SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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lo a descuido y flojedad de las autoridades; flojedad y descuido que no habrá coando las prescripciones del gobierno superior son tan termíoantes y severas. El gobierno no ha encontrado resistencia en ninguna parte, wi h eMontnrá; porque los pueblos est^m en espectativa: y aunque muy tocados de indiferencia, siemore se inclinan con pre« fiBBÍM-Ív»entUrMcia quien les hable de ■OMiqaia V de reparación. Pero lo repetimos: el pobierno no debe hacerse ilnsiones; porque el dia que los hombres sin* eerasMUle iMNiérqirices y amigos del óiden se declaren en ri Mitra de* su política, aquel dia comenzara la inquietud, aquel dia cobrará brios la revolución, aquel dia correrá ■«evos peligras la tranauilioad pública. La policía y el ejército no bastan para conservar el orden; á mas de la vigilancia y de la fuerza material, se necesita ía Tuerza moral, ^ue nace de la satisraccion de las opiniones raronables y de los intrn";es l<»fzitinios. de la sincera adhesión de lodos los hombres iKNiradoe, de la cafana de los espíritus ))roéucida por la des8|»oridon de los notiros irritantes.

En la elevación á que ha llegado el general Narvaes, se le ofrece resolver on difícil problema, y es el siguieute: encontrar los medios á propósito para evitar un (in semejante^al de Espartero. ¿Lo resolverá con fecpaalatt oaroa 4 la nadaR y al UMo. Rece* lamos que Narvaez no crea que para gobernar baste el plantarse en medio de la calle y deeir á guisa de boea andaluz: por aquí DO pasa nadie; pero;ab! que la ciudad tie- Icvantar la cabeza, seria menester atribuir- | ne muchas calles, y si no so pasa por la. una su pasa por la otra; y uu gubicruo uu puede estar como un centinela, y un hombre, sea quien fuere, es poca cosa coando lodos se reúnen coutra él: si la energía hast-ist; para consolidar un gobierno, se habrían consolidado muchos gobiernos cuyo triste ün nos atestiguan la historia y la esperieacia: el secreto para conservar alta posición social, no es ser escluslyo; el deseo de haceirse necesario, es un éamiao seguro para hacerse imposible.

£1 peligro que amenaza al ministerio, actual es el aislamiento: y seis hombres aislados no pueden nada. No presuma el gobierno «jue ni los jnoirresislas ni los parlamentarios se cuutenleu con protestas de liberalismo que oslan en contradicción con el sistema inaugurado: estos partidos esperan, por la sencilla ra¿on de que no pueden hacer otra cosa; pero el dia en que las circunstancias varien agitándose los ánimos por alguna imprudiMicia en cuestiones tpie aTecten á los sentimientos de nacionalidad e independencia, ó bien por el espectáculo que oEreiEcan misera i)les intrigas, ó intereses particulares, los partidos ajados volverán a su prímHjva actitud, hacieudu quilas una alianza Qwips)-' va, que todos los aconlecimientos indícán como muy probable. El general Narvaez ha triunfado de los progresistas v de los parlamentarios, es cierto; los ha líumillado, es verdad; los ha arrojado de la arena {lolitica, es iiultidablc; pero con esto se ha c(jlocado con respecto a ellos en una posición eo que no cabe retroceso: semejante conducta op^ IT Tencn>os un presentimiento, y has- i ta una previsión no infundada, de que se equivocará completamente. ¥ por cierto (|uc no lo deseamos, porque su equivocación fodria acarrear gravísimos conflictos al pais. 4 la perdonan ni los progrosistas ni'los.parlár El talento práctico de un hombre se jnani- ' mentarios: el dia en que puedan, se vengaliesta en el conocimiento exacto de su pro- | rán. En el interregno ministerial, se ha popin posición; y este talento pHMjtíeo nnefao dido conocer que la, ruina del poder de Nar* tememos que íe ha de faltar á Narvaez. Sí I vaez. no era para los parlamentarios una algunos instifitos buenos le impulsasen por j palabra sin sentido: le han perseguido basta el camino que debiera seguir, si algunos J las ultimas trincheras; y la derrota (^uc acaarranqoes nobles le hiciesen divisar un Ho- \ han de sufrir, lejos de haber cambiado sus rizonte mas ancho del míe ha descubierto basta ahora, no faltarán lisonjas que le desvanezcan y consejos interesados que le cs-Iraflen; y ese eetnivlo y ese desvanecimienintentos, los habrá conlirmado mas en ellos. El vencedor ha usado ampliamente de los fueros de la victoria: esto será para los vencidos una nueva razón |>ara que el dia en que to le han de costar caros á él, y <piiera Dios ij puedan prevalecer, le inutilicen GOmpletaque en alguna alleroaliva violenta no le ■ mente y para siempre.

