SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

Spanish

Page 12 of 39

3. No se afrenta el que ama delante del mundo de las obras que hace por Dios, ni las esconde con vergüenza, aunque todo el mundo se las haya de condenar; porque el que tuviere vergüenza delante de los hombres de confesar al Hijo de Dios dejando de hacer sus obras, el mismo Hijo de Dios, como él lo dice por San Lucas, tendrá vergüenza de confesarle delante de su Padre (1). Y por tanto, el alma con ánimo de; amor, antes se precia de que se vea para gloria de su Amado haber ella hecho una tal obra por él, que se haya perdido a todas las cosas del mundo. Y por eso dice: Diréis que me he perdido.

4. Esta tan perfecta osadía y determinación en las obras, pocos espirituales la alcanzan; porque aunque algunos tratan y usan este trato, y aun se tienen algunos por los de muy allá, nunca se acaban de perder en algunos puntos, o de mundo, o de naturaleza, para hacer las obras perfectas y desnudas por Cristo, no mirando a lo que dirán, o qué parecerá; y así no podrán éstos decir: Diréis que me he perdido, pues no están perdidos a sí mismos en el obrar; todavía tienen vergüenza de confesar a Cristo por la obra delante de los hombres, teniendo respeto a cosas; no viven en Cristo de veras.

Que andando enamorada.

5. Conviene a saber, que andando obrando las virtudes enamorada de Dios, Me hice perdidiza, y fui ganada, 6. El que anda de veras enamorado, luego (2) se deja perder a todo lo demás, por ganarse más en aquello que ama; 1 Luc. IX, 26.

2 Al margen de esta licca puso el Santo: A dos seriares, corno indicación de un pensamiento que luego desarrollo en ia segruda redacción.

y por eso el alma dice aquí que se hizo perdidiza ella misma, que es dejarse perder de industria. Y es en dos maneras, conviene a saber: a si misma, no haciendo caso de si en ninguna cosa, sino de el Amado, entregándose a él de gracia sin ningún interese, haciéndose perdidiza a sí misma, no queriendo ganarse en nada para sí. Lo segundo, a todas las cosas, no haciendo caso de todas sus cosas, sino de las que tocan al Amado; y eso es hacerse perdidiza, que es tener gana que la ganen.

7. Tal es el que anda enamorado de Dios, que no pretende ganancia ni premio, sino sólo perderlo todo y a sí mismo en su voluntad por Dios, y ésa tiene por su ganancia. Y así lo es, según dice San Pablo, diciendo: Mori lucrum. Esto es: Mi morir por Cristo es mi ganancia espiritualmente a todas las cosas y a sí mismo (1). Y por eso dice el alma: fui ganada; porque el que así no se sabe perder no se gana, antes se pierde, según dice Nuestro Señor en el Evangelio, diciendo: El que quisiere ganar para sí su alma, ese la perderá; y el que la perdiere para consigo por mí, ese la ganará (2). Y sí queremos entender el dicho verso más espiritualmente y más al propósito que aquí se trata, es de saber que cuando un alma en el camino espiritual ha llegado a tanto que se ha perdido a todos los modos y vías naturales de proceder en el trato con Dios, que ya no le busca por consideraciones ni formas, nii sentimientos, ni otros medios algunos de criatura y sentido; sino que pasó sobre todo eso, y sobre todo modo suyo y manera, tratando y gozando a Dios en fe y amor. Entonces se dice haberse de veras ganado a Dios, porque de veras se ha perdido a todo lo que no es Dios, y a lo que es en sí (3).

1 Md. cambia así esta versión: "mi morir por Cristo espiritualmente a todas las cosas y a si misma es mi ganancia, y a sí mismo."

2 Mat., XVI. 25.

3 Y alo que es en sí. Adición final del Santo, que copian también G, V, Vd. y Br.

CANCION XXI De flores y esmeraldas, En las frescas mañanas escogidas (1), Haremos las guirnaldas En tu amor florecidas (2), Y en un cabello mío entretejidas.

