SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

Page 94 of 116

Qoien no se atenga á^los prínopieBv ñs* currirá en uno de dos escollos con respecto a la preponderancia militar: ó será su vi&>- lima, ü atraerá sobre el pais ludo» los males de una revolución. Será su (Tfotíma si deja»' do intacto el origen de la (laqnera dei |)odcr civil, busca su apo^o en la fuerza miUtsf: atraeri sobre el pa» los males de une re* voiucbn, st desconociendo las causas qae hacen necesaria la debilidad del poder civil, se olvida do la fuerza del poder militar 4 y espera desanmar i loe parlíoosv^entMlabrsaí blandas v con promesas de legalidao.

Por princi|)ios y ]H)r -p-^liniiínilos estamos reñidos cuu la pte|K)uderaQcia militar; por principios-, porqneno Greenao»^»^faM saetea dades!nv;ni de estar sometidas al régimen de la tuerca; por sentimientos, ponfue nos repugna la dureza de que se resienten ma» ó menos todos los mandos sulitarcs, min prescindiendo del carácter pi^r^"TMl de los individuos que los ejercen. Pero ea k irMe alicmatifn de tolerar tos iilattdBSwlHeM«»t^' dejar abandonado el país a im d ^\^^ p^^j^ionee M»biike«toa y psoyectoa üMOBsatoivcs dmJoC' resi^^narso á k)s lAconveiiientes que consigo Irae el ruando militar, si no liayolro luedio eíica;^ para la coniíervacioa dei ordea i6blioo. No t^fittttmM-tvM w-eNseran y se esplican con leorfa&halaguefias ks medios de fortalecer el ^obiemo civil, haciendo ittftecetiana la prepoudcraucia mililar; pero todas aoat táoriao tieueo el uÉcoofiaioote de estar eo contradicción con los hechos. Los partidos políticos se han sucedido en el mando; nioguno de ellos ha lo^^rado coustituir uo poder civil: lodos Iwi tpelado al militar: desde <|iíe nna oposición se ha convertido en guliieruo, se ha olvidado de las teorías y sa filiHMiéaadoi de las armas; ¿y esto que prueba? ¿probará acaso el espíritu de despotismo y tiranía de los prohonihres'de los diicreulus partidos? Estas soq vulgaridades qütfStaigaifiBMinada c too hay ningon hom-Ble {laÜlií^í (|I10 itoloeado en el gobierno, 00 desee enhcrnar civilnienle, si esto fuera couij>alii)le coa su coaservaeiun eu el mando y la continaaeíoo del sistema que ha coooelíidü y planteado. Cuando todos los Ik inlires, de iodos matices puestos en el mismo lugar, hacen la misma cosa, es señal infalible de que estaiíKiiducta es indopoMUante de las ideas y carácter I"! i-^ i m -m "s, y que reconoce causas profundas, a las cuales es preciso buscar remedio asas eUoaiqae el de la» oMdaiizas personales.

Desgraciadniiii'nte no queda ahora ei trisle reourso quo laulu se esj>lotaba durante la loaba civil: la necesidad de la preponderan^ cia militar motiv.nia por la /juerra (pm ardía en las diferente^ provinriis. Los 'i iiN i-s provisores debieran conocer ya en a(iueiia época, que el mal dimanaba de otro origen, y que la terminación de la irnerra ( ¡vil produciría un cruel desengaño. Seis años llevanuwdepaz, y la preponderancia mtlltarno kadiaminnidó, yqniús ha ido en aumento. Bajo un réírimen llamado fie libertad, los mandos escepoiouales han coulinuado, y los gobiernos acnsados por la mfraccion ae la ley no han podido defenderse de otro modo, sino ak-: iniln in • no era dable, sostener el imperio de las leyes sino infringiéndolas. Gaofeaion doloroso, y al propio tiempo muy instructiva. En vano ojw-^icioites d,- ' ii' tes clases se han negado a reconocer esta neeeaidad: basta recordar los hechos para qne ae conjeture lo que ellas harían ¿ so vez, si dejasen de ser opinión y se convirtiesen ea gobáerno. Di^a^ lo que se quiera.

sisleaMM, ae ofrecería la ahernativa de que bemos htbhKio, ó subordioarse mas ó nos al podor -nriMtar, 6 abantaar al á manos de fraocioMS turbulenlas.

