Rechazo las sospechas tondcncia á on sistema de discreción sultánicu, como se espresan vds.; nn sistema semejante está en oposición con mis ideas y sentimientos: ostoy profundamente convencido de que la religión y la monarquía para cou.<icrvarse y brillar, no necesitan oprimir. Esta no es una protesta improvisada: tengo algún derecho á ser creído, cnando en todos mis escritos políticos anteriores á la publicación del Pensamiento de la Nación, he sostenido siempre las mismas opiniones do ahora; y cuando en trabajos ágenos de la [>olitica, lió delsenvuetto estensamente mis doctrina.^ sobre las relaciones del catoticismo y de la monarquía, con el progreso déla civilización, bajo lodos sus aspc( tos. Jamás, señores redactores, ja incás podría yo asociarme á linsis* lema de [hmsccucíou; jamás pudiera tomar parteen una lucha con Ia< nocrsidndes de la época; jamás conlnhujiui a una reacción, cuyo rcsultadoinevitable seria una revolución. Todo lo que fuera exasperar los ánimos, lodo lo que fuera impedir el desarrollo legitimo de la ilustración, todo lo que Fuera esdtar pasiones t y dispertar el espíritu de venganza, encontraría en mi nna.oposictao Mi eonvíecion es qoe eñ la épiocft airfttM, no hay fuerza para los gobiernos, cuando no va acompañada de la templanza; y que el secreto para que la religión prospert-, no eslár en la violencia, sino en presentarla Cal comnes: digna obra doaípiel que es luz vcrdatlrra íjii!' ilumina á toílo hombre,. V qOtt paso.sobre la tierra Itactendo bieti. *;''«'í**»'' Si Tds., señores redactores, no tfMttfiSsea.
Dlgltized by Google convencidos de ia sinceridad de mis palabras, no quiero vengarme de otro modo que acreditando mi consecuencia en las grandes virisiludt's que le esporan a nuestra patria. ¡ Entrv'lanto, vivan vds. sci^uros de la consi- I dcracion con que foy su afcctisimo y seguro ] servidor Q. S. M. B.
EL r.ENEKAL NAUVAEZ.
\ HiiIrU U lie nbfil (te 1 1 VA.
La caida del peneral Narvaez, sean cuales fueron las causas inmediatas que la hayan producido, no ha debido sorprender mucho á quien hubiese rellexionado sobre la dilicil y eslrafia posición en que se habia colocado el ex-presidente del consejo. La duda podia estar sobre la mayor ó menor proximidad de la fecha; pero el suceso era inevitable; y se hahia de verilicar sin lardanza. Hallábase el general A' arráez en el apogeo de su peder, con el favor de pala- ¡ ■ CIO, con el a|myo de las Cortes, con In i adhesión del ejercito, con bastante fuerza , para tomar por si la providencia de dcsler- 1 I rar escritores públicos, y cou sulicienle! osadia é imperiosidad para emplear en nom- I • lirede la Reina un lenguaje destemplado I contra un tio y un primo de la misma Reina, j y en aquellas circunstancias, cuando nada < fesistia a tanta poderío y favor, el que esto escribe publicaba en el Pknsamiknto dk la i Nación un arlirulo fechado en París en 29 | i de junio de 184o. donde se lee el siguiente I' .pasaje: «Lo único que puede aguar tanta I dicha es la poca seguridad de la duración. [ Y no nos referimos con esto á insurreccio- ' nes armadas, ni á conspiraciones, ni á coaliciones, ni á intrigas de corte, ni mucho ' menos á cansancio del partido que le sos- | • lienc. \o pensamos en nada de eso al con- . siderar la instabilidad de la posición del ge- i neral Aarraez; no necesitiuiios pensar en * nada de eso: si en una vast<» llanura azota-, , da por los huracanes, viéramos un hombre osado, de pie en el vértice de una allisima ¡ -•pirámide, no preguntaríamos quién le der- i ribará, ni sabríamos qué responder á quien I nos lo preguntase; semejante equilibrio nos parecería por necesidad poco duradero, presigiariamos ana catástrofe.» Por donde se echa de ver que despue* de la caida, no deberemos ocuparnos mucho de los motivos inmediatos que la hayan pmvíwado: semejante suceso es todavía un misterio para el público, no siendo de creer que este se bava dejado alucinar por los que han esperado con envidiable candidex, que el líeneral Aarvaez seria mirado como una victima inmolada en las aras de la libertad. Si no e.stuvicra tan reciente su última SHbida al poder, con sus antecedcntei y consecuentes, y su manifiesto y su decreto sobre la imprenta!...Diticil es que á nadie pueda ocurrir idea mas origmal, que la de presentar á I\ arráez cual vit tima de su amor á las instituciones liberales, y de su propósito de convertir en una verdad el gobierno representativo, removiendo todo Image de inmiencias cortesanas: esta es una de aquellas salidas escéntricas que se oyen con estupor. y á las cuales contestan los oyentes mirándose unos á otros, inanifes- - tando la común sospresa, segnida luego de burlona sonrisa.