Dlgltized by Google Mék proMÁ le irán esclíiret iendo \m mm~ brnsqtií» cubren el 'horiiontc político: liien pronto será fácil cmijeturar el desenlace de esta sHntcion <]w on niiestrojuicio es» imiy lejos do sor Ifsonjoríl: h'iv.n pronto hciw» át ver si ol íoni^n! Xurvno/ nriorfa ó yprra, y si los hombros que so. ha asociado se re«ig* uaná seguirle en cualquiera dirección, fío tenemos datos suficientes para jiizírar con exactitud <;obri' Im" or'iiiioiio'; v cnrnctfT pnlitico de lodoj! ios ministro^; poro de aiííunns de ellos en quienes por sits antecedentes y por sn repotaeioiA hemos de suponer pensamiento propio y mucho o<;n¡n(ii de independencia, no podemos creer que liíttien su.saerte ni eon Tfarvae« irii con nadie. sino bftsta o! pnnlo que lo consientan sus convicciones políticas y su decoro de hombros yiúblicos. Aprendan en lo que ha sido de otros que han lleradosn condéscendenei» dem»-síido lejos: rornnrdon qw on T^spoíli r;o liay cosa mas aborrecida que In f ilta de carácter y consecuencia; no olviden que nna reputación ajada no se rehahilifa fócilmente. No tomemos quf esto suredn: poro cnn'otaramos, sí, que en la actual complicación de drevnstanctas y á la vista de los "xandes problemas que están por resolver. se han <1e orrocor ocasiones en rpio!ns lionihres puedan manifestar lo que valen. En este pítinto no cahen sorpresas; la sitnacíon es despeindn: las rosas son conocidas: los hombres lo son también: si se han do trabar luchas, las emboscadas son imposibles.

I^»r nuestra parte jnxgiaremos al mints(e<> fin pnr <:ns ncfos: los buenos los aplaudiremos, los malos los censuraremos: todo sin fMTevencion de ninguna especie. En la cuestión mas delicada, y en la que ha saFrído nfi(]nos mas inertes él freneral \nnao7, nos abstendremos de mostrar injusta suspicacia ó confianza escesiva. Esperamos que no será preciso recordar palabras solemnemente empeñadas en el Tonirroso, á la fnz do la Espafia y de la Europa: con esta circunstancia, hay aqui algo mas que cuestión polítí' n hny cuestión de honra: tenemos por cnhallero al general Nmaez, y un caballero pqede errar en política, pero no faltar jamás á su boore.

A UNA EMSTOLA IffiL MUm, Muv señores inios: Con mucha razón li:ui crcuiu vUs. que uo dejaría yo de coatcbtat* al artículo que en forma de «pistola se sirven diri¿;iriae «a su ■vosero del S del corriente abril; y no nonjue Um^i sf^nri tml ni aun esput au¿u de que pueda salir uiro>o en la palestra, por las calidades qve la boadad de vds..lie atribuy •, sino |>orque la verdad do la censa fftie doliendo y mi amor u ia discusión me incitan de consuno a apruvechar la ocasíOQ que se me ofroooi, y que hace largo tiempo deseaba; ademas que cuando uno tiene la fortuna de dispuiar con personas tan entendidéis, la Uernila m es meugua. Otra oowtderacÍMi me aJieiM también, y es el {pro se proponen vds. entablai' la düicusiun en el terreno de la buena ednci^oa periodislica, educación que sea dicho de paso, no tengo por dialíniadéla educación común. Mis principios ¡ n esta parte son muy seucillos, de aplicactou umy tiicii; creo (¡ue no se debe decir por escrito lo quería buena educación no permite decir de palabra en una sociedad de personas I bien criadas: mupho menos ea ia discusión periodística donde medía la gravísima cunstnncia de que los contendicnles hablan en publico. Si enlrc genios de buena ^mMe— dad uo se ptíruiil.eu ciertas espresioues, ¿cuánto menos se deberán emplear hahláodose en presencia de la nación? Juz^ío que vds., señores redactores, mirarán la cosa haju el mismo punto de vista; por lo cual si quisiera quejarme de alguna que otra espresión (¡oe se ha deslizado en la epístola á que couleslo, no escogería otros que la finura y el buen tono de los miasMO que las han empleado.

