a la M. Isabel, y de la M. Isabel a la M. Clara, y que el ejemplar de estas sucesivas entregas sea precisamente el de las Descalzas de Jaén. En esto no puede caber duda, ni creo ha dudado de ella ningún carmelita. Que luego haya discrepancias en el tiempo en que pudieron ser hechas tales entregas y en otras cosas secundarias, no prejuzga nada la cuestión fundamental. No se olvide que la declaración que el Padre Salvador tomó a la M. Clara es de 1670, casi un siglo posterior a la entrega del Santo a la V. Ana y de ésta a la M. Isabel, y que no tiene nada de particular que en algún pormenor no esté tan exacta. Para mi, como ya dije en el tomo III, p. XLII, si la M. Isabel, como ella dice, recibió personalmente de la M. Ana el ejemplar jienense, fué antes de que ésta saliera para la fundación de Madrid en el verano de 1 586. 1 Este achaque de Dom Chevallier en ver contradicciones entre los dos Cánti- Y ya que a éstos se Ies pasasen por alto semejantes contradicciones, ¿cómo no cayeron en la cuenta tantos lectores doctos como estas obras han tenido, dentro y fuera de la Descalcez, tantos profesores Descalzos como de Mística teología tuvo la Reforma de Santa Teresa en sus Colegios de España, donde con tanta atención y detenimiento se estudiaba y discutía la doctrina de los tratados del Santo? Y los muchos escritores que se han valido para autorizar sus doctrinas de esta segunda redacción, ¿cómo no repararon en que ponían enfrente a un San Juan de la Cruz con otro San Juan de la Cruz? Sobre todo al gran autor del Cursus Theologiae Mistico-Scholasticae, Fr. José del Espíritu Santo, a quien parece que algo se le alcanzaba de ciencia mística, que conoció y leyó las ediciones anteriores a la de 1703, en su juventud descalza ¡ y conoció y leyó ésta también, porque se hizo cuando era ya muy espigado en edad, ¿cómo no vió las diferencias, oposiciones y contradicciones de ambos Cánticos y las razones evidentes que hacen al segundo Cántico apócrifo sin pizca de duda? No solamente no vió estas diferencias el gran escritor de la Descalcez, sino que califica de insigne a la edición de Sevilla [insigni hispalcnsi impressione) (1) en el msmo párrafo que reconoce la discrepancia que había en las dos redacciones en cuanto a la colocación de las canciones del tratado y la adición de una más en la segunda, y, con todo, la sigue y cita en sus profundos comentarios.
eos es antiguo. Ya el malogrado P. Gerardo de San Juan de la Cruz hubo de contestar con estas palabras, secas y terminantes, a una supuesta contradicción que éste veía en los dos Cánticos que acababa de publicar: "No veo ni asomo de tal contradicción." (Cfr. Mensajero de San Juan, 15 de Febrero de 1924, pág. 413). Es la respuesta que hasta el presente ha habido que dar a las supuestas contradicciones. Además, si como el mismo Santo dice los dichos del amor de Dios hay que entenderlos y explicarlos con amplitud, y en el Prólogo de la primera redacción del Cántico escribe: "No pienso yo ahora declarar toda la anchura y copia que el espíritu fecundo del amor en ellas lleva", ¿qué tiene de extraño que el Santo amplíe o dé nuevas explicaciones de este amor, cuando tan fecundo era en ellas?
El P. Florencio del Niño Jesús, al reproducir la carta citada del P. Gerardo, escribía con razón: "Hay en este segundo Cántico la explanación de muchos pensamientos y conceptos apuntados ligeramente en el primero; y, desde luego, estudiándolo intrinsecamente. se observa la misma celestial doctrina, la misma manera de explicarla y la misma unción al exponerla: igual estilo, idéntico lenguaje, las mismas filigranas, de todo en todo, propias y características de San Juan de la Cruz." Así se han expresado hasta el presente cuantos carmelitas han hablado de la segunda redacción del Cánfico. Creo podemos recordar al P. Chevallier unas palabras del P. Gerardo en la carta mencionada: "Alabo la máxima labor de usted en estudiar el asunto con tanto empeño: pero siento al mismo tiempo que haya trabajado por una causa perdida."