Lejos de que el general Narraez haya de ser considerado como el mártir de la libertad, es de todo punto cierto que es él quien la ha matado. La esperiencia dirá cuánto habrán de trabajar para resucitarla los que acometan la dilii il empresa: á tal estremo han llegado las cosas. que es de temer que ni los pronunciamientos progresistas, ni los bullicios parlamentarios alcanzarán otro fruto <|ue algunas convulsiones parecidas á las 3ue pi"oduce el galvanismo en los miembros e un ca|láver. Menester es confesarlo: esta es la obra ilel general Aarraez: no hay hombre que no pueda acreditar!*e de liberal sucediendo á.\arraez, siquiera sean muy severos sus principios en materia de formas políticas. Kl general Aarvaez ha reducido a práctica la i)e¡igrosa teoría de gobernar no solo por reales decretos, sino por facultades discrecionales: cualunicra que se desvie de este camino, y se desviará todo hombre de algún pensamiento i>oiitico, será considerado como nías amante de la lil>ertad qqc el general Narvaez: no es dilicil concebir en (jué consiste este amor cuando el que manda se sobrepone á todas las leyes.
Merced á sus errores, el general Narcaez había llegado á estar solo, enteramente solo, en el campo de la política: y en situación semejante no alcanzamos que ningnn hombre.sea capaz de gobernar. Espartero, en sus últimos dias, no obstante su impopu- {•ñdaá, contaba con oi apoyo de una porción OBBSÍderabie del partido pro<;rc5ista: á su lado l<'nia hombres notables tli' ilii iio partido, y en su deCeosa luchaba la uitlicia uaoiwial de Madrid y Zaragoza; pero Nanmz MooBlaba con naclie. no tenia en su favor las simpatías de nadie: era obiMiecido porque mandaba en nombre de la Reina; disria del ejéreHo porque «ra iMBMiro de Reina: tan pronto como pcnlin la fjracia de la corle, se halló lo que era, un simple particular, enleramcute sulu: mar-«iMdfise al eamiDgero, obedeciendo é S. M. eomplió con su (leber. es cierto; pero en ^ ctmipliinienlo de este deber no hay réMear heroismo: hizo le qne BopomeiM de hacer. Nosotros creemos que aun cuando el?;enera! \nrraez hunarquía afasolDU, ni sistema refMresenlalivOf ■i préTÍa censura, ni libertad de ¡■prMü; no está al>olida la votación de los presupues* los, pero ios presupuestos no se votan; ñ* ge k Ctnstitocioa de 1845, pero se la tiaoe sin observancia: lodos los grandes ptii» blemas p^tan sin resolver; el del matrimonio de la Hetna ludcciso v complicado como antes; los asuntos de tiloma en el bmsbu> estado: los partidos mas enconados que nunca; el moderado a cuya cahr/a se habia puesto el ex-'prcsidente, se baila dividido en partfonlas wfinitésimas que se repeles ra^ cíprooainente ron vivi^iioa fuer/a; y porfió, eu prueba de lo muy consolidado que se ballana el órden público, eu los momentos en que caia el general Nanaez llegaba á M*» (Irid un eslraordinario portador de la noticia btese tenido a su disposiciou medios de ¡1 de la insurreccioa de Lugo. ¿i¿s esto ver-...^.. 3.^. H ^. ^ no? ¿Son estos losheehos? ¿Sió no? Y si esta es la verdad, si estos son los hechos que esian á nuestra vista, ¿(juépenhobiera apoyado en su resistencia a la vo- ji sarcmus de la política de un hombre que cii ; SU lealtad le hubiera impedido emplearlos; ñero lo cierto ea que en la acloaiidad no los tenia: que ningún partido le lantad soberana; que ningún hombre de va lor se hubiera puesto a su lado; que ningún cuerpo de ejercito le hubiera sostenido. La autoridad de la Reina era bastante fuerte fM» anonadar en un momento, cualquiera tentativa insensata: contra scniejanle t Mila- (iva era una garantía segura la lealtad dei gN^ral caído, garantía que no podía menos I do robustecerse con la previsión dol resul- | lado, y los consejos del interés propio. Por «Has consideraciones, no nos dejábamos tÉlIrmar por la pretendida inquietud de los ánimos en la capital, efecto según se indicaba, de la caHl i d •! n.-nera! yori nez: de otras causas puilia dimanar la inquietud, si alguna hubo; que en lo tocante á la caída del pérsfínnje de la situación, creemos que produjo una satisiaccioo general ea todas las fracciones políticas. ^ E\ medio seguro para a¡)r<M-!aren su juste X'aloi el méiito de, un hoin'ire político que acai)a de caer, es tomar una especie de in- ^tarío de lo que lega ¿ sus sucesores. ¿Y i|feié es lo que lega el general.Varoofs á los que tengan la desventura de heredarle? ¿Es un gobierno absoluto, es un gobierno reyraMBtativo, es un sistema que tenga algún nombre conocido?.\o: jmrque gracias a los desaciertos y á la fluctuación del ex-presidcnte del consejo, no rige en lispaña ninguna de las formas de gobierno conocidas en loa hechos ni en kw librea. No hay ni metal estado deja el. país después de dea aftoa de una dominación omnímoda?
