SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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5. Esta variedad de apetitos (3) está bien figurada en Ezequiel, donde se escribe que mostró Dios a este Profeta en lo interior del templo pintadas enderredor de las paredes todas las semejanzas de sabandijas que arrastran por la tierra, y allí toda la abominación de animales inmundos (4). Y entonces dijo Dios a Ecequiel: Hijo del hombre, ¿de veras no has visto las abominaciones que hacen éstos, cada uno en lo secreto de su retrete? Y mandando Dios al Profeta que entrase más adentro y vería mayores abominaciones, dice que vio allí las mujeres sentadas llorando al dios de los amores, Adónís (5). Y mandándole Dios entrar más adentro, y vería aún mayores abominaciones, dice que vió allí veinticinco viejos que tenían vueltas las espaldas contra el templo (6).

6. Las diferencias de sabandijas y animales inmundos que estaban pintadas en el primer retrete del Templo, son los pensamientos y concepciones que el entendimiento hace de las cosas 1 Las ediciones omiten estas dos lineas y media.

2 E. p.: conforme a su calidad e intención hace su raya y asiento de inmundicia y fealdad en el alma. Porque asi como, etc.

4 Ezech.. VIII, 10.

5 Ibid.. 14.

6 Ibid.. 16.

LIBRO PRIMERO.— CAP. IX bajas de la tierra y de todas las criaturas, las cuales, tales cuales son se pintan en el templo del alma, cuando ella con ellas embaraza su entendimiento (1), que es el primer aposento del alma. Las mujeres que estaban más adentro, en el segundo aposento, llorando al dios Adonis, son los apetitos que están en la segunda potencia del alma, que es la voluntad; los cuales están como llorando, en cuanto codician a lo que está aficionada la voluntad, que son las sabandijas ya pintadas en el entendimiento. Y los varones que estaban en el tercer aposento (2), son las imágenes y representaciones de las criaturas, que guarda y revuelve en si la tercera parte (3) del alma, que es la memoria. Las cuales se dice que están vueltas las espaldas contra el Templo, porque cuando ya, según estas tres potencias, abraza el alma alguna cosa de la tierra acabada y perfectamente, se puede decir que tiene las espaldas contra el templo de Dios, que es la recta razón del alma, la cual no admite en si cosa de criatura (4).

7. Y para entender algo de este feo desorden del alma en sus apetitos, baste por ahora lo dicho. Porque si hubiésemos de tratar en particular de la fealdad menor que hacen y causan en el alma (5) las imperfecciones, y su variedad, y la que hacen los pecados veniales, que es ya mayor que la de las imperfecciones, y su mucha variedad, y también la que hacen los apetitos de pecado mortal, que es total fealdad del alma, y su mucha variedad según la variedad y multitud de todas estas tres cosas, sería nunca acabar, ni entendimiento angélico bastaría para poderlo entender (6). Lo que digo y hace al caso para mi propósito es, que cualquier apetito, aunque sea de la más mínima imperfección, mancha y ensucia al alma (7).

1 E. p.: Las cuales como son tan contrarias a las sempiternas, ensucian el templo del alma, y ella con ellas embaraza su entendimiento.