1 Véase la edición que del Cursus acaba de publicar el P. Anastasio de San Pablo, t. í, p. 7.
APFND1CES Pues si hombres de ciencia tan probada no han tenido ningún escrúpulo doctrinal en adoptar para sus estudios luminosísimos tal redacción, tampoco nosotros lo tenemos en reproducirla una vez más en las ediciones de los escritos del Santo. Me es muy grata la compañía de mis hermanos de hábito, y más no acertando a ver razón alguna de crítica textual externa o interna, para separarme de ellos. Así que la labor del editor, a mi juicio, respecto del Cántico es clara y se halla bien definida: para la primera redacción, ajustar la edición al Códice de Sanlúcar; para la segunda, al de Jaén. Las demás copias deben servir de auxiliares para casos de errores evidentes de copia, o alguna omisión que pudieran tener.
Los que no están conformes con tal modo de ver esta cuestión, y se inclinan por combinaciones más o menos complicadas y laboriosas, deben probar: i." Que las notas y firma del Santo que se leen en el Códice de Sanlúcar no son del Doctor Místico.
Esto en cuanto a la primera redacción.
En cuanto a los que tienen por apócrifa la segunda, deben asimismo: l.o Invalidar el testimonio de la M. Ana de jesús de haberlo recibido del Santo; el de la M. Isabel de haberlo recibido de la \\. Ana, y el de la M. Clara de haberlo recibido de la M. Isabel.
2.1-1 Invalidar las demás copias antiguas que traen las cuarenta Canciones, algunas de las cuales, como la de Segovia, dice expresamente Colmenares que se la dió el Santo a una persona de la misma ciudad (1).
3.o Explicar el por qué se recogen en estos manuscritos la mayor parte de las notas del Códice de Sanlúcar.
4.Q Sin los dichos manuscritos ¿qué significación pueden tener las frases de los testigos de los procesos de Beatificación del Santo y del P. Alonso de la Madre de Dios (el Asturicense), que habla también in terminis de las cuarenta canciones.
1 (Cfr. t. III, págs. XLVII-LIII). Da la apreciable casualidad que dichas copias se han guardado en comunidades tan antiguas y venerables como las de Jaén, Avila (Madres), Segovia (Padres), Alba de Tormes (Padres), Baeza y Burgos. ¡Pobres comunidades! ¡No sabían que guardaban escritos que lejos de ser depositarios fieles de la doctrina del Santo, la adulteraban y contradecían! La existencia de estas copias antiguas es de un valor incalculable, aunque no se pueda tejer de muchas de ellas un historial tan completo como quisiéramos. Tenemos un ejemplo elocuente en el traslado de la Subida del Monte Carmelo, hecho por el P. Juan Evangelista (t. I, pp. 285-289). En ninguno de los varios documentos y declaraciones canónicas que hemos visto de su letra, aun hablando de los escritos del Santo, hace referencia a este traslado, y, sin embargo, el traslado existe para bien de las obras del místico Doctor.
Y a propósito de las cuarenta canciones, queremos escribir dos palabras.
Aparte de lo que el P. Luis de la Trinidad dijo ya (Revue de Sciences philosophiques et thcoloziqu.es, Abril de 1927. págs. 165-187), acerca de los testigos que en los Procesos del Santo hablan de las Cuarenta canciones, debemos recordar que de la M. Isabel de Jesús, carmelita descalza de Segovia, existe su Dicho original en el Ms. 19.107, folio 15, y que publicamos en el tomo V de esta edición, página 225. En la pregunta treinta y cinco declara textualmente: «Que sabe que el dicho santo padre fray Juan de la Cruz dejó escritos unos libros espirituales, de los cuales el santo Padre le dió a esta testigo las cuarenta canciones de su letra» (subrayo yo).
El P. Alonso de la M. de Dios habla dos veces, que yo sepa, de las cuarenta canciones en la Vida que nos dejó escrita del Santo después de haber intervenido en la mayor parte de los Procesos de su Beatificación, y que se conserva de su letra en el Manuscrito 13.160 de la Biblioteca Nacional de Madrid. En el capítulo VIII de la segunda parte se lee: «...Escribió nuestro Padre un libro que contiene la explicación de cuarenta canciones». ¿Está claro, P. Chevallier? Pues por si acaso fué un lapsus, en el mismo capítulo, numerando los tratados que había del Santo, escribe: Por aquí verá el P. Chevallier el valor de su afirmación en sus «Notes historiques», p. xxxi, nota 2. a su edición del Cántico, donde dice que este religioso no habla más que de las treinta y nueve estrofas. También habla de éstas, como era lógico, puesto que de unas y de otras existían ejemplares, y él, y muchos testigos de los Procesos del Santo, conocieron ambas redacciones.
