purificar al alma antes de entrar en el goce de su perdurable beatitud. Por otra parte, aunque "quieren bien a Dios," como dice el Santo, el conocimiento cabal que tienen de las faltas que alli están purgando, les hace ver lo mal que con Dios se portaron, y con cuanta razón les castiga y se aira con ellas.
1 E. p. modifica; "como se ve tan miserable, reparando en si Dios no la quiere a ella, no asegurándose por entonces que tiene por qué ser amada, sino antes que tiene..."
LIBRO SFGUNDO. —CAP. VIII DF OTRAS PENAS QUE AFLIGEN AL AI.WA FN ESTE FSTADO (1).
1. Pero hay aquí otra cosa (2) que al alma aqueja y desconsuela mucho, y es que, como esta oscura noche la tiene así impedidas las potencias y aficiones, no puede levantar (3) el afecto ni mente a Dios, ni le puede rogar, pareciéndole lo que a Jeremías, que lia puesto Dios una nube delante porque no pase la oración (4). Porque esto quiere decir lo que en la autoridad alegada dice, es a saber. Atrancó y cerró mis vías con piedras cuadradas (5). Y si algunas veces ruega, es con tan sin fuerza ^6) y sin jugo, que le parece que ni le oye Dios ni hace caso de ello, como también este Profeta lo da a entender en la misma autoridad, diciendo: Cuando clamare y rogare, ha excluido mi oración (7). A la verdad no es éste tiempo de hablar con Dios, sino de poner, como dice Jeremías, su boca en el polvo, si por ventura le viniere alguna actual esperanza (8), sufriendo con paciencia su purgación (9). Dios es el que anda aquí haciendo pasivamente (10) la obra en el alma, por eso ella no puede nada. De donde ni rezar ni asistir con advertencia ( 1 1 ) a las cosas divinas puede, ni menos a las demás cosas y tratos temporales. Tiene no solo esto, sino también muchas veces tales enajenamientos y tan profundos olvidos en 1 Asi la e. p. Los Códices no traen aqui separación ninguna.
2 E. p.: Hay e/i esfe estado otra cosa.
3 E. p. añade aqui: como antes.
4 Thren.. III, 44.
5 E. p.:...en la autoridad.llegada dice: cerró mis caminos con piedras cuadradas.
6 E. p.: es con tanta sequedad.
7 lb.d.. 8.
8 Ibid.. 29.
9 E. p. modifica: "A la verdad, este es tiempo de poner, como dice Jeremías, su boca en el polvo, sufriendo con p.iciencia su purgación."
10 La e. p. omite esta palabra.
11 Asi A, B. G. Mtr., P y C. — M y e. p.: con mucha advertencia. H: ni asisrir a las cosas divinas. Bz.: ni asistir con devoción a las cosas divinas.
la memoria, que se le pasan muchos ratos sin saber lo que se hizo ni pensó, ni qué es lo que hace ni qué es lo que va a hacer, ni puede advertir, aunque quiera, a nada de aquello en que está (1).
2. Que por cuanto aquí no sólo se purga el entendimiento de su lumbre (2) y la voluntad de sus aficiones, sino también la memoria de sus discursos y noticias, conviene también aniquilarla acerca de todas ellas, para que se cumpla lo que de sí dice David en esta purgación "es a saber: Fui yo aniquilado, y no supe (3). El cual no saber se refiere (4) a estas insipiencias y olvidos de la memoria, las cuales enajenaciones y olvidos son causados del interior recogimiento en que esta contemplación absorbe al alma. Porque, para que el alma quede dispuesta y templada a lo divino con sus potencias para la divina unión de amor, convenía que;primero fuese absorta con todas ellas en esta divina y oscura luz espiritual de contemplación, y así fuese abstraída de todas las aficiones y aprehensiones de criaturas, lo cual singularmente (5) dura según es la intensión. Y así, cuando esta divina luz embiste más sencilla y pura en el alma, tanto más la oscurece, vacía y aniquila acerca de sus aprehensiones y aficiones particulares, así de cosas de arriba como de abajo; y también, cuanto menos sencilla y pura embiste, tanto menos la priva y menos oscura le es. Que es cosa que parece increíble decir que la luz sobrenatural y divina tanto más oscurece al alma cuanto ella tiene más de claridad y pureza; y cuanto menos, le sea menos oscura. Lo cual se entiende bien (6) si consideramos lo que arriba queda probado en la sentencia del Filósofo, conviene a saber, que las cosas sobrenaturales 1 E. p.: ni puede estar muy advertida, aunque quiera, a nada de lo que está haciendo.