2 Tercer aposento. Así en Ale. y e. p. Los Ms. A y B y algunas ediciones tras, ladan: retrete tercero.

3 Parre se lee también en A y B. La e. p. traslada potencia.

4 Contra Dios, añade la e. p.

5 E. p.: en particular del impedimento que para esta unión causan en el alma.

6 La e. p. modifica asi esta frase: y su macha variedad, seria nunca acabar.

7 Omite la e. p.: mancha y ensucia al alma.

48 SUÉIDA DEL MONTE CARMELO EN QUE SE TRATA COMO LOS APETITOS ENTIBIAN Y ENFLAQUECEN AL ALA\A EN LA VIRTUD (1).

1. Lo quinto en que dañan los apetitos al alma, es que la entibian y enflaquecen para que no tenga fuerza para seguir la virtud y perseverar en ella. Porque por el mismo caso (2) que la fuerza del apetito se reparte, queda menos fuerte que si estuviera entero en una cosa sola; y cuanto en más cosas se reparte, menos es para cada una de ellas: que por eso dicen los filósofos, que la virtud unida es más fuerte que ella misma si se derrama. Y por tanto, está claro que si el apetito de la voluntad se derrama en otra cosa fuera de la virtud, ha de quedar más flaco para la virtud. Y así, el alma que tiene la voluntad repartida en menudencias, es como el ag"ua, que teniendo por donde derramarse hacia abajo no crece para arriba (3), y asi no es de provecho. Que por eso el patriarca Jacob comparó a su hijo Rubén al agua derramada; porque en cierto pecado había dado rienda a sus apetitos, diciendo: Derramado estás, como el agua, no crezcas (4). Como si dijera: Porque estás derramado según los apetitos como el agua, no crecerás en virtud. Y así como el agua caliente, no estando cubierta, fácilmente pierde el calor, y como las especies aromáticas, desenvueltas (5), van perdiendo la fragancia y fuerza de su olor; asi el alma no recogida en un solo apetito de Dios pierde el calor y vigor en la virtud. Lo cual entendiendo bien David, dijo hablando con Dios: Yo guardaré mi fortaleza 1 Latp. añade: Pruébalo por comparaciones y autoridades de la Sagrada Escritura.

2 E. p.: por la misma causa.

3 No sube arriba, dice la e. p.

4 Gen.. XLIX. 4.

5 Ale. y e. p.: desenvueltas. A y B: no estando cubiertas. Aquí está mas claro el sentido, porque la palabra del Santo no se usa apenas en esta acepción.

LIBRO PRIMERO— CAP. X para ti (1). Esto es, recogiendo la fuerza de mis apetitos (2) solo a ti.

2. Y enflaquecen la virtud del alma los apetitos, porque son en ella como los renuevos (3) que nacen en rededor del árbol y le llevan la virtud para que no lleve tanto fruto. Y de estas tales almas dice el Señor: Vae praegnantibus, et nutrientibus in Mis diebus (4). Esto es: Ay de los que en aquellos días estuvieren preñados, y de los que criaren. La cual preñez y cria entiende por la de los apetitos; los cuales, si no se atajan, siempre irán quitando más virtud al alma, y crecerán para mal del alma, como los renuevos en el árbol. Por lo cual Nuestro Señor nos aconseja diciendo: Tened ceñidos vuestros lomos, que significan aquí los apetitos (5). Porque, en efecto, ellos son también como las sanguijuelas, que siempre están chupando la sangre de las venas, porque así las liema el Eclesiástico di cicndo: Sanguijuelas son las hijas, esto es, ios apetitos; siempre dicen: Daca, daca (6).

3. De donde está claro que los apetitos no ponen al elmn bien ninguno, sino quitanle el que tienen; y si no los mortificare, no pararán hasta hacer en ella lo que dicen que hacen a su madre los hijos de la víbora, que cuando van creciendo en el vientre, comen a su madre y mátanlf quedando ellos vivos a costa de su madre. Así, los apetitos mortificados llegan a tanto, que matan al alma en Dios, porque ella primero no los mató. Por eso dice el Eclesiástico: Aufer a me Domine ventris concupiscentias (7). Y sólo lo que en ella vive son ellos.

4. Pero aunque no lleguen a esto, es gran lástima considerar cuál tienen a la pobre alma los apetitos que viven en ella, cuán desgraciada para consigo misma, cuán seca para los pro- 1 P». LVin. 10.

2 E. p.: afectos. Por afectos o inclinaciones emplea aquí el Santo esta palabra.

3 E. p.: los virgultos y renuevos que nacen. E! Códice de Alba: los virgulos y renuevos que nacen. El B: las vírgulas, etc.

t Matth.. XXTV, 19.

5 Luc. XII. 35.

6 Prov., XXX, 15. Asi todos los códices. La e. p.: dame. dame.

7 Eccli., XXm, 6.

jimos y cuán pesada y perezosa para las cosas de Dios. Porque no hay mal humor que tan pesado y dificultoso ponga a un enfermo para caminar, o hastio para comer, cuanto el apetito de criaturas hace al alma pesada y triste para seguir la virtud. Y asi, ordinariamente, la causa porque muchas almas no tienen diligencia y gana de cobrar (1) virtud, es porque tienen apetitos y aficiones no puras en Dios (2).