No i>Medo persuadirme que mis palabras suelan pasar en autoridad <k cosa Juzyada miré ás ffmkt tnte»iid«i, ni que ejerzan mngisferiu de nin^íuna cíase: en uso del derecho (jue me «onceden las leyes dijL'o mi opinión subre los ne¿;ocios de mi pata: üi mis palabras encuentran algún eco, la ei«» sa drlmnios buscarla i;n encabdadcs personales, sino en los lieclio:^ que tan daJros so Dlgitlzed by Google muoslnm á losojosdc todos. Dicen vds.. señores redíu'lores, que sin hacer á mi partido nin.íun provecho, le hauo al de vds. un daño inraicnlalile, y que aumento mi honra a costa do la deshonra de los demás: permítaseme ol>servar que esta es la confesión mas esplicita de la hondad de mi causa, no siendo concehible, ni que pudiese hacer al partido cpie comhato un daño incali ulahic, ni aumentar mi honra á costa de la deshonra de mis adversarios, si la verdad no estuviese de mi parto de una manera muy evidente. Una discusión templada, sin sátiras, sin invectivas, sin personalidades de niní^una clase, sostenida en un periódico semanal, por un solo homhre, que ni ocupa altas dignidades, ni toma ninguna parte cu los negocios piihlicos, ni tiene elevada posición social, que no ha ligurado en las discordias civiles. y solo conocido <lel púhlico desde <840, ¿es posihie, señores redactores, que ejerciese ninguna influencia, (jue causase un daño incalculable á un partido que dispone de la nación entera, si los escritos de este periódico no supliesen lo que les falta demérito y prestigio del escritor, con una sohreabiindancia de verdad? U los que me favorecen con su asentimiento están ciegos ó yo tengo la razón de mi parte: y ademas, señores redactores, ¿acaso estoy solo en la prensa? Desde principios de IS44 en que comenzó á publicarse el Pknsamiejs- To DE LA.Nacjon, Ho hau dcjado de lidiar en contra de mis doctrinas escritores muy hábiles y muy ejercitados. Si mis artículos hacen un daño incalculable, ¿cómo es que no se haya ni'ulrali/.ado? A mis adversarios no les ha faltado ni instrucc¡r)n, ni talento, ni medios dt! publicidad. ni inlliieiicias de todas clases; una cosa les ha fallado, (jue no la dan ni la instrucción, ni el talento, ni los medios de pul)licidad, ni las influencias mas poderosas: la razón. Una cosa he tenido yo. que no la destruyen ni el talento, ni las bellas palabras, ni las halagileñas teorias: el testimonio de los hechos. Mi lógica ha sido sencilla, pero fuerte; ¿y por «jue? porque me he atenido siempre á los hechos pasados; he consignado hechos presentes; nc indicado hechos veniíleros: los hechos pasados nadie me los podia ne;;ar; los hechos presentes, yo los hacia tocar con el dedo; y para los hechos futuros decia: «esperad algún tiemi>o, » y este tiempo ha irascurrido y ha venido á conlinuir lo que yo I anunciaba. Hé aqai mi lógica, señores re^ dadores, he a(|uí el secreto de mi fuerza, ó mejor; hé aquí la fuerza de la verdad. • Dicen vds., señores redactores, que desde (jue ha visto la luz pública el P^:^SAMIE^T() i»K LA NAcm>, mi esclusivo objeto ha sido desautorizar á todos los gobiernos que se han ido fomiando mas ó menos parlamentariamente, y que desacredito las instituciones liberales sin esf)oner otras doctrinas (|ue las puedan sustituir; que con maligno placer le repito al enfermo que se muere, y (pie maniliesto el intento mas maligno todavia de ocultar el cspecílico (jue podría hacerle recu[M'rar sú existencia; y me inviían vds. á (jue diga lo que quiero, ya (|ue no ignoro lo (pie vds. quieren. Conlieso ingenuamente. señores redactores, que semejante interpelación me ha causado sorpresa; por-(]ue al entablar discusión conelPK>SAMiK.Mo, debía yo suponer (pie se habían vds. enterado de mis doctrinas, leyendo los artículos (|ue llevo escritos en este periódico; pero la j)regunta que vds. me dirigen me ha manilestado que ó solo han visto vds. alguno que otro artículo, ó (|ue habrán olvidado completamente los que en otro tiempo hubiesen leído. Kl publico sal)e muy bien que no hay en el país una sola cuestión grave, sobre la cual no haya dicho yo mi opinión de la manera mas esplicita y terminante. Largos y numerosos artículos tengo dedicados a la cuestión de reforma constitucional, a la del matrimonio de la Reina, á la de dotación del culto y clero; y nó creo que baya una sola pregunta entre las que vds. me* sirven dirigirme que no esté largamente contestada. Sin embargo, no crean vd., señores redactores, «ue me resisto á (.•.)ntestar de nuevo; voy á nacerlo con toda |)rccision y con mas claridad de la que vds.

