67. Ha de advertir el alma en esta quietud que, aunque ella entonces no se sienta caminar ni hacer nada, camina mucho más que si fuese por su pie, porque la lleva Dios en sus brazos; y asi, aunque camina al paso de Dios, ella no siente el paso (2). Y aunque ella misma no obra nada con las potencias de su alma, mucho más hace que si ella lo hiciese, pues es Dios el obrero. Y que ella no lo eche de ver no es maravilla, porque lo que Dios obra en el alma a este tiempo no lo alcanza el sentido, porque es en silencio (3); que como dice el Sabio, las palabras de la sabiduría óyense en silencio. Déjese el alma en las manos efe Dios y no se ponga en sus propias manos ni en las de estos dos ciegos (4), que como esto sea y ella no ponga las potencias en algo, segura irá.
1 C y Bg.: a gusto.
2 Bg. y P: ella no detiene el paso.
3 Bz. salta de esta palabra a la igual que sigue. i Bg.: de otros dos ciegos.
68. Pues volvamos ahora al propósito de estas profundas cavernas de las potencias del alma en que decíamos que el padecer del alma suele ser grande cuando la anda Dios ungiendo y disponiendo con los más subidos (1) ungüentos del Espíritu Santo para unirla consigo; los cuales son ya tan sutiles y de tan delicada unción (2), que penetrando ellos la íntima sustancia (3) del fondo del alma (4), la disponen y la saborean, de manera que el padecer y desfallecer en deseo y con inmenso vacío de estas cavernas es inmenso. Donde habernos de notar, que si los ungüentos que disponían a estas cavernas del alma para la unión del matrimonio espiritual con Dios son tan subidos como habernos dicho, ¿cuál pensamos que será la posesión de inteligencia, de amor y gloria que tienen ya en la dicha unión con Dios el entendimiento, voluntad y memoria? Cierto, que conforme a la sed y hambre que tenían estas cavernas será ahora la satisfacción y hartura y deleite de ellas; y conforme a la delicadez de las disposiciones, será el primor de la posesión del alma y fruición de su sentido.
69. Por el sentido del alma entiende aquí la virtud y fuerza que tiene la sustancia del alma para sentir y gozar los objetos de las potencias espirituales con que gusta la sabiduría y amor y comunicación de Dios. Y por eso a estas tres potencias, memoria, entendimiento y voluntad, las llama el alma en este verso cavernas del sentido profundas; porque por medio de ellas y en ellas siente y gusta el alma profundamente las grandezas de la sabiduría y excelencias de Dios. Por lo cual harto propiamente las llama aquí el alma cavernas profundas; porque como s'iente que en ellas caben las profundas inteligencias y resplandores de las lámparas del fuego (5), conoce que tiene tanta capacidad y senos, cuantas cosas distintas recibe de inteligencias, de sabores, de gozos, de deleites, etc., de Dios; to- 1 Bg. y P: sutiles.
2 Bz.: unión.
3 S y Bz.: última sustancia. P: infinita sustancia.
4 Bz.: del sentido del alma.
5 Bz. repite aqui dos líneas.
das las cuales cosas se reciben y asientan en este sentido del alma, que, como digo, es la virtud y capacidad que tiene el alma para sentirlo y poseerlo y gustarlo todo, administrándoselo las cavernas de las potencias, así como al sentido común de la fantasía acuden con las formas de sus objetos los sentidos corporales, y él es el receptáculo (1) y archivo de ellas; por lo cual este sentido común del alma, que está hecho receptáculo y archivo de las grandezas de Dios, está tan ilustrado y tan rico cuanto alcanza de esta alta y esclarecida posesión.
Que estaba oscuro y ciego.