EN QUE SE PRUEBA SER NECESARIO PARA LLEGAR A LA DIVINA UNION CARECER EL ALMA DE TODOS LOS APETITOS, POR MINIMOS OUE SEAN (3).

1. Parece que ha mucho que el lector desea preguntar, que si es de fuerza que para llegar a este alto estado de perfección ha de haber precedido mortificación total en todos los apetitos, chicos y grandes, y que si bastará mortificar algunos de ellos y dejar otros, a lo menos aquellos que parecen de poco momento. Porque parece cosa recia y muy dificultosa poder llegar el alma a tanta pureza y desnudez, que no tenga voluntad y afición a ninguna cosa.

2. A esto respondo: lo primero, que aunque es verdad que no todos los apetitos son tan 'perjudiciales unos como otros, ni embarazan al alma (4), todos en igual manera (hablo de los voluntarios), porque los apetitos naturales poco o nada impiden para la unión al alma cuando no son consentidos ni pasan de primeros movimientos (5) (todos aquellos 1 A y B: obrar virtud. La e. p.: obrar virtudes. En este pasaje e) cobrar del Códice de Alcaudete y el obrar de A, B y e. p. tienen análogo significado Cobrar en el presente significado es más usual emplearlo en achaques de cetrería.

2 Ni en Dios Nuestro Señor, añade la e. p.

3 Así el C. de Ale. La e. p. Prueba cómo es necesario para llegar a la divina unión carecer el alma de todos los apetitos por pequeños que sean.

4 Las frases siguientes hasta las palabras cuando no son consentidos, exclusive, que traen A. B y e. p., no se leen en el C. de Ale, tal vez por descuido del copista.

5 La e. p. añade, para mayor claridad sin duda: Y llamo naturales y de primeros movimientos.

LIBRO PRIMERO.— CAP. XI en que la voluntad racional antes ni después tuvo parte); porque quitar éstos, que es mortificarlos del todo en esta vida, es imposible. Y éstos no Impiden de manera que no se pueda llegar a la divina unión, aunque del todo no estén, como digo, mortificados; porque bien los puede tener el natural, y estar el alma según el espíritu racional muy libre de ellos. Porque aunque acaecerá a veces que esté el alma en harta (1) unión de oración de quietud en la voluntad, y que actualmente moren éstos en la parte sensitiva del hombre (2), no teniendo en ellos parte la parte superior que está en oración. Pero todos los demás apetitos voluntarios, ahora sean de pecado mortal, que son los más graves, ahora de pecado venial, que son menos graves; ahora sean solamente de imperfecciones, que son los menores, todos se han de vaciar y de todos ha el alma de carecer, para venir a esta total unión, por mínimos que sean. Y la razón es, porque el estado de esta divina unión consiste en tener el alma según la voluntad con total transformación en la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios, sino que en todo (3) y por todo su movimiento sea voluntad solamente de Dios.

3. Que ésta es la causa por qué en este estado llamamos estar hecha una voluntad de dos, la cual es voluntad de Dios, y esta voluntad de Dios es también voluntad del alma (4). Pues si esta alma quisiese alguna imperfección que no quiere Dios, no estaría hecha una voluntad de Dios, pues el alma tenía voluntad de lo que no la tenia Dios. Luego claro está, que para venir el alma a unirse con Dios perfectamente por amor y voluntad, ha de carecer primero de todo apetito de voluntad, por mínimo que sea. Esto es, que advertidamente y conocidamente no consienta con la voluntad en imperfección, y venga a tener poder y libertad para poderlo hacer en advirtiendo. Y 2 A y B: alma.