Esto esplica por que al marcharse al cstrangero el general y^irvaez no lleva cousí^ golas simpatías de;iíiil: m partido ni fraccioB política. Contra el e>f;il)au los progresistas, ios absolutistas, la miñona v la mavoiia del Congreso, y todas las fracciones del parlH do moderado, en las mochas divisiones y subdivisiones en que se halla distribuido. Le quedaran amigos personales: sea en buen hora, respetemos sos sentinúentos; pero no se trata de afecciones privadas, sino de adhesión por ideas políticas.
Al hacer esta triste reseña de la política del general Aarvaez, no ea nuestro ánim» acriminar sus intenciones: creemos (|ue entre las varias causas (]ue han contribuido K rimero á inutilizarle y después á perderle^ i sido una de las principales la falta depensaniii-nto político. De esto ha dimanado su ilucluaciou entre ias tendencias absolulisr uis y liberales; de esto el que se le hayif visto hoy con pretensiones de hombre Íle jíarlamento. y mañana con sable en mano en actitud amenazadora contra el mismo parlamento. Sos instinloe, su5 ideas, ana senlimienlos, sus intereses, eslah:in cu perpetua lucha; y de esta lucha debía resultar por nccesidad'la inutilidad del hombre político, y la ruina del ministro poderoso. I'aia prever eate resultado inevilaUot noera Mcer* Dlgitized by Google Dlgitized by Google saiio mas q» el buen fltBlklOi|ioiíiieo, tieato de tas ftinf «tíi»; impresiones á que viven sujetos los que se lian encumbrado á lámate aUara. Hombres del temple del ^nenl A'arríuz, que llevan en su propio carácler un germen de indofMÍidad que no les permite sujetarse al dictamen de otros, es preciso qae se dominen á 8( mismos con la faena de una idea (¡ja: de lo contrario la ¡nípctunsiiind que les es natural, solo sirve á cnlrinr la amistad de los unos, y atraer la enemistad de los otros, y asi acaJian por hnlhir<e redufidos á un aiíílamttMiff) (jiie no les deja mas recurso que una desesperación impotente.
.^Gémo es fwsible iiae an hombre euya adsaiáad y enérgia nadie niega, haya caldo en tamaña postración gubernativa? La << pitcacion de esta diücultad.es para nosuiros seneilia: no puede iser activo y enérgico en política, quien no sabe que liacerse, quien no lienf un dt^smnio bien claro, bien lijo. Kra eji \ó de mavo de 1844; el general Narwuz acababa de snbir al ministerio; y nosotros señalábamos en él esos dos hombres que tan visible y tristemente se han nunirestade después.' Cuando los sucesos han venida á conlirmar nueslras conjeturas, es bueno recordar lo que en aquella época cscribiamos, haciendo justicia á algunas de las cualidades de Nartott, é indicando el recelo de que le faltasen otras. «Cayó el ministerio González Brabo y octi[)ñ su puesto el ministerio iVarraez. Se' ignoran el motivo y el objeto, pero lo que no es dudoso hasta ^ ahora, es lanblidad del resultado «Contando los días transcurridos desde la foruMmoB del ministerio, y comparándolos con el poro ramino aiulado, recordamos que casi no se neccsilú mas tiempo para ir desde Valéneia á Torrejon, y esto dando fa vuelta por Teruel. ¿De dónde la diferencia? Es muy sencilla. Entonces el ¡refe del eji'icito expedicionario, decía: «Me voy a socorrer la ciudad* sitiada,9 y la ciudad fue socorrida; después conliniiaha:.