queseospueaa ocuiiar que ios que sosiie- • que üimana por iirecisifD ue i» mmmm BM b eonvenieiMia del enltoe oob el «onde ■ fandieionet del gmiMMfepmntaliwjpa- Digrtized by Google ro no lo es en i;l sentido que lo son las cosas | conducentes al bien de la sociedad. Por mas (|Uf* i, la ofíosicion es la voz de los pai li.. I uanlu mas pronunciada y organizada es a(|uella. tanto mas pronunciados y organizudus se lialian e^tos; hi por circunstancias parlicularcs falta la correspon(l(;ncia | indicada, bien pronU) aparece: »i la oposición no nace de los (lartidos, los produce; cuando no es su electo, es su causa; si no nican/n a ser ni uno ni otro, muere, parque In o|)osicion sin un partido que la so^lenga, es una voz aislada en medio di la suciedad, y e.slas voces se estin^uen a la vuelt;i de poco tiempo, con tanta mayor prontitud cuanto mas se estuerzan. La oposición es, pues, inseparable de la existt'ncia de bandos y partidos; nuestros mayores llamaban a la discordia una calamidad pública, ahora se la i a[)ellida un adelanto: si no abundaban tanto de razón, estaban mejor dolados de buen sentido; ¿a que daremos la preferencia? la elección no puede.ser dudosa.
En toda oposición se encierra un germen de anarquía, porque toda opos cion tiende a destruir el pixler e\i>lente. oa introducir en el modilicaciones prolúndas. Laque no tiene este objeto no merece tal nombre; ó es amafiada, ó es el consejo de un amiíroque amonesta con mas ó menos severidad. En política estas amoneslaeumes amistosas suelenenvolver ulteriores designios cubiertos con hipócrita disfraz.
Siendo pi e i«;í) aceptar las cosas como son, no como d n i.ia ser, es necesario resignarse á las condiciones de la época, y llegado el caso, bacer la oposición, no obstante *u germen de anarquía. La rectitud de int -ncion, la entereza de las convicciones, la lijeza de miras, y la Hrmeza y santidad de los principios, piíeden neutralizar la tendencia funesta del germen e impedir su desarrollo, pero no matarle. La sociedad pasa difícilmente de un estado á otro sin un periodo de anarquía; quien promueve cambios, es necesario que no retroceda por la previsioa de las eventualidades á que ellos pue* den dar lugar: si se ha de escribir, es necesario formar y emitir juicio sobre las cosas públicas; esto no cabe sin alabanza 6 vituperio del poder público; si hay convicción, nay consecuencia, y esta hace constantes el vituperio ó la alabanza, mientras el poder público sigue el mismo camino. Hay un sistema de mentida iffiparcialidad en que se alaba 6 se vitupera según los intereses del que escribe, en que se encnbren las defecciones con el velo de la prudencia, y se justilican hasta los insiiilns con la apariencia del celo por la causa pública: esto no es ni minislerialismo ni oposición r esto son pasiones conuines disfrazadas con el manto de la política.
-Muchas vulgaridades se escriben también con los manoseadas temas de paz, legalidad, unión, reconciliación, reorganización de los partidos, avenencia de los hombres de bien de todas opiniones, necesidad de acatar la ley asi por parte del pueblo como del gobierno, y otros por este tenor: vulgaridades que sirven para llenar columnas durante los dias críticos cuando hay negocio en cierne, cuando no se sabe cuál es el astro que va á levantarse en el horizonte, y ciuivieiw» estar preparado para rendir culto' al primero que se presente sea cual fuere la dirección. Asi se compaginan aquellos artículos que solo leen los necios, y que dejan con sonrisa los entendidos, al acabarla segunda linea. La oposición verdadera, la que vale algo en bien o en mal. es la que opone un sistema á otro sistema. Ksta es la oposición que, como hemos dicho, encierra mas ó menos un germen de anarquía, germen que se puede templar 6 neutralizar, mas no destruir. Calamitosos tiempos aquellos en que el bien ha de estar luchando con la tendencia necesaria del mismo medio que emplea para realizarse; en (pie la centella con.servadora del fuego sagrado puede producir un incendio; calamitosos tiempos; pero la centella para no S2r estinguida. necesita ser agitada, ¿será conveniente ocultarla por el temor de las chispas que pueden alcanzar al combustible? si asi fuese, menester sena torrar las páginas mas brillantes de la historia.