2 E. p.: de su imperfecto conocimiento.
3 Ps. LXXII, 22.
6 Estas palabras se entiende bien, necesarias para completar el sentido, se leen en Mtr. y la e. p.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. VIII tanto son a nuestro entendimiento mas oscuras, cuanto ellas en sí son más claras y manifiestas (1).
3. Y para que más claramente se entienda, pondremos aquí una semejanza de la luz natural y común. Vemos que el rayo del sol que entra por la ventana, cuanto más puro y limpio es de átomos, tanto menos claramente se ve, y cuanto más de átomos y motas tiene el aire, tanto parece más claro al ojo. La causa es, porque la luz no es la que se ve por sí misma, sino el medio con que se ven las demás cosas que embiste; y entonces ella, por la reverberación que hace en ellas, también se ve, y si no diese en ellas, ni ellas ni ella se verían; de tal manera que si el rayo del sol entrase por la ventana de un aposento y pasase por otra de la otra parte, por medio del aposento, como no topase en alguna cosa ni hubiese en el aire átomos en que raverberare, no tendría el aposento más luz que antes, ni el rayo se echaría de ver; antes, si bien se mirase, entonces hay más obscuridad por donde está el rayo, porque priva y obscurece algo de la otra luz, y él no se ve, porque, como habernos dicho, no hay objetos visibles en que pueda reverberar (2).
4. Pues, ni más ni menos, hace este divino rayo de contemplación en el alma, que embistiendo en ella con su lumbre divina, excede la natural del alma, y en esto la oscurece y priva de todas las aprehensiones y afecciones naturales que antes mediante la luz natural aprehendía, y asi no sólo la deja oscura, sino también vacía según las potencias y apetitos, asi espirituales como naturales. Y dejándole así vacia y a oscuras, la purga e ilumina con divina luz espiritual, sin pensar el alma que la tiene, sino que está en tinieblas, como habernos dicho del rayo, que, aunque está en medio del aposento, si está puro y no tiene en 1 Faltan en la e. p. las lineas del párrafo siguiente, sin duda por haber usado ya de la misma comparación en ia Subida. I. II. cap XIV. n. 9, p. 126.
2 La e. p. modifica mucho las siguientes lineas: "Y así, embistiéndole al alma con su lumbre divina, el rayo de esta subida contemplación, como excede al natural de la misma alma, con esto la escurece y priva de todas las aficiones y aprehensiones naturales que antes, mediante la luz natural, aprehendia. Con lo cual, no sólo la dexa oscura, sino también vacia según las potencias y apetitos, asi espirituales como naturales, y dexándola asi vacia y a escuras, la purga y ilumina con divina luz espiritual, sin pensar el alma que la tiene, sino que está en tinieblas, como habernos dicho. Que NOCHI-: OSCURA NOCHI-: OSCURA que topar, no se ve. Pero con esta luz espiritual de que está embestida el alma, cuando tiene en qué reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual de perfección o imperfección, por mínimo átomo que sea, o juicio de lo que es falso o verdadero, luego lo ve y entiende mucho más claramente que antes que estuviese en estas oscuridades. Y, ni más ni menos, conoce la luz que tiene espiritual para conocer con facilidad la imperfección que se le ofrece; así como cuando el rayo que habernos dicho está oscuro en el aposento, aunque él no se ve, si se ofrece pasar (1) por él una mano o cualquiera cosa, luego se ve la mano, y se conoce que estaba allí aquella luz del sol.