<EI 14 estaré á las ))uerlas do.Madrid, y no faltó á la rifa: v cu seguida añadía: uMe voy u batirá Seoane y Zurbano, y luego vuelvo y entro en la capital;» y Seoane "quedó pri-^ionoro v su ejército incorporado al vencedor, y se alirieriM las puertas de Madrid. JVarvacz sabia, pues, á punto lijo lo que quería y debía h»* cer, lo fM;i! cofílrihiMa!ui;>oco;'i que su acción iucse rápida, precisa, certera. Al subir al ministerb ¿te ha sucedido h\ S» hubiese tenido que dar un j>ar!e. ¿hobie-' ra podido decir con la misma tijeza, ese es mi objeto, esos los medios que pienso eat^ picar? Lo (índamnx; y asi el presidente del consejo:u> ha obrado como el vei^edor «la Torrejon.». «sí Ta que la oportunidad ne brinda, permff* tásenos una observación que nos ha ocurrí^ do muchas veces, y en que nos parece h**- bráde convenir eraúsuio general Pkortaa, si por casualidad llegase á sus iiiaoo> el |>re^ s»Mile escrito. Aarvaes ha sido ini iirind)re dislocado: en su poi>icioa nada podía liacer, porque era radicalmente falsa, ácnma ée Hallarse en abierta contradicción con su caririor persona!. El general jVnrMrz debia perie.necer á un partido cstremo: debía ser ó Espartero d Cwrera. Lo repetnnos, si este escrito llega á sus manos. su eora/.oii te dirá: «es verdad.» Kl hombre de la Mancha, el hombre que se subleva en Sevilla, el hombre de Ardor., el hombre que declara la nación en estado di' sitio ydi'sarma la milicia nacional, el hombre que de()orta a los qne le atacan en la prensa, este hombre puesto^ á la cal>exade loa parlamentarios, en lacha con los progresistas y los absolutista*:, con un sistema de tira v atioja, y reducido a la estremidad lamentable de pretender las glorias de orador de parlamento; esto nos htt parecido siempre nn contrasentido tan evidente, tan palpai)ie, que no alcanzautus á concebir cómo sobre los peqaeflos conceplos de la cabeza, no prevalecieron una y mil veces los instintos del corazón. ^ ' ¥ hé aquí una de las causas de la falti "de fijeza de ñcnsamíento que ha inutilizado y perdido al general A'arrofs: con su inipetuosidad Característica dijo un jamás á todos los partidos estremos: queoid las nares, y aislado en un pequeño e^Mcío ha eonsumid»' su actividad en estériles convulsionea, pru^. sagío seguro de una muerte cercana. Cqs# do se ha visto en la áltima estremidad, hi querido intentar un esfuerzo: ya era tarde: el ataque fue impetuoso; subió otra vez á la muralla; pero al llegar uriba, sus fuerzas estaban agotadas: ni siquiera ha síá» preciso rechazarle; no se sabe cómo ha sido;- pero lo cierto es que hn c4)ido en el foso^ quedando horriblemente lastimado.
■1 ir Dlgltlzed by Google Ginado ud ministerio no puede ser juzgado por sus actos, es preciso juzgarle por sos prÍDcipios, y estos se han de tiuscnr en las doctrinas y nnlccedeules de luü individuos que le coniponeo. En tai caso, mas bien que juicio, uay una mera conjetura: se dibcurre por analogía, se calcula lo <iuc sera por lo que ha sido. El ministerio acj ^^acioncs, y lo mn^• pclif^roso qm esel arenturarse á pronositicos o, cx)njcturas.
Ea'el caso presente hay todavia otra di« lieaitad, nacida de lo heterogéneo de los clcnif 11 los reunidos en ot ministerio actual. Cu^iiido se trata de conjeturar la marcha futura de un gobierno, es preeiso considerar* le como un ser uno, de un solo pensamiento, de un;i sola voluntad. Esta unidad minisleriai resulta de la combinación de las opí- niones y voluntades de los individuos ministros; para lo cual es preriso que anteriormente á la combinación, si a uno mismo el pensamiento de todos y una misma la votoai, considerado, no como mm sínqrfe a^re- I íttolad, en cuyo caso convergerán lodos i ^ración de individuos, sino como ral.que se apellida gobierno, no ha dado nÍAgun paso por el omI se lo pueda «araclerizar; asi no estamos en el caso de conocer á los hombres por Ins obra*». sino de prever ias obras por ios hombres. Diíicil tarea 4a do discurrir a priori en materias políticas, y inuclio mas en los litMiipns qtic corren, cuando cada día nos trai; miidan/as imprevistas, y la inconsecuencia eu ios Uoai-Jmos púbUcoa b» llegado á ser tan común que apenas causa sonrojo á los que in iinen en ella. ^Que importa saber lo que uu liumbm público peuaaht tm olroe tiempos, ([uizá no maf distantes, sí este conocimiento no nos