1. En esta canción vuelve la Esposa a hablar con el Esposo en comunicación y recreación de amor, y lo que en ella hace es tratar del solaz y deleite que el alma Esposa y el Hijo de Dios tienen en la posesión de las riquezas de las virtudes y dones de entrambos y el ejercicio de ellas que hay del uno al otro, gozándolas entre sí en comunicación de unión de amor; y por eso dice ella hablando con él, que harán guirnaldas ricas de dones y virtudes, adquiridas y ganadas en tiempo agradable y conveniente, hermoseadas y graciosas en el amor que él a ella tiene (3) y sustentadas y conservadas en el amor que ella tiene a él. Por eso llama a este gozar las virtudes, hacer guirnaldas de ellas; porque todas juntas, como flores en guirnalda, las gozan entrambos en el amor común que el una tiene al otro.

De flores y esmeraldas.

2. Las flores son las virtudes del alma, y las esmeraldas son los dones que tiene de Dios. Pues de estas flores y esmeraldas, En las frescas mañanas escogidas, 1 Lch.: En ¡as frescas montañas escogidas.

2 Gr.: en tu amor floridas. Al principio, cuando copia todo el poema, lee florecidas.

3 pe el que a ella tiene, había trasladado la copia. El Santo mismo enmendó la frase. La corrección no se lee en los manuscritos ni en Br. y Md.

CANCION XXI 3. Es, a saber, ganadas y adquiridas en las juventudes, que son las frescas mañanas de las edades. Y dice escogidas, porque las virtudes que se adquieren en este tiempo de juventud son escogidas y muy aceptas a Dios, por ser en tiempo de juventud, cuando hay más contradicción de parte de los vicios para adquirirlas, y de parte del natural más inclinación y prontitud para perderlas (1), y también porque comenzándolas a coger desde este tiempo de juventud, se adquieren muy más perfectas y son más escogidas. Y llama a estas juventudes frescas mañanas, porque así como es agradable la frescura de la mañana en la primavera más que las otras partes del día, así lo es la virtud de la juventud delante de Dios. Y aun puédense entender estas frescas mañanas por los actos de amor en que se adquieren las virtudes, los cuales son a Dios más agradables que las frescas mañanas a los hijos de los hombres.

4. También se entienden aquí por las frescas mañanas las obras hechas en sequedad y dificultad del espíritu, las cuales son denotadas por el fresco de las mañanas del invierno; y estas obras, hechas por Dios en sequedad de espíritu y dificultad, son muy preciadas de Dios, porque en ellas grandemente se adquieren las virtudes y dones; y las que se adquieren de esta suerte y con trabajo, por la mayor parte son más escogidas y esmeradas y más firmes que si se adquiriesen sólo con el sabor y regalo del espíritu; porque la virtud en la sequedad y dificultad y trabajo y tentación echa raíces, según dijo Dios a San Pablo, diciendo: Viríus in infirmitate perficitur (2). Esto es: La virtud en la flaqueza se hace perfecta. Y por tanto, para encarecer (3) la excelencia de las virtudes de que se han de hacer las guirnaldas para el Amado, bien está dicho: En las frescas mañanas escogidas, porque de solas estas flores y esmeraldas de virtudes y dones escogidos y perfectos, y no de las imperfectas (4), goza bien el Amado. Y por eso dice aquí el alma Esposa, que de ellas para él 1 G, V, Vd. y Br.: inclinado y pronto para perderlas.

2 II ad Cor., XII. 9.

3 Gr.: encerrar.

4 Lch. lee, modifica y abrevia: En las frescas montañas escogidas y perfectas, y no de las imperfectas.

CANTICO ESPI3STU.IL Haremos las guirnaldas.