se prometen.

Kl publico juzgará, señores redactores, si han ¡irocedido vds. con razón al dudar por •un solo momento, de si yo intentaba conceder al rey una discreción sultátiica, cuando en los ocho artículos sobre relbrma coiislitiicional (jue se hallan en el tomo <.° del pF.>sAMiKNTn m LA Nacion, tcugo csplicada con alguna copia de razones y de hechos históricos, la utilidad de que la forma del poder público sea el rey con las Cór-*^ tes. Allí encontrarán vds. * mis doctrinas sobre la ¡wtestad legislativa del monarca y dü las Corles, y sobre la iolcrvcaciou de cst« «B tá fotMÍM de Ite ¡Motiles. Em I ciéo aéaiiilfHifi. OllMitifttob»M#» cuanto al origen popular del Congreso^ | pero no tengo inconfeniente en repetirlo, conlrarán Tds. en el mismo lu^ar hasta las | ya que vds. lo desean: para mi la fuerza bases de un proyecto para uiiu ley electo- y del poder publico, no es siodaimo de cenral. Btt ninguna parte descubrirén leuden- | iraliiacion oaninédn: cuando vm imlitiH cías hacia la discreción sultánica; y para tranquilizará vds. complelamenli?. no vacilo en añadir que si bien quiero paru el rey el poder Qjocuiivo en tuda so plenitvd, deseo ver el |)oder judicial encomendado á solo los tribunales, administráo^Me la justicia en nombre del rey, pero coo entera independencia del gobierno.