ensena nada con respecto a lo que piensa boy / ¿V de qué nos serviría conocer lo que pienea en la actualidad, si tal vez con sus obras desmentirá bien pronto sus opiniones y sus palabras? Las exigencias del luomeuiu, lu variedad de circunstancias, la iaiposibilidad de la aplicación de ciertos prim ipios, la necesidad de contemjwrizar, 4¡¡ embarazo opuesto por obstáculos insuperables; hé aqui los temas de ios ditcuisus con que se deliaade, se escusa y bwila se ¡ legitima la inconsecuencia: <t<' '-sla suerte sm los principios una wpecie Ue seres misterifluos que no midiendo descender al terrsw> de la realidad, no llegan a influir ea las regiones sublunares, y relegados ú uu tuuudu idcai solo sirven para comunicar boUas inspiracíoMs á bs escritures públicos y á los oradores de la oposición. Lejos do nosotros el pi.'usar que estos fenómenos se hayan de ver realizados en el ministerio punto tro; o bien que se fundan en la combtnacioQ para oonstituir un tercer pensmienfo y una tercera voluntad, que no identiiicálH dose con ninguno de los elementos componentes, partici|)en do todos ellos, asimilándoselos y convirtiéndolos en un principio do vida y de acción: Es fama (pie los individuos de que se compone el ministerio actual no piensan lodos de una misma manera, y que por el contrario, disienten en puntiis de mucha gravedad. ¿Quién cederá? ¿Habrá concestones de ambas partes, ó la preponderancia quedará poruña sola? Si se transige, ¿hasta <{uá punto lle^rá la IrausaceionT Silos elementos secombioan, / re^nltnr» una fusión verdadera o solo una misuon que se descompondrá cuando lo critico de las ctr> cuoi^lancias no mantenga la mezcla en agitación y calor?;. Cómo se calculan efectos que pueden ser aileradus u tulalmente destruidos por esa mnchedumbre de concausas que obran en sentidos diversos? Añádase á todo esto la instabilidad de los ministros en sus sdlas, la mucha posibilidad de que al salir á lu/. el preseute <artfeulo ya baynmos atravesado otra crisis que dé por resultado la caida de todo el ministerio, ó una uio-' dllicaáion considerable, y véase síes difícil - el decir algo con probabilidades de acierto.
Fijando la atención sobre el ministerio actual, se echa de ver al instante (|ue discnrriendo por analogía, lo (|ue debiera prevalecer en él, osla política del primer fíáhinete Narvaex. Con!a ausencia del ministro de la tiuerra, la mayoría del ministerio ha aeiuaí: pero proponiéndonos una tarea do j estado en estos últimos dias por los ant»» suyo diti ril cual es el discurrir á pi ion en materias políticas, seanos peimitidn liaccr notar lo embarazoso de semejantes iuvcsliguos compañeros del general caido; y aun después de la llegada del Sr. Sanz, á mas de conservar aquelloa laautad de los votos Dlgltized by Google M ^tiMjo, es probable qos ccr prc[X)ndprar su política, á causa del mejor acuerdo (]ue hemos de suponer en tres hombres que han ¿íobernado junios du- TMle fairgo tiempo. Si esto Tuese así, resirflaria que el acliinl ministerio debiera ser considerado cual una nueva edición del primer miaisterio \arvaez, con algunas correcciones y cnnnt^ndiis, de las cuales seria la firincipal el cambio de la portada y del titulo de la obra.
Üna buena parte del pcnsamioito polMíco del ministerio \arvacz, debe atribuirse ¿ los Sres. Mon } Pida!. El Sr. Mayans, ocupado en los negocios de ¿u especial incum * mos que miidei!
muy sencilla: Salvar la Conslitucion iafrin(jiéiulol(i\ justificar la ilegalidad de los medios, por la le^^alalad del iiu. Esto están I exacto, que al dar señales de vida el niinisf terio por conducto de la secretaria de la I Gobernación, ba proclamado su sistema predilecto en una fórmula He taa coneiaa como la anterior; |)ero igualmaM» cluru, y de idéntico sigaifieado. Oigaaiea al aeñ^ ministro.
