SigPhi · Juan de la Cruz

Llama de Amor Viva, Cautelas, Avisos, Cartas y Poesias

Spanish

Page 8 of 36

En una cruz divina y regalada (fol. 298). Afuera, corasón, afuera, afuera (fol. 299v.) Aquella niebla oscura (fol. 303v.) O dulce noche escura (fol. 307) Entró el alma en olvido (fol. 311). Entréme donde no supe (fol. 31 lv.) Del agua de la vida...(fol. 313v.)

En el manuscrito no hay noticia alguna acerca de la procedencia de las poesías que copia; probablemente, ni la autora del traslado lo sabía de la mayor parte. Las tomó de otros escritos para devoción suya, sin preocuparse de cuestiones de procedencia.

El Manuscrito de Burgos, de que hablamos al tratar de los Avisos, del folio 13 al 24 copia diversas poesías, algunas del Solitario de 1 Cfr. t. I p. 283.

XCI Duruclo. De ninguna dice quién sea su autor. El primer verso de las poesías es como sigue: Entréme donde no supe...Tras de un amoroso lance...Un pastor cito solo está penado...Mi ofensa es grande, séalo el tormento...Encima de las corrientes...Qué bien sé yo la fonte...Continúa copiando otras trece más, de vario mérito, algunas relativas a la Santa. Ninguna de ellas es del Reformador carmelita, 9 algunas de muy escasa inspiración.

Las Descalzas de Consuegra poseen un cuaderno que perteneció a la M. Ana de San José, contemporánea del Santo, que copia poesías del Doctor Místico y de otros poetas, en muchos casos con poco discernimiento crítico en cuanto a los autores de ellas.

Otro de los Códices que copia poesías del Santo es el que lleva el número 12.411 en la Sección de Manuscritos de la Nacional, del cual hubimos de hacer mérito al hablar de una de las antiguas copias de la Soche Oscura (1). Ya en la portada nos previene el arreglador de este cuaderno, que intenta hacer un compendio espiritual de varios autores, y así resulta en la realidad. Después de transcribir los comentarios de la Soche y el Cántico, en la página 216 comienza a practicar lo mismo con muchas composiciones poéticas de muy diversa procedencia, sin observación ninguna previa en cuanto a sus autores. Las hay del Santo, de Fray Luis de León y de poetas desconocidos. Copia también algunas que se leen en el de Pamplona. Se ve que el colector de ellas no tenía mal gusto al dar preferencia marcada a las poesías de Fray Luis de León y del Santo. Del primero copia las siguientes: Qué descansada vida...(2). Alma, región luciente...Cuando contemplo el cielo...De San Juan de la Cruz traslada todas las que se leen en el Códice de Barrameda y algunas otras, así como de otros autores, desconocidos los más en el Parnaso castellano.

Una de las poesías que no figura en las colecciones clásicas de Barrameda y Jaén, atribuida con más persistencia al Santo— otros se 2 La copia traslada Cuan, y le pone el titulo. "De la vida solitaria."

IC1I la prohijan a Fr. Luis de León— es la que comienza: Del agua de la vida (1). La traslada el Manuscrito de Pamplona, debido a la pluma de la AV. Magdalena, y, por consiguiente, antiquísimo como ya es dicho. Comienza en el folio 33 vuelto, a continuación de la conocida del. Santo: Entreme donde no supe, sin más título ni separación que la palabra Lira. El Manuscrito 12.111 de la Nacional, que perteneció en otro tiempo a los Carmelitas Descalzos de Ecija, la copia también (página 211) con el título «De la gloria». A continuación traslada la de Fr. Luis de León: Alma, región luciente, sin decir tampoco de quién sea. El Manuscrito 7.741 de la misma Biblioteca, que contiene algunos escritos del Santo, copia esta poesía hasta tres veces.

El P. Antonio de San Joaquín, la publicó el día 28 de agosto en su Año Teresiano (pág. 467), sin título y con esta recensión al fin: «Hállanse estas lyras en nuestro Convento de Carmelitas Descalzos de Ocaña, en un libro antiguo manuscrito, donde se dice las formó N. P. San Juan de la Cruz». En el siglo XIX se reeditó por Carbonero y Sol en su Homenaje a San Juan de la Cruz, por D. Miguel Mir en su Devocionario Al pie del altar, y en otras publicaciones. También la incluyó en su colección el P. Gerardo de San Juan de la Cruz (t. III, p. 186). Las razones extrínsecas que se dan para atribuírsela al Doctor místico son muy débiles, y la manera de versificar de esta poesía no es ciertamente la de San Juan de la Cruz. Mejor encaminados andan los que la atribuyen a fray Luis de León. Entre éstos merece especial citación el P. Luis Getino que la publicó dando por autor de ella al insigne maestro Agustiniano (2). Hallóla el ilustre dominico en un antiguo códice que había pertenecido a los Agustinos de Salamanca; más tarde pasó a la selecta biblioteca de Soto Posada, a la de don Roque Pidal y, por fin, vino a parar al docto ilustrador de la vida de fray Luis. El Códice que la contiene es muy antiguo y copia también otras composiciones que no son 1 Aclaró muy bien el P. Gerardo (t. III, págs. M9-152), la cuestión referente a los autores de las dos poesías que comienzan: "Aquella niebla oscura" y "Oh dulce noche oscura" y no hay para qué insistir en cosa tan fuera de duda. Se deben a las dos ingeniosas y discretas hermanas de hábito y de sangre, Cecilia del Nacimiento y Maria de San Alberto, autoras de otras flores que embellecen el jardín poéticadel Carmelo. El compilador del Manuscrito 12.41 1, tan descuidado siempre en señalar los autores de las composiciones poéticas que traslada, encabeza asi estas dos: "Lyra sobre otra del P. Fr. Juan de la Cruz, que se llama y comienza en una noche oscura"; y "Otra lyra sobre la noche oscura."

2 Cfr. La Ciencia Tomista. Septiembre-Octubre de 1927, págs. 202-209. Por lo XCIII del poeta belmontino. La poesía en dicho códice lleva por epígrafe: Liras del maestro fray Luis de León. De todos es sabido lo mucho que tardaron el salir a la luz las poesías del vate del Tormes, no obstante haberlas recogido él mismo, aunque algo tarde, para darlas a la imprenta, propósito que no vió logrado. Las ediciones que luego salieron, no embargante el alto nombre de Quevedo que hizo la primera, salieron bastante descuidadas en cuanto al texto y en cuanto a la selección; y éste es el día que no se ha hecho aún un estudio depurativo que satisfaga las justas exigencias de la crítica con poeta tan excelso. La tarea no es fácil, puesto que en vida misma de su autor andaban ya mezcladas con las suyas otras composiciones que él rechaza con gracia inimitable por estas palabras: «Y recogiendo a este mi hijo perdido [sus poesías] y apartándole de mil malas compañías que se le habían juntado, y enmendándole de otros tantos malos siniestros que había cobrado con el andar vagueando, le vuelvo a mi casa y recibo por mío» (1).

En cuanto a los hermosos conceptos que contiene, y por los que algunos la atribuyen al Santo, había entonces muchos en España capaces de emitirlos. No olvidemos que se escribió esta poesía en época de intensa cultura y fervor religioso, aunque a su vera no faltase la contrapartida de idioteces y supercherías en copia no escasa, que tanto perjudicó a la verdadera y sana devoción. En resumen, que tenemos esta poesía por del vate agustiniano. En el peor de los casos, siempre será cierto que guarda más afinidad con la manera del maestro León que con San Juan de la Cruz.

Otra de las poesías que también se atribuye al Santo es la que comienza: Si de mi baja suerte. Hállase en la copia que de la primera redacción de la Llama poseen las Carmelitas Descalzas de Córdoba (2). La letra es distinta de la empleada en la Llama, pero muy antigua también. Se copió en unas hojas en blanco que quedaron en el manuscrito después de trasladada la Llama. Otra copia existía en las Descalzas de Málaga, en un manuscrito antiguo que la AV. Luisa de la Concepción exhibió ante notario (1759), a instancias del Padre Andrés de la Encarnación. En el acta que se levantó, se dice: «Item, exhibió la enunciada M. Priora otro manuscrito en folio de letra demás, la poesía para estas fechas ya no era inédita, puesto que la había publicado, como es dicho, atribuyéndola con alguna duda a San Juan de la Cruz, el P. Gerardo en 1914 en el tomo III de su edición de las obras del Santo. Hay entre ellas variantes de consideración y tampoco conforman en el número de las estrofas.

2 Pág. XXV. Puede leerse en la edición del P. Gerardo, t. III, p. 193, y ca otras publicaciones.

XCIV de la misma religiosa antigua ya referida [en este mismo documento, hablando de un cuaderno de cosas espirituales y copia de una carta del Santo], en el cual se contienen diez poesías (entre otras muchas cosas devotas), de las cuales todas se afirma allí ser obra de N. S. P. Fr. Juan de la Cruz...» Dice luego que siete (no índica cuáles), ya estaban publicadas. Las tres restantes comenzaban: Si de mi baja suerte...Mi Dios y Señor tened memoria...Decid cielos y tierras, decid mares...En el cuaderno de Consuegra, Ana de San José, que conoció al Santo, la pone entre las de éste, sin añadir cosa alguna.

De ésta poesía decimos lo que de la anterior. No nos resolvemos a negársela a San Juan de la Cruz, ni nos podemos persuadir a que sea de su pluma. La composición es buena y devota y de muy hermosos pensamientos místicos, pero ¡cuánto distan del inspirado estro de Fr. Juan de la Cruz! Las dos restantes del Códice de Málaga valen mucho menos. Lo mejor que se puede decir de ellas es que son de alguna alma buena, que había leído las obras de San Juan de la Cruz, pero que no tenía musa tan propicia e inspirada como él para cantar amores místicos.

Otras muchas se le atribuyen al Santo sin fundamento alguno, y por eso no nos detenemos a impugnar tales atribuciones. Labor más provechosa que atribuir al Cantor de Fontiveros composiciones que no son suyas, se haría investigando concienzudamente, con probidad y suficiencia literarias, la influencia que el Santo ha podido tener en otros poetas desde el momento mismo en que corrieron manuscritas sus poesías. Sobre todo, en la Reforma Carmelitana tuvo mucha en ambas familias de religiosos y monjas; y aunque no todo fué oro de ley, hay composiciones de mérito extraordinario. Ni basta tampoco limitar la investigación a la Descalcez, puesto que el Santo ejerció grande influencia mística fuera de ella. Así, tal vez, se llegasen a conocer los autores de composiciones muy apreciables, que son imitación del Santo, de Fray Luis de León o de algún otro grande poeta de asunto religioso o místico de aquella época, tan fecunda en todas las manifestaciones del ingenio humano. Labor depuradora que habrían de agradecer los amantes de este espléndido período literario de nuestra Patria. Pero, desgraciadamente, propendemos más a repetir, mejor o peor, lo que se ha dicho ya muchas veces acerca de unos cuantos autores, que a desempolvar del olvido secular ingenios de segundo orden, que bien merecido tienen salir a la luz en XCV ediciones nítidas y bien hechas e ilustradas. Es trabajo que debe realizar todo pueblo amante de su tesoro literario (1).

EDICIONES DE LAS POESIAS DEL SANTO.

Edición de Bruselas.— La edición más antigua que se conoce de poesías del Santo, salvo las que le dieron ocasión a escribir sus principales tratados, es la del Cántico Espiritual, que vió la luz el año de 1627 en Bruselas (2). Termina la declaración de las Canciones en la página 302, y en catorce hojas más, sin paginar, se publican las poesías del Santo que hemos visto en el Códice de Barrameda y con idéntico orden, bajo este título: Canciones / de el alma, ¡qve se goza de I Auer llegado al alto estado de la f perfection, que es la unión con / Dios por el camino de la espiri-itual negación del mismo autor. La coincidencia con el dicho Códice llega hasta los títulos de cada composición poética. Todo viene a convencer que se copiaron de la misma fuente. La identidad confirma de nuevo las grandes probabilidades que hay de que esta edición se regulase en todo por la copia que la venerable Ana de Jesús llevó a Francia y los Países Bajos en la ocasión ya celebrada en otro lugar.

El laudable ejemplo de la edición de Bruselas no se imitó por algunas de las ediciones de los escritos del Santo que inmediatamente la sucedieron, como la de 1630; omisión tanto más extraña, cuanto que la tal edición fué dirigida por el P. Jerónimo de San José, que conocía las poesías del vate fontiverino y las estudió y encomió luego en la Historia que de él dejó escrita. En la edición madrileña de 1649, al principio del tomo, después del Sentenciario, se publican las poesías del Códice de Barrameda y por el mismo orden, como lo había practicado ya la edición bruselense. Así lo hicieron también las siguientes sin cambio alguno, hasta la de Sevilla (1703), que las publicó al fin y añadió, colocándolas después de la que comienza Tras un amoroso lance (así se hizo en el Códice de Jaén), las dos nueva* que en este escrito se leen, y cuyo primer verso dice: Sin arrimo y con arrimo y Por toda la hermosura.

1 Se escribían estas líneas en la primavera de 1929. Poco después vimos realizado algo de lo que aquí se dice en el capitulo XVIII del t. II de la importante obra, ya citada, del P. Crisógono San Juan de ¡a Cruz...2 Cfr. t. III. pág. LIV.

XCVI Así se fueron reeditando en las obras del Santo hasta la impresión de Toledo, en que el P. Gerardo, después de razonar la inclusión en un prólogo muy erudito, añade a las de 1703 dos que comienza: Del agua de la vida y Si de mi baja suerte (1).

También habla de las poesías del Santo que se han perdido, y de otras que sin fundamento se le atribuyen.

Antes de la edición de Toledo, ya el P. Angel María de Santa Teresa— hoy dignísimo arzobispo de Verápoli (India inglesa)—, publicó una colección de poesías del Santo (Burgos, Tipografía de «El Monte Carmelo», 1904), donde dió cabida, a más de las registradas en los Códices de Sanlúcar y Jaén, a tres que tomó del Ms. 6.296 de la Nacional. Las cuatro restantes de esta Colección se copiaron del conocido Códice de Pamplona. Ya queda hecho el juicio que tales poesías nos merecen respecto de su procedencia (2).

Aparte las poesías indicadas, es cierto que el Santo, con ocasión de las diversas festividades del ciclo eclesiástico, compuso coplillas con otros religiosos, sobre todo en la celebración de los grandes misterios de Nuestro Señor. Un religioso muy antiguo de la Provincia de Andalucía, fray Alonso de la Madre de Dios, depuso en Los Remisoriales (1627) acerca de esto: «Y lo mismo digo de la caridad y amor de Dios, porque siempre hablaba de Nuestro Señor; aunque fuera en los ratos que teníamos en las Pascuas de recreación, ordenaba que hiciéramos coplillas para afervorizarnos en el amor de Nuestro Señor, en lo cual él nos ayudaba e inflamaba diciendo su copla, y otras veces explicando lugares de la Sagrada Escritura».

De estas coplas debió de componer muchas San Juan de la Cruz, 1 Bajo los números XX11I, XXIV y XXV publica algunos versos de otras tres más.

2 No reputo de utilidad práctica la mención de otras colecciones, carentes de mérito y ayunas de toda critica, como la reciente titulada "Los Poetas", precedida de un fulgurante prólogo de nuestro amigo Adolfo Sandóval. La colección no ha costado más trabajo que meter la tijera por la edición de Toledo, sin prevenir al lector de ello, lo cual no es ninguna novedad en nuestras costumbres literarias: jharto experimentado lo tengo con las ediciones de la Santal; pero lo que no puede pasar sin corrección es que al pie del busto del Santo que viene en mal papel al principio del tomito, se diga que nació en Fuenterrabía (Guipúzcoa). Alguna disculpa tiene el que tal estampó, el que así se lea en un Diccionario de tantos perendengues como el de Espasa (!), y ya se sabe que la ciencia de muchos de los llamados intelectuales es ciencia de diccionario. Por sabido se calla, que muchas de las composiciones poéticas del Doctor de la mística se incluyen en las crestomatías y antologías que con frecuencia se publican en lengua española.

XCVII XCVII aunque casi todas se han perdido. Una nos copió el P. Alonso, el Asturicense, en la Vida del Místico Doctor, al mismo tiempo que nos refiere la ocasión de escribirla, en esta forma: «Esta santa noche [de Navidad], celebraba siempre con exceso de espíritu. Por lo que hizo una de ellas en Granada, siendo allí prior, se verá algo de lo que hacía en las demás. Llegada la noche del santo nacimiento hizo poner a la Madre de Dios en unas andas, g tomada en hombros, acompañada del siervo del Señor g los religiosos que le seguían, caminando por el claustro llegaban a las puertas que había en él a pedir posada para aquella Señora, cercana al parto, g para su esposo, que venía de camino. Y llegados a la primera puerta, pidiendo posada cantaron esta letra que el Santo compuso: «Del Verbo divino La Virgen preñada, Viene de camino, ¿Si la dáis posada?», g su glosa se fué cantando a las demás puertas, respondiéndoles de la parte de adentro religiosos que habían puesto allí, los cuales secamente los despedían. Replicábales el Santo con tan tiernas palabras, así acerca del explicar quién fuesen los huéspedes que la pedían, de la cercanía al parto de la doncella, del tiempo que hacía g hora que era, que el ardor de sus palabras g altezas que descubrían enternecían los pechos de quien le oía, g estampaba en sus almas este misterio g un amor grande a Dios» (1). Desgracia grande para las letras g la piedad ha sido la pérdida de tantas composiciones poéticas de esta clase como compuso San Juan de la Cruz en la interesante variedad de misterios que la liturgia pone durante el año eclesiástico a la consideración de los fieles. Puede ser que el tiempo nos descubra alguna composición más, pero siempre resultará mug pobre esta sección poética del Doctor místico (2).

1 Ms. 13.460. lib. II, cap. 8.

2 La copla que el P. Gerardo (t. III. p. 196) atribuye al Santo: "Mi dulce y tierno Jesús. Si amores me han de matar, Ahora tienen lugar", no es composición suya, sino más bien una estrofa que se cantaba muy a menudo en los Carmelos de Santa Teresa, y que al Santo le sabía a mieles cuando la recitaban en su presencia.

XCVIII La mayor parte de los documentos que publicamos son inéditos, y se escribieron con ocasión de la carta que dirigió (1611) a los conventos de la Reforma pidiendo informaciones del Santo el padre general fray José de Jesús María, que publicamos con sus instrucciones adjuntas en el primer tomo de esta edición (1). Todos ellos contienen noticias de interés, principalmente para la biografía del Santo. El P. Gerardo dió a conocer escritos de gran valía, más o menos relacionados con la doctrina de San Juan de la Cruz. Como pueden leerse en su edición, no los reproducimos aquí, para dar lugar a otros que aún no han visto la luz pública, y que son muy convenientes para estudiar mejor al Doctor místico. Esta tarea la continuaremos en tomos sucesivos de la Biblioteca Mística, porque la información es abundante.

Por fin, publicamos algunas copias fotográficas de códices antiguos y de escritos del Santo, entre otros, de la carta de Madrid y de una de Córdoba.

Fr. Silverio de Santa Teresa, C. D.

1 Págs. 313-318.

LLflMñ DE AMOR VIVñ Declaración de las Canciones que tratan de la muy íntima y calificada unión y transformación del alma en Dios, a petición de D * Ana de Peña/osa, por el mismo que las compuso (1).

PRÓLOGO*2) 1. Alguna repugnancia he tenido, muy noble y devota señora (3), en declarar estas cuatro Canciones que Vuestra Merced me ha pedido (4), por ser de cosas tan interiores y espirituales, para las cuales comúnmente falta lenguaje, porque lo espiritual excede al sentido y con dificultad se dice algo de la sustancia; porque también se habla mal en las entrañas del espíritu (5), si no es con entrañable espíritu, y por el poco que hay en mí, lo he diferido (6) hasta ahora. Pero ahora, que el Señor parece que ha abierto un poco la noticia y dado algún calor (debe ser por el santo deseo que Vuestra Merced tiene, que quizá como se hicieron para Vuestra Merced, querrá Su Majestad que para Vuestra Merced se declaren), me he animado (7), sabiendo cierto que de mi cosecha nada que haga 1 Acerca del titulo y subtítulo de este libro, hay alguna variedad en los manuscritos que lo trasladan. Se ha impreso conforme lo trae el Códice del Sacro Monte de Granada. B y T no los traen. A dice solamente: Vía unitiva. Algo parecido ocurre con los manuscritos de la segunda redacción. La e. p. le puso los siguientes: Llama de amor viva y declaración de las Canciones que tratan de la más íntima unión y transformación del alma con Dios, por el venerable padre fray Juan de la Cruz, primer descalzo de la Reforma de Nuestra Señora del Carmen y coadjutor de la bienaventurada Madre Santa Teresa de Jesús, fundadora de la misma Reforma.

2 G no trae el prólogo.

3 Faltan en la e. p. las palabras: muy noble y devota señora.

4 La e. p. lee: esfas cuafro canciones que me han pedido.

5 E. p. abrevia: excede al sentido y hablase mal de las entrañas del espíritu.

6 C: dilatado.

7 E. p. abrevia y modifica: dado algún calor de espíritu, me he animado a hacerlo, sabiendo cierto.

'4 al caso diré en nada, cuánto más en cosas tan subidas y sustanciales. Por eso no será mío sino lo malo y errado que en ello hubiere, y por eso lo sujeto todo a mejor parecer y al juicio de nuestra Madre (1) la Iglesia Católica Remana, en cuya regla nadie yerra. Y con este presupuesto, arrimándome a la Escritura Divina, y como se lleve entendido que todo lo que se dijere es tanto menos de lo que allí hay como lo es lo pintado con lo vivo, me atreveré a decir lo que supiere (2).

2. Y no hay que maravillar que haga Dios tan altas y extrañas mercedes (3) a las almas que él da en regalar. Porque si consideramos que es "Dios, y que se las hace como Dios y con infinito amor y bondad, no nos parecerá fuera de razón; pues él dijo que en el que le amase vendrían el Padre, Hijo y Espíritu Santo, y harían morada en él (4), lo cual había de ser haciéndole a él vivir (5) y morar en el Padre, Hijo y Espíritu Santo en vida de Dios, como da a entender el alma en estas Canciones.

3. Porque aunque en las Canciones que arriba declaramos, hablamos del más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar, que es la transformación en Dios, todavía estas Canciones tratan del amor ya más calificado (6) y perfeccionado en ese mismo estado de transformación; porque aunque es verdad que lo que éstas y aquéllas dicen iodo es un estado de transformación, y no se puede pasar de allí en cuanto tal, pero puede con el tiempo y ejercicio calificarse, como digo, y sustanciarse mucho más en el amor; bien así como aunque habiendo entrado el fuego en el madero le tenga transformado en sí y esté ya unido con él (7), todavía, afervorándose más el fuego y dando más tiempo en él, se pone mucho más candente e inflamado hasta centellear fuego de sí y llamear.

1 E. p.: Santa Madre...2 E. p. modifica: "arrimándome a la Divina Escritura, advirtiendo que todo lo que se dijere es mucho menos de lo que pasa en aquella intima unión con Dios, me atreveré a decir lo que supiere."

3 Gr.: tan altas y tan grandes mercedes y tan extrañas..."

4 Joan., XIV, 23.

5 A.: venir.

6 C: tratan de la mayor y de lo más calificado.

7 B.: le tenga transformado en si y le tenga unido con él.

4. Y en este encendido grado se ha de entender que habla el alma aquí ya transformada y calificada interiormente en fuego de amor, que no sólo está unida en este fuego (1), sino que hace ya viva llama en ella. Y ella así lo siente, y asi lo dice en estas Canciones con íntima y delicada dulzura de amor, ardiendo en su llama, encareciendo en estas Canciones algunos efectos que hace en ella (2); los cuales iré declarando por el orden que las demás, que las pondré primero juntas, y luego poniendo cada canción la declararé brevemente, y después poniendo cada verso le declararé de por sí.

FIN DEL PROLOGO 1 E. p.: con este divino fuego.

2 E. p.: "ardiendo en su llama, ponderando aquí aigunos efectos maravillosos que hace en ella."

CANCIONES DEL ALMA EN LA INTIMA COMUNICACION DE UNION DE AMOR DE DIOS (1).

1.3 — ¡Oh llama de amor viva Que tiernamente hieres De mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva, Acaba ya, si quieres, Rompe la tela de este dulce encuentro. 2.3 — ¡Oh cauterio suave!

¡Oh regalada llaga!

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado, Que a vida eterna sabe, Y toda deuda paga!

Matando, muerte en vida la has trocado.

3. a — ¡Oh lámparas de fuego, En cuyos resplandores (2) Las profundas cavernas del sentido, Que estaba obscuro y ciego, Con extraños primores Calor y luz dan junto a su querido!

4. a — ¡Cuan manso y amoroso Recuerdas en mi seno, Donde secretamente solo moras; Y en tu aspirar sabroso De bien y gloria lleno Cuan delicadamente me enamoras! (3).

1 El poema se corrige por el Códice de Barrameda.

3 Los manuscritos, salvo G. y é. p., traen aquí esta nota: "La compostura de estas liras son como aquellas que en Boscán están vueltas a lo divino, que dicen: ¡Oh llama de amor viva Que tiernamente hieres De mi alma en el más profundo centro! Pues ya no eres esquiva, Acaba ya, si quieres, Rompe la tela de este dulce encuentro.

1. Sintiéndose ya el alma toda inflamada (1) en la divina unión, ya su paladar todo bañado en gloria y amor y quehasta lo intimo de su sustancia está revertiendo no menos que ríos de gloria, abundando en deleites, sintiendo correr (2) de su vientre los ríos de agua viva que dijo el Hijo de Dios (3), que saldrían en semejantes almas (4), parécele que, pues con tanta fuerza está transformada en Dios y tan altamente de él poesída (5) y con tan ricas riquezas de dones y virtudes arreada, que está tan cerca de la bienaventuranza, que no la. divide sino una leve tela (6). Y como ve que aquella llama delicada de amor que en ella arde, cada vez que la está embistiendo la está como glorificando con suave y fuerte gloria (7), tanto, que cada vez que la absorbe y embiste le parece que le va a dar la vida eterna, y que va a romper la tela, de la vida mortal y que falta muy poco y que por esto poco no acaba de ser glorificada esencialmente, dice con gran de- "La soledad siguiendo. Llorando mi fortuna, Me voy por los caminos, que se ofrecen," etc. en las cuales hay seis pies, y el cuarto suena con el primero, y el quinto con el segundo, y el sexto con el tercero."

1 A.: transformada.

2 La e. p. abrevia: "en la divina unión y trasformada por amor en Dios y sintiendo correr."

3 La e. p. por el Hijo de Dios, pone Cristo Nuestro Señor.

4 Joan., VII, 38.

5 Gr., C. ye. p.: desposeída.

6 E. p.: leve y delicada tela. A.: ana delgada tela.

7 E. p.: con suaves premisas de gloria.

seo (1) a la llama, que es el Espíritu Santo, que rompa ya la vida mortal por aquel dulce encuentro, en que de veras la acabe de comunicar lo que cada vez parece que le va a dar y a hacer cuando la encuentra (2), que es glorificarla entera y perfectamente, y así dice: ¡Oh llama de amor viva!

2. Para encarecer el alma el sentimiento y aprecio con que habla en estas cuatro canciones, pone en todas ellas estos términos: oh y cuan, que significan encarecimiento afectuoso; los cuales cada vez que se dicen, dan a entender del interior más de lo que se dice (5) por la lengua. Y sirve el oh para mucho desear y para mucho rogar persuadiendo, y para entrambos efectos usa el alma de él en esta canción; porque en ella encarece e intima el gran deseo, persuadiendo al amor que la desate (4).

3. Esta llama de amor es el espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, el cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumada y trasformada en suave amor, sino como fuego que demás de eso arde en ella y echa llama, como dije, y aquella llama (;5) baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina (6). Y esta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que los actos que hace interiores es llamear, que son inflamaciones de amor (7), en que unida la voluntad del alma, ama subidísimamente (8), hecha un amor con aquella llama (9). Y así, estos actos de amor del alma son preciosísimos, y merece más en uno y vale más que cuanto habrá hecho toda su vida sin esta transformación, por más que ello fuese etc. (10). Y la diferencia que hay entre el hábito y el acto, hay entre la transforma- 1 E. p. abrevia: la tela de la vida mortal, dice con gran deseo.

2 E. p. suprime la frase: y a hacer cuando la encuentra.

3 E. p.: expresa.

4 E. p. añade: del nudo de esta vida.

5 E. p.: sino como fuego que ardiendo en ella, echa llama, y aquella llama.

6 E. p.: con temple de vida eterna.

7 C. omite; que son inflamaciones de amor.

9 E. p.: hecha una cosa por amor con aquella llama.

10 E. p. abrevia: "y merece más en uno, que en otros muchos que haya hecho."

ción en amor y la llama de amor, que es la que hay entre el madero inflamado y la llama de él, que la llama es efecto del fuego que allí está.

4. De donde el alma que está en estado de transformación de amor, podemos decir que su ordinario hábito es como el madero que siempre está embestido (1) en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego de amor, que tan vehemente sale cuanto es más inienso el fuego de la unión (2). En la cual llama se unen y suben los actos de la voluntad, arrebatada y absorta en la llama (3) del Espíritu Santo, que es como el ángel que subió a Dios en la llama del sacrificio de Manué. Y así, en este estado no puede el alma hacer actos, que el Espíritu Santo la mueve a ellos; y por eso todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios (4). De donde al alma le parece que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino, la está dando vida eterna, pues la levania a operación de Dios en Dios (5).

5. Y éste es el lenguaje y palabras que habla y trata Dios en las almas purgadas y limpias, que son palabras todas encendidas, como dijo David: Tu palabra es encendida vehementemente. Y el Profeta: ¿Por ventura mis palabras no son como fuego? (6). Las cuales palabras, como él mismo dice por San Juan, son espíritu y vida, la cual sienten las almas (7) que tienen oídos para oírla que, como digo, son las almas limpias y enamoradas. Que los que no tienen ei paladar sano, sino que gustan otras cosas, no pueden gustar el espíritu y vida de ellas; y por eso, cuanto más altas palabras decía el Hijo de Dios, tanto más 1 T.: embistiendo. Los demás: embestido.

2 C: el fuego del amor de la unión.

3 E. p.: "el fueyo de la unión, y cuanto más arrebatada y absorta está la voluntad en la llama."

4 G.: pues son hechos y movidos por Dios. E. p.: "Y asi en este estado actual, no puede c! alma hacer estos actos sin que el Espíritu Santo no le mueva a ellos muy particularmente; y por esto, todos los actos de ella son divinos en cuanto con esta particularidad es movida por Dios."

5 E. p.: a operación divina en Dios.

6 Jerem., XXIII, 29.

7 E. p.: "Las cuales, como el mismo Señor dice por San Juan, son espíritu y vida, cuya virtud y eficacia sienten las almas." B.: que tienen espíritu y vida y oídos...algunos se desabrían por su impureza (1), como fué cuando predicó aquella tan sabrosa y amorosa doctrina (2) de la Sagrada Eucaristía, que muchos de ellos volvieron atrás.

6. Y no porque los tales no gusten este lenguaje de Dios, que habla de dentro, han de pensar que no le gustarán otros., como aquí se dice, como las gustó San Pedro en el alma cuando dijo a Cristo: ¿Dónde iremos, Señor, que tienes palabras de vida eterna? (3). Y la Samaritana olvidó el agua y el cántaro por la dulzura de las palabras de Dios; y asi, estando esta alma tan cerca de Dios, que está transformada en llama de amor, en que se le comunica el Padre, Hijo y Espíritu Santo, ¿qué increíble cosa se dice que guste un rastro de vida eterna (4), aunque no perfectamente, porque no lo lleva la condición de esta vida? Mas es tan subido el deleite que aquel llamear del Espíritu Santo hace en ella, que la hace saber a qué sabe la vida eterna. Que por eso llama a la llama, viva (5); no porque no sea siempre viva, sino porque le hace tal efecto, que le hace vivir en Dios espiritualmente y sentir vida de Dios, al modo que dice David: Mi corazón y mi carne se gozaron en Dios vivo (6). No porque sea menester decir que sea vivo, pues siempre lo está, sino para dar a entender que el espíritu y sentido vivamente gustaban a Dios, hechos en Dios; lo cual es gustar a Dios vivo, esto es, vida de Dios y wida eterna. Ni dijera David allí Dios vivo, sino porque vivamente le gustaba, aunque no perfectamente, sino como un viso de vida eterna (7). Y asi en esta llama siente el alma tan vivamente a 1 E. p.: "cuantas más altas palabras decía el Hijo de Dios, tanto más algunos las hallaban desabridas por la impureza de los que las oían."

2 Joan., VI. 67.

3 Joan., VI, 69.

4 G.: en que se le comunica el Padre. Hijo y Espíritu Santo, sin duda puede decir que goza de vida eterna...5 E. p.: "¿Qué increíble cosa se dice en decir que en este llamear del Espíritu Santo gusta un rato de vida eterna, aunque no perfectamente, porque no lo lleva la condición de esta vida? Por eso llama viva a esta llama."

6 Ps. LXXXIII, 3.

7 Suprime la e. p. la autoridad de la escritura en castellano y la reproduce en latín, y prosigue: "No porque sea menester decir vivo, que siempre lo está Dios, sino para dar a entender que el espíritu y sentido vivamente gustaban a Dios, y esto es alegrarse en Dios vivo." C: gustaban a Dios, lo cual es gustar a Dios vivo, esto es, vida de Dios y vida eterna y asi en esta llama...Dios y le gusta con tanto sabor y suavidad, que dice: ¡Oh llama de amor viva!

Que tiernamente hieres.

7. Esto es, que con tu amor tiernamente me tocas. Que por cuanto esta llama es llama de vida divina, hiere al alm'a. con ternura de vida de Dios; y tanto y tan entrañablemente la hiere y enternece, que la derrite en amor, porque se cumpla en ella lo que en la Esposa en los Cantares, que se enterneció tanto, que se derritió, y así dice ella allí: Luego que el Esposo habló, se derritió mi alma (1). Porque la habla de Dios es el efecto que hace en el alma.