5. Donde por ser esta luz espiritual tan sencilla (2) pura y general, no afectada ni particularizada a ningún particular inteligible, natural ni divino (pues acerca de todas estas aprehensiones tiene las potencias del alma vacías y aniquiladas), de aquí es que (3) con grande generalidad y facilidad conoce y penetra el alma cualquiera cosa de arriba o de abajo que se ofrece; que por eso dijo el Apóstol: Que el espiritual todas las cosas penetra, hasta los profundos de Dios (4). Porque de esta sabiduría general y sencilla se entiende lo que por el Sabio dice el Espíritu Santo, es a saber: Que toca hasta do quiera por su pureza (5); es a saber, porque no se particulariza a ningún particular inteligible ni afición. Y ésta es la propiedad del espíritu purgado y aniquilado acerca de todas particulares aficiones e inteligencias, que en este no gustar nada ni entender nada (6) en particular, morando en su vacío, oscuridad y tinieblas, lo abraza todo con gran disposición, para que se verifique en él (7) lo así como el rayo de luz, si está puro y no tiene en qué reverberar o topar casi no se divisa, y en la reverberación o reflexión se ve mejor, asi esta luz espiritual de que está embestida el alma, por ser tan pura, no se divisa o percibe tanto en si: pero cuando tiene en qué reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender particular de perfección o juicio de lo que es falso o verdadero..."
1 E. p.: así como cuando el rayo en sí no se divisa tanto, pero si se ofrece pasar...2 H: sensible.
3 E. p. suprime: de aquí es que.
4 I ad Cor., II, 10.
5 Sap., VII, 24.
6 Por descuido omite H: ni entender nada.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. VIII de San Pablo: Nihil habentes, cí ornada poss'ulrntcs (1). Porque tal bienaventuranza se debía a tal pobreza de espíritu.
COMO RUNQOÉ ESTA NOCHE OSCl'HfíCK AL LSP1RITT, ES PARA ILUS-TRARLO V DARLL LUZ (2).
1. Resta, pues, aquí decir que esta dichosa nuche, aunque oscurece al espiritu, no lo hace sino por darle luz de todas las cosas; y aunque le humilla y pone miserable, no es sino para ensalzarle y levantarle; y aunque le empobrece y vaüa de toda posesión y afición natural, no es sino para que divinamente pueda extenderse a gozar y gustar de todas las cosas de arriba y de abajo, siendo con libertad de espíritu general en todo. Porque así como los elementos para que se comuniquen en todos los compuestos y entes naturales conviene que con ninguna particularidad de color, olor ni sabor estén afectados, para poder concurrir con todos los sabores, olores y colores, asi al espiritu le conviene estar sencillo, puro y desnudo de todas maneras de aficiones naturales, así actuales como habituales, para poder comunicar con libertad con la anchura del espíritu con la divina Sabiduría, en que por su limpieza gusta todos los sabores detodas las cosas con cierta eminencia de excelencia (5). V sin esta purgación en ninguna manera podrá sentir ni gustar la satisfacción de toda esta abundancia de sabores espirituales. Porque una sola afición que tenga, o particularidad a que esté el espíritu asido, actual o habitualmente, basta para no sentir ni gustar ni comunicar la deljcadeza e íntimo sabor del espiritu de amor, que contiene en sí todos los sabores con grande eminencia.
2. Porque así como los hijos de Israel, sólo porque les había quedado una sola afición y memoria de las carnes y comidas 1 II ad Cor.. VI. 10.
2 Tampoco aquí traen nada los Códices. Es de la e. p.
que habían gustado en Egipto (1), no podian gustar del delicado pan de ángeles en el desierto, que era el maná, el cual, como dice la Divina Escritura, tenía suavidad de todos los gustos y se convertía al gusto que cada uno quería (2); asi no puede llegar a gustar los deleites del espíritu de libertad, según la voluntad desea, el espíritu que todavía estuviere afectado con alguna afición actual o habitual, o con particulares inteligencias o cualquiera otra aprehensión (3). La razón de esto es, porque las aficiones, sentimientos y aprehensiones del espíritu perfecto, porque son divinas (4), son de otra suerte y género tan diferente de lo natural y eminente (5), que para poseer las unas actual y habitualmente se han de expeler y aniquilar las otras, como hacen dos contrarios, que no pueden estar juntos en un sujeto (6). Por tanto, conviene mucho y es necesario para que el alma haya de pasar a estas grandezas, que esta noche oscura de contemplación la aniquile y deshaga primero en sus bajezas, poniéndola a oscuras, seca, apretada y vacía; porque la luz que se le ha de dar, es una altísima luz divina que excede toda luz natural, y que no cabe naturalmente en el entendimiento.