70. Conviene a saber, antes que Dios le esclareciese y alumbrase, como está dicho. Para inteligencia de lo cual es de saber que por dos cosas puede el sentido de la vista dejar de ver: o porque está a oscuras, o porque está ciego. Dios es la luz y el objeto del alma; cuando ésta no le alumbra, a oscuras está, aunque la vista tenga muy subida. Cuando está en pecado o emplea el apetito en otras cosas, entonces está ciega; y aunque entonces la embista la luz de Dios, como está ciega, no la ve la oscuridad del alma, que es la ignorancia del alma, la cual, antes que Dios la alumbrase por esta transformación, estaba oscura e ignorante de tantos bienes de Dios, como dice el Sabio que lo estaba él antes que la sabiduría le alumbrase (2), diciendo: Mis ignorancias alumbró (3).
71. Hablando espiritualícente, una cosa es estar a oscuras y otra estar en tinieblas, porque estar en tinieblas es estar ciego (como habernos dicho), en pecado; pero el estar a oscuras puédelo estar sin pecado, y esto de dos maneras, conviene a saber: acerca de lo natural, no teniendo luz de algunas cosas naturales (4); y acerca de lo sobrenatural, no teniendo luz de algunas cosas sobrenaturales (5); y acerca de estas dos cosas dice aquí el alma que estaba oscuro su sentido antes de esta preciosa 1 Bz.: espectáculo.
2 Bz.: antes que le ilustrase y alumbrase.
3 Eccli.. U, 26.
4 Bg. y P: de las cosas naturales.
5 Bg., P y C. de las cosas sobrenaturales.
unión (1). Porque hasta que el Señor dijo: Fiat lux, estaban las tinieblas sobre la haz del abismo de la caverna del sentido del alma, el cual cuanto es más abisal (2) y de más profundas cavernas, tanto más abisales (3) y profundas cavernas, y tanto más profundas tinieblas hay en él acerca de lo sobrenatural, cuando Dios, que es su lumbre, no le alumbra; y asi esle imposible alzar los ojos a la divina luz ni caer en su pensamiento, porque no sabe cómo es nunca habiéndola visto (4).
Y por eso, ni la podrá apetecer, antes apetecerá tinieblas, porque sabe como son, e irá de una tiniebla en otra, guiado por aquella tiniebla; porque no puede guiar una tiniebla sino a otra tirúebla. Pues, como dice David: El día rebosa en el día, y la noche enseña ciencia a la noche (5). Y así un abismo llama a otro abismo, conviene a saber: un abismo de luz llama a otro abismo de luz, y un abismo de tinieblas a otro abismo de tinieblas, llamando cada semejante a su semejante y comunicándosele. Y así, la luz de la gracia que Dios antes había dado a esta alma, con que le había alumbrado el ojo del abismo de su espíritu, abriéndosele a la divina luz y haciéndola en esto agradable a sí, llamó otro abismo de gracia, que es esta trasformación divina del alma en Dios, con que el ojo del sentido queda tan esclarecido y agradable a Dios que podemos decir que la luz de Dios y del alma toda es una, unida la luz natural del alma con la sobrenatural de Dios, y luciendo ya la sobrenatural solamente; así como la luz que Dios crió se unió con la luz del sol, y luce ya la del sol solamente sin faltar la otra.
72. Y también estaba ciego en tanto que gustaba de otra cosa; porque la ceguedad del sentido racional y superior es el apetito, que, como catarata y nube, se atraviesa y pone sobre el ojo de la razón, para que no vea las cosas que están delante.
2 C: eí cual cuanto mas habitable. S: cuanto mas avisado.
4 Asi los Mas., excepto S.
5 Ps. XVIII, 3.
Y asi, en tanto que proponía en el sentido algún gusto, estaba ciego para ver las grandezas de riquezas y hermosura divina (1) que estaban tras de la catarata. Porque así como poniendo sobre el ojo una cosa, por pequeña que sea, basta para tapar la vista que no vea otras cosas que están delante, por grandes que sean; así un leve apetito y ocioso acto que tenga el alma, basta para impedirla todas estas grandezas divinas, que están después de los gustos y apetitos que el alma quiere.