A todo hombre amante del órden le es sensible hacer la oposición al g(d)ierno, que por solo serlo, es depositario de grandes int Teses, guardián de lo mas pn^cioso que enc erra la sociedad; mas si el gobierno se ciega y se obstina en alirmar que ve; si tropieza á cada paso y se empeña en asegurar que anda con planta lírme; si se encamina hacia un abismo y arrastra tras sí á la sociedad, ¿qué remedio queda, sino amonestar á este gobierno, y reprenderle y vituperarle? I*or no esponerse á desconcertarle en su desatentada marcha, ¿será necesario cometer la villanía de la lisonja 6 de un pnsdáni- Me silencio? ¿Quién eeráel culpaMe de los I r -nítidos posibles del gérmen de anarquía?
Eu Ks|)aria hay actuaímcnle tres oposiciones: la progresista, la moderada y la monáiqiiíea. Mas ó menos coiiockio, ó mejor* mas ó!n»Mins (><t(Misil)kí, todas st* proponen un cambio proluudo: ¿qué quieren los progresisias? derribar al gobierno actual, destitair i á todos sus empleados, armar de nuevo la milicia, mudar todos los írefes do! ejército, V con uno ú otro titulo sustituir Ks{)arttvro a i Nanraez. ¿ Qué medios ae emplean para lograr cl lin? en la prensa se escribe con violento calor, y cunodo se punlc se pelea en las calles. No dn i^imos una luculpacion á nadie; no queremos liacer respoisaUes á unos!r t ^ medios empleados por otros. Sabemos íjiie en los partidos, tracciones diferentes ven los negocios bajo jiuntos do vista diferentes también; sabemos que no todos los individuos de un partido se dan á sí propios exacta cueala de las iuteooioiiies que ilwiganloa mismos ooa quienes simpatizan y á quienes ayudan; sabemos que iaac> donde un partido procede de mticlias y muy varias causas, y que en eJ desarrollo de eslas no hay siempre designios bien marcados; que á mas (!e las ideas obran los sentimientos; que al lado de I05 propósitos influyen los instintos; «[ue cou ius planes premediUtdos coinciden estrañas casualidades, y que \m ponsejos de la prudencia son frecuentemente contrariados por una precipilacum impetuosa; por esto repetimos que uu iucul- ¡ pamos á nadie; que no Lacemos á los unos responsables de los medios emiilf ados por otros, al decir que en la prensa se escribe con violento calor, y que cuando se puede I se pelea en las calles. Los hechos soa estos: | unos los tenemos á la vista, otros son muy < recientes. La sangre humea. * j ¿Qué quiérela oposidon mooárqnica? | alirmar el trono, dar lustre á la religión,: acabar con los principios revolucionarios, y ' reorgaui¿ui el pais por medio de una couci- j Uacion que comience en la real hmilia. I ¿Que pretende la oposición moderada. la Í[ue es verdadera oposición? quebrantar la nerta del poder militar y sustituirle cl par-, lamentario.
La oposición proírcsista no puede alcanzar su triunfo en el terreno dek legalidad: iamás cl podM'eonsegiiirá entregarse ¿ dis- \ creciott de sus enemigQi;.si un ministerio 1 camtaase esta direooinn, el Uone |iro- 1 eararia salvarse por otros medios: si no hnbieae previsión, no fait.iria e! iii^^tintrí, ¿uia bast4inte segura cuando eu moin utos críticos se trata de la conservación pi opia. Sobre estos obstáculos hay los que nacen de la situación misma, del rrirácter, antecedentes y delicada posición de algunas de las personas mas- inAnyentas. Desde el encumbramiento del ministerio González Bobo se le dijo al partido progresista: jamás i es in^Kisibie retroceder: á un paito de distMein se faaUaba na ahisBM. Bl piftido progresista, ó mejor su elemento activo y militante, lo conoce asi, lo siente: sabe que es rechazado del palacio y dd poder, y de todas sos afeudas, por cálenlo ▼ poir'ínstinto.