3 E. p.: de manera que en todo y por todo. etc.

4 La e. p. traslada: llamamos estar hecha una voluntad de Dios, esto es. de la mía y de ¡a de Dios, de manera que la voluntad de Dios es también voluntad del alma.

digo conocidamente, porque sin advertirlo y conocerlo, o sin ser en su mano (1), bien caerá en imperfecciones y pecados veniales, y en los apetitos naturales que habernos dicho; porque de estos tales pecados no tan voluntarios y subrepticios (2) está escrito, que el justo caerá siete veces en el día y se levantará (3). Mas de los apetitos voluntarios, que son pecados veniales de advertencia (4), aunque sean de mínimas cosas, como he dicho, basta uno que no se venza, para impedir. Digo no mortificando el tal hábito; porque algunos actos a veces de diferentes apetitos, aun no hacen tanto cuando los hábitos están mortificados (5). Aunque también éstos ha de venir a no los haber, porque también proceden de hábito de imperfección. Pero algunos hábitos de voluntarias imperfecciones, en que nunca acaban de vencerse, éstos no solamente impiden la divina unión, pero el ir adelante en la perfección.

4. Estas imperfecciones habituales son: como una común costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer vencer, asi como a persona, a vestido, a libro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oir, y otras semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder crecer e ir adelante en la virtud, que si cayese cada día en otras muchas imperfecciones y pecados veniales sueltos (6), que no proceden de ordinaria costumbre de alguna mala propiedad ordinaria (7), no le impedirán tanto, cuanto el tener el alma asimiento a alguna 1 Enteramente, añade la e. p.

2 Subrepticios. Esta palabra sólo se lee en el Códice de Alcaudete.

3 Prov.. XXIV. 16.

4 Solo el C. de Ale. trae las palabras: que son pecados veniales de advertencia. La e. p. escribe: Mas de los apetitos voluntarios y enteramente advertidos, aunque sean de cosas mínimas, como se ha dicho, cualquiera que no se venza basta para impedir.

5 Del C. de Ale. son las palabras: cuando los hábitos están mortificados. La e. p.: aun no hacen tanto, por no ser hábito determinado. B: a veces no hacen tanto por ser hábito determinado. A. Aun no hacen tanto por ser hábito determinado.

6 En vez de y pecados veniales sueltos, que se lee en el C. de Ale., la e. p dice: aunque fuesen mayores.

7 Ordinaria. La e. p. suprime esta palabra.

LIBRO PRIMERO.— CAP. XI cosa. Porque en tanto que le tuviere, excusado es que pueda ir el alma adelante en perfección, aunque la imperfección sea muy minima (1). Porque eso me da que una ave esté asida a un hilo delgado que a un grueso; porque aunque sea delgado, tan asida se estará a el como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero por fácil que es, si no le quiebra, no volara. V asi es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que aunque más virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina unión. Porque el apetito y asimiento del alma tienen la propiedad que dicen tiene la remora con la nao, que con ser un pez muy pequeño, si acierta a pegarse a la nao, la tiene tan queda que no la deja llegar al puerto, ni navegar. Y asi, es lástima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas y obras y ejercicios espirituales, y virtudes y mercedes que Dios las hace, y por no tener ánimo para acabar con algún gustillo, o asimiento, o afición (que todo es uno), nunca van adelante, ni llegan al puerto de la perfección (2), que no estaba en más que dar un buen vuelo, y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento, o quitar aquella pegada (3) remora de apetito.

5. Harto es de dolerse que haya Dios hécholes quebrar otros cordeles más gruesos de aficiones de pecados y vanidades, y por no desasirse de una niñería que les dijo (4) Dios que venciesen por amor de él, que no es más que un hilo y que un pelo, dejen de ir a tanto bien. Y lo que peor es, que no solamente no van adelante, sino que por aquel asimiento vuelven atrás, perdiendo lo que en tanto tiempo, con tanto trabajo han caminado y ganado, porque ya se sabe que, en este camino, el no ir adelante es volver atrás, y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo: El que no es 1 E. p.: excusado es que pueda llegar a ta perfección, aunque la cosa tea muy mínima.