73. i Oh, quien pudiera decir aquí cuán imposible le es al alma que tiene apetitos juzgar de las cosas de Dios como ellas son! (2); porque para juzgar las cosas de Dios, totalmente se ha de echar el apetito y gusto fuera, y no las ha de juzgar con él; porque infaliblemente vendrá a tener las cosas de Dios por no de Dios, y las no de Dios, por de Dios. Porque estando aquella catarata y nube del apetito sobre el ojo del juicio, no ve sino catarata, unas veces de un color y otras de otro, como ellas se le ponen,, y piensa, que la catarata es Dios, porque, como digo, no ve más que catarata que está sobre el sentido, y Dios no cae en el sentido.
Y de esta manera el apetito y gustos sensitivos impiden el conocimiento de las cosas altas. Lo cual da bien a entender el Sabio por estas palabras, diciendo: El engaño de la vanidad (3) oscurece los bienes; y la inconstancia de la concupiscencia trastorna el sentido sin malicia (4), es a saber, el buen juicio.
74. Por lo cual, los que no son tan espirituales que estén purgados de los apetitos y gustos, sino que todavía estén algo animales en ellos, crean que las cosas que son más viles y bajas al espíritu, que son las que más se llegan al sentido, según el cual todavía ellos viven, las tendrán por gran cosa; y las que son más preciadas y más altas para el espíritu, que son las que más se apartan del sentido, las tendrán en poco y 1 Bg. y P: las grandezas y riquezas divinas.
2 Bz. abrevia: "para impedirle todas estas grandezas de Dios como ellas son, porque para acertar a juzgar las cosas de Dios..."
3 C: voluntad.
4 Sap., IV, 12.
no las estimarán, y aun a veces las tendrán por locura, como lo da bien a entender San Pablo, diciendo: El hombre animal no percibe las cosas de Dios; son para él locura, y no las puede entender (1). Por hombre animal se entiende aquí aquel que todavía vive con apetitos y gustos naturales; porque aunque algunos gustos nacen del espíritu en el sentido, si el hombre se quiere asir a ellos con su natural apetito, ya son apetitos no más que naturales: que poco hace al caso que el objeto o motivo sea sobrenatural, si el apetito sale del mismo natural (2), teniendo su raíz y fuerza en el natural, para que deje de ser apetito natural; pues que tiene la misma sustancia y naturaleza que si fuera cerca de motivo y materia natural.
75. Dirásme, pues: luego sigúese que cuando el alma apetece a Dios, no le apetece sobrenaturalmente, y así aquel apetito no será meritorio delante de Dios. Respondo que verdad es que no es aquel apetito, cuando el alma apetece a Dios, siem1pre sobrenatural, sino cuando Dios le infunde, dando él la fuerza de tal apetito, y éste es muy diferente del natural, y hasta que Dios le infunde, muy poco o nada se merece. Y asi, cuando tú, de tuyo, quieres tener apetito de Dios, no es más que apetito natural, ni será más hasta que Dios le quiera informar sobrenaturalmente. De donde cuando tú de tuyo quieres apegar el apetito a las cosas espirituales (3), y te quieres asir al sabor de ellas, ejercitas el apetito tuyo natural, y entonces cataratas pones en el ojo y animal eres (¿1). Y asi no podrás entender ni juzgar de lo espiritual, que es sobre todo sentido y apetito natural. Y si tienes más dudas, no sé qué te diga, sino que lo vuelvas a leer, que quizá lo entenderás, que dicha está la sustancia de la verdad y no se sufre aqui en esto alargarme más.
76. Este sentido, pues, del alma que antes estaba oscuro sin esta divina luz de Dios, y ciego con sus apetitos y afec- 1 I ad Cor., II, 14.— S: locura, y le son muy dificultosas de entender.
2 Bg. y P: de motivo natural.
3 Bg. y P: pegar el apetito y gustar las cosas espirituales.
4 S: y no dejas de ser animal.
ciones, ya no solamente con sus profundas cavernas ( 1 ) está ilustrado y claro por medio de esta divina unión;(2) con Dios; pero aun hecho ya como una resplandeciente luz con las cavernas de sus potencias (3).
Con extraños primores Calor y luz da junto a su querido.