5. Para cuya inteligencia es de saber, que todas las virtudes y dones que el alma y Dios adquieren en ella son en ella como una guirnalda de varias flores con que está admirablemente hermoseada, así como de (1) una vestidura de preciosa variedad. Y para mejor entenderlo, es de saber que así como las flores materiales se van cogiendo, las van en la guirnalda que de ellas hacen componiendo; de la misma manera, así como las flores espirituales de virtudes y dones se van adquiriendo, se van en el alma asentando. Y acabadas de adquirir, está ya la guirnalda de perfección en el alma acabada de hacer, en que el alma y el esposo se deleitan hermoseados con esta guirnalda y adornados, bien así como ya en estado de perfección. Estas son las guirnaldas que dice han de hacer, que es ceñirse y cercarse de variedad de flores y esmeraldas de virtudes y dones perfectos, para parecer dignamente con este hermoso y precioso adorno delante la cara del Rey, y merezca la iguale consigo, poniéndola como reina a su lado, pues ella lo merece con la hermosura de su variedad (2). De donde hablando David con Cristo en este caso, dijo: Astitit Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circumdata varietate (3). Que quiere 'decir: Estuvo la Reina a tu diestra en vestidura de oro, cercada de variedad, que es tanto como decir: Estuvo a tu diestra vestida de perfecto amor, y cercada de variedad de dones y virtudes perfectas (4). Y no dice: Haré yo las guirnaldas solamente, ni haráslas tú tampoco a solas, sino haremos entrambos juntos; porque las virtudes no las puede obrar el alma, ni alcanzarlas a solas sin ayuda de Dios, ni tampoco las obra Dios a solas en el alma sin ella; porque aunque es verdad que todo dado bueno y todo don perfecto sea de arriba, descendido del Pa- 1 De. Esta palabra es del Santo.

2 V, G, Vd. y Br.: con la hermosura de su virtud B).: con ¡a hermosura de su suavidad.

3 Ps. XLIV, 10.

4 Fulcite. escribe al margen el Santo, quizá con intención de introducir alguna adición o ampliación, que luego no ejecutó.

CANCION XXI dre de las lumbres, como dice Santiago (1), todavía eso mismo no se recibe sin la habilidad y ayuda del alma que lo recibe. De donde hablando la Esposa en los Cantares con el Esposo, dijo: Traite me: post te cur remas in odorem, etc. (2). Que quiere decir: Tráeme después de ti, correremos; de manera que el movimiento para el bien de Dios ha de venir, según aquí da a entender, solamente; mas el correr no dice que él solo, ni ella sola, sino correremos entrambos, que es el obrar Dios y el alma juntamente.

6. Este versillo se entiende harto propiamente de la Iglesia y de Cristo, en el cual la Iglesia Esposa suya habla con él, diciendo: Haremos las guirnaldas, entendiendo por guirnaldas todas las almas santas engendradas por Cristo en la Iglesia, que cada una de ellas es como una guirnalda arreada de flores de virtudes y dones, y todas ellas juntas son una guirnalda para la cabeza del Esposo Cristo; y también se puede entender por las hermosas guirnaldas, que por otro nome bre se llaman aureolas, hechas también en Cristo y la Iglesia, las cuales son de tres maneras: la primera, de hermosas y blancas flores de todas las Vírgenes, cada una con su aureola de virginidad, y todas ellas juntas serán una aureola para poner en la cabeza del Esposo Cristo; la segunda aureola de las resplandecientes flores de los santos Doctores, cada uno con su aureola de doctor, y todos juntos serán una aureola para sobreponer en la de las vírgenes en la cabeza de Cristo (3); la tercera, de los encarnados claveles de los Mártires, cada uno también con su aureola (4) de mártir, y todos ellos juntos serán una aureola para remate de la aureola del Esposo Cristo, con las cuales tres guirnaldas estará Cristo Esposo tan hermoseado y tan gracioso de ver, que se dirá en el cielo aquello que de él dice la Esposa en los Cantares, y es: Salid, hijas de Sión, 1 l, 17.

2 Cant., I, 3.

3 Toda esta segunda manera, referente a los Doctores, se omitió por descuido en la edición de Bruselas y en V, Vd. y G.

y al Rey Salomón mirad con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, y en el día de la alegría de su corazón. Haremos, pues, dice estas guirnaldas En tu amor florecidas.

7. La flor que tienen las obras y virtudes es la gracia y virtud que del amor de Dios tienen, sin el cual no solamente no estarían florecidas, pero todas ellas serían secas y sin valor delante de Dios, aunque humanamente fuesen perfectas; pero porque él da su gracia y amor, son las obras florecidas en su amor.

Y en un cabello mío entretejidas.