3. Y así conviene que para que el entendimiento pueda llegar a unirse con ella y hacerse divino en el estado de perfección, sea primero purgado y aniquilado en su lumbre natural, poniéndolo actualmente a oscuras por medio de esta oscura contemplación. La cual tiniebla conviene que le dure tanto cuanto sea menester para expeler y aniquilar el hábito que de mucho tiempo tiene en su manera de entender, en sí formado, y en su lugar quede la ilustración y luz divina. Y así, por cuanto aquella fuerza que tenía de entender antes, es natural, de aquí se -sigue que las tinieblas que aquí padece son profundas y horribles y 1 Exod.. XVI. 3.
2 Sap.. XVI. 21.
3 Asi los Códices. [,a e. p.. o cualquiera otra limitada aprehensión.
4 E. p.: por ser tan superiores y muy particularmente divinas.
6 La e. p. suprime: como hacen dos contrarios que no pueden estar juntos en un sujeto.
LIBRO SEGt'NDO. — CAP. IX muy penosas, porque como se sienten en la profunda sustancia del espíritu, parecen tinieblas sustanciales (1). Ni más ni menos, por cuanto la afición de amor que se le ha de dar en la divina unión de amor es divina, y por eso muy espiritual, sutil y delicada, y muy interior, que excede a todo afecto y sentimiento (2) de la voluntad, y todo apetito de ella, conviene que para que la voluntad pueda venir a sentir y (3) gustar por unión de amor esta divina afición y deleite tan subido, que no cae en la voluntad naturalmente (4), sea primero purgada y aniquilada en todas sus aficiones y sentimientos, dejándola en seco y en aprieto tanto cuanto conviene según el hábito que tenía de naturales aficiones, así acerca de lo divino como de lo humano, para que extenuada, enjuta y bien ejercitada (5) en el fuego de esta oscura contemplación, de todo género de demonio (como el corazón del pez de Tobías en las brasas ), tenga disposición pura y sencilla, y el paladar purgado y sano para sentir los subidos y peregrinos toques del divino amor en que se verá transformada divinamente, expelidas todas las contrariedades actuales y habituales, como decimos, que antes tenía.
4. También, porque para la dicha unión a que la dispone y encamina esta oscura noche, ha de estar el alma llena y dotada de cierta magnificencia gloriosa en la comunicación con Dios, que encierra en sí innumerables bienes de deleites que exceden toda la abundancia que el alma naturalmente puede poseer, porque en tan flacq e impuro natural no la puede recibir (6); porque según dice Isaías: Ni ojo lo vió, ni oido lo oyó, ni 1 E. p. modifica: muy penosas, porque se sienten y tocan en lo muy profundo del espíritu.
4 La e. p. no trae la frase: que no cae en la voluntad naturalmente.
5 Asi H. — Bz.: para que esté enjuta y bien estrujada. M, C, y P: para que extenuada y enjuta y bien extricada. A: para que esté seca y enjuta y bien probada. B: para que esté seca, enjuta y bien entrincada. Mtr.: para que esté enjuta y bien extricada. V: para que esté limpia y enjuta y bien extricada. E. p.: para que extenuada, enjuta y privada.
6 No trae la e. p. las palabras: porque en tan flaco e impuro natural no la puede recibir.
cayó en corazón humano lo que aparejo etc. (1), conviene que primero sea puesta el alma en vacío y en pobreza de espíritu, purgándola de todo arrimo, consuelo y aprehensión natural acerca de todo lo de arriba y de abajo, para que así vacia esté bien pobre de espíritu y desnuda del hombre viejo, para vivir aquella nueva y bienaventurada vida que por medio de esta noche se alcanza, que es el estado de la unión con Dios.