77. Porque estando estas cavernas de las potencias ya tan mirificas (¿i) y maravillosamente iníundidas en los admirables resplandores de aquellas lámparas, como habernos dicho que en ella están ardiendo, están ellas enviando a Dios en Dios, de más de la entrega que de sí hacen a Dios, esos mismos resplandores que tienen recibidos con amorosa gloria, inclinadas ellas a Dios en Dios, hechas también ellas encendidas lámparas en los resplandores de las lámparas divinas, dando al amado la misma luz y calor de amor que reciben (5); porque aquí de la misma manera que lo reciben, lo están dando al que lo recibe, y lo ha dado con los mismos primores que él se los da, como el vidrio hace cuando le embiste el sol, que echa también resplandores; aunque estotro es en más subida manera, por intervenir en ello el ejercicio de la voluntad.
78. Con extraños primores, es a saber, extraños y ajenos de todo común pensar y de todo encarecimiento y de todo modo y manera. Porque conforme al primor con que el entendimiento recibe la sabiduría divina, hecho el entendimiento uno con el de Dios, es el primor con que lo da el alma; porque no lo puede dar sino al modo que se lo dan. Y conforme al primor con que la voluntad está unida en la bondad (6), es el primor con que ella da a Dios en Dios la misma bondad, porque no lo recibe sino para darlo. Y, ni más ni menos, según el primor con que en la grandeza de Dios conoce^ estando unida 1 C: cavernas del sentido.
2 S: de esta altísima y divina unión.
3 Bg. y P: de sus potencias, tanto que.
4 Bz.: potencias tan mortificadas. Bg. y P: tan mirifica y maravillosamente.
5 Bg. y P: que reciben de él.
6 C: que la voluntad está unida con la voluntad divina.
en ella, luce y da calor de amor; y según los primores de los demás atributos divinos que comunica allí él al alma de fortaleza, hermosura, justicia, etc., son los primores con que él sentido, gozando, está dando a su querido en su querido; es a saber, esa misma luz y calor que está recibiendo de su querido, porque estando ella aquí hecha una misma cosa con él, en cierta manera es ella Dios por participación; que aunque no tan perfectamente como en la otra vida, es, como dijimos, como sombra de Dios. Y a este talle, siendo ella por medio de esta sustancial trasformación sombra de Dios, hace ella en Dios por Dios lo que él hace en ella por si mismo, al modo que él lo hace, porque la voluntad de los dos es una, y así la operación de Dios y de ella es una. De donde como Dios se le está dando con libre y graciosa voluntad, así también ella, teniendo la voluntad tanto más libre y generosa cuanto más unida en Dios, está dando a Dios al mismo Dios en Dios, y es verdadera y entera dádiva del alma a Dios. Porque allí ve el alma que verdaderamente Dios es suyo, y que ella le posee con posesión hereditaria, con propiedad (1) de derecho, como hijo de Dios adoptivo, por la gracia que Dios le hizo de dársele a sí mismo, y que, como cosa suya, le puede dar y comunicar a quien ella quisiere de voluntad; y así ella dale a su querido, que es el mismo Dios que se le dió a ella, en lo cual paga ella a Dios todo lo que le debe, por cuanto de voluntad le da otro tanto como de él recibe.
79. Y porque en esta dádiva que hace el alma a Dios, le da al Espíritu Santo como cosa suya con entrega voluntaria, para que en él se ame como él merece, tiene el alma inestimable deleite (2) y fruición, porque ve que da ella a Dios cosa suya propia que cuadra a Dios según su infinito ser. Que aunque es verdad que el alma no puede de nuevo dar al mismo Dios a si mismo, pues él en sí siempre se es el mismo, pero el alma de suyo perfecta y verdaderamente lo hace, dando todo 1 Bz.: con posesión y propiedad.