8. Este cabello suyo es su voluntad de ella y amor quei tiene al Amado, el cual amor tiene y hace el oficio que el hilo en la guirnalda; porque así como el hilo enlaza y ase las flores en la guirnalda, así el amor del alma enlaza y ase las virtudes en el alma y las sustenta en ella. Porque, como dice San Pae blo, es la caridad el vínculo y atadura de la perfección (1). De manera que en este amor del alma están las virtudes y dones sobrenaturales tan necesariamente asidos, que si quebrase faltando a Dios, luego se desasirían todas las virtudes y faltarían del alma; así como quebrado el hilo en la guirnalda, se caerían las flores. De manera que no basta que Dios nos tenga amor, para darnos virtudes; sino que también nosotros se le tengamos a él, para recebirlas y conservarlas. Dice un cabello solo, y no muchos cabellos, para dar a entender que ya su voluntad está sola en él, desasida de todos los demás cabellos, que son los extraños y ajenos amores. En lo cual encarece bien el valor y precio de estas guirnaldas de virtudes; porque cuando el amor está único y solido en Dios, cual aquí ella dice, también las virtudes están perfectas y acabadas y florecidas mucho en el amor de Dios, porque entonces es el amor que él tiene al alma inestimable, según el alma da a entender en la siguiente canción.

i Col.. III, H.

En solo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste, Mirástele en mi cuello, Y en él preso quedaste, Y en uno de mis ojos te llagaste.

í. Tres cosas quiere decir el alma en esta canción. La primera, es dar a entender que aquel amor en que están asidas las virtudes no es otro sino solo el amor fuerte, porque, a la verdad, tal ha de ser para conservarlas. La segunda, dice que Dios se prendó mucho de este su cabello de amor, viéndolo solo y fuerte. La tercera, dice que estrechamente se enamoró Dios de ella, viendo la pureza y entereza de su fe. Y dice así: En solo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste.

2. El cuello significa la fortaleza, en la cual dice que volaba el cabello del amor, en que están entretejidas las virtudes, que es amor en fortaleza; porque no basta que sea solo para conservar las virtudes, sino que también sea fuerte, para que ningún vicio contrario le pueda por ningún lado de la guirnalda de la perfección quebrar. Porque por tal orden están asidas en este cabello del amor del alma las virtudes, que si en alguna quebrase, luego, como habernos dicho, faltarían todas; porque las virtudes así como donde está una están todas, ansí también donde una falta faltan todas. Y dice que volaba en el cuello, porque en la fortaleza del alma, que es el cuello del alma, vuela este amor a Dios con gran fortaleza y ligereza, sin detenerse en cosa alguna; y así como en el cuello el aire menea y hace volar al cabello, así también el aire del Espíritu Santo mueve y altera al amor fuerte para que haga vuelos a Dios; porque sin este divino viento, que mueve las potencias a ejercicio de amor divino, no obran ni hacen sus efectos las virtudes (1), aunque las haya en el alma. Y en decir que el Amado consideró en el cuello volar este cabello, da a entender cuánto ama Dios el amor fuerte; porque considerar es mirar muy particularmente con atención y estimación de aquello que se mira, y el amor fuerte hace mucho a Dios volver los ojos a mirarle. Y así se sigue (2): Mirástele en mi cuello.

3. Lo cual dice para dar a entender el alma que no sólo preció y estimó Dios este su amor (3), sino que también le amó, viéndole fuerte; porque mirar Dios (4) es amar Dios, así como el considerar Dios, es, como habernos dicho, estimar lo que considera (5). Y vuelve a repetir en este verso el cuello, diciendo del cabello: Mirástele en mi cuello, porque, como está dicho, ésa es la causa porque le amó mucho, es a saber, verle en fortaleza, y así es como si dijera: Amástele viéndole (6) fuerte sin pusilanimidad y temor, y solo sin otro amor, y volar con ligereza y fervor. De donde se sigue, que Y en él preso quedaste.

4. i Oh, cosa digna de toda acepción (7) y gozo, quedar Dios preso en un cabello! La causa de esta prisión tan preciosa es el pararse él a mirar, que es, como habernos dicho, amar él nuestro bajo ser; porque si él, por su gran misericordia, no nos mirara y amara primero, como dice San Juan (8), y se abajara, ninguna presa hiciera en él el vuelo del 1 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md.: no obran las virtudes.