5. Y porque el alma ha de venir a tener un sentido y noticia divina muy generosa y sabrosa acerca de todas las cosas divinas y humanas que no caen en el común sentir y saber natural del alma (porque las mira con ojos tan diferentes que antes, como difiere el espírilu del sentido (2) y lo divino de lo humano), conviénele al espíritu adelgazarse y curtirse acerca del común y natural sentir, poniéndole por medio de esta purgativa contemplación en grande angustia y aprieto, y a la memoria remota de toda amigable y pacífica noticia, con sentido interior (3J y temple de peregrinación y extrañeza de todas las cosas, en que le parece que todas son extrañas y de otra manera que solían ser. Porque en esto va sacando esta noche al espíritu de su ordinario y común sentir de las cosas, para traerle al sentido divino, el cual es extraño y ajeno de toda humana manera. Aquí le parece al alma que anda fuera de sí en penas (4). Otras veces piensa si es encantamiento el que tiene o embelesamiento, y anda maravillada de las cosas que ve y oye, pareciéndole muy peregrinas y extrañas, siendo las mismas que solía tratar comúnmente. De lo cual es causa el irse ya haciendo remota el alma y ajena del común sentido y noticia acerca de las cosas, para que aniquilada en éste, quede informada en el divino, que es más de la otra vida que de ésta.
6. Todas estas aflictivas purgaciones (5) del espíritu para 1 Isai.. LX1V. 4. — E. p. añade: Dios a los que le aman.
2 La c. p.: como difiere la luz y gracia del Espíritu Santo del sentido.
4 Asi H. B, Bz.. C y V — M: a que le parece al alma que anda fuera de sí. A y c. p.: tanto, que le parece al alma que anda fuera de si.
5 A, B. M. Mtr. y P: todas estas aflicciones y purgaciones. C: afectivas purgacipnes. Bz.. aftectibles purgaciones.
LIBRO SEGUNDO —CAP. IX reengendrarla en vida de espíritu por medio de esta divina influencia, las padece el alma, y con estos dolores viene a parir el espíritu de salud, porque se cumpla la sentencia de Isaías, que dice: De tu faz, Señor, concebimos, y estuvimos como con dolores de parto, y parimos el espíritu de salud (1). Demás de esto, porque por medio de esta noche contemplativa se dispone el alma para venir a la tranquilidad y paz interior, que es tal y tan deleitable que, como dice la Glosa (2), excede todo sentido, conviénele al alma que toda la paz primera deje (que por cuanto estaba envuelta con imperfecciones (3), no era paz, aunque) a la dicha alma le parecía, porque andaba a su sabor, que era paz; paz dos veces, esto es, que tenía ya adquirida la paz del sentido y del espíritu, según se veia llena de abundancias espirituales de esta paz del sentido y del espíritu, porque, como digo, aún es imperfecta), y sea primero purgada en ella y quitada y perturbada de la paz; como lo sentía (4) y lloraba Jeremías en la autoridad que de él alegamos, para declarar lus calamidades de esta noche pasada, diciendo: Quitada y despedida esta mi alma de la paz (5).
7. Esta es una penosa turbación de muchos recelos, imaginaciones y combates que tiene el alma dentro de sí, en que con la aprehensión y sentimiento de las miserias en que se ve, sospecha que está perdida y acabados sus bienes para siempre. De aquí es que trae (6) en el espíritu un dolor y gemido tan profundo que le causa fuertes rugidos y bramidos espirituales, pronunciándolos a veces por la boca, y resolviéndose en lágrimas cuando hay fuerza y virtud para poderlo hacer; aunque las menos veces hay este alivio. David (7) declaró muy bien esto, como quien también lo experimentó, en un salmo, diciendo: Fui 3 La e. p: que tod.i ln paz primera, la cual por estar envuelta c<<n imperfecciones. H omite: toda ¡a paz primera deje, que por cuanto estaba.
4 La e. p. abrevia: "esto es, del.sentido y del espíritu, sea primero purgada y ella quitada y perturbada de esta paz impeilecta. como lo sentía..."
5 Thren.. III. 17.
7 E. p.: el real profeta David.
NOCHK OSCURA muy afligido y humillado, rugía del gemido de mi corazón (1). El cual rugido es cosa de gran dolor; porque algunas veces con la súbita y aguda memoria de estas miserias en que se ve el alma, tanto se levanta y cerca en dolor (2) y pena, las afecciones de alma, que no sé corno se podría dar a entender sino por la semejanza que el santo Job, estando en el mismo trabajo de él, por estas palabras dice: De la manera que son las avenidas de las aguas, así el rugido mió (3). Porque así como algunas veces las aguas hacen tales avenidas que todo lo anegan y llenan, así este rugido y sentimiento del alma algunas veces crece tanto, que anegándola y traspasándola toda, la llena de angustias y dolores espirituales todos sus afectos profundos y fuerzas sobre todo lo que se puede encarecer.