Me premunían vds. si admito la responsabilidad ministerial: si, señores, la admito; y le deseo con alguna mas eficacia de la que tiene desde (834. Confieso ingt'nuaraente, qae si yo me hubiese; hallado en la situación iIí; vds. no habria traidu á dii>cusion la responsaHHidkd minisleríal; porque no po -dran vds. negarme que jamás se nabia visto la arhitrariedud e impunidad de los ministros llevada a tan alto punto, como desde qni> se ha tila de su responNIidad. Bebar;in \ la cii![).iá las circunslancias; sea en buen hora; pero el hecho es este; y no son los progresistas ni los parlamentarios los que nlürán ganam ¡usos t>Q |a opinión pública, cuando se hable do responsal)iIi<ia(l ministerial. En esla parle permilaninu vds. creer croe de I croe de I cion ó una costumbre se hallan muy arraigadas en una provincia, no deben ser tocadas hino con mucho miramiento: trasladar n EipaAa la centralización francesa es enar ¡ncscusable en hombres que! ' > > i - 'v>-cer lo que es la £spafia, ya que se pru|HKMia gobernarla. -f' La publicidad de los actos del 9>bierBd está enlazada con la ley de imprenta, de (luc luego hühlarü eu cstu mijsmo escrito. Entretanto no puedo nenestcda «eUraSar y conmigo lo habrá estrafiado el público, que me |)iet;unU'n \ il'^ si darin ví) mus preponderancia al poder civil que [al uiihlar. ¿A mí me preguntan vds. esta, atieres redaelo^i•^? ¿Sobre esto interpdan al director del 1*1 Ns \MiKMo hf. i.\ Nación los redactores del Heraldo? ¿Han olvidado vds. mi reciente articulo sobre la preponderancia militar? ¿Han o!\idinli> vd^. lo que be dicho una y mil veces al general Aurpoes? ¿Ignoran vds. que jamás he profesado yo la doctrina de los hombres tt«0iMifÍM? ¿Ña4e acuerdan vds. de que yo quiero poder n a!, y no {)oder mi(itar;.de uue yo guiero ejércimis principios son mas severos qoe los I tos espafkoles, mandadas' por «t rey, y no le mis advcrsu ios; sin hablar tanto como otros de responsabilidad ministerial, estoy profundamente convencido de que por ei mero hecho de no haber sido acosados y condenados á penas gravísimas algunos ministros durante la éi>oca consliiuciunal, se ha insaltado á la conciencia publica.

Me preguntan vds. si admito la aprobación previa de los presupuestos: la adinito tan de veras, que no puedo m<.nos de hacerles á vds. y á los progresistas un cargo gravisiiiio por haber dejado este punto en olvido, al propio tiempo que tanto cuidaban de consignarle en un papel. Sonreírse han los pueblos, cuando oigan que se babb de poder militar? ¿N'o leyeron vds. lo que Je dije al ministerio Mir.tílores sobre el ncmibramienlo del general en gcfe? & semejante |)rcgunta se la hubiera Arigtdó^iMfeMtfa el I'k.nsamif.mo dk la \\í ion. hol»iera sido nirs natural. No (juiero la |>n'¡)<)iideraiicia del ]>oder militar, sea «jiiicn íueie el que la ejerza: no quiero mas preponderancia que la del trono, obrando en el émilk d» «s leyes.

Ya ven vds., señores redactores, qnenns respuestas son categóricas, y en verdad que no 1110 ha costado trabajo el formularlas: mis ideas serán erradas ó acertadas, pero son fijas; si vds. hobiesen tenido tiem|)o y presupuestos, y que se interpela sobre esle I paciencia para leer los articules del Pe.nsa punto á los llamados absolutistas. i míkmo hk i.\N\cro>, me hubieran '-vitado Tocante al e.xámen de la cuenta anual de | el recordárselo. Sírvanse vds. leer ei índice los gastos públicos, yo la admito y la deseo I de los tomos 4.» y 2.* de este periódico, y vivamente; pero también opino (jue no debían vds. recordarlo. ¿Que cuentas anuales hemos visto? ¡Pobre nación! Por tin me prej^untan vds. mi opinión sonlli encontrarán esplicada mi opinión sobre todos los puntos indicados, y '^obre otros muchos que vds. no han i|ucridr) indicar. Aquí podria dar fin ¿ mí contestación, peí» bro los hábitos provinciales y la centraliza- ■ la oonsidéro susceptible de ampliaciones» Dlgitized by Google fit itof I Meter é k ilnrtf aeion h vd«.

Anlek de hablar de la< formas del poder, es necesario conUr con mi poder, y este poder m España es el irouo. A foi íulccor el trono se dfirígen mis doclrioiis, y no coa palabras vn;ras, romo me achncnn vds., sino con medios lijos. Eslraño es, señores redactores, que llamen vds. consejo va,;,'o á 6gte « rortaleeer el trono con una politica conriliadora,» ctiniirlo es bien sabido que; esta palabra signitica ea el Pensamiento DB LA Kaciok: matrimonio de la Reiua con el conde de MontcmolÍQ. O me en^^aíto mucho o psto no es vag:o; por mi parte uo alcun/u a dúlcnuinarlu mai.

También acosan vds. de vago aqoetto de reunir en lomo de l;i niiitianinia lodos los elementos hílenos do toihis los partidos. Esto podra ser vauo en los escrilos de otros, pero no en los de qníen ha esplieado cómo se dehei iú hircr p^tn reunión: no en los de (]iucn se ha reido d his reconciliaciones ementadas en prou:raiaah, abrazos y brindis« mncbo antes de que se publícasele! Pbins^miento h« la NAnm>; de i|iiien lia dicho una y tm( veces qiue para aprovechar los elementos buenos de todos los partidos I era necesario un poder foerte, que no tu- | viese que humillarse ante ninjíun partido, j Podré haber errado, pero he sido csplitito; i se concibe qoe vds. hubiesen combatido mis errores. pero no que me aeliníinen un ' lenguaje vajío. Lo misrnn puedo rii^irde ios objetos úliles a ijue dehetia dirigir.-iC laac-, tmdadiotetectuaí y material que se ha d^s- j picírndo en el i);ús, de [ »> medios jífífot y 1 yruéenUs para resolver las cuestiones ({ue | tíeaea en agitación los intereses; y de la eomáiicia impareial que se debería seguir con lodíis las opiniones poiflícas: no hay uno solo de estos punios sobre el cual no haya manifestado mi modo de pensar y en lo tocante á lo mas vago de suyo, la impardalidad con todas las opiniones políticas, ahí están los escrilos ea que he condenado la arhítitriedBd/ siquiera se haya ejercido deportando escritores progresistas.

Veau vds., señores redactores, como han estado inexactos al decirme: «Vos os concretáis ¿ criticar nuestros programas, pero ' jamás os aventuráis á presentarnos un plan! de gobierno.» ¿vjuerian vds. que publicase! en el periódico proyectos de ley y de reales i decretos? No se hubieron rds/reido de mi, I y coa ntocha razón? Pero va que vds. me ^ reían é que presente un programa, indiearé rápidamente mis ideas, sobre el modo con que deberíamos salir del caos ea que nos hallamos.

Convendrán vds. eonnyigo en qae la situación presente, incierta, fluctuanle, con una crisis todos los dias, no puede continuar sin gravísimos riesgos para el país y para el trono. En consecuencia, lo primero que debería hacerse es convencer a S. M. de la urgencia de poner pronto termino á un estado de cosas tan deplorable.

La cuestión del casamiento de S. M. se ofrece en primera línea; yo he creído siemj)re, y cada día se. me roiiu-^iicce esta couviccion, de que el enlace (lue mas conviene á la Reina y al país es el del conde de Montemolin. Con las disposiciones conciliadoras en que se baila este pnucipe, es de creer que se' allanarían todas las dilienitádes muy prontamente. La reacción que vds. temen, yo la considero imposible. Vds. recuerdan el fiimoso Bfamfiesio, y no habrán olvidado las voces alarmantes que se hicieron circular ^úhni las insurrecciones carli.stas: ahí están los hechos que bao venido a conürmar la sinceridad de palabras solemnes, y la injuslícia de acusaciones apasionadas.

Condiciones indispensables para la ejecución del proyecto.

4 La libra voluntad de S. M. - la Helna.

^ * La remoción tegal de los ehetáculoi actuales.

3.* La observancia de los trámites lega" Us con arreglo á lo prescrito en la Gonstitu* oion.

Reunidos /odos los es^ñoies alrededor de un mismo trono, la acción del poder soberano tendría toda la fuer/a necesaria pnn gobernar: ¿y saben vds., señores rcdartores, cuál es en mi opioioa la idea que entonces se debería inculcar al trono? La de que es demasiado fuerte para que necesite ser vio* lento; que es demasiado poderoso para qne necesite hacerse iaslruinento de ningún partido; y que negana su propia flaerxo, si se rebaja-^e hasta perseguir ni molestar á ningún individuo. La inaugnraeion d*» la nueva era debería ser una amplia y corupieta amnislia.