los lii'chos hablan, son inútiles las palahraao SI estas se hallan eo contradicción coa aquaw Uos, el boen juicio del pMiaa los ^ «I aantíáoeonveniente: y najardel)e serialár%- seto todavía, quien hallándose en la altuflil del goíjierno, debe comprender de una ojeada la vadMora ailnacifn de las'coaaav'y diri-'ir en coÉaecuaacia sü ¡coadnala. n * perdiendo de vista el interés de auproun conservación, fatimsniente enlazaéonoaéW grandes intereses péMiebii * i - Piénselo el roliÍ M no: no se hai^a las ilusiones pueriles de iiuc han sido víctimas tantos (Hroa: los obsiaeéias ipie ¡m do'om^ centrar y que probablemente ha encontrado, no dimanan de cansas transitorías. ni de las circunstancias de esta o aquella persona: no fije la viola en loa hiMhraa, aiao en laa cosas: que en estas mas que en a(|iiell()< se halla la raiz de nuestros malei. El ili>niiniiir, el (piilar i ludo la preponderancia iuiltter{ no ha de ser mmBdio, sinc on rtsullathi» Cuando ^i' \r,\\.\n riMiimlo en torno del [)f>- der civil los elcineuiiks de fuerza mural <^ue ahora *lo IMten, la • prcpondeffaawai mihla#. habrá deaaparaeido: m aaiá iiooaaMioiawr batirla: se dcsvaneceni; itr-npie no hay luena material que resista a lu acaon dé lanMni,cnaildo-estÉa ' pamlesaron-Eanfia.

LA SHÜ4CI0X. Ti!

LA SHÜ4CI0X. Ti!

TrísUsimo espectáculo ofireoe la España»}- amenazada sin cesar de cambios de política, trabajada por ambiciones innumerables; siempre en crisis y en grave peligra dlh caer de nievo en una disolución qaa lila» acarree trastonios ])rofundos. I.as persona» varían, los sistemas se moditican, y jamas se oacuenira la tranquilidad tan dcflcadafg las ffMoiones fiaMieaa ae aUan y ae hoelill-lb zan, se coligan y se separan; pero ni su» gUBcr^ ni sus paces, ni su uuion m bu di-r.

vston, producen otro res^Midt «fue tnanle- I gobierno: si se ha consolidado ó no, (U aer ei4<} des^aciado pais en agitación conimpedir su reorganización y hacer tiuua, ■iifMible k-aMCoeian de todo peasamipnto éi gobiarno. Kslos son los hachos: la diver- ^■MM de opinión puede versar sobre la cau< M de laa BMMMi, peí» no iobre m eiiiteiicía: nadie ios nte^a: cada cual procura es-* pilcarlos conforme á sus ideas ó interés; en ^.ealuerxo por la esplicaciun, eslu bu csyitiiMlhpwooiuiii|ile^'«laeiy>ei alkw han corrido desde que empegó r^i» o^t;iflo de rosas, y los añus nu han reiiu diadu nada. iJuraalie la guerra, decía: «spereoios ^fmit0Kttilumm»; j- la iierra ha eesado hace seis años, > el iilalr<i;ii' coiuinna. Durante la duiuiuaciuu de Ji^^parteco »e decía: esperemos., Iiu iMyoMa'''d»)lt<MM; y Ea^ put ici o ca|É>heDe 4res anos y la Reina t uc declarada máyf)r de edr.tl. y el malestar oiMftliaúa. Duiaulc laü leaUlivu^ revolución mimám- decia: esperenaa qoe k revoha* cion suciuiiha; v la revoliuion sucumbió, v r\ ^nlHtMHo triiinío ( uin¡)lidanK'nl(', y el uiaie&Ldr cuultuua. Duiaule el ministerio Nartaexy m úwmri ^eaperemoai^pie e I minislene.caiga; y el riiini-íiTift cayo, y el malestar conluua. ¿Que ñus toca esplerar aho-XM'i La reorganización del ministerio? ¿y no fliibaa.orgaoÍ£ado y reorguúaede ÍMnineni!i!t'> niinislerios"';J na nueva rcnvocfírioti ile Cortes? ¿ y uo se< bau couvocado muchas 4|hÉ|idr«iéi^ «en if^ales i y neyores espeaMIMIllUlAcrc instalación del general Nar> vne? al frente del [loder? ¿v será entonces iueuor la ai:ita<-iuu? ¿La salida de Narvaez 4toBspeña? ¿ y ne'iieii' «elide antes ifue él otros tan inlliiyentes corno i-l? I.n r(>|H tiiii is: ¿que nos toca esperar aluna ' Demasiado lo aabemos: lo (|uc nos loca esperar es la conlinuacíüB indetinida de esc nialestar intolerable, si los hombres que piensan y que detíeaa de veras el bien del pais, no lijan m flfluridefacion en las cansas del mal, y rentes elementos de Tidft. 'Ise ptrtída i»H no M ednenaa por> apliear el renedio a brioso en In o|>osicioa, do Itn bellas palala raiz. i bras, de tan lirillantes esperanzas, de tan li-^zarnus pudiéramos en el inldrtuaiu jl sonjcras promesas, ese partido se muere, dé JUKttra patrit lendrtebe bmMítos de I En su agoak, ea sos kslimoMM eeaeoMair* oMBpkeencia al ver que de tal suerte se nes, se revuelve en todos sentidos, vé sobh van cumpliendo nuestros anli;U'nos pronósti- ' bras por todas partes: intrigas cortésanae, cas. Cuaudo las circui^tancias eran menos maquinaciones estrangeras, espadas levan^ eomplicodis, cnaado el desengifio del pú- tadatpen herirte, balaHones, uMaws, ejéVi*» blico estaba muy lejos de babor Iletrado al citos; y no advierte quesos enemicos no punió en que se encuentra ahora. dijimos son los que el se (igorat aiao la dcbilid^de una y mil veces que no se consolidaría un ' su cabeza que le da foinápe,* k dehttM nio io que estamos presenciando. Kl partido rae llama eooservador se lisonjeó un de qae'haWt senaib la hem de pkVi tear sus sisteinas. do aplicar sus doctrinas, y de qoe la nación le delieria traaqjiiiidad y gobienie: noeodoa ouaiiriiiieB to orniMK fio; dijHnos que ese partido no cncerralm ios elementos necesarios para dar á la nación ni gobierno ni tranquilidad, que morí-' ru é monee d»«i peder nüitará pereeertnr por disolución; al«ello 10 kl verificada digiilo la esperiencia.