2 Bg. y P: tiene el alma como inestimable deleite.
lo que él le habia dado para pagar el amor (1), que es dar tanto como le dan; y Dios se paga con aquella dádiva del alma, que con menos no se pagaría y la toma Dios con agradecimiento, como cosa que de suyo le da el alma, y en esa misma dádiva ama el alma también como de nuevo (2); y así entre Dios y el alma, está actualmente formado un amor recíproco en conformidad de la unión y entrega matrimonial, en que los bienes de entrambos, que son la divina esencia, poseyéndolos cada uno libremente por razón de la entrega voluntaria del uno al otro, los poseen entrambos juntos, diciendo el uno al otro lo que el Hijo de Dios dijo al Padre por San Juan, es a saber: Omnia mea tita stint, et tita mea sunt et clarifica.ttí& sutn in eis (5). Esto es: todos mis bienes son tuyos y tus bienes míos, y clarificado soy en ellos. Lo cual en la otra vida es sin intermisión en la fruición perfecta; pero en este estado de unión acaece cuando Dios ejercita (4) en el alma este acto de la trasformación, aunque no con la perfección que en la otra. Y que pueda 2\ alma hacer aquella dádiva (5) aunque es de más entidad que su capacidad y ser, está claro, porque lo está que el que tiene muchas genies y reinos por suyos, que son de mucha más entidad (6), los puede dar a quien él quisiere.
80. Esta es la gran satisfacción y contento del alma, ver que da a Dios más que ella en si es y vale (7), con aquella misma luz divina (8) y calor divino que se lo da (9); lo cual en la otra vida es por medio de la lumbre de gloria, y en ésta por medio de la fe ilustradísima. De esta manera, las profundas~cI- 2 Bg. "que de suyo le da al alma, y en esa entrega de Dios ama el alma también como de nuevo, y él de nuevo libremente se entrega al alma, y en eso ama el alma..."
3 XVII, 10.
4 Bg.: excita.
5 Bg. y P: dadiva tan grande.
6 Bg.: de mucho más entidad que él.
7 Bg. añade: dando con tanta liberalidad a Dios a sí mismo como cosa suya.
8 C: con aquella misma luz divina y claridad y calor divino.
9 S lee: y calor divino y soledad. Lo cual...vertías del sentido, con extraños primores calor y luz dan junto a su querido. Junto dice, porque junta es la comunicación del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el alma, que son. luz y fuego de amor en ella.
81. Pero los primores con que el alma hace esta entrega, hemos de notar brevemente aquí. Acerca de lo cual se ha de advertir que, como quiera que el alma goce cierta imagen de fruición causada de la unión del entendimiento y del afecto con Dios, deleitada ella y obligada por esta tan gran merced, hace la dicha entrega de Dios y de sí a Dios con maravillosos modos. Porque acerca del amor se ha el alma con Dios con extraños primores, y acerca de este rastro de fruición, ni más ni menos, y acerca de la alabanza también; y por el semejante acerca del agradecimiento.
82. Cuanto a lo primero, tiene tres primores principales de amor: el primero es que aquí ama el alma a Dios no por si, sino por él mismo; lo cual es admirable primor, porque ama por el Espíritu Santo, como el Padre y el Hijo se aman, como el mismo Hijo lo dice por San Juan, diciendo: La dilección con que me amaste esté en ellos y yo en ellos (1). El segundo primor es amar a Dios en Dios, porque en esta unión vehemente, se absorbe el alma en amor de Dios, y Dios con gran vehemencia se entrega al alma. El tercer primor de amor principal es amarle allí por quien él es, porque no le ama sólo porque para si misma es largo, bueno y glorioso (2), etc., sino mucho más fuertemente, porque en sí es todo esto esencialmente.
83. Y acerca de esta imagen de fruición tiene otros tres primores maravillosos (3), principales. El primero, que el alma goza allí a Dios por el mismo Dios; porque como el alma une aquí el entendimiento en la omnipotencia, sapiencia, bondad, etc., aunque no claramente como será en la otra vida, grandemente se deleita en todas estas cosas entendidas distinta- 1 Joan. XVII. 26.
3 S lee: maravillosos, preciosos y principales.
mente, como arriba dijimos. El segundo primor principal de esta delectación es deleitarse ordenadamente sólo en Dios, sin ninguna otra mezcla de criatura. El tercer deleite es gozarle sólo por quién él es, sin mezcla alguna de gusto propio.