tFara conseguir tan imporCaate y priNÍU mar en esa provincia lodos las nieilidas es- Iraordinarias que exija la conservación del uencia, no parece que se ocupará muebo de I ¿rden publioo, inclusa la 4*e declarar, f»- la polilica, ni que su voto pesára en las de- i nícndosc de acuerdo con la autoridad mililiberaciones del consejo. Su espiriUi de tran- j! tar, en estado csccpcional las pueblos v saccion se descubre en haber sido el único ministro que transmigró al cuerpo del ministerio Narvaez después de la muerte del de GoQzaleíi Urabo, y en haberse prestado a ¡j los. i^orque lau dispuesto como está el godistritos en oue no basten tas Uget coi ó se coaceptae necesario para ptei eazmenlc las maquinaciones de los maiévoser el hilo conductor para que no se inlcr rompiese la continuidad del mando de Narvaez capitán u'eneral de Madrid, y Narvaez G residente del consejo. En cuanto ú scAor larHiéí de la Rosa, sabido es que no vino á formar parte del ministerio hasta después de la resolución de ííraves crisis, y de habeisiC lomado la dirección que se consideró conveniente. Mas bien que como un elemento preponderante, debió ser mirado d señor Martínez como un elemento absorbido, (lue apenas puede hacer sentir su flaca actividad ea medio de otros mas poderosos y mas enérgicos. Asi resulta que el minislerió Narvaez se hallaba personiücado pnucipalmeute ea el hombre que le presidia, y en los Sres. Mon y Pidal como auxiliares; y que habiendo dt'saparecido Narvaez de la escc-.na política, bu debido refluir en estos se&o-Mü'tiMlo el pensamiento que hobiese ea el antiguo gabinete. En cuanto al Sr. Armero, es probable que esté de acuerdo con estos dos colegas: refuerzo que aunque no muy poderoso bal» el aspecto de la jpoHtica, no deja de ser apreriahie como elemento de fuerza: lo uue han menester los restos del mtdíalerio narvaez; pacs con la auseneia de eela se nos iigura ua ináiiédiio á quien se han corlado los brazos j éuHKOUáif lastiaM»- samente la cabeza. ' Abara bien, ¿cuál ba sido la politiea del ministerio que ha regido los destinos de la nación durante veinte mese«?.B080tras creebiemo é encerrarse dealtode lóe HtiUim ár la leijisim ion común y de las condiciones nalurtiU-s fiel ré(¡imen consliluciofíal, así ({ue la trauquilidud y ei orden publico se bailen restablecidos, taa decidida se ea4 cucntra, mientras arda la reln-Iion, á valerse (le toda la nnífililud de las leyes e>;-cepcionaies para soíocaf la, y a posponer á la- consecuden 4e taa privilagiaÉiriibiHa, consideraciones que, ima vez levantada la bandera de la insurrección, deben ser siemprt Ifnidasy rcpuladat eom Méttltermas y cunilarias,» i ' > •.1 El lenguaje no |)uedc ser mas esplicito: se. prevé el caso de que uo basten las leyes cóaraaes.yesto na sato lnrtáaiea%^fp>* primir sino' también de prevenir; eil|ólBar' no autoriza á sus subordinados á considerar conu) subalternas y secundarias las condicioaaa naturales del fégiBien*eaaBlilMM|j|' ¿y para qué? Para conseguir lo que desean los pueblos de tener imtHucionss lilfres anáhyds á las de otras naciones cutías é$ Europa, y sofocar «las rebeiiaaai que las imposibilitan y los trastornos y revueltas que ban traído a la nación ios males que todavia deploraBMM.» ¿Bula cuando se bafaNide emplear ente lenguaje? Ese todavía, ¿habrá de ser la fórmula espresiva de una inquietud que se prolongará índetintda- Este sistema de infringir la Constituelea pan.salvarla, ^ aaa es|»ecie de espada de Dlgitlzed by Google dot^Uot^ine sirve adinírableniente on manos «Je ((Ilion sabe blandiría. ¿Se ti ila de atacar alu^j abüolulistas? Se iesopoac la laleneioa del ministerio, que no es otra que salvar la libertad. ¿Se quiere combatir á los progresistas? Se emplea la iufraccioa y el abaodoQo du las condicioue^» naturales del Tégimen coi^lilucioaaí. A las mte&éiones se opoaea intenciones, á los actos, actos. Como loíí absolutistas esta» en inacción, y solo dejau traslucir su intención daMua de acabar con la libertad, se les opone la buena intención del ministerio de consf*rvnrIa y ddeaderla á todo trance; y como los progre-MlMaaee liButaná jnteqdonos y se arro- C' n á la calle alzaado la bandera que bien s parece, se Ies sale al encuentro po>:po~ Mkttdo al objeto privilegiado de la cuuser- ,faMeii»idel órden público y del régitiun eousltluciímaly consideraciones que deben ser Unula^ y retadas como siMUruas y iecuiidanus.
C )B%n que nada falle en prueba de que se a comunicado al nuevo ministerio el espíritu del antiguo, tan conocido or su vio-Jenda ^lesmedidii, no usa el gobtemo de las espnisíofles que á tal caso corresponden, co- | nu> la acción de leyes aplicadas por los tribunales y otras semejantes; trata de aaho-§at la rebelifm tulre }«u ruina* de sus «dmtan mny kjes de ooBstituir un programa dt gobierno, ni aun de ofrecer clave sníieienta para descifrar el enigma. Al propio tiempo que ha sido mirado el Sr. Istnría coma miendtro de la oposición conservadora, no falla (|uien le haya atribuido tendpni-iix en sentido nniy diverso: siendo de notar que hasta ahora, y en la variedad de opinnnes sobre sus ¡trini'ipins, nadie le situaba en el terreno donde al parecer se halla colocado; todos le ponían ó mas acá ó mas allá. Pronto hemos de.ver si se engaflaba la opinión p4ÍH blira.