La pr¡m«»n cansortu^ncia de f'«fe pnsn seria poder diáuiinuir con uderablemente el presupuesto de la |[uerra, uligeraado ¿ un tiempo la cootríbucioo de sangre y de dinero. Me pregoataréa vd.<;. cómo se*conserva- Digitizéd by Google ria la tranquilidad pública, y yo contestaré (|nc t nloin (>s esta se conservaría por si misma. \ (|uc »iii recelo de nio^uau clase tes iléjnria á los hombres díscolos, faera cual fuese su cíase, que se arrojasen á uua ialenlona subversiva, bien seguro de que sin declarar á la nación en estado de sitio, ni adoptar medidas vielentas, la fuerra pública y d Imcn o^pirílu de los pueblos entregarían al culpable á la acciuu de ^ ' los Iríbnnales.

El arre,^lo de los asuntos de Roma y el reconocimiento de las potencias del Noi tc, babrtan coincidido con estos sucesos: yo no lo dudo, ni vds. tampoco: y entonces perinitaiiiiu' vds. hacer nolar lo ([iio consijío Irat'fi;! ia muña siUiarinii. Con un nuncio del Vii\>d eu MadriJ, cuu la cesaciuii de la iocertidonibre sobre los intereses (]ue ahora se agilau, con la desaparición de cuesliones y nombres irritantes, con la presencia de los embajadores de todas las potencias, ¿no se vé, no se siente la Tuerza, la inmensa Iucr7.a í|iu» tendría el gobierno, y la íiíi;m tencia, la nulidad de las fracciones di:: ideates, fuera mi fuese sti color político? ¿Quién no ve, quién no siente la diferencia entre I'» le entonces y lo de ahora? Se me ha llaiiKiilü iluso porque sostengo esta opinión; tero mi ilusíoa es tal, que no alcBozo cómo lonilires d? hoen juicio paedeii pensar de otra ntaiicru.

Cun un Uüiio fuerte veo posibles las Corles, veo posible la conveniente publicidad dt' Ids ai lü> del pibierno: sin esta circunstancia no lo concibo, señores redactoro»; y para sacarme de mi ilusión no tienen rus. otro medio que consolidar un gobierno. ¿Y está en ranunu de hacerlo el {tarlidoaque vds. pertenecen? ISo quiero insistir sobre este punto, no sea que vds. me repitan la del doctor y el enfermo; pero perniUaseme decir;< los lectores: «mirad lo que está sucedieaUo, y juzgad (¡Atre el di« rector del PmvsAnnNTo m la Nación y los redactores del Ilerahlo.''

La primera medida (|uo se deberla snmfler á las Córtes es ul arreglo del sisteiua Uibutario, y acabar de una vez^n ese escán* dalo de lino- ]>: '-iipuestos que se examinan desunes de coiuados. Hasta ahora no hemos tenido jurfsupuestos sino /wspuestos. El examen de la cuenta anual de tos gastos públicos deberia ser mas esrniptiloso ijue ddc los prusupueslus: lo demás es un carr I go sin dala, ó mas bien es una autorización para cobrar, y de la que se puede abuáar largamente. Al examinar los presupuestos, lo haría con la idea de que se ha de ca^ti-ar el de j gastos, uo aumentar el de ingresos: para esto, señores redactores, considero absolu- I lamente indispensubfe que se adopte el iis- ^ tema de suprimir tantas oiicinas como sea * jwsible.

I El ministerio de la Gobernación, con fo- I das sus dependencias, introducido en Espaúa desde la miicrlc del último monarca, i es cieilatnuate uua lusiiiucion buena; pero I yo preguntaría, señores redactores, 8Í hay I gobernación posible cuando se nombra ministros del ramo a personas que uo son espedales en él; cuando se nouibrau geícs políticos á hombres que jamás han pensado I en administración; cuando hemos visto repelidas veces, que un gclc puhlico era un militar, y que mas Kien que gefe civil era un comaudanle auxiliar del capitán general.

Una ley es absolutamente necesaria, la de imprenla; y vds., señores redactores, convendrán conmigo en que no podemos continuar con esa mescolanza do libertad y de facultades discrecionales, que no quiero* caliticar por varias rabones, siendo uua de ellas el que no le encuentro nombre á pro* pósito. Restrínjase en buen hora la liliertad de imprenta; pero sepamos á que debemos atenemos: rija la ley, y no la vulualad de los hondiros.

f Naluralmeule desearán vd.s. que dj::n yo Imi opinión sobre este punto; uo teu^u mconveniente en ello, y la resumiré en pocas palabras. Creo que es imposible ef jurado; creo que no bástanlos tribunales especiales; I creo que uo basta ci sistema de las mullas I crecidas; creo que es necesario introducir otro elemento en la legislación de imprenta; la responsabilidad del dueño del establecinüento pmvias grandes garantías; y ia I responsafúlidad personal de los escritares, asegurada con las precauciones mas fuertes. Quien escribe con buena intención, no puede temer esa responsabilidad; y st las circunstancias la hiciesen teniíUe, dehe-af^ rostrarla ó dejar de escríhir.