2 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md., modifican así estas lineas: "Y en decir que el Amado consideró en el cuello volar este cabello, da a entender cuánto ama Dios el amor fuerte y ligero en obrar; porque considerar es mirar con atención y estimación muy particularmente. El amor fuerte hace mucho reparar a Dios." Al margen el Santo: (Cu)ando [esta] flaco (el) amor (no) le mira (a) el cuello.

3 Bz., 8.654, Gr. y Md.: su amor fuerte.

4 Bz., 8.654, Bj., Gr., Lch. y Md.: porque el mirar de Dios.

5 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md.: "Así como el considerar de Dios es estimar el valor que hay en las cosas y notarle."

6 Viéndole. Adición del Santo, que suple un descuido del Códice de Barrameda, en que no incurren los demás.

7 Br.: acción.

8 San Pablo, decía la copia. Alguien tacha la palabra Pablo, y la sustituye por Juan. San Pablo se lee también en Br. y en los Mss.

cabello (1) de nuestro amor bajo, porque no tenía tan alto vuelo que llegase a prender a esta divina Ave de las alturas; mas porque ella se abajó a mirarnos g a provocar nuestro vuelo g levantarle, dando valor a nuestro amor, por eso él mismo se prendó del cabello en el vuelo, esto es, él mismo se pagó g se agradó, y por eso se prendó; g eso quiere decir: Mirástele en mi cuello, — Y en él preso quedaste. Y así cosa creíble es que el ave de bajo vuelo prenda al águila re; 1 muy subida, si ella se viene a lo bajo, queriendo ser presa.

Y en uno de mis ojos te llagaste.

5. Entiéndese aquí por el ojo la fe, g dice uno solo g que en él se llagó, porque si la fe y fidelidad del alma para con Dios no fuese sola, sino que estuviese mezclada con otro algún respecto o cumplimiento, no llegaría a efecto de llagar a Dios de amor, y así solo un ojo ha de ser en que se llaga, como también un solo cabello en que se prenda el Amado. Y es tan estrecho el amor con que el Esposo se prenda de la Esposa en esta fidelidad única que ve en ella, que si en el cabello del amor de ella se prendaba, en el ojo de su fe aprieta con tan estrecho nudo la prisión, que le hace llaga de amor, por la gran ternura del afecto con que está aficionado a ella, lo cual es entrarla más en su amor (2).

6. Esto mismo del cabello g del ojo dice el Esposo en los Cantares hablando con la Esposa, diciendo: Llagaste mi corazón, hermana mía, llagaste mi corazón en uno de tus ojos y en un cabello de tu cuello (3). En lo cual dos veces repite haberle llagado el corazón, es a saber, en el ojo g en el cabello. Y por eso el alma en la dicha canción hace relación de estas dos cosas, como agradeciendo al Amado g regraciando tan gran merced, y también para gozarse ella y deleitarse en haber sido tan dichosa que haya caído en gracia a su Amado, 2 Lo cual es entrarla más en su amor. Nota marginal del Santo, que no copian los Mss.

3 Cant.. IV. 9.

y así lo atribuye ella todo a él en la canción siguiente, diciendo: CANCION XXIII Cuando tú me mirabas, Su gracia en mí tus ojos imprimían (1); Por eso me adamabas, Y en eso merecían Los míos adorar lo que en ti vían.