8. Tal es la obra que en ella hace esta noche encubridora de las esperanzas de la luz del día. Porque a este propósito dice también el profeta Job (4): En la noche es horadada mi boca con dolores, y los que me comen no duermen (5). Porque aquí por la boca se entiende la voluntad, la cual es traspasada con estos dolores que en despedazar al alma no cesan ni duermen, porque las dudas y recelos que así traspasan al alma nunca cesan (6).
9. Profunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera ha de ser muy profunda; y el dolor espiritual es íntimo y delgado (7), porque el amor que ha de poseer, ha de ser también muy íntimo y apurado. Porque cuanto más íntima y esmerada ha de ser y quedar la obra, tanto más íntima, esmerada y pura ha de ser la labor, y tanto más fuerte cuanto el edificio más firme (8). Por eso, como dice Job, se está marchitando 1 Ps. XXXVII. 9.
4 E. p.: el mismo Job.
5 Job, XXX. 17.
6 H: duermen. Los demás: cesan.
7 E. p.: es intimo ij delgado y apurado 8 Algunos Ms. labor Asi han de leerse estas tres lineas, que vienen algo confusas en los Códices.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. IX en sí misma el alma, e hirviendo sus interiores sin alguna esperanza (1). Y, ni más ni menos, porque el alma ha de venir a poseer y gozar en el estado de perfección, a que por medio de esta purgativa noche camina, de innumerables bienes de dones y virtudes; así según la sustancia del alma, como también según las potencias de ella (2), conviene que primero generalmente se vea y sienta ajena y privada de todos ellos y vacía y pobre de ellos (3); y le parezca que de ellos está tan lejos, que no se pueda persuadir que jamás ha de venir a ellos, sino que todo bien se le acabó. Como también lo da a entender Jeremías en la dicha autoridad, cuando dice: Olvidado estoy de los bienes (4).
10. Pero veamos ahora cuál sea la causa por qué siendo esta luz de contemplación tan suave y amigable para el alma, que no hay más que desear (pues como arriba queda dicho, es la misma con que se ha de unir el alma y hallar en ella todos los bienes en el estado de la perfección que desea), le cause con su embestimiento a estos principios tan penosos y esquivos efectos como aquí habernos dicho.
11. A esta duda fácilmente se responde diciendo lo que ya en parte habernos dicho, y es que la causa de esto es que no hay de parte de la contemplación e infusión divina cosa que de suyo pueda dar pena, antes mucha suavidad y deleite, como después se dirá (5). Sino que la causa es la flaqueza e imperfección que entonces tiene el alma, y disposiciones que en sí tiene contrarias para recibirlos. En los cuales embistiendo (6) la dicha lumbre divina, ha de padecer el alma de la manera ya dicha.
1 Job. XXX, 16.
2 La e. p.: como según sus potencias.
3 La e p omite: y vacía y pobre de ellos 4 Thren.. III, 17.
5 Asi H, Bz., Mtr. y C — A, B y M se le dió. V: como antes se dijo. E. p.: se le dará.
6 E. p: contrarias para recibir aquella suavidad. Y así embistiendo...EXPLICASE DE RAIZ ESTA PURGACION POR UNA COMPARACION (1).
1. De donde para mayor claridad (2) de lo dicho y de lo que se ha de decir, conviene aquí notar que esta purgativa y amorosa noticia o luz divina que aquí decimos, de la misma manera se ha en el alma purgándola y disponiéndola para unirla consigo perfectamente que se ha el fuego en el madero (3) para transformarlo en sí; poique e! fuego material, en aplicándose al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar (4), echándole la humedad fuera, y haciéndole llorar el agua que en sí tiene. Luego le va poniendo negro, oscuro y feo, y aún de mal olor (5), y yéndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego. Y, finalmente, comenzándole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en sí y ponerle tan hermoso como el mismo fuego. En el cual término ya de parte del madero ninguna pasión hay ni acción propia (6), salvo la gravedad y cantidad más espesa (7) que la del luego, porque las propiedades del fuego (8) y acciones tiene en sí; porque está seco, y seca; está caliente, y calienta; está claro y esclarece; está ligero mucho más que antes, obrando el fuego en él estas propiedades y efectos.