84. Acerca de la alabanza que el alma tiene a Dios en esta unión, hay otros tres primores de alabanza. El primero hacerlo de oficio, porque ve el alma que para su alabanza la crió Dios, como dice por Isaías, diciendo: Este pueblo formé para mí; cantará mis alabanzas (1). El segundo primor de alabanza es por los bienes que recibe y deleite que tiene en alabarle. El tercero es por lo que Dios es en si, porque aunque el alma, ningún deleite recibiese, le alabaría por quien él es.
85. Acerca del agradecimiento tiene otros tres primores (2). El primero agradecer los bienes naturales y espirituales que ha recibido y los beneficios. El segundo es la delectación grande que tiene en alabar (3) a Dios, porque con gran vehemencia se absorbe en esta alabanza. El tercero es alabanza solo por lo que Dios es, la cual es mucho más fuerte y deleitable.
¡Cuán manso y amoroso Recuerdas en mi seno, Donde secretamente solo moras: Y en tu aspirar sabroso De bien y gloria lleno Cuán delicadamente me enamoras!
1M-:CLAR/\CI0N 1. Conviértese el alma aqui a su Esposo con mucho amor, estimándole y agradeciéndole dos efectos admirables que a veces en ella hace por medio de esta unión, notando también 1 Isai., XLIII. 21.
2 Bg. y P: fres principales primores.
3 S: amar.
el modo con que hace cada uno y también el efecto que en ella redunda en este caso.
2. El primar efecto es recuerdo de Dios en el alma, y el modo (1) con que éste se hace es de mansedumbre y amor. El segundo, es de aspiración de Dios en el alma, y el modo de éste es de bien y gloria que se le comunica en la aspiración. Y lo que de aqui en el alma redunda es enamorarla delicada y tiernamente.
3. Y así, es como si dijera: El recuerdo que haces, oh Verbo esposo, en el centro y fondo de mi alma, que es la pura e intima sustancia de ella, en que secreta y calladamente sólo como solo señor de ella moras, no sólo como en tu casa, ni sólo como en tu mismo lecho, sino también como en mi propio seno, íntima y estrechamente unido, icuán mansa y amorosamente le haces! (2). Esto es, grandemente manso y amoroso; y en la sabrosa aspiración que con ese recuerdo tuyo haces, sabrosa para mi, que está llena de bien y gloria, ¡con cuánta delicadez me enamoras y aficionas a ti! En lo cual toma el alma la semejanza del que cuando recuerda de su sueño respira. Porque, a la verdad, ella aquí así lo siente.
Sigúese el verso: Cuan manso y amoroso Recuerdas en mi seno.
4. Muchas maneras de recuerdos hace Dios al alma, tantos, que si hubiésemos de ponernos a contarlos nunca acabaríamos. Pero este recuerdo que aquí quiere dar a entender el alma que le hace el Hijo de Dios, es, a mi ver, de los más levantados y que mayor bien hacen al alma. Porque este recuerdo es un movimiento que hace el Verbo en la sustancia del alma, de tanta grandeza y señorío y gloria y de tan íntima suavidad (5), que le parece al alma que todos los bálsamos y especies odoríficas y flores del mundo se trabucan y menean, revolviéndose para 1 S y Bz. pasan de esta palabra a la igual siguiente.
2 Bg. y P añaden: el recuerdo.
3 Bz.: inmensa suavidad. C: tanta suavidad.
dar su suavidad; y que todos los reinos y señoríos del mundo y todas las potestades y virtudes del cielo se mueven. Y que no sólo eso, sino que también todas las virtudes (1) y sustancias y perfecciones y gracias de todas las cosas criadas relucen y hacen el mismo movimiento, todo a una y en uno. Que por cuanto, como dice San Juan (2), todas las cosas en él son vida, y en él viven y son y se mueven, como también dice el Apóstol (3); de aquí es que moviéndose este tan gran Emperador en el alma, cuyo principado, como dice Isaías (4), trae sobre su hombro, que son las tres máquinas celeste, terrestre e infernal, y las cosas que hay en ellas, sustentándolas todas, (como dice San Pablo) con el verbo de su virtud (5), todas a una parezcan moverse, al modo que al movimiento de la tierra se mueven todas las cosas materiales que hay en ella, como si no fuesen nada; así es cuando se mueve este principe, que trae sobre sí su corte y no la corte a él.