¿Qué le ha (altado al partido conservador para dar á la España io (|iie tmtm vooos kr habia prometido? ¿Otictia el apoyo del trono? El trono le apoyo. ¿Quena el apoyo de las Córtas? Las Cártes Anmi Mnoi. ¿^Ifoorif el apoyo de le fuerza armadat La Tuerza armada le apoyó. Le embarazaba la milicia nacional? La milicia nacional desapareeid. ¿Lofl^rvkB do obatáecilo los aynnttN mientos pwgresistas? Desaparecieron. ¿Ve-»* cesitaba reformar la Constitución? La (lons-* litucion se reformó. ¿No le convenia el jomde? El jurado desapareció. ¿Hahk mtf^ nestcr de tribunales especiales? l,os turo. ¿Habia menester de policía? La tuvo. ¿Le podian ser útiles las simpatías de la' FriRK cia? Las tuve. Dueño de la corte, doefto' del parlamento, dueño de la fuerza, dneflo de la administración, dueño de lodo: ¿qué mas quería? ¿qné mas qniereY Hoy ten^ lativns de insurrección y la insurrección sucumbe; la España toda le obedece; en el gobierno estaban unidos coa el poder fflüitaf loa prokHBbros del partido: ¿qo^ mas se quería? Y sin embarco, ¡cosa nota-i ble lección instructiva! con tantos ele-amentos tavorabies, con circunstancias 'tas propicias, el partido conservador -ae kl dN >-iM'lto rápidamente, con In misma rapidez ({ue se agolpaban en derredor suyo los apa-* dftfss fusnasqneya le fli0i al eawM, Bien lo »aÍMaiiMM oobotros, que para mo^ rirle liaslafae el tciwrfMr; porque tal es la suerte de todos k» (Mrtkíos débiles. Mientras están caidos, mientras s(; hallan en la opofiicioQy osteutaa laas vida de la que lieoen 60 la realidad: eelonoea' so waioa es i destruir; tarea f;RÍI. pero tan pronto co- g mo se I'is llama a ediHcar. sii nnpotenrh) i se des»cui)rc: m paran al pie de la:» rumas ii y de loa^aaleffiaíes anuMloiiadoa para la re- I fonslnn rinn. y alH mueren. Eslo le ha sucedido al partido moderado: su muerte es t segura: la» ditícultades eslau eu quicu le ha de heredar; y esta es la úDÍoa causa (]ue dilata (tr-aparicion ífcl U^nU-n [n|i(¡co. SiVG^lra por algunos momenlus su eitde- Ueesiéieiieiivike lodelieá la yida propia; es un cuerpo qué no te deshace en polva, I por ta compresión que sufre de los cuerjios I que le rodean: vendrá un empuje, cesara Mía viakDto equilibrio, j el cuerpo pulverizado se disipará por el aire.

til partido proífrcsisia couteuiphi con mal disimulada satisraceíou este deplorable es- jj fiectácttlo; Y como que se olfida de las pin< cuitas tic otros tiempr^^, ni vrr ifue no j son menores las agenas. También el ))artido | Srogrcsisla tuvo una época semejante á la ] a an adrenaria; taMbieii ae eiMuitr6 en | posición dpsemhamr.ada para practicar sus dá>ctrinas, y plantear sus sistemas ^ y hacer l] ItifoKeláad del pais, ooeu tantas Tcoee ba- | bia prometido. ¿Quería el auxilio del trono? el hombre que colocó á su cabeza era elde- )>osiLano de la potestad real. ¿Quoria el apoyo de las Cortes? estaba aok) en ellas. ¿Quería la amistad de una nación podei-osa? ahí ^taba la Inglaterra. ¿Oueria la cooperación de ios ayuntamientos? los avuulamieulo^ eran todo» progresístaa. ¿Quería la del ejercito? el ejército era progresista. ¿Quería milicia uaciunal? la milicia aaciouai era atiine-Fosa. ¿Queria imaConstítiKÍQiideinocritiea? gobernaba con la misma que él nüamo había | hecho. ¿Queria abatidin^ sus rivales? losmo- | «ieradoj» C!»laban en In ui<i\ ut' postración; coa 1 8«a gefes praaoritos, y sús ptitUarios en la I osrtirid.iil ¿Quemas quena? lo que debia | querer era no triunfar; porque su triunfo 1 era su muerte. Tampoco encerraba eu su i aaae loe elaaentaaieaesarios para gobernar; | Y tan pronto cnmo empuñó las riendas del £stado, biutto que su naao iaqwfiaba, y " acabó por ikíMtámmm üÍ4M|iii*»^ü I» tó á su rival un pequeño esfueno para ai^ rebatórselas y hundirle. ¿Qué ■aa.iyÜran eales ÜeehesTladiaai que es im|>0BÍble fundar uu ^'obiemo bmbÉi tras liiiva ríi' e«ítribaren la eí.ln ( ha i^asa íjuc se prupuueu darle las dos iruu:ioacs dt)l uartido liberal; ÍDdíeaii «pie ha sonado li hora de reconocer por (in la e^sterilidud de ose csclusivismo (pn> afornieuta a la ULicion y pierde a los mi^ato» que le enipleau para oonsolidatBe; indican que >aa «aeeaarie, tk^ soiutamente necesario, el tomar otro vnmho y salir de ese pequeño drcido en que nos agitamos y llevar á la regioa dei gobicn^ miras mas vastas; indican que ya ■!■§■■ hombre pensador puede hacerse ilusiones sobre los resultados de oiodJÜcacMaes de personas d sistemas, 'aiend»]de lodo pnola indudable que siguiendo el caouno acoaaarjado por los dos partidos no haremos mas (|ue recorrer el uúsmo circulo que- liemas leearride ya tantas veoea. Nvevaa jpraaMiaa, nuevos programas, nuevos propósitos de íür fruir una mdTvh^junla, decorosa y firme; irra^ vocable resolución de gobernar con la le} y solo parla ley; GonstiHuátti tesdad; sistema ^epreseulali^'t1"!fl '^^ti -r' f'uioa interpretacioo, con:>us le^Jlinias consecuencias; hé aqui lo que tendremoseon ^mejanles mudanzas; pera todo como se.supone, escrito etLamfáitát na*h!a n'ati;larl. Esto!frr(>f}ws por lo pioulo; pero ai Oia sigiueutc vendrá la dea^ templada oposicien de la iMpenaa.y la sepa^ ración de una fracción, y la guerra intestina, y las intri.:^as, y las crisis, y la disolución del partido dominante, y la desesperadt defensa de la pandüia que se baya apoderado del mando, y la coalición mas ó menos esplicita de las oposiciones, y al tin la ruina total de los temerarios para comenzar otra vez la misase eaoua, sin mas diferencia que la de algunos nombres de rosas o de personas. £n vista de laüttuaciou actual, y atendidas las leeeionaa de laeapennnein^ ¿hay hombfe de mediano juicio que ymdn prometerse otros resoltados? V hé aquí por que el país contempla con esa indiferencia, een ese desden élespeelácidede iMUaa aan serias, y por ([ué acabarla por do tijar ni si(|uieia la atención en el, si pudiera prescindir de la trauquilidad uue necesita y ve siempre en peligra, y ao eoaa aaariwsian i¡ue le exilien para goWnar.y quo^io consumen en el desgobtenOi \<^4^}li*u f a4*> EsiMiioso^ei oir eúmovIgiiMS árganos de la o|Mníon póblica desaho^^an su ptMia con senlidus lamentos solirf la cc^MUMlail de loa partidos, sobre la aiuliiciuu de ius iiuuihres Y ^^f^ tenas aemejautes: cooao ai el iMÜittf «ontra los hombres de lodos los partidos no equísaliei a a condeuar las co^as m SI misiiiaA, va que a lodos los /laceM ó les pmrmiim obrar da ana iiiísiiMk>MMíNiBn todos los paises y en lodos los titMnpi>s es preciso coular cuu la luiscna y lu lualdad de los iiombres; mas por eso se han consüUudo podaras Inertes; por eso se han planteado instituciones iolMi>tas; poroso se han dictado leyes preveiUivas ) represiva;»; por cíío aeMi íorvttado loe cuerpo* <4HmImmubos ntadtUtOWk tantos vinculos para impedir la di:«olücion, con tantos escudos para deleoderlos contra las pasiones humanas. En todos liefltpos y paites lun aboíMl^los iiombres inquietos y han luchado entre si jírandes inlareses, y por eso se i.a reconocido la necesidad de un poder que los prote¿;;iesc á lodos domiaáfidolos á ledos; nunca han Taltado hombres;i!iilti'. iii-os que aspiraran al ni;iinlii; y por eso se lia rocunocido la necesidad de Bttcar el poder supremo de la esrera de los pváriespra^n^idos y se han establecido las monaniuias hereditarias. Quejarse pues de los hombres, decir <pM^ lai» cosas inau bien ^resolver los problemas políticos y sociales en un orden puramente teórico, es hacer utopias en \c¿ de combiuacioiMMií politimé^Ctmtá^m un pais tod«iilsl<iibnrnantes se portan mal, señal es que no son solos los hombres los cul(>ables, que lo son también las cusas; v entonces t las,COsas. debe Hpticarse el remedio, flicMAMipMMMIiiiSe ^mieiKlen ios lionihres.

La raíz de ios males de España esta en la profunda debilidad del ()oder; en esa debilidad que no le pernúlie ser suave sin ser flojo, ni lirme sin hacerse violento. Y el on::en de esta debilidad profunda esta en que apenas bemos gsliJtiiia!■ ■■Mili'; en que los hombres turbulentos y ambiciosos se alientan con la inespcriencia y el candor de la joven Soberana; en que una parte muy numerosa del partido m^ÜifiMco está descontenta, y si permanece tranquila, taiiibien <'S(á indiferente; en que lodos los elementos conservadores que se halUban alrededor del trono del último monarca, se dispsrsaron sil soplo que esos «leneaisa noiban f siUriihi ^tétk vía el punto en que deben rennim; estas son las causas fundamentales «de nuestro malestar; por eso las ambicionas bullen^ pÉrssnien^fM^dsg se a^i^itan y^gni^lwein; por eso tenemos necesidad de la prepoiulerancia militar; por eso estamos aun incomunicados con la Europa.

AbamkHien pues nuestras iMmbres do gobierno las Cdiiibinacioncs e>>léiiles; lijen la vista eu la rai2 de lo«> males, y traten de enmendares de un» vea..Quena se bagan íIck siones: snciisihirán sUoSt como han sucumbido sus antecesores, como suciimliiran los que les sucedan. Las cosas i>e hallan eu un estado en que eaimpoaiMe fCehemnrhiettK tstf los esearniientos debieran haberlo enseñado. Destruida la revolución en las calles, el desorden se ha rcluj^iado en las altas re^io^ oes: á las tnihis fopalares se les ha in»» uiestí) silencio, pero se les hace asistir a las uchas (}ue traban entre si los hombres que debieran gobernarlas. ¿Se creerá que este pueda durar nansbo tien^m?. fiérnnsakn p;ii le lo (ludamos: el desorden es conta:rioso, y lacilmente secomiiuK a de arnbaabajo.

¿Qué le^ importa al pais que vuelfvs al poder el general Narvaez, ó que triunfen sos adversarios? ¿Qué harán unos ni oíros en una situación como la preseute? Con todoj» ios parlides contra si, ¿qué puede hacer ninifun hombre? Sin fuer/a de que disponer, ¿(|ue puede uiugun gobierno? Si se prescinde del sistema representativo, se nve en |)erene contradincísn con la ley futt^ damenlal; si se gobierna con el. la disolución de los elementos políticos sera cada dia mayor « dado que pueda serlo; si van lodos los pÉMMos á las Cortes. <e i ¡ abará una lucha sin ejemplo en nuestros fastos parlamentarios; si va uno solo, los demás protestarán, y ra irrilaeien 8»d«l«odírápár«l pais; y para colmo de desorden, el único partido dominante se dividirá en tantas fracciones, cuantos sean los grupos de seis hombres qae se orean capaeea éé Umm un ministerio. Si se soliierna mal, se clamará contra el gobierno; si se gobierna bien, se clamará contra el gobierno; si hay inaesisiise le acusará de^ereaoso; ai enní^ da. de \ ioIento. Las aiíibieiones no se contentaran sino con mandar, y eu el mando no cabtin todos; que aun cuando capienni ito stuipnan nuevas divisiones de Dlgitized by Google >, ftn dwínar wm 4 mmm ti rimicDto político, ó para satisfacer ¡opiediltM^ios. Ésto no son vanas con-; •oMikiMi'que pronóstiflM, Mi rc-UHóricii: » «stimos presenciando hnce lardos afVos; y cada dia que pasa, en vez üe remediar estos inales, ios agrava ñas 7 mas. Así se ^«sMrodiun todas las opiniones. pierden su valor las ¡deas; las convicciones se enfla(|uoc»«n o nmercn; el mezquino egoísmo cantpea sin rivales, y el pais se va desmoralizando, haei^ndMa da cada (lia tníisditicil el establecer ungobieno.