1, Es propiedad del amor perfecto no querer admitir ni tomar nada para sí, ni atribuirse a si na'da sino todo al Amado; que esto aun en los amores bajos lo hay, cuanto más en el de Dios donde tanto obliga la razón. Y por tanto, porque en las dos canciones pasadas parece se atribuía a sí alguna cosa la Esposa, tal como decir que haría ella juntamente con el Esposo las guirnaldas, y que se tejerían con el cabello de ella (2), lo cual es obra no de poco momento y estima; y después decir y gloriarse que el Esposo se había prendado en su cabello y llagado en su ojo, en lo cual también parece atribuirse a sí misma gran merecimiento, quiere ahora en la presente canción declarar su intención y deshacer el engaño que en esto se puede entender, con cuidado y temor no se le atribuya (3) a ella algún valor y merecimiento, y por eso se le atribuya a Dios menos de lo que se le debe y ella desea. Atribuyéndolo todo a él y regraciándoselo juntamente, le dice que la causa de prendarse él del cabello de su amor y llagarse del ojo de su fe, fué por haber él hecho la merced de mirarla con amor, en lo cual la hizo graciosa y agradable a sí mismo; y que por 1 Véase la nota primera de la página 1 1. Aquí, por el contrario, casi todos leen Su gracia...excepto Md., Lch., G y V.

2 Había escrito el copista con su cabello. El Santo enmienda la frase, que sólo G copia.

3 La de Br. salta de esta palabra a la igual de la siguiente frase.

CANCION xxm esa gracia (1) y valor que de él recibió, mereció (2) su amor, y tener valor ella en sí para adorar agradablemente a su Amado y hacer obras dignas de su gracia (3) y amor. Sigúese el verso Cuando tú me mirabas.

2. Es a saber, con afecto de amor, porque ya dijimos que el mirar de Dios aquí es amar.

Su gracia en mí tus ojos imprimían (4).

3. Por los ojos del Esposo entiende aquí su Divinidad misericordiosa, la cual inclinándose al alma con misericordia imprime e infunde en ella su amor y gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace consorte de la misma Divinidad. Y dice el alma viendo la dignidad y alteza en que Dios la ha puesto.

Por eso me adamabas.

4. Adamar es amar mucho, es más que amar simplemente, es como amar duplicadamente, esto es, por dos títulos o causas. Y así en este verso da a entender el alma los dos motivos y causas del amor que él tiene a ella; por los cuales no sólo la amaba prendado en su cabello, mas que la adamaba llagado en su ojo. Y la causa porque él la adamó de esta manera tan estrecha, dice ella en este verso que era porque él quiso con mirarla darla gracia para agradarse de ella, dándole el amor de su cabello, y formándole con su caridad la fe de su ojo. Y así dice: Por eso me adamabas. Porque poner Dios en el alma su gracia, es hacerla digna y capaz de su amor; y así es tanto como decir: porque habías puesto en mí tu gracia, que eran prendas dignas de tu amor, por eso me adamabas, esto es, por eso me dabas más gracia. Esto es lo que dice San Juan, que dat 1 Br.: grandeza.

2 Br.: credo.

3 Br.: grandeza.

4 Véase la nota de la página anterior. Aquí Md. lee Su gracia. Solo G, Lch., V y Vd. trasladan Tu gracia.

gratiam pro gratia (1). Que quiere decir: Da gracia por la gracia que ha dado, que es dar más gracia; porque sin su gracia no se puede merecer su gracia.

5. Es de notar para inteligencia de esto, que Dios así como no ama cosa fuera de sí (2), así a ninguna cosa ama más bajamente que a sí (3), porque todo lo ama por sí, y el amor tiene la razón del fin; y así no ama las cosas por lo que ellas son en sí. De donde amar Dios al alma, es meterla en cierta manera en sí mismo, igualándola consigo, y así ama al alma en sí consigo con el mismo amor que él se ama; y por eso en cada obra merece el alma amor de Dios, porque puesta en esta gracia y alteza, merece al mismo Dios en cada obra. Y por eso se sigue en estotro verso: Y en eso merecían.

6. En ese favor y gracia que los ojos de tu misericordia me hicieron de levantarme a tu amor, tuvieron valor y merecieron.

Los míos adorar lo que en ti vían.

7. Es tanto como decir: las potencias de mi alma, Esposo mío, merecieron levantarse a mirarte, que antes con la miseria de su baja obra y caudal estaban caídas y bajas, porque poder mirar el alma a Dios, es hacer obras en gracia de Dios; y ya merecían los ojos del alma en el adorar, porque adoraban en gracia de su Dios (4); adoraban lo que ya en él veían, alumbrados y levantados con su gracia y favor, lo cual antes no veían por su ceguera y bajeza. ¿Qué era, pues, lo que ya veían? Veían grandeza de virtudes, abundancia de suavidad, bondad inmensa, amor y misericordia en él, beneficios innumerables que de él había recibido, ahora estando en gracia, ahora cuando no lo estaba; todo esto merecían ya adorar con merecimiento los ojos del alma, porque ya estaban gra- 1 Joan.. I. 16.