Sin embargo, el P. Chevallier no se arredra ante los que hablan de cuarenta estrofas, porque según él, donde dicen cuarenta hay que leer treinta y nueve; la palabra cuarenta no tiene en estos casos otro significado que el de redondear el número. (N'a q' une valeur de chitfre rond) (1). Así pronto se resuelven las cuestiones. Lo que hace 1 Le Cantique Spirituel, p. XXXI. Habla de las cuarenta canciones que por tres veces menciona la M. María de Jesús en la Declaración hecha en Ubeda el 3 de marzo de 1628, y dice el P. Chevallier: "on est fondé a croir que, sur les lévres de Maria de la Cruz, la triple périphrase aquellas (on las) cuarenta canciones n' a q' une valeur de chiffre rond et répond au francais ceffe (ou la) quarantaine de strophes. Su- Cuarenta Canciones Subida del Monte Carmelo Noche Obscura libro 1. lib. 3. lib. 2. lib. 1.
falta que los demás estén conformes con estas interpretaciones tan peregrinas. Además, aunque no hubiera hablado de las cuarenta canciones ni uno solo, el caso sería el mismo. ¿Dejarían de existir Nuestra Señora de París y El Escorial, aunque nadie hubiera hablado de ellos? Pues ahi está una porción de venerables copias de las Cuarenta Canciones, a guisa de antiguos monumentos arqueológicos, dando testimonio perenne de su existencia.
No se han aducido todavía— no creo puedan aducirse nunca— razones de crítica externa para invalidar la autenticidad de estos manuscritos. Sólo una discrepancia u oposición irreductibles a las doctrinas del Santo podrían conseguir la dicha invalidación; pero tampoco se ha probado hasta ahora semejante oposición, ni la han visto los centenares de Carmelitas Descalzos que han leído y leen estas pongo que análoga exégesis aplicará a los demás testimonios, puesto que un poco más abajo, en la misma nota, dice que lo de cuarenta estrofas es una especie de fórmula corriente e imprecisa que se halla en la M. Isabel de Jesús en Segovia. Supongo también que esta interpretación no convencerá a nadie. Yo creo que donde se escribe treinta y nueve no debe leerse cuarenfa, y menos en casos como éste, cuando existen códices ya de treinta y nueve, ya de cuarenta canciones, que exigen precisión en el número para evitar confusiones. Esto tiene aplicación especial al P. Alonso, que conoció los dos Cánticos. Pero hay más todavía. Con evidente oportunidad, el P. Luis de la Trinidad, en el trabajo antes citado, pp. 184-186. reproduce parte de la declaración que Francisca de Jesús, prima hermana de la B. Ana de San Bartolomé, hizo el 6 de diciembre de 1 614 en Medina, donde dice, entre otras cosas, en la pregunta treinta y cinco: "...y esta testigo ha tenido y tiene tan gran consuelo cuando oye algunas cosas de los escriptos del dicho venerable Padre que le causaban grandísima ternura y gozo en su alma, en especial cuando se le ofrece a la memoria y refiere algo de las canciones que compuso del trato del alma con Dios, como desta que se sigue que compuso, entre las demás, el dicho venerable Padre, que esta testigo sabe de memoria y es en esta manera: "Mas ¿cómo perseveras oh vida, no viviendo donde vives, haciendo porque mueras, las flechas que recibes, de lo que del Amado en ti concibes? "Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura: mira que la dolencia de amor que no se cura sino es con la presencia y la figura; lo cual hace tan gran efecto en esta testigo, que la hace derramar lágrimas de devoción..." He aquí un testimonio elocuente donde se cita la famosa estrofa undécima, añadida en la segunda redacción del Cántico, por una monja sencilla, de velo blanco, y confirma, sin darse acaso cuenta de lo interesante de su confesión, la existencia del Cántico de las cuarenta estrofas. Que ella cite la estrofa XI a seguida de la octava no tiene nada de particular, puesto que citaba de memoria, y habla de las canciones que ejercían en ella particular devoción. Este testimonio, como los demás, aún no han tenido explicación satisfactoria por los que se empeñan en negar la redacción del segundo Cántico.
M1 obras como buenos hijos de su santo Reformador. Recordemos también que se hallan con nosotros los nombres venerados del autor del Cursus y los PP. Fr. Manuel de Sta. Alaria y Fr. Andrés de la Encarnación.
Digamos, para terminar, que los que no opinen con la Orden en la publicación, dos veces secular, del Cántico de Jaén, en ediciones múltiples, pueden prescindir de tiquis miquis de critica, y de si el P. Andrés, o el P. Gerardo, o el P. Silverio (1) dijeron esto o lo otro, e ir directos al fondo de la cuestión acerca de la fidelidad textual del Cántico. Si prueban la no procedencia del Santo de las notas de Barrameda, no sólo en cuanto sean o no sean de su letra, sino ni siquiera como traslado de otras que él pudo poner en algún códice y el de Barrameda copiar; si prueban asimismo la condición apócrifa de los manuscritos de la segunda redacción, por lo que a mi hace, repetiría, aunque me doliese, aquello de Arnicas Plato...Esperemos que llegue este momento, y mientras tanto sigamos viviendo tranquilos en e! solar sanjuanista que con tanta veneración conservaron nuestros mayores, ratificándonos una vez más en las conclusiones que poníamos como remate de este trabajo en el tomo anterior y añadiéndoles estas dos: 1.3 Que para quien inlente dar el texto más fiel de la primera redacción del Cántico, no hay opción siquiera para escoger uno o varios de los manuscritos que lo copian, puesto que sólo el de Barrameda tiene autoridad de autógrafo.
2.a Que no hay derecho para privar a la espiritualidad católica de la segunda redacción del Cántico, desde el momento que tenemos testigos fehacientes de que es obra del Doctor místico (2).
Fr. Silverio de Santa Teresa, C. D.
Burgos y marzo de 1931.
1 Por cierto que en el Post-scriptum citado parece asombrarse el P. Chevallier de que yo en la página 502 dei tomo III llamase imperfectísimos a los vagidos que da el alma en la primera canción del Cántico, y estoy asombrado de su asombro. ¿No se dan notabilísimos progresos de amor en el alma desde que profiere los citados vagidos del ¿Adonde te escondiste. Amado? hasta las estrofas donde esta misma alma canta las bienandanzas del amor en el matrimonio espiritual de las últimas canciones? Pues esto es lo que allí se dice, con la claridad que puede ver el lector en estas líneas que transcribimos: "La progresión ascendente del amor santo desde los vagidos vehementes pero imperfectísimos del "Adonde te escondiste, Amado?", hasta los trinos profundos, tranquilos y apacibles de ruiseñor (la dulce Filomena) que hace el alma en la plenitud de la transformación amorosa de Dios, es igual en los dos Cánticos...". Nos parece que la relación de menos a más arriba dicha, se transparenta bien en estas líneas. ¿A qué entonces el comentario que les pone, como si aludieran al valor doctrinal de la explicación sanjuanista?
2 Asi lo han entendido siempre los editores y todos los carmelitas, y asi lo hemos entendido y practicado nosotros.
va NOTICIA CIERTA DE QUIEN ESCRIBIO ESTR LIBRO Y VENERACION QUE POR ELI.O SE LE DEBE, CON ALGUNAS ADVERTENCIAS (1).
Si la estimación y aprecio que se debe hacer de un libro no se ha de medir con la grandeza del volumen, sino con la excelencia y utilidad de su asumpto, como sintió Séneca en la epístola 93: «Et paucorum versitum líber est, ct quidem laudandus atq'ie utilis* y Marcial aplaudiendo én sus Epigramas el pequeño libro de Persio, a este no sólo se debe estimación y aprecio, sino admiración y veneración, pues en tan pocas hojas como son trescientas y treinta, su autor, que fué nuestro venerable Padre frai Juan de la Cruz, encerró el tesoro de la Theología Mística, signado con tantos sellos de mysterios. que no sólo dió ocasión a los escolios doctísimos, que el Ilustrísimo Señor Don frai Agustín Antolínez, Arzobispo de Sant lago, antes Catedrático de prima de Theología en la Universidad de Salamanca, de el Orden de San Agustín, insigne en virtud, letras y experiencias de espíritu y luz superior del cielo, hizo a esta Canción; sino lo que es más, nuestro mismo Venerable Padre confiesa en el Prólogo que se sigue, es ignorancia pensar que aya palabras con que se puedan explicar los que esta canción encierra, por ser todos agua profunda, río caudaloso, y fuente de sabiduría divina, verificando la cláusula de los Proverbios, cap. 18: aqua profunda verba ex ore viri; torrens redundans, fons sapienliae».
Crece a mayores colmos de estimación el aprecio y estimación venerable que se debe a este libro, por ser escrito desde la primera letra hasta la última (esto es, desde el JHS -- MAR con que comienza el título, hasta el debetur solí gloria vera Deo, con que acaba) de mano, pluma y letra propia de nuestro Venerable Padre frai Juan de la Cruz, de que no se debe ni puede dudar. Así porque cotejada la 1 Esta "Noticia" se lee original en cinco hojas y media que su autor escribió y puso al frente del Códice de Jaén. Se publica con su propia ortografía. Lo que sentimos del Códice respecto de su grafía ya lo dijimos en el t. III, p. XXXIX y siguientes. Advertimos, sin embargo, que hay quien todavía sostiene ser este manuscrito de la letra del Santo, porque su pluma era muy primorosa cuando quería y bien pudo hacer esta copia con mayor esmero del que se advierte en otros originales suyos. El parecido de algunas letras es innegable. A otras afirmaciones del P. Salvador no ponemos nota, porgue ya dejamos escrita nuestra opinión en el tomo III. El valor incalculable de esta "Noticia" está en la afirmación escueta, terminante, en la que no cabe error, de haber entregado el Santo a la M. Ana los cuadernillos que componían este ejemplar del Cántico, y la M. Ana a la M. Isabel, y ésta a la M. Clara. El hecho de la entrega del Santo, da a este Códice una autoridad tan grande, que hasta ahora nada ha podido con ella la crítica, ni creemos podrá nunca cosa alguna en cuanto al hecho histórico de la entrega, y que la Orden obró muy discretamente, una vez conocido todo el valor de este precioso Manuscrito, autorizando las ediciones de! Cánfico hechas por él. Asi se ha hecho desde principios del siglo XVIII.
letra de este libro con otros escritos de su propia mano, se conoce ser la letra una misma sin alguna diferencia; como porque lo certificó así la Venerable A\adre Ana de Jesús Lobera, a la Venerable Madre Isabel de la Encarnación, Priora que fué del Convento de nuestras Religiosas descalzas Carmelitas de la ciudad de Jaén, a quien, siendo novicia en el Convento de nuestras Religiosas de Granada y Priora de él la Venerable Madre Ana de Jesús, le dió la misma Venerable Madre Ana de Jesús este libro en cuadernos sueltos, certificándole eran escritos de mano y letra propia de nuestro Venerable Padre frai Juan de la Cruz de quien lo avía recebido. Y la misma Venerable AAadre Isabel de la Encarnación, siendo Priora del Convento de nuestras Religiosas descalzas de Jaén, estando para morir, dió estos quadernos ya unidos y enquadernados como están a la A\adre Clara de la Cruz, Religiosa en el mismo convento de ]aén y Priora que después ha sido de él, certificándole lo mismo (1). Nadie, pues, podrá dudar con razón desta verdad sin incurrir en nota de remerario, hallándose acreditada con la autoridad de tres testigos tan calificados de verídicos por su grande virtud y santidad. De aqu¡ es que a este libro se le debe no sólo la estima y veneración común cuo a los demás, sino la que merece una reliquia de gran precio.
Porque como dixo San Pedro Damiano. si se an de respetar como se deben libros tan santos como éste, ni aun la mano a de tocar su letra, ni ofenderles el humo, ni su olor se a de permitir se sienta en ellos. "Libros sanctos ira custodia', ut nutnquam inania, saper Uñeras tcneat, nutnquam jumo negrescere, vcl ignis odorem sentiré permiitat* (2). Y aun los gentiles dixo Plutarco tenían por delito enorme tocar libros tales sin lavar primero las manos. «Libros illotis manibtis tangerc. quandoqui nefas* (3). De que nació la veneración y aprecio que Tarquinio Prisco, rey quinto de Roma, hizo de tres libros de la Sibila Cumana; que demás de averie dado por ellos, como dice Gelio, trescientos philipos, moneda de gran precio en aquel tiempo, los mandó colocar con decencia grande en el Capitolio, y en caso de que se ubiesen de leer y consultar como oráculos, asistiesen quince varones de los más ancianos y doctos para su mayor veneración y culto. Y después el Emperador Octaviano Augusto los colocó con sus manos en dos caxas doradas en la vasa o asiento de la estatua de Apolo Capitolino, dice Suetonio (4). Tanta es la veneración, aprecio y estima que se debe a tales libros. Siendo, pues, este por la alteza y profundidad de su asumpto, tan venerable, bien se dexa entender cuánto crece su veneración y aprecio, por ser escrito con la propia mano y letra de su autor, prodigioso en su vida, espíritu, santidad y milagros que le hacen digno del culto universal, que esperamos le conceda el Vicario de Xpto. en toda la Iglesia (5). Falta empero satisfacer a una duda que a lo dicho se puede oponer y es, que tres impresiones que 1 Sobre la M. Clara véase el t. III, p. XLI1.
2 Opuse. 15, De sude Congreg. instit., c. 18.
3 Orat. II, De us. carn.
•4 Lib. I, cap. 9, apud Callep. vers. Sybil.
5 Xist Sens., lib. II, Bibliot. lit. O. Suet in Augusto.
se an hecho de este Cántico, la primera de las obras de nuestro Venerable Padre en Madrid año de 1630; la segunda, latina en Colonia Agripina, año de 1639, autor el Padre fray Andrés de Jesús, Polaco, que hizo la traducción de las obras de nuestro Venerable Padre de romance en latín: la tercera, en la Vida de N. V. P. que compuso en romance el Padre frai Gerónimo de San Josef, en el capitulo doce de el libro tercero, varían y se diferencian de este original no sólo en palabras, que a veces varían el sentido que pretendió N. V. P., sino también en la colocación de las estancias de este Cántico, hallándose en los dichos tres libros muchas de ellas colocadas en diferente lugar que les dio en este original nuestro vevenerable Padre. De que resulta la duda de si este original es tan cierto como se a dicho. Pero se desvanece esta duda, así con lo dicho arriba, como con lo que agora se dirá; y es, que viviendo N. V.
P. anduvieron ocultas sus obras escritas en manos de personas espirituales, y después de su dichoso tránsito se comenzaron a divulgar y correr por varias tierras y provincias, con tanto aplauso y estima cuanto peligro de viciarse en la multiplicidad de traslados manuscritos que de ellas se hicieron; de donde se vinieron a mutilar y corromper. Deseando, pues, nuestra Sagrada Religión evitar este riesgo, hizo el año de 1618 en Alcalá y el siguiente de 1619 en Barcelona la primera y segunda impresión de las obras que se pudieron hallar entonces de Nuestro Venerable Padre, ajustadas ambas impresiones, no con los originales que entonces no se hallaron, sino con los más fieles manuscritos que se pudieron hallar. Faltando en ambas impresiones, como en ellas se vee, este Cántico, quizá porque a la ocasión no se halló traslado de él. Aviendo después hallado la Religión algunos de los originales de Nuestro Venerable Padre, hizo nueva impresión de sus obras, como se a dicho, en Madrid, año de 1630, que dedicó a el Señor Infante Cardenal y Arzobispo de Toledo Don Fernando, añadiendo en esta impresión este Cántico y su explicación, aunque viciado y corrupto como se ha dicho, por no haberle ajustado con este original, que siempre a estado oculto sucesivamente en poder de las tres Religiosas arriba dichas, sin tener noticia de él la Religión. Y así parece que para su impresión sirvió algún traslado de él; de donde an resultado al parecer los yerros que en él se hallan, así en la impresión dicha de Madrid, como en la latina del P. F. Andrés de Jesús Polaco, y en la Vida de N. V. P., escrita por el Padre frai Gerónimo de San Josef arriba dichas; y así no puede aver duda en que el Cántico y demás escritos que en este libro se contienen son propios y legítimos originales de N. V. P. F. Juan de la Cruz y escritos de su propia mano y letra.
Y por si en algún tiempo la Religión se gobernare por este original para la impresión de este Cántico, notaré aquí en lo que desdicen de el original las tres impresiones dichas, aunque sea en una letra; pues ni aun en ésta es lícito que desdigan por la veneración y reverencia grande, que a su autor santo y a sus escritos originales se debe, y porque en ellos expresó los más íntimos afectos de su alma e impulsos superiores, con que el Amor y Espíritu divino la movían e ilustraban su entendimiento, para que los expresase en lo que escribió para común utilidad de la Iglesia.