Sea cual fuere, seitores redactores, el juicio que vds. formen de nás doctrinas, na creo puedan quejarse de que son vagas; y espero que en adelante no padecerán vdsi ia distracción de hacerme seiucjuute cargo, fi59 ct mas iüfundado de cuinílos se ote podieran baeer « eseeptoando el de an^aieretismo parn dividir cuandb todos mis esfnrr- IOS se dirigen á conciliar. F«toy profnmlnmente convencido de que en todos los partidos hay hombres útiles de que puede nprovoclmrsc un f:;ohierr)o constituido sobre una híisa anchurosa; pero lo estoy igualmente, de que ni vds. solos, ni los progresistas so-Iw, son capaces de encontrar c!(a basa. La unión dirlios partidos, es imposible; y aun cuando no lo fuera, todavía seria muy estrecha la basa de «robíerno que de sit Mion resultase. Tambi* d estoy eoBTcncido de <|ue un gnTiicrno iiion (iiiro que se empellase en escluir á todos los elerticntos que ahora entran entes (Airlidos progresista y moderado, prepararía al pa« rntevas revofncíones, y acabaría por noorírá manos de 80 propia exageración. '^Ahi tienen, vds., seflores redactores, todo mí maqiiiíivelismo: juzgo á los partidos sin rcdcor y sin lisonja: no tengo líivores que agradecer ni agravios que vengar: si he atacado con mas frecnencia al de vds., no debe atribuirse á mi mno j)aitiriilar, sino á que hallándose el en el poder, naturalmente me ha ofrecido mas ocasiones de censura. Cuando ha hecho cosas buenas, las he *plaudido; jniuás he contribuido á exaltar las {fisiones; do quiero llegar al bien por el camino del mal. m be pertenecido jamás á la opinión de los que dicen '«prefiero la revolución á la situación actimlt^ siempre he condenado las aliany.as de los partidos estreñios, jamás he creído que se debiera eom* bntir;il troliifrno ron otras arma.'= que!a?

permitidas por la moral y las leyes. Si algunas veces be dicho c^uc los moderados habían dado )a razón a tos progresistas, ha sido rn casos dados, y ntiMiiéndonie á los hechos: ni contra ellos ni contra vds. he lempleado otras armas que las de una discuto razonada, a^na de personalidades v de invectivas. Con esta conducta he conseguido que mis artículos fuesen leidos por lombres de todas opiniones, si no con asentimiento, al menos sin irritación; todos se han convencido de In sinceridad de mis palabras, y al disentir de mis opiniones, no han podi(lo menos de reeottocer mi espiriln de im[)nrfinl¡(lad y do iii<;ficia. ' He observado atentamente el curso de la opinión, V rae he convencido mas y mas cada día (fe qne mi síalenm no es frapusíM».

.1 La ejecución es dtticd, lo conlieso: j convengo en <|ue lo seria mas, si no fuese fli^ rrsario. No creo haber bcehonndaflo uintlríf ' rWc cnn(|iiistando la opinión de no pocos disidentes; antes por el contrario creo haber hícho algún bien, que el tiempo se encargará de patentizar. ¿No son vds. amantes de la disnision? piif< yo no pido otras armas: ¿exijo demasiado? Si estoy iluso, el público DO participará de mis ilusiones: ellas raerán por si mismas; y mis esrrilos se citarán como una muestra de esfuerzos impotentes. Siga en buen hora gobernando el partido de vds.; consolide si puede un sistema; yo no quiero precipitar nada, no qoicro violentar nada; espero coa calma el curso de los neonlecimtentos; someto gos-* toso mis opiniones al Cilio del ticai;)o. *