Pero ¿se del)erá desesperar de la suerte de £s|>aiia? ¿Se deberá ^oiter sea imposible llef^apáim óMeil de cosan estable y regular? Opinamos que no: antes pnr el contrario, abrigamos una profunda convicción de que ammtímáo laemfpeBa eoi'Seraiivtad'tCOB vuTor y sobretodo con bueoáli *, se podríai feseiver ventajosamente los íirandcs prolde- ■98 que pesan sobre la uucioa. y puuerlu <li4at<iiBÍe gae se fuenua^eücatrizando sus llagas. Han desaparecido muchos obstáculos: los ministerios que hemos tenido desde la caida de Espartero á medida que han tenido que acudir ásB propia defensa, has ida abatiendo las fuerzas revolucionarias, y acumulaiMlo alrededor del trono elementos que podrán ser muy útiles. No se necesitan aao-MMgilpes f iolentoB; basta qm poiftica firme que marche á su objeto con ojo previsor sin detenerse por la gritería de los que están iatevesadesenfuela discenliaseetenHeew España. Fortalecer el trono con una i)o!itirii conciliadora; reunir en torno de la monarquía todos los elementos buenos de todos los partidos; buscar conductos |)or donde se encamine, dirigiéndose á objetos útiles la actividad intelectual y material que se ha desplegado en el pais; resolver por kw medios jfuim y prudentes las cnestioiies <{iiB tienen en agitación los intereses; seguir con las opiniones políticas una conducta imparcial de-mtMrfrque ningún hombre de caiÑicidad y^poobidad pueda creerse escluido para siempre de la posición á que pueda pretender por sus calidades; ser justo con lodos los Mrtidos, Meirviémlolos, sím domiaindolos: esto es lo único que nos puede salvar. ¿Se dará oido á los acentos ue la verdad? Dilicil ee ereerlo, consoletuooos con espe- Antes de emitir nuestra opinión' sobre el nuevo mimslcrio, digamos algo con reqiee** to á k sitaMioB en t|tte h* «olectdo á li prensa el decreto de \H de marzo. No cabe duda (pie la prensa esta a discreción del gobierno: y en verdad que eSte ni aun ba cnín dado de encubrir con' MI Hiele dieeveeiea nal de sus fiu iiltades; mas nosotros creemos que todavía se puede escribir. El gobierno ha proclamado la nceesidirf de dejar á m lado las prescripciones legales; pero do puei^ de prescindir de los límites morales: á nosotros nos bastan estos últimos, porque propoBitadonoe esoribir aa adalMie eos iaa ■riemas doctrinas y en el estilo y tono qne hasta ahora, no podrá el gobierno aplicarnos las disposiciones del decreto de 1 8 de mino, si no quiere desacrediCarBe ma wm"^ didas violentas y despóticas. Y menester es conlesar, por mas que se declame en contrarío, que cuando el escritor se mantieat aa eieiiee NmiteB, se haea iDfilMraMa; at la ra/on, en la templanza, en el respeto i las personas, hay una> fuerza tan graodt qaa 90 sobrepone é toáM los errebatoi é$ uaa edkn momentánea: adenai« al Pamaf* MIENTO i»E v.\ ¡Vach» tiene una ventaja, y es el-habcr ya manifestado su opinión sobre todas las cuestiones peadiantoa, íacN* sas las mas espinosas: la animosidad, si Ishubo, debe de estar enfriada; el famoso ataque del Índice decidió la victoria en nuestro'ftíTor; to rkMealo no se repite. Rr> cribircnios, pues, lo mismo (pie antes, sin torcernos á derecha ni izquierda, por consideraciones de ninguna clase. Sin duda que en ei minieierío actml hay personas (|ue tnerecen nuestra confianza; pero desde <]ue están en el poder, no vemos á los hombres, (ROO é kM BÉiisinM; la oposición i estas persoDM seria an deber sensible, pera si fuese un deber, lo cumpliriamos. Kl decreto prohibe inculpar tas lutenciooes: esto nos es nidífBPeiite: jamás ealrtmios OH elfes: bástanos consignar los hechos; porque hace tiempo que estamos convencidos de que cuando un gobierno es malo, la mejor oposieton osuna fiel eriiniea de sus actos, coa lino qne otro comentario, siquiera haya da ponerse á manera de glosa interlinear/ ^ Dlgltized by Google iQúé •i^iAca, mifcit|wwa«l»^ qip^ es el a^aal mÍBisleno? Para n'^olver con acierto «•tas cuestiones eiMUMilteuiu^ la crónict de ImúMñms4mb. . Bi pnrlvfe fNfiamenUirio lenía declarada b??uerm al geoeral >íarv!i(»7, y fonliiiuüha sttft boslUid»deü. auu ücs^mc:) de ia ruliruda M lOd& febren», á eaui», sei^yn áeoío, de el presídenlu dimisionario uo ce^^aha de ejerrfT innuencin en altas rcp:ioncs, y se prc^nilMt a culoc^tr»tí ai (reulu de un nuevo •I efecto la étumm adMoo-dtlet honradotJ de todos los partidos?

IVro volvamos a la eneslioM ¿Que síííiu- 8C ofreciese. I.os jiarlanientarios cometienm el error de Ih'var las hohliiidades a un terrona donde poJiaa sufrir algún «[uebraiilo )m ffüogativas de la curuna: 4««do aquel momento si el jíenera! Narvaez trnin previsión, debía llenara de cünteoU) ^ es|)eranaa: na aaeoM^o 4e «lyo laa débil ▼ qm (al iaydeacia OOMlía, debiera ser (lerroladu #B brere. Asi fue en efecto; I u i ¡leraí Narvaez desembarazado ya del cuuvoy parla-■aiÉarie qve neaea añiea le agobíalM, carg6 sobre sus adversarios con Ímpetu y á la liííera: el resnUado no podía ser dudoso: y ved abi eu (louais iloru^ dcs^baraladas las ía-> pariemenlarii^, y todas piiaíoiien» á diserec! m 11 vt-ncedor.

Kii la lialalla de ütó/aga quedó prisionero el partido progresista; y el general.\ arpies entregó el bolio á lea parlaiucnlarios, reservan tio^e para si la rwjor tienda de canwaüa; lus parlaiueiiLartos se ban olvidaáe del erigee de aii eaeenbfUBieoto y han Uevado su osadía hasta rebelarse contra su protector: en justo eastií^o se hallan abora revueltos cuu Ioh progresistas y prisioneros eaanelloe. ¿Qué atráel genéirai Narvaea con tanto pri^!ünero? Después de la victoria los prisioneros son cosa que einbara/a. Para ifuica medite, eslo encierra iecciotica el actual niinisteno? En su otgantzaeMHs síf^nifícó la derrota de loa pertoiaemariaa y el triunfo del íreneral Narvaez: en la espresion de su pcosamtento poliiicu representó un designio salvador de la monarquía oe»^ Ira los ataques de la rerolucMMi ea la iriha*f na y dn la pfeasa. El peli^ del trono ¿era grave,.era taílerio. tan proalo eeoio la oportanidad f nioeate? ¿nos baHabaaios en vfeipera» és esoents eemo la del friaquetc? iteremos juá-> tos; nos parece que no. í.ns tendcnriri'í ontnnabiin aL'o de revolucionario; pero no ta^lo que pudiese alarmar vivameoie al ftf* neral Norvae/, ruyns s entimientos aunque sean monárquicos, tanipueo deben ser tau susceptibles como los de un militar de los tiempos de Carlos Ul. BI nunbiterio Mírala* res, no obstante su posición incierta y víieilante, y eso por causas bien conocidas, no se hubiera hecho cómplice de un desacato ¿ la ooroaa; y cneaaato al Coagresn, hay oto s»ís antecedentes no poca< irnrmlias deque en sus modestos arrebatos no llegaría uicoii oMicl» á la allHfa de la asamblea eoiMita> yente. Lo que ha^ tm que la situación era complicada, que los parlamentarios cometieron una falta, y que el general Narvaez aprovechóla opofcanidad para eolecarse da nuevo al frente del íiohierno. En erianto á la caída del ministerio Mirallores, nada tenemos que añadir: se la prouosticamos desde que subió; pronóstico por eierto ao anif • dilicü; y hablando inííénuamcnte diremos que todavía no hemm podido.comfMrender oómo hombres eeperírnaalados, caal debea serlo Miraflores, laturit y Anasela. se rc^ solvieron á formar parle de un ministerio que bajo tales auspicios se inauguraba* B8B profundas sob» la flaqueza de eiertas ] ¿Creyeroa de btieea fe que ta aíaisterio OKas de España: ¿qué revolución es esta |)udiesc durar? y si no lo creyeron.; por que sucumbe con tanta facilidad? Se dice | qn*^ sufrir un mes de disírustos, para tener á la milicia: rinde las armas, y las rinde; se ' un Itu que ucbi^ ser previsto? i'aré4;4Mitís diee al partido progieaista: retírate de la || que lo mas predeate bebiera sido dejarle al eeoena, y se retira; se dice á la imprenta: I general Narvaez que resolviese la ( rivis, ya síleocio, y calla; se dice al partido parla- i que él la bahía provocado. No saltemos si el BMBlarío en lá plenitud de su poder: para ' seitor marqués de Miraflores se |)feslaria nada te necesito, no contaré eonliga para -..■ „ ^. -:.t. nada, y se resigna: ¿qué revolución es esa? ¿qué fuerza oo tiene el trono cuando su so- MMabre basta para hBoer tantas eosss?