En el verso primero de la Estancia primera de este Cántico, dice el Libro de la Vida de N. V. P. escrita por el P. Gerónimo de S. Josef: Adonde te ascondiste. Y en el original con quien concuerdan el Libro de la última impresión de sus obras en Madrid, año de 1630 y en el de la impresión latina de el P. Fr. Andrés de Jesús Polaco dice Adonde te escondiste.
En el verso último de esta estancia primera dice el Libro de la Vida; al fin: Ya eras ido: Y el original, con quien concuerdan el de la impresión de Madrid y el de el P. Andrés de Jesús dice: Y eras ido.
En el verso primero de la estancia segunda, en el Libro de el P. Andrés de Jesús dice: Los que juéredes. Y en el original con quien concuerdan el de Madrid y el de la vida dice: ¿05 que ¡uerdes.
En el verso tercero de esta estancia segunda en el Libro de el P. Andrés, dice: viéredes: Y en el original con quien concuerdan el do Madrid y el de la vida, dice: Vierdes. Y es digno do reparo que en el original, en ambos versos está borrada por el mismo N. V. Padre la c penúltima destas dos palabras que en ambas abía escrito así: ¡uerdes, vierdes.
En el verso segundo de la estancia quarta dicen los tres libros, de Madrid, del P. Fr. Andrés y de la Vida: De mi Amado: y el original dice: Del Amado.
En el verso último de la estancia quinta dicen los dichos tres Libros: De su hermosura, y el original dice: De hermosura.
En el verso quarto de la estancia sexta en el libro del P. F. Andrés, dice: De oy más mensa/ero. Y el original, con quien concuerdan el de Madrid y el de la Vida, dice: De oy más ya mensa/ero.
En el verso tercero de la estancia siete dicen los dos Libros, el de Madrid y de la Vida: Y todas más me llagan. Y el original con quien concuerda el libro de el P. Andrés, dice: Y todos más me llagan.
En el verso segundo de la estancia octava, dice el de A\adrid: O alma, no viviendo donde vives. Y el de la vida dice: O Alma, no viviendo adonde vives. Y el original con quien concuerda el del P. Fr. Andrés de Jesús, dice: O vida no viviendo donde vives.
En el verso primero de la estancia nueve dice el Libro de la Vida: Porque, pues as llugedo. Y el original con quien concuerdan el de Madrid y el de el P. F. Andrés, dice: Porque, pues as llagado.
En el verso quarto de la estancia once, dicen los tres Libros: Impressión de Madrid, el de la Vida y el del P. Fr. Andrés: De amor no bien se cura. Y el original dice: De amor que no se cura.
En el verso último de la estancia trece se pone a el Principio en los dichos tres Libros una Y, diciendo: Y al ayre de su vuelo fresco loma. Y en el original se pone en medio, diciendo: Al ayre de su buelo y fresco toma.
Correspóndense los dichos tres Libros con el original en el número y colocación de las estancias, sin diferencia alguna hasta la estancia quince inclusive; y desde aquí prosiguen los tres Libros poniendo por estancia diez y seis la que es veinte y quatro en el original: Y varía en los tres Libros el verso tercero de esta estancia del que- está en el original, que este dice: En púrpura tendido. Y en los tres Libros dice: En púrpura teñido.
En el verso quinto de esta estancia diez y seis de los tres Libros, que corresponde a la veintiquatro de el Original, dicen los tres Libros, Con mil escudos. Y el original dice: De mil escudos.
En el verso quinto de la estancia diezisiete de el Libro de la Vida que corresponde a la estancia veinticinco de el Original, dice: en missiones. Y el original con quien concuerdan el de Madrid y el del P. F. Andrés, dice: emissiones.
En el verso quarto de la estancia veintidós de los tres Libros, que corresponde a la estancia treinta de el original, dice: Florecidas: Y el original dice: Floridas.
En el verso segundo de el estancia veintiquatro que corresponde a la treinta y dos del original, en el Libro de la Vida, dice: Tu gracia en mí tus ojos imprimía. Y el de Madrid dice también: Tu gracia. Y el de el P. F. Andrés dice: Tu gracia en mí tus o/os imprimíen. Y el original dice: Su gracia en mí tus ojos imprimían. Con que varían todos tres Libros el sentido de N. V. Padre.
En el verso último de esta misma estancia dice el Libro de el P. Andrés. Lo que en tí veían. Y el original, con quien concuerdan el de Madrid y el de la Vida, dice: Lo que en ti vían.