A pro^sito del Sr. Islunz y ai oir que se disculia sobre sasopomones* mas de WMr vez hemos preguntado si era cierto que lai tiivi'>>;p fiirn tijas, porque mal se puede examiuar lo que es una cosa si no se conoce de positivo sa existencia. ¥ tengase entendido íjtic esta dn ln í hrc la íijeza de opiniones del Sr. Isturiz, no la consideramos ofensiva á S. E. Situaciones hay tan complicadas en que la incertidumbre de un homore puede ser indicio de un buen criterio y lealtad de intención. Pero séanos licito añadir que lo que puede sér muy honroso para et bomlire privado, puede ser muy daOoso á un presidente del consejo. Un simple particular es libre de permanecer lluctuante entfe opinio* nes eneoitradas; i^ro el gefe de un gobierno debe saber lo que piensa, lo que qu¡ere,f adonde vá y por fjné camino. De la incertidumbre nace la inacción, y esta por si sola conduce á la muerte. JDe la iucertidurobra Ílices y fautores.^) ¡Qué lenguaje en quien abla de orden de S. M. f¡ de ainerilo cotí el eotiaejo de mmi^lrusl íQué icií¡.íuaic para salir de la altura del gobierno, donde la fírmeza, la severidad, la eneriiia no deben se-; puede nacer taniliien una acción multiforme,.pararse jamás de la dignidad, de la calma, '| inconstante, que ahora se dirija á un objeto >4e la serenidad imperturtiable que tan bien- > y después á otro muy diferente: y esto en-^ iieataáeo quienes rigen los destinos de un | gendra la anarquía gubernativá, que tanvgran pueblo, en nombre de im monarca cu- bien conduce á la muerte irremisiblemente: J06 ati'ibut<^ deben ser la justicia, la s^bi- | tanto en la inacción como en la anyjrquia OsHa, la bondad, la magcstad; Kste es el { naufraga la reputaeion de un homhfepwu^; lenguaje de la pasión, no de la razón: nada cslrafio fuera que lo emplease el presidente de una juaiu, pero jumas deben emplearle Jos ministros de la Reina.
Con los restos del ministerio \srvae7, se combina et Sr. Isturiz, cuya política no han .Piát^o conocer aun los hombres mas peneliantes: tanto es el misterio con que la envuelve el personaje que la profesa. En general, la prensa ha considerado al Sr. Isturit eomo individuo de la opdsicion conservadora; y asi lo dejan entender algunas de sus pilibrns como diputado, como senador v coura iiunistro; á bien que todas juntas es- ^ ría posible que estos cuatro co. No lo pierda de vista el Sr. Isturiz.
Se ha dicho que el gobierno, deseoso de. adquirir la fuer/.u que neceisila, hahia re-i suelto llamar al general Narvaez: esto noSi parece increii)!»'. Precisamente, el minislo-i rio actual, en su mayoría y co su parte significativa se compone de victimas políticas del general caído. Los Sres. Mon, Pidal y Armero, sufrieron el bloqueo de que tanto se habló en aauellos días; y ^1 Sr. isturiXí era individoo del gabinete Miraflores, cuando el general \arvaez reconquisto el poderde la manera (|iie lodos sabemos. ¿Como seso hombres Digitized by;Google t olvidasen hasta tal punto de lo que deben á su propio decoro? ¿Cómo es posible que los uaos se asociasen de nuevo con quien los ahaodonó de una maiera ttn brusca, y que cl otro consintiese en ser ministro con quien le derribó con tanto estrépito? £a tal caso, ¿qué dirían, ó al meaos (|ue pensarían del Sr. Isturíz sus aiHigaos coinoaneros de gabineteRepelimos qnc el hecho es increíble; y DO podemos concebir que llegue á realinrae, sin que salgan del ministerio cuatro ÍDdividuos. No está en la enerpín del general Narvaez la única fuerza que puede salvar el trono: quien lega á sus sucesores «na situación tan deplorable como la actual, no es el hombre á propósito para «oosoUdar ' la monarquía.