Los esfuerzos mas ó lucuos generales que hace este partido en el terreno legah nada prueban contra lo que acabamos da decir; estamos convencidos de que ningna geie, de la opo&iciou progre^ia se hace te* sion sobre In verdadera situación de las ansas. Supóngase que por una combinackHi de circunstancias cstraoitlinarias, los progresistas triuaüasen en las elecciones y obtuviesen mayoría en el Congreso de dipMndos; si el triunfo se lograra cien veces, otras ciento se tmpediriaa los efectos del triuufo, o disolviendo las Cortes o etti|>le4iodo otros nwdios; jsttáselaoliialpfnBideiie del consejo se resignaría á cntresrar el mando á Olózaga ó Cortina, jamas lo consentiría la corte, que en nuestro entender, tiene tantas y tan buenas ratones para no consentirlo ooDW el aMamo prasidame dal consejo.
Ué aquí por notario de paso, á c^ué se reduce 1t tan ponderada legalidnd» Si daos que en este caso la legalidad acarrearía nn ti-astomo, confesáis q^ue vuestra le^^lidad esaaftrqaica. Si negáis esto lúAímo, os eendeuais á vosotros mismos, pues resulta que faltaríais á la le^lidad, no por prevenir la anarquía, sino por capricho y despot^mo; si salváis las cosas, condenáis laa perssMs: si salváis las persoMS, condennis lasoosts. Escojed.
La üpiuiúu moderada también es muy dilicil que triunfe por medios legales, sin» se Biodilica profundamente, ó pnr mejor decir, si no deja de ser lo que es. Su pensamiento culminante es desiruk la preponderancia del poder militar, quitarle el mando y. ndueirle á obodeser. • lan vohmiaáM Digrtized by Googl del parlaroeotMinfNÉsentadi) en el gobierno. En la sitnacion aclual, «MSMMrémposible; nísterío; su elemento militar, no: es diíícil rr<si*!!rrr?f n un suicidio: Si mil \iT'is nlrnnzaoLeJi- tnuurft;^eQ4as 'CiM'les, iu oposición ' efectos: no tiene olro medio de victoria que aceptar como base el poder.milit r r: peroen-HA. vflinift ^ sioo que suiuiiibc;.pier^ venere coao iM al qifr «Mabt como adversario.
» Hé aínii otra prueba de lo que signitica la lepltdaá; hé aquí otra ocasión para formar el mismo dilema del que salea mal parados ó lo6 hombres ó las cosas. ^ r > >f Ui oposición monárquica se haito en ana situación semejante á la de sasoompefteras: ?\ triunfo Ic^ial no le es posible; con ^erHa dera libertad no le íoera ni ana dilicil ¡ pero y Im wimliadDB del irimifo lenálet sentii? ftiMitnémoalo, que no es pora wmm ae* gncio tan ^'rav<> y trascedental. r £1 punto capital de 4a oposición mon¿rtfkek n It éBMUíoii del Mlrimnifr de la Reina; y á quieh tenga sentido común le.lUefn!'' "• ■«MIS si el ¡íencral Narvaox en su |ftucion uciuai, cooseAtiru Jamás que venga tMtpfltlvcicMde.de MoBleatliB.
otro? cvídmlc (]tin nn Ahora bien: no haciéndose el matrimonio, ¿qué logrará la oposición monárquica? ¿No le falta la base de la coneiliacion en que estóha ta liiieun? En c\ ptintoá que han llep:ado las cosas ¿serta concebible un ministerio que no fuese progresista, ni parleaualttío puriuiiio, ni d&te iraedim dominante, ni partidario del matrimonio con el hijo de don ('rirlos';Se ceocibe lu que podrían ser un gobierno y wei Geites que m p«1enecieseB é BÍe|riina de las fracciones enumeradas? ¿Esta hipol<"^is os realizable siquiera por nn momeutüi V si se realt/.aáe ¿au uos daña por ■flffotewe ffesrflido el mas imposible de los -i'ítrmn?, ol mas débil de los í/ol)i<*rnos? Para nosotros lodo esto es evidente; mas difemos, evidente debe ser para cualuuiera €p»flii poUtioi no esté falto de sentido común ('rtn ( I trascursn f!r los años, la fuerza de Ioh acontecimientos, el reemplazo de It'feMfMien {nresratci por otra que no tenp w^eMepaiíMiealoB é tdeaSp seré po- ' siblü quizás ^ue no deje de ser absurd«i