2 Md. añade: que Dios así como no ama cosa fuera de sí sino es por sí.

3 Bz. y Bj. añaden aqui: esto es, con menor amor que a sí...4 Br.: grandeza de Dios.

ciosos, lo cual antes no sólo no merecían adorarlo ni verlo, pero ni aun considerarlo, porque es grande (1) la rudeza y ceguera del alma que está sin gracia.

No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes mirarme Después que me miraste. Que gracia y hermosura en mí dejaste.

DECLARACION (2).

1. Animándose ya la Esposa y preciándose a sí misma en las prendas y precio que de su Amado tiene, viendo que por ser cosas de él, aunque ella de suyo sea de bajo precio y no merezca alguna estima, merece ser estimada por ellas, atrévese a su Amado y dícele que ya no la quiera tener en poco, ni despreciarla, porque si antes merecía esto por la fealdad (3) de su culpa y bajeza de su naturaleza, que ya, después que él la miró la primera vez en que la arreó con su gracia y vistió de su hermosura, que bien la puede ya mirar la segunda y más veces, aumentándole la gracia y hermosura, pues hay ya razón y causa bastante para ello en haberla mirado cuando no lo merecía ni tenía partes para ello No quieras despreciarme.

2. Como si dijera: pues así es lo dicho, no quieras tenerme ya en poco.

Que si color moreno en mí hallaste.

3. Que si antes que me miraras, hallaste en mí fealdad de culpas e imperfecciones y bajeza de condición natural, 1 Br.: porque es grandeza de.

2 A excepción del G. V, Vd. y Br., los demás manuscritos y la edición de Madrid introducen tantas modificaciones en ésta y en la siguiente estrofa, que las publicaremos en los Apéndices, según la nota de la página 14.

Ya bien puedes mirarme, Después que me miraste.

4. Después que me miraste, quitando de mí ese color moreno y desgraciado con que no estaba de ver, ya "bien puedes mirarme más veces; porque no sólo me quitaste el color mo^ reno mirándome la primera vez, pero también me hiciste más digna de ver, pues que con tu vista de amor Gracia y hermosura en mí dejaste.

5. Mucho se agrada Dios en el alma a quien ha dado su gracia, porque en ella mora bien agradado (lo cual no hacía antes que se la diese), y ella está con él engrandecida y honrada; y por eso es amada de él inefablemente, y la va él comunicando siempre en todos los afectos (1) y obras de ella (2) más amor; porque el alma que está subida en amor y honrada acerca de Dios, siempre va alcanzando más amor y honra de Dios, según dice por San Juan, como habernos dicho: Dat graüam pro gratia (3). Y así lo da a entender Dios hablando con su amigo Jacob por Isaías, diciendo: Ex quo honorabilis factus es in oculis meis, et gloriosas, ego dilexi te (4). Que quiere decir: Después que en mis ojos eres hecho honrado y glorioso, yo te he amado; lo cual es tanto como decir: después que mis ojos te dieron gracia mirándote la primera vez, por la cual te hiciste honrado y glorioso en mi presencia, has merecido más gracia de mercedes mías. Esto da a entender la Esposa a las hijas de Jerusalén en los divinos Cantares, diciendo: Nigra sunt sed formosa filiae Jerusalem, ideo dilexit me rex ct introduxit me in cubiculum suurn (5). Que quiere decir: Morena soy, hijas de Jerusalén, pero soy hermosa; por tanto me ha amado el Rey y metido en lo interior de su lecho. Lo cual es tanto como si dijera: hijas de Jerusalén, no os maravilléis por- 1 Effectos decía la copia y trasladan G, V, Vd. y Br. La enmienda es del Santo.

2 Sobre esta palabra puso el Santo: más amor, que G, V, Vd. y Br. no trasladan.

3 1, 16.