2 La e. p.i nunca pueden llegar al puerto de la unión perfecta.

3 Pegada. La e. p. no trac esta palabra.

conmigo es contra mí; y el que conmigo no allega, derrama (1). El que no tiene cuidado de remediar el vaso, por un pequeño resquicio que tenga basta para que se venga a derramar todo el licor que está dentro. Porque el Eclesiástico nos lo enseñó bien diciendo: El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco irá cayendo (2). Porque, como el mismo dice, de una sola centella se aumenta el fuego (3). Y asi una imperfección basta para traer otra, y aquéllas, otras; y así casi nunca se verá una alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél. Y así siempre van cayendo, y ya habernos visto muchas personas, a quien Dios hacía merced de llevar muy adelante en gran desasimiento y libertad, y por sólo comenzar a tomar un asimientillo de afición y so color de bien, de conversación y amistad, írseles por alli vaciando el espíritu y gusto de Dios y santa soledad, caer de la alegría y entereza en los ejercicios espirituales, y no parar hasta perderlo todo; y esto porque no atajaron aquel principio de gusto y apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.

6. En este camino siempre se ha de caminar para llegar; lo cual es ir siempre quitando quereres, no sustentándolos; y si no se acaban todos de quitar, no se acaba de llegar. Porque así como el madero no se transforma en el fuego por un sólo grado de calor que falte en su disposición, asi no se transformará el alma en Dios por una imperfección que tenga, aunque sea menos que apetito voluntario (4), porque como después se dirá en la noche de la fe, el alma no tiene más de una voluntad, y 1 Matth., XII. 30. E. p se expresa asi: "que no es más que un hilo, deje de ir adelante y llegar a tanto bien. Y lo peor es que, por aquel asimiento, no sólo no van adelante, sino que en materia de perfección vuelven atrás, perdiendo algo de lo que con tanto trabajo habían ganado. Porque ya se sabe, que en este camino espiritual el no ir adelante venciendo, es volver atrás; y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor damos a entender cuando dijo: El que conmigo no allega, derrama."

2 Eccli.. XIX, 1. En las grandes, añade la e. p.

3 Ibid.. XI. 34.

4 La e. p. no trae las palabras: aunque sea menos que apetito voluntario.

LIBRO PRIMERO. — CAP. XI esa, si se embaraza y emplea en algo, no queda libre (I). sola y pura, como?>e requiere para la divina transformación.

7. De lo dicho tenemos figura en el Libro de los Jueces, donde se dice, que vino el Angel a los hijos de Israel y les dijo, que porque no habian acabado con aquella gente contraria, sino antes se habían confederado con algunos de ellos; por eso se los habia de dejar entre ellos por enemigos, para que les fuesen ocasión de caída y perdición (2). Y, justamente, hace Dios esto con algunas almas, a las cuales, habiéndolas él sacado del mundo (3), y mucrtoles los gigantes de su> pecados, y acabado la multitud de sus enemigos, que son las ocasiones que en el mundo tenían, sólo porque ellos entraran con más libertad en esta tierra de Promisión de la unión divina, y ellos todavía traban amistad y alianza con la gente menuda de imperfecciones, no acabándolas de mortificar; por eso, enojado Nuestro Señor les deja ir cayendo en sus apetitos de peor en peor (4).

8. Tambicn en el Libro de Josué tenemos figura acerca de lo dicho, cuando le mandó Dios a Josué al tiempo que habia de comenzar a poseer la tierra de Promisión, que en la ciudad de Jencó de tal manera destruyese cuanto en ella había, que no dejase cosa en ella viva, desde el hombre hasta la mujer, y desde el niño hasta el viejo, y todos los animales, y que de todos los despojos no tomasen ni codiciasen nada (5). Para que entendamos como para entrar en esta divina unión, ha de morir todo lo que vive en el alma, poco y mucho, chico y grande, y el alma ha de guedar sin codicia de todo ello, y tan desasida como si ello no fuese para ella, ni ella para ello. Lo cual nos enseña bien San Pablo ad Corinthios, diciendo: Lo que os digo hermanos es gue el tiempo es breve; lo que resta y conviene es, que los que tienes mujeres, sean como si no las tu- 2 Jud.. II. 3.

3 E p del Egipto del mundo. A y B de los peligros del mando.

4 E. p.. viviendo en descuido y flojedad se enoja 6'u Majestad y ios deja ir cayendo en sus apetitos de mal en peor.

5 Jos. VI. 21.

viesen; y los que lloran por las cosas de este mundo, como si no llorasen; y los que se huelgan, como si no se holgasen (1); y los que compran, como si no poseyesen; y los que usan de este mundo, como si no usasen (2). Esto nos dice el Apóstol, enseñándonos cuan desasida nos conviene tener el alma de todas las cosas para ir a Dios.

EN QUE SE TRATA COMO SE RESPONDE (3) A OTRA PREGUNTA, DECLA-RANDO CUALES SEAN LOS APETITOS QUE BASTAN PARA CAUSAR EN EL ALMA LOS DAflOS DICHOS.

1. Mucho pudiéramos alargarnos en esta materia de la noche del sentido, diciendo lo mucho que hay que decir de los daños que causan los apetitos, no sólo en las maneras dichas, sino en otras muchas. Pero, para lo que hace a nuestro propósito, lo dicho basta; porque parece queda dado a entender cómo se llama noche la mortificación de ellos, y cuanto convenga entrar en esta noche para ir a Dios. Sólo lo que se ofrece, antes que tratemos del modo de entrar en ella, para concluir con esta parte, es una duda que podría ocurrir al lector sobre lo dicho.

2. Y es lo primero, si basta cualquier apetito para obrar y causar en el alma los dos males ya dichos, es a saber: privativo, que es privar al alma de la gracia de Dios, y el positivo, que es causar en ella los cinco daños principales que habernos dicho (4). Lo segundo, si basta cualquier apetito, por mínimo que sea, y de cualquier especie que sea, a causar todos éstos juntos (5); o solamente unos causan unos, y otros otros; como unos causar tormento, otros cansancio, otros tiniebla, etc.

1 La e. p. suprime la frase: y los que se huelgan como si no se holgasen.

2 I ad Cor.. VII. 29-31.

4 La e. p. abrevia estas tres lineas asi: y causar en el alma ¡os dos males, positivo y privativo, ya declarados.

5 Todos estos juntos. Asi el C. de Ale. En la traslación de esta frase hay notable variedad. A y e. p.. rodos estos cinco daños juntos. B todos estos daños juntos.

LIBRO PRIMERO. — CAP. XII 3. A lo cual respondiendo, digo a lo primero, que cuanto al daño privativo, que es privar al alma de Dios, solamente los apetitos voluntarios que son de materia de pecado mortal pueden y hacen esto totalmente ( 1 ), porque ellos privan en esta vida al alma de la gracia, y en la otra de la gloria, que es poseer a Dios. A lo segundo digo, que así éstos que son de materia de pecado mortal, como los voluntarios de materia de pecado venial, y los que son de materia de imperfección, cada uno de ellos basta para causar en el alma todos estos daños positivos (2) juntos; los cuales, aunque en cierta maner? son privativos, llamárnoslos aqui positivos, porque responden a la conversión de la criatura, así como el privativo responde c la aversión de Dios. Pero hay esta diferencia, que los apetitos de pecado mortal causan total ceguera, tormento e inmundicia y flaqueza, etc. Mas los otros de materia de venial o imperfección (3), no causan estos males en total y consumado grado, pues no privan de la gracia, de donde depende la posesión de ellos, porque la muerte de ella es vida de ellos; pero caúsenlos en el alma remisamente, según la remisión de la gracia que los tales apetitos causan en el alma. De manera, que aquel apetito que más entibiare la gracia, más abundante tormento, ceguera y suciedad causará (A).

4. Pero es de notar que aunque cada apetito causa estos males, que aqui llamamos positivos, unos hay que principal y derechamente causan unos, y otros oíros, y los demás por el consiguiente. Porque aunque es verdad que un apetito sensual causa todos estos males, pero principal y propiamente ensucia al alma y cuerpo. Y aunque un apetito de avaricia también los causa todos, principal y derechamente causa aflicción.

1 La t p do trae esta palabra 2 La e. p. suprime las frases restantes hasta el punto.

3 E. p.: pecado venial o conocida imperfección.

4 La e. p. "no privan de la gracia, con la cual privación anda junta la posesión de ellos; porque la muerte de ella es vida de ellos. Pero causan algo de estos males, aunque remisamente, según la tibieza y remisión que en el alma causan. De manera que aquel apetito que mas la entibiare, mas abundantemente causará tormento, ceguera y no pureza."

Y aunque un apetito de vanagloria, ni más ni menos, los causa tocios, principal y derechamente causa tinieblas y ceguera (.)

Y aunque un apetito de gula los causa todos, principalmente causa tibieza en la virtud, y asi de los demás.

5. Y la causa porque cualquier acto de apetito voluntario produce en el alma todos estos efectos juntos, es por la contrariedad que derechamente tienen contra todos los actos de virtud que producen en el alma los efectos contrarios. Porque asi como un acto de virtud produce en el alma y cria juntamente suavidad, paz, consuelo, luz, limpieza y fortaleza; asi, un apetito desordenado causa tormento, fatiga, cansancio, ceguera y flaqueza. Todas las virtudes crecen en el ejercicio de una, y todos los vicios crecen en el de uno, y los dejos (2) de ellos en el alma. Y aunque todos estos males no se echan de ver al tiempo que se cumple el apetito, porque el gusto de él entonces no da lugar, pero antes o después bien se sienten sus malos dejos. Lo cual se da muy bien a entender por aquel libro que mandó el ángel comer a San Juan en el Apocalipsis, el cual en la boca le hizo dulzura, y en el vientre le fué amargor (3). Porque el apetito cuando se ejecuta es dulce y parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; lo cual podrá bien juzgar el que se deja llevar de ellos. Aunque no ignoro que hay algunos tan ciegos e insensibles que no lo sienten, porque como no andan en Dios, no echan de ver lo que les impide a Dios.

6. De los demás apetitos naturales que no son voluntarios, y de los pensamientos que no pasan de primeros movimientos, y de otras tentaciones no consentidas, no trato aquí; porque éstos ningún mal de los dichos causan al alma. Porque aunque a la persona por quien pasan le haga parecer la pasión y turbación que entonces le causan, que la ensucian y ciegan, no es así; antes la causan los provechos contrarios (4). Porque en tanto que los 1 Por descuido suprime el C. de Ale. estas lineas que se reBeren al apetito de vanagloria, las cuales se leen en los demás y en las ediciones 2 E. p.: efectos.

3 Apoo. X. 9. Las tres lineas antecedentes faltan en e. p.

4 En la e. p. se introdujo esta palabra: "Antes ocasiona/menfe la causan los provechos contrarios."

LIBRO PRIMERO— CAP. XD resiste, gana fortaleza, pureza, luz y consuelo, y muchos bienes, según lo cual dijo Nuestro Señor a San Pablo: Que la virtud se perficionaba en la flaqueza (1) Mas los voluntarios, todos los dichos y más males hacen. Y por eso, el principal cuidado que tienen los maestros espirituales, es mortificar luego a sus discípulos de cualquier apetito, haciéndoles quedar en vacio de lo que apetecían, por librarles de tanta miseria.

EN QUE SE TRATA DE LA MANERA Y MODO QUE SE HA DE TENER PARA ENTRAR FT< ESTA NOCHE DEL SENTIDO (2).

1. Resta ahora dar algunos avisos para saber y poder entrar en esta noche del sentido. Para lo cual es de saber, que el alma ordinariamente entra en esta noche sensitiva en dos maneras: la una es activa, la otra pasiva. Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella, de lo cual ahora trataremos en los avisos siguientes. Pasiva es en que el alma no hace nada, sino que Dios lo obra en ella, y ella se ha como paciente. De la cual trataremos en el cuarto Libro (3), cuando habernos de tratar de los principiantes (4). Y porque allí habernos, con el favor divino, de dar muchos avisos a los principiantes, según las muchas imperfecciones que suelen tener en este camino, no me alargaré aquí en dar muchos. Y porque también no es tan propio de este lugar darlos, pues de presente sólo tratamos de las causas por qué se llama noche este tránsito, y cuál sea ésta, y cuántas sus partes. Pero porque parece 1 II ad Cor.. XD, 9.