k hipótesis indicada: ¡mm ddo se trata de lé|> qiif íirt dí^ hahnr;i hi vuelta de alp:un(is íímos, ^ina-de>, Ip, (^%^ hay «hora; las naciones no iítlJMi<< Jl(liill#is y de pronósticos, sino detlhi^hos presentid 1 1 vida de los puebiee rnmn!n de In-^ individuoF nn «e sustenta ni ,con ia historia ni con el porygAÍfi^tnr» wifitr.i M>BláM que piwii|^<nim tcncia de todas las oposiciones en el terreno legal. En e'-f*'' rnnnírtrt;,qné hnrptf.' La pro-: ^resista» iCueii^t (^011. uiid revoiutiuu; la mo^^ dend»;iii«ilileii|li>ei#Ripfole9te la moná^rt ((uica se limila a esperar. En pro de la n|iosicion pro/;resista bav la irritación de los ánimos y el fuego de ías pasjyQ^Q^jypoliticás, En pro'de la opo inna medfMMlH'^está «f '.'■yto rfi- \\\!pv foiisi-iiailo en tm papel. £a pro de la opostcipA monárquica está la fuerza irr^iMJe Ftde los aplacimientos, U necesidad faüeada en la juam^. mlaraíaia^ de las ros,m La ouosicion nipnarquicu no debe perder moca ae vista que gran paile del tecrele. de su fuerza está en la teíepliioza. Ataques: violentos, sobre ser intieeorosos en si roift^j nios, y ademas poco coutormes con los pria-/ cipios que se sostantan, teodriaa el jiieofr>< veniente de estrellarse contra un poder qne si bien profundamente débil bajo el aspecto moral, tiene sufíciente fuerza hsica para hacer callar la oposición monárquiea yále^i das las demás el dia oue bien ie pnre/ea. Es preciüo no hacerse ilusiones; ci gobierno no hace callar á la prensa toda porque oo quieie) y no quiere porque ua oaijiiato da^ rirrnnstnneiíis pnirticulares ligan en cierto modo su voluntad. £n un país donde un gobierno por si y ante sá ka legislado aobra^ 1 impronta de la manera que ha oreido conveniente; donde tm ministro por una ofensa personal ba podido deportar á doe eteritofes; en m pais donde ese gobierna continúa y ese ministro le preside, en ese pais la libertad de imprenta lia dcs«iinrccido; á esc gobierno no le puede arredrar ni la falta de fuerza f^ca ni el tenor de la revpnn'^abilidad le::nl: ese gobierno pnedíe coartar ó ensanchar la libertad de imprenta según considere oportuno; y si se detiene, si na lámala del lodo, aera, lo repetimos, porque circunstancias part ¡rulares tendrán en cierto modo ligada su voluntad,.ooosisr- Uendo el ligámen en que una medida abs^ Inta en esle sentido leodria nUaritfW M»- Digrtized by Google secuencias, inconvenientes de otro género, que al gobierno le importa precaver. ¿Creerán nuestros Icclnres que indicamos los I peligros de una revolución? de ningún mo-; do. La supresión absoluta de la imprenta no cansaría una revolución en España; los ensayos indican bastante lo que fuera una ejecución cumplida.
Los inconvenientes de una medida de esta clase serian de otro género. El gobierno actual ha descargado sobre la revolución i golpes muy rudos; los hombres que le com- i ponen se han distinguido en esta parte por! una violencia y un ímpetu que ditirílmente sobrepujarían los mas monárquicos; pero golpearla y abatirla no es lo mismo que matarla del todo: el parricidio es un crimen horrible. Exhalando la libertad de imprenta! el último suspiro, le faltarian al goinerno {•oderosos medios que en su sagacidad y travesura sabe emplear perfectamente. Con sola la Gacela de Madrid y las Revistas cientilicas y literarias ¿ quién le ampararía | er» trances apurados en que la intriga cortesana minase la preponderancia de un nnnis- I tro? ¿cómo se em(»learia el sistema de tira y afloja que en determinadas circunstancias puede producir tan esceicnles resultados, si de un tajo se hubiesen corlado todas las ' cuerdas? Ya nos comprende el lector: hay, épocas en que el escritor indica y el público descifra.