4 XLIII, 4.

5 1.4.

que el Rey celestial me haya hecho tan grandes mercedes en meterme en lo interior de su lecho, porque aunque soy morena de mío, por lo cual no las merecía, ya soy hecha hermosa de él, por haberme él mirado, y por eso me ha amado (1).

6. Bien puedes ya, Dios mío, mirar y preciar mucho al alma que ya una vez miraste, pues con tu vista primera la dejaste prendas con que ya no una sola vez sino muchas merece ser vista de tus divinos ojos; porque como se dice en, el libro de Ester: Hot honor e condignus est quemcumque rex voluerit honorare (2).

CñNCION XXV (3).

Coged nos las raposas, Que está ya florecida nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una pifia, Y no parezca nadie en la montiña.

1. Viendo la Esposa las virtudes de su alma puestas ya en el punto de su perfección, en que esta ya gozando el deleite y suavidad y fragancia de ellas, asi como se goza la vista y olor de las plantas cuando están bien florecidas, deseando ella continuar esta suavidad y que no haya cosa que pueda impedírsela, pide en esta canción a los ángeles y ministros de Dios que entiendan en apartar de ella todas aquellas cosas que pueden derribar y ajar (4) la dicha flor y fragancia de sus virtudes, como son todas las turbaciones, tentaciones, desasosiegos, apetitos, si algunos quedan (5), imaginaciones y otros movimientos naturales y espirituales, que aquí pone nom- 1 Omni habenti dabitut. Nota marginal del Santo, 2 VI, 11.

3 Véase la nota segunda de la página 1 19.

5 Si algunos quedan. Nota interlineal del Santo, que no recogen G, V, Vd. ni Br.

bre de raposas, que suelen impedir al alma la flor de la paz y quietud y suavidad interior, al tiempo que más a su sabor la está gozando el alma en sus virtudes junto con su Amado; porque suele el alma a veces ver en su espíritu todas las virtudes que Dios la ha dado (obrando él en ella esta luz), y ella entonces con admirable deleite y sabor de amor las junti todas y las ofrece al Amado como una piña de flores (1) (estando más c[recido?] el amforj se hac[e] más [¿grande?] piña) (2), en lo cual recibiéndolas el Amado entonces, como a la verdad las recibe, recibe en ello gran servicio; porque el alma se ofrece juntamente con las virtudes, que es el mayor servicio que ella le puede hacer; y así es uno de los mayores deleites que en el trato con Dios suele recibir éste que recibe en esta manera de don que al Amado hace. Y así, deseando ella que no le impida cosa este deleite interior que es la viña florida, desea le quiten no sólo las cosas dichas, mas que también haya gran soledad de todas las cosas, de manera que en todas las potencias y apetitos interiores y exteriores no haya forma ni imagen ni otra cosa que parezca y se represente delante del alma y del Amado, que en soledad y unión de entrambos están haciendo y gozando esta piña.

Coged nos las raposas. Que está ya tlorecida nuestra viña.

2. La viña es el plantel que está en el alma de todas las virtudes que dan al alma vino de dulce sabor. Esta viña del alma está florida cuando según la voluntad está unida con el Esposo y en el mismo Esposo está gozando y deleitándose en todas esas virtudes juntas; y a este tiempu suelen algunas veces acudir a la memoria y fantasía muchas y varias formas e imaginaciones, y en la parte sensitiva muchos y varios movimientos y apetitos, que, como habernos dicho, con su mucha sutileza ij viveza molestan y desquietan al alma de la sua- 2 Estando más c¡recido?] el <jm¡or] se /i¿ic[e| mas [grande?] piña. Adición del Santo.

vidad y quietud interior de que goza. Y allende de esto, los demonios, que tienen mucha envidia de la paz y recogimiento interior, suelen ingerir en el espíritu horrores y turbaciones y temores; a todas las cuales cosas llama aquí raposas, porque así como las ligeras y astutas raposillas con sus sutiles saltos suelen derribar y estragar la flor de las viñas al tiempo que están floridas, así los astutos y maliciosos demonios con estas turbaciones y movimientos ya dichos, saltando, turban la devoción de las almas santas.