el nuestro, señal es que se halla bajo condiciones imposibles; asi al ponerse en un problema una condidin absurda, el calculador es conducido á una cantidad imaginaría; y la imaginaria en materia de gobierno son el despotismo 6 la anarquía: la fuerza reunida en una mauo ó dejfiarniMdi por la sociedad; aiempre la fuerza.

Dos hechos resaltan en la situación actotl de EsfMfta: la impoleiicia de la levolucíoD, y la impopularidad del gobierno. Este es un contraste; pero hay otro todavía mas aiagular: la revolucimi ño desiste de sm leatativas á 'pesar de m inipoteBeia probada; el gobierno no sucumbe á pesar de su impopularidad evidente. \i la impotencia de la revoluctou es efecto de la fuerza del gubierao, ni la victoria del gobienoes hija de su popularidad. La revolución no desiste porijue conoce que el fíobierno es débil; el gobierno triunfa porque la revolución es bierno.

Se ha dicbo, y creeiaos coa verdad, qa^ en las iuttaales oaimiiaiaiieiia el tfÍHi»<de la revolución aerU íirmidabta; eilelia pMducido el terror; y »! terror que es á veces buen medio de opresión, es maiísiiM» para ta víeloria. GiiaMo loa <pio ataaii m* criben en su bandera \Ay de los veneidosl aa aseguran una resistencia desesperada. Con esta torpes» ios perturbadores han espattia~ do qiiiM» á aa poaoa que babm ffiia aaa (:om[)lices inocentes, y los arrojan al lado del ííobierno en el momento del peliííro. Ved como 2»e ban apiñado en torno de él los periédioes de la oposición nraderada, lai pr' nt i rntnn la tranquilidad se ha visto amenazada en Madrid. Los progresistas son ahora una especie de ejército intratable que débil y mas impopular todavía: hé aquí recibe á loa daoortores del campa por qué la revnhirion rppite sus tentativas á pesar de bus escarmientos, y por qué el go- MonMi vence á pesar de m flaqueza.

La lucha entre e! gobíeiBO y la revolucien presenta otros caracteres notables. El gi^Merao no se conduce como quien aguarda á na adversario al '«nal no léase, sino como nn adalid osado y resuelto que aguarda á pie tírme á otro adalid poco menos fuerte que él: tiene la esperanza de la victoria, Bo la seguridad. No es «a gobienio nacional, sólido y fuerte, que sofoca un motin y le castiga; es un gobierno gele departido que se bate con otro partido en estado de aaiurreccion. Asi los actos preventivos ofrecen el carácter de las disposiciones en aue un general despliega sus fuerzas antes e la batalla; no de una autoridad que, segura de an Irmofo, trata de evitar desgracias; a"?! los actos que sií^iien á la victoria ao son tampoco los de un poder que coa aafana y tritSM aatrega loa eriniiiales al iiilio de un tribuaal, aiao las de na vaaeedor irritado que maltrata á los prisioneros. Asi atin(]ue los vea separarse de] cuerpo y hacerles algunas seAas, bo les respoode iuio a balazos. Ño lo baciaa así los asaiaíadea m su tiODapo: en la oposicioa tos progrenM son mas osados, los moderados mas hábiles y menos escrupulosos. Si Espartero hubiese feHido é on lieaipo ean la rsvoMaa, oas el Papa y con el sultán, paladines babia en el partido moderado para sostener el Cortan, los sagrados cañones, y la declaración de los defeanea del boaabie, y que coa igmá gar*» bo y desenvoltura hubieran llevado el toa* bante, el bonete y el gorro encai nado Los hombres que no se han aiUmdo á niagon partido, 4anbia« aoatBaapiaB esa espanto las escenas que la revolución nos prepara; quisieran un remedio á los males del pais; pero si este remedio ha de ser un bafio de sangre, prefieren la proloagacioa de la dolencia, y e^rar en las buenas disposiciones de la complexión del eoienao, ayudada con el tieiapo, y oes la aceioA da específicos suaves. Paraiieaira paile ipr»-bamos este modo de pensar: para derribar El momento de la crisis revolucionaria ofrece ademas otra particularidad. Un niorneuLo antes, parece que el gobierno lia de ücimbír; lal es el éeseonteato que reioa, tal el rumor que contra él se levanta l.n ( r¡-sis liega, y la revolución se encuentra sola. ¿Por qué? Por(^ue ese descontento no basta para que ae olvide lo que la revalaoíoa ba Mcbo, la ^ baña ai trioa^; y en las asonadas parecen batallas, y la jwticia | al gobierno, no deseamos la revolución; ai mateatar babiau de saoederlaa eoavolaíeÍMa del frenesí, á los desaciertos los horrores; nosotros preferimos á los horrores k» deaaciertos, al (renes! el malestar.

8i bies se abeerva ealve los adversarios del gobierno, hay una especie de It^nltad 2ue no han podido hacer vacilar las repetías noticias de las alianzas monstruosas. Lov progresistas y los BMiaiifaíooa < taiaigpbiem»;att' Digrtized by Google de acelerar la ruina del ¡uhorsino comua; pero esta uuion nu ha existido ni existe. Por el conlrario, los proi^resistas rechazan constantemente á los monárrjuiros, y los monárquicos a su vez reclia/.an a los profíresist^is cou no menor constancia. Estos partidos distan demasiado para darse la mano, lié aqni las ventajas délos partidos medios; con \wcoque se ladeen.se ponen en contacto con los partidos estremos; se hacen monárquicos ó revolucionarios. Si el (pie está arriba M bastante incauto para dejarse estrechar la ■ano cediendo a caricias y protestas, es fácil darle un tirón. derribarle, y colocarse con presteza en su luf¡ar.

I.a revolución ha olvidado que jamás ha sido fuerte en España, jamas ha podido triunfar sino cuando se ha escudado con el trono. En 1832 estaba muerta; los tonsejeros de la reina Cristina la hicieron resucitar: sin el auxilio de una mano entonces tan poderosa, la revolución yacería en la misma inmovilidad en que la tenia la autoridad del difunto monarca. Esta alianza ha cesado en parte; lo que se apoya ahora en el trono no es la revolución de las calles, sino la de los intereses creados; esta última vive y aquella perece. Durante la guerra civil triunfaba la revolución de las calles, ponpie se le decía eo nombre del trono: «obra como bien te parezca, pero ayúdame contra I). darlos;» uias tan pronto como terminada la guerra civil, ba habido autoridades que han querido de veras sofwar las insurrecciones, las han sofocado. Falta saln-r hasta qué punto se puede prolonjíar una situación que tiene contra si la revolución de las calles, no alcanza á re()arar el daño de los intereses antiguos, ni acierta a consolidar los nuevos; y que cuenta en la prensa cou una oposición pro^'resisla, una oposición monár-<|u¡ca, y otra del mismo sonó del partido moderado. Hay la lealtad del ejercito, es verdad; pero esto es liar una inmensa ciuda<i a discreción de un centinela. Ku tiempo de pjerra puede obrarse asi porque no es posible otra cosa: pero en tiempo de paz una ciudad no descansa en un centinela, sino en la benéfica vigilancia de las autoridades y en las disposiciones paclücas de los ciudadanos.