Pero volvamos á lo de la templanza. El interés particular de la prensa monárquica i está acorde en este punto con los grandes ' intereses de la causa que defiende: un len- I guaje violento asienta bien á quien se pro- ¡ [íone inllamar las pasiones |)ara provocar un trastorno, á quien está impaciente por- '¡iie nada puede esperar ni de la fuerza de > 1 mzon ni del curso de los sucesos, á quien lesea resultados inmediatos, prontos, por- (fne la lenta acción del tiempo es su ma- '>r enemigo. La oposición monárquica no >e halla en este caso; puede ser templada, porque es fuerte por sí misma; puede ser {irfwiiga de longaniniidíid. norque el tiempo •■^Vaja en su favor; pucae ser paciente, MU cuando no obtenga resultados mmedia- \k!i^. porque no procura el triunfo de intereses mezquinos ni trata de satisfacer el amor I '-'^ipio de gefes de banderías, sino que tra- I 1 i;t por una causa verdaderamente nació- j nffí.! la que está ligado para muchas geneporvenir de España. í La lirmcza en el fondo y la suavidad en la forma, son medios seguros para alcanzar ascendiente: observad lo que sucede en los individuos; ideas claras y lijas, firmeza de carácter y suavidad de maneras, acaban por triunfar de todas las resistencias. Esto mismo sucede con los partidos; y en España solo el monárquico se halla en circunstancias favorables para reunir estas tres condiciones. Las ideas lijas y la templanza son imposibles á losdefensores de la revolución; BU formula es muy sencilla, «desencadenemos las tempestades, y provocaremos uott cataclismo; » ¿qué vendrá después, un nuevo mundo, o el caosj? «poco importa, esta-»remos vengados; la venganza no prevé.»
La oposición moderada puede sin duda conservar templanza; bien (|ue frecuente-^ mente notamos que en el ardor de la dis-' cusion, pierde va un tanto el aplomo y sangre fria que de'bieran serle naturales. Pero lo que le daña principalmente es la falta de claridad y fijeza de ideas, la incertidumbro en que no puede menos de sentirse cuando se pregunte á s¡ propia, ¿qué barias si fue-» scs gobierno?
Semejante incertidumbre no trabaja á la oposición monárquica; en todos los grandesr» problemas pendientes sobre el pais tienei opiniones lijas; sobre todos ha manifestado su opinión; sobre todos ha indicado la resolución que cree mas acertada. Bajo el aspecto religioso, bajo el político, bajo el dinástico, sobre todos ha formulado su sistema: bueno ó malo, realizable o utópico, útil ó dañoso, no se trata de eso, es un sis« tema.
El gobierno actual no tiene esta ventaja: en cuanto á la incertidumbre, se halla eo un caso semejante al de la oposición moderada: ¿ qué piensa en las cuestiones eclesiásticas? lo que las circunstancias le hagan pensar: ¿qué piensa en las cuestiones politicas? lo que las circunstancias le inspiran. Tronará contra los revolucionarios ó los. absolutistas según se presente el estado de' las cosas; suspenderá In public4icion déla Constitución por largo liem|)o, y luego la infringirá según le parezca bien, o según el humor dominante: ¿qué piensa sobre el casamiento de la Rema? probablemente nada; y sí algo piensa, se puede conjeturar sin j)eligro de error que se inclina a lo mas desacertado; pero esto de una maucra indecisa, floja, deshaciendo quizás por ía Googl n(K-lm lo que se teje pur la innñana, dejando ' que las cosas sigan adelante y procurando DO hacer nada, que es un secreto infalible para no errar.
Lii o(K>sicion que tiene delante de si un gobierno que no sabe salir de la indecisión sin ech«rse on la violencia, ni dejar de ser viólenlo sin caer de nuevo en la indecisión, i tiene en su favor una gran ventaja. Pero en el caso presente hay otra que todavía es de mayor consideración, á saber, que esta alternativa de indecisión y de violencia, es un mal irremediable poruue no dimana preci- I sámente del carácter ae las personas, sino! que nace de la misma naturaleza de las co- [ sas. Kl ííobierno ni resuelve ni puede resol- | ver en las grandes cuestiones que se hallan sobre el pais; en sus principios, y atendida la posición en que se ha colocado, tropieza y no puede menos de tropezar, con dificultades insuperables. Aparte una que otra infracción gratuita, hija de momentos de mal humor, si iiilVinge la Constitución o la falsea, será porque no encuentre otro medio de defenderse; cuando esta en el terreno legal, se siente indeciso; cuando sale de él se hace violento. No resuelve nada sobre el matrimonio de la Reina ponpie no sabe qué partido tomar; lodos los candidatos ofrecen! gravísimas dificultades; y cabalmente este es un negocio en que no cabe violencia, á no ser para anatematizar al conde de Monlemolin y á todos sus amigos y al sistema de conciliación con todos sus apéndices. Está ndecisoen las cuestiones eclesiásticas, porque el negocio es arduo V el cardenal Lam- I nraschini no se 'presta fácilmente á todo lo que se pide. Por ahora no hay violencia; pero DO es imposible que la haya; de tal 'Bañera podrian presentarse las cosas, que se oyese anuel lenguaje firme y enérqico de que nos hablan los periódicos consabidos.
Biertto en Bamlooa el M de iliriaoibre de tS4l y publicado en Madrid en II dri niÍMio.
Hacer la oposición por solo el gusto de hacerla, es indigno de hombres bien intencionados. Teda oposición tiende á destruir; mas ó menos, ya es en si misma destructora; y el prurito de destruir por destruir.
supone instintos maléficos cjue no pueden tener cabida en corazones bien nacidos. Cuando se trabaja por derribar, es preciso estar pensando en el edificio que se ha de levantar sobre las ruinas.
Kn todas las grandes empresas se necesita fe: fe en la santidad del objeto, fe en su conveniencia, fe en su posibilidad: solo con estas condiciones se aguza el entendimiento para bu.scar los medios conducentes al fin, y se inílama el corazón |>ara abrazarlos y ponerlos en planta. Cuando no hay fe, hav incertidumbre; y en política como en lodo, la incertidumbre es funesta. Quien no sabe á punto fijo lo que piensa y lo que quiere, piensa con oscuridad y quiere flojamente; y del pensamiento oscuro y de la voluntad lloja, resulla naturalmente una acción enervada. Kl movimiento político no es un pasco, es una marcha; no basta andar divagando, es preciso adelantar con planta firme, por un camino previamente señalado, hacia un punto lijo. Las dificultades nada deben importar: el célebre ¡qué importa! de los españoles en la guerra de la independencia, encierra el secreto para hacer las grandes cosas: los obsukulos, lejos de almlir el espíritu, deben alentarle; que para los vastos proyectos.son los entendimientos elevados, y para las empresas árduas los corazones generosos.
Si jamás fue necesario recordar estas verdades, lo es sin duda en España en la ocasión presente; tantas y tan graves son las dificultades que les salen al paso á los hombres que desean robustecer el trono, restituir á la Religión el esplendor |)erdido, y salvar la nacionalidad ({ue amenaza eslinguirse; lo es en España en la ocasión presente, cuando se proclama todavía la discordia en vez de la conciliación, cuando se quiere perpetuar una división funesta que en dias aciagos produjo una lucha fratricida, cuando á la nación mas briosa ó indepentliente del mundo se trata de someterla á las influencias de un gabinete estrangero en el negocio mas importante para ella y para el trono; cuando arrojados ya de la esfera del gobierno lodos los grandes partidos, como que se los quiere condenar a per()étuo ilotismo encadenados á los pies de iusignificantcs pandillas y miserables privanzas; cuando después de' trece años de revolución y siete de guerra civil, encendidas aun las pasiones, en lucha grandes intereses, eu I Wkñnf IM ÜMhi, mI cImkiim his opMflito ^ polilicas, se pretende comprimir de repente toda su energía, todo ese fuego abrasador diciéndola á la nación: quieras o no quieras, verás reproducida de repente la época de Carlos 11. Necesarias son estas reflexiones, repelimos, y por esto las inculcamos; no paira enardecer los ánimos y arrojarlosá Medidas violaitas^ sino para inspirarles aquella calma, aquella sangre fría que tanto son menester en las ocasiones críticas, y qne tan Men atientM á la dignidad de nn pneblo grande.
¿Pero cómo tener aliento, se nos dirá, cuando no hay esperanza? £1 gobierno en lijptM - puede todo lo qoe quiere: si él quiere lo malo, ¿quién le impide ejecutarlo? Un brillante escritor con cuya amistad nos honramos, ha dicho hace muy pocos diat, t nunca nabia irido tan nopotente k» que se llama opinión pública, nunca tan poderoso lo que con otras condiciones pudiera ser gobierno. Nada uucde obrarse de lÉlí^mimi todo de arriba abajo; ea dedr, que entre nosotros son fuertes los ele-'áKtttos de poder, débiles los elementos de libertad. £n la actualidad domina de hecho el absolutismo; la suerte de EspaQa ha dependido esclusivamentc de los gobernantes, y no Uene ciertamente que agradecerles la elección.» (En el tiUmo nMero del (^anel-Kador).
' Estas palabras encierran una verdad profunda presentándonos uno de los caracteres Mintaves de la naeion espalóla; maa no quisiéramos que ae les diera una interpretación que á no dudarlo, estaba muy agena de la mente de su autor; no quisiéramos qto its palabras, « nada puede obrarse de anajo arriba, )> se las (luisiese hacer significar la inutilidad de la discusión en la prensay la impotencia de todos los medios le-^Ma que, con mas 6 menos coartaciones, nos ofrece el sistema representativo. Nosotros nada esperamos de arriba abajo; v espemBOs-miÉefeod» abajo arriba. El go'bierno es fuerte en Sspala por Ins ideas domi"' nanlcs en la sociecíad, y porqne en el mero hecho de serlo, se siente apoyado por la ífliaTorfa de la nación, hasta que el numero -y tti/Arandor de los desaciertos llenan la medida del sufrimiento, y la nación entera le dice: te abandono. Las ideas y las tradícioie»«'lBMiirquica8 son tan robustas, se halinlni'^trraigid» on el soelo MpaM, ta pronunciar iS|tf|íidMe del trono para constituir de nuevo U unidad gubernativa; basta mandar en nombre del trono para recabar ilimitada obediencia: seto es It bisls»» ria de todos nuestros trastornos.
Señálese un buen gobierno que los pueblos hayan derribado, y condenaremos á loe pueblos; señálese la resisleaoia qae loi fmeblos hayan hecho á una tentativa sa> udable, y los condenaremos también. No as sefialará, estoaus sátiros 4e ele: molíMS hemos preseaeiado, escenas saagnentaii^ pero ¿ era la nación su autora? ¿era la nación quien tenia la culpa? ^quién habia eneendido la guerra áwiVt ¿ qmén áotanah denado la revolución? ¿estas cosas venia de abajo arriba, ó de arriba abajo?
No, mil veces no; jamás condenaremos á la Barion-espafiola; jamás lantaraaaos ttft* temas sobre todos los partidos en masa; que al fin quien en masa y á todos ios oondena, á la nación condena. • ■ \í,u:P'„iíí**' Hay en este país desgraciado •bMdanláa y poderosos elementos <\r hion que andan errantes á merced de las circunstancias, ai soplo de encontrados acontecimíentoa: 6i>^ tam Olidos ea w puito, quien debiera conservarlos en unión y niodilicarlos y combinarlos de una manera prudente, ha ittfuidoMdaaooBeertarkM, en poMriosea choque, come si se hubiesen querido hacer todos los esfücrzos para sumirlos en un caos s(>mcjaute al de la revolución francesa, si posíwe'hnhiem «ido» tamaia calaaiidad en ini; moii.iniüi > v religioso.
No, no csia muerta ia uacion española; no es un cadáver en cuyas entrañas puedan eebarsesns eneaM^os; es «n fligMAo qos • sufre y que es paciente, y (|ue puede serlo porque es fuerte. Todavía esperamos, y lo decimos con la sinoeridad mas profunda, todavía esperamos que la sávia, la vida, ' que existe en el corazón de la sociedad, de esa suciedjil que comparada con otras amdemás, iMfei^ne doetfépili debe llM^ marse niña; sí, todavía lo esperamos, que esta sávia y esta vida se comunicará con el tiempo al poder, á ese poder quo tantos altos hace es nnénimo de desgobiemu y de auserin; todavía esperamos que será dable hacer, que se hará, mucho de arriba abajo, después de liaberse hecho mucho de No ée creaqne porssto imMns tam^ quilos sobre el porvenir; muy al contrario, al ver como á propósito manos imprudentes araoulonaii tempestades y como se las llama y se las atrae de todos los puntos del horizonte, volvemos la vista con espanto jwra no contemplar un |)or venir cada dia mas azaroso y mas negro; pero en esta iucertidumbré, ó mejor en esta zozobra, recordamos (jue también pasaron otras épocas criticas, sumamente peligrosas, en que el buen sentido nacional, su noble lealtad, su ilimitada adhesión á la monarquía, sacaron el trono de en medio de las tormentosas oleadas á donde le arrojaran la previsión o la pcriidia.
Como no somos esclusivos, como no abrigamos rencor contra personas ni j)artidos, aun los mas opuestos a nuestras opiniones, los consideramos á veces sin odio ni lisonja, complaciéndonos en notar en todos ellos instintos de generosidad, en medio desús mayores estravios. Cuando se quieren conducir las cosas á eslremos deplorables, cuando se quiere abusar de una posición ventajosa, rebajando el trono ósacrilicando la independencia del pais, quien tal intenta se encuentra abandonado hasta de sus amigos, hasta de aquellos que pudieran {)articipar del botin sin mas precio que su complicidad.
Véase lo que sucedió en tiempo de Espartero. Con fundamento ó sin él, se dijo que se trataba de prolongar la minoría de la Reina, que el gobierno estaba sometido á las voluntades del gabinete inglés: medidas crueles tomadas sobre una ciudad populosa conlirmaron la creencia fatal: y desde aquel momento el regente vio contra si aun a muchos que tenian evidente interés en no provocar su ruina. En el partido progresista, en esc mismo partido que en 4840 levantara á la cumbre del poder al soldado de fortuna, en ese mismo partido que tenia un evidentisimo interés en que Espartero se conservase en el mando, en ese prtido, que debia por necesidad sucumbir en sucumbiendo Espartero; en ese partido se desarrolló con rapidez y valentía un formidable espíritu de resistencia. Los instintos de libertad y de nacionalidad y de amor al trono, le quitaron la previsión de una ruina inminente; el corazón dominó al euteudimieulo; y por un arranque de nacionalidad cometió una falta como partido que ahora espía crudamente en el abatimiento y en ta emigración. Mediaron sía, duda ambiciones [lersonales; mediaron qui- . zas segundas intenciones, cuyo alcance no vieran los mismos (]ue las abrigalian; mediaron como en todo lo humano grandes miserias; i>ero en el fondo de las cosas se descubre el hecho ({ue hemos indicado: escribimos de buena fú, y,'quercmos hacer, justicia á nuestros adversarios.
Ahora mismo presenciamos un fenómeno político muy digno de ser observado. El partido lilicral está obedeciendo á un instinto de nacionalidad. Dos candidatos se ofrecen á la mano de la Reina: uno de ellos es el conde de Montemolin, que como es natural, ha de encontrar viva repugnancia en hombres que combalicnui la causa de ' su padre. Esta repugnancia parece debia producir el efecto de lanzar á tas fracciones del partido liberal á una resolución eslrema, aceptando el candidato que por circunstancias particulares parece encontrar en la corte decidido apoyo, y tener favorable el golíierno; esto era lo mas lógico si se hut)iesen de dejar á un lado los sentimientos de nacionalidad: ¿sucede así? no, de ninguna manera. Las eventualidades del conde de Montemolin no han podido CL-ipantar á los Í)arlidos liberales hasta el punto de haceros resignar al matrimonio del conde de Trápani; este no es rechazado con menos viveza que el mismo conde de Montemolin; y aun es de notar que salva alguna escep- ; cion grosera en que no conviene fijar la atención, la prensa de todos los matices trata con mas consideración al hijo de Don Carlos que el conde de Trápani. El conde de Montemolin es mas l)ien rechazado como un adversario á (¡uicn se teme, que como un enemigo á quien se desprecia; esto en el terreno de la política; y si se atiende á las personalidades de que ni aun en este! punto se ha eximido la prensa, basta leer los periódicos, para saber á cuál de los dos le lia cabido mejor parte en el desagradable parangón. \ Mucho nos engañamos si esos sentimientos de nacionalidad no dan lugar en las Corles á debates interesantes, dado caso que el gobierno se proponga llevar á ellas en la presente legislatura la cuestión del matrimonio. La oposición del Congreso parece resueltamente decidida á combatir el ma» trimonio con el conde de Trápani; y tal es ^ el ascendiente del espíritu de nacionalidad,