2. ñ este mismo modo, pues, habernos de filosofar acerca de este divino fuego de amor de contemplación, que antes que una y transforme al alma en sí, primero la purga de todos sus accidentes contrarios. Hácela salir afuera sus fealdades, y pó- 1 Asi la e. p. Los Códices no traen más que punto y seguido 2 F. p: para mayor claridad.
3 E. p.: corno el fuego en el madero.
4 E. p: desecar.
5 La e p suprime y aun de mal olor.
6 E. p.: propia de ir adero.
7 E. p. menos sutil que la del fuego, teniendo en si las propiedades y acciones del fuego.
3 H omite: porque Lis propiedades del fuego.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. X nela negra y oscura, y así parece peor que antes y más fea y abominable que solía (1). Porque como esta divina purga anda removiendo (2) todos los malos y viciosos humores, que por estar ellos muy arraigados y asentados en el alma no los echaba ella de ver, y así no entendía que tenía en sí tanto mal; y ahora, para echarlos fuera y aniquilarlos.se los ponen al ojo, y los ve tan claramente alumbrada por esta oscura luz de divina contemplación (aunque no es peor que antes, ni en sí, ni para con Dios), como ve en sí lo que antes no veía, parécele claro que está tal, que no sólo no está para que Dios la vea, más que está para (3) que la aborrezca, y que ya la tiene aborrecida. De esta comparación (4) podemos ahora entender muchas cosas acerca de lo que vamos diciendo y pensamos decir.
3. Lo primero, podemos entender cómo la misma luz y la sabiduría amorosa que se ha de unir y transformar en el alma, es la misma que al principio la purga y dispone; así como el mismo fuego que transforma en sí el madero incorporándose en él, es el que primero le estuvo disponiendo para el mismo efecto.
4. Lo segundo, echaremos de ver cómo estas penalidades no las siente el alma de parte de la dicha Sabiduría, pues, como dice el Sabio: Todos los bienes juntos le vienen al alma con ella (5); sino de parte de la flaqueza e imperfección que tiene el alma para no poder recibir sin esta purgación su luz divina, suavidad y deleite (así como el madero, que no puede luego que se le aplica el fuego ser transformado hasta que sea dispuesto), y por eso pena (6) tanto. Lo cual el Eclesiástico aprueba bien diciendo lo que él padeció para venirse a unir con ella y gozarla, diciendo así: Mi ánima agonizó en ella, y mis entrañas se turbaron en adquirirla; por eso poseerá (7) buena posesión (8).
1 Omite la e. p.: y más fea y abominable que solía.
2 V: anda remordiendo y removiendo.
3 E. p.: sino para.
1 Contemplación, trasladan erróneamente H, Bz. y V 5 Sap.. VII. II.
6 E. p.: padece.
7 A y B: adquiriré.
8 Eccli.. LI. 29.
5. Lo tercero, podemos sacar de aquí de camino la manera de penar de los del purgatorio. Porque el fuego no tendría en ellos poder, aunque se les aplicase, si ellos no tuviesen imperfecciones en qué padecer (1), que son la materia en que allí prende el fuego, la cual acabada, no hay más que arder. Como aquí, acabadas las imperfecciones, se acaba el penar del alma, y queda el gozar (2).
6. Lo cuarto sacaremos de aquí cómo al modo que se va purgando y purificando el alma por medio de este fuego de amor, se va más inflamando en amor (3); así como el madero al modo y paso que se va disponiendo, se va más calentando. Aunque esta inflamación de amor no siempre la siente el alma, sino algunas veces cuando deja de embestir la contemplación tan fuertemente, porque entonces tiene lugar el alma de ver, y aun de gozar, la labor que se va haciendo, porque se la descubren; porque parece (4) que alzan la mano de la obra y sacan el hierro, de la hornaza, para que parezca en alguna manera la labor que se va haciendo; y entonces hay lugar para que el alma eche de ver en sí el bien que no veía cuando andaba la obra. Así también, cuando deja de herir la llama en el madero, se da lugar para que se vea bien cuánto le haya inflamado.
7. Lo quinto, sacaremos también de esta comparación lo que arriba queda dicho, conviene a saber, cómo sea verdad que después de estos alivios vuelve el alma a padecer más intensa y delgadamente que antes. Porque después de aquella muestra que se hace, después que (5) se han purificado las imperfecciones más de afuera, vuelve el fuego de amor a herir en lo que está por consumir y purificar más adentro. En lo cual es más íntimo, sutil y espiritual el padecer del alma, cuanto le va adelgazando las más íntimas, delgadas y espirituales imperfecciones, y más arraigadas en lo de más adentro. Y esto acaece al modo que en el madero, J E. p.: "No tendría en ellos poder, si ellos estuvieran del todo dispuestos para reinar y unirse con Dios por gloria, y no tuviesen culpas por qué padecer."
2 La e. p. añade: de la suerte que en esta vida se puede.
3 E. p.: en él.
5 E. p.: cuando ya.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. X que cuanto el fuego va entrando más adentro, va con más fuerza y furor disponiendo a lo más interior para poseerlo (1).
8. Lo sexto, también se sacará de aquí la causa por qué le parece al alma que todo bien se le acabó, y que está llena de males, pues otra cosa en este tiempo no la llega, sino todo amarguras; así también como al madero que arde (2), que aire ni otra cosa da en él más que fuego consumidor. Pero después que se hagan otras muestras como las primeras, gozará más de adentro, porque ya se hizo la purificación más adentro.
9. Lo séptimo sacaremos (3), que aunque el alma se goza muy anchamente (4) en estos intervalos (tanto que, como dijimos, a veces le parece que no han de volver más (5), con todo, cuando (6) han de volver presto no deja de sentir, si advierte (y a veces ella se hace advertir), una raíz que queda, que no deja tener el gozo cumplido, porque parece que está amenazando para volver a embestir; y cuando es así, presto vuelve. En fin, aquello que está por purgar e ilustrar más adentro, no se puede bien encubrir al alma acerca de lo ya purificado; así como también en el madero lo que más adentro está por ilustrar, es bien sensible la diferencia que tiene de lo purgado; y cuando vuelve a embestir más adentro esta purificación, no hay que maravillar que le parezca al alma otra vez que todo el bien se le acabó, y que no piense volver más a los bienes, pues que puesta en pasiones más interiores, todo el bien de afuera se le cegó (7).
10. Llevando, pues, delante de los ojos esta comparación con la noticia que ya queda dada sobre el primer verso de la primera canción de esta oscura noche y de sus propiedades terribles, será bueno salir de estas cosas tristes del alma, y comenzar ya a tratar del fruto de sus lágrimas y de sus propiedades dichosas, que se comienzan a cantar desde este segundo verso: Con ansias en amores inflamada.
1 El siguiente párrafo no se lee más que en los Códices 2 En algunos Códices faltan las palabras: que arde.
3 Por haber suprimido el apartado anterior, la e. p. pone aquí: Lo sexto...4 E. p.: ahincadamente.
5 Los trabajos, añade la e. p.
6 La e. p. en vez de con todo cuando, traslada: aunque es cierto.
COMIENZASE A EXPLICAR EL SEGUNDO VERSO DE LA PRIMERA CANCION. DICE COMO EL ALMA, POR FRUTO DE ESTOS RIGUROSOS APRIETOS, SE HALLA CON VEHEMENTE PASION DE AMOR DIVINO (1).
1. En el cual verso da a entender el alma el fuego de amor que habernos dicho que", a manera del fuego material en el madero, se va prendiendo en el alma en esta noche de contemplación penosa. La cual inflamación, aunque es en cierta manera como la que arriba declaramos que pasaba en la parte sensitiva del alma, es en alguna manera tan diferente de aquélla ésta que ahora dice, como lo es el alma del cuerpo, o la parte espiritual de la sensitiva. Porque ésta es una inflamación de amor en el espíritu, en que en medio de estos oscuros aprietos se siente estar herida el alma viva y agudamente en fuerte amor divino en cierto sentimiento y barrunto de Dios, aunque sin entender cosa particular, porque, como decimos, el entendimiento está a oscuras.