¿qué no haria esc trono el día en que se Goavenciose de lo qae puede, esnfüiéiidsie con facilidad á otra combinación ministerial: en cuanto á los Sres Istnriz y Arrazolá creemos qne lo mirarán con mas detenimiento «i sobreviene otra noche da erisis y de premura. Pot Io^úis, y yaque la opor-Umidad se ofreoe, díranes M honor d* I^m Dlgltized by Google ministros caídos, que si lIMMftd que se propusieron obrar con cspiritu de independencia, hicieron muy bien: aplaudimos su conducta: un ministro es un secretario del monarca, y solo del monarca debe recibir las órdenes.

El triunfo del freneral Narvaez ¿es un bien ó un mal? Diremos francamente nuestra opinión. Si el general Narvaez se ha convencido de que su conducta en los dos años anteriores ha sido desacertada, su reinstalación en el mando podría producir algunos bienes; pero si conserva las ilusiones que hasta ahora le han perdido, su nueva elevación es una calamidad. No aventuramos esta esprcsion: la empleamos con pie- ' no conocimiento.

El prímcr paso del ministerio Narvaez ha i sido arrogarse facultades amplias, con la única salvedad de someter á las Cortes las medidas ya ejeculadas. Esto ¿es un acto aislado, ó la inauguración de un sistema de gobierno? Si es un acto aislado, desde luego se puede pronosticar que su único efecto será exasperar á los partidos y provocar reacciones que podrían ser sangrientas; si es la inauguración de un siste- i ma de gobierno, es preciso aguardar á ouc concluya su obra, para emitir un juicio deíinilivo. Por ahora, será preciso limitarse á ' conjeturas sobre lo futuro, y á indicaciones sobre lo presente, en cuanto sea permitido ó i tolerado.

Las continuas protestas en favor del sistema representativo hacen creer que el gobierno no intenta abolirle; pero el modo con que ha inaugurado su carrera deja sospechar que las interpretaciones serán en sentido restríctivo. Sobre este particular son conocidas nuestras opiniones, no solo en la región de los principios, sino también en el terreno de las apli( aciones: al tratarse de la reforma constitucional, y aun mucho tiempo antes, manifestamos nuestro modo de pensar sobre tx)do lo relativo á la organizacior. política que consideramos mas conveiMcnte para la España. Si el gobierno se acercase á nuestra opinión, no podríamos ' atacarle por este lado, sin caer en la incon- i secuencia.

Observaremos con respecto al sistema I político, ((ue lo ipie se llama formas ¡mlíticas, aunque de alta importancia bajo muchos aspectos, no lo son tanto como consideran algunos que al parecer no ven garantías de órdcn ó de lilwrtad, sino en la forma (pie les ha merecido la preferencia; nosotros creemos que cuando esas formas, absolutas ó representativas, monárquicas ó democráticas, no están combinadas de la manera debida con las ideas, costumbres é intereses del pais donde rigen, no prodoren á los pueblos los benelicios que de cllas^ se les prometen. Esto es precisamente lo que ha sucedido en España: las instituciones populares no han dado ningún fruto porrjue se las ha empleado en combatir las ideas, costumbres é int» If^l pueblo; siendo notable que á pinj^uiunn de lo exagerado de las doctrinas y de las formas democráticas, ha sido la ■ oposición á todo lo popular, resultando de ahí que la mayor antipatía de los pueblos se dinge contra los que mas les han halagado con vanas palabras. Esto es verdad con respecto á los sistemas latos; mas con el tiempo pudiera acontecer lo propio á los sistemas restríctivos: á los pueblos ya no se los engaña con alardes de libertad, pero tam|>oco se les alucina con alardes de monarquía: quieren hechos, y hacen bien: esperiencia tan repetida y tari amarga no debe ser desatendida.

Si por monarquía se entendiese el poder discrecional de unos pocos hombres, rodeados de alguna insignificante pandiUa* y empleando como único medio de gobierno el terror para con todos los partidos: si se entendiese |)or monarquía la resolución de las grandes cuestiones pendientes sobre el pais, en el único sentido que agradar pueda á determinadas personas; si se entendiese por monarquía el desoír la opinión nacional, ahogando la razón con la fuerza; si esto se entendiese \Htr monarquía, el sistema monárquico seria altamente impopular; y muy mal comprenderían los intereses del trono los <jue de esla manera se propusieran consolidarle; muy erradamente aconsejarían a la corona, los que por tal camino se propusieran conducirla. No es de creer (jue así entiendan su sistema los hombres que se hallan al frente del gobierno.

El ministerío actual debe guardarse de la ilusión que causarle pudiera el feliz éxito de sus primeras medidas. Los que deseaban una revolución no han conseguido turbar la tranquilidad pública, es verdad, y basta puede añadirse que no es probable lo conágM pcNT «Imn. Qtim emmn aedimmentc el estado de la opinión no puede esperar otra C(K»a: la revolucioa se lialla tan ieMcreditada, que no le es dable encoDtrar simpatías: si en algiin punto alcanzase á