5. Aunque esta comparación es harto impropia, porque acá no sólo parecen moverse, sino que también todos descubren las bellezas de su ser, virtud y hermosura y gracias, y la raíz de su duración (6) y vida. Porque echa allí de ver el alma cómo todas las criaturas de arriba y de abajo tienen su vida y fuerza y duración en él, y ve claro lo que él dice en el libro de los Proverbios, diciendo: Por mí reinan los reyes y por mi gobiernan los príncipes, y los poderosos ejercitan justicia, y la entienden (7). Y aunque es verdad que echa alli de ver el alma que estas cosas son distintas de Dios, en cuanto tienen ser criado, y las ve en él con su fuerza, raíz y vigor, es tanto lo que conoce ser Dios en su ser con infinita eminencia (8), todas estas cosas, que las conoce mejor en su ser que en ellas mismas. Y éste 3 Actuum, XVII, 28.
4 IX. 6.
5 Ad Hebr., I, 3.
6 Bz.: detracción.
7 VIII, 15-16.
8 S: inmensidad.
es el deleite grande de este recuerdo: conocer por Dios las criaturas, y no por las criaturas a Dios; que es conocer los efectos por su causa y no la causa por los efectos, que es conocimiento trasero (1) y ese otro es esencial.
6. Y cómo sea este movimiento (2) en el alma, comoquiera que Dios sea inmovible, es cosa maravillosa, porque aunque entonces Dios no se mueve realmente, al alma le parece que en verdad se mueve; porque como ella es la innovada y movida (3) por Dios para que vea esta sobrenatural visia, y se le descubre con tanta novedad aquella divina vida y el ser y armonía de todas criaturas (4) en ella con sus movimientos en Dios, parécete es Dios el que se mueve y que toma la causa el nombre del efecto que hace, según el cual efecto podemos decir que Dios se mueve, según el Sabio dice: Que la sabiduría es más movible que todas las cosas (5) movibles (6). Y es, no porque ella se mueva, sino porque es el principio y raíz de todo movimiento; y permaneciendo en sí estable, como dice luego, todas las cosas innova. Y así, lo que allí quiere decir es, quei la sabiduría es más activa que todas las cosas activas. Y asi debemos aquí decir, que el alma en este movimiento es la movida y la recordada del sueño de vista natural a vista sobrenatural. Y por eso le pone bien propiamente nombre de recuerdo.
7. Pero Dios siempre se está así como el alma lo echa de ver, moviendo, rigiendo y dando ser y virtud y gracias y dones a todas las criaturas, teniéndolas en si virtual y presencial y sustancialmente, viendo el alma lo que Dios es en sí y lo que es en sus criaturas en sola una vista; así como quien abriéndole un palacio ve en un acto la eminencia de la persona que está dentro, y ve juntamente lo que está haciendo (7). Y así, lo que yo entiendo cómo se haga este re- 1 P: casero.
3 Bz.: ella es la movida y guiada.
4 Bg. y P: de todas las cosas y criaturas.
5 Bz.: causas.
6 Sap., VII, 24.
7 Bz.: vaciado.
cuerdo y vista del alma, es que estando el alma en Dios sustancialmente, como lo está toda criatura, quítale de delante algunos de los muchos velos y cortinas que ella tiene antepuestos para poderle ver como él es; y entonces traslúcese y vese así (1) algo entre oscuramente (porque no se quitan todos los velos), aquel rostro suyo lleno de gracias, el cual como todas las cosas está moviendo con su virtud, parécese juntamente con él lo que está haciendo, y parece moverse él en ellas y ellas en él con movimiento continuo; y por eso le parece al alma que él se movió y recordó, siendo ella la movida y la recordada.