servado el gobierno, este medio en que to confiaba, se vuelve contra él y se esfuerza por arrastrar a los pueblos. ¿Que puede esperarse en un pais donde la anarquía «MA en el centro del poder, y los instrumentos de orden son los vehículos de la revolución? Mucho j>nede esperarse; porque afortunadamente junto con ese espectáculo descensolador, vemos que la razón, el buen juicio, la calma, se hallan donde era de temer aue encontrásemos estravio de ideas, enltaeioa de p.isioncs. Lo hemos dicho mU veces, y lo repetiremos aqui, puesto que la esperiencia de todos los días esta aiirmando nuestra convicción.: en BspaiUi hemos tenido #Dbéeib nos empeñados en subvertir la sociedad, ora con sus hechos, ora con sus escándalos; y hemos tenido una sociedad constan le mente empeñada en endereiar á etOB gobiennnj' aparlaiulold^ de sus errados caminos. Las revoluciones, ios desastres de todas clases, nos han Tenido de arriba abajo; üom» mt natural, la nación l>a sido la victima, por- I que el fíobierno que aquí era poderoso paifk lodo, lo ha sido para el mal ^ como bubiesti pedido serlo para el iNon. Sié^émbargo, y-ü li» D.»„av.»/u »..x.,^...,. V.., pesar de tamaños desconciertos y de tan di- ' " ' ¡atado desorden, no se ha podido inocular á la sociedad ese virus que trabaja y disuelve la esfera del gobierno. Desde arriba ae Jas dice á los pueblos: Io(ia\ ia mas ódios, todapues de tres años en que se nos habla sin cesar de orden y reorganización, es tan deplorable, que díocilmente selahavisto igual en ninguna de las épocas anteriores. Kn algunas de estas habia por cierto mayor desvia mas rencores, todavía mas división f orden material; pero en ninguna reooidamoa I subdivisión de los partidos, todavin haber visto mas iastabUidÍMl gubernativa mavor división de los partidos, mayor incertidiimbre sobre los acontecimientos que se preparan en un porvenir no muy lejano.
üaa «surrección militar, anarquía en el centro del pddcr, tranquilidad de los pueblos, hé aqui lo que se presenta de biijto al eiiirnnrojeda sobre la Es{)aña. Lo natural obstáculos ¿ la reGonciliacion.de los les, todavía nuevas denotninaciones que caractericen y eternicen las banderías; y de abajo arriba se les dice á los gobiemoe: basta de odios. basta de rencores, basta de pasiones políticas, basta d»> trastornos, ansiamos el orden, deseamos la |)az; siquiera hayamos de conservar tan preciosos objeloirÉ sería que hubiese agitación en los pueblos, costa de sacrilicios insoportables, dándoos que el gobierno procurase calmarla con buenos ejemplo.«;, con la prudencia de su condnete, y sobre todo con la unidad da acción reprimiéndola en casos estremos por medio de la fuerza armada; pero en este desgradado pais las cosas sucede» al revés: las lecciones de moderación. de sensatez, de previsión, suben de abajo arríba; los puedIos las dan á los gobiernos; y de arriba séajo descienden continuos ejemplos de rencores, de discordia, de imiirevision. de miserías de todas clases; y para completar la obra, cJ medio de ia acción que se habia reel (ruto de nuestros sudores y el pan dn nuestioshijos. itMÍ Las círcnnstancias en que ba estallado lé insurrección militar son dignas de atención, porque conlieneu saludables lecciones. Tres meses habían transenrrído, daimlaJosem- Ies era la crisis el estado habitual del gobierno. En este tiem|M) los ])equeños bandc« que se disputaijan el poder habían ofrecido un espectáculo deplorable, de que no hay' eieitiplu en la ln>loria de nuestras miseriaSi Una exaltación de pasiones políticas total»< meute facticia, y al través de la cual st dMCvbriaD la ambici€É y el intefés de a1~ .§■■08 iodividuos; las acusaciorv's rcciproeM, las invectivas.mas escaadalosas, las alnrieiiea bmi enieles, las personalidades roas rep<ignaiile8,.diin¡sioDes de mioistros, deslituciones, escenas estrepitosas en el parlamento, lucha eDcarnizada entre los ■HiDos (|ue mas íitefemdos estaban en la «liOB, tentativa de agresión parinmotitaria, golpes de estado por parte del {-M)bierno, crisis perpélua, hé aqui lo que hctnus prcmoiwe dotante tres meses. ¿Y se tendrá por estraño f|iii' In- « ncmifros del orden hayan trabajado por subvertirle, y lo havan CifMegiitdo en alguno que otro punto? No: má 68 estraño: lo es, sí, mucho, es mas qne estraño, es adinirahle, cómo nnn naláon á quien se uireceu tamaños escándalos, i^qtieft<e^1gobienio provoca al desórdencon el espectáculo de la mas profunda anarquía, haya podido resistir á causas tan activas y ilisolvcules, y permanecer trau-^nütr, aprendiendo severamente á los gobernantes con su actitud sosegada y digna, con su silencio elocuente. Esto es ío adminble, este es un ejemplo de aquellos que flolo ae Tea en Kspnfin, esta es una prueba á que no < I < •.! mi en ninguna nación de Europa. Sin gobierno, sin ideas lijas en ¡«falle i sin aoloridad el pariaoMuto, sob* dividido en mil fraecioaes el partido dominante, con tantas opiniones comoindividuos, con tendencias tan diversas como varios los iatewaea, eon inmensos problemas sociales