2 E. p.: De la manera u modo que ha de tener el alma para entrar en esta noche del sentido por fe.

3 Es decir, en la Noche Oscura.

4 En las anteriores ediciones este párrafo se ponía asi: "Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella ayudada de la gracia, de la cual trataremos ahora en los avisos siguientes. Y pasiva es en que el alma no hace nada como de suyo o por su industria, sino Dios lo obra en ella con más particulares auxilios, y ella se ha como paciente consintiendo libremente. De la cual diremos en la Noche oscura, cuando tratáremos de los principiantes."

quedaba muy corto y no de tanto provecho no dar luego algún remedio o aviso para ejercitar esta noche de apetitos, he querido poner aqui el modo breve que se sigue; y lo mismo haré al fin de cada una de esotras dos partes o causas de esta noche (1), de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.

2. Estos avisos que aqui se siguen de vencer los apetitos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y eficaces como compendiosos; de manera que el que de veras se quisiere ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos.

3. Lo primero, traiga un ordinario apetito (2) de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se "hubiera él.

4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacio de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y manjar. Pongo ejemplo. Si se le ofreciere gusto de oir cosas que no importen para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar, ni las quiera oir; y si le diere gusto mirar cosas que no le ayuden (3) más a Dios, ni quiera el gusto, ni mirar las tales cosas; y si en el hablar o en otra cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo. Y en todos los sentidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque, si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él. Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprovechará mucho.

1 Solamente lo verifica por entero al tratar de la memoria (cap. XIV del Itb. III): algo insinúa del entendimiento, al ñnal del lib. II. De la voluntad no se dice nada, quizá por estar el libro III incompleto.

3 E. p.: lleven.

LIBRO PRIMERO. — CAP. XÜ1 5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.

6. Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a ío más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto (1); no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos, no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada, no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.

7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y procure allanar la voluntad en ellas. Porque si de corazón las obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y consuelo, obrando ordenada y discretamente.

8. Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la noche sensitiva; pero, para mayor abundancia, diremos otra manera de ejercicio que enseña a mortificar (2) la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, que son las cosas que dice San Juan reinan en el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos (3).

9. Lo primero, procurar obrar en su desprecio, y desear que todos lo hagan, (4); lo segundo, procurar hablar en su 1 B dice: no a lo más gustoso, sino antes a lo que no da gusto. La e. p No a ¡o más gustoso, sino a lo que no da gusto.

2 Las lineas siguientes de este número se modifican en la e. p. de esta manera: que enseña a mortificar de veras el apetito de la honra, de que se originan otros muchos.

3 Se publica el siguiente número conforme al Códice de AJcaudete. La e. p. lo trae en la misma forma, con la pequeña diferencia de que donde el Códice traslada que todos lo hagan, la e. p. dice: que los otros lo hagan, conformándose en esto con A y B.

4 A y B añaden: y esto es contra la concupiscencia de ¡a carne.

desprecio, y desear que todos lo hagan (1); lo tercero, procurar pensar bajamente de si en su desprecio, y desear que todos lo hagan (2).

10. En conclusión de estos avisos y reglas, conviene poner aquí aquellos versos que se escriben en la Subida (3) del Monte, que es la figura que está al principio de este libro, los cuales son doctrina para subir a él, que es lo alto de la unión. Porque, aunque es verdad que allí habla de lo espiritual e interior, también trata del espíritu de imperfección según lo sensual (4) y exterior, como se puede ver en los dos caminos que están en los lados de la senda de perfección. Y asi, según ese sentido los entenderemos aquí, conviene a saber: según lo sensual; los cuales después, en la segunda parte de esta noche, se han de entender según lo espiritual (5).

11. Dice asi: — Para venir a gustarlo todo (6), no quieras tener gusto en nada. — Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada. —Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. — Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada. —Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. —Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. — Para venir a lo que no 'posees, has de ir por donde no posees.

1 A y B dicen además: y esto es contra la concupiscencia de los ojos.

2 A y B adicionan: también contra sí; y esto es contra la soberbia de la vida.