Kas repetidas derrotas de la revolución maniüestan otra verdad que tampoco honra mucho la previsión de nuestros liberales. y es, que la institución de la milicia, que, como recordarán nuestros lectores, fue considerada como un complemento necesario del sistema representativo, y que en consecuencia había lle^'ado á lifruVar en los articjjIos de la ley fundamental, era una cau-I sa permanente de disturbios y trastornos. I Desde que la milicia no existe', el gobierno no solo sofoca las insurrecciones sino que lo hace con suma facilidad. En general su estallido es débil, y se enflaquecen al día siguiente por si mismas, aun antes de ser I atacadas, en lugar de estenderse rápida-r I mente como lo hacian T?notro tiempo. Fál- tales el pábulo para el incendio y el vchicu-I lo para la propagación. Este hecho sugiere: una consideración importante que sirve no I poco para conocer el verdadero espíHlu de España.
En tiempo de Fernando VII habla los voluntarios raalistas, que eran como si dijé- I ramos la milicia nacional del absolutismo. I Una y otra milicia tenían, no un objeto civil, sino puramente político; asi los naclo-I nales como los realistas empuñaban las ar-; mas para sostener un sistema político: estos! habían sido creados para defender al absolutismo contra los liberales, aquellos lo fueron para defender al liberalismo contra los absolutistas. La semejanza de origen y de objeto no ha sido bastante para producir.semejanza de resultados; el absolutismo pudo vivir hasta su última hora en medio de 1; los realistas; el liberalismo no ha podido vi-I vir sino desarmando á las nacionales. Una y otra Institución producían inconvenientes por la exageración del mismo principio en que se fundaban: los realistas querían algunas veces ser mas realistas que el rey y los nacionales pretendían llevar su líberalisnK) I mas allá que los fundadores de la libertad; J pero la diferencia está en que el gobierno I del rey pudo salvar los inconvenientes, sin I matar la iiistilucion, y el gobierno liberal no ba podido preservarse de la ananpiía sin abolir la milicia que era su obra. El año 27 basto la presencia del monarca en (Cataluña para que mas de treinta mil hombres rindicsí'n las armas sin disparar un tiro. Desde 1 830 se podía prever muy bien que el fiartido realista corría peligro de ser derrilado del mando; v desde 18.32 lo fue va en efecto aun en vida del monarca. Las masas del partido estaban armadas, desde la capipital hasta la ultima aldea ¿se sublevaron? " No: ki insurrección no estalló hasta que se V supo ia muerte de Fcrnaudo. ¿Kslo qué prueba? Prueba que en el coraron de aqoel partido tan calumniado, habia un principio poderoso que le obligaba á la obediencia, aun á costa de su ruina; prueba (pie entre las masas realistas y las liberales hay una diferencia profunda cuyo conocimiento arroja mucha luz para formarse una idea cabal de la verdadera situación de Esparta: prueba que acjuel gobierno tan motejado tenia una fuerza inmensa, juies que alcanzaba á triunfar del mayor peligro que se ofrece á todo gobierno, cual es la exageración del principio en que se funda. Toda esta Hu-rza no la conoció á veces el mismo gobierno que la poseia; esto le hizo no poco daño. Se creía con mas peligros de los que existian en realidad; podia vivir muy bien sin tantos sostenedores armados; y no fue tan suave como dcbia, por([ue secons¡der6 menos fnerte de lo que era.
Kl partido liberal, para disminuir el rubor del mal éxito de su ensavo, nos dirá que jamás consideró la milicia sino como arma de guerra, v que solo la instituyó para hacer frente á 1). Carlos; pero entonces resulta que el liberalismo de Espafia no tiene otros medios de defenderse sino el de apelar á la anarquía; preciosa confesión ñor cierto. La consecuencia es necesaria, indeclinable. Si no tuvisteis otro medio de salvación que la milicia, v esta milicia decís vosotros mismos que es incompatible con el orden, esta milicia es por confesión vuestra la ananjuía organizada. Y ¿ qué resultaria de este hecho para fallar sobre los principios? La deducción es óbvia; en tal caso el princ ipio liberal, tal cómo lo han entendido nuestros novadores, eslaria en profundo desacuerdo con las ideas, los sentimientos, los hábitos, los intereses y las necesidades del verdadero pais; en tal caso (»l principio lil)eral no podria dominar en España sino a titulo de conquista, por lo que baria muy bien en ajmyarse alternativamente en los motines de las calles y en el despotismo militar.
Nosotros no hacemos mas que sacar consecuencias de vuestras mismas palabras, de vuestros hechos, aplicar la lógica á los mismos dalos que vosotros nosofn'ccis; condenando la milicia nacional, os condenáis á vosotros mismos.
Bien sabemos que no faltará cpiien ivsponda que el mal no estaba en ia iuslitucion. sino en el modo con que se la Ikibia organizado; mas entonces, ¿porqué ñola reformábais en vez de destruirla? l*cro no, el mal no estaba en el modo sino en la esencia de la cosa; el mal estaba en que por el estado actual de España, una fuerza popolar en apoyo del liberalismo es por necesidad un elemento de anarquía. Cuando en un pais hay realmente grandes masas en apoyo de una causa, se puede elegir y tomar solo lo que convenga; pero cuando no. cuando por el contrario las mas;is están del lado opuesto, entonces es preciso tomar lo que hay, es preciso hacer entrar en la institución elementos que conlra()esen la fuerza enemiga, elementos que al lin acaloran por fermentar y producir una resistencia al mismo gobierno que los emplea.
Es esto tan claro que es bien seguro no hay un solo hombre de gobierno en Espíifia que piense en el restablecimiento de la milicia ni aun reformada: el dia en que se distribuyesen las armas, por mas precauciones que se lomasen, aquel dia se asegurara el triunfo de la revolución: para conocer esto no se necesita previsión política, basta el sentido común.
Las consideraciones que preceden no son estériles, conducen á un resultado importante, cual es la evidente necesidad de que el sistema representativo, si ha de continuar, se nacionalice por decirio asi, andando en busca de nuevos elementos que hasta ahora ó ha combatido abiertamente, ó desdeñado en demasía. Eíla es para él una condición no solo de mejora, si no de %nda; sino hay on ingerto bien entendido, el árbol no prodacirá nada: y dia vendrá en que los pueblos cansados de esperar y de sufrir, le arrancarán de cuajo y le echarán al fuego. No basta que figuren en la lista del Senado nombres altamente respetables; no basta que asi se tribute un homenage al triple conjunto de la dignidad, de la virtud, y del saber, y que se maniliesten deseos de bascar la fuerza y el apoyo en los puntos donde m hallen; es necesario aplicar este sistema n ' mayor escala; es necesario que de la latitud del Senado participe también el Congreso; es necesario que participen todas las insfl^^ tuciones hasta sus últimas dependencias; es' necesario que no hayados Españas, una que manda y otra que obedece, una que pacra y otra (jue cobra; es necesario (|ue no liayu mas (¡uc una Kspana liajo un solo gobierno: Coogle Coogle que este no vuelva la visla oirás, y(|iiel)ajo drstintas denominaciones no continíie la fUstmrion del año áO entre Hiherales y serviles, insultando asi las convicciones mas sincfras v los scntiiinruto-i mas noblo \ genrrosos. Los gobiernos liberales deben habor»;c ronvencido de (\i\c no pueden vivir COR ios solos elenieiitos del liberalismo. Estos por si solos no engendrarán mas ({uc la dKKordia, ycon la discordia la anarquía. Paradividirse y sulnlividirse. para chocar entre SI é inflamarse, no han menester (pie los monárquicos les hagan. la guerra; ellos se bastan y sobran para destruirse reciprocan>ente y derribar todo gobierno que los lome por base esclusiva.
'«No es la guerra de los absolutistas lo que ha dividido á los liberales; por el contrario, esta guerra es lo (pie les ha dado. no la unidad, sino la unión que por breves intervalos han disfrutado. Éste partido es CMio las repúblicas antiguas, que para tepaz en lo interior necesitaban guerra en lo esterior. Loque en el liberalismo español entraña mas actividad y vida, ó es abiertamente revolucionario, o propende fuertemente á la revolución; lo que en el partido liberal se halla fuera de este circulo. se llama malamente liberal; es un matiz, del color de la mayoría de los españoles, (jue «olo han podido unirá la masa liberal circunstancias pasageras y violentas. Tan pronto como se na terminado la guerra civil, los instintos de unos y de otros han tomado la dirección correspondiente: asombrados se preguntan muchos: ¿porqué nos habianios separado?
Cada paso que el gobierno da en este sentido hace un bien al pais y se lo baria á si propio, si sus insignes desaciertos no se lo impidieran, y si estos pasos no los diese como de mala gana, forjado por las circunstancias y siempre á medias..Xlortunadaroente las circunstancias apremian, y es preciso seguir adelante, dada dia que trascurre se abre un nuevo abismo entre el gobierno y el partido de la revolución; el gobierno no puede pararse, se trata de ser 6 no ser. Los instintos revolucionarios nue se abrigan en no pequeño número en el seno del partido dominante se alarman de vez en cuando, y levantan gritos y protestas; esfuerzos vanos: o morir en manos de la revolución, ó seguir la dirección opuesta. Desarme de la milicia, reforma de la Constitución, supresión del jurado, devolución al clero de los I bienes no vendidos, son como los jalones I del camino que vais siguiendo. ¿Qué hay ' en la estrcmidad? (pié ha de halier, nuestro sistema. ¿Hasta allí no queréis llegar? ya lo sallemos; pero la revolución os empuja; nosotros no necesitamos mas esfuerzo íiue quitarobslaculos: l.is cosas os llevaran. Sidos años atrás se os hubiese dicho que un ministerio liberal os habia de conducir al pun-I lo en que os halláis, no lo hubierais creido. Ahora lo creéis (xinpie lo veis: también creeréis lo demás cuando vendrá. No podéis impedirlo sin suicidaros, entregándoos á la revolución; velsuicidio no lo cometeréis.
SISTEIVIA TRIBUTARIO.
r.vríle ea Piri* el • de MÜmbre itt. y ruUii-Mlu <ru Maálria ra 17 <M miuao.
I Si á los mas encarnizados enemigos del ü ministerio se les hubiese dado á escoger entre las cuestiones mas espinosas, y que mas probabilidades ofrecicriMi de acarrear la perturbación del orden público, dilicilmentc babrian acertado á suscitarlas con la habili-\ dad (pie el gobierno.se las ha suscitado á si propio: en Cataluña las quintas; en las pro-I vincias Vascongadas los fueros; en toda la j nación el sistema tributario. Esto es lo qnc ' se llama ser valiente: y luego dirán los habladores que el gbbierno es tímido; por el ¡ contrario, no parece sino que ha tratado de hacer alarde de audacia. de ostentar sus fuerzas y su brio, de manifestar la concieucia de su robustez y la pujanza de su impe-I rio sobre todos los motines.
I /iVr/o ubi commota fervel p¡el)ecula hile I Ftrt animus eaüHtp fecisse silenlia iurba Majestate manua.
Si CQ agitada plebe sordo rumor estalla, levanto yo la mano : y amedrentada c^lla.
A pesar de tamaña seguridad, algo aventuraría por cierto quien saliese liador de ({ue todas las empresas serán llevadas á buen término; y de seguro ninguna es tan ardua como la que ha cargado sobre suk este pniito no hay pitolMalinno, te trata do In nación pnt«'r;); nn híiv partidos, pues en todos ellos hay cuiilnlmyentes; no hay ^teorfts iliBlraelas, está de pv riMdío sna cosa muy positiva, el dinero; no hay un hfrho de circunstancias, sino un sistema permanente; no hay una cuestión ditícil de Mi#»' timpiiiliMa, hay la cosa mas eenoHla - del mundo, se trata de saber si qiiion pnu^abn cuatro, ha de pasar seis, u ncho, o diez ó lo que sea, según le haya cabido peor suer- - le en las amevas tarifas/ No cabe encontrar asunto en que pueda haber mas unanimidad en la reprobación, ni que mas vivamente eaeite el descontento desde el palacio del magnate hasta la choza del aldeano.
\.:\ <'<pcricn('¡;i y la historia están de acuerdo en cnseiiarnos me los nuevos tri- ' bolos son con harta freetencta origen de motines y trastornos; qruitás no se encneBtra otro motivo que los naya causado en mayor número. De esta clase de resistencia no se eximeii las inonan|vlas mas absolutas; el aumento de un derecho de puertas ú otro frravámen semejante, os tnn á propósito para provocar un motin ahora como en tiempo «Pero ¿qué se pmlin hncnr on mi posición? dirá el señor ministro de Maciorida; ¿el déficit existe? ¿si ó no? ¿las contribuciones ordinarias bastan á llenarle? ¿sf ó no? Y si de todos modos era preciso hacer »in esfuerzo, si no se podia conaüntir que las mas ^flves T perentorias aieilciones quedasen desatenoidas, ¿kabré orocedido tan mal en hacer este ensayo, en arrostrar esta odiosidad? ¿Dónde están \oi otros sistemas para ' f tliWMiiaf at fok/t Si MaatIjroe no bastaba, ¿dónde está el miovaqae pudiera plantearse sin muchísimos inconvenientes? l o (pi(^ en el londo hay aqoi, es que el aumento dnele; se elana contra hi Ibma, pero la cpieja es contra el aumento mismo; haced el reparto como queráis; si aliviáis á los unos, cargareis á los otros; la gritería será la misma que ahora; podMI ser menos intensa en unos puntos, ppro en cambio lo será mas en otros; este ruido atronador no se puede evitar sino renunciando al aumento, y rsii> anmentoes necesario si nosoifolemn dejar desatendidos las obliííorinncs mns sagradas.» Este len^aje que el ministro emidéiría sin Ma si tnviera croe defenderse, y «pie empleará qaixás cnanoo se venlíte la fondo de verdad, que si no escusa eootplelamente al scfior.Mon, le deja por lo nwnos en el mismo lugar que a «na antecesores de alguM atit ¿^aüPpmKMh biUido algn no tpio hnya podido arreíxTar la Hacienda., que haya iineindo los fiaslos con los inereso»1 Lo que lian hecho todos ha sido llenar el déficit *4aaSwiaiado recursos de ^ariio (»>[>#TÍ{'s, y por i-oiisiuMiifMifp tli>minuye«áa luii de sus sucesores: cu tai caso, la peor situación es siempre del que viene después, porqne cawao daijltuue sus antecesores han consumido: mala es la posirinn dol ministro actual, pero será peor todavía la del que le haya de suceder. Cuando caiga el se-Aorifon se hablará de nuevos planes é de reforma <!<• los anti<;uos: también vpjtnndí'-rara la uucesidad de nivelar ios gastiKS los ingresos; pero si no radicaíes, sí el sistema tiibotariOi za con un profundo cambio político, los mas halagUefios proyectos no remediarán nada. Así se puede pronoslicnr sk lailwr de eqni> vocarse. iis» £1 mal estado de nuestra hacienda dimana de tres causas capitales: 1.* la ruina dei sistema antiguo, latimamwle oniaiado een el diezmo, y con olms rentas que el Estado percibía de la Iglesia, i.* La necesidad de mantener un ejército escesivamenle nome» roso. 3.* La nraM^icacion de en^adaft Estas son las causas principales; las demás son muy secundarías, y todas ligadas bus ó menos eonralgmia de las primeras. £1 né€ nistro de Haciend* qne M ■tiendn'tl ortgdtff del mal, no hará mas que aaravarler'en materiade hacienda lospahativossoo fatatoBí 9ñ resollado es la bancaratot'*- >^ - r^tm^»* La abolición del diezmo b» priradé ai«n* rio de una renta cuantiosa, y ha dejado eo descubierto muchas y graves alencaanoi. Los despejados se quejan, y tos fcaonoléif ya no recuerdan el recalo! Tal dueAo dt pingües posesiones a quien la provideofit del Sr. Mendizabat alivié de nna pesada carga que gravitaba sobro«sw ÜftSM, «hora wt lamentará del aumento de la contrihunoB territoríal, lo mismo que otro que haya per* dido sus rentas procedentes del diezmo. Este es el inconveniente do medidas éiosit clase; se hacen descontentos y hay pocos agradccidoe. Como quieta, en vez de on ingreso tiene el gobierno nn gasto, qoe amala actual penuria, aparte los ('mbar.i/u> «jue se^.scitan al gobierno \wr dejar desatendida una oblig:acion tan sagrada.
La venia de los bienes del clero ha pro- i ducido otro efecto semejante: las crecidas i cantidades que con diversos títulos percibía el erario, han (altado también; y en vez de ellas esta el presupuesto del clero. Por ma- i ñera, oue címiiuido muy moderadamente, tiene el erario en gastos lo que antes tenia, en renta, cantidad que ni un presupuesto como el de España, trastorna profundamente el sistema de hacienda. Este es un hecho grave, gravísimo, en que es necesario lijar | la atención, cuando se quieren conocer las verdaderas causas de las diiicultadcs con que se lucha. Las funestas consecuencias de una medida tan desatentada se previeron, se pronosticaron; los resultados han venido á demostrar de qué parte estaban la razón y la prudencia.
La necesidad de sostener un ejército escesivamente numeroso es otro de los escollos en que se han estrellado y se estrellarán ' en adelante todos los sistemas de hacienda. Mientras el presupuesto de la guerra no se I disminuya considerablemente, muyconside- ' rablemente, no habrá medio de' atajar el déGcit. Los recursos de un pais como la España, no consienten un presupuesto semejante; cuando no hubiese otra causa que trabajase nuestra hacienda, esta bastarla para imposibilitar un arreglo.
El aumento de empleados contribuye también poderosamente a absorber los pocos recursos de nuestro desventurado pais. No ignoramos que eran necesarias reformas en distintos ramos de administración; poro de aquí á multiplicar indetinidamente las oticinas como se está haciendo desde la muerte del rey, hay una distancia muy grande. Una provincia podia no estar muy bien administrada con su capitán general, su audiencia y su intendente; pero ¿lo está mucho mejor; ahora con su mismo capitán general, con sus ' comandantes generales de las varias provincias en que se ha dividido, con su multiplicación de tribunales y de intendentes, con sus gcfes políticos, sus diputaciones provin-! ciales, y sus consejos de provincia? Vn bom-, bre de buen sentido no alcanza cómo se I atreven algunos á hablar de mejoras en la ¡ administración, cuando se recuerda lo que j hacia un reducido numero de empleados, y se compara con lo que hacen ahora. Tornad ' una antigua provincia cualquiera, el prin- v cipado de Cataluña |)or ejemplo, contad los ^ cni|)lcados (jue tiene ahora con sus cuatro capitales, Barcelona, Gerona, Tarragona y Lérida; sumad los sueldos de antes y comparadlos con los de ahora; examínese el provecho que sacaban los pueblos, y compárese con el que sacan ahora, y dígase de buena fé si se ha ganado en el cambio, si no ha sido el mayor de los desatinos el innovar tan repentinamente, sin preparar nada, sin prever nada, acunuilandu los inconvenientes del sistema antiguo con los del nuevo, y no alcanzando los provechos de uno ni de otro. Las antiguas provincias de Francia están divididas en departamentos, y ha sido necesario subdividir también las de España; en Francia hay prefectos, ha sido necesario tener gefes políticos; como hay en Francia un consejo real que ha sido indis{>ensabl(> introducir en España con escasas modilicaciones.
i'ero bien, se nos dirá, estas cosas esta» hechas, no se trata de vanos lamentos, sino de remedios; diremos pues los remedios, e.s- ^ tando seguros de que no se han de adoptar. / La abolición del diezmo ha dejado en des- l cubierto una gravísima atención (pie pesa ' sobre el Tesoro; la venta de los bienes del clero ha producido el mismo efecto; (piítesc. al erario esta carga con los medios siguientes}<> «' i Devuélvanse á cada iglesia sus bie- « nes no vendidos; que asi se hará lo que es ■ justo, se ahorraran gastos de administración. V se obviará todo peligro de dilapidaciones, hágase lo mismo devolviendo á cada convento de monjas los bienes que son suyos.
a." Suspéndase la venta de los bienes - del clero regular; entréguese su administración á manos eclesiásticas, y destínense sus productos en renta á cubrir las pensiones de. los exclaustrados, monjas, y demás cargas eclesiásticas que resulten pesando.sobre el Tes(»ro, y a cuya satisfacción estuvieron destinados dichos bienes.
3. " Lo quefalte para cubrir el uresupuesto del culto y clero, sáquese de las nusmas tierras sujetas antes á diezmo, prescribiendo por regla general el pago en frutos, y permitiéndole en metálico en las localidades que asi lo pretieran, salvas las equitativas condiciones que para el buen orden se establezcan.
4. <* Grávense con un fuerte canon las tMMtS ciul Clero yt vendidas, y (|ue iiayan •ido adijuiridas á muy Ixijo precio, Ciipitali- - lando la diliirencia del valor SAlisít^Uu ai valor justo. Este producto, ornado w» foeaa moaaario para cubrir el presupuesto del culto y cloro, m (iejaria de eDcootcar ^poecos daoiyle colocarse ea ei erario.
5.* Piernitaae redinir lai cargas asi de la tierras sujetas i coolribneioa en frulos, ) eomo de las que sufran el cñnon, estable- ■ciendo reglas generales jpara la caoitaliza- «iaB, salvas las iBodificaeiones que la divorsidad de circunstancias pudiera reclamar. Con este sistema se ioj^ra lo siguiente: 1.** Se borra del presupuesto geocral la «antidad de 459 millaMS deslioadi al caito y clero.
2 Se asegura al clero una subsistencia indcpcodieote., . 3.« So allana el camino pata un arreglo con Roma, pues se cumple una de las toiidicioues principales del convenio; siendo bien seguro qve Roma aoloriiafia oa lo que tese necoaario fom realiiar las medidas indicada».
. i«.4.'*i Si con esto se obtiene la bula para.ftlílicar la venta, con» se osprosaba en dicho, convenio, se aumentan de golpe los valores de todas las fincas vendidas, que ahora eslau depreciadas por razón de la inoertídmnbre, y por tanto crece la laateria imponible y con ella los recursos del erario.
Wo es tan fácil señalar el medio para disminuir el ejercito: como quiera, diremos fcancaswnlo nuestra opinión. Estamos íntimamente convencidos de (jiie ni el íiobierno actual, ni ninguno que le suceda, será capaz do hacer esta disminución, mieutras contí-«kO'la Bspaña bíijo las condiciones presentes. La esjíeriencia lo dirá. Un gobierno que tiene contra si dos partidos numerosos, iia isenester apoyarse on el ojéreilo, y un ejército pequeño no le hasta. No culpéis ni á Espartero, ni á Narvae?,; colocad á cualquiera en su lugar y bará lo mismo ^ue ellos. £1 instinto de la propia coosepvacioa trioaliid^ las otras consideraciones; naiÜe so resuelve é morir por miras de economía.
Cuál sea en nuestro concepto el modo de rohusteoer el poder, lo heoMis dicho nul voces, y bemos desenvuelto estensameato las razones en que nos fundamos, asi comoel sistema |Jolilico que considcramus coQvemcnte. No hay necesidad de repetirlo; y soloaaKvia^ ■ohaoorohaorvar^ cada din fua pastes uiM coalirmacion de «Misas prei Se iu)s ha llamado ilusos: seátnoslo en boen hora; pero lo cierto es que nuestras ilttsisaes se lealizaa do ana manera cruel. He-SMS dieho ooe oaa lasoaariÍMnaaa«aalBala no se consofidaria un gobierno; si se erasolida o uo, díganlo Jos sucesos que calaoM» ¿ Y qué se debería hacer para destruir U tercera causa, el aumento de empleador? Por de pronto m nombrar otros; y en seguida hacer caaihiae proTaadai ea la organización actual. Hemos dicbo pro/imdof, y la palalira no se nos ba escapado; la hemos escrito con plena delilicracion. lüttesiste-BM fiiacés qao 80 nos ha importada siaaMS motivo (]ue M fnirilo de imitar, no croaai^ que pueda subsistir en España. Á ¿Restableceríais, se nos dirá, la adoúais» traoioa en el pie cu que se hallaba á la muerte do Femando? No, pon» riamos.
4.* Si el Maislerio doh puede servir pam algo SMs de lo ^htaar- \ ido hasta ahora; y ai ealo fuese ¡aipsaUs lo suuriminamos.
9.' Si la división de los |Moviaeiss os acomodada á las necesidades de los pueblos, tal como abora existe; v en el caso contrano uo la suprimiríamos, pero lu modiUcuriamos oonsiderablemeato.
3." Si las gefaluras políticas son susceptibles de reformar, y sobre lodo de disnuuuciou en su número, y eu coasecuencia las reformaríamos y reducinasMia.
4." Lo misaM haMUDOi «oa las ialMr dencias.
j." No dejaríamos subsistir á ua míiia tiempo diputaciones y.consejos provioclaloi.
G. Daríamos una ojeada escudrtAadora á todos los ramos, y ••" "'rn'Y|Í||ka|||ih garidades de nuesUbs regoaoiaSVvai aaeer ungan caso de axiomas, donde viÑiramos una oficina sobrante, la suprimÍM;-mos sin piedad, atacaríamos las obras adiainislrativas de la lavohicioa esa la misaM •audacia que la revolución ba atacado las obras de los siglos. Y á quien esto hiciera l« bendecirían los pueblos, porque los pueblu!» coa su buea seatido, y sobre todo coa sas sufrimientos, tienen muy bien foroiada su opinión sobre este impuesto que se baape- Uidado reformas administrativas, y qmm lealídad es una sísM m < IOS de leo desvooturados^ Dlgitized by Google coa disQiiniieion de ^^astus. nocon Mineftlo de cofiüiitMwatties» fisle ^ «1 vet(iidero úitema., ' - te Espafta no sakká ntlesUr con vanos paliativos; ha inenesler remedios heroicos. Nosolros desearíamos que c^los renedios los aplicase un gobierno, porque teineawB qob si no lo liuc« m gtltínm lo hará In fuerza misma de las cosas. Hay en todas eila&mMittto de qoe ao se pasa; hay im-mItmiMmI éMuto Im piwUoa pueden Mfnr mas* Se pagará nuis y mas a medida ffiie se vayan aumentando los tribuios; pera al lia los contribuyeates dirau basta; se dejarán- ¿oaetoididBS f ravMiiuis oMi^aoiooesv pero al lin los inli'iTsados cliiiin hasta; so multiplicarán las oticinas di' eiiipiciuios.
de fiel observancia de las leyes, de ónien, de lihertíul y otros testos comunes, con cuya cotnhiuuctoii iiau compuesto lautos y aM UH ETEGTO SXN CAUSA.
. Bie»4|uiaiéi9iUos no aíltgjr de contiauo a jMeslNH ledirtB com. la pintMa áñ los nwtles de nuestra patria, y la dilicultad de su no cambien de rumbo loa kf iM9 disfraoes el* déficit sieinpre creciente, ])ero a! lin vendrá la honcarola a decir husla; y entonces sera necesario un catiihio ptt>futKÍo; entonces este caml黫e*heié -por si mienio, quera Dioeifae sin niiev;is rniastrores n^medio mientras no caminen de pei-o ul lio ios udministrados dirán 0<tslu: se i¡ huiubres que itoa gobiernan; bieu desean^T " ' " " ' ^ ' ' mos apariaraoi aígoea fes de^ lecieBO de te polilica del nin'neuto, y ocuparnos de otras materias menos ingratas; pero cuando los UKis deplorables aconlecintientos se sucedtju eoD léela rapidez, cuando en pos del corr^ (fue anuncia la termiuacion de una crisis, se lüslracmn. con í;i! o cii;íI nioditicacioD sistema tributario, hemos de preveaii' las eeleníÉüriee qm-eos •anieiiauii, oe -oempreode la situación de España. La revolacion ha íjMoriflo echar la España en un crisol y fundirla, ouat lo hiciera coa la Francia la eenveeoion; peie oemeeo bel»» Iweioete fuego, la pieza ha salido mal y no se!a puede dejar (ai como esta..Son necesarios cambios p rotundos; sin ellos no se obleudra nada.
solo miwrteri» ha habido que los acometiera ejecotanílo el primero y mas dihcil, Jee lue eK desarme d« ia milicia nacional; eagraciadamenle este ministerio no disfrulÉM del prestigio que se Deeeeite pera Ue-Wú cabo tan arduas empresas. (',nmo quieür, lo que se luso entonces, y los buenos neoUadi» 4ue ka pMMbicido eawe leeeíim ■era€»edeleBte. No cneeies que nadie lo rntr-^ Tvor ribor;<: pero si e<o" rumos que andando el tiempo ^ bara, poique a ello lleva le>f«evce de ke-eeaes. Batra Mete, et preciso que nes reeigaeroos á ver emplear ios paüat«vos, á oir l;tr^as disertaciones sobre e¿«iW>Bwdia de uucsu os males. en las ({ue se dei deearnUo del sistema ■de-fefenna de Quien asi oo lo vea eilá ciego; quien se | puede pronosticar que viene otro portador haga ilusioB de que cea iiae nuete ley H de uaa crisis nueva, uo es posible apartar Beeandaría sobre tal 6 cual punte de iidmi- I los ojos de la política, ao es posible no ba- 'li'l hinr fif política. Ouien asirte á una lucha ' encarnizada, natural es que uo hable de p4re 006a qoe de loe-eaaiee y víeíBitadea die la misma.
La intermin;i(>!e serie de insurrecciones de que es ieatto tu i^spaña, ofrece un fenémene aeeial y político digaedé efaservaeíes, y al cual ee aeeesano reeoaeoar oaoiis ^ cu!iare«.
Hay entre nosotros partidos; ^ro ¿donde ae loe hay? EelMd «aa ajeada per la Europa y la América, y los veréis en todos los paiscs civilizados; y esto no obstante, nn hay insurrecciones sino en España y en nuestras antiguas colonias...La siinplf existencia del gobierno representativo tampoco baste á esphear la^.cañen de las iesarreecioaee; estefonaade gobierno existe en F^aeia, en Inglaterra, en Uo^ landa, en Bélgica y en varios [inises de Alemania; y sin embargo no bay. las insarreftcioaes qne -ea EepeAav La existencia pues de los partidos, ni la del gobierno representativo, considerados por si solas, nada mm» dicen pura «aplicar ia eMia; y á lai eeaidMMMNa, permanecen^ perqué esta < Digrtized by Google «téclo cttya causa buscamos.
El partido que de algún tiempo acá pn>~ miiefe Ins insurrecciones es elretolwioi rk); y sin eml)arf?o fsH» partido no es ni con mucho tan numeroso t^omo en otras partes. ¿Quién puede dvdar que en Fnncía, y hasta en Alemania é Inglaterra, es roas crecido quo en Esparta c! número de los que desean mudanzas radicales en política, en religioa 1 (lia tres ^ttfrariortf»s (íc rpvf^s; no es proliable (jue eacajHic ui d f^iaatisiBO trastoroao dor, li la moImíou, m la audacia, donde se encuenina ¡ieaimii c^míní de ííimIim una muerte segura para n^esinaV al monarca 4}ue creen ab&lai;uití a ia tijecuoioa de &us plaiee.
Los revolucionarios de España no seaveft» lajau a sus compaficros ni cíe Franria ni fie olroi» países: eu todas paruss los liay capay en lodor «manió cottcienie i la orgaaíiaeíoB I cea de sublevarae y de oenar lee atareare social?
Las ideas comunistas, tan difundidas en otros países, son completamenle desionocialaren Supafta; y los republicanos que cuentan en Francia con un partido respelabíe, no significan nada entre nosotros, si es que.existen algunos. Todo lo ^ue es y todo lo que rale el partido reTolucioaarío, lo saca prlncip^lmpnte de la polilica, pues afortunadamente no ha llegado al corazón de nnestnr sociedad esa gaogreia de imaeraUdad é irreligiea que en otras partes circulan h muía voluntad de los eapieaoos, escophasta las clames mas ínfimas por c] condtirtn dos como son a proptísito, sinceramente adic de libros pestilentes, ai las masas populares ú tos ai ¿oUcruo c lUenUiicados con el para d «i BsfWflB están aajelaa é tas proAnMoaa^ caso de uaa fortiiM advena; ni la epiaien sas de malestar que aquejan una baeaa pap> nacional, visihleiueute enemiga de trastornos: ¿cual.sera [jues la verdadera causa?
de de su ofído: si pues l<is Es|>aña lo hacen y los demás no, seiiaiesquc existen rn Kspafia causas particulares <(ue produceu iu excepción. Estas cawaa na son ni la laeMr edad delaUcina, pues cpip!a Reiua es mavor desdo 4843; ni el espmlu turbuiealo dé los cuerpos colegisladores, que se distiu^ueu por su flexibilidad y aMModumbre; ai al espíritu del!*jt«n i!o, fpie anlcs bien sobresale por su espíritu de subordtaacéon y lealtad y au aversión á los rev«)|«cieaarios.; ni te de las d«^ países mas cultos.
La resolución y energía del gobierno para MMier el diden, en aingnna naeioii ha po< dido ser mayor que en España desde 1843. No ha habido cnnlemporizacion con ninguna clase de m>urreccioQes: Idos de iiaber eneonmdo en el camino de m ranwltas, primero in InlLf nria y luego provecho, como sacedla en otras épocas, los desgraciados que se han arrojado por el peligroso sendero mIhiq haUado mas que la emigración ó la muerte. Kn este punto el írnbicmo está libre de todo cargo de connivencia: ha dicbo oue se proponía ceuienrar el érden; y ha ÍmIo pruebas rapetidss de la eiaeeridad de sus nn!nhrn« ¿Sera que los revolucionarios de España l| i>c bailase en el estado que prntaii k>s sean de eini easü ^ loa de otros paiseaf D aoNgos de la síUiaeion; pffttcindMnos por ¿Será que sean mas irreconciliables con el ' un momento de los hechos que eaUn á nnesorden. ron las vias lci?ales? ¿Sera (|ue estén tía vista, y colo(pi»*monos en cuanto nos poseidos de un fanatismo Irastornador mas ¡! sea posible en ei lugar de quien oo saipine' vielenlot ¿Seré <|ae sesn mm resueltos y il nada de España, y se viese oyigsda audaces? Pero los rrvnhirionnrins de Fran- I jetiirar sobre el estado del pais y la mareha cta, pnr ejemplo, no han estado faltos de j del gobierno. Procuraremos no aderar el estas cualidades, y ni es probable que las | lenguaje de los i]ue en dicho supuesto deberían suministrarlos datos; les haresMl hahi.nr del inismo modo que ellos hablan lodos ios diasi y la diferencia entre ios ¿Será que en Espaaa falle el unaciiHO que nada sucede sin laMB onIieMnitef Curioso fuera oir la respuesta que daría quien jamás hubiese oído hablar de España, y a ^uieu los partidarios da ¡a situación le «fiMCteiea k>s datos para que adivinase la que está sucediendo St tuviese cooocimieoto de las leyes a que están sujetas las sociedades,, y se le preguntase (¡uó es lo^ue acontece entre nosotros, es cmtIo ifsedMÍa directamente lo contrarío de lo que estamos viendo, dado caso de recibir sus noiieias de las espiessdas fnentes. SnsayanUe ht rsM» lucion de dicho problema, hnsqiieaMa é priori lo que debiera sircfder si Ih España pocos afio^ volcaron en breves horas un trena da catorce siglos «y Digrtized by Google lados que da la teoría y!os que estamos esperimeotando de un modo tan cruel, dos combicira a una de las consecuencias sigttientes: é!• ffatw ea Mn, émútneñ apttcacion para España las leves ri^en todas las sociedades del mun<ío.
Hé aquí cómo iiablarian los encargados it informar.
migos, de disidentes.»
Aqui naUiralmenie debía pregunlar.el eneargM» da naóhrer el prablenia. «Pero ti lado de este trono, ¿quién hay? ¿Cuales j son los hombres que conducen la máquina política? ¿Cual el partido que predomina,^ que dirige los negoeios? Powyie Juee sabeie Es la España un país monárquico, don- ' que los mejores instrumentos se convierten da ae iian introducido las ideas de libertad, Meiaeae lietiNade es tee demás países ii|idoi per geMerno represeetativo. Para