8. Que ésta es la bajeza de esta nuestra condición de vida (2), que como nosotros estamos, pensamos que están los otros; y como somos, juzgamos a los demás, saliendo el juicio y comenzando de nosotros mismos y no de fuera. Y así, el ladrón piensa que los otros también hurtan; y el lujurioso piensa que los otros también lo son (3); y el malicioso que también los otros son maliciosos, saliendo aquel juicio de su malicia; y el bueno piensa bien de los demás, saliendo aquel juicio de la bondad que él tiene en sí concebida; el que es descuidado y dormido, parécele que los otros lo son. Y de aquí es que cuando nosotros estamos descuidados y dormidos delante de Dios, nos parezca que Dios es el que está dormido y descuidado de nosotros, como se ve en el salmo cuarenta y tres, donde dice David a Dios (4): Levántate, Señor, ¿por qué duermes?, levántate; poniendo en Dios lo que había en los hombres, que siendo ellos los dormidos y caídos, dicen a Dios que él sea el que se levante y el que despierte, comoquiera que nunca duerme el que guarda a Israel.
9. Pero a la verdad, comoquiera que todo bien del hombre venga de Dios y el hombre de suyo ninguna cosa pueda que sea buena, con verdad se dice que nuestro recuerdo es recuerdo 1 P: vízcase. Bg.: viséase. Bz.: divísase. C: víase.
2 Bz.: de nuestra consideración.
3 S: g el lujurioso piensa que de su condición son los demás.
4 Bg.: donde dice David en nuestro nombre a Dios.
de Dios, y nuestro levantamiento es levantamiento de Dios; y asi es como si dijera David: Levántanos dos veces, y recuérdanos, porque estamos dormidos y caídos de dos maneras. De donde porque el alma estaba dormida en sueño de que ella jamás por sí misma no pudiera recordar, y solo Dios es el que la pudo abrir los ojos y hacer este recuerdo, muy propiamente le llama recuerdo de Dios a éste, diciendo: Recuerdas en mi seno. Recuérdanos tú y alúmbranos, Señor mío, para que reconozcamos y amemos los bienes que siempre nos tienes propuestos, y conoceremos que te moviste a hacernos mercedes y que te acordaste de nosotros.
10. Totalmente es indecible lo que el alma conoce y siente en este recuerdo de la excelencia de Dios, porque siendo comunicación de la excelencia (1) de Dios en la sustancia del alma que es el seno suyo que aquí dice, suena en el alma una potencia inmensa en voz de multitud de excelencias, de millares de millares de virtudes (2), nunca numerables, de Dios. En éstas el alma estancada, queda terrible y sólidamente en ellas ordenada como haces de ejércitos y suavizada y agraciada con todas las suavidades y gracias de las criaturas.
11. Pero será la duda: ¿cómo puede sufrir el alma tan fuerte comunicación en la flaqueza de la carne, que en efecto no hay sujeto y fuerza en ella para sufrir tanto sin desfallecer?; pues que solamente de ver la reina Ester al rey Asuero en su trono con sus vestiduras reales y resplandeciendo en oro y piedras preciosas, temió tanto de verle tan terrible en su aspecto que desfalleció, como ella lo confiesa allí diciendo, que por el temor que le hizo su grande gloria, porque le pareció como un ángel, y su rostro lleno de gracias, desfalleció (3): porque la gloria oprime al que la mira cuando no le glorifica. ¿Pues, cuánto más había el alma de desfallecer aquí, pues no es ángel al que echa de ver sino a Dios, con su rostro lleno de gracias de todas las criaturas y de terrible poder y gloria y 1 Bg. y P saltan de esta palabra a la igual que sigue.
2 S y P: de millares de virtudes. Bz.: de millones de millares.
3 Esther. XV, 16.
voz de multitud de excelencias, de la cual dice Job que cuando oyéremos tan mala vez una estila (1), quién podrá sufrir la grandeza de su trueno? (2). Y en otra parte dice: "No quiero que entienda y trate conmigo con mucha fortaleza, porque por ventura no me oprima con el peso de su grandeza.
12. Pero la causa por qué el alma no desfallece ni teme en aqueste recuerdo tan poderoso y glorioso es por dos cosas: