aausfacerai espíritu monárquico hay un tro en daño, si los manejan obreros maios, • inespertos ó ignonales.» «A propósito de iMNiihrM y de partidM^ nhora diremos lo mejor. Hay en España un na acatado por todos los esMñoles; para li partido que reúne en su seno en grado ciUH «MMmt el espMli de Kberlad hey um iieirte ltinlilÍ9Hi0ie, le virtady lateam Constitución que la garantiza. Este troné I Bl éligwtll lab primeras capacidades de 1% foe un dia disputado, pero ahora ya no lo es; en otro tiempo eran bastante numerolíB i^BB ftllMPPtOMA ^pWÉSBtl^BCS ¿6 otra rama, mas en la actualidad hav mochos convertidos; y entre los obstinados reina vaa anarquía de ideas y sentimientos que nación en diplomacia, polilica, n)ilicia, administración, hacienda, ciencias, Itleralure, liellBBime; éeéÜMnepperteleehiü» bres mes distinguidos por su honradez, por su desprendimiento, por su religiosidad; y para colmo de dicha, contiene también poco una división pNraeda, una diseoiwe | meeoa que toda le riqMie del país, en pro** irremediiiblp. t'ltimamente, el primer vás- piedad, industria y comercio. Conocedor de ti^ de la familia vencida y proscrita ha I sí mismo, y no podiendo resistir a la evilifestado sos pretessíones á la mano de la jéven Reina: pero sus palabras hen sidO objeto de desprecio para el pnis; y c| mas 6ivorable sentimiento que han podido escitar ee la eeaipawaa. ta naeion en su inmensa mayoHa rechaza como funesto semeianle enlace, y todos los hombres juiciosos » repulan abeúrdo. Tal es el estado de la eMAími díaáaiica. Teeaale é la poKtiea. tas cosas sf hallan también en una situación muy salisfacioria. La Constitución de 1845 es la quinta esencia de lo que había de me- >or en las de 4849, 4837 y el Eslatato Real. No adolece de ningnna de las imperfecciona de estos códigos, y brilla con las perfeeeienes dé todos ellos* Preparada iwr los BH» aventajados publielrtaB del partido parlamentario, discutida con toda solemniaad, iletrado su sentido por los mas sábios po-Meos, realzada por los mas nombrados ora* daies, meditada v nadarada largamente sn sanción, ha debido prosenlarsc á los ojos del pais rodeada de todo el prestigio á que llegar puede «M CoaalitaeMNi «aera, viendo ea ella los péeblos el ténaiao enaplida y perfecto de las revoluciones políticas, el pacto de alianza entre los subditos y el trono, la BTMa de legaNdad para todae lea debato, el punto de reunión de todos k» hombres MMdoa, de recoooMiBeiaD entre h» dencia de los hechos, se llama á si pnpioel partido de la inteligencia y da la liqpaai.é pesar de su modestia escesiva; y en cuanto a moralidad v religioa, se afentiya á todos los demás; ekes el#MO ^ mUtmpf» azarosos ha defendido la reli^paa y la mond ultrajadas, y el único también que en las circunstancias actuales ba enconlrádo el esireebatseadero que pueden salvar laieligiet y la moral en los peligros que corren por la maldad de los unos y la ÍBi|inideAcaa da iaa otros.»
«¿ Perael elero y les hiailiiai ^ la religión, replicará oí desconocido, con el partido que estáis dccnbiendo?»
«Toaos con muy raru.s cscepciones; c to bey de ilustrado, de roorail, da inlencion recta, de espíritu verdaderamente religioso, todo esta con el partido; y las declamaciones y estravios de unos pocos son objeto de. doloV y de indignación para la inmensa mayoria Fste partido es el que domina; este partidp tiene á su favor laníos elementos co< mo-ea acabaMa de la— atar. Al lada 4» ana fteaa,/^ conforme ák» senos principios parlamentarios reina y no gobierna, (tí»one este partido de toda 1^ fueras, de lada la apandad, éa lado el preeligió del tfOM; doato de las Cortes, bice las le^ Sopor empleados fieles, penefrados de su I bien ptieilc <'sf ir - uro de su duración; mismo espíritu, imbuidos en sus máximas, ji bien di^^no es que dei>caní>ea en el ios pueiBimados por un mismo celo, dirigidos por | blos con plena coalianza. Hé aoui cóm» idénticas intencioiies, realiza sus planes de i dria acabar tle una v<m oob loÉM bs daé» Cuica, de adinini^lr i' de hacienda, por iagtromentos mas adecuados que él pro- IMWft»' ^S09gM« entrt I» mejor de ms frías. Con estos datos resolved el problema, decidnos cuál es la situación de Kspaña.»
Lomo el recién venido es hombre desconfüe y circunspecto por denMer 4edBvlá no se atreve á resolver, y exige nuevos datos. «Me haheis dicho que está con el tyartido dointiKuUe l(j mas selecto de la milicia, lo que fÉeie^«%Rific4ir qu#eelmi algunos |i;eÉétM de venerables ranas, de acreditados ronociniienlos, de l;¡r:''N servicias, de probada lealtad; pero el ejército en lo que tieue de ñas vivo,- wuift energiee, mae4iéÉfMle(<sée qué parte se h<'' «"H^No solo están a disposic ion del parlijjli' deminante los ancianos generales, sino '^iMMen > muy |MrlieiikiniMiile<)w jóvenes irray entendidos, muy activo*;; ir^neralcs de toda coniianza ealan a la cabeza de todas las mÉm, ti AntlB deiedae hw^tteeíAs; los igefes sabtkaniM han sido escogidos de los mas adictos al 'gobierno; y la n»nsa de los 60ÍdaUu:> i»ou nuevos, y están ademas isuje- #P*>itte^ «efett diseipliMti^^ '^«^ **«*r,nv, tÍPTodavia no satisfecho el desrontenladit*^ pregunta por el numero, el i spuiUi, el cade su interlocutor.
cUav en láspafta wias provinaas cutos Bttorales hia alcantado nombradit'Mitéiifc sal por SBcaréelerlíraie, su aoüvidwl enérgica, su apego á las costumbres que los distinguen, su adhesión a la idea, al sisiuoia, al partido que mm vea haa ahriiaido. l!alM nos los presenta la historia de los tiempos mas remotos, tales la historia moderna, tales la es|)eriencia de unestros dias. Al ica-«éa de las viciaíladaa de loa aigloa hmmuí^ servado sus fueros, sus leyes, su idioma peculiar. La España se habia trasionnado, y ellas permanecían en su estado primitiva. Hace pocos años que loa babilantesde aquellas provincias levantaron la bandera del principe que disputaba el trono a la iteiaa Isabel; y como era de tenMr, la yucn a iaa teaas y saiifirienta. Allí mandaron los mejores generales, y fueron batidos: allí se agolparon nun^rosos ejércitos, y lueron arrollados; alU aowNenHi legiMaa aatrafegeraat f fueron destroaadas. Seis aftes hace, aaia años no mas, que la España y la Europa asombradas contemplaban el especiácule. Cíe» iMl hemhit» cttbna» la tea ^1 ttaa erizada de forlilicaciones; las fuerzas navales españolas bloqueaban la costa apoyadu raeter de ios partidos opuestos; u lo cual se y por una escuadra de la Inglaterra; el teléle respoBdeqoe «los adversarias de) partido I grafé y la polieia da Francia cuidaban de dominante se dividen en dos clases: 1.* Una | impedir ó embara/.ar las relaciones de los escasa porción de díscolos mal avenidos con | sitiados con sus amigos de allende el Piri--iri 'órdea y deseosos de trastorno con el solo | neo; los arsenales de la misma Fcaaeta y de «fajeio de medrar, r." l nos cuanlaa toiécí- I la Gran firatafta eatabaa akierlaa á loa artM eos, de ideas atrasadas, de sistemas raqui- I dores para proveerse de cuanto necesitaran; Ucea, que saeilan imposibles, y cuyas espe- i y tantos esfuerzos reunidos oída podían iHáill' disipa flenoMnle el espíritu del si- I aaMmaqiellaoiialaiales, qae sm «aa aair t|Ío y el aaeeadíeiit» de la civilización. La ¡ lio que aa faloav daouedo desbantabao las mejores combinar fones estratégicas, rechazaban sobre el Kbro, ó sobre las orillas del aMr É4aa cféncilaa iatraaofea; f aafinaa'dft sus invencibles |)osi::nncs en lo interiarda..., j..., sus montañas, destacaban cspediciones pará feslos de pasadas discordias, ó si son al i el resto de Jbispaña, y en pos de ellas un •atea ét Vá utiratoaa-qM^ aain difiloaéa f anelfBd»<jénsits que áiraviésa el alio Aa»* Mamar sériamente la atención de im gobicr- '\ gon, penetra hasta el centro de Catiiliina, no. A tanta importunidad, a tanta suspicacia « cruza los llanos de l rgel, atraviesa ai ivbro, desQonlianza, oontestarian los órganos de | recorre las huertas de Valencia y el bajo ^mien iiiasaaMii9atla« I Aiagia< derrota al fiatarai Buereos, y se nación no rinu r'^ ni a onos ni a otros, v ahi «esté resuelta a defender al partido dominan* Oiwa^iaiÉidawmaa a^miftaij.-»^ ^ ' Pirociéndole que aun no está baataiite iivstrada la materia, pregunta si quedan asi nrit|i0faii da.Mpd.Jtaai biou: en pos de ci^lus hec-iiu> Mciif ei inila- i ^ro. NaUa se ublieoe coulra aquellas pruviarias por medio de las armas; pero el::t'ii<'i al <'u ¡j.K'ía de sus tropas. arr.islrando la» liit r para el espíritu liberal tenéis la libertad; si para couoiliar a(]uel cun este tenéis una (lonslitueion-modelo; si cuida de aplicar es- _, la Constitución un partido que reúne engrudas que puede, se reúne en \ eriiara con I do eminente la inteligencia, la moralidad y Kftpartero y det'ide de la suerte de la f^uer ra. I^s tueros son abolidos o mutilados; el pruicipe a quien deíendierau esta proscrito; cuando bé a<|ui que por el solo ascendiente del partido duiuinanle. aquellas provincias de ti^n.n i iad proverbial, abandonan sus mas caí los, se olvidan de todas sus ideas, pinii< 11 >>iis mas bondos sentimientos; y en ve/, (le realistas «pie eran, se bacen parlamentarias; \ al entusiasmo con (jue dcrralaaron su sanare \h:>v D. darlos, sucede el entusiasmo por la Reina isabel. Si se hacen elecciones, los esliierzos de unos pocos se estrellan en el liheralisniu de la uimensa mayoría vasco-navarra; los parlamentarios triunfan. Si el hijo del principe desterrado publica un maniUesto, las provincias lo leen con indilerencia. Antes ipicrian al padre con un eutiisii-iiio que rayaba en l'renesi; vio querían, no en compañía de otro, sino solo; ahora no(|uieren al lujo, ni solo ni enlu/.ado coa la Ueína Isabel. La joven princesa esta recoriendo las provincias: los valles, las laderas, las enípinadas cimas están cubiertas de aíjuellos imsmos boinbres que ajer loruiados en balidloncs derramaban torrentes de fuego y plomo contra los ejércitos de Isabel; á los íírilos de «Viva (lárlos V» han sucedido los vítores a la Reina; y los ecos que ayer retumbárau con el estampido del cafion. boy resuenan con cánticos de amor y a!e::ii,i. Ni un solopen>iniiiento consa;j;rado a lo> proscritos, ni un 'Solo recuerdo; nadie piensa en el triunfo de aqwella <:ausa. ni si(|uiera en un enlace que la favorezca. Tenacidnd en Ia> ¡(leas, tenacidad en las costuml)ie.>, leiiai alad en la lenf;ua, tenacidad en la pa/., tenacidad en la guerra, tenacidad cu lodo, esce¡)to para resistir al ascendiente parlamentario. ¿Puede concebirse un milagro de mas bullo, de mayor importancia? jfSsio ha hecho el partido dominiuile: juzgad ahora lo ()ue es, lo que puede, y lo que son, loque pueden sus aíUensarios com|>arados con él. Ahí eslan lodos los datos; resolved el problema, d cidnos cual debe ser la situaciim de Kspaña.»
«La resolución no puede ser dudosa: si para el espíritu inonar<|uico tenéis un trono universalmenle reconocido y acaladn; si la fuerza; si están con vosotros el trono, las Corles, el ejercito, todos los empleados y la inmensa mayoría de la nación; si vuestros adversarios son en pe(|ucfio numero, y ademas, uaos díscolos y oln» iLiiiMianles; si hacéis milagros convirlíendo h)> cneniigos en entusiastas; si triunfáis de la tenacidad que había resistido a lodo desde los tiempos mas antiguos, entonces la nación española debe ser bajo vuestro imperio la mas lelíz del mundo; y hé aquí lo que en mi concepto debe suceder. '.• «La tranquilidad mas cumplida reina en el pais. iNo bay jamas inMiirecciones, ni siquiera tentativas, porque no las hay cuando es evidente que es imposible su triunfo, y cuando ademas no bay desconleuto publico. Kscusado es añadir (|ue entre vosotros, los del partido, no hay disensiones de ninguna especie. j t\jk administración debe ser siiniainenle sabia; la hacienda debe hallar.'^c en un estado muy llorecienle. mon «'.
uLa acción del gobierno e.H mny blanda: felices vosotros, que solo empleáis el poder civil, y no el despotismo militar. iNaila de conflictos entre el gobierno y el pueblo; nada de penas severas: uada de deslíenos y denainjie.
«Las naciones estrangeras os res|>elaa; vuestros aliados os acarician para <pie no os enfriéis; vuestros eneinígr>s se bumíllan para que les admitáis en vueslra amistad. Uasla que enviéis á una corte un pleni|>olenciario para que se acceda á cu.inlo pedi>; basta una nota en re<'lamacion de un derecho, para (|ue se os haga desde luego cumplidajusticia.
ulüsle es el resultado á que me conducen los dalos que me suministráis; después de haberme obligado á adivinar, descorred el velo y dejadme gozar un espectáculo laa j;ncanlador.'>.i n Digitized.by GoOj Largo ha sido el viaje S. M.; abluíanles é instnictiyas han sido las lecciones; €Í ifne btya temió ojos, ha podido ver. ^Onién hn npii(»>.tn n| viaje? ¿Quién le ha nídeado de siiisalwres? ¿Quién ha hecho M ^moipio élfluil, %n eontíoimcion azarosa, sa ténnino trts(e? Estas pregnaCas sagierea reftexiones importantf!?.
El viaje era necesario á la salud de S. M.; y ••li conndevicHRi docnlf i bsjo todos oonceptos, no bastó á impedir ana Ofiosieiofl'viva, tenaz, alarm.inte. ¿Y quiénes ni" oponinn?
Los que mas biasoDan de amor al trono, de ji que os coarunden; si de otros, os repettre-IsiUsd á li persMS de Dolía baM fl, los ] mos k» díHio ^: el tim fia taao atl»; 7 m das las consideraciones qoe se deben á S. M?
Una de dos: ó creíais que el viaje era necesario é no; si lo creíais neceserío, rvestni 9fmiékm es inescueaMo; si MtoeráMsA»* cesarlo, ■Jiipnninfs un c^prirhn ñ un profr<=to encubierto por la ticcion de la nef-esidad. ¿De quién era ese capricho, ese preteato, esa ficción? Escoged, y responded: tooMi el dilema por done qverais; la iMnái et segura.
«Pero, se replicará, el TÍaje era peligroso.» ¿Y por qué? ¿cnáles eran los pelifjrost ¿de quién Himanabnn? ¿del ministerio? No: á la sazuü os inerecia plena ooofiania, y eoft respeeto á los peligros «le os ttipoiiWioi, os la merece aun ahora. Sidudábats de ta hidalírnia vasco-navarra, ahí están los hechos (]m con t.inta facilidad achacan á los otros desacato, desafecto, cuando no traición.
«Esta consideración, se nos dirá, siempre fue llevada en oMfila; nos opnsinMB al ▼faje de S. M. siempre con la rnnrlirion de que so salud no le exigiese: pues en tal caso nos rosignábainoa á erio, posponiendo todas las itiOMS de conveniencia, ▼ aun arrostrando, si fuera menester, los mfívores peligros.» Es ▼erdad, asi se decia; ¿pero era esto una vana flinmria, ó «m protesta siteera? ¿Babia la realidad de la condición, ó una negativa alH soluta, dlsfrar.ada con aquellas palabras cor- 11 d teses- con que se dicen á tos reyes las cosas veniente en suponerles esa íalta de ñolidas, esa eorledad de provisión, ess ígnoraneit de los qegocios. entonces inferiremos otra era de vuestras fitas de donde debia salir.
T.os monárquicos, es decir, los acusados ácada pasode desleales ó sospechosos, fueren los que apoyaron decididamente el vfcHe, defendiendo la lihrrt;ii! de h Rímuo. ¿Prn por la esperanza de que se ejecutase en las provincias el enlace con el conde de Montemolin? ¿Rra pONpM ereynson ifoo «I negocio estaba ya dispuesto, nrr^^írlado. no faltando mas que la flolemnidad? Muy escasos de Botieias en menoster snponerlos; mny cortos de vista; muy ignorantes de la rerdl> dera situación de las cosas. Si no hav incon* dnros, y se les fnCiman los mandatos de los fíartidos? Jamás se dirige á los reyes la paabra de otra manera: en h-i mismos tumultos populares, cuando las turbas han penetindo en el psiacie, el tribono que empuja la piierín dp la iTirin morada. y se presenta a! soberano para intimarle la exigencia popular, se para u la vist^i del monarca, se descubre, y comienza so arenga por la palabra SMIor...Si las formíi-í no prnphan nada, veamos lo consecuencia que tampoco favorece mucho á los órganos de la situación, y es que los planes, las eonwpoódeneios los tenoiNrosBs proyectos que tan á nicnndn se achnrnn k los carlistas, deben de ser palabras vanas, declamaciones estudiadas, aserciones gratuitas, pues que nada «abíen en una ocasión nn rrftirn. v <;r> Inrian WM ílÉMÍOB ^ el que había en el fondo. ¿Quién habia dicbo ¡1 tiempo ha desmentido, que el viaje era necesario? ¿Quién lo sos- ¡ La oontinaacion y el ün han cqrrwpondidi tenia á pesar de la oposición? ¿Era el ministerio? No ciertamente M ncffar pues la al proMipio: mientras In ivfoloeten haee desesperadas tentativas en varios puntos; necesidad del viaje, al ponerla en duda, al j mientras la capital de la BKwarquia está en combatir el proyecto como nn cB|richo, 00- I eontinua zozobra; mientras caen vIetinMW dt mo una obstinación peligrosa, los tiros iban I la discordia, asi los revoltosos, como los ciuá parar mas alto, pasnhnn ';ol\re la cabeza de " dadanos paciftcos, las provincias del Norte los ministros, y si no dalmn en la misma u tan calumniadas ofrecen á la Reina mil y pMBOBa do la Beim, por lo noM» lo caiiii I nft divmoMS imeentes « w andio dolit ly cent,. 4K» sato MMiáiSiiicot ¿Ka —y * mmtUim mm ■tmháwidt mm y Digitlz&d by Google sin ui menor disi^uslo causado por sus habitantes, sm man ruido que el de las aclamaciones, siu wm asviniMlo que <l4eleih|iÍMiio y de ha fiestas populares.
¡ Qué lección! ¡ Qué pensamientos han debido asaltar el ánimo de S. M. y de sus déstgradable, sin el | y reepeto, y oiridrihi por u pérdida de un padre, de un hijt, de mano, en la misma balallai...- " Guando m ta#i estrechei de nirw«B quienes debieran tenerlas muy grandes; tanto prurito de reanimar la tea de la discordia eu quienes debieran acabar de apa- Mgnelai Medre y Hermana! «¿Éatoeien garla, lefinteseel pecho con MMendifA los enemipos, estos son los desleales, estos son los traidores? ¿Aquí esta el centro del nación, y se vienen á la pluma calificaciones severas. Pero la mejor severidad está en fanatismo, de la crueldad? ¿ Aquí la caver- i consignar el hecliu, v souiulerlo al fallo del de tigres? ¿Aquí las hordas de bandidos pora desolar el país? ¿ Estos son los;)iiebios ^ero necesario convertir en cenizas, en?• Fotaoba una ocasión ^ara que S. M. eoBVOMone pM* ai minia de lo que OMellas provincias; esta ocasión se ha oiiaeído; y quizas, quizás, no fuera avantubuen jnieio, del bmm oentid»» y sobre todo del corazón.
£1 general Córdova presto grandes servicios at froBodftiiabel, y contribuyó al trínnibde Unfsl«oiMi aMs segaNUMie do lo í|m^ en un principio creyera: lejos de nosutrus la idea de oponeruos a que la fieina ndo ol decir, que si no la pofision, al me- i honre la «■O de smuMVMlowo MB el instinto de partido mfloia poderosa- mas esclarecidos; pero si aoo duele qaoel mente para que se procurase evitar que timbre olorizado a los servicios de un gene-S. M: presenciara lo ^ue ha presenciado, ral sirva para ueruetuar la oiciiioria de una MPOiM04ioeerá eslénl: ao osperábasMS | guerra Oratrietdo. Her lo domas, y ya qoe so r! riimpíimiciilo dt» las vulgaridades que se i <|iieria escilar recuerdos, era necesario tepropala han. |>tM() si nos prometíamos el resultado que se acaba de obtener, y es la rehoWltesion del buen nombre dé aquellas nobles provincias en el ánimo de S. M. Ya no serci tan í'acil en adelante alarmar con anaaGios de conspiraciones; ya no será poaikli^^fvs 'Ié^ iletua consideré como á sus mortales enemisos á los que acaban de hacerte t(m cordial recibimiento; ya ba de ser algo mas ceslem inclinor el Real ánimo á eifiai numerosos batallones para humillar sin necesidad a ios habitantes de un |>ais donde ha podido pasearse sin escolta de nodéfioaiio de día. Islo ofsAo no es político, pero es moral. (|iie fSlo mucho* mas que el político. Este electo no se destruye fárilmente, por mas que se hayan escogido estas «|tiVMlMnío», y la misoM permaooneiado bsÉiÍDn en \;\< j rovincias, para someter á su firma una gracia que recuerda la batalla de Alendigorna. ¡ Que política!;qué delicadsiot Bslo osmi rasgo digno de ios honiK líos qne nos gobiernan. Como si la memoria del ilustre general no hubiese podido heorarse de otra manera; oomo si hubiera sido tanta la vgeiieia de echar en cara á las provincias un recuerdo de discordia. Esto es generoeo, estoes conciliador; quizás al esteodoiee-oldociiolo alguno de los sencillos hahitaolei dd pois ofrecía á S. M. una de I ha recibido de ai I ha recibido de ai ner presente que los habia muy amargos para los mismos que los escitabau. Precisamente el nombre del gemral CMova, v It batalla di* Mcndiiíorría recuerda aquella época critica en ijiie el iíobieriio de Madrid pedia la coo|)eracion cstran¿;era; aquella época en que habiendo roeiHidoi IB mo humi* liante, ponia todas sus esperan/as en el jól en cnudiUo, a quien lu^o se pagó con la persecución y ce» ei^asliÉelwit aue le obligó á morir lejos de su patrio. Bsjrt en pn las cenizas de los miicrins; no os empeñéis en reparar lo uue uo podéis; mas vale que tendáis un topieo velo sobre 'les atos poetdos, sin evocar de sus tumbas los OBSSIK*. grentados espectros de los que con mas ardor defendieran el trono de la Reina. Dejad los i«euerdos, que so fcvoreeen nada vm* tros sistemas y utopias; si muchos mililireo hubiesen sabido lo (pie la revolución quería ejecutar en nuestra desventurada patria, mucho antes os hubieran detenido, separando la causa vuestra de la causa de la Reina. ¿Y qué fruto reportaron los que mas contribuyeron á vuestro triunfo? Ahí está Bassa, arrastrado pOr las calles de Barcelona: ahí Quesada, afinado en Horlaleza: ahf Sarsíield en Pamplona: ahi Escalera...ahí León pasado por hHf anMS ot ta misma capital, sentenciado por liberabi^ «oadaeido m pttibalo por liooialesl..
' Tinle cosa por cierto aoe la sangre de víclinnas iluslres, (ios[)iit's de Imb v;ij)rovoi liailo a UQDS pocos üc la maiuíia ijuc eslavos preseociaááo, huhitiaét servir en aáelante a Iwanlar |>aili()ti("s qne perpetuasen la meiDuria de la ^ueiTu civil. Kuserveii pata si esta f^loria los héroes de lu polilicu: los generales que la merescan varaadllera, la alcanzaran [)or si iiii>mo-í.
La batalla de Meudi^urna se diu en itiiá; •átanos á liaes de 4845, y ^quó se ha logrado? Ninguna dt Jas ooidiaoiies pedidas falla: Indas st> han cumplido: se ha iriunfado de D. Darlos, y lus tavoreoidoa por la i forlwa tto aabeo^oé hacerse del tríonfo. Debían, sí, debían desear la conlinuacion d(^ la!í(i >rra para salvar su reputación; tlebiuu dcsv ur que uu iail^ise la Ohcusa de lodos los errores, de lodos los deiaeierlos, de lodos los crímenes, la guerra eifil. Vano existe esta ^íueira hace mas de cincfl años; ¿y que haheis adelantado? Va uo eiislc la dominación de Espartero; ¿y que habéis adelantado? Va no evislc la minoría de la ftema; ¿v que liuUeis adelantado? Va no asiste la Constitución de 18^)7, ni el jurado, ai U milicia; ¿y qué habéis adelaalMo? El desorden en la administración, la anarquía en latí cadus, suplicios todos los días, la ¿osahra ineaaante, la exaspefaeioade los partidos cada dia. creciente, la división entre vosotros mismos, el nisfamicnlo en Europa, el descu»ltínio pouular, el aumento de los tiUMtae, el deseuoierto de las atoaeioaes mas iM íjenles, el déíicil cada dia mas |)rofundo, y la haiicüio} i pncima Esta es vueslr.i obra. Los coulcmp jraneos os ju¿¿;an sevararneute; mas aaveramenle os juzgará la posteridad.
Pero volvamos al viaje de la Reina. ¿Oué efecto producirá el regreso de S. M. a la ca- ¡ pílal? ¿Se calmarán los ánimos? ¿Se pondrá lórmino á la in(|uielud? ¿Se mudara dt- politiea? ¿Ssta mudanza será de alguna ímportaaeia efaeltva, ó se limiUrá á cambio de nombre?
Desde lúes:© es pr(^ci';o.ieoQliocer que la prcseucia de la Üeina ea Madrid es una fii.rMüa. de éiden, ao salo pe» al laspeto impone la persona de S. M», aino tambien'i)orqne reunidos todos los ministros, la acción del gobierno es mas uuilorme, mas espedita, mas rápida. Separados del eealto los dos ministerios mas im|M)rlantPs. el de Guerra y el de £stado, iialttfaliiieate.se ha- ■ bia de resentír toda la máquina {^uberuliva. Ni los acuerdos se podtan tomar con la debida madurez, ui so podían ejecutar cou U oanvpBsaale.íjpwNirililwt:; -y a&i es probable (|ue la presencia di' m. ( uiilrihuira ]K)r e4 momento a disminuir los peligros de trastornos, y tal vez los baca cesar por algua tiempo. *En la sitMoiaii dapíonble á qac hahian lk'¿;ado las cosas, es de aplaudir la rupluuion de S. M. de regresar cuanto aa^ l^á Madrid; quizás se ahocrea nnavae yla» tioMs, y eslo.M debe peaar poco en el áair mn de un rey amante de sus pueblos.
So seria tampoco eslj;aüu uuu por U íuei^ za miaaM da iastaoaaa, é iBÍaf¿ido lapsa* vísioQ ó el.aspirítu de aonhioioa á uUnga, se prneurase modilicar un tanto la política actual, ^ucniic4iudo algunos miuisirus pata cahaar la elerveeceoeia púMica. Ua periár dico ha dicho que á la ll('-;aJa de la curte se^íniráu f;ran les aconleciimeotos; uo s«ii>einos lo que haiira sucedido: peio si -e^tos aoooteciinientos faeseo una modiUcacioa é mii(lan/.a ministeiia!, mu\ Icjus estamos de otorgarles grandor. V a iiecu \erdad, si el cambio se hubiese de ejecutar dentro da li asféra de la opseiaina aiadarods, diíitil»>» te creyéramos que la nación saliese gananciosa/ Con tantos meses como han tenido para meditar, es prabaUe 4|iia losyewédint de la oposición hayan designado sus mk pectivos candidatos; por nuestra parte es tan escasa la dilérencia que vemos entre el aistomadal M$mUo, del dUaéo, del IVmiim.
y el de!(»s hornbreakdafeodidos por la Gacela y 1 1 l''i^il,ihi, (pie la ca'da de los uüttí y el cncuiikoiaiuiuuto de ios otros no aos parece d»aingu#tft^hila<fc>. X «aaado ada^ mas se considera (|ue hacer la oposición ao es gobernar, se presenta como muy probable que a la vuelta de corto tiempo no habría entre los dos sistemas ni esa pequdjs dil'erencia (|ue en Ins primi-rus dias se baril sonar mucho en programas, ciicidares y artículos de periódicos. • > >..: •. • 'tU.*-Es de esperar que las raclaauaioiMS mté tra el sistema tributario serian atendidas si oüro ministro de Hacienda remolaíiasc.al ñoT'Mon, y esto ea «acdad oautria bmAi la agitación de los ánimos; paro la iíinal tad no esta toda aquí: la desaparición del presupuesto de lugccsos uu baria deaapaie^ iiaar «I do los gaalaa. ¿Y «aloacdaM» w^m* bren? ¿Uay quien piense en emplear remeradicales? ^Lcl oaavo Dlgitized by Google en psto, BC ein'ontrarin poco mas ó menos en e! mismo caso que oí aclual. Nó es necesario jyosoer frrandes conorimicnlos en hacienda para ver el camino que se dehe seguir: hasta el huen sentido de un padre de familias, que en notando el délicit de sus rentas acude desde liieiío á la disminución de los gastos. Desgraciadamenle no se discurre asi: no se quieren proporcionar los gastos con los ingresos, sino los! js con los gastos; no se dice tenpm(»> ¡hjh», gastemos poco; sino gastamos mucho, exijamos mucho. Los ministros de Hacienda de Kspiina pariíce que no llevan en cuenta la diferencia entre los capitales y los ¡íroductos; para aumentar el ingreso no reparan en matar el capital; con tal que vivan este afio, nada les iriipnrla lo que sucederá en lo venidero. Este es el sistema de nuestros financieros: á bien que nadie lo habia llevado al punto que el.S>. Mon, quien narece haberse propuesto realizar la fábula (le los huevos «le oro.
Si ifís partidos del actual orden de cosas han le iialidad el articulo que pocos dia> i >rril)imos sobre la hacienda de España, es probable que nos hayan acusado ae reaccionarios y amigos de proyectos absurdos. Esto de tocar en un ápice á lo establecido es para ciertos hombres una Mfciti tan desiu erlada, que solo el concel)irla prueba una profunda ignorancia del espíritu del siglo y de Ijs necesidades de la época. La palabra de interfscs creados no es solo aplicable a la posesión de los bienes del clero; se estiende á todo lo demás, inclusas las esperanzas. Y tienen razón; una reforma radical en materia de empleos, favoreciendo A la nación, dailaria muchos intereses de algunos que viven sobre ella como tierra de conquista, y naliirahnentc ha de encontrar oposición, no solo en los que ya disfnitan, sino también en los que esperan disfrutar. Una esperanza en este género, es un verdadero interés creado.
Aun cuando se aboliese enteramente el noevo sistema tributario, habrá producido ya sus efectos (pie no dejarán de euíbarazar mucho al nuevo nunistro de Hacienda. Nuevos oficinas, nuevos empleados, nuevo sistema, esto existe ya mas ó menos: y no ha de ser fácil el restablecer las cosas en su primitivo estado c(»n un solo decreto. Ademas los pueblos vejados con el sistema actual, se creerán con derecho á un desahogo; Ai Ai y naturalaienle ha de ser mas difícil e í)ro de las contribuciones antiguas de lo íjue lo habria sido si no se hubiese mudado nada. De todos modos, aunque no tuviéramos mas dificultades que las de hacienda, estas bastarían para crear una situación sumamente espinosa de que no saldrán en bien los actuales ministros ni sus sucesores^ ¿Qué sera si atendemos á las demás cuestiones á cual mas graves, que se agolpan exigiendo una solución pronta?
Cuando se reflexiona sobre el estado á que han conducido la España circunstancias infaustas, ayudadas por el empef^o de atenerse á cosas imposibles, cuando se observa la obstinación que hay en no ver lo qnífi^ es mas claro que la luz del dia, y los gravísimos obstac4dos que al bien <"e oponen, decae á veces jM)r nn nwmenlo el espíritu, y se pregunta si quizás estamos condenados á sufrir sin mas esperanza de remedio que el mismo esceso del mal. ¡Triste pensamiento! porque si bien es verdad que este esceso al fin proporciona el remedio haciendo necesario lo que antes era imposible, y sometiendo la sociedad á una crisis violenta para salvarla de la muerte, también es cierto que este resultado se hace esperar largos.aííos, V no se adquiere sino á costa de grandes sufrimientos. No estaba la Espaíía en situación tim desesperada, ni lo está todavía; pero mucho tememos que se la ponga en ella.
Grave rcsj)onsabilidad ante Dios y los hombres incurren los (jue a ello contribuyan, ó que pudiendo no lo eviten. Ahora es tiempo aun; mañana quizás ya sera tarde. Estas insurrecciones, estas conspiraciones que se suceden sin cesar, esa lucha permanente entre el gobierno y la revolución, son un sintonía funesto. Algimos las miran como chispas de un fuego que se apaga: nosotros tememos que sean centellas de un fuego que se enciende. Esa inquietud, esa zozobra, esas conviilsiones ¿ serán los restos de una larga enfermedad que se hace sentir en la convalecencia? Uien lo deseariamos; pero nos asalta el temor de que sean las ansias de un moribundo, el anuncio de la descom- M)sicion del cuerpo social acarreada por tantas imprudencias que han consumido su energía y su vida.